La vanguardia oceánica de la permacultura marina

El mundo se está calentando y no es ninguna sorpresa. Hemos llegado hasta este punto de formas colectivas. Década a década somos testigos de un constante aumento de la temperatura terrestre. Y como sostiene una de las leyes de la naturaleza, “todo está conectado”. Así como la superficie terrestre se calienta, también lo hace el […]

El mundo se está calentando y no es ninguna sorpresa. Hemos llegado hasta este punto de formas colectivas. Década a década somos testigos de un constante aumento de la temperatura terrestre. Y como sostiene una de las leyes de la naturaleza, “todo está conectado”. Así como la superficie terrestre se calienta, también lo hace el océano, puesto que además este un reclutador natural del CO2 atmosférico, uno de los peores y más abundantes gases de efecto invernadero que favorecen el calentamiento de todo nuestro planeta.

El aumento de las temperaturas en el planeta ha afectado a la tierra y al mar, especialmente a los fenómenos oceánicos como la surgencia: un proceso oceanográfico que consiste en el ascenso de masas profundas de agua fría y nutrientes hacia la superficie del mar. Dicho de otra forma, es como si la surgencia fertilizara las aguas superficiales del mar, favoreciendo la existencia de vida.

Sin embargo, a medida que aumenta la cantidad de calor en el planeta, disminuyen las surgencias, porque las capas de aguas más cálidas se vuelven cada vez más profundas, socavando la circulación natural de las aguas frías ricas en nutrientes y poniendo en peligro la vida marina (y también terrestre, ya que como mencionamos, todo está conectado).

Viendo este panorama protagonizado por las temperaturas y el CO2, nos podríamos preguntar: ¿Y si allí donde encontrábamos desiertos oceánicos creáramos, artificialmente, ecosistemas flotantes ricos en vida y bosques de macroalgas? De ser así, los bosques de macroalgas podrían secuestrar carbono atmosférico y además crear ecosistemas ideales para que otras especies pudiesen acercarse, convivir, crecer, refugiarse, reproducirse y comer. La buena noticia es que esto existe, y se llama “Permacultura marina”.

¿Y si allí donde encontrábamos desiertos oceánicos creáramos, artificialmente, ecosistemas flotantes ricos en vida y bosques de macroalgas?

Los bosques submarinos de macroalgas, como este de Huiro Lessonia flavicans, ubicado en el Estrecho de Magallanes, son grandes capturadores de carbono atmosférico. © Catalina Velasco

Permacultura marina: ¿Cómo funciona específicamente?

A grandes rasgos, se trata de un sistema capaz de restaurar en parte las surgencias marinas y favorecer la vida de especies diversas, como también permitir una extracción sostenible de algas a largo plazo y ayudar con la urgencia climática y su relación con la absorción de CO2. ¿Por qué? Las algas son extremadamente eficientes para absorber o “secuestrar” el CO2 desde la atmósfera de forma natural.

La permacultura marina consiste en crear nuevos ecosistemas y las condiciones ambientales óptimas para la renovación de la vida marina. Para ello, se usan plataformas artificiales horizontales en las que se pueden cultivar bosques de macroalgas. En estas plataformas también sale agua que es extraída desde las profundidades marinas, la cual es rica en nutrientes y baja en temperatura, ayudando a la producción primaria y creando hábitats para que se desarrolle la vida marina cercana a las superficies.

El sistema funciona uniendo una boya a un largo cable de acero que se hunde hasta los 500 metros aproximadamente (profundidad donde se encuentran las aguas frías ricas en nutrientes). En la parte más profunda del cable de acero, es decir, en la base, se conecta un sistema de bombeo. Cuando la boya en superficie se eleva junto con las olas, la válvula que está abierta en la profundidad recoge agua y luego se cierra, llevando agua profunda por otro tubo de irrigación directamente a la superficie del mar.

Pero también puede funcionar en forma contraria, cuando la boya en la superficie marina desciende de la cresta de una ola, haciendo descender al sistema de bombeo en la base, abriendo una válvula y permitiendo que el agua profunda sea llevada por un tubo de irrigación a la plataforma horizontal donde crecen las algas (a 50 o 100 metros de profundidad). El agua fría y rica en nutrientes sale del tubo a través de un sistema de riego liviano y poros o agujeros puestos a lo largo de toda la plataforma. En esta especie de “fertilización” de las aguas, llegan muchas especies, logrando crear pequeños y múltiples ecosistemas, donde antes existía un desierto marino.

Estrella de mar alojada en una pradera submarina. © Marko Tabak 

La permacultura marina logra el aumento del plancton, la creación de nuevos ecosistemas y la protección que dan los macrobosques de algas ya que son el hábitat y la base de la cadena alimentaria de innumerables seres vivos en el planeta. Además, aumenta la resiliencia de las pequeñas y locales pesquerías. Esta “surgencia artificial” logra reproducir, en parte, a la surgencia natural, es decir, logra restablecer los procesos naturales de retorno de nutrientes a la superficie, “enfría” las aguas superficiales tal como lo hacen las surgencias naturales, disminuye la estratificación en los océanos, hacer que la vida marina vuelva a ser como era cuando la surgencia natural lo permitía y a su vez las plataformas artificiales permiten que las algas se puedan asentar y crecer. ¿Y qué pasa con el CO2? Los bosques de macroalgas son uno de los biomas y sumideros de carbono más dinámicos del planeta, pudiendo absorber CO2 atmosférico, uno de los peores y más abundantes gases de efecto invernadero que favorecen el calentamiento de todo nuestro planeta. Por tanto, la permacultura marina se vuelve una aliada tanto para salud del océano, como para la salud de los ecosistemas terrestres, ya que ayuda fuertemente con los impactos de las alteraciones climáticas mundiales.

Este sistema que logra restaurar paulatinamente la circulación natural del mar, es una ventaja en la lucha contra la acidificación de los océanos, la urgencia climática y la pérdida de biomasa. Y entonces, ¿Cuáles son los aportes de cultivar las macroalgas al mismo tiempo de llevar nutrientes a zonas más superficiales? La regeneración a gran escala y el cultivo y cosecha en mar abierto de los macrobosques de algas pueden tener diferentes destinos. Las algas se pueden usar como alimentos (proporcionando seguridad alimentaria), bioestimulante, biocombustible, fertilizantes, incluso bioplásticos y también pueden actuar como fuente de carbono azul (se habla del carbono verde que es aquel que es retenido por los bosques y el azul, que es el que es capturado por las especies vegetales marinas que se encuentran en los ecosistemas marinos y oceánicos).

Pero más allá de la vanguardia y la ingeniería que hay detrás de este sistema, la permacultura marina esconde algo más profundo detrás… ¿lograremos generar el necesario cambio desde prácticas extractivistas hacia actividades que promuevan la regeneración de hábitats? Los esfuerzos se dirigen hacia allá, dado que las amenazas cada vez más presentes a todos y cada uno de los seres que habitan la biosfera es una realidad que debemos atender ahora ya. Estamos interconectados, y por ende, tener el foco en reducir la acidificación de océanos, proporcionar medios de vida sostenibles y restaurar el hábitat marino, es una responsabilidad que nos convoca a todos.

Imagen de portada: © Alejandro Acosta, vía Unsplash

De múltiples formas, tamaños y colores, los cuerpos de agua siempre nos han llamado la atención. Es imposible ser ajeno a la acumulación de un elemento tan vital para la vida y no estamos solos en eso, pues muchos de estos lugares son sitios de proliferación y encuentro para múltiples especies de flora y fauna. […]

De múltiples formas, tamaños y colores, los cuerpos de agua siempre nos han llamado la atención. Es imposible ser ajeno a la acumulación de un elemento tan vital para la vida y no estamos solos en eso, pues muchos de estos lugares son sitios de proliferación y encuentro para múltiples especies de flora y fauna. Esto, unido a la magnífica diversidad geológica, hace de lagos y lagunas un escenario increíble para multiplicidad de  procesos  ecológicos, los cuales aún estamos develando hoy en día, como exploradores, científicos y entusiastas.

Troncos hundidos y reflejados en la laguna Arcoiris, Parque Nacional Conguillío. © Montaraz

Cuerpos acuáticos

Lagos y lagunas. Muchas veces hemos escuchado estas palabras, pero, ¿conocemos cuál es la real diferencia entre ellos? La pregunta es un buen punto de partida para comenzar a entender las dinámicas de los cuerpos de agua y su respuesta radica principalmente en dos factores: salinidad y fluidez. 

Las lagunas suelen ser cuerpos sin una salida de agua, lo que hace que con el tiempo muchas pierdan agua por evaporación, aumentando su salinidad. A su vez, muchos cuerpos de agua cercanos al océano se originaron por agua marina que alguna vez llegó tierra adentro, cumpliendo los parámetros para ser consideradas lagunas. De hecho, la laguna más grande es también el cuerpo de agua con más área del mundo: el mar Caspio, con una superficie de 371,000 km².  Esta es una cuenca endorreica, que consiste en el punto más bajo en un gran territorio, por lo que canaliza todas las aguas circundantes, que fluyen naturalmente hasta acumularse en la base. Como muchas de estas lagunas no tienen salidas de agua, la evaporación las termina transformando en salares. Un ejemplo de lo anterior en Sudamérica es el salar de Atacama.

Salar de Atacama, la laguna de mayor tamaño de Chile. © Montaraz

Por otro lado, los lagos son cuerpos que fluyen, pues tienen una salida de agua en forma de ríos o ríos subterráneos. Son de agua dulce y normalmente de mayor profundidad que las lagunas. Uno de los representantes más imponentes de esta categoría se encuentra en medio de la taiga rusa. Se trata del lago Baikal, el cual se formó por la partición de la Tierra, en un proceso de separación de placas tectónicas. A pesar de no ser el lago más grande del mundo, bajo su superficie se cobijan 23.615 km3 de agua, nada menos que el 22% de toda el agua dulce en la superficie del mundo. Este enorme volumen  lo hace único desde el punto de vista ecosistémico, ya que alberga organismos como focas, las cuales no se encuentran en ningún otro lago del mundo. Otros lagos de origen y características similares son el lago Tanganyika y el Malawi, en África.

Sea uno o el otro, se trata de entidades cambiantes, a pesar de su aparente inmovilidad. Lenta o abruptamente, se forman por dinámicas geológicas, modificándonse en el tiempo, aumentando en tamaño o evaporándose hasta desaparecer. También pueden llenarse de sedimentos y cubrirse parcialmente, dando vida a pantanos y eventualmente a otros ecosistemas, como los walves (ver artículo publicado en Endémico web sobre walves, manglares de agua dulce).

Mientras dura su existencia, su influencia en el entorno es gigantesca. El agua es una fuerza poderosa en la naturaleza, una sustancia reguladora de temperatura, un agente erosivo importante, y, por sobre todo, el elemento fundamental para la vida. Es por eso que un desierto puede florecer cuando existe un lago de por medio.

La laguna del Huemul, en la cordillera andina cerca de Chillán, congelada durante el invierno. © Montaraz

Estratificación y mezcla

Cuando los lagos tienen profundidad suficiente, las aguas comienzan a moverse dentro del sistema, formando diferentes capas. Este proceso se conoce como estratificación y es fundamental para la identidad ecológica de los lagos, pues cada capa funciona como un entorno levemente distinto en relación a los demás componentes del ecosistema (Wilhelm y Adrian, 2007). A veces, las capas son tan marcadas que nunca se mezclan. Estos se conocen como lagos meromícticos.

Los cambios en los estratos pueden incluir cambios de temperatura. El agua más fría, que es levemente más densa (y por ende pesada) cae al fondo de los lagos, formando el sostén de las capas más ligeras, las cuales pueden variar en su grosor y cantidad dependiendo de las características fisicoquímicas del cuerpo de agua. 

Otro cambio importante se encuentra en la cantidad de luz. Al ser el agua una barrera para el avance lumínico, solo las partes más cercanas a la superficie tienen a disposición luz solar. Esto es fundamental para los organismos fotosintéticos, que son la base de las tramas tróficas, haciendo que la biodiversidad sea normalmente más exuberante cerca de la superficie.

Pero, ¿qué pasa con esos grandes lagos casi desprovistos de vida macroscópica, como el mar Muerto, que igual reciben luz solar? Puede que otras características del lago no sean las adecuadas la vida, como su salinidad o la concentración de sustancias en disolución, siendo la de oxígeno una fundamental, pues determina en gran medida la viabilidad de organismos vivos. En general, la concentración de este elemento es mayor en cercanías a la superficie, donde el agua es menos densa y existe mayor intercambio químico con el aire.

El agua es una fuerza poderosa en la naturaleza, una sustancia reguladora de temperatura, un agente erosivo importante, y, por sobre todo, el elemento fundamental para la vida.

Centros de vida

Los lagos tienen agua y por ende, gran potencial para sustentar la vida (Elton, et al, 1957). Incluso en las lagunas muchos organismos se han adaptado para afrontar la salinidad y sacar el máximo provecho a estos entornos.

Como en casi todos los ecosistemas, todo parte con la energía del sol, la cual nutre al fitoplancton, pequeños organismos vegetales como diatomeas y dinoflagélados, y que son la base de las tramas tróficas. Estos seres son el alimento para el zooplankton, que corresponde a pequeños animales microscópicos que flotan en la columna de agua. También en las orillas de los lagos se suelen asentar especies de algas y vegetales, las cuales se anclan al sustrato para realizar la fotosíntesis. Estos organismos forman el sustento para otros seres, donde destacan moluscos y otros invertebrados.

Dentro de los vertebrados destaca la presencia de peces, los cuales están completamente adaptados a la vida en el agua. De las 35.000 especies descritas de peces, 43% son dulceacuícolas (Reporte Humboldt, 2017), muchas de las cuales habitan lagos y lagunas. Otro grupo que usa los lagos son los anfibios, los cuales aprovechan directamente el agua o las zonas húmedas cercanas para completar sus primeros estadios de desarrollo. Los demás grupos de vertebrados suelen llegar a los lagos y lagunas en busca de agua o refugio, con muchos tipos de aves y mamíferos, presentando adaptaciones específicas para sacar provecho a la vida lacustre.

Picurio (Podilymbus podiceps), una especie altamente adaptada a la vida en cuerpos lacustres, donde se zambulle en busca de presas y usa la vegetación ribereña para anidar. © Montaraz

Los cuerpos de agua son también paradas fundamentales para organismos migratorios, los cuales cambian de hábitat estacionalmente para buscar mejores condiciones de vida. Estos viajes pueden ser tremendas odiseas (como los 32.000 km al año que recorre el gaviotín ártico (Sterna paradisaea) (Egevang et al 2009)), y que requieren de estaciones de descanso y alimentación, los cuales muchas veces son provistos por lagos, aumentando estacionalmente la biodiversidad de estos lugares.

Otro factor clave para la biodiversidad es la conectividad de un cuerpo de agua con otros ecosistemas. Al estar alejados geográficamente, algunos lagos pueden funcionar como islas, desarrollando una biodiversidad única, donde los pocos organismos que alguna vez colonizaron el lugar pudieron desarrollarse en ambientes de baja competencia. Es por ello que en los lagos existe un alto endemismo, es decir, especies que solo se encuentran en esos ambientes y en ningún otro.

Un ejemplo especial de biodiversidad ocurre en África, donde el río Okavango termina su curso en medio de una planicie. Esto hace que sus aguas se vayan expandiendo y estacionalmente forman un gran lago, conocido como el “delta del Okavango”. Algo similar ocurre en medio de Sudamérica, donde en medio del río Paraguay, estacionalmente se forma un llanura de inundación conocida como “El Pantanal”. Estos son algunos de los ecosistemas más diversos del mundo.

Orígenes inesperados

Uno no esperaría encontrar lagos en la Antártica, considerando la enorme capa de hielo de dos kilómetros de espesor que cubre al continente, pero efectivamente existen más de 400 lagos subglaciales. Estos se forman cuando el hielo comienza a acumularse sobre el agua y eventualmente genera una presión que impide al agua que está abajo congelarse. El lago Vostok, el más grande de estos cuerpos de agua, tiene 5,400 km3 de agua y una superficie de 12,500 km2, siendo uno de los más grandes del mundo.

Los glaciares son también generadores de lagos por sí mismos, pues en sus avances y retrocesos van erosionando la roca y dejando acumulaciones de las aguas que se van derritiendo. Estos lagos pueden quedar luego del retroceso total de los glaciares, como por ejemplo en los grandes lagos de Norteamérica, pero también pueden mantenerse asociados a los glaciares, como ocurre cerca de masas de hielo en climas templados, como en la Patagonia o Groenlandia.

Algunos eventos naturales pueden generar embalses de cursos de agua, como por ejemplo cuando la lava de una erupción volcánica corta el flujo de un río, como ocurre en la laguna Arcoiris, en la Araucanía. Esto podría ser considerado un evento estocástico o azaroso, aunque aún más raro es cuando el impacto de un cuerpo extraterrestre golpea con fuerza la tierra, lo suficiente para generar un lago. Estos pueden ser bastante profundos y tienen dinámicas muy particulares dado su origen. Un ejemplo de este tipo es el lago Elgygytgyn, en Siberia.

Lago de origen glaciar en el Parque Nacional Cerro Castillo, en la Patagonia. © Montaraz

Conclusión

Sería fácil definir los lagos como simplemente agua acumulada sobre la tierra, pero como muchos conceptos ampliamente usados de forma coloquial, su realidad es mucho más compleja. Las múltiples orígenes geológicos, unidos a historias ecosistémicas particulares que ocurren en distintas partes del mundo hacen que los lagos y lagunas tengan siempre una identidad particular, formando parte del enorme mosaico de diversidad del planeta tierra.

Lo que no cambia es su importancia. Donde sea que estén, los lagos y lagunas son espacios importantes para la vida y los ecosistemas, además de sitios de admiración de la belleza natural por parte de los humanos. ¿Quién no recuerda con cariño la contemplación de un hermoso atardecer en un lago? Ya sea por la belleza o su rol ecológico, los ecosistemas lacustres deben ser cuidados, y en Chile, donde el agua abunda, es nuestra responsabilidad seguir conociendolos y protegiendolos.

Bibliografía

http://reporte.humboldt.org.co/biodiversidad/2017/cap1/102/#seccion3

«Density Stratification». Water on the Web (http://www.waterontheweb.org/under/lakeecology/05_stratification.html)

Barberán A, Casamayor E.O, 2010 “Global phylogenitic community structure and biodiversity patterns in surface bacterioplankton metacommunities” Aquatic Microbial Ecology Vol 59, nº1

Egevang C., Iain J. Stenhouse, Richard A. Phillips, Aevar Petersen, James W. Fox, y Janet R. D. Silk, 2009. Tracking of Arctic terns Sterna paradisaea reveals longest animal migration

Elton, Charles Sutherland; Miller, Richard S. (1954). «The Ecological Survey of Animal Communities: With a Practical System of Classifying Habitats by Structural Characters». The Journal of Ecology. 42.

Van der Leeden, Troise, and Todd, eds., The Water Encyclopedia. Second Edition. Chelsea, MI: Lewis Publishers, 1990. pp. 198-200.

Wilhelm S.; Adrian R. (4 October 2007). «Impact of summer warming on the thermal characteristics of a polymictic lake and consequences for oxygen, nutrients and phytoplankton». Freshwater Biology. 53 (2): 226–37.

Imagen de portada: Laguna Cañicura, en Alto Bío Bío. © Montaraz

 

Los ecosistemas hoy se develan y nos exigen, no precisamente como observadores sino que más bien como cohabitantes, una visión que entrelace a diferentes disciplinas, capaz de aglutinar en un discurso transformador, una crítica constructiva a un modelo que se encuentra en crisis. De esta manera, enfoques multidisciplinarios, interdisciplinarios o transdisciplinarios, comienzan a hacer más […]

Los ecosistemas hoy se develan y nos exigen, no precisamente como observadores sino que más bien como cohabitantes, una visión que entrelace a diferentes disciplinas, capaz de aglutinar en un discurso transformador, una crítica constructiva a un modelo que se encuentra en crisis. De esta manera, enfoques multidisciplinarios, interdisciplinarios o transdisciplinarios, comienzan a hacer más sentido cuando de resolver problemas medioambientales se trata.

Enfoques multidisciplinarios, interdisciplinarios o transdisciplinarios hacen más sentido cuando de resolver problemas medioambientales se trata. © CIET-LR

Hablar de enfoques que articulen a múltiples disciplinas, requiere quizás de un esfuerzo doble para la racionalidad a la que nos hemos acostumbrado. Tal como plantea la literatura, pareciera ser que el modo de entender nuestro entorno fue fragmentado con fines de apropiación y generación de una dinámica propia del modelo económico imperante, o quizás como un mecanismo para ordenar la producción de conocimiento científico (Muñoz et al., 2007). Sea cual sea el caso y el motivo trascendental, que supone por lo demás una discusión amplia y necesaria, los tiempos actuales comienzan a fracturar estas incongruencias, y la naturaleza empieza a mostrarnos un sistema complejo y difícil de ser atendido de manera parcelada. En síntesis, pareciera ser que el curso natural de las cosas nos hace volver a reunir los relatos en un palimpsesto de territorialidades, conocimientos y experiencias, que empiezan a perder sentido por sí solas.

Pareciera ser que el curso natural de las cosas nos hace volver a reunir los relatos en un palimpsesto de territorialidades, conocimientos y experiencias, que empiezan a perder sentido por sí solas.

Interesante es mirar las reflexiones de algunas autoras y autores que nos comparte Alicia Puleo (2015) en su libro “Ecología y género en diálogo interdisciplinario”, en donde desde el foco del ecofeminismo, nos muestran la necesidad de ampliar nuestra forma de observar, entender y relacionarnos con el entorno, además de la urgente necesidad de pensar y co-construir nuevos paradigmas, muchos de ellos de no tan reciente data, pero si históricamente invisibilizados. Un ejemplo de lo señalado se aprecia frente a la ocurrencia de los denominados “desastres ambientales”, en donde el foco que prima de la situación, es el carácter salvaje e intempestuoso de una naturaleza imprevisible, sin embargo, nos encontramos observando una interacción de carácter física, social, económica y política, frente a un fenómeno natural que cuenta con precedentes (Anzoátegui y Femenías, 2015).

Cuando se diseñe un programa de restauración ecológica en una cuenca lacustre, por ejemplo, se debería elaborar un programa de recuperación de pesquerías, o se aplicar un plan de protección de fauna silvestre. © CIET-LR

Así, podemos llevar a cabo el ejercicio de observar y analizar lo que sucede en las áreas rurales y litorales, específicamente en la vereda poniente de la Cordillera de Los Andes, en ese largo territorio que deambula entre los cordones montañosos y el Océano Pacífico. Aquí, los ecosistemas se encuentran en crisis y bajo presión, ya que además de actividades inmobiliarias y de recreación, se desarrollan actividades como la pesca artesanal e industrial, la acuicultura a pequeña escala, y la salmonicultura, las que han conllevado por años pérdida de biodiversidad, deterioro de los fondos marinos, y en general una fragmentación de los ecosistemas (Jorquera-Jaramilla et al., 2012; Contreras-López et al., 2017). Esto a su vez, si bien constituye un problema ecológico, conlleva también una crisis social y de las economías en distintas escalas. Es decir, las transformaciones suponen entender cambios multidimensionales en las comunidades rurales – costeras y sus territorios, ampliando el foco que se limita solo a los eventos ambientales como las floraciones algales (marea roja), presencia de especies introducidas, desaparición de recursos pesqueros, entre otros. En decir, pensar en intervenciones, ya sea desde las políticas públicas, la investigación, o los proyectos de desarrollo, de manera parcelada y unidimensionalmente, no hace más que seguir perpetuando la crisis e ignorando una lógica ecosistémica. Es importante señalar que no se plantea que todas las intervenciones territoriales deban considerar a múltiples disciplinas en todas sus etapas, sino que más bien que la lógica estratégica bajo la cual son desarrolladas sea pensada de manera interdependiente.

La cuestión apunta básicamente a que, la comprensión multidimensional y desde múltiples disciplinas de las interrelaciones sucedidas en la relación sociedad–naturaleza, no solo apunta a lograr mejores estrategias de resolución de conflictos, a disminuir los efectos negativos o los impactos del sector extractivista, sino que intenta ir más allá, generando incidencia en la creación de políticas públicas y de instrumentos de planificación, propiciando a su vez una participación efectiva de las comunidades. De esta manera, cuando la degradación de los ecosistemas, generada por una actividad industrial, afecta a los elementos vivos que habitan los ecosistemas, no basta solamente con restringir el accionar mediante medidas prohibitivas, sino que es necesario comprender la estructura política que conlleva al deterioro del entorno, la racionalidad y modo de subsistencia de las comunidades, las transformaciones en las prácticas culturales, y también las vías posibles de solución. Para construir este proceso, la vinculación de múltiples disciplinas, tanto de las ciencias sociales, ciencias exactas y así como de las artes y humanidades, resulta fundamental en la construcción de un cambio de paradigma.

Complejidad territorial de los ecosistemas. © CIET-LR

De manera concreta, cuando se diseñe un programa de restauración ecológica en una cuenca lacustre, se elabore un programa de recuperación de pesquerías, o se aplique un plan de protección de fauna silvestre, por nombrar algunos casos, se deben atender y considerar a los factores que han contribuido a la generación del problema (puede ser desde una perspectiva sociopolítica, jurídica, antropológica), para luego establecer las responsabilidades o vinculaciones con los componentes naturales, y finalmente construir las estrategias de resolución del conflicto. De esta manera, un estudio de la dinámica social del componente humano, se entrelaza con un estudio biológico de flora o fauna, el cual a su vez interactúa con una dimensión económica, mientras todo esto opera bajo una perspectiva política-normativa.  A estos elementos, se le debe añadir además la gran diversidad territorial con la que cuenta Chile de Sur a Norte, lo que le da mayor preponderancia a los actores locales, y que nos podría llevar incluso a posicionar al conocimiento local como una multidisciplina por sí sola, y que debiese formar parte basal de un trabajo de perspectiva interdisciplinaria.

Se debe añadir además la gran diversidad territorial con la que cuenta Chile de Sur a Norte, lo que le da mayor preponderancia a los actores locales, y que nos podría llevar incluso a posicionar al conocimiento local como una multidisciplina por sí sola, y que debiese formar parte basal de un trabajo de perspectiva interdisciplinaria.

En síntesis, además de centrarnos en la importancia de lo disciplinar, se propone poner la vinculación de las mismas a disposición de una naturaleza que se encuentra en revolución, frente a un modelo desterritorializado, carente de una visión a largo plazo, profundamente individualista y con una lógica patriarcal fuertemente arraigada. Este arraigo, desde el enfoque de la filosofía ecofeminista, posiciona a los espacios naturales como meros proveedores de materia prima, desconociendo su aporte a la salud de la población y la prestación de servicios ambientales (Anzoátegui y Femenías, 2015), por ende, mucho antes de pensar en entender la interacción de disciplinas, debemos tomar conciencia de la profunda desconexión que poseemos con la naturaleza y sus procesos.

Según el micólogo estadounidense, Paul Stamets, el micelio —membrana subterránea de los hongos, sobre el que florece la vida— es el gran desensamblador molecular de la naturaleza, tiene la capacidad, por ejemplo de compartir y almacenar conocimiento, buscando relaciones para alimentar la vida. Así, los hongos son antiguos, están extendidos por todo el mundo, y se encuentran en simbiosis con muchas otras especies. Durante la historia de la tierra han convertido roca en alimento para otras especies (y aún lo hacen). Los hongos son fundamentales para la vida en la Tierra, y estamos más estrechamente relacionados a los hongos que a cualquier otro reino natural. Al observar entonces el comportamiento del micelio, podemos reflexionar sobre nuestra forma de comunicarnos y de cómo podemos aprender de otros para construir nuevos conocimientos, traspasando con humildad los límites clasificatorios autoimpuestos. La importancia de unirnos entre disciplinas debiese ser el motor que nos permita reconstruirnos, como seres inter y ecodependientes. © Francisca Veas Carvacho, ilustradora científica CIET-LR. 

Bibliografía.

Anzoátegui, M., Femenías, M. (2015). Problemáticas urbano-ambientales: un análisis desde el ecofeminismo. En: Puelo, A. (ed). Ecología y Género en Diálogo Interdisciplinar. Plaza y Valdes Editores, Madrid, España.

Contreras-López, M., Figueroa-Sterquel, R., Salcedo-Castro, J., Vergara-Cortés, H., Zuleta, C., Bravo, V., Piñones, C., Cortés-Molina, F. (2017). Vulnerabilidad de humedales y dunas litorales en Chile Central. En: Botello, A., Villanueva, S., Gutiérrez, J., Rojas-Galaviz, J. (ed). Vulnerabilidad de las zonas costeras de Latinoamérica al Cambio Climático. UJAT, UNAM, UAC. 476 p. 

Jorquera-Jaramillo, C., Vega, M., Aburto, J., Martínez-Tillería, K., León, M., Pérez, M., Gaymer, C., Squeo, F. (2012). Conservación de la biodiversidad en Chile: Nuevos desafíos y oportunidades en ecosistemas terrestres y marinos costeros. Revista Chilena de Historia Natural, 85, pp. 267-280.

Muñoz, J. (Coord) (2007). La disciplina y las grandes teorías del mundo moderno. Centro de Investigaciones Interdisciplinarias de Ciencias y Humanidades, Universidad Nacional Autónoma de México.

Puelo, A. (ed) (2015). Ecología y Género en Diálogo Interdisciplinar. Plaza y Valdes Editores, Madrid, España.

Imagen de Portada: © Francisca Veas Carvacho, ilustradora científica CIET-LR. 

Sobre el Autor: 

Camilo Veas Carvacho, es geógrafo y MCs. Agronómicas y Ambientales. Actualmente se desarrolla como director del Centro Interdisciplinario de Estudio de Territorios Litorales y Rurales (CIET-LR), observando, analizando y reflexionando sobre las dinámicas presentes en los territorios, específicamente en las interacciones de las comunidades rurales y litorales con su entorno.

El río Maipo, de la Cordillera al Mar

Un viaje por el río Maipo desde su nacimiento en los macizos cordilleranos de los Andes hasta su encuentro con el océano Pacífico, en el puerto de San Antonio. Ese fue el objetivo que se propuso la ONG Ecosistemas para sacar adelante su más reciente publicación: “Usos y abusos – Humanidad en las Cuencas – […]

Un viaje por el río Maipo desde su nacimiento en los macizos cordilleranos de los Andes hasta su encuentro con el océano Pacífico, en el puerto de San Antonio. Ese fue el objetivo que se propuso la ONG Ecosistemas para sacar adelante su más reciente publicación: “Usos y abusos – Humanidad en las Cuencas – Río Maipo”.

A lo largo de 10 capítulos, el libro (descargable en la web de ONG Ecosistemas) da cuenta de una potente investigación en torno a la historia, formas de habitar y las graves amenazas que hoy más que nunca afectan al río más importante de la Región Metropolitana, el cual abastece de agua a más de 8 millones de habitantes del Gran Santiago. Para los autores, fotógrafos e investigadores, entre los que se encuentran el ecólogo Juan Pablo Orrego y el geólogo Paulo Urrutia, el libro consiste en una travesía dolorosa pero real que pone énfasis en la inmensa diversidad que habita esta cuenca desde una perspectiva histórica y sociobiológica, e invita a tomar acciones concretas que velen por su puesta en valor y radical protección. «Casi el 50% de las especies categorizadas de los reinos animal y vegetal se encuentran amenazadas», da cuenta la investigación.

En Endémico web quisimos compartir este fragmento del libro que se enfoca en los usos del agua que se le ha dado a la cuenca del río Maipo, y en particular, a las amenazas actuales que enfrenta tanto el nacimiento del río – con el Proyecto Hidroeléctrico Alto Maipo, de Aes Gener – hasta su encuentro con el mar – con la inminente ampliación del Puerto de San Antonio, que amenaza con tapar con cemento los dos humedales que guarda su desembocadura –. Un recordatorio de que las cuencas, sus aguas y su particular geografía han permitido la vida de millones de habitantes, y que hoy depende de nosotros que podamos continuar formando parte de esta riqueza natural y esencial para la vida en el futuro.

Estos dos ojos de agua, humedales que son refugio de gran parte de la biodiversidad de la desembocadura del Maipo, están amenazados de cubrirse con cemento por el crecimiento del Puerto de San Antonio © Felipe Zanotti. 

Fragmento del libro “Usos y abusos – Humanidad en las Cuencas – Río Maipo”

Desde tiempos inmemoriales, nuestros pares han buscado agruparse alrededor o cerca de las aguas, beneficiándose de todas las bondades que este vital elemento nos entrega. No siempre disponible directamente en nuestros asentamientos, muchas veces hemos tenido que transportarla a través de grandes distancias.

Desde la revolución industrial, la humanidad adoptó un patrón de desarrollo que muchos llaman “occidental”, aludiendo a su origen europeo, donde la ‘creación’ y satisfacción de interminables necesidades presenta un crecimiento exponencial; proceso acompañado de gravísimos impactos socioambientales negativos, incluyendo el cambio climático. Y en la base de todo están las aguas. En este complejo escenario, el rol de las aguas, que siempre ha sido clave, se está tornando crítico para todos los actores y las múltiples actividades que desarrollan las sociedades humanas. Su disponibilidad y demanda es diversa y heterogénea, pero universal.

Plan de la Villa de Santiago, capital del Reyno de Chile, por el naturalista francés Amadeo Frezier, 1712. El plano da cuenta de un Santiago abierto hacia el río con sus llanuras fluviales. Recuperado de Biblioteca Nacional Digital.

Para estudiar y comprender las distintas dinámicas que ocurren en torno al agua en un territorio es fundamental la perspectiva de cuenca hidrológica. Se ha definido una cuenca hidrológica como el área que abarca todos los cursos de agua -afluentes- que drenan y convergen desde hitos geográficos, que llamamos divisorias de las aguas hacia un río principal. Es importante considerar que estas aguas superficiales están íntimamente relacionadas con las aguas subterráneas y sus afloramientos, así como con otros cuerpos de agua presentes en la cuenca, tales como lagos y humedales.

En la desembocadura y humedales del Maipo se ha permitido la instalación de una chipeadora y de un enorme estacionamiento de camiones de alto tonelaje, que sirven al Puerto de San Antonio, ubicado inmediatamente al norte. Todo el lugar se encuentra colmado de basura domiciliaria.

En nuestro país la delimitación de las cuencas se basa en parámetros político-administrativos que no siempre coinciden con sus límites naturales. Es importante aclarar desde esta introducción que en Chile aún no existe normativa para la gestión integrada de recursos hídricos a nivel de cuenca. Lo que sucede en ellas y con sus aguas se rige por una plétora de leyes y normas sectoriales disgregadas en diversos cuerpos legales. Una cuenca alberga un ecosistema hipercomplejo en el que interactúan procesos abióticos, como los geológicos, hídricos y atmosféricos, con los bióticos, es decir, con los diversos organismos que la habitan. En los segundos nos encontramos los humanos, quienes añadimos un grado mayor de complejidad al sistema, asociado a los innumerables usos que le damos a las cuencas y sus aguas, dependiendo de procesos históricos, sociales, y culturales propios de cada grupo.

La laguna Negra junto a la de Lo Encañado forman parte de la cuenca alta del Maipo en este sector cordillerano, alimentando el río Yeso, afluente del Maipo. © Paula López W.

En el viaje de las aguas a través de las cuencas, éstas fluyen e interactúan con diversos elementos en sus tres estados, en forma de vapor en la atmósfera, en forma líquida, por cursos superficiales y subterráneos, y en forma sólida como hielo y nieve. En este sentido, los ríos son una de las manifestaciones terrestres más visibles de los múltiples procesos hídricos que ocurren en una cuenca. Ellos transportan agua rica en nutrientes y sedimentos inorgánicos indispensables para el desarrollo de toda la vida en la Tierra. A pesar que los ríos representan, según distintas estimaciones, entre un íntimo 0,0001% y 0,0002% del agua que existe en nuestro planeta, son un «bioindicador» crucial de la salud de nuestras cuencas y de nuestro territorio.

El río Maipo fluye desde los pies del Volcán Maipo en la Cordillera de los Andes hasta su desembocadura en el Océano Pacífico en el sector de Llolleo. A lo largo de su recorrido recibe las aguas de afluentes de distintos tamaños. La superficie de la cuenca alcanza unos 15.304 km2, abarcando el cien por ciento de la Región Metropolitana (RM) y pequeñas superficies de las regiones de Valparaíso (Provincia de San Antonio y Valparaíso), y del Libertador Bernardo O’Higgins (Provincia de Cachapoal).

El río Maipo, cercano a su desembocadura © Paulo Urrutia.

Nos parece importante hacer notar que la desembocadura y el ecosistema estuarino del río Maipo se encuentran en extremo mal estado, evidenciando una inexcusable negligencia por parte de la autoridad y también de la población. En la desembocadura y humedales se ha permitido la instalación de una chipeadora y de un enorme estacionamiento de camiones de alto tonelaje, que sirven al Puerto de San Antonio, ubicado inmediatamente al norte. Todo el lugar se encuentra colmado de basura domiciliaria. La calidad de las aguas en la desembocadura del río Maipo -algo que le ocurre a muchos ríos de nuestro país- es lamentable, afectada por diversos impactos derivados de su contacto con numerosas comunidades humanas que habitan en las inmediaciones del río a lo largo de todo su trayecto, incluyendo vertimientos de residuos líquidos industriales y aguas servidas, percolación de vertederos y de tranques de relaves, masivas extracciones de agua del Maipo para agua potable y riego, y otras intervenciones intensas, tales como la extracción de áridos desde su cauce. Finalmente, argumentando la necesidad de proteger a la población de potenciales tsunamis, la autoridad portuaria construyó con rocas una gigantesca obra de canalización de la desembocadura, que alteró drásticamente su morfología y la dirección del flujo del caudal del río Maipo en su encuentro con el Océano Pacífico.

Los defensores locales de la desembocadura y los humedales argumentan que esta invasiva obra se hizo como preparativo para el proyecto de ampliación del Puerto de San Antonio de la autoridad portuaria, que para estos efectos pretende cubrir con cemento lo que queda del humedal. Y, como sabemos, en estos momentos AES Gener, a través de su filial Alto Maipo, con autorización gubernamental, y aval de sucesivos gobiernos, construye en estos momentos una central hidroeléctrica de pasada a gran escala que genera trasvases de las aguas de tres ríos, degradando severamente las cabeceras de las tres principales subcuencas de la gran cuenca del río Maipo, que está siendo afectada severamente por la sequía que se ha instalado en la zona nor-centro y centro sur de Chile.

En el sector cordillerano de la cuenca del Maipo se forman estas increíbles placas geológicas, en sector de Lo Valdés. © Paulo Urrutia.

Paradójicamente, la cuenca del Maipo alberga los principales centros políticos, educacionales, comerciales, industriales, portuarios y de comunicaciones del país, concentrando el 40,3% de la población en el 1,6% del territorio nacional. El río Maipo constituye la fuente primordial de agua potable de la RM, la más habitada de nuestro país. Con las aguas del Maipo se abastece alrededor del 70% de la demanda actual de agua potable, y cerca de un 90% de las demandas de regadío del gran Santiago.

La RM cuenta con una población aproximada de 7.1 millones de habitantes, la cual ha aumentado casi un 30% desde el último censo. Este constante crecimiento demográfico provoca un consecuente aumento de la demanda hídrica, y de expansión urbana e industrial en zonas ambientalmente vulnerables. Las altas tasas de consumo hídrico del sector agrícola, junto con las proyecciones de crecimiento del sector industrial, minero y residencial, alertan que los conflictos por el agua en la cuenca van a acentuarse en el futuro. Por ende, es fundamental avanzar en comprender la diversidad de procesos que ocurren en la cuenca de manera holística, considerando sus componentes políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales.

El imponente volcán San José, cordillera del Maipo. Sus nieves y glaciares, cada vez más reducidos, alimentan los afluentes del Maipo © Paulo Urrutia.

Imagen de portada: El Santuario Ojos de mar, humedal que es refugio de gran parte de la biodiversidad de la desembocadura del Maipo, está amenazados de cubrirse con cemento ante la ampliación del Puerto de San Antonio © Felipe Zanotti @zettafilms

 

Walves: Manglares de agua dulce

Por Bastian Gygli y Jens Benöhr Hace unos años realizamos una travesía en kayak por el mítico lago Lleu Lleu, al sur de Chile, en la cordillera de Nahuelbuta. El lago Lleu Lleu es reconocido por sus aguas cristalinas y limpias, pero nuestro recorrido nos mostró el profundo impacto de la industria forestal en el […]

Por Bastian Gygli y Jens Benöhr

Hace unos años realizamos una travesía en kayak por el mítico lago Lleu Lleu, al sur de Chile, en la cordillera de Nahuelbuta. El lago Lleu Lleu es reconocido por sus aguas cristalinas y limpias, pero nuestro recorrido nos mostró el profundo impacto de la industria forestal en el paisaje: monocultivos de pino y eucalipto hasta el borde del lago, y en varias secciones grandes superficies de tala rasa. La erosión y pérdida de suelo eran evidentes y dolorosas.

Sin embargo, algunas desembocaduras de esteros y orillas de difícil acceso mantenían pantanos ribereños ocultos alrededor del lago. Desde lejos, estos bosques nativos eran visibles por los árboles que emergían retorcidos desde el agua. Al acercarnos a ellos, nos sentimos entrando a un paisaje selvático, una especie de manglar de agua dulce. Nuestros botes se deslizaron entre ramas y raíces, mientras los ruidos de aves se intensificaron y las hojas y sus sombras rozaron nuestros rostros. Bajo nuestros botes, el agua aún seguía ahí, quieta entre los árboles.

Al frente, se extendía un bosque semi acuático, con plantas que crecían dentro del agua. Este fue nuestro primer encuentro con un antiguo ecosistema asociado al agua, los bosques pantanosos que el pueblo mapuche llama walve.

Árbol de pitra con las clásicas flores de la familia de las mirtáceas © Montaraz.

Formaciones ecológicas únicas

Los walve son bosques pantanosos -ecosistemas donde crece vegetación que puede soportar la presencia prolongada de agua-, los cuales se encuentran en sectores planos o de poca pendiente, anegados de manera estacional o permanente por lluvias, aguas subterráneas, o por estar asociados a ríos y sus áreas de inundación. Un buen término ecológico sería “humedal arbóreo”, aunque desde el mapudungún walve se traduce literalmente como ciénaga o pantano (Ramírez, 1979).

Algunos walve son también llamados pitranto o foyentu por el pueblo mapuche, dependiendo qué especie es más frecuente (pitra o canelo respectivamente). Para los mapuche, algunos walve son considerados menoko, humedales sagrados donde se presentan abundantes energías (newen) y resguardados por un ngenko (espíritu del agua).

Los árboles que componen este ecosistema en Chile comparten una característica clave: una gran tolerancia a la humedad y anegación. Esto hace que las especies presentes sean limitadas. Todas son plantas siempreverdes, dentro de las se encuentra la pitra (Myrceugenia exsucca), el temu (Blepharocalyx cruckshanksii), el chequén (Luma chequen), el arrayán (Luma apiculata), el chin-chin (Myrceugenia ovata) y el canelo (Drimys winteri). Entre todas estas especies, la más tolerante al agua es la pitra, la cual puede crecer casi completamente sumergida bajo agua en lagunas y bordes ribereños.

Cuando estos árboles están presentes en los walve forman un bosque de baja altura (entre 5 y 15 metros) y muy denso, lo que limita la entrada de luz. Además, por estar bajo agua, el suelo tiene poca presencia de oxígeno. El resultado de esta condición es el crecimiento lento e irregular de los árboles, generando las formas retorcidas clásicas de este ecosistema.

Entre los animales más llamativos asociadas a este ecosistema se encuentran mamíferos como el huillín (Lontra provocax), el monito del monte (Dromiciops gliroides) y la güiña (Leopardus guigna), todos los cuales se encuentran amenazados. Además de varias especies de anfibios como la rana moteada (Batrachyla leptopus), e insectos como el ciervo volante (Chiasognathus granti). Además, muchas aves se alimentan, se refugian y reproducen en estos humedales, como el huairavo (Nycticorax nycticorax).

Walve sumergido en una laguna de la península de Hualpén, cerca de Concepción © Montaraz. 

Origen y distribución

Más que a grandes zonas geográficas, los walve se asocian a condiciones particulares, en este caso la presencia de agua. Esto los hace ecosistemas azonales y de distribución fragmentada, parches que aparecen repartidos en medio de una matriz compuesta por otros tipos de ambientes.

El origen de este ecosistema se asocia a un proceso de sucesión ecológica, característico de los cuerpos de agua, llamado hidrosere (Ramírez et al., 1983). La dinámica de este proceso, consiste en que las plantas sumergidas, al retener sedimento entre sus raíces, van elevando el fondo del cuerpo de agua, con lo cual disminuye su profundidad, permitiendo el avance de otras plantas hacia el interior del cuerpo acuático. Este proceso puede tardar cientos de años y llegar a secar completamente un lago (Ramírez y San Martín, 2006). Dentro de esta sucesión ecológica, el walve es un estadio avanzado del proceso, pero que aún mantiene abundante agua.

Lo interesante de este proceso es que debido a la distribución fragmentada de los walve, comprender la dispersión de sus especies vegetales ha sido un gran desafío. Debido al fruto carnoso de la mayoría de estas, se piensa que su dispersión la realizan las aves asociadas a este bosque semi acuático, las cuales pueden mover las semillas de los árboles a otros cuerpos de agua localizados a largas distancias. 

Hoy los walve se encuentran naturalmente distribuidos desde Coquimbo hasta la isla de Chiloé. Más hacia el norte, las condiciones se vuelven demasiado secas, y hacia el sur van cediendo su dominio a otra comunidad arbórea asociada a pantanos, los lahuales o alerzales, donde domina el alerce (Fitzroya cupressoides).

Al frente, se extendía un bosque semi acuático, con plantas que crecían dentro del agua. Este fue nuestro primer encuentro con un antiguo ecosistema asociado al agua, los bosques pantanosos que el pueblo mapuche llama walve.

Guardianes del agua

Muchas de las plantas que componen los walve, como la pitra o el canelo, son llamadas “guardianas del agua”. Esto es debido a que estos pantanos no solo dependen de la presencia prolongada de agua, sino que además facilitan la presencia de esta misma a través de la generación de un ambiente sombrío y más frío, evitando la evaporación inmediata. Este fenómeno es conocido como “regulación biótica del ambiente”, donde los organismos no son determinados por su entorno, sino que juegan un rol activo en el modelamiento de este.

La retención de sedimentos entre sus abundantes raíces facilita además el estancamiento de aguas superficiales, actuando como embalses naturales. Es probable que esto también esté  relacionado al tipo de suelo donde crecen los walve (arcilloso y de poco drenaje). Así también, los walve participan en la regulación de la erosión, mediante la retención de sedimentos arrastrados por la lluvia (escorrentía superficial) desde cerros y campos. De hecho, se considera que zonas estuarinas de diversos ríos al sur de Chile continúan siendo navegables debido a la presencia de walve, los cuales retienen los sedimentos y evitan el embancamiento del río. Al respecto, es posible que los walve asociados a lagos signifiquen una lenta transformación del cuerpo lacustre en un bosque terrestre, mientras que el avance de los walve asociados a ríos está limitado por sus fuertes corrientes (sin embargo, esta hipótesis requiere mayores evidencias).

Las diferentes especies vegetales que conforman este pantano poseen importantes capacidades para la absorción, a través de sus raíces, de nutrientes y sustancias contaminantes del agua, proceso conocido como biorremediación. Estos hábitat desarrollan labores que reducen la concentración de sólidos suspendidos y coliformes fecales en el agua, eliminando el exceso de nutrientes (eutroficación) y otros contaminantes (Delgadillo-López et al., 2011). 

Por otra parte, los walve participan en la regulación del clima local, como muchos otros bosques, al regular la temperatura del aire y agua, como también la precipitación y retención de humedad (mediante la creación de niebla), además brindan oxígeno y contribuye a la absorción de gases de efecto invernadero. La relación del bosque con el agua es vital y está explicada en mayor detalle en el siguiente artículo publicado en Endémico web: bosque guardián ancestral del agua.

Walve compuesto por pitras (pitranto), en el lago Puelo © Ramiro Francisco Campello.

Peligro crítico

Aunque los walve no presentan plantas útiles como maderas, ni suelos aptos para la agricultura tradicional, han sido destruidos para facilitar el acceso a fuentes hídricas o para extracción de leña (Ramírez et al., 1995). Además, luego de ser cortados, estos espacios suelen ser usados para la ganadería, la cual compacta y cubre con pastos la superficie, acelerando la pérdida del carácter húmedo del ambiente e impidiendo la regeneración natural del pantano.

Según investigaciones (Muñoz-Pedreros y Möller, 2002), los bosques de temu y pitra son una de las comunidades más fuertemente afectadas por la intervención humana, ya que han sido talados intensamente y los suelos en que prosperan están siendo drenados para obtener espacios aptos para la agricultura. Por otra parte, se ha señalado que la conservación de la flora de los walve es muy importante, ya que de ella depende la sobrevivencia de la fauna permanente y estacional de estas formaciones.

Gran parte de estos humedales se encuentran gravemente amenazados por la constante presión de los monocultivos forestales, sobre lo cual puedes leer en la siguiente entrevista sobre el impacto de la industria forestal en la cordillera de Nahuelbuta.

Estas actividades (ganadería y forestería) se ven fortalecidas por programas estatales para “recuperar” terrenos para la agricultura y silvicultura, como el Sistema de Incentivo para la Recuperación de Suelos Degradados (SIRDS).

Por otro lado el cambio global del clima unido al actuar humano hace que el panorama sea complejo para todos los ecosistemas naturales asociados al agua, debido a un proceso acelerado de desertificación que estamos viviendo. 

Jens Benöhr conversando con una pitra. El momento del descubrimiento de estos increíbles ecosistemas. ©Tobias Hellwig

Conversando con una pitra

La asociación con los manglares no es exacta, dado que estos ecosistemas son bosques tolerantes al agua salada que crecen en zonas costeras, principalmente en los trópicos, con sus raíces expuestas bajo el agua, lo que permite bucear entre ellas. Por otra parte, los walve son de agua dulce, y en general no es posible bucear entre las raíces, dado que se encuentran hundidas en el fango. Sin embargo, ambos bosques semi acuáticos comparten exuberantes verdes y azules, y una geometría intrincada; laberintos de ramas y troncos torcidos que se hunden y elevan del agua. Podríamos decir que los walve,  son la versión fría y fangosa de los manglares, pero un poco más oscura, un poco más misteriosa. 

Es increíble la cantidad de ecosistemas que aún quedan por descubrir dentro de nuestros territorios, incluso para quienes nos dedicamos a su estudio. En este contexto, estos sistemas han sido poco investigados y por lo mismo, no se conoce su potencial exacto, por ejemplo, para resguardar o fitorremediar fuentes de agua. Hay mucho por aprender aún de los walve y sus dinámicas. Un pequeño paseo en kayak decantó en el descubrimiento personal de un nuevo tipo de bosque. ¿Cuántas criaturas más estarán escondidas entre nuestras quebradas, lagos y montañas? La tierra nos invita a seguir buscando. A redescubrir nuestro hogar y sus habitantes, y a cuidarla.

Estos bosques nativos son visibles a simple vista por los árboles que emergen retorcidos desde el agua. © Montaraz

Referencias

Conversaciones con Javier Milanca, profesor de historia y mapudungún.

Correa-Araneda, F., J. Urrutia & R. Figueroa, R. (2011). Estado del conocimiento y principales amenazas de los humedales boscosos de agua dulce de Chile. Revista Chilena de Historia Natural, 84: 325-340.

Delgadillo-López et al. (2011). Fitorremediación: una alternativa para eliminar la contaminación. Tropical and subtropical agroecosystems, 14(2): 597-612.

González, M., Hauenstein, E., Peña-Cortés, F., Garcia, M. & Urrutia, O. (2003). Comentarios sobre bosques pantanosos, humedales importantes del centro-sur de Chile. Gestión Ambiental 9: 3-13.

Peña-Cortés F., Pincheira-Ulbrich, J., Bertrán, C., Tapia, J., Hauenstein, E., Fernández, E. & Rozas, D. (2011). A study of the geographic distribution of swamp forest in the coastal zone of the Araucanía Region, Chile. Applied Geography, 31: 545-555.

Ramírez, C., Ferriere, F. & Figueroa, H. (1983). Estudio fitosociológico de los bosques pantanosos templados del sur de Chile. Revista Chilena de Historia Natural, 56: 11-26.

Ramírez, C. & San Martín, C. (2005). Asociaciones vegetales de la Cordillera de la Costa de la Región de Los Lagos. pp. 206-224. En: Smith-Ramírez, C., J. Armesto & C. Valdovinos (Eds.). Historia, biodiversidad y ecología de los bosques costeros de Chile. Editorial Universitaria, Santiago, Chile.

Smith Ramírez, Cecilia. Proyecto Hualves, apoyado por FONDECYT y el Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB). https://hualves.wordpress.com/

Imagen de portada: Walve: manglares de agua dulce. Crédito: Montaraz @montaraz.naturaleza

Sabemos que muchos proyectos que tenían como propósito original ser exhibidos en espacios públicos hoy han tenido que dar pie atrás debido a la contingencia del COVID-19. Uno de ellos fue la expedición subacuática de la ONG «Vuelve al Océano», quienes tenían planificado hacer una exposición de fotografía y cápsulas audiovisuales sobre ecosistemas marinos en […]

Sabemos que muchos proyectos que tenían como propósito original ser exhibidos en espacios públicos hoy han tenido que dar pie atrás debido a la contingencia del COVID-19. Uno de ellos fue la expedición subacuática de la ONG «Vuelve al Océano», quienes tenían planificado hacer una exposición de fotografía y cápsulas audiovisuales sobre ecosistemas marinos en colegios de la región de los Ríos.  Si bien el contexto sanitario puso obstáculos para la exhibición, esto no impidió seguir adelante con la divulgación de este fascinante proyecto. Es por eso que actualmente están presentando las cápsulas y fotografías a través de sus redes sociales para divulgar este importante espectro de nuestro patrimonio natural en el sur de Chile.

La ONG Vuelve al Océano está integrada por un grupo de jóvenes entusiastas amantes de la naturaleza, quienes decidieron sumergirse en las profundidades subacuáticas de la selva valdiviana de la región de Los Ríos para realizar un valioso registro audiovisual. Entre los sitios que visitaron estuvo caleta Bonifacio y Chaihuín. El equipo realizador fue integrado por Elisa Montti, licenciada en biología marina y Directora científica de la fundación y el camarógrafo subacuático Felipe Araya.

El equipo lleva un año documentando las especies marinas que habitan los fondos acuáticos de este territorio. Llevar a cabo el registro documental fue todo un desafío. Para lograr sus objetivos, usaron una cámara profesional al interior de una carcasa que la protegía del agua y de la presión de 2 a 5 atmósferas a las cuales se sometieron mientras bucearon. También – cuenta el realizador Felipe Araya – utilizaron diversos lentes para las grabaciones, de modo de obtener tanto visiones panorámicas para documentar tiburones, delfines, lobos y pulpos, como el mundo pequeño de este universo subacuático, como los nudibranquios y actinias (anémonas). Todo eso y más se puede ver en la exhibición.

Por otra parte, los flashes y focos de video les permitieron capturar el intenso colorido de los corales y esponjas, y el trípode ayudó a registrar los comportamientos de especies más tímidas que se disgustaban ante el sonido de sus exhalaciones. “Hemos aprendido muchísimo observando el sinfín de situaciones extraordinarias que ocurren bajo el mar, aunque también presenciamos escenas tristes”, afirma Felipe Araya.

Y es que junto a la biodiversidad de este entorno, el equipo también presenció los efectos de la contaminación ambiental como restos de basura, latas y plástico que convivían con los seres vivos.

Todo este material audiovisual y fotográfico guarda el propósito de transformar a la comunidad en un espectador consciente sobre lo que sucede bajo el mar de la región. «Es un documento para dar a conocer y para que las personas se maravillen, pero también, para que exista una toma de consciencia de lo frágiles que son estos ecosistemas y se animen a formar parte en las campañas de protección», cuenta finalmente Felipe Araya.

Es por esto que la ONG Vuelve al Océano ha comenzado a editar el material en pequeñas cápsulas audiovisuales de 30 a 60 segundos, con las que poco a poco el público podrá ir aprendiendo y así ser partícipe de estas fascinantes expediciones subacuáticas en las profundidades sur de Chile.

Por ahora, cuentan sus realizadores, las cápsulas se pueden ver en la cuenta Instagram y el Facebook de la ONG Vuelve al Océano.

Cuando la contingencia lo permita, expondrán en establecimientos educacionales de la región de Los Ríos, para finalmente mostrarlas en espacios públicos como el Museo Castillo de Niebla, Carpa de la Ciencia, ferias costumbristas, entre otros.

Para hacer un seguimiento a los lugares de exhibición, saber más sobre buceo en la región de los Ríos y apoyar las iniciativas de la organización, puedes ingresar a: WWW.VUELVEALOCEANO.CL/ONG.

Imagen de portada: Medusa misteriosa, por Felipe Araya.

El Bosque Salmón

En ecología, la complejidad de la vida ha sido siempre de gran interés, pero enorme misterio. Hoy en día estamos en tiempos donde ideas que intentan entender el por qué de la complejidad de la vida abundan: teorías de redes, sistemas adaptativos complejos, panarquía, ecosistemas interconectados, autorregulados y caóticos, entre tantos otros marcos científicos. Estos […]

En ecología, la complejidad de la vida ha sido siempre de gran interés, pero enorme misterio. Hoy en día estamos en tiempos donde ideas que intentan entender el por qué de la complejidad de la vida abundan: teorías de redes, sistemas adaptativos complejos, panarquía, ecosistemas interconectados, autorregulados y caóticos, entre tantos otros marcos científicos. Estos proponen visiones holísticas de la naturaleza que buscan llevarnos un paso más allá para entender las maravillosas y caóticas dinámicas naturales, tan sofisticadas y delicadas. Personalmente, y siendo un convencido de esa fascinante complejidad natural, mucha de esta teoría profunda de ecología me suele resultar dificilísima de visualizar; no logro completamente percibirla, y así quedo tranquilamente condenado a tan solo maravillarme energéticamente con la belleza del bosque, y ese monumental árbol abuelo que suele sostener a tantos otros.

 Comienzo con esta pequeña reflexión, para trasladarme a una instancia de arduo trabajo de campo realizado el verano del 2016. Fue una experiencia en donde se me juntaron las dos partes del cuadro: la metódica, profunda y transversal ciencia con eso mágico e instintivo de la naturaleza. En esta instancia pudimos observar y registrar cadenas entrelazadas, esas partes específicas del sistema que resuenan en todas las otras.

(c) Gabriel Orrego

Nos fuimos a la locación de Bella Bella en los archipiélagos de Columbia Británica, esos que colindan con Alaska, hasta “El bosque salmón”. Hogar de osos albinos contrastados por los mil verdes. Mar de fiordos con oscilaciones tan marcadas de las mareas altas y bajas, que llegan a cambiar por completo el paisaje y sus colores.

 Cada otoño temprano, cuando la actividad ecosistémica pareciera ir apagándose, inmensurables corridas de salmones vuelven a sus esteros natales, al “bosque salmón”. Lo sorprendente es la consecuencia de esto: desde el mar, a los fiordos, a los ríos, a los esteros, este flujo marino nutre los bosques. El cuerpo del salmón llega a integrarse al suelo del bosque, cambiando su química para cumplir un rol crucial en el óptimo funcionamiento y sobrevivencia de ese verde esplendor. Con los científicos Allen Larocque, Huamani Orrego y Suzanne Simard nos fuimos a estudiar cómo esos salmones llenos de mar llegan al bosque en boca de osos, lobos, y águilas, se funden en el suelo y se distribuyen a través de la red de micorrizas para así, nutrir los inmensos árboles con elementos esenciales provenientes desde el lejano fondo marino. De esta forma, el salmón actúa como un animal conector de ecosistemas marinos y terrestres.

(c) Gabriel Orrego

Del océano al bosque: dinámicas entre ecosistemas del bosque salmón

En estas regiones del mundo aparecen cinco especies de salmones. Todas nacen en agua dulce y luego bajan por los cursos hacia el Océano Pacífico, en donde pasan la mayoría de sus vidas adultas. Muy alejados y dispersos en el inmenso mar, les nace de pronto una fuerza instintiva imparable por reproducirse y les urge la necesidad de terminar sus vidas en aguas dulces. Suben decididos a su río o estero natal, a desovar su descendencia para luego morir e integrarse al bosque1.

Es de lo mas increíble y misterioso que estos animales sean capaces de encontrar el estero en donde nacieron, luego de vivir tan lejos, a miles de kilómetros en el inmenso Océano Pacífico. Parecidos a las tortugas y las ballenas, de las que se dice que miran las estrellas y perciben los campos magnéticos para navegar los océanos; o las mariposas monarca, que nacen en tres árboles, cruzan norte América y se juntan para formar huracanes. Se plantea que los salmones son capaces de percibir los sedimentos de sus esteros natales. Guiados por componentes que les parecen familiares en un inmenso mar, logran distinguir entre cientos de miles de cursos de agua dulce, los minerales y esencias particulares que acarrean sus esteros de origen2,3.

Esquema simple de las dinámicas del bosque salmón. (A) Llegada de salmones, (B) Consumo de peces por depredadores, (C) Descomposición restos del salmón y su absorción por las plantas (D) Crecimiento del bosque por nutrientes marinos, (E) enriquecimiento de los esteros por materia orgánica de los bosques.

Las corridas de salmones son a magnitud de millones4. Estamos hablando de toneladas de peces, altos en grasa y proteínas que se transforman en crucial alimento directo para mamíferos, aves, anfibios, artrópodos, entre otros organismos del bosque. Al menos 117 especies contabilizadas, pero muchas otras más indirectamente5, como por ejemplo hongos y plantas. El cuerpo del salmón es transportado por animales hacia el interior del bosque, donde sus restos ricos en nitrógenos llegan a quemar el musgo. La descomposición da paso y, simplificados, infiltran los nutrientes. En esos suelos orgánicos de bosques dominan de forma ubicua las ectomicorrizas, capaces no solo de asociarse simbióticamente con los árboles, sino que también de actuar como saprobios (descomponedores de materia orgánica). Así, algunos elementos limitantes provenientes del mar trasportados por el salmón son extensa y eficientemente distribuidos por la red de micorrizas hasta herbáceas, arbustos y árboles lejanos.

En esta investigación nos tocó subir por los esteros, buscando encontrar los caminos de osos para llegar a muestrear el suelo de sus camas en donde se comen el salmón.

Se detalla cómo el nitrógeno contenido en los restos del cuerpo del salmón llega a quemar las plantas del suelo de los bosques (c) Gabriel Orrego

A pesar de la abundancia de vida de estos bosques, estos ecosistemas son relativamente nuevos. Hace menos de 10 mil años los hielos cubrían toda superficie de estos territorios. Esto quiere decir que esos suelos de origen glacial son relativamente jóvenes, bastantes superficiales y casi netamente orgánicos. Por lo tanto, algunos de los minerales cruciales para el buen funcionamiento de las plantas y del resto del ecosistema son limitantes en estos suelos. Así, los salmones importan minerales limitantes activamente desde el mar, y fertilizan con lo necesario para que se mantenga sano este sistema.

El árbol mas grande e imponente de estos bosques es el Sitka spruce (Picea sitchesis), con ejemplares que alcanzan hasta 90 metros de altura. Se ha medido que el nitrógeno que contiene uno de estos grandes individuos está compuesto de hasta un 24% de origen marino6. Estas magnitudes son tan significativas que pone en evidencia el efecto clave que las corridas de salmones tienen sobre el buen funcionamiento de estos bosques.

Un bosque sano a su vez retroalimenta el desarrollo óptimo de los salmones, pues afecta positivamente la calidad del estero al proveerle suficiente sombra, sedimentos, filtración de nutrientes y componente estructurales como troncos caídos. Así, los salmones obtienen las condiciones óptimas para desovar y para el desarrollo de las siguientes generaciones; mientras que el bosque cuenta con la crucial importación anual de nutrientes marinos.

(c) Gabriel Orrego

Cómo el bosque nos revela los procesos

 Para medir las magnitudes de nutrientes que aportan los salmones al bosque, se utilizan las propiedades de los isótopos estables, elementos naturales que tienen diferente número de neutrones que los hacen más pesados o livianos que otros análogos. El isótopo de nitrógeno 15 (N15) abunda en el mar en comparación con los bosques; por lo tanto, éste puede ser rastreado en alta resolución, siguiendo su camino desde: el cuerpo del salmón, a través de sus depredadores terrestre, en el micelio de un hongo del bosque y hasta en la hoja de la punta del árbol más alto7. Todos los componentes del bosque que de alguna forma reciben nitrógeno marino muestran una firma isotópica enriquecida en N15 que es distinguible. Además, el N15, al ser mas pesado que el N14, se va quedando acumulado secuencialmente en los distintos componentes ecosistémicos. Así, por ejemplo, la diferencia entre N15 del hongo (que está más enriquecido en N15) y la planta (más empobrecida), nos permite estimar qué porcentaje del nitrógeno del árbol ha sido traspasado a través del hongo micorrízico8. Los isótopos estables son una técnica muy valiosa con una infinidad de aplicaciones y particularmente en ecología, permiten visualizar procesos imperceptibles a nuestros ojos

Los árboles de estos bosques primarios pueden vivir cientos hasta miles de años, por lo tanto, estos seres son testigos inter-generacionales del territorio. La dendrocronología (del griego dendro: árbol, jrónos: tiempo, lógos: estudio) nos permite reconstruir tal historia. Esta ciencia estudia los anillos de crecimientos al interior de los troncos de los árboles. Cada anillo significa un año, y el ancho de ese anillo, casi siempre, se va a relacionar con las condiciones climáticas en donde crece este árbol. Así, individuos añosos nos permiten retroceder en el tiempo y analizar eventos del pasado que han influido en su crecimiento. Con esta información podríamos por ejemplo estimar cuál fue la temperatura promedio del sitio, el año que llegó Colon a América, o la frecuencia de incendios y erupciones volcánicas que han ocurrido en la zona.  Aterrizando la dendrocronología al “bosque salmón”, existen fascinantes investigaciones que han estado midiendo el contenido de N15 en los anillos de árboles ancianos, pudiendo estimar la magnitud de las corridas de salmón en años anteriores, de los cuales no se tienen registros. Todo ese flujo de nutrientes marino registrado en la historia de los árboles9. La dendrocronología es una técnica alucinante, que nos revela el pasado a través de los árboles ancestrales.

El bosque salmón hoy

El bosque salmón está siendo amenazado. Hay evidencia de que este intercambio de nutrientes entre sistemas ha sido altamente perturbado. Indígenas de la zona sostienen que los cedros rojos (Thuja plicata) están enfermos. Hace décadas, las pesqueras han desabastecido esos mares, transformando además el territorio. Se ha interrumpido las corridas de salmones, desencadenando entonces traumas ecosistémicos, muchos de ellos aún por descifrar. Se plantea que si se mantienen las bajas en las corridas del salmón, se originará un déficit nutritivo en el “bosque salmón”10.

El salmón es una especia clave de estos ecosistemas, con un rol crucial que retumbe substancialmente en el buen funcionamiento de los bosques milenarios. Las nuevas técnicas de investigación nos han permitidos comprender la extensión en que este flujo marino penetra y nutre los bosques, y cuantificar así el impacto que las actividades humanas actuales les acarrea. Es necesario adoptar una nueva perspectiva de la conectividad que existe entre sistemas, para así comprender que las barreras naturales no siempre se adscriben a nuestros límites visuales, y sobretodo, reformular cómo el humano da uso a los ecosistemas naturales.

 

Foto de portada: (c) Gabriel Orrego

 

Referencias

  1. Groot C, Margolis L. (1991). Pacific salmon life histories. UBC press.
  2. Dittman A, Quinn T. (1996). Homing in Pacific salmon: mechanisms and ecological basis. Journal of Experimental Biology, 199(1).
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  4. Quinn TP. (2018). The behavior and ecology of Pacific salmon and trout. University of Washington press.
  5. McAllister I. (2014). Great Bear Wild: Dispatches from a Northern Rainforest. Greystone Books.
  6. Reimchen TE, Fox CH. (2013). Fine-Scale Spatiotemporal Influences of Salmon on Growth and Nitrogen Signatures of Sitka Spruce Tree Rings. BMC Ecology 13 (1): 1–13.
  7. Hocking MD, Reimchen TE. (2002). Salmon-Derived Nitrogen in Terrestrial Invertebrates from Coniferous Forests of the Pacific Northwest. BMC ecology, 2(1): 4.
  8. Hobbie EA, Högberg P. (2012). Nitrogen Isotopes Link Mycorrhizal Fungi and Plants to Nitrogen Dynamics. New Phytologist 196 (2): 367–82.
  9. Gregory‐Eaves I, Smol JP, et al. (2003). Diatoms and sockeye salmon (Oncorhynchus nerka) population dynamics: Reconstructions of salmon-derived nutrients over the past 2,200 years in two lakes from Kodiak Island, Alaska. Journal of Paleolimnology, 30(1): 35–53.
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Este jueves 8 de Marzo, Juan Pablo Orrego, presidente de la ONG Ecosistemas, dará la charla: «Cuencas hidrográficas: residencias de las aguas», en la tienda de Patagonia de Coyhaique, a las 20:45 Hrs. En la presentación, Orrego abordará la importancia vital de las cuencas hidrográficas partiendo de la premisa que en las sociedades modernas existe, […]

Este jueves 8 de Marzo, Juan Pablo Orrego, presidente de la ONG Ecosistemas, dará la charla: «Cuencas hidrográficas: residencias de las aguas», en la tienda de Patagonia de Coyhaique, a las 20:45 Hrs. En la presentación, Orrego abordará la importancia vital de las cuencas hidrográficas partiendo de la premisa que en las sociedades modernas existe, en general, un escaso conocimiento y valoración de estas extraordinarias configuraciones geográficas, que en muchos contextos son consideradas como las ‘células’ o unidades básicas de los territorios.

El expositor es Magister en Estudios del Medio Ambiente con Mención en Ecología y Antropología de la Universidad de York, Canadá. Es además Profesor, Investigador y Músico y uno de los fundadores del grupo de Acción por la defensa del río Biobío y el Pueblo Pehuenche en oposición a la instalación de Centrales Hidroeléctrica y ha sido distinguido con distintos premios, tales como Premio Ambiental Goldman 1997 y el Right Livelihood Award 1998.

Para mayor información consultar en www.ecosistemas.cl