Los tiburones nunca fueron los malos de la película

“Acá estamos lidiando con una perfecta máquina devoradora, un milagro de la evolución… Lo único que hace esta máquina es nadar, comer y hacer tiburones bebés, eso es todo”, así describe el personaje Matt Hooper al “malo” de la película Tiburón. A pesar de que las películas se empeñan en mostrar esto, los tiburones son mucho más que máquinas de comer. En realidad, son animales fascinantes, sensibles y muy importantes para el equilibrio de los ecosistemas marinos. 

Que los tiburones sean eficientes cazadores no los hace ni malos ni peligrosos. De hecho, el ser humano ni siquiera está en su menú. El promedio de accidentes fatales con humanos es de tan solo 4 casos anuales en todo el mundo1 , los que pueden ocurrir por confusión con presas, defensa y territorialidad. Al final del día, es más probable morir por causa del corcho de un vino espumante, o tomándose selfies, antes que por el ataque de un tiburón2. 

Hace poco, la científica de tiburones, Melissa Cristina Márquez, me dijo: “no hay que temer a un mar con tiburones, hay que temer a un mar sin ellos”. Esa frase me hizo mucho sentido y recordé mis clases de biología marina (juventud, divino tesoro), donde me enamoré de estos animales ¡Ya era hora de manifestarme y escribir en su defensa! Así que espero disfruten este artículo donde les cuento por qué los tiburones nunca fueron, ni serán, los malos de la película.

A pesar de que las películas se empeñan en mostrar esto, los tiburones son mucho más que máquinas de comer. En realidad, son animales fascinantes, sensibles y muy importantes para el equilibrio de los ecosistemas marinos © Pexels.

Increíbles sentidos

No les temas, ¡mejor fascinate! Los tiburones3 tienen sentidos muy desarrollados. Con la línea lateral —células especializadas a ambos costados del cuerpopueden detectar movimientos del agua hasta unos 100 metros de distancia, dependiendo de la frecuencia, y también, mediante el oído interno, pueden oír vibraciones hasta casi 1 km de distancia. ¿Se imaginan percibir el mundo de la forma que lo hace un tiburón? 

Gracias a las ampollas de Lorenzini una red de electrorreceptores conectados a la piel los tiburones pueden detectar cambios en la temperatura del agua y los campos eléctricos. Estos es muy útil para identificar presas, posibles depredadores, individuos de su misma especie. También para orientarse y navegar. Incluso se cree que los tiburones podrían ser más sensitivos a los campos eléctricos que cualquier otro animal.

Acercamiento a las ampollas de Lorenzini © wiki commons

Además, su olfato es mucho más agudo que el de los humanos, pudiendo detectar olores a más un kilómetro de distancia, dependiendo de la concentración y las corrientes. Como dato curioso, hay estudios que sugieren que algunas especies (como Carcharhinus longimanus) pueden oler también en el aire y sacan el hocico fuera del agua para hacerlo.

Más que una cara bonita

¡Basta de pensar que los tiburones son cabezas huecas! En realidad estos peces con esqueleto de cartílago son muy inteligentes y sociales. Estudios científicos han demostrado que los tiburones tienen una alta capacidad de aprendizaje4 y poseen conductas que solemos atribuir a otros animales “más inteligentes”: se ha descrito que algunas especies forman lazos de amistad (sí, los tiburones tienen amigos) y también poseen personalidades propias5

Tiburones de arrecife (Carcharhinus amblyrhynchos) © Paula Ayotte (NOAA).

Por otro lado, además se ha demostrado que el ambiente social y el aprendizaje juegan un rol importante a la hora de elegir parejas. Es sabido que los tiburones logran reconocimientos sociales, agrupándose según tamaño, sexo y en grupos especie-específicos. Este reconocimiento individual formaliza las relaciones sociales, reduce la competencia y agresión, y facilita el aprendizaje social. 

Ya lo saben, antes de pensar en el tiburón como una tonta máquina de comer, recuerden que son animales con un comportamiento social complejo y gran capacidad de aprendizaje. 

Los tiburones son amigos, no comida

Los tiburones existen hace 400 millones de años. Imagínense, eso es 100 millones de años antes que los primeros dinosaurios. Lamentablemente, estos animales ahora enfrentan su mayor desafío evolutivo: la presencia del ser humano. ¿Recuerdan que les conté al inicio que los tiburones solo matan 4 personas al año? Bueno, por el contrario, las personas matan cerca de 100 millones de tiburones al año6, y a diferencia de lo que podríamos creer, son altamente sensibles a la pesca indiscriminada, ya que tienen un crecimiento lento, madurez sexual tardía y baja fecundidad. Al final, siempre fuimos nosotros los malos de la película.

La pesca comercial ha generado un declive en muchas poblaciones de tiburones, de hecho se han reportado disminuciones del 70, 90, y hasta 99% de la población de especies grandes y comerciales en ciertas partes del mundo. Esto ocurre porque muchas especies aparecen en la pesca incidental, es decir, mueren en artes de pesca que tienen otra especie como objetivo, o debido a que se pescan directamente para comercializar su carne (¿alguien dijo tollo o albacorilla?) o sus aletas. 

El aleteo es la práctica horrorosa de cortar las aletas de un tiburón vivo y arrojarlo al mar, donde muere de forma lenta y dolorosa. Como la comercialización de las aletas es mucho más rentable económicamente, el resto del animal se descarta y así las bodegas tienen más espacio para acumular más aletas. Éstas se usan como ingrediente clave en la sopa de aleta de tiburón, un caldo tradicional chino. Las fibras de las aletas adquieren una consistencia similar a la de los fideos, pero sin sabor ni valor nutricional.

Aletas de tiburón en formato seco y fresco para consumo. Barrio chino de Bangkok © Catalina Velasco

La amenaza que sufren los tiburones debería preocuparnos no solo por su valor intrínseco, que es el que tienen todas las especies por el hecho de habitar este planeta. Tampoco debería preocuparnos solo por el hecho de que estamos perdiendo animales inteligentes, carismáticos y maravillosos. Sino que, sumado a lo anterior, debería preocuparnos porque los tiburones, como depredadores tope, mantienen el equilibrio ecosistémico en los mares que habitan

Los tiburones, como depredadores tope, mantienen el equilibrio ecosistémico en los mares que habitan

Los tiburones son carnívoros, pero su menú es variado, por lo que si una especie disminuye en abundancia, comerá de otra que esté en mayor número. Así, estos maravillosos seres regulan las poblaciones de las especies que consumen. Sin los depredadores, las especies presa quedarían “fuera de control” y terminarían agotando sus propios recursos, provocando el colapso de todo el ecosistema. Como los tiburones tienen poca descendencia, sumado a la competencia entre ellos mismos, y otros factores, no necesitan este “control”; pero estas mismas características son las que los hacen tan vulnerables a la sobrepesca. 

No todo está perdido, involúcrate

El trabajo de la ciudadanía y la generación de lazos han sido claves para poder proteger áreas que en la actualidad evidencian una recuperación considerable en su población de tiburones. Por ejemplo, las poblaciones de tiburón blanco en las costas este y oeste de Estados Unidos se están recuperando probablemente debido a las medidas de conservación7. Lo anterior, muestra  que sí tienen resultados estos esfuerzos.

Pero aún queda mucho camino por recorrer para revertir la situación actual. Por lo que el llamado es a investigar y conocer tus organizaciones locales, y de otros países, para encontrar la inspiración necesaria para que nos comencemos a involucrar, ya sea por medio de donaciones o por la acción directa, ¡hay muchas opciones!

Estar cara a cara con tiburones en su entorno natural es una experiencia que cambia la vida, pero debemos asegurarnos que la agencia de buceo con la que decidamos tenerla considere una aproximación respetuosa hacia las especies. También que, en lo posible, esté involucrada en proyectos de conservación o investigación, así obtendremos valiosa información para poder pasar la voz y motivar a más gente a sumarse a la protección de estas maravillas del océano.

Los tiburones son carnívoros, pero su menú es variado, por lo que si una especie disminuye en abundancia, comerá de otra que esté en mayor número © Gerald Schombs.

1 https://www.floridamuseum.ufl.edu/shark-attacks/yearly-worldwide-summary/

2 https://www.dailycal.org/2017/06/30/14-things-kill-people-sharks/

3 Los tiburones como grupo superior hace referencia a toda la clase Chondrichthyes (condrictios): tiburones, rayas y quimeras. En este artículo acotamos el término tiburón a los escualos (superorden Selachimorpha).

4 https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/j.1467-2979.2009.00339.x

5 https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0022098117300035   https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/jfb.12993

6 http://wormlab.biology.dal.ca/publication/view/worm-etal-2013-global-catches-exploitation-rates-and-rebuilding-options-for-sharks/

7 https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0099240

Sobre la autora

Catalina Velasco Charpentier es directora regional para Magallanes de Fundación Mar y Ciencia, además es candidata a doctora en Ciencias Antárticas y Subantárticas de la Universidad de Magallanes. Puedes ver sus fotografías submarinas en el instagram @cata.fotosub

Hoy en día son cada vez más las personas que ven la educación ambiental como una herramienta capaz de cambiar el actuar del ser humano hacia prácticas y formas de vida más amigables con el medioambiente; que se pueden enseñar tanto al interior de las aulas escolares como fuera de ellas. Pero ¿qué es exactamente […]

Hoy en día son cada vez más las personas que ven la educación ambiental como una herramienta capaz de cambiar el actuar del ser humano hacia prácticas y formas de vida más amigables con el medioambiente; que se pueden enseñar tanto al interior de las aulas escolares como fuera de ellas. Pero ¿qué es exactamente la educación ambiental y cómo se inicio? Aquí te lo contamos.

La expresión «Educación Ambiental» fue utilizada por primera vez en Estocolmo, el año 1972 durante la realización de la Conferencia Internacional sobre el Medio Ambiente, considerada el «primer foro mundial del ambiente» donde se declararon los problemas que se generaban en el medio y su posible repercusión a corto y mediano plazo en la vida. Según se habló en la conferencia, las causas de aquello tenían que ver principalmente con la ignorancia o indiferencia del ser humano hacia el medio, lo que produjo la necesidad de promover una labor de educación en temas ambientales dirigida a todas las generaciones humanas.

Así, la declaración final de Estocolmo fue un llamado a establecer internacionalmente un programa de educación ambiental con un enfoque interdisciplinario escolar y extraescolar. De ahí en adelante se dio inicio a un proceso constante y paulatino de discusiones y consideraciones políticas en relación a la implementación de acciones educativas tendientes al conocimiento, concientización, restauración y preservación del medio ambiente, tanto a nivel mundial, regional y local. Es así como también se comienzan a aceptar términos, prácticas y terminologías tales como «naturalista”, “conservacionista”, “ecologista”, “ambientalista” y más recientemente “para el desarrollo sostenible».

Presentación de la Fundación Cidemar y la Alianza Playera de Chile (APCL), así como del protocolo de la limpieza de playas a participantes y  estudiantes de escuelas y liceos provenientes de Viña del Mar por parte de María Jose Ochoa en el marco de la celebración del Día Internacional de la Limpieza de Playas, Playa Caleta Abarca, 27 de Septiembre de 2019. ©  Bruno Larraín, voluntario de la Fundacion Cidemar.

Con la lupa en lo local

Ya observando el presente, en el caso particular de Chile y según lo dispuesto en la Ley de Bases Generales del Medio Ambiente (Ley N° 19.300, Art.6) la educación ambiental se entiende como un «proceso permanente de carácter interdisciplinario destinado a la formación de una ciudadanía que forme valores, aclare conceptos y desarrolle las habilidades y actitudes necesarias para una convivencia armónica entre los seres humanos, su cultura y su medio biofísico circundante». Es decir, se trata de un proceso permanente que no se agota en una actividad puntual, sino que perdura en el tiempo a través de un sinfín de actividades. Segundo, al ser de carácter interdisciplinario requiere y acepta diversas perspectivas y saberes que deben ser capaces de interactuar entre sí, y por último, al referirse a la formación de valores y el desarrollo de habilidades y actitudes, permite transitar como sociedad mas allá de la regulación ambiental, hacia un verdadero tipo de protección que implica un cambio cultural.

Es por ello que entre sus metas está primero el servir como un instrumento para prevenir el deterioro ambiental, al aportar a la formación de una cultura de prevención, así como también el logro de una conciencia ambiental, que permita cambios a futuro de comportamiento y hábitos, que aseguren un tipo de sociedad que ofrezca una alta calidad de vida para todos sus miembros. Y por otro lado, servir como una herramienta para fortalecer la participación ciudadana en la gestión ambiental, pues logra que las y los ciudadanos se asuman como responsables y protagonistas de los problemas ambientales que los afectan.

Proceso por el que las colillas de cigarro son recicladas y luego reutilizadas parte de ellas (acetato de celulosa ) para convertirlas en diversos productos, tales como hojas para escritura en braille, con el fin de fomentar la educación ambiental inclusiva © Rafael Sotomayor, Fundación Biosfera Mía.

Derechos, pero también deberes

Sin duda que existen muchas y variadas formas de abordar estas metas, pero más allá de ello, también hay que considerar que existen problemas para aplicar la educación ambiental en el terreno concreto. Ejemplos de lo anterior son la falta de reflexión sobre cuestiones medioambientales cotidianas y a nivel local, el poco compromiso que cada uno tiene en torno a estos mismos temas, así como también la superficialidad con que se aborda el conocimiento, ya sea por falta de interés o continuidad en las problemáticas ambientales que se presentan. Lo anterior conlleva a que la educación ambiental se traduzca muchas veces en actividades y propuestas fragmentadas, descontextualizadas y superficiales y que quedan reducidas al «saber más», teniendo que ver muy poco con los contextos y situaciones cotidianas que vivimos como sociedad, imposibilitando un pensamiento critico y profundo, que no fomenta un aprendizaje activo y participativo, limitado a las opiniones y juicios críticos poco constructivos. Es por ello que la educación ambiental no se enseña, se hace, y cómo, pues a partir de la práctica, ya sea esta ciudadana y/o pedagógica.

Según  cifras de «The Waste Atlas», Chile es uno de los países en Latinoamérica que genera mayor cantidad de basura al día por habitante

La práctica ciudadana permite ver como se construyen y transmiten significados culturales sobre el ambiente en los cuales se inscribe la formación de los sujetos sociales. La participación ciudadana posibilita imaginar el fortalecimiento de acciones colectivas, fortalecer la capacidad de actuar sobre la realidad donde se producen y transmiten conocimientos que aportan a la construcción y ejercicio de la ciudadanía. Permite que se entiendan posturas e intereses de los diferentes actores sociales que aprenden a tomar decisiones y actuar responsablemente, promoviendo instancias de participación social y espacios que permitan rescatar el conocimiento local y ancestral valorándose y respetándose el uno al otro. Es así como se debe ser capaz de asumir derechos, pero también deberes con el fin de llegar a formar una verdadera ciudadanía ambiental.

Recolección de colillas de cigarro, labor realizada por parte de un grupo de voluntarios de la Fundación Biosfera Mía junto a su fundador Rafael Sotomayor en plena Plaza de Armas de Santiago, en el marco de la realización de la 3era Colillatón a nivel nacional, Agosto de 2019 © Rafael Sotomayor, Fundación Biosfera Mía.

País basura

La practica pedagógica en tanto supone el desarrollo en todos los ámbitos en que la sociedad civil se manifiesta, ya sean formales o no, de educación, generando una práctica ciudadana amplia, informada y concreta. También aspirar a ir más allá de cualquier tipo de desarrollo, ya que se busca educar para lograr una sociedad con más y mejores condiciones de equidad y justicia social.

Es por ello que también surgen diversas iniciativas que muchas veces se convierten en organizaciones, fundaciones e instituciones que buscan abordar la educación ambiental desde estas prácticas, con el objetivo de intentar resolver alguna de las muchas problemáticas que afectan nuestro medio ambiente y entorno. Sin ir más lejos y en el caso particular de Chile, un tema que preocupa y donde hace falta mayor conciencia y educación al respecto es la contaminación marina. De hecho, Chile es uno de los países en Latinoamérica que genera mayor cantidad de basura al día por habitante, ya lo dicen las cifras según The Waste Atlas, en donde Chile ocupa el tercer lugar detrás de Guyana y Surinam generando 1,25 kg/día/habitante. El problema radica en que el 60% de los residuos generados en tierra desembocan en el mar, provenientes de las grandes ciudades y arrastrados a traves de las lluvias y los afluentes de ríos. El programa Científicos de la Basura, liderado por la Universidad Católica del Norte ha realizado estudios a nivel nacional durante 3 años con el fin de cuantificar, caracterizar y ubicar espacialmente los residuos marinos antropogénicos (Anthropogenic Marine Debris: AMD), estableciendo que éstos se encuentran principalmente compuestos por plásticos (27,1% en 2008) y colillas de cigarros (38% en 2012 y 41,8% en 2016). En el caso de los residuos plásticos estudios de ONU Ambiente indican su aparición en 800 especies de fauna marina, de las cuales 40% de ellas corresponden a cetáceos y 44% a aves marinas.

Presentación de la Fundación Plastic Oceans Chile y la contaminación marina por plástico a cargo de Camila Ahrendt, Plastic Oceans Chile, abierta a la comunidad en el marco de la celebración del Festival Internacional de Innovación Social (fiiS), Diciembre 2019. © Camila Ahrendt, Fundación Plastic Oceans Chile.

 Organizaciones en acción

Existen organizaciones que a través de diversas campañas intentan mitigar tales efectos, como lo es el caso de la Fundación Plastic Oceans Chile, donde Camila Ahrendt, bióloga marina y su directora científica, ha desarrollado una serie de actividades desde hace más de dos años en distintos puntos de nuestro país: talleres, charlas, exposiciones en el Senado por el proyecto de ley junto a la ONG Oceana. Estas actividades se han dirigido a personas de todas las edades y su objetivo se centra en la proposición de soluciones concretas para combatir la contaminación plástica dentro y fuera del océano.

Por otra parte, la Fundación Biosfera Mía que de la mano de su fundador Rafael Sotomayor, profesor en Ciencias Naturales y Comprensión del Medio, lideran una serie de programas en los que involucran a la comunidad, como lo es el de reciclaje de colillas de cigarro conocido como «Chile 5lillas» que desafía a las personas a reciclar colillas a traves de un «challenge» o desafío, con el fin de someterlas a un proceso que reutiliza parte de su composición y lo convierte en productos como hojas para escritura en braille y otros elementos de estudio. Finalmente, la Fundación Cidemar, donde María Jose Ochoa, bióloga marina y fundadora junto a su equipo de trabajo y colaboradores han acercado el valor que tiene la conservación de los ecosistemas acuáticos por medio de proyectos como el de la Alianza Playera de Chile (APCL) que coordina y unifica los esfuerzos de diversos actores como autoridades, empresas y la ciudadanía, para realizar limpiezas del litoral costero de nuestro país, acompañadas por actividades educativas que aporten a la concientización sobre nuestros hábitos diarios.

La educación ambiental no se enseña, se hace, a partir de la práctica, ya sea ciudadana y/o pedagógica.

Una Reflexión final

Entonces, ¿en qué consiste la educación ambiental? Consideramos que una educación ambiental profunda es aquella que aporta un cambio en la manera de entender y actuar en el mundo, que ilumine una reflexión que pase de la intención a la acción, aquella que indaga en el sentido de cada práctica educativa ambiental para actuar con conciencia, que fomenta el pensamiento creativo y propositivo, en definitiva, una educación critica y emancipadora.

No se trata solo sobre el medio ambiente, sino también de la educación, la organización como sociedad a través de un método educativo para enfrentar los temas ambientales que son más que un conjunto de problemas por resolver, sino más bien un conjunto de posibilidades frente a las cuales podemos actuar desarrollando un sentido de pertenencia. Debemos comprender que la crisis ambiental de nuestra era no es una catástrofe ecológica, sino el efecto del pensamiento con el que hemos construido y afectado negativamente nuestro planeta.

Taller sobre la contaminación marina producida por plástico a cargo de Camila Ahrendt y Mark Minneboo, ambos de Plastic Oceans Chile, a niños de la localidad de Puertecillo, comuna de Navidad, Región de O’higgins en Febrero de 2020. © Camila Ahrendt, Plastic Oceans Chile.

Referencias

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GONZÁLEZ GAUDIANO, E. J. (coord.) (2008), Educación, medio ambiente y sustentabilidad. México, Siglo XXI Editores.

Asociación Norteamericana de Educación Ambiental (NAAEE, 2004). Programas de Educación Ambiental No Formal: Pautas para la Excelencia. Recuperado de www. naaee.org.

Sauvé, L. (2004) Perspectivas curriculares para la formación de formadores en educación ambiental, Carpeta Informativa Ceneam, November, pp. 162-170.

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Zamorano Daniel ( 2011) educación ambiental en chile , falencias y desafíos .

Sobre el Autor

Joseph Julca Mendoza es biólogo marino de la Pontificia Universidad Católica de Chile, es profesor en el Centro de Estudios y Desarrollo de Talentos Académicos Penta UC. Lidera además el capítulo en Chile de la organización internacional de jóvenes líderes más grande del mundo por el océano conocida como SOA (Sustainable Ocean Alliance), ha sido también activista y embajador por el Acuerdo de Escazú y actualmente integra organizaciones, tales como las fundaciones Cidemar y Portas y la ONG Qarapara. Y si bien su motivación es la ciencia, tiene un gran compromiso y sentido de responsabilidad con el compartir y acercar el conocimiento científico al resto de las personas, con el fin de lograr una colaboración mutua y así contribuir a una sociedad más consciente y despierta medioambientalmente.

Imagen de portada: Basura recolectada y separada para reciclaje gracias a la colaboración de instituciones, organizaciones y personas voluntarias tras convocatoria de Fundación Cidemar y la Alianza Playera de Chile (APCL) en el marco de la celebración del Día Internacional de la Limpieza de Playas, Playa del Deporte, Viña del Mar,  Septiembre de 2019 © Bruno Larraín, voluntario Fundación Cidemar.

Camilo Alfonso Veas Carvacho es Geógrafo y MCs Agronómicas y ambientales. Se ha desarrollado en el estudio de pequeñas comunidades, identificando sus estrategias colectivas de subsistencia y como éstas se ven permeadas por procesos antrópicos como las industrias extractivas (principalmente el modelo forestal, el agroexportador y el sector pesquero industrial en Chile) además de los efectos del cambio climático. […]

Camilo Alfonso Veas Carvacho es Geógrafo y MCs Agronómicas y ambientales. Se ha desarrollado en el estudio de pequeñas comunidades, identificando sus estrategias colectivas de subsistencia y como éstas se ven permeadas por procesos antrópicos como las industrias extractivas (principalmente el modelo forestal, el agroexportador y el sector pesquero industrial en Chile) además de los efectos del cambio climático.

Si bien en Chile el sector pesquero tiene una alta relevancia económica, la pesca artesanal apenas sobrevive en una frágil condición de precariedad. Crédito: Camilo Veas

Es innegable reconocer que el mundo está atravesando profundas transformaciones medioambientales, y es así como al observar nuestro entorno podemos constatar el cambio que experimentan los patrones ambientales históricos a distintas escalas y temporalidades.

Siendo Chile una extensa franja de tierra colindante con el Océano Pacífico, es que los cambios que viven los ecosistemas marinos conllevan repercusiones directas sobre nuestras costas y sus complejas interrelaciones. El aumento de las olas de calor marinas, inundaciones, marejadas y el aumento del nivel del mar, son solo algunos de los procesos que se han intensificado en las últimas décadas en nuestro país, los cuales conllevan a un deterioro de los medios de vida de las comunidades abocadas a la pesca artesanal, la degradación de funciones ecosistémicas, el daño en infraestructura, además de la incidencia en procesos migratorios forzados (Oppenheimer et al., 2014; Van Ruijven et al., 2014; Cunsolo y Ellis, 2018).

Si bien dichos procesos ambientales suponen una reconfiguración de los espacios litorales, es relevante comprender la serie de disputas y conflictos que se generan en torno al uso y apropiación de los territorios, esto, con la intención de proponer ópticas diferenciadoras a la hora de analizar y entender las transformaciones producidas por los efectos del cambio climático y aquellas generadas por el ejercicio político de apropiación territorial.

Tomaremos como pretexto de análisis a los territorios pesquero artesanales, es decir a aquellas porciones de territorio / maritorio que se configuran en torno al desarrollo de la pesca artesanal y sus dinámicas asociadas.

La lógica neoliberal de maximizar rentabilidades ha puesto en amenaza tanto los recursos del mar como el oficio de la pesca artesanal. Crédito: Camilo Veas

Es aquí donde un sinnúmero de medios de vida de comunidades costeras han experimentado drásticas transformaciones producto de la intervención de los grandes conglomerados económicos, lo que se ha expresado progresivamente en el aumento del uso de las aguas para acuicultura, el desarrollo de la industria energética, el turismo y la disposición de desechos, todas actividades que generan además una superposición de tensiones y conflictos sobre un bien de uso común (Tecklin 2017).

A todo este proceso se suman, además, las variaciones en la disponibilidad de recursos pesqueros o el cambio en la estacionalidad de pesca producto de alteraciones climáticas. Para entroncar esta discusión, nos tomaremos de los postulados propuestos por la ecología política, la cual entenderemos como el entramado de relaciones, o gobernanza según ciertos autores (Martínez-Alier 2002; Robbins 2004), bajo el cual se reparten y/o distribuyen tanto los beneficios como los costos producidos en el ejercicio de aprovechamiento de la naturaleza, además de los dispositivos de poder utilizados para dichos fines.

La puesta en valor de la pesca artesanal en zonas como Chiloé puede ayudar a repensar la relación del sector público y de empresas con nuestra cultura de mar. Crédito: Camilo Veas

Dicho esto, y bajo la estructura de análisis teórico – conceptual antes señalada, abriremos algunas reflexiones e inquietudes para problematizar. Para comenzar, tomaremos como referencia la propuesta para la actualización del Plan de Adaptación en Pesca y Acuicultura (Farias et al., 2019), documento que para el año 2019, dejaba entrever que el sector económico pesquero es el segundo de mayor relevancia a nivel nacional en términos de exportaciones, pero al mismo tiempo el sub-sector pesquero artesanal posee unos de los PIB per cápita más bajos y con un reducido nivel educacional y de cobertura de salud. Por ende es necesario cuestionar en qué medida el foco de la atención pública y científica, centrado muchas veces en la adaptación de las comunidades frente a los forzantes ambientales (exigiéndoles la adopción de estrategias en muchas oportunidades desterritorializadas), permite entrever la fragilidad del entramado social del sector artesanal, poseedor de un sistema de seguridad social precarizado y con evidentes brechas de género en términos de desarrollo socioeconómico y oportunidades.

Por otro lado, en términos de cambio climático y pesquerías, aparecen también como objetivos estratégicos el desarrollo integral del sector, además de la elaboración de modelos regionales oceanográficos y pesqueros que den cuenta de la variabilidad y respuesta ante riesgos. Sin embargo, cabe cuestionarse ¿en qué medida las múltiples figuras de planificación y gestión de los territorios / maritorios, acompañan o confluyen con esta línea?

El cambio climático surge como una oportunidad para repensar los territorios pesquero-artesanales. Crédito: Paula López

Es así como nos encontramos con las concesiones de acuicultura, las AMERB (Áreas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos), las ECMPO (Espacios Costeros Marinos de Pueblos Originarios) y últimamente las destinaciones de administración terrestre bajo el amparo de la Ley de Caletas. Todas figuras que operan bajo la injerencia, en mayor o menor medida, de múltiples instituciones, siendo clara la carencia de una institucionalidad y un marco normativo e indicativo robusto que sea capaz de ordenar y coordinar todas las intervenciones producidas en las zonas litorales y más específicamente en los territorios pesquero artesanales. Es así como cabe preguntarse, en qué medida el diseño de infraestructura para la pesca artesanal, o el aumento en la asignación de concesiones de acuicultura bajo una lógica neoliberal de maximización de rentabilidades, son medidas reales y coherentes con las disímiles dinámicas territoriales que se expresan a lo largo del país, si no son concatenadas además bajo una política pública de largo plazo.

Los grandes conglomerados económicos amenazan la pesca artesanal y a un mismo bien de uso común: los recursos del mar. Crédito: Paula López

Ahora bien, si de distribución de recursos pesqueros se trata, la expresión territorial y política en la cual se traduce el fraccionamiento de las pesquerías entre el sector artesanal e industrial es un mecanismo que merece atención. Esto, ya que la gran mayoría de las pesquerías emblemáticas, en términos de historicidad de sus desembarques, se encuentran repartidas por norma entre los sectores industriales y artesanales. En ese sentido, cuando se habla de los efectos de la variabilidad climática sobre la presencia de determinadas especies y como el sector pesquero se adapta a dichos cambios, nos propone también cuestionarnos, cuál es el destino actual que tanto el sector industrial como artesanal le están dando a los recursos, cómo se relaciona el fraccionamiento con el número de actores que subsisten de la extracción de las especies, qué tan válido es hablar de diversificación como método de adaptación, y finalmente, cuál es la lectura local que se hace a la hora de proponer medidas de diversificación y/o reconversión.

Al considerar las tensiones propuestas a lo largo del escrito, podemos establecer que paralelo al camino de la comprensión de los efectos del cambio climático, debemos poner especial atención en las brechas que hoy en día enfrenta el sector pesquero y más aún el sector pesquero artesanal. La necesidad de asimilar la diversidad geográfica y socioeconómica de las caletas a lo largo de las costas del país para así diseñar planes, programas y proyectos coherentes. La importancia de pensar los productos del mar como una verdadera fuente de alimentos de calidad, además de la relevancia cultural de la actividad, son solo algunos de los principios a tensionar.

Es relevante remarcar que la idea de estas reflexiones en ningún caso es desconocer las transformaciones que están experimentando nuestras costas y océanos producto de los procesos climáticos,  en los cuales urge avanzar en medidas concretas para asegurar el bienestar de todas las comunidades costeras, si no que más bien busca instalar la discusión sobre aquellos procesos que deben ser atendidos de manera transversal, procesos que tienen que ver con carencias en las políticas sectoriales, falta de representatividad de los actores, conflictos de intereses entre el sector público y las empresas, asimetrías en el acceso a los recursos, y una falta de comprensión de los territorios a nivel escalar.

Es así como dentro de este entramado de relaciones políticas, administrativas y ambientales, el concepto de cambio climático se puede posicionar como una oportunidad real de pensar la planificación de los territorios pesquero artesanales, dado que de manera contraria solo se develará como una estrategia comunicacional y distante para perpetuar las asimetrías presentes en nuestras costas.

Bibliografía

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  • Van Ruijven, B, Levy M, Agrawal A, Biermann F, Birkmann J, Cartes T, Kemp-Benedict E. (2014). Enhancing the relevance of Shared Socioeconomic Pathways for climate change impacts, adaptation and vulnerability research. Climatic Change. 122(3): 481-494.
  • Oppenheimer M, Campos M, Warren R, Birkmann J, Luber G, O’Neill B, Takahashi K. (2014). Emergent Risks and Key Vulnerabilities. In: Climate Change 2014: Impacts, Adaptation, and Vulnerability. Part A: Global and Sectoral Aspects. Contribution of Working Group II to the Fifth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change [Field, C. B., V. R. Barros, D. J. Dokken, K. J. Mach, M. D. Mastrandrea, T. E. Biller, M. Chatterjee, K. L. Ebi, Y. O. Estrada, R. C. Genova, B. Girma, E. S. Kissel, A. N. Levy, S. MacCracken, P. R. Mastrandrea and L. L. White (eds.)]. Cambridge University Press, Cambridge, United Kingdom and New York, NY, USA, 1039-1099.
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  • Farías, L., E. Acuña, C. Aguirre, S. Álvarez, M. A. Barbieri, V. Delgado, B. Dewitte, O. Espinoza, E. Pinilla, C. Fernández, P. Garrido, B. Jacob, N. Lagos, I. Masotti, D. Narváez, S. Navarrete, I. Pérez-Santos, L. Ramajo, L. Troncoso, C. Silva, L. Saavedra, D. Soto, C. A. Vargas, P. Winckler, C. Veas, E. Yáñez, A. Yévenes (2019). Propuestas para la actualización del Plan de Adaptación en Pesca y Acuicultura. Mesa Océanos-Comité Científico COP25; Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. 88 páginas.
Es un hecho que los arrecifes de coral están en peligro, debido principalmente al calentamiento global y la contaminación de las aguas. Tanto así que este ecosistema tan productivo en muchos lugares del mundo se está volviendo blanco —señal de su muerte— poniendo en riesgo ecosistemas completos que existen gracias a los arrecifes de coral. […]

Es un hecho que los arrecifes de coral están en peligro, debido principalmente al calentamiento global y la contaminación de las aguas. Tanto así que este ecosistema tan productivo en muchos lugares del mundo se está volviendo blanco —señal de su muerte— poniendo en riesgo ecosistemas completos que existen gracias a los arrecifes de coral. Sin embargo, ¿cuánto sabemos realmente de los corales?

©Coral Morphologic

Solemos pensar en ellos como estructuras que sustentan la vida, sabemos que peces y crustáceos hacen de ellos sus hogares, pero no necesariamente pensamos en ellos como seres en sí mismos. A veces los confundimos con plantas marinas, pero un coral es de hecho un animal, y dentro de lo que se denomina corales, los hay de variadas formas, texturas (duros y blandos), colores y tamaños (entre un milímetro y diez centímetros). No obstante su pequeño tamaño, los corales se juntan en colonias, para así formar estructuras tan grandes que pueden verse incluso desde el espacio, como la gran barrera de coral del Noreste de Australia, donde más de 2.000 arrecifes individuales forman una línea que recorre casi 3.000 kilómetros.

¿Y qué sucede cuando los miramos de cerca? Los corales denotan una especie de magia alucinógena con sus colores vívidos, su bioluminicencia y la incansable repetición de sus formas simétricas. Fue este acercamiento a los corales que inspiró al equipo de Coral Morphologic a dedicar su vida a retratar, difundir y proteger esta particular belleza.

©Coral Morphologic

Compuesto por el biólogo marino Colin Foord y el músico J.D. McKay, Coral Morphologic nace el año 2007 cuando estos dos amigos del colegio decidieron unirse para dar vida a un proyecto artístico interdisciplinario que fusiona la ciencia con la música, la fotografía y lo audiovisual. Su misión, en sus propias palabras es: “documentar, cultivar y proteger los corales de Miami (y el mundo)”.

El resultado de la simbiosis de este dúo ha sido un sinnúmero de trabajos inmersivos, que suscitan aquellas metáforas profundas que yacen bajo un arte que tiene mucho de psicodélico. Una de sus obras The coral reefs are dreaming again, elaborada en conjunto con el director Lucas Leyva, y seleccionado en el Slamdance film festival del 2014, es un cortometraje que retrata dos corales que crecen en las cuencas oculares de una calavera. Estos se interpelan entre sí a través una voz en off: uno de ellos ha estado soñando con el pasado, cuando la calavera era utilizada por una persona de carne y hueso, quien a su vez hacía su vida sobre los huesos de los corales.

©Coral Morphologic

Este bucle de eterno retorno hace referencia a que la ciudad de Miami está, en su estructura original, construida con y sobre corales fosilizados, y también a que año a año el nivel del mar va en crecida y pronto serán los corales los que hagan sus hogares sobre las estructuras de la ciudad. La música —una mezcla de crepitares y sonidos agudos en varios niveles— suman suspenso y extrañeza a la obra; para su realización J.D. McKay se inspiró en grabaciones de sonido de los mismos corales, además de efectos de sonido inspirados en sus movimientos y colores.

Otra obra muy interesante es Tangerine reef, un filme de 54 minutos de duración, realizado sobre el disco del mismo nombre de la banda experimental estadounidense Animal Collective. Este mediometraje funciona como una especie de sinfonía atmosférica donde macro imágenes de corales en HD fluyen por la pantalla para invitarnos a contemplar detenidamente estas increíbles criaturas. La música a su vez, induce a un estado de concentración, a un letargo del pensamiento activo que va de a poco asentándose, para terminar únicamente enfocado en las actividades de los corales. Estos, son presentados como personajes, entran en escena y los observamos; luego de un tiempo a esa imagen se superpone otra: el primer coral se despide, y lo dejamos en su mundo para conocer a otro. Las voces opacadas con eco y sintetizadores nos van envolviendo, y este mundo tan nítido pareciera salido de un universo paralelo.

Un tercer proyecto, comisionado por Miami Dade Art in Public Places, fue el de envolver 18 cabinas de estacionamiento con gigantografías de corales. Este proyecto tuvo por nombre Coral Reef City y fue realizado siguiendo el objetivo principal de Coral Morphologic: el de acercar e informar a la ciudadanía de Miami acerca de este patrimonio viviente que son los corales. Con el mismo espíritu fue que, al descubrir en los canales de Miami cuatro especies no descrita por la ciencia, una fue nombrada “Miami vice zooanthid” ya que sus colores coincidían con aquellos de la conocida serie de televisión, y ese nombre induce un sentimiento de pertenencia en la población local.

Tanto ha sido el interés por el trabajo del dúo, que en el año 2015 el director John McSwain realizó un documental acerca del cómo y el porqué de la obra de Coral Morpholigic llamado Coral City. “La clave es el tiempo,” dice Colin para el documental, “los corales existen en una escala de tiempo diferente a la nuestra y por lo mismo es difícil percibir lo activos que son. Si cambiamos la escala de tiempo parecerán volverse mucho más vivos ante nuestros ojos.” El biólogo del grupo afirma que su interés por los corales surge cuando a los 16 años visita un acuario y ve por primera vez a los corales bajo luz azul; los corales son los seres más fluorescentes del planeta y sigue siendo un misterio el motivo de su bioluminicencia.

©Coral Morphologic

Tanto Colin como J.D. se declaran autodidactas en cuanto a las realizaciones audiovisuales, ninguno de los dos estudió una carrera relacionada, sin embargo, tanto fue su ahínco que se propusieron crear un nuevo video cada semana, para así asegurar la prolijidad de sus próximos resultados. Este esfuerzo rindió sus frutos y no solo han sido reconocidos en festivales por sus proyectos, sino que además han contribuido material audiovisual a realizadores tan reconocidos en el rubro de los documentales de naturaleza como National Geographic —Coral Morphologic fueron los proveedores de las escenas de corales en la serie One strange rock.

Además de su connotado trabajo artístico interdisciplinario, Coral Morphológic también se dedica a la investigación científica acerca de los corales de Miami, y a la acuicultura desde su propio acuario —del que afirman es el gran financiador de todos sus proyectos.

Puedes ver el documental Coral City pinchando aqui.

 

Por Catalina Velasco, Fundación Mar y Ciencia Imagina una cancha de futbol y ubícala bajo el mar, cerca de la orilla. El pasto de la cancha es tan largo que casi toca la superficie, moviéndose al vaivén de las olas, y entre sus hojas viven organismos marinos como jaibas, ostiones, peces, incluso tortugas. Ahora imagina […]

Por Catalina Velasco, Fundación Mar y Ciencia

Imagina una cancha de futbol y ubícala bajo el mar, cerca de la orilla. El pasto de la cancha es tan largo que casi toca la superficie, moviéndose al vaivén de las olas, y entre sus hojas viven organismos marinos como jaibas, ostiones, peces, incluso tortugas. Ahora imagina que estás parado en el borde de esta cancha submarina y miras su extensión: verás que hay al menos 200 canchas iguales, una junto a otra, un gran parche verde con una vida marina muy abundante y diversa. Puede sonar a ficción, pero estas “canchas” de pasto submarino existen en algunas zonas del norte de Chile.

Las praderas submarinas – o pastos marinos – son plantas acuáticas que se extienden por cientos de kilómetros frente a las costas, ¡incluso algunas praderas pueden ser vistas desde el espacio! Estos pastos constituyen uno de los ecosistemas más productivos del planeta, pero también es uno de los más amenazados. Para evitar su extinción, primero debemos valorar su existencia, entonces…

¿Qué es el pasto marino?

Los pastos marinos evolucionaron desde las plantas terrestres durante el período Cretácico, hace unos 120 millones de años atrás1, adaptándose a la vida submarina. Al vivir bajo el mar, es fácil que los pastos sean confundidos con algas, ¡pero nada más alejado de la realidad! Si bien ambos grupos realizan fotosíntesis, el pasto marino es realmente una planta angiosperma (es decir, una planta que posee flores), y está mucho más emparentado a las plantas terrestres que a las algas. Así, los pastos poseen tejidos complejos y propios de las plantas vasculares, como raíces, tallos, hojas, flores, frutos y semillas; mientras que las algas poseen un cuerpo llamado talo, y sus tejidos y estructuras reproductivas (esporas) son distintos. Gracias a las raíces, los pastos marinos se anclan en el fondo arenoso, asomando las hojas verdes en forma de cinta, muy similar al pasto terrestre, y por eso su nombre.

Existen más de 60 especies de pasto marino distribuidas en las costas de todo el mundo, excepto en las zonas polares. Estas praderas son más comunes en zonas tropicales, donde pueden cohabitar hasta doce especies de pasto marino en una sola pradera. Allí, el pasto se ubica cerca de manglares y arrecifes de coral, generando una gran biodiversidad y un sistema muy característico.

A pesar de que los pastos marinos son menos comunes en zonas templadas, en Chile tenemos la suerte de contar con dos especies que forman grandes praderas: Ruppia filifolia, la cual se encuentra en sistemas menos salinos y de agua dulce, por ejemplo, en Seno Skyring en la región de Magallanes; y Zostera chilensis, ubicada en las costas del norte de Chile. Esta última vive entre 1 y 10 metros de profundidad en dos localidades de la región de Coquimbo (Puerto Aldea e Isla Damas), y en una localidad de la región de Atacama (Bahía Chascos). La cobertura total de las tres praderas se estima en 354 hectáreas, ¡más de 350 canchas de futbol!

¿Importa que en Chile tengamos pasto marino?

Como toda especie, el pasto marino tiene un valor en sí mismo por el solo hecho de existir y cohabitar el planeta con nosotros. Pero, además, estas praderas albergan una gran diversidad de animales y algas que se asocian tanto sobre las hojas como en la base de éstas, lo que permite un aumento de la biodiversidad en el lugar donde estas especies estén presentes. Las hojas muertas del pasto se desprenden y caen, otorgando junto con las raíces, una importante producción de detritos y materia orgánica que será fuente de alimento para invertebrados marinos, peces, aves y tortugas marinas (sí, acá en Chile).

Gracias a la fotosíntesis, los pastos marinos producen grandes cantidades de oxígeno, ¡hasta 10 litros por metro cuadrado al día!2, y por el mismo proceso secuestran carbono que queda depositado en el lecho marino. Las praderas submarinas pueden capturar hasta 83 millones de toneladas métricas de carbono cada año2, denominado carbono azul. Recibe ese nombre puesto que es secuestrado desde la atmósfera y almacenado en diversos ecosistemas marinos, como arrecifes coralinos, bosques de algas y praderas de pasto marino. Es más, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) afirma que estos ecosistemas marinos capturan cinco veces más carbono que los bosques tropicales, una verdadera arma contra el cambio climático que debemos preservar.

¿Recuerdan que los pastos marinos no son algas? Bueno, una de las diferencias más destacables es que las algas, al no poseer raíces, captan sus nutrientes desde la columna de agua a través de todo el talo. En cambio, los pastos marinos absorben la mayoría de sus nutrientes desde el sedimento con las raíces, haciéndolos accesibles a organismos que se encuentran en la columna de agua y que no podrían ocuparlos de quedarse enterrados en el sedimento. Así, los pastos marinos ayudan a la circulación de nutrientes en los ecosistemas marinos.

Las raíces de los pastos marinos también se encargan de atrapar y estabilizar el sedimento marino, lo que mejora la calidad y claridad del agua, y reduce la erosión. Además, junto a las hojas forma una barrera que disminuye la fuerza de las corrientes, protegiendo las zonas costeras. ¡Increíble todo lo que las raíces pueden lograr bajo el mar!

Además de ser hábitat de diversos organismos marinos, como moluscos, erizos, jaibas, peces, rayas, aves playeras, y un largo etcétera, la pradera de Bahía Chascos es fuente de alimento y refugio para la población más austral de tortuga verde (Chelonia mydas), especie en peligro de extinción. Por otro lado, la pradera de Puerto Aldea alberga una población de ostión del norte, principal sustento económico de pescadores artesanales locales.

Sin duda son muchas las razones que hacen del pasto marino un ecosistema muy rico, productivo y relevante para Chile, pero lamentablemente, este ecosistema es uno de los más amenazados del planeta.

Tortuga verde (Chelonia mydas) nadando entre medio del pasto marino. (c) Wikicommons

Amenazas

El pasto marino es muy sensible a la contaminación, y a nivel mundial se pierde el equivalente a dos canchas de fútbol por hora 3. En los últimos 10 años, se ha perdido el 15% de la cobertura de estas praderas, y ya en 2011, un cuarto de todas las especies de pasto marino estaba amenazada o en peligro de extinción3.

La primera causa de desaparición del pasto marino es la contaminación por pesticidas, hidrocarburos, metales y exceso de nutrientes, causados por las actividades industriales, agrícolas y petroleras. Otras amenazas al pasto marino son el aumento de eventos climáticos extremos como marejadas y tormentas, el aumento de la temperatura del océano, algas invasoras, y disminución de depredadores tope, lo que genera un aumento de peces pequeños que depredan sobre el pasto marino.

Y por supuesto, Chile no es la excepción a la regla. Así, la especie Z. chilensis ha sido catalogada como “en peligro de extinción” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN por sus siglas en inglés), una de las organizaciones internacionales más importantes que busca evaluar el estado de conservación y con esto, la salud de la biodiversidad mundial a través de su Lista Roja de Especies Amenazadas.

Y ahora, ¿qué hacemos?

Si las praderas de pasto marino desaparecen, se pierde el hábitat y fuente de alimento de cientos de especies, disminuyendo la diversidad local, además de perderse todos los servicios ambientales que proveen estas praderas. Por último, la desaparición del pasto debería importarnos no solo por su valor ecosistémico, sino también por su valor intrínseco. Perder cualquier especie en el planeta es una tragedia, una que tristemente alcanzamos con bastante facilidad.

Mantener una buena calidad de las aguas costeras y minimizar el impacto humano son factores críticos para la conservación del pasto marino, por lo que se hace necesario y urgente el diseño de estrategias y planes de manejo que prevengan daños en estas comunidades tan importantes del norte de Chile. Según las “Pautas de manejo para impactos ambientales en pastos marinos”4, un plan de manejo para las praderas debe considerar tres componentes principales: 1) investigación científica para poder identificar y dar respuestas específicas a las problemáticas que enfrentan; 2) desarrollo e implementación de políticas y un marco regulatorio específico; y 3) educación ambiental que aporte información, orientación y modifique patrones de conducta que contribuyan a cuidar estos ecosistemas. Lamentablemente, en Chile no hemos realizado los esfuerzos suficientes en ninguno de los tres componentes.

Aún falta muchísima información sobre las praderas chilenas, por ejemplo, no sabemos cuál es su tasa de crecimiento, distribución total, si ha disminuido su cobertura, o cuál es su rango de tolerancia a los contaminantes u otros factores ambientales. Esto es particularmente necesario en el norte del país, donde la contaminación por metales pesados ocurre de forma natural, pero también por la presión minera. Para ejemplificar, a menos de 10 km de Bahía Chascos hay más de cinco minas y plantas procesadoras5. Además, en este momento se encuentra en calificación el proyecto termoeléctrico Andes LNG6, que incluirá una terminal termoeléctrica en la misma bahía.

Sin la información científica adecuada, difícilmente se podrán hacer planes de manejo que promuevan la conservación de estas praderas. Sin embargo, no podemos quedarnos de brazos cruzados esperando voluntad científica y política, todos podemos involucrarnos y aportar con la puesta en valor de estos ecosistemas marinos.

Las praderas submarinas se encuentran tan amenazados como los arrecifes de coral, y son tan productivos como los bosques tropicales. Son ecosistemas muy valiosos en nuestras costas, y debemos conocerlos, valorarlos y protegerlos.

Estrella de mar en pradera submarina (c) Marko Tabak

Foto Portada: Anémonas entre medio del pasto marino en Bahía Chascos, Chile (c) Catalina Velasco

REFERENCIAS

[1] Wissler L, F Codoñer, J Gu, et al. (2011). Back to the sea twice: identifying candidate plant genes for molecular evolution to marine life. BMC evolutionary biology, 11(1), 8.

[2] Reynolds, P. Smithsonian. Ocean. What are Seagrasses? A plant, not a seaweed. [en línea] https://ocean.si.edu/ocean-life/plants-algae/seagrass-and-seagrass-beds

[3] Short F, Polidoro B, Livingstone S, et al. (2011). Extinction risk assessment of the world’s seagrass species. Biological Conservation 144: 1961–1971.

[4] Compeán-García O, E Rivera-Arriaga & G Villalobos. (2008). Pautas de manejo para impactos ambientales en pastos marinos. Jaina 19(1): 62-79.

[5] Datos obtenidos del Atlas de Faenas Mineras, SERNAGEOMIN 2011.

[6] informe del proyecto en el SEIA: http://seia.sea.gob.cl/expediente/ficha/fichaPrincipal.php?modo=ficha&id_expediente=2131608818

 

 

 

 

Las riquezas marinas: tan apetecidas y tan poco comprendidas

El océano cubre más del 70% de nuestro planeta, y de él obtenemos inmensas riquezas que no siempre estamos conscientes. María Isidora Ávila, candidata a doctora en ecología, nos comenta sobre cómo una visión comunitaria de los organismos marinos es vital para que tales riquezas nos sigan acompañando.

Los océanos son el ecosistema más grande de la tierra, y son vitales para mantener la biodiversidad en nuestro planeta. Desde los océanos, se evapora la mayor cantidad de agua que contribuye al ciclo del agua en el planeta. Además; ayudan a regular la temperatura y minimizar los efectos del cambio climático, ya que capturan dióxido de carbono (gas de efecto invernadero que aumenta la temperatura del planeta) y producen más del 50% del oxígeno que respiramos (Harris 1986).

Los océanos también son vitales para la especie humana. De ellos proviene, por lo menos, una sexta parte de las proteínas animales que las personas consumen (FAO 2016); y es el principal sustento nutricional (pesca por subsistencia) y económico de pequeñas caletas. 

Banco de peces © Sebastian Pena Lambarri

Todos los beneficios que el océano le provee a la especie humana han producido que, desde tiempos antiguos, el hombre explote los ecosistemas marinos. Esta explotación fue evolucionando desde la simple recolección manual hasta el uso de herramientas más sofisticadas, tales como como lanzas y pequeñas embarcaciones. En aquellos tiempos, el número de personas que poblaban el planeta, y en consecuencia el número de bocas que alimentar, permitían que la explotación fuese sostenible. No obstante, a partir de la Revolución Industrial, la población humana y la economía comenzó a crecer exponencialmente, lo que permitió el desarrollo de nuevas innovaciones y la industrialización de las pesquerías, aumentando su eficiencia. Así, hoy en día la intensificación de la pesca ha llegado a magnitudes tan altas, que la alteración de los ecosistemas marinos no tiene precedentes, y estos ecosistemas se han transformado en menos productivos, menos predecibles y en donde la recuperación de la pesquería es más difícil.

Actualmente, la sobreexplotación de especies de interés alimenticio es la principal causa de pérdida de biodiversidad en los ecosistemas marinos (WWF 2018). En el 2010, más del 60% de las especies explotadas se encontraban agotadas o colapsadas (Worm 2016). Es decir, la pesquería extrajo más organismos de los que una misma especie es capaz de producir para recuperar o mantener su abundancia (cuánto hay). De seguir con las mismas estrategias de explotación; se espera que, de aquí al 2050, el colapso de las especies aumente al 90% (Costello et al. 2016). En Chile la situación no es muy diferente, ya que más del 60% de las pesquerías están colapsadas (Sernapesca 2018). Estas cifras son alarmantes, y dejan en evidencia que la forma en la que se maneja la explotación de las especies es inapropiada e ineficiente. Por lo tanto, es urgente comprender y mejorar las formas en las que nos beneficiamos de los océanos. 

Si queremos seguir contando con las inmensas funciones de nuestros océanos, tenemos que ser conscientes de que las especies no están solas y que el entendimiento de sus interacciones es vital para mantener los ecosistemas saludables.

Tradicionalmente, el manejo de las especies que están sujetas a explotación humana se basa sólo en la medición de su abundancia. El problema con esta técnica es que ignora que los ecosistemas son complejos, y que la abundancia de cualquier especie presente en una comunidad no sólo depende de sí misma, sino que también de cómo se relaciona con otras especies, a través de redes de interacciones ecológicas. Por ejemplo, si un tiburón se come a un pez, significa que esas dos especies están relacionadas por lo que se denomina una interacción trófica. Además, existen otros tipos de relaciones que no tienen que ver con quien se come a quien (interacciones no tróficas). Por ejemplo, algunas especies, como los bosques de macroalgas o kelps, proveen de refugio y/o zona de anidamiento a muchos otros organismos de la comunidad. Entonces, la extracción de una especie podría dejar sin comida y/o sin hogar a otras especies, produciendo efectos muy negativos en la comunidad y que no se observan fácilmente de evaluar al tan sólo al organismo que pescamos.

La extracción de organismos produce entonces efectos tanto directos (en la especie que se está removiendo) como indirectos (en la red de interacción). Entre los efectos directos, además de disminuir la abundancia de la especie que está siendo extraída, las pesquerías seleccionan a los organismos más grandes para el consumo, dejando libres en la población justo a los individuos más pequeños y jóvenes, encargados de mantener la reproducción de la especie (la producción de nuevos organismos). Esta selección produce entonces que los organismos que nacen sean más pequeños, y que la siguiente pesca se necesiten extraer más para alcanzar la misma cantidad de pesca. Un ejemplo de esto es la Sardina y la Anchoveta, donde cada año los organismos son más pequeños. Estos cambios son capaces de propagarse por la red mediante las interacciones, generando los efectos indirectos. Tal propagación podría generar un aumento o disminución en la abundancia de las especies que no son explotadas, cambios en el número de especies y/o en las especies que componen la red.

Para poder ejemplificar todos estos procesos, utilicemos un ecosistema básico esquematizado en la Figura 1, en donde aparece un sistema relativamente sencillo de un litoral rocoso, en su estado natural (A) y luego de ser perturbado por la pesquería (B). Allí, los pescadores hicieron desaparecer a la nutria, principalmente al capturarlas para vender de su piel (Valqui 2012). No obstante, vemos cómo luego de esta decisión, la red pierde dos especies (la nutria y los tiburones, que dependían de la nutria), además de ver disminuciones significativas en la abundancia de siete de las doce grupos de especies que se grafican en la red (coloreadas en gris en B), incluidos los peces e invertebrados que se querían pescar. Notamos también un cambio importante en la estructura de la comunidad, al pasar de ser un bosque de kelps a un sistema rocoso, pues la nutria era quien mantenía en control poblacional a los erizos (que aparecen ahora en B con mucha más abundancia). Así, en ausencia de nutrias y mayoría de erizos, estos últimos consumieron hasta agotar los bosques de algas.

Figura 1. Esquema comparativo de una red trófica sin (A) y con (B) pesca sobre la nutria de mar. Los dibujos representan grupos de especies, y las flecha determinan interacciones tróficas. En gris y con flechas punteadas se reflejan los grupos de especies que disminuyeron su abundancia por efecto de la desaparición de la nutria.

Queda así en evidencia cómo las interacciones entre especies y/o su intensidad se modifican enormemente con la remoción o impacto de una especie, el cual es imposible de predecir sin hacer un análisis comunitario. Detectar el cambio de las intensidades de la red comunitaria luego de una remoción puntual puede llegar a ser muy difícil de analizar, pues los efectos, como vimos, se expanden más allá de las especies que están directamente relacionadas (erizos y tiburones, en nuestro ejemplo de la nutria). Por lo tanto, es necesario entender y aceptar que la pesquería produce múltiples efectos en la red de interacción, pudiendo transformarlas en redes más vulnerables con menos abundancia y número de especies, así como también alterar la comunidad y el entorno físico.

Sin duda la pesquería juega un rol importante en las especies que extraen y en la red de interacción, y es evidente que no podemos ignorar el rol de las interacciones dentro del manejo de los recursos. Pese a esto, aún existe un desbalance entre el conocimiento de los efectos que la pesca produce en las especies que son explotadas versus los efectos que se producen en la red de interacción, ya que construir redes que representen a las comunidades naturales no es una tarea fácil, y es un importante desafío para los ecólogos. Mientras tanto, si queremos seguir contando con las inmensas funciones de nuestros océanos, tenemos que ser conscientes de que las especies no están solas y que el entendimiento de sus interacciones es vital para mantener los ecosistemas saludables. Entretanto, las pequeñas acciones que podemos hacer en contraposición se asocian a evitar comprar pescados y mariscos que se encuentran en veda (etapas temporales de reproducción de las especies) y/o comprar sólo aquellos que cumplen con los tamaños mínimos de pesca. De esta forma, todos podemos aportar con un pequeño grano de arena.

Referencias

Costello C., D. Ovando, T. Clavelle, K. Strauss, R. Hilborn, et al. 2016. Global fisheries prospects under contrasting management regimes. Proceedings of the National Academy of Science 113: 5125 – 5129

FAO. 2016. El estado mundial de la pesca y la acuicultura 2016. Contribución a la seguridad alimentaria y a la nutrición para todos.

Harris GP (1986) Phytoplankton ecology: structure, function and fluctuation. Springer, Berlin

Sernapesca. 2018. Estado de la situación de las principales pesquerías chilenas, año 2017.

Valqui, J. 2012. The marine otter Lontra felina (Molina, 1782): A review of its present status and implications for future conservation. Mammalian Biology-Zeitschrift für Säugetierkunde 77.2: 75-83.

Worm B. 2016. Averting a global fisheries disaster. PNAS 113: 4895-4897.

WWF. 2018. Living Planet Report – 2018: Aiming Higher. Grooten, M. and Almond, R.E.A.(Eds). WWF, Gland, Switzerland.

Imagen de portada: © Riddhiman Bhowmik

Desde pequeña, Catalina Polette ha sentido atracción por el mar. Vivir en la costa de Chile le ha permitido comprender la importancia de este gran ecosistema acuático, así como la necesidad de comunicar su actual degradación. Así, su curiosidad por el océano cobró forma hace algunos años, cuando Catalina comenzó a interesarse por la cerámica. […]

Desde pequeña, Catalina Polette ha sentido atracción por el mar. Vivir en la costa de Chile le ha permitido comprender la importancia de este gran ecosistema acuático, así como la necesidad de comunicar su actual degradación. Así, su curiosidad por el océano cobró forma hace algunos años, cuando Catalina comenzó a interesarse por la cerámica.

Rápidamente aprendió a utilizar el torno y modelar, haciendo inicialmente piezas utilitarias, practicando la sutileza y el detalle. Hace tres años inició su propio taller. Estuvo algunos meses creando piezas utilitarias, hasta que se dio cuenta que aquello no era lo suyo, necesitaba algo más. Así, comenzó a reflejar su pasión por el mar en sus obras, y surgió OCÉANO, una serie de mega esculturas marinas que buscan generar conciencia sobre el estado del mar. 

Erizo real comparado con escultura de erizo ©Camila Polette

¿Nos puedes contar sobre tu proceso de trabajo?

Primero hago una recolección de conchas, corales o investigo que especie marina quiero crear. Según los colores que tenga el ser que elegí, decido el color de arcilla que voy a utilizar, después empiezo con la forma en general, sin tanto detalle, solo haciendo la estructura.

Luego viene lo más entretenido, los detalles; surcos, texturas, cada pequeño detalle que tienen estas extrañas criaturas del mar. Cuando tengo lista mi pieza, la dejo secar y luego la introduzco a un horno a 850°. Después viene el proceso de esmaltado, donde hago mis propios esmaltes, hago pequeñas pruebas para ver el resultado de los colores y ver cuál es el que necesito utilizar.

Cuando tengo la escultura con los colores necesarios, vuelve a ingresar al horno a una temperatura de 1.250°. Es un proceso lento y meticuloso, pero apasionante. En general, el proceso de modelado, la elaboración manual de la pieza, me permite dar forma y sentir la arcilla con mis manos. El resultado final siempre es especial, cada pieza es única, como la especie que representa.

Pinza de jaiba (2017) ©Camila Polette

El mar y sus criaturas están fuertemente presentes en tus obras, ¿por qué escogiste el mar como fuente de inspiración?

El mar siempre me ha causado admiración, respeto y hasta un poco de miedo. Gran parte de mi vida he vivido en la playa, tengo un vínculo muy grande con el océano, el cual me ha enseñado a ver las cosas con otra perspectiva. No escogí el mar, solo abrí los ojos y miré a mi alrededor donde me encontré con un mundo intrigante, el cual decidí conocer e investigar.

El tamaño de los seres que creas es llamativo; estrellas de mar gigantes, enormes pinzas de jaiba y ostiones gigantescos, entre otras criaturas, ¿las dimensiones exageradas de tus cerámicas tienen algún motivo especial?

La exaltación de los tamaños naturales en mis esculturas, refleja los misterios que se esconden bajo el océano. Me gusta dar espacio a la fantasía. El mar es inmenso, profundo y oscuro, está repleto de texturas, colores y tamaños que pueden ir mucho más allá de lo habitual. Me encanta imaginar que en algún lugar de esas profundidades habitan seres del tamaño de mis esculturas.

Ostión (2018) ©Camila Polette

¿Tiene alguna relación tu obra con generar conciencia sobre el estado de los océanos?

Sí, hay que tomar cartas en el asunto por cuenta propia, para hacer un cambio efectivo tenemos que cambiar la cultura de consumo de plástico y reducir su contaminación. El plástico está en todas partes y nunca se biodegrada, solo se va haciendo más pequeño. Como también el aumento de la temperatura, la sobrepesca, el ruido, el vertimiento de residuos industriales, los derrames de petróleo, y tantas otras cosas más.

Espirales, especies de moluscos marinos (2018) ©Camila Polette

¿Cuáles son las fuentes de inspiración para tu propuesta formal, como surge una nueva pieza?

Mi obra nace de un vínculo personal con el mar y de la intención de generar conciencia respecto al cuidado de los seres que lo habitan. Sin embargo, mi trabajo es tan espontáneo que cada pieza surge después de un día de caminata por la playa, de recolección de conchas, o solo mirar el mar. Elijo que ser le toca hoy ser interpretado en cerámica y me pongo manos a la obra.

¿Está tu trabajo ligado a la conservación de alguna especia marina en particular?

Uno de mis objetivos es, a través del arte, comunicar la necesidad de proteger los océanos. Más que una especie en particular, mis creaciones están ligadas a hacer conciencia sobre el mundo marino en general, de todas las especies que habitan en él y en el cuidado de cada una, en cuidar el mar y tener respeto.

Catalina trabajando en su taller de cerámicas ©Camila Polette

Erizo (2018) ©Camila Polette

Desde que tiene memoria, Daniela Garreton siempre ha estado muy ligada al arte y el mar. Estudió en un colegio Waldorf en que se motivaba mucho a los niños a expresarse a través de la creatividad. Luego, en la universidad cursó la carrera de diseño, donde conoció a su actual pareja, quien compartía su pasión por […]

Desde que tiene memoria, Daniela Garreton siempre ha estado muy ligada al arte y el mar. Estudió en un colegio Waldorf en que se motivaba mucho a los niños a expresarse a través de la creatividad. Luego, en la universidad cursó la carrera de diseño, donde conoció a su actual pareja, quien compartía su pasión por el mar. Al finalizar la carrera, él se fue a estudiar a Alemania, por lo que el año 2006 Daniela decidió hacer sus maletas y partir a la universidad de arte en Hamburgo. Tras estudiar en Alemania, ambos decidieron mudarse a la ciudad de San Sebastián, en el País Vasco, donde ahora viven juntos.

Los primeros meses Daniela no tenía permiso de trabajo, así que empezó a dibujar como pasatiempos. Por casualidad, se enteró de un concurso en The Food Network de recetas navideñas ilustradas, donde participó con una receta de «Pan de pascua». Grande fue la sorpresa de la joven ilustradora al, entre más de 900, ganar el primer lugar. El premio de 1.000 dólares le permitió armar un buen arsenal de lápices y colores. Luego construyó un pequeño estudio en casa y comenzó a pintar marineros como si no hubiera mañana.

Estudio de Daniela Garreton.

A los pocos meses Daniela realizó su primera muestra en una pequeña galería de la ciudad. Por casualidad la vio el museólogo del Aquarium, uno de los mas importantes museos de Europa, quien luego contactó a Daniela para ofrecerle la galería del renombrado museo para hacer una exposición.

Tras seis meses de intenso trabajo, en febrero de 2012 inauguró su primera exposición llamada «ALAMAR», su entrada oficial en el mundo del arte. Conversamos con Daniela, quien nos contó detalles de su obra, la influencia del mar en su trabajo y la importancia del vínculo entre arte y conservación.

©Daniela Garretón

¿Cómo influyen Chile y el País Vasco en tu obra?

Chile es mi tierra natal, ademas de un país con una costa que parece interminable. Tengo mis primeros recuerdo en la playa de Horcón con mi hermana pequeña y mi madre, recolectando conchitas, jugando en el mar y esa sensación de libertad de estar en el agua. Mi madre era muy amiga de un pescador al que recuerdo con mucho cariño, el Juanulo, con sus cejas negras y su piel curtida por el sol, nos llevaba a pescar en su bote y nos contaba historias fantásticas del océano. Me acuerdo también de mis viajes a Chiloé y cuando escuché por primera vez la historia de La Pincoya, quedé obsesionada, una mujer reinando las profundidades del mar, controlando la abundancia de la pesca, ayudando a los náufragos, era una criatura fantástica.

Cuando me vine a vivir al País Vasco fue imbuirme de cabeza en la cultura marítima, aquí se respira la sal, es un pueblo que vive en torno al mar y han sido grandes navegantes. Elkano fue el primer marinero en dar la vuelta al mundo. Los vascos jamas invadieron otras tierras, pero en el mar eran los más grandes. Aquí en Donosti fue donde uní mis dos pasiones, el arte y el mar. Mi mayor influencia ha sido sin duda el océano, ya sea Pacífico o Atlántico o cualquier otro. Al fin y al cabo todos los océanos son uno.

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El mar y un imaginario de marineros, gaviotas, peces y puertos, se encuentran presentes en casi toda tu obra, ¿cuál es el motivo? ¿Es solo un estilo o tiene algún significado más profundo para ti?

Creo que en el arte, si uno sólo se queda en el estilo, el resultado puede ser visualmente agradable, pero es difícil que genere un sentimiento en el espectador. Es importante que exista una coherencia, un vínculo emocional entre la inspiración y el resultado final. El mar me apasiona, además de ser un elemento fundamental en mi vida, es algo que vivo y experimento a diario. El mar es el origen de la vida y a través de mi arte busco generar esa sensación, esa conciencia de respetar y proteger el mar.

El marinero en particular representa el arquetipo del viaje del héroe; es ese personaje que se aventura en lo desconocido, enfrentando las distintas pruebas a las que lo somete su travesía, que se ha hecho más sabio y más digno de admiración tras regresar a puerto luego de vencer sus miedos. Mis marineros suelen encarnar en su imagen el rastro de sus aventuras: evidencian el paso del tiempo en sus barbas, sus rostros ajados curtidos por el sol y la sal, capaces de leer a la mar con solo una mirada.

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¿Cuál es tu relación con el mar? ¿Por qué escogiste el mar como fuente de inspiración?

Desde el comienzo de la vida, flotando en el liquido amniótico, tenemos una relación muy atávica con el agua. Para mí, el mar es una terapia, estar a merced de sus olas te obliga a estar en el presente, en armonía con un océano que conecta todo el planeta. Es algo muy ancestral, el «reflejo de inmersión», algo que compartimos todos los mamíferos y que es casi mágico.

Las respuestas fisiológicas unas vez que nos sumergimos son impresionantes, el organismo se adapta para permanecer más tiempo bajo el agua con distintos mecanismos, por ejemplo disminuyendo el ritmo cardíaco, ¡lo mínimo que se ha registrado practicando apnea han sido 14 o 15 latidos por minuto! No creo que haya escogido conscientemente el mar como fuente de inspiración, creo que la inspiración no se escoge, es algo que se siente, una fuerza muchas veces inexplicable.

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¿Quiénes son tus referentes en Chile y el extranjero?

De Chile me gusta mucho el trabajo de Catalina Bu y de España dos ilustradoras muy intensas, Carla Fuentes y Maria Herreros.

¿Cómo lidias con el tiempo en internet que destinas a difundir tu arte, tu obra y tu vida misma?

Es complicado el tema de redes, se puede perder mucho tiempo. Todavía no tengo un método muy organizado o un ritmo. Posteo cuando tengo tiempo, pero no soy demasiado activa. Casi no posteo de mi vida, trato de mantenerlo enfocado en mi trabajo, no creo que a la gente le interese ver la fuente de cereales que desayuné. Alguna foto de mi playa o mi perrito sí, porque son parte importante de mi proceso creativo. De las redes dedico mas tiempo a compartir en instagram, creo que es la mejor plataforma para dar a conocer el trabajo visual.

©Daniela Garreton

Pareciera que a muchos ilustradores y artistas en general se les va el tiempo en publicar lo que hacen…

Es verdad, todos hemos caído en eso, en esperar el like, la aprobación. Pero también la gente se alegra cuando uno comparte el proceso, sobre todo el camino previo antes del resultado final. A mí me encanta cuando artistas que sigo postean su proceso, ver la evolución, que lápices usan, como van aplicando el color. Después cuando uno ve la foto super perfectita del resultado final que parece fácil uno esta consciente que detrás de eso hay horas de trabajo, de prueba y error, de pinceles sucios, de dudas. Lo hace más cercano. Sin embargo, en lo personal me cuesta mucho hacer stories para el instagram mientras estoy trabajando, me saca absolutamente del momentum. Pero a veces me acuerdo y lo hago igual.

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Actualmente se habla mucho sobre el impacto humano en el mar, ¿está alguno de tus trabajos ligado a la conservación de los océanos o sus especies?

Absolutamente. La conservation marina es un tema que me apasiona y el objetivo de mi arte es crear conciencia sobre el estado de nuestros mares. Llevo años colaborando con la ONG Oceana en distintos proyectos, el ultimo fue un mural en Los Angeles para la campaña Stop Overfishing que hicieron con Panthalassa, una plataforma creativa enfocada en el océano con la que colaboro. También colaboré con la campaña Stop Sucking de la fundación Lonely Whale con el diseño de un póster para desalentar el uso de pajitas plásticas que se puede bajar gratis e imprimir para ponerlo en tu oficina, restaurante o donde quieras. Además, participé en la cinta Sea Legend, un corto sobre una criatura mística que filmamos con Panthalassa en el País Vasco y que cada vez que lo veo se me ponen los pelos de punta.

Hice la imagen para www.cleancoffeeproject.org para prohibir el uso de cápsulas de café. Ahora ultimo diseñé la campaña anti plástico para Plastic Free NOOSA en Australia. Y voy a seguir involucrándome en todas las iniciativas que pueda. Todos mis trabajos para ONG marítimas las hago 100% pro bono. Al final el mayor beneficio es saber que estoy contribuyendo con mi aporte a cuidar del planeta.

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¿Consideras que los artistas pueden tener un rol en políticas, sean ambientales o de otra índole?

Claro que sí. Ese es uno de los roles del artista, usar el lenguaje universal del arte para sacudir el status quo. El arte es el mejor mensajero, es transversal, puedes apelar de manera emocional a la gente para hacerla participe de los problemas sociales y ambientales.

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“The Smog of the Sea” es un documental de 30 minutos que señala un gran e invisible problema que nuestros océanos están enfrentando en la actualidad. Este problema son las trillones de minúsculas piezas de plástico, fragmentos que apenas podemos ver, que están en la superficie de nuestros océanos, los cuales últimamente se están asentando […]

“The Smog of the Sea” es un documental de 30 minutos que señala un gran e invisible problema que nuestros océanos están enfrentando en la actualidad. Este problema son las trillones de minúsculas piezas de plástico, fragmentos que apenas podemos ver, que están en la superficie de nuestros océanos, los cuales últimamente se están asentando en las capas del suelo oceánico.

El documental —dirigido por Ian Cheney— sigue una semana de la aventura de la expedición “Sea Change Expedition” a través del Mar de los Sargazos. Marcus Eriksen, un científico marino, lidera la expedición y, además de otros científicos, lo acompañan el músico Jack Johnson, los surfistas Keith y Dan Malloy, el “bodysurfer” Mark Cunningham y la pescadora Kimi Werner. ¿Su misión? Evaluar el estado de la basura plástica en los océanos del mundo.

Equipo de la embarcación Mystic ©The Smog of the Sea

Durante la expedición, el grupo busca las famosas “islas de basura” de las que probablemente todos hemos visto fotos y videos en Internet. Sin embargo, lo que realmente descubren es que estas “islas de basura” no son lo que esperabamos. Cuando navegan a través de ellas, el agua cerca de su barco luce azul y limpia —o eso parece.

Cada día, el grupo usa un aparato de recolección, sumergido en la superficie del océano mientras navegan, y cada día lo remueven y revisan las cosas que allí han quedado atrapadas. Separan las cosas que deberían estar en el océano y las que no deberían estar allí. Hacen la investigación con sus manos. Es una operación muy delicada, y a menudo el equipo usa pinzas para quitar las piezas muy pequeñas.

Realizando este trabajo, descubren una inquietante realidad: la existencia de una niebla o smog de partículas plásticas en casi todos los océanos. Trillones de piezas de plástico casi invisibles “viven” en nuestros océanos y están impactando en las especies de los mismos —además de en nuestras propias vidas.

Muestra de plástico en la desembocadura del río Hudson, Nueva York ©Max Liboiron

A veces, los miembros de la tripulación tienen dificultades para discernir entre los plásticos minúsculos y otras partículas que se supone que viven en el océano. Nada de lo que ellos no pueden diferenciar, tampoco lo podrán diferenciar los animales. En el agua, Werner, por ejemplo, se ve en una situación difícil tratando de discernir si lo que tiene enfrente es una bolsa de plástico o una medusa.

En algunos plásticos, el grupo encuentra marcas de mordida —señal de que los animales trataron de comer la pieza. En ocasiones, encuentran peces muertos, los abren y descubren que sus estómagos están repletos de este material.

Muestra de plástico en peces ©Max Liboiron

Es mucho más preocupante si pensamos que esta expedición solamente está rozando la superficie de nuestros océanos. El plástico se hunde, y hay capas de plástico—y por lo tanto toxinas—que se están asentando en el suelo oceánico.

Demostrando que las islas de basura no son tal como las pensábamos, y mostrando las partículas plásticas casi invisibles que están dispersas en nuestros océanos, la gente de Sea Change Expedition nota que la respuesta a este problema no es tan simple como limpiar una mancha de basura. Sería fácil limpiar nuestros océanos si toda la basura estuviera concentrada en un solo lugar. ¿Cómo quitamos trillones de piezas de plástico apenas visibles que están esparcidas en nuestros océanos?

Marcus Eriksen se encuentra con basura en el océano ©Sergio Izquierdo

Todos somos culpables, y todos necesitamos cumplir un rol en la solución. Como tal, la película es un llamado a la acción para nosotros y las empresas que producen plásticos de «un solo uso». Preguntas recurrentes durante la expedición son; cuándo tiramos plástico, ¿a dónde va?¿Cuál es la responsabilidad de las empresas que empaquetan sus productos en plástico? ¿Cuál es nuestra responsabilidad?

Jack Johnson, quien proporcionó la música para el documental con Simon Beins, dice que: “Necesitamos preguntarnos, ¿queremos continuar haciendo plásticos que usamos por un segundo y después quedan en el océano para siempre?”.

El documental señala que este es un problema solucionable, que se inició hace alrededor de 50 años. Para resolverlo, necesitamos responsabilizar a las empresas que están produciendo plásticos de un solo uso. Estas empresas son partes esenciales para iniciar el cambio. Para ello, podemos señalar tres objetivos clave como ciudadanos:

I. Organizarnos para que la empresas rediseñen los plástico teniendo todo su ciclo de uso en mente.
II. Rechazar plásticos de un solo uso.
III. Exigir a las empresas que sean responsables de dónde terminan estos plásticos.

The Smog of the Sea nos hace ver nuestros océanos y la epidemia del plástico a un nivel micro. Nos hará dar cuenta que no todos nuestros problemas son visibles a simple vista.

Podemos encontrar el documental en https://vimeo.com/181069340. La contraseña es “blueblueblue”. Para más información sobre “The Smog of the Sea,” puedes visitar https://www.thesmogofthesea.com.

La juventud de las Islas Bahamas recolectando basura en la playa ©The Smog of the Sea

Los invitamos este viernes 25 y sábado 26 de Mayo a celebrar el mes del mar en El Quisco. Las actividades estarán patrocinadas por la Municipalidad de El Quisco, la Fundación Superación de la Pobreza y Heinrich Böll Stiftung. Podrán participar de talleres, salidas en bicicleta para reconocer especies, limpieza de playa y de los stand […]
Los invitamos este viernes 25 y sábado 26 de Mayo a celebrar el mes del mar en El Quisco. Las actividades estarán patrocinadas por la Municipalidad de El Quisco, la Fundación Superación de la Pobreza y Heinrich Böll Stiftung. Podrán participar de talleres, salidas en bicicleta para reconocer especies, limpieza de playa y de los stand con distintas actividades.