Taiñ Kongkawe: Nuestro Valle del Aconcagua

Es habitual convivir con pájaros de la ciudad, ver un zorzal rondar el jardín o escuchar al chincol por la mañana. A veces hasta los esquivamos mientras caminamos por una vereda. Si estamos cerca del mar será fácil identificar el canto de una gaviota. Si prestamos más atención a lo que miramos, en los cables de un poste podríamos visualizar una loica o por las tardes escuchar a los tiuques como si nos avisaran que el sol ya está por irse. Sin embargo, la mayor parte del tiempo ignoramos que las aves están ahí. Las vemos y oímos, pero seguimos nuestra rutina sin importar si han disminuido en especies, migrado de la zona o si han nidificado en el árbol de la plaza más cercana. Omitimos de nuestros oídos sus cantos que incluso nos pueden avisar de lluvias y temporales, ¿sabrías identificar al menos una especie endémica? ¿diferenciar a un chercán de un gorrión? ¿tienes noción de lo que significa nuestro paso por sus hábitats?

El tiuque (Milvago chimango) es una especie de ave falconiforme natural de América del Sur. © Bastián Montecinos.

¿Sabrías identificar al menos una especie endémica? ¿diferenciar a un chercán de un gorrión? ¿tienes noción de lo que significa nuestro paso por sus hábitats?

Lemunko: Agua de la Montaña

En Chile se goza de una exquisita variedad de avifauna. La Quinta Región es de las zonas céntricas del país donde encontramos hábitats indispensables para la nidificación, recreación y descanso de las aves. En esta zona existen 832 humedales, además, cuenta con exclusivos bosques esclerófilos que, en resumen, se destacan por ser árboles de hoja dura, tales como el litre, bollén o peumo. Este tipo de bosque solo se encuentra en específicos puntos del planeta como Sudáfrica, Australia, la cuenca del Mediterráneo y California. A su vez, existe un alto grado de endemismo gracias a que son bosques que solo se dan en climas mediterráneos capaces de aguantar tanto sequías, como abundante agua.

El pilpilén (Haematopus palliatus) vive en las playas arenosas y lodosas del Pacífico en el continente Americano, donde se alimenta de ostras que abre con su pico y de invertebrados marinos. En la imagen se ve un ejemplar adulto. © Bastián Montecinos.

Aprecio particularmente la Cuenca del río Aconcagua, que se forma a través de la unión de los ríos Blanco y Juncal, nacientes de la majestuosa Cordillera de los Andes y desembocando en la comuna de Concón en el Océano Pacífico. Aquí se forma una extensión de agua de poca profundidad, que genera grandes reservas de agua dulce, comúnmente conocida como humedal. Estos forman ecosistemas híbridos que dan vida a una amplia biodiversidad. En la Cuenca o Valle del Aconcagua, lugar de vasta vida silvestre, hay aves de tipo cordilleranas y costeras, endémicas, nativas y migratorias. Durante todo el año algunas de las que conviven son: tiuques, diucas, loicas, pequenes, tucúqueres, piuquenes o gaviotas andinas. Para la primavera llegan desde Norte América gaviotas de Franklin, zarapitos, pitoitoyes, playeros de Baird o rayadores. Estas suelen descansar y recrearse en los humedales, cada especie se reúne en grupos. A su vez, las aves locales siguen su rutina diaria, todas alimentándose de crustáceos, insectos, peces o semillas. Algunas migratorias deciden nidificar, como el pilpilén, a veces los zarapitos deciden quedarse por ser muy jóvenes para seguir el camino con los demás o porque sufren de alguna lesión. Particularmente, es difícil llevar el conteo de las migratorias que se quedan durante el invierno.

Ejemplar de un joven pilpilén. © Bastián Montecinos.

En Chile se censa a las aves desde 1990-1991 por la iniciativa del Dr. Roberto Schlatter de la Universidad Austral, en colaboración con el Dr. Alejandro Simeone. El censo de aves es vital para conservar a las especies, determinar su ubicación, la evolución que puedan tener a lo largo de los años. Así también, es un buen método para verificar el estado de los humedales. Matías Garrido, fue uno de los censadores de la Región de Valparaíso del último año 2020 y 2021. El estudió medicina, pero es observador de aves desde muy temprana edad y le tocó censar específicamente en el humedal urbano Desembocadura del Río Aconcagua en Concón. Me cuenta que existen diversas y entretenidas formas de hacer esta labor, “si hay bandadas muy grandes vamos contando de diez en diez, también si hay gente interesada en ayudar le enseñamos y nos repartimos las especies. Un humedal, por ejemplo, debe dividirse en varias partes, con GPS en mano, tomar fotos, fijarte en las nubes por la condición climática, ya que eso implica el comportamiento de las aves”. Una de las razones que puede demorar este proceso y limitar el trabajo de los voluntarios “es en verano con el turismo descontrolado”, agrega Matías. Concón tiene el Parque La Isla como lugar oficial para visitar el humedal. Este parque cuenta con guardaparques y su correspondiente administrador para asegurar la protección del lugar. Desde Julio de 2018 lo catalogaron como “Reserva Natural Municipal” (RENAMU). Esto quiere decir que es el Concejo Municipal quien decide proteger la biodiversidad de la zona.

Pilpilén pichón. © Bastián Montecinos.

Sin embargo, desde la playa hay acceso libre y esta parte de la desembocadura no cuenta como paraje del parque, lo que conlleva consecuencias graves para la conservación del humedal. No hay preocupación por regularizar el ecoturismo de la zona. Existe nulo respeto por parte del servicio de kayaks que a vista de todas las personas transitan por lugares que no corresponden, entorpeciendo el descanso de las aves. Además, se hacen cabalgatas a caballo que pasan entre medio de zonas de nidificación, provocando estrés en las aves y a veces la muerte por aplastamiento. Esto también sucede cuando entran vehículos y motos, práctica ilegal en Chile desde el 15 de enero de 1998 por La Orden Ministerial Nº 2 del Ministerio de Defensa. Sumado a lo anterior, la práctica de parapente motorizado no solo afecta la vida de las aves por contaminación acústica, sino también por su imprudente descenso sobre el humedal, que hace más espectacular la actividad. Este comportamiento, solo asusta y confunde a las frágiles especies.

Jote de cabeza negra es una especie carroñera; en áreas pobladas por humanos hurga en basureros, come huevos y material vegetal en descomposición. Como otros buitres, juegan un papel importante en el ecosistema al eliminar la carroña que de otra manera sería terreno fértil para enfermedades. © Bastián Montecinos.

Por otra parte, se ven microbasurales en los alrededores de este parque —asoladora imagen—. No existe una preocupación por señalizar las zonas de nidificación.  La comunidad por su parte, no suele ayudar mucho. Hay vecinos que dejan a sus animales domésticos sueltos y atacan a las aves; o gente que acampa libremente en zona prohibida del sector. Como dice Matías, “hay que educar a la gente, saber que esa zona es de otro y respetarlo, llegar a un consenso entre actividades de recreación humana y un lugar donde se le pueda dar espacio real a las aves”.

En las redes sociales podemos encontrar mucha gente aficionada de los alados, que con su acción virtual contribuyen a la enseñanza para respetar y dar a conocer este tipo de situaciones. En este sentido, “así como hay creadores de problemas, hay creadores de soluciones, por eso es importante saber que todos los datos recogidos en el censo van a la plataforma online Ebird. Deberíamos darle más importancia a esto que a subir fotos a las redes sociales solamente, ya que teniendo esta información se ayuda a la toma de decisiones para la conservación”, finaliza Matías. Ebird es una organización de categoría mundial que ayuda a identificar a todas las especies según su territorio. Así, Ebird es una herramienta primordial para censar ya que los datos quedan registrados en la web.

El rayador o pico de tijera es un ave visitante estival que llega a fines de septiembre, para luego partir en mayo. Presenta una distribución en el territorio nacional desde Arica hasta el estrecho de Magallanes. La otra parte del tiempo se distribuye en ríos y costas al norte de Sudamérica a Bolivia y el noroeste de Argentina. © Bastián Montecinos.

Üñüm-Kuthran Kawi: Pájaro-Exceso de sacrificio por una causa, por una circunstancia, vida, persona u otro ente

Al interior del valle, se encuentran otras problemáticas que entorpecen la biodiversidad de las aves. Marcia Gálvez, una de las directoras del Centro de Rehabilitación de Fauna Andina (CEREFAN), asentado en Los Andes, nos cuenta algunas razones: “principalmente llegan al centro aves rapaces diurnas por armas de fuego o fracturas, la lechuza suele llegar en estado de inanición, anemia y sangrado de nariz por comer roedores que han consumido veneno de ratón…no pasan el día con vida. Los tucúqueres llegan heridos por lo mismo”. A tan desoladora postal, añade que “las aves acuáticas por temas de sequía, llegan a las piscinas de las casas”. Otro de los grandes problemas “son los fundos con plantaciones, los cuidadores matan con postones por diversión incluso a otros animales como los zorrillos”. La poca cultura del cuidado con los animales domésticos vuelve a ser protagonista: “es necesario prevenir la sarna y parvovirus porque llegan zorros con estas enfermedades al centro, la gente deja sus perros y gatos sueltos y estos atacan a la fauna silvestre también” comenta Gálvez.

Rayadores y gaviotas volando sobre el humedal. © Bastián Montecinos.

El artículo 3 de la ley 19.473 sobre caza, especifica: “prohíbase en todo el territorio nacional la caza o captura de ejemplares de la fauna silvestre catalogados como especies en peligro de extinción, vulnerables, raras y escasamente conocidas”. Pero según nos cuenta la directora de CEREFAN “hemos tenido casos de tráfico como el loro tricahue. Hemos encontrado a personas que tienen a estas aves capturadas en muy malas condiciones”. Según el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y la Red de Observadores de Chile (ROC), este loro está en peligro de extinción a nivel nacional, por lo que su caza, captura o comercialización está prohibida. El CEREFAN no obtienen ayudas del estado.  Junto con otras organizaciones se apoyan cuando la situación lo amerita, y gracias a su vocación y la cooperación de colaboradores se encargan de rehabilitar y liberar a todas las especies que llegan. Sin embargo, no todas corren la suerte de volver a sus hábitats debido a la gravedad de sus lesiones. Por esto, uno de sus objetivos es la educación. Con respecto a esto, Marcia dice: “creo que, si queremos hacer algo inmediato debemos enfocarnos en los jóvenes y los adultos porque son el problema actual”. Para tomar acciones concretas, la directora de CEREFAN concluye: “debemos tener respeto a las demás formas vivientes, sin importar si son ranas o aves, respeto hacia los humanos. Tomar medidas sanas, si hay roedores entonces cuidemos de no transformar los espacios que nos rodean en basurales, buscar otras alternativas para que las aves ni ningún ser salga dañado”.

Debemos tener respeto a las demás formas vivientes, sin importar si son ranas o aves, respeto hacia los humanos. Tomar medidas sanas, si hay roedores entonces cuidemos de no transformar los espacios que nos rodean en basurales, buscar otras alternativas para que las aves ni ningún ser salga dañado. (Marcia Gálvez).

Las aves no pueden hacer más que morir o adaptarse a la humanidad para poder subsistir. No respetar el hábitat de otras especies es una actitud antrópica que lleva a un desequilibrio natural. Esto es la base de nuestra relación con la naturaleza. No corregir esta actitud, lleva a la decadencia de ecosistemas enteros, a desastres medioambientales irreparables. La responsabilidad recae en cada individuo de esta sociedad, debemos lograr entender qué es el respeto para restablecer nuestra relación y cooperación con las demás especies.

Sobre la Autora

Catalina Vergara Carrera es escritora autodidacta. Nació en 1990, tiene 30 años y es oriunda del Valle del Aconcagua. Por esto, todas sus investigaciones y artículos son en relación a este territorio. Para ella es muy importante comunicar a la sociedad lo que sucede en el Valle desde un punto crítico y medioambiental. Vivió y estudió toda su adolescencia y parte de su adultez en Europa. Cuando volvió a Chile se dedicó al rescate y recuperación de animales abandonados. Actualmente reside en España. Puedes conocer más de esta autora en Anuqueupu.blogspot.com

Imagen de Portada: bandada de gaviotines sudamericanos (Sterna hirundinacea). © Bastián Montecinos. 

El ritual de la luz

Frente al desastre climático y ecológico que enfrentamos en la actualidad, cabe preguntarse sobre las posibilidades de acción que mantienen las prácticas creativas. ¿Cómo pueden, las disciplinas que funcionan como canales de reflexión y de producción a la vez, ser un aporte en una crisis que es tanto ecológica como cultural? Quisiera extender estas preguntas […]

Frente al desastre climático y ecológico que enfrentamos en la actualidad, cabe preguntarse sobre las posibilidades de acción que mantienen las prácticas creativas. ¿Cómo pueden, las disciplinas que funcionan como canales de reflexión y de producción a la vez, ser un aporte en una crisis que es tanto ecológica como cultural?

Quisiera extender estas preguntas hacia un marco más amplio, entendiendo la producción, la necesidad de producir, como un elemento central en la sociedad capitalista actual en relación a sus altos niveles de consumo. Pues, la crisis climática y ecológica es también una crisis del modelo económico y de producción. Y no se trata de evaluar la actividad productiva en sí misma, sino más bien de observar ciertos comportamientos que la sociedad ha adquirido, moldeada por un acelerado ritmo de producción. Conductas que, entre otras cosas, han ido alejando al ser humano de la naturaleza como referente, o, en palabras del filósofo y teórico cultural Byung-Chul Han, de la “referencia al mundo que las cosas debieran tener”[1]. Así, se ha generado una suerte de dislocación de las necesidades humanas, cada vez más distanciadas de los ritmos biológicos.

Efecto del fenómeno de bioluminiscencia en un paisaje nocturno de playa © Creative Commons. 

La (des)aparición de lo ritual

En “La desaparición de los rituales”[2], Byung-Chul Han desarrolla un sentido de lo ritual que tiene que ver, entre otras cosas, con lo que denomina “la experiencia de la durabilidad”[3], esto es, una acción prolongada en el tiempo durante la cual el individuo pasa a segundo plano, para trascender hacia la conexión con su entorno, hacia un estado de contemplación. La práctica ritual, sostiene Han, genera y transmite comunidad, una alianza colectiva. En su propuesta, el filósofo desarrolla la idea de que en estos tiempos (de un profundo narcisismo, consumismo exacerbado y experiencias inmediatas no trascendentales), tal sentido de lo ritual ha desaparecido. O, dicho de otro modo, que la sociedad definida por rituales o actos simbólicos ya no calza con el modelo social, económico y cultural de las sociedades actuales, en las cuales tendemos a un estado de encapsulamiento.

Se trata de objetos que ofrecen una experiencia prolongada en el tiempo, la cual funciona en base a la voluntad del ser humano de “olvidarse de sí mismo” para conectarse con el otro; un acto ritual de desprendimiento.

En el presente texto, quisiera formular una (brevísima) lectura sobre la última propuesta del dúo berlinés As a Ceremony, a partir de la noción de lo ritual de Han en mente. Un intento de narrar el vínculo entre la disposición contemplativa del ser humano y el mundo que lo rodea: la posibilidad de un cambio de la voluntad individual frente a una crisis colectiva.

Fundado en el año 2018 por Antonia Insunza y Alessia Pegorin, el colectivo de “diseño y espacios de luz” As a Ceremony, trabaja en base a la idea del diseño como un medio para explorar cuestiones de carácter socio-políticas, desde una conciencia de un contexto vivo y de la responsabilidad medioambiental. Así, han puesto a prueba la capacidad del diseño como medio de comunicación y de reflexión, al proponer su práctica como un proceso generador de preguntas críticas que buscan interrumpir la dinámica actual entre el ser humano y su entorno, aquella distancia entre las cosas y sus referentes en el mundo.

Antonia Insunza y Alessia Pegorin, fundadoras de «As a Ceremony» © AAC

Tal como se desprende de su nombre, As a Ceremony trabaja con una noción ritualista de la producción y del trabajo: “Abandonamos automatismos y volvemos a la ceremonia que es la vida”[4]. Ritual o ceremonia que, regresando a las palabras de Han, “posibilitan no solo un bello trato entre personas, sino también un pulcro y respetuoso manejo de las cosas. En el marco ritual las cosas no se consumen ni se gastan, sino que se usan[5]. AAC contempla un cierto tiempo, una estructura y una razón de ser en su práctica (una actividad “consciente”, si se quiere), la cual se contrapone a la producción de objetos seriales a gran escala. La misma diferencia que existe hoy entre los conceptos de fast-food y slow-food: una práctica de diseño lento, concebido como un proceso creativo que no comienza ni se acaba en el diseño y creación de un objeto, sino que en un ejercicio que es, por definición, filosófico: plantear interrogantes y situarlas en nuestro entorno natural y social. El diseño de un objeto es parte de aquella búsqueda, su medio de comunicación; y la luz es su elemento.

Re-descubrir la bioluminiscencia

El último trabajo de AAC, titulado We Are Not In This Alone (2020), manifiesta (literalmente) la conciencia de pertenecer a un contexto de vida mucho mayor que la humana, el ser parte de una biodiversidad. We Are Not… comienza con una investigación que cuestiona la posibilidad de fuentes de luz realmente sustentables. Si la mejor luz, es la luz del sol (en términos de cantidad, consumo y reproducción del color), ¿porqué seguir mirando solo la tecnología humana buscando una supuesta sustentabilidad de la luz? ¿Cuáles son las  otras formas de emisión de luz natural en el mundo?

A partir de estas inquietudes, trasladaron su búsqueda hacia el escenario natural, desembocando rápidamente en los ecosistemas submarinos. En los océanos re-descubrieron la bioluminiscencia presente en algunos organismos vivos (como peces, hongos o insectos), como una fuente lumínica 100% natural y sustentable. Fue así como llegaron a un alga unicelular llamada Pyrocystis Fusiformis, de la familia de los Dinoflagelates. Es un alga que, como todo el reino vegetal, vive de luz, agua y Co2, y mientras en el día absorbe la luz, de noche, gracias al movimiento del mar, se activa y emite luz. Es decir que sin movimiento no se iluminan. Es, además, un microorganismo que tiene un reloj circadiano, nunca brilla si no es de noche, independiente de la oscuridad del día. Decidieron entonces, utilizar esta alga como referente en su búsqueda de fuente lumínica sustentable, en la cual el tiempo se convirtió en un eje central, pues no hay luz sin movimiento, ni movimiento sin tiempo.

Con la lámpara de tiempo escultural el colectivo buscó recuperar fuentes de luz sustentables a partir de organismos bioluminiscentes. ©AAC

Así, construyeron, en sus propias palabras, “una lámpara de tiempo escultural” que se ilumina mediante microorganismos bioluminiscentes que viven en los océanos: un recipiente de vidrio con agua de mar que contiene esta alga diminuta. En dicho objeto,  intentaron plasmar todos los fenómenos necesarios para su supervivencia, acentuando el profundo vínculo que existe entre el tiempo, la naturaleza, el movimiento y la luz. Al igual que el Pyrocystis Fusiformis, para que la lámpara emita luz, debe ser manipulada de noche manualmente por el humano, generando el movimiento necesario para que las algas se activen.

Con We Are Not In This Alone, AAC interrumpe la programación automática del ser humano, para resetearlo. En primer lugar, le permite experimentar una luz de fuente natural y realmente sustentable, la cual no lo ilumina realmente, o al menos no con el nivel de luminosidad al cual nos hemos acostumbrado en la actualidad. Una segunda adaptación tiene que ver con la temporalidad o la durabilidad de las cosas: We Are Not… obliga al usuario a condicionarse a un ritmo fijo y lento determinado por el reloj biológico del alga y no a su propio pulso. Esto lo convierte en un objeto que ofrece una experiencia prolongada en el tiempo, la cual funciona en base a la voluntad del ser humano de “olvidarse de sí mismo” para conectarse con el otro. Este acto de des-encapsulación no es otra cosa que una práctica simbólica, el proceso que Han ha descrito como un acto ritual de desprendimiento.

El colectivo artístico trabaja un tiempo, estructura y una razón de ser en su práctica que se contrapone a la producción de objetos seriales a gran escala. ©AAC

Poéticas de la luz

La provocación última de AAC está en la base de su producto: si su ritmo es pausado y la luz tenue, quiere decir que la lámpara está funcionando correctamente. El poder de We Are Not… es lograr la subordinación humana frente a un microorganismo del reino vegetal, consiguiendo que se aleje, por un momento, de su programación social actual. La poesía de la lámpara de tiempo, por su parte, transforma esta dinámica en una experiencia simbólica, en un ejercicio ritual sostenido y consciente de trascendencia del yo.

Si bien con We Are Not In This Alone, AAC no pretende cambiar el curso de la crisis ecológica y climática, sí consigue, al proponer como principio el trabajo colaborativo inter-especie, un impacto narrativo en torno a la disposición del ser humano con su entorno.

En plena era de la información rápida, del consumo de experiencias desechables, de la búsqueda de satisfacción inmediata, resulta reconfortante volver al origen, a la capacidad contemplativa; al ejercicio filosófico de estar en el tiempo, de relacionarse con la naturaleza para encontrarnos en tanto que individuos y colectivos. Tal como lo señala Han, “Estas coordenadas del mundo, que rigen eternamente y se reflejan en las cosas, otorgan al habitar humano la «lentitud y constancia con la que crece el árbol»”[6]. We Are Not In This Alone nos acerca al mundo como referente. Nos sitúa en la misma escenografía submarina donde se crearon las primeras células de vida hace unos 3.000 millones de años, y nos baja de la vorágine de nuestros tiempos para recordarnos que sólo somos una parte de un enorme engranaje.

Detalle de bioluminiscencia en microorganismos submarinos. © AAC

Sobre la Autora

Daniela Hermosilla Zúñiga (Santiago de Chile, 1983) es Doctora en Historia del Arte y artista visual. Co-fundadora del colectivo Greta Rusttt (2013- presente), desde donde desarrolla diferentes proyectos curatoriales, artísticos y editoriales. Es también, junto al artista Jan Vormann, co-directora de la revista ,coma (2020-presente), publicación de artista que parte de la noción de las ediciones impresas como lugar de encuentro colectivo. Es investigadora asociada en el grupo de investigación Arte, Globalización, Interculturalidad (AGI) de la facultad de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona. Ha publicado diversos artículos en revistas científicas y de divulgación en Barcelona, Berlín, Liubliana, Santiago de Chile, entre otros, y ha ofrecido diversas ponencias académicas en Barcelona, París y Valdivia. Vive y trabaja entre Berlín y Valdivia.

[1] HAN, BYUNG-CHUL. La desaparición de los rituales. Una topología del presente. Editorial Herder, Barcelona: 2020. Pág. 16

[2] HAN, BYUNG-CHUL. Vom Verschwinden der Rituale. Eine Topologie der Gegenwart. Ullstein Verlag, Berlín: 2019 (Primera edición).

[3] HAN, BYUNG-CHUL. Op. Cit. Pág. 12

[4] As a Ceremony, Manifesto. Berlín: 2018

[5] HAN, BYUNG-CHUL. Op. Cit. Pág. 14

[6] HAN, BYUNG-CHUL. El aroma del tiempo. Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse. Editorial Herder, Barcelona: 2015. Pág. 106

Imagen de portada: Detalle de We Are Not alone, la obra más reciente del colectivo, una investigación que cuestiona la posibilidad de fuentes de luz realmente sustentables. ©AAC

Residencia RADICANTE: Navegar el Estrecho en el año cero

En la terminología botánica, Radicante se aplica a aquellas plantas cuyos tallos emiten raíces en diferentes puntos de su longitud. Esta residencia nace a partir de una búsqueda del habitar y experimentar la figura del Radicante, cuyas raíces crecen según su avance y se desarrollan en función del suelo que lo recibe. Hace tres años […]

En la terminología botánica, Radicante se aplica a aquellas plantas cuyos tallos emiten raíces en diferentes puntos de su longitud.

Esta residencia nace a partir de una búsqueda del habitar y experimentar la figura del Radicante, cuyas raíces crecen según su avance y se desarrollan en función del suelo que lo recibe.

Hace tres años que dimos inicio a una serie de navegaciones por el Estrecho que une ambos océanos, el Pacífico y el Atlántico. Cada ruta fue distinta y se dibujó en conjunto a la expertise de una tripulación que ha navegado sus aguas desde hace mucho tiempo.

Fuimos afortunados de tener la libertad de disponer de la embarcación Marypaz II, para navegar hacia donde nuestra curiosidad nos guiara. Nuestro interés estaba en explorar el Estrecho en toda su inmensidad.

Ya son tres años realizando RADICANTE, navegando por los canales que nacen desde el Estrecho y que otorgan la posibilidad de conocer los imponentes sitios que enmarcan esta expedición/residencia, en constante movimiento.

Los artistas navegaron cinco días por el Estrecho de Magallanes en IV edición de Residencia Radicante, la cual se repetirá este año. © Liquenlab 

Navegar un nuevo Estrecho

Desde el inicio de Radicante, nos hemos propuesto una ruta diferente cada vez. Por eso, en esta última oportunidad, optamos por navegar a través del Canal Magdalena, un impresionante cauce fueguino que avanza hacia el sur del estrecho de Magallanes hasta acceder al parque nacional Alberto de Agostini, donde caen varios glaciares de Campo de Hielo Patagónico Sur.

Los Radicantes son expuestos a un viaje, que pensamos, es transformador. El zarpe comienza en una bahía en calma rodeada de la arquitectura propia de la ciudad de Punta Arenas, para luego alejarse hacia el este. Al rato abandonamos esa quietud por el omnipresente viento del oeste… siempre es interesante buscar en su aparente tono monocorde otras monodias, otras voces, volver a escuchar.

Entre los puntos clave visitados, estuvieron los fiordos Martínez, Keats, el glaciar Navarro, glaciar Serrano y glaciar Escondido, entre otros hitos. © Liquenlab 

La Marypaz II es pequeña, una embarcación de pesca adaptada para realizar expediciones, de unos 15 metros de eslora aproximadamente, unos 13 menos que la Nao Victoria (la embarcación con que Hernando de Magallanes hizo el cruce del Estrecho en 1520), pero desde la primera vez que navegamos los laberintos acuosos del Estrecho salta a nuestra mente la singular tecnología de los Kawésqar. 7 mil años atrás, ellos se aventuraron por el sur del Golfo de Penas y el Estrecho en su propia nave, “la reina de las canoas americanas”, llamada así por lo singular de su construcción. Esta reflexión es algo que proponemos para la navegación.

En esta residencia buscamos que los Radicantes se conecten con estas aguas, alejándonos de la visión de “conquista” que tanto se celebra en las conmemoraciones de los 500 años de la circunnavegación y así proponer una nueva relación entre los Radicantes y lo no humano, lejos de la idea de dominio de un espacio determinado, sino más bien desde una actitud de observación profunda.

En la terminología botánica, Radicante se aplica a aquellas plantas cuyos tallos emiten raíces en diferentes puntos de su longitud. © Liquenlab 

Repensar el maritorio

Los nombres que los navegantes de la Colonia española otorgaron a estos lugares conforman una toponimia que habla de la total desconexión que experimentaron con este lugar: Isla Desolación, Puerto del Hambre y Bahía Inútil son solo algunos ejemplos de esta toponimia litoral que permite ver la imposibilidad de los conquistadores de entablar una relación con la naturaleza que no sea de sometimiento.

En esta residencia quisimos invitar a cada persona que se embarca a esta navegación, a repensar el maritorio y conectarse con los elementos que pueblan estos parajes, a dejar por unos días las ansias de producir y entregarse a la contemplación.

Este es un maritorio extenso, violento e impredecible, que ya fue navegado por ancestros que lo habitaron con una clara conexión con el territorio. Una más elevada, que les permitió sobrevivir durante miles de años en equilibrio con la naturaleza.

Tal como el escritor del extremo sur, Francisco Coloane, escribiera: “Lo que no hizo esa despiadada naturaleza en miles de años, lo hizo el hombre blanco”, en menos de un siglo…”

La experiencia navegable ocurre sobre una embarcación pesquera, adaptada para llevar pasajeros y es un espacio para la creación artística, pero también se concentra en la reflexión y el análisis crítico respecto a la circunnavegación de Hernando de Magallanes por el globo y las consecuencias de su llegada al continente. © Liquenlab 

Navegar desde los sentidos

La autora Andrea Wulf, en su libro, “La invención de la naturaleza”, sostiene que Humboldt concibió la tierra como un gran organismo vivo en el que todo estaba relacionado para así engendrar una nueva visión de la naturaleza. Decía también que era necesario medir y analizarla, pero también pensaba que nuestra reacción ante el mundo tenía que depender -en gran parte- de las sensaciones y las emociones.

Con ese ánimo invitamos a los seleccionados para la residencia a darle espacio a la experimentación de las emociones y sensaciones que despiertan estos líquidos laberínticos del Estrecho.

En este año 0, luego del arribo de muchas instancias de dolor y cambios profundos, salir a navegar por los fiordos del Estrecho que une a los dos grandes océanos no es solamente un regalo y una gran oportunidad para despertar, es también la opción de volver a empezar, de pensar en un nuevo mundo a partir de la transformación de nuestra propia consciencia.

Como escribiera la antropóloga Annette Laming durante sus expediciones en Patagonia occidental: “los hechos en última instancia pertenecen al mar y al viento”.

Sobre Residencia RADICANTE

La próxima convocatoria a la V edición de la Residencia Radicante será en Mayo 2021 y el tema será: Tema: ¿Es posible imaginar un nuevo mundo, desde el fin del mundo?

Las bases y la info la encuentra a través de: www.liquenlab.cl

Convocados a participar: Artistas de la Región de Magallanes y Antártica Chilena; artistas de Chile, artistas internacionales de diversas disciplinas.

Ruta: Estrecho de Magallanes

Formato: Residencia navegable

Días aproximados de la residencia: 3 a 6 días, en promedio.

© Liquenlab 

Sobre los Autores

Sandra Ulloa Mensing, Artista Visual y docente, desde el año 2004 co dirige el colectivo de arte “Ultimaesperanza” y el Encuentro Internacional de arte contemporáneo y Nuevos medios “LUMEN” en la Patagonia, es parte también de Liquenlab donde realiza la curatoría de exposiciones, charlas y talleres. IG @sandranebulosa

Nataniel Alvarez. Co fundador, junto a la artista Sandra Ulloa, de Liquenlab y el colectivo de arte «Ultimaesperanza»; en la ciudad de Punta Arenas. Artista visual, de formación autodidacta, que ha desarrollado diversos proyectos, explorando variados lenguajes como la ilustración, la animación y el vídeo; encontrando un espacio mucho mas afín con sus investigaciones, en el lenguaje de las artes mediales.

Sobre Liquenlab

Liquen-lab busca impulsar proyectos de creación contemporánea favoreciendo la relación entre arte y ciencia, utilizando la tecnología como medio exploratorio y expresivo. Liquenlab propone un modelo de aprendizaje y educación con talleres y residencias basados en el “HACER” dando importancia al proceso creativo y al trabajo colaborativo interdisciplinario.

Vivimos en las ruinas de una utopía logocéntrica y capitalista, donde los edificios espejados reflejan el humo de las revueltas sociales y sus bases son inaccesibles por latas protectoras. Las estructuras que sostienen la ciudad parecieran derrumbarse sobre sí mismas, mientras el pavimento roto deja ver la tierra que lo soporta.  Es en estos momentos […]

Vivimos en las ruinas de una utopía logocéntrica y capitalista, donde los edificios espejados reflejan el humo de las revueltas sociales y sus bases son inaccesibles por latas protectoras. Las estructuras que sostienen la ciudad parecieran derrumbarse sobre sí mismas, mientras el pavimento roto deja ver la tierra que lo soporta. 

Es en estos momentos de caos y convulsión, que nos preguntamos la significancia de «ser humano», seres racionales y culturales que renuncian a su pasado animal. Son justamente estos conceptos tan utilizados para hacer una diferencia entre el humano y la naturaleza, lo que a mi parecer es tan discutible. 

Nuestro pasado evolutivo es compartido con diversas especies homínidas, de cualidades antropomórficas, todas extintas. La nuestra es la única sobreviviente de este grupo. La historia evolutiva no es lineal ni exclusiva, pero muchos de nosotros aprendimos de nuestro linaje humano a través de una ilustración en la cual el macho australopithecus se va transformando progresivamente en el «hombre». Sin embargo, en esta ilustración tan utilizada nos perdemos un hito fundamental para la existencia de tal evolución: los 9 meses donde el homínido macho va tomando la forma de un homo sapiens, que se desarrolla en el vientre femenino. Esta omisión deja a una gran parte de la población excluida de la historia. 

Representación de la «evolución del hombre» propia del imaginario occidental. © Xataca.

En la evolución del «hombre», en la cual se supone que este va desde lo animal a lo racional, se generan una serie de binomios: cultura/naturaleza, racional/emocional, hombre/mujer, sujeto/objeto. En estos pares siempre existe una supremacía de los primeros. 

Araceli Gónzales doctora en historia cuya investigación se relaciona con género, religión  y relaciones humanas/no humanas alude a un término propuesto por Charlotte Perkins¹ para esclarecer esta situación: “androcentrismo”. Este concepto lo utiliza para referirse a una “manera de entender a las personas que permea las cosmologías, las ontologías y las epistemologías” (2012),  y que valora lo masculino por sobre lo femenino, siendo lo masculino equivalente a la primera parte de los binomios señalados. Pensando en esa jerarquía es que me pregunto ¿qué lugar es el que ocupan los animales?  y ¿dónde se encuentra la separación entre humano y animal? 

Colonización y zoológicos humanos: límites entre animalidad y humanidad

Durante la colonización se planteó este problema en relación a los indígenas, pobladores ancestrales del continente. En este contexto, la alteridad fue concebida “desde ópticas diferenciadoras, binarias y excluyentes” (Pimentel, 2015)², llegando a exhibir a indígenas de la Patagonia en zoológicos humanos. Este no es un caso aislado y tiene sus antecedentes en Hamburgo. Aquí, un empresario zoólogo, “habiendo adquirido ciervos en Laponia, en la costa ártica europea, y trayendo para su cuidado a un grupo de lapones” (Pimentel), descubrió el impacto que la otredad, no sólo animal, sino también humana, causaba en el público.

Fueguinos y mapuches en el Jardin d´Acclimatation de París, siglo XIX. © Christian Báez y Peter Mason.

Así ha pasado muchas veces, la población dominante, ya sea en cuanto a etnia, género, título u otros, se ha encargado de marcar límites entre ellos y nosotros, haciendo valer su supuesta superioridad y actuando de manera colonizadora. Cuando en realidad, si hubieran prestado atención a elementos de la cultura y creencia de muchos de estos pueblos, hubieran descubierto la riqueza cosmológica. Visión en la que en vez de seguir aislando y separando, intentaban comprender el mundo dentro de un todo, donde los animales, plantas y piedras conservaban los espíritus de nuestros ancestros. Un entendimiento cíclico de la vida.

Nosotros animales

En cuanto a las similitudes y diferencias entre lo humano y animal, podemos trazar paralelismos entre comportamientos animales  como el gruñir, morder o delimitar espacio marcando con orina, con conductas humanas que buscan mayor poder jerárquico. Pero, esto continúa siendo una mirada reduccionista del significado de «ser animal». 

El gruñido más potente es tan solo una de las conductas animales, por lo que podemos empezar a poner foco en otras. Como por ejemplo las formación en “V” de las bandadas: “los pájaros hacen turnos para ponerse en la situación de líder de la bandada, que exige un gran derroche de energía” relata Victoria Gill (2015) —reportera del área de ciencias de la BBC— esto permite que todos los miembros tengan un mejor rendimiento, especialmente en las migraciones que pueden ser muy severas. Existe cierta semejanza entre esta organización y el Consejo Federal suizo, que corresponde al órgano ejecutivo de este país. Se conforma por 7 miembros de los cuales, uno “es elegido presidente de la confederación por el plazo de un año”,  quien procede a dirigir “las sesiones del Gobierno y asume obligaciones representativas, principalmente en el extranjero” (Confederación Suiza, 2021),  para que luego otro pase a ocupar este rol.

Plataleas volando en «V» © Julia Craice

Estas estrategias generan organizaciones más bien rizomáticas, de las cuales podemos aprender para mejorar los sistemas poco sostenibles que hemos creado, y encauzar una forma de existir y convivir donde nos consideremos naturaleza y no como parte de un binomio. 

Cultura y naturaleza: del aislamiento a la colaboración

Los modelos económicos, urbanos e industriales en los que estamos insertos dejaron de ser la utopía del pasado, nos encontramos viviendo una distopía llena de jerarquías estáticas y de desigualdad. En la urbanización hemos pretendido a separarnos, alejarnos o aislarnos de la naturaleza. El claro antecedente, descrito por Francisco Calvo Serraller (2005) —quien fue un historiador, ensayista, crítico de arte y catedrático universitario español— son las ciudades amuralladas, donde los muros marcaban la delimitación entre urbe y naturaleza. Así, los viajeros fueron quienes se encontraron como extranjeros no solo en su destino, sino también en el paisaje que se extendía fuera de estos muros. A pesar de que ya no existan las ciudades amuralladas, la separación se ha seguido acentuando hasta llegar a este sistema insostenible. 

La realidad es que en el aislamiento no encontramos sustentabilidad, y nuestros sistemas cerrados no permiten colaboración necesaria para la vida en el planeta.

Sin embargo, la realidad es que en el aislamiento no encontramos sustentabilidad, y nuestros sistemas cerrados no permiten colaboración necesaria para la vida en el planeta. Según Anna Tsing, profesora de antropología en la Universidad de California, “La vida sólo es posible a partir de la interacción de muchos tipos de seres”, es por esto que existen diversas formas de interacciones ecológicas, donde ningún ser se encuentra aislado de su entorno. Para alcanzar este cometido, hay que aprender de la naturaleza y sus diferentes reinos, observar cómo funciona el cosmos y poner especial atención en nuestros sesgos formativos para no antropomorfizar lo que nos rodea. 

En la naturaleza incluso la vida y la muerte se percibe de una manera diferente a lo que estamos acostumbrados, pues no existe lo desechable, la muerte, en la podredumbre crea todo un sistema de vida en la cual, hasta este binomio es suprimido. Con esto podemos comprender cómo funciona la integración. Me parece que vivimos en un momento propicio para comenzar a integrar, comprender que en la alteridad también hay parte de nosotros, y que no podemos seguir separándonos de la naturaleza. Pues en ella existen una infinidad de opciones de organización y sistemas que se sustentan gracias a la coexistencia, permitiendo que distintos reinos y especies interactúen y se beneficien de ello.

Los hongos juegan un rol muy importantes en la descomposición de componentes orgánicos de los bosques. Es una muestra del continuo que nos presenta la naturaleza. © Tom Gill. 

¹ Charlotte Anna Perkins (1860-1935), fue una intelectual estadounidense multidisciplinar, muy activa en defensa de los derechos civiles de las mujeres.

² Carolina Pimentel Melo, es una académica y directora del diplomado Narrativa Audiovisual en Ciencias Sociales de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Central de Chile. Licenciada en Comunicación Social. Doctorando en Estudios Americanos, mención Pensamiento y Cultura, Universidad de Santiago de Chile.

Bibliografía:

Consejo Federal. (2021).  Confederación Suiza. Recuperado en marzo, 2021 de:https://www.eda.admin.ch/aboutswitzerland/es/home/politik/uebersicht/bundesrat.html

Gill, V. (2015). ¿Cómo se organizan los pájaros para volar en bandada? BBC news. Recuperado en marzo, 2021 de: https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/02/150204_pajaros_bandadas_vuelo_ac

González, A. (2012). Los conceptos de patriarcado y androcentrismo en el estudio sociológico y antropológico de las sociedades de mayoría musulmana. Papers, 98(3), pp. 489-504.

Montoya, D. (2019). Reseña de libro: Tsing, Anna Lowenhaupt (2015). The Mushroom at the End of the World: On the Possibility of Life in Capitalism Ruins. Princeton: Princeton University Press, 331 pp.. Sociedad y Ambiente, 18, 309-312. http://www.scielo.org.mx/pdf/sya/n18/2007-6576-sya-18-309.pdf

Pimentel, C. (2015). Monstruos en cautiverio: fotografía de fueguinos en zoológicos humanos y racismo. Revista Sans Soleil – Estudios de la Imagen, Vol 7, 2015, pp.103-115

Serraler, F. C. (2005) El paisaje. Los géneros de la pintura. En Serraller, F.C,  (pp. 233-266). Taurus

Imagen de Portada: «Hope» de Kevin Peterson. Su trabajo trata sobre los variados viajes que hacemos por la vida: crecer y vivir en un mundo que está roto. 

Sobre la autora: 

Artista chilena-suiza nacida en abril de 1993 en Concepción, Chile. Es Licenciada de artista visual y Magíster en Arteterapia, con una gran necesidad de estar en constante proceso de aprendizaje. Así, participó en diferentes cursos y seminarios. El 2017 fue parte de una residencia de arte organizada en The Admiral’s House en la Isla de Skye, donde pudo profundizar en la relación entre la naturaleza, el bosque y lo espiritual. Ha participado en exposiciones colectivas y en publicaciones editoriales como Salvoconducto de Espacio en Tránsito, próximo a ser publicado. El 2020 fue seleccionada en el XVI Premio Mavi Arte Joven. Actualmente se encuentra realizando la tutoría de arte de Grace Weinrib y trabajando en su taller en Santiago.

Los tiburones nunca fueron los malos de la película

“Acá estamos lidiando con una perfecta máquina devoradora, un milagro de la evolución… Lo único que hace esta máquina es nadar, comer y hacer tiburones bebés, eso es todo”, así describe el personaje Matt Hooper al “malo” de la película Tiburón. A pesar de que las películas se empeñan en mostrar esto, los tiburones son mucho más que máquinas de comer. En realidad, son animales fascinantes, sensibles y muy importantes para el equilibrio de los ecosistemas marinos. 

Que los tiburones sean eficientes cazadores no los hace ni malos ni peligrosos. De hecho, el ser humano ni siquiera está en su menú. El promedio de accidentes fatales con humanos es de tan solo 4 casos anuales en todo el mundo1 , los que pueden ocurrir por confusión con presas, defensa y territorialidad. Al final del día, es más probable morir por causa del corcho de un vino espumante, o tomándose selfies, antes que por el ataque de un tiburón2. 

Hace poco, la científica de tiburones, Melissa Cristina Márquez, me dijo: “no hay que temer a un mar con tiburones, hay que temer a un mar sin ellos”. Esa frase me hizo mucho sentido y recordé mis clases de biología marina (juventud, divino tesoro), donde me enamoré de estos animales ¡Ya era hora de manifestarme y escribir en su defensa! Así que espero disfruten este artículo donde les cuento por qué los tiburones nunca fueron, ni serán, los malos de la película.

A pesar de que las películas se empeñan en mostrar esto, los tiburones son mucho más que máquinas de comer. En realidad, son animales fascinantes, sensibles y muy importantes para el equilibrio de los ecosistemas marinos © Pexels.

Increíbles sentidos

No les temas, ¡mejor fascinate! Los tiburones3 tienen sentidos muy desarrollados. Con la línea lateral —células especializadas a ambos costados del cuerpopueden detectar movimientos del agua hasta unos 100 metros de distancia, dependiendo de la frecuencia, y también, mediante el oído interno, pueden oír vibraciones hasta casi 1 km de distancia. ¿Se imaginan percibir el mundo de la forma que lo hace un tiburón? 

Gracias a las ampollas de Lorenzini una red de electrorreceptores conectados a la piel los tiburones pueden detectar cambios en la temperatura del agua y los campos eléctricos. Estos es muy útil para identificar presas, posibles depredadores, individuos de su misma especie. También para orientarse y navegar. Incluso se cree que los tiburones podrían ser más sensitivos a los campos eléctricos que cualquier otro animal.

Acercamiento a las ampollas de Lorenzini © wiki commons

Además, su olfato es mucho más agudo que el de los humanos, pudiendo detectar olores a más un kilómetro de distancia, dependiendo de la concentración y las corrientes. Como dato curioso, hay estudios que sugieren que algunas especies (como Carcharhinus longimanus) pueden oler también en el aire y sacan el hocico fuera del agua para hacerlo.

Más que una cara bonita

¡Basta de pensar que los tiburones son cabezas huecas! En realidad estos peces con esqueleto de cartílago son muy inteligentes y sociales. Estudios científicos han demostrado que los tiburones tienen una alta capacidad de aprendizaje4 y poseen conductas que solemos atribuir a otros animales “más inteligentes”: se ha descrito que algunas especies forman lazos de amistad (sí, los tiburones tienen amigos) y también poseen personalidades propias5

Tiburones de arrecife (Carcharhinus amblyrhynchos) © Paula Ayotte (NOAA).

Por otro lado, además se ha demostrado que el ambiente social y el aprendizaje juegan un rol importante a la hora de elegir parejas. Es sabido que los tiburones logran reconocimientos sociales, agrupándose según tamaño, sexo y en grupos especie-específicos. Este reconocimiento individual formaliza las relaciones sociales, reduce la competencia y agresión, y facilita el aprendizaje social. 

Ya lo saben, antes de pensar en el tiburón como una tonta máquina de comer, recuerden que son animales con un comportamiento social complejo y gran capacidad de aprendizaje. 

Los tiburones son amigos, no comida

Los tiburones existen hace 400 millones de años. Imagínense, eso es 100 millones de años antes que los primeros dinosaurios. Lamentablemente, estos animales ahora enfrentan su mayor desafío evolutivo: la presencia del ser humano. ¿Recuerdan que les conté al inicio que los tiburones solo matan 4 personas al año? Bueno, por el contrario, las personas matan cerca de 100 millones de tiburones al año6, y a diferencia de lo que podríamos creer, son altamente sensibles a la pesca indiscriminada, ya que tienen un crecimiento lento, madurez sexual tardía y baja fecundidad. Al final, siempre fuimos nosotros los malos de la película.

La pesca comercial ha generado un declive en muchas poblaciones de tiburones, de hecho se han reportado disminuciones del 70, 90, y hasta 99% de la población de especies grandes y comerciales en ciertas partes del mundo. Esto ocurre porque muchas especies aparecen en la pesca incidental, es decir, mueren en artes de pesca que tienen otra especie como objetivo, o debido a que se pescan directamente para comercializar su carne (¿alguien dijo tollo o albacorilla?) o sus aletas. 

El aleteo es la práctica horrorosa de cortar las aletas de un tiburón vivo y arrojarlo al mar, donde muere de forma lenta y dolorosa. Como la comercialización de las aletas es mucho más rentable económicamente, el resto del animal se descarta y así las bodegas tienen más espacio para acumular más aletas. Éstas se usan como ingrediente clave en la sopa de aleta de tiburón, un caldo tradicional chino. Las fibras de las aletas adquieren una consistencia similar a la de los fideos, pero sin sabor ni valor nutricional.

Aletas de tiburón en formato seco y fresco para consumo. Barrio chino de Bangkok © Catalina Velasco

La amenaza que sufren los tiburones debería preocuparnos no solo por su valor intrínseco, que es el que tienen todas las especies por el hecho de habitar este planeta. Tampoco debería preocuparnos solo por el hecho de que estamos perdiendo animales inteligentes, carismáticos y maravillosos. Sino que, sumado a lo anterior, debería preocuparnos porque los tiburones, como depredadores tope, mantienen el equilibrio ecosistémico en los mares que habitan

Los tiburones, como depredadores tope, mantienen el equilibrio ecosistémico en los mares que habitan

Los tiburones son carnívoros, pero su menú es variado, por lo que si una especie disminuye en abundancia, comerá de otra que esté en mayor número. Así, estos maravillosos seres regulan las poblaciones de las especies que consumen. Sin los depredadores, las especies presa quedarían “fuera de control” y terminarían agotando sus propios recursos, provocando el colapso de todo el ecosistema. Como los tiburones tienen poca descendencia, sumado a la competencia entre ellos mismos, y otros factores, no necesitan este “control”; pero estas mismas características son las que los hacen tan vulnerables a la sobrepesca. 

No todo está perdido, involúcrate

El trabajo de la ciudadanía y la generación de lazos han sido claves para poder proteger áreas que en la actualidad evidencian una recuperación considerable en su población de tiburones. Por ejemplo, las poblaciones de tiburón blanco en las costas este y oeste de Estados Unidos se están recuperando probablemente debido a las medidas de conservación7. Lo anterior, muestra  que sí tienen resultados estos esfuerzos.

Pero aún queda mucho camino por recorrer para revertir la situación actual. Por lo que el llamado es a investigar y conocer tus organizaciones locales, y de otros países, para encontrar la inspiración necesaria para que nos comencemos a involucrar, ya sea por medio de donaciones o por la acción directa, ¡hay muchas opciones!

Estar cara a cara con tiburones en su entorno natural es una experiencia que cambia la vida, pero debemos asegurarnos que la agencia de buceo con la que decidamos tenerla considere una aproximación respetuosa hacia las especies. También que, en lo posible, esté involucrada en proyectos de conservación o investigación, así obtendremos valiosa información para poder pasar la voz y motivar a más gente a sumarse a la protección de estas maravillas del océano.

Los tiburones son carnívoros, pero su menú es variado, por lo que si una especie disminuye en abundancia, comerá de otra que esté en mayor número © Gerald Schombs.

1 https://www.floridamuseum.ufl.edu/shark-attacks/yearly-worldwide-summary/

2 https://www.dailycal.org/2017/06/30/14-things-kill-people-sharks/

3 Los tiburones como grupo superior hace referencia a toda la clase Chondrichthyes (condrictios): tiburones, rayas y quimeras. En este artículo acotamos el término tiburón a los escualos (superorden Selachimorpha).

4 https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/j.1467-2979.2009.00339.x

5 https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0022098117300035   https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/jfb.12993

6 http://wormlab.biology.dal.ca/publication/view/worm-etal-2013-global-catches-exploitation-rates-and-rebuilding-options-for-sharks/

7 https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0099240

Sobre la autora

Catalina Velasco Charpentier es directora regional para Magallanes de Fundación Mar y Ciencia, además es candidata a doctora en Ciencias Antárticas y Subantárticas de la Universidad de Magallanes. Puedes ver sus fotografías submarinas en el instagram @cata.fotosub

Sin lugar a dudas, una nueva Constitución tendrá que tratar el tema ambiental como pilar fundamental de un nuevo ordenamiento socio jurídico y, dentro de ello, nuestra relación con la naturaleza. Desde este punto de partida, ya el debate no debería centrarse en si el contenido de la carta magna debe garantizar o no mayor […]

Sin lugar a dudas, una nueva Constitución tendrá que tratar el tema ambiental como pilar fundamental de un nuevo ordenamiento socio jurídico y, dentro de ello, nuestra relación con la naturaleza. Desde este punto de partida, ya el debate no debería centrarse en si el contenido de la carta magna debe garantizar o no mayor protección a la naturaleza, sino que el punto debe ponerse en sobre qué vía o en base a cuál paradigma debiese hacerse.

En tal sentido, el título de esta columna contrapone dos visiones con bases tan antiguas como los constructos colectivistas o individualistas. Estos son la base de los derechos colectivos o derechos individuales, que en el fondo entregan una pauta para entender si la convivencia se establece como seres integrantes de una esfera mayor (seres sociales) o si los derechos se reconocen y ejercen relacionados a la individualidad del sujeto portador del mismo.

Es esta última concepción que sustenta la Constitución que actualmente nos rige, por medio de la consagración de la individualidad por sobre la colectividad. Claro ejemplo de ello es la preponderancia de la propiedad privada con sus fuertes atribuciones individualistas, que bloquean cualquier posibilidad de una planificación territorial extensiva, en donde la propiedad sea un elemento dentro de un bien mayor que consagre el bienestar común y la convivencia, entre otros puntos.

Debería configurarse una discusión que abra el debate de una nueva forma de relacionarnos con el resto del planeta, y no solo protegerlo desde una óptica de beneficio exclusivo para el ser humano

Dicho lo anterior, hablar sobre naturaleza en la nueva Constitución deberá tener como punto de inicio alguna de estas miradas, y la posibilidad de otorgar derechos a la naturaleza o a los individuos dentro de ella. Así debería configurarse una discusión que abra el debate de una nueva forma de relacionarnos con el resto del planeta, y no solo protegerlo desde una óptica de beneficio exclusivo para el ser humano. Es decir, es el primer paso para un escenario nuevo, en donde sea cual sea la corriente a seguir, la naturaleza tendrá un foco principal, sin pensar exclusivamente en que cuidarla tiene un beneficio exclusivo para las próximas generaciones de humanos, sino que para todos quienes habitan este planeta.

Lo que aquí me propongo es apostar a que lo que se discuta en el marco de una nueva Constitución tenga como prioridad la visión colectiva de derechos de la naturaleza. Esto, a la postre, podría garantizar la individualidad de los seres, sumado a su complejo sistema de interacciones.

Vista del río San Pedro de Inacaliri con el volcán Paniri en el fondo, Provincia de El Loa, región de Antofagasta. Su variabilidad en precipitaciones y en las temperaturas a distintas escalas proporciona variados tipos de ecosistemas. Este lugar es solo una pequeña muestra de los ecosistemas que encontramos en Chile © Trevor McKinnon.

Generalmente, y salvo algunas líneas diferenciadoras, el animalismo como movimiento que busca reconocer derechos en los animales, tiene una concepción basada en una visión individualista de lo que compone la naturaleza, y desde aquí lo que busca, dicho de una manera muy general, es otorgar derechos a los animales en su individualidad, tal y como históricamente la justicia ha reconocido principalmente derechos a los individuos por sobre la colectividad. De hecho, el incipiente derecho animal reconocido en la actualidad en nuestro ordenamiento jurídico, basado principalmente en la ley 20.380 sobre protección de los animales, la ley 21.030 sobre tenencia responsable de mascotas, y el Código penal, así lo demuestran. Las normas jurídicas chilenas entienden que esta legislación debe obedecer a los parámetros filosóficos individualistas.

Mi trabajo, experiencia y principalmente mi investigación asociada a las comunidades que conviven estrechamente con la naturaleza, me han hecho entender a esta como un ente complejo con fuertes redes de interrelaciones. Tal y como lo expresan muchas de las cosmovisiones indígenas o rurales, o como lo observan paradigmas propuestos desde el mundo occidental como el ecocentrismo o el biocentrismo.

Somos parte de un ecosistema o de la biósfera, y de su sistema de interacciones, lo que debería promover un sentimiento moral hacia nuestra biósfera actual, un sentido de pertenencia.

Aldo Leopold, en su famosa obra “La ética de la tierra” plantea ya en el año 1949 la necesidad de ampliar nuestra concepción moral hacia “la tierra”, y sumado al trabajo de otros pensadores tales como Kennet E. Goodpaster, Timothy Sprigge o Karen J. Warren, entre otros, dan a entender que el prefijo “bio” abarca mucho más que lo vivo desde lo individual (algo vivo), sino que contempla a la biósfera como una generalidad, lo vivo como algo colectivo, basado en interrelaciones constantes.

Holmes Rolston III, suma a esta idea la concepción de comunidad real, definida como “lo que cuenta con un grado de organización suficiente para moldear la conducta de sus miembros.”. Desde aquí se desprende también una visión ecosistémica no individualista de la naturaleza, de la que tanto seres humanos y animales sintientes son parte, es decir la organización como base de lo “bio”, que ordena nuestras interrelaciones.

Por último, y sin pretender hacer una revisión del desarrollo de la ética ambiental como disciplina filosófica, quisiera citar el concepto de “biofilia”, desarrollado por J. Baird Callicot y que se centra en la toma de conciencia de que somos parte de un ecosistema o de la biósfera, y de su sistema de interacciones, lo que debería promover un sentimiento moral hacia nuestra biósfera actual, un sentido de pertenencia.

La perdida de suelo, disminución de la disponibilidad de la calidad de agua y escasez de este recurso en las comunidades aledañas donde se realizan plantaciones de monocultivo de pinos son solo algunas de las consecuencias que sufren los ecosistemas gracias a las normas jurídicas vigentes © Constanza López.

Claramente la naturaleza, en donde nos incluimos tanto seres humanos como seres sintientes, no puede ser abordada desde el individualismo, porque sus niveles de interacciones y dependencias son tan altos, que es imposible no poder entenderla como un todo, como un colectivo integrado por diferentes especies y elementos.

Así, reconocerle derechos a la naturaleza es finalmente reconocernos derechos a todos: a los humanos, a los animales y a la protección de las múltiples interacciones dependientes entre sí , basándose en una teoría del valor sistémico, como un paso más allá de la teoría del valor intrínseco.

Una visión colectiva de derechos de la naturaleza nos permitiría abordar de mejor manera problemas tales como: la presencia de especies invasoras, la responsabilidad de quienes poseen mascotas frente a la fauna nativa, las limitaciones del actuar del ser humano frente al bienestar colectivo de todos quienes componen el planeta tierra, entre otros puntos. De esta manera, la concepción de derechos de la naturaleza, no solo propendería a reconocer derechos a la biosfera en su conjunto, sino que también buscaría limitar o derechamente extinguir derechos a los humanos en pos del bienestar colectivo.

Los derechos animales desde una visión individualista acarrea a la larga los mismos problemas al bienestar ambiental general © Juan de los Zorros

Reconocer derechos animales desde una visión individualista podría acarrear los mismos o nuevos problemas al bienestar ambiental general, que los que ha acarreado la visión dualista modernista clásica que separa la naturaleza de la sociedad.

En tal sentido reconocer derechos a los animales, subsumidos estos a los derechos de la naturaleza, sería entender que estos tienen no solo derechos a su individualidad, sino que tienen derechos a ser parte de hábitats en buenas condiciones, a que se mantengan corredores biológicos que permitan la subsistencia de las especies, limitando, porque no, el derecho a propiedad en pos de garantizar este derecho a la naturaleza. Además, se les podría reconocer a los animales el derecho a ser parte de la interrelación de la cadena trófica, a cumplir su misión para con otros seres como por ejemplo siendo diseminadores de especies vegetales, controladores de plagas, y así en un sin número de agencias más.

Marcha por el agua de ciudadanos de la localidad de Petorca. La comunidad denuncia apropiación ilícita de agua por parte de las empresas agropecuarias y sus plantaciones de paltos © Mar del Sur.

Por otra parte, si comprendemos que los animales y sus derechos deberían estar subsumidos a los derechos generales de la naturaleza, no es loco plantear que los humanos deberíamos también tener nuestros derechos vinculados al medio ambiente, subsumidos a los derechos de la naturaleza. En base a eso, el derecho humano al agua ya no solo debería entenderse por la necesidad humana. Es decir, existiría un derecho de la naturaleza y por ende ecosistémico a la mantención de cuencas y sistemas hidrográficos en buen estado, lo que garantizaría, en consecuencia, el derecho humano al agua.

En conclusión, podemos ver que la inclusión de derechos de la naturaleza dentro de la nueva Constitución, en conjunto con una institucionalidad asociada a protegerlos, como una defensoría de la naturaleza como órgano autónomo, permitiría no solo cuidar los derechos básicos de los humanos y del resto de los seres vivos, sino garantizar una relación estrecha y necesaria, que termine con la práctica que divide la sociedad de la naturaleza, determinando el paso a una nueva era, bajo nuevos paradigmas. 

Imagen de Portada: © Rafael Albornoz

Sobre el autor:

Andrés Pinto Espinosa es conservacionista, músico, montañista y abogado. Magister en Gestión del Patrimonio y de la Naturaleza y Magister (c) en Áreas Silvestres y Conservación de la Naturaleza. Es director ejecutivo de la Fundación Llampangui y asociado de Keule Consultores SpA.

Chile, un país de áreas protegidas sin protección

Chile tiene millones de hectáreas declaradas como áreas protegidas y cada nueva presidencia suma más territorios. Sin embargo, la falta de un plan nacional que permita unificar criterios bajo el mando de un solo ministerio y dé mayores recursos hacen que esa protección no sea real. 

 En 1983, Carlos Peña se convirtió en guardaparques por una coincidencia o, como él lo llama, “una situación circunstancial”. Su padre trabajaba en un predio vecino a Río Clarillo, en ese tiempo una Reserva Nacional. “Ahí conocí gente de la CONAF y eso me abrió las puertas”, dice Peña. “Yo sabía poco lo que era un área natural y nunca dimensioné lo que significa un área silvestre o un ecosistema natural”, agrega. En su primer trabajo como guardaparques comenzó su amor por la naturaleza. “Tuve que hacer un herbario y ahí pude descubrir la diversidad de plantas”, dice. Así, entre el intenso morado de la Calandrinia que se abre como un botonier entre sus hojas verdes o la Mutisia que desparrama sus pétalos anaranjados, Peña fue conociendo las más de 500 variedades de especies vegetales de Río Clarillo. “Muchas de ellas endémicas”, agrega. Ese amor fue creciendo al ver el río con aguas cristalinas y el último proceso de metamorfosis de una libélula. “Son cosas que a uno lo impactan”, dice. 

La Mutisia o Clavel del campo es una planta trepadora perenne con zarcillos. Es una de las hermosas  flores posibles de encontrar en el Parque Nacional Río Clarillo © Rejs.

En 2020, 40 años después de ese trabajo como guardaparques, Peña consiguió uno de sus mayores orgullos: la reserva Río Clarillo, ahora bajo su administración, se convirtió en el primer Parque Nacional de la Región Metropolitana. Pero, a 40 años de comenzar como guardaparques, él también ve varias amenazas para el ecosistema que ama. “El cambio de suelo para procesos de urbanización, el cambio climático que crea condiciones propicias para incendios forestales y los ingresos furtivos de gente que no tiene mucha conciencia de conservación son las principales”, explica. Río Clarillo y los ecosistemas de la zona central, sin embargo, no son los únicos en riesgo.  

Pese a que los últimos Gobiernos han declarado cientos de miles de hectáreas como áreas protegidas, estas zonas no están totalmente resguardadas. Incluso con los esfuerzos de CONAF y guardaparques como Peña, muchas de estas áreas están en riesgo por actividades extractivas o derechamente ilegales. Se requiere un plan nacional que esté bajo una legislación unificada y cuente con mayores recursos para que las áreas protegidas estén efectivamente protegidas.

Lo que significa áreas protegidas

La definición de lo que es un área protegida es simple, son territorios establecidos en los que se regula y administra con un fin claro: la conservación de la naturaleza y de los ecosistemas. En Chile hay al menos nueve denominaciones diferentes para las áreas protegidas, cada una con normativas diferentes: Parques Nacionales, Reserva Forestal, Parque Marino… Y los últimos Gobiernos, tanto de Piñera como de Bachelet, han aprovechado la popularidad de sus mandatos para declarar cientos de miles de hectáreas con estas denominaciones. 

Con esto, en una primera mirada, Chile parece no estar mal. El Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE) tiene 105 áreas bajo el resguardo de CONAF. Según la Corporación, esto equivale a 18 millones de hectáreas, el 21,3% del territorio continental. Y en ecosistemas marinos, las áreas protegidas ocupan el 42% de las 200 millas de Zona Económica Exclusiva. Según el Banco Mundial, lo anterior, a nivel comparativo, deja a Chile en el puesto 77 de casi 200 países entre los que tienen mayor resguardo de áreas terrestres y en el quinto puesto en áreas marinas. 

La protección, sin embargo, es más administrativa que real. “Hay un frenesí de declaraciones de áreas protegidas sin la posibilidad real de hacerse cargo”, dice Jorge Andrés Cash, jefe del área de Medio Ambiente de Elías abogados, quien fue jefe Legal del Ministerio del Medio Ambiente en el segundo Gobierno de Bachelet y ahora es candidato a la Constituyente. Además, menciona que “no hay evidencia concreta de que el Estado, una vez declara áreas protegidas, tenga cómo protegerlas”. La poca evidencia que hay mostraría que no las está protegiendo.

Parque Nacional Río Clarillo se ubica en la región Metropolitana de Santiago. Abarca más de 13.000 hectáreas de superficie, ​en un sector cordillerano en el interior de Pirque © Wikimedia Commons.

Áreas en riesgo

“Las áreas protegidas en Chile son altamente vulnerables”, dice María Isabel Manzur, investigadora de Chile sustentable. Y se remite a un estudio sobre su situación jurídica realizado por el Ministerio del Medio Ambiente junto al PNUD y el Global Environment Facility, que evidencia cómo de las 173 áreas protegidas estudiadas (terrestres y marinas de distintas categorías), en el 42% se ha desarrollado o ha habido intenciones de desarrollar proyectos industriales. Es decir, en 73 de las áreas protegidas el Gobierno vio amenazas a la conservación de parte de mineras, hidroeléctricas, gasoductos, entre otros. El estudio, pese a ser muy completo, es antiguo: fue publicado en 2011. “Es el más actualizado que tenemos y estamos a 2021”, dice Manzur. 

Pero ¿cómo un área que se supone protegida puede estar amenazada por actividades industriales? El problema, explica Manzur, es que la legislación es dispersa y desordenada. “Algunas áreas protegidas dependen de un ministerio y otras de otro, o de Bienes Nacionales, o de la CONAF”, dice. “El desorden impide una legislación y manejos integrales. Cada ministerio las maneja con sus propios criterios. Eso las deja permeables”, agrega. Y los criterios chocan entre ellos. Chile, pese a ser parte de la Convención de Washington, que establece que en los Parques Nacionales no se debe realizar explotación comercial, muchas veces deja de lado este tratado y privilegia la Ley 19.300 que sí permite la explotación. “No hay claridad jurídica y la justicia se divide entre esos dos elementos”, dice. 

A esto se suman otras amenazas, como el desarrollo de urbanización y cambios de uso del suelo, que advierte Peña en la zona central, o actividades derechamente ilegales. “Hay testimonios, desgraciadamente, de robo de madera o personas que entran y cazan o producen incendios forestales. Casos de delincuencia”, dice Italo Rossi, gerente de Áreas Protegidas de CONAF.

El problema es más grave en áreas marinas. “Ahí no tenemos protección efectiva, no hay presupuesto y recién se están creando los planes de manejo”, dice Flavia Liberona, directora ejecutiva de Fundación Terram. Y la vulnerabilidad de esas áreas quedó patente el año pasado, cuando una serie de reportajes de Ciper y medios internacionales evidenció que flotas de barcos chinos entran a pescar sin control de las autoridades. 

Al desarrollo industrial y de actividades ilegales se suma otra problemática: los ecosistemas no estarían debidamente representados en la distribución de los territorios protegidos. El mapa que muestra el Gobierno en su página web evidencia este problema: las áreas protegidas, marcadas en verde, ocupan gran parte del terreno hacia la Patagonia, pero hacia el norte se van volviendo pequeñas, escasas y separadas. “Hay ecosistemas subrepresentados, sobre todo la zona mediterránea, que es desde Coquimbo hasta el Biobío y es muy dramática la situación de la zona Metropolitana”, advierte Liberona. Un lugar azotado por la sequía y que, además, es el de mayor densidad de población.

Las áreas protegidas, marcadas en verde, ocupan gran parte del terreno hacia la Patagonia, pero hacia el norte se van volviendo pequeñas, escasas y separadas. Para ver en detalle: Áreas Protegidas © César Mattar

La recategorización de Río Clarillo fue un avance en esa zona, pero faltaría agregar más territorios. Peña resiente esto. “Tengo la esperanza de poder incorporar nuevas superficies en la zona central y que sean protegidas. Me gustaría lograrlo antes de terminar mi labor como guardaparques”, dice.

En las áreas marinas se daría el mismo problema. “En la zona costera hay muy pocas áreas protegidas. Y el problema de eso es que en los primeros metros de mar ocurre la fase temprana del desarrollo de muchas especies y hay mucha actividad humana”, dice Liberona. Y tras diez años de proyectos de ley medio ambientales, todavía no hay un cambio que contenga cómo mitigar estas amenazas.  

Un sistema nacional

El diagnóstico sobre cómo se puede resguardar a las áreas protegidas parece ser claro: se necesita un plan nacional que una criterios y con visión a futuro, junto a más recursos financieros para la conservación. Pero, que sea claro no significa que sea fácil de alcanzar.

En 2010, Chile reformó su institucionalidad ambiental y, al hacerlo, se estableció el compromiso de que el Ejecutivo ingresara a tramitación uno o más proyectos para crear un Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas y un Servicio Nacional Forestal. Y pese a que el primer Gobierno de Piñera envió dos proyectos, su tramitación se complicó en el Congreso. Mientras la creación de un Servicio Nacional Forestal fue rechazada en el Senado en 2012, la creación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Silvestres Protegidas y el Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas se tramitó hasta 2014, sin ser puesto a votación, cuando fue retirado. 

Ese mismo año, ingresó un nuevo proyecto que crea el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas y el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SBAP). Este fue aprobado en el Senado en 2018 y ahora está en tramitación en la Cámara de Diputados. Entre otros elementos, el proyecto establece que los parques nacionales sólo podrán ser desafectados por ley, siguiendo la Convención de Washington, y considera que la conservación no reconoce fronteras administrativas, lo que permite el resguardo de ecosistemas fuera de áreas protegidas y planes de restauración para áreas degradadas. Pero, tras dos años en la Cámara, aún no se tiene un servicio de áreas protegidas

Panorámica del primer Parque Nacional en la Región Metropolitana: Río Clarillo © Nicolás valdés Ortega.

Ahora, al parecer, habría acercamientos para poder aprobar el proyecto. “Estamos en una etapa crítica”, dice Manzur. “Estamos tratando de cerrar puertas para que no se permitan las actividades industriales y comerciales en áreas protegida”, dice. El proyecto que avanza en el Congreso podría unificar criterios en materia de protección. “Un sistema nacional permitirá elevar los estándares para tener una conservación más efectiva”, dice Liberona. Con un sistema nacional, la institucionalidad de protección ambiental quedaría en un mismo ministerio. Además, esto permitiría generar una visión unificada y a largo plazo para la protección de ecosistemas y, así también, definir prioridades. 

Al parecer, el proyecto de ley estaría avanzando, esto pese a que todavía hay cierta oposición (Rossi cree que no se necesitan cambios legales, que la administración debería seguir a manos de la CONAF y que solo se necesitan más recursos). Y en el Congreso los temas complejos, como el traspaso de los trabajadores de CONAF, se estarían destrabando. Pero, incluso si el proyecto logra aprobarse, la falta de recursos se mantendrá. Y este problema no es menor en Chile.

Nuestro país está entre los 10 que menos invierten en biodiversidad y, según publicó el PNUD en 2010, Chile gasta solo US$ 0,60 por hectárea protegida, lejos del promedio de América latina y el Caribe de US$1,95

Nuestro país está entre los 10 que menos invierten en biodiversidad y, según publicó el PNUD en 2010, Chile gasta solo US$ 0,60 por hectárea protegida, lejos del promedio de América latina y el Caribe de US$1,95. Rossi, de CONAF, admite que efectivamente los recursos y el presupuesto “no condice con la labor” que hacen. Dice también que están tratando de innovar con tecnología para suplir la falta de recursos, con herramientas como reservas online y cámaras trampa para monitoreo. “Estamos siendo creativos para cerrar brechas en financiamiento”, explica y agrega que, con más personal y control, los riesgos para las áreas protegidas disminuirían. 

Con la pandemia los recursos han escaseado todavía más. El presupuesto 2021 redujo en 9,5% los aportes fiscales destinados a las áreas protegidas. Y el escenario es más crudo si se desagregan los aportes: solo el 29% de los recursos para estas áreas proviene del Estado, mientras que el 71% viene de los ingresos de operación.

Carlos Peña lleva más de 40 años trabajando de guardaparques en Río Clarillo, consiguiendo recientemente que este lugar se transformara en Parque Nacional © Carlos Peña.

Manzur, sin embargo, es optimista. Cree que tener una legislación unificada es un buen primer paso. “Puede gestionar más recursos e, incluso, acceder a fundaciones privadas o impulsar actividades”, dice. Peña, al teléfono desde Río Clarillo, por su parte, comenta que los recursos siempre son insuficientes. “Pero siento que con el paso del tiempo ha habido un cambio en la sociedad”, admite. Cree que en los últimos años se está valorando más los espacios naturales. Además, cree que las autoridades y la comunidad, al fin, están entendiendo que de estos lugares depende su sustentabilidad: “Clarillo, por ejemplo, protege una cuenca. Estamos proveyendo agua a la comunidad. Ahora que estamos en un prolongado periodo de sequía, lo más probable es que si no se hubiera resguardado Clarillo, el impacto de la sequía sería mucho mayor”. 

Imagen de portada: Parque Nacional Huerquehue © Rafael Edwards

Sobre el autor

Camilo Castellanos es periodista especializado en economía y desarrollo inclusivo. Trabaja actualmente cubriendo macroeconomía y políticas públicas en el diario La Segunda, es editor de revista Escalando y colabora con diferentes revistas en Chile y Colombia. Además, es escalador y amante de los deportes al aire libre.

HAMMAM es un proyecto de investigación y creación en danza que explora las posibilidades del vapor de agua y el sonido en el cuerpo humano y su entorno. Javiera Peón-Veiga es coreógrafa y dirige un equipo multidisciplinario que ha producido, en el marco del proyecto, una serie de cápsulas sonoras, láminas poético visuales, futuras publicaciones […]

HAMMAM es un proyecto de investigación y creación en danza que explora las posibilidades del vapor de agua y el sonido en el cuerpo humano y su entorno. Javiera Peón-Veiga es coreógrafa y dirige un equipo multidisciplinario que ha producido, en el marco del proyecto, una serie de cápsulas sonoras, láminas poético visuales, futuras publicaciones y una próxima performance de danza que será montada en NAVE. En este texto explicamos los fluidos y las derivas de esta investigación.

Somos cuerpos de agua. El cuerpo humano está compuesto entre un 60% y 80% de agua. Somos cuerpos húmedos, y formamos parte de un sistema hidrológico interconectado entre interiores y exteriores. Dependemos de las relaciones que establecemos con los espacios dentro y fuera de nuestros cuerpos, del intercambio con el aire, de las entradas y salidas del agua en sus distintos estados. Somos una tecnología húmeda, inestable, transicional, y como tal, nos urge pensar nuestras relaciones con el entorno desde una perspectiva eco-somática: somos cuerpo y entorno a la vez, estamos dentro y fuera simultáneamente. Nuestras materialidades, fluidos, evaporaciones y sedimentaciones, forman parte de un ecosistema entrelazado, interdependiente y co-emergente. En HAMMAM nos interesa mover la conciencia hacia ese borde borroso entre el adentro y el afuera de nuestros cuerpos, entre lo material y lo inmaterial que derramamos y absorbemos en tanto cuerpos que habitamos dentro de otros cuerpos y que nos habitan cuerpos, y otros cuerpos.

HAMMAM es un proyecto de investigación-creación en el ámbito de la danza y las Artes Vivas, que indaga acerca del vapor de agua y el sonido como medios de contacto y afectación. El vapor y el sonido son elementos que nos ayudan a interrogar esa frontera entre la materialidad y la inmaterialidad de las cosas. 

Experimentación escénica en residencia en NAVE © Fernanda Ruiz

El vapor es un estado del agua expansivo, difuso, impredecible, sin contornos, y nos permite pensar en los límites entre los cuerpos, la frontera entre lo visible e invisible, la experiencia somática y el movimiento en relación a la baja definición, lo borroso, lo inestable, lo entre. El sonido posee la habilidad para moldear y modificar la materia a través de la vibración y las frecuencias, por tanto nos preguntamos por su infinita capacidad para afectar y movilizar los cuerpos físicos, mentales, energéticos, así como por sus posibilidades de penetrar las conciencias y regenerar estructuras. Exploramos y nos relacionamos con el vapor y el sonido como cuerpos medioambientales: medios conectores y contenedores con poderes táctiles.

‘Hammam’ es una palabra árabe que significa ‘esparcidor de calor’, y tiene relación con espacios sociales de baño, baños públicos, donde la medicina del vapor purga y limpia los cuerpos y el espíritu. Existen diversas prácticas de baños de sudor/calor en distintas geografías y culturas, con arquitecturas variadas y tecnologías que gatillan la transición entre estados; una de ellas es el contraste entre el calor y el frío. El hammam y los baños han sido históricamente recintos de encuentro. Son experiencias donde lo íntimo y lo público se tocan. En el proyecto HAMMAM exploramos el baño como fenómeno de purga, creando ambientes húmedos volcados a la escucha y al encuentro colectivo de manera íntima.

Flotar / proceso de investigación en residencia en el desierto de Atacama © HAMMAM

De alguna manera, HAMMAM es una continuación de proyectos anteriores dirigidos por Javiera Peón-Veiga, en los que ha volcado su interés a la creación de experiencias inmersivas donde el sonido y la vibración actúan como vehículos de transformación corporal y medio de encuentro, y en donde el sonido es concebido como performer y cuerpo que mueve y moldea el espacio-tiempo. 

En HAMMAM, expandimos la búsqueda hacia el vapor, encontrándonos en la necesidad de estudiar al agua y los diversos sistemas acuosos del cuerpo. Fue decisivo un viaje en residencia al desierto de Atacama, luego del cual fuimos entrelazando y atendiendo a las conexiones y resonancias entre la circulación y transformación del agua a nivel corporal y los sistemas hídricos de la Tierra, en particular del territorio chileno. Así nos empezó a interesar abrir otras narrativas respecto a la experiencia corporal y la sensibilidad ecosomática por medio del enganche entre cuerpo humano y Tierra, cuerpo y geografía, como parte de un mismo sistema húmedo, enfatizando el agua como materialidad con diversos movimientos constituyentes de todo cuerpo-territorio.

El sistema hidrológico de la Tierra es una gran red interconectada. Los diversos sistemas de fluidos del cuerpo se comunican y transforman sus aguas traspasando membranas. Ambos sistemas hídricos dibujan circuitos, compartimentos, irrigan determinadas zonas, generan paisajes y ecosistemas locales, específicos. Todo esto es parte de un sistema global de redes de agua, distribuidas entre las superficies, los interiores y la atmósfera, y que adopta distintos aspectos, consistencias y velocidades. Esas transiciones del agua de un estado a otro, de un color a otro, de una composición a otra, como cuando la linfa pasa a la sangre o cuando un río se mezcla con el mar, nos sitúa en la dimensión transicional de la materia y en la vitalidad que la constituye. Nos orientamos a desdibujar los contornos de la geografía corporal y terrestre, esbozando un pensamiento húmedo de conexión líquida a toda escala: una malla de agua. Nos preguntamos por el comportamiento del clima del cuerpo, y por la gestión del agua en los territorios donde nos desenvolvemos y en nuestros propios cuerpos.

Geomorfologías del proceso de investigación en residencia en el desierto de Atacama © HAMMAM

Escritura, su deriva sonora y performativa

En marzo pasado, cuando volvimos de la residencia en el desierto de Atacama, llegó la pandemia y tuvimos que reinventar paulatinamente nuestra manera de trabajar. Esto abrió sorpresivamente un espacio de contacto mediante la escritura: una práctica escritural colectiva y simultánea que surgió como sustrato creativo y sistema de relación. El cuerpo del proyecto pasó a ser la escritura y todos los textos que fuimos derramando a lo largo de meses de teletrabajo se convirtieron en la carne en la que seguimos amasando las ideas y reflexiones. En simultaneidad, estas escrituras se transformaron en 18 cápsulas sonoras. Todo ese entramado de sonidos, prácticas de escucha, de escrituras –entre lo científico, poético y especulativo– y todo el pensamiento como caldo de cultivo, retroalimenta un suelo del cual hemos ido canalizando diversas producciones: cápsulas sonoras, láminas poético-visuales alojadas en el Instagram del proyecto, una serie de publicaciones que están en proceso, una próxima performance en vivo, así como instalaciones y conciertos vaporosos que realizaremos en el futuro en espacios públicos y salas.

Imagen creada para la cápsula sonora M / Residencia en el desierto de Atacama © HAMMAM

Concebimos las cápsulas sónicas como espacios ecosomáticos que intentan afectar por medio de la sonoridad y la oralidad y están diseñadas para ser escuchadas con audífonos. Intentamos tratar al sonido como si fuera un tatuaje vibracional, una acupuntura sónica que viaja y se propaga por medios elásticos y penetra los cuerpos. La sonoridad la abordamos como un medio para movilizar la carne y fluidos que nos constituyen; las memorias, emociones, campos vibracionales, con la intención de dilatar y masajear, electrificando otros circuitos de conectividad. 

Las cápsulas tienen un carácter rústico y una confección artesanal, ya que las fabricamos con los medios que teníamos a mano y atesoramos esa imperfección. En estas se integran registros de campo de fuentes de agua como géiseres, cascadas, tuberías, goteras, ollas a presión, bombas hidráulicas, humedales, agua de la ducha, en fin, diversas manifestaciones del agua en nuestros entornos cotidianos y extracotidianos. Todos estos sonidos fueron realizados a través de hidrófonos caseros, grabadoras de audio, celulares, grabación de voces y lectura de textos desde el clóset de nuestras casas. Las cápsulas tratan poéticamente asuntos variados como la memoria del agua y su capacidad de almacenaje de data, la temperatura y las sensaciones térmicas que puede despertar el sonido, la circulación del agua dentro y fuera del cuerpo humano, la celebración de la vida de las piedras, la deformación del lenguaje, el descanso regenerativo, entre otros. Todo este sustrato sonoro ha ido informando y es la fuente desde donde elaboramos la performance en vivo que esperamos estrenar pronto.

Atrapanieblas: una metodología de drenaje

En un punto nos encontramos con los atrapanieblas y nos dejamos guiar por su sabiduría. La recolección de humedad atmosférica es una tecnología muy antigua que se ha redescubierto en tiempos modernos. Los atrapanieblas son estructuras diseñadas para que, al pasar la niebla por ellas, las gotas de agua se capturen en sus mallas. Encontramos en ello una resonancia con el pensamiento húmedo que veníamos fabricando, y fuimos desarrollando una metodología con un sistema de malla/filtraje. Entre prácticas de escritura y escucha, generamos procesos de absorción y drenaje, como integración de los nuevos contenidos, hallazgos y derivas, y su transducción a otros medios como propuesta de conocimiento sensible. A través de las sesiones teórico-prácticas, el sistema de filtros ha sido el movilizador de la investigación. Así también lo es comprender a cada cuerpo como un atrapanieblas: tecnología/organismo que capta y transforma el agua de un estado a otro, o una subjetividad generativa a través de la experiencia. Un cuerpo esponja, perforado, permeable, abierto a relaciones porosas, dispuesto a ser atravesado por la circulación promiscua de fuerzas, informaciones y residuos en diversas escalas; un abordaje transmedial y transdisciplinar de multiverso creativo implicando medios somáticos, sonoros y visuales que apunta a una práctica de tráfico, a una práctica promiscua.

Referencias

Aaland, M. 1978. Sweat. Santa Barbara, Capra Press

Bennett, J. 2010. Vibrant Matter. A Political Ecology of Things. London, Duke University Press

Emoto, M. y Citro, M. 2013. La Ciencia Invisible del Agua. España, Editorial Cegal

Haraway, D. J. 2019. Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthuluceno. Bilbao, Consonni

Morton, T. 2007. Ecology without Nature: Rethinking Environmental Aesthetics. Cambridge, Harvard UP, Print

Morton, T. 2010. Guest Column: Queer Ecology. PMLA 125 (2): 273-282

Morton, T. 2016. Dark Ecology. For a Logic of Future Coexistence. New York, Columbia University Press

Neimanis, A. 2012. Hydrofeminism: Or, On becoming a Body of Water. In Undutiful daughters: Mobilizing Futures Concepts. Bodies and Subjectivities in Feminist Thought and Practices, eds. Henriette Gunkel, Chrysanti Nigianni, and Fanny Söderbäck. New York, Palgrave Macmillan

Strahler, A. y Strahler, A. 1994. Geografía física. Barcelona, Omega. 

Más información de HAMMAM:

www.linktr.ee/estoesunhammam

www.instagram.com/estoesunhammam/

Imagen de portada: Experimentación escénica en residencia en espacio NAVE © Fernanda Ruiz

Tortel, caleta de turberas

Caleta Tortel, con sus pasarelas perfumadas de ciprés, su cercanía a los fiordos y su dureza austral, es uno de los emblemas de la Región de Aysén. Muchos terrenos en sus alrededores corresponden a sitios muy húmedos, donde crecen plantas y musgos formando cojines o alfombras. Las especies que allí priman son el musgo pompón […]

Caleta Tortel, con sus pasarelas perfumadas de ciprés, su cercanía a los fiordos y su dureza austral, es uno de los emblemas de la Región de Aysén. Muchos terrenos en sus alrededores corresponden a sitios muy húmedos, donde crecen plantas y musgos formando cojines o alfombras. Las especies que allí priman son el musgo pompón (Sphagnum magellanicum) en las zonas protegidas del viento; o bien la Astelia (Astelia pumila) y Donatia (Donatia fascicularis) en las zonas altas expuestas al viento. Los más antiguos de estos sitios tienen un suelo formado por un sustrato oscuro, blando, restos de esas plantas y agua. Tales sitios son ecosistemas con características especiales llamados Turberas, y conocidas en Caleta Tortel como turbas o tembladeras.

A primera vista las turberas parecen inútiles. Nadie introduce ganado a pastar en ellas, ya que tienen poco pasto o plantas apetitosas, y en cambio suelos blandos donde los animales pueden hundirse y morir atrapados. Si quisiéramos construir una casa, la turbera sería el peor lugar. Los cimientos para sostenerla se hundirían con el tiempo, hasta dejarla enterrada en el “barro”. Y si quisiéramos plantar papas o lechugas, el exceso de agua de la turbera terminaría por ahogar nuestros almácigos. Entonces te preguntarás ¿para qué sirven las turberas? o ¿por qué perdemos el tiempo prestándoles atención? Hay un par de razones simples pero importantes. Para conocerlas, hundámonos un poco en estos ecosistemas.

Atrapamoscas, Donatia en flor y Musgo Pompón en turbera de Tortel. © Carolina Rodríguez

Un ecosistema de restos

Las turberas son ecosistemas originados por la acumulación de turba, el sustrato oscuro y húmedo con restos de plantas semi-descompuestas que forma sus suelos. Así, las turberas poseen los únicos suelos del planeta capaces de autogenerarse, ello gracias a las plantas especiales que las habitan. Los restos que decaen de las plantas se depositan en el suelo húmedo, y gracias al agua y la baja temperatura, se descomponen muy lentamente, acumulándose año tras año. Así, se forma un sustrato de suelo a base de restos de raíces, hojas, tallos, musgos, madera e incluso partes de insectos. Ese sustrato se llama turba. Las turberas cumplen funciones muy importantes como reserva de agua, mitigadoras del cambio climático, refugios de biodiversidad, y como amortiguadores de la erosión e inundaciones. Sin embargo, en algunas regiones de Chile, muchas turberas fueron explotadas y devastadas para extraer musgo pompón y turba. Tal es el caso de la Región de los Lagos y desde hace algunos años también la de Aysén. Pero vamos por parte.

En las turberas crecen plantas adaptadas a la humedad (por ejemplo juncos, totoras y musgos). Mientras que en los bosques la mayoría de los organismos que descomponen la materia orgánica para alimentarse (bacterias, micro-organismos e insectos) precisan oxígeno para existir, en las turberas sólo sobreviven organismos capaces de descomponer la materia orgánica bajo el agua, llamados “anaeróbicos” (an= sin, aeróbico=aire). Estos organismos son menos numerosos, se demoran en llegar y son lentos para comer. Por ende, no acaban el buffet al cabo de una temporada, sumándose al menú de restos de plantas del periodo anterior, las que decaen durante el actual. Al ser la acumulación de materia orgánica (el buffet) más rápida que su descomposición (la comilona de los organismos anaeróbicos), se forma la turba.

Las turberas cumplen funciones muy importantes como reserva de agua, mitigadoras del cambio climático, refugios de biodiversidad, y como amortiguadores de la erosión e inundaciones.

Los científicos Hans Joosten y Donald Clarke estudiaron por décadas las turberas del mundo. Estos turberólogos definieron que si el suelo tiene ≥30% de materia orgánica (o sea, de restos de plantas muertas) se le puede llamar turba. Así mismo, pudieron constatar que si la capa de turba tiene un grosor ≥30 cm, entonces estamos frente a una turbera. Estas definiciones no son absolutas y se relacionan con la capacidad del ecosistema para desarrollarse y regenerarse.

Hebras de musgo Pompón vivo (Sphagnum-magellanicum) de hasta 24 cm de largo © Carolina Rodríguez.

Depositarios de la historia del territorio

Mientras la turbera permanezca húmeda, los restos orgánicos depositados en la turba persistirán. Así, quienes estudian la turba, encuentran en ella la historia de los bosques, erupciones volcánicas, climas y cambios en el paisaje. Por ejemplo, en una turbera localizada en zona montañosa del río Pascua fueron hallados restos de Juncáceas que existieron hace cerca de 4.600 años (según datación 14C). Tales muestras fueron extraídas de turba a 3 metros de profundidad, en un ecosistema donde hoy dominan plantas pulvinadas, como la Astelia pumilia y la Donatia fascicularis (Rodríguez Martínez, 2015).

Por otro lado, las plantas de las turberas tienen tejidos porosos capaces de acumular mucha agua. Cuando las plantas decaen y forman la turba, mantienen esa cualidad. Se calcula que las turberas almacenan un 10% del agua dulce del planeta fuera de los glaciares (Joosten & Clarke, 2002). Con su gran porosidad, la turba actúa como una esponja, convirtiendo las turberas en grandes reservas de agua dulce y en tremendos amortiguadores naturales ante inundaciones. En efecto, muestras de turba de musgos Sphagnum magellanicum extraídas del sector de Los Remolinos, a 3 km de Caleta Tortel, atestiguan la capacidad de retener 93% de su peso en agua. Entonces, las turberas absorben enormes volúmenes de agua ante las crecidas estivales de los ríos de Aysén, reduciendo los daños por inundaciones, comunes a lo largo del Baker, Pascua y Nef, producto de vaciamientos abruptos de lagos glaciares (GLOF’s por su abreviación en inglés).

Otro aspecto mundialmente valorado es la capacidad de las turberas de reducir el dióxido de carbono atmosférico (CO2), uno de los gases responsables del calentamiento global. Las plantas que alguna vez habitaron una turbera, absorbieron de la atmósfera el CO2, usando el carbono (C) para crecer, y liberando oxígeno (O2). La estimación del volumen, área y tipo de sustrato de las turberas es clave para valorar su captación de CO2. Según un estudio actual (Xu et al., 2018) 4,23 millones de km² en el planeta están cubiertos por turberas. Eso es 3% de la superficie terrestre. Investigaciones realizadas por Leifeld & Menichetti (2018) han calculado que esa área ha almacenado en forma de turba un tercio del carbono presente en los suelos del planeta (cerca de 644 gigatoneladas), que de otra manera estaría en la atmósfera en forma de CO2. Las turberas de Aysén que atestiguan el mayor almacenamiento de carbono son aquellas cuya turba se forma por restos de ericáceas (Pernettya mucronata y Empretrum rubrum), con un 55% de carbono en el total de materia orgánica. Este es uno de los sustratos más comunes en turberas cercanas a Tortel (Rodríguez Martínez, 2015).

Turberas sanas y húmedas almacenarán carbono, pero si son perturbadas, drenadas, su turba extraída, o peor aún, quemada, el carbono sería emitido voluptuosamente como CO2 a la atmósfera. La destrucción de las turberas podría liberar 65 veces la cantidad de CO2 que en 2018 generó el consumo de combustibles fósiles en el planeta (autos, vuelos e industrias) (http://www.globalcarbonatlas.org/en/CO2-emissions). Así, las turberas dañadas acelerarían el calentamiento global, con todas las consecuencias que ya conocemos o no tardaremos en conocer.

Renovales de Ciprés de las Guaitecas en Turberas cercanas a Caleta Tortel © Carolina Rodríguez.

Lo que sabemos y lo que falta por saber

La resiliencia biológica que las turberas brindan ha sido documentada a nivel mundial (Kimmel & Mander, 2010). En la Patagonia de Aysén, esa resiliencia fue clave durante los grandes incendios provocados por los colonos a comienzos del siglo XX. Durante ese periodo, las turberas conservaron en sus suelos saturados los renovales y semillas de Ciprés de la Guaitecas (Pilgerodendron uviferum), y de otras especies amenazadas, cuya reforestación hoy se promueve en Aysén.

En Chile se trabaja en calcular el área total de turberas, pues las cifras existentes son ambiguas, producidas por sensoría remota y con escaso trabajo de campo. Al menos sabemos que la mayoría se encuentra en la Patagonia Chilena, desde Los Lagos a Magallanes. Según el Plan Nacional de Protección de Humedales, Patagonia albergaría cerca de 3,7 millones hectáreas de turberas, con 340.000 hectáreas en Aysén (MMA, 2018).

Las turberas, sin embargo, son vulnerables debido a su formación lentísima. Aysén por ejemplo, tiene una tasa de acumulación de turba de 0,5-1,0 milímetros por año, siendo necesarios 1000 a 2000 años para acumular un metro! (Rodríguez Martínez 2015). Las épocas de sequías y los drenajes airean la turba, dando paso a organismos aeróbicos (y ya no solo los poquitos comensales anaeróbicos) que descompondrán la turba, liberando el CO2, mineralizando la turba y anulando así su acumulación.

Camión en ferry Crux Australis rumbo a Magallanes, cargado de musgo pompón cosechado en cercanías de Tortel © Carolina-Rodríguez.

Glaciares verdes en amenaza

Actualmente, la gran amenaza a las turberas chilenas es la extracción del musgo pompón (Sphagnum magellanicum). Este musgo, principal formador de turba, se exporta como insumo hortícola, especialmente a Taiwán y otros países asiáticos. Mientras más larga sea la hebra del musgo, más alto es su valor comercial. En Chile su extracción está pobremente regulada y los datos científicos sobre su desarrollo son escasísimos. Ello se debe a que los experimentos sobre su crecimiento duran varios años, y muchos “pomponeros” (quienes extraen el musgo) no quieren postergar su provecho económico inmediato. En Magallanes, los estudios muestran un crecimiento de la hebra del musgo entre 2,5 y 5 mm por año (Domínguez & Larraín, 2012), por lo que la regeneración de una cosecha de hebras de 14 cm demoraría 28 a 56 años. Allí, la extracción del musgo pompón genera un beneficio económico reducido a una década, mientras que sus consecuencias (emisión de CO2, inundaciones, etc.) durarán cientos de años, hasta que el ecosistema logre recuperarse.

Quienes estudian la turba, encuentran en ella la historia de los bosques, erupciones volcánicas, climas y cambios en el paisaje.

La situación se agrava, por tratarse de una actividad extractiva foránea sin antecedentes en las prácticas locales, adoptada por comunidades carentes de experiencias ancestrales de manejo y de conocimientos sobre ciclos naturales de estos ecosistemas, mucho menos sobre las consecuencias de su destrucción. Ejemplo de ello es la Isla Grande de Chiloé, donde desde hace tres décadas se ha extraído turba y musgo pompón de las turberas (Díaz et al. 2005). Las turberas eran los “glaciares verdes” de la isla, y en parte almacenaban los 2000 mm de precipitaciones invernales que caen en Chiloé, manteniendo un equilibrio hídrico durante los veranos secos de la isla. (www.es.climate-data.org). Por ejemplo, el 2016 la crisis hídrica estival impuso la necesidad de camiones aljibe para distribuir agua en diversas comunas de Chiloé (Noticias soychile.cl, 2016). Junto al crecimiento de la población, la demanda de agua de las salmoneras, las plantaciones de pino y eucaliptus, el cambio climático y la destrucción de las turberas han agravado el desastre hídrico de la isla.

Nos sobran razones para valorar las turberas. Las comunidades de sitios aún prístinos de la Patagonia chilena donde éstas abundan, tales como Caleta Tortel, pueden exigir a sus gobernantes la protección y manejo sensato de esos ecosistemas. Especialmente, porque existen formas de ponerlas en valor, sin impactos ecológicos y con beneficios económicos comunes. Así demuestran diversas iniciativas internacionales en turismo de intereses especiales, centros de educación ambiental, museos paleo-ecológicos de sitio, y ventas de bonos de carbono asociadas a turberas. De esa forma, muchos sitios de Aysén podrían desarrollarse sustentablemente para que Tortel pueda seguir siendo una linda Caleta con “caleta” de turberas.

Típico paisaje de turberas prístinas en las cercanías de Tortel © Carolina Rodríguez.

Referencias

Diaz, M.F, Larrain, J. & Zeggers, G. (2005) Antecedentes sobre la importancia de las turberas y el pompón en la isla de Chiloé. Fundación Darwin, 32 pp.

Dominguez, E. & Larraín, J. (2012) Sphagnum magellanicum (pompon): el musgo de la turbera. INIA-CRI-KAMPENAIKE. Informativo N°31, 2012.

Joosten, H. & Clarke, D. (2002) Wise use of mires and peatlands -background and principles including a framework for decision-making. International Mire Conservation Group & International Peat Society, Saarijarvi, Finland, 304 pp.

Kimmel, K. & Mandar, Ü. (2010) Ecosystem services of peatlands: Implications for restoration. Progress in Physical Geography, 34 (4), 491-514.

Leifeld, J. & Menichetti, L. (2018) The underappreciated potential of peatlands in global climate change mitigation strategies. Nature Communications, 9 (1071), 1-7.

Ministerio del Medioambiente MMA (2018) Plan Nacional de Protección de Humedales 2018-2022.

Rodríguez Martínez, A.C. (2015) Hydrogeomorphic classification of mire ecosystems within the Baker and Pascua Basins in the Region Aysén, Chilean Patagonia – a tool for their assessment and monitoring”. Tesis doctoral. Bodenkundliche Abteilung der Humboldt Universität zu Berlin. Alemania.

Noticias soychile.cl (2016) www.soychile.cl/Chiloe/Sociedad/2016/11/06/427935/Chiloe-habitantes-rurales-se-organizan-para-combatir-escasez-de-agua.aspx.

Xu J., Morris P.J., Liu J., Holden J. (2018) PEATMAP: Refining estimates of global peatland distribution based on a meta-analysis. Catena, 160:134-140.

Sobre los Autores

Carolina Rodríguez 

Socióloga de la Universidad de Chile, Máster en Manejo Integrado de Recursos Naturales y Doctora en Ciencias Agrarias por la Humboldt-Universität zu Berlin. Desde 2008 investiga y difunde la importancia de las turberas en Chile, Argentina, Sudáfrica, Kirgistán y Alemania. En 2015 cofunda en Chile la iniciativa www.miresofchile.cl y trabaja como investigadora, educadora ambiental y guía de naturaleza. Actualmente reside en Alemania. Contacto: carolina.rodriguez@miresofchile.cl

Marvin Gabriel

Geógrafo físico y Máster en Ecología del Paisaje egresado de la Leibniz Universität Hannover. Doctor en Ciencias Agrarias por la Humboldt Universität zu Berlin. Desde 2010 investiga y difunde la importancia de las turberas en Chile, Alemania y Sudáfrica. En 2015 cofunda en Chile la iniciativa www.miresofchile.cl y trabaja como investigador, educador ambiental y guía de kayak. Actualmente reside en Alemania. Contacto: marvin.gabriel@miresofchile.cl

Imagen de portada: Típico paisaje de turberas prístinas en las cercanías de Tortel © Carolina Rodríguez.

Provincia del Choapa: un suelo por conocer

“El suelo… Algunos pensarán que es pura tierra, mas es quien sostiene la vida de todos” así comienza la aventura animada por la provincia del Choapa, protagonizada por un chulengo adolescente llamado Lucho Apa, que a través de su viaje enseña conceptos sobre la importancia del suelo. La Hacienda el Durazno, terreno de más de […]

“El suelo… Algunos pensarán que es pura tierra, mas es quien sostiene la vida de todos” así comienza la aventura animada por la provincia del Choapa, protagonizada por un chulengo adolescente llamado Lucho Apa, que a través de su viaje enseña conceptos sobre la importancia del suelo.

La Hacienda el Durazno, terreno de más de siete mil hectáreas de conservación de flora y fauna © Fundación Llampangui.

Fundación Llampangui, ubicada en la comuna de Canela, exactamente en el Parque Hacienda El Durazno, es una organización que nació desde un núcleo familiar que decidió mantener este terreno de siete mil hectáreas para la conservación de la flora y fauna de la zona. Desde el 2003 han tomado medidas de acción y desde el 2017 son una fundación con todas las de la ley. 

Lucho Apa es el protagonista del nuevo proyecto “Norte ¿Pura tierra?” que nació gracias a la postulación que hizo la fundación al programa de divulgación científica Explora de CONICYT . Se compone de una serie de dípticos con material educativo además de la serie animada que se encuentra en todas las plataformas, para ser entregado a la mayor cantidad de escuelas de la provincia del Choapa. 

El viaje comienza en la Raja de Manquehua pasando por la Reserva Nacional Las Chinchillas, ya que está en proyecto un camino ecológico para conectar ambos espacios, y termina en el Parque Hacienda El Durazno. Paulina Pezo miembro del área de educación, comenta que “Lucho Apa nació gracias a la pandemia. Es parte de toda la reformulación que tuvimos que hacer del proyecto. Íbamos a hacerlo de otra manera, pero le dimos un giro y decidimos hacer una animación”. Paulina explica que “En un momento salió lo del guanaco que hacía un viaje de sabiduría y de crecimiento personal y todo tiene que ver con la madre suelo que es la que nos contiene”. 

Para la creación de estos cuatro episodios, se contactaron con la diseñadora integral e ilustradora Claudia Závala, que tiene experiencia con la creación de videos pedagógicos como el Bosque Esclerófilo.  “Ellos me encontraron a mí” explica Claudia, quien se dedica a trabajar a través de la metodología design thinking que trata de abarcar desde principio a fin una historia y no solo enfocarse en la parte gráfica. “Con la animación se permite mucho… que no solo la gente de la zona pueda aprender algo de ahí, que conoce, pero no tan bien. Si no que también sea un medio digital y esté en redes sociales, y que mucha más gente se pueda enterar. Conocer para valorar”, relata. Cada video contiene detalles que permite a los profesores detenerlo. 

Mira el primer capítulo de la serie aquí.

Fundación Llampangui y el rol social dentro de la comuna del Choapa 

En la actualidad hay dieciséis habitantes en el centro de rehabilitación y rescate de guanacos. Pero no solo se dedican a la protección de todo lo que esté en el perímetro del parque, también trabajan en conjunto con las comunidades. Claudia Scognamillo, bióloga que también es parte de la educación ambiental que difunden, cuenta que “Todos somos muy conscientes que unas de las herramientas para la conservación es la educación”. 

La fundación logró implementar el proyecto de pozos con energía solar. La bióloga describe que “tiene que ver con la coexistencia de la fauna y la biodiversidad nativa y las actividades de subsistencia con los habitantes de la zona. Entonces se ideó la extracción de agua con energías limpias”. Agrega que “este es un parque de conservación privado. Es super importante destacar esto porque las personas no tienen esa figura tan en mente. Solo el 1% del territorio, a nivel regional, está protegido y estas iniciativas privadas pueden aportar mucho por esa parte”. Hay poco territorio fiscal que pueda ser cuidado.

Además, con ayuda del banco Santander lograron cercar una parte del terreno donde se encuentra un bosque de arrayanes, flora extraordinaria en una zona donde la mayoría de la vegetación son matorrales. 

Guanacos, los habitantes del Parque Hacienda El Durazno 

Andrés Pinto es el director ejecutivo de la fundación. Decidió sumarse a este proyecto familiar con miras de expansión. Así, estudió derecho, profesión que practica a la par con su carrera musical. Cuenta que “En el año 2003 logramos instalar un centro de rehabilitación y rescate de guanaco que es la fecha que contamos como un inicio más claro y a fines del 2016 (el año 2012 decidí estudiar derecho para tener herramientas para llevar este proyecto de conservación) creamos la fundación para institucionalizar este proyecto”. La decisión de institucionalizarse fue para poder postular a fondos, trabajar en conjunto con servicios estatales además de la visión social que hay de las organizaciones. 

“El terreno fiscal es mucho menor en comparación a otras regiones. Acá el rol de los privados, es fundamental” cuenta Andrés agregando que “La idea es ampliar la visión de una conservación integradora, pública-privada, es vital para que no solo podamos extender la superficie de conservación si no que involucrar a otros actores. El estado dispone y propone los territorios conservados y la idea es darlo vuelta y hacer que la comunidad decida cuáles son sus espacios importantes”. 

Uno de los antagonistas del parque, además de los años de sequía que azota a la cuarta región, es la minería. La Fundación Llampangui ha estado luchando constantemente contra la minería que se introducen al parque.El director de la organización cuenta que “Esto no lo podemos hacer solo nosotros como fundación, sino que también tiene que haber un cambio de actitud desde las políticas públicas. Acá hay un momento clave, que es el momento constituyente donde nos olvidamos de repente que el derecho y el privilegio del sector minero también está consagrado de manera constitucional”.

Hace dos años ganaron una batalla legal contra un mediano minero que insistía en entrar al terreno y concesionar el subsuelo donde yacían minerales, sin respetar a las comunidades que vivían cerca: los guanacos. La corte de apelaciones de La Serena rechazó la constitución de servidumbre para la explotación minera en base a que existía el Centro de Rescate de Guanacos.

Guanacos en el Parque Hacienda el Durazno © Fundación Llampangui

Según el artículo de la revista Justicia Ambiental, sobre Instrumentos de Conservación Ambiental En La Legislación Minera, “se podría entender que la jurisprudencia en este caso considera también como población, la existencia de un grupo de animales que desarrolla su vida en el sector. Esto se condice perfectamente con una interpretación extensiva del término población” (p. 17). 

Lo que se viene ahora para la Fundación Llampangui es la mudanza de Andrés desde Santiago a La Serena, para poder estar más cerca de la zona. Además el proyecto “Norte ¿Pura tierra?” está postulando al Congreso Internacional de educación por el desarrollo sustentable junto a Lucho Apa, el aprendizaje y su aventura por el Choapa.

El proyecto «Norte ¿pura tierra?» tiene como objetivo contribuir a la cultura científica en niños y niñas sobre el SUELO de la provincia del Choapa.

Imagen de portada: La Hacienda el Durazno © Fundación Llampangui.

Sobre la autora:

Gabriela Cortés estudió en la Escuela de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado. Hoy es una de las fundadoras de la revista Pasto Seco en la Provincia del Choapa, cuya línea editorial pretende denunciar la crisis medio ambiental en la zona.