Desde sus orígenes el ser humano ha mutado y se ha adaptado al medio que lo rodea. La evolución es la transformación que adquiere a través de la creación de técnicas y manipulación de su entorno. A diferencia de lo que se cree, dicha mutación comenzó con cambios biológicos y no en el cerebro. “Se diría que la documentación es suficiente para demostrar que el cerebro se ha beneficiado de los procesos de la adaptación locomotora en vez de provocarlos” dice Leroi - Gourhan (1971) antropólogo, etnólogo y arqueólogo francés.

Una vez que la humanidad tuvo conocimiento del mundo que lo rodeaba, inició un proceso de innovación del entorno con el propósito de sobrevivir y adaptarse. La relación entre naturaleza y humano ha estado desde los inicios, y una vez que este entendió lo que podía conseguir con la comunicación y la producción del entorno, encabezó un proceso de construcción en pro a su desarrollo. 

Hoy en día, nos encontramos en una sociedad globalizada, en donde no existe tiempo, espacio, ni límites; el problema es que dicha manipulación del medio que nos rodea, junto con el gran avance tecnológico que hemos logrado y el querer estar “conectado” en todo momento, ha provocado una crisis ambiental que nos está destruyendo. 

Región del Maule. © Bárbara Bastidas.

El calentamiento global es consecuencia de la crisis climática que vivimos, la cual se refiere a la variación en el clima del planeta. Las consecuencias son múltiples: temperaturas extremas, derretimiento de glaciares, sequías, catástrofes naturales, etc. La única manera de poder detener esta crisis, es que comencemos por adoptar un estilo de vida cuya palabra base sea: “sostenibilidad”. Este concepto se entiende como la manipulación y que el uso de los recursos de nuestro entorno no afecte la relación de dicho entorno con generaciones futuras. La idea es que logremos vivir en equilibrio con el medio ambiente y evitar que nuestra huella ecológica genere un impacto negativo en el planeta. 

La idea es que logremos vivir en equilibrio con el medio ambiente y evitar que nuestra huella ecológica genere un impacto negativo en el planeta.

El 17 de mayo del 2021 —es decir, ayer— Chile se convirtió en el primer país de Latinoamérica en entrar en un sobregiro ecológico. El día del sobregiro de un país es la fecha en la que se agotarían los recursos naturales del mundo que están destinados para ese año. Esto no es nuevo, sin ir más lejos el año pasado Chile también fue el primer país Latinoamericano en entrar en sobregiro un 18 de mayo. De hecho, según La red global de la huella ecológica (GFN) la biocapacidad de Chile es de 3,5 hectáreas globales (gha) por persona, y la huella ecológica que utilizamos hasta  esa fecha fue de 4,3 (gha). La biocapacidad, es la capacidad biológica de los ecosistemas para regenerar recursos y absorber los desechos generados por los humanos. Estamos en deuda con el planeta; y esto no es algo que sucede ahora, ni el año pasado. Desde el 2017 que estamos entrando en sobregiro ecológico. Los gastos excesivos están relacionados con la deforestación, la escasez de agua dulce, la pérdida de la biodiversidad, la acumulación de CO2 en la atmósfera, entre otros.

El hecho de que vivamos en un mundo globalizado, donde cada día el desarrollo económico, la conectividad y el avance tecnológico sean cruciales para la “sobrevivencia”, ha provocado graves problemas en nuestro entorno. Somos una sociedad que sobreexplota los suelos, que necesita estar conectada de manera digital y también física. Si el mundo viviera como Chile, a esta altura ya no habría recursos naturales renovables, y si ese fuera el caso, ¿cómo podríamos seguir conectados?, ¿hacia dónde nos llevaría la explotación de la tierra y los océanos?, ¿cómo podríamos seguir sobreviviendo? “Escucha atento, tenemos la posibilidad de oír la canción de la tierra, su temblor y estremecimiento queda intacto a pesar del ruido enorme que el hombre hace en su superficie explotada hasta el agotamiento” menciona el filósofo surcoreano Byung-Chul Han (2014). El sobregiro es una alerta, debemos entender y escuchar esa advertencia y pensar en tener una vida más sostenible para encontrar el equilibrio con nuestro entorno. 

El covid-19 ha matado a millones de personas en el mundo y la cifra aumenta cada día. Las cuarentenas se han hecho presente en diversos países y la frase “quédate en casa” se transformó en nuestro mantra. Cuidemos a la persona que está a nuestro lado, a los adultos mayores, y sobre todo, a nosotros mismos. Debemos ser conscientes del peligro que corren nuestras vidas y tenemos que ser responsables para que los contagios se detengan y pronto volvamos a abrazarnos. La pandemia no es simplemente un suceso que nació en Wuhan y se expandió por el mundo, sino que es la consecuencia de la crisis ambiental que enfrentamos.

Si todo el mundo fuese como Chile, ayer habría sido el día en que la Tierra entraba en sobregiro ecológico. En la imagen un bosque en Suecia. © Eduardo Contreras.

La sobreexplotación del medio en el que vivimos ha provocado el crecimiento de las ciudades y la población. Cada día construimos en lugares inusuales, destruyendo espacios llenos de biodiversidad; un claro ejemplo es que mientras estamos resguardados en nuestras casas, diversos animales han entrado a las ciudades y caminado por sus calles. La pandemia es quizás esa sirena que necesitábamos para despertar de este mundo digital.

La relación que tenemos con la naturaleza ha ido empeorando y ya no es una dependencia de mutuo beneficio, sino que la humanidad se ha aprovechado de ella. Debemos ser conscientes como sociedad de nuestra relación con el medio ambiente y todos los seres que habitan en él. Ahora que nos encontramos “detenidos”, es momento de cuestionarnos nuestra forma de vida y transformar ciertos hábitos en unos más saludables con el planeta. Nada puede evitar que sigamos creando y desarrollándonos, pero hay que entender que aquel cambio provoca una mutación en el medio ambiente y debemos hacernos cargo. “La crisis sanitaria forma parte de aquello que no es una crisis, siempre pasajera, sino una mutación ecológica duradera e irreversible”, comenta Bruno Latour (2020), filósofo, sociólogo y antropólogo francés. 

No poder abrazar a las personas que queremos ha sido uno de los retos más difíciles que hemos tenido que aceptar. No juntarnos en cumpleaños o fechas importantes nos ha hecho dar cuenta de lo significativo que es para la salud mental compartir con nuestros seres queridos. El objetivo de la sostenibilidad no tiene que ver con lo bueno o malo que es algo, sino enseñarnos a ser conscientes con los sucesos y saber hasta qué punto usar cierto “producto” para que no cause daño al planeta. 

Cada día construimos en lugares inusuales, destruyendo espacios llenos de biodiversidad; un claro ejemplo es que mientras estamos resguardados en nuestras casas, diversos animales han entrado a las ciudades y caminado por sus calles. En la imagen el Desierto Florido, Atacama.© Bárbara Bastidas.

Gracias a las plataformas digitales podemos conectarnos con nuestros seres queridos, podemos hacer las compras de nuestra casa, trabajar y estudiar, hacer deportes y divertirnos; pero al mismo tiempo, ¿tenemos en cuenta el impacto energético que generamos en el planeta?, todo deja una huella de carbono, es imposible no tener un impacto en el medio. Han es tajante en decir que “cojeamos tras el medio digital que, por debajo de la decisión consciente, cambia decisivamente nuestra conducta, nuestra percepción, nuestra sensación, nuestro pensamiento, nuestra convivencia” (2014). Las tecnologías de información y comunicación (TIC), generan un gran impacto ambiental. Cada vez que guardamos información en nuestro disco duro, dejamos nuestros celulares cargando toda la noche, cada televisor y notebook encendido, cada like en redes sociales, tiene un impacto ecológico. Es difícil de creer, porque es algo habitual en nuestras vidas, pero nuestros aparatos digitales, e incluso la luz, afectan el medioambiente. En respuesta a lo anterior la ONG WWF creó, en Sidney, la “Hora del planeta”, iniciativa que tiene como objetivo generar conciencia sobre el cambio climático y la carga energética que usamos. Por lo que una vez al año, por una hora, se deben apagar todas las luces para darle un respiro a la Tierra. A su vez, muchas organizaciones ya están trabajando en crear herramientas más sustentables, como “The Green web foundation” en Holanda, “The shift Project” en Francia, “La Cop” o el “Acuerdo de París”. Ya no se trata sólo de escoger un hábito sobre otro, sino entender qué problema hay detrás de lo que haces o compras.

Estamos en una de las crisis sanitarias más grandes de los últimos tiempos y lo único que piensan algunos es que termine luego para volver a retomar todo y seguir con el desarrollo. Sin embargo, “si todo se detuvo, todo puede ser puesto en tela de juicio: cuestionado, seleccionado, ordenado, interrumpido de una vez por todas” dice Latour (2020). Cuestionemos, pensemos y tengamos una vida más sostenible y respetuosa con el medioambiente, si lo que queremos es un futuro para nosotros y las próximas generaciones. 

Referencias

Agenda París. (18 de mayo del 2020). Chile es el primer país en Latinoamérica en entrar en sobregiro ecológico este 2020. El mostrador. Recuperado de: https://www.elmostrador.cl/agenda-pais/2020/05/18/chile-es-el-primer-pais-en-latinoamerica-en-entrar-en-sobregiro-ecologico-este-2020/

Han, B. (2014). En el enjambre. Barcelona: Herder. 

Han, B. (16 de mayo del 2020). Byung-Chul Han: “Deberiamos redefenir la libertad a partir de la comunidad”. Diario U de Chile. Recuperado de: https://radio.uchile.cl/2020/05/16/byung-chul-han-deberiamos-redefinir-la-libertad-a-partir-de-la-comunidad/

Lara, E. (15 de mayo del 2020). Este lunes Chile acabará con todos sus recursos naturales renovables disponibles para el 2020. Bio bio Chile. Recuperado de: https://www.biobiochile.cl/especial/aqui-tierra/noticias/2020/05/15/este-lunes-chile-acabara-con-todos-los-recursos-naturales-disponibles-para-2020-segun-ong.shtml

Latour, B. (2020). ¿Qué medidas se pueden pensar para evitar el regreso del modelo precrisis?. Recuperado de: https://oplas.org/sitio/2020/04/11/bruno-latour-que-medidas-se-pueden-pensar-para-evitar-el-regreso-del-modelo-precrisis/

Leroi Gourhan, A. (1971). El gesto y la palabra. Venezuela: Biblioteca de la universidad central de Venezuela.

WWF (2020). Hora del planeta. Recuperado de: https://www.wwf.es/nuestro_trabajo/clima_y_energia/hora_del_planeta/#

Sobre la Autora

Karina Ortega Álvarez es comunicadora audiovisual y guionista chilena de 28 años. Actualmente reparte el tiempo entre sus estudios de periodismo en la Universidad de Santiago de Chile, un voluntariado en una fundación defensora de los DD.HH y proyectos personales. Siempre ha sido apasionada por la escritura y la literatura, y en su búsqueda personal y profesional, ha escrito historias de ficción y no ficción, pasando por diversos géneros. Hoy apunta a concientizar a través de la escritura, para así poder crear una sociedad comprometida con la cultura y el medioambiente.

Imagen de Portada: © Shane Rounce.

Siete meses antes de que la misión Apolo 11 aterrizara en la Luna, otro viaje espacial hizo historia en la Navidad de 1968. Apolo 8 fue la primera misión tripulada de la NASA que viajó hasta nuestro satélite. Los astronautas William Anders, Frank Borman y James Lovell dieron 10 vueltas a la Luna sin llegar […]

Siete meses antes de que la misión Apolo 11 aterrizara en la Luna, otro viaje espacial hizo historia en la Navidad de 1968. Apolo 8 fue la primera misión tripulada de la NASA que viajó hasta nuestro satélite. Los astronautas William Anders, Frank Borman y James Lovell dieron 10 vueltas a la Luna sin llegar a aterrizar en su superficie. La misión tenía como objetivo probar la eficiencia del sistema Apolo. Pero uno de sus grandes legados fue fruto de un momento que nadie, ni siquiera la NASA, había planeado. Los tres astronautas a bordo del Apolo 8 rodearon la cara oculta de la Luna y, al salir de la oscuridad, se encontraron con una visión que nadie había presenciado antes: la esfera de la Tierra iluminada flotando en la negrura infinita del espacio. Su color era un pálido azul-gris, los océanos se veían inmensos y las nubes lo cubrían casi todo. El hombre había viajado para encontrarse con su propio reflejo desde aquella distancia inconcebible. Lo que hoy es una fotografía muy conocida —hasta un lugar común—, hace más de cincuenta años cambió la imagen que la humanidad tenía de sí misma. ¿Qué otra imagen ha tenido esa fuerza y significado?

«La luna es una especie de existencia vasta, solitaria y prohibida, o expansión de nada…ciertamente no sería un lugar muy acogedor para vivir o trabajar», comentaban los astronautas del Apolo 8 al fotografiar por horas sus miles de cráteres estériles. © NASA

Anders es el autor de Earthrise, o «salida o amanecer de la Tierra», la foto que muestra a la Tierra azul y plena de vida emergiendo en un mar oscuro sobre el horizonte gris y desierto de la Luna. El lanzamiento de Apolo 8 tuvo lugar el 21 de diciembre del 68 y la imagen fue captada por Anders el 24 de diciembre. Una emoción que Anders resumió en pocas palabras: «Fuimos hasta la Luna a explorar la Luna, pero lo que descubrimos fue la Tierra».

En esta nueva celebración del día de la Tierra, quisimos recordar las implicancias que tuvo esta primera imagen de nuestro gran hogar. La fotografía tomada por la misión de Apolo 8 no solo se transformó en unas de las imágenes más vistas y reproducidas en la historia del siglo XXI, sino que también forjó la energía para la creación del movimiento ambiental. Dos años después del Apolo 8, en 1970, se celebraría en Estados Unidos la primera versión del «Día oficial de la Tierra».

La fotografía de Earthrise ayudó a empujar el movimiento ambiental e inspiró el primer Día de la Tierra, celebrado el 22 de abril de 1970. © Creative Commons

En un corto documental estrenado en 2008, a medio siglo de la misión del Apolo 8, se entrevistaron a los tres astronautas partícipes. El documental abre con la siguiente pregunta. ¿Hay algún trauma psicológico cuando ven la Tierra alejarse? Esa pregunta los lleva a reflexionar respecto a las emociones que tuvieron al ver la imagen de la Tierra desde el espacio negro, oscuro, vacío de vida. «Debo confesar que todos nosotros, cuando vimos la Tierra ascendiendo sobre el paisaje lunar, dijimos, «esto es todo».

La radicalidad de esa conciencia de que la Tierra es lo único que tenemos en el inmenso universo, que no hay más lugar para la vida, dio pie a una serie de reflexiones en torno al cuidado que debemos tener con ella, como también a que es lo único que guardamos en común como seres humanos habitantes del planeta Tierra. La imagen, una de las más valiosas para el siglo XX, hizo que por un instante las personas se vieran a sí mismas como ciudadanos de la misma Tierra.

Publicada el 10 de junio de 1969, esta edición especial de Revista Life tuvo en su portada la imagen capturada durante la misión del Apollo 8. © Life Magazine

«Fuimos hasta la Luna a explorar la Luna, pero lo que descubrimos fue la Tierra».

La estampilla de Estados Unidos que conmemoró la misión del Apolo 8. © Creative Commons

Mira el cortometraje «Earthrise», dirigido por Emmanuel Vaughan-Lee a continuación:

Imagen de portada: La fotografía original de “Earthrise”, capturada por Bill Anders el 24 de diciembre de 1968. © NASA

Identidad, pandemia y crisis climática

Hace falta mucho más que cambiar de hábitos para salvar el mundo, ¿Puede una comunicación más consciente y consistente ser la clave para una cultura no extractivista de consumo?

La propuesta es una reflexión sobre el rol de la comunicación frente al escenario de pandemia junto a la crisis climática que nos toca vivir. Pensar cómo y por qué no alcanza con «aprovechar» el parate global a causa de la pandemia para detener el cambio climático, la buena voluntad, influencers del «bien» y una cultura de consumo más sustentable. Se trata de consolidar – con mucho trabajo – otras identidades, que si bien son mucho más antiguas que la occidental moderna, necesitan apoyo para sostenerse y perdurar, para encontrar un lugar dentro de las que fueron construidas por décadas recostadas sobre el consumo.

En un contexto de pandemia y aislamiento social, vivimos transformaciones que pensamos serían definitivas. Sin embargo, en la nueva normalidad nos daremos cuenta que tal vez celebramos algunos cambios demasiado pronto: la reducción de la contaminación, la tendencia de las personas a valorar lo simple/lo básico/los afectos antes que lo material, el descenso en el consumo en general.

Para que se trate de un cambio de raíz debe darse no sólo la obligatoriedad de la distancia social y el impedimento de realizar gran parte de las actividades que hacíamos en la época pre pandemia. Se necesitan de otras variables.

La reducción del consumo responde a que muchas personas perdieron su empleo. Por otro lado, las ventas por Internet se dispararon para comprar alimentos y productos de higiene, entre otras cosas que no podrán ser utilizadas hasta que la vida social se reanude. Compras como una suerte de promesa de que esa vuelta será “como antes”. También, por desgracia, hay indicadores de que los gobiernos están más dispuestos a financiar combustibles fósiles a renovables a pesar de la amenaza de la crisis climática.

¿Porqué creemos que el mundo va a cambiar si el sistema en el que vivimos sigue siendo el mismo?

Se trata de estar dispuestos y dispuestas a transformar también nuestra identidad, esa que durante décadas formó la escuela, la familia, el barrio, las amistades y además con gran éxito  el trabajo y el mercado. Parece obvio recordarlo, pero el consumo es otra forma de percibirnos, reconocernos y vincularnos.

Los modelos de negocio del capitalismo tradicional están en discusión hace tiempo. Muchos negocios, tanto las pequeñas como las grandes industrias, vienen ensayando un giro en sus modos de producir, los modos de comunicar y de generar identidad. Algunos de los interrogantes son los mismos de siempre pero se requiere que habiliten nuevas respuestas y preguntas más específicas: ¿a qué público se le habla? ¿qué busca ese público? ¿cómo se puede seguir siendo rentable y brindar información de calidad? ¿qué se entiende por rentabilidad y sustentabilidad? ¿cómo contribuir desde la comunicación a otros modelos, no extractivistas, no acumulativos, en sintonía con las nuevas lógicas de producción, consumo y circulación? En esa línea la propuesta es reflexionar, a través de la dimensión comunicacional como hilo conductor, sobre las transformaciones y los caminos posibles de otros modos de producción que derivan en la construcción de prácticas culturales colectivas autónomas y otros sentidos de pertenencia.

¿Cómo contribuir desde la comunicación a otros modelos, no extractivistas, no acumulativos, en sintonía con las nuevas lógicas de producción, consumo y circulación?

Comunicación para mantener la alegría (y el orden establecido)

La comunicación hasta hoy entendida como sustentable apunta a corregir las fisuras del sistema ya establecido y no a repensar las raíces profundas del porqué de esas fallas. Las raíces son el mismo modelo productivo que sostiene jerarquías y linealidades tradicionales que no pretende modificar. El objetivo al fin y al cabo es siempre el mismo: maximización de ganancias con mínimos recursos en pos de la acumulación. En esa línea, la comunicación, más allá de los avances, se piensa en clave tradicional: lineal, jerarquizada, enfocada en llegar al destinatario y lograr el objetivo establecido. Dar un mensaje sólido y cerrado, que logre tejer cierta identidad común con el público, pero nada de ello garantiza que apunte a formas no extractivas de consumo. Hay muchos enredos alrededor del término sustentable y no se reduce a usar un término por otro, hay una manera de ver y hacer en el mundo a través de cada palabra.

 Tal como el humano, las comunicaciones deben ver a la naturaleza como un sujeto de derechos, una entidad viva que merece respeto, ser consultada y escuchada. Crédito: Evie. 

Comunicación occidental universal

Desde que se desató la pandemia muchos emprendimientos y negocios tuvieron que reformular su trabajo. A algunos, los que tenían foco en la producción lenta y comercio justo, con interés de ser sostenibles social y ambientalmente, se les sumaron las inquietudes no resueltas que traían desde antes. Se trata de proyectos que son muy difíciles de sostener con las herramientas de los modelos de negocio tradicionales: fallan los mensajes, el contacto y la posibilidad de establecer un vínculo circular. Clientes ansiosos por la novedad, por las ofertas, por los recambios de temporada. A la par los emprendimientos están ávidos por crecer, ganar dinero, conseguir más clientes y reconocimiento.  Se conforma una gran maraña de contradicciones, los modos tradicionales de producir y comunicar colisionan contra las nuevas necesidades y modos de hacer. Reaprender se vuelve cuesta arriba, porque las estructuras establecidas no funcionan o encaminan a estos proyectos por aquellos rumbos hacia donde no quieren ir.

Caer en la cuenta de que combatir la precarización laboral y la depredación ambiental no es sólo cuestión de políticas públicas y de buenas intenciones, sino también de transformación cultural, es más doloroso de lo que parece. Recae en las manos de quienes compran la responsabilidad sobre las desigualdades sociales. El consumo voraz está instalado, con o sin pandemia, con o sin crisis climática.

En este marco, una de las herramientas más poderosas del capitalismo, la comunicación, sigue siendo vista como un concepto sin fondo, transparente, del que se pueden decir tantas cosas como sean posibles y cada cual lo adapta según su conveniencia. La manera en la que entendemos los y las occidentales a la comunicación en sentido amplio, no es más que una manera. Tanto los pueblos indígenas como las culturas orientales tienen otras cosas que decir al respecto, o si no quieren decir nada sobre ella, tienen otras maneras de ejercerla.

Hay varios elementos y dimensiones que entran en juego:

  • economías regionales con lógicas circulares no capitalistas
  • valores culturales no occidentales
  • transmisión no lineal ni jerárquica de saberes
  • vinculación con el entorno natural y social no extractivo
  • relaciones de trabajo no jerárquicas
  • redes de intercambio no competitivas entre emprendimientos, empresas, proyectos

Éstas son sólo algunos ejemplos y en cada una de ellas es posible profundizar con investigaciones enriquecedoras.

Combatir la precarización laboral y la depredación ambiental no es sólo cuestión de políticas públicas y de buenas intenciones, tiene que ver ante todo con una transformación cultural. Crédito: Etienne Girardet.

¿Es posible el consumo no extractivo?

Estos días coinciden con la fecha del sobregiro ecológico, como una confirmación amarga de que celebramos antes de tiempo la pandemia solamente alargó a 3 semanas la fecha en la que agotamos los mal llamados recursos naturales del año. Con pandemia y una enorme cantidad de actividades frenadas o reducidas en su volumen seguimos dando rienda a  un consumo que nuestro planeta no puede sostener.  ¿Se puede consumir menos o de otra manera? ¿Alcanza con consumir menos? Esta última pregunta ya fue respondida hace tiempo y es un no rotundo, por eso a lo largo de estos párrafos intento poner el foco en otro lado, en un una suerte de reseteo cultural.

El consumo no extractivo puede ser una salida siempre que no se confunda con un consumo igual al de siempre pero más lento. Dejar de ver a la naturaleza como un banco de tomar y llevar y tratarla, sino es como un sujeto de derechos por lo menos, como una entidad viva que merece respeto, ser consultada y escuchada. El consumo capitalista favorece la búsqueda constante de una pretendida novedad, el consumo consciente y no extractivo es aquel que entiende cierta necesidad de determinados consumos que además portan una carga simbólica e incluso espiritual a largo plazo. El vínculo es otro, un vínculo que han tenido muchos pueblos antiguos con la naturaleza y desconocemos por completo en occidente de qué se trata y cómo se construye y cultiva.

Las teorías de la comunicación occidentales son muy limitadas para describir e indagar esta perspectiva. Poco tienen para decir del “ser” y de la comunicación comunitaria, como sí lo hacen algunas corrientes orientales o indígenas americanas.

Reconocer que debajo de la base de la estructura que nos moviliza y nos sostiene no está solamente un sistema económico sino también un sistema simbólico muy poderoso, nos permite correr un nuevo velo y encontrar nuevas preguntas y perspectivas en otras culturas que occidente se dedicó a aplastar e invisibilizar durante siglos. En la búsqueda de estas otras miradas puede estar la luz para el camino de estas nuevas economías que más que nuevas, se trata de una búsqueda en las penumbras que creó occidente sobre otras culturas nativas y de otras partes del mundo. Dejar de sobrevivir y poner las condiciones del juego es el próximo paso.

Sobre la Autora

María Luján Tilli (Twitter: LujanTilli) es Periodista, Comunicadora y profesora de Ciencias de la Comunicación (UBA). Escribe y produce contenido sobre comunicación sostenible, cultura y ambiente. Investiga y enseña comunicación en ámbitos colaborativos y/o comunitarios, medios de comunicación, emprendimientos e instituciones educativas. Actualmente trabaja como editora digital de la revista de biodiversidad y ecofeminismo Florestanía y asesora emprendimientos sostenibles desde Tapioca Blú.

Imagen de Portada: Gentileza de la Ilustradora @holaairam para Revista Endémico

Cine Ambiental de la Patagonia

El Festival Internacional de Cine Ambiental de la Patagonia (Patagonia Eco Film Fest – PEFF) presentó la programación oficial de la edición 2020 que cuenta con casi 40 películas de todo el mundo, distribuidas en 6 secciones, además de actividades, shows, talleres y conversatorios, de manera online y gratuita. Del 1 al 5 de octubre será […]

El Festival Internacional de Cine Ambiental de la Patagonia (Patagonia Eco Film Fest – PEFF) presentó la programación oficial de la edición 2020 que cuenta con casi 40 películas de todo el mundo, distribuidas en 6 secciones, además de actividades, shows, talleres y conversatorios, de manera online y gratuita.

Del 1 al 5 de octubre será la 5ta edición del Patagonia Eco Film Fest, gestado en el sur de Argentina a instancias de un grupo de voluntarios independientes y autogestivos, que busca generar un espacio de reflexión, toma de conciencia e inspiración a través de la cultura y el cine.

Para esta edición, el equipo organizador ha determinado una variada selección de películas en distintos formatos y géneros, que abordan problemáticas ecológicas mundiales, y que dan a conocer el esfuerzo de activistas y comunidades para lograr una vida sustentable en armonía con el planeta, respetando los derechos humanos y ambientales.

Entre la oferta hay películas que se verán por primera vez en latinoamérica y Argentina, como el documental “Watson” (Lesley Chilcott) que retrata al ambientalista Paul Watson, co-fundador de Greenpeace y fundador del movimiento Sea Sheperd dedicado a defender los océanos. Los estrenos nacionales serán la española “Capitain´s Dreams” (Denis Delestrac) con un recorrido por la 1ra Bienal de Arte en la Antártida; el documental chileno “Mal Vecino” (Ricardo Jara Herrera), una crónica sobre la lucha de la comuna Maule Sur contra la empresa Coexca S.A dedicada a la crianza, faena y exportación de carne de Cerdos; y “Proyecto Parque Patagonia” (Juan Dickinson) que retrata la situación de un parque nacional proyectado por filántropos internacionales alrededor de la Meseta del Lago Buenos Aires (Provincia de Santa Cruz) que afecta a los Productores tradicionales de la zona, quienes serían desplazados por la iniciativa.

El equipo de jurados encargados de elegir a los ganadores está formado por especialistas en cine, ambiente, ciencia y activismo, provenientes de Chile, Argentina y Brasil.

Además, se dictarán talleres de alimentación (Che Vegano), conversatorios, show musical de Matías Barry (PEFF Solar), una clase magistral sobre Fotografía y Naturaleza a cargo de AFONA, y otras actividades.

Toda la programación será con acceso libre y gratuito, a través de la página oficial del festival, www.patagoniaecofilmfest.com, donde ya se encuentran disponibles los tráilers de las películas, con días y horarios de transmisión. También se sumarán emisiones por Canal 7 de Chubut y funciones presenciales en modalidad auto-cine en la ciudad de Puerto Madryn.

El evento cuenta con el auspicio de: Fundaciones Grupo Petersen, Camuzzi, Genneia, Henkel, Canal 12, Andreani, Farmacias Patagónicas, Proyecto Sub, Prudential; Municipalidad de Puerto Madryn a través de la Subsecretaría de Cultura; Secretaría de Ciencia y Cultura, Consejo Federal de Inversiones, Ministerio de Ambiente y Control de Desarrollo Sustentable de Chubut, y la colaboración del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación.

Mas información en www.patagoniaecofilmfest.com

PROGRAMACIÓN OFICIAL

COMPETENCIA INTERNACIONAL DE LARGOMETRAJES
JURADOS: Tais Gadea Lara, Alejandra Almirón, Claudio Campagna
– ANDRÉS CARRASCO, ciencia disruptiva – Dir: Valeria Tucci (Argentina – 2020)
– CAPITAIN´S DREAMS – Dir: Denis Delestrac (España – 2018)
– LA VUELTA AL CAMPO – Dir: Juan Pablo Lepore (Argentina – 2020)
– LOVE AND BANANAS “An elephant story» – Dir: Ashley Bell (Tailandia – 2018)
– GRIT – Dir: Sasha Friedlander, Cynthia Wade (USA-2018)
– MAL VECINO – Dir: Ricardo Jara Herrera (Chile-2020)
– WATSON – Dir: Lesley Chilcott (USA-2019)
– INTERDEPENDENCE – Dir: Faouzï Bensaidi (Morocco), Mahamat-Saleh Haroun (Chad), Asa Hjörleifsdóftir (Iceland), Salome Lamas (Portugal), Bettina Oberli (Switzerland), Nila Madhab Panda (India), Shahrbanoo Sadat (Afghanistan), Silvio Soldini (Italy), Daniela Thomas (Brazil), Leon Wang (China), Karin Williams (New Zealand) (Suiza-2020)

COMPETENCIA INTERNACIONAL DE CORTOMETRAJES
JURADOS: María
 Celeste Palma, Sergio Rinaldi y Juan Emilia Sala
– LA CRECIENTE – Dir: Lluís Miras Vega & Luz Ruciello (Argentina – 2018)
– REWILD – Dir: Nicholas Chin & Ernest Zacharevic (Indonesia – 2019)
– THE MAN OF TREES – Dir: Andrea Trivero (Italia – 2018)
– ENTRE BALDOSAS – Dir: Nicolas Conte (Argentina – 2019)
– A STRANGER FROM THE PAST – Dir: Jan Verdijk (Holanda – 2020)
– 22 DE ABRIL – Dir: Cesare Maglioni (Francia – 2020)
– SAD BEAUTY – Dir: Arjan Brentjes (Holanda – 2020)
– DRY TEARS OF ARAL – Dir: Danila Volkov (Rusia – 2020)
– PURI – Dir: Daniel Casado (Chile – 2020)
– LADRILLERO – Dir: Gastón Callivari (Argentina – 2019)
– 2030 – Dir: Pierre Dugowson (Francia – 2020)
– THE ART OF CHANGE – Dir: Sil Van Der Woerd  – Jorik Dozy (Inglaterra – 2018)

COMPETENCIA PATAGONIA EN FOCO
JURADOS: Maria José Fernandez (Chile), Pablo Bramati (Arg), Tania Prefeito Jardim (Brasil)
– RESONANCIAS – Dir: Florencia Barravino (Argentina – 2018)
– RUTAS DE ENCUENTRO – Dir: María Jesús Olivos (Chile – 2020)
– TIC TOC – Dir: Bianca Fidani y Nils Bailey (Argentina – 2019)
– MIRADA FRANCA – Dir: Giuliana Scicolone (Argentina – 2018)
– MI ÚLTIMO KAJEF – Dir: Matías Bravo Lara, Carlos Reyes Raffo (Chile – 2019)
– TWAKANA YAGAN – Dir: Ignacio Leónidas y Rodrigo Tenuta (Argentina – 2019)
– TIERRA DE GIGANTES – Dir: Marcos Aguilera y Javier Sterbenc (Argentina – 2020)

SECCIÓN NATURALEZA Y VIDA SILVESTRE
– EL REINO PERDIDO DE BIOKO – Dir: Oliver Goetzl (Alemania – 2019)
– MARA, EL VIAJE DE LA ELEFANTA – Dir: Luciano Nacci (Argentina – 2020)
– CABALLOS DE GUERRA – Dir: João Rodrigues (Portugal – 2019)

SECCIÓN MÚSICA Y AMBIENTE

– A UNA LEGUA – Dir: Andrea Krujoski (Argentina – 2018)
– WONDERWALL – Dir: Alexander Denysenko (Ucrania – 2018)
– SAL Y LAGRIMAS – Dir: Virginia Pavoncello (Italia – 2020)

PROYECCIONES ESPECIALES
– HÉROES DE LA CONSERVACIÓN – Dir: Juan María Raggio (Argentina – 2019)
– PROYECTO PARQUE PATAGONIA – Dir: Juan Dickinson (Argentina 2020)
– FRANCISCO PASCASIO MORENO – El Perito en límites – Dir: Gustavo Muñoz Lorenzo (Argentina – 2019)
– MISIÓN H2O – (Sección MINI PEFF) – Dir: Álvaro Cáceres (Venezuela – 2019)

 

Imaginando futuros sostenibles a través del Diseño

Vivimos rodeados de productos y servicios hechos a nuestra medida. Aplicaciones que monitorean nuestra salud, reproductores de música inteligentes que eligen lo que escuchamos, y sistemas de delivery que nos traen el café donde quiera que estemos. Estos productos y servicios han sido formulados desde una perspectiva de diseño centrado en los usuarios (o en […]

Vivimos rodeados de productos y servicios hechos a nuestra medida. Aplicaciones que monitorean nuestra salud, reproductores de música inteligentes que eligen lo que escuchamos, y sistemas de delivery que nos traen el café donde quiera que estemos. Estos productos y servicios han sido formulados desde una perspectiva de diseño centrado en los usuarios (o en las personas) y nos entregan grandes experiencias como consumidores, sin embargo, es importante preguntarnos: ¿A qué costo? ¿Cómo estos beneficios individuales se traducen en impacto social o medioambiental?

Es urgente repensar el diseño de una forma que integre a los ecosistemas y los diferentes actores humanos y no humanos que los conforman.

El diseño centrado en las personas puede tener muy buenas intenciones pero, al mismo tiempo, generar impactos negativos y hasta desastrosos si es que no entendemos bien el contexto en el cual nos estamos insertando. Un ejemplo es el de Airbnb, una plataforma diseñada para turistas en busca de experiencias locales y personas con espacio extra en sus hogares. Si bien esta aplicación fue muy bien recibida en casi todo el mundo, a medida que la plataforma se expandió empezó a generar aumentos gigantescos en los precios de arriendo de ciertos barrios, especialmente en las capitales turísticas, limitando a muchas familias el acceso a vivienda. Se estima que en Nueva York la llegada de Airbnb significó un aumento de $400 dólares en la renta promedio. (Economic Policy Institute, 2019). Otro ejemplo son los servicios de reparto a domicilio, los cuales entregan comodidad y conveniencia a sus usuarios, pero han sido criticados por sus nulas o débiles políticas laborales de cara a sus empleados y su uso excesivo de packaging desechable y contaminante (New York Times, 2019).

Las tierras colaborativas permiten también explorar nuevas semillas y granos, rescatando especies nativas y fomentando mayor diversidad de cultivos. Créditos: https://www.gothelneyfarmer.co.uk/

En ambos casos podríamos asumir que ninguno de estos servicios y plataformas fue diseñado con una mala intención, sino más bien desde una falta de conocimiento de los sistemas y relaciones en las cuales intervienen. Existe una miopía respecto al alcance que tiene un producto o servicio, que hace que se tomen en cuenta sólo los efectos inmediatos y a los usuarios directos. Es necesario, por lo tanto, ampliar nuestra mirada y repensar el alcance y la escala que empleamos al diseñar, extendiendo el enfoque centrado en las personas a uno que abarque e integre los ecosistema sociales y ambientales que los rodean y conectan. También necesitamos revisar el rol ético que tiene el diseño y su responsabilidad en –y con– los sistemas que interviene, ya no solo desde lo individual, sino también desde las comunidades y el entorno.

Las recientes crisis sociales, sanitarias, climáticas y económicas nos han demostrado que vivimos en un mundo cambiante, interconectado e interdependiente, el cual hemos alterado hasta poner en riesgo la existencia de todos sus habitantes. Es necesario adaptarse y buscar nuevas soluciones.

Ante esto, algunos teóricos han repensando la forma en la cual los diseñadores se hacen cargo de los problemas complejos como lo es el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, el crimen, la pobreza, la contaminación, entre otros. Existen actualmente dos perspectivas que han llamado la atención en relación a resolver este tipo de problemas. La primera es el diseño para las transiciones, de la Universidad Carnegie Mellon, con un marco de trabajo impulsado por la académica y diseñadora Terry Irwin. El segundo enfoque es el del life centered design (diseño centrado en la vida), término inspirado por la teoría del escritor e investigador del Royal College of Art, John Thackara. Éste plantea diseñar para todas las formas de vida, no solo para la vida humana. Ambos enfoques proponen que el diseño debe adoptar una nueva perspectiva sistémica que integre a los ecosistemas y los diferentes actores humanos y no humanos que los conforman. Esto significa diseñar en dos niveles: el individual y el colectivo.

En este sentido, estas perspectivas buscan entregar herramientas creativas para que las personas puedan innovar, colaborar e implementar propuestas que nos permitan convivir con el planeta, tomando decisiones que sean más sinérgicas y sostenibles. Proponen también una visión de futuro, analizando los impactos a largo plazo y permitiéndonos ver más allá del efecto inmediato. Se busca así generar una oportunidad de cambiar nuestra relación con el medio ambiente, repensar nuestras relaciones interpersonales y, por qué no, las relaciones entre las personas y la tecnología.

Taller Biomateriales en Fablab Santiago por Valentina Marquez y Carolina Pacheco. Foto por: Antonia Valencia. Más información en: https://www.caropacheco.work/workshops

Si bien algunos teóricos plantean que parte de la solución a estos grandes problemas sería volver a sistemas y soluciones del pasado, por ejemplo las que tenían las sociedades tradicionales y preindustriales que vivían de manera sostenible durante generaciones, existen otras opciones. Hoy podemos complementar los saberes tradicionales con nuevas soluciones que integren los avances tecnológicos y la interconectividad que nos ofrece el mundo de hoy. Esto incluye  conocimientos de soluciones basadas en la naturaleza y los sistemas vivientes, explorando los fenómenos en términos de patrones dinámicos de las relaciones entre los organismos y sus entornos. Principios como autoorganización, emergencia, resiliencia, simbiosis, holarquía e interdependencia, entre otros, pueden servir como puntos de influencia para iniciar y catalizar el cambio dentro de estos sistemas  complejos (Irwin 2015).

Actualmente, existen varias iniciativas que fomentan una mayor sostenibilidad a través de la colaboración y el trabajo sistémico. Un ejemplo son las tierras cooperativas, instancias donde ciudadanos se unen para financiar y apoyar a agricultores pequeños y ecológicos a cambio de alimentos de gran calidad. De esta forma se busca aumentar la disponibilidad de comida orgánica, evitar la precarización laboral en el campo, y mantener los conocimientos tradicionales, mientras que se fomenta una relación social entre los diferentes actores. En este caso no solo se cambia la forma de producir, sino también el modelo que lo sustenta, generando un sistema más resiliente y beneficiosos para todos los involucrados.

Otro ejemplo son los proyectos en la lógica del open source (código abierto), comunidades que han aprovechado la conectividad global para compartir conocimiento de manera libre, colaborativa y retroalimentativa. Así, surgen iniciativas que llaman la atención como Materiom, una biblioteca abierta que promueve la innovación y divulgación de recetas de biomateriales desarrolladas por personas y organizaciones de todo el mundo. Estos son materiales orgánicos y biodegradables que permiten modelos de producción regenerativos y eficientes. Materiom representa una visión holística, ya que aprovecha los conocimientos locales, promueve la colaboración de los diferentes actores e incentiva el uso materiales sostenibles. Además, es capaz de aprender y adaptarse a las necesidades de los usuarios y el medioambiente.

Desde el diseño existe la oportunidad de potenciar y multiplicar estas iniciativas, a través de metodologías y herramientas que permiten guiar procesos para llegar a soluciones que las personas integren y hagan suyas como parte de su cotidianidad y cultura. Ya sea desde el diseño de servicios, el diseño para la innovación social o el diseño para las políticas públicas, estas disciplinas ofrecen métodos útiles para la co-creación y el diseño participativo. Permiten también el trabajo interdisciplinario, indispensable para enfrentar los desafíos complejos y colectivos de hoy, los que exigen implementar múltiples perspectivas para abordarlos desde esta nueva mirada sistémica.

Y si bien no seremos capaces de abarcar todo con nuestras acciones o diseños, debemos saber aprovechar y potenciar las relaciones existentes, reducir los impactos negativos y generar sinergias donde podamos. Solo así podremos empezar a imaginar y crear futuros sostenibles.

Bibliografía

  • John Thackara (2018) Designing for all of life, not just human life. This is HCD Podcast. https://www.thisishcd.com/episodes/32-john-thackara-designing-for-all-of-life-not-just-human-life/
  • Economic Policy Institute. (2019). The economic costs and benefits of Airbnb https://www.epi.org/publication/the-economic-costs-and-benefits-of-airbnb-no-reason-for-local-policymakers-to-let-airbnb-bypass-tax-or-regulatory-obligations/
  • New York Times. (2019). Food Delivery Apps Are Drowning China in Plastic. https://www.nytimes.com/2019/05/28/technology/china-food-delivery-trash.html
  • Fjord (2020) Trends 2020 – Trend 7 Life Centered Design https://trends.fjordnet.com/trends/life-centered-design
  • Irwin, T. (2015). Transition design: A proposal for a new area of design practice, study, and research. Design and Culture,

Sobre las Autoras

Catalina Hepp  es Diseñadora integral titulada de la Pontificia Universidad Católica, actualmente cursando el diplomado “Formulación y evaluación de proyectos con foco en el territorio y la comunidad” del Centro de Políticas Públicas UC. Tiene experiencia en proyectos de innovación vinculados al diseño de servicios y la innovación.

Josefina Carvalho es Licenciada en Diseño de la Pontificia Universidad Católica. Miembro hace 5 años del equipo de la organización ambiental chilena Geute Conservación Sur, lugar donde se desempeña como diseñadora en proyectos, estrategias y comunicaciones. Sus intereses están por el diseño de información, diseño de servicios, su vinculación con la protección del medioambiente y su relación con las personas que lo habitan.

Imagen de portada: Imagen de elaboración propia con fotografías de Álvaro Montaña, Evelyn Pfeiffer y otras de libre uso.

El pasado jueves 6 de agosto se realizó el SLAM de poesía: agua, biodiversidad y pueblos originarios, evento que convocó a 43 poetas que declamaron sus poemas en vivo en una competencia virtual. Organizado por Revista Endémico y el Festival Internacional de Poesía de Santiago (FIP SANTIAGO), el evento fue una experiencia inédita audiovisual que […]

El pasado jueves 6 de agosto se realizó el SLAM de poesía: agua, biodiversidad y pueblos originarios, evento que convocó a 43 poetas que declamaron sus poemas en vivo en una competencia virtual. Organizado por Revista Endémico y el Festival Internacional de Poesía de Santiago (FIP SANTIAGO), el evento fue una experiencia inédita audiovisual que culminó con el anuncio de los ganadores y provocó un viaje emocional; incluyendo desde risas a llantos entre los galardonados como también para quienes nos acompañaron durante toda la jornada del torneo . 

Más de 40 «slammers» declamaron sus poemas durante el evento en vivo.

La idea de armar este evento en este formato nace como iniciativa de ambas organizaciones como una instancia para compartir arte, poesía y activismo en tiempos de pandemia y confinamiento, y para acercar al público a la poesía ambiental, género adoptado por una gran cantidad de poetas que merece un espacio de difusión como éste. Participaron poetas de diversos países, incluidos Chile, México, España, Colombia, Argentina, Estados Unidos, entre otros, y también poetas de diversas generaciones y experiencias. “Hemos quedado no solo contentos con esta experiencia , sino asombrados de que la poesía en el formato Slam, tenga tantos seguidores y un asidero tan importante entre jóvenes. No se trata de poesía tradicional, sino de un formato nuevo que la incluye, pero también se nutre de las artes escénicas, la música y la juglaría. Es un esfuerzo de la sociedad civil para hablar sobre la preocupación por el medio ambiente, lo que incluye la terrible manera de tratar el tema mapuche en una política que parece empecinada en fracturar más y más esa diversidad”, comenta Javier Llaxacondor, poeta y director del FIP Santiago. 

El SLAM nace como una iniciativa de Revista Endémico y FIP SANTIAGO para compartir arte, poesía y activismo en tiempos de pandemia y confinamiento.

El evento fue conducido por Paula López, editora de contenidos digitales para Endémico y también jurado de la preselección de los poemas. A su vez, contó con la participación tanto en vivo como remota de miembros del jurado: el poeta y performer Martín Gubbins, la académica literaria Soledad Falabella, y el poeta y narrador mapuche Elicura Chihuailaf, quienes sorprendieron durante el evento con una performance improvisada, en el caso de Gubbins, y la lectura en vivo de un  poema de Gabriela Mistral titulado “La chinchilla”, por Soledad Falabella. También estuvieron presentes Javier Llaxacóndor, director del FIP,  Nicole Ellena, directora de Endémico, y Victoria Herreros, poeta, “slammer”, e integrante del equipo del FIP. 

Martín Gubbins, jurado del Slam, improvisó una performance en torno a la contingencia social y política que conmovió a todos los participantes.

La académica literaria Soledad Falabella hizo incapié en la importancia de este tipo de iniciativas en torno a la educación y activismo comunitario.

Para participar de este evento los poetas tuvieron que enviar sus poemas de manera escrita, donde se presentaron más de 100 poemas durante el mes de julio. Los poemas declamados en vivo fueron pre-seleccionados por el jurado interno de este concurso, y durante el evento, el jurado oficial seleccionó a seis finalistas, donde el público también pudo participar a través de su voto ayudando a seleccionar al ganador definitivo.

El SLAM fue un viaje lleno de emociones y momentos únicos gracias a su carácter en vivo y artístico declamatorio. Dentro de los hitos a destacar estuvo la participación de una persona privada de libertad, poeta con el seudónimo de Chombo, que sorprendió y conmovió a todos; también hubo declamaciones humorísticas, tales como las de Viejita Ninfa María y Erness tito. “La puesta en escena y preparación de los poetas fue parte fundamental de la experiencia, donde se destacó el uso de instrumentos musicales, vestimenta original, el uso de máscaras y títeres e incluso decorados, todo lo que se complementó con imágenes de algunos paisajes de Chile,” destacó Nicole Ellena, directora de Endémico. 

Instrumentos musicales, décimas y cantos, disfraces y fondos decorados fueron algunos de los implementos que trajo al torneo cada uno de los participantes. En la imagen, Gabriel Huentemil y su Verso por el copihue rojo, uno de los seis finalistas.

Cabe destacar que la performance poética en vivo se complementó con efectos sonoros, música, transiciones e imágenes de naturaleza que lograron que este experimento performático del Slam se transformara en una experiencia estética, de inmersión y transformadora para todos los que participaron, desde los poetas seleccionados, el equipo organizador hasta el público. El evento fue transmitido a través de «Facebook Live» de Revista Endémico y del FIP y tuvo más de 1.000 reproducciones una vez finalizado, todo lo que habla del inmenso interés del público de ser parte de este tipo de iniciativas artísticas, políticas y comunitarias. 

El hip hop también estuvo presente en las declamaciones, como la performance del artista José Signe, canadiense que habló desde el pueblo de Curarrehue.

Los ganadores del Primer Slam de Poesía fueron: 

Primer lugar: Natali Gross , con seudónimo Nata, de Argentina. 

Segundo lugar: Gastón García, con seudónimo de Boris Yadufami, de Chile.

Tercer lugar: Clemencia de Prat Gay con seudónimo de Felicitas, de Argentina.

Se entregaron 7 Menciones Honrosas a los artistas Alain Veilleux (José Signé), Julio San Martín (Alástor el bardo), Santiago Barcaza (Ariel), Luis Carrasco (Chombo), Yolanda Huequelef (Romy), Mariana Paéz (Magolis) y Alejandra Saavedra (Ale).

Para más información: endemico.org/slam-de-poesia

 

Los orígenes del valor medio-ambiental

Meredith Root-Bernstein es Ecóloga interesada en la conservación y la etnobiología. Dio inicio a un proyecto de re-introducción de guanacos a Chile central. Actualmente trabaja en el proyecto de investigación Bioveins. En este interesante artículo nos habla sobre la urgencia de instalar en la sociedad una teoría e importancia de los valores medio ambientales Ahora más que […]

Meredith Root-Bernstein es Ecóloga interesada en la conservación y la etnobiología. Dio inicio a un proyecto de re-introducción de guanacos a Chile central. Actualmente trabaja en el proyecto de investigación Bioveins. En este interesante artículo nos habla sobre la urgencia de instalar en la sociedad una teoría e importancia de los valores medio ambientales

Ahora más que nunca, especialmente en Chile, estamos enfrentados a la urgencia de formular un futuro que brinde valores a todos de manera sustentable.  ¿Pero, en qué consisten específicamente estos valores? Lo primero que se nos viene a la mente son aquellas cosas que pensamos como buenas y deseables. Conceptos como dignidad, equidad, acceso a la educación y a la salud forman parte de esos valores universales. Pero también están, entre ellos, la importancia de manejar de forma sustentable nuestros recursos naturales, el derecho de vivir en un medio ambiente limpio y sano, nuestra obligación ética hacia especies como la rana del Loa o en nuestro amor al pudú.  Todos estos valores son los que identificamos como “valores medio-ambientales”.

Los valores medioambientales ayudan a tener un manejo consciente y sustentable de nuestros recursos. Crédito: Creative Commons.

Actualmente, nuestra sociedad parece darle menor importancia a los valores medio-ambientales que a otros bienes como el dinero.  En ese orden, el cuidado de la naturaleza desaparece del horizonte de nuestra sociedad.  Por ello, la pregunta que deben hacerse los conservacionistas es: ¿Cómo asegurar que la gente reconozca y le otorgue importancia a los valores medio-ambientales? ¿Cómo podemos ayudar para que estos valores tengan más importancia en la sociedad?

Las personas como fuente de valor medio-ambiental

Una manera de preservar los valores medio-ambientales es preservando sus fuentes.  ¿Pero cómo algo abstracto como un valor (que es, en el fondo, una idea o sentimiento) puede tener un origen? Siguiendo líneas de pensamiento de la antropología y la filosofía, la pregunta sobre los orígenes del valor convoca, en primer lugar, una reflexión sobre lo bueno y lo deseado.  Por ejemplo ¿Por qué una moneda y no una concha es valorada como dinero?  ¿Porqué un hilo de cobre y no una roca en la montaña es valorada por el mercado?  ¿Porqué una pintura de Velázquez y no un dibujo hecho por una niña se valora como obra de arte?  ¿Porqué una rosa y no un árbol muerto se valora como decoración para un jardín?

La teoría generativa del valor medio-ambiental[i] propone que la fuente de todos los valores medio-ambientales son las personas.  “Persona”, se ha referido generalmente a un concepto social donde la persona es un ser al que se le designan capacidades asociadas a adultos o a miembros de pleno derecho en sociedad.  Sin embargo, “persona” puede no limitarse necesariamente a seres humanos.  Es posible tratar a un ser vivo no-humano como si fuera una persona.  Por ejemplo, cuando saludamos a un litre (“Buenos días, Señor Litre”), lo estoy tratando como si fuera una persona.  O cuando trato a mi mascota como un miembro de la familia porque la amo, la trato como persona.

La teoría generativa del valor medioambiental propone que todos, incluso objetos no-humanos, pueden ser tratados como persona. Crédito: Creative Commons

Es posible que los humanos no se sientan, o no se entiendan a sí mismos como personas. Eso implica un daño individual y social.  Cómo dijo Nabila Rifo en una entrevista en The Clinic: “Me gustaría estudiar en la escuela, ser alguien, no quiero ser una inútil, porque así es como me siento: inútil…ahora que quedé discapacitada, en mi ceguera, yo quiero ser una persona. Cosa que en Coyhaique, donde yo nací, no puedo” [enfásis personal].

Entonces, se podría decir que las personas no nacen sino que son hechos.  Un ser humano, una mascota o un litre, nacen como seres vivos y es a través de las interacciones sociales simbólicas que se entienden como personas. Por ejemplo, el paso de etapas simbólicas de la vida—bautismo, cumpleaños, graduación, un trabajo remunerado, casarse, tener casa, ser madre o padre— son ejemplos de etapas de vida que hacen de un humano una persona, según su sociedad.

También, la capacidad de “hacer otras personas” es clave para sentirse persona.  Con esto no me refiero únicamente a la reproducción biológica o la capacidad de formar una familia, sino que a la capacidad simbólica de “hacer personas”.  Digamos que yo me siento persona porque contribuyo a la educación de estudiantes, ayudándoles a graduarse y a ser adultos educados; o porque cuido a mi helecho, le doy agua y le hablo, ayudándole así a ser un helecho-persona; o porque soy bien educada con desconocidos con quienes me cruzo en la ciudad, tratándoles con respecto y dignidad.  Una persona es alguien que participa en hacer otras personas.  Es una interacción simbólica recíproca.

Dos actitudes o acciones son centrales en la participación de hacer otras personas. Una es cuidar, la otra es amar. Mientras más amamos a alguien o algo, más nos parecerá único y insustituible.  El cuidado tiene que ver también con la construcción y manutención de las condiciones de vida esenciales de las personas.  Por ejemplo, cocinar, limpiar nuestras casas, construir ciudades o mantener los bosques contribuyen a las condiciones de vida. Imaginemos que salgo a caminar a la montaña cuando me siento deprimida.  Allí, sin embargo, el amor del universo me reconforta.  La montaña, entonces, me ayuda a entenderme como persona.  Igualmente, si cada primavera voy con amigos a buscar hierbas a un bosque para luego comerlas en una cena, las hierbas contribuyen a una celebración del renacimiento primaveral de nuestras condiciones de vida.

Lo más central en los procesos simbólicos de hacernos personas serán las cosas más amadas, más cuidadas y menos sustituibles. Cuando perdemos a seres o cosas que necesitamos para hacernos personas—que a su vez son personas—sufrimos de dos maneras.  Primero, perdemos un poco de nuestro estado de persona, porque nos faltan los recursos simbólicos para sentirnos personas. Segundo, perdemos los recursos para hacer otras personas.

El confinamiento y aislamiento que ha provocado el coronavirus (donde perdemos la posibilidad de tratar con otros) es análogo a la situación de quienes han perdido el acceso a la naturaleza. Los recursos naturales ya no son personas. Es decir, hemos olvidado que la tierra tiene espíritu y que las vacas son individuos. Provocar la pérdida del estado persona en un objeto es algo que ocurre en situaciones de violencia sumado al aumento de contacto social con desconocidos.  La masiva circulación económica, los contextos de violencia estructural y el colonialismo han contribuido a este triste proceso.

Rituales como las fiestas de primavera ayudan a integrar objetos naturales a nuestras vida y darles valor medioambiental. Crédito: Creative Commons.

Cómo proteger las fuentes de valor medio-ambiental

Si queremos proteger las fuentes de valor medio-ambiental, debemos repensar a los seres y las cosas naturales como personas que ayudan a hacer otras personas (¡nosotros!).  Para esto, podemos integrar elementos del medio ambiente a rituales de creación de personas, como nacimientos, cumpleaños, bodas, inauguraciones, fiestas de primavera, etc.  La idea es incluir animales, plantas, montañas, ríos en estos rituales y nunca reemplazar su rol con objetos manufacturados o artificiales.  No se trata de formar una ideología “eco-nazi”, sino de integrar, agregar, incluir objetos naturales en el cotidiano y en nuestros rituales.

Un ejemplo es la Navidad, donde más allá de su importancia religiosa, para muchos constituye un ritual de cuidado para los seres amados y la familia.  En muchos sectores del hemisferio norte el pino es el elemento central de la Navidad. Al pino lo tratamos como persona: lo invitamos al interior de nuestro hogar, lo vestimos con luces y decoraciones y nos sentamos frente a él como si fuera parte del grupo familiar.  El pino navideño es una fuente de valor medio-ambiental que puede generar otros valores. Si vamos en familia a cortar el pino de Navidad podemos formar un recuerdo feliz del paisaje y hasta podemos exigir que el pino pertenezca a una producción biológica y amigable de especies nativas. Recordaremos el ciervo o el búho que vimos en esa salida, transformando futuros ciervos o búhos en algo mágico. Es así como podemos formar una red de valores que motiven a diversas acciones pro-medioambiente.  En Chile también se puede hacer este gesto, agregando a las decoraciones navideñas plantas nativas que crezcan en verano y que simbolicen el cuidado de la familia.

Conectándose con la tierra y creando nuevas rituales con un grupo de artistas en Inglaterra, verano 2019. Credito: Meredith Root-Bernstein.

Todas éstas son recetas para ser estratégicos con los escasos recursos que tenemos para la conservación. La teoría generativa se enfoca en los procesos vitales de la reproducción simbólica de personas y sus hábitats.  El propósito es ubicar y proteger lo más profundo y radical, es decir, cuidar los orígenes de valor medio-ambiental.

[i] Las fuentes teóricas son, principalmente: Graeber, D. 2001.  Toward an Anthropological Theory of Value: The false coin of our own dreams.  London, Palgrave Macmillan;  Graeber, D. 2014.  En deuda: una historia alternativa de la economia.  Madrid, Editorial Ariel;  Graeber, D. 2018. Trabajos de mierda. Madrid, Editorial Ariel; Coccia, E. 2011.  La vida sensible Madrid, Marea. Coccia, E. 2015.  El bien en las cosas: La publicidad como discurso moral. Madrid, Asociación Shangrila Textos Aparte.

 

 

Por Ana Vallejos Cotter Fue en diciembre del año pasado que aparecieron los primeros casos de lo que hoy se ha vuelto una pandemia global que lamenta a miles de muertes en diferentes puntos del planeta y que en este momento amenaza con azotar Chile de manera brutal. El coronavirus o COVID-19 nos ha tomado […]

Por Ana Vallejos Cotter

Fue en diciembre del año pasado que aparecieron los primeros casos de lo que hoy se ha vuelto una pandemia global que lamenta a miles de muertes en diferentes puntos del planeta y que en este momento amenaza con azotar Chile de manera brutal. El coronavirus o COVID-19 nos ha tomado a todos por sorpresa, no obstante, no ha sido algo inesperado, ya que en realidad es solo uno más dentro de un modelo preocupante de aparición de nuevas enfermedadesque ha visto también aparecer al Ébola en Sudan del sur en 1976, el SARS en China el año 2003, el MERS en Arabia Saudita, entre otros.

¿Qué es lo que se repite en todos estos casos? Indudablemente, la aparición de estas nuevas enfermedades está ligada a la depredación de hábitats y ecosistemas naturales. Resulta que las enfermedades catastróficas son en gran medida un problema ambiental, ya que son el resultado de aquello que el ser humano le ha hecho a la naturaleza, particularmente, a los desequilibrios que ha causado en ella.

Las enfermedades catastróficas son en gran medida un problema ambiental. Crédito: Ibama

Ya sea por causa de la minería, la agricultura, el crecimiento de las urbes o la apertura de nuevas rutas de transporte, lo cierto es que gran parte del territorio que alguna fue vez virgen hoy está siendo transformado, alterando la relación entre las especies que lo habitan, tanto entre ellas como con los humanos.

Esta situación tiene varias aristas. Por un lado, las especies más sensibles se extinguen por la alteración de su hábitat (cambiando el equilibrio ecológico), por otro lado, especies que antes no se relacionaban o que mantenían mayor distancia entre sí ahora entran en contacto mucho más directo debido a la reducción de sus hábitats. Tercero, los humanos están en mayor cercanía con especies salvajes debido a la creciente urbanización y finalmente, aquello por lo qué se especula que causó el brote de COVID-19 en Wuhan: el tráfico de animales salvajes.

Cuando virus que son inofensivos en su huésped natural se transfieren a la especie humana producen síntomas fatales. Crédito: Wikimedia Commons

En el año 2008 Kate Jones, directora de ecología y biodiversidad de UCL identificó 335 enfermedades que aparecieron entre 1960 y 2004, las cuales al menos el 60% provenía de animales no humanos. Así mismo, el CDC (Centro para el Control de Enfermedades y su Prevención) de Estados Unidos, estima que tres cuartos de las enfermedades emergentes que infectan a los humanos se originan en animales no humanos. Por último, investigadores de la universidad de Pennsylvania afirman que solo se conoce aproximadamente el 1% de los virus existentes en animales salvajes. Es decir, solo hemos visto la punta del iceberg.

El motivo por el que estas enfermedades son tan nocivas para el ser humano es precisamente debido a su escaso contacto con ellas. De la misma forma que la llegada de los europeos a tierras americanas diezmó con enfermedades nunca antes vistas a la población indígena; las enfermedades que hoy remecen al mundo evolucionaron con portadores que históricamente han tenido poco o ningún contacto con el humano. Esto ha implicado que si bien estos patógenos solo causan molestias leves en su huésped original, al cruzarse a la especie humana produce síntomas graves y muchas veces, fatales.

El incremento de estas enfermedades no solo tiene que ver con la cercanía del humano con sus portadores, también con la alteración en sí del ecosistema y sus características. Los ecosistemas realizan lo que se denomina “servicios ecosistémicos“ (como la purificación del aire o del agua, creación de suelos, regulación de los ciclos y amortiguación de desastres naturales) entre los que ahora también se ha descubierto que proporcionan control de enfermedades. Cuando los ecosistemas se intervienen, pierden parcial o completamente la capacidad de realizar estos servicios.  Por ejemplo, se ha demostrado que en el Amazonas el aumento en deforestación de apenas el 4% aumentó la incidencia de malaria en un 50%, debido a que los zancudos -portadores de la enfermedad- se multiplican a gran velocidad en las pozas de agua estancada propias de un área recién deforestada.

Los ecosistemas intervenidos pierden la capacidad de controlar enfermedades. Crédito: Jami Dwyer

El Dr. Richard Ostfeild, científico del Instituto Cary de Estudios Ecosistémicos en Nueva York, afirma que existe un balance entre las diferentes especies que co-crean cada ecosistema, y que en su estado natural existen más especies que no portan patógenos a las que sí las portan. No obstante, cuando se altera ese equilibrio lo más común es que desaparezcan las especies que sirven roles protectores, y aquellas que funcionan como portadoras de enfermedades se multipliquen, ya que son las que mejor se adaptan. En palabras de Kate Jones “Al simplificar el sistema, las especies que sobreviven son justamente aquellas que transmiten enfermedades “.

Un claro ejemplo es el caso de la enfermedad de Lyme en la costa este de Estados Unidos, donde la fragmentación y reducción de grandes bosques expulsó a zorros, lobos, búhos y halcones, llevando a un crecimiento en la población de ratones de pata blanca, grandes reservorios de esta enfermedad, provocando un sinnúmero de contagios en la población.

Un ratón de pata blanca, portador de la enfermedad de Lyme. Créditos: Dianes Digitals

A todo lo anterior, se suma la inmunología misma de la vida silvestre, es decir, el funcionamiento del sistema inmune de los animales en diferentes contextos. La bióloga Raina Plowright, de Pennsylvania State University, se ha dedicado a estudiar la distribución del virus Hendra, y descubrió que los brotes del virus eran escasos en zorros voladores rurales, sin embargo, eran mucho más comunes en los animales de áreas urbanas o sub urbanas. Su hipótesis es que los zorros voladores de la ciudad tienen una peor dieta y son más sedentarios, además de contar con menor exposición a la enfermedad, lo que los hace menos inmunes ante a ella.

Considerando todos estos puntos, los científicos abogan que es clave considerar que la salud de los ecosistemas y los animales está ínsitamente ligada a la salud de los humanos, y que la ecología debe convertirse en un factor a considerar, tanto dentro de la economía como de la salud pública. Un país que lidera la incorporación de este nuevo paradigma es Australia, quien ha invertido millones en realizar los estudios que permitan comprender la ecología del virus Hendra en los murciélagos, para así prevenir nuevos brotes.

Es importante comprender que la amenaza de estas enfermedades siempre ha existido, lo que ha cambiado (aumentando nuestras posibilidades de contagio) es nuestra relación con ellas; nosotros mismos nos hemos hecho más vulnerables. Según el Dr. Richard Ostfield “Existe una mala lectura de la situación, que propone que los ecosistemas son una fuente de amenaza para nosotros, este pensamiento está errado. Es verdad que esta amenaza esta presente, pero es la actividad humana sobre la naturaleza y nuestra intervención en ella la que convierte la amenaza en un daño.“

Es preciso analizar otro impacto del ser humano sobre las especies salvajes: el tráfico, tanto para mascotas como para consumo. En este sentido es fundamental entender que los patógenos no respetan las fronteras entre especies, es más, los virus mutan naturalmente y pueden recombinarse para crear nuevos virus. Thomas Gillespie, ecólogo de enfermedades de la universidad Emory, afirma que por lo mismo, los mercados donde se transan animales traficados conforman un caldo de cultivo para la transmisión de patógenos entre especies, y dice que cuando el patógeno tiene acceso a especies nuevas, el potencial de multiplicación es aún más rápido.

El tráfico de animales es un caldo de cultivo para la transmisión de patógenos entre especies. Crédito: Dan Bennet

Dados los claros riesgos de gatillar nuevas pandemias mundiales, la Wildlife Conservation Society (WCS) y Global Wildlife Conservation demandan una prohibición permanente del tráfico de vida silvestre y de los mercados de animales vivos. Siguiendo a la pandemia del COVID-19 han habido avances: China ha anunciado la prohibición del consumo de animales salvajes, mientras que Vietnam le ha seguido con una prohibición tanto del comercio como del consumo de vida silvestre. Chris Walzer, director ejecutivo de WCS, dice que espera ver un efecto dominó en cuanto a legislaciones y restricciones en la región, debido a que los mercados de estos países vecinos están altamente interconectados.

“Estamos en una era de emergencia crónica“ dice Brian Bird, investigador virólogo en la Universidad de California, “los riesgos hoy son grandes, siempre estuvieron presentes, pero nuestra interacción con ellos los hace hoy más peligrosos, entre otras cosas porque hoy le permitimos a las enfermedades que viajen más rápido y más lejos.“ Por su parte Eric Fevre y Cecilia Tacoli, investigadores en IIED (Instituto Internacional de Ecología y Desarrollo) hacen un llamado a repensar la estructura urbana, especialmente en lo que respecta a poblados informales y de bajos ingresos. “Los esfuerzos cortoplacistas están enfocados en contener la enfermedad, pero una mirada a largo plazo debe enfocarse en la planificación urbana y el desarrollo en sí.“

Por último, cabe mencionar en estudio realizado el 2015 por científicos de Byrd Polar and Climate Research Center asociados a Ohio State University, en conjunto con investigadores de Institute of Tibetan Plateau Research of the Chinese Academy of Science, donde recolectaron muestras de hielo del glaciar Guliya en Tibet, el glaciar más antiguo de la tierra con 15.000 años. El estudio reveló 33 grupos de virus de los cuales 28 eran desconocidos. Se suma por tanto una nueva alerta frente al cambio climático, no solo por el crecimiento del nivel de las aguas y su consecuencia para varios países, sumado a la escasez hídrica, sino también porque ahora conocemos el peligro que el derretimiento de glaciares libere a estos diversos patógenos al ambiente.

La destrucción del medio ambiente se viene produciendo a niveles cada vez peores debido a la incapacidad de los países y de los organismos internacionales para legislar categóricamente en torno a su protección efectiva. No solo están aumentando los niveles de contaminación, provocando el cambio climático y extinguiendo especies de manera masiva, también están creando hábitats donde enfermedades peligrosas para el ser humano se transmiten de manera veloz y mortal. Si fallamos en comprender y cuidar el mundo natural, la descompensación de los sistemas naturales tendrá consecuencias mucho más graves que lo que vemos hoy.

Ana Vallejos Cotter es Licenciada en Artes y Humanidades PUC y MA en Proceso Creativo NUI. En su trabajo ella busca formas de poner la creatividad al servicio de la naturaleza. Es parte del Equipo Editorial de Endémico.

 

 

 

 

  Las colillas de cigarrillo son el residuo más encontrado en las limpiezas de playas y espacios públicos de todo el mundo. Éstas no solo dañan a quienes fuman, sino también al medioambiente, al ser usualmente descartadas en el suelo como si tuvieran facultades especiales que les permiten estar ahí. Es por esto que necesitamos […]

 

Las colillas de cigarrillo son el residuo más encontrado en las limpiezas de playas y espacios públicos de todo el mundo. Éstas no solo dañan a quienes fuman, sino también al medioambiente, al ser usualmente descartadas en el suelo como si tuvieran facultades especiales que les permiten estar ahí. Es por esto que necesitamos urgentemente ir hacia una regularización efectiva de los plásticos de un solo uso, especialmente de las colillas de cigarrillo, ya que este tipo de residuo produce daños irreversibles: contamina el agua, contiene químicos peligrosos tanto para niños como para la fauna marina; y se tardan más de 20 años en descomponer.

Un cigarrillo posee entre 7 y 20 mg de alquitrán y produce 80 cm³ de monóxido de carbono. Son fabricados a base de acetato de celulosa, material que puede romperse en pedazos de plásticos más pequeños una vez que entran en contacto con el agua. Cuando esto ocurre, se liberan cerca de 7.000 químicos contenidos en un solo cigarro. Muchos de los cuales son tóxicos y al menos 50 de ellos son conocidos carcinógenos (1). Estos contaminantes liberados en tan solo 96 horas logran matar al 50% de los peces a su alrededor y producen serias complicaciones a invertebrados acuáticos según investigaciones realizadas por Elli Slaughter y Ronald Patra (2,3). 

©Pixabay

Regulación 

En la capital de Kenia, en la ciudad de Nakuru, y también en Sudáfrica, la prohibición de fumar en espacios públicos y centros deportivos ha sido efectiva y socialmente aceptada. Asimismo, ciudades y países asiáticos han luchado para prohibir fumar en espacios públicos. En Tokio, se han empezado a dar incentivos a los trabajadores que no fuman con días de vacaciones extras como una de las medidas para reducir el tabaquismo antes de los Juegos Olímpicos del año 2020. Y en Beijing desde el año 2015, se inició la primera prohibición de fumar. En este último caso, la aceptación social ha sido más lenta y reticente, ya que numerosas empresas y ciudadanos han sido sancionados severamente por infringir la ley. Por otra parte, las playas en Tailandia y los espacios públicos fomentan un entorno menos contaminado producto de la prohibición de fumar, con serias sanciones en dinero o cárcel en el caso de Filipinas. 

Estados Unidos también se ha unido a la causa. Hoy en día, las playas, los parques y las calles de Santa Bárbara, California, se encuentran libres de cigarros. En Europa el panorama también ha cambiado positivamente; el Ministerio de Salud de Francia apuntó que un millón de personas dejó de fumar en ese país entre los años 2016 y 2017. Además, algunas ciudades de Holanda y España han tomado medidas para posicionarse como ciudades libres de tabaco. Desde el año 2006, España prohibió fumar dentro de hospitales, centros educativos y algunos espacios públicos y de entretenimiento. Cabe destacar también las medidas de menor impacto como en Cataluña, donde se han planteado medidas como prohibir fumar en los automóviles, hasta iniciativas más masivas y complejas, como en el pueblo gallego de Baiona, donde han convertido sus playas en 100% libres de tabaco. 

Ghana, Etiopía, Nigeria, Eritrea, Panamá y Ecuador cuentan con las menores tasas de tabaquismo al año según la Organización Mundial de la Salud (OMS), con un 4-7% de tabaquismo en la población. Los tres primeros países, se unieron al Convenio Marco de la OMS para el control del tabaco y han empleado estrictas medidas para mantener las cifras favorables en el tiempo. 

Alrededor del mundo los países se ven urgidos a avanzar en la reducción o prohibición del consumo de cigarro. Lo que se ve reflejado a través de políticas impulsadas por Gobiernos,  también por la presión social de la ciudadanía que exige espacios públicos libres de cigarros y además por la OMS. Según reportes de la OPS (Organización Panamericana de la Salud) y la OMS, el consumo de tabaco ha disminuido desde el año 2000, tanto a nivel mundial como en la región de las Américas, debido a una mayor regulación, fiscalización, monitoreo e impuestos asociados al tabaco. 

©Unsplash

 

¿Latinoamérica libre de cigarros?

Según la OMS en su reporte anual del año 2016, Panamá y Ecuador presentan la menor tasa de tabaquismo en América Latina, con un 6,2 y un 7,2% respectivamente. Diametralmente opuesta es la situación que atraviesa Chile, situándose como el segundo país con la mayor tasa de consumo de cigarros al año, con un 38%, y solo seguido de Bolivia, quien tiene la mayor tasa de consumo anual, registrando un 38,9%.

A nivel país, la batalla por dejar de fumar en todos los espacios cerrados de uso y acceso público o comercial se ganó el 1 de Marzo del año 2013, día en que comenzó a regir la ley del tabaco (Ley N°20.660), que aumenta las restricciones al consumo, venta y publicidad del cigarro. Sin embargo, hoy las calles, las playas y los parques continúan recibiendo la contaminación de las colillas, pese a la creciente demanda de la ciudadanía para que estos espacios también sean protegidos del tabaco.

En este punto, la prohibición de fumar en sitios donde la ley actual no cubre, es difícil de ganar sin la voluntad política necesaria, ya que en Chile existen proyectos de ley que están estancados hace años. Tal es el caso del proyecto de ley del año 2010, el cual propone la  prohibición de la publicidad del tabaco, y que actualmente se encuentra como “Archivado” en el estado de tramitación legal. Misma suerte que corren dos proyectos de ley del año 2016, cuyos cuerpos legales pretenden “regular actividades relacionadas con el tabaco, para establecer exigencias en relación con las colillas y los filtros de los cigarros” y la regulación de “actividades relacionadas con el tabaco, para prohibir fumar en playas y piscinas de acceso público, y aplicar las sanciones correspondientes”. Por su parte, el más reciente proyecto de ley, ingresado el 23 de enero del año 2019,  y cuyo propósito busca “regular actividades relacionadas con el tabaco, y el Código Penal, para proteger playas de mar, de río o lago, de la contaminación con colillas de cigarrillo”, se encuentra en estado de “Tramitación”. 

Otras formas de prevenir la entrada de colillas de cigarro a estos espacios públicos y abiertos son la educación y la difusión de sus daños, tanto para la fauna como para la salud de los ecosistemas. Campañas informativas, prevención antes de la temporada de mayor flujo de turistas, fomento a una responsable disposición de las colillas, y presión social ante Municipalidades y el Gobierno,  permitirían que los ciudadanos puedan elegir cómo ayudar a lograr espacios abiertos y públicos sin este tipo de contaminación.

Referencias: 

  1. The health consequences of smoking – 50 years of progress: a report of the surgeon general. Technical report. US Department of Health and Human Services: Atlanta, GA. 2014. 
  2.  Slaughter, E., Gersberg, RM., Watanabe, K., Rudolph, J., Stransky, C & TE, Novotny.  2011. Toxicity of cigarette butts, and their chemical components, to marine and freshwater fish. Tobacco Control. 20 (Supp l1): i25 – i29  
  3. Micevska,T., Warne, MSJ., Pablo, F & R, Patra. 2006. Variation in, and causes of, toxicity of cigarette butts to a cladoceran and microtox. Archives of Environmental Contamination and Toxicology.50 (2) :205–212.
La Comunidad Química Verde junto al núcleo milenio Centro Interdisciplinario de Líquidos Iónicos y el Programa de Educación Continua Pec Universidad de Chile, realizarán el día de martes 29 de Agosto el Primer Seminario Ciencia, Ambiente y Educación en la Sala Eloisa Díaz de la casa central de la Universidad de Chile, a partir de […]

La Comunidad Química Verde junto al núcleo milenio Centro Interdisciplinario de Líquidos Iónicos y el Programa de Educación Continua Pec Universidad de Chile, realizarán el día de martes 29 de Agosto el Primer Seminario Ciencia, Ambiente y Educación en la Sala Eloisa Díaz de la casa central de la Universidad de Chile, a partir de las 18 horas.

Este evento se ha organizado para conversar sobre los alcances del desarrollo científico en pos de la mejora del medio ambiente y el vínculo que debe existir con la educación.

Quienes estén interesados pueden inscribirse en este link: https://goo.gl/forms/5sU7UgEx5HvpyoRg1