Metabolismo Urbano: Una forma de habitar el espacio a escala sostenible.

En la naturaleza los sistemas tienen distintas formas de comportarse y la temporalidad les afecta de manera diferente, es decir, los sistemas de gran envergadura tienen distintos ritmos que los de menor envergadura. Por ejemplo, si miramos dos especies de mamíferos, como un ratón y una ballena, podemos notar que tienen muchas similitudes, mas su […]

En la naturaleza los sistemas tienen distintas formas de comportarse y la temporalidad les afecta de manera diferente, es decir, los sistemas de gran envergadura tienen distintos ritmos que los de menor envergadura. Por ejemplo, si miramos dos especies de mamíferos, como un ratón y una ballena, podemos notar que tienen muchas similitudes, mas su tiempo de vida es muy disímil, una ballena puede vivir cerca de 90 años, mientras que un ratón común, cerca de 3. Para mantener con vida a un organismo grande, como una ballena, cada célula requiere menos energía, lo que genera menor desgaste celular. Esto revela que la manera de escalar que tiene la naturaleza apunta a escalas de tiempo más lentas, cuando el organismo o sistema, es más grande [1].

Las escalas, los tamaños, son trascendentales en el funcionamiento de todo sistema que habita el planeta. Llevemos esta idea a los lugares donde habitamos: si una casa es grande, tomará más tiempo recorrer de un punto a otro que una casa pequeña; tomará más tiempo limpiarla; si hay más habitantes, será necesario conseguir más alimentos; y si ahora tenemos un conjunto de casas, el alimento provendrá de más lejos. Esta es una forma simplificada de entender cómo funciona la urbanización y cuáles son sus consecuencias e impactos. Hoy en día más del 55% de la población mundial vive en zonas urbanas y se estima que aumentará a cerca del 68% a 2050 [2]. En Chile estas cifras son más críticas, el 87% de la población vive en áreas urbanas [3]. Los efectos negativos de la expansión sin mesura de las ciudades se ven reflejados en: la contaminación atmosférica, la contaminación acústica, el aumento de temperatura por las llamadas islas de calor, los problemas en la salud humana, la depredación de ecosistemas, la pérdida de biodiversidad, además de la desigualdad.

Más allá de ser consumidores o ciudadanas, podemos adquirir una mirada de meta-ciudadanía ecológica, en la que predomina la empatía con la naturaleza, las valoraciones colectivas y ecológicas y un énfasis político, ambiental y territorial.

Bajo esta realidad se plantea el Metabolismo Urbano, que asimila una ciudad o entidad urbana con un organismo grande -como una ballena- o ecosistema, estudiando el intercambio de sus flujos, diseñando y planificando para buscar un mejor desempeño ambiental. Tal como una ballena necesita alimento, que provienen desde su entorno, y genera residuos, la ciudad también.

El término Metabolismo Urbano fue acuñado por Wolman en 1965 refiriéndose al fenómeno científico que incluye los procesos técnicos y socioeconómicos que ocurren en la ciudad, sin embargo, la idea de describir los intercambios materiales y energéticos entre naturaleza y sociedad ya había sido discutida anteriormente por filósofos como Karl Marx [4].

Llevémoslo a un ejemplo sobre la alimentación. A una ciudad ingresa cierta cantidad de alimento para abastecer a quienes viven en ella, la ciudad no genera su propio alimento, por lo tanto, se favorece la agricultura intensiva, y con ella, todas las consecuencias ecosistémicas que conlleva, como el uso indiscriminado de elementos naturales (agua), el uso de fertilizantes que afectan a la biota y la pérdida del suelo fértil. Pero, si minimizamos el flujo de alimento que ingresa a la ciudad y producimos alimento dentro de ésta, podríamos tener una ciudad más resiliente y sostenible al favorecer la soberanía alimentaria.

Esto sería una conclusión al aplicar herramientas de Metabolismo Urbano en la planificación territorial. Otras miradas sistémicas desde el Metabolismo Urbano podrían llevar a tener planes de edificación que fomenten los llamados techos verdes, que no sólo aportan a la absorción de gases de efecto invernadero como el CO2, sino que regulan la temperatura de las edificaciones; incentivar el uso de medios de  transporte más limpios, creando redes de ciclovías, mejorando el transporte público o promoviendo sistemas de trenes y ferrocarriles para el movimiento de materiales, alimentos y personas a lo largo de nuestro país.

El Metabolismo Urbano asimila una ciudad o entidad urbana con un organismo grande -como una ballena- o ecosistema, estudiando el intercambio de sus flujos, diseñando y planificando para buscar un mejor desempeño ambiental.

La mirada sistémica es clave para hacer frente a las nuevas realidades que hoy nos afectan a nivel mundial, como la extinción de especies y el cambio climático. Es necesario que incorporemos estas ideas de conservación de nuestro hogar en la cotidianidad y no solamente a la imagen romantizada de naturaleza: no sólo generar menos huella cuando viajamos a un bosque o un lugar prístino, sino también en nuestro territorio urbano. Donde habitamos, también puede ser un espacio para la regeneración y la vida sostenible. Más allá de ser consumidores o ciudadanas, podemos adquirir una mirada de meta-ciudadanía ecológica, en la que predomina la empatía con la naturaleza, las valoraciones colectivas y ecológicas y un énfasis político, ambiental y territorial [5]. Entender nuestro espacio como un sistema: nuestro barrio como un organismo, nuestra ciudad como un ecosistema y nuestro planeta como un sistema de relaciones bióticas (vivas) y abióticas (suelo, roca, océano, atmósfera) interconectadas e interdependientes, como propone la teoría Gaia [6], nos proporciona una perspectiva afín a la sostenibilidad ecosistémica.

El analizar la vida urbana va adquiriendo cada vez más relevancia debido al crecimiento de este tipo de asentamiento y nuestra realidad global, la emergencia climática y ecosistémica. Dado este contexto, es relevante tener una mirada a futuro a mediano y largo plazo, porque muchas veces la falta de perspectiva nos ha alejado de nuestra mejor versión de hogar (casa, ciudad, planeta). Por esto, es fundamental pensar nuevas formas de habitar y pensar cómo vivimos.

Les invito a mirar su hogar, a conocer nuestra flora, funga, fauna endémica; al salir a mirar, no importa si no viven en la playa o en el bosque, la ciudad está llena de vida. Les invito a conocer a sus vecinos y vecinas, y pensar en cómo habitar y buscar el bien común.

[1] Geofrey West.  Scale: The Universal Laws of Life and Death in Organisms, Cities and Companies. 2017.

[2] UN. Revision of World Urbanization Prospects. 2018. https://www.un.org/development/desa/publications/2018-revision-of-world-urbanization-prospects.html

[3] INE. Síntesis de Resultados Censo 2017.

[4] Yan Zhang. Urban metabolism: A review of research methodologies. Environmental Pollution, 178: 463–473. 2013.

[5] Eduardo Gudynas. Derechos de la Naturaleza, Ética biocéntrica y políticas ambientales. 2019.

[6] Lynn Margulis, Dorion Sagan. Microcosmos, Four Billion Years of Evolution from Our Microbial Ancestors. 1995.

Sobre la Autora

Mariana Bruning González es Ingeniera Civil Química y Magíster en Ingeniería Química. Es buzo, le gusta la ornitología y la pintura en acuarela. Se dedica a la sustentabilidad desde la academia, la consultoría y la docencia. Actualmente hace clases en el Minor de Sustentabilidad de la Facultad de Ingeniería y en el Diplomado de Economía Circular de la Universidad de Chile. En el Centro ProSus, investiga sobre impacto ambiental en cuerpos de agua, el impacto de la ciudad desde el concepto de metabolismo urbano y la simbiosis industrial. Participa en la SCAC, es directora de proyectos CYCLO, consultora en sustentabilidad, donde se dedica principalmente a Huella de Carbono y Análisis de Ciclo de Vida. Desde el voluntariado, colabora con Fundación Basura, Fundación Retroalimenta (conocida por las Disco Sopa) y la ONG Panthalassa.
Imagen de portada: Humedal El Culebrón, Coquimbo. Un ejemplo de ecosistema en vinculación con lo urbano. Crédito: Nicolás Escobar Herbozo @escobarherbozo
El reconocido periodista estadounidense Jon Lee Anderson señaló alguna vez que “somos como las moscas encima del río, estamos apenas en la superficie. Hay mucho de nuestro propio mundo que hace falta que volvamos a mirar y físicamente incursionar”. Y sí. Pasé mi infancia en Quilpué. En ese entonces una pequeña ciudad en la provincia […]

El reconocido periodista estadounidense Jon Lee Anderson señaló alguna vez que “somos como las moscas encima del río, estamos apenas en la superficie. Hay mucho de nuestro propio mundo que hace falta que volvamos a mirar y físicamente incursionar”.

Y sí. Pasé mi infancia en Quilpué. En ese entonces una pequeña ciudad en la provincia de Marga-Marga, región de Valparaíso. Plena década de los ’90. Muchas cosas han cambiado en esa ciudad. Se ha expandido frenéticamente hacia los costados, como una marea de urbanismo sin control, tomándose los cerros de la Cordillera de la Costa que abrazan por norte y sur esta comuna, y que a su vez albergan una gran diversidad biológica. Otras cosas siguen sin cambiar, como la veloz inundación de su avenida principal en cuanto caen las primeras lluvias y en verano los rayos solares siguen pegando muy fuerte. No por nada se le llama Ciudad del Sol.

Sector Fundo El Rebaño, loma del Quillay, Valencia Norte, por donde pasaría la vía 98. Crédito: ONG Valencia Nativo. 

Quilpué es esa típica ciudad en Chile que tiene un patrimonio natural aledaño que se ha visto reducido progresivamente por construcciones y debilitado por actividades recreativas como el motocross. Dado su cercanía a otras grandes urbes como Viña del Mar y Valparaíso, muchas personas viven allí y trabajan en estas grandes ciudades, caracterizándose los últimos años por desarrollarse como ciudad-dormitorio.

En Quilpué, el “voy al cerro”, no despierta ninguna curiosidad. Es un territorio que se identifica con la ciudad, y el ciudadano se identifica con éste.

Toda esta rápida edificación en sectores que antes eran prístinos ha tenido consecuencias peyorativas sobre el paisaje nativo quilpueíno, que tampoco se ha protegido mediante una figura legal. De los pocos lugares que continúa resistiendo hasta hoy, quedan los cerros del sector norte, colindante con la ribera del estero Quilpué, que nace en la Cordillera de la Costa del sector de Quebrada Escobares y que va serpenteando por las comunas de Villa Alemana y Quilpué, hasta llegar a Viña del Mar. Allí se fusiona con el estero Margarita y nace el estero Marga-Marga que termina desembocando en el Océano Pacífico. Esta ruta hídrica se asocia a una rica biodiversidad que se repite en estos territorios, generándose un corredor biológico: se observan casi las mismas especies en Viña del Mar, Quilpué, Villa Alemana y Limache.

En el área verde norte de Quilpué, la vegetación común es matorral y bosque esclerófilo costero,  donde destacan especies de hoja perenne como peumo (Cryptocarya alba), boldo (Peumus Boldus), quillay (Quillaja saponaria), molle (Schinus latifolius), litre (Lithraea caustica) y belloto del norte (Beilschmiedia miersii). Este último fue declarado Monumento Natural en 1995, encontrándose actualmente en estado de vulnerabilidad, siendo especialmente sensible a la pérdida de hábitat y degradación por acción antrópica.

Gilliesia graminea Lindl., una planta endémica de Chile. Crédito: ONG Paso Hondo Nativo.

El sector “Quebrada Los Bellotos” es una microcuenca que nace en el cerro El Molle (437 msnm), en el sector de Paso Hondo en Quilpué, lo que permite la acumulación de agua que viene del cerro. Allí habitan en su refugio más de 100 individuos de este árbol que puede alcanzar una altura de 25 m. Cohabitan familias de pataguas (Crinodendron patagua) de más de 100 años de edad, además de otras especies en estado vulnerable como la herbácea Gilliesia (Gilliesia graminea Lindl), naranjillo (Citronella mucronata), arrayán macho (Rhaphithamnus spinosus), pitras (Myrceugenia exsucca) y canelos (Drimys Winteri), que en esta región son categorizados como en peligro de extinción. Esta asociación de especies conforma este lugar un bosque hidrófilo, más característico del sur, a diferencia de sus alrededores de bosque esclerófilo propio de la zona.

Desde el año pasado, este núcleo reconocido por su alto valor endémico se convertiría en el epicentro de un próximo Santuario de la Naturaleza. Pero hoy se encuentra en creciente peligro.

La Agrupación Vecinal Paso Hondo Nativo tiene como objetivo la defensa de los cerros del sector de Paso Hondo y de la zona norte de Quilpué. Para Paulina Collao Guzmán, vocera de la agrupación, la importancia en su preservación es crucial, puesto que a nivel regional “la comuna de Quilpué ocupa el tercer lugar en cuanto a mayor superficie de bosque nativo a nivel regional, alcanzando 15 mil hectáreas aproximadamente. En particular, la zona norte de Quilpué, de alrededor de 1.700 hectáreas, fue declarada por el Plan Regulador Metropolitano de Valparaíso el año 2014 como sitio de alto valor para la conservación, debido a su flora y fauna nativa, y también por la existencia de patrimonio arqueológico”.

El nuevo Plan Regulador Comunal levantado por la Municipalidad de Quilpué en junio 2019 tuvo muchas observaciones por parte de las comunidades y de las organizaciones ambientales. En particular a las nuevas vías proyectadas circundantes al estero Quilpué y cercano a la línea de base del Santuario de la Naturaleza. “Es un patrimonio natural que debe ser preservado por todos los componentes ambientales que contiene y además presta servicios ecosistémicos a la ciudad, de regulación del clima, irrigación de aguas, calidad de los suelos, diversidad de fauna nativa. Es una zona valorada por los vecinos de esta comuna, hay una vinculación entre el habitante de Quilpué y estos cerros, en el fondo, forma parte del paisaje de la ciudad, de la identidad del quilpueíno”, señala la vocera.

Y es que no hay ciudadano de Quilpué que no conozca en persona o -al menos- haya oído de los populares “cerros de Quilpué”. Donde en otras ciudades pudiera bordear lo excéntrico ir por unas horas del día al cerro, por la lejanía que conlleva, en ésta ciudad es un escenario cotidiano. El “voy al cerro”, no despierta ninguna curiosidad. Es un territorio que se identifica con la ciudad, y el ciudadano se identifica con éste.

Pozas de Valencia, sector por donde se modificaría el paisaje con la vía 15 Troncal Norte. Crédito: ONG Valencia Nativo.

Desde esas suaves colinas, y sólo cuando el follaje del bosque lo permite, se puede observar en las cimas la expansión de la ciudad: inmensa, atómica, con altos edificios en la periferia que parecen saludar desde el otro lado de esta olla urbana. Abajo, algunas casas rurales se ven muy cerca, así como los sonidos de vehículos haciendo carreras en la Villa Olímpica, que llegan también desde la cara sur de la urbe, atravesando todo el centro de Quilpué.

Emociona esta cercanía, el olor fresco y húmedo del bosque esclerófilo, donde predominan las aromáticas hojas del boldo. Estos cerros tienen huellas para caminar atento a una naturaleza que tiene su propio lenguaje que lo hablan aves como el rayadito, el peuco o el mirlo; uno mismo entra en una sintonía que permite decir en voz alta: buen día/buenas tardes Señor Litre, al pasar al lado de este árbol nativo. Así lo dice la cultura popular, para que no de alergia. Un indiscutible patrimonio natural cercano y necesario para la preservación de estas especies y para estos afortunados ciudadanos.

Esta misma proximidad y su libre tránsito desde distintas zonas de Quilpué, ha generado diversos impactos en este territorio: el deterioro de los suelos y del sotobosque de estos cerros; basurales en el estero y en otros puntos afectando a la flora y fauna que se alimenta en él; contaminación acústica y peligro en los senderos por actividades como el motocross, entre muchas otras amenazas diarias con las que lidia este bosque nativo que apremia proteger.

La municipalidad de Quilpué hace varios años que está tramitando el expediente para proclamar Santuario de la Naturaleza a la zona norte de la ciudad, donde se incluirían la Quebrada de los Bellotos y una parte del sector El Retiro.

Garza chica en Estero Quilpué. Crédito: Colectiva Pajaronas.

Para las organizaciones ambientales este expediente es insuficiente. “Para nosotros como organizaciones ambientales lo relevante es hacer campañas educativas para mostrar el valor de esta zona de Quilpué, para que la misma comunidad se encargue de su protección”, señala Paula. En relación a la posible construcción de los proyectos viales que amenazan actualmente con esta importante área para la conservación de la biodiversidad, en Paso Hondo Nativo aseguran que “estas vías fueron planificadas justamente para permitir el desarrollo urbano, porque Quilpué hace muchos años tiene un grave problema de falta de vías y eso ha traído como consecuencia una gran congestión en sus entradas principales: el troncal sur y el troncal urbano”, afirma la vocera, y concluye que este proyecto vial se presenta como una solución para hacer más eficientes los tiempos de tránsito, pero que al desembocar en el mismo troncal urbano con el límite de Viña del Mar, se formaría el efecto embudo en la intersección de estas vías con el troncal urbano, lo cual que aumentaría finalmente el flujo vehicular en esos puntos.

ONG Valencia Nativo es otra organización que reúne a vecinos de la población Valencia de Quilpué, continua a Paso Hondo. Su punto de acción es el Fundo El Rebaño, un sitio calificado como de alto valor para la conservación y muy importante por ser la “zona de amortiguación” para lo que es el futuro Santuario de la Naturaleza, donde a su núcleo de la Quebrada de Los Bellotos, se puede acceder a no más de 500 m a pie desde Valencia.

“Somos parte importante dentro de lo que es el futuro Santuario de la Naturaleza, el cual también está enmarcado por un paisaje muy hermoso el cual es diseñado por el estero Quilpué, que bordea desde Peñablanca a Viña del Mar. Conforma también el tipo de bosque que estamos trabajando, bosque ribereño y bosque de fondo de quebrada donde predominan peumos, boldos y litres”, explica su presidente, Rodrigo Orellana. Agrega que el lugar “es un sector con alto endemismo, muy importante para evitar la saturación propia de la zona núcleo de la Quebrada de Los Bellotos”.

“Si no tuviéramos este sagrado sector, este futuro santuario, Quilpué sería una mancha de concreto, sin nada que habitar, sin nada que mirar, sin lugares para disfrutar. Por lo tanto, es muy importante que se resguarde este patrimonio, que se atesore, que se cuide y preserve para las futuras generaciones”, explica el representante.

Otro de los puntos verdes que también se verían afectados con las vías son las “Pozas de Valencia”, donde se ubica la “Poza de la Garza”. Son lugares que hasta hoy se mantiene con muy poca contaminación y vulneración antrópica. Allí también podría haber riesgo de que se generen loteos en el sector de amortiguación del próximo santuario.

Misma preocupación hacia la transgresión del bosque esclerófilo costero en el norte de Quilpué tienen en la ONG Pulmón Verde Quilpué. Camila Sazo, geógrafa e integrante de la organización, indica que “especies amenazadas como el belloto del norte, la Gilliesia y el lingue (Persea Lingue) se concentran allí, además de poner en riesgo a fauna como torcaza, cururo, rana grande chilena, culebra de cola larga y coipo. Las infraestructuras viales de transporte lineal contribuyen a la fragmentación de estos hábitats, a la mortalidad de fauna, subdivisión de los ecosistemas, contaminación acústica, contaminación química de los suelos, aumento de islas de calor, degradación del paisaje y perturbación del entorno barrial”.

“Desde el reconocimiento de los efectos causados por el desarrollo de infraestructuras viales como eje de desarrollo urbano, reconocemos la fragmentación de ecosistemas, insularidad de barrios y la contaminación ambiental, por lo que es necesario replantearse las proyecciones de la ciudad y qué ciudad estamos construyendo”, señala Camila, y apunta al “reciclaje” de la ciudad. “Es necesario considerar el ‘reciclaje’ de la ciudad, es decir, recuperar infraestructuras, sanar el tejido social de la comunidad, regular el atochamiento, reducir el estrés ambiental y mejorar la calidad de vida de la comunidad”.

“Si no tuviéramos este sagrado sector, este futuro santuario, Quilpué sería una mancha de concreto, sin nada que habitar, sin nada que mirar, sin lugares para disfrutar.»

Otro sitio de alto valor patrimonial es el “Gonfoterio”, un sitio de importante valor paleontológico ubicado en el sector de Valencia, cerca de la ribera del estero Quilpué. El 2010 se encontró un molar correspondiente a la megafauna de paquidermos prehistóricos familiares de los actuales elefantes, que habitaron el lugar hace aproximadamente 15 mil años atrás. También se encontraron artefactos humanos como flechas.

Las “Piedras Tacita” son otra herencia de Quilpué que se remonta a la época prehispánica que dan cuenta de asentamientos humanos en esta zona. En otro sector, llamado Fundo San Jorge, existe un parque natural privado donde se pueden observar estas piedras, así como también en el sector de Los Pinos en la cara sur de la ciudad, y en otros puntos.

La conservación del medio ambiente en esta ciudad está tomando fuerza a partir de la voluntad de quienes quieren proteger estas escasas áreas verdes en Quilpué. Las ONG’s y organizaciones vecinales de esta zona realizan actividades de manera regular, como campañas informativas, catastros de la flora nativa y jornadas de limpieza. También, en el caso de la ONG Valencia Nativo, evalúan una propuesta para implementar un Parque Natural Valencia Nativo en el sector del Fundo El Rebaño, de manera de proteger el sector ante las amenazas que para este medio ambiente no parecen acabarse.

¿Cuáles serían las posibles soluciones entonces para un desarrollo sostenible en esta ciudad, donde se preservara el patrimonio natural-arqueológico? ¿Cómo se trabaja para la convivencia sustentable entre las partes en una ciudad que crece sin pausa e inorgánicamente?

Ese pareciera ser el verdadero desafío a largo plazo, que ciertamente necesita de todas las miradas para ser enfrentado.

Belloto del Norte (Beilschmiedia miersii), Monumento Natural de Chile desde 1995. Crédito: ONG Paso Hondo Nativo.

Link Mapeo Proyecto Resistencia Nativa: puntos de conflictos socioambientales en la región de Valparaíso: https://maphub.net/ResistenciaNativa/Bosque-Nativo

Imagen de portada: Vista a Quilpué desde sector El Retiro. Acuarela de Petra Harmat.

La 14 Bienal de Artes Mediales, realizada entre septiembre de 2019 y enero 2020, tuvo como título El Cuarto Mundo*, y fue una invitación a reflexionar sobre el estado actual de la crisis socioambiental desde las relaciones entre arte, naturaleza y ciencias. En ese contexto, el el 17 de octubre de 2019 se inauguró «El tercer paisaje» […]

La 14 Bienal de Artes Mediales, realizada entre septiembre de 2019 y enero 2020, tuvo como título El Cuarto Mundo*, y fue una invitación a reflexionar sobre el estado actual de la crisis socioambiental desde las relaciones entre arte, naturaleza y ciencias. En ese contexto, el el 17 de octubre de 2019 se inauguró «El tercer paisaje» en el Museo Nacional de Bellas Artes, una exposición que invitaba a artistas de Chile, Francia y Noruega a presentar sus particulares miradas sobre las transformaciones de la naturaleza. Entre ellos, participó el artista Jorge Tacla —chileno radicado en Nueva York— que expuso la obra Informe de lesiones. 

La Bienal tuvo que suspender el programa dado la contingencia social del 18 de octubre. Sin embargo, los manifiestos de los artistas continúan con aún más vigencia en el nuevo escenario social y político. Crédito: Benjamín Matte.

Un día después de inaugurada la exposición El tercer paisaje en el Museo Nacional de Bellas Artes, el 18 de octubre se dio inicio a la transformación social más grande ocurrida en Chile desde el retorno a la democracia. Ante la emergencia social, el Museo decidió cerrar sus puertas al público y se suspendió el programa. De lo anterior, quedaron los testimonios y manifiestos de los artistas que compusieron El tercer paisaje, como una invitación a reflexionar sobre la frontera imaginaria entre naturaleza y cultura.

Rememorando una censura pasada, para la obra «Informe de lesiones» el artista incendió libros y documentos en el ex Instituto Pedagógico. Crédito: Benjamín Matte.

En esta entrevista, el artista Jorge Tacla reflexiona en torno a su obra titulada Informe de lesiones. En el corto documental producido por la Bienal de Artes Mediales, constata lo siguiente:

“Informe de lesiones refiere a la entrega de documentos que se hace desde una jefatura policial después de que has sido detenido, también en los hospitales. La muestra se llama así porque hay varias lesiones que han sido parte de estas obras, tanto las lesiones personales como las lesiones que han ocurrido principalmente con la quema de libros y quema de documentos; en particular la que ocurrió en el ex Pedagógico en 1973. Yo fui y quemé documentos personales, libros personales, sobre mi vida, para hacer una metáfora del dolor y sobre la vida política de Chile. Así, pensé la obra como una relación con el vértigo personal, que al mirar todos estos escombros y cenizas hay también un reflejo de tu persona hacia un cajón infinito, un cajón de la muerte”.

Jorge Tacla en su taller en Nueva York. Crédito: Claudia Bitrán.

¿Qué entiendes por cuarto mundo?

Entiendo por Cuarto Mundo las regiones más subdesarrolladas, afectadas por la extrema pobreza y marginalización. El Cuarto Mundo existe en regiones del Primer Mundo, como también se ocupa para separar a los países en estado de marginalidad y precariedad absoluta de los países en desarrollo y los emergentes. Las mujeres y los niños son los más afectados en estas áreas; sufren de violaciones, maltratos, enfermedades, carencia de educación, falta de alimentación, agresiones de todo tipo, la adversidad del clima, extrema fragilidad de sus albergues, carencia de suministros básicos. La brutal corrupción mundial y las ambiciones personales son en gran parte causantes de esta desgarradora realidad.

¿Qué hace el arte en un mundo en crisis?

El arte denuncia, me refiero a una denuncia social hacia los diferentes actos violentos que son, en parte, el motor de la crisis mundial.

¿Qué formas de adaptación, balance o resistencia son evocadas en tu obra?

Mi obra vive en constante tensión con los conflictos sociales. Desde ese lugar no hay adaptación, no hay balance, pero sí resistencia.

El artista trabaja con la huella del fuego y las cenizas sobre documentos para reflexionar sobre el dolor y el sufrimiento humano. Crédito: Benjamín Matte.

Nombra tres materiales que uses a diario en tu producción artística: uno de provenencia vegetal/animal, otro de origen mineral y otro tecnológico.

Cera Fría, Blanco Titanio y Scanner.

¿Con qué práctica científica te encuentras más a menudo en tu trabajo artístico?

La astrología, la química, y en el hallazgo involuntario o accidental.

¿Quiénes han sido tus principales interlocutores durante tu proceso de creación?

Generalmente los interlocutores míos son los autores y los libros que leo. Al mismo tiempo, dialogo día a día con integrantes de la escena cultural, haciendo de este intercambio un espacio que nutre nuestras propuestas.

¿Consideras naturaleza a la tecnología? ¿Por qué?

Lo entiendo desde el lugar donde se fusiona la inteligencia artificial con la naturaleza, para un bien o un mal común.

La contradicción entre naturaleza y cultura ha sido trabajada con frecuencia en la obra de Tacla. Crédito: Benjamín Matte.

¿Cuál es la contradicción entre naturaleza y cultura que se te presenta con mayor frecuencia?

La naturaleza es una realidad caracterizada por la permanencia, la estabilidad y la regularidad. La cultura es una institución humana, el mundo de la diversidad de creencias y de la contradicción de las decisiones. Naturaleza y cultura son distinguidas desde el punto de vista de la libertad de acción, esa es la contradicción que se presenta con mayor frecuencia.

¿En qué situación has activado mecanismos de adaptación?

Como buen nómade, apenas las condiciones son favorables, me mudo.

¿Qué entiendes por salvaje?

Las guerras.

Exposición Informe de lesiones. Crédito: Benjamín Matte.

*  Este cuestionario forma parte de una serie de entrevistas realizada en el marco de la Bienal de Artes Mediales, y que se irán presentando mensualmente en Endémico web.

Imagen de portada: Registro de quema de documentos de la obra «Informe de Lesiones» del artista Jorge Tacla para la Bienal de Artes Mediales. Crédito: Benjamín Matte.

 

Por: Paula Iturralde-Pólit / Fotos: Stanimira Deleva  Cada vez que aprendo algo nuevo sobre los murciélagos no dejo de sorprenderme. En el mundo hay más de 1.400 especies de murciélagos, con dietas extremadamente variadas: existen los que comen insectos, los que se alimentan de frutas, los que chupan néctar, otros se alimentan de peces y unos pocos […]

Por: Paula Iturralde-Pólit / Fotos: Stanimira Deleva 

Cada vez que aprendo algo nuevo sobre los murciélagos no dejo de sorprenderme. En el mundo hay más de 1.400 especies de murciélagos, con dietas extremadamente variadas: existen los que comen insectos, los que se alimentan de frutas, los que chupan néctar, otros se alimentan de peces y unos pocos pueden comer hasta vertebrados terrestres como aves, sapos o lagartijas. Solo existen tres especies que se nutren exclusivamente de sangre (las tres originarias de América, por lo cual es curioso que la leyenda de Drácula y su asociación con el consumo de sangre tenga origen europeo). 

A su vez, los murciélagos poseen una gran variedad de funciones ecológicas. Son polinizadores de plantas (“colibríes nocturnos” se les apoda a veces); muchas de estas plantas dependen exclusivamente de los murciélagos para ser polinizadas y los seres humanos dependemos de algunas de ellas para nuestra alimentación diaria. También son dispersores de semillas y de esta manera nos ayudan a restaurar y mantener la diversidad de plantas en los bosques. Por otro lado, aquellos murciélagos que se alimentan de insectos controlan poblaciones de mosquitos y otros insectos que pueden convertirse en plagas agrícolas o vectores de enfermedades como el dengue, la malaria y la fiebre amarilla, entre tantas otras.

Un grupo de murciélagos fruteros grandes (Artibeus jamaicensis) perchados en su refugio en la Cueva de Corredores en el Sur de Costa Rica. © Stanimira Deleva 

 

Lamentablemente los murciélagos se han hecho más famosos por miedos infundados que por sus increíbles funciones ecológicas. La falta de conocimiento sobre estas criaturas ha hecho que seamos una gran amenaza para ellos. Por eso quiero contarte más sobre estos pequeños mamíferos alados, para lograr que más gente los entienda, aprecie y proteja. 

Especialmente, quiero contarte un poco sobre la relación entre los murciélagos y el COVID-19. Ha habido mucha discrepancia sobre la procedencia del virus SARS-CoV-2 que causa la enfermedad COVID-19 en humanos. A fines de diciembre, cuando China dio a conocer el brote de la enfermedad, el primer interés para los científicos fue saber cómo llegó el virus a los humanos. Con poco sustento, los murciélagos fueron la primera pista sobre su origen, dado que han estado relacionados con la transmisión de otras enfermedades causadas por el virus de la misma familia que el actual SARS-CoV-2. Dos de las más conocidas son: 

  1. El Síndrome Respiratorio Severo Agudo (SARS), causado por el SARS-CoV-1.
  2. El Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS), causado por el MERS-CoV.

    Gloriana Chaverri y Paula Iturralde de la Universidad de Costa Rica, Sede el Sur revisan hojas jóvenes de heliconias. Es el tipo de refugio que utiliza el murciélago insectívoro de ventosas (Thyroptera tricolor). © Stanimira Deleva 

El SARS, el MERS y el nuevo COVID-19 son enfermedades zoonóticas, es decir que se transmiten de animales a humanos. Hay evidencia de que las tres enfermedades pudieron haber sido transmitidas a través de animales intermediarios (animales que transportan un patógeno desde un individuo portador a un individuo sano) y no directamente desde los murciélagos. Los posibles intermediarios son las civetas (un carnívoro que vive en el sur de Asia) en el caso del SARS, los camellos en MERS, y el pangolín (una especie de oso hormiguero con escamas gruesas que vive en el sur de África y Asia) en COVID-19. Es posible que estos virus hayan estado en sus respectivos hospederos intermediarios por un tiempo indeterminado antes de pasar a los humanos; durante ese tiempo el virus puede mutar y evolucionar y entonces volverse peligroso para las personas. Aun así, se habla mucho más al respecto de los murciélagos como responsables que de los propios intermediarios y posibles transmisores. 

Otra razón que hace que la balanza se incline para culpar a los murciélagos es que son conocidos por albergar dentro de su cuerpo muchos virus con los que conviven sin sufrir enfermedades, esto es gracias a que tienen un sistema inmunológico muy poderoso, aparentemente resultado de su capacidad para volar, entre otras cosas. 

Una colonia del murciélago frutero común (género Carollia) interactúan refugiados dentro de una cueva. © Stanimira Deleva 

De igual forma, no podemos asegurar que los murciélagos acarrean más virus que otros animales. Lo que se conoce hasta ahora es totalmente sesgado, porque el hecho de que los murciélagos son animales sociales, viven en grupos grandes y que es relativamente fácil capturar a varios individuos a la vez, hace que sean los animales más estudiados en este sentido. Se conoce más sobre los virus en murciélagos que en otros mamíferos como roedores, musarañas y primates. Además, tampoco hay muchos estudios en carnívoros y ungulados, que son los posibles intermediarios en la transmisión de SARS y MERS respectivamente. 

A pesar de ser los principales sospechosos, hasta hoy no se puede asegurar que exista una relación entre el COVID-19 y los murciélagos, pero muchos medios los han estigmatizado, incrementando el riesgo de que la gente los mate por miedo, como recientemente ha pasado en varios países. En Perú, por ejemplo, una comunidad decidió prender fuego a un refugio de murciélagos por miedo a que transmitan el virus. Aún quedan dudas sobre el verdadero origen del virus, pero aunque pudiéramos afirmar que se transmitió inicialmente a través de los murciélagos, considero importante recalcar que esto no los hace ni culpables ni asesinos, ni que su presencia en los ecosistemas permitirá la propagación directa de futuras enfermedades zoonóticas. Como nota personal, quiero recalcar que he trabajado intensamente con murciélagos en campo, he tenido contacto con muchas especies, y nunca me han transmitido ninguna enfermedad.  

Dos individuos de una especie de murciélago frugívoro perchan juntos en su refugio. © Stanimira Deleva 

Entonces, ¿cómo es que este virus puede pasar de esos animales a los humanos, así de repente? Pues es imposible. La transmisión de enfermedades zoonóticas, es el resultado de las alteraciones ambientales provocadas por los mismos seres humanos, que hace que cada vez tengamos más contacto con animales salvajes. En China, como en muchos otros países del mundo, es bastante común el tráfico de especies exóticas, que además de ser ilegal, incrementa la probabilidad de exponerse a virus de animales. En algunos casos, nuestro sistema inmunológico está preparado para combatirlos y evitar que proliferen y causen enfermedades, en otros, tenemos la suerte de contar con vacunas que ayudan a que nuestro cuerpo identifique el peligro. Este fabuloso proceso de defensa que tenemos se rompe cuando un virus que no conocemos nos ataca, pero debemos ser conscientes de que este contagio no es al azar, ni es culpa de los animales: es producto de nuestra constante invasión y deterioro de sus hábitats naturales. 

Un grupo del murciélago tendero (Dermanura watsoni) dentro de su refugio. Los murciélagos tenderos construyen su propio refugio a partir de hojas de palma a las que dan forma de tienda de campaña para protegerse. © Stanimira Deleva 

 

Evidentemente, si los murciélagos están en sus refugios y no tienen contacto con el humano, no es posible que transmitan el virus. En comunidades donde hay guaridas de murciélagos cerca, no hay posibilidad de que el virus se transfiera, a no ser que se manipule directamente a los animales. Si no manipulas murciélagos con tus manos, la probabilidad de contraer una enfermedad a través de ellos es remota. 

 Merlin Tuttle, experto en murciélagos, nos advierte que “el exceso de “advertencias” que culpan a los murciélagos no solo les afecta a ellos, sino a la salud de millones de ecosistemas”. Los murciélagos son mucho más beneficiosos de lo que se cree y los necesitamos para mantener sanos nuestros ecosistemas. Aprendamos a mantener una respetuosa distancia con la vida silvestre, así protegemos la fauna y flora de la que tanto dependemos, y de paso nos protegemos a nosotros mismos. 

#quedateencasa

Paula Iturralde-Pólit es bióloga y hace su doctorado en la Universidad de Costa Rica. Tiene un interés particular en la conservación y entender mejor los efectos del cambio climático global sobre la biodiversidad y la ecología de las especies, particularmente de los murciélagos. Paula está permanentemente buscando experiencias que mantengan despierta su curiosidad por comprender mejor la naturaleza. Como científica, su meta es inspirar a los jóvenes a que se atrevan a descubrir y explorar la ciencia desde la creatividad.  

Stanimira Deleva es bióloga y experta en cuevas. Actualmente hace su doctorado en la Universidad de Costa Rica. 

Principal literatura revisada:

Andersen, K.G., Rambaut, A., Lipkin, W.I., Holmes, E.C., & Garry, R.F. (2020) The proximal origin of SARS-CoV-2. Nature Medicine, 89, 44–48.

Fenton, M.B. & Simmons, N.B. (2014) Bats: A World of Science and Mystery. University of Chicago Press, Chicago, Illinois, USA.

Moratelli, R. & Calisher, C.H. (2015) Bats and zoonotic viruses: Can we confidently link bats with emerging deadly viruses? Memorias do Instituto Oswaldo Cruz, 110 (1): 1–22. 

 

Los orígenes del valor medio-ambiental

Meredith Root-Bernstein es Ecóloga interesada en la conservación y la etnobiología. Dio inicio a un proyecto de re-introducción de guanacos a Chile central. Actualmente trabaja en el proyecto de investigación Bioveins. En este interesante artículo nos habla sobre la urgencia de instalar en la sociedad una teoría e importancia de los valores medio ambientales Ahora más que […]

Meredith Root-Bernstein es Ecóloga interesada en la conservación y la etnobiología. Dio inicio a un proyecto de re-introducción de guanacos a Chile central. Actualmente trabaja en el proyecto de investigación Bioveins. En este interesante artículo nos habla sobre la urgencia de instalar en la sociedad una teoría e importancia de los valores medio ambientales

Ahora más que nunca, especialmente en Chile, estamos enfrentados a la urgencia de formular un futuro que brinde valores a todos de manera sustentable.  ¿Pero, en qué consisten específicamente estos valores? Lo primero que se nos viene a la mente son aquellas cosas que pensamos como buenas y deseables. Conceptos como dignidad, equidad, acceso a la educación y a la salud forman parte de esos valores universales. Pero también están, entre ellos, la importancia de manejar de forma sustentable nuestros recursos naturales, el derecho de vivir en un medio ambiente limpio y sano, nuestra obligación ética hacia especies como la rana del Loa o en nuestro amor al pudú.  Todos estos valores son los que identificamos como “valores medio-ambientales”.

Los valores medioambientales ayudan a tener un manejo consciente y sustentable de nuestros recursos. Crédito: Creative Commons.

Actualmente, nuestra sociedad parece darle menor importancia a los valores medio-ambientales que a otros bienes como el dinero.  En ese orden, el cuidado de la naturaleza desaparece del horizonte de nuestra sociedad.  Por ello, la pregunta que deben hacerse los conservacionistas es: ¿Cómo asegurar que la gente reconozca y le otorgue importancia a los valores medio-ambientales? ¿Cómo podemos ayudar para que estos valores tengan más importancia en la sociedad?

Las personas como fuente de valor medio-ambiental

Una manera de preservar los valores medio-ambientales es preservando sus fuentes.  ¿Pero cómo algo abstracto como un valor (que es, en el fondo, una idea o sentimiento) puede tener un origen? Siguiendo líneas de pensamiento de la antropología y la filosofía, la pregunta sobre los orígenes del valor convoca, en primer lugar, una reflexión sobre lo bueno y lo deseado.  Por ejemplo ¿Por qué una moneda y no una concha es valorada como dinero?  ¿Porqué un hilo de cobre y no una roca en la montaña es valorada por el mercado?  ¿Porqué una pintura de Velázquez y no un dibujo hecho por una niña se valora como obra de arte?  ¿Porqué una rosa y no un árbol muerto se valora como decoración para un jardín?

La teoría generativa del valor medio-ambiental[i] propone que la fuente de todos los valores medio-ambientales son las personas.  “Persona”, se ha referido generalmente a un concepto social donde la persona es un ser al que se le designan capacidades asociadas a adultos o a miembros de pleno derecho en sociedad.  Sin embargo, “persona” puede no limitarse necesariamente a seres humanos.  Es posible tratar a un ser vivo no-humano como si fuera una persona.  Por ejemplo, cuando saludamos a un litre (“Buenos días, Señor Litre”), lo estoy tratando como si fuera una persona.  O cuando trato a mi mascota como un miembro de la familia porque la amo, la trato como persona.

La teoría generativa del valor medioambiental propone que todos, incluso objetos no-humanos, pueden ser tratados como persona. Crédito: Creative Commons

Es posible que los humanos no se sientan, o no se entiendan a sí mismos como personas. Eso implica un daño individual y social.  Cómo dijo Nabila Rifo en una entrevista en The Clinic: “Me gustaría estudiar en la escuela, ser alguien, no quiero ser una inútil, porque así es como me siento: inútil…ahora que quedé discapacitada, en mi ceguera, yo quiero ser una persona. Cosa que en Coyhaique, donde yo nací, no puedo” [enfásis personal].

Entonces, se podría decir que las personas no nacen sino que son hechos.  Un ser humano, una mascota o un litre, nacen como seres vivos y es a través de las interacciones sociales simbólicas que se entienden como personas. Por ejemplo, el paso de etapas simbólicas de la vida—bautismo, cumpleaños, graduación, un trabajo remunerado, casarse, tener casa, ser madre o padre— son ejemplos de etapas de vida que hacen de un humano una persona, según su sociedad.

También, la capacidad de “hacer otras personas” es clave para sentirse persona.  Con esto no me refiero únicamente a la reproducción biológica o la capacidad de formar una familia, sino que a la capacidad simbólica de “hacer personas”.  Digamos que yo me siento persona porque contribuyo a la educación de estudiantes, ayudándoles a graduarse y a ser adultos educados; o porque cuido a mi helecho, le doy agua y le hablo, ayudándole así a ser un helecho-persona; o porque soy bien educada con desconocidos con quienes me cruzo en la ciudad, tratándoles con respecto y dignidad.  Una persona es alguien que participa en hacer otras personas.  Es una interacción simbólica recíproca.

Dos actitudes o acciones son centrales en la participación de hacer otras personas. Una es cuidar, la otra es amar. Mientras más amamos a alguien o algo, más nos parecerá único y insustituible.  El cuidado tiene que ver también con la construcción y manutención de las condiciones de vida esenciales de las personas.  Por ejemplo, cocinar, limpiar nuestras casas, construir ciudades o mantener los bosques contribuyen a las condiciones de vida. Imaginemos que salgo a caminar a la montaña cuando me siento deprimida.  Allí, sin embargo, el amor del universo me reconforta.  La montaña, entonces, me ayuda a entenderme como persona.  Igualmente, si cada primavera voy con amigos a buscar hierbas a un bosque para luego comerlas en una cena, las hierbas contribuyen a una celebración del renacimiento primaveral de nuestras condiciones de vida.

Lo más central en los procesos simbólicos de hacernos personas serán las cosas más amadas, más cuidadas y menos sustituibles. Cuando perdemos a seres o cosas que necesitamos para hacernos personas—que a su vez son personas—sufrimos de dos maneras.  Primero, perdemos un poco de nuestro estado de persona, porque nos faltan los recursos simbólicos para sentirnos personas. Segundo, perdemos los recursos para hacer otras personas.

El confinamiento y aislamiento que ha provocado el coronavirus (donde perdemos la posibilidad de tratar con otros) es análogo a la situación de quienes han perdido el acceso a la naturaleza. Los recursos naturales ya no son personas. Es decir, hemos olvidado que la tierra tiene espíritu y que las vacas son individuos. Provocar la pérdida del estado persona en un objeto es algo que ocurre en situaciones de violencia sumado al aumento de contacto social con desconocidos.  La masiva circulación económica, los contextos de violencia estructural y el colonialismo han contribuido a este triste proceso.

Rituales como las fiestas de primavera ayudan a integrar objetos naturales a nuestras vida y darles valor medioambiental. Crédito: Creative Commons.

Cómo proteger las fuentes de valor medio-ambiental

Si queremos proteger las fuentes de valor medio-ambiental, debemos repensar a los seres y las cosas naturales como personas que ayudan a hacer otras personas (¡nosotros!).  Para esto, podemos integrar elementos del medio ambiente a rituales de creación de personas, como nacimientos, cumpleaños, bodas, inauguraciones, fiestas de primavera, etc.  La idea es incluir animales, plantas, montañas, ríos en estos rituales y nunca reemplazar su rol con objetos manufacturados o artificiales.  No se trata de formar una ideología “eco-nazi”, sino de integrar, agregar, incluir objetos naturales en el cotidiano y en nuestros rituales.

Un ejemplo es la Navidad, donde más allá de su importancia religiosa, para muchos constituye un ritual de cuidado para los seres amados y la familia.  En muchos sectores del hemisferio norte el pino es el elemento central de la Navidad. Al pino lo tratamos como persona: lo invitamos al interior de nuestro hogar, lo vestimos con luces y decoraciones y nos sentamos frente a él como si fuera parte del grupo familiar.  El pino navideño es una fuente de valor medio-ambiental que puede generar otros valores. Si vamos en familia a cortar el pino de Navidad podemos formar un recuerdo feliz del paisaje y hasta podemos exigir que el pino pertenezca a una producción biológica y amigable de especies nativas. Recordaremos el ciervo o el búho que vimos en esa salida, transformando futuros ciervos o búhos en algo mágico. Es así como podemos formar una red de valores que motiven a diversas acciones pro-medioambiente.  En Chile también se puede hacer este gesto, agregando a las decoraciones navideñas plantas nativas que crezcan en verano y que simbolicen el cuidado de la familia.

Conectándose con la tierra y creando nuevas rituales con un grupo de artistas en Inglaterra, verano 2019. Credito: Meredith Root-Bernstein.

Todas éstas son recetas para ser estratégicos con los escasos recursos que tenemos para la conservación. La teoría generativa se enfoca en los procesos vitales de la reproducción simbólica de personas y sus hábitats.  El propósito es ubicar y proteger lo más profundo y radical, es decir, cuidar los orígenes de valor medio-ambiental.

[i] Las fuentes teóricas son, principalmente: Graeber, D. 2001.  Toward an Anthropological Theory of Value: The false coin of our own dreams.  London, Palgrave Macmillan;  Graeber, D. 2014.  En deuda: una historia alternativa de la economia.  Madrid, Editorial Ariel;  Graeber, D. 2018. Trabajos de mierda. Madrid, Editorial Ariel; Coccia, E. 2011.  La vida sensible Madrid, Marea. Coccia, E. 2015.  El bien en las cosas: La publicidad como discurso moral. Madrid, Asociación Shangrila Textos Aparte.

 

 

Hoy estamos frente a un proceso de pérdida acelerada del conocimiento tradicional sobre el uso de las plantas. Este encuentro de 3 días en la reserva natural Pilunkura (Valdivia), invita a conocer y aprender sobre los recursos no madereros del bosque, aquellos que nos proveen de alimento, medicina y color en una instancia para reconectarnos con la naturaleza, y […]

Hoy estamos frente a un proceso de pérdida acelerada del conocimiento tradicional sobre el uso de las plantas. Este encuentro de 3 días en la reserva natural Pilunkura (Valdivia), invita a conocer y aprender sobre los recursos no madereros del bosque, aquellos que nos proveen de alimento, medicina y color en una instancia para reconectarnos con la naturaleza, y de esta forma, con nosotros mismos. Durante tres días, los asistentes tendrán acceso a cuatro talleres, yoga, y visitas guiadas por la reserva.

Los talleres: tienen un módulo teórico y uno práctico, y cada uno de ellos incluye una salida a los senderos del bosque, para que aprendas a identificar en terreno las plantas que nos proveerán de alimento, medicina y color.

Cocina de Recolección: alimentos del bosque por Tania Maldonado
Tintes Naturales: taller de tintes naturales por Marianne Meier
Medicina Natural: taller de herbolaria por Constanza Richards
Ecología y Botánica: taller de ecología de las plantas por Verónica Briceño Rodríguez

* El costo del encuentro incluye alojamiento, alimentación y transporte.

 

La muralista chilena Estefanía Leigthon, conocida por su seudónimo Stfi, inaugura su primera exposición en solitario el próximo jueves 13 de diciembre en Galería Lira. “Jardín interior” representa una alegoría que invita a regresar al hogar y habitarse con amor, inspirada en la vuelta a Chile, luego de 5 años viajando por el continente latinoamericano. En […]

La muralista chilena Estefanía Leigthon, conocida por su seudónimo Stfi, inaugura su primera exposición en solitario el próximo jueves 13 de diciembre en Galería Lira. “Jardín interior” representa una alegoría que invita a regresar al hogar y habitarse con amor, inspirada en la vuelta a Chile, luego de 5 años viajando por el continente latinoamericano. En total, su “Ruta mural” dejó más de 40 obras repartidas en los muros de Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Guatemala y México. La obra de la artista se destaca por su imaginario, donde diversos personajes femeninos conviven y se hacen uno con su hábitat reflejando su propia naturaleza salvaje.

Un grupo de organizaciones y activistas se unieron para celebrar a la naturaleza en la región del Biobío. Esta actividad busca visibilizar los ecosistemas en peligro, compartir una gran variedad de conocimientos. Se realizará el domingo 25 de Noviembre y estará centrado en la Laguna Grande de San Pedro de la Paz con puestos permanentes, […]

Un grupo de organizaciones y activistas se unieron para celebrar a la naturaleza en la región del Biobío. Esta actividad busca visibilizar los ecosistemas en peligro, compartir una gran variedad de conocimientos. Se realizará el domingo 25 de Noviembre y estará centrado en la Laguna Grande de San Pedro de la Paz con puestos permanentes, excursiones, talleres y arte, además de actividades satélite que podrán realizarse en otros lugares.

 

Evento en facebook https://www.facebook.com/events/886812911515113/

 

El bosque: guardián ancestral del agua

Los seres vivos somos principalmente agua y desde siempre hemos sido conscientes de nuestra dependencia de este elemento. Pero, ¿en qué medida depende el agua de nosotros? Tal vez mucho más de lo que imaginamos. Investigaciones recientes han demostrado que los bosques, los ecosistemas donde se concentra la mayor cantidad de biomasa del mundo, están […]

Los seres vivos somos principalmente agua y desde siempre hemos sido conscientes de nuestra dependencia de este elemento. Pero, ¿en qué medida depende el agua de nosotros? Tal vez mucho más de lo que imaginamos. Investigaciones recientes han demostrado que los bosques, los ecosistemas donde se concentra la mayor cantidad de biomasa del mundo, están en constante interacción con el agua; la que recorre la tierra, la que se filtra bajo ella y la que fluye en los cielos.

Agua es vida / Vida es agua

Todos los seres vivos necesitamos agua. Los móviles, como nosotros, podemos ir a buscarla a los lugares donde se concentra, como los ríos y lagos. Los seres sésiles, como las plantas, no tienen ese lujo. Es por eso que para enfrentarse al desafío de tener agua disponible han desarrollado mecanismos para optimizar su captación y almacenamiento.

Las raíces son equivalentes a pequeños pozos que penetran la tierra en busca del agua subterránea, pudiendo llegar a enormes profundidades para encontrarla. Para hacer efectivo este transporte, el cual debe ir en contra de la fuerza de gravedad, la planta se vale de pequeños tubos que mueven el agua, que en conjunto forman el xilema. Estos tubos funcionan debido a la capilaridad y al efecto sifón que genera la diferencia de gradiente de concentración entre las napas y el aire. Una vez que es captada, el agua es almacenada en estructuras especiales dentro de las células, organelos llamados vacuolas. Esto asegura que la planta disponga de agua en caso de tener que afrontar periodos de sequía. Así, un árbol –con sus varias toneladas de masa– es capaz de almacenar enormes cantidades.

Bosque laurifolio de la cordillera de Nahuelbuta, en Monumento Nacional Contulmo ©Bastian Gygli

El efecto sifón, al ser mediado por diferencias de gradiente, funciona bidireccionalmente, permitiendo a las plantas liberar humedad al entorno. Si la planta se encuentra saturada de agua y el ambiente está seco, la diferencia en el gradiente de concentración generará un flujo de humedad hacia el aire, produciendo literalmente nubosidad.

Esto se suele observar en las mañanas, cuando el sol empieza a secar el aire y los árboles parecieran “humear”. Esto es realmente la humedad almacenada en la planta liberándose al entorno. Es interesante que evolutivamente este proceso se haya conservado, pues en teoría para el individuo sería una pérdida de un recurso valioso, pero si consideramos que liberando humedad el árbol está aportando al mantenimiento de un ecosistema sano y balanceado, finalmente es beneficioso también para el árbol en particular.

Musgos con agua condensada entre sus foliolos ©Bastian Gygli

Pero la historia no termina ahí. Una vez que la humedad es liberada al entorno, queda a merced de los vientos, los cuales, mediados por sus propias dinámicas y la geografía, generan verdaderos ríos de humedad en el cielo. Es así como, incluso a miles de kilómetros, el agua captada por el bosque puede influenciar otros ecosistemas.

En resumen, los bosques son verdaderas bombas de vida, capaces de captar el agua subterránea y de la superficie, almacenarla y luego liberarla lentamente a medida que se hace necesario para el ecosistema, donde luego puede moverse por el aire para afectar otros lugares. Es por eso que los bosques pueden considerarse dentro de los ecosistemas más relevantes para los ciclos del agua.

Bosque caducifolio altoandino en medio de la neblina ©Bastian Gygli

Aguas y bosques en Chile

Cada lugar tiene sus propios ecosistemas nativos, donde millones de años de evolución han ido dando forma a la identidad propia de los territorios, donde tanto la vida como el entorno geográfico están adaptados mutuamente.

En Chile encontramos bosques en la zona centro y sur, donde el clima es templado, con estaciones muy marcadas; inviernos fríos y lluviosos y veranos cálidos y secos. Esto hace que los ecosistemas estén adaptados a constantes influjos estacionales de agua, para luego dar paso a periodos de sequía, todos en intervalos relativamente regulares. Además, la geografía particular de nuestra tierra, con una pronunciada pendiente entre la costa marina y las altas cordilleras, genera innumerables ríos, los cuales, alimentados por el derretimiento glaciar y las lluvias, proveen de una constante fuente de agua.

Los colores del bosque ©Bastian Gygli

Esta situación genera la estrategia básica de la mayoría de los árboles, la cual es presentar un crecimiento relativamente lento y raíces no tan profundas, pues el agua nunca es extremadamente escasa. Esto hace que los bosques chilenos sean ecosistemas de ritmos lentos, con una exuberancia que se ha formado en miles de años, donde los componentes del marco ambiental se van reemplazando en largos intervalos.

Muchos de estos «bosques lentos», con sus antiguos gigantes cubiertos de variados tipos de organismos epífitos, presentan gran cantidad biomasa. Esto, unido a la poca filtración de luz solar y suelos ricos en materia orgánica, hace que los bosques nativos de Chile sean especialmente eficaces a la hora de retener agua y funcionar como bombas hídricas.

Cambios violentos

El agua, además de ser un elemento fundamental para la vida, es uno de los reguladores más importantes de la temperatura. Al ser una molécula muy estable, requiere de mucha energía para cambiar su estado de agitación, haciendo que cueste mucha energía modificar su temperatura. Esta es la razón por la que zonas costeras o riberas de lagos y ríos tengan condiciones climáticas más moderadas, y también es la razón que zonas con abundantes bosques tengas temperaturas más moderadas, pues como ya describimos, los bosques son esponjas que captan, disponen y liberan grandes cantidades de agua al entorno.

Es por esto que la modificación de los sistemas boscosos, especialmente los densos bosques nativos chilenos, tiene un efecto tan importante en la regulación de las dinámicas hídricas y de temperatura.

Este es, sin duda, uno de los factores más relevantes para los cambios que hemos presenciado en los últimos años en Chile central, zona donde los bosques han sido reemplazados por monocultivos agrícolas y forestales. La escasez de agua en localidades donde antes abundaban esteros –que se han secado totalmente–, la alarmante tasa de incendios, los aumentos brutales de las temperaturas, todos son parcialmente provocados por la destrucción y reemplazo del bosque nativo, el guardián ancestral de las aguas de nuestro territorio.

Esteros y bosques tienen una profunda dependencia ©Bastian Gygli

 

 

¿Por qué la naturaleza es el escenario ideal para el aprendizaje cognitivo y formativo? ¿Cómo se puede impulsar la Educación en la Naturaleza desde la Políticas Públicas? Estas son algunas de las preguntas que serán abordadas en el seminario “Naturaleza: Plataforma para la Educación”. La actividad contará con la participación de Pete Higgins, Profesor de […]

¿Por qué la naturaleza es el escenario ideal para el aprendizaje cognitivo y formativo? ¿Cómo se puede impulsar la Educación en la Naturaleza desde la Políticas Públicas?

Estas son algunas de las preguntas que serán abordadas en el seminario “Naturaleza: Plataforma para la Educación”. La actividad contará con la participación de Pete Higgins, Profesor de Educación en la Naturaleza y Educación Ambiental del Moray House School of Education de la Universidad de Edimburgo, y consejero para el Gobierno de Escocia y Reino Unido en la formación de su política de Educación Ambiental en la Naturaleza y Educación para el Desarrollo Sustentable.

Indicaciones

Fecha: 23 de agosto
Hora: 08:30 a 13:00 hrs.
Lugar: Auditorio de Fundación Telefónica

Inscripciones en el siguiente link: https://goo.gl/cAJWSh