“Sudamérica, Chile, Sur, Patagonia, Aysén, Puerto Cisnes. Más que una ubicación, un punto dentro del globo con la potencia de atrapar experiencias desde el resistir, en tiempos donde la resistencia se encuentra templada y administrada por la vorágine de un sistema violentamente embaucador. Aquella resistencia, se encuentra instalada dentro de un paisaje modelado por el […]

“Sudamérica, Chile, Sur, Patagonia, Aysén, Puerto Cisnes. Más que una ubicación, un punto dentro del globo con la potencia de atrapar experiencias desde el resistir, en tiempos donde la resistencia se encuentra templada y administrada por la vorágine de un sistema violentamente embaucador. Aquella resistencia, se encuentra instalada dentro de un paisaje modelado por el agua y la erosión de milenios. Un paisaje modulado también por el desplazamiento de antiguos navegantes que registraron con su tránsito, un territorio afectado por sedimentos de toda índole y consecuencia”.

(Angie Saiz, artista visual, curadora y parte del equipo Trayectos territoriales, 2021).

«Microsistemas». Aguafuerte en cobre, 40 x 30 cm, de Víctor Cabrera Llancaqueo.

Los territorios y sus paisajes transitan sin cesar, a pesar de que nuestros ojos sean incapaces de capturar esos pausados movimientos en el momento exacto. Centímetros, metros o kilómetros que albergan distintos tipos de vida se mueven y cambian, a veces a su manera, otras por agentes externos. Las infinitas velocidades e intensidades de sus movimientos revelan la subjetividad del tiempo.

Al final, cada vida en la Tierra se mueve. Es la proyección de las células en el mundo material, de fuera de los cuerpos.

Actividad de mediación con elementos naturales de las exploraciones. © Angie Saiz

El recorrido, el camino, el viaje, el trayecto. En esa experiencia móvil es cuando podemos procesar, construir e interpretar el entorno a partir de la mirada y la comunicación. Pero, ¿podemos procesar información de un paisaje en estos tiempos arrasadores que se viven? ¿Cuándo y cómo comenzamos a construir una relación con el paisaje? ¿Son posibles otras formas de habitar y convivir con los ecosistemas?

Conversaciones en torno a estos temas surgieron en “Trayectos territoriales”, una residencia artística para seis agitadores culturales de la región de Aysén realizada en el pasado mes de octubre, organizada por Taller La Chalupa de Puerto Cisnes y que transitó, itinerantemente y durante diez días, por tres instancias: diálogo/juego, trayectos y práctica del grabado. Sus experiencias, reflexiones y obras gráficas, fueron publicadas en el libro “Trayectos Territoriales”.

Cual reunión en torno al calor de una fogata, la prensa de gran tamaño juntó las inquietudes, revelaciones y pensamientos de los residentes, grabando en papel sus memorias y significaciones más atesoradas.

En estos trayectos, la residencia invitó a moverse y reflexionar sobre lugares como la Isla Magdalena en el fiordo Puyuhuapi, desembocadura del río Cisnes y Sendero Dos Lagunas. Paisajes prístinos para el ojo extranjero, pero visiblemente alterados para quienes los cohabitan.

Cuenta María Jesús, psicóloga y gestora cultural, parte del equipo organizador: “la desembocadura del río Cisnes, uno de los lugares más biodiversos de todo el fiordo Puyuhuapi, hoy amenazado por la eventual construcción de una mega piscicultura que abarcará doce hectáreas, fue otro de los sitios visitados en esta experiencia. La travesía, realizada en kayak desde la playa de Puerto Cisnes, facilitó el avistamiento de fauna marina que habita las costas, y a su vez, propició un acercamiento a antiguas formas de convivencia entre seres humanos y ecosistemas, donde la extracción era realizada a escala humana, siendo la pesca de puyes una práctica de ritmo lento y respetuosa de los ciclos naturales”.

Ejercicio del grabado: experimentación compartida

Experimentar lo define Proyecto Diccionario, como “probar y examinar prácticamente la virtud y propiedades de algo”. Para Sebastián, grabador, profesor y director del proyecto, “el experimento no se puede llevar a cabo sino experimentando, en la propia acción que poseen los procesos, en forma de espiral”.

Complementarias, ambas definiciones sucedieron en residencia. El espacio físico de Taller La Chalupa sirvió como punto de encuentro, conversaciones, concentración y aprendizaje. Cual reunión en torno al calor de una fogata, la prensa de gran tamaño juntó las inquietudes, revelaciones y pensamientos de los residentes, grabando en papel sus memorias y significaciones más atesoradas.

Entintado de plancha de cobre (Técnica: Aguafuerte). © Consuelo Andrade

“La experimentación en torno al grabado, facilitó la utilización del lenguaje visual para plasmar en él las experiencias y reflexiones que emergieron a lo largo del desarrollo de la residencia”, explica María Jesús. Junto a un Muro Libre (superficie habilitada para que los participantes jugasen, conceptualizaran y experimentasen, guiados por una mediación) y una Bitácora personal que llevaba cada uno para registrar todo lo que llamase su atención: la inmensidad de los bosques, sensaciones del recorrido en kayak admirando los fiordos, reflexiones internas, preguntas sin respuestas, respuestas sin preguntas, una palabra, unas hojas caídas de distintos tamaños, colores y aromas, el nombre de algún ave que avistaron o un boceto de las pequeñísimas vidas que observaron con lupa sobre la tierra, en medio de una caminata, con los bototos embarrados, descubriendo con respeto el territorio.

Es en el ejercicio creativo -en este caso en el grabado-, donde es posible procesar estas informaciones. “La acción de grabar se convierte en un acompañante de toda la experiencia, un proceso que reúne, decanta y declara lo vivido, que tiene su momento en el taller, a un lado la prensa, al otro los mesones, grabando la naturaleza misma, hojas encontradas en el suelo, algunas carcomidas por la acción de un insecto, líquenes, briofitas, hepáticas y musgos diminutos, registrando las propias impresiones acerca de la resistencia de la naturaleza, y de los oficios, ante el extractivismo feroz al que estamos sometidos los ecosistemas. Y este espacio, construido entre todas y todos, pareciese un refugio o un pequeño oasis ante las adversidades que nos rodean”, declara Sebastián en el libro.

El mismo libro es un trayecto visual que, a través de fotografías íntimas de humanos y paisajes, captura momentos y trabajo, reflejando la conexión y el intercambio que se generó entre estas personas relacionadas con expresiones culturales de diversas localidades dentro de la región de Aysén. Misteriosa y enorme zonal austral que, pese a sus amenazas a ecosistemas, mercadeo turístico y lejanía, busca vías para (re)activarse y autogestionarse como territorio de diálogo entre sus habitantes.

“Hoy, entre los sonidos de las raíces, puedo ir recuperando mis silencios, mientras hablan también el mar o luna. Y así voy reencontrando mi propia voz. Y así se va ahondando el sentido humano de tener ojos, piel, lengua. Y El deseo de que cada cual pueda cantar su propia canción a la vez que danzar en conjunto, como el cosmos”.

(Reflexión de Gloria Hernández Aravena, profesora de Educación Diferencial y residente).

Residentes y parte de equipo de trabajo en Sendero Dos Lagunas. © Angie Saiz

Referencias

Libro “Trayectos Territoriales. Residencia en taller La Chalupa para agitadores/as culturales de la región de Aysén”. Puerto Cisnes, 2021.

Proyecto Diccionario. Segunda edición octubre 2021.

Contacto Taller La Chalupa: tallerlachalupa@gmail.com y @tallerlachalupa en Instagram.

Imagen de portada: Actividad de mediación con elementos naturales de las exploraciones. © Angie Saiz

Hoy la autora y abogada Fernanda Piedra nos trae desde el sur de Chile un adelanto de su nuevo libro «Basura cero: Cómo decirle adiós a la basura y estar en paz con nuestro planeta», recién lanzado por editorial Zig Zag, el cual busca dar soluciones a la era desechable en la que vivimos y […]

Hoy la autora y abogada Fernanda Piedra nos trae desde el sur de Chile un adelanto de su nuevo libro «Basura cero: Cómo decirle adiós a la basura y estar en paz con nuestro planeta», recién lanzado por editorial Zig Zag, el cual busca dar soluciones a la era desechable en la que vivimos y así ser más conscientes de nuestra relación con la basura y la crisis climática.

«Descartamos alimentos, compramos productos en empaques que luego desechamos, nos deshacemos constantemente de ropa que aún nos queda bien y de aparatos electrónicos y eléctricos que todavía funcionan. Botamos muebles, libros y juguetes… La lista de lo que llega a nuestros basureros es infinita. Hemos vivido casi un siglo de una era desechable, debemos ¡y podemos! ponerle fin.», asegura la autora, cuyo propósito en este libro ilustrado fue hacerse las siguientes preguntas: ¿Qué hay detrás del negocio de la basura? ¿Qué sucede al embarcarte en un viaje verde? ¿Qué iniciativas evitan y reutilizan el desperdicio?

El libro entrega información fundamental sobre el origen de la basura, el destino de nuestros residuos y los efectos que tienen sobre el planeta. © Zig Zag

A lo anterior se le suma que Chile es el país que más genera basura en Sudamérica, además de ser exportadores de residuos plásticos. Del total de la basura que produce (correspondiente a residuos sólidos municipales), solo se recicla el 10%. «No hay un planeta “B” donde escapar de todo el daño que hemos causado a la naturaleza y a nosotros mismos.»

¿Qué hay detrás del negocio de la basura? ¿Qué sucede al embarcarte en un viaje verde? ¿Qué iniciativas evitan y reutilizan el desperdicio? 

Hoy compartimos parte del capítulo «¿Cómo sería una ciudad sustentable?» para que te sientas inspirado a ser parte de este movimiento urgente para mitigar la crisis climática.

¿Cómo sería una ciudad sustentable?

Para imaginar una ciudad sustentable podemos llamar a escena al solarpunk: un movimiento artístico que encuentra sus bases en subgéneros literarios de ciencia ficción, tales como el steampunk y cyberpunk, y que busca oponerse al presente e imaginar un futuro optimista en el que estemos libres de la amenaza climática y la contaminación, a través del uso de la tecnología y las energías renovables. En este futuro se da una coexistencia armónica entre personas, animales, plantas, insectos y tecnología. Los barrios integran a individuos de todas las edades, culturas y estratos económicos, y todos comparten celebraciones y el cuidado de los niños y mayores. Se compra a granel y hay eventos de reparaciones y zurcido. La idea de cooperación sustituye a la de competencia. Suena cool, ¿no?

Las viviendas de las personas estarían a unos 10 minutos a pie de todos los servicios que necesitan en su día a día. Todo caminable, en bicicleta o scooter.

Todos los edificios y casas deberían tener paneles solares o molinos de viento para abastecerse de electricidad. Asimismo, habrían molinos hidráulicos sobre ríos para aprovechar el movimiento del agua y así generar energía.

Todas las construcciones deberían tener algún tipo de vegetación; esto permitiría la captura de CO2 y contribuiría a enfriar la ciudad, lo que podría neutralizar o bloquear el efecto isla de calor urbano.

Fernanda Piedra es abogada, creadora de «Miel magazine», plataforma chilena pionera en vida lenta y cero residuos, y fundadora de «Zero Waste Life-London», primera comunidad basura cero de la capital inglesa. © Fernanda Piedra

En lugar de desagües, habrían jardines absorbentes de lluvia y piscinas naturales que filtrarían el agua para reutilizarla. El paisajismo de la ciudad estaría basado en la xerojardinería: con plantas de alto valor ornamental y bajo consumo de agua.

La agricultura urbana en forma de huertos particulares o de barrio ayudaría a reducir las emisiones de carbono ligada al transporte en la producción de alimentos.

En vez de ir al mall a comprar cosas nuevas, iríamos a un centro comercial del reciclaje, un destino consciente, donde sería posible comprar algo reciclado, upcycled o reparado -y único-. Algo así ya existe en Eskilstuna, Suecia. ¿Vamos?

¡No habría basureros! Pues todo se reutilizaría y/o reciclaría infinitamente. ¡En Rapa Nui ya es así! No hay basureros en lugares públicos porque las autoridades promueven que cada uno se haga cargo de su propia basura.

Compostaje ¡a todo nivel! Todas las instituciones públicas, colegios, empresas (tales como restaurantes y hoteles) y particulares, compostarían sus residuos orgánicos.

Refrigeradores comunitarios para fomentar la reducción del desperdicio de comida,  ahorrar y aumentar nuestras redes colaborativas. Se trataría de compartir comida en buen estado, que las personas no consumirán y que de otra manera terminaría en la basura, en un refrigerador común que esté a disposición de la  comunidad para quien necesite los alimentos. Y de aquí hay un paso a una cocina comunitaria para emprendedores y otros espacios del quehacer creativo.

Los medios de transporte, como los trolebuses y el metro funcionarán en base a energías renovables y limpias, como hidrógeno o electricidad con fuente solar o eólica. Es probable que los vehículos más pequeños se arrienden por su uso. Habría estaciones de carga eléctrica.

Biblioteca de las Cosas, un espacio donde se podría  arrendar cosas que no se necesitan permanentemente, ya sea para la casa  (herramientas), algún evento (parlantes XL para una fiesta) o  paseos y aventuras (equipamiento de camping). ¡En Londres ya abrieron una! Explora esta iniciativa aquí: https://www.libraryofthings.co.uk/

Loop, una plataforma residuo cero para productos de consumo masivo, como helados, chocolates, detergente y pasta de dientes, entre otras cosas. Los envases vacíos serían recogidos en cada casa para llevarlos a centros de limpieza y esterilización, donde serían rellenados y luego comprados por otra persona. Este servicio ya existe en países como Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Canadá y Japón.

Las tiendas físicas que venden alimentos contemplarán la opción de compra a granel, y habría fuentes de aguas en la ciudad para rellenar botellas reutilizables.

¿Y tú? ¿Cómo te imaginas una ciudad sustentable?

Basura cero. Cómo decirle adiós a la basura y estar en paz con nuestro planeta está disponible en la tienda virtual de Editorial Zig-Zag, con despacho a todo Chile, y próximamente en todas las librerías del país.

Valor: $15.990

Sobre la Autora

María Fernanda Piedra es abogada UC, creadora de «Miel magazine», plataforma chilena pionera en vida lenta y cero residuos, y fundadora de «Zero Waste Life-London», primera comunidad basura cero de la capital inglesa.

Imagen de portada: Lenka Dzurendov,  vía Unsplash.

Metamorfosis de Emanuele Coccia: la urgente continuidad de la vida

El libro Metamorfosis de Emanuele Coccia, largamente esperado, se revela como un texto esencial de la filosofía del medio ambiente. Lo leí al principio de la pandemia cuando salió en francés, con la esperanza que me diera una inspiración importante. No me decepcionó. Es un libro al alcance de lectores no-filósofos (no soy filósofa), por la sencillez y falta de pretensión en la escritura. Su sofisticación se presenta como si fuera un poema, abierto a múltiples interpretaciones según la formación y estado de espíritu del lector. Además, tiene la forma de capítulos muy cortos, que facilitan la lectura e imitan las fases breves de huevos, orugas, y mariposas, repitiéndose en ciclos de vida.
Portada del libro en español por Editorial Cactus © Cactus.

A veces tengo el problema de no recordar cómo pensaba antes de aprender las cosas que redefinieron radicalmente mi mundo. De cierta manera me parece difícil explicar en qué consiste el cambio de punto de vista que propone el libro. Tan profundos pero también sutiles son las lecciones de Metamorfosis. Sin embargo, voy a intentar explicar cómo el libro afectó mi pensamiento.

Cómo definir “la naturaleza” es un problema cada vez más complejo que se presenta a cada persona que trabaja en el ámbito de problemas medio-ambientales y la interacción entre humanos y los otros seres. Muchos críticos proponen que lo humano no es el opuesto a la naturaleza, mientras que una corriente de pensamiento popular continúa insistiendo en la separación moral de lo humano y la naturaleza como única manera de salvar el mundo de la destrucción antropogénica.  

El autor Emanuele Coccia © Damiano Fedeli.

En su libro previo, La vida de las plantas, Coccia habla de la mixtura fundamental de sustancias (cuerpo, suelo, aire) a través de las plantas. Propone esa mixtura como la base de la vida. Ahora el autor lleva esta idea más allá de las plantas para plasmar una metafísica más completa. La naturaleza, según las ideas que nos vienen de los antiguos romanos, son las cosas que nacen. Coccia generaliza esta idea para proponer que la vida es lo que se transforma de cuerpo a cuerpo. La vida es una, diferenciada sólo por procesos de transformación. La metamorfosis de las ranas, los insectos, o los erizos de mar, proporciona entonces una metáfora para entender qué significa nacer (y no al revés: la mariposa no es renacida sino que la guagua es un tipo de mariposa). Nacer entonces no es un principio, sino una continuación de los cuerpos y materias (esperma) de nuestros padres. 

La metamorfosis de las ranas, los insectos, o los erizos de mar, proporciona una metáfora para entender qué significa nacer. Nacer no como un principio, sino como una continuación.

De igual manera, la evolución nos enseña que toda especie es la modificación de otra especie.  Aunque eso se sepa de manera intelectual, es alucinante reflexionar con Coccia que esta continuidad teórica de especies implica una continuidad material, física, de cuerpos. Mi cuerpo es la extensión, la continuidad de forma de otras vida anteriores. Nuestros cuerpos se reconstruyen regularmente: los genes, la piel, los nervios, etc. Mi dedo no es materialmente idéntico al dedo de mis padres o de un ancestro proto-mamífero. Nuestros cuerpos son reciclados. Sin embargo la no-continuidad a nivel molecular entre yo y un ancestro proto-mamífero, es solamente posible debido a la continuidad material en el presente con todo lo que me alimenta.  La alimentación representa otra forma complementaria de metamorfosis.

Con la alimentación vemos cómo la vida, en tanto todo lo que tiene proceso de metamorfosis, también tiene implicancias para entender la ecología. Sin nada que comer para reciclarme, crecer, y transformarme el cuerpo, la vida sería imposible. Morir y ser comido no es un fin, de igual manera que nacer no es un principio. Todo lo muerto es transformado en materia que alimenta a seres diversos. La ecología entonces es un patrón complejo de transformaciones materiales. Si bien un ecólogo está habituado a pensar en términos de ciclos de nutrientes o de agua que pasan por fases inorgánicas, orgánicas, en el suelo, en el aire, etc., hay muchos procesos ecológicos que no se piensan cómo ciclos de interconversión y transformación.  Solemos pensar muchos procesos ecológicos como dinámicos unidireccionales que producen resultados buenos o malos. Pensamos en la biodiversidad que aumenta o disminuye, en especies que se mantienen o se extinguen, en genes que proliferan o desaparecen, y en bosques que se degradan o que son conservados. La conservación de la naturaleza se presenta frecuentemente como la última oportunidad de fijar el resultado del mundo (el resultado de la evolución, de la historia humana, etc.) en un estado bueno.

A diferencia de esta lectura típica de la ecología, en lo que todo tiende hacia un mosaico de estados que corresponde o no a la correcta organización moral del mundo, la metamorfosis nos dice que toda tendencia y todo estado es temporal y necesario para la transformación a otros estados. No estamos tendiendo hacia un estado final del mundo.

Ilustraciones de María Sibylla Merian, la primera naturalista en describir el fenómeno de la metamorfosis © María Sibylla Merian.

Para mí, la idea de una transformación continua de toda materia y cada estado ecológico, situado en el espacio ambiguo y poderoso entre lo obvio y lo radicalmente no-obvio (como toda la obra de Coccia), me dirigió hacia otras preguntas misteriosas. En la biología evolutiva, si bien sabemos que la vida tiene un solo origen y se ha ramificado después, se presume que la existencia de especies físicamente y genéticamente aisladas es algo inevitable. La discontinuidad de la vida nunca se cuestiona, pero de repente Metamorfosis hizo que me la cuestionara ¿Por qué la vida no consiste en una sola célula de continuidad física ininterrumpida, innovando comportamientos de momento a momento?; ¿por qué toda la vida no es una sola especie genética que varía por procesos de desarrollo e influencia medioambiental?; ¿por qué los “paquetes” materiales que son los cuerpos vienen en tamaños muy pequeños hasta muy grandes?; ¿por qué hay mucho más materia de biomasa en los cnidarios (animales tales como las medusas) que en las aves, etc.? Mientras algunas de estas preguntas tienen respuestas técnicas más o menos satisfactorias, el porqué fundamental para la evolución y para la metafísica demanda más atención. Por ejemplo, el mero hecho de la existencia de mutaciones genéticas o barreras geográficas no explica por qué la vida deja que estos mecanismos creen especies como unidades básicas de la naturaleza. Eso se ve en la observación de Darwin (1859): el mismo diagrama de ramificación (y los mismos mecanismos) pueden describir la variación entre individuos, entre poblaciones, entre especies, o entre reinos. Entendemos solamente algunos de estos niveles de variación como indicando unidades aisladas biológicas (especies y reinos). Por ende, la supuesta aislación de unidades biológicas no surge lógicamente de procesos de variación en sí.

La pregunta de porqué la metamorfosis existe no es sólo una pregunta para entender mejor la evolución de invertebrados y anfibios: es una pregunta que debemos tomar en serio para entender la evolución de la vida misma ¿Por qué la vida no es una Gaia en forma de monstruo blob? ¿Qué es, en la evolución de la vida, lo que nos impone momentos de desarticulación y transformación, contra una continuidad fundamental?

Renacuajo de Theloderma corticale justo antes de la metamorfosis © Chris Mattison.

En mi lectura de Metamorfosis, una parte de la respuesta es que la vida, siendo física y material, es un objeto técnico con múltiples potenciales o ofrecimientos. Cada potencial técnico invita a articular nuevos espacios de vida dentro de la vida ya existente. Coccia desarrolla esa idea con el concepto del capullo como objeto técnico de excelencia. El capullo, dentro del que una oruga se convierte en mariposa, es la herramienta con que se cambia el mundo. Eso porque al cambiar el cuerpo, se cambia al mismo tiempo su manera de percibir y de ser en el mundo, su nicho y su Umwelt. Dentro de cada proceso de transformación en la materia de la vida, se esconde la construcción de una infinidad de mundos dentro de mundos. Por ende, la vida no mantiene una textura uniforme, sino que cada vida proporciona espacios y oportunidades para hacer otras vidas: cada vida puede vehicular otras vidas. El autor dice (traducción del francés): “Si tenemos un cuerpo, no es para mejor adherir a un aquí y ahora, sino para poder cambiar de lugar, cambiar de tiempo, cambiar de espacio, cambiar de forma, cambiar de materia”. Cada persona vehicula todo un mundo adentro como fuera de sí. El concepto biológico del holobiont, o sea, que dentro de cada cuerpo multicelular hay una ecología de microbios, especies comensales y parásitos, que ya es muy interesante, toma una significancia adicional.  Nos da una explicación de porqué no somos una Gaia uniforme y continua en forma de «monstruo blob»: la materia orgánica de la vida se manifiesta como una ecología de objetos técnicos que proporcionan la arquitectura de múltiples mundos. 

Según Coccia, el capullo, dentro del que una oruga se convierte en mariposa, es la herramienta con que se cambia el mundo © Louis-Michel Nageleisen.

Si no fue suficiente empujarnos a repensar ciertos problemas importantes en la teoría de la evolución biológica, estas ideas tienen, además, implicancias para el diseño y la arquitectura, el urbanismo y la conservación de espacios naturales.  ¿Dónde en nuestras concepciones de la vida y la naturaleza damos espacio y posibilidad para que todos los seres varíen en su manera de vivir, y recíprocamente transformen nuestros paisajes?  Tenemos que re-pensar el mundo natural como un conjunto de otros diseñadores, arquitectos y paisajistas dando forma a mundos sin nuestro conocimiento y fuera de nuestro control.  Entra, por ejemplo, el concepto de “especies jardineros” capaces de crear estructuras en el medio ambiente, además, capaces de dar las condiciones de vida a otras especies y que transporten semillas y nutrientes por el paisaje.  Estas funciones ecológicas de conexión y estructuración pueden contrarrestar nuestra cultura actual de aislar y controlar cada uso de suelo, creando sistemas fragilizados frente a las variaciones y transformaciones medio-ambientales y climáticas.  Separarnos del mundo natural y fijar nuestro ambiente humano en un estado conocido y controlado, no es la condición de un futuro resiliente y fructífero sino que fundamentalmente contrario a la vida misma, el colmo de la futilidad.  

Metamorfosis de Coccia es un libro urgente para toda persona que se atreva transformar su entendimiento de nuestro mundo.

Ficha técnica:

Ediciones Cactus, Argentina

Traducción Pablo Ires

ISBN 978-987-3831-52-2

Primera edición febrero de 2021

192 páginas.

Bibliografía:

Coccia, E. 2020.  Métamorphoses.  Paris: Bibliothèque Rivages.  

Darwin, C. 1859.  The origin of species by means of natural selection of the preservation of favoured races in the struggle of life.  New York: Signet Classics.

Gibson, J.J. 1986.  The Ecological Approach to Visual Perception.  New York : Psychology Press.  

Imagen de Portada: Los lepidópteros, conocidos generalmente como mariposas, son los insectos más conocidos por hacer metamorfosis. De hecho, en la imagen se ven varias mariposas en su estado de adultez © Meg Jerrard

Sobre la autora: 

Meredith Root-Bernstein es ecóloga e investigadora en el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) al Museo Nacional de Historia Natural en Paris, Francia.  Es además investigadora asociada en CAPES y en el Instituto de Ecología y Biodiversidad, en Santiago, Chile, y co-fundadora de la ONG chileno Kintu. Trabaja sobre ecología, conservación y restauración de Chile central, e igualmente ha trabajado en proyectos en Italia, en Lesotho y prontamente en Sudán. 

Cinco libros ilustrados naturalistas

Los libros ilustrados son fascinantes; desde los estilos de narración, los colores de las ilustraciones a los formatos de impresión. Por esto queremos compartir con ustedes nuestra selección de libros –para todas las edades– que promueven el cuidado de la naturaleza y la educación sobre nuestros ecosistemas nativos.  ¿Qué se esconde dentro del bosque? El […]

Los libros ilustrados son fascinantes; desde los estilos de narración, los colores de las ilustraciones a los formatos de impresión. Por esto queremos compartir con ustedes nuestra selección de libros –para todas las edades– que promueven el cuidado de la naturaleza y la educación sobre nuestros ecosistemas nativos. 

¿Qué se esconde dentro del bosque?

El premiado libro ¿Qué se esconde dentro del bosque? de la ilustradora catalana Aina Bestard llegó a Chile bajo el sello editorial Escrito con Tiza. Publicado por primera vez en España el año 2015, hoy ya cuenta con 12 traducciones en el mundo. 

El libro incluye filtros de colores como lupas mágicas, donde cada color muestra una ilustración distinta. A través de ellas puedes ver y descubrir distintos animales y situaciones del bosque.

Bosques de la Tierra del BioBío

Bosques de la Tierra del BioBío es una introducción a la flora arbórea nativa de la región del BioBío. Diseñada para caber en tu bolsillo, esta guía busca motivar la curiosidad, la atención a los detalles y la empatía hacia los ecosistemas.

A través de coloridas ilustraciones y una narración ecocéntrica (durante la lectura de este libro se desarrolla una narración que enfatiza el valor intrínseco de los ecosistemas por sobre su posible utilidad para el bienestar humano), esta guía de campo es una pequeña joya. 

Verde Azul: de los Glaciares al Mar
Este libro consiste en un viaje narrado e ilustrado por los bosques de la Araucanía andina chilena. Los textos proponen conocer la historia desde la formación de la tierra hace millones de años hasta las recién exploradas conexiones de los árboles y las aguas a través de hongos, plantas y epífitas. Glaciares, bosques, humedales, corrientes marinas, son algunos de los ambientes que forman las historias de biodiversidad.
Fue ilustrado por artistas en una residencia de Fundación Mar Adentro ubicada en Bosque Pehuén. Participaron los chilenos Tomás Olivos, Sebastián Ilabaca, Daniela William y Matías Prado, junto a los nórdicos Katrine Clante, Linda Bondestam, Bjorn Rune Lie y Siri, Ahmed Backström, los cuales elaboraron trabajos en conjunto e individuales para el libro.
Entre Mareas
Entremareas consiste en un “libro-escenario” que se despliega y estira -como un acordeón- alcanzando casi dos metros de largo que muestran una colorida ilustración en acuarela del litoral chileno y de las especies de algas y animales que lo caracterizan. Las ilustraciones –de María José Carmona- van acompañadas de una poesía en la forma de una cueca larga, escrita por el poeta chileno Floridor Pérez. Además, en su reverso el libro muestra los dibujos de las especies retratadas en la ilustración con su  información científica respectiva, invitando al lector a pintar, observar y reconocer.
Las Semillas 

Las Semillas es un cuento escrito e ilustrado por Andrea Franco y está dirigido a niños y niñas de 6 años en adelante. La historia relata de forma fantástica las experiencias de una abuela, cuando era niña y vivía en un bosque del cual adquirió muchos conocimientos, estas experiencias son trasmitidas de forma oral a su nieta con quien vive en la actualidad, en una ciudad.

Por medio del relato de una niña de 8 años, se busca desarrollar en los lectores la empatía, promover la ecología, el respeto por todos los tipos de vida y las relaciones pacíficas, donde sugiere un habitar conectado de todos los seres. 

Ya no hay tiempo

“El tiempo se acaba, el tiempo del planeta, el tiempo de las especies, de los océanos, de los mares, el tiempo de la tierra se agota, al mismo tiempo que agotamos los recursos. Consumir, comprar, desechar, descartar.” Así de tajante comienza el libro “No hay tiempo”, de Clarisa Menteguiaga, diseñadora y artista visual argentina. El […]

“El tiempo se acaba, el tiempo del planeta, el tiempo de las especies, de los océanos, de los mares, el tiempo de la tierra se agota, al mismo tiempo que agotamos los recursos. Consumir, comprar, desechar, descartar.”

Así de tajante comienza el libro “No hay tiempo”, de Clarisa Menteguiaga, diseñadora y artista visual argentina. El libro es una vertiginosa recopilación de alarmantes datos otorgados por diversas organizaciones, ilustrados por Clarisa, quien nos plantea a través de su particular estilo los conflictos ambientales, la contaminación, el maltrato animal y la extinción de especies, con “la urgencia temporal” acechándonos en cada hoja del libro.

©Clarisa Menteguiaga

La obra nos sacude con la urgencia de la crisis mundial, a través de cifras que, sin importar su carácter de aproximaciones, nos hablan de los duros tiempos por venir. Un disparo inicial, a bocajarro: “La población mundial actual de 7.600 millones de personas alcanzará los 8.600 millones para el año 2030.” ¿Las consecuencias? Doscientas mil bocas nuevas que alimentar cada día y una población humana que multiplicará su impacto en el entorno.

Respecto al libro y el tiempo, Clarisa plantea a revista Endémico: “Creo que los seres humanos actuamos como si el mundo fuera nuestro, y no como una especie más que lo habita. No podemos seguir actuando de esa manera, no hay tiempo que perder. El tiempo es una variable clave para abordar las problemáticas ambientales,  porque mientras no tengamos conciencia de cuidado y sustentabilidad, muchas especies morirán.”

©Clarisa Menteguiaga

En un tono rotundo, la ilustradora prosigue: «El aumento de la contaminación, el cambio climático y el calentamiento de los océanos, son una realidad tangible. La degradación del medio, debido al abuso reiterado, rompe con un frágil equilibrio de los ecosistemas. La posición de dominio y explotación del hombre sobre la naturaleza en pos del ‘progreso’, la cultura productiva hegemónica, ganadería intensiva, monocultivos y el foco en el propio bienestar, son devastadores y derivan en una realidad ambiental alarmante: las especies se extinguen a un ritmo acelerado.»

«No hay tiempo» es un manifiesto claro y conciso; nos estamos quedando sin tiempo, mientras los ecosistemas del planeta van desapareciendo uno a uno, e incluso nosotros mismos, dedicados a trabajar y generar riquezas desechables, mientras la verdadera y perdurable riqueza, el tiempo y los ecosistemas, van siendo velozmente consumidos. En palabras de Rachel Carlson: “La verdadera riqueza de una nación reside en los recursos de la Tierra ­–suelo, agua, bosques, minerales y vida salvaje.”

©Clarisa Menteguiaga

Cuando preguntamos a la ilustradora sobre como transformar el arte en acciones concretas de cambio social, Clarisa nos propone: “El arte es una herramienta potente para generar preguntas y visiones críticas de nuestras acciones. Las propuestas simbólicas pueden generar cambios de paradigma, a eso apuntamos aquellos que trabajamos estas temáticas a través del arte. Además, muchos artistas en el mundo trabajan codo a codo con científicos en limpieza de aguas, reforestación o descontaminación de aguas, como el artista cubano Reinaldo Cid, Wang Renzheng en China y María Cristina Finucci de Italia, entre muchos otros artistas que están generando modelos a seguir.»

Así, ante el desolador panorama de No hay tiempo, ¿hay alternativas? Nuevamente, de manera sucinta, Clarisa cierra su libro con acciones verbalizadas, de rápida digestión:

«Reciclar / reutilizar / no botar basura ni sustancias nocivas al medioambiente / comprar lo menos posible / comprar productos locales / evitar los plásticos, usar más vidrio / no desperdiciar agua / no calefaccionar o refrigerar en exceso / no desperdiciar comida / compartir el transporte /andar a pie o en bicicleta / comer menos carne / ser más austero / tener pocos hijos / educar en temas ambientales / aportar a las instituciones que protegen los hábitats y especies del planeta

Constructores / destructores, cada ser humano elige, nuestra huella no es inocente.»

El libro es de libre distribución y lo puedes descargar pinchando aquí.

*Foto de portada: 600.000 personas estuvieron sometidas a altos índices radiactivos, de las que se estima que 4.000 pueden morir de cáncer en los próximos años. Humanos, animales y platas sufren mutaciones celulares. (ONU)

Libro sobre la flora cordillerana y sus usos tradicionales

Kora Menegoz es nuestra colaboradora invitada de hoy, quien nos invita a recorrer los bosques de la cordillera de los Andes y conocer los usos tradicionales y nombres de las plantas que en ella existen a través de su libro «Flora cordillerana del Ñuble y sus usos tradicionales». Esta guía de campo fue escrita por […]

Kora Menegoz es nuestra colaboradora invitada de hoy, quien nos invita a recorrer los bosques de la cordillera de los Andes y conocer los usos tradicionales y nombres de las plantas que en ella existen a través de su libro «Flora cordillerana del Ñuble y sus usos tradicionales». Esta guía de campo fue escrita por Kora junto a Asenat Zapata e impresa mediante un Fondo Nacional de las Culturas y las Artes.

Flora cordillerana del Ñuble y sus usos tradicionales es una guía etnobotánica que abarca más de 70 especies vegetales, señalando sus características, propiedades y usos tradicionales. Revela también la conexión e importancia de estas especies con la cultura local, así como la esencia de la gente a través de sus relatos.

Aprovechando que todavía existen algunas personas con importantes conocimientos sobre las plantas nativas de nuestra cordillera, realizamos un trabajo de rescate del patrimonio natural y cultural en la cordillera del Ñuble. El objetivo de este libro es resguardar, valorizar y dar a conocer los saberes tradicionales sobre las plantas cordilleranas de una zona de alta biodiversidad, estrechamente asociados a la hermosa cultura de los arrieros que ha convivido durante años con la naturaleza en plena cordillera.

Habitantes de la cordillera del Ñuble, quienes participaron aportando sus conocimientos para la realización de la guía.

La realización de esta guía se valió de entrevistas a personas reconocidas en la comunidad del valle de San Fabián de Alico por tener un alto grado de conocimiento sobre la flora cordillerana nativa y sus usos. Estas apasionantes conversaciones e historias sobre las plantas fueron transcritas, lo que permitió seleccionar citas textuales, las cuales constituyen lo más valioso de este libro. Luego, esta recopilación de información en terreno fue completada por una investigación bibliográfica que permitió dar un marco más integral para cada especie.

Tal como el ecólogo Bernardo Reyes manifiesta en el prólogo de la guía, en este trabajo se intentó plasmar tres ideas centrales: por un lado, está la idea de que la biodiversidad de este territorio es un tesoro de dimensiones aún por explorar y que los distintos pisos ecológicos y formaciones vegetacionales del bosque mediterráneo y bosque templado deben ser conservados y protegidos como fuente de una antigua herencia colectiva.

Ficha de la especie «Lleuque», sus características taxonómicas y usos tradicionales.

Una segunda idea es la necesidad imperiosa de rescatar y revalorar el conocimiento ecológico de la cultura local de los arrieros y sus familias, con su amplia trayectoria de arraigo con las estaciones y viajes desde y hacia la alta cordillera.

Una tercera idea es que la biodiversidad de este territorio es una enorme farmacia de plantas medicinales, cuyas propiedades curativas han resuelto y siguen resolviendo muchos problemas de salud de las comunidades asentadas en este territorio o que se benefician de la recolección y comercialización de plantas hacia las ciudades.

Nuestro trabajo es una invitación a involucrarnos desde el conocimiento y las prácticas humanas en estas latitudes. Esta invitación va dirigida a mujeres y hombres, a caminar los senderos de nuestra montaña, conocer sus plantas y sus espacios. Esperamos que el contenido de este libro permita al público lector y senderista en general, y a las nuevas generaciones de jóvenes en especial, conocer los antiguos beneficios de la medicina natural y de la riqueza de las plantas cordilleranas de la zona central de Chile.

Para conseguir el libro, puedes escribir al siguiente correo: ko.menegoz@gmail.com

«Secretos y otros saberes campesinos», ilustración realizada por Diego Cofré Reyes.

*Foto de portada: ilustración de portada de la guía de campo, realizada por Diego Cofré Reyes.

Biofilia: amor por todo lo vivo

Las actividades al aire libre como el senderismo, el ciclismo o perderse en algún parque natural sureño, están cada vez más de moda y son promocionadas como la cura para el estrés o las vacaciones familiares perfectas -sobre todo desde que nuestro país ha ganado el galardón a mejor destino de turismo aventura dos años […]

Las actividades al aire libre como el senderismo, el ciclismo o perderse en algún parque natural sureño, están cada vez más de moda y son promocionadas como la cura para el estrés o las vacaciones familiares perfectas -sobre todo desde que nuestro país ha ganado el galardón a mejor destino de turismo aventura dos años seguidos. Pero ¿qué es lo que subyace a este deseo de salir a la naturaleza?, ¿de dónde nace ese placer que sentimos al contemplar un bonito paisaje o al oler una flor? El concepto de «biofilia» podría ayudar a responder estas preguntas.

Apego a la vida

Biofilia quiere decir “tendencia o amor hacia lo vivo”.  Viene del Latín “bio” que significa vivo y “philia” que es un tipo de amor fraternal que suele traducirse como amistad o afecto.

El concepto fue utilizado por primera vez en 1973 por el psicólogo y filósofo Erich Fromm para referirse a “la atracción por la vida”. Y luego, en 1984 por Edward O. Wilson en su libro Biophilia, donde el biólogo establece que la capacidad de maravillarnos por la vida que nos rodea es una tendencia innata, presente genéticamente en los seres humanos debido a que toda nuestra evolución ocurrió en medio -y gracias a- la naturaleza.

La fuerza, por Vero Escalante.

Por ejemplo, de no ser por nuestra atracción y curiosidad innata, nunca se hubiesen estudiado los mecanismos de vuelo de las aves y los aviones no existirían. Entonces, genéticamente estaríamos codificados para sentir atracción por la vida, porque esto ha sido la clave de nuestra adaptación.

En este sentido, así como muchas veces se tiende a definir al ser humano como un “animal social”, según la biofilia sería posible definirlo como un “animal social y natural” quien para su desarrollo necesita del contacto con otros seres humanos y del contacto con la naturaleza.

Desde estos primeros esbozos, un grupo interdisciplinario se une para ir más allá en la investigación de como la naturaleza es indispensable para nosotros desde un punto de vista evolucionista, cognitivo, intelectual, estético, e incluso espiritual. Nace la “hipótesis de la biofilia” plasmada en el libro The Biophilia Hypothesis publicado en 1993 y editado por Stephen R. Kellert y Edward O. Wilson.

Lo fascinante de este libro y de está hipótesis en particular, es que se abarca de manera integral las distintas dimensiones del ser humano. Ese placer que sentimos al estar en contacto con la naturaleza ¿tiene un propósito evolutivo o una motivación espiritual?, o quizás ¿ambas van de la mano y lo que importa es la relación en sí?, el hecho (ya sea ecológico o psicológico), de que solo existimos -humanos y naturaleza- en la interconexión, y que la biodiversidad es fundamental para la vida.

Mosaico de insectos, parte de la «Pheromone collection», obra por Christopher Marley.

Biofilia en la salud

Cada vez es más frecuente encontrarse con investigaciones de distintas universidades de todo el mundo, que demuestran cómo el contacto con la naturaleza beneficia la salud humana. Por ejemplo, una caminata por el bosque puede: bajar la presión arterial, bajar los niveles de adrenalina en la sangre, disminuir la ansiedad, mejorar la concentración y la memoria, reducir la probabilidad de sufrir depresión, hipertensión y enfermedades cardiovasculares;  y hasta prevenir el cáncer.

Estos descubrimientos han motivado movimientos que incorporan el contacto con la naturaleza con un fin terapéutico: en Japón desde el 2004 se está desarrollando la llamada “medicina del bosque” donde se llevan grupos de personas al bosque para hacer un shinrin yoku que se traduce como “baño de bosque”. Y en Singapur, en el hospital “Khoo Teck Puat Hospital” se ha buscado llevar la naturaleza a las personas, llenando los jardines, paredes y pisos del edificio de abundante biodiversidad (de plantas, aves e insectos), siguiendo los estudios que dicen que en un ambiente verde los pacientes demoran menos en su recuperación.

Jardín La Fuente de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Salvador.

Biourbanismo

Cuando pensamos en la palabra ciudad ¿Cuál es la primera imagen que se nos viene a la cabeza? Construcciones de algún tipo, probablemente altas, ya sean de cemento, vidrio o ladrillos; calles pavimentadas. Es poco probable que lo primero que se nos venga a la cabeza sean plantas, insectos y pájaros, eso lo reservamos para el bosque.

Históricamente hemos decidido organizar nuestros espacios a través de la separación de lo “natural” y lo “humano” -lo que ha tenido como consecuencia plantear el contacto con la naturaleza como una actividad de consumo turístico más que una actividad del día a día- pero no significa que esto deba ser así, muy por el contrario. En ciudades como Edmonton (Canadá) o Wellington (Nueva Zelanda) se está experimentando con diseños sustentables que acerquen la biodiversidad al día a día de los citadinos.

La red internacional Biophilic cities es una plataforma para la investigación y la difusión de este tipo de ciudades, a la que cualquier ciudad del mundo puede postular. Debe cumplir con ciertos criterios de antemano y tener aspiraciones de incorporar en su planificación urbana espacios que permitan la proliferación de flora y fauna, transversal a toda la ciudad.

El ejemplo estrella en este tipo de urbanismo es Singapur, país que posee ciudades donde se han construidos redes de pasarelas entre sus áreas verdes, para de esta manera permitir un flujo ininterrumpido entre parques, tanto para personas como para animales e insectos.

Parque Yanweizhou en Jinhua, China.

Biofilia antes de la “biofilia”

Si miramos hacia otras culturas, podemos dar cuenta que la biofilia no es para nada una idea nueva. Para diversos pueblos originarios, el sentimiento de amor hacia lo vivo es incuestionable. Prueba de esto son los conflictos existentes en todos los continentes debido al choque de paradigmas entre las culturas indígenas y las naciones occidentales, entre el deseo de los primeros de cuidar la tierra en concordancia con sus tradiciones, y de los segundos de ver la tierra como mero baúl de recursos naturales listos para ser explotados.

En este contexto, es esperanzador que nazca una hipótesis desde nuestra propia cultura que habla de algo similar -definida con las ideas usadas en nuestro paradigma- , que nos explique que aquello otro que está vivo es parte esencial de lo que somos. Ya que al entender la importancia física de la naturaleza para nosotros, pero a la vez ligado irremediablemente a lo emocional y espiritual, es más probable que tomemos conciencia del camino que aún tenemos que recorrer como sociedad para de verdad cuidar la vida.

Breath of Gaia, por Josephine Wall.

*Foto de portada: ilustraciones narrativos de Inus Pretorius basadas en el poema «Adam» de W.E.G Louw

Referencias

Edward O. Wilson (1984), “Biophilia”.
Stephen R. Kellert & Edward O Wilson (1993), “The biophilia hypothesis”.
Quin Li, (2012), “Fores Medicine”.
Antonio Caperna, “Biophilic archecture and biophilic design”.

Historia natural de los animales del bosque

En sus páginas, fichas con descripciones de especies se combinan con detalladas ilustraciones para enseñarnos sobre la diversidad de animales que habitan nuestros bosques nativos. Recuerdo, muchos años atrás, las clases de ciencias naturales en el colegio. Recuerdo haber aprendido cómo es una cebra, una jirafa y un oso. Recuerdo que, incluso, uno de los […]

En sus páginas, fichas con descripciones de especies se combinan con detalladas ilustraciones para enseñarnos sobre la diversidad de animales que habitan nuestros bosques nativos.

Recuerdo, muchos años atrás, las clases de ciencias naturales en el colegio. Recuerdo haber aprendido cómo es una cebra, una jirafa y un oso. Recuerdo que, incluso, uno de los momentos más importantes de la básica, era una exposición en la que cada uno de los alumnos debía investigar sobre un animal y hablar en profundidad sobre él. Recuerdo también, que ninguno de nosotros escogió un animal endémico chileno. Que hablamos mucho sobre los climas templados, mediterráneos y los desiertos de Sudáfrica, pero nada sobre los bosques nativos de nuestro país, ni de los animales que los habitan.

Estos bosques son el hogar de una gran cantidad de especies, tanto endémicas como introducidas, pero ¿sabemos cuáles son? ¿Podemos distinguir entre un Chucao y un Hued Hued? ¿Entre la Yaca y el Monito del Monte? ¿Sabemos con certeza cómo se ve un gato Colo Colo? La fauna endémica chilena es mucho más rica de lo que pensamos, o lo que nos han enseñado, y el libro Historia Natural de los Animales del Bosque, de Andrés Charrier, con las ilustraciones de Javiera Constanzo, nos enseña al respecto.

El texto, fue financiado por el programa de difusión de las ciencias del Instituto de Ecología y Biodiversidad IEB, quienes, además, proveyeron gran parte de la información que se encuentra en sus fichas.

© Editorial Amanuta

Los inicios

Todo comenzó en 2001, lejos aún de la creación de este libro. En ese entonces, Andrés Charrier trabajaba en monitoreo de fauna en la Universidad Católica de Chile, por lo que debía recorrer constantemente lugares como Coyhaique y Villarrica. Solía preguntarle a los guardaparques por la rana de Darwin y la respuesta siempre era la misma: no se la había visto hace más de 10 años.

Fue un día de verano, andando en kayak en Cahuelmó, que este anfibio se cruzó por su camino y le transformó la vida. Indagando sobre la especie descubrió que existe otro tipo de rana de Darwin que vive más al norte, y que se encontraba presuntamente extinta. Inspirado por este fenómeno de desaparición de la especie, comenzó a buscar información sobre la declinación global de los anfibios. “La rana de Darwin del Norte, Rhinoderma rufum, la extinta, es el hilo conductor del libro, porque buscándola he aprendido muchísimo de historia natural de un montón de otras especies del bosque. He visto casi todas las especies que salen en el libro viajando por el sur de Chile buscando la Rhinoderma rufum. Me niego a creer que esté extinta y por eso la sigo buscando”, afirma.

Javiera Constanzo es médico veterinaria de profesión, miembro de la ONG Vida Nativa, especialista en fauna silvestre y creadora de las ilustraciones que dan vida a los animales del libro. Su propósito fue representar a las especies de manera detallada, inspirada en aquellas ilustraciones que, de niña, veía en las enciclopedias. “Me propuse hacer honor a esas obras que me inspiraron y fascinaron cuando niña, quería que la gente sintiera lo que yo sentí mirando esos animales ajenos y exóticos, pero esta vez con lo propio, con los bellos animales con los que convivimos en Chile“, afirma.

Pudú (Pudu puda) © Editorial Amanuta

Sobre el proceso para llegar al hiper-realismo presente en sus dibujos, explica que “cada ilustración de este libro se basó en el estudio de al menos 8 fotos por especie. Hubo casos especiales, de animales tan raros y poco estudiados que prácticamente no tienen fotos detalladas disponibles, ahí fue necesario recurrir a artículos científicos sobre ellos, notas de su historia natural e imágenes de las especies más emparentadas para usarlas de referencia. El nivel de detalle de cada ilustración es logrado al dibujar pelo por pelo y escama por escama, todo está hecho sin atajos digitales, en una sola capa, tal como se habría hecho con un pincel y un lienzo físico, pero con la ventaja que otorga el zoom del computador”.

Ha visto 29 animales de los que salen en el libro. “Me ha tocado correr tras una Güiña cerro arriba y he podido contemplar Huillines en el sur y por mi trabajo actual, cada noche de la semana los Concones me arrullan antes de dormir”.

© Editorial Amanuta

El contenido

El libro se divide en tres zonas boscosas que se pueden identificar desde el centro al sur de Chile: Bosque Zona Central de Chile Esclerófilo, Bosque Templado Valdiviano y Bosque Norpatagónico. Son 34 las especies que fueron seleccionadas para la publicación, entre las más representativas, las más raras, difíciles de ver y más amenazadas.

Cada zona comienza con una breve reseña sobre las características de dicho bosque, y luego, cada ficha contiene información básica de historia natural, biología, distribución, principales amenazas y estado de conservación. Con una mezcla entre ilustración, texto e infografía, la información se logra incorporar de manera muy clara, fácil y rápida.

© Editorial Amanuta

El propósito: educar

En las librerías, podemos encontrar Historia Natural de los Animales del Bosque, el más vendido de la editorial Amanuta en esta Navidad, en la sección de libros infantiles. Andrés Charrier explica que es el libro que le habría gustado leer cuando pequeño, pero que aún nadie había escrito. Por su parte, Javiera espera que este libro fascine a algún niño o joven, lo invite a salir a explorar y descubrir por sí mismo las criaturas ilustradas, “que se enamore de ellas al conocerlas y que al amarlas sienta la necesidad de respetarlas y protegerlas” enfatiza. Con sus fichas ilustradas y rebosantes de valioso contenido, es realmente una guía práctica y fundamental para internarse en los bosques nativos y, con un poco de suerte, encontrar y reconocer a alguno de sus habitantes.

El propósito de este libro es incitar a los niños a salir al campo y hacerse preguntas sobre la naturaleza, demostrarles que no tenemos nada que envidiarles a los otros países. Andrés afirma con seguridad que “tenemos muchas especies que son infinitamente más interesantes que los leones, las cebras y jirafas del Discovery Channel”.

Gato colocolo (Leopardus colocolo) © Editorial Amanuta

Tanto Andrés como Javiera esperan que este libro algún día forme parte de la materia que se enseña en los colegios. El deseo de Andrés es que el libro sea comprado por el Ministerio de Educación y sea repartido a todos los niños de 3º o 4º básico del país “para que aprendan del patrimonio natural que tenemos y que se está perdiendo día a día. No quiero que después cuando sea viejo me digan que no hice nada por parar esa pérdida de biodiversidad”.

El futuro

Para Andrés Charrier, el sueño es en algún futuro cercano hacer un libro de historia natural de los animales del norte, que en realidad es un libro sobre todos los otros animales de Chile que no entran dentro del concepto de animales de bosque. Además, cuando se agoten los ejemplares de Historia Natural de los Animales de Bosque, se espera integrar, en futuras ediciones, nuevas especies como el picaflor de Juan Fernández, el pájaro colilarga, la torcaza y el zorrito de Darwin, entre otros.

© Editorial Amanuta

El bonus

Para quienes se interesen en el tema, tanto Andrés como Javiera recomiendan ver la serie Wild Chile. Cuenta con 8 capítulos y fue transmitida este año por Chilevisión. Está disponible online.

Bosques de la tierra del Biobío

A partir de la motivación de un grupo de amigos dedicados a la educación ambiental, y para poder entender la diferencia entre “bosques” y “plantaciones”, es que surge Bosques de la tierra del Biobío, una guía de campo para identificar la flora arbórea nativa de la región. Diseñada para caber en el bolsillo y acompañar […]

A partir de la motivación de un grupo de amigos dedicados a la educación ambiental, y para poder entender la diferencia entre “bosques” y “plantaciones”, es que surge Bosques de la tierra del Biobío, una guía de campo para identificar la flora arbórea nativa de la región. Diseñada para caber en el bolsillo y acompañar en caminatas, este libro entrega las herramientas no solo para distinguir especies, sino también los distintos tipos de bosques del Biobío.

Ilustraciones: Cristian Toro

¿Cuál es la diferencia entre un bosque y una plantación?

Lo más importante: los bosques no son solo árboles. Las raíces bajo la tierra interactúan entre sí y con otros organismos, el suelo lleno de nutrientes es producto de bacterias y hongos que descomponen la hojarasca, el sotobosque es una mezcla de hierbas, arbustos y árboles jóvenes que resguardan el tránsito de los animales terrestres, e incluso los troncos de los árboles son sostenedores de muchas otras plantas, como líquenes, musgos y trepadoras. En las copas de los árboles se nos presenta el misterioso mundo del dosel arbóreo, donde las aves reinan con sus melodías. Como vemos, los bosques son grandes festivales de interacciones donde la diversidad está a la vuelta de cada árbol.

Al contrario, en una plantación forestal predomina un solo árbol: el pino o el eucalipto. Especies de rápido crecimiento y gran consumo de agua. Además, el manejo humano controla la aparición de cualquier otra planta. Mediante el raleo con motosierra o el uso de pesticidas, las plantas nativas son eliminadas, y con ellas muchas criaturas del bosque.

La plantación es un ordenamiento forzado de seres. Es una cuadrilla uniformada. Todos de la misma especie, la misma edad, a la misma distancia. Un bosque, en cambio, se alza como un carnaval de distintas especies, edades, formas y colores. El bosque nativo es rebeldía y biodiversidad.

Los bosques del Biobío

La tierra del Biobío es un gran ecotono, es decir, un lugar donde confluyen varios tipos de bosques, los cuales varían de norte a sur y de este a oeste. Es por eso que en Bosques de la tierra del Biobío hacemos hincapié en reconocer la diversidad cromática del bosque, donde las ilustraciones de la guía de campo utilizan colores que representan olores y temperaturas del bosque. Por el norte desciende el bosque esclerófilo, característico por sus secos tonos café, amarillo y verde claro; al este, en la alta cordillera andina, se alza el bosque caducifolio, teñido de rojo en otoño; o por el sur se extiende un frondoso bosque laurifolio, una verdadera selva fría repleta de profundos y húmedos verdes.

Durante la lectura de este libro se desarrolla una narración que enfatiza el valor intrínseco de los ecosistemas por sobre su posible utilidad para el bienestar humano. Por tanto, gestos literarios que pueden parecer casuales, como reemplazar “recursos naturales” por “elementos de la tierra”, son decisiones premeditadas. El lenguaje se opone a la tradicional perspectiva antropocéntrica de dominación sobre la tierra, la cual nos ha sido presentada como baúl de riquezas a nuestra disposición. Por ello, se propone el paisaje nativo como una forma de resistencia a la destrucción de nuestro hogar. Siguiendo el mismo tono, el título de la guía «tierra del Biobío» es una referencia a la geografía de la Tierra, la cual posee contornos que superan los convencionales límites administrativos de una “Región”.

Campaña de financiamiento colectivo

Bajo el tibio sol primaveral, la guía de campo ya recorre lomas y quebradas. Tanto así, que decidimos imprimir más copias, pues la primera edición se nos acabó y más personas quieren utilizar esta herramienta. Es por esto que les presentamos nuestra campaña de financiamiento colectivo para imprimir una segunda edición del libro, felices de que más personas se entusiasmen por recorrer los bosques que tanto queremos.

Esta guía se suma a muchas otras iniciativas de educación ambiental a lo largo de Chile, proyectos audiovisuales, editoriales, musicales, entre muchos otros. Nos identificamos con un gran objetivo común: recuperar el apego al territorio que nos vio nacer y sentir el peso de su geografía sobre nuestros cuerpos. En este libro el erotismo es explícito; ojalá te enamores de la tierra y sus habitantes.

Campaña de financiamiento: idea.me/bosquesbiobio

Un libro ilustrado sobre la Ballena Azul

La ballena azul (Balaenoptera musculus) fue la especie más cazada por la industria ballenera durante la primera mitad del siglo XX. En 1966 se prohibió su caza y se piensa que hasta ese momento ya habían sido asesinados unos 350 mil ejemplares, dejando tan sólo unos 300 circulando libremente por los mares del Hemisferio Sur. […]

La ballena azul (Balaenoptera musculus) fue la especie más cazada por la industria ballenera durante la primera mitad del siglo XX. En 1966 se prohibió su caza y se piensa que hasta ese momento ya habían sido asesinados unos 350 mil ejemplares, dejando tan sólo unos 300 circulando libremente por los mares del Hemisferio Sur.

 

Sin embargo, hoy existen varias organizaciones que destinan su trabajo a la protección de esta especie que se encuentra en peligro de extinción. Una de esas organizaciones es el Centro Ballena Azul, quienes en conjunto del programa Explora de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt), gestionaron la realización del  libro “Tras los gigantes del Fin del mundo” para educar a los niños acerca de la importancia de proteger a este cetáceo.

bonoculares

 

En esa historia es narrada por el personaje de Rocío, una niña que vive en Melinka (Aysén) y quien en un día de expedición junto a su hermano Pedro, se encuentran con un grupo de científicos que comienzan a contarles sobre la existencia de la ballena azul, especie marina  que hoy en día enfrenta varios problemas producidos por la actividad humana.

“Tras los gigantes del Fin del Mundo”  es un libro dirigido por Loreto Da Bove-también diseñadora del proyecto- y Gabriela Urrutia, quienes pensaron en una historia dirigida a personas de todas las edades para transmitir el trabajo que realizan algunos científicos en los mares australes de Chile. Es así como crearon una historia que posee un lenguaje simple, el que acompañado de ilustraciones es más cercano para los  niños y niñas. Las ilustraciones estuvieron a cargo de Isabel Guerrero, una artista visual que se dedica a la ilustración científica.

Este cuento pretende mostrar el camino que recorren las ballenas azules y el trabajo realizado por los científicos desde el 2003 en el Golfo del Corcovado y el mar expuesto e interior de Chiloé, lugar donde conocieron a dos pequeños hermanos, Panchito y Valentina, dos niños que inspiraron esta historia la cual pretende llegar a los más pequeños, pero también a los más adultos que no conocían la existencia de esta especie marina.

Además este libro será distribuido como material educativo en los colegios de la Región de Los Ríos, la región de Los Lagos y la región de Aysén y si deseas tenerlo en casa, puedes descargarlo acá.