La vanguardia oceánica de la permacultura marina

El mundo se está calentando y no es ninguna sorpresa. Hemos llegado hasta este punto de formas colectivas. Década a década somos testigos de un constante aumento de la temperatura terrestre. Y como sostiene una de las leyes de la naturaleza, “todo está conectado”. Así como la superficie terrestre se calienta, también lo hace el […]

El mundo se está calentando y no es ninguna sorpresa. Hemos llegado hasta este punto de formas colectivas. Década a década somos testigos de un constante aumento de la temperatura terrestre. Y como sostiene una de las leyes de la naturaleza, “todo está conectado”. Así como la superficie terrestre se calienta, también lo hace el océano, puesto que además este un reclutador natural del CO2 atmosférico, uno de los peores y más abundantes gases de efecto invernadero que favorecen el calentamiento de todo nuestro planeta.

El aumento de las temperaturas en el planeta ha afectado a la tierra y al mar, especialmente a los fenómenos oceánicos como la surgencia: un proceso oceanográfico que consiste en el ascenso de masas profundas de agua fría y nutrientes hacia la superficie del mar. Dicho de otra forma, es como si la surgencia fertilizara las aguas superficiales del mar, favoreciendo la existencia de vida.

Sin embargo, a medida que aumenta la cantidad de calor en el planeta, disminuyen las surgencias, porque las capas de aguas más cálidas se vuelven cada vez más profundas, socavando la circulación natural de las aguas frías ricas en nutrientes y poniendo en peligro la vida marina (y también terrestre, ya que como mencionamos, todo está conectado).

Viendo este panorama protagonizado por las temperaturas y el CO2, nos podríamos preguntar: ¿Y si allí donde encontrábamos desiertos oceánicos creáramos, artificialmente, ecosistemas flotantes ricos en vida y bosques de macroalgas? De ser así, los bosques de macroalgas podrían secuestrar carbono atmosférico y además crear ecosistemas ideales para que otras especies pudiesen acercarse, convivir, crecer, refugiarse, reproducirse y comer. La buena noticia es que esto existe, y se llama “Permacultura marina”.

¿Y si allí donde encontrábamos desiertos oceánicos creáramos, artificialmente, ecosistemas flotantes ricos en vida y bosques de macroalgas?

Los bosques submarinos de macroalgas, como este de Huiro Lessonia flavicans, ubicado en el Estrecho de Magallanes, son grandes capturadores de carbono atmosférico. © Catalina Velasco

Permacultura marina: ¿Cómo funciona específicamente?

A grandes rasgos, se trata de un sistema capaz de restaurar en parte las surgencias marinas y favorecer la vida de especies diversas, como también permitir una extracción sostenible de algas a largo plazo y ayudar con la urgencia climática y su relación con la absorción de CO2. ¿Por qué? Las algas son extremadamente eficientes para absorber o “secuestrar” el CO2 desde la atmósfera de forma natural.

La permacultura marina consiste en crear nuevos ecosistemas y las condiciones ambientales óptimas para la renovación de la vida marina. Para ello, se usan plataformas artificiales horizontales en las que se pueden cultivar bosques de macroalgas. En estas plataformas también sale agua que es extraída desde las profundidades marinas, la cual es rica en nutrientes y baja en temperatura, ayudando a la producción primaria y creando hábitats para que se desarrolle la vida marina cercana a las superficies.

El sistema funciona uniendo una boya a un largo cable de acero que se hunde hasta los 500 metros aproximadamente (profundidad donde se encuentran las aguas frías ricas en nutrientes). En la parte más profunda del cable de acero, es decir, en la base, se conecta un sistema de bombeo. Cuando la boya en superficie se eleva junto con las olas, la válvula que está abierta en la profundidad recoge agua y luego se cierra, llevando agua profunda por otro tubo de irrigación directamente a la superficie del mar.

Pero también puede funcionar en forma contraria, cuando la boya en la superficie marina desciende de la cresta de una ola, haciendo descender al sistema de bombeo en la base, abriendo una válvula y permitiendo que el agua profunda sea llevada por un tubo de irrigación a la plataforma horizontal donde crecen las algas (a 50 o 100 metros de profundidad). El agua fría y rica en nutrientes sale del tubo a través de un sistema de riego liviano y poros o agujeros puestos a lo largo de toda la plataforma. En esta especie de “fertilización” de las aguas, llegan muchas especies, logrando crear pequeños y múltiples ecosistemas, donde antes existía un desierto marino.

Estrella de mar alojada en una pradera submarina. © Marko Tabak 

La permacultura marina logra el aumento del plancton, la creación de nuevos ecosistemas y la protección que dan los macrobosques de algas ya que son el hábitat y la base de la cadena alimentaria de innumerables seres vivos en el planeta. Además, aumenta la resiliencia de las pequeñas y locales pesquerías. Esta “surgencia artificial” logra reproducir, en parte, a la surgencia natural, es decir, logra restablecer los procesos naturales de retorno de nutrientes a la superficie, “enfría” las aguas superficiales tal como lo hacen las surgencias naturales, disminuye la estratificación en los océanos, hacer que la vida marina vuelva a ser como era cuando la surgencia natural lo permitía y a su vez las plataformas artificiales permiten que las algas se puedan asentar y crecer. ¿Y qué pasa con el CO2? Los bosques de macroalgas son uno de los biomas y sumideros de carbono más dinámicos del planeta, pudiendo absorber CO2 atmosférico, uno de los peores y más abundantes gases de efecto invernadero que favorecen el calentamiento de todo nuestro planeta. Por tanto, la permacultura marina se vuelve una aliada tanto para salud del océano, como para la salud de los ecosistemas terrestres, ya que ayuda fuertemente con los impactos de las alteraciones climáticas mundiales.

Este sistema que logra restaurar paulatinamente la circulación natural del mar, es una ventaja en la lucha contra la acidificación de los océanos, la urgencia climática y la pérdida de biomasa. Y entonces, ¿Cuáles son los aportes de cultivar las macroalgas al mismo tiempo de llevar nutrientes a zonas más superficiales? La regeneración a gran escala y el cultivo y cosecha en mar abierto de los macrobosques de algas pueden tener diferentes destinos. Las algas se pueden usar como alimentos (proporcionando seguridad alimentaria), bioestimulante, biocombustible, fertilizantes, incluso bioplásticos y también pueden actuar como fuente de carbono azul (se habla del carbono verde que es aquel que es retenido por los bosques y el azul, que es el que es capturado por las especies vegetales marinas que se encuentran en los ecosistemas marinos y oceánicos).

Pero más allá de la vanguardia y la ingeniería que hay detrás de este sistema, la permacultura marina esconde algo más profundo detrás… ¿lograremos generar el necesario cambio desde prácticas extractivistas hacia actividades que promuevan la regeneración de hábitats? Los esfuerzos se dirigen hacia allá, dado que las amenazas cada vez más presentes a todos y cada uno de los seres que habitan la biosfera es una realidad que debemos atender ahora ya. Estamos interconectados, y por ende, tener el foco en reducir la acidificación de océanos, proporcionar medios de vida sostenibles y restaurar el hábitat marino, es una responsabilidad que nos convoca a todos.

Imagen de portada: © Alejandro Acosta, vía Unsplash

L@s invitamos a nuestra cuarta Sesión Endémica con la bióloga marina Catalina Velasco. Es co-fundadora y directora regional de Fundación Mar y Ciencia; exploradora y líder joven de National Geographic; y candidata a doctora en ciencias antárticas y subantárticas de la Universidad de Magallanes, donde trabaja con ecología comunitaria y complejidad estructural de los bosques […]

L@s invitamos a nuestra cuarta Sesión Endémica con la bióloga marina Catalina Velasco. Es co-fundadora y directora regional de Fundación Mar y Ciencia; exploradora y líder joven de National Geographic; y candidata a doctora en ciencias antárticas y subantárticas de la Universidad de Magallanes, donde trabaja con ecología comunitaria y complejidad estructural de los bosques submarinos del alga Lessonia flavicans. También es comunicadora científica, al usar la fotografía para mostrar la belleza del patrimonio natural submarino.

Catalina conversará con nuestro editor Jens Benöhr sobre la biodiversidad submarina de Patagonia, los bosques de algas, el buceo en aguas frías y la fotografía submarina.

La sesión será transmitida vía instagram live este miércoles 10 de junio a las 19:00 horas (horario Chile). ¡El fondo marino te espera!

Courtney Mattison (1985) fue criada en la ciudad de San Francisco, pero actualmente vive y trabaja en Los Ángeles, Estados Unidos. Esta artista visual también estudió biología y ha sido reconocida por sus esculturas cerámicas inspiradas en la frágil belleza de los arrecifes de coral. Esto con el objetivo de inspirar al público para conservar […]

Courtney Mattison (1985) fue criada en la ciudad de San Francisco, pero actualmente vive y trabaja en Los Ángeles, Estados Unidos. Esta artista visual también estudió biología y ha sido reconocida por sus esculturas cerámicas inspiradas en la frágil belleza de los arrecifes de coral. Esto con el objetivo de inspirar al público para conservar y preservar estos ecosistemas que hoy están siendo gravemente afectados por la contaminación marina, la sobrepesca y el cambio climático. La obra genera una interesante reflexión entre el uso del material escogido y la temática central, ya que los unen su delicadeza y la facilidad con que pueden fragmentarse.

En su serie de obras tituladas Our Changing Seas («Nuestros Océanos Cambiantes») Courtney ha creado piezas únicas modeladas con dedicación y pulidas con lujo detalle, logrando una gran semejanza a las mismas estructuras de los arrecifes. Éstas destacan por sus vibrantes colores y asertivas formas, relieves y texturas que atrapan tanto por su dinamismo, como también realismo. La obra se apropia del espacio, rompiendo el esquema de la escultura tridimensional, ya que el montaje del coral es a la pared, lo cual hace que el espectador vea, frente a sí mismo, la obra sobresaliendo del plano bidimensional y pueda apreciar los detalles de la composición de cada arrecife.

Utiliza una gran variedad de colores que, a medida que la obra crece, van perdiendo fuerza  hasta llegar al color blanco, reflejo de un proceso que hoy se ha acelerado y que afecta a la mayoría de los corales en el mundo llamado “Blanqueamiento de Corales”.  Por esta razón que su trabajo es un llamado urgente a la acción, planteando un escenario negativo. Sin embargo también nos da esperanza, ya que como podemos percibir en sus esculturas, hacia el centro de la obra aún se mantienen los corales con vida.

Detalle de «Our Changing Seas III». © Arthur Evans.

En su declaración de artista (Artist Statement) Courtney afirma:

Como escultora y activista por los océanos, creo que el arte impacta en nuestras emociones y puede llevarnos a valorar el planeta azul en que habitamos, algo que los datos científicos a veces no pueden lograr. Protegemos lo que nos importa, y nos importa lo que conocemos. El arte puede hacernos ver la belleza y la destrucción de los corales, y así inspirarnos a proteger los océanos.

El trabajo de Courtney ha viajado por el mundo y busca incidir en políticas públicas, generando medidas concretas para la conservación de estos ecosistemas. Por esto que también trabaja en alianza a Mission Blue, una iniciativa de Sylvia Earle para inspirar la creación de una red de áreas marinas protegidas alrededor del mundo, las cuales son nuestra única fuente de esperanza frente a este panorama muchas veces desolador. “¿Será que los corales están condenados a desaparecer en el olvido, o vamos a permitir que se recuperen para recuperar su vitalidad?”, pregunta Courtney.

Courtney Mattison parada frente a «Our Changing Seas III» © Arthur Evans

 

La amenaza de las colillas de cigarro

Las colillas de cigarro son el residuo con mayor presencia en las playas y océanos y tienen un impacto medible y tóxico en el medio ambiente que va en aumento. Una de cada tres colillas termina cayendo en nuestras calles, parques, cauces fluviales y playas, dejando en ellos una huella imborrable. El ciclo de vida […]

Las colillas de cigarro son el residuo con mayor presencia en las playas y océanos y tienen un impacto medible y tóxico en el medio ambiente que va en aumento. Una de cada tres colillas termina cayendo en nuestras calles, parques, cauces fluviales y playas, dejando en ellos una huella imborrable.

El ciclo de vida del cigarro es largo y sus impactos son muchas veces ignorados. La plantación y crecimiento de la hoja de tabaco ha involucrado, desde sus inicios en la década de 1970, la pérdida de alrededor de 1.500 millones de hectáreas de bosques, principalmente tropicales, contribuyendo en más de un 20% al incremento anual de gases de efecto invernadero.

Sólo durante el año 2012 y en al menos 124 países, 4,3 millones de hectáreas fueron destinadas a éste cultivo. La producción de un total de 7,5 millones de toneladas métricas de hoja de tabaco generó una fuerte pérdida de biodiversidad asociada con la fragmentación del hábitat.

Además, las grandes cantidades de químicos y reguladores de crecimiento para controlar los brotes de plagas y enfermedades dejan a su paso un suelo altamente vulnerable, que se ve perjudicado por el cultivo sin rotación que se suele usar en estas plantaciones.

Pero lo anterior es sólo el comienzo. Luego del cultivo y la cosecha viene el proceso de fabricación del producto. En él, se utilizan tóxicos como el amoníaco, el alcohol metílico, el ácido clorhídrico, furfural, aldehídos y arsénico y altas cantidades de agua, madera y recursos como carbón y gas para producir energía. Finalmente, cada cigarrillo posee entre 7 y 20 mg de alquitrán y produce 80 cm³ de monóxido de carbono.

Cuando el producto está terminado, el número de elementos contaminantes sigue en aumento. Ya que no solo se ve involucrado el proceso de producción de los cigarros, si no también el de los paquetes individuales, cajas grandes y embalaje, además de la huella de carbono que significa el transporte de cada uno de estos elementos por separado y la exportación y reubicación del producto terminado. Existen un sin fin de elementos de desecho asociados con el uso de tabaco, entre los que destacan los 2 millones de toneladas de papel, tinta, celofán, papel de aluminio y pegamento que se utilizan en el embalaje. Finalmente, cuando llega a las manos del consumidor, a toda la lista anterior se suma el más común y visible: las colillas de cigarro.

Colillas

Los filtros o colillas de cigarros fabricados a base de acetato de celulosa, en la mayoría de los casos, no se biodegradan. Sin embargo, bajo circunstancias específicas (con luz solar y humedad), los filtros de cigarros pueden romperse en pedazos de plásticos más pequeños, dejando escapar micro fibras sintéticas y cerca de 7000 químicos contenidos en un sólo cigarro. Muchos de estos productos químicos son tóxicos para el medio ambiente, y al menos 50, son conocidos carcinógenos. Con cada colilla que cae al suelo anualmente, se logra una suma total que varía entre los 340 y 680 millones de Kg.

Urban runoff y filtración en suelos

En general, no existen políticas públicas, campañas o una noción sociocultural que apunte al comportamiento que los fumadores deben tener respecto a los desechos del cigarrillo. El – aparentemente – simple hecho de lanzar las colillas al suelo es algo socialmente aceptado. Sin embargo, se ha demostrado que los tóxicos mencionados anteriormente se filtran, a través de procesos de escorrentía o urban runoff, hacia el medioambiente y son altamente nocivos para los suelos y los organismos terrestres y acuáticos. Existen además evidencias sobre la contaminación de los suelos y cuerpos de agua y las consecuencias que esto tiene en invertebrados y peces. Tal es el caso de los estudios liderados por Elli Slaughter y Ronald Patra quienes comprueban la toxicidad de las colillas de cigarros que, al estar empapadas en agua dulce o salada, en tan sólo 96 horas logran matar al 50% de los peces a su alrededor y producen serias complicaciones a invertebrados acuáticos.

Lo más encontrado en Chile

Desde el año 1980, las colillas de cigarros han liderado la lista de artículos recogidos en limpiezas costeras y urbanas. En Chile, una de las más antiguas e institucionalizadas es la impulsada por la ONG internacional Ocean Conservancy, que se realiza en más de 120 países y que en nuestro país es coordinada desde el año 2005 por la Armada de Chile (DIRECTEMAR) en conjunto con municipios, organismos públicos, privados y el Ministerio del Medio Ambiente.

Además, las campañas nacionales y estudios realizados en campo se han formalizado año a año. Entre ellos destaca el trabajo de Científicos de la Basura, quienes han liderado campañas nacionales cada 4 años, educando a la sociedad y a la vez levantando valiosa información acerca de la cantidad de distintos residuos que existen en nuestras costas. La basura en las playas está aumentando a un ritmo del 20% cada 4 años y las colillas de cigarro lideran la lista.

Lejos de asumir la responsabilidad por sus desechos, los consumidores de tabaco se desentienden del problema de contaminación que generan, y son finalmente el Gobierno, las comunidades locales y organizaciones privadas con sus voluntarios quienes se han hecho cargo de una situación insostenible y que año a año va en aumento.

Cabe preguntarse si los usuarios y productores del cigarro tienen conciencia real del problema medioambiental que están generando.

¿Cómo hemos avanzado como país?

La ley antitabaco trajo consigo una serie de medidas que restringieron el consumo de cigarrillos en nuestro país. Fue promulgada en mayo del año 2006 y contemplaba limitantes tanto para los consumidores, como para los comerciantes y fabricantes de cigarros. Se prohibió fumar en varios lugares. Sumado a esto, dos grandes subidas de precio fueron impulsadas a nivel nacional: una en el año 2006 y otra en el año 2014. Aún así, la ley no ha logrado reducir notoriamente los porcentajes de tabaquismo es nuestro país.

Hace 5 años, durante el año 2013, se ingresó un proyecto de ley que buscaba prohibir el consumo de tabaco en playas y plazas. Iniciativa que no ha salido a la luz legalmente y no existe una urgencia por levantarla. Actualmente, lo último que ha ocurrido en esta materia, fue la iniciativa del alcalde de la comuna de Las Condes de prohibir el consumo en las plazas de la comuna, que a partir del pasado 1 de noviembre comenzó su marcha blanca. Esto ha convertido a Las Condes en el primer municipio que cobra multas a quiene fumen en plazas y parques, además, también considera una infracción el tirar las colillas y otros desechos asociados al piso. 

¿Se pueden reciclar las colillas?

IMEKO es uno de los emprendimientos nacionales que buscan solucionar esta problemática. Ellos recolectan, transforman y revalorizan las colillas de cigarro, reutilizando el 70% de los compuestos. De esta manera logran fabricar objetos que tienen una larga vida útil. Algo sumamente positivo y necesario, considerando que Chile se posiciona como el mayor consumidor de tabaco a nivel Latinoamericano. Para el proceso de recolección, se instalan receptores de colillas en distintos lugares de la ciudad de manera que la población participe activamente dejando ahí sus desechos. Esta metodología que incorpora a la ciudadanía, logra destapar e incorporar en el día a día un tema que no suele ser cuestionado.

A paso firme

Generar campañas educativas y en terreno para dar a conocer el problema ecológico que generan las colillas en el medioambiente es fundamental para impulsar una normativa legal que se haga cargo de la presencia de colillas de cigarro en los ambientes costeros, y más aún, de un tratamiento responsable de los desechos que genera este producto. El impacto medible que tiene el tabaco, en términos de contaminación, significa que éste ya no puede ser categorizado solamente como una amenaza para la salud del ser humano, sino también para la naturaleza, algo de lo que ya se ha hecho cargo la OMS, que considera al «tabaco y otras sustancias nocivas para la salud de las personas y para el medio ambiente». Este problema requiere un compromiso activo gubernamental, de los medios de comunicación, investigaciones científicas y de la sociedad en su conjunto. En última instancia, cada esfuerzo realizado permite reconocer al tabaco como un serio problema para todo el planeta. Y es imperativo que actuemos rápido.

Crédito fotografía: Blue Ocean Network


Referencias:

1) State of the world’s forests. Technical report. Rome: Food and Agriculture Organization. 2012 (http://www.fao.org/docrep/016/i3010e/i3010e.pdf, accessed 30 March 2017).

2) Golden leaf barren harvest, the costs of tobacco farming. Technical report. Washington DC: Campaign for Tobacco Free Kids. 2001

3) The health consequences of smoking – 50 years of progress: a report of the surgeon general. Technical report. US Department of Health and Human Services: Atlanta, GA. 2014.

4) Slaughter, E., Gersberg, RM., Watanabe, K., Rudolph, J., Stransky, C & TE, Novotny.  2011. Toxicity of cigarette butts, and their chemical components, to marine and freshwater fish. Tobacco Control. 20 (Supp l1): i25 – i29  

5) Micevska,T., Warne, MSJ., Pablo, F & R, Patra. 2006. Variation in, and causes of, toxicity of cigarette butts to a cladoceran and microtox. Archives of Environmental Contamination and Toxicology.50 (2) :205–212.

6) Chhabra, A., Geist, H., Houthon, RA., Harberl, H., Braimoh, AK., Vlek, PLG., et al. 2006.  Land-use and landcover change: local processes and global impacts. Berlin, Heidelberg: Springer; 71– 116.

A principios de febrero de este año, ingresará a comisiones la ley que busca crear los primeros dos Parques Nacionales Marinos de Argentina. La iniciativa fue impulsada por el movimiento Sin Azúl No Hay Verde, quienes buscaron activamente crear conciencia sobre la situación del mar en su país. 36% del territorio argentino es mar. Debido […]

A principios de febrero de este año, ingresará a comisiones la ley que busca crear los primeros dos Parques Nacionales Marinos de Argentina. La iniciativa fue impulsada por el movimiento Sin Azúl No Hay Verde, quienes buscaron activamente crear conciencia sobre la situación del mar en su país.

36% del territorio argentino es mar. Debido a su amplia plataforma continental, es una de las áreas oceánicas más productivas del planeta, además, por su baja profundidad es un espacio marítimo único, con un ecosistema particularmente diverso y rico en especies que no se encuentran fácilmente en otras regiones. Pese a lo anterior, menos del 3% del territorio marítimo está protegido.

Fue a principios de 2017 que, ante esta situación, surgió el movimiento Sin Azul No Hay Verde, un grupo de organizaciones no gubernamentales que busca impulsar la creación de Parques Nacionales Marinos en Argentina. De esta manera, se espera cumplir con el compromiso adquirido por el país al sumarse al Convenio sobre Diversidad Biológica de la ONU, adhiriendo a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Lo anterior, se traduce en la meta de proteger, al menos, el 10% de la superficie marina para el año 2020.

A poco andar, la iniciativa se transformó en un proyecto de ley que busca regular la creación de estos dos parques nacionales, los primeros en la historia de Argentina. Este proyecto de ley entró al Congreso de la República en diciembre y entrará a comisiones en febrero de este año.  Hace más de 20 años que la problemática del mar se estudia en el país transandino. De estos estudios surgieron las delimitaciones de las zonas marinas a ser conservadas. Para que esto finalmente ocurra, la ley debe ser aprobada en el congreso de comisiones, luego se procederá a la reglamentación y creación de los procesos y protocolos de gobernanza de las áreas.

Pinguino de Penacho Amarillo. Foto: Sin Azul No Hay Verde.

Por qué es importante

Según estudios ambientales publicados por la ONU, se estima que para el 2050 habrá más plásticos que peces en el mar. Gran parte de las pesquerías se encuentran en riesgo y cerca del 90% de los peces grandes han desaparecido.

El mar argentino, por su parte, es visitado año a año por animales marinos de todo el mundo que migran en busca de alimento y un lugar seguro para tener a sus crías. Solo para dar un ejemplo, del mar argentino depende el 75 % de la población de Albatros Ceja Negra y 5 de las 7 especies de tortugas marinas del mundo. Lamentablemente también es uno de los más amenazados, principalmente debido a la sobre explotación de los recursos que en él se encuentran, además de la pesca ilegal y la pesca incidental, que afecta a especies que habitan los mismos sectores que las que son blanco de pescadores. En total, hay más de 63 especies en peligro.

Yaganes y Namuncurá

Los parques nacionales son una herramienta legal fundamental y efectiva para la conservación marina. El movimiento Sin Azul No Hay Verde, desde sus inicios en 2017, fomentó la creación de los que ahora serán los dos primeros parques nacionales marinos de Argentina: el parque Yaganes y el parque Namuncurá – Banco Burdow II. Este último será una extensión de la ya existente reserva marina Banco Burdow. 

Ambos parques son oceánicos, esto significa que comenzarán después de la milla 12, un poco menos de 20km de la costa, por lo que son aguas complicadas de navegar con propósitos turísticos, no son aptos para el público, principalmente por las condiciones del mar.

Este espacio estará exclusivamente dedicado a la conservación y protección del ecosistema, además se prestará para estudios científicos que propicien lo anterior. Paralelamente, se está trabajando en la realización de libros educativos para las escuelas. En ellos, no solo se toca la importancia de la conservación del mar y sus especies, sino que también habrá información de los factores que las amenazan, los riesgos y orígenes de la contaminación y la importancia de la creación de áreas marinas protegidas. Desde la organización, destacan que creando áreas marinas protegidas han puesto de cara al mar a una sociedad que solía darle la espalda. 

Parque Nacional Marino Yaganes

Se ubica al sur de Tierra del Fuego e Isla de los Estados, en el Pasaje de Drake que conecta el océano Atlántico con el Pacífico. Sus 69,000 km2 se acercan a las dimensiones de la provincia de Formosa (72.0066 km2) en Argentina, o en el caso de Chile, similar a las regiones de Biobío (37.068 km2) y la Araucanía (31.842 km2) juntas. Su fondo marino se encuentra mayormente inexplorado, se han detectado cañones submarinos y hay evidencia de bosques subacuáticos que probablemente contengan alta diversidad de especies. El propósito principal de la creación de este Parque es conservar y proteger los variados tipos de hábitats marinos y las especies sensibles, raras o con funciones claves para dichos ecosistemas (invertebrados del fondo, tiburones, peces, aves y mamíferos marinos).

 Parque Nacional Marino Namuncurá – Banco Burdwood II

Abarca aproximadamente 28,973 km2, equiparable a la provincia argentina de Misiones (29,801 km2) y en el parámetro chileno, un poco más pequeño que la región del Maule (30.296 km2). El Banco Burdwood es una meseta sumergida que, al ser de menor profundidad que las áreas circundantes y gracias a las corrientes que lo rodean, genera el ascenso de nutrientes de las profundidades, generando una explosión de vida. Burdwood II es una extensión de la actual reserva marina, Namuncurá – Banco Burdwood. El propósito principal de su creación es extender al actual Área Marina Protegida, para conservar un talud escarpado con cañones submarinos en donde habitan conjuntos de especies frágiles y únicas del fondo marino como corales (corales verdaderos, blandos y falsos corales) y esponjas. Estos forman bosques de animales que dan refugio a otras especies.

Ambos parques incluyen sectores de reproducción de peces de interés comercial como la Polaca, la Merluza Negra, el Granadero Chico y la Sardina Fueguina. Además son áreas de alimentación y tránsito de aves y mamíferos amenazados de extinción, como el Albatros Errante y la Ballena Fin.

Estas áreas marinas protegidas brindarán refugio para los ecosistemas oceánicos, permitirán la recuperación de los recursos marinos ayudando a restaurar poblaciones de peces y conservaran el hogar y fuente de alimentación de grandes mamíferos, cetáceos y aves.

Caballito de mar. Foto: Sin Azul No Hay Verde.

Sin Azul No Hay Verde

La campaña tiene un fuerte eje social de concientización hacia los argentinos, con un gran peso en lo informativo para que se tome contacto con el mar y todo lo que sucede en él. Hablar de las amenazas y los problemas con los que se enfrenta este inmenso ecosistema es fundamental para que la sociedad se sienta parte  responsable del territorio marino.

Su rol en la creación de los Parques fue la gestión y articulación con el gobierno impulsando la creación de las primeras áreas con denominación de Parque Nacional propiamente tal. Existían los estudios y las áreas desde hace casi 20 años pero no se estaba trabajando en la creación y reglamentación del Sistema Nacional de Áreas Marinas Protegidas, la regulación se limitaba a un número muy reducido de reservas.

A parte de trabajar para impulsar la creación de Parques Nacionales Marinos tiene como misión dar a conocer el mar a la sociedad, los procesos biológicos, su importancia para la supervivencia de nuestro planeta, su flora y su fauna, amenazas y como cada uno puede hacer para protegerlo.

La organización Sin Azul No Hay Verde se mantiene constantemente en movimiento, en estas fechas estarán realizando limpiezas de playa, capacitaciones y charlas. Se espera que a mediados de junio de este año, las tramitaciones terminen y  los parques Yaganes y Namuncurá vean luz verde y se concrete su creación.

Si quieres colaborar con la iniciativa o deseas encontrar más información, visitas su sitio web.

Plastic Oceans Chile invita cordialmente al Seminario #rethinkplastic, el próximo Martes 23 de Enero en Palacio Schacht, Avenida Nueva Providencia 1995, Providencia, Santiago. Este es el primer seminario multisectorial en que los invitados presentarán su visión general acerca de la problemática del plástico, las soluciones que están trabajando y los desafíos que enfrentan en su sector […]

Plastic Oceans Chile invita cordialmente al Seminario #rethinkplastic, el próximo Martes 23 de Enero en Palacio Schacht, Avenida Nueva Providencia 1995, Providencia, Santiago.

Este es el primer seminario multisectorial en que los invitados presentarán su visión general acerca de la problemática del plástico, las soluciones que están trabajando y los desafíos que enfrentan en su sector para frenar la contaminación por este material. Habrán speakers de los sectores científico, consumo masivo, productores, Ministerio de Medio Ambiente, construcción y reciclaje.

Además de los 5 speakers nacionales se contará también con la presencia del Director del documental «A Plastic Ocean», Craig Leeson (Australia) y la Global Executive Director de nuestra Fundación, Julie Andersen (Estados Unidos).

El seminario es auspiciado por la Embajada de Canadá y su entrada es gratuita.

Para reservar sus entradas (máximo 2 por persona), ingrese al siguiente enlace, deje sus datos y los entradas serán enviadas a su correo electrónico a través de la plataforma Welcu.

https://welcu.com/plastic-oceans-chile/rethinkplastic

Alejandro Durán (1974) es un artista visual mexicano, con actual residencia en Brooklyn, NY, EE.UU. Su trabajo e investigación está estrechamente vinculado con el ambiente, el consumismo y exceso de basura de la sociedad actual. Sus últimos trabajos titulados “Washed Up” (Arrastrados) presentan de manera bella e irónica los residuos plásticos que quedan en lugares […]

Alejandro Durán (1974) es un artista visual mexicano, con actual residencia en Brooklyn, NY, EE.UU. Su trabajo e investigación está estrechamente vinculado con el ambiente, el consumismo y exceso de basura de la sociedad actual.

Sus últimos trabajos titulados “Washed Up” (Arrastrados) presentan de manera bella e irónica los residuos plásticos que quedan en lugares naturales. El nombre de la exposición hace alusión a los residuos que arrastran las olas cuando llegan a la orilla de una playa. Lo interesante, es que emula un gesto natural de la ola que debiese mover consigo algas u conchas, pero que, con la excesiva contaminación del mar, termina arrastrando objetos plásticos.

Las obras de «Washed Up» fueron realizadas a partir de una limpieza de playa en la costa de la reserva ecológica reconocida por la UNESCO llamada Sian Kaán, del estado de Quintana Roo, en México. Esta limpieza realizada en la reserva tuvo como resultado la obtención de más de 765 kilos de plástico. Este material fue reciclado y seleccionado por el artista para crear sus intervenciones en puntos determinados en la misma reserva y posteriormente fotografiarlos.

Mar (Sea), 2013 © Alejandro Durán

El ingenio de Alejandro es poder evidenciar el impacto humano en este fenómeno, más allá de lo estético en el arte, el artista tiene la urgencia de transmitir el daño actual al planeta y la amplia distribución que estos desechos alcanzan. Su obra está vinculada al movimiento artístico Land Art, que en este caso, corresponde a la línea de site – specific, ya que la instalación está absolutamente involucrada con un sitio especifico, un mensaje y propósito claro.

Una de sus fotografías que refleja la ironía de lo natural manipulado por el humano es “Bombillas”, focos de luz que emergen desde la orilla del mar. Si la imagen se observa rápidamente, el inconsciente las registra como si fuesen conchitas. Mediante estas obras, Alejandro consigue despertar en el espectador que no está habituado a temas ambientales, la noción del impacto ecológico actual y el daño que se está produciendo en reservas naturales, pues la imagen increpa al espectador de manera clara y concisa.

Bombillas (Bulbs), 2013 ©Alejandro Durán

Determinado a evidenciar que la sociedad debe dejar de dar por hecho como algo natural y común en su accionar en la tierra, Alejandro invita a reflexionar acerca del sobreconsumo de plástico diario, como son por ejemplo las botellas. Éstas fueron  parte de la limpieza de la reserva, recolectadas y seleccionadas intencionalmente las de color verde, para simular un manto de algas.

Algas (Algae), 2013 ©Alejandro Durán

Los residuos obtenidos fueron seleccionados por color y forma, para adaptarlos de tal manera que se camuflan con un entorno que no le es propio, provocando al espectador leer más allá de la obra: las consecuencias del fenómeno emulado.

Para el montaje de sus fotografías en exposiciones en museos, Alejandro realiza un trabajo interesante; desde ellas brotan los mismos plásticos recolectados, como si la obra quisiera apropiarse del espacio de la sala y del espectador, cautivando en él su sentido de permanencia ambiental y los efectos que la basura tienen en la flora y fauna y que el panorama visual al que se enfrenta, no es el cotidiano, más bien, resulta ser una especie de avalancha plástica sobre especies que habitan en dichos lugares. Durán logra posicionar al espectador también como un ser que se ve afectado, abrumado e incómodo por tal invasión, ya que no solamente está observando una fotografía, se ve también en la obligación de recorrerla y encontrar un punto de apreciación. Una situación no muy lejana a la realidad de los espacios naturales.

Alejandro busca precisamente despertar en el espectador un cambio brusco de hábitos para enfrentarnos a la alarmante situación que los desechos plásticos en el mar y la tierra nos plantean.

*Foto de portada: Brotes (Shoots), 2014

Exposición en el Granary Art Center.

 

Por qué rechazar el uso de pajitas

Las personas usan las pajitas o bombillas por un total de 10 a 20 minutos aproximadamente. Luego, se botan, lo olvidamos y seguimos con nuestras vidas. Pero, ¿qué dirías si supieras que ellas generan el 4% de la basura plástica a nivel mundial? En efecto, llegan al mar, contaminando y generando daño a muchas especies […]

Las personas usan las pajitas o bombillas por un total de 10 a 20 minutos aproximadamente. Luego, se botan, lo olvidamos y seguimos con nuestras vidas. Pero, ¿qué dirías si supieras que ellas generan el 4% de la basura plástica a nivel mundial? En efecto, llegan al mar, contaminando y generando daño a muchas especies marinas.

Como todo en la vida, la mayoría de las veces y en toda circunstancia, los detalles son los que marcan la diferencia. Y quizás eso es una premisa que pueda aplicarse a la campaña Mejor Sin Pitillo (que en nuestro país se conoce como “bombilla” o “pajita”), este pequeño adminículo de plástico que la mayoría de los restaurantes, fuentes de soda y/o puestos de comida rápida usan para que tomemos los líquidos que nos ofrecen, sean bebidas, aguas o tragos.

Sin embargo, son muy pocos los lugares donde nos preguntan si las queremos usar, o si preferimos usar -como en casa- sólo el vaso de rigor. Y es que las cifras son bastante alarmantes. Entre las estadísticas que han sorprendido a los ecologistas alrededor del mundo sobre el uso de las famosas pajitas o bombillas en relación al daño al medio ambiente, están:

Una sola de ellas tarda mil años en descomponerse.

Un restaurante puede desechar hasta 45 mil al año.

Se cree que el 90% de las especies marinas han ingerido productos de plástico.

Y claro, sólo en Estados Unidos, estrella en comida rápida, se estima que usan 500 millones de pajitas diariamente, y sólo McDonalds utiliza 60 millones en todo el mundo al día. Cuesta imaginar la envergadura de la montaña que se podría armar con todas esas pajitas si se pusieran juntas… ¡y diariamente!

Aunque en teoría están hechas de plásticos reciclables, polipropileno y polietileno, la gran mayoría no se recicla. Esto, porque cuanto más pequeño es un plástico, menos importancia se le da. Además, por su tamaño y forma, es muy fácil que puedan acabar en los ríos y en el mar. Una vez ahí, y como cualquier otro plástico, son mucho más contaminantes, dañando a muchas especies marinas.

Según Ocean Conservancy, las pajitas suponen un 4% de la basura total que hay en el océano. Y según un informe que hicieron de la basura que recogieron en playas de todo el mundo el año  2015, son la cuarta basura más común, después de las colillas, los envoltorios de comida y las tapas de botellas.

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Campaña Mejor sin Pitillo

Mejor Sin Pitillo es una campaña lanzada hace algunos meses en la Ciudad Verde (de Colombia), que busca reconocer a los restaurantes y cafeterías que han tomado la iniciativa de retirar estos funestos artefactos de sus menús y motivar a los demás establecimientos a dejar de utilizarlos. “Con el compromiso de estos lugares, se contribuye a la protección de los animales, a la disminución de la contaminación por el plástico y a generar conciencia ambiental entre sus clientes”, explican los creadores de la campaña desde sus redes sociales. Y esto porque no podemos obviar que el plástico es una amenaza para la vida silvestre, ya que entra en las cadenas tróficas, se bioacumula y causa muertes por intoxicación u obstrucción en los cuerpos de los animales.

Por lo mismo, esta campaña nos explica que debemos pensar en que, cada vez que utilizamos una bombilla por 10 o 20 minutos, ésta se suma a las millones que se usan y desechan diariamente en el mundo. “Con este hábito, estaríamos contribuyendo a generar mayor demanda de recursos, a la producción de toxicidad y a la contaminación ambiental”, añaden.

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Campañas alrededor del mundo

Lo positivo es que se ha tomado conciencia sobre esta situación en varios países del mundo, entre los que se cuentan Australia, España, Reino Unido, Estados Unidos, Ecuador y por supuesto Colombia.

Heather Itzla de “There is no away” comenzó la campaña Straws Upon Request, que anima a estudiantes de secundaria a ir a bares y restaurantes para solicitar que sólo pongan pajitas en las bebidas de los clientes que la soliciten.

Lo mismo en Australia, con “Plastic Free July”, que ha lanzado la campaña “The Last Straw”, que también animan a bares y restaurantes a quitar las pajitas de la barra y darlas sólo a aquellos clientes que la pidan.

Por su parte, en Estados Unidos, un niño de 9 años llamado Milo, empezó en 2011 “Be Straw Free”, creando todo un movimiento en su país alertando sobre el uso indiscriminado de las pajitas.

En Reino Unido, “StrawWars” tiene un directorio de bares y restaurantes que no sirven pajitas.CU_1024x1024

Finalmente, en Medellín, Colombia, existe “Mejor sin pitillo”, que ya ha sido todo un éxito, siendo los bares y restaurantes los que se ponen directamente en contacto con la organización para descargar sus flyers y carteles y decir que ellos ya no usan pitillo.

Ahora, en Chile también se ha tomado conciencia de esta problemática, existiendo varios actores que están pendientes del tema. Pronto se conocerán más novedades al respecto, y como Endémico se las haremos saber. Mientras, los invitamos a que cuando salgan a comer en cualquier parte de nuestro país, digan: mejor sin bombilla.

Foto portada: vivirsinplastico.com