Por Catalina Velasco, Fundación Mar y Ciencia Imagina una cancha de futbol y ubícala bajo el mar, cerca de la orilla. El pasto de la cancha es tan largo que casi toca la superficie, moviéndose al vaivén de las olas, y entre sus hojas viven organismos marinos como jaibas, ostiones, peces, incluso tortugas. Ahora imagina […]

Por Catalina Velasco, Fundación Mar y Ciencia

Imagina una cancha de futbol y ubícala bajo el mar, cerca de la orilla. El pasto de la cancha es tan largo que casi toca la superficie, moviéndose al vaivén de las olas, y entre sus hojas viven organismos marinos como jaibas, ostiones, peces, incluso tortugas. Ahora imagina que estás parado en el borde de esta cancha submarina y miras su extensión: verás que hay al menos 200 canchas iguales, una junto a otra, un gran parche verde con una vida marina muy abundante y diversa. Puede sonar a ficción, pero estas “canchas” de pasto submarino existen en algunas zonas del norte de Chile.

Las praderas submarinas – o pastos marinos – son plantas acuáticas que se extienden por cientos de kilómetros frente a las costas, ¡incluso algunas praderas pueden ser vistas desde el espacio! Estos pastos constituyen uno de los ecosistemas más productivos del planeta, pero también es uno de los más amenazados. Para evitar su extinción, primero debemos valorar su existencia, entonces…

¿Qué es el pasto marino?

Los pastos marinos evolucionaron desde las plantas terrestres durante el período Cretácico, hace unos 120 millones de años atrás1, adaptándose a la vida submarina. Al vivir bajo el mar, es fácil que los pastos sean confundidos con algas, ¡pero nada más alejado de la realidad! Si bien ambos grupos realizan fotosíntesis, el pasto marino es realmente una planta angiosperma (es decir, una planta que posee flores), y está mucho más emparentado a las plantas terrestres que a las algas. Así, los pastos poseen tejidos complejos y propios de las plantas vasculares, como raíces, tallos, hojas, flores, frutos y semillas; mientras que las algas poseen un cuerpo llamado talo, y sus tejidos y estructuras reproductivas (esporas) son distintos. Gracias a las raíces, los pastos marinos se anclan en el fondo arenoso, asomando las hojas verdes en forma de cinta, muy similar al pasto terrestre, y por eso su nombre.

Existen más de 60 especies de pasto marino distribuidas en las costas de todo el mundo, excepto en las zonas polares. Estas praderas son más comunes en zonas tropicales, donde pueden cohabitar hasta doce especies de pasto marino en una sola pradera. Allí, el pasto se ubica cerca de manglares y arrecifes de coral, generando una gran biodiversidad y un sistema muy característico.

A pesar de que los pastos marinos son menos comunes en zonas templadas, en Chile tenemos la suerte de contar con dos especies que forman grandes praderas: Ruppia filifolia, la cual se encuentra en sistemas menos salinos y de agua dulce, por ejemplo, en Seno Skyring en la región de Magallanes; y Zostera chilensis, ubicada en las costas del norte de Chile. Esta última vive entre 1 y 10 metros de profundidad en dos localidades de la región de Coquimbo (Puerto Aldea e Isla Damas), y en una localidad de la región de Atacama (Bahía Chascos). La cobertura total de las tres praderas se estima en 354 hectáreas, ¡más de 350 canchas de futbol!

¿Importa que en Chile tengamos pasto marino?

Como toda especie, el pasto marino tiene un valor en sí mismo por el solo hecho de existir y cohabitar el planeta con nosotros. Pero, además, estas praderas albergan una gran diversidad de animales y algas que se asocian tanto sobre las hojas como en la base de éstas, lo que permite un aumento de la biodiversidad en el lugar donde estas especies estén presentes. Las hojas muertas del pasto se desprenden y caen, otorgando junto con las raíces, una importante producción de detritos y materia orgánica que será fuente de alimento para invertebrados marinos, peces, aves y tortugas marinas (sí, acá en Chile).

Gracias a la fotosíntesis, los pastos marinos producen grandes cantidades de oxígeno, ¡hasta 10 litros por metro cuadrado al día!2, y por el mismo proceso secuestran carbono que queda depositado en el lecho marino. Las praderas submarinas pueden capturar hasta 83 millones de toneladas métricas de carbono cada año2, denominado carbono azul. Recibe ese nombre puesto que es secuestrado desde la atmósfera y almacenado en diversos ecosistemas marinos, como arrecifes coralinos, bosques de algas y praderas de pasto marino. Es más, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) afirma que estos ecosistemas marinos capturan cinco veces más carbono que los bosques tropicales, una verdadera arma contra el cambio climático que debemos preservar.

¿Recuerdan que los pastos marinos no son algas? Bueno, una de las diferencias más destacables es que las algas, al no poseer raíces, captan sus nutrientes desde la columna de agua a través de todo el talo. En cambio, los pastos marinos absorben la mayoría de sus nutrientes desde el sedimento con las raíces, haciéndolos accesibles a organismos que se encuentran en la columna de agua y que no podrían ocuparlos de quedarse enterrados en el sedimento. Así, los pastos marinos ayudan a la circulación de nutrientes en los ecosistemas marinos.

Las raíces de los pastos marinos también se encargan de atrapar y estabilizar el sedimento marino, lo que mejora la calidad y claridad del agua, y reduce la erosión. Además, junto a las hojas forma una barrera que disminuye la fuerza de las corrientes, protegiendo las zonas costeras. ¡Increíble todo lo que las raíces pueden lograr bajo el mar!

Además de ser hábitat de diversos organismos marinos, como moluscos, erizos, jaibas, peces, rayas, aves playeras, y un largo etcétera, la pradera de Bahía Chascos es fuente de alimento y refugio para la población más austral de tortuga verde (Chelonia mydas), especie en peligro de extinción. Por otro lado, la pradera de Puerto Aldea alberga una población de ostión del norte, principal sustento económico de pescadores artesanales locales.

Sin duda son muchas las razones que hacen del pasto marino un ecosistema muy rico, productivo y relevante para Chile, pero lamentablemente, este ecosistema es uno de los más amenazados del planeta.

Tortuga verde (Chelonia mydas) nadando entre medio del pasto marino. (c) Wikicommons

Amenazas

El pasto marino es muy sensible a la contaminación, y a nivel mundial se pierde el equivalente a dos canchas de fútbol por hora 3. En los últimos 10 años, se ha perdido el 15% de la cobertura de estas praderas, y ya en 2011, un cuarto de todas las especies de pasto marino estaba amenazada o en peligro de extinción3.

La primera causa de desaparición del pasto marino es la contaminación por pesticidas, hidrocarburos, metales y exceso de nutrientes, causados por las actividades industriales, agrícolas y petroleras. Otras amenazas al pasto marino son el aumento de eventos climáticos extremos como marejadas y tormentas, el aumento de la temperatura del océano, algas invasoras, y disminución de depredadores tope, lo que genera un aumento de peces pequeños que depredan sobre el pasto marino.

Y por supuesto, Chile no es la excepción a la regla. Así, la especie Z. chilensis ha sido catalogada como “en peligro de extinción” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN por sus siglas en inglés), una de las organizaciones internacionales más importantes que busca evaluar el estado de conservación y con esto, la salud de la biodiversidad mundial a través de su Lista Roja de Especies Amenazadas.

Y ahora, ¿qué hacemos?

Si las praderas de pasto marino desaparecen, se pierde el hábitat y fuente de alimento de cientos de especies, disminuyendo la diversidad local, además de perderse todos los servicios ambientales que proveen estas praderas. Por último, la desaparición del pasto debería importarnos no solo por su valor ecosistémico, sino también por su valor intrínseco. Perder cualquier especie en el planeta es una tragedia, una que tristemente alcanzamos con bastante facilidad.

Mantener una buena calidad de las aguas costeras y minimizar el impacto humano son factores críticos para la conservación del pasto marino, por lo que se hace necesario y urgente el diseño de estrategias y planes de manejo que prevengan daños en estas comunidades tan importantes del norte de Chile. Según las “Pautas de manejo para impactos ambientales en pastos marinos”4, un plan de manejo para las praderas debe considerar tres componentes principales: 1) investigación científica para poder identificar y dar respuestas específicas a las problemáticas que enfrentan; 2) desarrollo e implementación de políticas y un marco regulatorio específico; y 3) educación ambiental que aporte información, orientación y modifique patrones de conducta que contribuyan a cuidar estos ecosistemas. Lamentablemente, en Chile no hemos realizado los esfuerzos suficientes en ninguno de los tres componentes.

Aún falta muchísima información sobre las praderas chilenas, por ejemplo, no sabemos cuál es su tasa de crecimiento, distribución total, si ha disminuido su cobertura, o cuál es su rango de tolerancia a los contaminantes u otros factores ambientales. Esto es particularmente necesario en el norte del país, donde la contaminación por metales pesados ocurre de forma natural, pero también por la presión minera. Para ejemplificar, a menos de 10 km de Bahía Chascos hay más de cinco minas y plantas procesadoras5. Además, en este momento se encuentra en calificación el proyecto termoeléctrico Andes LNG6, que incluirá una terminal termoeléctrica en la misma bahía.

Sin la información científica adecuada, difícilmente se podrán hacer planes de manejo que promuevan la conservación de estas praderas. Sin embargo, no podemos quedarnos de brazos cruzados esperando voluntad científica y política, todos podemos involucrarnos y aportar con la puesta en valor de estos ecosistemas marinos.

Las praderas submarinas se encuentran tan amenazados como los arrecifes de coral, y son tan productivos como los bosques tropicales. Son ecosistemas muy valiosos en nuestras costas, y debemos conocerlos, valorarlos y protegerlos.

Estrella de mar en pradera submarina (c) Marko Tabak

Foto Portada: Anémonas entre medio del pasto marino en Bahía Chascos, Chile (c) Catalina Velasco

REFERENCIAS

[1] Wissler L, F Codoñer, J Gu, et al. (2011). Back to the sea twice: identifying candidate plant genes for molecular evolution to marine life. BMC evolutionary biology, 11(1), 8.

[2] Reynolds, P. Smithsonian. Ocean. What are Seagrasses? A plant, not a seaweed. [en línea] https://ocean.si.edu/ocean-life/plants-algae/seagrass-and-seagrass-beds

[3] Short F, Polidoro B, Livingstone S, et al. (2011). Extinction risk assessment of the world’s seagrass species. Biological Conservation 144: 1961–1971.

[4] Compeán-García O, E Rivera-Arriaga & G Villalobos. (2008). Pautas de manejo para impactos ambientales en pastos marinos. Jaina 19(1): 62-79.

[5] Datos obtenidos del Atlas de Faenas Mineras, SERNAGEOMIN 2011.

[6] informe del proyecto en el SEIA: http://seia.sea.gob.cl/expediente/ficha/fichaPrincipal.php?modo=ficha&id_expediente=2131608818

 

 

 

 

Courtney Mattison (1985) fue criada en la ciudad de San Francisco, pero actualmente vive y trabaja en Los Ángeles, Estados Unidos. Esta artista visual también estudió biología y ha sido reconocida por sus esculturas cerámicas inspiradas en la frágil belleza de los arrecifes de coral. Esto con el objetivo de inspirar al público para conservar […]

Courtney Mattison (1985) fue criada en la ciudad de San Francisco, pero actualmente vive y trabaja en Los Ángeles, Estados Unidos. Esta artista visual también estudió biología y ha sido reconocida por sus esculturas cerámicas inspiradas en la frágil belleza de los arrecifes de coral. Esto con el objetivo de inspirar al público para conservar y preservar estos ecosistemas que hoy están siendo gravemente afectados por la contaminación marina, la sobrepesca y el cambio climático. La obra genera una interesante reflexión entre el uso del material escogido y la temática central, ya que los unen su delicadeza y la facilidad con que pueden fragmentarse.

En su serie de obras tituladas Our Changing Seas («Nuestros Océanos Cambiantes») Courtney ha creado piezas únicas modeladas con dedicación y pulidas con lujo detalle, logrando una gran semejanza a las mismas estructuras de los arrecifes. Éstas destacan por sus vibrantes colores y asertivas formas, relieves y texturas que atrapan tanto por su dinamismo, como también realismo. La obra se apropia del espacio, rompiendo el esquema de la escultura tridimensional, ya que el montaje del coral es a la pared, lo cual hace que el espectador vea, frente a sí mismo, la obra sobresaliendo del plano bidimensional y pueda apreciar los detalles de la composición de cada arrecife.

Utiliza una gran variedad de colores que, a medida que la obra crece, van perdiendo fuerza  hasta llegar al color blanco, reflejo de un proceso que hoy se ha acelerado y que afecta a la mayoría de los corales en el mundo llamado “Blanqueamiento de Corales”.  Por esta razón que su trabajo es un llamado urgente a la acción, planteando un escenario negativo. Sin embargo también nos da esperanza, ya que como podemos percibir en sus esculturas, hacia el centro de la obra aún se mantienen los corales con vida.

Detalle de «Our Changing Seas III». © Arthur Evans.

En su declaración de artista (Artist Statement) Courtney afirma:

Como escultora y activista por los océanos, creo que el arte impacta en nuestras emociones y puede llevarnos a valorar el planeta azul en que habitamos, algo que los datos científicos a veces no pueden lograr. Protegemos lo que nos importa, y nos importa lo que conocemos. El arte puede hacernos ver la belleza y la destrucción de los corales, y así inspirarnos a proteger los océanos.

El trabajo de Courtney ha viajado por el mundo y busca incidir en políticas públicas, generando medidas concretas para la conservación de estos ecosistemas. Por esto que también trabaja en alianza a Mission Blue, una iniciativa de Sylvia Earle para inspirar la creación de una red de áreas marinas protegidas alrededor del mundo, las cuales son nuestra única fuente de esperanza frente a este panorama muchas veces desolador. “¿Será que los corales están condenados a desaparecer en el olvido, o vamos a permitir que se recuperen para recuperar su vitalidad?”, pregunta Courtney.

Courtney Mattison parada frente a «Our Changing Seas III» © Arthur Evans

 

El Bosque Salmón

En ecología, la complejidad de la vida ha sido siempre de gran interés, pero enorme misterio. Hoy en día estamos en tiempos donde ideas que intentan entender el por qué de la complejidad de la vida abundan: teorías de redes, sistemas adaptativos complejos, panarquía, ecosistemas interconectados, autorregulados y caóticos, entre tantos otros marcos científicos. Estos […]

En ecología, la complejidad de la vida ha sido siempre de gran interés, pero enorme misterio. Hoy en día estamos en tiempos donde ideas que intentan entender el por qué de la complejidad de la vida abundan: teorías de redes, sistemas adaptativos complejos, panarquía, ecosistemas interconectados, autorregulados y caóticos, entre tantos otros marcos científicos. Estos proponen visiones holísticas de la naturaleza que buscan llevarnos un paso más allá para entender las maravillosas y caóticas dinámicas naturales, tan sofisticadas y delicadas. Personalmente, y siendo un convencido de esa fascinante complejidad natural, mucha de esta teoría profunda de ecología me suele resultar dificilísima de visualizar; no logro completamente percibirla, y así quedo tranquilamente condenado a tan solo maravillarme energéticamente con la belleza del bosque, y ese monumental árbol abuelo que suele sostener a tantos otros.

 Comienzo con esta pequeña reflexión, para trasladarme a una instancia de arduo trabajo de campo realizado el verano del 2016. Fue una experiencia en donde se me juntaron las dos partes del cuadro: la metódica, profunda y transversal ciencia con eso mágico e instintivo de la naturaleza. En esta instancia pudimos observar y registrar cadenas entrelazadas, esas partes específicas del sistema que resuenan en todas las otras.

(c) Gabriel Orrego

Nos fuimos a la locación de Bella Bella en los archipiélagos de Columbia Británica, esos que colindan con Alaska, hasta “El bosque salmón”. Hogar de osos albinos contrastados por los mil verdes. Mar de fiordos con oscilaciones tan marcadas de las mareas altas y bajas, que llegan a cambiar por completo el paisaje y sus colores.

 Cada otoño temprano, cuando la actividad ecosistémica pareciera ir apagándose, inmensurables corridas de salmones vuelven a sus esteros natales, al “bosque salmón”. Lo sorprendente es la consecuencia de esto: desde el mar, a los fiordos, a los ríos, a los esteros, este flujo marino nutre los bosques. El cuerpo del salmón llega a integrarse al suelo del bosque, cambiando su química para cumplir un rol crucial en el óptimo funcionamiento y sobrevivencia de ese verde esplendor. Con los científicos Allen Larocque, Huamani Orrego y Suzanne Simard nos fuimos a estudiar cómo esos salmones llenos de mar llegan al bosque en boca de osos, lobos, y águilas, se funden en el suelo y se distribuyen a través de la red de micorrizas para así, nutrir los inmensos árboles con elementos esenciales provenientes desde el lejano fondo marino. De esta forma, el salmón actúa como un animal conector de ecosistemas marinos y terrestres.

(c) Gabriel Orrego

Del océano al bosque: dinámicas entre ecosistemas del bosque salmón

En estas regiones del mundo aparecen cinco especies de salmones. Todas nacen en agua dulce y luego bajan por los cursos hacia el Océano Pacífico, en donde pasan la mayoría de sus vidas adultas. Muy alejados y dispersos en el inmenso mar, les nace de pronto una fuerza instintiva imparable por reproducirse y les urge la necesidad de terminar sus vidas en aguas dulces. Suben decididos a su río o estero natal, a desovar su descendencia para luego morir e integrarse al bosque1.

Es de lo mas increíble y misterioso que estos animales sean capaces de encontrar el estero en donde nacieron, luego de vivir tan lejos, a miles de kilómetros en el inmenso Océano Pacífico. Parecidos a las tortugas y las ballenas, de las que se dice que miran las estrellas y perciben los campos magnéticos para navegar los océanos; o las mariposas monarca, que nacen en tres árboles, cruzan norte América y se juntan para formar huracanes. Se plantea que los salmones son capaces de percibir los sedimentos de sus esteros natales. Guiados por componentes que les parecen familiares en un inmenso mar, logran distinguir entre cientos de miles de cursos de agua dulce, los minerales y esencias particulares que acarrean sus esteros de origen2,3.

Esquema simple de las dinámicas del bosque salmón. (A) Llegada de salmones, (B) Consumo de peces por depredadores, (C) Descomposición restos del salmón y su absorción por las plantas (D) Crecimiento del bosque por nutrientes marinos, (E) enriquecimiento de los esteros por materia orgánica de los bosques.

Las corridas de salmones son a magnitud de millones4. Estamos hablando de toneladas de peces, altos en grasa y proteínas que se transforman en crucial alimento directo para mamíferos, aves, anfibios, artrópodos, entre otros organismos del bosque. Al menos 117 especies contabilizadas, pero muchas otras más indirectamente5, como por ejemplo hongos y plantas. El cuerpo del salmón es transportado por animales hacia el interior del bosque, donde sus restos ricos en nitrógenos llegan a quemar el musgo. La descomposición da paso y, simplificados, infiltran los nutrientes. En esos suelos orgánicos de bosques dominan de forma ubicua las ectomicorrizas, capaces no solo de asociarse simbióticamente con los árboles, sino que también de actuar como saprobios (descomponedores de materia orgánica). Así, algunos elementos limitantes provenientes del mar trasportados por el salmón son extensa y eficientemente distribuidos por la red de micorrizas hasta herbáceas, arbustos y árboles lejanos.

En esta investigación nos tocó subir por los esteros, buscando encontrar los caminos de osos para llegar a muestrear el suelo de sus camas en donde se comen el salmón.

Se detalla cómo el nitrógeno contenido en los restos del cuerpo del salmón llega a quemar las plantas del suelo de los bosques (c) Gabriel Orrego

A pesar de la abundancia de vida de estos bosques, estos ecosistemas son relativamente nuevos. Hace menos de 10 mil años los hielos cubrían toda superficie de estos territorios. Esto quiere decir que esos suelos de origen glacial son relativamente jóvenes, bastantes superficiales y casi netamente orgánicos. Por lo tanto, algunos de los minerales cruciales para el buen funcionamiento de las plantas y del resto del ecosistema son limitantes en estos suelos. Así, los salmones importan minerales limitantes activamente desde el mar, y fertilizan con lo necesario para que se mantenga sano este sistema.

El árbol mas grande e imponente de estos bosques es el Sitka spruce (Picea sitchesis), con ejemplares que alcanzan hasta 90 metros de altura. Se ha medido que el nitrógeno que contiene uno de estos grandes individuos está compuesto de hasta un 24% de origen marino6. Estas magnitudes son tan significativas que pone en evidencia el efecto clave que las corridas de salmones tienen sobre el buen funcionamiento de estos bosques.

Un bosque sano a su vez retroalimenta el desarrollo óptimo de los salmones, pues afecta positivamente la calidad del estero al proveerle suficiente sombra, sedimentos, filtración de nutrientes y componente estructurales como troncos caídos. Así, los salmones obtienen las condiciones óptimas para desovar y para el desarrollo de las siguientes generaciones; mientras que el bosque cuenta con la crucial importación anual de nutrientes marinos.

(c) Gabriel Orrego

Cómo el bosque nos revela los procesos

 Para medir las magnitudes de nutrientes que aportan los salmones al bosque, se utilizan las propiedades de los isótopos estables, elementos naturales que tienen diferente número de neutrones que los hacen más pesados o livianos que otros análogos. El isótopo de nitrógeno 15 (N15) abunda en el mar en comparación con los bosques; por lo tanto, éste puede ser rastreado en alta resolución, siguiendo su camino desde: el cuerpo del salmón, a través de sus depredadores terrestre, en el micelio de un hongo del bosque y hasta en la hoja de la punta del árbol más alto7. Todos los componentes del bosque que de alguna forma reciben nitrógeno marino muestran una firma isotópica enriquecida en N15 que es distinguible. Además, el N15, al ser mas pesado que el N14, se va quedando acumulado secuencialmente en los distintos componentes ecosistémicos. Así, por ejemplo, la diferencia entre N15 del hongo (que está más enriquecido en N15) y la planta (más empobrecida), nos permite estimar qué porcentaje del nitrógeno del árbol ha sido traspasado a través del hongo micorrízico8. Los isótopos estables son una técnica muy valiosa con una infinidad de aplicaciones y particularmente en ecología, permiten visualizar procesos imperceptibles a nuestros ojos

Los árboles de estos bosques primarios pueden vivir cientos hasta miles de años, por lo tanto, estos seres son testigos inter-generacionales del territorio. La dendrocronología (del griego dendro: árbol, jrónos: tiempo, lógos: estudio) nos permite reconstruir tal historia. Esta ciencia estudia los anillos de crecimientos al interior de los troncos de los árboles. Cada anillo significa un año, y el ancho de ese anillo, casi siempre, se va a relacionar con las condiciones climáticas en donde crece este árbol. Así, individuos añosos nos permiten retroceder en el tiempo y analizar eventos del pasado que han influido en su crecimiento. Con esta información podríamos por ejemplo estimar cuál fue la temperatura promedio del sitio, el año que llegó Colon a América, o la frecuencia de incendios y erupciones volcánicas que han ocurrido en la zona.  Aterrizando la dendrocronología al “bosque salmón”, existen fascinantes investigaciones que han estado midiendo el contenido de N15 en los anillos de árboles ancianos, pudiendo estimar la magnitud de las corridas de salmón en años anteriores, de los cuales no se tienen registros. Todo ese flujo de nutrientes marino registrado en la historia de los árboles9. La dendrocronología es una técnica alucinante, que nos revela el pasado a través de los árboles ancestrales.

El bosque salmón hoy

El bosque salmón está siendo amenazado. Hay evidencia de que este intercambio de nutrientes entre sistemas ha sido altamente perturbado. Indígenas de la zona sostienen que los cedros rojos (Thuja plicata) están enfermos. Hace décadas, las pesqueras han desabastecido esos mares, transformando además el territorio. Se ha interrumpido las corridas de salmones, desencadenando entonces traumas ecosistémicos, muchos de ellos aún por descifrar. Se plantea que si se mantienen las bajas en las corridas del salmón, se originará un déficit nutritivo en el “bosque salmón”10.

El salmón es una especia clave de estos ecosistemas, con un rol crucial que retumbe substancialmente en el buen funcionamiento de los bosques milenarios. Las nuevas técnicas de investigación nos han permitidos comprender la extensión en que este flujo marino penetra y nutre los bosques, y cuantificar así el impacto que las actividades humanas actuales les acarrea. Es necesario adoptar una nueva perspectiva de la conectividad que existe entre sistemas, para así comprender que las barreras naturales no siempre se adscriben a nuestros límites visuales, y sobretodo, reformular cómo el humano da uso a los ecosistemas naturales.

 

Foto de portada: (c) Gabriel Orrego

 

Referencias

  1. Groot C, Margolis L. (1991). Pacific salmon life histories. UBC press.
  2. Dittman A, Quinn T. (1996). Homing in Pacific salmon: mechanisms and ecological basis. Journal of Experimental Biology, 199(1).
  3. Ueda H, Kaeriyama M, et al. (1998). Lacustrine Sockeye Salmon Return Straight to their Natal Area from Open Water Using Both Visual and Olfactory Cues. Chemical Senses, 23(2): 207–212.
  4. Quinn TP. (2018). The behavior and ecology of Pacific salmon and trout. University of Washington press.
  5. McAllister I. (2014). Great Bear Wild: Dispatches from a Northern Rainforest. Greystone Books.
  6. Reimchen TE, Fox CH. (2013). Fine-Scale Spatiotemporal Influences of Salmon on Growth and Nitrogen Signatures of Sitka Spruce Tree Rings. BMC Ecology 13 (1): 1–13.
  7. Hocking MD, Reimchen TE. (2002). Salmon-Derived Nitrogen in Terrestrial Invertebrates from Coniferous Forests of the Pacific Northwest. BMC ecology, 2(1): 4.
  8. Hobbie EA, Högberg P. (2012). Nitrogen Isotopes Link Mycorrhizal Fungi and Plants to Nitrogen Dynamics. New Phytologist 196 (2): 367–82.
  9. Gregory‐Eaves I, Smol JP, et al. (2003). Diatoms and sockeye salmon (Oncorhynchus nerka) population dynamics: Reconstructions of salmon-derived nutrients over the past 2,200 years in two lakes from Kodiak Island, Alaska. Journal of Paleolimnology, 30(1): 35–53.
  10. Gresh T, Lichatowich J, Schoonmaker P. (2000). An Estimation of Historic and Current Levels of Salmon Production in the Northeast Pacific Ecosystem: Evidence of a Nutrient Deficit in the Freshwater Systems of the Pacific Northwest. Fisheries, 25(1): 15–21.

 

 

Las riquezas marinas: tan apetecidas y tan poco comprendidas

El océano cubre más del 70% de nuestro planeta, y de él obtenemos inmensas riquezas que no siempre estamos conscientes. María Isidora Ávila, candidata a doctora en ecología, nos comenta sobre cómo una visión comunitaria de los organismos marinos es vital para que tales riquezas nos sigan acompañando.

Los océanos son el ecosistema más grande de la tierra, y son vitales para mantener la biodiversidad en nuestro planeta. Desde los océanos, se evapora la mayor cantidad de agua que contribuye al ciclo del agua en el planeta. Además; ayudan a regular la temperatura y minimizar los efectos del cambio climático, ya que capturan dióxido de carbono (gas de efecto invernadero que aumenta la temperatura del planeta) y producen más del 50% del oxígeno que respiramos (Harris 1986).

Los océanos también son vitales para la especie humana. De ellos proviene, por lo menos, una sexta parte de las proteínas animales que las personas consumen (FAO 2016); y es el principal sustento nutricional (pesca por subsistencia) y económico de pequeñas caletas. 

Banco de peces © Sebastian Pena Lambarri

Todos los beneficios que el océano le provee a la especie humana han producido que, desde tiempos antiguos, el hombre explote los ecosistemas marinos. Esta explotación fue evolucionando desde la simple recolección manual hasta el uso de herramientas más sofisticadas, tales como como lanzas y pequeñas embarcaciones. En aquellos tiempos, el número de personas que poblaban el planeta, y en consecuencia el número de bocas que alimentar, permitían que la explotación fuese sostenible. No obstante, a partir de la Revolución Industrial, la población humana y la economía comenzó a crecer exponencialmente, lo que permitió el desarrollo de nuevas innovaciones y la industrialización de las pesquerías, aumentando su eficiencia. Así, hoy en día la intensificación de la pesca ha llegado a magnitudes tan altas, que la alteración de los ecosistemas marinos no tiene precedentes, y estos ecosistemas se han transformado en menos productivos, menos predecibles y en donde la recuperación de la pesquería es más difícil.

Actualmente, la sobreexplotación de especies de interés alimenticio es la principal causa de pérdida de biodiversidad en los ecosistemas marinos (WWF 2018). En el 2010, más del 60% de las especies explotadas se encontraban agotadas o colapsadas (Worm 2016). Es decir, la pesquería extrajo más organismos de los que una misma especie es capaz de producir para recuperar o mantener su abundancia (cuánto hay). De seguir con las mismas estrategias de explotación; se espera que, de aquí al 2050, el colapso de las especies aumente al 90% (Costello et al. 2016). En Chile la situación no es muy diferente, ya que más del 60% de las pesquerías están colapsadas (Sernapesca 2018). Estas cifras son alarmantes, y dejan en evidencia que la forma en la que se maneja la explotación de las especies es inapropiada e ineficiente. Por lo tanto, es urgente comprender y mejorar las formas en las que nos beneficiamos de los océanos. 

Si queremos seguir contando con las inmensas funciones de nuestros océanos, tenemos que ser conscientes de que las especies no están solas y que el entendimiento de sus interacciones es vital para mantener los ecosistemas saludables.

Tradicionalmente, el manejo de las especies que están sujetas a explotación humana se basa sólo en la medición de su abundancia. El problema con esta técnica es que ignora que los ecosistemas son complejos, y que la abundancia de cualquier especie presente en una comunidad no sólo depende de sí misma, sino que también de cómo se relaciona con otras especies, a través de redes de interacciones ecológicas. Por ejemplo, si un tiburón se come a un pez, significa que esas dos especies están relacionadas por lo que se denomina una interacción trófica. Además, existen otros tipos de relaciones que no tienen que ver con quien se come a quien (interacciones no tróficas). Por ejemplo, algunas especies, como los bosques de macroalgas o kelps, proveen de refugio y/o zona de anidamiento a muchos otros organismos de la comunidad. Entonces, la extracción de una especie podría dejar sin comida y/o sin hogar a otras especies, produciendo efectos muy negativos en la comunidad y que no se observan fácilmente de evaluar al tan sólo al organismo que pescamos.

La extracción de organismos produce entonces efectos tanto directos (en la especie que se está removiendo) como indirectos (en la red de interacción). Entre los efectos directos, además de disminuir la abundancia de la especie que está siendo extraída, las pesquerías seleccionan a los organismos más grandes para el consumo, dejando libres en la población justo a los individuos más pequeños y jóvenes, encargados de mantener la reproducción de la especie (la producción de nuevos organismos). Esta selección produce entonces que los organismos que nacen sean más pequeños, y que la siguiente pesca se necesiten extraer más para alcanzar la misma cantidad de pesca. Un ejemplo de esto es la Sardina y la Anchoveta, donde cada año los organismos son más pequeños. Estos cambios son capaces de propagarse por la red mediante las interacciones, generando los efectos indirectos. Tal propagación podría generar un aumento o disminución en la abundancia de las especies que no son explotadas, cambios en el número de especies y/o en las especies que componen la red.

Para poder ejemplificar todos estos procesos, utilicemos un ecosistema básico esquematizado en la Figura 1, en donde aparece un sistema relativamente sencillo de un litoral rocoso, en su estado natural (A) y luego de ser perturbado por la pesquería (B). Allí, los pescadores hicieron desaparecer a la nutria, principalmente al capturarlas para vender de su piel (Valqui 2012). No obstante, vemos cómo luego de esta decisión, la red pierde dos especies (la nutria y los tiburones, que dependían de la nutria), además de ver disminuciones significativas en la abundancia de siete de las doce grupos de especies que se grafican en la red (coloreadas en gris en B), incluidos los peces e invertebrados que se querían pescar. Notamos también un cambio importante en la estructura de la comunidad, al pasar de ser un bosque de kelps a un sistema rocoso, pues la nutria era quien mantenía en control poblacional a los erizos (que aparecen ahora en B con mucha más abundancia). Así, en ausencia de nutrias y mayoría de erizos, estos últimos consumieron hasta agotar los bosques de algas.

Figura 1. Esquema comparativo de una red trófica sin (A) y con (B) pesca sobre la nutria de mar. Los dibujos representan grupos de especies, y las flecha determinan interacciones tróficas. En gris y con flechas punteadas se reflejan los grupos de especies que disminuyeron su abundancia por efecto de la desaparición de la nutria.

Queda así en evidencia cómo las interacciones entre especies y/o su intensidad se modifican enormemente con la remoción o impacto de una especie, el cual es imposible de predecir sin hacer un análisis comunitario. Detectar el cambio de las intensidades de la red comunitaria luego de una remoción puntual puede llegar a ser muy difícil de analizar, pues los efectos, como vimos, se expanden más allá de las especies que están directamente relacionadas (erizos y tiburones, en nuestro ejemplo de la nutria). Por lo tanto, es necesario entender y aceptar que la pesquería produce múltiples efectos en la red de interacción, pudiendo transformarlas en redes más vulnerables con menos abundancia y número de especies, así como también alterar la comunidad y el entorno físico.

Sin duda la pesquería juega un rol importante en las especies que extraen y en la red de interacción, y es evidente que no podemos ignorar el rol de las interacciones dentro del manejo de los recursos. Pese a esto, aún existe un desbalance entre el conocimiento de los efectos que la pesca produce en las especies que son explotadas versus los efectos que se producen en la red de interacción, ya que construir redes que representen a las comunidades naturales no es una tarea fácil, y es un importante desafío para los ecólogos. Mientras tanto, si queremos seguir contando con las inmensas funciones de nuestros océanos, tenemos que ser conscientes de que las especies no están solas y que el entendimiento de sus interacciones es vital para mantener los ecosistemas saludables. Entretanto, las pequeñas acciones que podemos hacer en contraposición se asocian a evitar comprar pescados y mariscos que se encuentran en veda (etapas temporales de reproducción de las especies) y/o comprar sólo aquellos que cumplen con los tamaños mínimos de pesca. De esta forma, todos podemos aportar con un pequeño grano de arena.

Referencias

Costello C., D. Ovando, T. Clavelle, K. Strauss, R. Hilborn, et al. 2016. Global fisheries prospects under contrasting management regimes. Proceedings of the National Academy of Science 113: 5125 – 5129

FAO. 2016. El estado mundial de la pesca y la acuicultura 2016. Contribución a la seguridad alimentaria y a la nutrición para todos.

Harris GP (1986) Phytoplankton ecology: structure, function and fluctuation. Springer, Berlin

Sernapesca. 2018. Estado de la situación de las principales pesquerías chilenas, año 2017.

Valqui, J. 2012. The marine otter Lontra felina (Molina, 1782): A review of its present status and implications for future conservation. Mammalian Biology-Zeitschrift für Säugetierkunde 77.2: 75-83.

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Imagen de portada: © Riddhiman Bhowmik

Desde pequeña, Catalina Polette ha sentido atracción por el mar. Vivir en la costa de Chile le ha permitido comprender la importancia de este gran ecosistema acuático, así como la necesidad de comunicar su actual degradación. Así, su curiosidad por el océano cobró forma hace algunos años, cuando Catalina comenzó a interesarse por la cerámica. […]

Desde pequeña, Catalina Polette ha sentido atracción por el mar. Vivir en la costa de Chile le ha permitido comprender la importancia de este gran ecosistema acuático, así como la necesidad de comunicar su actual degradación. Así, su curiosidad por el océano cobró forma hace algunos años, cuando Catalina comenzó a interesarse por la cerámica.

Rápidamente aprendió a utilizar el torno y modelar, haciendo inicialmente piezas utilitarias, practicando la sutileza y el detalle. Hace tres años inició su propio taller. Estuvo algunos meses creando piezas utilitarias, hasta que se dio cuenta que aquello no era lo suyo, necesitaba algo más. Así, comenzó a reflejar su pasión por el mar en sus obras, y surgió OCÉANO, una serie de mega esculturas marinas que buscan generar conciencia sobre el estado del mar. 

Erizo real comparado con escultura de erizo ©Camila Polette

¿Nos puedes contar sobre tu proceso de trabajo?

Primero hago una recolección de conchas, corales o investigo que especie marina quiero crear. Según los colores que tenga el ser que elegí, decido el color de arcilla que voy a utilizar, después empiezo con la forma en general, sin tanto detalle, solo haciendo la estructura.

Luego viene lo más entretenido, los detalles; surcos, texturas, cada pequeño detalle que tienen estas extrañas criaturas del mar. Cuando tengo lista mi pieza, la dejo secar y luego la introduzco a un horno a 850°. Después viene el proceso de esmaltado, donde hago mis propios esmaltes, hago pequeñas pruebas para ver el resultado de los colores y ver cuál es el que necesito utilizar.

Cuando tengo la escultura con los colores necesarios, vuelve a ingresar al horno a una temperatura de 1.250°. Es un proceso lento y meticuloso, pero apasionante. En general, el proceso de modelado, la elaboración manual de la pieza, me permite dar forma y sentir la arcilla con mis manos. El resultado final siempre es especial, cada pieza es única, como la especie que representa.

Pinza de jaiba (2017) ©Camila Polette

El mar y sus criaturas están fuertemente presentes en tus obras, ¿por qué escogiste el mar como fuente de inspiración?

El mar siempre me ha causado admiración, respeto y hasta un poco de miedo. Gran parte de mi vida he vivido en la playa, tengo un vínculo muy grande con el océano, el cual me ha enseñado a ver las cosas con otra perspectiva. No escogí el mar, solo abrí los ojos y miré a mi alrededor donde me encontré con un mundo intrigante, el cual decidí conocer e investigar.

El tamaño de los seres que creas es llamativo; estrellas de mar gigantes, enormes pinzas de jaiba y ostiones gigantescos, entre otras criaturas, ¿las dimensiones exageradas de tus cerámicas tienen algún motivo especial?

La exaltación de los tamaños naturales en mis esculturas, refleja los misterios que se esconden bajo el océano. Me gusta dar espacio a la fantasía. El mar es inmenso, profundo y oscuro, está repleto de texturas, colores y tamaños que pueden ir mucho más allá de lo habitual. Me encanta imaginar que en algún lugar de esas profundidades habitan seres del tamaño de mis esculturas.

Ostión (2018) ©Camila Polette

¿Tiene alguna relación tu obra con generar conciencia sobre el estado de los océanos?

Sí, hay que tomar cartas en el asunto por cuenta propia, para hacer un cambio efectivo tenemos que cambiar la cultura de consumo de plástico y reducir su contaminación. El plástico está en todas partes y nunca se biodegrada, solo se va haciendo más pequeño. Como también el aumento de la temperatura, la sobrepesca, el ruido, el vertimiento de residuos industriales, los derrames de petróleo, y tantas otras cosas más.

Espirales, especies de moluscos marinos (2018) ©Camila Polette

¿Cuáles son las fuentes de inspiración para tu propuesta formal, como surge una nueva pieza?

Mi obra nace de un vínculo personal con el mar y de la intención de generar conciencia respecto al cuidado de los seres que lo habitan. Sin embargo, mi trabajo es tan espontáneo que cada pieza surge después de un día de caminata por la playa, de recolección de conchas, o solo mirar el mar. Elijo que ser le toca hoy ser interpretado en cerámica y me pongo manos a la obra.

¿Está tu trabajo ligado a la conservación de alguna especia marina en particular?

Uno de mis objetivos es, a través del arte, comunicar la necesidad de proteger los océanos. Más que una especie en particular, mis creaciones están ligadas a hacer conciencia sobre el mundo marino en general, de todas las especies que habitan en él y en el cuidado de cada una, en cuidar el mar y tener respeto.

Catalina trabajando en su taller de cerámicas ©Camila Polette

Erizo (2018) ©Camila Polette

Desde que tiene memoria, Daniela Garreton siempre ha estado muy ligada al arte y el mar. Estudió en un colegio Waldorf en que se motivaba mucho a los niños a expresarse a través de la creatividad. Luego, en la universidad cursó la carrera de diseño, donde conoció a su actual pareja, quien compartía su pasión por […]

Desde que tiene memoria, Daniela Garreton siempre ha estado muy ligada al arte y el mar. Estudió en un colegio Waldorf en que se motivaba mucho a los niños a expresarse a través de la creatividad. Luego, en la universidad cursó la carrera de diseño, donde conoció a su actual pareja, quien compartía su pasión por el mar. Al finalizar la carrera, él se fue a estudiar a Alemania, por lo que el año 2006 Daniela decidió hacer sus maletas y partir a la universidad de arte en Hamburgo. Tras estudiar en Alemania, ambos decidieron mudarse a la ciudad de San Sebastián, en el País Vasco, donde ahora viven juntos.

Los primeros meses Daniela no tenía permiso de trabajo, así que empezó a dibujar como pasatiempos. Por casualidad, se enteró de un concurso en The Food Network de recetas navideñas ilustradas, donde participó con una receta de «Pan de pascua». Grande fue la sorpresa de la joven ilustradora al, entre más de 900, ganar el primer lugar. El premio de 1.000 dólares le permitió armar un buen arsenal de lápices y colores. Luego construyó un pequeño estudio en casa y comenzó a pintar marineros como si no hubiera mañana.

Estudio de Daniela Garreton.

A los pocos meses Daniela realizó su primera muestra en una pequeña galería de la ciudad. Por casualidad la vio el museólogo del Aquarium, uno de los mas importantes museos de Europa, quien luego contactó a Daniela para ofrecerle la galería del renombrado museo para hacer una exposición.

Tras seis meses de intenso trabajo, en febrero de 2012 inauguró su primera exposición llamada «ALAMAR», su entrada oficial en el mundo del arte. Conversamos con Daniela, quien nos contó detalles de su obra, la influencia del mar en su trabajo y la importancia del vínculo entre arte y conservación.

©Daniela Garretón

¿Cómo influyen Chile y el País Vasco en tu obra?

Chile es mi tierra natal, ademas de un país con una costa que parece interminable. Tengo mis primeros recuerdo en la playa de Horcón con mi hermana pequeña y mi madre, recolectando conchitas, jugando en el mar y esa sensación de libertad de estar en el agua. Mi madre era muy amiga de un pescador al que recuerdo con mucho cariño, el Juanulo, con sus cejas negras y su piel curtida por el sol, nos llevaba a pescar en su bote y nos contaba historias fantásticas del océano. Me acuerdo también de mis viajes a Chiloé y cuando escuché por primera vez la historia de La Pincoya, quedé obsesionada, una mujer reinando las profundidades del mar, controlando la abundancia de la pesca, ayudando a los náufragos, era una criatura fantástica.

Cuando me vine a vivir al País Vasco fue imbuirme de cabeza en la cultura marítima, aquí se respira la sal, es un pueblo que vive en torno al mar y han sido grandes navegantes. Elkano fue el primer marinero en dar la vuelta al mundo. Los vascos jamas invadieron otras tierras, pero en el mar eran los más grandes. Aquí en Donosti fue donde uní mis dos pasiones, el arte y el mar. Mi mayor influencia ha sido sin duda el océano, ya sea Pacífico o Atlántico o cualquier otro. Al fin y al cabo todos los océanos son uno.

©Daniela Garreton

El mar y un imaginario de marineros, gaviotas, peces y puertos, se encuentran presentes en casi toda tu obra, ¿cuál es el motivo? ¿Es solo un estilo o tiene algún significado más profundo para ti?

Creo que en el arte, si uno sólo se queda en el estilo, el resultado puede ser visualmente agradable, pero es difícil que genere un sentimiento en el espectador. Es importante que exista una coherencia, un vínculo emocional entre la inspiración y el resultado final. El mar me apasiona, además de ser un elemento fundamental en mi vida, es algo que vivo y experimento a diario. El mar es el origen de la vida y a través de mi arte busco generar esa sensación, esa conciencia de respetar y proteger el mar.

El marinero en particular representa el arquetipo del viaje del héroe; es ese personaje que se aventura en lo desconocido, enfrentando las distintas pruebas a las que lo somete su travesía, que se ha hecho más sabio y más digno de admiración tras regresar a puerto luego de vencer sus miedos. Mis marineros suelen encarnar en su imagen el rastro de sus aventuras: evidencian el paso del tiempo en sus barbas, sus rostros ajados curtidos por el sol y la sal, capaces de leer a la mar con solo una mirada.

©Daniela Garreton

¿Cuál es tu relación con el mar? ¿Por qué escogiste el mar como fuente de inspiración?

Desde el comienzo de la vida, flotando en el liquido amniótico, tenemos una relación muy atávica con el agua. Para mí, el mar es una terapia, estar a merced de sus olas te obliga a estar en el presente, en armonía con un océano que conecta todo el planeta. Es algo muy ancestral, el «reflejo de inmersión», algo que compartimos todos los mamíferos y que es casi mágico.

Las respuestas fisiológicas unas vez que nos sumergimos son impresionantes, el organismo se adapta para permanecer más tiempo bajo el agua con distintos mecanismos, por ejemplo disminuyendo el ritmo cardíaco, ¡lo mínimo que se ha registrado practicando apnea han sido 14 o 15 latidos por minuto! No creo que haya escogido conscientemente el mar como fuente de inspiración, creo que la inspiración no se escoge, es algo que se siente, una fuerza muchas veces inexplicable.

©Daniela Garreton

¿Quiénes son tus referentes en Chile y el extranjero?

De Chile me gusta mucho el trabajo de Catalina Bu y de España dos ilustradoras muy intensas, Carla Fuentes y Maria Herreros.

¿Cómo lidias con el tiempo en internet que destinas a difundir tu arte, tu obra y tu vida misma?

Es complicado el tema de redes, se puede perder mucho tiempo. Todavía no tengo un método muy organizado o un ritmo. Posteo cuando tengo tiempo, pero no soy demasiado activa. Casi no posteo de mi vida, trato de mantenerlo enfocado en mi trabajo, no creo que a la gente le interese ver la fuente de cereales que desayuné. Alguna foto de mi playa o mi perrito sí, porque son parte importante de mi proceso creativo. De las redes dedico mas tiempo a compartir en instagram, creo que es la mejor plataforma para dar a conocer el trabajo visual.

©Daniela Garreton

Pareciera que a muchos ilustradores y artistas en general se les va el tiempo en publicar lo que hacen…

Es verdad, todos hemos caído en eso, en esperar el like, la aprobación. Pero también la gente se alegra cuando uno comparte el proceso, sobre todo el camino previo antes del resultado final. A mí me encanta cuando artistas que sigo postean su proceso, ver la evolución, que lápices usan, como van aplicando el color. Después cuando uno ve la foto super perfectita del resultado final que parece fácil uno esta consciente que detrás de eso hay horas de trabajo, de prueba y error, de pinceles sucios, de dudas. Lo hace más cercano. Sin embargo, en lo personal me cuesta mucho hacer stories para el instagram mientras estoy trabajando, me saca absolutamente del momentum. Pero a veces me acuerdo y lo hago igual.

©Daniela Garreton

Actualmente se habla mucho sobre el impacto humano en el mar, ¿está alguno de tus trabajos ligado a la conservación de los océanos o sus especies?

Absolutamente. La conservation marina es un tema que me apasiona y el objetivo de mi arte es crear conciencia sobre el estado de nuestros mares. Llevo años colaborando con la ONG Oceana en distintos proyectos, el ultimo fue un mural en Los Angeles para la campaña Stop Overfishing que hicieron con Panthalassa, una plataforma creativa enfocada en el océano con la que colaboro. También colaboré con la campaña Stop Sucking de la fundación Lonely Whale con el diseño de un póster para desalentar el uso de pajitas plásticas que se puede bajar gratis e imprimir para ponerlo en tu oficina, restaurante o donde quieras. Además, participé en la cinta Sea Legend, un corto sobre una criatura mística que filmamos con Panthalassa en el País Vasco y que cada vez que lo veo se me ponen los pelos de punta.

Hice la imagen para www.cleancoffeeproject.org para prohibir el uso de cápsulas de café. Ahora ultimo diseñé la campaña anti plástico para Plastic Free NOOSA en Australia. Y voy a seguir involucrándome en todas las iniciativas que pueda. Todos mis trabajos para ONG marítimas las hago 100% pro bono. Al final el mayor beneficio es saber que estoy contribuyendo con mi aporte a cuidar del planeta.

©Daniela Garreton

¿Consideras que los artistas pueden tener un rol en políticas, sean ambientales o de otra índole?

Claro que sí. Ese es uno de los roles del artista, usar el lenguaje universal del arte para sacudir el status quo. El arte es el mejor mensajero, es transversal, puedes apelar de manera emocional a la gente para hacerla participe de los problemas sociales y ambientales.

©Daniela Garreton

Carolina Sevilla: 5 minutos por un mar sin desechos

En una sencilla cabaña de madera, a metros de la orilla del mar en Santa Teresa, Costa Rica, vive Carolina Sevilla, una mujer que, a partir de un hashtag y un par de fotos, ha inspirado a miles de personas a limpiar las playas alrededor del mundo. La premisa: sólo necesitas cinco minutos para hacer […]

En una sencilla cabaña de madera, a metros de la orilla del mar en Santa Teresa, Costa Rica, vive Carolina Sevilla, una mujer que, a partir de un hashtag y un par de fotos, ha inspirado a miles de personas a limpiar las playas alrededor del mundo. La premisa: sólo necesitas cinco minutos para hacer un cambio. Hoy, su campaña #5minutebeachcleanup (5 minutos de limpieza de playa) suma más de 30 mil seguidores en las redes sociales, y va en aumento.

La basura que encontramos día a día en las playas proviene tanto de las personas que las visitan así como del mar, el cual debido al oleaje poco a poco va expulsando la basura que flota en sus aguas. Lamentablemente, ya es normal ver una botella plástica o una bolsa de papas fritas flotando en el agua, tirada en la arena, o a la orilla del mar.  Según un estudio realizado por Greenpeace, la producción de plástico ha aumentado de manera alarmante en los últimos 50 años, llegando en 2013 a los 299 millones de toneladas a nivel mundial. Sólo en Chile, se estima que al año entre 10 mil y 25 mil toneladas de plástico son mal manejadas y podrían potencialmente terminar en el mar.

Para Carolina Sevilla, esta situación representa un problema fundamental que no puede esperar a la acción tardía de los gobiernos, sino que tiene que ser manejado desde ya por los ciudadanos comunes y corrientes, con la simple acción de recoger los desechos que encuentras en tu visita a la playa. En una caminata de horas por la arena, ¿qué son cinco minutos? 5 Minute Beach Cleanup incentiva a las personas a tomar acción frente a la contaminación en las playas, demostrando que bastan cinco minutos para aportar un granito de arena. La campaña es promovida a través de las redes sociales, con el hashtag #5minutebeachcleanup, y ya son miles los que adhieren, compartiendo fotos de los desechos recolectados.

Sin embargo, la vida de Carolina era muy distinta antes de crear Five Minute Beach Cleanup. Esta dinámica mujer comenzó su vida laboral en el mundo de las leyes, especializándose en Derechos Humanos. Al egresar, trabajó para el premio Nobel de la Paz costarricense, Oscar Arias Sánchez en su “Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano”. Luego trabajó en otras organizaciones internacionales con temas relacionados al desarme y el derecho de la guerra. En el 2007 empezó a trabajar en las Naciones Unidas hasta el año 2016, cuando decidió que era necesario bajar el ritmo de oficina y diplomacia que llevaba hasta el momento.

Su vida cambió radicalmente cuando pasó de trabajar como diplomática en Nueva York, a vivir nuevamente en Costa Rica y liderar la sección latinoamericana de Bionic, una empresa que busca convertir el plástico que viene del océano en algo más que un desecho. Han logrado, por ejemplo, convertirlo en telas que luego son utilizadas por conocidas marcas de ropa, como H&M y Gap, entre otras. Además, actualmente Bionic está cerca de abrir el primer centro de reciclaje para plásticos oceánicos, un proyecto piloto que podría ser replicado en todo el mundo. Entrevistamos a Carolina, para saber más de ella y su proyecto, cómo comenzó la campaña #5minutebeachcleanup y qué espera para el futuro.

Carolina Sevilla en su «casa del árbol», fotografía de www.asustainableliving.eco

¿Qué te llevó a crear #5minutebeachcleanup?

Cuando comencé con Bionic y volví a Costa Rica a vivir a unos cuantos pasos del mar, cada vez que salía de mi casa encontraba mucha basura desperdigada por la playa… empecé a preocuparme por la falta de conciencia y de responsabilidad de nosotros, del 99%, que además no está representado muchas veces por el gobierno ni por ninguna organización local. Esta tarea es de todos y tenemos que contribuir haciendo algo, entonces pensé, por qué no tomar cinco minutos al día cuando vas a la playa para recoger basura, no es mucho tiempo y el impacto es grande.

Foto enviada desde Seattle a #5minutebeachcleanup.

Eras una persona contra un mar de plástico y desechos, pero hoy ya sumas miles de seguidores ¿cómo lograste que tu hashtag se convirtiera en un movimiento?

Comencé a seguir a figuras clave en el mundo de las limpiezas de playa en Instagram y a usar el hashtag cada vez que realizaba una limpieza de playa. Luego fue creciendo el número de personas que lo usaban. Hasta que llegó Gary, de Make a Change World a hacer un reportaje de mi estilo de vida tan simple y minimalista que tengo en Santa Teresa (un treehouse) y acerca de mis proyectos con Bionic y Five Minute Beach Cleanup y ¡boom! Se dio a conocer por todo el mundo. Además NOWTHIS news y A+J siguieron con videos que se hicieron virales y con todo esto la iniciativa voló y se convirtió en un movimiento de limpieza de playas que se realiza en todas partes del mundo. De hecho, yo no organizo limpiezas de playa masivas, son las personas quienes han hecho suyo el hashtag y lo están llevando a sorprendentes acciones colectivas.

El foco está puesto en la recolección de basura, pero sabemos que no puede terminar ahí, ¿cuál es el paso siguiente?

Cuando recoges la basura de la playa lo ideal es depositarla en un centro de reciclaje como en el que estamos construyendo en Costa Rica. Pero no hay de esos en el mundo. Yo siempre recomiendo convertir el plástico en obras de arte para no tener que tirarlo a la basura, pues probablemente vuelva al mar por la deficiencias en los sistemas de recolección de basura.

Carolina Sevilla y amiga llevando los principios de #5minutebeachcleanup a la práctica, fotografía de asustainableliving.eco.

Pasaste de trabajar como diplomática, en una ciudad tremendamente activa como Nueva York, a vivir a orillas del mar y dedicarte de lleno a proyectos ecológicos, ¿cómo fue ese cambio en tu rutina?

Mi vida cambió radicalmente desde que comencé con Bionic y con #5minutebeachcleanup. Tengo mis rituales matutinos. Cuando estoy en la playa, por lo general me levanto muy temprano, me preparo un café y un jugo de fruta fresca y me voy a surfear. Cuando termino, es el momento para que me siente con mi computadora en un lugar cómodo para comenzar a trabajar.  Diariamente, dedico algo de tiempo para leer las noticias sobre contaminación en los mares y océanos. Me gusta ver lo que está sucediendo en el mundo, cuáles son las nuevas iniciativas, los programas más nuevos y qué grupos trabajan por la misma causa. Luego, doy un vistazo a las imágenes que las personas etiquetan o envían y selecciono un par para subir a la página de #5minutebeachcleanup.

Fotografía enviada de República Dominicana a #5minutebeachcleanup.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Estoy dirigiendo operaciones con Bionic en Costa Rica y en México por el momento, abriendo centros de reciclaje de plástico marino. Con mi propia iniciativa de limpiezas de playa tengo diversos proyectos de los cuales no puedo hablar mucho hasta que estén un poco más concretos, pero les contaré próximamente.

Además, #5minutebeachcleanup está por anunciar un sistema de voluntariado y embajadores en cada país, entre otras cosas. Estamos aprovechando el momentum y la atención que está recibiendo el tema de la contaminación de los oceános en el mundo. En el 2018, éste fue el tema en muchos foros, desde reuniones de diplomáticos y de nivel gubernamental hasta el sector privado y la sociedad civil. Todo se ha interconectado de una manera increíble: la urgencia y la atención que requiere limpiar nuestros océanos de plástico y basura es enorme, queremos aprovechar el auge de nuestro movimiento en todas partes del mundo.

¿Algún consejo para que la gente tome conciencia de la basura en las playas? Por ejemplo un corto, documental, libro, etc.

Mi heroína es Sylvia Earle, quien me marcó con su documental llamado “Mission Blue”. Ella es toda una inspiración para mi trabajo. “Albatross” de Chris Jordan fue el que cambió mi vida.  “A Plastic Ocean”, de Craig Lesson, también es muy bueno, pues muestra la urgencia y estado de emergencia que vive nuestro planeta, es realmente un abre ojos a la realidad.

*Foto de portada: 5 minute beach cleanup en Tulum, México.

Referencias

Plásticos en el pescado y el marisco – Greenpeace, 2016

Entradas de residuos de plástico de la tierra al océano – Universidad de Georgia, Publicado en revista Science, 2015.

 

 

Océanos de plástico

«Más plástico que especies marinas habitando el océano», eso es lo que la ciencia está prediciendo para el año 2050, estableciendo la presencia de plástico en el medio ambiente como un problema mundial. Desde hace unos diez años atrás, esa es una de las problemáticas que ha tomado protagonismo en mi vida. Los residuos y […]

«Más plástico que especies marinas habitando el océano», eso es lo que la ciencia está prediciendo para el año 2050, estableciendo la presencia de plástico en el medio ambiente como un problema mundial.

Desde hace unos diez años atrás, esa es una de las problemáticas que ha tomado protagonismo en mi vida. Los residuos y el impacto en el ecosistema.

¿Pero cómo poder ayudar eficazmente? Decidí embarcarme a estudiar biología marina y adquirir herramientas que fueran útiles para abordar este tipo de contaminación que nos afecta a todos. Creo que lo primero entonces, es establecer un escenario general. ¿Cuánto plástico hay en el mundo? ¿Cuánto llega a los océanos? Y ¿Cómo afecta al medio ambiente?

Retrocediendo un poco en el tiempo, a inicios del siglo pasado precisamente, se creó el plástico tal como lo conocemos. El llamado baquelita fue el “primer plástico moderno”, al cual le ha seguido una producción en masa de los más diversos productos ligeros, duraderos, moldeables, protectores a la corrosión, es decir, con inagotables aplicaciones. Sin embargo, no fue hasta la década del 40 que la sociedad mundial comenzó a familiarizarse con este material de uso común, y ya en los años 70 los científicos Carpenter y Smith se convirtieron en los primeros investigadores en comenzar a hablar de la presencia de pellets de plástico en la superficie del océano Atlántico Norte,  declarando que «La creciente producción de plástico, combinado con las prácticas actuales de eliminación de desechos, probablemente conduzca a una mayor concentración en la superficie del mar». No es sorprendente, que tan sólo unos meses después de esa declaración en 1972, se informara a la comunidad el hallazgo de la ingestión de altas cantidades de éstos plásticos en peces.

Proyecto «Catch of the day» de Surfrider Foundation

En las últimas décadas, la producción de plástico ha incrementado de forma dramática, con 230 millones de toneladas en el año 2009, 265 millones de toneladas en el 2010 y 299 millones de toneladas el año 2013, representando cerca del 10% de la producción mundial de petróleo (Thompson et al., 2009b), cifras que van en aumento.

Con este número alarmante de toneladas producidas al año, cabe preguntarse cuánto es la cantidad que llega a los océanos. Cifras no menos preocupantes estiman que un 10% de la producción de plástico anual tienen a los océanos como sumidero final (Jambeck et al. 2015). Estos residuos provienen mayoritariamente del turismo, de los ríos, de los  alcantarillados y vertederos ilegales, como también de las costas, las cuales, debido a su complejidad estructural, permiten un aumento de la acumulación de basura antropogénica, lo que demuestra que nosotros somos los que más contribuimos a aumentar la carga de plástico en las aguas. Imaginemos por lo tanto, millones de trozos y partículas de plástico dispersas por todos los océanos, transportadas por las corrientes marinas. Generalmente estos plásticos son reunidos en los cinco giros oceánicos formando enormes islas, en donde podemos inclusive caminar, tal como nos muestra el capitán Charles Moore en innumerables videos. Hoy en día, después de sólo 50 años, los investigadores Carpenter y Smith probablemente estarían impactados caminando sobre ellas.

Portafolio «Disastrous Results», publicado por Waterstreet Studios, Illinois EE.UU

En función de todos los antecedentes anteriores, el plástico es un elemento cada vez más presente en los ambientes, alcanzando zonas tan amplias que van desde la costa, hasta las profundidades del océano. Esta persistencia está dada principalmente por que la fragmentación del plástico, sin la intervención humana, puede llegar a ser demasiado lenta en el ambiente natural, y sólo parcial, quedando polímeros cada vez más pequeños en el ambiente, tales como los ya famosos micro y nanoplásticos, los cuales tienen dos orígenes:

Origen primario: Se derivan principalmente de los productos de belleza (como el maquillaje, las pastas de diente, los productos para el cabello, entre otros) y también de productos asociados a la limpieza del hogar (tales como los detergentes, entre otros).

Origen secundario: Derivados de procesos físicos, químicos y mecánicos, tales como la foto degradación, la degradación térmica, la hidrólisis y la biodegradación microbiana.

En este sentido, dado que existen múltiples procesos en los que el plástico disminuye progresivamente de tamaño en el ambiente, éstos residuos aumentan su abundancia y su distribución, por lo tanto, el tamaño es un factor importante para la distribución y la dispersión de las partículas. Un estudio reciente publicó que cuanto más grandes sean las partículas de plástico, éstas tienen la capacidad de poder transportarse a mayores distancias en las aguas, tal como lo demuestran los modelos de distribución de micro y macro partículas de la investigación de Lebreton y su equipo en 2012. En cambio, las partículas más pequeñas, especialmente las fibras, pueden someterse al transporte aéreo y caer en cualquier superficie por ayuda de las precipitaciones, o bien, ser transportadas por los alcantarillados, al hacer tareas cotidianas, como lavar ropa. Se ha estimado que con un solo lavado, se pueden desprender 1900 fibras de ropa, con un 90% de composición plástica.

Cigüeña blanca (Ciconia ciconia) enredada en bolsas plásticas desechables (John Cancalosi/Naturepl.com)

Problemática de los plásticos en las tramas tróficas

Una de las problemáticas más importantes acerca de los plásticos en el océano, es su ingestión por parte de los distintos eslabones que componen las tramas tróficas. Así, cuánto más pequeña sea la partícula, mayor es la disponibilidad y probabilidad de ser ingerida, sin embargo, no fue hasta la década del 2000, cuando se comenzó a tener una idea clara de cuántas especies estaban siendo afectadas por el plástico. En la actualidad se sabe que los micro y nanoplásticos han sido detectados desde el zooplancton y los peces costeros, hasta los grandes mamíferos marinos, como las focas, lobos marinos y ballenas.

De esta manera, uno de los más grandes problemas se da por ejemplo, cuando el zooplancton (la base de las tramas tróficas que sostienen los ambientes marinos, y parcialmente, los ambientes terrestres) ingiere partículas de plástico, pudiendo quedar falsamente saciado al ingerir estas pequeñas partículas, debido al volumen que ocupan los desechos plásticos en el tracto digestivo, y a su vez, podría traspasarlas a los eslabones superiores, teniendo impactos físicos y fisiológicos en quienes lo ingieren, tales como problemas de crecimiento, toxicidad hepática, alteraciones endocrinas, alteraciones en la reproducción y malformaciones en distintas etapas tempranas de desarrollo, lesiones histológicas y hasta la muerte (Cole et al. 2013), .

Micrografía que indica la presencia de micro-esferas de plástico fluorescentes de 0,5 μm en las branquias de un cangrejo (Carcinus maenas) muestreado a 1 h x 200 de aumento. (Farrel & Nelson 2013).

La problemática local

Lamentablemente las costas de Chile no están exentas de este problema. Las corrientes marinas, el turismo y nuestros hábitos, aumentan año a año la cantidad de plástico.  Es por eso que cada año, Ocean Conservancy’s International Coastal Cleanup, en asociación con organizaciones y voluntarios de 112 países promueve una limpieza de playa oficial, la cual arroja significativos resultados que se dividen en alrededor de 10 tipos de residuos encontrados en cada jornada y Chile no está fuera. Nuestra participación es a nivel nacional y tan sólo en el año 2016 se recogieron más de 92.000 kg de basura costera.

Sin embargo, la flora y la fauna de nuestras costas continúa siendo afectada el resto del año, ya que se ha descrito que dentro de los tipos de desechos marinos más encontrados, se encuentra el plástico en todas sus formas y tipos, coincidiendo con los resultados publicados en otras áreas costeras alrededor del mundo. Pero si comparamos el nivel de contaminación de basura marina que tienen nuestras costas con respecto a un contexto global, el resultado no es más alentador, ya que contamos con niveles moderados y altos,  siendo los residuos domésticos y los de la industria acuícola y la pesca, los más encontrados de Norte a Sur respectivamente.

Conociendo ahora un poco más acerca de esta problemática, de su historia y sus diferentes aristas, es importante avanzar hacia una conservación informada. Acciones concretas, como por ejemplo la educación ambiental, el buen uso de los recursos, el reciclaje y las limpiezas de playa son vitales para comenzar a generar hábitos sustentables en el tiempo y darle una oportunidad para recuperarse a los ecosistemas.

*Foto de portada: «Menos Plástico Más Vida»: Less Plastic More Life.

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Entre este miércoles 26 y viernes 28 de abril se realizará un encuentro que contará con la participación de líderes de Hawaii, Isla de Pascua, Santiago, Reino Unido, Palau, Polinesia Francesa y Estados Unidos, quienes estarán dialogando sobre la importancia de la conservación marina. Rapa Nui y Motu Motiro Hiva son las únicas cimas visibles […]

Entre este miércoles 26 y viernes 28 de abril se realizará un encuentro que contará con la participación de líderes de Hawaii, Isla de Pascua, Santiago, Reino Unido, Palau, Polinesia Francesa y Estados Unidos, quienes estarán dialogando sobre la importancia de la conservación marina.

Rapa Nui y Motu Motiro Hiva son las únicas cimas visibles de un conjunto de montes submarinos que se ubican sobre la Placa de Nazca, en el Océano Pacífico. Este territorio submarino posee fuentes hidrotermales o “chimeneas submarinas” que permiten el desarrollo de un corredor biológico excepcional para la vida de muchas especies que, actualmente, se encuentran amenazadas por la actividad humana.

Esta realidad ha generado que Isla de Pascua sea el escenario ideal para promover la conservación del océano y es el motivo por el que la agrupación Te Matu o Te Vaikava o Te Rapa Nui – Mesa del Mar ha gestado la realización del seminario Here Vaikava O Rapa Nui entre este 26 y 28 de abril, en el “ombligo” del mundo.

El encuentro, que será de libre acceso, se llevará a cabo en el centro de eventos Vai Te Mihi de la localidad de Hanga Roa y contará con la exposición de representantes  de conservación marina reconocidos a nivel mundial. Estará presente Jennifer Koskelin-Gibbons, directora de The Pew Charitable Trusts en Palau, uno de los países con mayor superficie marina protegida en el planeta; y Silvya Earle, oceonógrafa e investigadora estadounidense que ha impulsado cientos de exploraciones submarinas, trabajo que le ha otorgado el Premio Internacional 2005 de la Sociedad Geográfica Española.

Este encuentro lo ha gestado la Mesa del Mar, una agrupación sin fines de lucro que reúne a 13 organizaciones en las que se encuentran sindicatos de pescadores, centros de buceo, comités ambientales, entre otras, de Rapa Nui. La actividad da muestra de la preocupación que poseen los isleños por el tema, al promover eventos que promueven la conservación.
Para conocer más detalles sobre el encuentro y seguir sus acontecimientos, te invitamos a visitar su Fan Page de Facebook y su página web, donde además podrás encontrar información, videos e investigaciones sobre el estado de la conservación marina en la isla polinésica chilena.

 

Magnificando el mar

(¨…Mientras tanto…¨) es un cortometraje que muestra la vida de animales marinos, tales como corales y peces estrella, filmados con un alto grado de magnificación y con uso del timelapse. En las mismas palabras de los productores:¨la música se pensó de tal forma perturbadora, la que unidas a las imágenes, generan asociaciones mentales que estimulan la sinestesia al producir […]

(¨…Mientras tanto…¨) es un cortometraje que muestra la vida de animales marinos, tales como corales y peces estrella, filmados con un alto grado de magnificación y con uso del timelapse.

En las mismas palabras de los productores:¨la música se pensó de tal forma perturbadora, la que unidas a las imágenes, generan asociaciones mentales que estimulan la sinestesia al producir sentimientos que no  necesariamente son armónicos y asonantes».

Este video busca mostrar esta pequeña parte de nuestro mundo, la que debe ser cuidada, y la idea es generar una reflexión sobre las consecuencias de nuestras acciones a cada escala de espacio y el tiempo.