Los principios (des)organizadores de UMBRA

En "UMBRA. Esas dos variables ya no eran posibles a la vez  en un mismo universo y entonces enloquecieron", los procesos creativos se articulan desde una relación social y corporal e integran prácticas culturales del territorio latinoamericano, tales como el oficio textil, el alfarero, la filosofía andina, la geografía como conocimiento encarnado, y la arqueología extractivista como herencia de los diversos sistemas de colonización que han marcado nuestra historia. Entrevistamos a Javiera Asenjo, Josefina Astorga y Catalina Correa, tres artistas que desde sus propios oficios realizaron una profunda investigación hacia sus raíces y territorios genealógicos, para presentar esta emocionante exposición que se puede visitar en el MAC Quinta Normal, hasta el 11 de junio.
Detalle del tejido de la instalación La laguna alada, de Javiera Asenjo.

Deshacer la madeja de forma colectiva: Javiera Asenjo y La laguna alada

¿Cómo comenzaste a interesarte en el proceso del tejido y el hilado?

Es algo que he visto toda mi vida, mi abuela tejía a palillo, mi mamá cosía mucho. Pero hace 6 años que el tejido me atrapó, en su complejidad y su capacidad de tejernos con los territorios, los lugares y las personas. En el sentido que ya no lo veo como un objeto, sino una consciencia de que estás tejiendo. Eso me llevó a pensar en los materiales. Si, por ejemplo, ocupo hilo industrial, ¿qué implica esa decisión en cuanto a los procesos, las personas que lo trabajaron, su nivel de contaminación?, entre otras muchas preguntas.

¿Cómo cambió el proceso de obra con la pandemia?

El 2020 me obligó a rearticular mi investigación. Originalmente tenía pensado hacer un tejido largo que era muy colorinche, y se llamaba “Todos somos un paraíso”. Pero luego vino el estallido social, la pandemia, fue otro el contexto y hubo que preguntarse: ¿Qué hacemos con toda esta soledad, con los miedos, con la relación con la muerte? Se me vino entonces la idea de habitar un proceso que fuera de deshacer y rehacer. Una experiencia que integrara también a la muerte, los procesos de descomposición y la enfermedad, que suelen ponerse de lado en nuestra sociedad, porque está siempre pensando en el crecimiento infinito. Entonces imaginé una estructura que consistiera en un proceso: voy a construir un tejido, lo teñiré con barro, lo deshago y hago otro tejido.

Instalación «La laguna alada» de Javiera Asenjo. El tejido fue teñido con barro de un río de la Amazonía. © Javiera Asenjo

¿Cómo enfrentas en tu práctica la relación con el tejido y el cuerpo?

Para mí, el tejido es una experiencia siempre muy corporal, además de intelectual y del oficio. Mientras estaba en una residencia en Sao Paulo en 2021, primero hice el tejido de una cesta con una cuerda de algodón crudo en punta de crochet. Esa cesta la hice a mi medida, para que yo cupiera al interior, como un feto. Me metí adentro, e hice exploraciones con video, corporales (el video del proceso está presente en la exhibición). La cesta la llevé a los inicios de uno de los ríos de la cuenca del Amazonía, en Brasil, y la teñí con el barro de unos de los brazos del río Madeira. Ese río nace en los Andes del Perú, en Puerto Maldonado, y baja hasta desembocar en el Amazonas y finalmente al mar. Teñí con barro y plantas y pasó de ser blanca a café, y finalmente gris.

Con este tejido quise crear una experiencia que integrara también a la muerte, los procesos de descomposición y la enfermedad, que suelen ponerse de lado en nuestra sociedad, porque está siempre pensando en el crecimiento infinito.

Javiera Asenjo

¿Por qué te interesaba teñir con el barro de un río y no con, por ejemplo, una tintura?

Al principio pensé en los humedales, por su condición de regeneración que poseen al integrar la muerte, o la pudrición. Pero luego surgió el viaje a Brasil y resultó ir hasta ese río. La cesta quedó oscura. Luego me fui a otra residencia donde deshice la cesta. Con un grupo de artistas realicé una actividad que consistía en que 3 personas tiraban de cada uno de los cabos de la cuerda y deshacíamos entre todos la madeja. Metí esos 5 kilos de cuerda a la maleta, y en Chile tejí durante el verano el nuevo tejido en un solo plano, que ahora está expuesto aquí.

¿Por qué era importante para ti deshacer la cesta?

Era una pregunta geométrica, de cómo el círculo se transforma en un plano, o el tejido a crochet que es circular, mientras que el otro es ortogonal, es decir, un sistema de verticales y horizontales que se conectan con el giro. Otra pregunta que se acopló a lo anterior fue pensar que la cesta es una primera casa, volver a un útero, a un contenedor, para pensar: bien, me puedo contener a mí misma. Ya que soy individuo, la siguiente pregunta fue: ¿cómo me tejo luego con el mundo? Esa pregunta se va resolviendo en el proceso mismo. Abrir el círculo al plano, quienes me ayudan y quienes me reciben, el teñido del barro que se vuelve una acción colectiva, el tejido final que lo hago en un telar aquí en Santiago, como una vuelta a las raíces. Es estar abierta al proceso, confiar que la vida te va demostrando los caminos.

El trabajo con el tejido y los planos circulares y abiertos fue parte fundamental del proceso de la obra. © Javiera Asenjo

La instalación que vemos se asemeja a una hamaca, pero tiene una torsión que le da una forma particular como de espiral. ¿Qué implicó ese paso del círculo al plano y de trabajar con estas capas y torsiones?

Como el tejido consistía en una doble capa, había una sección que yo nunca veía, que iba quedando invisible. Pienso que estar en la vida y existir implica también no ver todo, confiar, incluso, dejarse caer. Hay algo que me gusta mucho al pensar el tejido, y es que el hilo también cae. Porque al hilar en huso, da un peso de una caída y te conecta con la fuerza de gravedad, que junto a la fuerza de la torsión organizan estas fibras de manera que existe una primera organización estable y lineal para luego hacer todos los tejidos que uno quiera. Entonces es como una fibra de ADN, te permite replicar hasta el infinito y hacer un montón de diversidad. Y ese es un principio organizador de las galaxias, de los huesos. Las plantas también tienen un crecimiento en espiral que genera una potencia de vida, de creación. Es interesante poder ir encontrando esos principios organizadores, las geometrías y abstracciones que están en la naturaleza a diferentes escalas. En ese sentido, también me pregunté: ¿qué es lo que queda del círculo al plano? Hay algo que no cambia, y es el hilo que estuvo todo el tiempo, solo que organizado de diferentes maneras.

Usas tejidos que rememoran las culturas altoandinas, y su relación con la muerte. ¿Qué tomaste y aprendiste de esa sabiduría ancestral?

Una de las muchas estructuras del repertorio textil andino es la de gasa vuelta, que consiste en una estructura que va girando. Muchas de esas gasas se han encontrado en tumbas, porque envolvían a sus muertos con muchos tejidos. Hay autores que plantean que estos tejidos funerarios se hicieron especialmente para envolver a sus muertos. Cuando haces tejido, puedes torcer a la derecha o a la izquierda, según la función que busques. En el mundo andino, se dice que la izquierda conecta con el mundo de los espíritus, por eso los tejidos funerarios se tejían en esa dirección. Entonces existe toda una cosmovisión que, si bien no ocupo en esta obra, me queda reverberando. Al ver estas gasas me conmuevo profundamente y me hago la pregunta: ¿Que tal si ahora tejemos así, con qué nos va a conectar?

Pasillo con fotografías, grabados, textos y bitácora que muestra el proceso de obra colectivo de las 3 artistas. © Javiera Asenjo

Dar vuelta el mundo en Las sopladoras de Josefina Astorga

La idea de la inversión está muy presente en tus fotografías. No es fácil saber desde dónde estamos mirando estos paisajes de cordillera y volcanes, si es día o es noche, si estamos adentro o afuera… ¿De dónde viene esa intención?

La idea de voltear el universo está presente en el concepto andino del Pachakuti, que representa un cambio de era, pero también una inversión a los órdenes establecidos. La pandemia me generó esta sensación muy radical de estar viviendo una hecatombe, un cataclismo. A eso se le sumó que en 2020 yo estaba en Argentina partiendo a lo que iba a ser un largo viaje, y de pronto la pandemia me obliga a devolverme. Cruzar la cordillera nuevamente me hizo sentir que el mundo se estaba volteando, como la carta de El colgado en el Tarot. También, desde otras investigaciones y proyectos, me siento muy alineada con las pulsiones y luchas del presente, sobre todo con el feminismo. En eso, se me hizo también muy evidente la necesidad de colaborar con la naturaleza. En Las Sopladoras reflexiono sobre este Pachakuti, como un Warmi (mujer) Pachakuti, un cambio de era liderado por el feminismo, cuestionando las verdades heredadas, instaladas por este sistema patriarcal. Me parece relevante incorporar en este cambio, un espíritu naturalista, un espacio de colaboración, de cuidado y de ayuda mutua, una visión empática hacia un presente libre e igualitario, donde naturaleza y mujer existimos lejos de toda explotación.

“Aprendimos a defendernos antes de aprender a hablar” es una de las frases que me llamó la atención en la voz en off de la pieza audiovisual en Las Sopladoras. Parecen estar muy presentes autorías feministas. ¿Cómo enfrentaste ese montaje de voces e imágenes?

Esa frase se la escuché a Rita Segato. Pero también están las palabras de Gabriela Mistral, Mónica Ojeda, Silvia Rivera Cusicanqui entre otras. Me sumo a sus palabras y compongo un gran poema colectivo, feminista y latinoamericano. Una escritura «no creativa» donde mi voz lírica singular es intercambiada por un coro de voces. El poema borronea el límite entre expresión colectiva y discurso individual, al tiempo que se quita relevancia a proyectos escriturales donde la forma poética es parte de la mediación de los discursos personales. En ese sentido, me interesa la voz y la oralidad como un soporte artístico, para así trabajar el espacio de escucha. 

En Las Sopladoras entiendo el Warmi Pachakuti como un cuestionamiento a la verdad instalada por el sistema neoliberal y patriarcal. Necesitamos liderar el cambio desde el feminismo, pero también desde un espíritu naturalista, un espacio de ayuda mutua con una visión empática hacia un presente libre e igualitario, donde naturaleza y mujer existimos lejos de toda explotación.

Josefina Astorga

La frase “Aprendimos a defendernos antes de aprender a hablar” me es muy significativa porque pertenece a nuestro activismo primario. Responde a la sensación de nacer desde la vulnerabilidad más grande, pero también desde una fuerza tremenda. Venir a este mundo a tener que defendernos es una verdad que heredamos desde nuestro matrilineaje; somos esa herencia de lucha. Pero vivir legitimando nuestros espacios es muy cansador. Por eso la colectividad se vuelve fundamental. Las sopladoras es un nombre que sugiere esa colectividad. Trabajar desde un imaginario que remite a la necesidad de no soltarnos. El soplo es un acto primario, elemental, que universalmente significa un gesto mágico y creativo, que cambia el rumbo de las cosas y que da vida, por ejemplo, enciende el fuego. El acto poético en Las sopladoras es poder soplar juntas, hacia el oriente la salida del sol, para poder cambiar juntas el rumbo y el orden de las cosas. El oriente por otra parte tiene un peso místico y mágico sobre el origen.

Josefina Astorga usa la técnica de la fotografía estenopeica como dispositivo para dialogar con el concepto andino del Pachakuti y la inversión del mundo. © Josefina Astorga

Trabajas con fotografía estenopeica. ¿Cómo fue el proceso de subir a los volcanes del sur a tomar fotografías con este medio tan elemental? ¿Qué implica este dispositivo en la poética de tus imágenes?

Subí a diferentes alturas, siempre acompañada de mujeres, cargando mochilas que prácticamente sólo tenían latas, que eran mis cámaras fotográficas. Fueron días completos de mucho andar y compartir, fue muy divertido. Fabriqué cerca de 40 cámaras, todas con distintos objetivos fotográficos (normales, teleobjetivos, gran angulares) La fotografía estenopeica como técnica primaria sobre la luz y el tiempo, revela una relación directa con el concepto de la inversión, eso me ayudaba a poetizar sobre el Pachakuti y la idea de voltear el mundo. Una exploración visual desde la construcción de diversas cámaras fotográficas, que registran más allá de aquello visible para el ojo humano. Al recuperar la manualidad y materialidad fotográfica me adhiero a la idea andina de pensar con las manos, una excusa maravillosa también para volver al cuarto oscuro, esta vez montado en el baño de mi casa. Me di cuenta que desde la fotografía estenopeica, develo fragmentos de imágenes esenciales. Retorno a un lenguaje simple, para pensar desde la alquimia el misterio del tiempo, el juego de la oscuridad y lo invisible, almacenando el oriente, el humo, la montaña y la luz del soplo en cajas de latas donde todo se invierte, todo gira desde un objeto doméstico que se revela, resultando fotografías de estelas como fantasmas que se ajustan al relato. 

Gran parte de los registros fotográficos se realizaron en caminatas y ascensos por los volcanes de la Araucanía. © Josefina Astorga

¿Qué significan para ti las montañas? ¿Y cómo lo conectas con la reivindicación de lo femenino?

La montaña es un lugar sagrado, origen y eje del mundo, fuerza vertical conectora de universos opuestos. Donde retornan todas las almas, transformándose en un espacio espiritual y colectivo. Una posibilidad de transformar nuestro tiempo. Arriba la vista queda abierta hacia otras perspectivas, hacia la tierra que está detrás de las montañas. Muchas fotografías fueron hechas en torno a los volcanes Quetrupillán, Rukapillan y Lanín, que tienen un inmenso sentido que deja entrever la relación continua entre lo humano y no humano presente en la cosmovisión Mapuche. En ese territorio se me hizo más palpable la capacidad de la naturaleza para intervenir en la vida de las personas, y la relación que se establece, porque se le ruega y la naturaleza responde, protege, cuida. Me interesa la reciprocidad de ese acto. En cada nivel del territorio se encuentran diferentes relaciones de colaboración entre ser humano y naturaleza. 

Por otra parte, hablo de la montaña como espacio explotado. El extractivismo es parte del patriarcado, sistema que destruye y que ya no resiste más. Pero su caída será violenta. Eso mismo lo sentimos desde nuestras propias verdades como mujeres y nuestra propia valorización social. 

Fotograma de la pieza audiovisual Las Sopladoras. © Josefina Astorga

Lo monstruoso y familiar de viajar a las raíces: Catalina Correa y Tropismo

Cuéntanos de tu relación con la arqueología y los mundos subterráneos.

Mientras viví en la región de Aysén, desarrollé un interés muy grande por los sitios arqueológicos. Pero siempre mi relación con éstos era desde cuevas, murallones o aleros. Después, durante la Residencia en la Tierra en Colombia en 2013, conocí a un grupo de huaqueros (personas que se dedican a extraer clandestinamente material arqueológico de “huacas” o tumbas) y de pronto me encontré con estos canales verticales de varios metros de profundidad. Fue la primera vez que surge en mí la idea de un paisaje vertical, algo que va desde la superficie hacia adentro, o desde la superficie hacia arriba. Adentrarme en la huaca fue algo muy potente, porque me situó en el lugar del muerto, y al mismo tiempo pude ver las raíces desde abajo. Esa relación con las plantas desde otra perspectiva, una subterránea e interior, me hizo pensar en la idea del tropismo: de cuerpos que viven en dos ambientes diferentes en forma simultánea, desarrollándose con capacidades totalmente distintas. Esa cosa monstruosa me fascinó y lo extrapolé a la dimensión humana, y en particular, a pensar el maternar, y mi lugar como mujer en el mundo.

Los jacintos son plantas cuyas raíces crecen en el agua y que se conocen como «malas madres». © Catalina Correa

¿Y cómo vives tú ese tropismo?

Durante el encierro de la pandemia me tocó estudiar y cuidar mis hijos en el mismo espacio en un país extranjero, Londres. Todo eso me hizo pensar en la genealogía de esta estructura dual bidireccional de desarrollo. Porque tenía literalmente la mitad de mis extremidades cuidando niños y la otra mitad de mi cuerpo pensando y escribiendo una disertación para mi magíster. Entonces me hice muchas preguntas por el origen de esa crisis genealógica. Y comencé a investigar mi propia historia, entrevistando a mujeres de mi familia y ocupando terapias alternativas. El resultado de eso es el collage y video presente en la exposición. Ese trabajo toma el título de Otro origen blanco mixto (“Other whitemix background”) que es el casillero que tengo que rellenar constantemente en los formularios británicos para señalar  mi origen étnico. El resultado de esta etnicidad tan poco acotada es una narración sobre la migración, sobre mujeres que en el siglo XIX fueron llevadas por sus padres o maridos a Latinoamérica y emigraron de un lugar a otro, hasta finalmente permanecer en Chile.

Por más cambiantes que sean las aguas que contienen, se sigue siendo un cuerpo.

Catalina Correa

¿Por qué usaste jacintos y cerámica en tu instalación?

El jacinto es una planta que tiene raíces acuáticas, es hidropónica, por lo que no están arraigadas a un suelo fijo, sino que más bien se mueven dependiendo de quien los contenga, de las corrientes o simplemente de las circunstancias. Una de las imágenes más fuertes que tuve al acercarme a mi matrilineaje fue la de la mujer silenciada. En lo personal, eso era lo que me estaba haciendo crisis. Sentía un mandato biológico de asumir esta situación, de sacar mi carrera y cuidar a los niños. Comprender que eso venía de muchas generaciones pasadas fue algo muy significativo.

La raíz flotante que se ve en la estructura cilíndrica transparente y vertical que contiene a los jacintos me hizo conectar con la sensación de migración, y me sentí segura en esa figura. Porque por más cambiantes que sean las aguas que contienen, se sigue siendo un cuerpo. Por otra parte, el jacinto es una planta super carne de perro, tiene estas raíces maravillosas y es diferente a otras plantas acuáticas. A estas especies colgantes de hojas largas se le llama “mala madre” porque abandonan a sus hijitos. Le crecen hijos desde el rizoma  y estos se van soltando.

Por otra parte, las cerámicas responden a una figura súper simple, que me remite al gesto latinoamericano de preparar arepas. La primera tanda de cerámicas la hice con quema primitiva, que le da un aspecto como de pieza arqueológica, y la segunda tiene palabras escritas en bajo relieve que provienen de un montón de textos que tomé de madres artistas y sus sentires respecto a esa doble labor, doblemente no reconocida. Pase por muchas ideas de cómo instalarlas y finalmente se acoplaron al jacinto transformándose en una pieza de arqueología personal. Es el ciclo de lo oscuro que está abajo que se conecta con la planta que se eleva hacia arriba, ambas retroalimentándose.

La artista hizo una investigación hacia sus raíces familiares como también las deidades femeninas que estaban presentes en las culturas prehistóricas. © Catalina Correa

La geometría del triángulo está muy presente en “Tropismo”. Cuéntanos sobre esto.

Es un símbolo de lo femenino. La figura del triángulo representa básicamente el pubis que aparece en un montón de grecas de todo tipo en culturas ancestrales, en pinturas de vasijas funerarias o tallada en rocas de templos, como símbolo de fertilidad y de la diosa que representa la vida, muerte y regeneración. Durante el proceso de obra investigué a una arqueóloga y linguista que se llama Marija Gimbutas, quien  trastorna el relato de la prehistoria al contarlo desde una perspectiva femenina y geocéntrica. Ella sostiene que desde antes de la Edad de Bronce los seres humanos vivían en torno a la figura femenina, una diosa central de los credos paleolíticos y neolíticos. Para ellos, la relación con otros grupos humanos no era bélica, no había muros ni defensa. Eso estaba en total relación con lo que yo venía investigando. En Escocia y el sur de Inglaterra encontré registros similares. Visité sitios arqueológicos que tenían vestigios materiales de esa época con forma de úteros. Como círculos con una entrada y esa entrada estaba en la misma dirección que el solsticio de invierno. Que a fin de cuentas, es el primer rayo de sol que fecunda la vida.

El collage en la exhibición «Tropismo» busca indagar en los matrilineajes. © Catalina Correa

Exposición «UMBRA. Esas dos variables ya no eran posibles a la vez  en un mismo universo y entonces enloquecieron».

Del 31 de marzo al 11 de junio. Visitas de martes a sábado.

Lugar: MAC Quinta Normal (Matucana 464, Quinta Normal, Santiago)

Imagen de portada: Detalle de «Tropismo», instalación de Catalina Correa.

¿Qué pasaría si nos transportáramos cientos de años en el futuro, para presenciar un recorrido arqueológico por la historia que llevó a la humanidad a la desaparición de sus últimos vestigios?

No fue la fantasía, sino la ciencia ficción de un futuro no demasiado ajeno, la premisa que movilizó al equipo de Colectivo Ronda a crear la muestra “Vestigios: Arqueología de un sistema indumentario futuro”. Después de un proceso reflexivo y de ejecución de 5 años que consideró un audaz guión museográfico y la creación de piezas y artefactos con textiles y biomateriales, el equipo integrado por artistas visuales, diseñadoras de vestuario, audiovisualistas, entre otras y otros, inauguró un poderoso túnel en el tiempo. Una exhibición que permanecerá abierta al público hasta el 27 de mayo en el espacio cultural en formación Casa Palacio, Santiago centro.

Visitamos su inauguración, y el resultado de la experiencia fue una inmersión en un viaje espacial y temporal. A partir de una prolija investigación museográfica y audaz propuesta de diseño textil principalmente con biomateriales, la muestra evoca preguntas en torno a cómo miraremos nuestro presente en un porvenir que, para bien y para mal, ya no lo percibimos como tan lejano.

Collar manufacturado con algas y nylon, Reparativo Medio. © Benjamín Salazar

El efecto extrañamiento

El recorrido comienza en el subsuelo de un palacio patrimonial ubicada en el límite del barrio Concha y Toro con la Alameda, en su origen perteneciente a un magnate minero de apellido Elguin. Allí, en un subterráneo de fines del siglo XIX de techos bajos, nos enfrentamos al portal de ingreso. Lo primero que llama la atención es un desconcertante cerro de ropa acumulado junto a un televisor antiguo que proyecta una entrevista de un supuesto historiador llamado Walter Cruz. Estamos en la era de nuestro presente histórico, el Capitalismo Tardío, justo antes de la Gran Migración de los centros urbanos hacia la macrozona costera.

El montón de ropa remite más bien a un cúmulo de desecho, aquellos vertederos que cada vez son más comunes en sectores periféricos de la ciudad, o en islas de ropa en el desierto. Walter Cruz, por su parte, se hace la pregunta clave de esta muestra. ¿Qué haremos con la huella? ¿Y cómo hacer historia cuando sobrevivir requiere de una radicalidad tan grande como no dejar rastro, eliminar todo vestigio material que rememore nuestro pasado?

Lo que se busca más bien es reevaluarnos, volver a mirarnos, en un tiempo en que el temor se dirige más a que el mundo explote desde adentro que por el impacto de un meteorito.

El tono, por cierto, es irónico, y por lo mismo, produce escalofríos y alivio reconocer lo cerca que estamos del colapso de los múltiples sistemas neoliberales, patriarcales, etc, que nos han sumido en la crisis socioambiental, acaso el túnel sin fondo que ahora ingresamos a modo de simulacro.

Un texto curatorial contextualiza el viaje al futuro que ahora comienza. Solo que no sabemos que se trata de un guión de ciencia ficción especulativa. Leemos:

Tras varias décadas de advertencias desatendidas, los supuestos del sistema capitalista colapsan de manera irreversible. La sobreexplotación, sobrepoblación y sobrecontaminación del planeta dan lugar a un estado continuo de crisis políticas y económicas, que sumadas a las sucesivas pandemias ocurridas a partir de 2020, catalizan el proceso de colapso de industrias clave y posteriormente de las ciudades (…).

Y con esta bienvenida, ingresamos en una cápsula de tiempo, más de un siglo en el futuro.

Capucha, Reparativo Medio. © Benjamín Salazar

Ciencia ficción y medio ambiente

No es algo nuevo que proyectos de arte contemporáneo trabajen con imaginar futuros posibles, ya sea esperanzadores, ya sea paisajes en ruina, para ofrecer un modelo donde volver a mirarse. En esa línea, Robert Smithson, artista precursor de la corriente del “land art” en Estados Unidos, escribía que “estoy convencido de que el futuro está perdido en algún lugar en los basureros del pasado no-histórico, en los vacuos anuncios de ciencia-ficción, en el falso espejo de nuestros sueños rechazados”. Pensar la basura como arqueología, en la ruina como vestigio, es algo que artistas ya venían elaborando en obras situadas en espacios naturales, más allá de imaginar historias fantásticas en planetas lejanos.

Por supuesto que en la literatura encontramos también casos ejemplares que produjeron historias bajo un lente socioambiental. Ahí están los relatos de la escritora feminista Ursula K. Le Guin, quien aprovechó las herramientas de la ciencia ficción especulativa para imaginar cómo hubiesen sido ciertos episodios de la historia humana si las protagonistas hubiesen sido otras u otros (mujeres y otros seres más-que-humanos, por ejemplo). Asimismo, novelas icónicas de este modelo se han adaptado recientemente a seriales de televisión y streaming para ponernos en el lugar del futuro como pasado, de cómo luciría nuestro porvenir cuando ya no estemos aquí. Un ejemplo de ello es La Fundación, libro de Isaac Asimov (lanzado este año en Apple TV) en donde el científico Hari Seldon se transforma en una amenaza para “el Imperio”, al ser capaz de predecir el futuro con el modelo matemático de la “piscohistoria”.

La exhibición se podrá visitar hasta el 27 de mayo. © Benjamín Salazar

Es en esa línea conceptual que desde el cono Sur se posiciona la muestra Vestigios… Así, se trata de una exhibición de alto valor para el género de la ciencia ficción y el diseño textil, en el sentido de que trabaja una estética inédita desde la biomaterialidad, y a su vez abre preguntas éticas y políticas que nos obligan a situarnos como espectadores autoconscientes ante el problemático presente histórico que estamos experimentando.

La propuesta recuerda en su título a la lúcida discusión del teórico Frederic Jameson, quien en su libro Arqueologías del Futuro (2005) plantea  la distopía como un ejercicio crítico y riguroso que pone de manifiesto la carga política que contiene todo artefacto textual. En esa línea, la muestra Vestigios de Colectivo Ronda, logra trascender la creciente moda o tendencia a reflexionar desde el arte y la cultura en torno a los cada vez más escuchados “futuros posibles”. Lo que importa aquí es la utopía misma, desde las materialiades, la tecnología y el mismo recorrido museográfico. Cuestionar nuestro presente histórico y a partir de ahí, pensar en cómo vamos a seguir caminando, vistiendo, alimentando, nutriendo juntos en esto.  No solo la consideración del futuro como pasado, o las utopías modernas como algo caduco, o la idea de los muchos “futuros perdidos”, como por ejemplo las proyecciones estéticas de las utopías socialistas. Lo que se busca es más bien reevaluarnos, volver a mirarnos, en un tiempo en que el temor se dirige más a que el mundo explote desde adentro que por el impacto de un meteorito.

Detalle de Capucha con biohilo. © Yael Berkowitz

Deambular entre las ruinas

Caminamos por una museografia que ha recogido (y reparado) las ruinas del sistema que nos llevó a la debacle y aparente salvación de nuestra especie, el año 0 de la Gran Migración. El texto curatorial sostiene que las comunidades urbanas arrancaron al poblado de Villamávida, ubicado en una macrozona costera del cono Sur y habitado por comunidades indígenas que vivían en mayor armonía con los ciclos de su entorno natural. Cada una de las vitrinas que acompañan este viaje por el morir y reparación de la civilización se acompañan de objetos de diseño que representan el sentir, el ethos  de cada uno de los períodos que atraviesa esta nueva humanidad.

Significante y significado se disocian, formando una nueva unidad de sentido llena de ironía, sarcasmo y agencia. Son piezas siniestras, que remiten a una cierta oscuridad, porque muchas de ellas aún están presentes en nuestro cotidiano.

Así, por ejemplo, en la era del Reparativa vemos cómo un canasto trabajado con técnicas indígenas se ha tejido con cables recuperados de viejos celulares y computadores. El efecto es un extrañamiento tal que provoca aquella palabra usada por Freud para explicar cómo lo familiar se vuelve ajeno, acaso monstruoso: de alguna forma, son artefactos siniestros.

Poco a poco, nos percatamos que los objetos textiles y materiales que contemplamos a medida que recorremos este vertiginoso subsuelo, son los mismos efectos del sistema del consumismo sin límites, la inconsciencia ante las materias primas del vestuario, la cultura de lo desechable y lo inmediato.  Es, a fin de cuentas, la idea brutal de que el planeta fue concebido como un espacio de recursos que podía ser explotado sin ningún tipo de cuidado o consciencia de lo finito. Quienes sobrevivieron son la cultura perteneciente a la era de la Reparación, porque desde esa precariedad, desde la caída, pudieron volver a crear. Se transforman en hacedores, en vez de consumidores.

Prendas pertenecientes al período Neomaterial. © Benjamín Salazar

Vivir, Morir, Restaurar

La manufactura que integra lo antiguo y lo nuevo (para nuestro presente), la recuperación de materias primas como el hilado de fibras animales y vegetales por medio de husos de mano, el tejido con palillos y crochet, y el uso de telares de cintura son técnicas que se van concatenando en la muestra Vestigios, con una nueva significación. Un jeans roto que se ha zurcido con cables que ya no sirven para su uso original. Una polera cubierta de tierra, tal vez obtenida 50 años atrás en una multitienda como podría ser HyM, remendada con biomateriales en base a algas. Una mascarilla reutilizada, con chips de computador adheridos. Cucharas de palo que ahora se usan como herramientas para iluminar. En todos estos objetos, significante y significado se disocian, formando una nueva unidad de sentido llena de ironía, sarcasmo y agencia. Las piezas nos remiten a una cierta oscuridad, porque muchas de ellas aún están presentes en nuestro cotidiano.

El recorrido continúa explicando cómo ciertos elementos de la naturaleza fueron fundamentales para la supervivencia de nuestra especie. Ahí aparecen, entonces, la nobleza de las algas como el pelillo, que se vierte sobre prendas dañadas para prolongar su uso. Materiales reforzados con textiles naturales o retazos textiles, provenientes de eras pasadas. La conclusión que permanece en la atmósfera de este subsuelo es: la única opción que queda para sobrevivir será reciclar, reparar, reutilizar.

Un documental se proyecta al final de la exhibición sobre un lienzo biomaterial, contando el testimonio de los últimos habitantes de Villamávida © Benjamín Salazar

Desaparecer en el silencio

La cronología de esta muestra culmina en el Flamígero, período donde ocurre la desaparición de todo rastro civilizatorio. Es poco lo que se sabe a ciencia cierta de este período dada la escasez de vestigios. Solo queda el registro de las voces ahora ausentes de sus últimos representantes. El eco de esa huella pone en tela de juicio el rol de la memoria, de la historia, de la cultura. Así, la muestra culmina interrogando: “¿seremos capaces de restaurar una relación de simbiosis y mutualismo en constante devenir con otras especies?”.

Así, la propuesta que instala Vestigios, es una que nos produce emoción y escalofríos, porque a fin de cuentas, con la desaparición de la huella se amenaza la memoria, historia y la cultura humana. Para restaurar los ecosistemas, para volver a mirar los ciclos naturales, debemos eliminar todo rastro. La premisa que recorre esta fascinante exhibición es que es el mismo tiempo histórico el que se ha puesto en crisis. Tal vez, para volver a imaginar historias y funciones alternativas del cuerpo, del vestuario, del tiempo y el espacio, debamos silenciar toda intención de ”presentismo”, ansiedad que ha terminado por cancelar todo futuro, debilitando el poder de la imaginación.  

Prenda del período Reparativo. © Benjamín Salazar

Exposición Vestigios: Arqueología para un sistema indumentario futuro

Un proyecto de Colectivo Ronda

Casa Palacio, Santiago.

Del 5 de mayo al 27 de mayo de 2022.

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Imagen de portada: Alga tejida. © Benjamín Salazar

En Endémico hemos buscado formas no solo de comunicar el gran problema ambiental que vive el planeta, sino también de propiciar la creatividad y visibilizar propuestas artísticas que motiven a un cambio de conciencia. En este contexto, surge durante el año 2020 la convocatoria de “Carteles para una Constitución Ecológica”, campaña gráfica que invitó a artistas y diseñadores a crear carteles que inspirarán a la ciudadanía a votar por una Constitución que proteja a la Tierra en su conjunto.

En Chile estamos en mitad de un proceso constituyente que, entre muchas cosas, se enfrenta a los desafíos globales propios de la crisis climática como lo son la pérdida de biodiversidad, la escasez hídrica y las injusticias socioambientales, por nombrar solo algunos ejemplos. Hoy es urgente materializar acciones y políticas que fortalezcan la conexión con la naturaleza y que sean capaces de promover el cuidado de los territorios, promover todo tipo de prácticas, especialmente de forma colaborativa. 

Los libros del Gato Caulle es la librería en la que se expondrá Carteles para una Constitución Ecológica en Valdivia. © Los libros del Gato Caulle.

En Endémico hemos buscado formas no solo de comunicar el gran problema ambiental que vive el planeta, sino también de propiciar la creatividad y visibilizar propuestas artísticas que motiven a un cambio de conciencia. En este contexto, surge durante el año 2020 la convocatoria de “Carteles para una Constitución Ecológica”, campaña gráfica que invitó a artistas y diseñadores a crear carteles que inspirarán a la ciudadanía a votar por una Constitución que proteja a la Tierra en su conjunto. Esto con la fuerte convicción de que el arte y el diseño pueden ser verdaderos agentes de cambio. El cartel puede darle una voz a nuestro planeta y a todos sus habitantes.

“creemos firmemente en el cruce disciplinario, en vincular los libros a la música, los videos, el diseño y a la gráfica” (Diego Corvera, librero de Los libros del Gato Caulle)

La campaña convocó a decenas de carteles inéditos que han sido seleccionados para su participación en una exposición itinerante a lo largo de diversas regiones de Chile. Así, luego de presentarse en Santiago y Valparaíso, llega a Valdivia de la mano de la librería Los libros del Gato Caulle. Este espacio si bien está dedicado mayoritariamente a los libros, nos relata el librero Diego Corvera, tiene en sus paredes trabajos de artistas locales porque “creemos firmemente en el cruce disciplinario, en vincular los libros a la música, los videos, el diseño y a la gráfica”. Por otra parte, para Diego y el equipo de Gato Caulle “es importante el área de la naturaleza, sean guías de campo, ensayos, revistas o libros infantiles, que enseñen sobre ella e inviten a respetar y valorar nuestro medio ambiente”. 

Con el propósito de honrar este trabajo creativo, ambiental y social que significó la creación de los carteles, activamos esta exposición en la región de los Ríos. Así, el 1 de abril a las 19 hrs daremos inicio a esta exposición con un conversatorio inaugural en el que participarán parte del equipo Endémico: Cristian Toro, director de arte, Jens Benöhr, editor de la revista impresa y Nicole Ellena, directora editorial junto al destacado sociólogo Manuel Tironi.

Nos vemos el próximo viernes en Yungay #768, Valdivia. 

Más información en endemico.org/constitucion-ecologica

El pasado 14 de octubre se inauguró en el Centro Cultural Palacio la Moneda (para reservas: cclm.cl) la exposición “Naturaleza Expandida: visibilizar lo invisible” curada por Carlo Rizzo y Maya Errázuriz, resultado de una investigación que reúne a artistas de múltiples disciplinas para repensar la vinculación del ser humano con el patrimonio natural. Uno de […]

El pasado 14 de octubre se inauguró en el Centro Cultural Palacio la Moneda (para reservas: cclm.cl) la exposición “Naturaleza Expandida: visibilizar lo invisible” curada por Carlo Rizzo y Maya Errázuriz, resultado de una investigación que reúne a artistas de múltiples disciplinas para repensar la vinculación del ser humano con el patrimonio natural.

Uno de los expositores es Gregorio Fontén, artista y poeta sonoro, quien con herramientas del Laboratorio del Eco estará presentando la pieza sonora “Dendrofonía Araucaria”. Sobre el trabajo de “sonificación” de araucarias en Bosque Pehuén conversó el artista con Endémico, como también de las interrogantes que surgen al enfrentar la producción estética y musical junto a la información biológica que se obtiene de las especies estudiadas. “Con la sonificación busco devolverle el misterio a esos datos científicos”, revela el artista sobre su más reciente trabajo.

©Cortesía Gregorio Fontén

 

Endémico web: ¿Cómo nace tu motivación de crear paisajes sonoros a partir de un bosque de araucarias?

GF: Mi trabajo nace de la “sonificación” de datos que obtengo de araucarias del Bosque Pehuén, un área de conservación de Fundación Mar Adentro, en la Araucanía andina. A partir de la información recopilada por científicos de araucarias sanas y enfermas de diferentes puntos del bosque, yo tomo esos datos y los programo en Max/MSP para transformar esa información a diversos elementos musicales.

¿Cómo se conecta tu trabajo con la poesía experimental con el arte sonoro?

La poesía me interesa como búsqueda de la extensión del lenguaje. He estado muy involucrado con grupos de poesía experimental, que desde allí exploran los límites del lenguaje. El arte sonoro, por su parte, ha contribuido a un trabajo más especulativo y conceptual, pero lo que integra estas disciplinas ha sido la transducción de energía, el traslado de un lenguaje a otro, como puede ser traspasar una canción a un paisaje o un dato científico a una emoción musical.

¿Podrías explicarnos en qué consiste específicamente el trabajo de sonificación?

La sonificación es un sistema donde yo programo la forma en que ciertos datos científicos van a generar una música a partir de instrucciones programadas que el computador luego ejecuta. La gracia de este proceso es que al ingresar los datos – en este caso de las araucarias – obtienes un modelo que es capaz de producir comportamientos musicales. Así, cada coordenada científica puede manifestarse con criterios rítmicos, armónicos, melódicos, también efectos como ecos que crean el ambiente sonoro de la araucaria. En ese sentido, la sonificación de datos opera de manera similar a un ser vivo. Como un árbol, que si bien siempre es el mismo individuo, puede comportarse de formas diversas. El dato guarda ese mismo comportamiento, en el sentido que cada dato recibido por el computador se va a desplegar de igual forma en el programa, pero la información recibida puede generar variaciones.

Se trata, a fin de cuentas, de devolverle el misterio a los datos, de conectar el fenómeno de la aritmética o la estadística con su dimensión afectiva. Lo que busco con la sonificación es, más que pensar el dato como una extracción objetiva, enfatizar la fascinación por el fenómeno, para devolverle el misterio al curso original de la búsqueda científica.

Araucaria en Bosque Pehuén. Imagen producida con scanner LiDAR (Laser Imaging Detection) 2020
©Cortesía de Fundación Mar Adentro

¿Cómo dialoga tu trabajo artístico con la investigación científica?

Llevo mucho tiempo trabajando con algoritmos generativos para crear pasiajes sonoros, audiovisuales y musicales. Mi primera aproximación parte con el «Songscape» que es un sistema de escucha computacional y que entrelaza los sonidos de un cantautor y el paisaje que los rodea. Mi primera colaboración con científicos es “Random is not whatever” (2013), realicé con el biólogo Carlos Carmona-Fontaine y que fue una investigación en torno a células macrófagas para analizar cómo se comportan, coordinan y migran en grupo. Para eso, aprovechamos el modelo de inteligencia de esas células para generar un modelo de comportamiento para la toma de decisiones musicales. De ahí en adelante, he colaborado con diversos investigadores y científicos para obtener ese dato científico concreto y trabajarlo con fines artísticos.

A lo largo del tiempo, el diálogo con la ciencia se ha vuelto muy interesante, en la medida que he podido darme cuenta de que es posible no sólo divulgar información científica de una forma novedosa y atractiva sino que afectar a la ciencia misma. Puede ser ambicioso, pero a largo plazo con el equipo de Random is not Whatever esperamos que la sonificación artística pueda ayudar a la ciencia a leer los datos de una manera especulativa que quizá ayude a expandir horizontes.

¿Y en el caso de las araucarias de bosque Pehuén presentes en la muestra “Naturaleza expandida”?

En ese caso, la investigación científica buscaba averiguar por qué se están muriendo las araucarias en los bosques de la Araucanía andina. Para eso, se hizo un escaneo donde se midieron ciertos puntos del árbol como su densidad, posiciones, y así evaluar el estado de salud o enfermedad.

El trabajo conjunto con los científicos fue esencial para dar con los rangos de datos que trabajé en la música. Un dato científico puede ser millones de datos con un rango numérico que posteriormente se normaliza. Es decir, se traduce el dato a un rango más humano, se simplifica sin alterar su estructura para que se pueda establecer un diálogo con los elementos musicales. En la medida en que el científico normaliza el dato, yo puedo entrar a jugar y aplicar ciertos criterios musicales. Entonces se transforma en un trabajo de fantasía. Por que no existe la traducción directa de un dato biológico a un dato musical. Para lograr eso, es necesario acudir a la imaginación. Sonificar, entonces, consiste en abrir el dato a elementos que si bien tienen que ver con el interés científico, lo conectan con un misterio. Ya no se trata únicamente del contenido que entrega el dato, también es la capacidad de asombro que esa información pueda generar.

Para realizar este trabajo cuento con la biblioteca algorítmica del Laboratorio del Eco que es fruto de muchos años de trabajo y que me permite tanto desarrollar mis proyectos artísticos como producir experiencias generativas e inmersivas para museos y eventos.

Has trabajado con araucarias sanas y enfermas, y actualmente desarrollas proyectos que involucran quiebres sociales, como el trabajo con datos de daños oculares en conjunto a Dr. Pablo Cox Vial (Prof. Asociado Universidad de Valparaiso, Centro de Neurología Traslacional) ¿Cómo enfrentas el trabajo de sonificar una herida que puede ser tanto de una especie vegetal (como una araucaria) pero que también puede trasladarse al ámbito de una herida humana y social?

Hoy estamos cuestionando el modelo de la lógica ilustrada para comenzar a navegar la realidad como un continuo de interacciones, en el que aparecemos y desaparecemos como un tejido de agencias. Entonces, el cuerpo/mente en vez de ser un individuo unitario, autónomo, esencial, es un campo por el que transitan diferentes agencias, donde caben enfermedades, alimentos, pensamientos, palabras y heridas. Un tránsito de energías que desestabiliza lo estático para configurarnos como una interacción de consciencias y materias.

En mi trabajo intento explorar esta aparición/desaparición de la realidad material dada y la especulación de materialidades posibles. Creo en la necesidad política de esto porque nos hace centrarnos en el entremedio. El presente sólo se da a través del entremedio y mucho discurso político se construye sobre rechazarlo, forzarlo a su ideal.

Sin embargo el entremedio siempre sobrevive e impide que en ningún presente se pueda dar el pasado como concluido y el futuro como aún no presente. Por eso me interesan los ecos. Un eco es un viaje en el tiempo, es el presente de un sonido pasado y en ese gesto afecta su futuro.

Si habitamos el entremedio, en donde cada cual manifiesta su propia realidad y los puentes que establecemos entre una realidad y otra se dan sólo a través de la empatía que sentimos unos con otros. Se dan sólo a través de la afinación que podemos sentir en nuestra manera de vibrar.

Entonces no compartimos significados autónomos, no compartimos ideas sino que compartimos la vibración, las frecuencias, el ambiente resonante que generamos con nuestras ideas y acciones.

En noviembre junto a un equipo de artistas sonoros y visuales estaremos presentando la obra «Ecos Migratorios» para Puerto de Ideas en Valparaíso y que nace de querer sentir y manifestar este campo vibracional que es el entremedio de energías y materias. Es por esto también que decidí hacer el proyecto en que los datos de análisis científico de las heridas producto de la brutalidad policial fracturan diferentes voces que dicen algunas frases del estallido social. Quisiera que se entienda la política no como la lucha de ideas, sino de cómo impactan, cómo vibran las ideas y que este vibrar es inseparable de los ecos y fracturas que producen.

¿Qué es lo que vamos a ver en la exposición “Naturaleza Expandida” que presentarás con Laboratorio del Eco?

En la exhibición vamos a encontrar un relato sonoro de una araucaria del Bosque Pehuén. Es una sonificación bien emotiva, con música minimalista y ambiental. Algo así como un pequeño viaje al interior del tronco de una araucaria. Lo concibo como música generativa, no digital, una partitura que – esperamos- pueda ser interpretada por músicos en vivo. Es lo que queremos hacer como presentación de la obra cuando la situación sanitaria lo pemita. Llevar esta música al mismo bosque para presentar “in situ” la iteración de una araucaria junto a un video 3D de la renderización transmitida en un “loop”.

De alguna forma, será también devolverle al bosque su sonoridad.

Para saber más sobre el trabajo de Gregorio Fontén y Laboratorio del Eco

www.gregoriofonten.xyz

www.laboratoriodeleco.com

Araucaria en Bosque Pehuén. Imagen producida con scanner LiDAR (Laser Imaging Detection) 2020
©Cortesía de Fundación Mar Adentro

Galería Nómade invita a su octavo evento, el primero con concierto en vivo, en un formato acústico y más íntimo. Esta galería itinerante, creada por Juan José Abogabir y Tomas de la Fuente, para la ocasión reunirá las obras de diversos artistas, varios de ellos ceramistas. Los exponentes durante esta versión serán Caro Contreras, Paula […]

Galería Nómade invita a su octavo evento, el primero con concierto en vivo, en un formato acústico y más íntimo. Esta galería itinerante, creada por Juan José Abogabir y Tomas de la Fuente, para la ocasión reunirá las obras de diversos artistas, varios de ellos ceramistas. Los exponentes durante esta versión serán Caro Contreras, Paula Nieto, Anja Struck, Daniel Velez y Catalina Lunn.

Los músicos que tocarán son; Diego Domínguez como solista, y un power trio compuesto por violín, guitarra y bajo. El evento será este miércoles 16 de Enero, desde las 17.30 hasta 24.00. En el barrio Bellavista, calle Constitución 67 (Santiago).

El Instituto de Estudios Avanzados en Sostenibilidad en Potsdam, Alemania (IASS Potsdam) y la Fundación Heinrich Böll Cono Sur (HBS) lanzan una serie de actividades de intercambio de experiencias entre arte, política y sostenibilidad en Chile: el Programa de Diálogo ¡ejemplos a seguir! – mundos sostenibles. Las actividades de diálogo se realizarán dentro y alrededor […]

El Instituto de Estudios Avanzados en Sostenibilidad en Potsdam, Alemania (IASS Potsdam) y la Fundación Heinrich Böll Cono Sur (HBS) lanzan una serie de actividades de intercambio de experiencias entre arte, política y sostenibilidad en Chile: el Programa de Diálogo ¡ejemplos a seguir! – mundos sostenibles.

Las actividades de diálogo se realizarán dentro y alrededor de la aclamada exposición de arte internacional ¡ejemplos a seguir! – expediciones en estética y sostenibilidad, que se presentará en el Parque Cultura de Valparaíso, entre el 9 de junio y el 13 de agosto del presente año.

La muestra estará acompañada con diversas iniciativas complementarias que integrarán a la comunidad y invitad@s de diferentes países, quienes, a partir de sus visiones de mundo, dialogarán sobre la construcción de posibles caminos para enfrentar los desafíos el cambio climático y llegar a modelos sostenibles de vivir el mundo.

La muestra ¡ejemplos a seguir! fue ideada por la curadora y ex secretaria de cultura de Berlín, Adrienne Goehler, quien reunió trabajos de más de 60 artistas de diferentes partes del planeta. Comprendiendo a la estética como un canal para la construcción de otros mundos posibles, ¡ejemplos a seguir! invita su público a reflexionar y actuar creativamente por una sociedad sostenible para todxs.

En el marco del “Día Mundial del Medio Ambiente”, la Ilustre Municipalidad de Concón, ha organizado la exposición “Fauna Chilena a través de la ilustración” con obras de la artista local Paula Demarco Vergara. La muestra, que recopila ilustraciones de más de 60 especies de fauna silvestre, se inaugurará el miércoles 7 de junio a […]

En el marco del “Día Mundial del Medio Ambiente”, la Ilustre Municipalidad de Concón, ha organizado la exposición “Fauna Chilena a través de la ilustración” con obras de la artista local Paula Demarco Vergara.

La muestra, que recopila ilustraciones de más de 60 especies de fauna silvestre, se inaugurará el miércoles 7 de junio a las 11:30 horas en la Avanzada Cultural de Concón, calle Chañarcillo esquina calle once, Concón, a un costado del Cesfam.

La exposición estará abierta hasta el día 7 de julio de lunes a viernes en horarios de 10:00 a 14:00 y de 15:00 a 18:00 horas.

Desde el próximo 12 de mayo, los amantes de las fotografías tendrán la oportunidad de conocer «Rarely Seen: Fotografías de lo extraordinario», nueva exposición de National Geographic que revela un mundo que pocos tienen la oportunidad de ver. La exposición se basa en el libro de National Geographic «Rarely Seen: Fotografías de lo extraordinario», y presenta 50 […]

Desde el próximo 12 de mayo, los amantes de las fotografías tendrán la oportunidad de conocer «Rarely Seen: Fotografías de lo extraordinario», nueva exposición de National Geographic que revela un mundo que pocos tienen la oportunidad de ver.

La exposición se basa en el libro de National Geographic «Rarely Seen: Fotografías de lo extraordinario», y presenta 50 imágenes tomadas por fotógrafos alrededor de todo el mundo, mostrando distintos eventos, tradiciones y personajes con una historia única.

Esta exposición se ha presentado en Estados Unidos, España, Holanda, Eslovenia, Rusia y México, y será la segunda ocasión en que una muestra de National Geographic pase por Chile, luego de que el año pasado se presentara «50 fotografías que cambiaron el mundo».

«Rarely Seen: Fotografías de lo extraordinario» se estará presentando en nuestro país desde el 12 de mayo hasta el 9 de julio de forma gratuita en Casas de Lo Matta, en Vitacura.

“Rarely Seen: Fotografías de lo Extraordinario”
Del 12 de Mayo al 9 de julio.
Casas de Lo Matta. Avda. Pdte. Kennedy 9350, Vitacura.
Martes a Domingo, de 10:00 a 18:00 horas.

Esta es una muestra del artista Raimundo Rubio, quien presenta fotografías e instalaciones que cuestionan la destrucción de la naturaleza por la avaricia capitalista. En efecto, Rubio toma las fotografías de sus instalaciones con la salida del sol, ya que para él representa «la esperanza en la vida y en la renovación». El artista explica que […]

Esta es una muestra del artista Raimundo Rubio, quien presenta fotografías e instalaciones que cuestionan la destrucción de la naturaleza por la avaricia capitalista. En efecto, Rubio toma las fotografías de sus instalaciones con la salida del sol, ya que para él representa «la esperanza en la vida y en la renovación».

El artista explica que el conjunto de obras que presenta en la muestra se caracteriza por una profunda preocupación por el medio ambiente: «Mi intención es representar el caos económico y medioambiental causado por la codicia y avaricia del sector financiero, el consumismo y la producción industrial de alimentos. Nuestro sistema ecológico, tanto animal como vegetal, está pagando las consecuencias».

 

Desde el 20 de enero hasta el 16 de abril en la sala Chile. del Museo Nacional de Bellas Artes