Texto: Gabriel Orrego Fotografías: Antar Machado El paisaje rural cuenta historias. Historias que a menudo las leemos como desastres ambientales. Sin embargo, en muchos escenarios, existe la posibilidad de relatar esas historias como un proceso regenerativo, como una oportunidad de restauración socio-ecológica.  Son escasos, pero en Chile hay lugares en donde el bosque nativo se está […]

Texto: Gabriel Orrego

Fotografías: Antar Machado

El paisaje rural cuenta historias. Historias que a menudo las leemos como desastres ambientales. Sin embargo, en muchos escenarios, existe la posibilidad de relatar esas historias como un proceso regenerativo, como una oportunidad de restauración socio-ecológica. 

Son escasos, pero en Chile hay lugares en donde el bosque nativo se está recuperando. Cerros que hace 25 años se veían secos y pelados a los bordes del camino, hoy se cubren de una fuerza frondosa. Coihues, Hualles, Maquis, Radales, y otros más, ejerciendo el noble rol de las especies pioneras. 

El proyecto Bosque Fungi se sitúa en uno de estos territorios, Gaia sur, Carhuello, Pucón, allí donde potreros y árboles monumentales –sobrevivientes de tiempos antiguos– empiezan a reconectarse con los remanentes boscosos del monte.

El ecólogo Gabriel Orrego es uno de los fundadores de Bosque Fungi, junto a Nicole Mintz y Miguel Bolt. © Antar Machado

Una gradiente medio ambiental de recuperación ecosistémica

Bosque Fungi nace a comienzos de 2021 por una visión de conservación que hace décadas venía cultivando Nicole Mintz (cofundadora reserva El Cañi y protectora de los bosques chilenos antiguos) para facilitar un espacio en recuperación, y ofrecer a las personas una experiencia de aprendizaje memorable en donde los visitantes tuvieran la posibilidad de experimentar y recordar que somos naturaleza y estamos todos interconectados.

Así, nos reunimos con Nicole Mintz y el artista Miguel Bolt (creador de Magma Lab), para darle forma a esta visión, la cual pudo comenzar a concretarse gracias al apoyo de un fondo concursable de Fundación Mar Adentro. Un par de meses y ya teníamos equipo, lugar, y base de financiamiento, solo faltaba integrar algo clave, un componente misterioso pero crucial para este proceso de recuperación, un silencioso incógnito que facilita la formación de suelo, la regeneración, y la resiliencia a través de la interconexión…el Reino Fungi.

El espacio se encuentra en los bosques húmedos de Nothofagus ubicados en el sector de Carhuelo, en las cercanías de Pucón. © Antar Machado

Los hongos son un reino fantástico que hasta hace pocas décadas era solo un apéndice del reino de las plantas. La malla curricular de la educación nacional no menciona su magnífica biodiversidad, su rol ecológico, su importancia económica u ubicuidad en la biosfera. Este proyecto y sus potenciales réplicas, sería una forma eficaz de integrarlos.

Así, Bosque Fungi invita a niñas y niños, adultos, guías, monitores, o quien sea, a abrir una instancia de conexión y magia con el proceso de regeneración, narrado desde la naturaleza. Creamos un guión ecológico, tejido entre micro-cuentos con estaciones demostrativas.  

Lo principal es sensibilizar el mensaje, contar un proceso ecológico con notas de magia y arte.

Bosque Fungi es una invitación a abrir una instancia de magia y conexión con la regeneración del bosque, narrado desde la naturaleza. © Antar Machado

Empezamos por el gran Ulmo sobreviviente del potrero, un gran árbol de 500 años, que nos introduce, a través de su voz, al cambio histórico del paisaje. ¿Cómo solían ser estos bosques, qué ocurrió con la llegada de los colonos, y cómo hoy, escuchamos el bosque del cerro acercarse, y el micelio de los hongos formando suelo? Fueron algunas de las preguntas que quisimos instalar en esta narración, cuyo principal protagonista es la voz del bosque sureño.

Seguimos nuestro recorrido y llegamos al Árbol Madre. Una Pellín (Nothofagus oblicua en estado maduro) que luego de sacar el ganado de los potreros, ha cultivado una silueta de regeneración. Pequeños Hualles (Nothofagus oblicua en estado joven) hambrientos de luz, enfocados en formar un parche de bosque. Aquí, la narración, proviene desde el micelio (cuerpo subterráneo del hongo), quien cuenta su amistad con esa Pellín, y su rol fundamental en conectarla con toda su descendencia. A través del cuerpo del hongo el árbol madre puede entregar energía a el futuro bosque.

Una serie de narraciones desde los mismos habitantes del bosque permiten un diálogo interconectado con la naturaleza presente y quienes visitan Bosque Fungi. © Antar Machado

El recorrido continúa, y pasamos por estaciones que retratan cómo los árboles conversan entre sí, y el avance dela sucesión ecológica del bosque templado. Luego, somos testigos de cementerios de tocones que transforman la muerte en vida, un lugar en donde podemos respirar la más noble descomposición. El guión finaliza llegando a la red de micorrizas, donde nos sumergimos en el subsuelo e interconectamos con distintos materiales a todos los árboles del bosque. De ese modo, revelamos la importancia de la interconexión en las dinámicas y resiliencia del bosque.

El acto de cierre consiste en poner las manos en el suelo, y hacer en conjunto un pequeño bosque Miyawaki. Esta es una técnica desarrollada por un botánico japonés, en donde lo esencial es restaurar imitando al bosque. Remediamos suelo, inoculamos con microorganismos de bosque, plantamos en alta densidad, híper biodiverso y estratificado. Cada grupo de personas que viene a Bosque Fungi, deja su núcleo de bosque de crecimiento acelerado.

Durante este año hemos ido enriqueciendo el proyecto y dándole una forma mucho más poderosa para lo que se viene a futuro, gracias, en gran parte, a la organización de tres talleres: 1) Educadores ambiental; 2) Artistas y creadores; y 3) Mico-locos.  En ellos, nos reunimos con los distintos grupos por todo un fin de semana en Gaia Sur, realizamos el recorrido, retroalimentamos, restauramos, hicimos cromatografías, comimos delicioso y lo más importante, se formó una red de colaboración.

La iniciativa busca ser un laboratorio abierto que integre artes visuales, música, land art, educación, ecología, y entre otras actividades. © Antar Machado

Hoy Bosque Fungi tiene grandes proyecciones de educación ambiental en la zona. Universidades como la UFRO y el DUOC, planean cada año enviar a sus estudiantes de turismo a sumergirse en la experiencia. Escuelas y colegios locales, contarán con este espacio para desarrollar actividades memorables de educación ambiental. El guión estará en constante evolución, para ser cada vez más asertivo y sensible con su mensaje.  Los próximos años invitaremos a artistas a hacer instalaciones en el paisaje que visibilicen procesos del bosque, que muchas veces permanecen ocultos a nuestros sentidos. Será un laboratorio abierto que integre artes visuales, música, land art, educación, ecología, y mucho más.

Bosque Fungi quiere convertirse en el primer jardín de hongos. Un proyecto altamente replicable, similar a un jardín botánico, pero que expone la maravillosa funga chilena a través de esculturas, artesanías y cultivo de hongos outdoor. Y lo más importante de todo, que nos recuerda que aun podemos regenerar estos valles.

Abrazo Fúngico,

Gabriel Orrego    

© Antar Machado

Imagen de portada: © Antar Machado

Este sábado 8 de mayo de 2021 a las 19 hrs Revista Endémico junto a la compañía Circo Lacustre trae el estreno de un excepcional mediometraje performático arraigado en la Araucanía Andina. Un encuentro entre circo, activismo y la naturaleza de los volcanes del sur de Chile que transmite un potente mensaje desde el cuerpo […]

Este sábado 8 de mayo de 2021 a las 19 hrs Revista Endémico junto a la compañía Circo Lacustre trae el estreno de un excepcional mediometraje performático arraigado en la Araucanía Andina. Un encuentro entre circo, activismo y la naturaleza de los volcanes del sur de Chile que transmite un potente mensaje desde el cuerpo en torno a cómo nos hemos desvinculado física y emocionalmente de los entornos naturales.

Hoy, Alain Veilleux, director de «Solastalgia Circus Manifesto», nos adelanta parte de las motivaciones y convicciones que circulan al interior de esta nueva obra creada en plena pandemia junto a la compañía Circo Lacustre, y también nos habla del proceso creativo que permitió la creación de este video – circo que será estrenado por el Facebook Live de Endémico y del Facebook Live de Centro Cultural Padre de las Casas. No te pierdas este estreno exclusivo y gratuito que estará disponible este sábado para un único visionado.

© Solastagia Circus Manifesto

Circo, imagen y cambio global

Por Alain Veilleux, artista circense y director de «Solastalgia Circus Manifesto»

Solastalgia Circus Manifesto es un video-circo, producido por la compañía Circo Lacustre, sobre la distopía actual que vivimos como humanidad. La obra se teje dando vida a este nuevo concepto de solastalgia, a saber, respecto de cómo las preocupaciones que quedan marcadas en nuestros seres, [vi]viendo la gran aceleración hacia el deterioro incesante de la biósfera, generan ansiedad, pero pueden ser al mismo tiempo un incentivo para cambiar nuestra actitud y nuestra relación hacia la vida.

Siete personajes conforman una comunidad. Ellos articulan, desde su poética personal, una relación con la naturaleza (lo vivo y lo no-vivo) hacia un devenir enigmático. El relato construido está apoyado sobre un corto texto-manifiesto (incluido al final de este artículo), puesto al inicio en voz en off. Las preocupaciones de esta comunidad se traducen en un imaginario original, que invita a mirar la naturaleza con otros ojos.

Es un proyecto que nació con el objetivo de encontrar su vida en la calle, compartiendo con un público presente, en vivo. La realidad pandémica nos obligó a repensar nuestra práctica, tanto al momento de crear, como al momento de compartirla. Ya estábamos cuestionándonos sobre las posibilidades que tiene el arte para cambiar las narrativas que nos condicionan como especie, y que influyen directamente en nuestras relaciones con lo vivo y lo no-vivo. Hoy en día, en cualquier dirección que miremos, todos los análisis científicos y sociales nos indican que tenemos que aprender a vivir y a relacionarnos con el sistema tierra de otra forma, saliendo del antropocentrismo destructor y ciego.

© Solastagia Circus Manifesto

Como artistas sabemos que el imaginario crea realidades, y que nuestro oficio genera nuevos imaginarios. Se articulan así pensamientos desde otro lugar de conocimiento, y que – para el circense en específico-, se potencian desde la experiencia del cuerpo en el espacio, y sobre todo, en su vinculación con el riesgo y el absurdo. El circo tiene una poiesis fuerte que despliega un abanico muy amplio al momento de imaginar; es un metalenguaje que integra otros lenguajes, sin perder su identidad. Vemos en el cuerpo circense y su lenguaje la posibilidad de generar relatos que tocan y proporcionan una apertura al momento de [re]pensar una humanidad con valores diferentes, tales como la cooperación y la solidaridad.

Hoy más que nunca hay una reflexión importante que hacer sobre la labor y la responsabilidad del arte ; no hay cómo ignorar la contingencia planetaria al momento de crear.

El guion original que dio lugar a este vídeo-circo, planteaba trabajar sobre la temática de la distopía creando un espectáculo de circo para la calle, titulado Distopía feliz. Luego, sobrevino que nuestro proceso se definió en el marco de la distopía real [¿feliz?], ya que esta creación se realizó entre agosto del 2020 y febrero de 2021. Sucedió entonces que encontramos formas de seguir creando en tiempos de pandemia. Esta situación dejó clara la tremenda importancia de hacer arte y de juntarse presencialmente, para seguir creando nuevos imaginarios desde nuestras sensibilidades artísticas. Este oxímoron de distopía feliz nos invitó a considerar las cosas que se alejaron de nosotros últimamente, como: las personas; los ritos; el compartir el cotidiano; y a reflexionar sobre cómo accionar ideas en la realidad – a pesar de todas las dificultades que se vivencian en este mundo de cambios globales–, que rescaten humanidades, para seguir viviendo y muriendo bien.

© Solastagia Circus Manifesto

En este singular presente, hemos inventado formas de juntar cuerpos, emociones y mentes, para trabajar en las limitaciones de este presente truncado. Se hizo posible por el hecho de contar con el beneficio de un lugar ideal, sin el cual la obra no habría sido la misma o tal vez no habría sido. El centro de residencia artística Ko-Panqui fue nuestro refugio, nuestro hogar. El compartir el trabajo, la comida, las inquietudes, el cuidado, nos mostró algo que sabíamos pero que no valorábamos en su justa medida: la importancia capital del cuerpo del otro en la experiencia humana de aprender a vivir, es decir: cooperar.

La creación circense, la investigación, el pensar juntos, el mover el cuerpo-idea – es decir, la base narrativa de la obra– fueron realizados en colaboración, entre los circenses, los músicos y el director artístico, aprendiendo a cooperar nuevamente. Posteriormente, llegó el momento de considerar si esta creación terminaría como un espectáculo virtual; lo que no acababa de satisfacernos, al excluir el lenguaje de lo “vivo y del presente, que sucede en un encuentro con el público. Por lo que decidimos tomar completamente otro rumbo y sumergirnos en la aventura del lenguaje cinematográfico, re-cuestionando lo que significa articular una narrativa desde el lenguaje circense. Entonces se insertó una nueva página en nuestro proceso, donde teníamos que repensar la obra como artesanos desde un nuevo quehacer, volver a los conceptos principales y sobre todo buscar su materialidad propia.

Estábamos estudiando la resiliencia, aprendiendo a valorar las condiciones que la permiten en nuestro sistema tierra y teníamos que ser resilientes en grupo cada día, pues todo cambiaba siempre con la contingencia. La primera libertad que se generó por el cambio de formato fue la integración de lugares hablantes, significativos, que permitían un diálogo entre uno o varios intérpretes y los espacios naturales. Estas locaciones, a veces de apariencia prístina, a veces dañada, fueron seleccionadas para contribuir a la ampliación de la narrativa y así nació la idea del “octavo” personaje, la naturaleza.

© Solastagia Circus Manifesto

Esta idea fue inspirada del recurso a la justicia que podemos ver en las luchas por el medio ambiente, cuando reivindican que un río o una montaña sea reconocido como persona jurídica, y, desde entonces, tenga derechos y pueda estar sujeta a cuidado, respeto y protección. Luego, en otro sentido, esta idea de poner a la naturaleza como un personaje separado de los humanos contenía el peligro de dejarla apartada de lo humano, en un momento en que buscamos considerar la vida presente en la biosfera como una multitud de relaciones en movimiento e interdependientes, entre todo lo vivo y lo no-vivo. El hecho de hacerse cargo de una noción y una relación con la naturaleza, compleja e integrada y no simplificada, aumentó su importancia en el discurso y cambió el relato.

La integración de la cinematografía fue un cambio de lenguaje – más bien de dispositivo[1] artístico-, al pasar del “en vivo” propio del circo, no a la cinematografía como tal, sino al vídeo-circo, buscando una vez más estar en el momento presente sin pretender otra cosa que lo fronterizo, lo bastardo, la mezcolanza, la relación con y en el presente. Esto por no parar de estar situados, teniendo como referencia el circo, el que se constituye como nuestro anclaje estético desde donde se origina la perspectiva propuesta y desde donde se genera la reflexión del equipo.

 En un momento en que buscamos considerar la vida en la biosfera como una multitud de relaciones en movimiento e interdependientes, no podemos poner a la naturaleza como un personaje separado de los humanos.

Cuando llegamos al momento de “las pasadas” (ensayos) entramos en la grabación. Fue una aventura intensa que venía a cuestionar el modo de hacer-escénico-circense hacia un modo de hacer-filmado-circense. Grabar entregaba libertad a una mano permitiendo de salirse del dictado del circo y travestir su poesía visual, cambiar su cuerpo, llevarlo a otro lugar, acercarse más a la temática, pero al mismo tiempo nos hacía entrar en el dictado de la imagen con sus códigos y el determinismo de la edición pendiente. Se hacía difícil pensar en no contar con la vida de la obra en evolución, después del estreno, para seguir abriendo el diálogo, adaptándolo, entendiendo la relación con el público en el encuentro. Toda esta relación fundamental del espectáculo en vivo se resumía a algo comprimido llamado post-producción, obligando a la realización de un resultado cerrado para siempre, inmediato.

Tal vez podemos hacer un paralelo entre la urgencia de no tener el tiempo suficiente para realizar muchas retroalimentaciones sobre la obra y la urgencia climática que vivimos. Es decir, sentir lo que es necesario en el momento presente y hacer un cambio, incluso si no es perfecto, pero accionar en lo que podemos. Crear esta dinámica más global, sensibilizar a los seres humanos a nuestro alcance, aumentar la masa crítica. Cambiar la narrativa. Hoy más que nunca hay una reflexión importante que hacer sobre la labor y la responsabilidad del arte en esta situación; no hay cómo ignorar la contingencia planetaria al momento de crear. Hay que desplazar el lugar desde dónde miramos.

En la investigación hemos alcanzado a llegar a un vocabulario propio de cada uno/a, soportado por su mitología personal, por las preocupaciones identificadas y compartidas – sobre el planeta y el devenir de lo humano y lo no humano–, hemos llegado a traducir nuestra solastalgia en un manifesto circense.

© Solastagia Circus Manifesto

Manifesto

El neoliberalismo mata lo vivo y lo no vivo – 

La violencia policial es cada vez más brutal,

El extractivismo chupa el planeta-

Es el modus operandi de las grandes compañías que lucran

Basta de co lo ni za ción

 

Así nace la historia de los buenos y de los malos

Lo que hace que no se pueda trabajar juntos ahora

Y esta misión necesita a todos los terrícolas

¡Vamos a saltar el torniquete de la producción desenfrenada!

 

1 000 000 de especies amenazadas

1 cancha cada 2 segundos se corta en los bosques del mundo

El plástico destruye la vida marina

Y está presente en todo lo que comemos y bebemos

 

El 1% más rico tiene 2 veces más

Que el 90% de la población de la tierra

La avaricia consume hasta los pobres

Y la biodiversidad se va a la cresta

¡Levantémonos!

 

Nos queda poco tiempo para entender cuál es nuestro lugar

Tenemos que pensar en los que vienen

Crear comunidades, nuevas narrativas

Cambiar la competencia por la cooperación

 

Basta de antropocentrismo, es una plaga

La vida no es un recurso

Basta de patriarcado

Viva el feminismo y el derecho a la autodeterminación

de los pueblos y de los cuerpos

 

Tenemos que entender la tierra como un sistema

Donde la vida se entreteje en esta fina película, la biosfera

20 km de excepción entre agua, suelo y aire

Entender que nuestro mundo es finito

 

Es la noticia más importante de la historia de la humanidad

El antropoceno es un capitaloceno

Nuestra casa está en llamas

Y tenemos que apagar este fuego ahora

 

Notas

[1] Michel Foucault, entrevista de 1977, Dits et écrits, 3, 299.

«Lo que trato de indicar con este nombre es, en primer lugar, un conjunto resueltamente heterogéneo que incluye discursos, instituciones, instalaciones arquitectónicas, decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas, enunciados científicos, proposiciones filosóficas, morales, filantrópicas, brevemente, lo dicho y también lo no-dicho, éstos son los elementos de a función del dispositivo. El dispositivo mismo es la red que se establece entre estos elementos».

«…por dispositivo, entiendo una especie -digamos- de formación que tuvo por función mayor responder a una emergencia en un determinado momento. El dispositivo tiene pues una función estratégica dominante…. El dispositivo está siempre inscripto en un juego de poder».

«Lo que llamo dispositivo es un caso mucho más general que la episteme. O, más bien, la episteme es un dispositivo especialmente discursivo, a diferencia del dispositivo que es discursivo y no discursivo».

 

 

Rod Walker a sus 82 años, en colaboración con María Trinidad i Trigo, publicó un libro digital de libre descarga, es una guía de campo para el nuevo paradigma, una recopilación de sus propias vivencias y experiencias personales en la búsqueda de una humanidad que se sienta parte de la naturaleza, que genere fuertes valores intrínsecos acordes a una vida armónica y respetuosa con todo lo que nos rodea. O como bien sintetizó Ronald Sistek en el lanzamiento del libro, nos presenta una herramienta para la transformación y la coherencia.

“Caminar en la lluvia nos ayuda a comprender la realidad del bosque, uno de nuestros pulmones naturales y ventanas espirituales hacia la vida.

Sin embargo hay que aprender a caminar bien también y muchas veces a solas.

Caminar de noche abre sentidos no-visuales, induciéndonos a sintonizar con los ritmos y misterios naturales del monte, playa o el riachuelo que exploramos.

Caminar en nieve ayuda a comprender las intimidades del agua y al mismo tiempo las de la vida.

Estos vistazos de lo desconocido expanden nuestros horizontes de percepción, que en verdad, si nos damos permiso para creerlo, son infinitos y forman parte del viaje hacia una mayor conciencia espiritual.”

     Metamorfosis, Emergencia de un nuevo ser humano. Rod Walker y María Trinidad i Trigo.

Rod Walker dirigiendo una de las actividades en el centro La Loma © Josefa Valenzuela.

Rod Walker a sus 82 años, en colaboración con María Trinidad i Trigo, publicó un libro digital de libre descarga, es una guía de campo para el nuevo paradigma, una recopilación de sus propias vivencias y experiencias personales en la búsqueda de una humanidad que se sienta parte de la naturaleza, que genere fuertes valores intrínsecos acordes a una vida armónica y respetuosa con todo lo que nos rodea. O como bien sintetizó Ronald Sistek en el lanzamiento del libro, nos presenta una herramienta para la transformación y la coherencia.

Rod Walker vive en una pequeña cabaña en el Santuario el Cañi, en la región de la Araucanía, entre medio del bosque y la montaña. Es un hombre independiente que disfruta de la austeridad, la vida en contacto con la naturaleza, es siempre el último en retirarse de las fogatas y disfruta gozosamente de dormir a la intemperie observando las estrellas. Es un hombre de humildad y espíritu positivo, al mismo tiempo que un visionario que trajo el concepto de “Educación ambiental al aire libre” a Chile hace más de 50 años.

Desde los 13 años de edad, Rod Walker inició un vínculo con el montañismo, deporte del cual se enamoró y ya en su juventud, cuando vivía en Escocia, participó como monitor de un programa de Educación al Aire Libre que financiaba el gobierno escocés, destinado a las mujeres que trabajaban en la Industria en Glasco. Les enseñaban a caminar, acampar y escalar al aire libre.

Centro La Loma, Araucania Andina © Josefa Valenzuela

– Esa experiencia de ver lo que le pasaba a estas mujeres, cuando tocaban la tierra, lo pasaban tan bien, estaban ¡en el cielo! – cuenta Rod Walker.

Es así como llega con esta idea a Chile, donde se vino a trabajar como director de un colegio británico en Santiago, para posteriormente crear un refugio en Lagunillas, en el Cajón del Maipo donde comenzaría a funcionar el primer CEAL ( Centro de Educación Ambiental al Aire Libre).  Así con el pasar de los años, se mudó al Santuario El Cañi en la Araucanía Andina, se convirtió en maestro de Reiki, integrando el concepto de Gaia- Reiki, donde la energía universal proviene de la tierra, del suelo, de las plantas, de la naturaleza que nos rodea, y con ese recuerdo de las mujeres de Glasco disfrutando de su experiencia al aire libre, conformó  “Toca Tierra”, educando y enseñando por más de 50 años a conectarnos con la naturaleza de la que somos parte, porque en palabras de Rod Walker, “cada vez que tocas algo, tocas el universo”.

Santuario el Cañi en invierno © Paula López

Estos últimos dos años no han estado exentos de pruebas para Rod. El año pasado estuvo en coma por tres semanas después de una fuerte caída en bicicleta que casi le quita la vida y le produjo dos infartos. A pesar de ello, se niega a tomar sus medicamentos y la comida en polvo que le envían (Rod es un gran cocinero), tampoco, en tiempos de pandemia, se preocupa en usar mascarilla, de evitar los abrazos. En cambio, prefiere disfrutar de una buena cerveza al atardecer y su gran vitalidad queda demostrada en su caminata casi diaria por lo que él llama “la loma”, alrededor de tres kilómetros en ascenso, con un fuerte desnivel.

El sector de “la Loma”, ubicado al inicio el sendero, recientemente sufrió de un incendio, donde se quemaron todas las instalaciones, el camping, el refugio y la pequeña casita donde Rod Walker había habitado por más de 25 años, recibiendo grupos de colegios y universidades dispuestos a aprender y empaparse de la naturaleza. Allí vivió de manera autosuficiente, utilizando energía de paneles solares, agua de vertiente, invernadero, etc.

Pero la reacción de Rod Walker ante algo que podría haber significado una catástrofe fue de paz. “Un nuevo renacer” fueron sus palabras a sus 82 años. Y es que Rod Walker un hombre desprendido de lo material, que comprende y enseña que nuestro propósito como humanos, nuestra paz y felicidad, están muy lejos de ser una construcción física de la realidad, una acumulación de bienes o títulos y que es hora de una Metamorfosis, cómo el título del libro que se lanzó digitalmente el mes pasado, y que puedes descargar en el facebook la Universidad de la Frontera, Campus Pucón, en el siguiente enlace:

https://drive.google.com/file/d/1oABngoylUbOUtL27Q14WrfGT9fIsb358/view?usp=sharinghttps://m.facebook.com/ufro.campuspucon/photos/a.2270688229926643/2701061860222609/?type=3&source=48

“Estamos volviendo colectivamente a hablar el lenguaje de la conciencia originaria, el lenguaje del corazón. Para dejar las cosas claras, hablaré de “dos lenguajes”.

Salimos del antiguo y entramos en el nuevo.

El antiguo lenguaje nos limitó durante un tiempo, el nuevo nunca más morirá para los que tienen conciencia de reconocerlo, el coraje de hablarlo.

El lenguaje nuevo es de silencio, corazón y soledad y vuela más allá de la cabeza – mente y control externo.

Este libro – guía – manual, te presenta su paradigma de 5 valores básicos, en 5 niveles principales, a cargo de la fiel divinidad que cuida el contacto con el todo y con todos.

Los valores en el paradigma ¡ERES TÚ!”

Retrato de Rod Walker © Josefa Valenzuela

Metamorfosis: emergencia de un nuevo ser humano. Rod Walker

Si te quieres unir a la experiencia con Rod Walker, puedes enviar un email a tocatierra@gmail.com

O contactar a Michelle Krziwan +56952009613 para coordinar un encuentro.

Sobre la Autora

Josefa Valenzuela Correa es guía de trekking e interpretación de profesión, activista ambiental, actualmente conforma parte la de directiva de la fundación Lenga que tiene como objetivo contribuir a la soberanía local y trabajar en la creación de una red de economía circular local para la Región de Magallanes.

Su Instagram personal es @porlafuerzadelanaturaleza y el del proyecto es @magallanesbasuracero.

Imagen de portada: Santuario el Cañi en invierno © Paula López

“…nuestros antepasados de la Edad de Piedra hacían incisiones en huesos de animales para representar las fases de la luna. La salida y la puesta de sol, los eclipses, las fases lunares y la posición de las estrellas se transformaron en herramientas de orientación donde el cielo era un verdadero mapa”  (Nona Fernández, Voyager) Ha […]

“…nuestros antepasados de la Edad de Piedra hacían incisiones en huesos de animales para representar las fases de la luna. La salida y la puesta de sol, los eclipses, las fases lunares y la posición de las estrellas se transformaron en herramientas de orientación donde el cielo era un verdadero mapa” 

(Nona Fernández, Voyager)

Ha pasado más de un año desde el eclipse solar que oscureció, en pleno día, las regiones de Atacama y Coquimbo. Hoy nos preparamos para el siguiente fenómeno astronómico, esta vez en territorio mapuche. La previa a este eclipse, sin embargo, se vive de forma muy diferente a la del 2 de julio del 2019. En esta ocasión, la crisis sanitaria, social, económica y ambiental ha conferido un aura de reticencia en la comunidad local que con justa razón se ha visto amenazada con la llegada masiva de turistas. El principal temor de los habitantes de estas zonas es que pase una debacle por falta de control y que esto, a la larga, perjudique a los habitantes de la zona con un alza del coronavirus.

Endémico conversó con Elisa Loncón, lingüista e investigadora del mapuzugun y de la situación sociocultural del pueblo Mapuche, sobre el significado del eclipse para esta cultura y sus posibles implicancias en el futuro. Para entretejer distintas visiones sobre el mismo fenómeno, comenzaremos presentando las perspectivas científicas, aymaras y quechuas, para luego continuar con la mirada de Loncón sobre este fenómenos tan esperado. De esta manera tendremos un panorama más amplio sobre este suceso, que pronto ha de presentarse en el Wallmapu.

Recorrido del eclipse de este 14 de diciembre en la Región de la Araucanía. Poco después de las 13:00 horas  —y por 2 minutos, 9 segundos— la Luna se interpondrá entre el Sol y la Tierra, proyectando su sombra en esta parte del mundo © Fernando de Gorocica

Ciencia y turismo en torno al eclipse

La palabra “eclipse” proviene del griego ékleipsis que quiere decir desaparición o abandono, lo que hace referencia a la ausencia del astro en cuestión, según sea un eclipse de sol o luna. Tanto el eclipse pasado como el próximo corresponden a eclipses totales de sol. Según la NASA, estos fenómenos solares son solo posibles en la Tierra debido a una coincidencia mágica. El sol es 400 veces más ancho que la luna y ésta, a su vez, se encuentra 400 veces más lejos de la Tierra, lo que se traduce en una alineación perfecta en la que nuestro satélite logra bloquear toda la superficie solar. Así entonces, este tipo de eclipses se produce cuando la luna cubre completamente al sol proyectando una sombra o umbra en la superficie de nuestro planeta. 

Quizás las características más impresionantes de observar durante un eclipse solar son, por un lado, la atmósfera del sol o corona solar y, por otro, los destellos de luz que aparecen alrededor de la luna durante los momentos anteriores y posteriores al eclipse llamados Perlas de Baily. La corona solar es la capa más externa del sol y se extiende por un millón de kilómetros desde su origen sobre la cromosfera —la capa delgada de la atmósfera del sol que se encuentra por encima de la fotosfera—. Además, es la causante junto con los valles y cráteres lunares de crear las Perlas de Baily. 

En la imagen se puede apreciar la Corona solar y una Perla de Baily © Pete Linforth

Desde el punto de vista científico, los eclipses de sol son muy importantes para el estudio de la corona justo al borde de la fotosfera. Este fenómeno permite avanzar en la comprensión de la relación entre la actividad solar, la fotosfera y la corona. A pesar de lo enriquecedor de este suceso para entender aspectos astronómicos, sumado a lo mágico y maravilloso que es apreciarlo y experimentarlo, existen otras perspectivas que no ven este proceso como un fenómeno positivo. 

Miradas al cielo: perspectivas originarias en territorio nacional

La observación astronómica no es propia de la cultura occidental. La curiosidad humana con respecto a los astros, las constelaciones y su relación con el tiempo, las cosechas y las estaciones está presente desde el origen de la humanidad. En este sentido, no es de extrañar que los pueblos originarios tuvieran divinidades celestes o importantes fuentes de energía astrales. Así, para los mapuche, por ejemplo, Antü es el sol, generador de la vida y fuente de energía; y Küyen refiere a la luna, considerada una madre dominadora del espíritu de las aguas y de lo femenino, además de ser protectora de los sueños. Mientras que los aymaras, a su vez, llamaron al sol Inti y, a la luna, su hermana y pareja, Killa. Los hijos de esta incestuosa pareja serían las estrellas, cerros y volcanes que conforman su territorio. Si los astros son elementos de absoluta importancia en la cosmovisión indígena, es muy posible que los eclipses fueran y sean considerados como augurios o mensajes de la naturaleza.

Según Edmundo Magaña, destacado antropólogo investigador de las culturas altiplánicas y fallecido el año 2013, en algunas comunidades quechuas y aymaras los eclipses son causados por un conflicto entre el sol y la luna: “cuando hay eclipse de sol es porque la luna, que ‘es agua’, lo vence” (2006). En este sentido, para evitar la muerte del sol, los habitantes del Norte Grande encienden fogatas en los lugares más altos para ayudarle a recobrar sus fuerzas. Otros lugareños ponen lavatorios con aguas para que el sol al ver su reflejo recobre la energía; incluso algunos recurren a oraciones católicas. 

Si los astros son elementos de absoluta importancia en la cosmovisión indígena, es muy posible que los eclipses fueran y sean considerados como augurios o mensajes de la naturaleza.

Por otra parte, Magaña recalca la importancia del color de los eclipses. Así, si la corona solar es rojiza, la comunidad se preparará para guerras y conflictos en los años venideros. Si esta es blanca, el augurio será de un futuro con grandes heladas y fríos; si es amarilla, por el contrario, se esperan incendios y alzas de temperatura; y si es azul, se vendrá un periodo de lluvias abundantes. 

Eclipse en el Wallmapu: un llamado al equilibrio

Dentro de la cosmovisión mapuche, el sol — Antü — es la fuente infinita de energía que permite la vida en el planeta. La académica Elisa Loncón nos cuenta que “para los mapuche, el sol es un astro que está vinculado a la vida y al equilibrio con la tierra”. Así, el eclipse solar se presenta como una interrupción de la función de esta fuente de energía hacia el territorio. Eso es un mal anuncio y agrega que “en la experiencia mapuche, esa interrupción siempre ha significado una catástrofe”. Es por ello que para este pueblo los eclipses no son una celebración, ni mucho menos tienen un sentido turístico. Más bien son una invitación a la reflexión, un llamado urgente al equilibrio. 

El 14 de diciembre de 2020, un eclipse total de Sol cruzará las regiones de La Araucanía, Los Ríos y Biobío (Isla Mocha); será visible, de manera parcial, en todo el territorio nacional  © Gabspen

La palabra usada en mapuzugun para referirse a un eclipse de sol y que resume la idea de un presagio de catástrofe es layantü que significa literalmente “la muerte del sol”. Sin embargo, algo interesante es que para la cultura mapuche la muerte es el término de un ciclo, no un fin definitivo. En este sentido, nos relata Elisa Loncón, el eclipse también se presenta como una posibilidad de transformación energética importante que puede ser para mejor. Que dicho cambio sea positivo depende del comportamiento que tengamos como seres humanos. En otras palabras, el eclipse se presenta como una advertencia, un mensaje para que cumplamos nuestra función como cuidadores de la tierra y de nuestro propio ser.

De esta manera, durante un eclipse lo que recomiendan los sabios de la comunidad mapuche es no exponerse a este fenómeno, sino guardarse y contenerse mientras esto sucede, dice Loncón. Se sugiere no mirar ni apuntar al eclipse porque “prácticamente es estar enfrentado a una energía que es capaz de sobrepasar al sol, en definitiva, es arriesgarse a una situación de peligro”. La lingüista agrega que la pregunta que nos debemos hacer frente al layantü es: “¿en qué hemos fallado para generar esta situación en la Tierra? ¿Cuál es nuestra responsabilidad?”. Esas son parte de las observaciones que surgen en las comunidades mapuche durante un eclipse.

Según Elisa Loncón el eclipse se presenta como una advertencia, un mensaje para que cumplamos nuestra función como cuidadores de la tierra y de nuestro propio ser © Área de comunicaciones Universidad de Santiago de Chile

La mercantilización del eclipse

Loncón cuestiona la visión turística que se tiene respecto al eclipse. Hace hincapié en criticar la mirada que existe frente a este fenómeno como un evento para generar recursos sin entrar en una reflexión. Estamos en medio de una crisis sanitaria, pero también en medio de una crisis climática, dice, y menciona como ejemplo el problema del agua: “los sectores más pobres tienen menos acceso al agua, cuando este es un elemento vital. Están priorizando a las empresas y no a las personas. Hoy existe una manipulación completa de los recursos, una muy mala distribución de ellos. En resumen, en este minuto estamos bastante desequilibrados.”. 

Lo que hace falta, entonces, es una comunión entre las múltiples perspectivas que hay respecto al eclipse. Con respecto a la visión de Loncón, una de las cuestiones fundamentales es el “diálogo, comprensión y valoración del conocimiento mapuche”. Así, la crítica que la lingüista y académica hace al turismo es que este nos aleja de las raíces o las manipula, convierte el eclipse — un fenómeno natural — en un objeto mercantil y lo banaliza. Por otra parte, el pensamiento científico es importante, recalca, pero éste debería dialogar con otros saberes. En sus propias palabras: 

“Aquí no existe solo una manera de ver el mundo, sino que hay diferentes formas. Los mapuche ven el mundo teniendo siempre a la vista la naturaleza. El espacio se organiza a partir de los ciclos naturales. No se organiza en base a un reloj, tampoco en términos de progreso o en tiempo lineal de pasado a futuro. Nosotros rescatamos el ciclo natural. Esto ha sido olvidado por la sociedad occidental, sin embargo es lo que más hace falta hoy en el mundo: diálogo, valoración y respeto para con nuestro entorno y con los otros. Debemos acercarnos a las raíces de este Sur.”

Bibliografía

Magaña, Edmundo (2006). “Astronomía de algunas poblaciones Quechua y Aymara del Loa superior, Norte de Chile”. Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino, Vol. 11, N° 2.

Pozo, Gabriel & Canio, Margarita (2014). Wenumapu: astronomía y cosmología Mapuche. (1era Edición) Santiago: Ocho Libros Editores.

Entrevista a Elisa Loncón por Constanza López. 

Foto de Portada: Mapa de un eclipse de 1869. © The Rumsey map collection

Investigaciones sobre la memoria biocultural de los alimentos, un registro del sonido del agua del bosque, experimentos bio-escultóricos y llevar los saberes de la Araucanía a huertos urbanos, son parte de los proyectos que los residentes trabajarán en Bosque Pehuén, área de conservación bajo protección privada (APP) de Fundación Mar Adentro, en la Araucanía Andina. […]

Investigaciones sobre la memoria biocultural de los alimentos, un registro del sonido del agua del bosque, experimentos bio-escultóricos y llevar los saberes de la Araucanía a huertos urbanos, son parte de los proyectos que los residentes trabajarán en Bosque Pehuén, área de conservación bajo protección privada (APP) de Fundación Mar Adentro, en la Araucanía Andina.

Este primer ciclo del programa de Residencias Bosque Pehuén: Estación de investigación multidisciplinaria para la naturaleza 2020, se desarrollará entre el 16 de marzo y el 20 de abril. Un espacio para promover la investigación, creación y desarrollo de acciones innovadoras para el cuidado de la naturaleza.

Residencias Bosque Pehuén se concibe como un espacio para la experimentación, que promueve investigaciones innovadoras sobre los bosques y sus diversas dimensiones:  sonoras, visuales, biológicas, históricas, culturales y conceptuales, con el fin de aportar en la construcción de una mirada crítica y consciente sobre nuestra sociedad y su relación con la naturaleza. Desde el año 2016 se desarrollan residencias en este lugar, en las cuales han participado artistas y científicos nacionales y extranjeros.

Una de las residentes es la bióloga mexicana Constanza Monterrubio, quien investiga desde hace años la importancia cultural de los alimentos, y actualmente, en su post doctorado que realiza en la Pontificia Universidad Católica de Chile en Villarrica, investiga cómo podemos generar modelos de conservación de semillas nativas y rescatar el conocimiento tradicional asociado a sus cuidados y preparación, buscando revitalizar los sistemas alimentarios de la Araucanía.

© Constanza Monterrubio

Además, estará en Bosque Pehuén la artista visual alemana Jasmin Märker, quien investigará cómo influyen las ideologías en la forma de conservar la naturaleza. Explora las tensiones que existen entre las especies endémicas e invasivas en relación a la conservación y las distintas decisiones culturales, sociales y políticas en relación a ese tema. Le interesa investigar cómo un proyecto de arte puede poner la conservación dentro de la cultura, involucrando a la comunidad como parte de ella.

Durante la residencia llevará a cabo una serie de experimentos bio-escultóricos, a través de los cuales quiere desafiar las clasificaciones existentes de la naturaleza e investigará un lenguaje estético, que promueve el parentesco con todos los seres no humanos.

© Claudia Muller

Por otra parte, Claudia Müller –artista visual chilena– investigará ciertos comportamientos de la naturaleza y sus materias primas, como posibles materiales aplicados al arte. Recolectará material leñoso muerto de distintos tamaños y tipos de árboles, para categorizarlos por nombre y ubicación según el territorio. También, se enfocará en el agua del bosque y sus sonidos, los que registrará a través de un hidrófono. Asimismo, trabajará con cerámica; fabricará un horno de quema primitiva y realizará un trabajo artístico comunitario.

Finalmente, Emiliano de la Maza –diseñador industrial con amplia trayectoria en sustentabilidad– espera observar y recorrer el bosque, identificando las relaciones de interdependencia, regeneración de los suelos y los ciclos naturales.  También volverá a conectarse con integrantes de comunidades en Curarrehue, con quienes había trabajado anteriormente, para así llevar estos aprendizajes a la ciudad; a su trabajo en huertos urbanos y conectar los saberes ancestrales con preguntas urbanas.

«Semilleros». © Emiliano de la Masa

Cabe destacar, que este programa se desarrollará en dos ciclos durante el 2020 y cada uno de ellos tendrá una temática distinta a trabajar. En el primero se abordará el tema “redes” – entre el 16 de marzo y el 20 de abril del 2020- y en el segundo se trabajará el concepto “eclipse”, entre el 16 de noviembre y el 18 de diciembre de este año.

Bosque Pehuén es un área bajo protección privada (APP) de Fundación Mar Adentro, organización sin fines de lucro, cuyo propósito es generar experiencias colaborativas que vinculan arte y ciencia para desarrollar aprendizajes, conciencia y acción por el cuidado de la naturaleza.

Valley of the Possible es un refugio ubicado en el valle Cañón del Blanco en la región de la Araucanía que ofrece un espacio a artistas, científicos, y pensadores creativos a re-conectar con la naturaleza y con los habitantes del territorio, mientras investigan y desarrollan obras artísticas. A través de convocatorias abiertas para residencias y […]

Valley of the Possible es un refugio ubicado en el valle Cañón del Blanco en la región de la Araucanía que ofrece un espacio a artistas, científicos, y pensadores creativos a re-conectar con la naturaleza y con los habitantes del territorio, mientras investigan y desarrollan obras artísticas. A través de convocatorias abiertas para residencias y programas curatoriales, el proyecto busca fomentar el intercambio inter-hemisférico y promover la formulación de nuevas perspectivas entre el ser humano y el resto de mundo natural.

El primer programa, en su versión piloto, se realizó entre el 26 de abril y el 26 de mayo, y contó con la participación de seis artistas de diferentes países, formaciones, disciplinas y experiencias. Durante el transcurso del programa, el grupo re(descubrió) diversos aspectos sobre la historia, ecología, estructuras sociales y políticas de la región, y cómo estas se vinculan con e impactan el paisaje. Además aprendieron a escuchar las historias de los paisajes, así como de las personas que allí habitan, escuchando por ejemplo historias dolorosas de la opresión (neo)colonial que sufre el pueblo Mapuche.

Dentro de los participantes de esta versión piloto, se encontró la destacada artista y diseñadora holandesa Xandra van der Eijk, quien dedica su obra a conectar el arte con la ecología y el activismo. Cada uno de sus proyectos trata sobre un determinado problema ecológico y cómo este es expuesto al paso del tiempo. Su metodología incluye teoría, trabajo de campo, técnicas de documentación y desarrollo de nuevos materiales, todo con el fin de  re-interpretar el paisaje desde una perspectiva anti-antropocéntrica. En el año 2017 Xandra fue reconocida con el premio Bio Art and design Award, y este 2019 fue seleccionada por Dezeen dentro de su lista de los 25 artistas emergente del año. Conversamos con ella posterior a su residencia en Valley of the Possible.

Xandra durante su residencia Valley of the Possible en la Araucanía andina. © Valley of the Possible

¿Qué tipo de artista te consideras?

Me considero una artista que trabaja en la frontera entre arte, ecología y activismo. Trabajo de manera metódica para desmenuzar las complejidades de los problemas ecológicos a los que hoy nos vemos enfrentados. Sin embargo, no estoy buscando soluciones, más bien mi enfoque es desde una perspectiva periodística, busco documentar y establecer conexiones. En este sentido, busco técnicas que permitan describir aquello que descubro desde el arte. En fondo, utilizo el arte y el diseño para proponer conceptos y desafiar a las personas a que se enfrenten con ciertos tópicos.

¿Te consideras una “bioartista”?

Anteriormente me definía como “bioartista”, porque estaba trabajando únicamente con materiales biológicos. Pero con el tiempo fui expandiendo los materiales y también las técnicas que utilizo, y ahora creo que la etiqueta de bioartista no cubre totalmente el trabajo que realizo. Habiendo dicho esto, los procesos y materiales biológicos sí conforman el centro de los conceptos que me interesan, y todos mis proyectos tocan sobre la interacción y los cambios que sufren los paisajes.

¿Cuales son las técnicas que utilizas?

He utilizado múltiples técnicas, no me limito en ello. A veces utilizo técnicas existentes, otras veces desarrollo mis propias técnicas. De las técnicas conocidas utilizo el teñido con tintes naturales en textiles y protocolos para el cultivo de microorganismos. En cuanto a técnicas nuevas, algunas de estas incluyen procesos químicos, como los que utilicé para mi obra Future remnants (Remanentes de futuro), o el cambio de color de las algas en Estuary (Estuario).

«Future Remnants». © Xandra van der Eijk

En relación a tu estadía en Vally of the Posible ¿Cómo te ha influenciado este cambio de paisaje?

En Holanda el paisaje no cambia de manera tan notoria, y en parte este es el contraste que es tan fascinante para mi. En Holanda vivimos en una burbuja de blancura y riqueza, una que —por ahora al menos— se encuentra a salvo de mayores desgracias. Pero que de hecho se verá gravemente afectada por el calentamiento global, a tal punto que se especula que la mitad de nuestro país se perderá bajo el mar. No obstante, mientras eso aún no suceda, me inspira investigar otros lugares en el mundo donde los problemas ecológicos son prominentes.

¿Qué fue lo que te llevó a estudiar y trabajar con el tema del luto ecológico?

Hubieron dos eventos que me llevaron a experimentar esa sensación increíble y avasalladora de la pena y el dolor en sus múltiples facetas. Uno lo viví durante un viaje a Indonesia, donde pasé la mayor parte de mi tiempo observando los arrecifes, y el segundo cuando estaba trabajando en mi estudio, siguiendo una noticia sobre la costa de Florida.

En el primer caso, descubrí que mi recuerdo más preciado de los corales de Indonesia — el intenso y fluorescente color púrpura de uno de los arrecifes— era de hecho el último espectáculo de color que daban estos corales antes de blanquearse (morir). Descubrir que aquello que yo había encontrado tan hermoso era en realidad la muerte del arrecife, me rompió el corazón.

El segundo evento fue la marea roja de Florida del 2018. Pude seguir el desarrollo de la noticia en los medios. Miles de animales marinos murieron, una manatí fue filmada flotando muerta en la bahía con su cría aún intentando mamar del cadáver. Cientos de tortugas marinas, peces, delfines y tiburones, todos muertos fueron arrastrados hacia la orilla llenando las costas. Fue una verdadera masacre, y cuando investigue me di cuenta que el desastre era de causa humana y no un desastre natural. Esto significa que pudo haberse prevenido, de no ser por los políticos, los intereses industriales, y por supuesto el dinero.

Sin embargo, pese a lo horrible que fue todo eso, apareció dentro de mi un atisbo de esperanza, basado en el hecho de que si yo estaba sintiendo todas estas emociones desgarradoras, más personas las deben estar sintiendo también. Incluso aquellos quienes viven en el área probablemente las sientan con mayor intensidad que yo —ni si quiera me lo puedo imaginar— y estas emociones son una fuerza. Pensé que si podíamos reconocer estas emociones como un común denominador, podríamos usarlas para unirnos. Utilizar la emoción, este dolor o tristeza ecológica, como una fuerza unificadora.

¿Cómo crees que ayuda (a nosotros y al futuro del planeta) la identificación de nuestras emociones respecto a estos tópicos?

Ayuda porque nos unifica. Si eres capaz de reconocer tus emociones, puedes comenzar a procesarlas, y esto a su vez abrirá el espacio necesario para comenzar a preguntarte cómo hacer las cosas de manera diferente, de cómo tomar acción. Se necesita de emociones fuertes para motivar y activar a las personas, especialmente en la sociedad occidental.

«Retreat». © Xandra van der Eijk

¿Cómo escoges tu foco para cada proyecto?

Mi investigación es casi siempre contextual, es decir que dependerá del lugar en el cual estoy trabajando. Desde aquí, escoger un foco es cuestión de entrenamiento, de estar constantemente reflexionando acerca de tu investigación e ir encontrando su centro. No puedo decirte exactamente como lo hago, solo que es cosa de práctica, intuición y hacer. La auto reflexión es clave.

¿Qué tópicos has explorado y por qué?

Hasta ahora he explorado algas en el contexto de un recurso nuevo, también en el contexto de los estuarios; he investigado la bacteria extremophile en el contexto de las áreas colonizadas por la sal; he explorado los micro meteoritos como recurso nuevo, grabaciones de sonido en el contexto de la contaminación acústica del mar; he investigado el deterioro químico en el contexto de la evolución mineral y la impresión 3D en el contexto del retroceso de los glaciares.

«Sea Synthesis». © Xandra van der Eijk

¿Cuál crees que es el rol del artista en el antropoceno?

El rol del artista es comentar, desafiar y crear nuevas perspectivas sobre los problemas eco-sociales a los que nos enfrentamos hoy, y que tienen su raíz en las consecuencias que ha tenido nuestra especie en el planeta. Es ayudar a contestar la pregunta ¿Cómo nos enfrentamos al cambio en su escala masiva? Esta pregunta necesita ser investigada a través de varias disciplinas y creo que el arte es una de ellas. Necesitamos ser críticos, creativos y poco convencionales.

¿Cómo podemos interpretar el territorio desde una perspectiva no antropocéntrica?

A través de la creatividad y la investigación científica. A través de la práctica de la empatía y ejercitando la mente al tomar distintas perspectivas.

«Retreat». © Xandra van der Eijk

¿Cómo percibes el futuro en esta sociedad capitalista?

Tendremos que aprender a vivir en un mundo distinto, esto tendrá muchos desafíos y quizás no los sobrevivamos.

El cambio viene. Me preocupa la desigualdad de las consecuencias del cambio climático. Avivará guerras. Pero también hay esperanza. La conciencia está creciendo, también lo está haciendo la protesta cultural. La democracia solo funciona si los ciudadanos exigen responsabilidad y representación, y eso está comenzando a ocurrir en todo el mundo. Mientras tanto, tenemos que tratar de hacer todo que podamos en nuestros estilos de vida. Yo me siento muy afortunada de tener ese lujo, el de elegir.

¿Qué proyecto llevarás a cabo durante (o después) de tu residencia en Chile?

Me di este año para investigar la manera de lidiar con las complejidades de los casos ecológicos que he estado estudiando. Es probable que esto derive en más de un proyecto, pero es muy pronto para decir qué exactamente.

¿Que experiencias te han marcado desde que estás en esta región?

Lo que más me ha marcado es el simple hecho de estar en Sudamérica, e investigar todas los distintos lugares donde se experimentan problemas ecológicos a nivel local, debido al cambio climático, pero principalmente debido a razones políticas e industriales. Unirme a Vally of the Possible, y  conocer a las comunidades locales a través de su programa, realmente ha abierto más mi mente y mi corazón. Enfrentarte al lado no turístico de un país y de la ecología es intenso pero profundamente impresionante.

Participantes de la residencia en el parque Nacional Conguillio. © Valley of the Possible.

* En portada: «Genesis» © Xandra van der Eijk.

Desde tiempos inmemoriales que el ser humando ha utilizado paredes, muros y rocas para expresarse y para entregar diversos mensajes, tanto a sus pares como a las próximas generaciones. Basta recordar los jeroglíficos de los egipcios o las cavernas pintadas por las culturas prehistóricas, quienes plasmaban sus complejas cosmovisiones en ellas. Y aunque de esas […]

Desde tiempos inmemoriales que el ser humando ha utilizado paredes, muros y rocas para expresarse y para entregar diversos mensajes, tanto a sus pares como a las próximas generaciones. Basta recordar los jeroglíficos de los egipcios o las cavernas pintadas por las culturas prehistóricas, quienes plasmaban sus complejas cosmovisiones en ellas.

Y aunque de esas épocas hasta ahora han pasado siglos, y pese que en pleno siglo XXI las expresiones artísticas han variado en formas, temas y materiales, el muralismo sigue teniendo más o menos el mismo objetivo: entregar mensajes visuales con contenido, colores y propuestas que capten la mirada, haciendo pensar y reflexionar a quienes los observen.

Desde esta perspectiva, los murales del colectivo Alapinta tienen un mensaje claro: a través de una amplia variedad de colores y motivos que deleitan la vista, este grupo de amigos busca entregar un mensaje positivo a través de la alegría e identidad cultural de cada lugar, un sello personal que los caracteriza.Compuesto por Aner Urra (ANER), Claudio Cabrera (KAIO), Claudio Maher (MAHER) y Gabriel Veloso (GVZ), este colectivo de muralistas pintan juntos desde el 2004, inspirados por el arte público, el grafiti y el mural, llevando sus obras a distintos espacios públicos y privados, en áreas de salud, educación, cultura, patrimonio y medioambiente, entre otros.

Revista Endémico conversó con Gabriel, más conocido como GVZ, quien nos cuenta que Alapinta es un grupo de amigos que nace en la región de La Araucanía y quienes se conocieron estudiando Diseño Gráfico.

El proyecto, nos explica Gabriel, dio un vuelco cuando el grupo se dio cuenta que había una suerte de rechazo ante su trabajo, sobre todo de parte de los adultos, que no se sentían identificados. Es así como el 2010 realizar su primer proyecto social participativo. “Lo que queríamos era ampliar nuestro trabajo, para que le agradara a todo tipo de personas. Ahí creamos este primer proyecto social participativo en el barrio de Tucapel, donde hicimos tres murales que representaban la historia del barrio”.

A partir de esa experiencia, el colectivo comienza a hacer trabajos con temáticas de historia y patrimonio, que han mantenido hasta ahora, “sin perder la esencia y el gusto por la expresión libre del arte y el diseño, dejándonos llevar por nuestros gustos y estilos gráficos. Pero, a la vez, haciendo un trabajo al interior de comunidades, de grupos sociales, personas, instituciones y empresas, es decir, con distintos grupos que quieren expresar sus ideas. Así hemos ampliado lo que hacemos. El deseo de seguir pintando nos ha llevado a que esto sea un trabajo permanente y que se haya proyectado en diversos lugares”, explica Gabriel.TEMAS EN MUROS

Al revisar los trabajos que Alapinta ha realizado en distintos puntos del país, se puede ver la identidad de cada espacio en el que se manifiestan. GVZ plantea que tiene mucho que ver la percepción de la gente a la hora de definir temáticas. “Por ejemplo, recientemente hicimos un proyecto de rescate inmaterial en Padre Las Casas, rescatando su imaginario colectivo. Entonces, lo que pintemos va a depender de cada lugar, de su historia, de cada espacio. La alegría en el mensaje que entregamos es un sello, un mensaje esperanzador, de buena onda. Y ese es uno de los motores que nos mueve. Lo mismo que las temáticas de medioambiente. Vivimos en una región privilegiada en cuanto a paisaje, naturaleza, historia increíble, y no podemos dejar de plasmarlo en los murales. Nos nace porque nos encanta vivir acá. Por ejemplo, Maher es de Villarrica, yo soy de Loncoche, y hemos vivido gran parte de nuestra propia historia rodeados con este paisaje. Tal vez si viviéramos en otro lugar pintaríamos otras cosas, pero la naturaleza se manifiesta y se relaciona porque vivimos en este ambiente fabuloso”.

Por lo mismo, agrega, creen que es fundamental conservar estos parajes, cuidando sus bosques, su tierra, sus ríos, y teniendo responsabilidad ante ellos.DE LA ARAUCANÍA A CHILE

Para Gabriel, todo lo que han vivido de la mano de la brocha y la pintura ha sido una bendición. Porque de la IX Región han salido a plasmar su arte a distintos puntos del país, lo que los llena de orgullo, sintiéndose aún más apegados al muralismo.

“Durante estos dos últimos meses hicimos, en Punta Arenas, dos murales por los 500 años de Magallanes. También fuimos a pintar tres escuelas rurales de Alto Biobío; en Nanco pintamos cuatro murales, y en Padre Las Casas, dos grandes muros. Entonces, ha sido una diversidad fabulosa. Y creo que se ha dado porque la gente se ha abierto más al arte, a la pintura y a la necesidad de ver cosas distintas, de salir de la monotonía, de entregar y leer un mensaje diferente. Y más si le agregas un plus distinto de rescate del imaginario colectivo, de la cultura e historia de las personas que ahí conviven”, detalla.

Pero no se quedan ahí. En enero irán a pintar un muro grande, de 200 metros cuadrados aproximadamente, a Antofagasta. “Aún estamos en proceso de crecimiento y desarrollo. Nos falta harto por crecer y mejorar, pero la idea es siempre avanzar y moverse, con respeto a nuestra cultura e identidad”.

Pelokelan: una película sobre reconciliación

Hablar de la reconciliación entre chilenos y mapuches es la idea central de la cineasta Rocío Chávez, directora de “Pelokëlan”, su ópera prima. Para Chávez el pueblo mapuche está lleno de complejidades, y si bien son guerreros, son mucho más que eso. Revista Endémico conversó con la artista, quien cuenta la relación de su película […]

Hablar de la reconciliación entre chilenos y mapuches es la idea central de la cineasta Rocío Chávez, directora de “Pelokëlan”, su ópera prima. Para Chávez el pueblo mapuche está lleno de complejidades, y si bien son guerreros, son mucho más que eso. Revista Endémico conversó con la artista, quien cuenta la relación de su película con la naturaleza, sobre el difícil proceso de rodaje y más.

Reconciliación, dualidad y ética son algunos de los conceptos que se entrelazan en la película de Rocío Chávez, llamada “Pelokëlan”, un largometraje de ficción que actualmente está en etapa de post producción, luego de un proceso de filmación lleno de vicisitudes y encuentros con la naturaleza.

En palabras generales, se trata de la contratación de un campesino proveniente de Puerto Saavedra, Óscar Leiva, por parte de la Forestal Sierra Verde, para que cumpla con la labor de resguardar la Isla Huapi, donde la empresa comenzará con trabajos forestales. Sin embargo, la historia da un vuelco gracias a la aparición de entes mágicos que vinculan al campesino con un mapuche que vive escondido en esta isla. Es así como comienza una gran amistad, que se ve amenazada por la duda de Óscar, quién no quiere perder su trabajo ni tampoco a su amigo.

“Este es mi primer largometraje ficción, y tuve la suerte de haber trabajado con la asesora de Víctor Gaviria, Gloria Nancy Monsalve, en el Bolivia Lab (Cochabamba)”, nos explica Rocío sobre el proceso creativo de Pelokëlan. Y agrega que, aunque en cierta medida se escriben tres películas (el guión, el rodaje y otra generada en la sala de post producción) y que  desde el origen al final todo cambia mucho, la esencia de lo que se quiere trasmitir permanece.

“Eso pude lograrlo gracias a la ayuda de Ricardo Larraín, quién fue la primera persona que creyó en mi película. Por otro lado, mucha gente me ayudó desde distintas áreas, y ni contar la cantidad de amigos -que ya habían hecho largometrajes- que me dieron consejos, visiones, y advertencias. Creo que para hacer cine, el conocimiento y la colaboración deben estar siempre presente, para así crecer como cineastas y personas”, señala la directora.

Por lo mismo, el guión en sí es tan importante, ya que es finalmente, el que contiene el mensaje central, que Rocío tiene clarísimo. “Quiero hablar de la reconciliación entre chilenos y mapuches a través de esta historia particular, ya que la enemistad ha sido un problema histórico desde la colonización. El pueblo mapuche está lleno de complejidades y me parece que la televisión se ha encargado sólo de mostrar que son terroristas que queman camiones y hacen barricadas. Si bien son guerreros, son mucho más que eso: hay todo un trasfondo de lo que significa ser mapuche, ya que un mapuche no puede ser mapuche sin su tierra. Quise mostrar parte de su cosmovisión y hacer que Óscar (interpretado por Jaime Omeñaca) conociera -a través de esta amistad- otra versión de lo que es ser mapuche, que está lejos de lo que muestra la televisión chilena”.

Cabe destacar que el papel de coprotagónico es interpretado por Joel Maripil.

EL RODAJE: Tempestades e iluminación

De que fue un rodaje difícil, lo fue. Y así lo confirma Rocío. Cuenta que rodaron hace un año durante 19 días en Puerto Saavedra (región de la Araucanía) y con un equipo reducido. Como convivían las 24 horas, se produjeron roces de convivencia, aparte de vivir cortes de luz, tormentas y retrasos.

“Una de las cosas que más recuerdo fue que antes de comenzar el rodaje, el Uñumche me dijo que teníamos que pedirle permiso al Wallmapu (a la tierra) para empezar. Pero yo y el equipo estábamos tan excitados por comenzar, que lo olvidamos. Consecuencia: esos días iba todo mal, terminábamos tarde las jornadas, nos costaba mucho cohesionarnos como equipo y teníamos los típicos problemas de comunicación. Entendimos entonces las señales, e hicimos una pequeña ceremonia dirigida por el lamgen Manuel Cayupan, quién nos prestó su casa para grabar. Desde ahí todo cambió entre nosotros, y entre nosotros con la tierra”, recuerda.

De hecho, salió el sol, y eso para Rocío y el equipo fue el gran permiso. “Puerto Saavedra es un lugar que energéticamente es muy poderoso, confluyendo el río, el mar y el lago Budi. No es casual que allá de verdad uno se siente con una energía diferente, y la percepción se abre. Un día salí a caminar con el sonidista y comenzó a soplar un viento que casi nos voló, una tormenta, vimos un rayo y sentimos los truenos muy fuertes. En eso se corta la luz en todo Saavedra, y pensé “estamos aquí, muy dentro de la tierra”.

“Se escucha, se siente y se huele, siendo un canal para comprender por qué el pueblo mapuche la valora tanto”

El rol de la Naturaleza en Pelokelan

Una de las protagonistas fundamentales de la película es precisamente la Naturaleza. La cineasta cuenta que ésta cumple el rol de ser la que logra sensibilizar a Óscar, que es un campesino bastante ignorante sobre la cultura mapuche. “Pero al sumergirse en ella, la escucha, la siente, la huele, siendo su canal principal para comprender el por qué los mapuche la valoran tanto”.

Y también, relata, es la que los protege de “Los malos”, que es la empresa forestal Sierra Verde, que pretende talar toda la isla. “Esa parte es bien mágica, pero prefiero no contar más hasta que salga el tráiler”.

En efecto, ya existe un primer corte de 64 minutos, y cuentan con una posible fecha de estreno: el segundo semestre del 2018. “Estamos viendo hacer primero un estreno con la gente de allá; las comunidades de Puerto Saavedra e Isla Huapi, y luego ir por un recorrido festivales”, adelanta Rocío.

El Financiamiento: la gran meta

El financiamiento, para todo proyecto artístico y cultural, es un tema fundamental. Sobre todo por la gran cantidad de recursos que se requieren, especialmente para la producción de un largometraje en lugares remotos.

Para Pelokëlan, el proceso de financiamiento fue igual de dificultoso que el rodaje, aunque de todas maneras fluyó. “Lo hicimos a través de la plataforma Ideame, y fue bien especial lo que nos pasó, porque de antemano sabíamos que este tipo de proyectos siempre los termina financiando la familia y los más cercanos. Pero a nosotros nos llegaron colaboraciones de gente que ni conocíamos, y colaboraciones no menores. Entonces eso fue una gran alegría para nosotros, entendiendo que más gente creía en el proyecto y se sumaban”, cuenta Rocío.

De esta forma, pudieron lograr la meta, y “pudimos hacer una película independiente”.

 

El arte puede ser un vehículo para el cambio social, ya que presenta nuevas formas de interpretar nuestro entorno y relacionarnos con él. Esta es la visión que motiva a Fundación Mar Adentro, quien lleva a cabo programas que integran arte y medioambiente. Uno de los proyectos consiste en residencias artísticas en distintas locaciones en Chile, y […]

El arte puede ser un vehículo para el cambio social, ya que presenta nuevas formas de interpretar nuestro entorno y relacionarnos con él. Esta es la visión que motiva a Fundación Mar Adentro, quien lleva a cabo programas que integran arte y medioambiente. Uno de los proyectos consiste en residencias artísticas en distintas locaciones en Chile, y durante este mes se realizará una en Bosque Pehuén, parque protegido en la región de la Araucanía. 

La neozelandesa de origen maorí, Charlotte Graham (1972), el francés Etienne de France (1984) y el chileno Gianfranco Foschino (1983) son los tres artistas que fueron seleccionados por Fundación Mar Adentro para participar de este modelo de residencias que busca establecer diálogos entre distintas disciplinas para incentivar la toma de consciencia sobre temáticas de conservación de la naturaleza.

El programa busca proporcionar una experiencia de intercambio y aprendizaje cultural y científico entre profesionales de Chile y del extranjero para fomentar la colaboración internacional. Pero que además compartan conocimientos y reflexiones generadas en las residencias con las comunidades locales.

Cada uno de los artistas seleccionados  lleva a cabo  procesos de investigación y de producción artística relacionados con la naturaleza y/o de los pueblos originarios que habitan en ella.

En el caso de Etienne  de France, sus intereses cruzan la filosofía con contenidos que cruzan la temporalidad y los límites entre realidad y ficción, vinculándolos con temas de territorio y paisaje: límites, bordes  estacionalidad y sus cambios. Lo hace utilizando varios medios como la arquitectura, la fotografía, la escritura, el video, el dibujo.

Charlotte Graham, trabaja desde su biografía: es su herencia maorí la que activa en ella el trabajo con los asuntos críticos que afectan a su comunidad en Nueva Zelanda. Con un énfasis en contenidos sociales y políticos con carácter de  denuncia, ha derivado recientemente a incorporar problemáticas de conservación del medioambiente. Comprometida por las causas ecológicas, usa medios más tradicionales  como el dibujo, la pintura con técnicas mixtas, la escultura y grabado.

Gianfranco Foschino

El chileno Gianfranco Foschino es un amante del paisaje nacional y juega con la temporalidad que es necesaria para habitarlo contemplativamente, lo que él traduce en tiempo real en los videos que nos presenta. En Bosque Pehuén explorará y dialogará con los habitantes del bosque (aves y animales) trabajando un proyecto sonoro.

Los tres artistas  se abrirán al resultado del impacto que tendrá en ellos  esta experiencia que tiene 4 etapas:

La primera es oír al bosque y a las comunidades. Mientras recorran la vastedad del bosque, recibirán inducciones teóricas impartidas por los científicos de la Universidad Austral, Iván Díaz, Daniela Mellado y Javier Godoy. Conocerán además sobre las tradiciones, costumbres y cosmovisión  mapuche a través de dos cultores locales, un escritor e investigador mapuche y una profesora mapuche, académica y hablante del mapuzungún, Cristián Cayupan y Ana Ñanculef.

La segunda semana está planificada para dar espacio a la exploración personal de los artistas. Se coordinarán caminatas y se priorizará dar espacio para la investigación y exploración en Bosque Pehuén, el área protegida de Fundación mar Adentro que está  inserta en la Reserva de la Biósfera Araucarias (declarada así por la UNESCO, en 1983), que contiene una singular riqueza de biodiversidad, característica del ecosistema del bosque templado.

Charlotte Graham

En la tercera semana se realizarán talleres con tres escuelas ubicadas en la zona aledaña a Bosque Pehuén. El objetivo es trabajar junto a los estudiantes sobre temáticas que aborden el cuidado del entorno natural a través de acciones vinculadas a la experiencia en terreno y la expresión artística. Participan y guían las actividades los artistas en residencia y miembros del equipo permanente de FMA, Carlos Mendoza, científico doctorado en ciencias ambientales, y Amparo Irarrázaval, artista visual. Las escuelas fueron seleccionadas luego de realizar un catastro en la zona para la primera residencia de FMA, donde se contactó a los directores y se dialogó sobre sus intereses y necesidades.

Los últimos días transcurrirán en Santiago para que los artistas visiten museos, galerías y centros culturales, donde serán recibidos por curadores, directores de espacios y artistas con el fin de generar redes e intercambiar experienciasEl miércoles 3 de mayo participaran en un conversatorio gratuito en el Museo Nacional de Historia Natural junto a Beatriz Bustos O., Directora de arte, cultura y educación de FMA y Carlos Mendoza, Coordinador de proyectos de conservación de FMA.

Esta iniciativa corresponde al segundo programa de residencias de FMA en Chile. El primero fue con 8 ilustradores, 4 chilenos y 4 provenientes de países nórdicos, cuyo desarrollo aún continúa, mediante la elaboración de un libro y la participación de los artistas chilenos en distintas actividades culturales.

Fundación Mar Adentro es una entidad privada sin fines de lucro que desarrolla programas  de arte, educación y naturaleza para fomentar un cambio en la valorización que las personas otorgan al  patrimonio natural y cultural.

*Foto portada: Etienne de France