«Maleza Anfibia»: una expresión poética de la transformación

El poemario de Ivonne Coñuecar, publicado por ediciones Kultrún, se adentra en el caos y el desplazamiento como rasgos de la anfibiedad, expresión del cambio permanente de la naturaleza y los cuerpos que forman son parte de ella.

Nuestras voces comunican 
la sensación anfibia de piel permeable. 
Te atravieso, imperceptible, y desciframos colores, texturas, 
intermitencias, camuflaje de pulpo
que envuelve la ilusión: humedad de líquenes, turberas. Tumbas y turberas 
páramo y tundra. 
En tu cuerpo mallín descanso 
aún no nos hemos perdido.

En Maleza Anfibia, los versos de Ivonne Coñuecar —escritora y periodista mapuche-williche— recorren islas y fiordos australes. Desde allí atraviesan nubes, buscan orillas de río. Navegan. El viento los surca y, en lo profundo, los envuelve la nostalgia. Ese movimiento poético por la geografía austral no busca concentrar significados fijos; al contrario, constituye una fuerza abierta a la transformación y, con ello, a la de todo lo viviente. 

©Ivonne Coñuecar
©Ivonne Coñuecar

«Todo cuerpo es anfibio», escribe la poeta, como un subterfugio para resistir, cambiar y volver a insistir. Es una condición que habita tanto los cuerpos como el entorno y que, como el agua, es mutable por naturaleza. Para Coñuecar, ello conlleva un importante componente autobiográfico: su familia llegó por el agua a Aysén desde Chiloé. Habla de la «anfibiedad» como un vínculo más primitivo, propio de los pueblos navegantes y recolectores de la zona sur austral y la Patagonia. «Ese vínculo está dado por el agua, es el agua lo que nos une, los archipiélagos y la migrancia», comenta.

Las fuerzas de esa naturaleza emergen con su lenguaje mutante: oceánico, volcánico, selvático, montañoso o patagónico. Esta última como una identidad que la autora explora entendiéndola no como una reminiscencia, sino que una relación de doble vía: se habitan mutuamente. 

(…) una maleza anfibia despertando en los océanos, 
son nuestros los mundos de los que nunca nos apropiamos 
y a los que no llegaremos.

El libro fue publicado en mayo por Kultrún, una editorial independiente que desde Valdivia, amplifica literaturas del sur austral —desde la región de Los Ríos hasta Magallanes— hace cuarenta años. 

Portada Maleza Anfibia de Ivonne Coñuecar, 2026.

“La naturaleza no tiene categorías insuficientes como binarismos”

Aquella condición adaptable a otros medios, cambiante y resistente, toma forma a través de los cuerpos, como la propia autora lo ha vivido: “Mover el cuerpo en el agua da otra perspectiva, mientras nadas estás en otro medio, utilizas el cuerpo de otro modo, respiras, exploras, te pones a prueba, van y vienen ideas, y también te concentras y entras en esa especie de velocidad crucero donde no hay que llegar a ninguna parte, donde la derrota es simplemente continuar”. 

Dentro de su imaginario poético, la anfibiedad cruza el deseo, se trenza con la identidad queer y se convierte en un simbolismo, en aquello necesario para resistir, para advertir señales, detalles y palabras, moverse dentro de lo incómodo. Para mantenerse con vida.

“Al conjugar todo esto, queer, williche, de la Patagonia que a la vez es indivisible e inalienable y hasta un punto, inenarrable, la poesía está permanentemente abriendo la palabra. Y al ver que la naturaleza tiene ese hermoso caos y no tiene estas categorías insuficientes como los binarismos, y observas que no hay nada más queer (en nuestros términos) que la naturaleza, mantienes la mirada en ese lugar, también como esperanza. La naturaleza no tiene esa escala valórica ni metas, ni lugares de éxito, solo está”, explica la autora del poemario.

©Ivonne Coñuecar

Memoria austral

La abuela mide mi cuerpo estirando una hebra, 
luego me abraza, 
dice ojos de huemul, y yo era solo un bicho 
desmantelando destinos y rumbos 
evitando que me exhiban en una pared, 
que exhiban mis ojos grandes y curiosos 
que me conviertan en un trofeo de caza.

El libro guarda la memoria austral, chilota, y, con ello, habla del desplazamiento, como una migrancia hacia un territorio desconocido, tal como fue el poblamiento hacia el sur hecho por las ancestras mapuche-williche de la autora a quienes dedica este libro: su bisabuela Vitalia Quintucheo y su abuela Verónica Gómez Huenuman.

Dice que migrar es un verbo que llevan incorporado porque a Aysén, en su poblamiento más reciente, hace poco más de cien años, llegaron personas que ingresaron por la pampa, desde Argentina, y por el agua, desde Chiloé. Esa migración hacia el sur austral, afirma Coñuecar, es una historia de la que se conoce poco. «Hay una historia hegemónica que insiste en desplazar estas memorias, que se han rescatado con más fuerza en las últimas décadas. Hay mucho por hacer», expresa la poeta.

Las voces femeninas que despuntan en Maleza Anfibia son una manera de resarcir el silencio impuesto, el borramiento histórico de las mujeres. Existe una «epopeya pionera», explica Coñuecar, en la que se habla solo de los hombres que llegaron primero al territorio, de quienes abrieron los caminos, mientras las mujeres resistieron —y siguen resistiendo— en esa sobrecogedora naturaleza.

©Ivonne Coñuecar

Develar el extractivismo

(…) afuera, esta antropofagia no se detendrá, 
nuestra humana aridez que revela el extractivismo 
extraernos, quitarnos pedazo a pedazo nutrientes y agua, 
piel y vísceras, extraer la tierra, su fondo, 
rasguños y uñas sangrientas
máquinas, planes, incendios, apretón de manos y firmas 
para consumir los papeles que reclaman bosques 
las aguas que reclaman glaciares
el aire que reclaman deltas y humedales (…).

Al delinear, verso a verso, aquella identidad patagona, la migración aparece ya no desde el asentamiento abordado antes por Coñuecar desde su ancestralidad, sino como un movimiento inverso y contemporáneo. Se trata del éxodo de quienes han debido irse obligados del territorio por falta de condiciones de desarrollo, conectividad y acceso a servicios de salud especializados, entre otros. Y, en paralelo, el extractivismo irrumpe como una fuerza voraz que avanza sobre la tierra, manteniendo la zona permanentemente amenazada por proyectos de alto impacto ambiental. Entonces, surgen las contradicciones sobre habitar el territorio, de pensar el retorno y las posibilidades limitadas por el propio proyecto neoliberal profundamente centralista.

(…) avanzan alambres de púas y caminos 
incendios y aplanadoras, ya no hay recados para enviar (…).

El extractivismo se manifiesta a través de imágenes desoladoras que condensan la violencia ejercida sobre el territorio. Las máquinas avanzan sin tregua, prolongando su faena hasta consumar una devastación que arrasa con todo a su paso: árboles derribados, ríos interrumpidos, senderos abiertos a la fuerza sobre una geografía cuya memoria parece ser sistemáticamente ignorada. La lógica del progreso se impone sobre aquello que ya habitaba el lugar. De estos versos emerge una voz atravesada por la rabia y la denuncia, pero también por una persistencia que se resiste a aceptar el despojo como destino. 

©Ivonne Coñuecar

Un pueblo imaginario

Del imaginario mutante y poético bosquejado por Coñuecar, donde se superponen imágenes, sonoridades y sensaciones, aparece el pueblo imaginario como metáfora de lo inexistente, pero también de aquello que habita el deseo de ser construido. La propia autora reconoce que se trata de una idea fantasmagórica. Pero, ¿qué hay detrás de esa transparencia cuando se hace cuerpo? Personas que se desplazan por la memoria, el silencio y los paisajes, por una oralidad que se extingue, una lengua extirpada, una herida ancestral, en resistencia al extractivismo. Allí hay una historia de luchas, fracasos e insistencias. 

Y era tan pequeño nuestro pueblo imaginario 
como herida secreta lo llevamos a cuestas 
con cenizas en la lengua y humo en los ojos
dejamos archipiélagos en mapas arrugados 
bebemos el agua bajo las mareas 
dislocamos geografías hasta volvernos inubicables 
una cicatriz, una intermitencia.

Para Coñuecar es “aceptar que los pueblos originarios estamos en una doble disputa, por un lado continúa la criminalización y discriminación; y, por otro lado, hay una imagen sacralizada, con tintes de mártir y bastante folklórica, incluso mítica, con esas creencias de que podríamos ser personas “especiales”, todas machi, todas weichafe, y que es muy agotador”. 

Si bien en los poemas se usan algunas palabras del mapudungun, afirma que estas tienen más bien un “tinte de exorcismo”, que roza la ironía. Con ello, busca contaminar el esencialismo, no dar respuesta a las expectativas colonizadas sobre la mapuchidad.

Tu latido me sostiene, bailamos para espantar kalkus
 como un nguillatun desobediente 
nos desmarcamos de machis, lonkos y werkenes.

Precisamente, Coñuecar como mapuche-williche se reconoce en una zona fronteriza, un lugar de contradicciones, tensiones y mixturas, un espacio para seguir haciéndose preguntas, o una invitación, como piensa, que siempre le hace la poesía.

©Ivonne Coñuecar

Ficha técnica:

Autora:  Ivonne Coñuecar Araya
Editorial: Kultrún
Año publicación: 2026
N° de páginas: 66

Disponible en: 
Santiago – La Cafebrería
Concepción – Librería Página 128
Valdivia – Librería Gato Caulle
Ediciones Kultrún | edicioneskultrun@gmail.com

Imagen de Portada: ©Ricardo Mendoza Rademacher