El poder de los bosques (y de pasear por ellos) tiene una fuerza simbólica que se repite a lo largo de muchas culturas y ecosistemas del planeta. Hay bosques famosos y hay bosques que por estar ubicados en zonas del planeta más desatendidas, no han merecido la protección necesaria. De esto y más nos cuenta hoy nuestro colaborador Matías Guerrero, autor de la reciente publicación “Un paseo por el bosque: una aventura por ocho bosques del mundo”, quien narra su experiencia como científico y escritor de este precioso libro ilustrado que busca movilizar aspectos que desde la ciencia y la sensibilidad nos lleven a proteger a estos seres que si miramos con atención, siempre volverán a contarnos una historia.

La crisis ambiental en Chile y el mundo es más que evidente. Sus efectos nos permean en todo ámbito de actividades en nuestro cotidiano, aunque alguna o muchas veces no nos demos cuenta. Ello me obliga, como investigador en ciencias ambientales, a configurar nuestro quehacer hacia dar cuenta de la función fundamental de los ecosistemas para nuestro bienestar humano y para el mantenimiento de las funciones ecológicas, las que actualmente sufren transformaciones profundas. 

El desafío inicial siempre partirá por aquello que más nos cuesta hacer a quienes hacemos ciencia: hablar en fácil.

Si bien, el esfuerzo investigativo y académico es esencial y básico para minorizar los efectos de la crisis ambiental, definitivamente no es suficiente. La investigación en ecosistemas tan primordiales como los bosques, y su posterior reporte en revistas científicas, no posee un efecto concreto ni tan inmediato si no es traspasado a otras esferas de la sociedad, como la esfera política, sociocultural y educacional. Esto, producto de una cuestión básica y es que serán las ciudadanas y ciudadanos que comprendan la relevancia de los bosques y sus contribuciones las que posteriormente apoyarán cambios que permitan asegurar con mayor fuerza la conservación y restauración de los bosques nativos. 

El emblemático baobab presente en el libro «El Principito» fue una de las inspiraciones para el autor de «Un paseo por el bosque» © SAINT-EXUPÉRY

En este ejercicio pedagógico de explicar aspectos básicos de los bosques, la divulgación científica cumple un rol estratégico para acercar, de forma práctica, a la investigación en este tipo de ecosistemas y cómo su ejecución se traduce en apoyar la tarea de restaurar ecosistemas esenciales. Aquí, el libro “Un paseo por el bosque” surge como una acción genuina por dar a conocer la historia natural y aspectos básicos pero también fundamentales sobre ecosistemas tan cercanos a nosotros que permiten nuestra existencia en el planeta.

El desafío inicial siempre partirá por aquello que más nos cuesta hacer a quienes hacemos ciencia: hablar en fácil. En ello, el equipo que se forma alrededor de un proyecto de divulgación, como un libro, permitirá darle bajada a información que normalmente estamos acostumbrados a relatarla de forma disciplinar y con un lenguaje técnico. Al ser un libro que aborda preguntas tan simples como ¿qué es un bosque?, las trampas de tecnicismos abundan. Fue justamente el desafío que más enfrenté en la primera parte del libro, al explicar tanto cuestiones que sabemos de antaño (pero que como científicas y científicos nos cuesta explicar de forma sencilla) como también líneas de investigación de frontera, tal cual lo representa la investigación en torno a la comunicación entre árboles. 

El libro presenta 8 ecosistemas de bosques de todo el mundo en una aproximación didáctica e ilustrada. © Escrito con tiza

Posteriormente vino el desafío de la elección y, en ello, los bosques elegidos cumplieron un criterio transversal: representan un conjunto de bosques altamente amenazados en el planeta. Con la ayuda de catastros disponibles, es posible identificar aquellos bosques del mundo que se encuentran en serio riesgo. Una vez habiéndolos identificado, mi objetivo fue encontrar aquellos “embajadores” que pudieran dar cuenta de un elemento que también es transversal a todos los boques: su impresionante particularidad y las relaciones que han establecido por millones de años. En este sentido los criterios son múltiples pero mi elección se basó en encontrar especies que tuvieran una historia natural interesante de contar, especies que tuvieran alguna relación particular con comunidades locales o indígenas y, en algunos casos, de encontrar especies con las que yo tuviera alguna relación especial.

Arte y ciencia, relato e ilustración deben estar presentes y complementarse mutuamente para movilizar no solo aspectos cognitivos sino también emocionales para elevar el rol que tienen los diferentes bosques del planeta.

En relación a esto último, nunca he olvidado por ejemplo el relato que leí en el libro El Principito acerca de los baobabs. Si bien, ahí aparecen como árboles descontrolados que podían devorarse el planeta del protagonista, lo que siempre me quedó fue la imagen de un árbol imponente, centenario, majestuoso y que en el libro me permití detallar brevemente su historia natural. Así también, nunca olvidé aquel hito en el que National Geographic obtuvo una fotografía compuesta por 126 imágenes de “El Presidente”, una Sequoia gigante (Sequoiadendron giganteum) que demostraba cuán impresionante puede ser un ser vivo en el planeta. Sus bosques, que me dejaron marcados y me rememoraron a tan majestuosos bosques de Alerce que encontramos en Chile, inscribiendo indudablemente a sus bosques dentro de la «check-list» de lugares que alguna vez visitaré en mi vida. Otra especie particular es el Asaí, árbol que me recuerda a un viaje que hice a la Amazonía y que también mi amiga Katy ama con toda su alma por tan deliciosos postres que se preparan con sus frutos. Son especies que me retrotraen a momentos, atmósferas y espacios en los que conecto con esa esencia misma de los bosques.

Mientras hay bosques tremendamente difundidos, como estas enormes sequoias de California, otros permanecen desprotegidos por la falta de información, como el caso del bosque tropical africano. © Natgeo

Muchas de las especies y bosques elegidos han sido relativamente bien estudiados. Es el caso, por ejemplo, de los bosques templados del sur de Chile, en los que sabemos suficiente de la historia natural de la vegetación y animales mayores o de los bosques boreales, siendo estudiados por su trascendencia en el cambio climático. Sin embargo, en otros bosques (como lo fue con el bosque tropical africano) fue preocupante la falta de información, lo que podría traducirse en escasa evidencia para poder proyectar una conservación en el futuro. En esos casos, mayor aún es la importancia y utilidad por dar a conocer las contribuciones de estos bosques a las personas no solo para dicha región sino que para todo el planeta. 

Posterior al establecimiento de los bosques, y las especies que elegí, el equipo formado por la editorial, Carla Morales y Ángeles Quinteros, y Manuela Montero, co-autora e ilustradora del libro, permitió darle vida a textos e ilustraciones que complementaron de forma bastante armoniosa esa motivación inicial por dar a conocer el brillo de cada uno de los ecosistemas relatados. Las ilustraciones, la paleta de colores elegidas y concebidas por Manuela Montero le otorgaron vida y atractivo al libro y permitieron darle continuidad a un texto que pretende justamente diferenciar diversos tipos de ecosistemas. Sin ello, el relato se volvería inocuo, con pocas probabilidades de transmitir el motor emotivo que me impulsó a construir un libro como este. Así, arte y ciencia, relato e ilustración deben estar presentes y complementarse mutuamente para lograr movilizar no solo aspectos cognitivos sino también emocionales para elevar el rol que tienen diferentes bosques del planeta.

En esta, mi primera experiencia elaborando un libro dirigido a pequeñas y no tan pequeñas personas; queda la beta para seguir trabajándola, afinar la pluma y, junto a ilustradoras con tanta experiencia como Manuela Montero, seguir transmitiendo las múltiples bellezas, curiosidades y contribuciones de los bosques de Chile y el mundo.

El libro está editado por Escrito con tiza y cuenta con las ilustraciones de Manuela Montero. © Escrito con tiza

«Un paseo por el bosque: una aventura por ocho bosques del mundo»

Autor: Matías Guerrero

Ilustraciones: Manuela Montero

Editorial Escrito con tiza
@escritocontiza

Cuando era niña, durante varios años jugué a describir y hacer dibujos de un mundo imaginario. Lo extraño es que había decidido que este mundo debía ser lo más realista posible. Aunque me gustaba leer libros de fantasía y ciencia ficción, el desafío que me impuse fue imaginar un mundo paralelo que fuese completamente posible, […]

Cuando era niña, durante varios años jugué a describir y hacer dibujos de un mundo imaginario. Lo extraño es que había decidido que este mundo debía ser lo más realista posible. Aunque me gustaba leer libros de fantasía y ciencia ficción, el desafío que me impuse fue imaginar un mundo paralelo que fuese completamente posible, factible, e inspirado en hechos antropológicos y arqueológicos. Imaginé un pueblo prehistórico” o antiguo” como los que había leído en libros sobre los mitos griegos, las Mayas o los Sumerios. Yo era una niña en la época proto-internet de los 90, y mis conocimientos se basaban principalmente en los libros ilustrados que podía encontrar en bibliotecas públicas y librerías locales.  Tenía muchas preguntas que nunca pude responder, como por ejemplo: Si quiero que mi pueblo imaginario tenga un sistema de escritura, ¿eso implica que debe ser una civilización grande” con monumentos y un gobierno y religión centralizada? Y si ese pueblo carece de tecnología como el uso de metales pesados, ¿podrá tener especialización de oficios, comercio de larga distancia, o dinero?  En una cultura donde la gente vive en aldeas de pequeña escala y no en ciudades, ¿será posible tener jefes que no sean hereditarios, mujeres que sepan escribir, o escuelas dónde la gente venga de lejos para aprender algo?  ¿Puede un pueblo premoderno tolerar la variación individual en términos de vestimenta u organización familiar, o sería necesario para mi pueblo imaginario pensar una estructura social rígida donde toda idiosincrasia sea sancionada? 

El libro sugiere que estamos “pegados” en un estado de desigualdad que tomamos por inevitable, en parte porque hemos dejado de jugar con nuestras organizaciones sociales, y en parte porque hemos olvidado que había otros discursos sociales que vinieron de otras tradiciones.

Estas y muchas otras preguntas que tuve en ese entonces daban cuenta de mi ingenuidad de niña. También dejan en evidencia el hecho de que la información que se provee a jóvenes y al público acerca de las posibilidades del ser humano ha estado determinada, durante muchos años, por un pensamiento simplista y lineal, que sugiere que la humanidad ha seguido una evolución uniforme dirigida a mejorar con vistas al mundo europeo/ norteamericano actual. 

Estos discursos son comunes de escuchar hoy en día. Libros cómo Sapiens de Yuval Harari sugieren que todo lo ocurrido en la prehistoria y la historia llega inexorablemente a la dominación del modelo moderno europeo, el cual habría inventado la idea de libertad e igualdad. Sin embargo, este discurso, si bien atractivo, deja fuera a todo lo ocurrido en la mayoría del mundo, en aquellas zonas que no contribuyen a esa historia inexorable, y que terminan siendo representadas como zonas donde, aparentemente, nunca ocurrió nada.  

El libro llama la atención sobre la diversidad de las primeras sociedades humanas y critica las narrativas tradicionales del desarrollo lineal de la historia desde el primitivismo hasta la civilización. © Wikipedia.

Pero ahora se ha publicado un nuevo libro que responde a todas esas preguntas de mi niñez con un sí”—sí, a toda combinación de medio de vida, de organización social y modelo político– toda combinación puede haber existido en el mundo premoderno real—y que argumenta que, por lo mismo, no hay nada inexorable ni lineal en la historia. Las zonas del mundo donde no pasó nada” fueron zonas donde pasaron muchas cosas interesantísimas que el discurso lineal borró de la memoria colectiva. 

Este libro es el recién aparecido The Dawn of Everything: A New History of Humanity (El amanecer de todo: una nueva historia de la humanidad). Se trata de la publicación más reciente del antropólogo David Graeber—desafortunadamente fallecido hace un poco más de un año—y su colega arqueólogo David Wengrow.  Durante 10 años intercambiaron ideas y leyeron ampliamente en la literatura técnica describiendo nuevos descubrimientos y teorías sobre la prehistoria.  La pregunta central que en diferentes modos motivó a Graeber durante mucho tiempo, fue entender las orígenes de la desigualdad. El libro se interroga ¿cómo llegamos a vivir en sociedades tan desiguales, y por qué pensamos que esto era inevitable, de que no había una verdadera alternativa? 

El libro empieza con una sección que me pareció alucinante e inspiradora.  Una de las lagunas de conocimiento en mi niñez en torno a las culturas pasadas fue la diversidad de pueblos indígenas de América del Norte previo de la colonización. El libro hace mucho para llenar ese vacío. Lo que más me impresionó fue la discusión en torno a las críticas culturales y políticas de personas indígenas de América del Norte en los años 1700, respecto a los franceses y otros europeos.  Estas críticas indígenas influenciaron en el desarrollo de argumentos claves propios de la Ilustración. Historiadores han demostrado que personas indígenas discutieron ideas políticas y filosóficas con colonos en las Américas, conversaciones que quedaron registradas en libros que circularon por todo Europa y alcanzaron gran popularidad en su época. El libro argumenta que no solamente estas culturas indígenas valorizaron mucho la elocuencia, la argumentación y el debate público, sino también que sus ideas políticas sobre la libertad y la igualdad fueron los frutos de experiencias con la autoridad absolutista, centralizando al seno de la civilización Mississippiana, la cual fue disuelta varios siglos antes. 

La nueva publicación se basa en la evidencia arqueológica para mostrar que las sociedades primitivas eran diversas y desarrollaron numerosas estructuras políticas. © Stefano Marchiori vía Unsplash 

Además de describir una impresionante diversidad de pueblos, zonas culturales y civilizaciones (con énfasis en las Américas, Europa y el Medio Oriente), el libro también propone que esta diversidad no es progresiva, ya que no se genera automáticamente ni de forma irreflexiva de parte de la sociedad interesada. Explica casos en que sociedades adoptaron la agricultura para luego abandonarla, o que fueron a vivir a ciudades con comodidades y burocracia central, para luego disolver esas prácticas y volver a vivir en bandas itinerantes. El argumento avanza con que estas transiciones no corresponden siempre a casos de colapso ecológico, ni a edades oscuras de pérdida de las estándares de vida o del conocimiento.  El libro sugiere que muchas de estas transiciones no fueron en la dirección de nuestros mitos sobre el progreso, sino que más bien la tónica fue el conflicto social, el debate público y la reflexión consciente.  Es decir, que mucho antes del Siglo de las Luces europeo las comunidades fueron capaces de reflexionar, tener opinión y debatir sobre la sociedad y la política, el buen vivir y la desigualdad.  Lo anterior supone que incluso, la caída de algunas grandes civilizaciones” pudo haber sido una bendición para algunos de sus ciudadanos. 

Con ese argumento siento que los autores quieren irse a medias entre reconocer que varias grandes civilizaciones” produjeron obras de arte, literatura, filosofía, arquitectura y tecnología que nos trajo beneficios y que aún valorizamos, y a la vez sugerir que podemos vivir sin esa “cultura” y aún poseer reflexión inteligente, disfrutar de conversaciones estimulantes, y ejercer el poder creativo. Lo anterior me parece de un populismo que busca compatibilizar con un cierto elitismo intelectual.  En mi opinión, discutir de política e inventar sistemas para organizar juntas de vecino no reemplaza la lectura de libros, o las visitas a museos de arte, pero esa es mi preferencia personal.  Aparentemente para Graeber y Wengrow el intercambio sería satisfactorio.  

Algo que se podría haber desarrollado más en el libro son las interacciones entre la ecología y las sociedades.  Habla sobre el rol de los humedales en los orígenes de la agricultura, y resume rápidamente los argumentos contra la idea popularizada por Jared Diamond de que muchos colapsos de civilizaciones fueron por la sobre-explotación de recursos.  Habría sido muy interesante explorar mejor los vínculos –estudiados por muchos antropólogos y otros–, entre medio ambiente, paisaje, las economías y las sociedades.  

En todo caso, destaco que este libro tiene una doble fortaleza. Primero, es capaz de sintetizar un cuerpo de información emergente sobre la prehistoria e historia de la humanidad.  Me hubiese gustado tener toda esa información disponible cuando era niña, como fuente para mi imaginación.  Segundo, se trata de una obra sobre la especulación y la imaginación. En las ciencias, especular” puede ser una mala palabra, porque implica ir más allá de lo estrictamente demostrado.  Pero ir más allá de lo estrictamente demostrado, o más allá de lo que conocemos por experiencia personal como realista” o factible”, es justamente la esencia de la reforma y el cambio social.  El libro sugiere que estamos pegados” en un estado de desigualdad que tomamos por inevitable, en parte porque hemos dejado de jugar con nuestras organizaciones sociales, y en parte porque hemos olvidado que había otros discursos sociales que vinieron de otras tradiciones.  Creo que es muy importante aprovechar nuestra imaginación y no sólo nuestra experiencia personal en el mundo tal como lo encontramos hoy, para entender lo que es ser humano.

Sobre el libro:
«The Dawn of Everything: A New History of Humanity», por David Graeber y David Wengrow.  Farrar, Strauss & Giroux, New York. ISBN 0374157359, 704 páginas.
Imagen de portada: ©James Wheeler vía Unsplash
No es algo nuevo decir que el arte salió de los museos y las galerías para ingresar a espacios de exterior, emplazamientos situados en el afuera, muchas veces en la naturaleza. En Chile, encontramos antecedentes en el proyecto Amereida, cuando en la década del 60’ un grupo de arquitectos decidió salir del espacio institucional para […]

No es algo nuevo decir que el arte salió de los museos y las galerías para ingresar a espacios de exterior, emplazamientos situados en el afuera, muchas veces en la naturaleza. En Chile, encontramos antecedentes en el proyecto Amereida, cuando en la década del 60’ un grupo de arquitectos decidió salir del espacio institucional para explorar el devenir y el caminar en zonas remotas como Tierra del Fuego y así crear un poema propio de habitar en América, Amereida.

En el hemisferio norte, un antecedente crucial lo marcó el movimiento del “Land Art”, con artistas influyentes como Robert Smithson, quien se volcó a intervenir espacios industriales como mineras, también la naturaleza con los materiales que ella proveía, como los enormes espirales de basalto que dibujó el desierto de Nevada en su monumental obra “Spiral Jetty”.

«Reposo», de Francisca Sánchez. Intervención en la Ruta 5 Sur, entre Puerto Montt y Pargua. © Francisca Sánchez

La necesidad de inscribir la práctica artística en emplazamientos del exterior – ya sea industriales o en la naturaleza – ha traído una potente y completa nueva publicación editorial. Se trata del recién lanzado libro Movimientos de Tierra (Ed Polígrafa, 2021), el cual, para su editor y compilador, Pedro Donoso, se trata de “una constelación, un catálogo ampliado de la exposición Movimientos de tierra: Arte y Naturaleza, donde invitamos a distintos artistas a recorrer el territorio”.

Lo primero que llama la atención es la envergadura de la publicación. Son 35 artistas invitados con obras realizadas en zonas que van desde el desierto de Atacama, el Estrecho de Magallanes, las pampas de la región de Aysén, el interior del cráter de un volcán activo, un glaciar en medio de Campo de Hielo Patagónico, entre tantos otros puntos improbables del territorio, complejos de habitar y registrar. Como se lee en su contraportada, escrita por el académico Pablo Chiuminatto, se trata de “una antología que anuncia una vuelta a la naturaleza, ya no como paisaje, sino como el genuino hogar”.

Tal vez la mayor fuerza de esta publicación radica en que no busca exaltar la belleza del territorio, sino más bien relevar sus zonas telúricas, de conflicto, desde una particular y sugerente propuesta estética y política. Por ello aquí están presentes también proyectos que iluminan la condición de ruina en el paisaje, aquellas naturalezas sacrificadas por el extractivismo que no conoce límites ni cuidados para quienes habitan o se desplazan por esos territorios.

Los elementos geográficos de todo Chile sirven a los autores de las obras como dispositivo y lienzo para reimaginar ese paisaje, en un momento en que se ha hecho más urgente que nunca pensar en la dicotomía construida entre naturaleza y cultura, humano y no-humano, arte y naturaleza, que hoy nos vuelca, por necesidad y subsistencia, a pensar en nuevas relaciones y narrativas con ese mundo exterior.  

Pero tal vez la mayor fuerza de esta publicación radica en que no busca exaltar la belleza del territorio, sino más bien relevar sus zonas telúricas, de conflicto, desde una particular y sugerente propuesta estética y política. Por ello aquí están presentes también proyectos que iluminan la condición de ruina en el paisaje, aquellas naturalezas sacrificadas por el extractivismo de una industria que no conoce límites ni cuidados para quienes habitan o se desplazan por esos territorios, ya sea humanos y no humanos.

La artista Cecilia Vicuña en la ribera del río durante la creación de «Quipu Mapocho». © Cecilia Vicuña.

Así, por ejemplo, el trabajo de Patrick Seeger en las localidades de Quintero y Ventanas, propone una escultura como sistema de vigilancia para observar las graves emisiones tóxicas que se desprenden de esta zona de sacrificio. También está el desierto devenido vertedero de Alto Hospicio en La ciudad posterior, retratado en tres videos por Demian Schopf, acaso un anticipo apocalíptico de las naturalezas muertas que ya están entre nosotros.

En todos los registros presentes en el libro algo que caduca y permanece. Cada uno de esos objetos recolectados, exhibidos, performados, se transforman en testigo del paso del tiempo y del humano al ser incorporado por cada uno de estos artistas e investigadores del territorio. La interrogante definitiva que parece desafiar el libro es: ¿Puede la naturaleza transformarse en archivo?

Registro de la obra «Terra Australis Ignota», en el extremo sur de Patagonia, del artista Nicolás Spencer © Nicolás Spencer

Llama la atención el carácter efímero de gran parte de las obras presentes, lo que sugiere la urgencia, en tiempos de la grave crisis global ambiental de esta era geológica conocida como Antropoceno, de ofrecer prácticas artísticas que operen poética, estética y políticamente a través de la impermanencia, que puedan ser ejecutadas pero también borradas por las fuerzas geológicas, barridas por el viento, una vez que la obra ya ha cumplido su propósito en ese paisaje prestado para expresar.

Así como en la década del 60’ un grupo de artistas conceptuales decidió salir al espacio abierto como una forma de activismo contra la guerra de Vietnam, hoy, las y los artistas y autores que acopia Movimientos de tierra guardan también una inquietud en común. Existe una urgencia por habitar, por pensar, por reimaginar el paisaje, por decir: caminamos, transitamos pero no olvidamos que esta tierra también habla y se mueve, no olvidamos que estamos de paso. Este libro viene a dar cuenta de esa necesaria forma de expresión y habitar de estos tiempos complejos.

El libro, publicado recientemente por editorial Polígrafa, está en español e inglés. © Movimientos de Tierra

MOVIMIENTOS DE TIERRA

Movimientos de tierra surge de la exposición realizada en el Museo Nacional de Bellas Artes en 2017 donde se reunieron seis grandes intervenciones realizadas en distintos puntos del territorio de Chile. A partir de ese ejercicio artístico en el entorno natural, el presente volumen es concebido como una investigación ampliada que alcanza las 35 obras de distintos artistas contemporáneos cuyas motivaciones ecopolíticas, sociales y espaciales permiten trazar una cartografía única donde se refleja un territorio de contrastes. Esta compilación ofrece una visión panorámica como un conjunto de posibles intuiciones y modos de pensar nuestras relaciones con el entorno natural en una época marcada por la crisis climática, tal como lo sugieren los distintos ensayos que acompañan las obras.  

Editor: Pedro Donoso

Editorial: Polígrafa, Barcelona

Artistas: Raúl Zurita, Gianfranco Foschino, Alejandra Ruddoff, Not Vital / Cristián Orellana Terrsy, Teresa Aninat, Cecilia Vicuña, Denise Lira-Ratinoff, Ciudad Abierta, Juan Castillo, Juana Guerrero, Gonzalo Castro-Colimil, Alfredo Jaar, José Délano, Patrick Steeger, Catalina González, Marcela Correa, Colectivo Impermanentes, Julen Birke, Cristián Velasco, Dagmara Wyskiel, Francisca Sánchez, Demian Schopf, Catalina Bauer, Benjamín Ossa, Sebastián Preece / Olaf Holzapfel, Hamish Fulton, Max Corvalán-Pincheira, Catalina Correa, Nicolás Grum, Elisa Balmaceda / Cristián Espinoza, Mia Makela, Sebastián Jatz, Colectivo Última Esperanza, Claudia González, Nicolás Spencer, Lorenzo Berg.

Autores: Pedro Donoso, Juan Carlos Skewes, Nicholas Jackson, Catalina Valdés, Paula López, Valentina Montero y Jens Andermann.

Imagen de portada: Registro de «Chile antes de partir, 1981» de Alfredo Jaar. Intervención realizada entre la montaña y el mar. © Alfredo Jaar.

Literatura de un río en crisis

Hay una metáfora que se utiliza para hablar de la literatura, su historia y las páginas que han sido escritas, y es la del “río de la literatura”; un río caudaloso y variado con muchos afluentes que lo alimentan. También podemos hablar del río en la literatura, al ser este una figura que ha inspirado […]

Hay una metáfora que se utiliza para hablar de la literatura, su historia y las páginas que han sido escritas, y es la del “río de la literatura”; un río caudaloso y variado con muchos afluentes que lo alimentan. También podemos hablar del río en la literatura, al ser este una figura que ha inspirado ríos de tinta. 

Los ríos son contados de variadas formas, con el ojo centrado en ellos, en la vida que albergan o en la relación que tienen las personas en su entorno. ¿Cómo se cuentan los ríos en un contexto de crisis medioambiental? ¿Cuáles son los relatos que tenemos de un río que actualmente atraviesa una crisis ecológica debido a la explotación humana como es el río Paraná? 

La ciudad se levanta en el horizonte, desde el río Paraná © Agustina Atrio.

La literatura da imagen a los estragos ambientales una y otra vez, enfrentándonos tanto con el pasado que nos condujo al presente como con los futuros escenarios posibles. De este modo, la literatura puede hacernos más conscientes, llevarnos a actuar o a imaginar nuevas formas de estar en el mundo. Tal es el caso de la Fábula para el día de mañana escrita por la autora, científica y ecologista Rachel Carson, como introducción a su reconocido libro Primavera silenciosa, publicado por primera vez en 1962. En ella crea la imagen de un mundo en silencio, sin pájaros y casi sin vida, que permite acercarnos a una realidad no muy lejana. A este mundo en silencio llegaremos si continuamos en el camino de la depredación de la naturaleza. En el Paraná el libro No es un río, de la escritora argentina Selva Almada nos lo ilustra en una pequeña escala, mostrándonos a tres amigos que van a pescar a la isla durante un fin de semana y matan por diversión o entretenimiento a una raya con el único propósito de exhibirla y luego arrojarla a que se descomponga allí, en el mismo lugar en el que estuvo viva. Matan, cuelgan de un árbol y devuelven al río como desecho un animal del Paraná:

No era una raya. Era esa raya. Una bicha hermosa toda desplegada en el barro del fondo, habrá brillado blanca como una novia en la profundidad sin luz. Echada en el limo o planeando con sus tules, magnolia del agua, buscando comida, persiguiendo la transparencia de las larvas, las esqueléticas raíces. Los anzuelos enganchados en sus bordes, el tironeo de toda la tarde hasta darse por vencida. Los tiros. Arrancada al río para devolvérsela después.

Recorrido por el Paraná de Roberto Arlt a bordo del Rodolfo Aebi, El país del río. Aguafuertes y crónicas de Roberto Arlt y Rodolfo Walsh, editado por Universidad Nacional del Litoral y Universidad Nacional de Entre Ríos © Virginia Kargachin.

Hace poco más de un año, un grupo de escritoras argentinas entre las que se contó Selva Almada manifestaron una iniciativa cuyo fin fue visibilizar la destrucción ambiental de diferentes ecosistemas del país, así como reclamar por su protección. Esta iniciativa culminó en un documento llamado No hay cultura sin mundo, firmado por una gran cantidad de artistas y enviado a las autoridades nacionales. Desde el 2020, cuando comenzó la crisis de incendios provocados en el Delta del Paraná, muchas iniciativas unieron al mundo de la cultura con el medioambiental. 

¿Cómo se cuentan los ríos en un contexto de crisis medioambiental? ¿Cuáles son los relatos que tenemos de un río que actualmente atraviesan una crisis ecológica debido a la explotación humana, como es el río Paraná?

Históricamente, los incendios intencionales se han practicado para renovar los pastos para el ganado, pero dada la expansión ganadera en la región en las últimas décadas, su número ha aumentado. Durante el 2020, debido a las condiciones ambientales de sequía, sumado a la bajante histórica del río y la escasez de lluvias en la región, provocó que los incendios se agravaran. Según datos oficiales disponibles hasta julio de 2021 recogidos por el informe de incendios Delta del Paraná. Las quemas no tienen fin realizado por organizaciones como el Taller ecologista, la superficie quemada del Delta durante todo el año 2020 se estimó en 486.934 hectáreas, un equivalente a 16 veces la ciudad de Buenos Aires, alcanzando áreas protegidas y bosque nativo. Los cálculos permiten identificar que hasta la fecha del informe, el 2021 es el segundo año con mayor cantidad de focos de calor, desde 2012. 

«El país del río». Aguafuertes y crónicas de Roberto Arlt y Rodolfo Walsh, editado por Universidad Nacional del Litoral y Universidad Nacional de Entre Ríos. © Virginia Kargachin

La quema de las islas es la muerte de sus ricos ecosistemas, como no deja de denunciarlo la escritora argentina Gabriela Cabezón Cámara, quien escribió un relato llamado #LeyDeHumedalesYa en el que narra la muerte de los animales y plantas quemadas en los incendios. Ese humo que respiran los habitantes de las ciudades vecinas lleva la muerte de los seres vivos que vieron quemarse su hogar sin poder escapar: 

(…)¿te acordás qué animalito más dulce? Lo quemaron, miralo, queda el ojito no más y todo lo otro que era, todo ese cuerpo que metía en el agua y tomaba sol en la cabeza y el lomo y cuidaba a las crías y con las manitos agarraba las hojas tiernas, todo eso, y las hojas tiernas y las duras y los árboles también, es cenizas ahora.

Las quemas en las islas aparecen en la literatura de la región desde hace años, como lo ha señalado la artista visual y editora Lila Siegrist en el artículo Loor al humedal litoral de la revista Anfibia, a través de una búsqueda de testimonios de las quemas. El escritor Roberto Arlt también fue testigo de estos incendios en su viaje a lo largo del Paraná en el buque Rodolfo Aebi, en el año 1933. En sus crónicas, recopiladas en el libro El país del río. Aguafuertes y crónicas, anuncia: “A la distancia, por la puerta de estribor se distingue en el horizonte el relampagueo de los pajonales incendiados”. Durante el trayecto, también observa los movimientos del río, elemento que nunca es estático con sus momentos de crecida y de bajante. En el caso de Arlt, lo que contempla es la crecida, como años después lo hará Rodolfo Walsh, otro escritor y periodista compilado en este mismo libro. En sus crónicas de viaje a través del litoral, Walsh es testigo de la crecida histórica del año ‘66 que inunda las viviendas de muchos pobladores, llenando las calles de las ciudades vecinas de evacuados. La crecida del río como catástrofe también se menciona en la novela El río de Débora Mundani, cuyo protagonista realiza un viaje mientras las aguas suben y tapan las costas y sus construcciones. Hoy el Paraná vive su movimiento contrario, también en un momento extremo: su bajante más importante desde hace cincuenta años. 

Estos libros son solo algunos de aquellos que forman la vasta literatura del Paraná. Quienes lo invocamos como lectores o escritores, quienes llevamos su imagen a la palabra, debemos ser conscientes de que el río y su ecosistema están en grave crisis. Las quemas y la deforestación tienen consecuencias para toda la zona y, como proclaman las escritoras, “no hay cultura sin mundo”. Mediante la palabra podemos continuar denunciando, dando imagen al mundo en crisis en el que vivimos, esperando que en el futuro éste se parezca menos a las distopías que podemos escribir que a las utopías que podemos soñar, como aquella del final del libro Las aventuras de la China Iron de Gabriela Cabezón Cámara, en la que humanos y animales viajan en compañía por un río que es puro esplendor. Un río al que debemos cuidar. 

Hay que vernos, (…) un pueblo entero avanzando en silencio sobre los ríos limpios, sobre los ríos que respiran la paz de las subidas y bajadas, de sus peces bigotudos, del tuju pegajoso de sus lechos, nuestros ríos que saben mostrar y ocultar las raíces de los yvyra en los bordes de sus islas, nuestros ríos llenos de flores que flotan en su lomo como escarban los bagres el limo del fondo, nuestros ríos de pira saltadores, de dorados que emergen con la fuerza enorme de sus cuerpos como si les explotaran de sol a los ríos las entrañas.

Postales del río Paraná © Andrés Atrio.

Sobre la Autora

Agustina Atrio es licenciada en Relaciones Internacionales, organizadora cultural y escritora. Desde inicios del 2018 lleva a cabo el proyecto Despaseando, una propuesta de reflexión a través de la investigación y la práctica, en relación a las ciudades y los espacios, el caminar y la literatura. En 2021 publicó su primer libro, Tres formas de atravesar un río, editado por Ediciones Menguantes. 

Imagen de portada: Lecturas sobre el río Paraná a orillas del río Sihl, Suiza © Virginia Kargachin.

Entre todos los mamíferos terrestres del continente americano, el puma tiene el récord de la especie con mayor número de nombres comunes. A lo largo de su distribución, desde el sur de Canadá hasta el Estrecho de Magallanes, son 84 los nombres bajo los que se conoce a este emblemático felino. Trapial, nahuel, pangui o […]

Entre todos los mamíferos terrestres del continente americano, el puma tiene el récord de la especie con mayor número de nombres comunes. A lo largo de su distribución, desde el sur de Canadá hasta el Estrecho de Magallanes, son 84 los nombres bajo los que se conoce a este emblemático felino. Trapial, nahuel, pangui o león son algunos de los más comunes en Chile, pero sin lugar a dudas, puma – que en quechua quiere decir “animal poderoso” – es el más utilizado no solo en nuestro territorio sino en el resto de su distribución, a excepción de Estados Unidos.

Más allá de ostentar este título, detrás de esta variopinta colección de epítetos se encuentra el hecho de que el puma ha debido coexistir prácticamente en toda su distribución con distintas poblaciones humanas que han escogido sus propios apelativos para nombrarlo. Si bien este animal poderoso es un símbolo de gran relevancia que lo ha llevado a ser venerado por diversas culturas locales, en ocasiones la percepción del puma hacia las comunidades no ha sido del todo positiva. Al tratarse de un animal potencialmente peligroso, la gente le teme y prefiere tenerlo más lejos que cerca. En áreas rurales, donde se vive de la ganadería, la realidad es un poco más compleja. La interacción entre el puma y el ganado doméstico es algo que lleva ya más de un siglo, donde en ocasiones el felino ataca ovejas, llamas o cabras para alimentarse. En represalia, al verse afectado su sustento y principal actividad económica, el ganadero lo persigue e incluso lo mata. Una interacción que lejos de ser beneficiosa, ha perjudicado tanto a los pumas, quienes ven reducidas sus poblaciones; como a los ganaderos, quienes a pesar de controlar las poblaciones de puma, continúan viendo cómo sus pérdidas no disminuyen.

Este felino emblemático ha sido estigmatizado por ganaderos como una amenaza a ovejas y vacunos. © Nicolás Lagos.

En el extremo sur de su distribución, en el Parque Nacional Torres del Paine, si bien el puma encuentra protección y sus poblaciones se recuperan tras décadas de presión, fuera de sus límites el conflicto continúa sin variaciones. Sin embargo, aún hay esperanza. Algunas estancias vecinas al parque como Laguna Amarga o Estancia Cerro Guido han cambiado su manera de percibir e interactuar con el puma. Ya no se le persigue ni se le mata, sino que muy por el contrario, se le protege. Este cambio no llega de la noche a la mañana, y requiere de un largo trabajo. En Cerro Guido por ejemplo, perros protectores de ganado y disuasivos lumínicos están siendo utilizados para mantener al puma lejos, y de esta manera disminuir las pérdidas de ovejas. Esto, de paso, ha permitido disminuir también la animosidad hacia el gran felino.

Algunas estancias como Laguna Amarga o Estancia Cerro Guido han cambiado su manera de percibir e interactuar con el puma. Ya no se le persigue ni se le mata, sino que muy por el contrario, se le protege.

Como una manera de continuar con ejemplos como el de Estancia Cerro Guido es que nace el libro “En el límite: Puma en Torres del Paine”, un libro de divulgación acerca de la historia natural del puma, con información detallada acerca de la especie y acompañado de fotografías tomadas en estos sectores donde el puma hoy puede recorrer su territorio sin miedo al ser humano. El objetivo de esta públicación, además de dar a conocer a la especie, es aportar de manera directa a su conservación en Patagonia. Esto, porque el 100% de las utilidades provenientes del mismo serán destinadas a trabajar por la conservación del puma, aportando a que otras estancias puedan sumarse a este cambio de paradigma.

Gracias a iniciativas de conservación, comunidades de pumas y humanos poco a poco comienzan a convivir de formas más armoniosas en la Patagonia. © Nicolás Lagos.

A partir de la experiencia en Cerro Guido, y a través de una colaboración entre el Área de Conservación de la estancia y la ONG Panthera, el proyecto buscará trabajar junto a ganaderos locales para crear capacidades en estancias de Magallanes hacia la búsqueda de soluciones al conflicto entre la producción ganadera y la conservación del puma, además de aportar al establecimiento y aplicación de estándares para el turismo responsable de pumas en la región y educar a niños y niñas acerca de la importancia de la conservación del puma.

En una campaña especial de preventa del libro a un valor promocional, quienes estén interesados en tenerlo y aportar con su granito de arena a la conservación del puma podrán también acompañar el libro con impresiones impresiones fotográficas en alta calidad con inyección de pigmentos minerales sobre papel de cáñamo de 290 g/m2 de la línea Natural Line de Hahnemühle, realizado por Karkai Ediciones.

Para adquirir una copia del libro o alguno de los “packs”, pueden contactarse directamente con los autores, a través del correo libropuma@gmail.com. La fecha de entrega del libro estimada será para el mes de diciembre de 2021.

Quienes apoyen la publicación del libro podrán adquirirlo a partir de diciembre de 2021 junto con impresiones fotográficas del puma. © Nicolás Lagos.

Especificaciones técnicas del libro:

Libro bilingüe español/inglés

216 páginas, 20.5×26 cm

Tapa dura de 2.5 mm

Papel couché de 170 gr.

(*) El trabajo fotográfico detrás de este libro se ha realizado siguiendo las recomendaciones y protocolos de avistamiento de pumas de CONAF, y con los respectivos permisos de trabajo audiovisual al interior del Parque Nacional Torres del Paine.

Sobre el Autor

Nicolás Lagos Silva es Ingeniero en Recursos Naturales Renovables y Magister en Áreas Silvestres y Conservación de la Naturaleza, se dedica a la protección y conservación de los felinos silvestres en Chile, en especial del gato andino y el puma. Además, es un fotógrafo aficionado que disfruta de caminar y asombrarse con la belleza de la naturaleza.

Imagen de portada: Pumas en el Parque Nacional Torres del Paine. © Nicolás Lagos Silva

Estamos próximos a entrar al invierno y con ello, las actividades que ya se veían limitadas por la pandemia, se reducen aún más. Un buen panorama para esta temporada de frío es sin duda hacerse de unos buenos libros y viajar con ellos. Mejor aún si estos logran interesar a grandes y chicos, como sucede […]

Estamos próximos a entrar al invierno y con ello, las actividades que ya se veían limitadas por la pandemia, se reducen aún más. Un buen panorama para esta temporada de frío es sin duda hacerse de unos buenos libros y viajar con ellos. Mejor aún si estos logran interesar a grandes y chicos, como sucede con la mayoría de los libros ilustrados. A continuación Endémico web te recomienda algunas publicaciones que invitan a sumergirse en la naturaleza, sin tener que salir del hogar. 

Paisajes Perdidos de la Tierra una síntesis gráfica de la historia del Planeta

Si se piensa en la historia lejana de la Tierra tal vez lo primero que llega a la mente son imágenes de grandes seres jurásicos, como los dinosaurios. Sin embargo, esto ocurrió hace tan solo 250 millones de años atrás. Antes, sucedieron increíbles transformaciones en el planeta. Esa multitud de cambios en la Tierra es lo que muestra Paisajes Perdidos de la Tierra, libro publicado en Chile por la editorial Escritocontiza e ilustrado por Aina Bestard, diseñadora e ilustradora española. Desde el principio se advierte: “Ninguna historia de las que conoces es tan larga como la de la Tierra”. Con estas palabras comienza un recorrido por la formación del planeta y la evolución de los seres vivos que la habitaron y todavía la habitan. 

En Paisajes Perdidos de la Tierra una multiplicidad de paisajes se suceden para relatarnos la historia previa a la historia. © Escritocontiza.

De tal forma, el libro nos muestra en bellas imágenes esa metamorfosis, que involucró mares de lava, lluvias de meteoritos y glaciaciones mucho antes de la conocida Edad de Hielo. Una multiplicidad de paisajes se suceden para relatarnos la historia previa a la historia y dotarnos de fascinantes datos que nos ayudan no solo a comprender, sino también a memorizar e integrar el contenido. Imágenes de influencia naturalista del siglo XIX, colores matizados y textos en varios tamaños permiten no solo una lectura para grandes y chicos, sino también relacionar mejor los periodos y sus protagonistas. Así, el periodo Devónico, por ejemplo, se asocia fácilmente a la Edad de los Peces; los trilobites, una clase de artrópodos extintos, al periodo Paleozoico inferior y los helechos, las primeras plantas vasculares, a los bosques del periodo Carbonífero. 

Paisajes Perdidos de la Tierra es un libro hermoso, una síntesis en imágenes de la larga historia de nuestro hogar y la relación dinámica entre sus procesos geológicos y los seres que viven en ella. Este libro nos recuerda que gran parte de los paisajes que vemos son moldeados por los seres que lo habitan. Y que nosotros, los humanos, somos una porción de estos, es decir, somos potenciales agentes de cambio. Al cerrar el libro queda preguntarnos ¿qué paisajes queremos ver en el futuro? y ¿qué vamos a hacer por crearlos? 

 

Autor:  Aina Bestard.

Editorial: Escritocontiza.

Año de Publicación: 2020.

Valor: $ 22.500

Dónde encontrarlo: www.escritocontiza.cl


Los anfibios son capaces de experimentar transformaciones durante su crecimiento, proceso conocido como metamorfosis; además son los únicos vertebrados que pueden respirar a través de su piel. © Manivela. 

Croares, concierto a cielo abierto, invitación a una exploración diferente

Los anfibios son animales curiosos, se encuentran prácticamente en todas las regiones del Planeta como los trópicos, selvas, montañas, desiertos e incluso algunas zonas árticas. Son seres capaces de vivir entre medio del agua y la tierra. Dominan ambos elementos a la perfección y cómo no, si fueron los primeros animales vertebrados que se aventuraron a salir del agua y explorar los suelos terrestres. De hecho, su nombre genérico proviene del griego y significa «ambos medios». Probablemente lo más llamativo en estos animales es que son capaces de experimentar transformaciones durante su crecimiento, proceso conocido como metamorfosis; además son los únicos vertebrados que pueden respirar a través de su piel. 

Los croares que se escuchan en el álbum sonoro han sido recolectados por Mario Penna, Osvaldo Cabeza y José Manuel Serrano. Son una invitación a reconocer cada especie de otro modo, menos habitual que el visual, pero sin duda muy importante. © Manivela. 

Las ranas y sapos son el tipo de anfibios más característicos y en los que se enfoca el álbum sonoro Croares, concierto a cielo abierto de editorial Manivela. Este libro, escrito por Andrés Charrier e ilustrado por Sam Garcia, presenta alguno de los ejemplares más emblemáticos que habitan dentro del territorio chileno. En el libro se encuentra no solo una breve descripción de cada sapo y rana, sino también información respecto a su ubicación geográfica y estado de conservación, ideal para educar a grandes y chicos en el cuidado medioambiental. Las hermosas ilustraciones reafirman visualmente la información y funcionan como una pequeña guía de reconocimiento. Sin embargo, quizás lo más brillante de este libro es el registro sonoro de cada anfibio que está descrito en sus páginas. Croares, que han sido recolectados por Mario Penna, Osvaldo Cabeza y José Manuel Serrano, se escuchan como una invitación a reconocer cada especie de otro modo, menos habitual que el visual, pero sin duda muy importante. 

Este libro es una invitación a enriquecer las experiencias de pequeños y grandes naturalistas. Muchas veces durante las visitas a algún parque o reserva es difícil encontrarse con los animales que viven allí, ya sea por su tamaño, su rutina diaria y la presencia humana que generalmente los espanta. Sin embargo, poner oreja a la orquesta natural que nos rodea puede permitirnos saberlos presentes. No ver, no significa necesariamente no conocer. Croares convoca la capacidad infinita de la escucha y acompaña la exploración del patrimonio ambiental, esa es su premisa y la que atraviesa a todo el sello editorial.

Autor: Andrés Charrier / Ilustrado por Sam García.

Editorial: Manivela.

Año de Publicación: 2020.

Valor: $ 19.000

Dónde encontrarlo: www.manivela.cl

Mirando el Bosque Nativo es un libro en formato leporello, es decir, presenta hojas plegadas como un acordeón que ofrece un panorama visual del ecosistema en cuestión. © Hueders.

Mirando el Bosque Nativo, un viaje multimedia al corazón del ecosistema

Los bosques son muy importantes para la vida en la Tierra. Sus grandes árboles y la vegetación de los alrededores nos entregan gran parte del oxígeno que respiramos. En Chile, los bosques han sido el hogar de muchas culturas ancestrales, de animales, flora y hongos. Hoy, lamentablemente, están gravemente amenazados por las industrias forestales, hidroeléctricas, entre otras. Quizás lo más importante es que el bosque nativo guarda a grandes y milenarias especies como el roble, el alerce y el coigüe, árboles que dan hogar y sustento a insectos, pájaros, reptiles y otras plantas. La tala o quema de un árbol implica la pérdida de toda su comunidad biológica. 

Su forma leporello hace posible extender el bosque nativo a lo largo de un pasillo, por ejemplo, y jugar a encontrar las especies que se encuentran escondidas en el bosque de papel. © Librería Libroverde. 

Bajo este contexto, la editorial Hueders publicó hace un año un libro cuyo fin es resaltar la belleza de los bosques y así, aportar en su cuidado. Su nombre es Mirando el Bosque Nativo, cuya autora e ilustradora es Verena Urrutia. La publicación tiene un formato leporello, es decir, es un libro de hojas plegadas como un acordeón que ofrece un panorama visual del ecosistema en cuestión. A pesar de su novedosa forma la calidad de la caja que lo envuelve podría ser mejor, acorde a las ilustraciones y el contenido que presenta. 

Aun así, vale la pena destacar el trabajo artístico y editorial que este libro ofrece. Su forma leporello hace posible extender el bosque nativo a lo largo de un pasillo, por ejemplo, y jugar a encontrar las especies que se encuentran escondidas en el bosque de papel. Las ilustraciones y sus textos nos invitan a reconocer de forma lúdica a los habitantes de dicho ecosistema, al mismo tiempo que podemos acceder a diferentes descripciones auditivas disponibles en Spotify (A ellas se acceden mediante códigos QR inscritos en diferentes partes del libro). Esta publicación nos sumerge en el bosque de forma multimedia y nos recuerda el potente hábitat que es. Después de su lectura, con toda seguridad, la próxima vez que te internes en un bosque podrás apreciarlo “como la piel que recubre y protege la tierra”; un lugar del que debemos cuidar. 

Autor: Verena Urrutia.

Editorial: Hueders. 

Año de Publicación: 2020.

Valor: $ 10.200

Dónde encontrarlo: https://tienda.hueders.cl/products/mirando-el-bosque-nativo

 

Imagen de Portada: Ilustración de Aina Bestard para Paisajes Perdidos de la Tierra © Escritocontiza.

El río Maipo, de la Cordillera al Mar

Un viaje por el río Maipo desde su nacimiento en los macizos cordilleranos de los Andes hasta su encuentro con el océano Pacífico, en el puerto de San Antonio. Ese fue el objetivo que se propuso la ONG Ecosistemas para sacar adelante su más reciente publicación: “Usos y abusos – Humanidad en las Cuencas – […]

Un viaje por el río Maipo desde su nacimiento en los macizos cordilleranos de los Andes hasta su encuentro con el océano Pacífico, en el puerto de San Antonio. Ese fue el objetivo que se propuso la ONG Ecosistemas para sacar adelante su más reciente publicación: “Usos y abusos – Humanidad en las Cuencas – Río Maipo”.

A lo largo de 10 capítulos, el libro (descargable en la web de ONG Ecosistemas) da cuenta de una potente investigación en torno a la historia, formas de habitar y las graves amenazas que hoy más que nunca afectan al río más importante de la Región Metropolitana, el cual abastece de agua a más de 8 millones de habitantes del Gran Santiago. Para los autores, fotógrafos e investigadores, entre los que se encuentran el ecólogo Juan Pablo Orrego y el geólogo Paulo Urrutia, el libro consiste en una travesía dolorosa pero real que pone énfasis en la inmensa diversidad que habita esta cuenca desde una perspectiva histórica y sociobiológica, e invita a tomar acciones concretas que velen por su puesta en valor y radical protección. «Casi el 50% de las especies categorizadas de los reinos animal y vegetal se encuentran amenazadas», da cuenta la investigación.

En Endémico web quisimos compartir este fragmento del libro que se enfoca en los usos del agua que se le ha dado a la cuenca del río Maipo, y en particular, a las amenazas actuales que enfrenta tanto el nacimiento del río – con el Proyecto Hidroeléctrico Alto Maipo, de Aes Gener – hasta su encuentro con el mar – con la inminente ampliación del Puerto de San Antonio, que amenaza con tapar con cemento los dos humedales que guarda su desembocadura –. Un recordatorio de que las cuencas, sus aguas y su particular geografía han permitido la vida de millones de habitantes, y que hoy depende de nosotros que podamos continuar formando parte de esta riqueza natural y esencial para la vida en el futuro.

Estos dos ojos de agua, humedales que son refugio de gran parte de la biodiversidad de la desembocadura del Maipo, están amenazados de cubrirse con cemento por el crecimiento del Puerto de San Antonio © Felipe Zanotti. 

Fragmento del libro “Usos y abusos – Humanidad en las Cuencas – Río Maipo”

Desde tiempos inmemoriales, nuestros pares han buscado agruparse alrededor o cerca de las aguas, beneficiándose de todas las bondades que este vital elemento nos entrega. No siempre disponible directamente en nuestros asentamientos, muchas veces hemos tenido que transportarla a través de grandes distancias.

Desde la revolución industrial, la humanidad adoptó un patrón de desarrollo que muchos llaman “occidental”, aludiendo a su origen europeo, donde la ‘creación’ y satisfacción de interminables necesidades presenta un crecimiento exponencial; proceso acompañado de gravísimos impactos socioambientales negativos, incluyendo el cambio climático. Y en la base de todo están las aguas. En este complejo escenario, el rol de las aguas, que siempre ha sido clave, se está tornando crítico para todos los actores y las múltiples actividades que desarrollan las sociedades humanas. Su disponibilidad y demanda es diversa y heterogénea, pero universal.

Plan de la Villa de Santiago, capital del Reyno de Chile, por el naturalista francés Amadeo Frezier, 1712. El plano da cuenta de un Santiago abierto hacia el río con sus llanuras fluviales. Recuperado de Biblioteca Nacional Digital.

Para estudiar y comprender las distintas dinámicas que ocurren en torno al agua en un territorio es fundamental la perspectiva de cuenca hidrológica. Se ha definido una cuenca hidrológica como el área que abarca todos los cursos de agua -afluentes- que drenan y convergen desde hitos geográficos, que llamamos divisorias de las aguas hacia un río principal. Es importante considerar que estas aguas superficiales están íntimamente relacionadas con las aguas subterráneas y sus afloramientos, así como con otros cuerpos de agua presentes en la cuenca, tales como lagos y humedales.

En la desembocadura y humedales del Maipo se ha permitido la instalación de una chipeadora y de un enorme estacionamiento de camiones de alto tonelaje, que sirven al Puerto de San Antonio, ubicado inmediatamente al norte. Todo el lugar se encuentra colmado de basura domiciliaria.

En nuestro país la delimitación de las cuencas se basa en parámetros político-administrativos que no siempre coinciden con sus límites naturales. Es importante aclarar desde esta introducción que en Chile aún no existe normativa para la gestión integrada de recursos hídricos a nivel de cuenca. Lo que sucede en ellas y con sus aguas se rige por una plétora de leyes y normas sectoriales disgregadas en diversos cuerpos legales. Una cuenca alberga un ecosistema hipercomplejo en el que interactúan procesos abióticos, como los geológicos, hídricos y atmosféricos, con los bióticos, es decir, con los diversos organismos que la habitan. En los segundos nos encontramos los humanos, quienes añadimos un grado mayor de complejidad al sistema, asociado a los innumerables usos que le damos a las cuencas y sus aguas, dependiendo de procesos históricos, sociales, y culturales propios de cada grupo.

La laguna Negra junto a la de Lo Encañado forman parte de la cuenca alta del Maipo en este sector cordillerano, alimentando el río Yeso, afluente del Maipo. © Paula López W.

En el viaje de las aguas a través de las cuencas, éstas fluyen e interactúan con diversos elementos en sus tres estados, en forma de vapor en la atmósfera, en forma líquida, por cursos superficiales y subterráneos, y en forma sólida como hielo y nieve. En este sentido, los ríos son una de las manifestaciones terrestres más visibles de los múltiples procesos hídricos que ocurren en una cuenca. Ellos transportan agua rica en nutrientes y sedimentos inorgánicos indispensables para el desarrollo de toda la vida en la Tierra. A pesar que los ríos representan, según distintas estimaciones, entre un íntimo 0,0001% y 0,0002% del agua que existe en nuestro planeta, son un «bioindicador» crucial de la salud de nuestras cuencas y de nuestro territorio.

El río Maipo fluye desde los pies del Volcán Maipo en la Cordillera de los Andes hasta su desembocadura en el Océano Pacífico en el sector de Llolleo. A lo largo de su recorrido recibe las aguas de afluentes de distintos tamaños. La superficie de la cuenca alcanza unos 15.304 km2, abarcando el cien por ciento de la Región Metropolitana (RM) y pequeñas superficies de las regiones de Valparaíso (Provincia de San Antonio y Valparaíso), y del Libertador Bernardo O’Higgins (Provincia de Cachapoal).

El río Maipo, cercano a su desembocadura © Paulo Urrutia.

Nos parece importante hacer notar que la desembocadura y el ecosistema estuarino del río Maipo se encuentran en extremo mal estado, evidenciando una inexcusable negligencia por parte de la autoridad y también de la población. En la desembocadura y humedales se ha permitido la instalación de una chipeadora y de un enorme estacionamiento de camiones de alto tonelaje, que sirven al Puerto de San Antonio, ubicado inmediatamente al norte. Todo el lugar se encuentra colmado de basura domiciliaria. La calidad de las aguas en la desembocadura del río Maipo -algo que le ocurre a muchos ríos de nuestro país- es lamentable, afectada por diversos impactos derivados de su contacto con numerosas comunidades humanas que habitan en las inmediaciones del río a lo largo de todo su trayecto, incluyendo vertimientos de residuos líquidos industriales y aguas servidas, percolación de vertederos y de tranques de relaves, masivas extracciones de agua del Maipo para agua potable y riego, y otras intervenciones intensas, tales como la extracción de áridos desde su cauce. Finalmente, argumentando la necesidad de proteger a la población de potenciales tsunamis, la autoridad portuaria construyó con rocas una gigantesca obra de canalización de la desembocadura, que alteró drásticamente su morfología y la dirección del flujo del caudal del río Maipo en su encuentro con el Océano Pacífico.

Los defensores locales de la desembocadura y los humedales argumentan que esta invasiva obra se hizo como preparativo para el proyecto de ampliación del Puerto de San Antonio de la autoridad portuaria, que para estos efectos pretende cubrir con cemento lo que queda del humedal. Y, como sabemos, en estos momentos AES Gener, a través de su filial Alto Maipo, con autorización gubernamental, y aval de sucesivos gobiernos, construye en estos momentos una central hidroeléctrica de pasada a gran escala que genera trasvases de las aguas de tres ríos, degradando severamente las cabeceras de las tres principales subcuencas de la gran cuenca del río Maipo, que está siendo afectada severamente por la sequía que se ha instalado en la zona nor-centro y centro sur de Chile.

En el sector cordillerano de la cuenca del Maipo se forman estas increíbles placas geológicas, en sector de Lo Valdés. © Paulo Urrutia.

Paradójicamente, la cuenca del Maipo alberga los principales centros políticos, educacionales, comerciales, industriales, portuarios y de comunicaciones del país, concentrando el 40,3% de la población en el 1,6% del territorio nacional. El río Maipo constituye la fuente primordial de agua potable de la RM, la más habitada de nuestro país. Con las aguas del Maipo se abastece alrededor del 70% de la demanda actual de agua potable, y cerca de un 90% de las demandas de regadío del gran Santiago.

La RM cuenta con una población aproximada de 7.1 millones de habitantes, la cual ha aumentado casi un 30% desde el último censo. Este constante crecimiento demográfico provoca un consecuente aumento de la demanda hídrica, y de expansión urbana e industrial en zonas ambientalmente vulnerables. Las altas tasas de consumo hídrico del sector agrícola, junto con las proyecciones de crecimiento del sector industrial, minero y residencial, alertan que los conflictos por el agua en la cuenca van a acentuarse en el futuro. Por ende, es fundamental avanzar en comprender la diversidad de procesos que ocurren en la cuenca de manera holística, considerando sus componentes políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales.

El imponente volcán San José, cordillera del Maipo. Sus nieves y glaciares, cada vez más reducidos, alimentan los afluentes del Maipo © Paulo Urrutia.

Imagen de portada: El Santuario Ojos de mar, humedal que es refugio de gran parte de la biodiversidad de la desembocadura del Maipo, está amenazados de cubrirse con cemento ante la ampliación del Puerto de San Antonio © Felipe Zanotti @zettafilms

 

Rod Walker a sus 82 años, en colaboración con María Trinidad i Trigo, publicó un libro digital de libre descarga, es una guía de campo para el nuevo paradigma, una recopilación de sus propias vivencias y experiencias personales en la búsqueda de una humanidad que se sienta parte de la naturaleza, que genere fuertes valores intrínsecos acordes a una vida armónica y respetuosa con todo lo que nos rodea. O como bien sintetizó Ronald Sistek en el lanzamiento del libro, nos presenta una herramienta para la transformación y la coherencia.

“Caminar en la lluvia nos ayuda a comprender la realidad del bosque, uno de nuestros pulmones naturales y ventanas espirituales hacia la vida.

Sin embargo hay que aprender a caminar bien también y muchas veces a solas.

Caminar de noche abre sentidos no-visuales, induciéndonos a sintonizar con los ritmos y misterios naturales del monte, playa o el riachuelo que exploramos.

Caminar en nieve ayuda a comprender las intimidades del agua y al mismo tiempo las de la vida.

Estos vistazos de lo desconocido expanden nuestros horizontes de percepción, que en verdad, si nos damos permiso para creerlo, son infinitos y forman parte del viaje hacia una mayor conciencia espiritual.”

     Metamorfosis, Emergencia de un nuevo ser humano. Rod Walker y María Trinidad i Trigo.

Rod Walker dirigiendo una de las actividades en el centro La Loma © Josefa Valenzuela.

Rod Walker a sus 82 años, en colaboración con María Trinidad i Trigo, publicó un libro digital de libre descarga, es una guía de campo para el nuevo paradigma, una recopilación de sus propias vivencias y experiencias personales en la búsqueda de una humanidad que se sienta parte de la naturaleza, que genere fuertes valores intrínsecos acordes a una vida armónica y respetuosa con todo lo que nos rodea. O como bien sintetizó Ronald Sistek en el lanzamiento del libro, nos presenta una herramienta para la transformación y la coherencia.

Rod Walker vive en una pequeña cabaña en el Santuario el Cañi, en la región de la Araucanía, entre medio del bosque y la montaña. Es un hombre independiente que disfruta de la austeridad, la vida en contacto con la naturaleza, es siempre el último en retirarse de las fogatas y disfruta gozosamente de dormir a la intemperie observando las estrellas. Es un hombre de humildad y espíritu positivo, al mismo tiempo que un visionario que trajo el concepto de “Educación ambiental al aire libre” a Chile hace más de 50 años.

Desde los 13 años de edad, Rod Walker inició un vínculo con el montañismo, deporte del cual se enamoró y ya en su juventud, cuando vivía en Escocia, participó como monitor de un programa de Educación al Aire Libre que financiaba el gobierno escocés, destinado a las mujeres que trabajaban en la Industria en Glasco. Les enseñaban a caminar, acampar y escalar al aire libre.

Centro La Loma, Araucania Andina © Josefa Valenzuela

– Esa experiencia de ver lo que le pasaba a estas mujeres, cuando tocaban la tierra, lo pasaban tan bien, estaban ¡en el cielo! – cuenta Rod Walker.

Es así como llega con esta idea a Chile, donde se vino a trabajar como director de un colegio británico en Santiago, para posteriormente crear un refugio en Lagunillas, en el Cajón del Maipo donde comenzaría a funcionar el primer CEAL ( Centro de Educación Ambiental al Aire Libre).  Así con el pasar de los años, se mudó al Santuario El Cañi en la Araucanía Andina, se convirtió en maestro de Reiki, integrando el concepto de Gaia- Reiki, donde la energía universal proviene de la tierra, del suelo, de las plantas, de la naturaleza que nos rodea, y con ese recuerdo de las mujeres de Glasco disfrutando de su experiencia al aire libre, conformó  “Toca Tierra”, educando y enseñando por más de 50 años a conectarnos con la naturaleza de la que somos parte, porque en palabras de Rod Walker, “cada vez que tocas algo, tocas el universo”.

Santuario el Cañi en invierno © Paula López

Estos últimos dos años no han estado exentos de pruebas para Rod. El año pasado estuvo en coma por tres semanas después de una fuerte caída en bicicleta que casi le quita la vida y le produjo dos infartos. A pesar de ello, se niega a tomar sus medicamentos y la comida en polvo que le envían (Rod es un gran cocinero), tampoco, en tiempos de pandemia, se preocupa en usar mascarilla, de evitar los abrazos. En cambio, prefiere disfrutar de una buena cerveza al atardecer y su gran vitalidad queda demostrada en su caminata casi diaria por lo que él llama “la loma”, alrededor de tres kilómetros en ascenso, con un fuerte desnivel.

El sector de “la Loma”, ubicado al inicio el sendero, recientemente sufrió de un incendio, donde se quemaron todas las instalaciones, el camping, el refugio y la pequeña casita donde Rod Walker había habitado por más de 25 años, recibiendo grupos de colegios y universidades dispuestos a aprender y empaparse de la naturaleza. Allí vivió de manera autosuficiente, utilizando energía de paneles solares, agua de vertiente, invernadero, etc.

Pero la reacción de Rod Walker ante algo que podría haber significado una catástrofe fue de paz. “Un nuevo renacer” fueron sus palabras a sus 82 años. Y es que Rod Walker un hombre desprendido de lo material, que comprende y enseña que nuestro propósito como humanos, nuestra paz y felicidad, están muy lejos de ser una construcción física de la realidad, una acumulación de bienes o títulos y que es hora de una Metamorfosis, cómo el título del libro que se lanzó digitalmente el mes pasado, y que puedes descargar en el facebook la Universidad de la Frontera, Campus Pucón, en el siguiente enlace:

https://drive.google.com/file/d/1oABngoylUbOUtL27Q14WrfGT9fIsb358/view?usp=sharinghttps://m.facebook.com/ufro.campuspucon/photos/a.2270688229926643/2701061860222609/?type=3&source=48

“Estamos volviendo colectivamente a hablar el lenguaje de la conciencia originaria, el lenguaje del corazón. Para dejar las cosas claras, hablaré de “dos lenguajes”.

Salimos del antiguo y entramos en el nuevo.

El antiguo lenguaje nos limitó durante un tiempo, el nuevo nunca más morirá para los que tienen conciencia de reconocerlo, el coraje de hablarlo.

El lenguaje nuevo es de silencio, corazón y soledad y vuela más allá de la cabeza – mente y control externo.

Este libro – guía – manual, te presenta su paradigma de 5 valores básicos, en 5 niveles principales, a cargo de la fiel divinidad que cuida el contacto con el todo y con todos.

Los valores en el paradigma ¡ERES TÚ!”

Retrato de Rod Walker © Josefa Valenzuela

Metamorfosis: emergencia de un nuevo ser humano. Rod Walker

Si te quieres unir a la experiencia con Rod Walker, puedes enviar un email a tocatierra@gmail.com

O contactar a Michelle Krziwan +56952009613 para coordinar un encuentro.

Sobre la Autora

Josefa Valenzuela Correa es guía de trekking e interpretación de profesión, activista ambiental, actualmente conforma parte la de directiva de la fundación Lenga que tiene como objetivo contribuir a la soberanía local y trabajar en la creación de una red de economía circular local para la Región de Magallanes.

Su Instagram personal es @porlafuerzadelanaturaleza y el del proyecto es @magallanesbasuracero.

Imagen de portada: Santuario el Cañi en invierno © Paula López

Damos por sentado que la tierra es inamovible, firme, estable, sólida. Pero esa creencia no es más que un relato que nos repetimos a nosotros mismos. La tierra está viva, completamente viva, y puede agitarse de un segundo a otro en algunas latitudes, como la nuestra. Es ahí cuando aparecen los cuestionamientos acerca del territorio que […]

Es ahí cuando aparecen los cuestionamientos acerca del territorio que habitamos. Espacios y paisajes que asumimos como estables pero que históricamente han sido vulnerados y fragmentados, perpetuandose una inestabilidad bajo nuestros pies que muchas veces desconocemos; los territorios se transforman en esta era del capitaloceno y de la profunda crisis que atraviesa el planeta, generando hoy todo tipo de incertidumbres: climática, social y, la más inesperada, de salud.

     Vista aérea del “Stelling van Amsterdam”  © Agencia de Borde. 

El colectivo de arte chileno Agencia de Borde -conformado por Rosario Montero, Paula Salas y Sebastián Melo- explora esta problemática a través de su proyecto “Campos Minados”, que investiga, como su nombre, los campos minados enterrados hace más de 40 años, en Huaitiquina, región de Antofagasta, en las alturas del desierto de Atacama en la frontera con Argentina.

“Las minas antipersonales enterradas en zonas fronterizas y de paso, son capaces de volverse en contra, no sólo de un supuesto enemigo, sino de sus propios habitantes. El paisaje – aparentemente vacío – se activa, cobra una agencia propia capaz de volverse contra sus propios habitantes. En este sentido, entendimos que el efecto del campo minado era sembrar incertidumbre. La posibilidad de encontrarse con una mina antipersonal instala una lógica de disuasión al generar la probabilidad de que el suelo explote bajo tus pies”, comentan los tres integrantes de Agencia de Borde.

Instalación audiovisual “Una explosión grave y no muy lejos”. © Agencia de Borde. 

De esta experiencia se plantearon las preguntas: ¿Cómo podemos abordar la incertidumbre más que como una antítesis de la falta de control, como una fuente de otras experiencias posibles del territorio? Y ¿Qué pasaría si el desafío de la crisis climática fuese más que construir nuevas certezas sobre el territorio, sino utilizar la duda para develar el carácter imaginario del territorio? Como respuesta a estas interrogantes derivadas de esta idea de paisaje-arma, surge el libro del colectivo Agencia de Borde ¿Y si no se puede confiar en el suelo bajo tus pies?, que aborda la idea de incertidumbre, de cómo ésta se expresa en distintos paisajes o territorios y las maneras posibles de habitarla a través de la práctica artística.

La publicación surgió a partir de la invitación que les hizo el Kunstfort Museum en Ámsterdam, Holanda, que les permitió exhibir y llevar esta investigación a un territorio que, aunque diferente, también era una expresión de un paisaje-arma. “Kunstfort fue un territorio creado para que se inundara en caso de invasiones. Para ello, construyeron entre 1880 y 1920, el Anillo de Defensa de Ámsterdam, un canal de más de 135 km que pensaban ellos los defendería de invasiones terrestres. Sin embargo, las invasiones comenzaron a venir por el aire”, señala el colectivo.

Espacios y paisajes que asumimos como estables pero que históricamente han sido vulnerados y fragmentados; los territorios se transforman en esta era del capitaloceno y de la profunda crisis que atraviesa el planeta, generando hoy todo tipo de incertidumbres: climática, social y, la más inesperada, de salud.

Para el desarrollo del libro, plantearon la misma pregunta-título ¿Y si no se puede confiar en el suelo bajo tus pies? a tres autores, quienes compartieron su mirada respecto a la inestabilidad del territorio de manera más personal. Theo Reeves-Evison, investigador de Birmingham School of Art, indaga sobre ecología financiera desde la perspectiva de las tecnologías digitales en Caminando sobre números; Weronika Zielinska, artista y autora del proyecto Upominki con sede en Rotterdam, relata sus incertidumbres de infancia en convivencia con ruinas y bombas de la II Guerra Mundial en su relato 5 de octubre de 2019, Rotterdam, Países Bajos; y Catalina Valdés, historiadora de arte chilena, explora los límites corporales de la ciencia en el estudio de los terremotos en Chile en su texto En caso de emergencia, anote.

Al respecto, Agencia de Borde señala que “el libro busca involucrarse con la transformación que ocurre en aquellas dimensiones que considerábamos más allá de lo que la acción humana – como el clima, el espacio exterior, o el cuerpo y su información genética – y que de manera creciente nos damos cuenta que comienzan a estar en el terreno de la incertidumbre”.

Agencia de Borde invita al lanzamiento de “¿Y si no podemos confiar en el suelo bajo nuestros pies?” el miércoles 4 de noviembre a las 18:00 horas a través de un conversatorio vía Zoom por las plataformas del Museo de la Solidaridad Salvador Allende. El libro estará disponible para todos los asistentes en formato PDF. © Agencia de Borde. 

Observar el paradigma de la incertidumbre

El valor de la tierra se pone en duda en el análisis de Theo Reeves-Evison Caminando sobre números, uno de los textos que presenta la publicación ¿Y si no se puede confiar en el suelo bajo tus pies?. Bajo el paraguas del capitaloceno – época actual donde se considera que la acción humana siempre está atravesada por relaciones políticas y económicas de poder y desigualdades en el contexto del capitalismo global[1]-, nos habla de la neoliberalización de la conservación y de la financiarización de la naturaleza: el medio ambiente natural tratado como capital activo en la economía.

El autor indica que “un ecosistema podía convertirse en un stock de ‘créditos de biodiversidad´, desvinculado de las particularidades de su ubicación o historia. Tal conversión puso en marcha un proceso de abstracción que separa las ecologías de su especificidad biofísica, convirtiendo así la tierra en un líquido que puede fluir de un lugar a otro, a menudo acompañado de fugas”. Así es como los proyectos verdes despojan la compleja historia que se ha entrelazado entre ese espacio, los asentamientos humanos y otras especies; se convierten en meros generadores de servicios como productor de carbono o suministro de recurso hídrico, que pueden fragmentarse al antojo para ofrecerlos en transacción en el mercado global.

Weronika Zielinska-Klein, en su relato 5 de octubre de 2019, Rotterdam, Países Bajos ofrece un recorrido personal entrañable e inesperado por su infancia en territorio polaco, acechada por los vestigios que dejó -y sigue dejando- la II Guerra Mundial. Relata memorias de su infancia donde se encontraron bombas que continuaban activas, y su relación con ese territorio que forja identidades y culturas, que no deja de sorprender.

Más allá de la disciplina avasallada por las lógicas del capital, más allá de la producción cultural reaccionaria, el arte surge como herramienta de sobrevivencia.

Por último, En caso de emergencia, anote es el nombre del texto de Catalina Valdés que invita a reflexionar sobre los movimientos inesperados que tiene la tierra; su fuerza telúrica, su fuerza volcánica. La autora pone en cuestionamiento nuestra percepción de la tierra como un elemento inmóvil que cambia radicalmente con unos segundos de temblor o terremoto y propone un viaje por la historia telúrica de Chile.

En este sentido, la autora rescata el legado de los primeros registros de movimientos telúricos que hubo en el país, escritos en forma de crónica por el astrónomo estadounidense James Melville Gilliss en el siglo XIX. “El ruido profundo y rugiente vino combinado con un estremecimiento breve y rápido del lecho, un temblor vibrante de los muros y un crujido del techo que no dejó dudas respecto a que perturbaba mi profundo sueño matinal. Tomé el reloj que colgaba a la cabecera y salté al suelo mientras la tierra se agitaba excesivamente, con rápidos latidos que llegaban a todo lo que estaba en contacto con ella y comunicando gradualmente un movimiento oscilante a los muros y al techo”. En tiempos en que los instrumentos antiguos de medición no eran útiles en estas latitudes, el relato escrito cobraba vida propia y funcionaba para que el lector se imaginase lo que ocurría bajo los pies.

De estos trabajos, Agencia de Borde explica que “los autores convocados trajeron distintas estrategias para abordar la incertidumbre, buscando desde el archivo, el recuerdo o la ficción de la especulación financiera, formas de hacerse cargo de la inestabilidad, sin tapar el sol con un dedo. Esto nos permitió ampliar nuestra percepción del territorio que habitamos, incorporando la duda, el descontrol, y la deriva como parte del paradigma”.

Sala de instalación “What If” © Agencia de Borde. 

Navegar la incertidumbre

Nuestra existencia se basa en aceptar la temporalidad de la que somos inherentes. Mueren los seres queridos y los animales de casa; con los accidentes nos damos cuenta que una vida puede desaparecer de un segundo a otro. Sufrimos porque todo lo que alguna vez amamos termina por acabar. Porque anhelamos aferrarnos a la vida, como sea. No asumir nuestra propia temporalidad es cegarnos ante nuestra esencia. Es la fragilidad y a la vez la fuerza de nuestro destino.

Así es como el territorio natural se ve como algo asumido, con cierto conservadurismo. Que ojalá no cambie, que nadie lo toque, que todo se mantenga; que perdure por la eternidad el bosque nativo y que los ríos continúen llegando caudalosa e invariablemente al mar. Asumimos que no cambian y anhelamos que jamás lo hicieran. Pero la historia demuestra todo lo contrario: que están en constante estado de modificación, por acción humana, animal, del clima o de choque de placas tectónicas. Hoy los territorios también se enfrentan a una crisis sanitaria.

 “What If”. Instalación de proyecto participativo con artistas y vecinos locales. © Agencia de Borde. 

“En el libro planteamos que el arte permite “navegar la incertidumbre’”, explican desde Agencia de Borde. “Pareciera que, para funcionar, necesitamos crear ficciones de estabilidad y control, intentando que el territorio devenga en una categoría estable. Sin embargo, sabemos que eso no es posible. Hoy más que nunca, en este escenario de inestabilidad, sentimos poco control sobre nuestras opciones de futuro. Mas bien, pensamos que tendremos que abandonar la ficción de estabilidad, entender que el territorio se construye en la representación”.

En el marco de la pandemia por el COVID-19 este 2020, el colectivo chileno reflexiona que “una gran bomba de incertidumbre reventó, no en un territorio lejano en algún otro país, sino en nuestra cotidianidad, en nuestra casa. La duda se ha instalado tangible y concreta a escala planetaria. En este contexto, toma fuerza la idea de habitar la incertidumbre. Ya no desde un análisis académico y reflexivo, sino como una estrategia para sobrellevar este nuevo estado de emergencia global. Así́ es como el arte, en su capacidad de imaginar mundos posibles, renueva su poder. Más allá de la disciplina avasallada por las lógicas del capital, más allá de la producción cultural reaccionaria, el arte surge como herramienta de sobrevivencia”.

“El círculo”. Fotografía Gliceé print y proyección de video sobre piso © Agencia de Borde. 

El colectivo Agencia Al Borde invita al lanzamiento de su publicación ¿Y si no podemos confiar en el suelo bajo nuestros pies? el miércoles 4 de noviembre 2020 a las 18:00 horas a través de un conversatorio vía Zoom por las plataformas del Museo de la Solidaridad Salvador Allende. El libro estará disponible para todos los asistentes en formato PDF.

Más información sobre el lanzamiento en www.mssa.cl

Sitio web Agencia de Borde: www.borderagency.net

Correo electrónico: info@borderagency.net

[1] Definición de la Dr. en Antropología Astrid Ulloa. Señalado en artículo en https://www.goethe.de/ins/co/es/kul/fok/ksm/21539326.html

Imagen de portada: Instalación audiovisual “Una explosión grave y no muy lejos”. Video en dos canales proyectados en pantallas traslúcidas y obra sonora. © Agencia de Borde.

“Darle una voz a la naturaleza es una forma natural, que despierta mi voz como autor.” Valley of the Possible es un refugio ubicado en el valle Cañón del Blanco (región de la Araucanía) que ofrece un espacio a artistas, científicos, y pensadores creativos a re-conectar con la naturaleza y con los habitantes del territorio, […]

“Darle una voz a la naturaleza es una forma natural, que despierta mi voz como autor.”

Valley of the Possible es un refugio ubicado en el valle Cañón del Blanco (región de la Araucanía) que ofrece un espacio a artistas, científicos, y pensadores creativos a re-conectar con la naturaleza y con los habitantes del territorio, mientras investigan y desarrollan obras artísticas. A través de convocatorias abiertas para residencias y programas curatoriales, el proyecto busca fomentar el intercambio inter-hemisférico y promover la formulación de nuevas perspectivas entre el ser humano y el resto de mundo natural. El primer programa, en su versión piloto, se realizó entre el 26 de abril y el 26 de mayo de este año y contó con la participación de seis artistas de diferentes países, formaciones, disciplinas y experiencias.

Entre ellos, el literario Nathaniel Popkin, (E.E.U.U.), autor de varios libros, ensayos y artículos donde escribe sobre diversos temas, desde la justicia social, la historia y la condición humana al luto ecológico. Conversamos con éste activista de corazón y pluma posterior a su residencia en la Araucanía Andina sobre la necesidad de re-encuadrar nuestra narrativa ambiental, para volver a construir un lenguaje que nos invite a pensar y a actuar. A volver a insertarnos como parte de la naturaleza.

Nathaniel Popkin durante la residencia Valley of the Possible.

¿Cómo fue la transición de escribir sobre espacios urbanos hacia la crisis ecológica?

Existen numerosas maneras de responder a esta pregunta. La interpretación del espacio urbano para mí ha estado siempre ligado a buscar un significado en la intersección del espacio físico y lo metafísico – las ideas, teologías, cultura y deseos. Lo mismo pasa con la naturaleza, que implica una intersección entre la geología, los seres vivos y el tiempo. Por otro lado, también puede implicar un estado mental de pensar la naturaleza y los seres humanos como separados. Las capas de significado e historia se desarrollan de la misma manera, y me encanta poder interpretarlos.

Como autor descriptivo, la realidad es que he estado escribiendo prosa sobre el mundo natural desde siempre –, ya que las ciudades son producto de los humanos, y los humanos somos naturaleza. En realidad, mi interés primario siempre ha estado en los lugares donde la flora y fauna penetran lo construido por el humano.

En segundo nivel, desde el 2016 mi trabajo se ha transformado en algo abiertamente político. Co-edité un volumen llamado Who Will Speak for America? (¿Quién Hablará por América?) y comencé a sentir una enorme responsabilidad como escritor por levantar mi voz, re-encuadrar, y reformatear nuestras ideas y conceptos sobre el mundo. Ayudé a armar un proyecto llamado Writers Resist (Escritores Resistan). La crisis ecológica global requiere de artistas y autores que respondan a esta,  requiere estar presentes. He sido activista ambiental desde siempre, hace ya 30 años atrás. Entonces siempre ha estado allí. Darle una voz a la naturaleza es una forma natural, que despierta mi voz como autor. La literatura es mi lenguaje para enfrentar el mundo, interconectando diversos temas.

© Nathaniel Popkin. Valley of the Possible

¿Por qué es el lenguaje tan importante para reflexionar sobre esta crisis y re- encuadrar el discurso?

Para muchas personas esta crisis es un desastre en movimiento. Los humanos nos adaptamos rápidamente, entonces es casi como que lo invisibilizamos como un mecanismo de sobrevivencia, aún cuando este está empeorando. Para algunos, la crisis es solo una manifestación de la injusticia económica y política, y en ese sentido, no es el problema más inmediato. Entonces tenemos aquí un evento mundial profundo que está simultáneamente vinculado a eventos que algunos seres humanos (los ricos, los extractivistas) están perpetuando a nivel diario. Sí, somos todos cómplices, de distintas maneras y a distintos niveles. Somos todos seres morales, pero tenemos distintas moralidades y responsabilidades.

Es un tema complicado, y en esta complicación y amplitud del problema nos hemos paralizado. Necesitamos un lenguaje que nos permita pensar esta situación.

Recientemente inventé una ecuación, la cual presenté a niños de sexto básico para invitarlos a pensar la crisis y consecuentemente, he estado elaborando esta en mis escritos. La fórmula es: 

Conciencia = Conocimiento x Análisis

Entonces creo que el lenguaje finalmente puede ayudar a inspirar cambios de conciencia.

¿Cómo rechazas las miradas Antropocentristas en tu trabajo?

A los escritores nos atrae el conflicto y la contradicción, esto es, la complejidad (aunque los editores y periodistas noticieros normalmente requieren de una enorme simplificación).

El Antropoceno sobre-simplifica el vivir en un mundo de misterio y abundancia, complejidad e interconectividad. Asume que estamos a cargo solo por ser humanos,  un error que hemos cometido desde siempre-  que nos ha llevado a imaginarnos a nosotros mismos,  como algo separado de la naturaleza.

Por otro lado, es conveniente mirarlo desde esta manera , ya que se hace evidente el impacto humano. Pero lo que vemos no siempre es la realidad.

¿Cómo los escritores pueden abordar la urgencia de la crisis climática sin llevar a los lectores a la desesperanza?

Estoy intentando desarrollar algunas maneras: primero, situar la crisis como una manifestación de la injusticia, y como es el caso con toda injusticia, intentar despertar el deseo de revertirla.

Segundo, con amor, que es más grande que la desesperanza. Y tercero, al escribir sobre la conexión hacia todos los otros seres vivos , animando esos mundos, devolviéndolos a nuestro lexicón. La naturaleza está muy viva dentro y fuera nuestro, y quiero interpretarlo en mi trabajo. 

¿A qué te refieres con la frase “Age of Loss» ( “Época de pérdida” )?

Supongo que es un intento de simplificar. Pero bajo el crecimiento implacable del paradigma capitalista, donde siempre se desea más, nos hemos acostumbrado a celebrar la abundancia, especialmente dentro de las clases medias y altas. Gracias a la fetichización de los gadgets, la tecnología, la conexión, expresión imaginario y cultura tendemos a pensar que esta es una época de la abundancia. ¡Anda a donde quieras!, ¡Ve cualquier cosa!, ¡Vive la autenticidad! Esto si  es abundancia, pero tras un costo enorme de pérdida de especies de flora y fauna, diversidad ecológica, ecosistemas, conocimientos ancestrales, idiomas, estaciones, micro y macro organismos, paisajes, sitios de importancia, etc.

¿Cómo lidias con el luto ecológico? ¿Dónde encuentras esperanza en una época de pérdida?

Me enfrento al luto al tratar de estar presente con éste y no ignorarlo, lidear con éste al buscar mayor perspectiva. Por ejemplo, al venir a la Araucanía y aprender sobre la historia Mapuche, el conocer las personas quienes han sido víctimas de ver su mundo destruirse, y verlo de primera mano, me ayudó a darme cuenta que mi luto no es nada, y que en realidad yo no estoy viviendo un luto. Cuando escuché a un Mapuche, me dió un entendimiento más completo sobre cuándo debemos tener un luto y por qué. Nos habló de la Araucaria y cómo este árbol está enfermo, o sobre cómo los eucaliptus han reemplazado el bosque nativo. “Los árboles están enfermos”.

En general lo enfrento al estar con la naturaleza, explorar más, mirarla más de cerca (muchas veces con una cámara macro) para recordarme sobre las diversas escalas de la vida, micro a macro. El observar y poder sentir tanto la fuerza como la pérdida.

Existe un creciente aumento de literatura sobre nuestra conexión con la naturaleza. ¿Cuáles son tus referencias en esta temática y por qué?

Donna Haraway, Lynn Margulis, Timothy Morton (y tantos más). Estos autores nos han entregado un nuevo lenguaje y un nuevo lente. Pero siempre han estado allí: E.O Wilson en otra forma, Henri Fabre desde hace un siglo o más. Autores que son capaces de  ver la complejidad y automáticamente ven la interconectividad.

También he sido influenciado particularmente por las interpretaciones literarias entre la relación ser-humano naturaleza. Últimamente he estado leyendo al novelista Francés del siglo XX Jean Giono, quien escribió en 1929 su primera novela, Hill (Colline): (traducción)

Entonces alrededor de él, en esta tierra, ¿todas sus acciones deben llevar al sufrimiento?

¿Es él el culpable del sufrimiento de las plantas y animales?

¿Puede él evitar cortar un árbol sin cometer un asesinato?

Es verdad, cuando corta un árbol, sí mata.

Y cuando corta, asesina.

Entonces así es como es, ¿está matando todo el rato? ¿Está viviendo como un gigante, como un barril desbocado, que nivela todo en su camino?

¿Está entonces todo vivo?

© Valley of the Possible.

¿Cuál es la diferencia entre Autopoiesis y el concepto de “estar con” (“being with”) elaborado por Donna Haraway (y otros pensadores)?

La Autopoiesis me parece una invención perfectamente occidental – autocreada.

Una mentira similar a todas las presunciones. “Being with” o “estar con” significa que somos co-dependientes de millones de maneras diferentes y simultáneas. Timothy Morton dice que somos accidentes químicos, lo que nos mantiene vivos son todos los demás seres vivos. Muchas personas creen que lo que los mantiene vivos son el aguante, o la perseverancia, o hasta el dinero, ideas muy conectadas a los sistemas Judeo-cristianos.

¿Qué te gustaría lograr al participar de esta residencia? ¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?

Mi visita a la residencia de Valley of the Possible viene con una disposición abierta y deseo de aprender, observar, y ojalá, colaborar. Todo esto se cumplió, y veremos lo que saldrá de allí. Todo lo que absorbí durante los primeros quince días comenzó a tomar forma en una historia de ficción donde estoy intentando alinear mis sentimientos de amor con el de pérdida, el luto ecológico. 

Es un concepto difícil de explicar, la literatura no debiera ser tan dura, la ficción es alérgica a la polémica, entonces estoy trabajando en seducir al lector hacia esto, con cuatro distintas historias de amor y pérdida,  incluyendo en el camino los conceptos de zona de sacrificio, deforestación, y pérdida de conexión con la naturaleza. ¡Veamos cómo me va! Pero la experiencia me dió el espacio para avanzar bastante con este proyecto.

¿Cuáles fueron tus reflexiones sobre este paisaje en particular?

Nunca me he sentido tan pequeño, en silencio, y diminutivo, pero vivo y despierto a la vez. Mientras caminaba por un bosque de Araucarias abracé un árbol y sentí su apoyo hacia mí, me dio vida, me afirmó, y desaparecí. Solo de esta manera aprendí el dolor de la pérdida.

Pérdida que nos hace menos humanos, y quizás, menos poéticamente humanos, me entregó un vistazo a lo eterno… y me encantó el simple hecho de estar con los árboles. Supongo que eso es el propósito de todo esto.

Los participantes de la residencia en la araucanía andina. © Valley of the Possible