Por María José Barros La fuerza del agua ha regresado a los pies de la vertiente, vive la fuerza del agua. Adriana Paredes Pinda Artistas del estallido Durante el estallido social que se inició el 18 de octubre de 2019, la sociedad chilena fue testigo de un gran despliegue de acciones artísticas colectivas, autogestionadas y […]

Por María José Barros

La fuerza del agua ha regresado

a los pies de la vertiente, vive la fuerza del agua.

Adriana Paredes Pinda

Artistas del estallido

Durante el estallido social que se inició el 18 de octubre de 2019, la sociedad chilena fue testigo de un gran despliegue de acciones artísticas colectivas, autogestionadas y performáticas que se tomaron el espacio público de Santiago y otras ciudades del país. Al igual que en otros momentos históricos, diversos artistas solidarizaron con las voces de la calle, asumiendo como propias las demandas políticas de un movimiento que nos hizo despertar frente a la mercantilización de los derechos sociales y los abusos de poder. Estamos hablando de artistas-activistas como Ana Tijoux, LasTesis, la Yeguada Latinoamericana o Caiozzama, por mencionar solo algunos, cuyas producciones han vuelto porosos los límites entre el arte y lo político, el arte y la calle, el artista y la comunidad.

En este contexto de movilizaciones, el colectivo Delight Lab –conformado por los hermanos Andrea y Octavio Gana– asumió un papel fundamental. A través de sus intervenciones lumínicas realizadas en distintos espacios de la capital y especialmente en la Torre Telefónica, el colectivo visibilizó el disenso y malestar de gran parte de la ciudadanía con respecto a las políticas neoliberales de la dictadura que fueron reforzadas posteriormente por los gobiernos de la Transición. Sus mensajes referentes a las demandas del movimiento social, la violación de los derechos humanos, el proceso constituyente e incluso la situación de hambre vivida en estos días de pandemia, han situado en el centro del debate público las demandas de aquellas subjetividades y comunidades que históricamente han sido silenciadas, marginalizadas y precarizadas por las hegemonías de turno.

Intervención de Delight Lab en Torre Telefónica. Fotografía tomada desde el puente Racamalac el 25 de octubre de 2019. Crédito: Andrés Cruz
Intervención de Delight Lab en Torre Telefónica, 25 de octubre de 2019. Crédito: Andrés Cruz

De manera creativa, con un diseño depurado y textos contingentes, poderosos y luminosos, los hermanos Gana han logrado ocupar y resignificar espacios urbanos emblemáticos, disputando su significado simbólico y reescribiendo la ciudad desde un posicionamiento político –en el amplio sentido de la palabra– que no ha estado exento de censuras. “La luz ha sido la forma que tenemos de manifestarnos” (Duclos), explica Andrea Gana.

Acciones lumínicas en Wallmapu

El proyecto artístico de Delight Lab también se caracteriza por su diálogo estrecho con el pueblo mapuche y las demandas tanto políticas como territoriales del movimiento de resistencia indígena. De hecho, antes del estallido, el trabajo del colectivo adquirió notoriedad pública cuando el día del asesinato de Camilo Catrillanca –ocurrido el 14 de noviembre de 2018– proyectaron en la Torre Telefónica una imagen del comunero mapuche junto con el verso “Que su rostro cubra el horizonte” de Raúl Zurita. Esta intervención que sorprendió y conmovió a los habitantes de la capital fue un claro gesto de solidaridad con el pueblo mapuche, pero también de protesta en contra de la violencia de Estado ejercida en Wallmapu y la criminalización de la causa autodeterminista. A esta intervención podemos agregar también la proyección del grito de lucha mapuche MARRI CHI WUE en la Torre Telefónica, realizada el 31 de diciembre de 2019.

Intervención de Delight Lab en Plaza de la Dignidad en homenaje al comunero mapuche Camilo Catrillanca asesinado por las fuerzas policiales del Estado chileno. Crédito: Delight Lab.

Concentración en Plaza de la Dignidad el 14 de noviembre de 2019, a un año del asesinato de Camilo Catrillanca. Crédito: Andrés Cruz

Posteriormente, en el marco de las movilizaciones recientes, Delight Lab ha realizado –junto con la Corporación Traitraico– dos intervenciones en Wallmapu. Ambas acciones se emparentan libremente con el land art y el trabajo de otros artistas visuales que también han intervenido entornos naturales con proyecciones lumínicas referentes al mundo indígena. Pienso, por ejemplo, en el proyecto Using light as a way of expression del artista francés Philippe Echaroux y su intervención emplazada en los bosques del Amazonas de Brasil como acto de resistencia en contra de la tala de árboles que afecta al pueblo suruí.

En el caso del colectivo chileno, las intervenciones realizadas en el territorio mapuche buscan crear consciencia en torno a la lucha por las aguas libres liderada por distintas comunidades mapuche y organizaciones sociales del país. Al respecto, no podemos dejar de recordar que Chile y su actual modelo de gestión de aguas –impuesto durante la dictadura– constituye un ejemplo extremo de “neoliberalización” de los recursos hídricos a nivel mundial (Prieto 143). Como si de una mercancía o simple materia prima se tratara, los derechos de agua han sido privatizados y muchas empresas beneficiadas con escasas regulaciones en el acceso a mares y ríos.

La machi señala “que al momento de cortar el río, cortan nuestra vía espiritual para poder acceder a otros espacios”.

En Ngen ko, espíritus del agua, Delight Lab realizó una serie de proyecciones lumínicas en el río Rawe y las torres de aguas de ESSAL de Osorno, empresa sanitaria responsable del derramamiento de petróleo que dejó a gran parte de la ciudad sureña sin abastecimiento de agua potable en julio de 2019. Esta acción, definida por el colectivo como una “obra de intervención lumínica de activismo socioambiental” (Vimeo), se llevó a cabo en enero de este año, cuando el parlamento discutía el proyecto de reforma constitucional que buscaba consagrar el agua como bien de uso público y que finalmente fue rechazado por el Senado. El colectivo proyectó mensajes en mapudungun y español como “Püllü Lewfü Trepepetünge”, “Los espíritus del agua nos devuelven la conciencia” y “Contaminar una fuente es contaminarlas todas”, así como imágenes referentes a la cultura tradicional mapuche.

Intervención de Delight Lab en las torres de ESSAL de Osorno. El colectivo proyecta las imágenes de unos chemamull, figuras humanas en madera situadas tradicionalmente en lugares ceremoniales y tumbas. Crédito: Delight Lab.

Delight Lab proyecta la imagen de un toqui en las aguas del río Rawe. Crédito: Delight Lab

Recientemente, y con ocasión del We tripantu, Delight Lab regresó al Wallmapu con Ngen Kintuantü, fuerza espiritual que busca el sol, secuencia de proyecciones lumínicas emplazadas en el río Pilmaiken, donde la empresa estatal noruega Statkraft pretende construir dos centrales hidroeléctricas. En un claro gesto de solidaridad con los Lof en resistencia del río Pilmaiken, liderados por la machi Millaray Huichalaf, el colectivo se ha propuesto difundir la relevancia espiritual que este caudal posee para la cultura mapuche-williche y que está siendo amenazada por la construcción de los proyectos hidroeléctricos Osorno y Los Lagos.

Al igual que en otras oportunidades, el colectivo dio a conocer esta obra en sus redes sociales, compartiendo fotografías de las intervenciones junto con textos explicativos acerca del sistema de conocimientos y creencias mapuche vinculados a este territorio y declaraciones de la machi Huichalaf. Así se nos enseña que el Pilmaiken –en español golondrina– es el río por donde viajan las almas en su camino al mar y desde ahí al Wenuleufü o Río del cielo. Por ello la machi señala “que al momento de cortar el río, cortan nuestra vía espiritual para poder acceder a otros espacios” (Instagram).

En esta acción se proyectaron textos alusivos a la condición sagrada del territorio y las aguas e imágenes de un kultrun, la machi Huichalaf y animales endémicos como el puma, el chucao y el monito del monte, entre otros. Estos elementos en su conjunto refuerzan la idea de trascendencia espiritual y cultural vinculada al Willimapu y su biodiversidad, pero también visibilizan la lucha liderada por las mujeres indígenas y autoridades ancestrales por la defensa de sus tierras y comunidades. Muchas de ellas perseguidas por el Estado chileno.

Delight Lab proyecta en el río Pilmaiken una imagen de la machi Millaray Huichalaf tocando su kultrun. Crédito: Delight Lab
Uno de los animales proyectados por Delight Lab en el río Pilmaiken fue el pangui o puma. En sus redes sociales, el colectivo explica que es un animal que protege los espacios sagrados y las comunidades que habitan en ellos. Crédito: Delight Lab

El registro de las proyecciones lumínicas realizadas en Wallmapu se puede visualizar en los videos producidos por Delight Lab y Corporación Traitraico, que contaron con la colaboración de los músicos Camila Moreno, Fernando Alegría, Camilo Antileo y la poeta Roxana Miranda Rupailaf. Además, Galería CIMA publicó hace pocos días un nuevo capítulo de la serie Otoño en silencio en su canal de Youtube, dedicado al colectivo y sus intervenciones en el territorio mapuche.

Capítulo de la serie Otoño en silencio de Galería CIMA dedicado a las intervenciones de Delight Lab en Wallmapu.

Descolonizar la mirada para liberar las aguas

Las intervenciones lumínicas de Delight Lab en Wallmapu promueven la defensa de las aguas libres y un acceso democrático, sostenible e inclusivo a este bien comunitario por excelencia. El propósito es concientizar a la población acerca de la relevancia de este líquido vital en disputa, que hoy está siendo amenazado por los proyectos extractivistas emplazados en territorios indígenas y locales. Lo interesante es cómo estos trabajos multimediales nos invitan a redefinir nuestra manera de relacionarnos con la naturaleza y modificar nuestra “cultura del agua” (Shiva 9) desde la revalorización de las epistemologías y ética mapuche.

Proyección de Delight Lab a orillas del río Pilmaiken. Crédito: Delight Lab
Proyección de Delight Lab en la ciudad de Osorno. Crédito: Delight Lab

Lejos de concebir el agua como una materia inerte o muerta que debe ser explotada y mercantilizada, los textos e imágenes proyectados por el colectivo emergen desde una conciencia alineada con los saberes de Wallmapu, en los que el agua es entendida y sentida como una entidad viva, sagrada y poderosa, habitada por múltiples formas de vida, ancestros y espíritus protectores. Por ello propongo leer ambas intervenciones como un ejercicio de descolonización de la mirada, que vuelve visibiles los conocimientos mapuche borroneados por el racismo chileno, en otras palabras, por esa fantasía de la blanquitud que ha obliterado violentamente nuestra visión en torno a nuestras propias raíces y presente indígenas. Desde esta perspectiva, la luz como material artístico adquiere un sentido poderoso y simbólico, pues viene a iluminar –y no lo digo en un sentido mesiánico– lo que el colonialismo todavía vigente (Marimán, Caniuqueo, Millalén y Levil 2006) ha querido dejar en la sombra. Violencia epistémica, le llamó hace ya dos décadas Gayatry Spivak (2003).

Por otro lado, y siguiendo a Silvia Rivera Cusicanqui (2015), descolonizar la mirada implica también activar una memoria en la que se funden y condensan múltiples sentidos, y ello lo relaciono con los sonidos, texturas, olores y visiones que las proyecciones de Delight Lab despiertan en nosotros como espectadores. Al visualizar esas proyecciones –ya sea de manera presencial o en las redes sociales– escuchamos el canto del chucao, olemos la tierra mojada, tocamos los árboles milenarios y oímos el susurro de los menoko. Yo también recuerdo al pequeño Milton que años atrás me enseñó los nombres de algunos árboles a orillas del río Maichin y el canto del werken Neftalí Carinao junto al fogón de su casa en Kurarrewe. Las aguas llevan a otras aguas. Son las aguas portadoras de vidas y testigos de una historia de resistencia que sigue en curso. Son las aguas que fluyen libres, río abajo, sin represas.

La luz como material artístico adquiere un sentido poderoso y simbólico, pues viene a iluminar –y no lo digo en un sentido mesiánico– lo que el colonialismo todavía vigente ha querido dejar en la sombra.

Plataformas digitales como archivo

Finalmente, no quisiera dejar de mencionar el papel central que las plataformas digitales ocupan en cuanto archivo en el trabajo de Delight Lab, especialmente en las intervenciones realizadas en los ríos Rawe y Pilmaiken. Dado el carácter efímero de las proyecciones lumínicas, los registros en fotografías y videos difundidos en Internet resultan cruciales para dar a conocer sus obras a un público masivo y global. De esta manera, los saberes ancestrales, las nuevas tecnologías y el arte multimedial se imbrican en el proyecto del colectivo Delight Lab en su defensa por las aguas y la necesidad de replantear nuestro vínculo con la naturaleza desde la reciprocidad indígena y el respeto amoroso por la Ñuke Mapu.

Grafiti por los “Ríos libres” en Kurarrewe, febrero de 2019. Crédito: María José Barros

Las aguas llevan a otras aguas. Son las aguas portadoras de vidas y testigos de una historia de resistencia que sigue en curso. Son las aguas que fluyen libres, río abajo, sin represas.

Rayados por las aguas libres en el Paseo Bulnes, octubre de 2019. Crédito: María José Barros

Bibliografía

Delight Lab. Ngen ko, espíritus del agua. 2020. Vimeo. En: https://vimeo.com/383869800

—. Instagram. 21 jun 2020. En: https://www.instagram.com/p/CBuKVxIBYjb/

Duclos, Emilia. “Intervenciones lumínicas en el espacio público: “El arte tiene la fuerza para reflexionar en torno a los debates sociales”. Entrevista a Andrea Gana. La Tercera. 16 jun 2020. En: https://www.latercera.com/paula/noticia/intervenciones-luminicas-en-el-espacio-publico-el-arte-tiene-la-fuerza-para-reflexionar-en-torno-a-los-debates-sociales/ADFAVVPV75CZDJ36YUA5QQUUH4/

Mariman, Pablo; Caniuqueo, Sergio; Millalén, José; Levil, Rodrigo. ¡…Escucha, winka…! Cuatro ensayos de Historia Nacional Mapuche y un epílogo sobre el futuro. Santiago: LOM, 2006.

Prieto, Manuel. “La ecología (a)política del modelo de aguas chileno”. Ecología política en Chile. Naturaleza, propiedad, conocimiento y poder. Eds. Beatriz Bustos, Manuel Prieto y Jonathan Barton. Santiago, Editorial Universitaria, 2015.

Shiva, Vandana. Las guerras del agua. Privatización, contaminación y lucro. Trad. Susana Guardado. México, Argentina, Siglo XXI, 2004.

Spikav, Gayatri. “¿Puede hablar el subalterno?”. Revista Colombiana de Antropología 39 (2003): 297-364.

Rivera Cusicanqui, Silvia. Sociología de la imagen. Miradas ch’ixi desde la historia andina. Buenos Aires: Tinta Limón, 2015.

Sobre la Autora

María José Barros es Doctora en Literatura PUC y profesora de la Universidad Adolfo Ibáñez. Se ha especializado en poesía mapuche y chilena reciente y actualmente desarrolla una investigación Fondecyt sobre mujeres, activismos y descolonización. Además, forma parte del Colectivo Recados Verdes, donde trabaja en torno a los discursos literarios y artísticos por la defensa de las aguas.

Al buscar la palabra roble en la red nuestra primera referencia es al género Quercus, árboles nativos de Europa. La palabra es también la más común para referirse a los especímenes de Nothofagus obliqua, una de las plantas nativas más abundantes e importantes de los bosques australes. Los pueblos originarios de la zona central lo […]

Al buscar la palabra roble en la red nuestra primera referencia es al género Quercus, árboles nativos de Europa. La palabra es también la más común para referirse a los especímenes de Nothofagus obliqua, una de las plantas nativas más abundantes e importantes de los bosques australes. Los pueblos originarios de la zona central lo llamaban Hualle (en su juventud) o Pellín (cuando se hacía viejo). Al buscar estos nombres en internet, todas las referencias son a nuestro árbol. ¿Será tiempo de retomar algunos de los nombres originales de los seres que cohabitan nuestro territorio?

Los nombres originales

Muchos comenzamos a aprender los nombres de las plantas desde un interés científico o explorador, nacido de la curiosidad de saber qué hay a nuestro alrededor, pero al ir aprendiendo nombres es inevitable encontrarnos con los orígenes mapuche de éstos. Esto tiene mucho sentido, porque los territorios que los mapuche habitan estaban ancestralmente dominados por bosques. En ellos podían refugiarse, buscar alimentos y contemplar su entorno, actividades que los llevaron a nombrar a los organismos que allí habitaban, muchas veces reemplazando la rigurosidad de la taxonomía moderna por aproximaciones más prácticas y relevantes para su día a día.

Un ejemplo de esto es el nombramiento de una misma especie con varios nombres dependiendo de sus estadios o tipos de crecimiento (el Coyam, Hualle, Pellín para Nothofagus obliqua es un buen ejemplo). También la agrupación de varias especies en nombres genéricos dependiendo de sus modos de vida (Voki para las enredaderas). También en su contemplación nombraron otros sucesos, como los Lemünantü (burdamente traducible como luz de bosque), que se refiere a los fragmentos de luz del sol que vemos pasar a través de las ramas de los árboles.

Esta riqueza lingüística y naturalista fue ignorada por los colonizadores españoles, quienes, probablemente sin pensarlo mucho e impulsados por la costumbre, empezaron a utilizar nombres europeos (como el roble) para los árboles nativos de la zona. Claramente estaban más interesados en las tierras cultivables y la imposición cultural de la religión y la economía, que en el entorno que intentaban invadir. Sin embargo, gracias a este desinterés, muchos de estos nombres  han podido sobrevivir hasta el día de hoy. Es increíble cómo al repasar los nombres de las plantas nativas nos damos cuenta que la mayoría de ellas, salvo contadas excepciones, mantienen el nombre que los mapuche utilizaban, conservando así una identidad en otros aspectos perdida.

Lemünantü en los bosques nativos del Cerro Caracol (c) Bastián Gygli

Mapudungún

En lo que hoy se conoce como Chile central habitaban varios pueblos, los cuales, en su unión contra los invasores foráneos, fueron conocidos como Mapuche: gente de la tierra (Mapu: tierra y che: gente). Su lengua, que incluye múltiples variantes regionales, es conocido como Mapudungún. Es una lengua única en el mundo y ha sido tratada de clasificar varias veces sin llegar a consensos claros. Algunos autores la asocian a las lenguas Amerindias y otros prefieren dejarla como una lengua aislada, sin parientes cercanos tan directos. Su desarrollo y evolución ha sido principalmente oral, siendo las formas escritas propuestas por sus hablantes un proceso muy reciente.

De un ritmo lento y pronunciación donde pareciera que no se abre mucho la boca, el mapudungún tiene la particularidad de ser una lengua polisintética de tendencia altamente aglutinante. Esto significa que conforma palabras en base a palabras y sonidos previos con significados particulares, básicamente pegando componentes para generar grandes palabras de significado complejo (Trarimansunparkelayayengu: “Ellos dos no enyugarán a los bueyes aquí”).  Otros ejemplos de este tipo de lenguaje son el japonés, el quechua y el finlandés.

Este tipo de lenguaje permite que una sola palabra exprese un significado elaborado, algo que en otros idiomas requeriría múltiples palabras. Por ejemplo la ciudad de Coihueco, derivada de Koiwe (un árbol nativo) y Ko (agua), significa “agua de Koiwe”. Esto le entrega a lo que antes era solo un nombre, un significado mucho más descriptivo.  Allá cuando debió ser nombrada es probable que los alrededores del río estuvieran llenos de Koiwes.

Eso hace que, si es que se conoce el idioma, navegar por zonas donde el mapudungún domina sea extremadamente sencillo. Los lugares se describen a sí mismos, normalmente asociados a los hitos naturales del sector o a la composición de la biodiversidad local.

Estas características, unidas a la ya menciona riqueza en nombres para las diversas especies que habitan nuestra tierra, son rasgos de una balanceada relación con el entorno y es justo este tipo de relaciones las necesarias para mantener el funcionamiento y el bienestar de un ecosistema, incluyendo a todos sus componentes.

Tan internalizadas están estas ideas en el pueblo mapuche que incluso tiene un nombre: Itrofil mogen. Un concepto sin traducción literal, pero que podría transformarse en algo como “toda la vida en todas sus formas”. El mapudungún refleja cómo para los mapuche no existe la dicotomía naturaleza-cultura, que sí establece el pensamiento y el lenguaje moderno; sino que la vida se entiende como un ciclo del que los humanos somos parte, así como las montañas, los ríos, los bosques, los animales y cada forma de vida que habita en la mapu, entre quienes hay múltiples interconexiones.

Hoja de un Hualle/Pellín (Nothofagus obliqua) (c) Bastián Gygli

El poder de los nombres

Nos es exagerado decir que gran parte de nuestra realidad se construye desde el lenguaje. Todo el tiempo estamos expuestos a estímulos lingüísticos y hemos desarrollado múltiples sutilezas en la utilización de éstos.  A través de cómo expresamos una idea, ésta pueda variar en su significado y en su efecto en el receptor del mensaje. “Debemos cuidar la naturaleza” no es lo mismo que “Es importante cuidarnos junto a la naturaleza”, por ejemplo.

También asociamos las palabras y expresiones que se usan a nuestro alrededor con nuestro hogar. Ese espacio que nos acoge en su cotidianidad. Ese ritmo conocido o esa subida de tono que usamos acá en el sur. El mundo es un lugar diverso, y tal como cada territorio presenta sus ecosistemas y habitantes particulares, es natural que cada lugar tenga sus nombres y expresiones particulares. Es normal que cada lugar tenga su propia identidad.

El habla se encuentra en constante mutación, y ésto nos cambia como sociedad, porque el lenguaje, y las palabras que lo componen, permea dentro de nuestra identidad, transformándola. Es por eso que es diferente llamar a un espécimen de Nothofagus obliqua hualle en vez de roble. Hualle es el nombre que se le dio en nuestra tierra. Está asociada a una visión distinta en cuanto a la relación con nuestro entorno. Nombrarlo hualle es recuperar los saberes ancestrales y retomar el camino del Itrofil Mogen, recordando que cuando hablamos de plantas nativas, hablamos mapudungún, un idioma que tiene en sus palabras y estructuras lecciones de ecología y armonía.

Foto Portada: Detalle de hoja de un Temu (Blepharocalyz cruckshanksii) (c) Bastián Gygli

Agradecimientos especiales a Jens Benöhr, Vanessa Weinberger y Cata Muñoz, por sus comentarios y aportes a este artículo.

La apropiación cultural: otra forma de extractivismo

Por Shahid Wahab La apropiación de las tierras indígenas para su explotación y de los individuos como mano de obra y esclavos es una práctica histórica en nuestro continente. Algo común desde la colonización, o incluso antes, es que la cultura dominante se sobreponga a las minorías. Con el tiempo, la creación de organizaciones que […]

Por Shahid Wahab

La apropiación de las tierras indígenas para su explotación y de los individuos como mano de obra y esclavos es una práctica histórica en nuestro continente. Algo común desde la colonización, o incluso antes, es que la cultura dominante se sobreponga a las minorías. Con el tiempo, la creación de organizaciones que velan por los derechos humanos y ambientales han logrado frenar en cierta medida esta práctica. Pero, aún así, hay lugares que se mantienen en lucha permanente, y etnias que siguen viendo daños en sus tierras, cuerpos y patrimonio cultural. De esta manera, la opresión de las comunidades indígenas no es solo a nivel físico y territorial, sino también en el ámbito de su cultura.

En los últimos años ha aumentado el uso de nombres, símbolos, patrones y palabras indígenas, particularmente mapuche, para propósitos comerciales. Esto entra, sin duda, en la categoría de “apropiación cultural”, relativa a tomar ciertos elementos de una cultura y usarlos como propios, en este caso despolitizadamente, pero de modo no autorizado y mucho menos remunerado. No existen los derechos de autor, ni el concepto de plagio.

Esto a menudo implica una clara infracción de la ley. Sobre todo cuando se trata de tomar cosas palpables, como terrenos, propiedades, objetos o artefactos culturales, es decir, la propiedad privada. Sin embargo, entramos en terreno mucho más borroso cuando se trata de cosas intangibles como la simbología o los nombres indígenas.

Los mapuche hacen frente a este tipo de apropiación “sutil” o invisibilizada a diario. Simplemente caminando por las calles de un foco turístico, como Pucón, uno puede encontrar infinitas agencias de turismo o locales de comida, dirigidos por personas no mapuche pero que toman los nombres de sus tiendas del mapudungun. Nos encontramos constantemente con compañías cuyos logotipos son símbolos de la cosmovisión mapuche. Hay innumerables ejemplos de proyectos hidroeléctricos, forestales o mineros que adoptan los nombres de los sitios, personas y construcciones mapuches (y de otras etnias). Y está demás decir las incontables marcas que utilizan los diseños y patrones indígenas en sus prendas, muchas veces confeccionadas en base a la explotación de los trabajadores y la contaminación del medioambiente en su producción.

El uso de estos elementos culturales por parte de las empresas es una estrategia comercial, un intento de mostrarse más conectados con la naturaleza o más «auténticos”. Algo similar al greenwash, en muchas ocasiones. Pero en el acto de la apropiación, a menudo se demuestra un desconocimiento total por el significado cultural y espiritual detrás de estas palabras y estos símbolos. Tales acciones vacían parte la cultura mapuche de su significado de manera agresiva e irremediable, a través de la explotación comercial de sus simbolismos.

¿Por qué estos actos de apropiación son particularmente injustos? En primer lugar, porque describen un proceso unilateral, una especie de relación parasitaria en la que una empresa se beneficia de la cultura de otro grupo, sin permiso y sin ofrecer nada a cambio.

Los proyectos forestales, hidroeléctricos y mineros que intentan demostrar su proximidad a la naturaleza mediante la apropiación cultural de nombres o símbolos, están en realidad construyendo una pantalla que tapa la construcción de represas, la tala y la minería en tierras mapuche.

Foto por Francesco Paggiaro

En adición, el uso no autorizado de elementos de la cultura nativa –elementos que forman parte de un sistema complejo que surge de su propia cosmología– puede perpetuar simplificaciones y estereotipos dañinos con respecto a esa cultura. En la medida que un símbolo, palabra o personaje son extraídos de su contexto y asociados a otro, pierden su significado y trascendencia original y son reemplazados por otro, en general mucho más banal, sobretodo, cuando estos se masifican. Este tipo de apropiación tiene un gran impacto en el nivel de control del grupo indígena sobre su propio patrimonio cultural, lo que finalmente debilita el control que tienen sobre su propia imagen.

También existen argumentos económicos contra la apropiación cultural. Si se extraen los símbolos y conceptos de una cultura minoritaria, bajo la premisa de vender más productos, se priva a la cultura minoritaria de su acceso al mercado y su habilidad de aprovechar su propio capital cultural. Sus palabras y sus simbolismos ya están tomados e inscritos por ley a alguien ajeno a su etnia. Frecuentemente aquellos que desean obtener ganancias al seleccionar elementos “rentables” de la cultura mapuche, lo hacen a expensas de esa misma comunidad. La acción extractivista afecta sus tierras y su cultura. Más aún, en vez de generar redes de colaboración y trabajo conjunto, sólo se genera un daño. Los mapuche ven su cultura valorada por su potencial rentable, sin ver rentas y mientras sus pueblos, tierras, derechos y luchas políticas siguen en picada.

Aquellos que defienden estos actos a menudo los califican como tributos a la cultura indígena o como una promoción la misma. Sin embargo, sin el consentimiento y la participación de los pueblos indígenas como propietarios de su propio patrimonio, es difícil ver el beneficio efectivo que podrían recibir.

Foto por Jorge Barahona

Si bien, la Ley Indígena habla en su Artículo 28 sobre “el reconocimiento, respeto y protección de las culturas e idiomas indígenas”, no contiene un punto específico que los proteja del usufructo comercial, como sí pasa con los derechos de autor en otro tipo de expresiones culturales. 

Es importante que entendamos el efecto potencialmente dañino de estas apropiaciones antes de perpetuarlas. Ante la vacío de la ley, debemos promover el entendimiento de que la libertad de expresión conlleva ciertas responsabilidades. En este sentido, sería fundamental que la comunidad mapuche tenga un espacio de negociación y se involucre activamente para así llegar a un acuerdo basado en el respeto, los derechos indígenas y la colaboración. Esta comprensión aseguraría que el patrimonio cultural permanezca ajeno al mal uso y abuso y que su reproducción se haga dentro de un contexto justo.

Nosotros, como consumidores, tenemos que aprender a reconocer los actos de apropiación perjudiciales la próxima vez que consideremos comprar algo de una marca que utilice términos o estética de otra cultura. No seamos nosotros quienes apoyen a las empresas que convierten ilícitamente la identidad indígena en capital y la vacían de su significado. Compartir las tradiciones y la cultura hace que la vida sea interesante, promueve la diversidad y integración social. Sin embargo, este intercambio cultura se debe llevar a cabo bajo los términos de su propietario

 

* Foto de portada ©Max Pixel.

Bernardo Oyarzún: el arte como mensajero

Bernardo Oyarzún (1963) es un artista visual nacido en Santiago de Chile. Ingresó a estudiar en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile en 1982, de donde se graduó con mención en grabado en 1986, y pintura en 1988. Su actividad artística está vinculada al contexto popular y los espacios marginales. Su obra […]

Bernardo Oyarzún (1963) es un artista visual nacido en Santiago de Chile. Ingresó a estudiar en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile en 1982, de donde se graduó con mención en grabado en 1986, y pintura en 1988. Su actividad artística está vinculada al contexto popular y los espacios marginales. Su obra se basa en lo minúsculo, lo pintoresco, lo folklórico, lo artesanal, lo misterioso, lo mitológico y lo indígena, aquello que se relaciona localmente. Bernardo ha realizado dieciocho exposiciones individuales tanto en Chile como en el extranjero, treinta exposiciones internacionales en las que se incluyen doce bienales de arte. Ha participado en seis residencias en Alemania, Chile, Colombia, Estados Unidos, Francia y Paraguay. Sus trabajos están publicados en más de cuarenta catálogos y libros de arte y su obra se encuentra en tres colecciones: DAROS Latinoamérica, BLANTON MUSEUM y Consejo de la Cultura de Chile, CNCA.

Su trabajo más reciente es Werken, una instalación en la bienal de Venecia de 2017, aclamada en los medios internacionales y que ahora llega a Chile este 2018. Werken es un trabajo colaborativo,  organizado desde la comunidad mapuche donde Bernardo participa, Kiñe Pu liwen, en Santiago. En esta entrevista, realizada unos minutos antes de la exposición de Bernardo en CityLab 2017, el artista nos relata el trasfondo de Werken y sus trabajos anteriores.

¿Cómo nace la obra Werkén?

Werkén nace por la invitación que me hace Ticio Escobar a participar en el concurso internacional para el envío chileno a la bienal de Venecia. Desde el principio trabajamos con los apellidos mapuche como idea principal, por lo que buscamos una iconografía que se relacionara  con cada apellido, pensando en el imaginario épico del pueblo mapuche, toda su historia de valentía y resiliencia. Desde ahí llegué a la máscara o kollong. La idea inicial era un kollong por cada apellido, es decir, cerca de 7.000. Ese número se empezó a reducir por temas de presupuesto y llegamos a la cifra de 1.500 máscaras. Después vino la instalación de los apellidos, que armamos en una línea de luces que corren por el perímetro de toda la sala con la patronimia mapuche. Así, al recorrer la sala donde instalamos la obra, va apareciendo la historia genealógica del pueblo mapuche, lo que ha sobrevivido.

Vista general de Werken en bienal de Venecia 2017.

¿Qué son los kollong?

El kollong es un personaje muy importante en las ceremonias mapuche, es un protector. Tiene varias funciones en el ritual, como proteger y ordenar, sus capacidades histriónicas las proyecta de forma muy diversa; a veces es una especie de bufón misterioso, pero también puede plantearse enérgico con la disciplina y el orden en el ritual, por ejemplo, pueden sacar a una persona que está contaminando la ceremonia. El mejor kollong es aquel que la comunidad no conoce y que nunca revela quién es. Los kollong son escasos, porque no cualquiera es un kollong, así como no cualquiera baila el Choike Purrun, no todos son un werken,  lawentuchefe, machi o lonko, son capacidades innatas o dadas por naturaleza, reveladas en el pewma (sueño). Se nace kolllong… porque es un personaje bastante acrobático y con grandes capacidades teatrales.

Detalle de las máscaras de Werken, Bienal de Venecia 2017.

El kollong me recuerda al K’usillus, el gracioso personaje del Urqu Fiesta de Juli, una ceremonia aymara, son personajes que representan un bufón que salta y chilla muy agudo, mientras merodea dando latigazos al suelo, el aire y el público, mientras los incas del sol y la luna luchan, en un ritual donde las personas se vuelven personajes…

Sí, eso es lo que pasa con el kollong, el principio notable de la performance,  hace del ritual algo muy atractivo, le da otro color. A mí me interesó por varias razones, no solamente porque significaba tener una forma representacional muy amplia de la cultura mapuche. De muchas formas, el kollong es un contenedor estético y místico, un componente cultural que me parece muy potente. Pienso que en el kollong está el Chemamull,  el misterio del tótem y un rigor estético  que se puede ver en el arte mapuche… estos rasgos rápidos, de abstracciones gruesas, me refiero con esto al tallado de la máscara y las esculturas.

Apellidos mapuche que circundan el perímetro de Werken.

¿Cómo se articula el título de la obra con esta propuesta de máscaras y apellidos?

Werken quiere decir mensajero en mapudungun, importante en este caso, pensando que vamos a Venecia con un envío, ver la obra como una especie de emisario. Para mí, sin embargo, lo más importante era lo que iba a suceder en Chile con esta instalación, con el rebote del mensaje, porque el imaginario sobre la cultura mapuche que tiene el chileno común y corriente, es absolutamente restringido. No tiene idea en realidad, no sabe nada de la cultura mapuche, solo lo que entregan los diarios y la televisión. Y lo único que entregan son casos policiales, donde hablan de violencia y criminalizan al pueblo mapuche.

En Europa la lectura era rápida, el público que vio la obra, comentaba “Es como que estuvieran diciendo en silencio ‘aquí estamos, existimos’. En los diarios entendían inmediatamente que tenía que ver con los otros, con esos otros que están absolutamente ocultos… entonces cuando uno veía esa lectura, pucha, vaya que fue acertado todo el ejercicio que se hizo, desde el título hasta los elementos que estaban involucrados, porque contenían la imagen de un pueblo que lograba amplificarse y se transformaba en una obra latinoamericana también, porque el problema que tienen los pueblos originarios es transversal, no es un problema de Chile, es un problema de toda Latinoamérica.

¿Y en tu familia hay algún werken? Tú mismo, con esta obra, reconoces algo de mensajero (werken) en ti?

No, esa parte es bien triste en mi familia. Es la historia de muchas familias chilenas que olvidan su origen mapuche por los procesos de “normalización” que realizó el Estado chileno. Mi familia se perdió en el constructo de anamorfismo que llamamos Chile, perdimos la lengua y las costumbres. Mi familia, en la mezcla que comienza con mis abuelos, ya no es totalmente mapuche. Entonces ahora me encuentro en una especie de reconstrucción personal, y es lo que he estado haciendo hace más 20 años de trabajo donde me he enfocado mucho en este tema del origen, tratando de armar un poco este rompecabezas.

Territorio mapuche / Lección de Geografía: «AIWIN-Imágen de la Sombra», Trienal de Chile, Museo Ferroviario, Temuco, Chile 2009.

Entiendo que cuando eras chico nunca se habló de tu abuela mapuche o que había esa ascendencia presente en tu familia. Además, tienes apellido y nombre español. ¿Aparece algo de tu ascendencia mapuche en Werken?

Sí, aparece el apellido de mi abuela materna, que es Nail. Ese es un tema complicado, porque la desconstrucción que se hace a nivel étnico y a nivel de apellidos, es muy fuerte, hay muchos mapuche que se cambiaron los apellidos, otros que los escribían de otra manera. Los sistemas de anulación fueron variados. Ahora estamos en un taller de metawe en Sótero del Río, en el hospital, y tenemos tres personas hablante mapuche en el taller y ellas cuentan que en su familia les prohibían que hablaran mapudungún, y muchos de sus familiares se cambiaron el apellido. Por lo tanto, cuando uno analiza el tema de la identidad mapuche respecto al apellido, no es algo tan real. La identidad no tiene tanta relación con el apellido mismo, sino con sentirse mapuche.

Con tu obra “Bajo sospecha” comienzas una serie de trabajos muy políticos…

“Bajo sospecha” se hizo hace 19 años, y es justamente el momento donde empiezo a trabajar este tema con fuerza. Ya había hecho otros ejercicios anteriores en los años 90, pero no tan relevantes como “Bajo sospecha”, donde retrataba el tema de la discriminación que hay por tu apariencia física, donde la policía proyecta la mirada de una sociedad completa, la chilena en este caso: racista, discriminatoria, clasista, etc.

Bajo Sospecha, retrato hablado en la exposición.

Yo iba caminando por una  calle en Santiago, me detiene la policía y me llevan a un recinto policial. La policía me detuvo por sospecha, porque pensaban que era un delincuente que había robado. Me interrogan frente a testigos, todo un proceso que fui sorteando pasivamente, que en el momento no me di cuenta del drama y sus consecuencias, hasta que después cayó sobre mí una crisis de miedo… de pánico, de impotencia, estuve con terapia psicológica y en paralelo hice “Bajo sospecha”, donde armo la ficción de un delincuente con su parentela, es decir yo y mis parientes.

Bajo Sospecha, por Bernardo Oyarzún.

Buscaba representar un espejo de la familia chilena; reflejé al chileno que trata de travestirse étnicamente. “Bajo sospecha” instala el problema de la sociedad chilena, tan alejada de sus orígenes y tan revestida con historias ajenas e ideologías controladoras. El año siguiente 1999 en “Photo album”, ironizo sobre como el chileno habla y busca con vehemencia el abuelo italiano, inglés, español y se olvida de sus ancestros mapuche. En la obra yo reconocí mi ascendencia huilliche, e inmediatamente se me calificó como un artista mapuche; una especie de camino corto y mediático para evitar entrar en temas de fondo y que básicamente no interesan, te definen como un artista mapuche y parece que el tema se cierra, “él es diferente y por eso habla estos temas”.

Proyección de Photo Album.

En tu obra mezclas elementos populares y autobiográficos, ¿por qué escoges estos temas?

A mí me interesa mucho el contexto popular y mis orígenes porque veo ahí el motor creativo del arte, sobre todo en Latinoamérica, y cuando uno analiza ese motor creativo, el componente indígena es muy relevante, estamos hablando de la periferia de Santiago, que hoy día está lleno de comunidades mapuche. Y además, la periferia tiene un componente de mixtura y sincretismo, gente que llega del norte y del sur, sin contar por ahora todo lo que suma la inmigración, se combina todo ahí, se mezcla y nace la cultura popular, que para mí  tal vez es lo más importante del arte.

Ekeko: exposición Space to Dream, Recent Art from South America 2016.

¿Esas comunidades mapuche urbanas se han instaurado recientemente?

Llevan como 20 años de desarrollo o más, hoy día ya están absolutamente instaladas, he contado una veintena, pero sé que hay más, y eso significa comunidades organizadas, que hacen rituales; ngillatunes, lakutung, lepun, wiñoltripantu, entre otras ceremonias.

¿Cuál sería la relación entre estas comunidades urbanas y “Photo álbum”?

En Photo album cuento la historia de gran parte de estas comunidades urbanas a través de mi familia: campesinos que llegan del sur, se instalan en Cerro Navia, donde vivimos una vida de población y una niñez enriquecida por el barrio popular, calles polvorientas en verano y con barro en el invierno, gente que tenía sus casitas de madera y autoconstrucción que se fue levantando en el tiempo, décadas, hasta que la gente llega a tener su casa un poquito más arreglada, en ese contexto me crié. Para mí era muy rico en varios sentidos, por ejemplo la forma como se jugaba y vivía. Todo esto es  Photo album, una historia marginal, absolutamente periférica, pero a su vez rica culturalmente, porque mis padres siguieron manteniendo sus costumbres campesinas, había un huerto en el patio de mi casa, gallinas, y otros vecinos también por otro lado hacían lo mismo, recuerdo hornos de barro que producían pan amasado increíble, era un mundo que se resistía aún un poco a la metrópolis.

Fotografía de la familia de Bernardo en Cerro Navia, para la exposición Photo Album. El niño más grande es Bernardo, junto a sus hermanos y primos.

¿Te identificas como artista mapuche?

En mi fuero íntimo me siento mapuche, pero un mapuche ignorante, que está aprendiendo. Cada vez que voy a una ceremonia o ritual, sigo aprendiendo cosas nuevas. Sé que la gran ignorancia y dejarnos embaucar es lo que nos ha hecho el daño profundo en nuestra identidad, es un problema grande. Chile tiene un problema de negación, mientras no supere eso…

¿Qué negación?

La negación a nuestra genealogía, nuestra ascendencia, es una negación a lo que somos y nuestra historia. Chile está sometido a la colonización etnocéntrica, tal vez es el lugar más negado y travestido con una inducción ideológica que nos hace creer que somos muy especiales y diferentes  al resto de América Latina. Falta darnos cuenta de nuestra propia belleza, todo lo que  estamos perdiendo al dejar desplazado el constructo cultural impresionante de la cosmogonía mapuche y de los otros pueblos que viven en este espacio. Podríamos ser un país mucho más rico culturalmente si asumiéramos valores que hay ahí, como una forma de organización más horizontal, sin grandes jerarquías y menos antropocentrista. Esta cosmogonía es similar a la muchos otros pueblos originarios de América, el amor por lo que nos rodea y nos acompaña, respeto a la diferencia, y sentir toda la naturaleza como un ser vivo, pero aún estamos lejos de eso.

 

Antes de la colonización española, a mitad del siglo XVI, la riqueza de nuestros pueblos originarios daba vida a un territorio diverso y rico en lenguas y costumbres. Por nuestra geografía, que aún no conocía de los actuales límites geopolíticos, estos pueblos tenían características típicas de cada zona en la que habitaban, y –por supuesto- […]

Antes de la colonización española, a mitad del siglo XVI, la riqueza de nuestros pueblos originarios daba vida a un territorio diverso y rico en lenguas y costumbres. Por nuestra geografía, que aún no conocía de los actuales límites geopolíticos, estos pueblos tenían características típicas de cada zona en la que habitaban, y –por supuesto- sus respectivas maneras de comunicarse.

Uno de esos pueblos, orgulloso de sus ancestros, costumbres, lengua y cultura, es el Mapuche, que se ha resistido a desaparecer y ha luchado por sus derechos en un país que cada vez se tecnifica más y avanza hacia un muy cuestionado “desarrollo”. Por lo mismo, resaltar su identidad y lengua se ha transformado en una meta casi personal para muchos.

Dentro de esta lógica nace Kimeltuwe, un proyecto educativo visual que busca contribuir a la enseñanza y aprendizaje del idioma mapuche: el mapudungun o mapuzungun (ambas formas son correctas). Según sus creadores, la finalidad del proyecto consiste en compartir -a través de distintas plataformas en internet- material gráfico y audiovisual. “En 2015 nos juntamos dos personas a través de Internet para hacer este trabajo: Victor Carilaf, kimelfe del mapuche dungun, quien prepara el vocabulario y expresiones de la lengua, y yo, que soy dibujante y estudiante de mapudungun, y que aporto en la parte visual. Frente a la escasa disponibilidad de textos y láminas que permitan aprender mapudungun de manera amena, nos dimos a la tarea de generar este tipo de material. Por su parte, Alina Rodenkirchen, profesora de idiomas como lenguas extranjeras, se sumó recientemente a nuestro equipo para apoyar en la confección de materiales orientados al aula de Mapudungun”, cuenta a Revista Endémico Aldo Fiestóforo.

¿Qué importancia en el Chile de hoy le ven ustedes a una lengua tan fundamental como el mapudungun?

Se puede entender la importancia del mapuzungun desde varios frentes. Como derecho, es fundamental que el pueblo Nación mapuche revitalice un aspecto importante para la expresión de su propia identidad como es el idioma. Desde un punto de vista comunicativo e incluso estético, entender mapuzungun permite reconocer la diversidad de nuestra sociedad que muchas veces se muestra monocultural.

En este sentido, comprender que puede haber formas distintas de entender la realidad permite que la sociedad se plantee de mejor manera ante los retos de un mundo globalizado e interconectado.

Otro frente es el histórico, el monolingüismo es una imagen del pasado que tiene poco que ver con la realidad lingüística. Antiguamente, el mapuzungun ocupaba todos los espacios y fue una lingua franca para establecer relaciones comerciales y políticas.

En ese contexto, y sabiendo que han usado elementos de tecnología y redes sociales para difundir el proyecto, ¿qué tan contingente es el mapudungun en el mundo contemporáneo actual?

Las redes sociales han ayudado muchísimo en viralizar la vigencia del idioma, y de difundir talleres y clases de mapuzungun de forma autogestionada en varias ciudades. En el caso nuestro, mostrar la versatilidad del idioma en varias herramientas propias de redes sociales nos ha permitido abrir nuevos espacios, por lo que se vislumbra un crecimiento en la presencia del mapuzungun en el mundo contemporáneo y a futuro. Por ejemplo, este año se han publicado los primeros libros exclusivamente en mapuzungun y cada día se crean páginas web que utilizan este idioma.

¿Y dónde se ha podido implementar este material?

El material que distribuimos en internet alcanza principalmente a personas que están en Chile y Argentina. El país mapuche, llamado Wallmapu, históricamente se encontraba en lo que ahora son estos dos países. Consecuente con este hecho histórico, nuestros materiales se utilizan en muchísimas ciudades y localidades de este territorio, como Bariloche, Neuquén, Temuco, Valdivia, Concepción, etc. Asimismo, nuestros materiales han llegado a otros lugares producto de la presencia de personas que enseñan y desean aprender mapuzungun, como Iquique, Buenos Aires, Coyhaique, y ciudades en Europa y otros continentes.

Desde esa perspectiva, ¿cuál ha sido la recepción tanto de profesores como de alumnos, frente al proyecto?

La verdad, estamos contentos, ya que ha sido muy positivo. Muchos docentes nos hacen llegar fotografías mostrando el uso de nuestro material, y nos animan a seguir con nuestro trabajo. Es un gran apoyo para educadoras en el nivel parvulario como también en colegios y con alumnos adultos, porque no hay material didáctico que sea tan llamativo y simple, pero pertinente y más encima accesible para todos como el de Kimeltuwe. En la actualidad, hace falta material educativo que esté enfocado a la experiencia de aula, y creemos que hemos suplido en parte esa necesidad, pero para poder responder a cabalidad sería genial contar con una mayor cantidad de materiales para todas las personas que están aprendiendo mapuzungun, especializado por edad y propósitos de enseñanza.

En ese sentido Aldo, ¿qué se viene ahora? ¿Alguna proyección para el 2018?

Nos gustaría seguir publicando material con más colores y en mayor cantidad, para que pueda ser accesible a más personas que estén en el proceso de revitalizar su idioma. Se ha hecho una tradición publicar nuestro calendario mapuche de efemérides, junto con el equipo de Historia Mapuche, que en el próximo ciclo 2018-2019 cumplirá su tercera edición. Debemos indicar que nuestro material se puede descargar o acceder de manera gratuita en nuestro sitio web kmm.cl. Y para quienes deseen adquirir material impreso, nos pueden escribir a kimeltuwemm@gmail.com. ¡Mañümküleiñ fey ta chi inaramtun zungun. Fey kay müten. Pewkallael!

Itrofill Mogen: toda la vida sin excepción

Jorge Weke es uno de los fundadores del Koyagtun Koz koz (Parlamento Mapunche de Koz koz), del cual es werken -mensajero en mapuzungún-. En el siguiente artículo, Jorge analiza un concepto esencial en la cosmovisión mapunche: el Itrofill Mogen.

Los mapunche, mucho tiempo hemos hablado de “Küme Mogen”, que quiere decir “buen vivir”. Para nosotros, este es el fundamento de la existencia humana. En la última década se ha venido incorporando como un derecho a la libertad y a la felicidad, lo cual plantea varios desafíos en la reconstitución de la sociedad mapunche. Para profundizar en el küme mogen, habrá que estudiar la causa que lo sostiene: el “itrofill mogen”, un concepto que se ha mantenido desde hace siglos en la ciencia mapuche.

Itro fill mogen: toda la vida sin excepción

En el idioma castellano, podemos definir itro como “composición de muchas vidas que comparten simultáneamente el mismo espacio”, se podría traducir como multiversidad. Fill quiere decir que todos tienen vida propia, pero que interactúan entre sí y son interdependientes, se podría traducir como pluriversidad; por tanto, son millones de pequeñísimas vidas manteniendo toda la vida, que en suma es una sola gran vida. Para ejemplificar, nuestros cuerpos físicos se componen por muchas vidas (y la misma ciencia occidental así lo confirma, somos verdaderos cúmulos de bacterias), cada una de ellas en función de las otras, que nos permiten sentir, pensar, hacer y mantener la pervivencia del Ser. Esta afirmación de la multiversidad y pluriversidad se diferencia de la clásica idea de uni-verso y uni-versalidad, o única afirmación, única ideología, en donde se sobrepone el interés uniformista por sobre la diversidad en el ser humano.

Por tanto, Itrofill mogen: todas las vidas, todxs lxs que existen. Este concepto abarca el ciclo de transformación de la vida. Para el mapunche, el concepto “Lay”, se ha asimilado a la muerte; pero la muerte como tal, no es la desaparición total de un ser vivo, sino es un paso para la otra vida, la palabra “lay” es más cercana a decir “está presente no en su totalidad”, quizás “ni en su lugar, pero existe en el conjunto de otras vidas o momentos”; tiene similitud a otros cuerpos que según el conocimiento no mapuche lo considera inerte o muertos, mientras que para el mapunche, estos constituyen parte de toda existencia, son complementos de otros cuerpos. Por ejemplo, las rocas que componen al nagmapu y minchemapu (superficie y subsuelo), cumplen una serie de funciones vitales, para los animales y otros seres: los minerales conforman nuestras estructuras óseas.

El itrofillmogen tiene su lugar en el Mapun. Este es un espacio definido que posee las condiciones de vida, sociabilidad y colaboración mutua entre familias, es el contexto socionatural. Se le denomina mapun o mapu a un espacio compuesto por territorio, su relieve, energías, espiritualidades, fuentes de aguas, flora, aires; luego, animales, aves, entre otros seres vivos que van formando auténticas naciones. Hasta los seres más minúsculos poseen sistemas de conservación de su propia especie, definición territorial, organización, comunicación y abastecimiento alimenticio.

Mural de Nacho Nass.

En los espacios donde predomina un elemento, las personas identificarán con ese nombre al lugar. Un ejemplo es “Kolüko”, o agua de color café. Es ese el lugar o Kolüko mapu donde reside la gente, que también se identifican como Kolükoche. De modo que Mapu, con los elementos descritos, no es solo “tierra”, como se quiso estandarizar por muchos años, si no más bien territorio. Este malentendido ha significado el concepto de mapunche como “gente de la tierra”; cuando lo más acertado sería “gente que proviene del territorio, agua, aire, bosque, mar, montaña, energías que provienen de todo el cosmos y espiritualidad».

Lo Circular, Horizontal y Cíclico

En el mapunche kimün o “sabiduría del mapunche”, la percepción visual del Itro fill mogen es circular y horizontal a la vez. Ese orden no revela un elemento más importante que otro. Lo circular quiere decir que en cualquier lugar donde nos encontremos, al girar en círculo sobre nosotros mismos, veremos hasta donde nuestra vista alcanza. Esta forma se replica en lo ceremonial, en el baile, en el saludo, hasta en la conversa, girando hacia el lado derecho, como los astros que vemos salir y  entrar en el horizonte. Por otro lado, la horizontalidad en el nagmapu, o superficie de, se refiere a que todos los seres tenemos los mismos derechos de existencia, donde nada es superior a otro.

Por si no nos hemos dado cuenta hasta aquí, en el mapunche kimün no se concibe la existencia de mapun como planeta, es decir, solo plano o solo tierra, sino todo el contorno de vidas, energías vivas en el wenumapu: hacia arriba, nagmapu: superficie, y ninchemapu: subsuelo, creando una gran circunferencia de equilibrios.

El mismo vocablo lo dice; primero fue la creación de la inmensidad mapun y después el che “mapunche”, de modo que, el che o persona es un elemento más del mapun, en un espacio definido como ngenmapun, que quiere decir protector del lugar, mientras cumpla el ciclo de su existencia. El Che no está creado para  acelerar la enfermedad ni la muerte de mapun, tal como su misma especie, es prolongar la vida de mapun, sin embargo, en los últimos años hemos visto el Che acelerando procesos destructivos sin considerar las lecciones del itrofill mogen.

Kimeltuwe, proyecto de educación sobre cultura mapuche.

Küme Mogen

Como sociedad mapunche se han realizado desde tiempos inmemoriales  diferentes y  grandiosos encuentros participativos, convenciones de humanidad y reciprocidad, rogativas y agradecimientos espirituales, unión de grandes consejos y parlamentos. Es así como el itrofill mogen también es parte del conjunto de pensamientos y sabidurías. Como anteriormente planteamos, el “Küme Mogen” se encuentra dentro del itrofill mogen. Es un término que siempre han usado los pueblos originarios de los Andes, en sus respectivas lenguas y contextos. El Küme Mogen propone una vida en equilibrio entre la sociedad, la naturaleza y la espiritualidad. Es un derecho de todas las vidas.

Particularmente, el Küme mogen mapunche se refiere al buen vivir de la persona que pertenece a un conjunto de otras personas y lugares: “pu che”. Esta idea, se refleja en la presentación personal del mapunche: “iñche mapunche ngen” traducido en castellano simplemente como “yo soy mapuche”, tiene una profundidad mayor en nuestra propia lengua. Iñ: pluralidad de nosotros, che: persona “iñche”; el convivir, es como todas las especies que viven en comunidad descendientes de un origen común y que provienen del mapun en donde residen. Entonces, “iñche mapunche ngen” podría traducirse como “yo/pluralidad cohabito y cuido este territorio del que provengo”.

Küme mogen, es además, lo que es justo, equitativo, ineludible y concerniente en todas las etapas de vida, es decir no son necesidades ficticias, aquellas que la persona no puede saciar, y aumentan el individualismo y la desesperación de acaparamiento. Si las sociedades humanas desean tener acercamientos entre sí, se debe respetar el conjunto de pensamientos, disponiendo de voluntades: dialogar cosmovisiones para arrimar acuerdos de buena vida, Küme Mogen.

Foto de portada: ilustración de Koylavida (Tumblr).

Los últimos días de Matías Catrileo

Tras un ataque policial, Matías tendrá siete días para convencer a las comunidades en conflicto de llevar a cabo una recuperación de territorio. Siete días para dilucidar quién lo está traicionando. Siete días de sueños y dudas. Siete días para reafirmar que lo más importante, son las raíces. Esta es la trama de “Algún día […]

Tras un ataque policial, Matías tendrá siete días para convencer a las comunidades en conflicto de llevar a cabo una recuperación de territorio. Siete días para dilucidar quién lo está traicionando. Siete días de sueños y dudas. Siete días para reafirmar que lo más importante, son las raíces.

Esta es la trama de “Algún día las raíces”, proyecto que está inspirado en los últimos días de vida de Matías Catrileo, weychafe (guerrero) que fue asesinado por la policía chilena durante una recuperación de territorio ancestral mapuche el año 2008.

Esta película nace por la necesidad de crear contenido crítico y denunciar el abuso de poder del Estado chileno sobre el pueblo mapuche, además de educar a las nuevas generaciones dando a conocer las razones humanas que justifican la resistencia de esta cultura. El equipo compuesto por Alejandro Valdeavellano en la dirección, Catalina Saavedra Reyes en la producción general y Cristóbal Díaz en fotografía y montaje, fue priorizando entre las luchas sociales contingentes, y desde su punto de vista, el conflicto chileno en territorio mapuche se convirtió en prioridad, porque es una lucha de resistencia por la vida misma, por la dignidad, una lucha necesaria y urgente.

Por qué Matías y no otro weychafe

Para los creadores de esta película, hay dos razones por las que decidieron centrarse en la lucha de Matías; la primera es porque después de su asesinato, la resistencia mapuche se multiplicó sustancialmente, sobre todo en comunidades que no tenían una postura definida. Hubo un despertar. Y la segunda es porque Matías venía de la warria (ciudad), de Santiago, él sintió y buscó su tüwün (procedencia), sintió la necesidad de conocer sus raíces y de reconocerse, viaja hasta Ngulumapu (territorio mapuche de lado chileno) y hace suya la lucha. Entonces, hay una invitación a cuestionarnos quiénes somos, a cuestionarnos cuál es nuestro origen para poder ser y desarrollarnos como persona.

Campaña de financiamiento colectivo

Hace cuatro años que el proyecto está andando. Ya culminó la etapa de investigación y escritura de guión a mediados de 2017 y actualmente, durante octubre, noviembre y diciembre de este año, el equipo se encontrará realizando una campaña de financiamiento colectivo a través de la plataforma Ideame. En el siguiente link podrán acceder a la campaña, donde es posible colaborar desde 2.000 pesos o más, para hacer posible la realización de esta película, tan necesaria en un Chile que no logra entender lo que sucede en su agitado sur.

Pincha aquí para acceder a la campaña de financiamiento colectivo en Ideame.

Pelokelan: una película sobre reconciliación

Hablar de la reconciliación entre chilenos y mapuches es la idea central de la cineasta Rocío Chávez, directora de “Pelokëlan”, su ópera prima. Para Chávez el pueblo mapuche está lleno de complejidades, y si bien son guerreros, son mucho más que eso. Revista Endémico conversó con la artista, quien cuenta la relación de su película […]

Hablar de la reconciliación entre chilenos y mapuches es la idea central de la cineasta Rocío Chávez, directora de “Pelokëlan”, su ópera prima. Para Chávez el pueblo mapuche está lleno de complejidades, y si bien son guerreros, son mucho más que eso. Revista Endémico conversó con la artista, quien cuenta la relación de su película con la naturaleza, sobre el difícil proceso de rodaje y más.

Reconciliación, dualidad y ética son algunos de los conceptos que se entrelazan en la película de Rocío Chávez, llamada “Pelokëlan”, un largometraje de ficción que actualmente está en etapa de post producción, luego de un proceso de filmación lleno de vicisitudes y encuentros con la naturaleza.

En palabras generales, se trata de la contratación de un campesino proveniente de Puerto Saavedra, Óscar Leiva, por parte de la Forestal Sierra Verde, para que cumpla con la labor de resguardar la Isla Huapi, donde la empresa comenzará con trabajos forestales. Sin embargo, la historia da un vuelco gracias a la aparición de entes mágicos que vinculan al campesino con un mapuche que vive escondido en esta isla. Es así como comienza una gran amistad, que se ve amenazada por la duda de Óscar, quién no quiere perder su trabajo ni tampoco a su amigo.

“Este es mi primer largometraje ficción, y tuve la suerte de haber trabajado con la asesora de Víctor Gaviria, Gloria Nancy Monsalve, en el Bolivia Lab (Cochabamba)”, nos explica Rocío sobre el proceso creativo de Pelokëlan. Y agrega que, aunque en cierta medida se escriben tres películas (el guión, el rodaje y otra generada en la sala de post producción) y que  desde el origen al final todo cambia mucho, la esencia de lo que se quiere trasmitir permanece.

“Eso pude lograrlo gracias a la ayuda de Ricardo Larraín, quién fue la primera persona que creyó en mi película. Por otro lado, mucha gente me ayudó desde distintas áreas, y ni contar la cantidad de amigos -que ya habían hecho largometrajes- que me dieron consejos, visiones, y advertencias. Creo que para hacer cine, el conocimiento y la colaboración deben estar siempre presente, para así crecer como cineastas y personas”, señala la directora.

Por lo mismo, el guión en sí es tan importante, ya que es finalmente, el que contiene el mensaje central, que Rocío tiene clarísimo. “Quiero hablar de la reconciliación entre chilenos y mapuches a través de esta historia particular, ya que la enemistad ha sido un problema histórico desde la colonización. El pueblo mapuche está lleno de complejidades y me parece que la televisión se ha encargado sólo de mostrar que son terroristas que queman camiones y hacen barricadas. Si bien son guerreros, son mucho más que eso: hay todo un trasfondo de lo que significa ser mapuche, ya que un mapuche no puede ser mapuche sin su tierra. Quise mostrar parte de su cosmovisión y hacer que Óscar (interpretado por Jaime Omeñaca) conociera -a través de esta amistad- otra versión de lo que es ser mapuche, que está lejos de lo que muestra la televisión chilena”.

Cabe destacar que el papel de coprotagónico es interpretado por Joel Maripil.

EL RODAJE: Tempestades e iluminación

De que fue un rodaje difícil, lo fue. Y así lo confirma Rocío. Cuenta que rodaron hace un año durante 19 días en Puerto Saavedra (región de la Araucanía) y con un equipo reducido. Como convivían las 24 horas, se produjeron roces de convivencia, aparte de vivir cortes de luz, tormentas y retrasos.

“Una de las cosas que más recuerdo fue que antes de comenzar el rodaje, el Uñumche me dijo que teníamos que pedirle permiso al Wallmapu (a la tierra) para empezar. Pero yo y el equipo estábamos tan excitados por comenzar, que lo olvidamos. Consecuencia: esos días iba todo mal, terminábamos tarde las jornadas, nos costaba mucho cohesionarnos como equipo y teníamos los típicos problemas de comunicación. Entendimos entonces las señales, e hicimos una pequeña ceremonia dirigida por el lamgen Manuel Cayupan, quién nos prestó su casa para grabar. Desde ahí todo cambió entre nosotros, y entre nosotros con la tierra”, recuerda.

De hecho, salió el sol, y eso para Rocío y el equipo fue el gran permiso. “Puerto Saavedra es un lugar que energéticamente es muy poderoso, confluyendo el río, el mar y el lago Budi. No es casual que allá de verdad uno se siente con una energía diferente, y la percepción se abre. Un día salí a caminar con el sonidista y comenzó a soplar un viento que casi nos voló, una tormenta, vimos un rayo y sentimos los truenos muy fuertes. En eso se corta la luz en todo Saavedra, y pensé “estamos aquí, muy dentro de la tierra”.

“Se escucha, se siente y se huele, siendo un canal para comprender por qué el pueblo mapuche la valora tanto”

El rol de la Naturaleza en Pelokelan

Una de las protagonistas fundamentales de la película es precisamente la Naturaleza. La cineasta cuenta que ésta cumple el rol de ser la que logra sensibilizar a Óscar, que es un campesino bastante ignorante sobre la cultura mapuche. “Pero al sumergirse en ella, la escucha, la siente, la huele, siendo su canal principal para comprender el por qué los mapuche la valoran tanto”.

Y también, relata, es la que los protege de “Los malos”, que es la empresa forestal Sierra Verde, que pretende talar toda la isla. “Esa parte es bien mágica, pero prefiero no contar más hasta que salga el tráiler”.

En efecto, ya existe un primer corte de 64 minutos, y cuentan con una posible fecha de estreno: el segundo semestre del 2018. “Estamos viendo hacer primero un estreno con la gente de allá; las comunidades de Puerto Saavedra e Isla Huapi, y luego ir por un recorrido festivales”, adelanta Rocío.

El Financiamiento: la gran meta

El financiamiento, para todo proyecto artístico y cultural, es un tema fundamental. Sobre todo por la gran cantidad de recursos que se requieren, especialmente para la producción de un largometraje en lugares remotos.

Para Pelokëlan, el proceso de financiamiento fue igual de dificultoso que el rodaje, aunque de todas maneras fluyó. “Lo hicimos a través de la plataforma Ideame, y fue bien especial lo que nos pasó, porque de antemano sabíamos que este tipo de proyectos siempre los termina financiando la familia y los más cercanos. Pero a nosotros nos llegaron colaboraciones de gente que ni conocíamos, y colaboraciones no menores. Entonces eso fue una gran alegría para nosotros, entendiendo que más gente creía en el proyecto y se sumaban”, cuenta Rocío.

De esta forma, pudieron lograr la meta, y “pudimos hacer una película independiente”.

 

FICWALLMAPU es un espacio amplio y diverso de exhibición cinematográfica de temática indígena en diferentes géneros tales como: animación, documental, ficción, docu-ficción, experimental, entre otros. El festival se desarollará en dos sedes: Auditorio Facultad de Medicina UFRO y Auditorio AIEP (Temuco).

FICWALLMAPU es un espacio amplio y diverso de exhibición cinematográfica de temática indígena en diferentes géneros tales como: animación, documental, ficción, docu-ficción, experimental, entre otros.

El festival se desarollará en dos sedes: Auditorio Facultad de Medicina UFRO y Auditorio AIEP (Temuco).

Aner y Tikay son un duo de muralistas que pintan juntos hace dos años. Cuando descubrieron que ambos arrastran un pasado familiar de torturas a sus antepasados mapuche, decidieron empezar a retratar la cosmovisión de los pueblos nativos y las costumbres del mestizaje. A continuación, el cruce de dos relatos que convergen en una historia común. […]

Aner y Tikay son un duo de muralistas que pintan juntos hace dos años. Cuando descubrieron que ambos arrastran un pasado familiar de torturas a sus antepasados mapuche, decidieron empezar a retratar la cosmovisión de los pueblos nativos y las costumbres del mestizaje. A continuación, el cruce de dos relatos que convergen en una historia común.

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Tikay significa «Florecer» en Quechua, un pueblo muy inteligente en cuanto a medicina que trabajó la ideología globalizadora del cuerpo y el espíritu -persona, sociedad y cosmos-. Así nace la creación, de la unión de dos partes insospechadamente conectadas por un hilo que no se corta, más bien crece.

Cuando Aner Urra y Paula Ferrer –más conocida como Tikay– se conocieron, coincidieron en tres cosas: son muralistas, lo que más les gusta es viajar haciéndolo y ambos tienen descendencia mapuche. Pero son mestizos, y esa es la temática que abordan en los muros desde que comenzaron a pintar juntos hace dos años.

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Un niño con hojas de coca, Cochabamba, Bolivia.

Ellos han unido sus apuestas y han creado un estilo con una temática común. En este tiempo han retratado una serie de personajes con trabajos tradicionales y han llevado este sello a Coroico, La Paz y Cochabamba en Bolivia, también en Bogotá (Colombia), Santa Cruz (Chile), Concepción y  distintos lugares de Santiago.

Endémico: ¿Cómo creen que aportan ustedes con su trabajo a la resistencia de los pueblos originarios de Latinoamérica?

Tikay (T): Nosotros promovemos la cosmovisión. No pintamos una lamngen tirando piedras o en un momento de enfrentamiento con la policía, por ejemplo. Eso es algo que otros muralistas sí hacen: representan la resistencia y a la vez denuncian. Nosotros nos enfocamos en las costumbres y simbolismos del pueblo, no sólo desde lo originario, ya que también mostramos el encuentro con el mestizo, lo que es igualmente una lucha identitaria. La cosmovisión es lo más importante de un pueblo. Muchos pueden salir a luchar, pero si no conocen eso que le da el empuje, la mesa queda coja y rescatar la relación entre ambas culturas es una forma de  practicar nuevas formas de conocimiento.

¿Y cómo entramos en ese conocimiento a través de un mural?

– Aner (A): Hay que saber cómo entrar en ese conocimiento, porque, por ejemplo, en San Juan hacia la costa hay una comunidad Huiliche. Ellos decían que están cansados de los antropólogos, sociólogos, incluso de nosotros, porque les preguntamos sobre historias del lugar. Después escribimos libros y tesis doctorales, pero la comunidad no recibe ninguna retribución ni visitas. Creemos que es necesario encontrarnos con la cosmovisión ancestral, pero cuando uno busca sólo la cáscara para lucrar en su defensa, no tiene sentido. Si se habla de una recuperación, hay que pensar en sus dos planos: el material, compuesto por lo sólido y todo lo que necesitamos para vivir: agua, tierra, comida, empleo; y el otro es invisible, ideológico, y que completa la esfera de la cosmovisión. Con los murales, nosotros hacemos un llamado a hacerse consiente de esta identidad que todos cargamos.

Y cuando ustedes van a pintar ¿Se relacionan con las comunidades?

– A: Es relativo porque hay veces que estamos un mes y otras que vamos por una semana, entonces es mejor informarnos y llevar una idea preparada.

– T: Igual hay instancias en las que la gente nos cuenta la historia de la comunidad y nosotros pintamos lo que ellos nos cuentan. En Bolivia o Colombia íbamos con una idea de la lucha que esos países mantienen y que compartimos como latinoamericanos. Pero cuando estábamos pintando, llegaba la gente en la calle y nos contaba mucho más de lo que nosotros sabíamos. Nos enteramos, por ejemplo, qué estaba pasando con las tejedoras en Colombia, donde su lucha y su trabajo ya no se reconocían, y ellas agradecían que las hubiésemos representado porque así ayudábamos a reivindicar su oficio.

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Homenaje a las mujeres tejedoras de la Guajira en el Festival Cromasur, Bogotá, Colombia.

– ¿Cómo creen que este muralismo enfocado en la cosmovisión de los pueblos originarios puede contribuir a las causas medioambientales?

– A: Bueno, pintando con aerosol no creo que contribuyamos mucho jajaja (risas).

– T: Al menos estamos reutilizando las latas que ocupamos en la casa que estamos construyendo en Villarrica.

– A: En realidad, lo que hacemos es cambiar la vibración de los lugares. El arte mural mejora la condición de vida de la gente, sobre todo en la ciudad, donde no hay mucho tiempo para salirse de la rutina y se vive en un sistema ultra estructurado. El arte tiene la función de sacarte de ahí y pegarte un remezón. Nosotros lo orientamos a volver a nuestro origen.

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Muro ciclovía Rosas, Santiago.

Es un frío viernes de abril y nos encontramos en la ribera del río Mapocho, lugar donde se realiza el Festival La Puerta del Sur. Tikay abre un termo que huele a canela y jengibre, luego sirve un poco de esa pócima en la tapa y nos cuenta que nació en el Barrio Yungay,  el sector patrimonial santiaguino donde las murallas hablan. Luego entró a estudiar arte a la Arcis y fue allí donde pintó su primer mural.

Aner toma un poco de ese tecito que Paula nos convida y cuenta que él nació a cientos de kilómetros más al sur, en Villarrica. En el 2003 entró a estudiar diseño en el INACAP de Temuco y allí fue donde conoció a un grupo de graffiteros con quienes salió a experimentar la experiencia de pintar en la calle. Confiesa que antes su área era el cómic, pero cuando este grupo se fortaleció, conformaron el colectivo A la Pinta.

A pesar de que ellos vivían y trabajaban en lugares diferentes, lo que los terminó de unir fue la historia que comparten, en la cual se cuentan pasados familiares marcados por la represión mapuche.

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Mural realizado durante el encuentro Concegraff en calle Ongolmo con Los Carreras, Concepción.

E: Ambos han dedicado parte de su trabajo a mostrar la cosmovisión mapuche ¿Qué los motivó a abarcar estos temas?

T: Yo creo que la historia de nuestras familias, porque ambas fueron violentadas en algún minuto, y nosotros estamos en la lucha de volver a recuperar lo que trató de ocultarse. Por mi parte, lo desarrollé en Artistas sin Futuro y después en el taller de serigrafía más intensamente.

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Mural realizado durante el 2014 en Cochabamba, Bolivia.

¿Cómo lograron hacer este recorrido?

A: Es un ejercicio súper importante que nadie hace y hay que tomarse el tiempo para lograrlo. Llamar a la tía, ver fotos, investigar en internet. Para poder seguir para adelante, hay que rebobinar y escudriñar en el pasado y eso sirve para darle sentido todo lo que uno hace.

T: Es necesario para sanar y superarse. A veces uno tiene trancas o malas relaciones y no sabe porqué te pasa. Yo caché la historia de las mujeres de mi familia y me di cuenta que era una wea terrible y ahí dije “ya, esto se tiene que cortar aquí o si no va a seguir para adelante y mis hijos lo van a vivir también”.

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Aner y Tikay en un el mural que pintaron en el poblado de Coroico, Bolivia.

Hoy en día, los caminos de Aner Urra y Paula Ferrer están unidos al punto de encontrarse construyendo una cabaña en Villarrica, que está rodeada de comunidades mapuche. La casa, cuentan, la están armando a pulso con técnicas de bioconstrucción y para afirmar el ensamble de las paredes han depositado cientos de latas de sprays, además de neumáticos y otros materiales reutilizados.

Esta es la obra que más tiempo les ocupa por ahora y creen que será la que les dará la seguridad para hacer lo que más les gusta: pintar y viajar.

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Este es el mural que Aner y Tikay dejaron en la ribera del Río Mapocho. Representa a una mujer mestiza con un vestido formado por hojas de plátano oriental.

*Imagen destacada de esta nota es de León Calquin.