Alma Hidalgo: el poder de comunicarnos con las plantas

Alma Hidalgo nació en Perú. Sin embargo, muy joven migró, primero a Argentina y luego a Colombia. El año pasado vivió una temporada en Guatemala a las orillas del lago de Atitlán, aprendiendo de la sabiduría maya y su conexión con el fuego. Su alma itinerante la ha conducido por rutas selváticas, lagos, playas, caminos atestados de plantas y medicinas. Todos esos saberes ancestrales hoy los comparte en su proyecto Alquimia Ritual, donde explora desde diversas miradas culturales la medicina de las plantas, su energía, la vinculación con los astros y la sabiduría de la tierra. Lo anterior, con el gran deseo de volver a conectar con ella y vivir en equilibrio con los ciclos naturales.

Hoy Alma se encuentra en México, un nuevo viaje donde pasará una temporada para “aprender más acerca de la medicina de la tierra y los sagrados elementos en la cosmovisión mexicana“, dice. Endémico web habló con ella sobre cómo las plantas nos entregan su medicina para conectar con la naturaleza y entender que somos parte de ella. Sanar implica, entonces, volver a la unidad, reconocernos como seres pertenecientes a la Tierra. 

Alma Hidalgo es la creadora del proyecto Alquimia Ritual, donde comparte junto a otros talleristas cursos sobre herbolaria holística de forma online y presencial. © Alquimia Ritual.

Endémico web: ¿Qué es Alquimia Ritual? ¿Cómo surge tu proyecto? ¿Qué es lo que busca o cuáles son sus objetivos?

Alma: Alquimia Ritual nace de las ganas por compartir acerca de plantas. Durante la cuarentena me pude dedicar 24/7 al tema, allí empezó todo. Empecé trabajando con la energía de las plantas, más que con el componente medicinal propiamente tal. Mi intención es trabajar ese diálogo con las plantas. Las plantas son una medicina re-amplia, conocer una planta ya es un montón. Por eso invité a más talleristas, a herbalista especializados en otras ramas de la herbolaria y medicina ancestral y también a personas que tienen otros saberes, como la ayurveda, la medicina china o la cosmética natural. Existen muchas formas de trabajar con las plantas. 

Si tú me preguntas cuál es mi misión, diría que es ayudar a las personas para que ellos mismos descubran esa capacidad de volver a sentir y a saber de manera directa lo que nos dicen las plantas y la naturaleza. Muchas veces las personas buscan maestros, y sí, es una chance, pero si tú no te ayudas, si no despiertas y conectas, no sanará nada. Al final lo importante es reconocerte en las plantas, reconocerte en la naturaleza y así vas a sanar, si yo me echo en una camilla y que me hagan reiki me van a acomodar un rato, pero lo importante es aprender a sanarte tú. 

El humo de las plantas es una de las manifestaciones rituales más antiguas. Durante miles de años esta medicina se ha utilizado para purificar, proteger, hacer ofrendas y conectar con los espíritus y dioses a través de las plantas. © Alquimia Ritual.

¿Dónde surge el vínculo que tienes con las plantas? ¿Tienen algo que ver los viajes? ¿Con qué saberes te has encontrado en estos?

Antes de entrar en la medicina y lo holístico, antes de tener más conciencia, yo ya me sentía muy conectada con las plantas, con la belleza. Creo que no hay nada de superficial en admitir que vivimos en un planeta muy hermoso. Esto es parte de una recuperación, maravillarse de lo que tenemos en cada oportunidad lleva también a reconectar y a reconocer esa magia. Primero recorrí los bosques, el mar, los lagos, iba disfrutando todo. En cada lugar, siempre preguntaba sobre las plantas, cómo funcionan, siempre muy curiosa. Generalmente preguntaba a los guardaparques, a personas locales, hijas de curanderas, y conocedores de las plantas de su territorio. Con el tiempo empecé a secar plantas, a almacenarlas correctamente, a averiguar sus usos medicinales. Luego me dediqué a preparar tinturas madre, aceites, óleo macerados, pero lo mío va más por el lado de conexión espiritual y energética con las plantas. Ese siempre fue mi deseo desde un inicio, poder comunicarme con ellas. 

Mientras vivía en Colombia, el año pasado, decidí hacer un recorrido por Latinoamérica. Es un viaje en el que voy a aprender y enseñar. El plan es ir yendo hacia el sur, es un viaje largo. Pienso que para aprender algo siempre necesitas tiempo y observar el camino. Así, el 2021 llegué a Guatemala, al lago de Atitlán, donde estuve seis meses. Allí hay diferentes grupos mayas, fue una experiencia muy linda y profunda. Las nanas y los tatas trabajan mucho con los nahuales –las fuerzas cósmicas– con la ceremonia del fuego, y el cacao, que es bien distinto de lo que solemos imaginarnos. En los lugares tropicales está muy presente esta medicina, una de las tantas plantas de las que hemos estado muy desconectados. Esta desconexión es parte del dominio, de la colonización. Sin embargo, el cacao es la medicina del corazón y realmente ayuda a conectar, dependiendo de lo que tengas que trabajar. Por ejemplo, algunos toman cacao y los alivia realmente, sienten mucho amor y los miedos bajan; pero a veces el corazón nos cuesta porque tenemos miedo de amar, de abrirnos, entonces ahí puede saber súper amargo y cuesta mucho tomarlo. 

Mucha gente se interesa en las propiedades de la planta y la toman como si fuera una pastilla. Cuando uno trabaja una planta tienes que hacerlo considerando el espíritu y conciencia tuya y de la planta.

En tu IG te describes como herbolaria holística ¿en qué consiste esto? ¿Qué tradiciones se cruzan? ¿Cuáles son tus influencias?

Para mí todos traemos mucha información, experiencias y conocimientos, y siempre hay que tener en cuenta eso. No se puede perpetuar un uso aislado de las plantas. Mucha gente se interesa en las propiedades de la planta y la toman como si fuera una pastilla. Cuando uno trabaja una planta tienes que hacerlo considerando el espíritu y conciencia tuya y de la planta. Como es tu energía y tu conocimiento y aplicar el aprendizaje en tu relación con el vegetal. Esto nunca debería ser separado. A medida que vas ganando herramientas, vas aplicando y complementando, por ejemplo con reiki, o si trabajas con cristales, o con el fuego, porque todos los elementos acompañan. Entonces cuando haces una preparación o infusión te preocupas de usar agua que tenga una buena vibración. Todos esos caminos o conocimientos que tu ya tienes, todas esas herramientas se aplican a la preparación de las plantas, a eso es a lo que me refiero con lo holístico. 

Entonces el resultado será una medicina mucho más poderosa. Ahora, por ejemplo, soplé un poquito de rapé para que no hablara solo yo, sino las plantas, la medicina y los ancestros a través de mi, para poder hablar más bonito y lo necesario. La medicina potente hace la chamba, hace el trabajo. Todas las medicinas hacen su trabajo igual, pero si le pones un rezo, una intención, te puedo asegurar que es muy distinto. 

La intuición es la conexión con lo otro, dice Alma Hidalgo. © Alquimia Ritual.

En ese sentido, ¿consideras que la intuición es importante o es una forma de conocimiento también? 

La intuición es una forma de llamarle, otros le dicen tu maestro interno o tu espíritu. En realidad es bien amplio. Pero la intuición es siempre esa conexión con lo otro. La intuición es lo que está oculto, pero que es una percepción que va más allá. Al final todo te está hablando: tus guías, tus ángeles, tus ancestros, los elementos, la montaña, los lagos, las plantas, los guardianes de esos lugares. Entonces es importante hacer ejercicios que te permitan conectar para hacer crecer tu energía.

El sistema en el que vivimos desgasta nuestra energía, cuando mengua la energía menos capacidad tenemos para sentir lo que nos rodea. Es lógico, supongamos que no comes bien y estás toda débil, lo más probable es que no vas a poder chambear, no vas a poder hacer bien tu trabajo, no te vas a poder concentrar. Puedes ganar energía de muchas maneras, con yoga, reiki, oraciones, viajes, recargas en la naturaleza, etc. Cuando te recargas empiezas a ganar, a recuperar. Cuando te recuperas creces y tienes más posibilidades de conectar. 

Por otro lado, ¿qué piensas sobre los saberes occidentales, la medicina alópata, por ejemplo?

El desarrollo intelectual es bueno y necesario, pero también tenemos nuestro otro lado que ha estado muy abandonado de ese conocimiento directo del mundo. Hay muchos intermediarios: el libro, el curso, el guía, etc. Pero también hay que ocuparse de nuestro propio saber. Por otra parte, el conocimiento científico es importante, saber las dosis por ejemplo, porque las plantas tienen activos que pueden ser fuertes o tóxicos en cantidades elevadas. Entonces, sí, hay que estudiar y ser responsables. Si bien, no es mi especialidad la parte médica, es la que más me cuesta. Igual está todo relacionado. Lo físico, lo energético, lo espiritual al final son divisiones que hacemos nosotros para comprender mejor. Es importante estudiar, formarse, ver como funciona una planta porque todas son distintas y como decía Paracelso “en la dosis está el veneno”. Aunque a veces en esa toxicidad hay mucha ayuda, precisamente por su carácter fuerte pueden ayudar a sanar muchas cosas. Para eso es que hay que profundizar en cada planta.

Las plantas exceden la medicina y los problemas físicos, pueden ayudarte en problemas emocionales, relacionales, etc. © Alquimia Ritual.

Si tuvieras que elegir una planta maestra o guía ¿cuál elegirías y por qué? 

Es complicado, para mí todas son maestras. Las plantas pueden darte muchas más cosas que exceden la medicina. Por ejemplo, tú puedes tener un problema familiar, de pareja, en el trabajo, algo que no tiene que ver directamente con las plantas, sin embargo, ellas te pueden decir algo. Últimamente diría que tengo mucha conexión con los árboles. Yo estaba muy desconectada con mis raíces, de mi tierra y mis ancestros, como te contaba salí de mi casa muy pronto porque estaba escapando. Tengo miedo a la pérdida de libertad, por ahí hice una asociación que mis raíces me quitaban libertad. Con esa inquietud me acerqué a los árboles, fui a Tepoztlán, un sitio arqueológico a una hora y media del DF. Había un árbol maravilloso. Entonces se me ocurrió hablarle: “estás aquí, no te puedes mover”. Y él me explicó y me dijo “mira, aquí hay mucho movimiento, hay muchos mundos, llegan aves, ardillas, mariposas, por abajo hay agua, tierra y conexiones con otras raíces, somos los maestros del enraizamiento”. 

Las plantas te enseñan a cantar, a diseñar, a bailar, te pueden enseñar muchas cosas. Hace poco en una comunicación con el diente de león, esta planta me dijo que ella es una gran desintoxicadora, pero me dijo que esa purificación lo que hace a nivel más profundo es traernos claridad, y claridad es algo que necesitamos mucho. Al limpiar te trae comprensión, conexión. 

Para Alma Hidalgo el Diente de León es una gran desintoxicadora y puede traernos claridad y comprensión. © Timothy Dykes.

¿Qué ritual o tipo de ceremonia es tu favorita? 

Para mi los rituales o ceremonias de agradecimiento son los mejores. También pedir, pero desde la conciencia. En Guatemala, por ejemplo, el cacao lo toman como ofrenda. Esos regalos u ofrendas no son solo para nosotros, primero están los espíritus, allí entra el tabaco, que es un gran purificador, y además un gran comunicador, un mensajero que te conecta con los espíritus, los ancestros, los nahuales. Así como el cacao, el tabaco también es una ofrenda. Cuando las abuelas sacan plantas de la huerta, muchas veces dejan a cambio un poquito de tabaco: dar para recibir. Y en este dar ya hay mucha medicina. Cuando agradeces, con la información que mandas a tus células, estas se expanden. Muchas veces me preguntan por rituales para conseguir pareja y la verdad es muy raro pedir algo desde “el no tener”. Si tú crees que no tienes, ¡pues qué mensaje!

La separación es algo que hemos creado y ahí es cuando enfermamos, es en la unidad cuando volvemos a sanar

Finalmente, ¿Cuál es la relación entre la sanación propia y la sanación de la Tierra?

La medicina la encontramos toda en la tierra y en nosotros, hay que volver a esa unidad. Puede sonar cliché, pero hay que comprender que cuando vamos sanando también va sanando todo, no hay separación. La separación es algo que hemos creado y ahí es cuando enfermamos, es en la unidad cuando volvemos a sanar. La tierra nos sana y en la medida en que sanamos la tierra también está mejor y puede soñar mejor con nosotros. Fijate que cuando estamos enfermos tampoco podemos ver y entender lo que es bueno para nosotros. Por ejemplo, vamos a un lago y decimos que chido esta, lo disfrutamos, lo consumimos y lo destruimos, porque disfrutamos de una manera muy superficial, pero no entendemos que el lago somos nosotros también, entonces hay que cuidarlo como un templo, lo mismo que con nuestro cuerpo.

En el respeto, en el agradecimiento comenzamos a sanar, pero es un camino en el que estamos recuperando. Acá en latinoamérica tenemos la suerte de tener pueblos originarios que todavía resguardan mucha medicina ancestral. La tarea está en nosotros, de acercarnos con respeto, cada vez con más conciencia e ir recuperando. Ahí también está lo holístico. El conocimiento también se actualiza, si bien hay muchos conocimientos que son como una esencia que hay que respetar, también a veces para acercar a otras personas, hay que traducir ese lenguaje y acomodar algunas cositas de esa medicina para que siga expandiéndose, porque va cambiando la energía. 

Cada uno tiene una energía específica y por lo tanto cada planta trabaja distinto en cada uno de nosotros. Entonces hay que ver qué planta nos llama, cuales necesitamos, cuales quieren trabajar conmigo, quizás es por temporada, cuál es mi maestra. Es un camino de autoconocimiento. 

Para Alma, las ceremonias y rituales de agradecimiento son las mejores, solo con agradecer ya tienes un montón de medicina. © Alquimia Ritual.

Conoce más sobre Alquimia Ritual en www.alquimiaritual.com y en su Instagram @alquimiaritual

La diuca, dulce canto al sur del mundo

"Y un pájaro lo salva. Noche a noche, un pájaro salva al mundo. Un pajarito pequeño, 'gris plomizo, vientre y garganta blancos', que en el instante crucial, en el inmenso silencio de la noche patagónica, canta. Rompe a cantar. Y amanece. Es ella, la diuca, (la racadiuca, la 'yuquita' del cariño infantil). Y la vieja sabiduría del hombre de la tierra, la siempreverde palabra del pueblo, así lo enseña: 'La diuca no canta porque esté por amanecer. Canta para que amanezca'. (Extracto del poema “La lección de la diuca”, Edgar Morisoli, 2003).
Diuca diuca chiloensis. © Prêtre, 1833.

Esta especie pertenece al orden de los Passeriformes que abarca prácticamente a la mitad de todas las aves del mundo. Son aves generalmente pequeñas, con tres dedos hacia delante y uno hacia atrás (anisodáctilos) y se caracterizan porque muchas de ellas son reconocidas por sus particulares cantos y trinos, motivo por el cual también se les llama aves cantoras.

La diuca común (Diuca diuca) se encuentra sólo en el continente Sudamericano, principalmente en Chile, Argentina y el sur de Bolivia, aunque también existen algunos registros en Uruguay y Paraguay. Es común verlas en ciudades y campos, donde generalmente se observan en época reproductiva en parejas y/o en bandadas pequeñas el resto del año, pudiendo asociarse también con otras especies de aves. Se encuentra desde la costa hasta los 3.000 msnm, lo cual la hace una especie bastante fácil de encontrar y observar.

La diuca común (Diuca diuca) se encuentra sólo en Sudamérica. © wingsfromsouth.

Con una longitud de 17 a 18 centímetros desde la punta de la ranfoteca o pico a la cola, pertenece a la familia Thraupidae (semilleros) y se distingue de otras aves por su sobrio color plomizo dentro del cual destacan su garganta y centro del abdomen blancos con tintes acanelados en el abdomen bajo y subcaudales. Su pico cónico, corto y robusto, al igual que sus patas, son negruzcos. En las hembras e inmaduros, el gris es reemplazado en parte por tonos grises acanelados.

«La diuca ayuda a la mantención de las especies dentro del ecosistema en el cual vive, al ser un distribuidor de semillas a través de sus excrementos»

Su alimentación se compone principalmente de granos y semillas y ocasionalmente consume frutos e insectos, lo que la hace bastante terrestre a la hora de alimentarse ya que en el suelo encuentra su principal alimento. Entonces, así como otras muchas especies granívoras, la diuca ayuda a la mantención de las especies dentro del ecosistema en el cual vive, al ser un distribuidor de semillas a través de sus excrementos.

Diuca juvenil. © wingsfromsouth.

La época de nidificación comienza desde fines de agosto hasta febrero. El nido es una media copa de unos 10 centímetros de diámetro que está construido con fibras vegetales como palos, ramas pequeñas y además está forrado con materiales suaves como plumas. Generalmente, lo construyen a baja o mediana altura en matorrales o árboles frondosos. Sin embargo, hay registros que indican que también puede anidar en cavidades secundarias como nidos abandonados o hendiduras de construcciones. 

Si bien la diuca no es un ave muy territorial, en época de reproducción puede ser muy agresiva si alguna persona u otra ave se acerca a su nido. En cada postura pone de 2 a 4 huevos que tienen una base de color celeste verdoso pálido y sobre esta se presentan múltiples manchas y pintas de colores verdes oliva y ocres. Ambos padres incuban los huevos por cerca de 14 días y alimentan a los pichones por otros doce. Y aunque el alimento principal de esta especie son los granos y semillas, como se mencionó anteriormente, se ha registrado que los pichones son alimentados principalmente con insectos.

Diuca alimentando a un mirlo juvenil. © wingsfromsouth.

Durante la época de nidificación, esta especie es una de las preferidas del mirlo (Molothrus bonariensis) para parasitar, por lo que es común ver a padres de la especie diucas alimentando a juveniles de gran tamaño que corresponden a la especie mirlo.

Esta especie es confiada y se mueve ágil entre matorrales, pero una de sus peculiaridades distintivas es su canto melodioso, continuo y estridente que se escucha desde antes de la salida del sol hasta pasado el mediodía. 

La diuca común es una de las aves más abundantes en Chile y Argentina, lo cual la clasifica según la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) en preocupación menor (LC; Least Concern) respeto de su estado de conservación. En otras palabras, no se encuentra clasificada bajo ninguna categoría de amenaza como serían aquellas “En Peligro Crítico”, “En Peligro”, “Vulnerable” o “Casi Amenazado”.

Una diuca tomando un baño © wingsfromsouth.

Tan abundante es la diuca, que más de alguna vez habrás escuchado expresiones chilenas que hacen referencia a esta especie, como por ejemplo “quedar mojado como diuca” dicho natural del sur donde hay mucha precipitación, o “Al canto de las diucas” para referirse a horas tempranas. Te invitamos a observar a esta ave y a descubrir su maravilloso canto, uno de los más lindos y melodiosos de Sudamérica.

La diuca común es una de las aves más abundantes en Chile y Argentina. © wingsfromsouth.

Sobre los autores

Gabriela Espejo y Juan Sebastián Espejo son dos hermanos amantes de la naturaleza, que han reunido sus experiencias profesionales para dedicar parte de su tiempo en la difusión del cuidado del entorno; Juan Sebastián es arquitecto y Gabriela es veterinaria. Juntos han desarrollado y concretado proyectos audiovisuales, fotográficos y artículos escritos sobre el maravilloso Chile natural que nos rodea. Les encanta hacer trekking y quedarse horas en un mismo lugar, observando y escuchando al entorno, para finalmente elaborar material educativo y de calidad.

Los principios (des)organizadores de UMBRA

En "UMBRA. Esas dos variables ya no eran posibles a la vez  en un mismo universo y entonces enloquecieron", los procesos creativos se articulan desde una relación social y corporal e integran prácticas culturales del territorio latinoamericano, tales como el oficio textil, el alfarero, la filosofía andina, la geografía como conocimiento encarnado, y la arqueología extractivista como herencia de los diversos sistemas de colonización que han marcado nuestra historia. Entrevistamos a Javiera Asenjo, Josefina Astorga y Catalina Correa, tres artistas que desde sus propios oficios realizaron una profunda investigación hacia sus raíces y territorios genealógicos, para presentar esta emocionante exposición que se puede visitar en el MAC Quinta Normal, hasta el 11 de junio.
Detalle del tejido de la instalación La laguna alada, de Javiera Asenjo.

Deshacer la madeja de forma colectiva: Javiera Asenjo y La laguna alada

¿Cómo comenzaste a interesarte en el proceso del tejido y el hilado?

Es algo que he visto toda mi vida, mi abuela tejía a palillo, mi mamá cosía mucho. Pero hace 6 años que el tejido me atrapó, en su complejidad y su capacidad de tejernos con los territorios, los lugares y las personas. En el sentido que ya no lo veo como un objeto, sino una consciencia de que estás tejiendo. Eso me llevó a pensar en los materiales. Si, por ejemplo, ocupo hilo industrial, ¿qué implica esa decisión en cuanto a los procesos, las personas que lo trabajaron, su nivel de contaminación?, entre otras muchas preguntas.

¿Cómo cambió el proceso de obra con la pandemia?

El 2020 me obligó a rearticular mi investigación. Originalmente tenía pensado hacer un tejido largo que era muy colorinche, y se llamaba “Todos somos un paraíso”. Pero luego vino el estallido social, la pandemia, fue otro el contexto y hubo que preguntarse: ¿Qué hacemos con toda esta soledad, con los miedos, con la relación con la muerte? Se me vino entonces la idea de habitar un proceso que fuera de deshacer y rehacer. Una experiencia que integrara también a la muerte, los procesos de descomposición y la enfermedad, que suelen ponerse de lado en nuestra sociedad, porque está siempre pensando en el crecimiento infinito. Entonces imaginé una estructura que consistiera en un proceso: voy a construir un tejido, lo teñiré con barro, lo deshago y hago otro tejido.

Instalación «La laguna alada» de Javiera Asenjo. El tejido fue teñido con barro de un río de la Amazonía. © Javiera Asenjo

¿Cómo enfrentas en tu práctica la relación con el tejido y el cuerpo?

Para mí, el tejido es una experiencia siempre muy corporal, además de intelectual y del oficio. Mientras estaba en una residencia en Sao Paulo en 2021, primero hice el tejido de una cesta con una cuerda de algodón crudo en punta de crochet. Esa cesta la hice a mi medida, para que yo cupiera al interior, como un feto. Me metí adentro, e hice exploraciones con video, corporales (el video del proceso está presente en la exhibición). La cesta la llevé a los inicios de uno de los ríos de la cuenca del Amazonía, en Brasil, y la teñí con el barro de unos de los brazos del río Madeira. Ese río nace en los Andes del Perú, en Puerto Maldonado, y baja hasta desembocar en el Amazonas y finalmente al mar. Teñí con barro y plantas y pasó de ser blanca a café, y finalmente gris.

Con este tejido quise crear una experiencia que integrara también a la muerte, los procesos de descomposición y la enfermedad, que suelen ponerse de lado en nuestra sociedad, porque está siempre pensando en el crecimiento infinito.

Javiera Asenjo

¿Por qué te interesaba teñir con el barro de un río y no con, por ejemplo, una tintura?

Al principio pensé en los humedales, por su condición de regeneración que poseen al integrar la muerte, o la pudrición. Pero luego surgió el viaje a Brasil y resultó ir hasta ese río. La cesta quedó oscura. Luego me fui a otra residencia donde deshice la cesta. Con un grupo de artistas realicé una actividad que consistía en que 3 personas tiraban de cada uno de los cabos de la cuerda y deshacíamos entre todos la madeja. Metí esos 5 kilos de cuerda a la maleta, y en Chile tejí durante el verano el nuevo tejido en un solo plano, que ahora está expuesto aquí.

¿Por qué era importante para ti deshacer la cesta?

Era una pregunta geométrica, de cómo el círculo se transforma en un plano, o el tejido a crochet que es circular, mientras que el otro es ortogonal, es decir, un sistema de verticales y horizontales que se conectan con el giro. Otra pregunta que se acopló a lo anterior fue pensar que la cesta es una primera casa, volver a un útero, a un contenedor, para pensar: bien, me puedo contener a mí misma. Ya que soy individuo, la siguiente pregunta fue: ¿cómo me tejo luego con el mundo? Esa pregunta se va resolviendo en el proceso mismo. Abrir el círculo al plano, quienes me ayudan y quienes me reciben, el teñido del barro que se vuelve una acción colectiva, el tejido final que lo hago en un telar aquí en Santiago, como una vuelta a las raíces. Es estar abierta al proceso, confiar que la vida te va demostrando los caminos.

El trabajo con el tejido y los planos circulares y abiertos fue parte fundamental del proceso de la obra. © Javiera Asenjo

La instalación que vemos se asemeja a una hamaca, pero tiene una torsión que le da una forma particular como de espiral. ¿Qué implicó ese paso del círculo al plano y de trabajar con estas capas y torsiones?

Como el tejido consistía en una doble capa, había una sección que yo nunca veía, que iba quedando invisible. Pienso que estar en la vida y existir implica también no ver todo, confiar, incluso, dejarse caer. Hay algo que me gusta mucho al pensar el tejido, y es que el hilo también cae. Porque al hilar en huso, da un peso de una caída y te conecta con la fuerza de gravedad, que junto a la fuerza de la torsión organizan estas fibras de manera que existe una primera organización estable y lineal para luego hacer todos los tejidos que uno quiera. Entonces es como una fibra de ADN, te permite replicar hasta el infinito y hacer un montón de diversidad. Y ese es un principio organizador de las galaxias, de los huesos. Las plantas también tienen un crecimiento en espiral que genera una potencia de vida, de creación. Es interesante poder ir encontrando esos principios organizadores, las geometrías y abstracciones que están en la naturaleza a diferentes escalas. En ese sentido, también me pregunté: ¿qué es lo que queda del círculo al plano? Hay algo que no cambia, y es el hilo que estuvo todo el tiempo, solo que organizado de diferentes maneras.

Usas tejidos que rememoran las culturas altoandinas, y su relación con la muerte. ¿Qué tomaste y aprendiste de esa sabiduría ancestral?

Una de las muchas estructuras del repertorio textil andino es la de gasa vuelta, que consiste en una estructura que va girando. Muchas de esas gasas se han encontrado en tumbas, porque envolvían a sus muertos con muchos tejidos. Hay autores que plantean que estos tejidos funerarios se hicieron especialmente para envolver a sus muertos. Cuando haces tejido, puedes torcer a la derecha o a la izquierda, según la función que busques. En el mundo andino, se dice que la izquierda conecta con el mundo de los espíritus, por eso los tejidos funerarios se tejían en esa dirección. Entonces existe toda una cosmovisión que, si bien no ocupo en esta obra, me queda reverberando. Al ver estas gasas me conmuevo profundamente y me hago la pregunta: ¿Que tal si ahora tejemos así, con qué nos va a conectar?

Pasillo con fotografías, grabados, textos y bitácora que muestra el proceso de obra colectivo de las 3 artistas. © Javiera Asenjo

Dar vuelta el mundo en Las sopladoras de Josefina Astorga

La idea de la inversión está muy presente en tus fotografías. No es fácil saber desde dónde estamos mirando estos paisajes de cordillera y volcanes, si es día o es noche, si estamos adentro o afuera… ¿De dónde viene esa intención?

La idea de voltear el universo está presente en el concepto andino del Pachakuti, que representa un cambio de era, pero también una inversión a los órdenes establecidos. La pandemia me generó esta sensación muy radical de estar viviendo una hecatombe, un cataclismo. A eso se le sumó que en 2020 yo estaba en Argentina partiendo a lo que iba a ser un largo viaje, y de pronto la pandemia me obliga a devolverme. Cruzar la cordillera nuevamente me hizo sentir que el mundo se estaba volteando, como la carta de El colgado en el Tarot. También, desde otras investigaciones y proyectos, me siento muy alineada con las pulsiones y luchas del presente, sobre todo con el feminismo. En eso, se me hizo también muy evidente la necesidad de colaborar con la naturaleza. En Las Sopladoras reflexiono sobre este Pachakuti, como un Warmi (mujer) Pachakuti, un cambio de era liderado por el feminismo, cuestionando las verdades heredadas, instaladas por este sistema patriarcal. Me parece relevante incorporar en este cambio, un espíritu naturalista, un espacio de colaboración, de cuidado y de ayuda mutua, una visión empática hacia un presente libre e igualitario, donde naturaleza y mujer existimos lejos de toda explotación.

“Aprendimos a defendernos antes de aprender a hablar” es una de las frases que me llamó la atención en la voz en off de la pieza audiovisual en Las Sopladoras. Parecen estar muy presentes autorías feministas. ¿Cómo enfrentaste ese montaje de voces e imágenes?

Esa frase se la escuché a Rita Segato. Pero también están las palabras de Gabriela Mistral, Mónica Ojeda, Silvia Rivera Cusicanqui entre otras. Me sumo a sus palabras y compongo un gran poema colectivo, feminista y latinoamericano. Una escritura «no creativa» donde mi voz lírica singular es intercambiada por un coro de voces. El poema borronea el límite entre expresión colectiva y discurso individual, al tiempo que se quita relevancia a proyectos escriturales donde la forma poética es parte de la mediación de los discursos personales. En ese sentido, me interesa la voz y la oralidad como un soporte artístico, para así trabajar el espacio de escucha. 

En Las Sopladoras entiendo el Warmi Pachakuti como un cuestionamiento a la verdad instalada por el sistema neoliberal y patriarcal. Necesitamos liderar el cambio desde el feminismo, pero también desde un espíritu naturalista, un espacio de ayuda mutua con una visión empática hacia un presente libre e igualitario, donde naturaleza y mujer existimos lejos de toda explotación.

Josefina Astorga

La frase “Aprendimos a defendernos antes de aprender a hablar” me es muy significativa porque pertenece a nuestro activismo primario. Responde a la sensación de nacer desde la vulnerabilidad más grande, pero también desde una fuerza tremenda. Venir a este mundo a tener que defendernos es una verdad que heredamos desde nuestro matrilineaje; somos esa herencia de lucha. Pero vivir legitimando nuestros espacios es muy cansador. Por eso la colectividad se vuelve fundamental. Las sopladoras es un nombre que sugiere esa colectividad. Trabajar desde un imaginario que remite a la necesidad de no soltarnos. El soplo es un acto primario, elemental, que universalmente significa un gesto mágico y creativo, que cambia el rumbo de las cosas y que da vida, por ejemplo, enciende el fuego. El acto poético en Las sopladoras es poder soplar juntas, hacia el oriente la salida del sol, para poder cambiar juntas el rumbo y el orden de las cosas. El oriente por otra parte tiene un peso místico y mágico sobre el origen.

Josefina Astorga usa la técnica de la fotografía estenopeica como dispositivo para dialogar con el concepto andino del Pachakuti y la inversión del mundo. © Josefina Astorga

Trabajas con fotografía estenopeica. ¿Cómo fue el proceso de subir a los volcanes del sur a tomar fotografías con este medio tan elemental? ¿Qué implica este dispositivo en la poética de tus imágenes?

Subí a diferentes alturas, siempre acompañada de mujeres, cargando mochilas que prácticamente sólo tenían latas, que eran mis cámaras fotográficas. Fueron días completos de mucho andar y compartir, fue muy divertido. Fabriqué cerca de 40 cámaras, todas con distintos objetivos fotográficos (normales, teleobjetivos, gran angulares) La fotografía estenopeica como técnica primaria sobre la luz y el tiempo, revela una relación directa con el concepto de la inversión, eso me ayudaba a poetizar sobre el Pachakuti y la idea de voltear el mundo. Una exploración visual desde la construcción de diversas cámaras fotográficas, que registran más allá de aquello visible para el ojo humano. Al recuperar la manualidad y materialidad fotográfica me adhiero a la idea andina de pensar con las manos, una excusa maravillosa también para volver al cuarto oscuro, esta vez montado en el baño de mi casa. Me di cuenta que desde la fotografía estenopeica, develo fragmentos de imágenes esenciales. Retorno a un lenguaje simple, para pensar desde la alquimia el misterio del tiempo, el juego de la oscuridad y lo invisible, almacenando el oriente, el humo, la montaña y la luz del soplo en cajas de latas donde todo se invierte, todo gira desde un objeto doméstico que se revela, resultando fotografías de estelas como fantasmas que se ajustan al relato. 

Gran parte de los registros fotográficos se realizaron en caminatas y ascensos por los volcanes de la Araucanía. © Josefina Astorga

¿Qué significan para ti las montañas? ¿Y cómo lo conectas con la reivindicación de lo femenino?

La montaña es un lugar sagrado, origen y eje del mundo, fuerza vertical conectora de universos opuestos. Donde retornan todas las almas, transformándose en un espacio espiritual y colectivo. Una posibilidad de transformar nuestro tiempo. Arriba la vista queda abierta hacia otras perspectivas, hacia la tierra que está detrás de las montañas. Muchas fotografías fueron hechas en torno a los volcanes Quetrupillán, Rukapillan y Lanín, que tienen un inmenso sentido que deja entrever la relación continua entre lo humano y no humano presente en la cosmovisión Mapuche. En ese territorio se me hizo más palpable la capacidad de la naturaleza para intervenir en la vida de las personas, y la relación que se establece, porque se le ruega y la naturaleza responde, protege, cuida. Me interesa la reciprocidad de ese acto. En cada nivel del territorio se encuentran diferentes relaciones de colaboración entre ser humano y naturaleza. 

Por otra parte, hablo de la montaña como espacio explotado. El extractivismo es parte del patriarcado, sistema que destruye y que ya no resiste más. Pero su caída será violenta. Eso mismo lo sentimos desde nuestras propias verdades como mujeres y nuestra propia valorización social. 

Fotograma de la pieza audiovisual Las Sopladoras. © Josefina Astorga

Lo monstruoso y familiar de viajar a las raíces: Catalina Correa y Tropismo

Cuéntanos de tu relación con la arqueología y los mundos subterráneos.

Mientras viví en la región de Aysén, desarrollé un interés muy grande por los sitios arqueológicos. Pero siempre mi relación con éstos era desde cuevas, murallones o aleros. Después, durante la Residencia en la Tierra en Colombia en 2013, conocí a un grupo de huaqueros (personas que se dedican a extraer clandestinamente material arqueológico de “huacas” o tumbas) y de pronto me encontré con estos canales verticales de varios metros de profundidad. Fue la primera vez que surge en mí la idea de un paisaje vertical, algo que va desde la superficie hacia adentro, o desde la superficie hacia arriba. Adentrarme en la huaca fue algo muy potente, porque me situó en el lugar del muerto, y al mismo tiempo pude ver las raíces desde abajo. Esa relación con las plantas desde otra perspectiva, una subterránea e interior, me hizo pensar en la idea del tropismo: de cuerpos que viven en dos ambientes diferentes en forma simultánea, desarrollándose con capacidades totalmente distintas. Esa cosa monstruosa me fascinó y lo extrapolé a la dimensión humana, y en particular, a pensar el maternar, y mi lugar como mujer en el mundo.

Los jacintos son plantas cuyas raíces crecen en el agua y que se conocen como «malas madres». © Catalina Correa

¿Y cómo vives tú ese tropismo?

Durante el encierro de la pandemia me tocó estudiar y cuidar mis hijos en el mismo espacio en un país extranjero, Londres. Todo eso me hizo pensar en la genealogía de esta estructura dual bidireccional de desarrollo. Porque tenía literalmente la mitad de mis extremidades cuidando niños y la otra mitad de mi cuerpo pensando y escribiendo una disertación para mi magíster. Entonces me hice muchas preguntas por el origen de esa crisis genealógica. Y comencé a investigar mi propia historia, entrevistando a mujeres de mi familia y ocupando terapias alternativas. El resultado de eso es el collage y video presente en la exposición. Ese trabajo toma el título de Otro origen blanco mixto (“Other whitemix background”) que es el casillero que tengo que rellenar constantemente en los formularios británicos para señalar  mi origen étnico. El resultado de esta etnicidad tan poco acotada es una narración sobre la migración, sobre mujeres que en el siglo XIX fueron llevadas por sus padres o maridos a Latinoamérica y emigraron de un lugar a otro, hasta finalmente permanecer en Chile.

Por más cambiantes que sean las aguas que contienen, se sigue siendo un cuerpo.

Catalina Correa

¿Por qué usaste jacintos y cerámica en tu instalación?

El jacinto es una planta que tiene raíces acuáticas, es hidropónica, por lo que no están arraigadas a un suelo fijo, sino que más bien se mueven dependiendo de quien los contenga, de las corrientes o simplemente de las circunstancias. Una de las imágenes más fuertes que tuve al acercarme a mi matrilineaje fue la de la mujer silenciada. En lo personal, eso era lo que me estaba haciendo crisis. Sentía un mandato biológico de asumir esta situación, de sacar mi carrera y cuidar a los niños. Comprender que eso venía de muchas generaciones pasadas fue algo muy significativo.

La raíz flotante que se ve en la estructura cilíndrica transparente y vertical que contiene a los jacintos me hizo conectar con la sensación de migración, y me sentí segura en esa figura. Porque por más cambiantes que sean las aguas que contienen, se sigue siendo un cuerpo. Por otra parte, el jacinto es una planta super carne de perro, tiene estas raíces maravillosas y es diferente a otras plantas acuáticas. A estas especies colgantes de hojas largas se le llama “mala madre” porque abandonan a sus hijitos. Le crecen hijos desde el rizoma  y estos se van soltando.

Por otra parte, las cerámicas responden a una figura súper simple, que me remite al gesto latinoamericano de preparar arepas. La primera tanda de cerámicas la hice con quema primitiva, que le da un aspecto como de pieza arqueológica, y la segunda tiene palabras escritas en bajo relieve que provienen de un montón de textos que tomé de madres artistas y sus sentires respecto a esa doble labor, doblemente no reconocida. Pase por muchas ideas de cómo instalarlas y finalmente se acoplaron al jacinto transformándose en una pieza de arqueología personal. Es el ciclo de lo oscuro que está abajo que se conecta con la planta que se eleva hacia arriba, ambas retroalimentándose.

La artista hizo una investigación hacia sus raíces familiares como también las deidades femeninas que estaban presentes en las culturas prehistóricas. © Catalina Correa

La geometría del triángulo está muy presente en “Tropismo”. Cuéntanos sobre esto.

Es un símbolo de lo femenino. La figura del triángulo representa básicamente el pubis que aparece en un montón de grecas de todo tipo en culturas ancestrales, en pinturas de vasijas funerarias o tallada en rocas de templos, como símbolo de fertilidad y de la diosa que representa la vida, muerte y regeneración. Durante el proceso de obra investigué a una arqueóloga y linguista que se llama Marija Gimbutas, quien  trastorna el relato de la prehistoria al contarlo desde una perspectiva femenina y geocéntrica. Ella sostiene que desde antes de la Edad de Bronce los seres humanos vivían en torno a la figura femenina, una diosa central de los credos paleolíticos y neolíticos. Para ellos, la relación con otros grupos humanos no era bélica, no había muros ni defensa. Eso estaba en total relación con lo que yo venía investigando. En Escocia y el sur de Inglaterra encontré registros similares. Visité sitios arqueológicos que tenían vestigios materiales de esa época con forma de úteros. Como círculos con una entrada y esa entrada estaba en la misma dirección que el solsticio de invierno. Que a fin de cuentas, es el primer rayo de sol que fecunda la vida.

El collage en la exhibición «Tropismo» busca indagar en los matrilineajes. © Catalina Correa

Exposición «UMBRA. Esas dos variables ya no eran posibles a la vez  en un mismo universo y entonces enloquecieron».

Del 31 de marzo al 11 de junio. Visitas de martes a sábado.

Lugar: MAC Quinta Normal (Matucana 464, Quinta Normal, Santiago)

Imagen de portada: Detalle de «Tropismo», instalación de Catalina Correa.

Si somos observadores atentos en la cotidianidad de nuestra contemplación, observaremos a los seres vivos habitando un entorno o medio que es coherente con ellos, pero que nos aparece como si fuese independiente, pensamos que el medio está por un lado y los seres vivos por otro.

Pensamos que la mayoría de las personas se atreverían a decir que la naturaleza expresada en sus diferentes modos de vida y relaciones son algo maravilloso, diverso, de hecho, muchas veces decimos ante su rica variedad de estructuras, formas y procesos que parece reflejar una sabiduría que añoramos. Más aún, cuando contemplamos el mundo natural y apreciamos las diferentes formas de vivir, que se expresan en dinámicas como la reproducción, estructuras fenotípicas, como sus tamaños, colores, olores, etc… estas se muestran extraordinarias para quien las sabe ver. 

El mundo natural tiene diferentes formas de vivir, que se expresan en dinámicas y estructuras fenotípicas, características que son coherentes con el entorno en el que viven. © Alex Blajan.

Si somos observadores, atentos en la cotidianidad de nuestra contemplación, observaremos a los seres vivos habitando un entorno o medio que es coherente con ellos, pero que nos aparece como si fuese independiente, pensamos que el medio está por un lado y los seres vivos por otro. Esto parece ser así para nosotros quienes podemos contemplarlos sin estar conscientes de nuestra mirada cultural la cual no nos deja ver que esa coherencia entre sistemas aparentemente independientes o separados es el resultado de una historia de transformaciones conjuntas lo que nos permitiría entender por qué son cómo son o cómo es que actúan de tal o cual manera.

«Si somos observadores, atentos en la cotidianidad de nuestra contemplación, observaremos a los seres vivos habitando un entorno o medio que es coherente con ellos, pero que nos aparece como si fuese independiente, pensamos que el medio está por un lado y los seres vivos por otro»

Por esta razón, la primera invitación que queremos hacer es a incorporar la historia de transformación que los organismos vivimos desde que somos seres vivos. La segunda invitación que hacemos es a entender que los seres vivos no habitan en un vacío, sino que habitan en un nicho que hace posible su existencia como tales.

En biología a la historia de transformación se le llama filogenia y ontogenia. Filogenia hace referencia a las transformaciones que sufre un grupo de individuos de forma transgeneracional, en tanto la ontogenia hace referencia a la historia de transformaciones del vivir individual de cada organismo desde su concepción.

Ahora bien, respecto al nicho que hace posible la existencia de los seres vivos, hay dos biólogos clásicos que nos indican que hay que mirar a los organismos con otros ojos. Por una parte, Richard Lewontain que nos propone desde comienzos del siglo pasado que los organismos no se adaptan pasivamente al medio sino que lo modifican, de hecho es de los primero científicos en apuntar a lo que luego se denominará como la teoría de la construcción del nicho (John Odling-Smeem, 1988). Lewontin nos propone: “El organismo influye en su propia evolución, al ser tanto el objeto de la selección natural como el creador de las condiciones de esa selección” (Levins y Lewontin 1985). Por otra parte, el biólogo chileno Humberto Maturana nos describe la relación organismo-medio como la unidad ecológica organismo-nicho (Maturana et al., 2018). Nos dice que los organismos constituyen una relación unitaria de existencia con su nicho, y con su conducta generan el espacio o el nicho en el que habitan el cual no pre-existe. 

Hay sutilezas y fundamentos más o menos diferentes, pero hay una intuición y entendimiento a la base, el espacio o nicho de cada ser vivo depende de la conducta del ser vivo principalmente. Podemos mirar un poco más en profundidad la idea del nicho en los siguientes ejemplos: aunque parezca difícil de comprender, cuando usted lee (en este momento) está generando el espacio en el que vive, ¿como? para entender estas palabras usted debe saber leer, algo obvio pero que frecuentemente no le tomamos el peso en tanto es una historia de transformación que lo hace posible. Además, se encuentra viviendo un presente personal, social y cultural determinado. Entonces, con la conducta de lectura usted da sentido a las palabras, es decir, la acción de leer constituye lo leído en el momento que las lee. 

Veamos otra parte de su nicho o espacio, por ejemplo, la dimensión de ser trabajador en una organización para obtener los medios económicos que le permitan subsistir a partir del intercambio que ocurre en la medida que usted se compromete a realizar con su conducta alguna actividad que conlleva una paga. En ese momento usted se transforma en trabajador de tal o cual organización. Es decir, de nuevo con su conducta (con lo que hace) usted genera su espacio. No queremos decir que se hace arbitrariamente o de cualquier manera, sino que surge en relación con las características del medio que habitamos y con las características fisiológicas del ser vivo.

En el ejemplo de la lectura, una persona que sea ciega de visión no podrá leer de esta forma, sino que debe conductualmente aprender otro hacer (sistema braille de lectura) para generar el espacio de lectura. De este modo lo relevante en la generación de los espacios y nichos son tanto la estructura del medio como la conducta y estructura del ser vivo y la naturaleza del encuentro. Un ejemplo muy claro de esto lo podemos apreciar también en las aves. Pensemos en una paloma o un zorzal que están muy habituadas a los seres humanos, pero no así un tijeral, un yal o un cachudito que podemos describirlos como especies muy tímidas. Tanto así que las vemos o conocemos mucho menos. Entonces frente al estímulo del medio (ruido o seres humanos, etc.) las aves se conducen de distinto modo. El medio no les dice cómo operar sino que desencadena desde la relación de encuentro y de la historia de cada especie, cambios en la fisiología de cada ave y por consiguiente de su conducta. Los nichos ecológicos de ambas aves surgen desde la conducta de ellas mismas y el medio o los estímulos constituyen encuentros que modulan la conducta y generan la posibilidad de transformación del organismo o ,más bien, de su unidad ecológica organismo-nicho, o en otras palabras, genera la posibilidad del espacio en el que viven. 

Las palomas están muy habituadas a los seres humanos, pero no así un tijeral, un yal o un cachudito. Los nichos ecológicos de ambas aves surgen desde la conducta de ellas mismas y el medio o los estímulos constituyen encuentros que generan la posibilidad del espacio en el que viven. © Shaquon Gibson.

¿Qué tiene que ver esto con la arquitectura? y ¿por qué es relevante para los seres humanos? Nosotros olvidamos muchas veces que somos seres vivos, por lo tanto también generamos nichos ecológicos y espacios, que surgen con nuestras relaciones e interacciones con el medio ambiente. Esto es particularmente relevante, para el concepto del uso o habitabilidad de los espacios y su diseño. Un diseñador, ya sea arquitecto u otra persona, lo que hace es imaginar coherencias desde su experiencia de diseño y/o habitabilidad, que pueden calzar con lo que otras personas pueden considerar como adecuado. Por lo tanto, lo que hace una persona que diseña es brindar ámbitos de posibilidad de cambio de la conducta de la persona y por cierto de su fisiología. Pensemos, por ejemplo, en departamentos pequeños como los que se diseñan ahora, ¿podría afectar nuestra fisiología y conducta?  la respuesta es sí. En el documental de la BBC llamado The Secret life of building, se muestra cómo el espacio constructivo nos modifica y afecta nuestra salud mental y fisiológica. En otras palabras, la experiencia de habitabilidad (comodidad, intimidad, etc.) desde un diseño inicial modifica nuestra conducta, y lo hace desde la relación de las personas con la generación del espacio en el que viven. 

¿Cómo tendría que ser el espacio de diseño para que modifique de forma armónica nuestra conducta humana? Para esto debemos mirar nuestra historia como seres humanos. Sucintamente diremos que somos seres primates sociales, nómadas en principio, luego agricultores. Nuestro entorno por miles de años se resume en vivir en grupos pequeños en donde la abundancia, la colaboración y el compartir han sido fundamentales (para mas detalle ver, Tomasello , 2014, Maturana et al., 2016) por lo tanto la pregunta que nos parece relevante es ¿podría el diseño (diseñadores) actual dejar fuera nuestra historia? Pensamos que si queremos ser coherentes con nuestro vivir y convivir histórico, la respuesta es no. 

Procesos de co-diseño terminados. © CITIC.

Por otra parte, el nicho humano se relaciona con el modo de vida que cada persona genera (o en grupo), y que en estricto rigor depende del modo de conversar. Por conversar entenderemos el fluir de la conducta en una continua coordinación de nuestras acciones y emociones, que es además, el mecanismo de generación de los mundo que vivimos los seres humanos (para más detalle ver Maturana et al., 2016). Entonces el nicho humano generado depende de cómo conversemos (distinto de hablar) por consiguiente en otro ámbito más específico no basta que el diseño entienda la filogenia humana, sino que su ontogenia humana, esto es, los cambios que habitamos dada las conversaciones que conservamos en nuestra convivencia. En este sentido, la persona que propone un diseño debe entender el mundo (las conversaciones) de las personas para las cuales diseña. Y el entendimiento solo puede darse en una coderiva, en un encuentro social que solo es posible desde el amar (Maturana y Dávila 2015). Esto no será un diseño, sino un co-diseño. En otras palabras, el codiseño como una acción revela el nicho cultural que se habita incorporándolo a la propuesta estructural que modifica el medio desde una perspectiva que toma en cuenta la generación de mundo entre las personas que lo habitan y que pueden verlo en un conversar reflexivo porque pertenecen a él. Un proyecto común (y el codiseño lo es) solo es posible en un espacio social y solo podemos colaborar si hemos podido co-inspirar un proyecto común en torno al cual colaborar como resultar espontáneo de nuestra convivencia social.         

Desde esta perspectiva, si queremos armonizar el vivir humano y todo el amplio espectro de su convivencia desde las dos invitaciones que hicimos al comienzo, el co-diseño de los espacios humanos se transforma en rigor y por defecto en  una transformación cultural de los espacios colaborativos que habitamos. Es de esta manera que los seres humanos, que, en tanto seres vivos, somos arquitecturas dinámicas moleculares, podemos vivir arquitecturas relacionales y estructurales que nacerán armónicas con la biosfera a la que en definitiva pertenecemos porque nuestra existencia no es posible sin ella. Sin co-diseño tal arquitectura es entonces imposible.

El co-diseño de los espacios humanos se transforma en rigor y por defecto en  una transformación cultural de los espacios colaborativos que habitamos. Es de esta manera que los seres humanos, que, en tanto seres vivos, somos arquitecturas dinámicas moleculares, podemos vivir arquitecturas relacionales y estructurales que nacerán armónicas con la biosfera a la que en definitiva pertenecemos porque nuestra existencia no es posible sin ella.

Procesos de co-diseño terminados. © CITIC.

Referencias

Odling-Smee, F. J. (1988). «Niche constructing phenotypes». In Plotkin, H. C. (ed.). The Role of Behavior in Evolution. Cambridge (MA): MIT Press. pp. 73–132.

Levins R, Lewontin RC. (1985). The Dialectical Biologist. Cambridge: Harvard University Press

Maturana R., H., Dávila Yáñez, X. & Ramírez Muñoz, S. (2016). Cultural-Biology: Systemic Consequences of Our Evolutionary Natural Drift as Molecular Autopoietic Systems. Found Sci 21, 631–678 https://doi.org/10.1007/s10699-015-9431-1

Maturana Romesín, H. y Dávila Yáñez, X. (2015). El árbol del vivir. Santiago, Chile: MVP Comunicación S.P.A.
Tomasello M. (2014). The ultra-social animal. European journal of social psychology44(3), 187–194. https://doi.org/10.1002/ejsp.2015

Sobre los Autores:

CITIC co-diseña espacios como ecosistemas capaces de regenerar una cultura colaborativa cuidando el bienestar, con las personas que desean habitar comunidades y organizaciones en armonía con la biosfera a la que pertenecemos. Promovemos así un desarrollo ético y estético de todo el potencial innovador que los seres humanos podemos alcanzar cuando vivimos en espacios inspiradores que podemos construir de manera inclusiva, dejando aparecer nuestra unidad con el mundo natural, dotándolos de las condiciones relacionales y tecnológicas que faciliten el encuentro, la confianza, la colaboración y la co-inspiración en un proyecto común, que haga posible cumplir nuestro propósito personal y colectivo, simplemente dejando aparecer lo que toda organización es: una comunidad humana.

Imagen de portada: © Sigmund by Unsplash.

Son muchas las aristas que integran la exposición “Phyton Morphe”, liderada por la artista Josefina Guilisasti. Desde una selección de artefactos de culturas andinas provenientes del Museo Chileno de Arte Precolombino, a una curaduría que convoca en una galería de arte contemporáneo a artesanas de la localidad de Rari con artistas de Santiago. En cada uno de los objetos expuestos sobre una plataforma color negro, que remite a una cama de siembra, se relevan las inspiraciones e historias de cada una de las mujeres presentes en esta emocionante muestra, quienes presentan con detalle y delicadeza su oficio con materialidades minerales para reproducir, desde una mirada renovada, formas orgánicas y vegetales que nos invitan a prensar una nueva forma de vincularnos entre nosotros y con nuestro territorio.
Las estructuras rectangulares dispuestas en el piso de la galería, remiten a camas de siembra. © Josefina Guilisasti

Son muchas las aristas que integran la exposición “Phyton Morphe”, liderada por la artista Josefina Guilisasti. Desde una selección de artefactos de culturas andinas provenientes del Museo Chileno de Arte Precolombino, a una curaduría que convoca en una galería de arte contemporáneo a artesanas de la localidad de Rari con artistas de Santiago. En cada uno de los objetos expuestos sobre una plataforma color negro, que remite a una cama de siembra, se relevan las inspiraciones e historias de cada una de las mujeres presentes en esta emocionante muestra, quienes presentan con detalle y delicadeza su oficio con materialidades de la tierra para crear, con una mirada renovada, formas orgánicas y vegetales que nos invitan a prensar una nueva forma de vincularnos entre nosotros y con nuestro territorio.

Phyton Morphe es una representación escultórica que imita la estructura de un organismo vegetal. Los pueblos de América precolombina solían ofrendar a la Naturaleza con estas formas, como una manera de agradecer a la madre Tierra y pedir por las futuras cosechas.

Y si bien los objetos presentes en la obra son expresivos en sí mismos, la propuesta central de este trabajo convoca hacia una dirección también conceptual. Repensar las jerarquías y asimetrías con que se ha clasificado el arte y la artesanía en nuestro país, teniendo este último una validación que poco se ha reconocido en relación a la producción artística. En la magnífica obra expuesta en galería Patricia Ready (la cual estará disponible hasta el 18 de mayo) vemos sin distinciones categóricas el trabajo de artesanas cuyo oficio está arraigado por generaciones a la producción de una materialidad propia del territorio, como es el crin de caballo, y la obra de artistas que, inspiradas en formas vegetales de su cotidiano, nos llevan a relacionarnos de una manera conmovedora y reflexiva con nuestro entorno natural, evidenciando a la vez, en ese meticuloso trabajo con la materialidad, el color y la forma, la crisis ecológica que afecta a todas y todos quienes cohabitamos este planeta.

Conversamos con tres de sus expositoras, Josefina Guilisasti, Hilda Díaz y Paula Subercaseaux, para comprender lo que las llevó a imaginar formas alternativas de producción artística, y sobre todo, establecer relaciones fundadas en el respeto y la admiración entre quienes conformaron la totalidad del proceso creativo de esta exhibición.

Ruth Mendez, tejedora de crin de la Región del Maule, es la autora de esta obra que compone parte de Phyton Morphe. © Josefina Guilisasti

Endémico: ¿Cómo surge la intención de idear una muestra colectiva que reúna a artistas y a artesanas de comunidades locales?

Josefina: En el año 2020 realicé una muestra en el Centro Cultural Palacio La Moneda llamada Quinchamalium Chilensis, en la cual convoqué a artesanas de Quinchamalí. Cada una de ellas creó una pieza exclusiva para presentar en la muestra, en diálogo con las piezas patrimoniales de Quinchamalí pertenecientes al Museo de Arte Popular Americano (MAPA). La única condición propuesta para sus obras respectivas era integrar en su grafiado –que corresponde a la línea blanca trazada sobre la greda negra– el dibujo de la herbácea nativa que da nombre al pueblo de Quinchamalí y que forma parte de la medicina indígena. Es notable, sin embargo, el hecho de que ellas desconocieran la existencia de esta planta.

En esta oportunidad, cansada del “monólogo” de artista, invité a Paula, a Inés, a Ruth y a Hilda a dialogar desde nuestras diferentes y respectivas materialidades –la tierra, el metal y la fibra–, bajo una misma temática: la naturaleza. En todo momento la idea ha sido relevar el trabajo colectivo y comunitario, y recuperar la voz del/de la artista como articulador/a.

La idea nace de hacer un homenaje a cinco piezas fitomorfas pertenecientes al Museo Chileno de Arte Precolombino, como este cuenco pentagonal. © Josefina Guilisasti

Cuando escogiste los 5 artefactos fitomorfos del Museo Chileno de Arte Precolombino que inspiraron esta muestra, ¿en qué elementos, historias y criterios estéticos te fijaste?

Josefina: En la cultura inca existían diferentes representaciones phyton-vegetal, morphe-forma de tipo votivo para ofrendar a la naturaleza o a los productos que se obtenían de ella. Por lo general estos objetos se utilizaban para dar gracias a la madre tierra por las cosechas recogidas y para ello solían enterrarse en los campos de cultivo. Los escogí durante el proceso creativo. Previo a esto yo ignoraba la existencia de objetos precolombinos con esas características, y me interesó incorporarlos en cuanto referentes patrimoniales. Así, cinco artistas mujeres y cinco objetos precolombinos componen la muestra. Además, considero fundamental contribuir a que nos vinculemos con nuestro patrimonio.

La artista Paula Subercaseaux trabajó con porcelana y cerámica de gres, provocando la sensación del blanqueamiento de los corales generado por el alza de las temperaturas en el océano, en algunas de sus piezas que retratan objetos del universo submarino. © Paula Subercaseaux

Llama la atención que en la exposición haya una gran infografía que habla de la brecha abismal que existe en Chile respecto de la valoración y distinción entre el arte y la artesanía. Esto se ejemplifica muy bien con los reconocimientos que se hacen a cada una de estas disciplinas. En el caso del Premio Nacional de Arte, este se otorga desde 1944. Por su parte, las artesanías y artesanos de nuestro país, oficio por cierto ancestral, recién comenzaron a ser reconocidos con el Sello de Excelencia en 2008, y como Tesoros Humanos Vivos en 2009. ¿Cómo enfrentaste tú esta contradicción? ¿Y cómo se representa en esta exposición?

Josefina: Esta brecha abismal entre la artesanía y el arte, se abordó para la exposición durante el proceso de obra y en la puesta en escena, donde todas las piezas dialogan transversalmente. Las piezas de crin, entonces, se presentan bajo las mismas condiciones de las otras piezas, sin mediar jerarquías, rompiéndose así la tradicional frontera entre arte contemporáneo y artesanía. Se cuida, además, que esta no pierda su valor patrimonial, que es lo que la define.

Semillas en bronce. © Josefina Guilisasti

Este tema ha sido muy elaborado por el teórico paraguayo Ticio Escobar. Él plantea la pregunta de por qué las prácticas artísticas que coinciden con el modelo occidental han sido señaladas como superiores, en el sentido de que se ha generado una separación de conceptos entre función y forma, entre arte mayor y arte menor, entre arte y artesanía.

Fue bueno constatar que como mujeres ligadas al oficio y a la tierra tenemos mucho en común y nos separa el contexto: en ese sentido, la exposición fue un lugar de encuentro en muchas dimensiones.

Paula: La diferencia entre artesanos y artistas era algo que yo no tenía incorporado como una problemática, por lo tanto este tema para mí fue un aprendizaje. En ese sentido, el trabajo que hizo la antropóloga Stephanie Gonzalez fue de gran ayuda. Conociendo a las artesanas y su trabajo te das cuenta del gran acervo cultural que significa su oficio, lo poco que se valora ese patrimonio y a ellas como portadoras de esta cultura chilena.

La ausencia de un aporte sólido por parte del Estado que otorgue una protección a su oficio las deja en una posición muy precaria, arriesgando que dejen de trabajar en Rari lo que significaría su desaparición y consiguiente detrimento al patrimonio de Chile, además de no permitirles explorar nuevas formas de expresión al estar condicionadas por el mercado, cosa que en esta exposición sí hacen quedando en evidencia el nivel que pueden alcanzar. Existen premios como el  Tesoro Humano Vivo, pero aparte del reconocimiento esto no significa una situación de mayor seguridad.

En un afán de horizontalidad en la exposición eliminamos las diferencias entre artistas y artesanas; para esto se pensó un montaje en que las piezas de estuvieran a un mismo nivel, sin jerarquías, compartiendo de manera equivalente el espacio expositivo además de igualar los precios entre las obras de cada una.

Llevar al bronce formas como la flor de la Puya chilensis, algas como el cochayuyo, semillas de árboles nativos y otros seres vegetales fueron las representaciones que caracterizan el más reciente trabajo de Guilisasti. © Josefina Guilisasti

¿Qué diálogos y qué desafíos hubo que enfrentar a lo largo proceso creativo y de ejecución de Phyton Morphe?

Paula S: Para mí el desafío mayor de la muestra era que todas las piezas se relacionaran armónicamente y esto no se podía predecir completamente porque cada una trabajaba en su taller por su cuenta y las piezas no se encontraron hasta el montaje final. Entregarme a confiar en el proceso fue lo más bonito y gratificante. Y en ese sentido, la ausencia de control y total confianza de Josefina en el proyecto y en cada una de nosotras fue crucial para trabajar con libertad.

Cómo método de trabajo, enviábamos imágenes de piezas a las artesanas y ellas respondían con obras, la única condición que se impuso fue que utilizaran fibras naturales, sin teñir. Llegaron obras preciosas de impecable factura y del tamaño perfecto, dando cuenta de la comprensión de la forma y de un profundo conocimiento del mundo natural.  A Hilda la conocí durante el proceso en Santiago, a Inés y Ruth las conocí el día de la inauguración, luego nos juntamos en mi casa. Fue bueno constatar que como mujeres ligadas al oficio y a la tierra tenemos mucho en común y nos separa el contexto: en ese sentido, la exposición fue un lugar de encuentro en muchas dimensiones.

Josefina: El gran desafío fue armar un diálogo acorde a la distancia, ya que dos de las artistas viven en Rari: Inés Villalobos y Ruth Méndez. En algunas oportunidades nos reunimos con ellas en Rari y en otras ocasiones nos juntamos en Santiago con Hilda, con quien tengo un vínculo que hemos ido desarrollando desde hace más de dos años.

Cada una realizaba sus propias piezas a partir de formas vegetales y acuáticas, y luego compartíamos las imágenes vía WhatsApp, sin especificar mucho las dimensiones. Las artistas artesanas interpretaban las piezas bajo su propio imaginario, que salía de sus tejidos en miniatura, que ha sido lo que las ha identificado, junto con las figuras clásicas de esta manualidad en crin. Fue un trabajo e intercambio lúdico y fluido; un verdadero ejercicio en que ninguna sabía realmente qué resultaría de la conversación material e inmaterial que se dio entre nosotras cinco.

Obra de Hilda Díaz en crin, artesana de Rari que lleva el título de Tesoro Humano Vivo. © Josefina Guilisasti.

¿Cómo fue el proceso creativo de pasar de las formas tradicionales de la artesanía en crin a estas obras que expuso en la galería?

Hilda: Para mí fue un enorme desafio, Jo me mandaba algunas ideas, algunas propuestas de lo que podría ir haciendo pero luego me decía, “de aquí en adelante tú te vuelas”. Fue bonito, entretenido, de mucho tiempo y paciencia, porque voy tejiendo pelo por pelo. Entonces de repente duelen las manos, duelen los brazos. Pero al ver terminada cada una de las obras que uno va realizando realmente es una gran satisfacción. Es como una explosión de la mente, a abrirse a crear nuevas cosas de lo que es el crin. Es como redescubrirse.

¿Cómo parte su relación con el crin?

Hilda: Trabajo con el crin desde los 6 años, lo aprendí de mi madre, de mis abuelitas, de mis tías, fue como un juego aprender el tejido. Lo tradicional era hacer ramitos de flores, mariposas, canastitas, aros con figuras, pero yo quise irme por otra línea, seguir con el juego. Con el tiempo me dedique a hacer tejidos diferentes. Eso permitió que en 2012 ganara un sello de reconocimiento de la Unesco con un ramo de novias con flores de buganvilia, en 2016 hice un broche de remolinos en crin con plata, y en 2019 hice “El sueño bajo el mar”, un broche gigante de crin con plata tejida. Todo esto se reconoció con el sello de excelencia. Para mí es un trabajo maravillosa donde me siento muy orgullosa con lo que hago con mis manos. Y sigo jugando, imaginando, porque este es un trabajo que se hace con el alma, con los pensamientos, va parte de la vida de uno con el tejido.

Obra en crin blanco, de Inés Villalobos. © Josefina Guilisasti

¿Cómo fue crecer en Rari? ¿Cuál es la situación actual de la artesanía en crin en esa localidad?

Yo crecí en Rari. Mis papás viven en Panimávida, en las termas. Yo me crié allá y luego de grande me vine a terminar de estudiar en Santiago y me quedé. Ahora tengo un taller con mi hija que es orfebre y se llama Crin Fusión (@crinfusion_2). El crin son mis raíces, mis padres, mi familia, todo. Allá llegan personas que se dedican a recolectar el crin en diferentes ciudades y diferentes lugares. Es difícil obtener el material, sobre todo el crin blanco porque no existe mucho caballo blanco. Y depende de lo que uno teja, hay crin delgadito, más largos, de distinto grosor. El crin natural es blanco, negro o café. Negro hay mucho. Pero como está cortado, es pelo muerto y no sirve para teñir. El blanco es el que se tiñe de colores.

Conociendo a las artesanas y su trabajo te das cuenta del gran acervo cultural que significa su oficio, lo poco que se valora ese patrimonio y a ellas como portadoras de esta cultura chilena.

¿Cómo se fue desmarcando de las formas tradicionales que se usaban en la artesanía en crin de Rari?

Si te fijas, en todo pueblo tú replicas lo que hay alrededor. Replicas lo que ves. Yo empecé a replicar otras cosas, porque salía mucho con mi padre y mi madre, viajábamos mucho, vi estructuras diferentes y quise registrar otras formas o darle otra particularidad. De una mariposa, por ejemplo, que resulte una libélula gigante. Lo mismo vemos hoy en otros pueblos artesanos. En Quinchamalí, en Pomaire, Chimbarongo, se va ampliando la gama de cosas que se pueden hacer y eso es porque se ha abierto más el mundo con el internet. Lo mismo pasa en Rari. Para mí el trabajo con el crin es eso. Imaginar, soñar, desafiarme a hacer cosas nuevas, poner mi alma en lo que hago.

Obra en crin negro, de Ruth Díaz. © Josefina Guilisasti

En las obras en gres y porcelana, están muy presentes las formas acuáticas, con mucho movimiento, que remiten a algas, corales, soles de mar y otros seres de las profundidades submarinas. Fue también inevitable conectarlo a los ecosistemas subacuáticos que se están blanqueando debido al alza de las temperaturas de los océanos. ¿Cómo enfrentas el trabajo con la materialidad de la cerámica y la porcelana en estas formas orgánicas, vegetales, vivas pero en transformación, en esta crisis socioambiental que estamos experimentando hoy en día?

Paula: A mí me seduce mucho el movimiento en las formas de la naturaleza, especialmente el que se da en el mar, por eso quise centrarme en esos organismos. Por otro lado, la porcelana blanca y sin esmaltar tiene una apariencia ósea, por lo que estas piezas que hablan del mundo marino, inevitablemente evocan el hecho que mencionas. Para mí es una situación contradictoria; por un lado uso un material muy delicado y fino que estéticamente me produce placer, pero al mismo tiempo esa honestidad del material sin esmaltes ni color nos remite al blanqueamiento de corales, que aunque de aspecto amable esconde una dramática situación.

Los pequeños organismos que habitan los corales y le otorgan el color, abandonan su hábitat por estrés y al hacerlo eliminan un ecosistema, lo que empobrece nuestros océanos en muchas dimensiones. En la investigación preliminar de la obra contacté al biólogo marino Juan Pablo Espinoza quien trabaja en la Fundación San Ignacio de Huinay en la región de los Lagos. Ellos observan los corales de agua fría en la Patagonia chilena que tienen una particularidad, en el resto del mundo se encuentran a profundidades de 2 mil metros y en cambio, en nuestras latitudes, por un fenómeno que desconocemos, se pueden encontrar desde los 10 metros de profundidad. Hasta el momento no existen especies en  peligro de extinción, sin embargo se ha observado una drástica disminución en la población de anémonas y corales debido a agentes externos, principalmente los excesivos nutrientes que desechan la industria acuícola y que impactan el equilibrio del agua. Es necesario levantar la voz de alerta y quizás hacerlo desde la mirada del arte puede ser un aporte.

La exposición estará vigente hasta el 18 de mayo en la Galería Patricia Ready. © Josefina Guilisasti

Muchas de las piezas en bronce representan elementos de la flora nativa del territorio, del mundo vegetal de nuestro cotidiano. ¿Qué implicó para ti, Josefina, trabajar con esas materialidades, figuras y objetos presentes en la naturaleza?

Josefina: Mis piezas de bronce se relacionan con el mundo vegetal como calabazas, pimentones, semillas de espinos, flores de magnolio, vainas, piñones, girasoles y otras. La idea fue fundir estas piezas en bronce a partir de la necesidad de detener el tiempo de descomposición. Fue un modo de conectarme con la naturaleza durante el período de pandemia, cuando el tiempo también se detuvo.

La exposición cita la cultura inca con sus ofrendas votivas en su marco conceptual. ¿Qué enseñanzas obtuviste de la sabiduría andina respecto de tu relación como artista y del trabajo con la naturaleza durante este proceso?

Josefina: El hecho de incluir las imágenes de las piezas patrimoniales en la exposición nos ayudó a entender los objetos ubicados en un contexto social, y como cada uno de estos tiene un rol específico, preserva en su materialidad tanto tradición como memoria.  Como artista contemporánea me interesa tener una voz que dé cuenta de nuestro contexto; me interesa que nos hagamos cargo de las problemáticas actuales, de volver a pensar y a dialogar comunitariamente.

Las artesanas de Rari inspeccionaron en formatos de mayor tamaño al que suelen hilar en las piezas de artesanía más tradicionales de Rari. Obra de Inés Villalobos. © Josefina Guilisasti

Arte/Artefacto; Naturaleza/Cultura; Artista/Artesano; Vida/Muerte. En Phyton Morphe, parecen enfrentarse y a la vez conversar estos conceptos entendidos como binarios. ¿Cuál es tu resolución hoy como artista y artesana, en esta interminable conversación?

Josefina: Este sistema no-binario nos permite cruzar fronteras, dialogar de una forma integrada sin separar los conceptos; nos permite entender el mundo desde una perspectiva transversal, sin imponer(se) jerarquías. Como nos invita Richard Sennet en su libro el artesano: necesitamos convertirnos en artesanos del medio ambiente

Paula: Como cultura estamos tan acostumbrados a polarizar, comparar, contrastar como manera de entender el mundo. En Phyton Morphe intentamos hacer lo contrario con los distintos conceptos que mencionas, proponiendo una manera colaborativa para comprender nuestro entorno.  Se hizo un esfuerzo para alcanzar distintos aspectos del universo objetual en un genuino deseo de vincularse a distintas problemáticas de nuestra cultura, como lo son la historia, artesanía, desafíos climáticos, soberanía alimentaria y patrimonio, logrando un diálogo rico entre todos estos aspectos.

Como artista y como ser humano, el soliloquio es algo que aburre. La conversación, como dices tú, debe estar abierta entre arte y artefacto, naturaleza y cultura, artista y artesano, vida y muerte, evitando el pensamiento binario y buscando entender de manera más integrada lo que nos rodea. Personalmente todo esto plantea un desafío importante por delante, me resulta muy difícil volver a trabajar dejando fuera todas estas instancias de vínculo que además enriquecen mucho el resultado final de un trabajo artístico. Por último como país, incluso como planeta, pienso que es absolutamente indispensable instalar un pensamiento/cultura que se nutra e integre al otro para instalar una convivencia más armoniosa y menos violenta.

Revisitar la artesanía de Rari en una galería de arte contemporáneo invita a pensar la vinculación profunda entre arte, identidad y naturaleza, abriendo nuevos campos de acción y sentido en la producción artística de nuestro territorio. Paula Subercaseaux

El Color en la naturaleza

Existen registros muy tempranos en la historia de la humanidad, desde Aristóteles, donde el color ha sido fuente de estudio e inspiración, ya sea tanto en la explicación de su origen, como en su formación y función, lo que ha llevado a los seres humanos a desarrollar diversas áreas de estudio específicas en relación a éste, dentro de las cuales destaca la psicología del color que analiza cómo percibimos y nos comportamos ante los distintos colores que existen. 
contrar en el Jardín Lois en Ritoque © wingsfromsouth.

En la naturaleza, los seres vivos animales —no humanos— y vegetales presentan colores que toman relevancia en aspectos del ciclo natural como la apariencia de los organismos y su capacidad de visualizarlos. La biología nos ha enseñado que los colores que presentan los animales y plantas son el resultado de su evolución y adaptación al medio, dependiendo de lo práctico que les resulten para su dura lucha por la supervivencia.

Los colores de algunos insectos, como las avispas, advierten a sus potenciales depredadores que son peligrosas, con lo cual aumentan la probabilidad de supervivencia. En la imagen una avispa alfarera de montaña (Hypodynerus humeralis). © wingsfromsouth.

En la naturaleza el color es percibido por el sistema nervioso de los animales que, gracias a las células fotorreceptoras llamadas “conos” ubicadas en la retina de los ojos, y gracias a otros sistemas que reciben la luz, interpretan las distintas tonalidades (longitudes de onda) que, dependiendo de la especie, les asignarán un color y tono en particular. En otras palabras, el color es la impresión producida por un tono de luz en los órganos visuales, y como no todas las especies percibimos estos estímulos de la misma manera, no todos podemos ver la misma gama de colores. Por ejemplo, hay especies que solo perciben dos colores (blanco y negro), otros que perciben la mezclas de tres (o visión tricromática, como es el caso de los seres humanos), otros como las aves rapaces son capaces de ver hasta cuatro colores (visión tetracromática) y las abejas son incluso capaces de distinguir la gama de los colores ultravioleta que las dirigen directamente hacia el polen y el néctar. 

Un ejemplo del patrón y los colores que tiene aves tan comunes de observar como los cormoranes. En la imagen un Cormorán Lile (Phalacrocorax gaimardi). © wingsfromsouth.

Como se podrán imaginar, los colores en la naturaleza tienen una gran importancia en la supervivencia ya que apuntan a dificultar el ataque y evitar la depredación, pero también son fundamentales para ciertas funciones biológicas como la selección sexual, el camuflaje, la comunicación, regulación de la temperatura y, entre otros, el aposematismo. Este último tiene que ver con  los rasgos llamativos de algunas especies para alejar a sus depredadores como, por ejemplo, la serpiente de coral, una de las más venenosas del mundo y cuyas bandas rojas, amarillas y negras son una invitación directa a otros animales a mantenerse a una distancia prudente. El camuflaje, digno de mencionarse, permite a un animal permanecer “oculto a la vista” y algunos animales utilizan el color para desviar los ataques confundiendo a un depredador, por ejemplo, con manchas que simulan ser ojos o destellos de color. 

El patrón ocular en las alas de esta especie aumenta su probabilidad de vida al confundir a sus potenciales depredadores. Cuncuna del pino (Ormiscodes cinnamomea). © wingsfromsouth.

Las señales visuales son parte del comportamiento de los seres vivos y consisten en una forma de comunicación que implica generalmente la interacción entre la apariencia, la coloración y el patrón de coloración de los organismos y la visión, especialmente la percepción del color. Por ejemplo, en las plantas el color floral y frutal juega un papel clave como señal visual y es de gran importancia en las interacciones planta-polinizador

El colorido del macho de la mariposa de la alfalfa (Colias vauthierii) es uno de los dimorfismos sexuales más evidentes dentro de las especies de mariposas que habitan Chile. © wingsfromsouth.

En 1667 Isaac Newton descubrió que al pasar un haz de luz blanca (rayo de sol) por un prisma de cristal, éste se descomponía en los colores del arcoíris. Pero ¿cuántos colores existen? No lo sabemos con certeza, ya que va a depender de la capacidad de cada especie para visualizarlos, tal como se ha señalado antes. Sin embargo, sí se puede indicar que existen los colores primarios que son el rojo, azul y amarillo y que superpuestos originan al resto de los colores o colores secundarios. 

El rojo intenso de esta loica macho (Sturnella loyca) origina una mayor probabilidad de atraer a las hembras y por tanto una mayor tasa de éxito en la reproducción. © wingsfromsouth.

Cuando hablamos de los colores en la naturaleza, no podemos dejar de mencionar la forma en la cual se presentan, es decir, los patrones o modelos. Por ejemplo, las rayas en las cebras y las manchas en los leopardos por mencionar algunos de los más conocidos. Ambos complementados; colores y patrones, permiten deleitarnos con los inusuales,  variados y alucinantes ejemplos con los cuales nos podemos encontrar en nuestro entorno cercano. En Chile, por supuesto también existe una amplia gama de colores y patrones en la naturaleza que generan una relación dinámica con el entorno para permitir de esa manera las funciones biológicas que éstos desarrollan. 

Aunque el patrón y colorido de los machos de la lagartija esbelta (Liolaemus tenuis) pueden variar según la latitud en que se encuentren, la intensidad que presentan no dejan indiferente a nadie que las observe. © wingsfromsouth.

Los colores iridiscentes también se hacen presente en la naturaleza, especialmente visibles en aves, insectos y peces. La irisdiscencia es un fenómeno óptico por el cual el color que presenta una superficie varía en base al ángulo del observador. Mientras algunos seres vivos son difíciles  de ver por sus colores opacos ya que se mimetizan con el entorno, o simplemente carecen de éstos (albinismo), con la iridiscencia las alas de algunos insectos o aves como algunos picaflores y pavos reales destacan justamente por lo contrario, por sus colores llamativos y brillantes.

El negro tornasol o negro azulado del mirlo (Molothrus bonariensis), es una ejemplo de iridiscencia bastante fácil de observar en las ciudades y campos de Chile. © wingsfromsouth.

Otro aspecto destacable en la naturaleza, es que la coloración en los seres vivos es un proceso dinámico, lo cual quiere decir que muchos animales pueden cambiar de apariencia con el tiempo, desde insectos, crustáceos, peces, hasta reptiles y anfibios, en unos casos cambian durante el ciclo de vida (metamorfosis), en otros con las estaciones o por efectos del ambiente. 

«¿Cuántos colores existen? No lo sabemos con certeza, ya que va a depender de la capacidad de cada especie para visualizarlos»

Existen innumerables ejemplos de la paleta cromática en nuestra naturaleza, en este artículo les traemos sólo algunos de éstos, muchas veces desapercibidos por nosotros hasta que nos encontramos frente a frente con ellos y nos maravillamos, dándonos cuenta de que siempre estuvo esa gama y patrón de colores entre nosotros.

El color en la naturaleza ha servido durante siglos como inspiración en las artes, la arquitectura, la moda y el diseño por mencionar algunos. Lamentablemente, la acción antropogénica, así como ha aprovechado y copiado los ejemplos de patrones y colores del mundo natural, también ha pintado el planeta de tonos deslavados debido, por ejemplo, a la contaminación.

¡Te invitamos a observar, descubrir, disfrutar y cuidar la infinita gama de colores en nuestra naturaleza!

Sobre los autores

Gabriela Espejo y Juan Sebastián Espejo son dos hermanos amantes de la naturaleza, que han reunido sus experiencias profesionales para dedicar parte de su tiempo en la difusión del cuidado del entorno; Juan Sebastián es arquitecto y Gabriela es veterinaria. Juntos han desarrollado y concretado proyectos audiovisuales, fotográficos y artículos escritos sobre el maravilloso Chile natural que nos rodea. Les encanta hacer trekking y quedarse horas en un mismo lugar, observando y escuchando al entorno, para finalmente elaborar material educativo y de calidad.

Imagen de Portada: Cometocino de Gay (Phrygilus gayi). © wingsfromsouth.

Por Allison Olivares Mujica Mi pasión por el Reino Fungi, me tuvo hipnotizada durante la temporada otoño-invierno por sus apariciones en todos lados dentro de la maravillosa Robinson Crusoe, isla en la que habito. Lo anterior dio paso a una idea: acercar a la comunidad local al mundo de los hongos, para interiorizarnos y generar […]

Por Allison Olivares Mujica

Mi pasión por el Reino Fungi, me tuvo hipnotizada durante la temporada otoño-invierno por sus apariciones en todos lados dentro de la maravillosa Robinson Crusoe, isla en la que habito. Lo anterior dio paso a una idea: acercar a la comunidad local al mundo de los hongos, para interiorizarnos y generar una conexión personal. Esto con el fin de comprender el gran rol del Reino Fungi, sobre todo dentro de esta valiosa vegetación endémica insular. 

Participantes del “Primer Acercamiento al Reino Fungi en Robinson Crusoe”. © Nicolás Escalona. 

El Reino Fungi nos abre las puertas a un  mundo mágico y desconocido, a un micro mundo que a veces pasa desapercibido. Se encuentra bajo el suelo, como una red que conecta todo, el entramado fúngico se llama micelio. El micelio es el verdadero hongo, capaz de conectar por debajo del sustrato a árboles y plantas a través de la unión con sus raíces. Así, crea una profunda simbiosis que provee a las plantas de elementos inorgánicos que son incapaces de sintetizar por sí mismas, y a la vez ellas abastecen a los hongos del sustrato y nutrientes para su vida. 

Lo que vemos a simple vista es la seta, su fructificación, las que poseen grandiosos beneficios para el suelo y el ecosistema también, así como aportes nutritivos y medicinales a los humanos. Actualmente en el mundo se conoce un mínimo porcentaje de la diversidad de hongos existentes, cada año se descubren miles de nuevas especies de hongos globalmente. Existen hongos comestibles, medicinales y tóxicos, pero todos son fundamentales para la existencia de la vida. Su rol en los bosques es clave y además construyen un paisaje místico y desconocido con sus variados colores y formas tan llamativos. 

Una de las actividades era dibujar los hongos del sector. © Sara de Rodt.

De este interés fúngico surgió una enriquecedora actividad titulada: “Primer Acercamiento al Reino Fungi en Robinson Crusoe”, debido a que jamás se había realizado ningún evento relacionado con los hongos en la isla. Se llevó a cabo en el sector del Corta Fuegos perteneciente al área del poblado  de la isla y fue una actividad dirigida a la comunidad local. Esto con el fin de descubrir las especies que aparecen en los bosques en otoño, conociendo sus generalidades, beneficios e importancia. 

Fue una actividad muy dinámica para todos, ya que comenzamos con un  pequeño trekking que nos permitió conectarnos con la naturaleza e investigar las especies encontradas.  Así, utilizamos lupas y  microscopios de bolsillo para observar con detalle las hifas de la abundante Amanita muscaria. Regalé a todos los asistentes una Mini Guía ilustrada diseñada y confeccionada por mi, de las partes de la seta y con información de algunos de los hongos que era posible encontrar en el sector. Además realizamos una demostración de cosecha sustentable de Callampas de Pino  (Suillus luteus) y para finalizar utilizamos el espacio libre para poder ilustrar las especies  encontradas como por ejemplo los hermosos ejemplares de Coriolus versicolor. Esta actividad fue fundamental para generar interés en la comunidad local sobre un reino de gran importancia para el ecosistema local, del cual no se han hecho investigaciones en el archipiélago. Posiblemente existan hongos endémicos del Archipiélago de Juan Fernández,  por lo que es necesario seguir realizando este tipo de actividades sobre la funga local, sin miedos y con mucha curiosidad.

Esta actividad fue fundamental para generar interés en la comunidad local sobre un reino de gran importancia para el ecosistema local. © Allison Olivares.

Sobre la Autora:

Allison Olivares Mujica, tiene 23 años, es chilena y vive en la Isla Robinson Crusoe con su pareja. Es Administradora de proyectos de ecoturismo y educadora  ambiental. Actualmente se encuentra desarrollando su emprendimiento Active Ecotourism, donde ofrece productos con ilustraciones de la biodiversidad endémica del Archipiélago de Juan Fernández y también programas de ecoturismo.

Foto de Portada: © Florian Van Duyn.

Por Paula Iturralde-Polit El nuevo ciclo Naturaleza Digital partió a principios de octubre de este año con el propósito de ofrecer espacios de divulgación educativa en torno a los paradigmas científico-culturales que nos han conducido al problema medioambiental en que nos vemos inmersos actualmente. Hoy nos encontramos ad portas del tercer encuentro, el cual cuenta […]

Por Paula Iturralde-Polit

El nuevo ciclo Naturaleza Digital partió a principios de octubre de este año con el propósito de ofrecer espacios de divulgación educativa en torno a los paradigmas científico-culturales que nos han conducido al problema medioambiental en que nos vemos inmersos actualmente. Hoy nos encontramos ad portas del tercer encuentro, el cual cuenta con el apoyo de Patagonia. Esta vez, el llamado es a todos quienes se interesen en comunicar temas científicos y ambientales y quieran, a su vez, desarrollar su propia propuesta narrativa para impulsar cambios en la sociedad. Este taller lleva por nombre “Comunicación Ambiental” y lo imparten la bióloga, ecóloga y exploradora de National Geographic Paula Iturralde, junto a la licenciada en ciencias biológicas y comunicadora ambiental Diana Troya. A continuación te dejamos este artículo sobre los desafíos de la comunicación científica escrito por Paula Iturralde y a modo de preludio de este nuevo taller que se aproxima.

Se ha vuelto casi un cliché hablar sobre la importancia de comunicar la ciencia. A diario escuchamos hablar sobre la relevancia de llegar con historias de nuevos descubrimientos a un público general, más allá de la academia. A mi personalmente no me gusta separar a la “academia” de “el público en general”, es como pensar que si perteneces al primer grupo no puedes pertenecer al otro y viceversa. Un tipo de hegemonía en el que se posiciona a laciencia como algo fuera del alcance de la mayoría y eso, en cierto modo, hace que muchas personas desconecten su interés por conocer aspectos esenciales de cómo funciona el mundo y lo que nos conecta a él. Es necesario fortalecer las estrategias para compartir nuevos descubrimientos y erradicar la indiferencia o confusión sobre temas que aparentan ser complejos. No deja de ser una carrera de obstáculos que hay que atravesar o sortear y no existe una receta ideal para transmitir conocimiento porque es mucho más complicado que solo modificar la jerga científica por un lenguaje más cercano.  

El taller “Comunicación Ambiental” lo imparten la bióloga, ecóloga y exploradora de National Geographic Paula Iturralde junto a la licenciada en ciencias biológicas y comunicadora ambiental Diana Troya. 

Es importante que nos re-conectemos con la ciencia, especialmente porque está más cerca de lo que creemos, está presente todos los días en cualquier actividad que hagamos o cualquier objeto que utilicemos. Entender por ejemplo, cómo mantenemos el equilibrio cuando nos subimos a una bicicleta, o por qué el agua hierve a diferente temperatura dependiendo de la elevación del lugar en el que estemos se explica con ciencia. Hay muchas cosas que damos por hecho y no nos detenemos a pensar en el proceso que explica cómo esas cosas ocurren, pero que conocerlas nos puede traer un sinfín de beneficios. Así, en un día de mucho calor, sabemos que podemos refrescarnos si nos cubrimos del sol. Una sombra generada por un árbol será más efectiva que la generada por un edificio o pared, pero, ¿te has detenido a pensar por qué? Se debe a que durante el proceso de fotosíntesis, las plantas captan la luz solar y la absorben, eso hace que el calor alrededor de la planta se disipe. Además, una parte del agua que sube desde la raíz, por el tronco hasta las hojas del árbol se libera como vapor de agua por transpiración. Ese proceso genera aire fresco (más denso que el caliente) que desciende. Eso explica porqué la sombra de un árbol es tan refrescante y demuestra además la importancia de reforestar ciudades, no solo con fines estéticos sino para controlar la temperatura ambiental. 

La ciencia está en todas las actividades que hacemos, como mantener el equilibrio en una bicicleta por ejemplo. © Patrick Hendry. 

Sin embargo, no me quiero centrar en un tema particular porque mi objetivo es hablar sobre lo que he podido aprender para definir la ruta o rutas que nos permitan llegar a un público masivo con información científica. Re-conectarnos con la ciencia es re-conectarnos con el mundo, sin embargo, la responsabilidad de comunicar, no puede recaer solo sobre la academia y no es justo asumir que solo desde ahí se tiene la obligación de informar con coherencia y eficiencia tanto científica como coloquialmente. Estamos hablando de habilidades que requieren de una permanente dedicación, de entrenamiento, de compromiso, de un aprendizaje constante que demanda mucho tiempo, y que además requiere de un trabajo colaborativo. Es mucho más provechoso crear puentes entre la academia, junto con comunicadores y educadores para combinar esfuerzos, crear herramientas y consolidar conceptos complicados en algo más digerible.

«Re-conectarnos con la ciencia es re-conectarnos con el mundo, sin embargo, la responsabilidad de comunicar, no puede recaer solo sobre la academia y no es justo asumir que solo desde ahí se tiene la obligación de informar con coherencia y eficiencia tanto científica como coloquialmente […] Es mucho más provechoso crear puentes entre la academia, junto con comunicadores y educadores para combinar esfuerzos, crear herramientas y consolidar conceptos complicados en algo más digerible»

Mientras escribo esto se me cruza un artículo publicado en endémico web que dice: “las colaboraciones han provocado nuevos conceptos y un conjunto de innovaciones en la ciencia, las artes y las humanidades y se extienden más allá de los límites disciplinarios, desdibujando los tipos de preguntas y métodos de investigación que dichas disciplinas inscriben tradicionalmente”. Lo he tomado como cita aquí porque nadie puede hacer todo solo. Lynn Margulis, una bióloga y gran comunicadora científica descubrió que nuestras mitocondrias son asociaciones (simbiosis) con bacterias, y así demostró que la cooperación entre especies es lo que nos ha permitido evolucionar desde los sistemas más simples hasta los más complejos. Estoy convencida que para incrementar el impacto de la comunicación científica, la colaboración es fundamental. Hace poco, en un taller de prácticas narrativas al que fui invitada gracias al apoyo de la National Geographic Society, aprendí una frase que ahora resuena conmigo permanentemente: “solo entre todos, sabemos todo”. Es así que un grupo interdisciplinario es el ideal para identificar y desarrollar las rutas diferentes que se adapten a objetivos y metas específicas.

 

Lynn Margulis, descubrió que nuestras mitocondrias son asociaciones (simbiosis) con bacterias. La cooperación entre especies es lo que nos ha permitido evolucionar desde los sistemas más simples hasta los más complejos. © National Cancer Institute. 

Si hacemos una búsqueda rápida en la web sobre los principales “consejos para comunicar ciencia” podemos encontrar varias constantes. Uno de los que más resalta es: “conoce a tu audiencia”. Suena fácil, pero ¿cuántos tipos de audiencias existen? Hay rangos etarios, hay niveles de educación, hay intereses diferentes, hay realidades diferentes, hay localidades, hay espacios geográficos, hay idiomas, hay valores, hay creencias, hay culturas. Cada uno de estos aspectos, y muchos otros, (que por espacio, y probablemente por desconocimiento no los nombro), van a definir a la audiencia. Una vez seleccionada, otro consejo que resuena es “conecta con datos curiosos”. Esta sin duda tiene que ir de la mano con la anterior porque entonces conocer a la audiencia implica primero indagar un poco más y contestar varias preguntas: ¿cuánto sabe nuestra audiencia sobre el tema?, ¿cuánto más necesitan/quieren conocer?,  ¿cómo sus valores y creencias se entrelazan con la información que queremos comunicar? Recomendaciones y sugerencias existen de sobra, pero solo la experiencia permite sortear los obstáculos, aprender, desaprender y volver a aprender. Cada “audiencia” es un mundo, cada “formato” de comunicación es un idioma distinto: una entrevista en televisión, un programa de radio, un podcast, un video, un foto reportaje, una historia narrada. Ningún método es mejor que otro, y el éxito depende de cómo logramos que la audiencia responda al mensaje.

Además, la comunicación científica ha sido mayoritariamente unidireccional, nos esforzamos para enviar un mensaje, pero nos olvidamos de verificar que este resuene en nuestra audiencia. Por eso confío más en un tipo de comunicación bidireccional, en el que el primer paso sea atrevernos a indagar más sobre lo que nuestra audiencia ya conoce y utilizar esos saberes como una fuerza extra para poder integrar nuestro mensaje con su experiencia de vida. Se podría considerar la posibilidad de hablar de ciencia de manera más natural y empezar por resaltar datos con los que nuestro público objetivo se identifica. Pienso por ejemplo que, al hablar de la crisis climática, se puede empezar con preguntas a la audiencia sobre los cambios que hayan detectado de un año a otro en las condiciones climáticas del lugar donde viven: más o menos sequías, más o menos temperatura, más o menos tormentas. Entender de primera mano cuáles han sido esos cambios, permite que quienes estamos comprometidos a transmitir información válida, trabajemos en la preparación de un mensaje que resuene con esas experiencias específicas. Luego ir para atrás a explicar científicamente por qué ocurren estos cambios, qué problemas pueden acarrear y qué podemos hacer para aportar desde nuestro lugar para mitigar el problema. 

«El conocimiento no es estático porque cada día aprendemos más. La información evoluciona y lograr hacer entender eso es posiblemente el reto más grande que tenemos como científicos para con nuestras audiencias»

Creo que lo más apasionante de comunicar, no es solo llegar a más gente con el mensaje que nos interesa sino todo lo que aprendemos en el transcurso. No olvidarnos de la importancia de recalcar siempre, que la ciencia evoluciona y que las respuestas que tenemos hoy con una misma base científica pueden variar toda vez que haya más información disponible. El conocimiento no es estático porque cada día aprendemos más. La información evoluciona y lograr hacer entender eso es posiblemente el reto más grande que tenemos como científicos para con nuestras audiencias.

Ese desafío es lo que me animó a narrar este artículo en base a mi experiencia en comunicación y no puedo dejar de mencionar el interés particular que tengo por los murciélagos. Un grupo de mamíferos de características extraordinarias, pero muy temidos no solo por falta de información sino por desinformación. Poco se conoce sobre el impacto positivo de su alimentación tan variada, pero es ampliamente divulgado el mito de que “todos se alimentan de sangre”. Poco se conoce de la capacidad de su sistema inmunológico para evitar enfermedades (incluido el desarrollo de células cancerígenas), pero se divulga la idea errada de que “todos son transmisores de virus mortales”. Pocos conocen sobre su sistema para orientarse a través del sonido (ecolocalización), pero la mayoría piensan equivocadamente que son ciegos y muy poca atención se ha prestado a su extraordinario comportamiento social. 

Estos son algunos ejemplos que representan una lucha constante que implica compartir información para enseñar, pero además para romper creencias arraigadas y equivocadas que acarrean consecuencias y ponen en riesgo la biodiversidad. Lo segundo puede ser mucho más difícil que lo primero y esa ha sido precisamente la catapulta que me ha embarcado en la misión de comunicar y de fortalecer los puentes para una comunicación efectiva que impulse la conservación de la biodiversidad no solo desde la academia sino por parte de todos, precisamente para romper la hegemonía de que solo un grupo puede tener “el poder” de lograr un cambio. Si “solo entre todos sabemos todo”, entonces solo entre todos podemos generar un cambio positivo e inculcar un comportamiento más responsable que impulse la conservación de la biodiversidad y el cuidado de nuestro planeta para re-conectarnos con el mundo natural que nos rodea y del cual dependemos.

TE INVITAMOS A PARTICIPAR DE EL TALLER NATURALEZA DIGITAL: “COMUNICACIÓN AMBIENTAL”

Dictado por Paula Iturralde y Diana Troya

2 sesiones: Martes 16 de noviembre y miércoles 17 de noviembre de 11.00 a 12.30 hrs. Horario Santiago de Chile

Modalidad: Online, vía Zoom.

Inscripciones en http://www.endemico.org/talleres/

Valor por persona: $5.000

Invitan: Endémico y Patagonia.

Consultas a editora@endemico.org

Acerca de las talleristas:

Paula Iturralde: bióloga (Ecuador), con maestría en ecología (Francia). Ha liderado investigaciones Socio-Ambientales y es candidata a PhD (Costa Rica). Es exploradora de National Geographic, tiene experiencia en comunicación científica y se especializa en la escritura de historias que inspiren a la responsabilidad ambiental y la conservación de la biodiversidad. 

Diana Troya: Licenciada en Ciencias Biológicas (Ecuador), especialización en Comunicación Ambiental (Canadá) y maestría en Antropología Visual y de Medios (Alemania). Se ha centrado en los márgenes de las ciencias naturales/sociales, el arte y los activismos. En su trabajo se involucra con la interseccionalidad, la decolonialidad y los estudios feministas críticos para abordar las luchas socio-ambientales, la conservación y la justicia climática.

 

Alianza Gato Andino: una mirada desde la Educación Ambiental

Mi nombre es María José, pero todos me conocen como Marijo. Trabajo como docente de Biología, y llevo en el alma la Educación Ambiental, tarea que he desarrollado principalmente como miembro de la Alianza Gato Andino (AGA), una red multinacional e interdisciplinaria que se encuentra conformada por miembros de los cuatro países, donde habita la […]

Mi nombre es María José, pero todos me conocen como Marijo. Trabajo como docente de Biología, y llevo en el alma la Educación Ambiental, tarea que he desarrollado principalmente como miembro de la Alianza Gato Andino (AGA), una red multinacional e interdisciplinaria que se encuentra conformada por miembros de los cuatro países, donde habita la especie: Argentina, Bolivia, Chile y Perú. Todas mis campañas educativas sobre el gato andino las hice en compañía de Mauro, mi marido, quien también es miembro de AGA. Por esta razón, cuando decidí escribir esta nota, lo primero que se me ocurrió fue preguntarnos ¿qué es lo primero que nos viene a la mente, cuando pensamos en esos viajes?

Una captura nocturna del gato de los pajonales (Leopardus colocolo), el que co-habita con el gato andino (Leopardus jacobita). © AGA.

Siento que el corazón late más fuerte pensando en el día que comencé a visitar los lugares donde vive el gato andino (Leopardus jacobita) y compartí mis primeras experiencias con las personas que viven en esos lugares tan hermosos e inhóspitos al mismo tiempo. Lo primero que recuerdo son esas miradas de los niños y niñas atentos y curiosos, con oídos «más grandes» por su gran deseo de aprender y escuchar sobre este animal. Y lo que nunca olvidaré son sus sonrisas simples y sinceras que nos llenaron el alma!

Mauro, por su parte, recuerda “todos esos kilómetros recorridos en vehículos precarios sobre caminos de tierra para llegar a pueblitos minúsculos, donde la escuela es el edificio más grande e importante, apenas visibles en la inmensidad de los paisajes de la Puna argentina”. Al igual que yo, destaca “la sorpresa en los ojos de los chicos y chicas al vernos llegar y al descubrir que íbamos a pasar unas horas con ellos. Siento como si fuera real en mi piel y mis ojos la fuerza de los rayos del sol que la atmósfera sutil de los 4000 metros de altura no logra filtrar eficazmente. Uno de los momentos que no puedo olvidar es cuando uno de esos jóvenes de ojos y pelo de un color negro tan oscuro como un pozo se me sentó al lado y después de un rato se animó a tocar mi pelo, para ver cómo se sentía un cabello más claro y tan raro!, lo que confirmó la necesidad vital de saber construir pacientemente puentes que permitan superar las aparentes distancias culturales que nos separan de las comunidades locales de las zonas alto andinas».

Marijo y Mauro realizan educación ambiental como miembros de la AGA, una red multinacional e interdisciplinaria que se encuentra conformada por miembros de los cuatro países, donde habita la especie: Argentina, Bolivia, Chile y Perú. © AGA

Hacer Educación para la conservación en estas escuelas rurales de tiene principalmente que ver con las ganas de compartir, de intercambiar experiencias vivenciadas y de libros. ¡Esta es la lección principal que nos llevamos! Nuestros materiales y estrategias educativas son importantes, por supuesto. Los estudiantes de esas escuelas y sus docentes estaban fascinados cuando recibían nuestros coloridos libritos contando la historia de Almita la Gata Andina. Los juegos como la red alimentaria, las obras de teatro y títeres, en las plazas o patios de las escuelas, nos permitieron llegar a esas mentes curiosas y despertar el interés acerca no sólo de los aspectos biológicos de nuestro gato andino, sino también de los sentimientos que afloran acerca de la naturaleza y de nuestras actitudes frente a ella. 

Sin embargo, de inmediato comprendimos que ir a entregar material educativo –por más atractivo que fuera- y dar una charla de una hora no tenía sentido, si realmente queríamos dejar una huella. Estamos convencidos que si algo quedó en las mentes y corazones de estos niñas y niños fue que los hicimos sonreír, los escuchamos, intercambiamos aromas y sabores de sus sencillos platos típicos, estuvimos durmiendo en las mismas cuchetas donde ellos pasan esas largas noches en las que la temperatura desciende todo el año por debajo de los cero grados. 

Los estudiantes y sus docentes recibiendo los coloridos libritos contando la historia de Almita la Gata Andina. © AGA

Por años, cuando podíamos recabar un tiempo en nuestras actividades laborales, fuimos a muchos de esos lugares remotos con el objetivo de ayudar a conservar a este gato amenazado de extinción y al resto de las especies que comparten con él los ecosistemas alto-andinos. Nuestra intención era contribuir a hacer del mundo un lugar mejor, queríamos “cambiar las cosas”. Sin embargo, fue el gato andino, los niños y las niñas que comparten su “hogar” con él que nos cambiaron a nosotros. Sentimos que fue mucho más lo que aprendimos que lo que enseñamos.

Para nosotros el gato andino, aunque no deja que lo observemos a menudo, es el alma de los Andes, de esos paisajes duros y grandiosos, de la biodiversidad que se encuentra únicamente ahí (rica en especies endémicas), pero sobre todo es el alma de esos pequeños pueblos y sus comunidades, personas que no saben de tiempo, que conocen los sonidos más puros y respiran la verdadera pureza de la vida. 

El gato andino tiene adaptaciones morfológicas especiales a estos ambientes únicos. Su cola larguísima y gruesa, por ejemplo, le permite mantener el equilibrio durante las locas persecuciones de los chinchillones (su presa principal) entre roquedales y paredes rocosas y le ayuda a recuperarse del frío de las noches. Su pelaje gris con estrías marrones lo mimetiza perfectamente en los hábitats casi sin vegetación en los que se mueve sigiloso. De forma parecida, las comunidades de las regiones puneñas han desarrollado tradiciones y formas de vida que les han permitido vivir y desarrollar una rica cultura a pesar de los desafíos de un medio ambiente caracterizado por mucha aridez, escasa productividad y condiciones casi extremas.

El gato andino tiene adaptaciones morfológicas especiales a estos ambientes únicos. Su cola larguísima y gruesa, lo que le permite mantener el equilibrio durante las locas persecuciones de los chinchillones. © AGA

Compartir con los alumnos y alumnas, los profesores y profesoras, el personal no docente esos días y esas noches nos enseñó a dejar de sentir a la Puna como un lugar hostil y lejano y a empezar a formar parte de él, como un gran entramado de relaciones únicas. Si pudimos llegar con vehículos precarios y entre caminos sin señales a esos lugares lejanos…. ¡esa era la señal! Algunos de estos jóvenes, inspirados por nuestras actividades, tomarán la decisión, una vez adultos, de buscar alternativas de desarrollo más compatibles con la conservación de la naturaleza, y así nuestros esfuerzos habrán sido recompensados.

Compartimos una gran diversidad de recursos (algunos disponibles en formato papel y otros audiovisuales), pero muchos otros aprendizajes sólo quedaron grabados en nuestras mentes y en nuestros corazones. Abrimos la puerta a las emociones en cada una de nuestras actividades porque cada niño o niña pudo expresarse desde la lectura, la pintura, las actividades lúdicas; compartimos el conocimiento científico sobre esta especie tan maravillosa y su entorno y aprendimos a involucrarnos con el equilibrio del entorno. Hasta un herbario nos fue regalado en una oportunidad con las plantas de uso medicinal y a las cuáles recurrimos cuando tuvimos dolor de cabeza, tos o resfrío y hasta náuseas.

Ahora, si tratamos de imaginar cuando será la próxima vez que volvamos a reencontrarnos, nos damos cuenta que, si bien cada visita es única, lo que sabemos es que siempre hay algo que estará: son esos oídos y ojos tranquilos y profundos, esas sonrisas tímidas y sinceras, y el deseo, mutuo, de compartir!

Marijo compartiendo y enseñando sobre el gato andino. © AGA

Encuentra todo el material didáctico y la información en www.gatoandino.org

Sobre los Autores:

María José Merino y Mauro Lucherini son investigadores y educadores ambientales y miembros de Alianza Gato Andino (AGA). Además conforman el Grupo de Ecología Comportamental de Mamíferos – INBIOSUR – CONICET y la Universidad Nacional del Sur, Argentina. 

Foto de portada: Gato andino. © Galería AGA.

Hace algunas semanas comenzamos con el nuevo ciclo de talleres Naturaleza Digital de Revista Endémico, con el propósito de hacer frente a la crisis climática global que hoy nos acongoja. En la búsqueda de generar una mayor conciencia y pensar futuros posibles, hoy queremos presentarles el segundo taller de esta tanda llamado: “El fanzine como […]

Hace algunas semanas comenzamos con el nuevo ciclo de talleres Naturaleza Digital de Revista Endémico, con el propósito de hacer frente a la crisis climática global que hoy nos acongoja. En la búsqueda de generar una mayor conciencia y pensar futuros posibles, hoy queremos presentarles el segundo taller de esta tanda llamado: “El fanzine como hábitat”. Sandra Marín, artista y diseñadora editorial, junto a Javiera Espinoza, quien se dedica a la educación ambiental, son las responsables de impartir este increíble taller que nos invita a descubrir nuestro entorno ecológico cercano mediante la creación de una autopublicación editorial.

Sandra Marín, artista y diseñadora editorial, junto a Javiera Espinoza, quien se dedica a la educación ambiental, son las responsables de impartir este increíble taller. 

Uno de los objetivos que tiene el nuevo ciclo de talleres Naturaleza Digital es producir artículos, objetos artísticos y documentos que nos permitan re-pensar las representaciones del cambio global cultural y científico. En este sentido, el taller “El fanzine como hábitat” busca abrir una compuerta desde el espacio editorial hacia el descubrimiento del entorno ecológico cercano. “Endémico busca promover y visibilizar los procesos de cambios en la sociedad y la naturaleza, estas iniciativas puntuales pueden plasmarse en una publicación para activar nuevos nodos de conciencia en el entorno y en el planeta”, sostienen Sandra Marín y Javiera Espinoza sobre esta primer versión del taller a realizar con Endémico. Su objetivo es poner en valor la educación ambiental para la conservación de nuestro entorno geo y biocultural.

Fanzines realizados por Sandra Marín de su proyecto Estudio Repisa. © Sandra Marín.

El taller, entonces, se propone como un espacio para conocer los fundamentos del fanzine como práctica editorial colaborativa. El “hábitat” de este fanzine, como cuentan las talleristas, puede contener cualquier lenguaje que haga foco en los organismos vivos como plantas, cerros, animales, mares, etc. El proceso es íntimo desde el escritor, el ilustrador o coleccionista y el editor, hasta el último eslabón de la cadena de armado del fanzine donde se asumen todas estas responsabilidades. Sandra y Javiera relatan que “el fanzine, como una metáfora de interacciones de lo individual a lo colectivo, es un proceso de la naturaleza en el espacio editorial”. Así, la invitación es  a “co-crear un hábitat nuevo para jugar con herramientas editoriales y narrativas”. 

El resultado de este taller será una autopublicación que se pueda reproducir e invite a gestar una comunidad editorial capaz de activar los territorios de los participantes. “Como el bosque, un tejido tan diverso y heterogéneo, la idea es articular las páginas de nuestra edición fanzine para publicar y compartir” afirman las talleristas. 

TALLER NATURALEZA DIGITAL: “El Fanzine como hábitat”

Dictado por Sandra Marín y Javiera Espinoza

2 sesiones: Jueves 14 de octubre y viernes 15 de octubre de 16:00 a 18:00 hrs horario Santiago de Chile

Modalidad: Online, vía Zoom.

Inscripciones en http://www.endemico.org/talleres/

Valor por persona: $5.000

Consultas a editora@endémico.org

Sobre las talleristas

Sandra Marín: Artista y Diseñadora editorial vinculada a la divulgación de nuevas prácticas docentes y educativas inscritas en el Arte Contemporáneo junto a comunidades locales. Es directora de la plataforma Estudio Repisa, desde la cual activa proyectos que reflexionan y fabrican material para la convergencia docente en conjunto con los estudiantes que habitan las aulas en sus formas, disciplinas o materias diversas.

Javiera Espinoza : Habitante y amante de la costa de Chile. Javiera es Administradora en Ecoturismo, con especialización en interpretación y educación ambiental para la conservación, su interés y experiencia se vincula a los ecosistemas marinos, comunidades costeras, y áreas silvestres protegidas, desde una perspectiva de género y la puesta en valor del patrimonio biocultural.

Imagen de Portada: © Sandra Marín.