El artista Máximo Corvalán-Pincheira habló con Endémico web sobre lo que fue su reciente viaje por los alrededores de Iquique, donde recopiló, junto a la socióloga Cristina Bianchi, voces, testimonios e imágenes del desierto que documentan la compleja realidad migrante en el norte del país. Con una historia personal que toca de cerca esta problemática (Corvalán-Pincheira es hijo de exiliados y tuvo que abandonar Chile a los dos meses de vida como refugiado político) el artista habló de un habitar errante que lo ha llevado a resignificar desde las artes visuales el tema de la migración y la naturaleza en distintos puntos del planeta. Con el registro de esta impactante isla de ropa en Alto Hospicio, como también de familias de inmigrantes que atraviesan el desierto en una situación desesperada, el artista aborda este trabajo en torno a la arena, el vestuario, la limpieza y la basura, para sugerir las crueles injusticias socio-ambientales que surgen en territorios donde los llamados recursos naturales parecen tener más derechos que las personas.
Registro de familias migrantes que caminan por el desierto, en la carretera entre Iquique y Colchane, febrero 2022. © Máximo Corvalán-Pincheira.

En su casa-taller en barrio Yungay, Santiago, Máximo Corvalán-Pincheira habló con Endémico web sobre lo que fue su reciente viaje al desierto y los alrededores de Iquique, donde durante 1 mes estuvo junto a la socióloga Cristina Bianchi recopilando voces, testimonios e imágenes que documentan la compleja realidad migrante en el norte del país. Con una historia personal que toca de cerca la problemática migrante (Corvalán-Pincheira es hijo de exiliados y tuvo que abandonar Chile a los dos meses de vida como refugiado político) el artista ha construido obra en un habitar errante que lo ha llevado a resignificar  el tema de la migración y la naturaleza en distintos puntos del planeta. Tras relacionarse intensamente con el ámbito del agua, el artista ahora se desplaza hacia otro elemento: la arena del desierto intervenido. Con materialidades como el vestuario transformado en desecho y basura, Corvalán-Pincheira continúa abordando las injusticias socioambientales que surgen en territorios donde los llamados recursos naturales parecen tener más derechos que las personas. 

Endemico: ¿Cómo surge el viaje al desierto de Atacama?  

Máximo: Con mi esposa, Cristina Bianchi, que es socióloga, habíamos estado trabajando el tema migrante durante una residencia en Suecia, y desde entonces pensamos que debíamos hacer este viaje para aproximarnos a la problemática del norte de Chile. Así, durante nuestras vacaciones, en un viaje autofinanciado, contactamos a diversas ONG como la FASIC (Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas)  que están haciendo una labor humanitaria muy fuerte con el tema migrante en coordinación a otras organizaciones como la Cruz Roja, además de organizaciones sociales del mismo lugar. Fuimos en blanco a entrevistar y ver qué pasaba, intentando no romantizar la migración, porque sabíamos que ese era parte del peligro. Estuvimos en Alto Hospicio, Iquique y Colchane, contactando gente que estuviera investigando el tema y pensando en la temática con una mirada sin juicios. Porque lo que me interesaba no son las grandes cifras ni estadísticas, tampoco los relatos de victimización, sino el microrelato, y a partir de ahí, comenzar a construir la obra.

Cuando trabajas desde las artes visuales, generalmente buscas respuestas que sean menos pretenciosas de lo que pudiese ser, por ejemplo, un enfoque nacional a algún problema ético. Se trata de dar inicio a una obra artística que tome ciertas problemáticas para abrirla a nuevos campos. Mi forma de trabajo consiste en empaparme visualmente de las problemáticas que exploro, ver qué está pasando, conversar con los distintos actores y autores y desde ahí, construir.

E: ¿Y cómo llegas a registrar esa impactante isla de ropa que crece en Alto Hospicio? 

El registro e investigación en torno a los vertederos ilegales que acumulan ropa desechada en el desierto formarán parte de la futura exhibición del artista. © Máximo Corvalán-Pincheira.

M: No es solo esta isla de ropa, sino todo el desierto el que se está llenando de basura. Hay autos botados en el camino, electrodomésticos, de todo.  Antes de llegar a Iquique, vimos que estaba este punto de ropa, visualmente súper potente. Está ubicado en Alto Hospicio, pasado las últimas tomas y rayados que marcan terrenos con palos y un pisador; rodeado de basurales por todos lados. Ahí está la isla de ropa, que son los desechos industriales de lo que no se vende en la Zofri (Zona Franca de Iquique), ropa de segunda mano de origen chino, europeo y de Estados Unidos que llega a grandes distribuidoras y que también descartan los chilenos. Si bien esta isla de ropa siempre ha estado, con la pandemia creció a gran escala porque hubo menos compra y menos demanda. Se dice que contratan al camión de la basura para que haga el flete y se encarguen de ir a botarlo a este vertedero ilegal. Como el tema se ha hecho muy mediático, ahora incluso hay una persona instalada en la entrada que te recibe y cobra entrada. Lo paradójico es que en el camino a la isla de ropa, ves a familias de inmigrantes que caminan con muy poca ropa, a veces sin zapatos, en un desierto que tiene noches muy frías. Era muy fuerte ver, por una parte, tanta precariedad, y por otra, toda esa cantidad de ropa acumulándose en un basural, ropa que podría ser donada a alguna de las organizaciones que trabajan en el tema migrante, incluso a gente de pobreza mayor. Es un análisis que se puede hacer muy fácil y rápido, pero también tiene que ver con un tema ambiental gravísimo, porque todo lo que hay ahí es plástico, pocas cosas son de algodón, y ese plástico termina infiltrándose en la tierra y contaminando. 

E: Como artista visual, ¿qué implica para ti trabajar con la materialidad del vestuario, y en particular, esta ropa que se acumula en el desierto?

M: La ropa es esta especie de piel que está botada en el desierto, y que de alguna manera es una extensión del cuerpo, el cambio de capa. Para mí, lo importante de esta experiencia del viaje al norte fue encontrarse con todos estos cuerpos y montañas de personas, esa ropa que alguien vistió, que tiene esa carga. Yo había trabajado mucho con el agua, como material e idea, y recién ahora siento que conecto con la arena, que es el material opuesto o complementario. Si bien aún no estoy seguro de cómo va a decantar este proyecto, existen obras previas relacionadas con la ropa, como el trabajo que realicé durante una residencia en Marsella, donde trabajé con ropa de inmigrantes árabes de África. Estas ropas eran donadas por cada persona que entrevisté durante la investigación. Hacíamos un canje que consistía en que yo les regalaba una foto familiar o algo similar, y ellos me regalaban una prenda de ropa. La acción, que es una performance, consiste en lavar la ropa (que es bastante colorida) con cloro, entonces se trata de ver el proceso de decoloración y que toma al menos una hora. Repetí esa acción en Suecia y después en Santiago con La ropa sucia se lava en casa, en un galpón del Centro Nacional de Arte Contemporáneo de Cerrillos (CNAC), donde construí un mirador hacia esta especie de fábrica, que daba a un lavadero para “blanquear”la  ropa de inmigrantes haitianos. En paralelo, recopilé en las entrevistas trazos de historias de los viajes que realizaron estas personas para llegar a las ciudades donde realizo la performance. Toda esta acción tuvo que ver con la idea de integración, de blanqueamiento, de limpieza, sacar lo sucio, etc. Me interesa, por decirlo de alguna forma, la edición de la maleta. ¿Cómo decides qué echar a una maleta cuando tienes que escapar de tu país? En esa pregunta debía también reconocer mi propia ingenuidad, porque esto comienza con un artista que viaja a una residencia artística con todo pagado y entrevista a una persona que tuvo que viajar por emergencia, y tal vez solo alcanzó a echar una sola prenda, lo que cabía en una mochila.  

Registro en la carretera entre Iquique y Colchane, febrero 2022. © Máximo Corvalán-Pincheira.

E: ¿De esos relatos de viaje, cuáles te marcaron o conmovieron más?

M: La investigación recogió alrededor de 50 testimonios de distintos puntos del planeta, que fueron expuestos en una sala del CNAC con las entrevistas puestas en loop. Es muy fuerte el relato que hace Aziz Faye, un inmigrante de Senegal que entrevisté en Barcelona. Aziz cruzó 4 veces el océano en una patera (un tipo de embarcación muy precaria) para llegar a Europa, las tres primeras lo deportaron y la cuarta vez lo logró. En Barcelona formó un sindicato popular de vendedores ambulantes de ropa de marcas falsificadas, y luego inventó una marca que se llama “Top mantas” y que se vuelve súper viral. Aziz, que es una persona muy fuerte, tranquila y lúcida, transforma esto en un concepto político súper interesante que se apropia de las lógicas del mercado. Y forma un eslógan que es: “Ropa legal vendida por gente ilegal”. En su discurso hay una pregunta muy potente: ¿Cómo es posible que en este mundo pueda moverse libremente la mercancía y el capital, y las personas no? Todo esto cobra más sentido con el abuso que Europa hace de África. África puede sobrevivir sola, pero Europa no puede sobrevivir sin África. Es desde ese relato que yo proyecto la entrevista de Aziz en una galería, en el agua, mientras una máquina golpea el agua como si fuera un telégrafo, produciendo una vibración que llena la sala de distintos reflejos. Al mismo tiempo, los audios se van superponiendo y mezclando, y ocurre una  especie de colapso de los lenguajes, de los países. Dice Aziz, en su entrevista: “Hay fronteras que son invisibles, que están dentro de nuestro propio país, que es el sistema que se ha diseñado aquí y que nos obliga a estar en los lugares sin salir, te vas dando cuenta que tus recursos tienen más derechos que tú, tus minerales, tus frutas, tu petróleo puede salir y tú no, es como si estuvieras en una prisión”. La obra es también, un homenaje a todas las personas muertas en los océanos.  

Trompos a los que se les ha quitado la punta de fierro para implementar un bolígrafo rompen en el juego y el rayado las fronteras establecidas en países con conflictos geopolíticos. Mapa de la obra «Trompos»(2016-2018). © Máximo Corvalán-Pincheira.

E: En todo este relato donde inevitablemente el contenido es doloroso, trágico, está presente también la ironía, el juego y lo lúdico como dispositivo ¿Cómo entiendes esa relación? 

M: Mis lógicas de trabajo integran muchos elementos lúdicos. Por ejemplo, en Seúl hice una serie de mapas de lugares que tienen problemas limítrofes, como Corea del sur con Corea del norte (y que tiene una obra hermana, La Partida, en el Museo de la Memoria) donde puse una mesa coreana y sobre ella, trompos a los que quité sus puntas de fierro y reemplacé por lapiceras. Entonces la gente empieza a jugar, se vuelve algo interactivo, tiran el trompo y el mapa queda entero rallado, reescribiéndose la frontera. Asimismo, en lo que era el antiguo aeropuerto de Cerrillos, construí la obra Escalera al cielo (La Partida, 2017),  que es una escalera de avión pero que termina con un tobogán que vuelve al suelo. Entonces es la idea de subir al cielo para irse por un tubo, y volver al mismo lugar. Lo bonito era que la gente que visitaba el museo al final no entraba a las salas, sino que iba a subir la escalera para tirarse por el tubo. En ese absurdo, que es mismo absurdo del arte que no sirve para nada y a su vez sirve para todo, me interesa mucho también el juego de “serpientes y escaleras” (antiguo juego de tablero indio). Porque de alguna forma ese juego representa la vida, que parece lineal, pero que de repente todo cae y se derrumba. Y hay que volver a retomar. Así funciona también el proceso creativo.

Me interesa el concepto de limpieza y desinfección para hacer la pregunta de cómo integramos a estas personas. En mi relato esa pregunta es un problema que no tiene solución y que va a seguir encrudeciéndose, porque con la crisis del agua, la gente va a continuar moviéndose, cada vez más.

E: ¿Cómo has ido elaborando la idea de la limpieza y blanqueamiento en esta futura obra en el desierto?

M: La idea del blanqueamiento viene desde las lógicas fascistas nazis. Y es un término que se está usando mucho en Iquique para referirse a esconder la suciedad, esconder la miseria humana. Por eso la columna que escribí en El Mostrador sobre este viaje se llama “Les tengo malas noticias: yo soy las malas noticias”. Porque pasa, en estos países muy “civilizados”, que entran en contradicción con el sistema globalizado en que vivimos, donde se supone que estamos todos conectados, pero en donde el afuera, los que están afuera de estos sistemas privilegiados, están en una situación muy precaria. 

Chile, dentro de la región, parece estar en un sistema privilegiado. Entonces estas personas llegan aquí en una situación miserable desde países como Venezuela, donde está el conflicto real y que es muy complejo de solucionar, y en vez de ser declarados como refugiados por las condiciones humanitarias deplorables en las que llegan, se opta por limpiar, ocultar, sacar de ahí. Es muy curioso. En Europa tienen un océano de frontera y la gente sigue cruzando, como el caso de Aziz. En Colchane querían construir una zanja, pero la zanja no va a servir de nada. Porque cuando la gente ve que su vida peligra, logra cruzar igual. En ese sentido, me interesa el concepto de limpieza y desinfección para hacer la pregunta de cómo integramos a estas personas. En mi relato esa pregunta es un problema que no tiene solución y que va a seguir encrudeciendose, porque con las crisis del agua, la gente va a continuar moviéndose, cada vez más. Ahora vemos la guerra en Ucrania con Rusia, por ejemplo, y la cantidad de personas que se está moviendo es impresionante. Aunque allá es distinto, porque a diferencia de los migrantes de Venezuela o de países de África, de alguna forma los ucranianos sí son bienvenidos. En muchos reportajes de prensa que cubrían el tema de la guerra Rusia-Ucrania, se escuchó “pero si son gente como nosotros”. Solo esa palabra, que parece muy ingenua, es tremendamente brutal, porque estás sugiriendo que hay gente que no es como nosotros. En relación a eso, hice una performance en el sur de Corea donde construí un invernadero – balsa que navegaba e iba regalando las plantas que tenía adentro. Pero esas plantas eran maleza, entonces de alguna forma, se trataba de plantas que nadie quiere. Eso lo asocié con las personas que son bienvenidas y las personas que son maleza, las personas que todo el mundo quiere sacar de su jardín.

E: En esta isla de ropa el tema ambiental también parece entrar en crisis. Por una parte, al publicar la foto de estos vertederos ilegales en redes sociales se llena de comentarios apuntando a la gravedad de cómo se ensucia el desierto de Atacama, una postal turística y santuario natural del norte de Chile, mientras al mismo tiempo y en el mismo lugar, se desplazan personas en un estado de vulnerabilidad altísimo donde el discurso también habla que deben ser “limpiadas” de ahí. Habiendo ya trabajado con escenarios de naturaleza rotulados como “prístinos”, como la Patagonia, y ahora el desierto de Atacama, ¿cómo enfrentas esa contradicción?

M: Yo entiendo al mundo como un ser vivo, y dentro de ese mundo está el ser humano, como un ente más. En un trabajo que hice sobre la araucaria donde investigué el reconocimiento de individuos por medio del ADN, me encontré con que nuestro símbolo nacional, la araucaria, está declarada en peligro de extinción porque está siendo atacada por un hongo. En esa obra, lo que hago es parodiar el hongo escribiendo frases como “Sistema sospechoso padece” sobre fotos que tomé del mismo hongo que está atacando a la araucaria, y así, hablar de un conflicto que tiene que ver con cómo el humano se relaciona con la naturaleza. En el fondo, se trata de hablar de este sistema que ha permitido la utilización de la naturaleza con una visión extractivista, de sacar, sacar y sacar. Y esto ocurre no solo a nivel regional, sino como política nacional, de pensar estas zonas como “extremas” con un interés netamente comercial y extractivista, de incluso desechar en vez de regalar (como la ropa), sin involucrarse realmente. El mismo desierto es maravilloso, y te encuentras con basureros brutales que a la vez tienen que ver con un sistema que diseña y realiza mucha más ropa de la que necesitamos. Entonces, esa obra habla de la forma con que nos relacionamos con la naturaleza. Y de la actitud de los empresarios para con estos paisajes “extremos”.

En «Jardín nómade» (2018), el artista navega sobre esta balsa-invernadero regalando malezas, haciendo un desplazamiento poético entre que es se les restringe la entrada con innumerables cercos, con la paradoja de calificar a algunas especies de la flora como malezas, es decir, como malas hierbas. © Máximo Corvalán-Pincheira.

E: Se trata, tal vez, de poner en cuestión ciertas creencias en torno a los discursos que circulan en estos espacios naturales, una cierta idea de lo puro, como el desierto más árido del mundo, el de los cielos más oscuros, pero que al mismo tiempo no queremos que entre el infiltrado, el forastero, el otro.

M: Hay un ambiente nacionalista extremo a partir de las situaciones que han pasado, donde lo que está presente es un odio terrible hacia otras personas. Las fotos que registré en ese viaje por el norte entre Iquique y Colchane son familias, personas que han caminado durante 3 meses, no delincuentes. Fotografié a un chico que la poca agua que recibía la compartía con su perro. Cuando tienes a un gobierno que se ha olvidado de todo, las personas caen en un estado de abandono y quedan vulnerables a lo que sea, y eso implica mafia, de todo. Si le dices a una persona en esa situación extrema: “Únete y se soldado nuestro”, lo más probable es que lo va a hacer. Pero ello ocurre porque existe un abandono previo de los países, de los gobiernos, de las sociedades. En Iquique hay organizaciones trabajando, pero están muy silenciadas, reciben amenazas. Entrevisté también a un chico que decía que hacía rato no podía dormir, porque los jóvenes que andaban carreteando lo molestaban. Lo llevaron al refugio Lobitos que está a las afueras de Iquique, pero están en una situación de encierro, donde no pueden salir a trabajar y no tienen cómo solucionar su situación. Y lo más raro y brutal es que una productora de eventos se está haciendo cargo de ese refugio. Gente de buena voluntad, pero sin ninguna experiencia ni conocimiento para trabajar con personas que vienen con el trauma de haber cruzado el desierto en un estado de enorme precariedad económica, con niños enfermos, habiendo tenido que enfrentar el Covid, donde muchos han muerto, y que al llegar a un lugar relativamente seguro, recién ahí empiezan a decantar y a sufrir los trastornos. Entonces, si bien esta futura obra tendrá que ver con algo ambiental, se va a mezclar con toda esta investigación. Ese es el trabajo que más adelante quiero mostrar.

«La partida» es una pieza escultórica se emplaza en el Centro Nacional de Arte Contemporáneo de Chile, conectándose con la historia del edificio que acogió el primer aeropuerto de Santiago hasta el año 1967. © Máximo Corvalán-Pincheira.

Imagen de portada: Registro de isla de ropa en Alto Hospicio, Iquique. © Máximo Corvalán Pincheira

 

 

 

No es algo nuevo decir que el arte salió de los museos y las galerías para ingresar a espacios de exterior, emplazamientos situados en el afuera, muchas veces en la naturaleza. En Chile, encontramos antecedentes en el proyecto Amereida, cuando en la década del 60’ un grupo de arquitectos decidió salir del espacio institucional para […]

No es algo nuevo decir que el arte salió de los museos y las galerías para ingresar a espacios de exterior, emplazamientos situados en el afuera, muchas veces en la naturaleza. En Chile, encontramos antecedentes en el proyecto Amereida, cuando en la década del 60’ un grupo de arquitectos decidió salir del espacio institucional para explorar el devenir y el caminar en zonas remotas como Tierra del Fuego y así crear un poema propio de habitar en América, Amereida.

En el hemisferio norte, un antecedente crucial lo marcó el movimiento del “Land Art”, con artistas influyentes como Robert Smithson, quien se volcó a intervenir espacios industriales como mineras, también la naturaleza con los materiales que ella proveía, como los enormes espirales de basalto que dibujó el desierto de Nevada en su monumental obra “Spiral Jetty”.

«Reposo», de Francisca Sánchez. Intervención en la Ruta 5 Sur, entre Puerto Montt y Pargua. © Francisca Sánchez

La necesidad de inscribir la práctica artística en emplazamientos del exterior – ya sea industriales o en la naturaleza – ha traído una potente y completa nueva publicación editorial. Se trata del recién lanzado libro Movimientos de Tierra (Ed Polígrafa, 2021), el cual, para su editor y compilador, Pedro Donoso, se trata de “una constelación, un catálogo ampliado de la exposición Movimientos de tierra: Arte y Naturaleza, donde invitamos a distintos artistas a recorrer el territorio”.

Lo primero que llama la atención es la envergadura de la publicación. Son 35 artistas invitados con obras realizadas en zonas que van desde el desierto de Atacama, el Estrecho de Magallanes, las pampas de la región de Aysén, el interior del cráter de un volcán activo, un glaciar en medio de Campo de Hielo Patagónico, entre tantos otros puntos improbables del territorio, complejos de habitar y registrar. Como se lee en su contraportada, escrita por el académico Pablo Chiuminatto, se trata de “una antología que anuncia una vuelta a la naturaleza, ya no como paisaje, sino como el genuino hogar”.

Tal vez la mayor fuerza de esta publicación radica en que no busca exaltar la belleza del territorio, sino más bien relevar sus zonas telúricas, de conflicto, desde una particular y sugerente propuesta estética y política. Por ello aquí están presentes también proyectos que iluminan la condición de ruina en el paisaje, aquellas naturalezas sacrificadas por el extractivismo que no conoce límites ni cuidados para quienes habitan o se desplazan por esos territorios.

Los elementos geográficos de todo Chile sirven a los autores de las obras como dispositivo y lienzo para reimaginar ese paisaje, en un momento en que se ha hecho más urgente que nunca pensar en la dicotomía construida entre naturaleza y cultura, humano y no-humano, arte y naturaleza, que hoy nos vuelca, por necesidad y subsistencia, a pensar en nuevas relaciones y narrativas con ese mundo exterior.  

Pero tal vez la mayor fuerza de esta publicación radica en que no busca exaltar la belleza del territorio, sino más bien relevar sus zonas telúricas, de conflicto, desde una particular y sugerente propuesta estética y política. Por ello aquí están presentes también proyectos que iluminan la condición de ruina en el paisaje, aquellas naturalezas sacrificadas por el extractivismo de una industria que no conoce límites ni cuidados para quienes habitan o se desplazan por esos territorios, ya sea humanos y no humanos.

La artista Cecilia Vicuña en la ribera del río durante la creación de «Quipu Mapocho». © Cecilia Vicuña.

Así, por ejemplo, el trabajo de Patrick Seeger en las localidades de Quintero y Ventanas, propone una escultura como sistema de vigilancia para observar las graves emisiones tóxicas que se desprenden de esta zona de sacrificio. También está el desierto devenido vertedero de Alto Hospicio en La ciudad posterior, retratado en tres videos por Demian Schopf, acaso un anticipo apocalíptico de las naturalezas muertas que ya están entre nosotros.

En todos los registros presentes en el libro algo que caduca y permanece. Cada uno de esos objetos recolectados, exhibidos, performados, se transforman en testigo del paso del tiempo y del humano al ser incorporado por cada uno de estos artistas e investigadores del territorio. La interrogante definitiva que parece desafiar el libro es: ¿Puede la naturaleza transformarse en archivo?

Registro de la obra «Terra Australis Ignota», en el extremo sur de Patagonia, del artista Nicolás Spencer © Nicolás Spencer

Llama la atención el carácter efímero de gran parte de las obras presentes, lo que sugiere la urgencia, en tiempos de la grave crisis global ambiental de esta era geológica conocida como Antropoceno, de ofrecer prácticas artísticas que operen poética, estética y políticamente a través de la impermanencia, que puedan ser ejecutadas pero también borradas por las fuerzas geológicas, barridas por el viento, una vez que la obra ya ha cumplido su propósito en ese paisaje prestado para expresar.

Así como en la década del 60’ un grupo de artistas conceptuales decidió salir al espacio abierto como una forma de activismo contra la guerra de Vietnam, hoy, las y los artistas y autores que acopia Movimientos de tierra guardan también una inquietud en común. Existe una urgencia por habitar, por pensar, por reimaginar el paisaje, por decir: caminamos, transitamos pero no olvidamos que esta tierra también habla y se mueve, no olvidamos que estamos de paso. Este libro viene a dar cuenta de esa necesaria forma de expresión y habitar de estos tiempos complejos.

El libro, publicado recientemente por editorial Polígrafa, está en español e inglés. © Movimientos de Tierra

MOVIMIENTOS DE TIERRA

Movimientos de tierra surge de la exposición realizada en el Museo Nacional de Bellas Artes en 2017 donde se reunieron seis grandes intervenciones realizadas en distintos puntos del territorio de Chile. A partir de ese ejercicio artístico en el entorno natural, el presente volumen es concebido como una investigación ampliada que alcanza las 35 obras de distintos artistas contemporáneos cuyas motivaciones ecopolíticas, sociales y espaciales permiten trazar una cartografía única donde se refleja un territorio de contrastes. Esta compilación ofrece una visión panorámica como un conjunto de posibles intuiciones y modos de pensar nuestras relaciones con el entorno natural en una época marcada por la crisis climática, tal como lo sugieren los distintos ensayos que acompañan las obras.  

Editor: Pedro Donoso

Editorial: Polígrafa, Barcelona

Artistas: Raúl Zurita, Gianfranco Foschino, Alejandra Ruddoff, Not Vital / Cristián Orellana Terrsy, Teresa Aninat, Cecilia Vicuña, Denise Lira-Ratinoff, Ciudad Abierta, Juan Castillo, Juana Guerrero, Gonzalo Castro-Colimil, Alfredo Jaar, José Délano, Patrick Steeger, Catalina González, Marcela Correa, Colectivo Impermanentes, Julen Birke, Cristián Velasco, Dagmara Wyskiel, Francisca Sánchez, Demian Schopf, Catalina Bauer, Benjamín Ossa, Sebastián Preece / Olaf Holzapfel, Hamish Fulton, Max Corvalán-Pincheira, Catalina Correa, Nicolás Grum, Elisa Balmaceda / Cristián Espinoza, Mia Makela, Sebastián Jatz, Colectivo Última Esperanza, Claudia González, Nicolás Spencer, Lorenzo Berg.

Autores: Pedro Donoso, Juan Carlos Skewes, Nicholas Jackson, Catalina Valdés, Paula López, Valentina Montero y Jens Andermann.

Imagen de portada: Registro de «Chile antes de partir, 1981» de Alfredo Jaar. Intervención realizada entre la montaña y el mar. © Alfredo Jaar.

ESTO TAMBIÉN PASARÁ. TACCONE CITTÀ EFFIMERA es el nombre del proyecto de la residencia artística1 que me permitió salir al encuentro de una historia sorprendente y poco conocida. Nunca hubiese imaginado que sobre el árido terreno de la región de Basilicata encontraría los rastros que me llevarían a descubrir una memoria común entre dos pueblos […]

ESTO TAMBIÉN PASARÁ. TACCONE CITTÀ EFFIMERA es el nombre del proyecto de la residencia artística1 que me permitió salir al encuentro de una historia sorprendente y poco conocida. Nunca hubiese imaginado que sobre el árido terreno de la región de Basilicata encontraría los rastros que me llevarían a descubrir una memoria común entre dos pueblos en geografías tan distantes: la historia de borgo Taccone al sur de Europa y esa historia del Chile que habito al sur de América.

Lucania se solía llamar la región de los grandes bosques de este sur europeo. Misma tierra que hoy lleva por nombre Basilicata al sur en Italia. Territorio antiguo que pacientemente labrado por el orden de la cosecha anual ha sido despojado de una parte de su historia original.

Es importante saber que este paisaje no siempre ha tenido los colores del desierto. En el lugar que ocupan estas tierras abiertas a los elementos, solía haber un lucus, que quiere decir en latín bosque sacro. Verde quizás, gigantesco tal vez, tanto como la Amazonía en el sur de América. Reserva natural que hoy se incendia ante la acción de los insensatos para crear territorio yermo, explotado como éste. Significativo resulta también preguntarse ante este paisaje: ¿qué estado tendrá la naturaleza cuando se necesite nuevamente practicar las utopías colectivas para poblar de nueva vida la tierra al sur?

Casas aisladas que hicieron parte de la reforma agraria, Taccone. © Carlos Hevia Riera, 2019

Breve y lejana se siente la historia de Borgo Taccone, un pequeño poblado en la comuna de Irsina, planificado para albergar la vida agrícola de la región. Treinta años felices que pasaron rápido. Desde su fundación durante la reforma agraria italiana al “boom” industrial italiano que motivó el éxodo de sus habitantes hacia el norte. Del paradigma agrícola de los ’50 a la promesa de desarrollo y progreso de los ’80. Un asentamiento diseñado al detalle y construido para durar siglos, transformado en refugio temporal. Piedras apiladas que hoy se suman a la lista común de ruinas dispersas en todo lo ancho de la región.

Murales realizados por la Brigada Pablo Neruda, durante su paso por Taccone. © Tonido Catena, 1977

“Porque de todo elemento el hombre es un creador” son las palabras del cantautor chileno Víctor Jara, asesinado por la dictadura de Pinochet en el año 1973 y que sorprendentemente también es parte de la historia de Borgo Taccone. Muchos recuerdan aún la llegada en 1977 de la Brigada Pablo Neruda, un grupo de artistas y muralistas chilenos exiliados, que trajeron al sur de Italia más que solo los colores y el trazo de la revolución latinoamericana. Dejaron como testimonio de su paso un gran mural, el cual hoy es casi imposible de reconocer.

Una de las acciones públicas llevadas a cabo en la comuna de Irsina, ciudad poblada de la que depende administrativamente Taccone. © Carlos Hevia Riera

¿Somos nosotros aún los habitantes de Taccone? Fue una pregunta abierta, que dio inicio a mi trabajo de residencia. Una pregunta hecha al desierto y a todos quienes habitan este sitio en el cuerpo o en la memoria. Una  de las tantas acciones públicas que permitieron encontrar diez de los relatos íntimos que quedaban por contar en Borgo Taccone y que en su conjunto revelaron algunos de los silencios de la historia conocida. Relatos orales en su mayoría, anécdotas y testimonios, en definitiva, memoria pura que permite dilucidar el estado actual del proceso de habitar lucano.

¿Quiénes serán los futuros habitantes de Taccone? El pasado es acervo de los y las que soñaron con materializar aquí un estilo de vida único para el sur de Italia, vínculado estrechamente al trabajo de la tierra y a la producción industrial de trigo. El presente es complicado y se intenta explicar en las palabras de la generación que decidió dejar para el Borgo un final abierto a la ventura de “lo natural”.

Ya se sabe, el bosque que dio nombre a la antigua Lucania se ha desvanecido, tanto casi hasta su extinción. De aquel pasado verde y frondoso queda poco más que el testimonio dibujado en los viejos mapas hechos para entender los territorios que describían a los antiguos imperios.

La “paglia”, fardos de paja de 500 kilos con los cuales se construyó la instalación pública en Taccone. © Carlos Hevia Riera

Retazos de aquella vida bajo la sombra de gigantes árboles se pueden encontrar y, con mucho esfuerzo, en los sectores altos de la zona montañosa del Pollino, lejos de los campos de cultivo, donde los árboles hoy son ornamentos que acompañan los caminos.

Para los futuros habitantes, Taccone parece una página en blanco. Una oportunidad para colorear las formas del mundo agrícola con las texturas verdes del pasado remoto de la Lucania. Traer a la vida el bosque, los árboles y los animales que se necesitan para soñar una vez más el modo de la utopía que decidirán habitar.

Reducto de árboles plantados en la década de los `80 sobre el territorio agrícola de Taccone. © Carlos Hevia Riera

Ir en busca del árbol imaginario y portarlo dentro. Tomarlo con las manos y sentir su peso sobre las cabezas. Recorrer con estos tubos de cartón unidos por tornillos metálicos las calles que recorrían años atrás los creyentes cristianos del patrono del pueblo, San Giuseppe Lavoratore.

De “paglia” fueron los muros del templo que sostuvieron el Museo de lo efímero y de lo sacro. Los mismos fardos amarillentos que un día conformaron su estructura, ahora vuelven a ser alimento de animales. Estos finos palillos que conforman los pesados bloques que estuvieron apilados en el centro de borgo Taccone, son el producto despreciado de la extensiva industria del monocultivo del trigo. Palillos que cuando no se trabajan, arden amontonados en largas filas paralelas cada verano.

 
Representación planimétrica del museo de lo efímero y de lo sacro. En la primera sala se expusieron las diez historias recopiladas junto a 10 objetos que las representaban. En la segunda sala se expuso el “bosco sacro”, construido junto a los niños de las escuelas públicas de la ciudad de Irsina. © Carlos Hevia Riera

Bajo el sol y con los visitantes como protagonistas, tuvo lugar una emoción muchas veces sentida pero nunca antes nombrada, que quedó escrita como lucusescencia.

Niños de las escuelas públicas de Irsina, llevando dentro del museo el símbolo del bosque desaparecido, un árbol hecho de cartón. ©Carlos Hevia Riera

Museo de lo éfimero y de lo sacro

Instalación pública, Borgo Taccone, 19 de Octubre 2019. 

Con el viento soplando las blancas velas de Donato Laborante se dio la bienvenida al Museo de lo efímero y de lo sacro. El sábado 19 de octubre de 2019, al mismo tiempo que en Chile estalla en fuego el despertar colectivo contra el sistema perpetuado por la dictadura de Pinochet, en el sur de Europa se abría un espacio para abrazar el abandono y las utopías perdidas.

Donato Laborante, representando al viento que se hizo parte de la instalación efímera. © Daniela Contardo

Desde las tres y hasta las siete de la tarde, los gruesos muros de “paglia” definieron temporalmente el límite entre el interior del oasis y el exterior del desierto. Bajo el sol y con los visitantes como protagonistas, tuvo lugar una emoción muchas veces sentida pero nunca antes nombrada, que quedó escrita como lucusescencia. Una palabra universal a la medida de este sur. Lucusescencia es una emoción que brota natural, cuando no existe más ese lugar donde habitaban los recuerdos más queridos.

Lucusescencia: La emoción que se prueba al desaparecer el lugar sacro donde habitaban tus recuerdos. 

Maria Luigia (QEPD) de 98 años, la abuela de la única familia que habita aún Borgo Taccone se hace presente en el museo para escuchar por última vez, y después de muchos años el ruido de los niños en su poblado. © Carlos Hevia Riera

Este espacio fue sagrado porque nos pertenecía a todos y a todas y porque a través de las historias aquí reunidas se pudo entrar profundo en la vida de personas que se creían conocidas. Esta sala de “paglia” fue solo el contenedor de un recuerdo persistente, que perdurará ligado a la tierra a pesar de que la estructura que lo contuvo no exista más.

Espacio del “bosco sacro” realizado junto a los niños que habitan la ciudad de Irsina. © Carlos Hevia Riera

Un volumen techado marcaba el ingreso al lucus, al bosque sacro. En su interior la representación del oasis. Espacio creado por más de cien niñas y niños que trabajaron juntos para darle forma al antiguo paisaje de la Lucania. Allí el árbol cobró vida, gracias a la imaginación de quienes soñaron con volver a habitar borgo Taccone.

Queda latente aún la acción de Angelo, un niño italiano de 12 años, quien sobre su máquina horquilla puso el cierre definitivo al edificio, movilizando las puertas de “paglia”, que juntas sumaran más de 2.000 kilos.

El rito finalizó con el árbol en llamas, luego de ser cargado nuevamente sobre las cabezas hasta la tierra yerma. Fue esta explosión simultánea en Chile y en Italia el testimonio contemporáneo de una historia común entre ambos pueblos a latitudes lejanas.

El árbol hecho de cartón fue quemado, en un rito colectivo la noche del 19 de octubre, luego del cierre del Museo de lo Efímero y de lo Sacro. © Carlos Hevia Riera     

​​Notas:

(1) Proyecto de residencia artística financiado por el programa Capital Cultural Europea Matera 2019. Llevado a cabo en la comuna de Irsina región de Basilicata, durante los meses de agosto a octubre 2019.

(2) Para conocer la historia completa de este proyecto de residencia artística, puedes visitar el enlace al perfil de Facebook de Mundo Fau de la Universidad de Chile, donde me invitaron a presentar en detalle la experiencia de la instalación. Link fb.watch/v/2YR62k02m

(3)El proyecto propuso desde su postulación la construcción de un fotolibro, el cual ya se encuentra disponible para revisar online en la plataforma Issuu a través del siguiente link: https://issuu.com/carlosheviariera/docs/lucus_taccone_carlos_hevia_riera

Para obtener el libro físico, escribir a hola@carlosheviariera.com 

Sobre el Autor

​​Carlos Hevia Riera, Santiago de Chile 1987, es arquitecto y fotógrafo, profesor invitado de la cátedra del «Programa Chiloé: territorio, paisaje y cultura» FAU de la Universidad de Chile. Su trabajo ha estado movilizado por la puesta en valor del habitar cotidiano, conectando su obra a temas de derecho a la ciudad, participación ciudadana y educación con pertinencia cultural, en territorios rurales y aislados. @Carlosheviariera

Imagen de portada: Vista de la región de Basilicata, verano del 2021. © Pablo Hassmann, 2021

La crisis global ambiental que hoy vivimos se ha vuelto ineludible no solo para nuestra sociedad, si no también para los proyectos artísticos hoy se enfrentan a esa misma urgencia desde sus propias prácticas y quehaceres estéticos. Es por eso que hoy en Endémico web traemos el trabajo de artistas que desde las problemáticas e […]

La crisis global ambiental que hoy vivimos se ha vuelto ineludible no solo para nuestra sociedad, si no también para los proyectos artísticos hoy se enfrentan a esa misma urgencia desde sus propias prácticas y quehaceres estéticos. Es por eso que hoy en Endémico web traemos el trabajo de artistas que desde las problemáticas e injusticias en torno a los derechos del agua, la toponimia del paisaje, la crisis hídrica, la geografía, la artesanía y la filosofía andina están promoviendo una serie de encuentros e instalaciones tanto callejeras como al aire libre para dar cuenta de esta realidad que debemos enfrentar con urgencia. Quisieron expresar en sus palabras con un manifiesto los proyectos e intervenciones que se encuentran desarrollando tanto en diversos puntos del territorio de Chile y Latinoamérica.

Collage digital (2021) impreso sobre papel de arroz, de la serie “Other White Mixed Background”, 62 x 91 cms. © Catalina Correa

Umbra: Esas dos variables no eran posibles a la vez en un mismo universo, entonces enloquecieron

Por Catalina Correa, Josefina Astorga y Javiera Asenjo

En conversación con guaquero, parte de la investigación de campo de Catalina Correa durante “Residencia en la Tierra” (2013). © Katinka Igelberg

Umbra es un proyecto que se gesta a mediados del 2020, en el primer período de cuarentenas extendidas a nivel global. En ese momento, donde la sombra de la pandemia comienza a suspender los sentidos más vitales, aparece la necesidad del reencuentro, de contener y también de replantear los procesos creativos. 

Josefina Astorga, Javiera Asenjo y Catalina Correa comienzan a reunirse periódicamente de manera virtual para retomar una colaboración que había comenzado ocho años antes, a partir de la experiencia común de haber residido en “Residencia en la Tierra” (Colombia). A partir de entonces se despliega un intercambio -que en ocasiones ha incluido a otros artistas y ha tomado diferentes formatos y espacios de trabajo- para dar continuidad a las investigaciones que surgieron en las verdes y sinuosas tierras del Quindío Colombiano.

Acción colectiva para conectar con la sonoridad del guadual, trabajo de Javiera Asenjo en “Residencia en la Tierra”, (2013).  © Catalina Correa

Sus procesos creativos se articulan desde una relación social y corporal con algunas prácticas culturales que emanan del territorio latinoamericano: el oficio textil, el alfarero y el de la guaquería, la filosofía andina, la geografía como conocimiento encarnado, y la arqueología extractivista como herencia de los diversos sistemas de colonización que han marcado nuestra historia. Sin embargo, durante el último período sus investigaciones dieron un radical vuelco crítico y de género, debido a la urgente crisis social y ecológica por la que transitamos.

Acción colaborativa para construir una cordillera, trabajo de Josefina Astorga en Residencia en la Tierra (2012).  © Daniel Santiago Salguero

La palabra territorio está ligada a la demarcación, exclusión y propiedad privada de la tierra, y con ello a su disputa a través de las guerras. Como resultado de un sistema patriarcal de dominación y exterminio, sentimos la necesidad de instalar otras perspectivas para relacionarnos con nuestro entorno, con los seres humanos y no humanos que nos rodean, con la Tierra. 

Para la muestra de Umbra en el MAC Quinta Normal (Marzo 2022) ​cada artista contará con una sala independiente en el segundo piso del Museo, además de un espacio colectivo donde se exhibirán registros y archivos de estos ocho años de colaboración. Esta exposición, que incluirá piezas audiovisuales, instalaciones vegetales, tejidos, collages, texto y cerámica, tocará temas tan íntimos y universales, tan ancestrales y contemporáneos como la ciclicidad del tiempo (Pacha Kutik), la memoria del cuerpo femenino y la oralidad como portal, el matrilineaje y la migración en la identidad Latinoamérica, las tecnologías domésticas, el viaje y la urgencia de conectar con otros seres vivos.

“Proyecto Vasija”, tejido a crochet con cuerda de algodón, teñido con cáscara de banana, corteza de barbatimão y hojas de guayaba, región de Rôndonia, Brasil (2021). © Javiera Asenjo

Curicó (Kurü Ku) Kuru es negro, y Ko es agua.

Por Cristian Toro. Texto en colaboración con @jensbenohr y @evanerika

La obra, desarrollada como un ensayo gráfico en dos partes, aborda la implicancia del código de aguas impuesto durante la dictadura cívico-militar en Chile en el modelo de desarrollo actual y la crisis hídrica que enfrenta en el país.

La obra estará emplazada en el centro de Curicó durante todo el mes de agosto. © Cristian Toro Ulloa

Me interesa situar esta problemática desde las cuencas de los ríos aledaños de la comuna de Curicó, donde el modelo extractivista privilegia el cultivo agrícola de especies destinadas a la exportación. Esto se complementa con una biografía disponible a los transeúntes sobre el código de aguas, su implicancia den la crisis hídrica, y posibles salidas enmarcadas en el derecho de los ríos, los derechos de lo ecosistema y el reconocimiento de aquello más-que-humano.

Para este ejercicio, pongo atención en la toponimia de Curicó, que como muchos nombres del centro sur de Chile, viene del mapuzungún, lengua de la tierra. Ko, <agua>, es una voz recurrente para nombrar territorios, constituyendo un elemento fundamental del mundo. Ahora, en plena crisis hídrica, ¿Dónde está esa agua? ¿Quién ha extraído este ko constituyente de lo territorial, de los procesos de la naturaleza, de la vida en sí misma? ¿Dónde está esa agua en el Maule?

Obra emplazada en el centro de la comuna de Curicó (Chile), gracias a Galería Cívica @galeriacivica. © Fernanda R. @fdahip

Las imágenes desarrolladas reúnen elementos visuales propios de la extracción industrial del agua, de la agricultura extensiva del Maule, la sequía y los incendios forestales, mezclándose con intuiciones personales de mi relación con Curicó -ciudad donde nací- y especies del bosque esclerófilo central; litre, rapaces, changles, madre de la culebra.

El Código de Aguas en Chile define al agua como un bien de uso público y privado. Este marco legal se instaló en la dictadura y fue profundizado en los gobiernos de Frei y Lagos. Los grandes beneficiarios de esto son transnacionales y empresarios chilenos que han usufructuado de la explotación del agua.

Durante el 2017, la agricultura en Chile consumió un 72% de la demanda del agua nacional. En la región del Maule esta industria concentra el 96% del consumo del agua2. Mediante embalses y canales, los afluentes son obligados a regar monocultivos agrícolas y forestales, sustrayendo el agua de los ecosistemas locales y alimentando el modelo global de libre mercado e injusticias socioecológicas.

La propuesta busca integrar el arte callejero y un manifiesto por la crisis hídrica del Maule © Fernanda R. @fdahip

Las proyecciones publicadas este año para el 2030 por la Dirección General de Aguas3 estiman que las disminución del agua disponible alcanzaría el 50%, siendo la región del Maule, una de las áreas posiblemente más afectadas. Lo que sucede con el río Mataquito, la laguna Torca, en el río Maule y los saltos del Parque Siete Tazas es una anticipación a esta crisis hídrica.

El significado cultural del agua para las comunidades humanas, y la crisis ambiental que experimentamos hoy, ha inspirado nuevas legislaciones y acciones en países como Ecuador (2008)4, Bolivia (2010)5, Colombia (2017)5, y Nueva Zelanda (2017)7, además de instancia como la Declaración del Foro Alternativo Mundial del Agua en Francia (2012). Estas, entre otras experiencias, no sólo otorgan herramientas legislativas, si no que marcos afectivos-culturales para poder reconocer no sólo los derechos de los ríos y los cuerpos de agua, si no también derechos de montañas, humedales, valles y todo tipo de ecosistemas y sujetos-no-humanos.

El agua es un bien común. Común a humanos, y común a peces, aves, mamíferos, plantas y todxs los vecinos más que humanos que cohabitan un ecosistema. No basta con entender el agua sólamente como derecho humano, es necesario resguardar el derecho de las aguas a circular por sus cursos naturales, ambos derechos están entrelazados y dan cuenta de la inseparable dinámica que nos conforma, y en cuyo equilibrio radica nuestra vida

¿Cómo eran los ríos hace 30 años?

No es sequía, es saqueo ¡Libertad a las aguas del Maule!

Detalle de la obra  © Fernanda R. @fdahip

Sobre los Autores

Javiera Asenjo es Artista Visual y Tejedora. Actualmente transita entre Santiago de Chile y Brasil. Trabaja principalmente con textiles a través del teñido, hilado, costuras, y tejido. Su práctica está íntimamente ligada con un aprendizaje  constante del patrimonio textil precolombino, desde donde reactualiza la sensación de que todo lo que nos rodea es un tejido. @tejidos_invisibles

Josefina Astorga es Fotógrafa Chilena, máster en Gestión cultural. Actualmente vive y trabaja en el sur de Chile. Es co-creadora del proyecto Beca Migrante, investigación artística colectiva e intercultural en torno a los Derechos Humanos. Integrante del colectivo artístico feminista La Voz del Pueblo. Su obra gira en torno al paisaje, la ecología y las prácticas artísticas sociales. Sus principales soportes son la fotografía y la cerámica primitiva. josefinastorga.com 

Catalina Correa es Artista chilena, actualmente vive y trabaja en Londres. Su trabajo es una investigación multimedia que esboza puentes entre cuerpo y paisaje, feminismo y arqueología, maternidad y territorio. Es Licenciada en Arte (Universidad Católica, Santiago) y Magíster en Arte Contemporáneo (Royal College of Art, Londres). catalinacorreastudio.com

Cristian Toro vive y trabaja en Concepción, Chile. Es Licenciado en Diseño gráfico y Comunicación Visual en la Universidad del Bio Bio (2012), actualmente se desempeña como diseñador, artístico gráfico editorial e ilustrador. Trabaja como director de arte y editor en Toda la Teoría del Universo; y es director de arte Revista Endémico.

Imagen de portada: “El mundo de arriba y el mundo de abajo”,  fotografía 35 mm digitalizada (2020), por la artista Josefina Astorga.

 

 

 

  Hay una suspensión de la temporalidad en la obra de Ximena Bórquez, su arte es indudablemente contemporáneo, mas a la vez, está completamente cargado y conectado al pasado prehispánico. Este trabajo limpio, puro y vibrante, se enmarca dentro de la gráfica expandida, dónde procesos de experimentación e investigación le han permitido llevar el lenguaje […]

 

Hay una suspensión de la temporalidad en la obra de Ximena Bórquez, su arte es indudablemente contemporáneo, mas a la vez, está completamente cargado y conectado al pasado prehispánico. Este trabajo limpio, puro y vibrante, se enmarca dentro de la gráfica expandida, dónde procesos de experimentación e investigación le han permitido llevar el lenguaje de lo gráfico a soportes diversos: desplazando el grabado hacia el volumen, incorporando elementos instalativos como la luz y el sonido, e incluso valiéndose de aspectos tecnológicos desde procesos digitales y análogos.

Pese a su evidente naturaleza reflexiva, la base de la obra que Ximena ha realizado en el último tiempo, es la sensorialidad: la presencia del cuerpo (y el alma) en un espacio para ser un portal de recepción de estímulos diversos. En esta entrevista para Endémico Web, Ximena nos cuenta sobre Geografía Sensorial, su última exposición reinaugurada el pasado marzo en el Parque Cultural de Valparaíso.

Humedal de Mantagua, junto a las dunas de Ritoque, en la región de Valparaíso ©Ximena Bórquez.

¿De qué se trata Geografía Sensorial?

Es un proyecto que nace desde el interés de continuar una metodología de trabajo que ya venía practicando hace un tiempo, que consiste en internarme en un lugar natural y tener un encuentro con ese espacio desde la percepción sensorial. El ejercicio es de carácter inmersivo, in situ, donde el cuerpo se vuelve un canal y los sentidos se afinan a su máxima amplitud de recepción, percibiendo estímulos sonoros, táctiles y térmicos, aromas, colores, etc. Desde aquí se realiza una transcripción a lo gráfico mediante el dibujo, y luego se lleva al taller para imprimirlo mediante la serigrafía, depurando hacia un resultado mucho más abstracto y geométrico.

Esta metodología la había usado para realizar distintas obras gráficas en el desierto, por lo que me interesaba transportarla a un lugar diametralmente opuesto, como son los humedales: lo verde, la humedad, la abundancia de vida vegetal y animal; en contraste con el amarillo, lo seco y lo silencioso. Y también porque me interesaba recorrer la región de Valparaíso, lugar donde resido desde hace unos años. Considerando que los humedales son ecosistemas que están amenazados, y que por ende es posible que en un futuro no estén, era importante para mí explorarlos ahora, para guardar un registro, un testimonio de su existencia y de todo lo que son. Entonces decidí que llevaría a cabo esta investigación y postulé a un FONDART para desarrollarlo con calma, dedicándome totalmente a ello. Así es como nace Geografía Sensorial.

Trabajaste con el Humedal de Tunquén, el Humedal de Mantagua y el Humedal del Río Maipo. ¿Tenías alguna relación previa con éstos?

Los escogí porque alguna vez los había visitado y me había sentido muy bien en ellos. Eran grandes, con amplios espacios para recorrer y abarcaban distintas zonas geográficas de la V región: uno en Tunquén, en la comuna de Algarrobo; otro en la desembocadura del Maipo, comuna de San Antonio, y el último en Mantagua, en la comuna de Quintero. También eran bastante diversos, pese a compartir la característica común de ser humedales.

Flor Rábano, referente de floración ©Ximena Bórquez.

Creo que lo más importante de la naturaleza es que en ella se encuentra lo espiritual, es allí donde te das cuenta de lo que eres y de dónde vienes.

Serie Floración, serigrafia, 70x 100 ©Ximena Bórquez.

¿Cómo fue tu experiencia con cada humedal?

En Tunquén lo principal fue la experiencia cromática del campo floral, que fue tan desbordante que me sacó de mi plan de estudiar derechamente los elementos del espacio cercano al agua. Sucedió que cuando llegué a Tunquén, en octubre, me recibió un campo inmenso y fosforescente de dedales de oro. Fue una experiencia alucinante, yo nunca había visto a esa flor expresarse de esa manera, tan abundante en su estado natural.

De niña tuve un afecto especial por esa planta, porque cuando viajaba al litoral, desde Santiago, en las vacaciones, las encontraba, y las sentía tan vibrantes, tan suaves y tan satinadas… Entonces ahora, al ver esas mismas flores, empoderadas hasta tal punto que teñían todo el campo de color naranja incandescente, me hizo sentir como que había llegado a la casa de esa planta, y que eran de otro planeta, como si hubiese llegado desde Marte. Me quedé hipnotizada, absorta en su manto de color, de hecho, no pude llegar hasta el agua, me quedé dibujando y escribiendo en ese lugar, porque sentí que esa experiencia tan fuerte no la podía dejar pasar. Entonces agregué un apartado a mi exposición que tiene que ver con el campo cromático de las flores, su geometría y su evolución desde que nacen hasta que mueren.

En Mantagua sí me acerqué directamente al cuerpo de agua, porque el mismo humedal está conformado de tal manera que no tiene tanto campo abierto hacia los lados. Allí trabajé con los juncales; los juncos me llaman la atención porque me llevan a un estado muy contemplativo, de despejar la mente y vaciarme completamente. Hay algo en la manera en que son todos rectos y paralelos, y al moverse con el viento generan una vibración óptica que produce mucha calma, asimismo su reflejo, que se puede apreciar en el agua, contribuye a ese estado de meditación.

También trabajé con los sonidos del agua, y el que crean todos los seres que habitan ese espacio tan abundante de vida, que no deja de llamarme la atención, sobre todo al contraponerla con mis experiencias anteriores en el desierto. Aquí sentía que era un espacio habitado en todos los niveles por distintos personajes.

Y finalmente, en el Maipo tuve menos experiencias, y de hecho, debido a que hubo mayor dificultad para movilizarme debido a las cuarentenas, solo pude ir una vez, por lo que desarrollé ese trabajo más que nada en base a recuerdos que tenía de estadías anteriores. Allí el paisaje es similar a Mantagua pero extendido, muy en contacto con el mar, lo que también le daba un carácter de mayor apertura.

Cuéntanos un poco más acerca de la metodología de la percepción sensorial. ¿Cómo nace y cómo se va instalando en tu trabajo?

Esto fue algo que se me mostró en el norte, en el desierto de Atacama. Desde niña que sentía una atracción muy grande por el desierto y su inmensidad, y más aun cuando vi algunas tomas aéreas del sitio arqueológico de la aldea de Tulor, con su geometría tan perfecta y de conformación laberíntica – circular, por lo que me decidí ir a conocerla. Allí fue que tuve por primera vez la experiencia de percibir ciertas visiones geométricas que luego me di cuenta de que eran interpretaciones de todo lo que acontecía en ese espacio: los sonidos, las impresiones lumínicas, las temperaturas, la sensación del viento en el cuerpo.

En un principio no fue una realización tan consciente, tuve un impulso de rallar líneas, en un sentido y en otro, donde en la intersección se encontraban y se cortaban. En el proceso, yo misma no encontraba el sentido a lo que estaba haciendo, y había una lucha interna dentro mío, sin embargo me lo permití porque el impulso volvía a surgir, era como una obsesión. Luego, llevé estos dibujos al taller, donde los traspasé al grabado en serigrafía, una técnica que permite obtener matrices de tramas geométricas que puedes superponer y así lograr diferentes efectos ópticos. Al observar las copias recién impresas, colgadas en mi taller, fue que vi claramente que lo representado era la sensación del viento en mi cuerpo. Que en el desierto está muy presente y es muy insistente, llegando a veces incluso hasta los 100 kilómetros por hora.

Así entendí que traducía a lo gráfico sensaciones de mi cuerpo. Y comencé a estudiar la sinestesia y la posibilidad de visualizar estímulos sensoriales que no son propios de la visión. Estudié también la abstracción geométrica, en relación a los pueblos prehispánicos. Porque toda la tradición prehispánica es geométrica, realizada por personas que han habitado los mismos territorios.

La artista registrando sonidos en el humedal de Tunquén ©Ximena Bórquez.

¿Crees que en la vida moderna hemos perdido la capacidad de percibir?

Si, bastante, sobre todo estando lejos de la naturaleza, la ciudad está tan sobrecargada de estímulos: electrónicos, electromagnéticos, pantallas de celular, contaminación acústica, etc. Que nos impiden atender a la realidad completa sensorial, y nuestra capacidad como seres multisensoriales se va adormeciendo.

Actualmente he estado haciendo unos talleres de percepción sensorial en la naturaleza, compartiendo esta metodología con la comunidad. El espacio ha sido el Huerto del Parque Cultural de Valparaíso, un lugar con hartas flores, hierbas, perfumes, colores, y distintos estímulos sonoros de aves e insectos. Los ejercicios son de percepción auditiva, táctil, olfativa y todo lo que surja. Para ello se suprime la vista, para permitir actuar otros sentidos con más protagonismo. Llevo dos talleres —con personas diferentes— y en ambos pasaron dos cosas bien interesantes. Lo primero es que se despiertan recuerdos, de infancia y de la relación que se tenía con la tierra y las plantas, incluso algunas personas llegaron a recordar cosas que tenían totalmente bloqueadas (aparentemente olvidadas), ya que la memoria está muy profundamente ligada a lo sensorial.

Y lo segundo sucedió en una dinámica donde uno debía permitirse ser guiada por otra persona, quien las exponía a diversos estímulos, contrario a lo que podría esperarse, las personas se sentían más seguras al caminar por un camino irregular —es decir de tierra, con todos sus relieves impredecibles— que en un suelo liso, de cemento, hecho por el humano. Como si existiera en nosotros todavía un vínculo de confianza con la tierra misma.

Serie Juncales III, serigrafía, circuitos sonoros y lumínicos, 2021 ©Ximena Bórquez.

¿Cuál es para ti la importancia de pasar tiempo en la naturaleza?

Creo que es inmensamente importante, a estas alturas yo creo que es lo mas valioso que podemos hacer. Además, considerando la situación de crisis que vive la naturaleza. Es necesario pasar tiempo con ella, conectarnos y pedirle cómo ayudar, porque a veces no sabemos cómo hacerlo.

Creo que lo más importante de la naturaleza es que en ella se encuentra lo espiritual, y esa es una parte trascendental del ser humano que hay que recuperar, es allí donde te das cuenta de lo que eres y de dónde vienes.

Al llegar a un lugar natural tu estado cambia, te calmas, dejas tus preocupaciones, la angustia, todo aquello que traes de tu vida y tus rutinas en la ciudad, sientes que vuelves al hogar, y es allí cuando florece otra parte de ti, que es tu verdadera naturaleza. Uno pertenece al cielo abierto, al exterior, rodeado de especies minerales y vegetales, en compañía de otros seres, sentir el sol en la cabeza, el viento en el cuerpo, es allí donde se recarga nuestra energía, y sucede algo que yo considero sagrado, que es que te conectas con algo mayor, y lo conmovedor es que eso más grande te dice que eres parte suya.

¿Cuál es a tu juicio el rol del arte?

El arte es un puente, permite transmitir a través de imágenes y sonidos lo espiritual. Esta es la esencia en el arte para mí. También creo que es una manera de graficar cosas invisibles, en mi caso trabajo con la geometría abstracta, que es una manera de sintetizar cosas que voy viendo, externa o internamente. En este sentido, algo que me llama mucho la atención es la idea de los códigos. Como mencionaba anteriormente, si la tradición prehispánica es geométrica, y luego yo transito los mismos territorios y traduzco mis percepciones de manera geométrica, debe haber una relación entre la naturaleza, la energía y estas visiones gráficas. Creo que allí hay algo para seguir investigando.

Yo trabajo bastante con la arqueóloga Paola González, quien se ha dedicado por muchos años al estudio del arte geométrico Diaguita. Ella cuenta cómo los chamanes del pueblo Shipibo, para sanar a su gente, lo que hacen es ordenar su kené. El kené es el diseño o la estructura con el que cada persona nace, y los chamanes dicen que cuando una persona se enferma, física, mental o espiritualmente, lo que sucede es que se les desordena este dibujo. Ellos, quienes pueden verlo, trabajan en el plano energético, llaman al espíritu para volver a ordenar el diseño y así la persona recupere su salud.

Otro tema que muestra esta relación es el yantra, una representación geométrica de energías del cosmos que se usa en las prácticas de meditación. Y que, acompañado de una practica sistemática, produce una conexión directa con el espíritu. Esta figura no es es una representación de dios, sino que contiene la divinidad.

El kené es el diseño o la estructura con el que cada persona nace, y los chamanes dicen que cuando una persona se enferma, física, mental o espiritualmente, lo que sucede es que se les desordena este dibujo.

Viento Desértico, serigrafía, 80×100 cm. ©Ximena Bórquez.

¿Qué significan para ti las palabras geometría y ritmo?

Para mí la geometría es ordenar y sintetizar una forma, entenderla y llegar a su esencia. Es el estudio matemático a través de lo visual. También es una forma física que posee principios energéticos, ya que la geometría produce una vibración específica.

Y el ritmo es otro tema que conforma mi búsqueda, en el sentido de la vibración óptica, que es esa repetición que produce la ilusión de movimiento. Ese efecto me atrae mucho, justamente porque te demuestra que existe un mundo más allá de lo aparente y que nada es como parece.

Comparando desierto y humedal, ¿encontraste más diferencias o semejanzas?

Diferencias. De hecho, saco como conclusión que cada lugar tiene una energía específica y única que es posible graficar. En los humedales, lo que más percibí fue esa abundancia de seres que te acompañan y que marcan su presencia, desde las flores y las plantas hasta los animales, también una presencia cromática distinta determinada por la humedad y las temperaturas más parejas. Y en el norte, lo que se me hace más presente es la vibración del sol, la luminosidad, y el calor refractado en la tierra, en ese espacio abierto que te hace sentir atravesado por la inmensidad.

La artista en el Desierto de Tara ©Ximena Bórquez.

Imagen de portada: Ximena Bórquez durante un ejercicio de percepción sensorial en el humedal de Mantagua ©Ximena Bórquez.

Los proyectos artísticos mediales interdisciplinares se hacen cada día más patentes en la escena cultural global. Muy lejos de las prácticas de artes tradicionales  o más conservadoras, estas otras formas de hacer y crear se  esparcen como raíces a lo largo y ancho de la Tierra, conectando con otros territorios y otras áreas profesionales, logrando así borronear las fronteras disciplinarias. Proyectos artísticos inspirados en la naturaleza, creados gracias a medios digitales e informáticos; y en colaboración con científicos, ingenieros y otros actores del panorama cultural tales como músicos, escritores o audiovisuales, hoy se interrelacionan para crear un  mejor entendimiento entre el mundo y la crisis climática en la que estamos inmersos.
Tangerine Reef es uno de los tantos proyectos artísticos inspirados en la naturaleza, creados gracias a medios digitales e informáticos; y en colaboración con científicos, ingenieros y otros actores del panorama cultural tales como músicos, escritores o audiovisuales. © Tangerine Reef.

A continuación Endémico web te invita a conocer algunos proyectos artísticos que han logrado no solo acercar la ciencia a la comunidad, sino también mostrar ecosistemas y formas de vida de las que no siempre tenemos presentes. Además, nos demuestran que el quehacer artístico se enriquece muchísimo más cuando se trabaja desde la intersección del arte digital, la ciencia y el cuidado ambiental.

Aracnophilia: repensar el Antropoceno por medio de la posibilidad de un Aracnoceno

Aracnophilia nace el 2006, de la mano de Tomas Saraceno y se articula en base a la investigación sobre los arácnidos y sus telarañas. En la página web del proyecto se puede leer que “la telaraña es una extensión de los sistemas sensoriales y cognitivos de la araña, nuestro enfoque no es considerar la telaraña como algo separado de la araña constructora de estas, sino un conjunto de materia viva que pensamos en términos del neologismo conjuntivo: spider/web (araña/telaraña o red)”. Es así como a partir del estudio del funcionamiento, la forma y la multiplicidad de posibilidades estructurales de esta extensión y creación arácnida, Studio Tomás Saraceno ha construido una serie de archivos spider/web. Estos abarcan imágenes y videos de las redes tejidas por distintos tipos de arañas; radiografías de las estructuras creadas, registro de sonidos de las vibraciones de estos hilos, entre otros.

Studio Tomás Saraceno ha construido una serie de archivos spider/web a través del estudio del funcionamiento, la forma y la multiplicidad de posibilidades estructurales de esta extensión y creación arácnida. © Studio Tomás.

La investigación para la creación de los diferentes archivos que componen Aracnophilia ha sido sustentada gracias al trabajo de diferentes actores provenientes de áreas tan disímiles como la astrofísica, etología, arquitectura, sociología, entre otros. Las colaboraciones han provocado nuevos conceptos y un conjunto de innovaciones en la ciencia, las artes y las humanidades y se extienden más allá de los límites disciplinarios, desdibujando los tipos de preguntas y métodos de investigación que dichas disciplinas inscriben tradicionalmente. 

La investigación de Studio Tomás Saraceno sobre las telarañas es una historia de enredos: entre diferentes especies, cuerpos de pensamiento y metodologías de investigación. Una práctica que continúa hasta el día de hoy, generando archivos dinámicos que crecen y cambian tal como el quehacer arácnido. Todo el enredo de registros e historia de dicho proyecto se encuentra en su sitio web abierto a todo público. Es más, cualquiera puede colaborar con la expansión de estos archivos. Como dice el antropólogo americano Eben Kirskey «las dinámicas emergentes pueden destruir el orden existente», pero «también pueden figurar en esperanzas colectivas».


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Aracnophilia continúa hasta el día de hoy, generando archivos dinámicos que crecen y cambian tal como el quehacer arácnido. © Studio Tomás.

Symbiosia y Econtinuum: participar de la comunicación vegetal 

El artista y fundador de Woven Studio Thijs Biersteker junto al biólogo y director del Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal Stefano Mancuso han creado ya dos instalaciones inspiradas en la comunicación vegetal: Symbiosia y Econtinuum. 

El primer proyecto Symbiosia, fue la obra inaugural de la exposición Trees que ocurrió durante el 2019 en la Fondation Cartier pour ‘art contemporain, París y cuyo objetivo fue mostrar la comunicación entre los árboles y su relación con los visitantes y el medio ambiente. Biersteker y Mancuso desarrollaron un sistema de cálculo basado en datos que estimaba el impacto en tiempo real que tiene el cambio climático en el ambiente. Para hacerlo accesible a los visitantes crearon la visualización de dichos datos en forma de anillos concéntricos como los que tienen los troncos, que es en donde los árboles dejan registro de sus vidas y el entorno. Los anillos normalmente cambian de forma en periodos de tiempo más largo, tales como un año; en Symbiosia los anillos se formaron por segundo. De esta forma, la contaminación ambiental y los cambios de temperaturas lograron un efecto instantáneo en la obra.

Los árboles documentan sus vidas a través de sus anillos de crecimiento anuales ocultos detrás de su corteza. El grosor y la forma de los anillos revelan cambios ambientales y enfermedades, incendios forestales, sequías y niveles de contaminación a lo largo de la vida del árbol. © Woven Studio.

Luego de  Symbiosia, la idea de la comunicación vegetal por medio de las raíces siguió rondando en la mente de Thijs Biersteker por lo que convocó nuevamente a Stefano Mancuso para crear Econtinuum durante el 2020. Esta vez crearon una escultura de datos científicos en relación a la comunicación vegetal, una instalación que imita el parloteo eléctrico y químico que ocurre en las raíces. De esta manera, el público está invitado a la conversación que sucede bajo tierra. 

La escultura se compone de unas redes gigantescas de raíces transparentes de dos árboles, las que son capaces de medir la calidad del aire, la humedad, los niveles de CO2 y los compuestos orgánicos volátiles en la habitación. De esta forma los dos árboles “hablan” sobre los cambios biométricos y de composición del aire en la habitación, enviando señales de advertencia eléctricas y compartiendo nutrientes para mantenerse en equilibrio. En ese sentido, la obra muestra el poder de una relación simbiótica en la naturaleza y comparte la lección más importante que se puede aprender de un ecosistema forestal: juntos somos más fuertes.

Si quieres ser parte de esta conversación vegetal, visita los proyectos en https://thijsbiersteker.com 

Econtinuum es una escultura de raíces transparente de dos árboles capaces de medir la calidad del aire, la humedad, los niveles de CO2 y los compuestos orgánicos volátiles en la habitación. © Woven Studio.

Tangerine Reef: poema visual de exuberantes paisajes acuáticos

Tangerine Reef es un álbum visual compuesto por la musicalización de la reconocida banda de música experimental Animal Collective en colaboración con los videos de Coral Morphologic. Se realizó en el marco de la conmemoración del Año Internacional del Arrecife durante el 2018. La obra presenta 13 tracks audiovisuales compuestos a base de time-lapse de las panorámicas acuáticas más espectaculares que ofrecen los arrecifes de coral y las criaturas que lo componen. 

La obra presenta 13 tracks audiovisuales compuestos a base de time-lapse de las panorámicas acuáticas como esta. © Tangerine Reef.

En los 54 minutos que dura el álbum se experimenta un viaje musical de psicodelia submarina que invita a adentrarse en la fascinante dinámica de los seres que viven en los arrecifes. Colores eléctricos y patrones que respiran dan forma a estos paisajes acuáticos; los tentáculos de las anémonas bailan, se tocan y conectan como si fueran minúsculos deditos de marcianos. Movimientos y texturas de otro mundo se combinan con sonidos astrales y eléctricos. Tangerine Reef es un despertar de los sentidos, un viaje al lado más exuberante y extravagante de la naturaleza. 

Aunque no lo parezca, este poema visual rescata las imágenes sub oceánicas sin ningún tipo de mejora artificial. Los colores son naturalmente fluorescentes y hacen que los animales que los visten parezcan seres extraterrestres. Sin embargo, Tangerine Reef no solo es una experiencia estética y sensorial, sino también una reconexión con el anima mundi. Ciencia y arte se conjugan para renovar el imaginario, concientizar y hacer germinar este increíble homenaje. 

Experimenta este álbum en AQUÍ

angerine Reef es una experiencia estética y sensorial, una reconexión con el anima mundi en donde ciencia y arte se conjugan para renovar el imaginario, concientizar y hacer germinar este increíble homenaje a los arrecifes. © Tangerine Reef.

El ritual de la luz

Frente al desastre climático y ecológico que enfrentamos en la actualidad, cabe preguntarse sobre las posibilidades de acción que mantienen las prácticas creativas. ¿Cómo pueden, las disciplinas que funcionan como canales de reflexión y de producción a la vez, ser un aporte en una crisis que es tanto ecológica como cultural? Quisiera extender estas preguntas […]

Frente al desastre climático y ecológico que enfrentamos en la actualidad, cabe preguntarse sobre las posibilidades de acción que mantienen las prácticas creativas. ¿Cómo pueden, las disciplinas que funcionan como canales de reflexión y de producción a la vez, ser un aporte en una crisis que es tanto ecológica como cultural?

Quisiera extender estas preguntas hacia un marco más amplio, entendiendo la producción, la necesidad de producir, como un elemento central en la sociedad capitalista actual en relación a sus altos niveles de consumo. Pues, la crisis climática y ecológica es también una crisis del modelo económico y de producción. Y no se trata de evaluar la actividad productiva en sí misma, sino más bien de observar ciertos comportamientos que la sociedad ha adquirido, moldeada por un acelerado ritmo de producción. Conductas que, entre otras cosas, han ido alejando al ser humano de la naturaleza como referente, o, en palabras del filósofo y teórico cultural Byung-Chul Han, de la “referencia al mundo que las cosas debieran tener”[1]. Así, se ha generado una suerte de dislocación de las necesidades humanas, cada vez más distanciadas de los ritmos biológicos.

Efecto del fenómeno de bioluminiscencia en un paisaje nocturno de playa © Creative Commons. 

La (des)aparición de lo ritual

En “La desaparición de los rituales”[2], Byung-Chul Han desarrolla un sentido de lo ritual que tiene que ver, entre otras cosas, con lo que denomina “la experiencia de la durabilidad”[3], esto es, una acción prolongada en el tiempo durante la cual el individuo pasa a segundo plano, para trascender hacia la conexión con su entorno, hacia un estado de contemplación. La práctica ritual, sostiene Han, genera y transmite comunidad, una alianza colectiva. En su propuesta, el filósofo desarrolla la idea de que en estos tiempos (de un profundo narcisismo, consumismo exacerbado y experiencias inmediatas no trascendentales), tal sentido de lo ritual ha desaparecido. O, dicho de otro modo, que la sociedad definida por rituales o actos simbólicos ya no calza con el modelo social, económico y cultural de las sociedades actuales, en las cuales tendemos a un estado de encapsulamiento.

Se trata de objetos que ofrecen una experiencia prolongada en el tiempo, la cual funciona en base a la voluntad del ser humano de “olvidarse de sí mismo” para conectarse con el otro; un acto ritual de desprendimiento.

En el presente texto, quisiera formular una (brevísima) lectura sobre la última propuesta del dúo berlinés As a Ceremony, a partir de la noción de lo ritual de Han en mente. Un intento de narrar el vínculo entre la disposición contemplativa del ser humano y el mundo que lo rodea: la posibilidad de un cambio de la voluntad individual frente a una crisis colectiva.

Fundado en el año 2018 por Antonia Insunza y Alessia Pegorin, el colectivo de “diseño y espacios de luz” As a Ceremony, trabaja en base a la idea del diseño como un medio para explorar cuestiones de carácter socio-políticas, desde una conciencia de un contexto vivo y de la responsabilidad medioambiental. Así, han puesto a prueba la capacidad del diseño como medio de comunicación y de reflexión, al proponer su práctica como un proceso generador de preguntas críticas que buscan interrumpir la dinámica actual entre el ser humano y su entorno, aquella distancia entre las cosas y sus referentes en el mundo.

Antonia Insunza y Alessia Pegorin, fundadoras de «As a Ceremony» © AAC

Tal como se desprende de su nombre, As a Ceremony trabaja con una noción ritualista de la producción y del trabajo: “Abandonamos automatismos y volvemos a la ceremonia que es la vida”[4]. Ritual o ceremonia que, regresando a las palabras de Han, “posibilitan no solo un bello trato entre personas, sino también un pulcro y respetuoso manejo de las cosas. En el marco ritual las cosas no se consumen ni se gastan, sino que se usan[5]. AAC contempla un cierto tiempo, una estructura y una razón de ser en su práctica (una actividad “consciente”, si se quiere), la cual se contrapone a la producción de objetos seriales a gran escala. La misma diferencia que existe hoy entre los conceptos de fast-food y slow-food: una práctica de diseño lento, concebido como un proceso creativo que no comienza ni se acaba en el diseño y creación de un objeto, sino que en un ejercicio que es, por definición, filosófico: plantear interrogantes y situarlas en nuestro entorno natural y social. El diseño de un objeto es parte de aquella búsqueda, su medio de comunicación; y la luz es su elemento.

Re-descubrir la bioluminiscencia

El último trabajo de AAC, titulado We Are Not In This Alone (2020), manifiesta (literalmente) la conciencia de pertenecer a un contexto de vida mucho mayor que la humana, el ser parte de una biodiversidad. We Are Not… comienza con una investigación que cuestiona la posibilidad de fuentes de luz realmente sustentables. Si la mejor luz, es la luz del sol (en términos de cantidad, consumo y reproducción del color), ¿porqué seguir mirando solo la tecnología humana buscando una supuesta sustentabilidad de la luz? ¿Cuáles son las  otras formas de emisión de luz natural en el mundo?

A partir de estas inquietudes, trasladaron su búsqueda hacia el escenario natural, desembocando rápidamente en los ecosistemas submarinos. En los océanos re-descubrieron la bioluminiscencia presente en algunos organismos vivos (como peces, hongos o insectos), como una fuente lumínica 100% natural y sustentable. Fue así como llegaron a un alga unicelular llamada Pyrocystis Fusiformis, de la familia de los Dinoflagelates. Es un alga que, como todo el reino vegetal, vive de luz, agua y Co2, y mientras en el día absorbe la luz, de noche, gracias al movimiento del mar, se activa y emite luz. Es decir que sin movimiento no se iluminan. Es, además, un microorganismo que tiene un reloj circadiano, nunca brilla si no es de noche, independiente de la oscuridad del día. Decidieron entonces, utilizar esta alga como referente en su búsqueda de fuente lumínica sustentable, en la cual el tiempo se convirtió en un eje central, pues no hay luz sin movimiento, ni movimiento sin tiempo.

Con la lámpara de tiempo escultural el colectivo buscó recuperar fuentes de luz sustentables a partir de organismos bioluminiscentes. ©AAC

Así, construyeron, en sus propias palabras, “una lámpara de tiempo escultural” que se ilumina mediante microorganismos bioluminiscentes que viven en los océanos: un recipiente de vidrio con agua de mar que contiene esta alga diminuta. En dicho objeto,  intentaron plasmar todos los fenómenos necesarios para su supervivencia, acentuando el profundo vínculo que existe entre el tiempo, la naturaleza, el movimiento y la luz. Al igual que el Pyrocystis Fusiformis, para que la lámpara emita luz, debe ser manipulada de noche manualmente por el humano, generando el movimiento necesario para que las algas se activen.

Con We Are Not In This Alone, AAC interrumpe la programación automática del ser humano, para resetearlo. En primer lugar, le permite experimentar una luz de fuente natural y realmente sustentable, la cual no lo ilumina realmente, o al menos no con el nivel de luminosidad al cual nos hemos acostumbrado en la actualidad. Una segunda adaptación tiene que ver con la temporalidad o la durabilidad de las cosas: We Are Not… obliga al usuario a condicionarse a un ritmo fijo y lento determinado por el reloj biológico del alga y no a su propio pulso. Esto lo convierte en un objeto que ofrece una experiencia prolongada en el tiempo, la cual funciona en base a la voluntad del ser humano de “olvidarse de sí mismo” para conectarse con el otro. Este acto de des-encapsulación no es otra cosa que una práctica simbólica, el proceso que Han ha descrito como un acto ritual de desprendimiento.

El colectivo artístico trabaja un tiempo, estructura y una razón de ser en su práctica que se contrapone a la producción de objetos seriales a gran escala. ©AAC

Poéticas de la luz

La provocación última de AAC está en la base de su producto: si su ritmo es pausado y la luz tenue, quiere decir que la lámpara está funcionando correctamente. El poder de We Are Not… es lograr la subordinación humana frente a un microorganismo del reino vegetal, consiguiendo que se aleje, por un momento, de su programación social actual. La poesía de la lámpara de tiempo, por su parte, transforma esta dinámica en una experiencia simbólica, en un ejercicio ritual sostenido y consciente de trascendencia del yo.

Si bien con We Are Not In This Alone, AAC no pretende cambiar el curso de la crisis ecológica y climática, sí consigue, al proponer como principio el trabajo colaborativo inter-especie, un impacto narrativo en torno a la disposición del ser humano con su entorno.

En plena era de la información rápida, del consumo de experiencias desechables, de la búsqueda de satisfacción inmediata, resulta reconfortante volver al origen, a la capacidad contemplativa; al ejercicio filosófico de estar en el tiempo, de relacionarse con la naturaleza para encontrarnos en tanto que individuos y colectivos. Tal como lo señala Han, “Estas coordenadas del mundo, que rigen eternamente y se reflejan en las cosas, otorgan al habitar humano la «lentitud y constancia con la que crece el árbol»”[6]. We Are Not In This Alone nos acerca al mundo como referente. Nos sitúa en la misma escenografía submarina donde se crearon las primeras células de vida hace unos 3.000 millones de años, y nos baja de la vorágine de nuestros tiempos para recordarnos que sólo somos una parte de un enorme engranaje.

Detalle de bioluminiscencia en microorganismos submarinos. © AAC

Sobre la Autora

Daniela Hermosilla Zúñiga (Santiago de Chile, 1983) es Doctora en Historia del Arte y artista visual. Co-fundadora del colectivo Greta Rusttt (2013- presente), desde donde desarrolla diferentes proyectos curatoriales, artísticos y editoriales. Es también, junto al artista Jan Vormann, co-directora de la revista ,coma (2020-presente), publicación de artista que parte de la noción de las ediciones impresas como lugar de encuentro colectivo. Es investigadora asociada en el grupo de investigación Arte, Globalización, Interculturalidad (AGI) de la facultad de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona. Ha publicado diversos artículos en revistas científicas y de divulgación en Barcelona, Berlín, Liubliana, Santiago de Chile, entre otros, y ha ofrecido diversas ponencias académicas en Barcelona, París y Valdivia. Vive y trabaja entre Berlín y Valdivia.

[1] HAN, BYUNG-CHUL. La desaparición de los rituales. Una topología del presente. Editorial Herder, Barcelona: 2020. Pág. 16

[2] HAN, BYUNG-CHUL. Vom Verschwinden der Rituale. Eine Topologie der Gegenwart. Ullstein Verlag, Berlín: 2019 (Primera edición).

[3] HAN, BYUNG-CHUL. Op. Cit. Pág. 12

[4] As a Ceremony, Manifesto. Berlín: 2018

[5] HAN, BYUNG-CHUL. Op. Cit. Pág. 14

[6] HAN, BYUNG-CHUL. El aroma del tiempo. Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse. Editorial Herder, Barcelona: 2015. Pág. 106

Imagen de portada: Detalle de We Are Not alone, la obra más reciente del colectivo, una investigación que cuestiona la posibilidad de fuentes de luz realmente sustentables. ©AAC

Residencia RADICANTE: Navegar el Estrecho en el año cero

En la terminología botánica, Radicante se aplica a aquellas plantas cuyos tallos emiten raíces en diferentes puntos de su longitud. Esta residencia nace a partir de una búsqueda del habitar y experimentar la figura del Radicante, cuyas raíces crecen según su avance y se desarrollan en función del suelo que lo recibe. Hace tres años […]

En la terminología botánica, Radicante se aplica a aquellas plantas cuyos tallos emiten raíces en diferentes puntos de su longitud.

Esta residencia nace a partir de una búsqueda del habitar y experimentar la figura del Radicante, cuyas raíces crecen según su avance y se desarrollan en función del suelo que lo recibe.

Hace tres años que dimos inicio a una serie de navegaciones por el Estrecho que une ambos océanos, el Pacífico y el Atlántico. Cada ruta fue distinta y se dibujó en conjunto a la expertise de una tripulación que ha navegado sus aguas desde hace mucho tiempo.

Fuimos afortunados de tener la libertad de disponer de la embarcación Marypaz II, para navegar hacia donde nuestra curiosidad nos guiara. Nuestro interés estaba en explorar el Estrecho en toda su inmensidad.

Ya son tres años realizando RADICANTE, navegando por los canales que nacen desde el Estrecho y que otorgan la posibilidad de conocer los imponentes sitios que enmarcan esta expedición/residencia, en constante movimiento.

Los artistas navegaron cinco días por el Estrecho de Magallanes en IV edición de Residencia Radicante, la cual se repetirá este año. © Liquenlab 

Navegar un nuevo Estrecho

Desde el inicio de Radicante, nos hemos propuesto una ruta diferente cada vez. Por eso, en esta última oportunidad, optamos por navegar a través del Canal Magdalena, un impresionante cauce fueguino que avanza hacia el sur del estrecho de Magallanes hasta acceder al parque nacional Alberto de Agostini, donde caen varios glaciares de Campo de Hielo Patagónico Sur.

Los Radicantes son expuestos a un viaje, que pensamos, es transformador. El zarpe comienza en una bahía en calma rodeada de la arquitectura propia de la ciudad de Punta Arenas, para luego alejarse hacia el este. Al rato abandonamos esa quietud por el omnipresente viento del oeste… siempre es interesante buscar en su aparente tono monocorde otras monodias, otras voces, volver a escuchar.

Entre los puntos clave visitados, estuvieron los fiordos Martínez, Keats, el glaciar Navarro, glaciar Serrano y glaciar Escondido, entre otros hitos. © Liquenlab 

La Marypaz II es pequeña, una embarcación de pesca adaptada para realizar expediciones, de unos 15 metros de eslora aproximadamente, unos 13 menos que la Nao Victoria (la embarcación con que Hernando de Magallanes hizo el cruce del Estrecho en 1520), pero desde la primera vez que navegamos los laberintos acuosos del Estrecho salta a nuestra mente la singular tecnología de los Kawésqar. 7 mil años atrás, ellos se aventuraron por el sur del Golfo de Penas y el Estrecho en su propia nave, “la reina de las canoas americanas”, llamada así por lo singular de su construcción. Esta reflexión es algo que proponemos para la navegación.

En esta residencia buscamos que los Radicantes se conecten con estas aguas, alejándonos de la visión de “conquista” que tanto se celebra en las conmemoraciones de los 500 años de la circunnavegación y así proponer una nueva relación entre los Radicantes y lo no humano, lejos de la idea de dominio de un espacio determinado, sino más bien desde una actitud de observación profunda.

En la terminología botánica, Radicante se aplica a aquellas plantas cuyos tallos emiten raíces en diferentes puntos de su longitud. © Liquenlab 

Repensar el maritorio

Los nombres que los navegantes de la Colonia española otorgaron a estos lugares conforman una toponimia que habla de la total desconexión que experimentaron con este lugar: Isla Desolación, Puerto del Hambre y Bahía Inútil son solo algunos ejemplos de esta toponimia litoral que permite ver la imposibilidad de los conquistadores de entablar una relación con la naturaleza que no sea de sometimiento.

En esta residencia quisimos invitar a cada persona que se embarca a esta navegación, a repensar el maritorio y conectarse con los elementos que pueblan estos parajes, a dejar por unos días las ansias de producir y entregarse a la contemplación.

Este es un maritorio extenso, violento e impredecible, que ya fue navegado por ancestros que lo habitaron con una clara conexión con el territorio. Una más elevada, que les permitió sobrevivir durante miles de años en equilibrio con la naturaleza.

Tal como el escritor del extremo sur, Francisco Coloane, escribiera: “Lo que no hizo esa despiadada naturaleza en miles de años, lo hizo el hombre blanco”, en menos de un siglo…”

La experiencia navegable ocurre sobre una embarcación pesquera, adaptada para llevar pasajeros y es un espacio para la creación artística, pero también se concentra en la reflexión y el análisis crítico respecto a la circunnavegación de Hernando de Magallanes por el globo y las consecuencias de su llegada al continente. © Liquenlab 

Navegar desde los sentidos

La autora Andrea Wulf, en su libro, “La invención de la naturaleza”, sostiene que Humboldt concibió la tierra como un gran organismo vivo en el que todo estaba relacionado para así engendrar una nueva visión de la naturaleza. Decía también que era necesario medir y analizarla, pero también pensaba que nuestra reacción ante el mundo tenía que depender -en gran parte- de las sensaciones y las emociones.

Con ese ánimo invitamos a los seleccionados para la residencia a darle espacio a la experimentación de las emociones y sensaciones que despiertan estos líquidos laberínticos del Estrecho.

En este año 0, luego del arribo de muchas instancias de dolor y cambios profundos, salir a navegar por los fiordos del Estrecho que une a los dos grandes océanos no es solamente un regalo y una gran oportunidad para despertar, es también la opción de volver a empezar, de pensar en un nuevo mundo a partir de la transformación de nuestra propia consciencia.

Como escribiera la antropóloga Annette Laming durante sus expediciones en Patagonia occidental: “los hechos en última instancia pertenecen al mar y al viento”.

Sobre Residencia RADICANTE

La próxima convocatoria a la V edición de la Residencia Radicante será en Mayo 2021 y el tema será: Tema: ¿Es posible imaginar un nuevo mundo, desde el fin del mundo?

Las bases y la info la encuentra a través de: www.liquenlab.cl

Convocados a participar: Artistas de la Región de Magallanes y Antártica Chilena; artistas de Chile, artistas internacionales de diversas disciplinas.

Ruta: Estrecho de Magallanes

Formato: Residencia navegable

Días aproximados de la residencia: 3 a 6 días, en promedio.

© Liquenlab 

Sobre los Autores

Sandra Ulloa Mensing, Artista Visual y docente, desde el año 2004 co dirige el colectivo de arte “Ultimaesperanza” y el Encuentro Internacional de arte contemporáneo y Nuevos medios “LUMEN” en la Patagonia, es parte también de Liquenlab donde realiza la curatoría de exposiciones, charlas y talleres. IG @sandranebulosa

Nataniel Alvarez. Co fundador, junto a la artista Sandra Ulloa, de Liquenlab y el colectivo de arte «Ultimaesperanza»; en la ciudad de Punta Arenas. Artista visual, de formación autodidacta, que ha desarrollado diversos proyectos, explorando variados lenguajes como la ilustración, la animación y el vídeo; encontrando un espacio mucho mas afín con sus investigaciones, en el lenguaje de las artes mediales.

Sobre Liquenlab

Liquen-lab busca impulsar proyectos de creación contemporánea favoreciendo la relación entre arte y ciencia, utilizando la tecnología como medio exploratorio y expresivo. Liquenlab propone un modelo de aprendizaje y educación con talleres y residencias basados en el “HACER” dando importancia al proceso creativo y al trabajo colaborativo interdisciplinario.

Resistencia Gráfica por Chiloé

El recién pasado viernes 20 de mayo, la población chilota llegó a un acuerdo con el gobierno, tras pasar 18 días de movilización en que no estuvieron solos, pues los distintos gremios de pescadores y la ciudadanía se unieron para expresar su descontento ante la catástrofe ambiental que afectó a sus costas a lo largo […]

El recién pasado viernes 20 de mayo, la población chilota llegó a un acuerdo con el gobierno, tras pasar 18 días de movilización en que no estuvieron solos, pues los distintos gremios de pescadores y la ciudadanía se unieron para expresar su descontento ante la catástrofe ambiental que afectó a sus costas a lo largo de todo Chile.

Esta situación fue el reflejo de la poca regulación que el Estado chileno pone a los negocios que pueden afectar el medioambiente,- tal como es el caso con la salmonicultura-, lo cual indignó no tan sólo a los chilotes, sino que también a todo el país, levantando una ola de movilizaciones y cuestionamientos al gobierno y los empresarios.

Por su parte, los artistas gráficos hicieron su aporte a esta situación, y muchos de ellos generaron obras que se viralizaron por las redes sociales para hacer consciencia en torno al abuso de poder que se hace notar en este conflicto.

El Arquintor:

Lalio es la marca detrás de Juan Pablo Mutay, un muralista que comenzó a trabajar desde la arquitectura y que hoy se dedica a la gestión cultural, haciendo talleres para niños y jóvenes sobre el arte callejero.

Juan Pablo cuenta que comenzó con el muralismo gracias a la relación con su profesión: él le dio una vuelta al sentido de su carrera universitaria y encontró un nuevo enfoque.  “Mi trabajo está ligado a representar íconos culturales de cada lugar, [usando] el territorio como fundamento. Mi principal propósito es unir mi profesión que es la arquitectura y mi oficio que ser muralista, definido en el concepto de Arquintor, donde la ciudad es mi nuevo formato creativo”.

Pese a que nació en Santiago y actualmente vive en esa ciudad, su relación con la Isla de Chiloé radica en que vivió mucho tiempo ahí y fue en ese preciso espacio de Tierra donde inició a ejercer ambos trabajos: “allí encontré una identidad gráfica”, declara.

Lalio en su nueva labor como gestor cultural se encuentra actualmente organizando la renovación de un mural en Estación central. Para conocer más de su trabajo, puedes revisar este link, que es el espacio virtual donde publica todos sus trabajos.

 

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Mural «No al puente» realizado en el 1° encuentro Pudahuel Graff. Foto: LalioMutay

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Mural «Coludidos a cultival la Tierra», en Bombero Nuñez, Barrio Bellavista, Santiago. Foto: LalioMutay y Faya.

Alterna a la distancia:

Natalia Cáceres, alias ‘Alterna’, es una diseñadora gráfica que orientó sus habilidades hacia la ilustración. Desde ese conocimiento, comenzó a desarrollar nuevos espacios creativos. “Me muevo entre el graffiti, el tatuaje, y todo lo que pueda hacer con las manos  [para expresar] las temáticas de mis dibujos que  son, básicamente, amor, animales, amistad y temas sociales”.

Alterna dice que le gusta hacer su notar su presencia en los conflictos sociales, pues a ella le gusta la política. Cree que con su trabajo logra informar y comunicar. “Mis dibujos son bien agradables al ojo, entonces a veces puedo meter ideas fuertes en las cabezas más estructuradas. Me gusta aprovechar la vitrina y el poder que me otorga esa habilidad. Además, no le impongo nada a nadie, pues las cosas las hago por iniciativa propia. Si veo un tema que me indigna o llama la atención, voy y dibujo sobre él; esa es mi forma de aportar”, señala.

Natalia vivía en Santiago de Chile, pero en diciembre del año pasado se fue a vivir a Alemania en un intento de cambiar su vida. Desde allí vio por los medios de prensa lo que estaba pasando en Chiloé. “Yo tengo mucha familia en varias islas; mi abuela está enterrada allá (en Chiloé). Entonces para mí el tema es cercano”, por eso nació su iniciativa de realizar algunas ilustraciones que muestran la emotividad de ver ese espacio tan preciado enterrarse bajo la marea roja: “algo había que hacer, aunque fuese desde la distancia”, explica.

Para conocer más sobre su trabajo, puedes visitar su Fan Page.

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«No esperes tus vacaciones para preocuparte» versa esta ilustración. Por: Alterna.

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Alterna destaca sus emociones e impresiones frente a lo que considera injusto. Por: Alterna

Conectando:

NachoNass, -o Ignacio Abarca-, es un muralista de la comuna de Colina, Región Metropolitana, que pinta graffiti mural desde el 2011 y desde hace algún tiempo se está dedicando a  la gráfica ilustrativa, oficio con el cual ha realizado trabajos en distintos formatos como portadas de discos, libros, afiches, entre otros, los cuales le han abierto el espacio para trabajar ferias gráficas.

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Detalle de su mural «El Rapto». Foto: NachoNass.

Sus temáticas abordan la identidad latinoamericana en general. Con ellos busca “rescatar la raíz”. NachoNass reflexiona y dice que al mezclar lo urbano con la naturaleza “trato de hacer un equilibrio entre las cosas, sin cerrarme a incorporar otras. Eso sí, siempre y cuando esté presente la esencia que es la gráfica latinoamericana, la cual llegó para quedarse en mi estilo”.

Con aquella tendencia está constantemente creando nuevos productos y esta vez la utilizó para apoyar al movimiento chilote, pues asume un compromiso social con las injusticias como parte de su trabajo. “Siento que el arte debe comunicar y ser consciente. En este momento se necesitaba para llegar a la gente con un lenguaje más llamativo visualmente. Después de [hacer el] afiche en apoyo al pueblo chilote, fue aún más la conexión, porque me escribió gente de la isla para expresar su gratitud de una forma muy bonita y positiva hacia mi trabajo y mi persona”, relata.

Este es su Instagram para que puedas ojear sus trabajos.

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Esta ilustración dio vuelta las redes sociales gracias a su consigna «Somos Sur» que coincide con la canción de Anita Tijoux. Por: NachoNass

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Esta ilustración se llama Diversidad. Por: NachoNass.

La precariedad y su resistencia

Gráfika Diablo Rojo es la marca creada por Pablo de la Fuente, un diseñador teatral que comenzó a dedicarse a la ilustración; herramienta que le ha servido para trabajar con artistas musicales (como Anita Tijoux, La Mano Ajena y Banda Conmoción), obras de teatro y proyectos antropológicos. Desde el 2009 lleva una campaña gráfica llamada Resiste, con la cual busca “inspirar a los que desde su lugar de trabajo, generan su propia trinchera. Busca volver a utilizar la propaganda como herramienta movilizadora”. Indudablemente, lo que mueve a este artista es visibilizar la precarización de algunos actores de nuestra sociedad, pues son quienes más resienten los efectos nocivos del desastre medioambiental ocasionado por el cambio climático y las malas prácticas de varias industrias.

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Esta es una de las láminas de RESISTE, su campaña gráfica. Por: Pablo de la Fuente.

Pablo cuenta que esa campaña nació “como una necesidad de dar a conocer los rostros de los muertos en democracia, pero luego fue derivando en ideas que dieran inspiración a todos los que luchan”. Gracias a ella realizó su apoyo a los chilotes, como “una forma de suma a la protesta y también de darle una imagen gráfica a esta”.

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“El cartel que hice nace de la empatía y las ganas de aportar no por un paisaje, sino por una sociedad precarizada y víctima de un capitalismo voraz, que de una u otra forma comienza a levantarse y decir ¡basta! Me interesaba una imagen que retratara la actitud del chilote en la resistencia, más que el palafito o el paisaje bello que lo rodea”, relata el artista. Este diseño lo realizó para promocionar una actividad donde participaron varios artistas para recolectar aportes para enviar a la Isla.

Para conocer de su trabajo puedes clickear acá, su espacio.

Desde la “lluvia, fuerza y magia”

“Nací en Valdivia y me crié en Futrono, un pequeño pueblito a orillas del Lago Ranco y en las faldas de la cordillera de Los Andes. Luego, con mi familia nos mudamos a Puerto Montt y vivo en esta ciudad desde los 14 años. Actualmente vivo con mi gatita llamada Susu en un departamento dibujando gran parte del día. Las temáticas que abordo son de toque autobiográfico, es decir… dibujo lo que me pasa, lo que reflexiono y lo que siento con el paso de los días, aunque para serte sincero, lo que estoy haciendo es construir mi propio mundo a través de los dibujos, un mundo con su propia flora, fauna, arquitectura, inventos y costumbres”. Esa es la voz de Joaquín Pérez, un ilustrador que se hace llamar Colmillo y que conoce el espíritu chilote desde cerca.

Él explica que lo que le motivó a apoyar la causa en varias de sus ilustraciones, es el mismo hecho de sentirse pasado a llevar: “creo que este es un problema que nos afecta a todos”, señala.

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Él relata que ha estado varias veces en la Isla y cree que la ciudad en la que vive está llena del alma chilote. “La influencia de Chiloé se nota en nuestra forma de hablar, de comer y de ver las cosas. Tengo varios amigos chilotes, también. Me gusta la gente de allá, y me encanta vivir en el Sur. El Sur es lluvia, fuerza y magia”, expresa demostrando que su amor hacia este territorio puede hacernos sentir ese invierno que en este preciso momento está transcurriendo.

Colmillo cuenta que tiene varias páginas en sus diarios dedicadas a escribir, bocetear y dibujar sobre lo que ha visto y experimentado en ese recodo del mundo, su lugar favorito y fuente de su inspiración.

Colmillo tiene esta plataforma donde sube todos sus trabajos. También puedes seguirle en su fan page de Facebook para mantenerte actualizado.

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Goyogoyo y su amigo. Por: Colmillo.

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Claramente para Colmillo el Sur es magia.