Máximo Corvalán Pincheira: Una isla de ropa en el desierto

El artista Máximo Corvalán-Pincheira habló con Endémico web sobre lo que fue su reciente viaje por los alrededores de Iquique, donde recopiló, junto a la socióloga Cristina Bianchi, voces, testimonios e imágenes del desierto que documentan la compleja realidad migrante en el norte del país. Con una historia personal que toca de cerca esta problemática (Corvalán-Pincheira es hijo de exiliados y tuvo que abandonar Chile a los dos meses de vida como refugiado político) el artista habló de un habitar errante que lo ha llevado a resignificar desde las artes visuales el tema de la migración y la naturaleza en distintos puntos del planeta. Con el registro de esta impactante isla de ropa en Alto Hospicio, como también de familias de inmigrantes que atraviesan el desierto en una situación desesperada, el artista aborda este trabajo en torno a la arena, el vestuario, la limpieza y la basura, para sugerir las crueles injusticias socio-ambientales que surgen en territorios donde los llamados recursos naturales parecen tener más derechos que las personas.
Registro de familias migrantes que caminan por el desierto, en la carretera entre Iquique y Colchane, febrero 2022. © Máximo Corvalán-Pincheira.

En su casa-taller en barrio Yungay, Santiago, Máximo Corvalán-Pincheira habló con Endémico web sobre lo que fue su reciente viaje al desierto y los alrededores de Iquique, donde durante 1 mes estuvo junto a la socióloga Cristina Bianchi recopilando voces, testimonios e imágenes que documentan la compleja realidad migrante en el norte del país. Con una historia personal que toca de cerca la problemática migrante (Corvalán-Pincheira es hijo de exiliados y tuvo que abandonar Chile a los dos meses de vida como refugiado político) el artista ha construido obra en un habitar errante que lo ha llevado a resignificar  el tema de la migración y la naturaleza en distintos puntos del planeta. Tras relacionarse intensamente con el ámbito del agua, el artista ahora se desplaza hacia otro elemento: la arena del desierto intervenido. Con materialidades como el vestuario transformado en desecho y basura, Corvalán-Pincheira continúa abordando las injusticias socioambientales que surgen en territorios donde los llamados recursos naturales parecen tener más derechos que las personas. 

Endemico: ¿Cómo surge el viaje al desierto de Atacama?  

Máximo: Con mi esposa, Cristina Bianchi, que es socióloga, habíamos estado trabajando el tema migrante durante una residencia en Suecia, y desde entonces pensamos que debíamos hacer este viaje para aproximarnos a la problemática del norte de Chile. Así, durante nuestras vacaciones, en un viaje autofinanciado, contactamos a diversas ONG como la FASIC (Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas)  que están haciendo una labor humanitaria muy fuerte con el tema migrante en coordinación a otras organizaciones como la Cruz Roja, además de organizaciones sociales del mismo lugar. Fuimos en blanco a entrevistar y ver qué pasaba, intentando no romantizar la migración, porque sabíamos que ese era parte del peligro. Estuvimos en Alto Hospicio, Iquique y Colchane, contactando gente que estuviera investigando el tema y pensando en la temática con una mirada sin juicios. Porque lo que me interesaba no son las grandes cifras ni estadísticas, tampoco los relatos de victimización, sino el microrelato, y a partir de ahí, comenzar a construir la obra.

Cuando trabajas desde las artes visuales, generalmente buscas respuestas que sean menos pretenciosas de lo que pudiese ser, por ejemplo, un enfoque nacional a algún problema ético. Se trata de dar inicio a una obra artística que tome ciertas problemáticas para abrirla a nuevos campos. Mi forma de trabajo consiste en empaparme visualmente de las problemáticas que exploro, ver qué está pasando, conversar con los distintos actores y autores y desde ahí, construir.

E: ¿Y cómo llegas a registrar esa impactante isla de ropa que crece en Alto Hospicio? 

El registro e investigación en torno a los vertederos ilegales que acumulan ropa desechada en el desierto formarán parte de la futura exhibición del artista. © Máximo Corvalán-Pincheira.

M: No es solo esta isla de ropa, sino todo el desierto el que se está llenando de basura. Hay autos botados en el camino, electrodomésticos, de todo.  Antes de llegar a Iquique, vimos que estaba este punto de ropa, visualmente súper potente. Está ubicado en Alto Hospicio, pasado las últimas tomas y rayados que marcan terrenos con palos y un pisador; rodeado de basurales por todos lados. Ahí está la isla de ropa, que son los desechos industriales de lo que no se vende en la Zofri (Zona Franca de Iquique), ropa de segunda mano de origen chino, europeo y de Estados Unidos que llega a grandes distribuidoras y que también descartan los chilenos. Si bien esta isla de ropa siempre ha estado, con la pandemia creció a gran escala porque hubo menos compra y menos demanda. Se dice que contratan al camión de la basura para que haga el flete y se encarguen de ir a botarlo a este vertedero ilegal. Como el tema se ha hecho muy mediático, ahora incluso hay una persona instalada en la entrada que te recibe y cobra entrada. Lo paradójico es que en el camino a la isla de ropa, ves a familias de inmigrantes que caminan con muy poca ropa, a veces sin zapatos, en un desierto que tiene noches muy frías. Era muy fuerte ver, por una parte, tanta precariedad, y por otra, toda esa cantidad de ropa acumulándose en un basural, ropa que podría ser donada a alguna de las organizaciones que trabajan en el tema migrante, incluso a gente de pobreza mayor. Es un análisis que se puede hacer muy fácil y rápido, pero también tiene que ver con un tema ambiental gravísimo, porque todo lo que hay ahí es plástico, pocas cosas son de algodón, y ese plástico termina infiltrándose en la tierra y contaminando. 

E: Como artista visual, ¿qué implica para ti trabajar con la materialidad del vestuario, y en particular, esta ropa que se acumula en el desierto?

M: La ropa es esta especie de piel que está botada en el desierto, y que de alguna manera es una extensión del cuerpo, el cambio de capa. Para mí, lo importante de esta experiencia del viaje al norte fue encontrarse con todos estos cuerpos y montañas de personas, esa ropa que alguien vistió, que tiene esa carga. Yo había trabajado mucho con el agua, como material e idea, y recién ahora siento que conecto con la arena, que es el material opuesto o complementario. Si bien aún no estoy seguro de cómo va a decantar este proyecto, existen obras previas relacionadas con la ropa, como el trabajo que realicé durante una residencia en Marsella, donde trabajé con ropa de inmigrantes árabes de África. Estas ropas eran donadas por cada persona que entrevisté durante la investigación. Hacíamos un canje que consistía en que yo les regalaba una foto familiar o algo similar, y ellos me regalaban una prenda de ropa. La acción, que es una performance, consiste en lavar la ropa (que es bastante colorida) con cloro, entonces se trata de ver el proceso de decoloración y que toma al menos una hora. Repetí esa acción en Suecia y después en Santiago con La ropa sucia se lava en casa, en un galpón del Centro Nacional de Arte Contemporáneo de Cerrillos (CNAC), donde construí un mirador hacia esta especie de fábrica, que daba a un lavadero para “blanquear”la  ropa de inmigrantes haitianos. En paralelo, recopilé en las entrevistas trazos de historias de los viajes que realizaron estas personas para llegar a las ciudades donde realizo la performance. Toda esta acción tuvo que ver con la idea de integración, de blanqueamiento, de limpieza, sacar lo sucio, etc. Me interesa, por decirlo de alguna forma, la edición de la maleta. ¿Cómo decides qué echar a una maleta cuando tienes que escapar de tu país? En esa pregunta debía también reconocer mi propia ingenuidad, porque esto comienza con un artista que viaja a una residencia artística con todo pagado y entrevista a una persona que tuvo que viajar por emergencia, y tal vez solo alcanzó a echar una sola prenda, lo que cabía en una mochila.  

Registro en la carretera entre Iquique y Colchane, febrero 2022. © Máximo Corvalán-Pincheira.

E: ¿De esos relatos de viaje, cuáles te marcaron o conmovieron más?

M: La investigación recogió alrededor de 50 testimonios de distintos puntos del planeta, que fueron expuestos en una sala del CNAC con las entrevistas puestas en loop. Es muy fuerte el relato que hace Aziz Faye, un inmigrante de Senegal que entrevisté en Barcelona. Aziz cruzó 4 veces el océano en una patera (un tipo de embarcación muy precaria) para llegar a Europa, las tres primeras lo deportaron y la cuarta vez lo logró. En Barcelona formó un sindicato popular de vendedores ambulantes de ropa de marcas falsificadas, y luego inventó una marca que se llama “Top mantas” y que se vuelve súper viral. Aziz, que es una persona muy fuerte, tranquila y lúcida, transforma esto en un concepto político súper interesante que se apropia de las lógicas del mercado. Y forma un eslógan que es: “Ropa legal vendida por gente ilegal”. En su discurso hay una pregunta muy potente: ¿Cómo es posible que en este mundo pueda moverse libremente la mercancía y el capital, y las personas no? Todo esto cobra más sentido con el abuso que Europa hace de África. África puede sobrevivir sola, pero Europa no puede sobrevivir sin África. Es desde ese relato que yo proyecto la entrevista de Aziz en una galería, en el agua, mientras una máquina golpea el agua como si fuera un telégrafo, produciendo una vibración que llena la sala de distintos reflejos. Al mismo tiempo, los audios se van superponiendo y mezclando, y ocurre una  especie de colapso de los lenguajes, de los países. Dice Aziz, en su entrevista: “Hay fronteras que son invisibles, que están dentro de nuestro propio país, que es el sistema que se ha diseñado aquí y que nos obliga a estar en los lugares sin salir, te vas dando cuenta que tus recursos tienen más derechos que tú, tus minerales, tus frutas, tu petróleo puede salir y tú no, es como si estuvieras en una prisión”. La obra es también, un homenaje a todas las personas muertas en los océanos.  

Trompos a los que se les ha quitado la punta de fierro para implementar un bolígrafo rompen en el juego y el rayado las fronteras establecidas en países con conflictos geopolíticos. Mapa de la obra «Trompos»(2016-2018). © Máximo Corvalán-Pincheira.

E: En todo este relato donde inevitablemente el contenido es doloroso, trágico, está presente también la ironía, el juego y lo lúdico como dispositivo ¿Cómo entiendes esa relación? 

M: Mis lógicas de trabajo integran muchos elementos lúdicos. Por ejemplo, en Seúl hice una serie de mapas de lugares que tienen problemas limítrofes, como Corea del sur con Corea del norte (y que tiene una obra hermana, La Partida, en el Museo de la Memoria) donde puse una mesa coreana y sobre ella, trompos a los que quité sus puntas de fierro y reemplacé por lapiceras. Entonces la gente empieza a jugar, se vuelve algo interactivo, tiran el trompo y el mapa queda entero rallado, reescribiéndose la frontera. Asimismo, en lo que era el antiguo aeropuerto de Cerrillos, construí la obra Escalera al cielo (La Partida, 2017),  que es una escalera de avión pero que termina con un tobogán que vuelve al suelo. Entonces es la idea de subir al cielo para irse por un tubo, y volver al mismo lugar. Lo bonito era que la gente que visitaba el museo al final no entraba a las salas, sino que iba a subir la escalera para tirarse por el tubo. En ese absurdo, que es mismo absurdo del arte que no sirve para nada y a su vez sirve para todo, me interesa mucho también el juego de “serpientes y escaleras” (antiguo juego de tablero indio). Porque de alguna forma ese juego representa la vida, que parece lineal, pero que de repente todo cae y se derrumba. Y hay que volver a retomar. Así funciona también el proceso creativo.

Me interesa el concepto de limpieza y desinfección para hacer la pregunta de cómo integramos a estas personas. En mi relato esa pregunta es un problema que no tiene solución y que va a seguir encrudeciéndose, porque con la crisis del agua, la gente va a continuar moviéndose, cada vez más.

E: ¿Cómo has ido elaborando la idea de la limpieza y blanqueamiento en esta futura obra en el desierto?

M: La idea del blanqueamiento viene desde las lógicas fascistas nazis. Y es un término que se está usando mucho en Iquique para referirse a esconder la suciedad, esconder la miseria humana. Por eso la columna que escribí en El Mostrador sobre este viaje se llama “Les tengo malas noticias: yo soy las malas noticias”. Porque pasa, en estos países muy “civilizados”, que entran en contradicción con el sistema globalizado en que vivimos, donde se supone que estamos todos conectados, pero en donde el afuera, los que están afuera de estos sistemas privilegiados, están en una situación muy precaria. 

Chile, dentro de la región, parece estar en un sistema privilegiado. Entonces estas personas llegan aquí en una situación miserable desde países como Venezuela, donde está el conflicto real y que es muy complejo de solucionar, y en vez de ser declarados como refugiados por las condiciones humanitarias deplorables en las que llegan, se opta por limpiar, ocultar, sacar de ahí. Es muy curioso. En Europa tienen un océano de frontera y la gente sigue cruzando, como el caso de Aziz. En Colchane querían construir una zanja, pero la zanja no va a servir de nada. Porque cuando la gente ve que su vida peligra, logra cruzar igual. En ese sentido, me interesa el concepto de limpieza y desinfección para hacer la pregunta de cómo integramos a estas personas. En mi relato esa pregunta es un problema que no tiene solución y que va a seguir encrudeciendose, porque con las crisis del agua, la gente va a continuar moviéndose, cada vez más. Ahora vemos la guerra en Ucrania con Rusia, por ejemplo, y la cantidad de personas que se está moviendo es impresionante. Aunque allá es distinto, porque a diferencia de los migrantes de Venezuela o de países de África, de alguna forma los ucranianos sí son bienvenidos. En muchos reportajes de prensa que cubrían el tema de la guerra Rusia-Ucrania, se escuchó “pero si son gente como nosotros”. Solo esa palabra, que parece muy ingenua, es tremendamente brutal, porque estás sugiriendo que hay gente que no es como nosotros. En relación a eso, hice una performance en el sur de Corea donde construí un invernadero – balsa que navegaba e iba regalando las plantas que tenía adentro. Pero esas plantas eran maleza, entonces de alguna forma, se trataba de plantas que nadie quiere. Eso lo asocié con las personas que son bienvenidas y las personas que son maleza, las personas que todo el mundo quiere sacar de su jardín.

E: En esta isla de ropa el tema ambiental también parece entrar en crisis. Por una parte, al publicar la foto de estos vertederos ilegales en redes sociales se llena de comentarios apuntando a la gravedad de cómo se ensucia el desierto de Atacama, una postal turística y santuario natural del norte de Chile, mientras al mismo tiempo y en el mismo lugar, se desplazan personas en un estado de vulnerabilidad altísimo donde el discurso también habla que deben ser “limpiadas” de ahí. Habiendo ya trabajado con escenarios de naturaleza rotulados como “prístinos”, como la Patagonia, y ahora el desierto de Atacama, ¿cómo enfrentas esa contradicción?

M: Yo entiendo al mundo como un ser vivo, y dentro de ese mundo está el ser humano, como un ente más. En un trabajo que hice sobre la araucaria donde investigué el reconocimiento de individuos por medio del ADN, me encontré con que nuestro símbolo nacional, la araucaria, está declarada en peligro de extinción porque está siendo atacada por un hongo. En esa obra, lo que hago es parodiar el hongo escribiendo frases como “Sistema sospechoso padece” sobre fotos que tomé del mismo hongo que está atacando a la araucaria, y así, hablar de un conflicto que tiene que ver con cómo el humano se relaciona con la naturaleza. En el fondo, se trata de hablar de este sistema que ha permitido la utilización de la naturaleza con una visión extractivista, de sacar, sacar y sacar. Y esto ocurre no solo a nivel regional, sino como política nacional, de pensar estas zonas como “extremas” con un interés netamente comercial y extractivista, de incluso desechar en vez de regalar (como la ropa), sin involucrarse realmente. El mismo desierto es maravilloso, y te encuentras con basureros brutales que a la vez tienen que ver con un sistema que diseña y realiza mucha más ropa de la que necesitamos. Entonces, esa obra habla de la forma con que nos relacionamos con la naturaleza. Y de la actitud de los empresarios para con estos paisajes “extremos”.

En «Jardín nómade» (2018), el artista navega sobre esta balsa-invernadero regalando malezas, haciendo un desplazamiento poético entre que es se les restringe la entrada con innumerables cercos, con la paradoja de calificar a algunas especies de la flora como malezas, es decir, como malas hierbas. © Máximo Corvalán-Pincheira.

E: Se trata, tal vez, de poner en cuestión ciertas creencias en torno a los discursos que circulan en estos espacios naturales, una cierta idea de lo puro, como el desierto más árido del mundo, el de los cielos más oscuros, pero que al mismo tiempo no queremos que entre el infiltrado, el forastero, el otro.

M: Hay un ambiente nacionalista extremo a partir de las situaciones que han pasado, donde lo que está presente es un odio terrible hacia otras personas. Las fotos que registré en ese viaje por el norte entre Iquique y Colchane son familias, personas que han caminado durante 3 meses, no delincuentes. Fotografié a un chico que la poca agua que recibía la compartía con su perro. Cuando tienes a un gobierno que se ha olvidado de todo, las personas caen en un estado de abandono y quedan vulnerables a lo que sea, y eso implica mafia, de todo. Si le dices a una persona en esa situación extrema: “Únete y se soldado nuestro”, lo más probable es que lo va a hacer. Pero ello ocurre porque existe un abandono previo de los países, de los gobiernos, de las sociedades. En Iquique hay organizaciones trabajando, pero están muy silenciadas, reciben amenazas. Entrevisté también a un chico que decía que hacía rato no podía dormir, porque los jóvenes que andaban carreteando lo molestaban. Lo llevaron al refugio Lobitos que está a las afueras de Iquique, pero están en una situación de encierro, donde no pueden salir a trabajar y no tienen cómo solucionar su situación. Y lo más raro y brutal es que una productora de eventos se está haciendo cargo de ese refugio. Gente de buena voluntad, pero sin ninguna experiencia ni conocimiento para trabajar con personas que vienen con el trauma de haber cruzado el desierto en un estado de enorme precariedad económica, con niños enfermos, habiendo tenido que enfrentar el Covid, donde muchos han muerto, y que al llegar a un lugar relativamente seguro, recién ahí empiezan a decantar y a sufrir los trastornos. Entonces, si bien esta futura obra tendrá que ver con algo ambiental, se va a mezclar con toda esta investigación. Ese es el trabajo que más adelante quiero mostrar.

«La partida» es una pieza escultórica se emplaza en el Centro Nacional de Arte Contemporáneo de Chile, conectándose con la historia del edificio que acogió el primer aeropuerto de Santiago hasta el año 1967. © Máximo Corvalán-Pincheira.

Imagen de portada: Registro de isla de ropa en Alto Hospicio, Iquique. © Máximo Corvalán Pincheira

 

 

 

Últimas entradas del blog

Más allá del cambio climático

Los peligros de la domesticación: un juego de rol con el salmón

Temblores elementales: una escritura vegetal

Pinturas de cambio en Chiloé