«ESTO TAMBIÉN PASARÁ»: La instalación que reúne dos geografías distantes con una memoria común

Por Carlos Hevia Riera

ESTO TAMBIÉN PASARÁ. TACCONE CITTÀ EFFIMERA es el nombre del proyecto de la residencia artística1 que me permitió salir al encuentro de una historia sorprendente y poco conocida. Nunca hubiese imaginado que sobre el árido terreno de la región de Basilicata encontraría los rastros que me llevarían a descubrir una memoria común entre dos pueblos en geografías tan distantes: la historia de borgo Taccone al sur de Europa y esa historia del Chile que habito al sur de América.

Lucania se solía llamar la región de los grandes bosques de este sur europeo. Misma tierra que hoy lleva por nombre Basilicata al sur en Italia. Territorio antiguo que pacientemente labrado por el orden de la cosecha anual ha sido despojado de una parte de su historia original.

Es importante saber que este paisaje no siempre ha tenido los colores del desierto. En el lugar que ocupan estas tierras abiertas a los elementos, solía haber un lucus, que quiere decir en latín bosque sacro. Verde quizás, gigantesco tal vez, tanto como la Amazonía en el sur de América. Reserva natural que hoy se incendia ante la acción de los insensatos para crear territorio yermo, explotado como éste. Significativo resulta también preguntarse ante este paisaje: ¿qué estado tendrá la naturaleza cuando se necesite nuevamente practicar las utopías colectivas para poblar de nueva vida la tierra al sur?

Casas aisladas que hicieron parte de la reforma agraria, Taccone. © Carlos Hevia Riera, 2019

Breve y lejana se siente la historia de Borgo Taccone, un pequeño poblado en la comuna de Irsina, planificado para albergar la vida agrícola de la región. Treinta años felices que pasaron rápido. Desde su fundación durante la reforma agraria italiana al “boom” industrial italiano que motivó el éxodo de sus habitantes hacia el norte. Del paradigma agrícola de los ’50 a la promesa de desarrollo y progreso de los ’80. Un asentamiento diseñado al detalle y construido para durar siglos, transformado en refugio temporal. Piedras apiladas que hoy se suman a la lista común de ruinas dispersas en todo lo ancho de la región.

Murales realizados por la Brigada Pablo Neruda, durante su paso por Taccone. © Tonido Catena, 1977

“Porque de todo elemento el hombre es un creador” son las palabras del cantautor chileno Víctor Jara, asesinado por la dictadura de Pinochet en el año 1973 y que sorprendentemente también es parte de la historia de Borgo Taccone. Muchos recuerdan aún la llegada en 1977 de la Brigada Pablo Neruda, un grupo de artistas y muralistas chilenos exiliados, que trajeron al sur de Italia más que solo los colores y el trazo de la revolución latinoamericana. Dejaron como testimonio de su paso un gran mural, el cual hoy es casi imposible de reconocer.

Una de las acciones públicas llevadas a cabo en la comuna de Irsina, ciudad poblada de la que depende administrativamente Taccone. © Carlos Hevia Riera

¿Somos nosotros aún los habitantes de Taccone? Fue una pregunta abierta, que dio inicio a mi trabajo de residencia. Una pregunta hecha al desierto y a todos quienes habitan este sitio en el cuerpo o en la memoria. Una  de las tantas acciones públicas que permitieron encontrar diez de los relatos íntimos que quedaban por contar en Borgo Taccone y que en su conjunto revelaron algunos de los silencios de la historia conocida. Relatos orales en su mayoría, anécdotas y testimonios, en definitiva, memoria pura que permite dilucidar el estado actual del proceso de habitar lucano.

¿Quiénes serán los futuros habitantes de Taccone? El pasado es acervo de los y las que soñaron con materializar aquí un estilo de vida único para el sur de Italia, vínculado estrechamente al trabajo de la tierra y a la producción industrial de trigo. El presente es complicado y se intenta explicar en las palabras de la generación que decidió dejar para el Borgo un final abierto a la ventura de “lo natural”.

Ya se sabe, el bosque que dio nombre a la antigua Lucania se ha desvanecido, tanto casi hasta su extinción. De aquel pasado verde y frondoso queda poco más que el testimonio dibujado en los viejos mapas hechos para entender los territorios que describían a los antiguos imperios.

La “paglia”, fardos de paja de 500 kilos con los cuales se construyó la instalación pública en Taccone. © Carlos Hevia Riera

Retazos de aquella vida bajo la sombra de gigantes árboles se pueden encontrar y, con mucho esfuerzo, en los sectores altos de la zona montañosa del Pollino, lejos de los campos de cultivo, donde los árboles hoy son ornamentos que acompañan los caminos.

Para los futuros habitantes, Taccone parece una página en blanco. Una oportunidad para colorear las formas del mundo agrícola con las texturas verdes del pasado remoto de la Lucania. Traer a la vida el bosque, los árboles y los animales que se necesitan para soñar una vez más el modo de la utopía que decidirán habitar.

Reducto de árboles plantados en la década de los `80 sobre el territorio agrícola de Taccone. © Carlos Hevia Riera

Ir en busca del árbol imaginario y portarlo dentro. Tomarlo con las manos y sentir su peso sobre las cabezas. Recorrer con estos tubos de cartón unidos por tornillos metálicos las calles que recorrían años atrás los creyentes cristianos del patrono del pueblo, San Giuseppe Lavoratore.

De “paglia” fueron los muros del templo que sostuvieron el Museo de lo efímero y de lo sacro. Los mismos fardos amarillentos que un día conformaron su estructura, ahora vuelven a ser alimento de animales. Estos finos palillos que conforman los pesados bloques que estuvieron apilados en el centro de borgo Taccone, son el producto despreciado de la extensiva industria del monocultivo del trigo. Palillos que cuando no se trabajan, arden amontonados en largas filas paralelas cada verano.

 
Representación planimétrica del museo de lo efímero y de lo sacro. En la primera sala se expusieron las diez historias recopiladas junto a 10 objetos que las representaban. En la segunda sala se expuso el “bosco sacro”, construido junto a los niños de las escuelas públicas de la ciudad de Irsina. © Carlos Hevia Riera

Bajo el sol y con los visitantes como protagonistas, tuvo lugar una emoción muchas veces sentida pero nunca antes nombrada, que quedó escrita como lucusescencia.

Niños de las escuelas públicas de Irsina, llevando dentro del museo el símbolo del bosque desaparecido, un árbol hecho de cartón. ©Carlos Hevia Riera

Museo de lo éfimero y de lo sacro

Instalación pública, Borgo Taccone, 19 de Octubre 2019. 

Con el viento soplando las blancas velas de Donato Laborante se dio la bienvenida al Museo de lo efímero y de lo sacro. El sábado 19 de octubre de 2019, al mismo tiempo que en Chile estalla en fuego el despertar colectivo contra el sistema perpetuado por la dictadura de Pinochet, en el sur de Europa se abría un espacio para abrazar el abandono y las utopías perdidas.

Donato Laborante, representando al viento que se hizo parte de la instalación efímera. © Daniela Contardo

Desde las tres y hasta las siete de la tarde, los gruesos muros de “paglia” definieron temporalmente el límite entre el interior del oasis y el exterior del desierto. Bajo el sol y con los visitantes como protagonistas, tuvo lugar una emoción muchas veces sentida pero nunca antes nombrada, que quedó escrita como lucusescencia. Una palabra universal a la medida de este sur. Lucusescencia es una emoción que brota natural, cuando no existe más ese lugar donde habitaban los recuerdos más queridos.

Lucusescencia: La emoción que se prueba al desaparecer el lugar sacro donde habitaban tus recuerdos. 

Maria Luigia (QEPD) de 98 años, la abuela de la única familia que habita aún Borgo Taccone se hace presente en el museo para escuchar por última vez, y después de muchos años el ruido de los niños en su poblado. © Carlos Hevia Riera

Este espacio fue sagrado porque nos pertenecía a todos y a todas y porque a través de las historias aquí reunidas se pudo entrar profundo en la vida de personas que se creían conocidas. Esta sala de “paglia” fue solo el contenedor de un recuerdo persistente, que perdurará ligado a la tierra a pesar de que la estructura que lo contuvo no exista más.

Espacio del “bosco sacro” realizado junto a los niños que habitan la ciudad de Irsina. © Carlos Hevia Riera

Un volumen techado marcaba el ingreso al lucus, al bosque sacro. En su interior la representación del oasis. Espacio creado por más de cien niñas y niños que trabajaron juntos para darle forma al antiguo paisaje de la Lucania. Allí el árbol cobró vida, gracias a la imaginación de quienes soñaron con volver a habitar borgo Taccone.

Queda latente aún la acción de Angelo, un niño italiano de 12 años, quien sobre su máquina horquilla puso el cierre definitivo al edificio, movilizando las puertas de “paglia”, que juntas sumaran más de 2.000 kilos.

El rito finalizó con el árbol en llamas, luego de ser cargado nuevamente sobre las cabezas hasta la tierra yerma. Fue esta explosión simultánea en Chile y en Italia el testimonio contemporáneo de una historia común entre ambos pueblos a latitudes lejanas.

El árbol hecho de cartón fue quemado, en un rito colectivo la noche del 19 de octubre, luego del cierre del Museo de lo Efímero y de lo Sacro. © Carlos Hevia Riera     

​​Notas:

(1) Proyecto de residencia artística financiado por el programa Capital Cultural Europea Matera 2019. Llevado a cabo en la comuna de Irsina región de Basilicata, durante los meses de agosto a octubre 2019.

(2) Para conocer la historia completa de este proyecto de residencia artística, puedes visitar el enlace al perfil de Facebook de Mundo Fau de la Universidad de Chile, donde me invitaron a presentar en detalle la experiencia de la instalación. Link fb.watch/v/2YR62k02m

(3)El proyecto propuso desde su postulación la construcción de un fotolibro, el cual ya se encuentra disponible para revisar online en la plataforma Issuu a través del siguiente link: https://issuu.com/carlosheviariera/docs/lucus_taccone_carlos_hevia_riera

Para obtener el libro físico, escribir a hola@carlosheviariera.com 

Sobre el Autor

​​Carlos Hevia Riera, Santiago de Chile 1987, es arquitecto y fotógrafo, profesor invitado de la cátedra del «Programa Chiloé: territorio, paisaje y cultura» FAU de la Universidad de Chile. Su trabajo ha estado movilizado por la puesta en valor del habitar cotidiano, conectando su obra a temas de derecho a la ciudad, participación ciudadana y educación con pertinencia cultural, en territorios rurales y aislados. @Carlosheviariera

Imagen de portada: Vista de la región de Basilicata, verano del 2021. © Pablo Hassmann, 2021

 

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