Hacer mundos desde el arte y el activismo

“Muchas palabras se caminan en el mundo. Muchos mundos se hacen. Muchos mundos nos hacen. […] El mundo que queremos es uno donde quepan muchos mundos" (Ejército Zapatista de Liberación Nacional, Cuarta Declaración de la Selva Lacandona, 1996).

Cuando escuchamos el sonido de las flautas de los Bailes Chinos, la memoria de mundos muy antiguos se hace presente. Los servidores de la pachamama, los “chinos”, soplan sus flautas disonantes en sincronía con sus bailes para despertar a la Tierra y dar continuidad al flujo de sus aguas. En un territorio donde la presión sobre ríos, glaciares, esteros, humedales y suelos se ha intensificado por la demanda global de “recursos naturales”, la presencia de los Bailes Chinos se vuelve hoy más urgente que nunca. Su catarreo habilita una apertura de mundos donde los intercambios entre humanos y otros que humanos hacen visible la interconexión de la vida: montañas, plantas, animales, viento, agua y rocas se expresan, y nosotros respondemos.

En marzo de 2024, ante la amenaza minera sobre los glaciares del Valle de Juncal, la comunidad local y los Bailes Chinos del Aconcagua se reunieron convocados por Cecilia Vicuña para tejer un poema espacial. Entre nuestras manos circulaba el vellón blanco, tejiendo un quipu de encuentros que anudaba los glaciares con el río, el río con los humedales y los humedales con la mar. Como el quipu incaico, dispositivo de memoria y vínculo, el encuentro anudó nuestras relaciones con el territorio, devolviendo a la lucha ambiental su dimensión espiritual y volviendo audible la voz de sus guardianes.

«Como el quipu incaico, dispositivo de memoria y vínculo, el encuentro anudó nuestras relaciones con el territorio, devolviendo a la lucha ambiental su dimensión espiritual y volviendo audible la voz de sus guardianes».

Una exposición como etnografía

Hacedoras de Mundos. Prácticas artísticas y activistas en la Cuenca del Aconcagua, presentada en el Centro Cultural de España en Santiago, nace de esta experiencia: una exposición que es también una forma de co-habitar un territorio, una tentativa de seguir el cauce del río para escuchar las voces, memorias, tensiones y alianzas que se despliegan en sus riberas. Una etnografía sensible y situada, hecha de múltiples relaciones entre humanos y otros que humanos.

©Daniela Canales

El río Aconcagua, cuyo nombre proviene del cerro que significa “el centinela que adora y mira al dios Con” (Doura, 2021), nace en la cordillera de los Andes, de la confluencia de los ríos Juncal y Blanco, alimentados por glaciares altoandinos y recorre más de cien kilómetros hasta llegar a Concón en el océano Pacífico. En su trayecto atraviesa pueblos,  zonas industriales, de sacrificio y de resistencia. La megaminería, la extracción de áridos, la agroindustria y la crisis climática han llevado al río a una situación crítica. Frente a esta realidad cabe preguntarnos:

¿Qué ocurre con un río cuando deja de ser solamente un caudal y vuelve a ser reconocido como un ser con quien se comparte la vida? ¿Qué sucede cuando un glaciar deja de ser una reserva de agua y se vuelve presencia, memoria y origen? ¿Qué mundos se pierden cuando el territorio es reducido a recursos? ¿Y qué mundos continúan existiendo, a pesar de todo?

La exposición comienza allí donde las palabras se vuelven insuficientes: en la experiencia situada de quienes habitan la cuenca y han aprendido a percibir sus transformaciones, donde las prácticas artísticas y activistas se vuelven hacedoras de mundos.

La presencia de la cultura Aconcagua (900–1540 d.C.) en este territorio nos dejó un patrimonio tangible, representado en esta exhibición por tres réplicas de escudillas cerámicas —en préstamo del Museo Arqueológico de Los Andes—, que expresan en sus patrones geométricos el equilibrio del cosmos. Esta cuenca es la matriz vital de una trama biocultural única, habitada por culturas cuyos saberes permanecen entre nosotros, donde humanos y otros que humanos compartimos el mundo con los ríos. El ecólogo Ricardo Rozzi (2026) piensa los ríos a través de los vínculos vitales entre co-habitantes de territorios compartidos, una visión que resuena con lo que en la cuenca del río Róbalo explica la artesana yagán Julia González: que los ríos son morada de los ancestros, y que quien duerme junto a ellos puede escucharlos hablar, incluso bromear (Rozzi, 2026). Aquí, en el Aconcagua, el quisquito rosado de las Coimas, la Ivania juncalensis, el glaciar Juncal, la palma chilena, guanacos y gatos andinos son defensores de la cuenca y co-hacedores de estas prácticas, quienes aún duermen y bromean junto al río.

©Daniela Canales
©Daniela Canales

El archivo etnográfico creado por Paola Bolados junto a Tomás Undurraga, reúne seis testimonios que dan cuerpo humano a la voz del río, desde el Parque Andino Juncal hasta Concón. Catherine Kenrick, fundadora del Parque Andino Juncal —sitio RAMSAR desde 2010, el primero de los Andes centrales en manos privadas—, relata las amenazas de la minería; Sara Gómez, dirigenta del Agua Potable Rural de Rinconada de Guzmanes por más de veinticinco años, describe uno de los últimos bastiones de gestión comunitaria del agua, agravado por la sequía.

La muestra sigue el cauce del río y las historias de sus co-habitantes. Un gran mapa de la cuenca, realizado por  la artista Paulina Carreño, orienta el recorrido por localidades, cerros y cuerpos de agua. Allí nos reciben dos serpientes aladas o piguchenes, del imaginario rural chileno, convocadas por la artista Ámbar Cádiz Véliz como energías protectoras del agua, cuya morfología da forma a las flautas aladas de los Bailes Chinos. Junto a ellas, las ilustraciones botánicas de su hermano Arón Cádiz Véliz presentan tres especies descubiertas o redescubiertas en la cuenca: Miersia putaendensis, Valeriana umbellifera e Ivania juncalensis. Nombrarlas es también un acto de defensa; sus siluetas aparecen en el mapa del muro de acceso, reconociendo su agencia. Muy cerca, Ximena Bórquez recupera en Kan Kan, El susurro de la palma, el nombre antiguo de la palma chilena —Jubaea chilensis—, en alusión al sonido de sus hojas, semejante al del agua.

Una etnografía, en este sentido, es una atención sostenida a las relaciones que hacen posible sus múltiples formas de vida. Tal vez por eso, en la antigua estación de trenes de Las Coimas, hoy centro cultural, la floración del quisquito rosado —un cactus endémico que tarda más de diez años en florecer— adquiere la fuerza de un acontecimiento comunitario. Ya en 1982, en el óleo La Giganta, de Armando Cornejo, se ve ese mismo gesto de memoria, el cerro que hoy es Parque La Giganta. Y en el Museo Comunitario de Los Patos, los objetos cotidianos guardan la memoria de un poblado que resiste la amenaza minera de la compañía Vizcachitas Holding —que busca convertir este lugar en el distrito minero más grande de Chile—, narrándose historias junto al fuego. Escuchar, dice Ursula K. Le Guin (2016), requiere lugar, tiempo y silencio, y quizás también imaginación, como la obra de Manuela Pizarro, que modela en arcilla a su hija y nos invita a cultivar el asombro.

En esta misma sala se presenta el video de registro del Quipu de Encuentros Juncal-Aconcagua de Cecilia Vicuña —el poema espacial narrado al inicio de este texto—. Junto a él, la pintura Donde nace el agua, de Joselyn Villarroel, nos sitúa frente al Glaciar Juncal, recordando que el hielo, lejos de ser materia inerte, guarda la historia de la Tierra y sostiene, en silencio, la vida de la cuenca. A su lado, las fotografías y archivos documentales de Ignacio Acosta, Flora, fauna, mineros y otras cosas, registran el “Proyecto Caliente” de exploración minera de Nutrex SpA en el Parque Andino Juncal entre 2019 y 2026: monolitos de concesión y caminos que alteraron cursos de agua, junto a imágenes de cámaras trampa usadas como contravigilancia. Estas obras nos muestran, como señala T. J. Demos (2016), que el arte puede operar como investigación política capaz de exhibir los mecanismos del extractivismo.

©Daniela Canales

El bordado y los tintes naturales como agentes de una cartografía política

Bordar y teñir nos recuerdan las prácticas domésticas de nuestras abuelas, cuando zurcir, remendar y coser eran labores de casa. Recuperar estos saberes revierte las lógicas patriarcales que relegaron el bordado a oficio menor, despojándolo de su cualidad creativa; fue en esa costura doméstica donde Rozsika Parker (1984) rastrea los orígenes de una micropolítica feminista que hizo del hilo una forma de resistencia. Muchas obras de esta sala recuperan esas labores: pigmentos de plantas y minerales, de campos, cerros y riberas tiñen telas e hilos que no dejan de ser paisaje, fortaleciendo las memorias de esas mujeres que antes que nosotras y nosotros cuidaron de estos lugares y de sus propias vidas —formas de seguir haciendo mundo con la tierra y la savia de sus co-habitantes.

El archivo de Paola Bolados antes mencionado se completa con un video que relata la creación de la Cartografía Textil Hidrofeminista, guiada por la artista Andrea Álvarez —la Zurcida— junto a Mujeres y Ríos Libres de Quillota, que borda la interdependencia radical entre los cuerpos de agua y quienes los habitan. Esta forma de nombrar al río como sujeto activo dialoga con lo que Lisa Blackmore (2022), desde la plataforma entre-ríos, ha llamado culturas hidrocomunes: prácticas curatoriales e investigaciones situadas que reconectan comunidades diversas con sus cuerpos de agua a lo largo de América Latina.

En Cuenca Viva, Paulina Carreño traza un mapa hidrográfico desde el nacimiento del río Aconcagua hasta su desembocadura, donde flora, fauna y roca conviven como partes vivas de un cuerpo: un gesto de crear mundos compartidos, pues no es solo la artista quien dibuja, sino un paisaje que se crea a sí mismo con ella. María José Durán presenta Jardín, utilizando pigmentos naturales para construir una superficie de inmersión sensorial que activa memorias sobre el cuidado y el rol protector de la naturaleza, dialogando con la resistencia de mantener espacios biodiversos ante la sequía y el monocultivo.

Dos bordados colectivos protagonizan la exposición. El paisaje olvidado. Una memoria rural, bordada y contada por mujeres (2024), de las Bordadoras de Calle Larga, teje la memoria del paisaje entre 1900 y 1970 a partir de relatos de cinco vecinas, compartiendo recetas, cultivos y costumbres de cuidado de la tierra. Memorias que cuidan la vida (2026), de las Bordadoras por la Biodiversidad de Llay-Llay, nace del movimiento “Llay-Llay se defiende”, como recuerda Alejandra: “comenzamos a bordar con el fin de defender el territorio frente a dos megaproyectos energéticos que se querían instalar en el sector de La Estancilla, donde vivimos.” A través del bordado colectivo, estas cartografías registran memorias, afectos, recorridos e hitos del territorio: el textil opera como herramienta política y sensible, forma de nombrar lo que existe y sostener la historia de quienes defienden su lugar.

Siguiendo el ciclo del agua que va desde el glaciar al mar y vuelve al glaciar a través de las nubes, la lluvia y la nieve, el video Acción-Ofrenda: Naciente Glaciar Juncal / Desembocadura Humedal KonKon, de Aúna Tierra Diversa, cierra la muestra con un ritual de ofrenda: el sonido de cántaros de arcilla y el golpe de las piedras nos recuerdan las flautas de los Bailes Chinos que abrieron este texto. El hacer de mundos emerge, así, en la correspondencia de gestos, acciones y sonidos: formas de habitar el mundo junto a sus materialidades y resonancias (Ingold, 2020). Frente a la crisis que atraviesa esta cuenca, el arte y el activismo reunidos aquí insisten en que esa escucha recíproca es hoy tan política como poética.

Referencias

Blackmore, L. (2022). Imaginando culturas hidrocomunes: investigaciones interdisciplinares y prácticas curatoriales entre ríos. Heterotopías, 5(10), 43–72. https://revistas.unc.edu.ar/index.php/heterotopias/article/view/39748 

Demos, T. J. (2016). Decolonizing Nature: Contemporary Art and the Politics of Ecology. Sternberg Press.

Doura, M. (2021). Valle Sagrado del Aconcagua, el otro cuzco. Proyecto QHAPAQ ÑAN.

Ejército Zapatista de Liberación Nacional. (1996, 1 de enero). Cuarta Declaración de la Selva Lacandona. Enlace Zapatista. https://enlacezapatista.ezln.org.mx/1996/01/01/cuarta-declaracion-de-la-selva-lacandona/

Ingold, T. (2020). Correspondences. Polity Press.

Le Guin, U. K. (2016). Words Are My Matter: Writings About Life and Books, 2000–2016. Small Beer Press.

Parker, R. (1984). The Subversive Stitch: Embroidery and the Making of the Feminine. Women’s Press.

Rozzi, R. (2026). Biocultural Ethics for Human–River–Biosphere Co-Inhabitation. Philosophies, 11(4), 123. https://doi.org/10.3390/philosophies11040123