En la zona central de Chile el frío ya comienza a sentirse, los árboles se han tornado rojos en su follaje, los días se hacen más cortos. Hay un ambiente otoñal, afiebrado, y sin embargo, el conocido refrán “abril lluvias mil”, ya no cobra sentido. Un componente fundamental de este escenario se niega a aparecer: el agua. 

Mañana es el día de la Tierra, y vamos a celebrarlo en uno de los años de mayor escasez hídrica que ha experimentado nuestra generación. ¿Se han dado cuenta que la mayoría de las manifestaciones masivas para proteger algo surgen justamente en momentos de crisis sociales, políticas o culturales? El caso del Día de la Tierra, por cierto, no es diferente. Para bien o para mal, esta efeméride, que se celebra cada 22 de abril desde 1970, surge oficialmente en un contexto en que la población percibe con urgencia que debe generar un cambio para con la Madre Tierra, aunque sea con un solitario megáfono en la calle o pegando afiches en el muro, con tal de hacer freno a la debacle sin precedentes que el humano ha venido produciendo a lo largo de los siglos, sino milenios.

Desde sus inicios, el día de la Tierra buscó celebrar la biodiversidad y la noción de que el ser humano está intrinsicamente ligado y depende de la naturaleza para subsistir.

Sin desmerecer los esfuerzos que aquellos primeros estudiantes y activistas levantaron con entusiasmo para organizar a miles de personas en esta celebración y lograr así los cambios sustanciales al interior de la institucionalidad, es fundamental también reconocer que desde siempre hubo voces de individuos y comunidades que quedaron rezagadas en esta discusión ambiental, y que recién hoy, cuando el tema se vuelve otra vez una tendencia, comenzamos a escucharlas. 

Así, el día de la Tierra surge en un momento nada feliz para nuestro planeta. Un momento similar al de hoy, en plena crisis hídrica, con masiva pérdida de la biodiversidad (algunos le llaman a esta era, sexta extinción masiva), enormes injusticias ambientales, desastres naturales que nos sacuden en diversos puntos del planeta y dejan refugiados climáticos de los que poco y nada sabemos. Un día como hoy, pero 51 años atrás.

«Earth Day», afiche de Robert Rauschenberg, 1970. © Moma

En ese entonces, en 1969, un derrame de petróleo de 4,2 millones de galones frente a la costa de Santa Bárbara, en Estados Unidos, se convirtió en el desastre ambiental más devastador de la historia de la humanidad, destruyendo cientos de millas de la costa de California. La catástrofe provocó una alerta y lección en torno a temas ambientales poco atendidos hasta el momento, y fue iniciada por Gaylord Nelson (senador demócrata de Wisconsin) y Paul McCloskey (congresista republicano de California) culminando en la génesis del primer Día de la Tierra.

La frase «Hemos encontrado al enemigo, y el enemigo somos nosotros», sirvió para promover el cartel del Día de la Tierra en 1970.

En ese momento, la celebración tuvo como foco generar una conciencia común a los problemas que había que atender: sobrepoblación, la contaminación de grandes industrias, la Guerra fría, la conservación de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales. Los campus universitarios, bibliotecas locales y otros foros públicos se organizaron y generaron el eslogan «Think globally, act locally” (Piensa globalmente, actúa localmente).

El cartel oficial del primer Día de la Tierra en 1970 advirtió sobre la contaminación y la congestión, y dejó la programación de los eventos a grupos locales de todo Estados Unidos.

 Lo anterior provocó que Estados Unidos se convirtiera en el primer país que, desde la institucionalidad, estructurara una política nacional del medioambiente conocida como la National Environmental Policy Act, (NEPA). Este fue el comienzo de la “década ambiental prodigiosa” que tomó fuerza en los 70s y promulgó la protección del medioambiente como función esencial del estado contemporáneo, un paso más allá del estado liberal del siglo XIX y del estado social de la primera mitad del siglo XX.

Mujer y naturaleza han sido tópicos que el cartel ambiental ha asociado desde el siglo XIX para entregar un mensaje de cuidado a la «Madre Tierra».

Algunos antecedentes de la década del 60 ya habían cimentado este giro cultural. Movimientos estudiantiles, la creación de la WWF para la conservación de la fauna y el emblemático libro La primavera silenciosa de Rachel Carson, primera publicación en hacerse cargo explícitamente de la temática medioambiental, como también la primera fotografía del planeta Tierra tomada desde el espacio en el Apollo 11, conocida como “Earthrise”, que le recordó a sus efímeros terrícolas, ante todo, la finitud y fragilidad del hogar que habitaban. (Mira el especial de Earthrise que hicimos en Endémico aquí).

Los años 90′ tuvieron un enfriamiento del movimiento ambiental, el cual se retomó con fuerza ya entrados los dos mil, cuando comenzó a popularizarse el concepto de «Antropoceno».

Con los años, la iniciativa se extendió por todo el mundo. Pero todo había partido con una semilla popular, un grassroot movemenent, como le llaman en Estados Unidos, cuya llamada a una celebración espontánea el 22 de abril de 1970 terminó por extenderse durante más de medio siglo. Hoy, en todo el globoa recordamos la importancia de cuidar el planeta, cada hora, cada día, en cada momento de nuestras vidas, porque ya sabemos que el día de la Tierra es todos los días de nuestra existencia.

Imágenes persuasivas que asimilaban a la Tierra con un rostro con máscara de oxígeno fueron recurrentes en los primeros afiches del Día de la Tierra. 

Tras presentar esta línea cronológica del día de la Tierra, quisimos seleccionar algunos de los afiches icónicos que formaron parte de esta conmemoración. Más de medio siglo de celebraciones a la Tierra nos hace recordar, también, que la genuina preocupación por la preservación de nuestro entorno natural es algo que ha existido desde siempre. Por milenios y a lo largo de generaciones, comunidades locales, indígenas, y de todo el Sur global han manifestado este ímpetu en cada acto de su cotidiano. Sin desmerecer los esfuerzos que aquellos primeros estudiantes y activistas levantaron con entusiasmo para organizar a miles de personas en esta celebración y lograr así los cambios sustanciales al interior de la institucionalidad, es fundamental también reconocer que desde siempre hubo voces de individuos y comunidades que quedaron rezagadas en esta discusión ambiental, y que recién hoy, cuando el tema se vuelve otra vez una tendencia, comenzamos a escucharlas.

Un mensaje colaborativo, de unión en el cartel ambiental, promovió la masificación de este naciente movimiento verde.

Sin ir más lejos, el cartel ambiental tuvo un auge enorme gracias a que se masificó, o en palabras más simples, se puso de moda. En los 70 fueron ONGs con propósitos ambientalistas, como Greenpeace, pero también corporaciones como líneas aéreas, músicos de rock y psicodelia aprovecharon el “boom” de esta cultura de la rebelión y la revolución para sentirse parte de este movimiento cultural conocido como la Era de la ecología. ¿No estamos viviendo un giro similar, medio siglo después?

Lo que nos recuerda el día de la Tierra, y en su extensión, el cartel ambiental como medio efectivo y sensible de difusión, es que el cambio climático no es solo un problema ambiental o físico en su naturaleza. Es ante todo, un problema ético y político.

La crisis socioambiental sin precedentes que experimentamos vuelve a activar la preocupación por la Madre Tierra. Pero con las lecciones de medio siglo aprendidas, debemos hacernos responsables de las enormes injusticias ambientales que, como siempre, terminan por afectar a las comunidades más vulnerables. Países subdesarrollados y en desarrollo, disidencias, migrantes y refugiados climáticos, todos aquellos que por su condición de género, clase y lugar de origen sufren las peores consecuencias de los efectos de esta crisis. 

Seymour Chwast ilustró carteles para el Día de la Tierra de 1990, 1991, & 1995

Lo que nos recuerda el día de la Tierra, y en su extensión, el cartel ambiental como medio efectivo y sensible de difusión, es que el cambio climático no es solo un problema ambiental o físico en su naturaleza. Es ante todo, un problema ético y político. Donde las personas más afectadas y vulnerables suelen ser las menos responsables de los efectos de la crisis climática. Y los más responsables –aquellos que silenciosamente están tras los sistemas de destrucción– los que menos sufren las consecuencias.

Con su poderoso mensaje visual, el cartel ambiental nos ayuda a recordar que la naturaleza es algo finito, pero sobre todo, que existen asimetrías entre quiénes son víctima y quienes producen los efectos de la crisis climática. Reconocer nuestro lugar de enunciación es un primer paso para pensar cuál será el mensaje y la acción con que podemos aportar en este día, y todos los días de la Tierra. 

DC, 1995. En el fondo aparecen los nombres de varias tribus nativas americanas. © Getty Images.
Uno de los más recientes afiches del día de la Tierra creado por la NASA, que conecta las profundidades cósmicas y las submarinas para sumergirnos en nuestro interior.
En Endémico hemos buscado formas no solo de comunicar el gran problema ambiental que vive el planeta, sino también de propiciar la creatividad y visibilizar propuestas artísticas que motiven a un cambio de conciencia. En este contexto, surge durante el año 2020 la convocatoria de “Carteles para una Constitución Ecológica”, campaña gráfica que invitó a artistas y diseñadores a crear carteles que inspirarán a la ciudadanía a votar por una Constitución que proteja a la Tierra en su conjunto.

En Chile estamos en mitad de un proceso constituyente que, entre muchas cosas, se enfrenta a los desafíos globales propios de la crisis climática como lo son la pérdida de biodiversidad, la escasez hídrica y las injusticias socioambientales, por nombrar solo algunos ejemplos. Hoy es urgente materializar acciones y políticas que fortalezcan la conexión con la naturaleza y que sean capaces de promover el cuidado de los territorios, promover todo tipo de prácticas, especialmente de forma colaborativa. 

Los libros del Gato Caulle es la librería en la que se expondrá Carteles para una Constitución Ecológica en Valdivia. © Los libros del Gato Caulle.

En Endémico hemos buscado formas no solo de comunicar el gran problema ambiental que vive el planeta, sino también de propiciar la creatividad y visibilizar propuestas artísticas que motiven a un cambio de conciencia. En este contexto, surge durante el año 2020 la convocatoria de “Carteles para una Constitución Ecológica”, campaña gráfica que invitó a artistas y diseñadores a crear carteles que inspirarán a la ciudadanía a votar por una Constitución que proteja a la Tierra en su conjunto. Esto con la fuerte convicción de que el arte y el diseño pueden ser verdaderos agentes de cambio. El cartel puede darle una voz a nuestro planeta y a todos sus habitantes.

“creemos firmemente en el cruce disciplinario, en vincular los libros a la música, los videos, el diseño y a la gráfica” (Diego Corvera, librero de Los libros del Gato Caulle)

La campaña convocó a decenas de carteles inéditos que han sido seleccionados para su participación en una exposición itinerante a lo largo de diversas regiones de Chile. Así, luego de presentarse en Santiago y Valparaíso, llega a Valdivia de la mano de la librería Los libros del Gato Caulle. Este espacio si bien está dedicado mayoritariamente a los libros, nos relata el librero Diego Corvera, tiene en sus paredes trabajos de artistas locales porque “creemos firmemente en el cruce disciplinario, en vincular los libros a la música, los videos, el diseño y a la gráfica”. Por otra parte, para Diego y el equipo de Gato Caulle “es importante el área de la naturaleza, sean guías de campo, ensayos, revistas o libros infantiles, que enseñen sobre ella e inviten a respetar y valorar nuestro medio ambiente”. 

Con el propósito de honrar este trabajo creativo, ambiental y social que significó la creación de los carteles, activamos esta exposición en la región de los Ríos. Así, el 1 de abril a las 19 hrs daremos inicio a esta exposición con un conversatorio inaugural en el que participarán parte del equipo Endémico: Cristian Toro, director de arte, Jens Benöhr, editor de la revista impresa y Nicole Ellena, directora editorial junto al destacado sociólogo Manuel Tironi.

Nos vemos el próximo viernes en Yungay #768, Valdivia. 

Más información en endemico.org/constitucion-ecologica

El pompón, nombre común del Sphagnum magallanicum, es un musgo que crece desde Puerto Montt hacia el sur de nuestro país, y su característica más sorprendente es que es capaz de absorber muchísima agua: hasta 20 veces su peso seco. «Oro chilote”, el corto documental estrenado el año 2014 por Sabino Aguad, explora la importancia […]

El pompón, nombre común del Sphagnum magallanicum, es un musgo que crece desde Puerto Montt hacia el sur de nuestro país, y su característica más sorprendente es que es capaz de absorber muchísima agua: hasta 20 veces su peso seco.

«Oro chilote”, el corto documental estrenado el año 2014 por Sabino Aguad, explora la importancia de este musgo en Chiloé. Tanto para la economía de la isla, como para el suministro de agua de la misma, intereses que lamentablemente -debido a una falta de investigación y planificación adecuadas- hoy se encuentran enfrentados.

Sphagnum magallanicum, también conocido como pompón.

Desde el descubrimiento de los atributos del pompón, en la década del 90′, su extracción para la exportación ha proliferado, tanto así que hoy en Chile se produce el 56% del musgo del mundo. Diversas industrias tienen una gran demanda por el Sphagnum, desde la horticultura, pasando por la producción de pañales, hasta la absorción de derrames de petróleo u otras sustancias tóxicas, entre muchos otros usos. Tanto es su atractivo y su importancia para la economía de Chiloé, que ha llegado a ser denominado “oro chilote”.

La extracción de este musgo se realiza de manera semi-industrial, y más frecuentemente de manera artesanal. En la isla, son mas de dos mil las familias rurales que viven de la recolección del pompón. «Oro Chilote» nos muestra la historia de una mujer chilota que gracias a esta ocupación ha logrado educar a sus hijos y mantener a su familia.

Por otra parte, el documental nos introduce en lo problemático que se ha tornado la extracción de este musgo, sobre todo desde que el gobierno otorgara en concesión distintas turberas (humedales donde crece el Sphagnum) de Chiloé para uso minero, sin asegurarse de que hubiese un plan de manejo responsable y sustentable, ya que la extracción de este recurso no está regulado.

Oro chilote.

El documental nos presenta a Waldemar Bórquez, pionero en la extracción semi industrial por concesión de la turba (capas de pompón muerto que son la base de las turberas), quien siente orgullo del crecimiento de su empresa, mas no parece enterado de la extensión de las consecuencias de esta explotación.

La gravedad de este asunto radica en la que las turberas son esenciales para la vida en la isla. Chiloé no cuenta con glaciares, tampoco con altas montañas (que almacenen agua en forma de nieve). Por lo que su única reserva de agua dulce son precisamente las turberas, que gracias a la asombrosa capacidad para absorber agua que tiene el Sphagnum, retienen el agua de las lluvias y lo dejan ir poco a poco, alimentando las napas subterráneas y así asegurando abundante agua todo el año -que además, debido a las propiedades filtrantes del musgo es de una excelente calidad.

Las turberas cumplen funciones ecológicas como ser reservorios de agua y amortiguar inundaciones.

«Oro chilote» también nos presenta a Hermes Vera y a Javier Gallardo, quienes conocen a fondo la importancia del pompón y las turberas para el ecosistema de la isla, y ven con pesar y rabia la irresponsabilidad que se ha tenido en su manejo; pues saben que la escasez de agua, que ya se comienza a percibir en la isla, es un efecto directo de haber fallado en proteger un ecosistema tan perfecto. «Así se inician las guerras» nos dice Juan Gallardo, recordándonos cómo el abuso hacia la naturaleza es a su vez un abuso hacia los seres humanos que somos parte de ella, ya que estamos irremediablemente interconectados, y nuestra supervivencia depende de la salud de nuestro entorno.

En sus 24 minutos de duración, de manera muy natural, a través de las historias de diferentes personas, el documental articula las diferentes aristas de una misma problemática, recordándonos sutilmente que las opiniones de cada uno son producto de nuestra historia y que para resolver conflictos es importante entender cabalmente qué es lo que el otro nos intenta decir.

Los cambios toman tiempo, muchas veces porque las mentalidades determinan estilos de vida. Nuestra manera de vivir se vuelve una costumbre, y nos es difícil levantar la vista hacia el futuro y cambiar la escala de tiempo de nuestras mentes, para que nuestras preocupaciones no sean solo las inmediatas, sino también aquellas que vemos borrosas allá en el horizonte, pero que sin embargo hoy son igual de urgentes que los problemas que rozan nuestras narices. El dinero para la vida es necesario, pero el agua para la vida es fundamental.

El documental está disponible en Youtube.

Plantar Pobreza: un documental sobre la industria forestal

En el contexto del cambio climático solemos escuchar que es necesario plantar árboles, que los árboles absorben el carbono de la atmósfera y que mientras más árboles más ayudamos a preservar la salud de la tierra. Entonces, ¿por qué se critican las forestales? Si ellas son las que más árboles plantan, y cuando los talan […]

En el contexto del cambio climático solemos escuchar que es necesario plantar árboles, que los árboles absorben el carbono de la atmósfera y que mientras más árboles más ayudamos a preservar la salud de la tierra. Entonces, ¿por qué se critican las forestales? Si ellas son las que más árboles plantan, y cuando los talan los reemplazan. ¿Cómo puede ser eso perjudicial para el medio ambiente? Pareciera ser que a simple vista, nos encontramos frente a una paradoja.

Como sociedad nos hemos acostumbrado a las afirmaciones rápidas: el azúcar engorda, plantar árboles es bueno para el medio ambiente, las forestales son buenas para la economía. Y nos hemos desacostumbrado a mirar más profundamente lo que subyace a esas verdades, a deconstruir el cómo y el por qué de las cosas. Si lo hiciéramos, en efecto podríamos comprobar que la respuesta más que ser una afirmación o una negación clara y concisa, tendería a un eterno “Depende”.

“Plantar Pobreza, el negocio forestal en Chile” es un documental producido por el periódico Resumen, el cual fue lanzado el año 2014 con la finalidad de precisamente “mirar más profundo”, cuestionar y ayudarnos a comprender esta paradoja. De esta manera, se encarga de hacer un recorrido por las diversas problemáticas que afectan a las comunidades locales y al medio ambiente desde cada una de las partes del engranaje lucrativo que compone a la industria forestal en Chile: de las plantaciones de monocultivos a las plantas de celulosa (y su posterior exportación).

La realización de documentales de este estilo no es nuevo para el periódico Resumen, el año 2012 el documental “Mala Pesca” aborda la problemática de la sobreexplotación de los recursos marinos y su paulatina extinción, en el marco de las leyes que durante años han monopolizado estos recursos. Y en el año 2011, en conjunto con la Sociedad Mutualista Bautista Van Schowen, fue producido el documental “El Cobre ¿Sueldo de quién?” en dónde se explica el proceso de privatización de nuestro mayor recurso.

© Plantar Pobreza

Una de las primeras problemáticas a la que nos introduce el documental “Plantar Pobreza” es  la diferencia entre las nociones de “bosque” y “plantación forestal”. Pese a que variadas instituciones (entre ellas CONAF y FAO) tienden a utilizar estos conceptos como si fueran sinónimos —ya sea desde la ignorancia o desde un deseo de manipular la información— estos representan realidades totalmente diferentes.

En un bosque existe una comunidad conformada por diversas especies de árboles, hongos, líquenes, insectos y animales, los que han evolucionado para relacionarse de manera cooperativa y complementaria. Por ejemplo: los animales insectívoros contribuyen a mantener a raya las plagas; las raíces de los árboles se asocian a hongos para intercambiar agua y nutrientes. Además, las plantas coexisten en una diversidad de edades, debido a esto cuando un árbol joven está en etapa de crecimiento, tomando mucha agua y nutrientes del suelo, este estará rodeado de árboles maduros, que no necesitan abastecerse de tanta agua, y por el contrario, sus raíces la retienen en los suelos, y sus hojas devuelven a la tierra sus nutrientes. En suma, en un bosque existe un ciclo armónico que recicla los recursos; y además de todo esto, capta el famoso carbono de la atmósfera.

Por el contrario, cuando hablamos de plantaciones forestales en Chile, hablamos de la plantación masiva de una sola especie (monocultivo de Eucalyptus globulus o Pinus radiata) lo que hace que los árboles sean más propensos a plagas y por lo tanto deban ser tratados con pesticidas (y herbicidas) para asegurar su proliferación; además, todos los árboles tienen la misma edad, por lo que en etapa de crecimiento existe una extracción masiva de agua y nutrientes de los suelos, situación que se repite una y otra vez durante las sucesivas rotaciones, sin oportunidad de hacer un reciclaje de nutrientes, transformando un terreno fértil en uno árido. Y como si esto no fuera suficiente, al talar todos los árboles, no hay nada que evite que la lluvia arrastre el suelo (y con ellos químicos usados en el proceso) hasta el curso de agua más cercano, enturbiando y contaminando la misma y dejando una tierra profundamente erosionada. Finalmente, pese a que sí efectivamente estos árboles logran captar el carbono de la atmósfera, al momento de ser procesados en las plantas de celulosa lo devuelven, por lo que no hay realmente un balance positivo. Y todo esto sin hablar de cómo incrementan las posibilidades de incendios —hoy tan comunes en Chile— agravados por la sequedad del suelo y a la inflamabilidad de las especies preferidas para el monocultivo.

© Plantar Pobreza

Comenzamos a avistar entonces un modelo que se nos hace familiar, un modelo cortoplacista, que llama “progreso” a la extracción de la mayor cantidad de recursos en el menor tiempo posible sin pensar en las consecuencias. Como si los recursos naturales fueran inagotables, o cómo si fuéramos todos a desaparecer en un futuro cercano por lo que no existe obligación de prever para el mañana.

Pero esto no solo nos afecta a todos en el largo plazo, hoy está afectando cruelmente a las comunidades locales y esto es lo que Plantar Pobreza logra hábilmente poner sobre la mesa, creando un diálogo —que no existiría de otra manera— entre distintos representantes de las comunidades locales que padecen la pobreza originada por las forestales y el director de la CORMA (Corporación de la Madera), llevándonos al corazón del conflicto.

© Plantar Pobreza

Plantar Pobreza nos muestra cómo una actividad del llamado “crecimiento económico” a nivel país (la segunda después del cobre), produce más daños que beneficios para la comunidad local: escasez de agua (y con esto el fin de la soberanía alimentaria), accidentes laborales, presos políticos, territorio militarizado, contaminación ambiental, entre otros.

Y esto nos lleva a plantearnos ¿Qué es lo que nosotros consideramos riqueza? Si suben los índices de crecimiento económico, pero, perdemos nuestros alimentos, nuestra salud, nuestro tiempo, nuestra posibilidad de ver crecer a nuestros hijos y la diversidad biológica de nuestra tierra ¿Es eso digno de ser llamado riqueza? ¿Riqueza para quién?

Sin embargo, el documental no sólo se dedica a visibilizar el desastre socioambiental fomentado por el libre mercado y subsidiado por el estado (ósea por todos nosotros), sino que también da ejemplos de casos de éxito de restauración, en donde suelos erosionados han sido rehabilitados gracias a una reforestación con bosque nativo y a un manejo sustentable y comunitario. Casos como el del proyecto de manejo forestal Llancahue y el Werken Comunidad Wente Winkul Mapu de la comunidad de Ercilla, no dejan de dar esperanza y —esperemos— un camino a seguir.

Documental disponible en youtube.

Infografía explicativa del Decreto 701, Fundación Terram

Para los que no saben, los humedales son ecosistemas acuáticos que sostienen la biodiversidad y que nos proveen importantes elementos para la vida. En nuestro país los podemos encontrar a lo largo de toda la costa, en forma de estuarios y lagunas costeras, mientras que en la Cordillera de los Andes se desarrollan como salares, […]

Para los que no saben, los humedales son ecosistemas acuáticos que sostienen la biodiversidad y que nos proveen importantes elementos para la vida. En nuestro país los podemos encontrar a lo largo de toda la costa, en forma de estuarios y lagunas costeras, mientras que en la Cordillera de los Andes se desarrollan como salares, lagunas salobres, bofedales, vegas, ríos y lagos.

Los humedales abundan en Chile, pero también existen en muchas otras partes del mundo, en países como Perú, Colombia y México, entre otros, cumpliendo el mismo importante rol de equilibrio.

Sin embargo, estos esenciales espacios naturales están siendo amenazados. En efecto, estudios científicos demuestran que desde 1900 ha desaparecido el 64 % de los humedales del planeta, y en comparación con 1700, se calcula que se ha perdido el 87 % de los humedales a nivel mundial (MMA Chile).

Es por esto que la preocupación respecto a la conservación de estos ecosistemas ha sido un tema fundamental alrededor del mundo, y expresiones sociales, políticas y artísticas así lo demuestran.

Los humedales son lugares de gran biodiversidad, fotografía de José Gerstle.

Conservación de humedales en el mundo

Dentro de los esfuerzos políticos por proteger los humedales del planeta, está la firma del SMOT, o Sistema mundial de Observación Terrestre, y la Convención de Ramsar, el año 2006. «La conservación de los ecosistemas de los humedales es esencial no sólo para el suministro sostenible de agua dulce, sino también para conservar la biodiversidad y garantizar otros servicios necesarios para la salud y el bienestar de las personas en todo el mundo», declaró en la época el Subdirector General de la FAO, Alexander Müller, sobre esta convención, que hoy cuenta con 152 partes contratantes (FAO.org).

Desde ese entonces, y durante los años que se vinieron, el SMOT ha desempeñado una importante función en la supervisión y evaluación de los humedales, con el fin de afrontar la pérdida y el deterioro de estos ecosistemas.

«Las principales cuestiones de las cuales se ocupa el SMOT, como el uso de las tierras y el cambio de la cubierta vegetal, la gestión de los recursos hídricos, la pérdida de biodiversidad, el cambio climático, la contaminación y la toxicidad, ofrecen una sólida base para enriquecer nuestros conocimientos sobre la dinámica de los humedales, elemento decisivo en la evaluación del suministro de agua dulce, la demanda y la crisis en los sistemas sostenibles de alimentos y agricultura», informó la experta de la FAO Lucilla Spini.

Documental Chacahuita

En este contexto, y como una propuesta mixta entre arte y conservación, se enmarca el documental Chacahuita, obra audiovisual dirigida por la cineasta mexicana Juana Reyes Díaz y estrenada en 2016. Esta película es la historia de un pueblo en la región de la costa de Oaxaca, que hace veintidós años se organizó para pelear, defender y proteger sus humedales de una empresa extranjera, la cual pretendía establecer un criadero de camarones.

Sus protagonistas, Sadot, Margarito, Eusebio y Manuel, cuentan su historia de lucha, además de agregar datos de la situación actual de esos humedales en Chacahuita. Cabe destacar que la zona de Oaxaca alberga una rica diversidad cultural, donde conviven más de 16 grupos étnicos, dato no menor a la hora de analizar su sentimiento de arraigo y cercanía a la tierra.

De hecho, la resistencia de sus habitantes contra la empresa y sus fuerzas de represión quedan en evidencia en los 26 minutos que dura el documental.

Respecto a la historia que motiva a la directora, es precisamente su propio desarrollo humano y laboral. En efecto, Juana Reyes Díaz (nacida en 1988) es maestra de Educación Especial, bajo la perspectiva del respeto y la tolerancia hacia la diversidad. Forma parte del colectivo Distopía, que tiene como objetivo realizar encuentros culturales en las comunidades de la costa de Oaxaca. Además, es coordinadora del cineclub comunitario El Guamil y esta es su primera obra de este tipo.

En Chacahuita vemos como el cine se transforma en una herramienta de difusión de temas que podrían quedar en un total desconocimiento, o quizás, simplemente no superarían sus límites geográficos. Sin embargo, y gracias a cintas como esta podemos entender que la problemática de la conservación y protección de los humedales pasa de ser una resistencia local a una misión mundial.

Los últimos días de Matías Catrileo

Tras un ataque policial, Matías tendrá siete días para convencer a las comunidades en conflicto de llevar a cabo una recuperación de territorio. Siete días para dilucidar quién lo está traicionando. Siete días de sueños y dudas. Siete días para reafirmar que lo más importante, son las raíces. Esta es la trama de “Algún día […]

Tras un ataque policial, Matías tendrá siete días para convencer a las comunidades en conflicto de llevar a cabo una recuperación de territorio. Siete días para dilucidar quién lo está traicionando. Siete días de sueños y dudas. Siete días para reafirmar que lo más importante, son las raíces.

Esta es la trama de “Algún día las raíces”, proyecto que está inspirado en los últimos días de vida de Matías Catrileo, weychafe (guerrero) que fue asesinado por la policía chilena durante una recuperación de territorio ancestral mapuche el año 2008.

Esta película nace por la necesidad de crear contenido crítico y denunciar el abuso de poder del Estado chileno sobre el pueblo mapuche, además de educar a las nuevas generaciones dando a conocer las razones humanas que justifican la resistencia de esta cultura. El equipo compuesto por Alejandro Valdeavellano en la dirección, Catalina Saavedra Reyes en la producción general y Cristóbal Díaz en fotografía y montaje, fue priorizando entre las luchas sociales contingentes, y desde su punto de vista, el conflicto chileno en territorio mapuche se convirtió en prioridad, porque es una lucha de resistencia por la vida misma, por la dignidad, una lucha necesaria y urgente.

Por qué Matías y no otro weychafe

Para los creadores de esta película, hay dos razones por las que decidieron centrarse en la lucha de Matías; la primera es porque después de su asesinato, la resistencia mapuche se multiplicó sustancialmente, sobre todo en comunidades que no tenían una postura definida. Hubo un despertar. Y la segunda es porque Matías venía de la warria (ciudad), de Santiago, él sintió y buscó su tüwün (procedencia), sintió la necesidad de conocer sus raíces y de reconocerse, viaja hasta Ngulumapu (territorio mapuche de lado chileno) y hace suya la lucha. Entonces, hay una invitación a cuestionarnos quiénes somos, a cuestionarnos cuál es nuestro origen para poder ser y desarrollarnos como persona.

Campaña de financiamiento colectivo

Hace cuatro años que el proyecto está andando. Ya culminó la etapa de investigación y escritura de guión a mediados de 2017 y actualmente, durante octubre, noviembre y diciembre de este año, el equipo se encontrará realizando una campaña de financiamiento colectivo a través de la plataforma Ideame. En el siguiente link podrán acceder a la campaña, donde es posible colaborar desde 2.000 pesos o más, para hacer posible la realización de esta película, tan necesaria en un Chile que no logra entender lo que sucede en su agitado sur.

Pincha aquí para acceder a la campaña de financiamiento colectivo en Ideame.