Ella es artista visual y taxidermista. Él, fotógrafo y cineasta. Ella nació en Chile, en 1983 y él –también chileno– nació seis años antes, durante el exilio de sus papás, en Francia. Hoy ambos viven en París y juntos forman Ritual Inhabitual, un colectivo que indaga las relaciones entre comunidades y sus entornos. Para esto […]

Ella es artista visual y taxidermista. Él, fotógrafo y cineasta. Ella nació en Chile, en 1983 y él –también chileno– nació seis años antes, durante el exilio de sus papás, en Francia. Hoy ambos viven en París y juntos forman Ritual Inhabitual, un colectivo que indaga las relaciones entre comunidades y sus entornos. Para esto ocupan herramientas del arte pero también de la ciencia, la antropología y la intuición. Viajan, observan, investigan, interpretan y generan acciones. ¿Cómo mantienen el equilibrio? A los proyectos que realizan en conjunto –verdaderos levantamientos etnográficos de personas y sus entornos naturales– cada uno aporta con sus saberes particulares y, a la vez, se funden en un trabajo común. Así como los grupos sociales que investigan, ellos mismos conforman una comunidad virtuosa. En esta alianza creativa no existe Florencia sin Tito ni Tito sin Florencia.


Florencia Grisanti y Tito González García comenzaron su investigación en el pueblo serrano de Cherán, México. © Ritual Inhabitual.

Ambos son pausados, reflexivos y metódicos. Responden exclusivamente cuando tienen algo certero que decir y mientras escuchan las preguntas que les hago parecen desplegarse sobre sus cabezas mapas que sólo ellos pueden ver. Pero esto es solo por ahora. Bajo el nombre de Ritual Inhabitual y en su trabajo en conjunto, esos diagramas imaginarios se convertirán luego en registro y obra. Su mirada, intelecto y sensibilidad hoy día está abocada en responder preguntas para este reportaje, pero la mayor parte del tiempo está puesta a estudiar los cruces entre las locaciones, saberes, historias, identidades humanas y no humanas de las comunidades que salen a recolectar con el fin de descubrir algo propio. La idea es levantar creativamente ese descubrimiento y generar conciencia a través de una práctica interdisciplinaria que es, al mismo tiempo arte y ciencia, documento y presente.

Antes de colaborar con Florencia, Tito había explorado lo animal en su trabajo. “En general, me muevo bastante alrededor de la mitología”, dice. “Me interesa a nivel personal porque nací en un país que no era el de mis padres, lo que me hizo no pertenecer realmente ahí. Más tarde fui al país de mis papás, Chile, donde me encontré con un orgullo de pertenecer a esa tierra. Yo habito entre esas dos realidades, la de pertenecer y no pertenecer, la de no ser de aquí ni de allá. Pero entendí que, para mí, la mitología es un territorio general, donde me siento en casa. Es como una isla a la que cualquiera puede llegar y sentir que pertenece”. 

En la mitología, explica Tito, lo animal está profundamente ligado a la divinidad. “Para mí lo animal está en el origen que tenemos en común humanos y otros animales, lo que nos permite acceder a una suerte de principio”. Cuando comenzaron a trabajar con Florencia se dieron cuenta que en los rituales cada sociedad que les interesaba investigar se repetía un esquema: siempre hay un momento en que el chamán entra en el cuerpo de un animal. “Y ese es el origen común de todo”, dicen ambos. ¿Cómo lo vinculan a la taxidermia y a las artes visuales? A través de una mirada profunda de lo natural. El curador Sergio Valenzuela Escobedo, quien conoce de cerca el trabajo del colectivo dice que por un largo tiempo la historia de la colonización de América nos llevó a la negación de los cuerpos, las lenguas y las formas de representar la historia, el tiempo y el relato. “Es justamente desde la mitología, donde se encuentra lo relevante del trabajo de Tito y Florencia en relación a la inteligencia natural”.

El origen de Ritual Inhabitual 

Desde chica Florencia Grisanti sintió una atracción por la naturaleza, la muerte y el arte. Así que no fue raro que después de salir de la universidad se dedicara a aprender taxidermia en el Museo de Historia Natural de Chile y se hiciera especialista en preparar químicamente la piel de un animal y reemplazar el contenido orgánico de su cuerpo por un modelo sintético. El fin de este oficio es otorgarle una apariencia viva al animal muerto. Aunque esta suele ser una práctica científica, Florencia la vinculó a las artes visuales y a su propia experiencia de la mortalidad. “Haciendo esto, el límite entre humano y animal desaparece”, dice.

La comunidad p’urépecha tiene una relación arcaica con lo animal. “Históricamente el ser humano ha ocupado al animal como una realidad utilitaria para la supervivencia y aquí también, pero en esta comunidad los animales también están llenos de significado”, dicen Florencia y Tito. © Ritual Inhabitual.

Para ella, su oficio es la manifestación del deseo humano de preservar la memoria, y además una herramienta poderosa de conexión, con ella misma y con su entorno. De hecho fue su trabajo taxidérmico el que le dio origen al colectivo que hoy forma junto a al artista audiovisual Tito González García. Florencia se encontraba restaurando la colección de colibríes de la baronesa Ariane de Rothschild cuando comenzó a colaborar con él. “En un primer momento este vínculo se articuló como una relación creativa a propósito de piezas audiovisuales de taxidermia. Trabajos que en un inicio fueron más documentales y luego más experimentales”, recuerdan. Con el tiempo, ambos se empezaron a interesar en las disciplinas del otro. Ella se dio cuenta que había paralelos entre la taxidermia y la fotografía, “Como la fijación del rastro o aura de un cuerpo, algo también existe en la fotografía”, explica.

había paralelos entre la taxidermia y la fotografía, “Como la fijación del rastro o aura de un cuerpo, algo también existe en la fotografía”, explica Florencia. 

Tito coincide y dice que el vínculo de su trabajo visual con el oficio taxidérmico existe hace tiempo y ha ido evolucionando. “Antes de conocer a Florencia ya estaba vinculado a ese oficio, que me parecía más bien antiguo. Había documentado el trabajo de un taxidermista y había trabajado en obras de teatro con animales disecados”, recuerda. “Hacer el cuerpo de un animal es siempre una interpretación del taxidermista, pero Florencia además cree que el animal tiene algo que decir y que solo hay un buen resultado si existe un vínculo íntimo entre ese cuerpo muerto y el humano que lo trabaja. Eso me hizo mirar el oficio de la taxidermia de otra forma”, explica Tito. Y a propósito de esta relación, él se preguntó por la invocación animal en prácticas antiguas y rituales que involucran cierta liberación espiritual. “El animal o la parte de un animal pareciera tener la facultad de darnos un poder a los humanos”, dice.

El colectivo Ritual Inhabitual viene desarrollando una investigación desde hace tres años con el consejo de sabios de la comunidad p’urépecha, pero también con sus artistas locales, con quienes exploran distintas disciplinas de expresión artística en torno a la identidad. © Ritual Inhabitual.

Aseguran que su trabajo gira en torno a un mismo eje y reúne cultura, naturaleza y la relación de las comunidades con los animales y de lo humano con lo no-humano. “Estos temas nos dan el punto de partida, pero siempre terminamos desviándonos y abandonándonos”, explican. Florencia precisa que cuando está frente a un animal es como estar ante un paisaje en el que hay que sumergirse para descubrirlo y eso pasa también con el trabajo documental audiovisual: “ambos cambiamos nuestros ritmos vitales cuando entramos a nuestro trabajo colectivo ante algo infinito que se abre”. 

Hoy el trabajo que hacen como colectivo explora tanto lo creativo como lo etnográfico. Un primer ejercicio de investigación colaborativa fue en el proyecto Mapuñuke que comenzó el 2015 como un levantamiento fotográfico de la comunidad y de las plantas medicinales de la zona.. “Para entender y descubrir las relaciones que se daban entre las personas y su entorno, nos incluimos en la comunidad, fue un trabajo que realizamos profunda y vivencialmente por cinco años”. Así la taxidermia se convirtió en un ejercicio audiovisual y la fotografía fue una de las herramientas.

El curador Sergio Valenzuela Escobedo, quien conoce de cerca a Ritual Inhabitual dice que en vez del término “cultura animal” prefiera pensar en una “inteligencia natural” y explica que el trabajo de este colectivo lo aborda desde la mitología, trabajando con la identidad y la memoria. © Ritual Inhabitual.

“Muchas de las personas que gravitaban alrededor de la taxidermia eran científicos”, recuerda Tito. “Y con la mayoría teníamos formas distintas de entenderla, esto hasta que nos cruzamos con el antropólogo Serge Bauchet quien nos hizo darnos cuenta que la relación de los seres humanos con los animales no es exclusivamente científica”. A partir de ese diálogo Florencia y Tito comprendieron que la etnografía debe ser siempre local, por más ejes que cruzaran debían estar siempre acotadas a una comunidad particular y que así debían abordarla. Expusieron su obra sobre la comunidad mapuche en el Museo del Hombre, o el museo de antropología de París y uno de los muchos espectadores que tuvo esa muestra fue el biólogo mexicano Arturo Argueta de la UNAM que se les acercó y les habló de una investigación que él llevaba realizando desde hace más de 20 años en la comunidad p’urépecha de Cherán, en México.

Las avispas y la comunidad

Así se configuró la entrada al proyecto que están realizando desde hace tres años en Michoacán. El biólogo mexicano les habló a Florencia y Tito de una comunidad se organizó para impedir la destrucción de su bosque. “Su propio tejido social les permitió enfrentarse a esta amenaza”, les dijo. Y así fue: las mujeres del pueblo p’urépecha llevaban soportando años que los narcos talaran sus árboles nativos para plantar aguacate que justificaba las ganancias de la venta de cocaína, además de imponer violencia y alterarar la dinámica orgánica del pueblo. Durante años hubo extorsiones, secuestros y episodios sangrientos, el pueblo sucumbió a los narcos hasta que el 2011 un grupo de mujeres indígenas se puso de acuerdo, detuvieron un camión de narcos, los amarraron frente a la iglesia y se opusieron a ser sometidas como comunidad.

En Cherán viven las comunidades p’urépecha, que tienen una íntima relación con su bosque. Ahí, hace algunos años, se generó una resistencia comunitaria a la imposición de la violencia narco y los antropólogos creen que se debe a un ritual que sus habitantes realizan con avispas. © Ritual Inhabitual.

El 2019 Tito y Florencia llegaron al pueblo serrano de Cherán donde viven las comunidades p’urépecha y donde se había dado esta resistencia.“México tiene una gran diferencia con otros países del continente que pasa por el lenguaje, ahí la palabra indígena no es una ofensa. La magnitud de lo que crearon las comunidades precolombinas no puede dejar a nadie indiferente, fueron pueblos creadores, arquitectura y construcciones deslumbrantes y eso quedó, sigue quedando tanto en lo material como en la lengua. Hoy los dos mundos, tanto el colonizador como el colonizado, cohabitan”, explica Tito. Por lo tanto, asegura que no se puede hablar de etnografía en México del mismo modo que se aplica en otros países del continente. 

“Esta comunidad tiene una relación arcaica con lo animal, con todo lo bueno que eso significa. Históricamente el ser humano ha ocupado al animal como una realidad utilitaria para la supervivencia y aquí también, pero en esta comunidad los animales también están llenos de significado. Desde los toros, a los gallos, pasando por las avispas nos dimos cuenta de inmediato que no había ningún romanticismo posible. Es una relación ruda alejada del respeto absoluto por los animales, pero sin embargo hay algo que funciona”, explica Florencia. “Esta relación es brutal, es de vida y muerte constante, y tampoco está exenta de violencia pero que de alguna manera representa una fórmula que ha existido toda la historia de la humanidad”.Florencia dice que como documentalista y amante de los animales le costó mirar escenas de corridas de toros y peleas de gallos que se daban, pero le pareció interesante porque ponía en tensión otro tipo de relaciones. Apareció una fuerza comunal entre personas y animales que venía de una relación con el entorno natural muy antigua.

Desde el 2019, Florencia y Tito van todos los años a México y se quedan tres meses con la comunidad, viviendo tal y como ellos. “Eso tiene una dimensión etnográfica, pero arrendamos un taller e involucramos una comunidad de artistas y eso fue muy potente”. Para su proyecto anterior Mapuñuke, el colectivo había trabajado con el curador Sergio Valenzuela Escobedo, quien participó en la génesis de la idea y hoy es el editor del libro sobre esa investigación con la editorial Actes Sud que se publicará este año. Cuando le pregunto a Sergio por la relación que ve entre el trabajo del colectivo y la cultura animal, él es enfático: “la asociación entre cultura y animal no me parece algo sencillo de entender. Ya que desde mi punto de vista la ‘cultura’ es algo que vino a imponerse con brutalidad desde el ‘descubrimiento’ de América. Personalmente prefiero la idea de inteligencia natural, desde este punto de vista el trabajo del colectivo Ritual Inhabitual ofrece algunas pistas sobre cómo percibir esta inteligencia, trabajando con la identidad y la memoria, dos conceptos que siguen estando muy presentes hoy en día en las obras de artistas y fotógrafos de las Américas”.

La magnitud de lo que crearon las comunidades precolombinas no puede dejar a nadie indiferente, fueron pueblos creadores, arquitectura y construcciones deslumbrantes y eso quedó, sigue quedando tanto en lo material como en la lengua. © Ritual Inhabitual.

Así es como Florencia y Tito se han ido involucrando con las comunidades indígenas de Cherán. Con sus mujeres, sus artistas, su círculo de ancianos y especialmente, con sus jóvenes. Es que en la víspera de la fiesta del Corpus Christi y la fiesta de Cha’nantskwa, aquí se celebra un ritual o rito iniciático que involucra a las avispas que habitan en el bosque y a los jóvenes de la comunidad. Es así: antes de casarse, los muchachos se internan en el bosque escoltados por los mayores y una vez ahí deben aprender a sacar panales de avispas de los árboles, vaciarlos y luego hacerse un traje con ellos para bailar delante de la comunidad. Durante el baile, los jóvenes se los montan en las espaldas y los adornan con orquídeas salvajes y animales del bosque embalsamados. 

Al enterarse de esta ceremonia, Florencia y Tito se dieron cuenta que en este ritual el ser humano se transforma en “una base totémica donde aparecen todos los estratos de la vida que experimentan en ese entorno”. Para ellos, es el bosque el que baila durante un día entero. El vínculo de la comunidad y su historia con las avispas es central para Florencia y Tito porque se inscribe en los rituales más significativos de esta comunidad, celebra el paso del tiempo y la posibilidad de un niño de convertirse en un hombre adulto. . 

Ritual Inhabitual quiso vincular artísticamente esta ceremonia con la historia política del pueblo, ya que otras comunidades indígenas de la región también intentaron hacer un levantamiento ante los narcos pero los antropólogos les explicaron que la fiesta de las avispas fue central para defenderse. “Había una comunión ancestral entre las personas con su entorno que permitió una defensa efectiva ante una organización u amenaza externa”, cuentan. Así, la fiesta de las avispas no sólo se transformó, a los ojos de Florencia y Tito, en la ceremonia más antigua del lugar, sino que en la base de su identidad. Hoy ambos están trabajando en darle forma a este levantamiento que están haciendo de la relación entre el pueblo y sus animales. En su investigación hay un afán de observación, de entendimiento, pero también de recuperación. 

El curador Sergio Valenzuela Escobedo apunta a que cuando vemos que “nuestra civilización parece haber perdido algo fundamental en su relación cotidiana con el cielo estrellado, la temperatura de los ríos, el poder curativo de las plantas o las interacciones simbólicas con los animales, ellos ponen en manifiesto con sus relatos la destrucción material y espiritual de nuestras sociedades, y al mismo tiempo, una nueva configuración del imaginario”. En ese sentido, Sergio agrega que el trabajo del colectivo es principalmente un intento de producir pensamiento y mitología en consonancia con el tiempo actual. Y cita al antropólogo brasileño Viveiro de Castro: “una nueva reflexión cosmopolítica”. Ellos, por su lado, afirman que han ido aprendiendo a no tener una mirada colonizadora con las comunidades. “Nos hemos enfrentado a nuestra propia ignorancia con el fin de aprender, abandonamos nuestras ideas preconcebidas, hicimos un duelo y hemos tenido que estar abiertos a la colaboración. Lo que, a la larga, ha cambiado nuestra propia práctica”, afirman. Como colectivo no imponen una técnica de registro, sino que sus oficios se afectan con lo que encuentran en las comunidades. Así, lo que hacen ya no es una obra de Florencia ni de Tito. No es taxidermia ni fotografía. Es mucho más profundo y complejo que eso. Es algo intermedio, que han aprendido de la inteligencia animal: a fundirse.

Lo que hacen Florencia y Tito no es taxidermia ni fotografía. Es mucho más profundo y complejo que eso. Es algo intermedio, que han aprendido de la inteligencia animal: a fundirse.

Sobre el Autor

Ariel Florencia Richards estudió Diseño (PUCV) y Estética con mención en artes visuales (PUC). El 2010 obtuvo una Beca Bicentenario para realizar un Máster en Escritura Creativa en la Universidad de Nueva York (NYU). Bajo el nombre de Juan José, editó la antología El laberinto del topo (Cuarto Propio, 2009) que reúne la obra del poeta Alfonso Echeverría, el poemario Trasatlántico (Cuneta, 2015) y una primera versión de Las Olas Son Las Mismas, novela publicada el año 2016 por Los Libros de La Mujer Rota, que fue reeditada el 2021. Sus poemas, fanzines y cuadernos han sido parte de ferias de arte impreso de Santiago y Nueva York. Actualmente es alumna del Doctorado en Arte de la Universidad Católica donde investiga la representación del cuerpo.

Imagen de portada: © Ritual Inhabitual.

La (Des)aparición de una Laguna

Para Gianfranco Foschino, artista visual y videasta, el agua ha sido un elemento que lo ha acompañado a lo largo de toda su vida. No solo por un interés expresivo en relación a las formas, texturas, colores y discusiones políticas y sociales que se desprenden en todas las formas y transformaciones del agua, ante todo, […]

Para Gianfranco Foschino, artista visual y videasta, el agua ha sido un elemento que lo ha acompañado a lo largo de toda su vida. No solo por un interés expresivo en relación a las formas, texturas, colores y discusiones políticas y sociales que se desprenden en todas las formas y transformaciones del agua, ante todo, por la crisis climática que nos atañe actualmente.

Resulta que durante toda su infancia y adolescencia, Foschino practicó natación de forma competitiva. Primero en piscinas temperadas, también, en la laguna Aculeo, espacio recientemente vaciado producto de la mega sequía que vive la zona central de Chile. En esa mezcla entre disciplina y rigor atlético es que Foschino desarrolló una delicada sensibilidad hacia la presencia y ausencia de este elemento fundamental para la vida del planeta. Para a través de sus fotografías y videos mostrarnos cómo, sin embargo, descuidamos el agua con y sin darnos cuenta.

En ese contexto, el Centro de Estudios del Agua (CEA) – institución científico-poética que busca relevar a este elemento en torno a una discusión comunitaria e interdisciplinar – que Foschino conversó con Endémico web acerca de la serie fotográfica que aquí presenta junto a la artista María Jesús Valenzuela, donde ambos fueron testigos del inesperado y también esperanzador renacer del agua en laguna Aculeo producto de las lluvias.

Junto a la artista María Jesús Valenzuela, Gianfranco Foschino registró la inédita aparición de un espejo de agua en la laguna Aculeo. Fotografía de YAMAMOTO Tadasu. 
Cortesía de Aomori Contemporary Art Centre (ACAC), Aomori Public University. Japón.

¿Cómo nace el vínculo entre el elemento agua y tu producción artística?

Toda mi infancia y adolescencia estuve metido en una piscina, por eso siempre me ha sido muy atractivo lo que genera el agua, en todo término. Al principio, estar en el agua era algo lúdico, un juego, porque me relacionaba con otros niños, pero luego se tornó algo donde la competencia y el desarrollo de habilidades que te hagan un atleta rápido era lo más importante. Se sabe que el mejor nadador es el que nada más horas, el que -ojalá- pudiera dormir en la piscina, porque el agua va esculpiendo tu cuerpo. Ese proceso se volvió aburrido y mi mente comenzó a huir de ese espacio. Cuando nadas 6 mil metros diarios la acción se vuelve monótona, tu cuerpo y tu mente se disocian, el cuerpo está en un ejercicio pero la cabeza en otro lugar, porque hay una especie de automatización en la acción. Fue en ese espacio que comencé a mirar, a pensar situaciones, a fijarme, por ejemplo, en cómo la luz de la mañana refractaba en el fondo de la piscina. Era un espectáculo de interiores. Creo que ahí fue cuando apareció mi interés por la contemplación, la necesidad de estar en silencio, la introspección. Porque bajo el agua estás en otro mundo, un universo interno. No hay posibilidad de interacción. Eso me permitía seguir ahí, mientras nadaba de un lado para otro, daba una vuelta tras otra.

Por eso quisimos compartir estas fotografías, porque representan la esperanza de que vuelva la laguna. Un paisaje que no ha muerto definitivamente.

Fotos de María Jesús Valenzuela

¿Cuáles son tus primeros recuerdos del contacto con la laguna Aculeo?

De niño no veía la laguna de forma obsesiva y constante como lo hago ahora. Entonces, ante todo, recuerdo los sonidos, la balsa que sube y baja y generaba un chirrido, las olas del viento de la tarde, las luces proyectándose desde la superficie, esa luz chispeante del atardecer… porque algo interesante que tiene la laguna es que no es plana. Es decir, está rodeada de montañas, es un lugar muy majestuoso. Y tiene ciclos naturales. En las mañanas la laguna era un espejo que permitía a ciertos deportistas hacer actividades como remo y esquí acuático mientras que en la tarde aparecía el viento y la laguna se pica, entonces salían los deportes de vela y los torneos. El agua y sus cambios en el día me dieron una noción mucho más clara de cómo era el entorno.

Extracto de video «Papá & Mamá», realizado por el artista en la laguna Aculeo el año 2002. Crédito: Gianfranco Foschino

La desaparición de una memoria

Como era campeón nacional de natación, los padres de Gianfranco Foschino se preocuparon de que tuviera un lugar donde practicar el nado junto a su hermano cuando no disponían de la piscina en los veranos. Desde entonces y hasta ahora, Aculeo se transformó en ese espacio de contacto con la naturaleza, con el agua y el deporte. Quizás por eso, para Foschino la desaparición del agua en la laguna Aculeo implicó algo más que el signo evidente de la mega sequía en la zona central de Chile.

De adolescente grababa videos que manifestaban ese interés por el hábitat acuático, y ante todo, las pistas sensoriales que se desprendían de la interacción entre viento, agua y luz. Cuando la laguna se secó por completo en el verano de 2019, Foschino constató que no solo se había esfumado el el agua. Las plantas, las aves, los insectos, los sonidos de los animales que circundaban ese territorio se volvió ausente. Muerte y vacío surgía tanto en el espejo desierto de la laguna como en todo su entorno natural. “Todo era amarillo y seco. No había verde”, recuerda Foschino cuando llegó a Aculeo en abril de este año junto a la artista plástica María Jesús Valenzuela para hacer el registro más reciente.

Las inesperadas lluvias que cayeron en la Región Metropolitana entre los meses de marzo y julio, le dieron un respiro a la crisis de desertificación que había sufrido Aculeo. Gianfranco Foschino y Maria Jesús Valenzuela se habían ido a instalar para documentar la transformación del paisaje en el entorno. Tras las lluvias, constataron con fotografías y videos el renacer. Un ojo de agua se mantenía en el centro, lo que sugería de que, tal vez, las napas subterráneas no se habían secado del todo. Patos, insectos, el verde volvía a aparecer. La vida retornaba a un lugar que se pensaba muerto.

Foto de Gianfranco Foschino

Foto de María Jesús Valenzuela

Foto de Gianfranco Foschino

¿Qué pudiste constatar en estos meses de estadía en Aculeo?

Algo muy fascinante pasó en este período de lluvias y fue que aparecieron los patos aves, las ranas, los sonidos. Cuando llegamos en abril era un lugar sin sonoridad. La única sonoridad era la relativa al viento o las vacas, los caballos, las mulas, que son los habitantes más contemporáneos. Observar ese proceso de cambio en donde ese pequeño espejo de agua empiece a modularse y mutan los colores en relación al espectro que existe en el cielo, fue fascinante. Por eso quisimos compartir estas fotografías, porque representan la esperanza de que vuelva la laguna. Un paisaje que no ha muerto definitivamente.

Como artista que se ha ocupado de documentar el valor y la crisis del agua en nuestro territorio, ¿cómo piensas que se debiese pensar la laguna Aculeo hoy y para el futuro? 

Aculeo es muy importante porque está en la Región Metropolitana. Su gran particularidad y valor es su cercanía con la ciudad. No es ajena, no es una otredad. En ese contexto, me encantaría que se transformara en un santuario natural que promueva la biodiversidad. Cuando la laguna desaparece se rompen las actividades en torno a ella, tanto humanas como no humanas. Pero esas actividades parecen no importarle a nuestro país. Pienso que los grandes problemas que tenemos en Chile en términos políticos son las industrias extractivas. La minería, la pesca, la agricultura, la salmonicultura, todas operaciones enormes, cortoplacistas y muy poco reguladas. Su lógica es la misma que la de los conquistadores que llegaron al “nuevo mundo”, de extraer los recursos naturales y explotarlos en el exterior lo mas rápido antes que se acaben. Eso requiere de una operación sin comunidades que intervengan y que pasen lo más desapercibidas posible. El problema es que no existen máquinas que reconstruyan los glaciares ni los ecosistemas. Y pienso que toda la tecnología debiera estar vertida hacia eso.

El nuevo ojo de agua que apareció en Aculeo es la primera reacción de una nueva vida. Ahí hay una gestación muy importante de ver, registrar y reconocer, de cómo se va a reconstruir ese ciclo de la naturaleza.

Por el contrario, las actividades no industriales ni lucrativas, es decir, la cultura asociada al agua, el deporte, el arte y la ciencia parecen interesar poco. Porque querámoslo o no, ese es el código que ocupamos en el mundo que vivimos hoy. De buena o mala forma, todo lo mueve el dinero. En ese contexto, tengo la esperanza de que nuestras fascinaciones y formas de habitar los espacios se tornen igualmente industriales. Actividades como el ecoturismo – que pone en valor la educación ambiental y el cuidado del territorio-, la agricultura sustentable, el reciclaje, las actividades comunitarias; si logramos que se expandan y se valoren hasta hacerse tan masivas como la industria, habremos tenido éxito.

Foto de María Jesús Valenzuela

Foto de María Jesús Valenzuela

Foto de Gianfranco Foschino

Pienso que no debemos perder la capacidad de asombro con la naturaleza, que es la misma operación que genera el arte y la ciencia. La misma sensación que me provocó la primera vez que entré de niño a nadar a una piscina o a la laguna, antes que la natación se tornara algo competitivo y mecánico. El nuevo ojo de agua que apareció en Aculeo es la primera reacción de una nueva vida. Ahí hay una gestacion muy importante de ver, registrar y reconocer, de cómo se va a reconstruir ese ciclo de la naturaleza, de cómo aflora esa napa subterránea. Transformarla en un santuario natural que promueva la biodiversidad tiene que ver con proteger los valores asociados. Darle posibilidad a los cursos de agua que retomen el camino natural, porque eso es lo que necesita la naturaleza: volver a su estado natural.

Imagen de portada: El cordón montañoso de los Altos de Cantillana secundando la laguna Aculeo, después de la lluvia. Fotografía de Gianfranco Foschino.

 

 

 

“Naturaleza Digital” es nuestra primera serie de talleres virtuales. Enfocados en acercar a las personas a temáticas ambientales desde las disciplinas artísticas y el pensamiento crítico,  la invitación es para quienes quieren acercarse –de manera introductoria– al pensamiento libre, cartel ambiental y fotografía de la naturaleza. La primera sesión será dictada por Julieta Arancio y […]

“Naturaleza Digital” es nuestra primera serie de talleres virtuales. Enfocados en acercar a las personas a temáticas ambientales desde las disciplinas artísticas y el pensamiento crítico,  la invitación es para quienes quieren acercarse –de manera introductoria– al pensamiento libre, cartel ambiental y fotografía de la naturaleza.

La primera sesión será dictada por Julieta Arancio y Paula Espinoza, quienes nos acercarán al mundo del open source y al concepto de la democratización de la información. En un mundo donde el conocimiento es financiado por los impuestos de todos los ciudadanos, ¿por qué no tenemos acceso al conocimiento científico? ¿Cuál es el problema con las patentes?

La segunda sesión será dictada por el diseñador Cristian Toro y la editora Nicole Ellena, quienes nos introducirán al mundo del cartel ambiental, presentando un recorrido histórico del impacto que ha tenido este medio en la política y cultura ambiental. Se expondrán 20 afiches donde los presentadores harán un análisis estético y cultural de cada uno.

La tercera sesión será impartida por Bastian Gygli, educador ambiental y fotógrafo especializado en naturaleza, quien introducirá algunas técnicas básicas para fotografiar tanto el paisaje como la flora y fauna. También nos introducirá algunas buenas prácticas para fotografiar la naturaleza sin generar un impacto en el entorno.

Los talleres se dictarán de manera gratuita vía Crowdcast, cupos limitados.

¡No te lo pierdas!

Inscríbete al taller de fotografía de la naturaleza aquí

Durante agosto, y dentro del marco del mes de la fotografía, el colectivo Migrar Photo realizará una gira por Concepción, Valdivia, Puerto Varas y Puerto Montt realizando una serie de talleres y charlas enfocadas en el desarrollo de habilidades relacionadas a la fotografía documental y la autogestión cultural colectiva. Todas las actividades están orientadas para personas […]

Durante agosto, y dentro del marco del mes de la fotografía, el colectivo Migrar Photo realizará una gira por Concepción, Valdivia, Puerto Varas y Puerto Montt realizando una serie de talleres y charlas enfocadas en el desarrollo de habilidades relacionadas a la fotografía documental y la autogestión cultural colectiva.

Todas las actividades están orientadas para personas con distintos niveles fotográficos, pueden participar desde aficionados a profesionales. La cámara tampoco es un es un aspecto importante. Se puede utilizar cualquier formato de fotografía digital, desde la cámara del teléfono móvil a una profesional.

La información con el detalle para postular a cada una de los talleres se puede encontrar en medium.com/@migrarphoto siendo todos completamente gratuitos.

El resultado del taller será proyectado en la torre de la Casa de los Diez, monumento histórico nacional de Santiago, el día 30 de agosto a las 19:30 horas, en un evento organizado para celebrar el mes de la fotografía.

Revisa y descarga las bases por ciudad:

Concepción | 2 y 3 agosto http://bit.do/territoriosnomades-biobio

Valdivia | 6 y 8 agosto http://bit.do/territoriosnomades-losrios

Puerto Varas | Detalles por confirmar

Puerto Montt | 17, 18 y 19 agosto http://bit.do/territoriosnomades-enfoto (página 4)

Nuestro colaborador invitado de hoy es el reconocido fotógrafo Jaime Rojo, quien expone su visión sobre la relevancia de las áreas protegidas en México y el mundo. A través de una serie de videos educativos, Jaime presenta la importancia de estos espacios para humanos y otras especies. Las áreas naturales protegidas (ANP) son porciones terrestres […]

Nuestro colaborador invitado de hoy es el reconocido fotógrafo Jaime Rojo, quien expone su visión sobre la relevancia de las áreas protegidas en México y el mundo. A través de una serie de videos educativos, Jaime presenta la importancia de estos espacios para humanos y otras especies.

Las áreas naturales protegidas (ANP) son porciones terrestres o acuáticas, representativas de los diversos ecosistemas presentes en el planeta y donde el ambiente original no se ha alterado profundamente. Por otra parte, los servicios ecosistémicos o ambientales, son los beneficios que los diversos ecosistemas brindan a las personas, vitales para el desarrollo humano y la actividad económica.

Las áreas protegidas suelen beneficiarnos a través de los diversos servicios ambientales que sus ecosistemas ofrecen. Estos incluyen la provisión de alimentos, el abastecimiento de agua, la regulación climática, la polinización, la protección contra tormentas, así como espacios para la recreación, entre muchas otras funciones. No obstante, el valor de estos servicios es poco visible y sus beneficios suelen ser erróneamente considerados como inagotables; en consecuencia no se valoran, por ser “invisibles” dentro del sistema económico. La falta de información sobre los beneficios económicos y sociales que generan las áreas naturales protegidas ha impedido que sean valoradas como un elemento esencial en los planes de desarrollo local, regional e internacional.

Cabo Pulmo – EcoValorMX from Jaime Rojo on Vimeo.

En este contexto, en México se implementó desde hace casi dos años el proyecto EcoValorMX, coordinado por la Comisión Nacional para las Áreas Protegidas de México (CONANP) y la Agencia de Cooperación para el Desarrollo Alemana (GIZ). Este trabajo nace de la estrecha cooperación entre México y Alemania para cumplir con los compromisos internacionales orientados a la preservación de la biodiversidad y la mitigación del cambio climático.

EcoValorMX está compuesto por un equipo dedicado a la valoración y divulgación de los servicios ecosistémicos generados por las áreas naturales protegida mexicanas, para así garantizar la conservación del patrimonio biológico del país. Actualmente, la iniciativa está realizando una evaluación económica de los servicios ambientales en tres ANP de México: Cabo Pulmo, en Baja California Sur; Cozumel, en Quintana Roo e Izta Popo en el Estado de México.

Esta evaluación, más que intentar ponerle “un precio a la naturaleza”, se enfoca en visibilizar en términos económicos el valor que tienen los servicios de los ecosistemas para la sociedad, a fin de que esta información permita elaborar políticas ambientales efectivas e incremente los presupuestos de manejo de las áreas protegidas. Para ello, también se ha generado material audiovisual capaz de comunicar el valor de estas áreas al público general.

En el siguiente enlace pueden encontrar algunas de las imágenes que realicé para ilustrar la historia de este proyecto. Los pies de fotos incluyen información económica sobre los resultados. Además, contamos con resúmenes de una página que explican en detalle los resultados para cada área. Para proteger, es necesario conocer, y nada mejor que la fotografía para valorar los paisajes y ecosistemas de México y el mundo.

Cozumel – EcoValorMX from Jaime Rojo on Vimeo.

Artista visual nacida en 1948 en Buenos Aires, Argentina, cursó parte de sus estudios en artes en Zúrich, Suiza. El principal interés de Marín ha sido rescatar la labor del artista como testigo. A través de medios digitales como la fotografía y el video, retrata vestigios del mundo que habitamos desde el paisaje en su […]

Artista visual nacida en 1948 en Buenos Aires, Argentina, cursó parte de sus estudios en artes en Zúrich, Suiza. El principal interés de Marín ha sido rescatar la labor del artista como testigo. A través de medios digitales como la fotografía y el video, retrata vestigios del mundo que habitamos desde el paisaje en su estado natural o su alteración artificial.

Matilde comenzó a registrar paisajes en sus propios viajes, como una huella de su paso por un lugar, cuestionando si ese lugar será el mismo cuando ella vuelva o si será el mismo desde la experiencia del espectador que contempla los registros.

En la exposición titulada “Paisaje Indeterminado”, que ha sido expuesta en diversas galerías, incluyendo Patricia Ready en Santiago en julio de 2016, expone una serie de paisajes, donde la artista busca plasmar la idea de viajar sin mapas, entregándole al espectador un rol protagónico en la reflexión sobre la imagen, despertando a través de evocativas fotografías, un viaje por una geografía épica, oculta en nuestros imaginarios.

Paisaje Indeterminado III ©Matilde Marín

Éstos collages, comienzan desde fotografías análogas que tomó en un viaje que realizó por Halong Bay en Vietnam, plasmando en ellas rocas imperiosas que sobresalen desde el mar, luego  las intervino digitalmente con fotografías registradas en la Patagonia, creando así un nuevo paisaje que finaliza con la mirada y experiencia del espectador.

Hacia la nube, serie Itinerarios ©Matilde Marín

Parte de su discurso es reflejar la delicadeza de la belleza natural y como puede ser rápidamente intervenida por el ser humano que determina dicho paisaje y a su vez al ser alterado, condiciona su preservación. Para la artista el recurso fotográfico se convierte en su aliado ya que presentan el tema en cuestión de manera clara y a la vez sugerente en la fusión de imágenes que permiten revelar como el paisaje está sufriendo constantes cambios, como se puede ver en la serie “Itinerarios” de la misma exposición. Un ejemplo es una de sus la fotografías “Hacia la nube”, donde registra una densa nube de humo negro en que se demuestra un paisaje puro, pero contaminado por una gran nube negra, de alguna forma, se concientiza al espectador que puede reconocer y familiarizarse con un paisaje tanto desde lo natural como el efecto que en él se está causando.

Paisaje Indeterminado II ©Matilde Marín

Los viajes de Matilde a lugares remotos han enriquecido su reflexión sobre la humanidad y la persistencia de paisajes inalterados por las acciones humanas. La artista se ha referido a estos paisajes como «templos de la naturaleza», insertos en la lejanía de lugares que son altamente concurridos por turista como la Patagonia o Vietnam. Desde esta misma idea, surge la necesidad de que este lugar turístico pueda convertirse en un lugar menos reconocible, con otro cielo, otro suelo, con la finalidad de recrear un paisaje que fuera finalizado por el espectador y comprendiera que esos paisajes son aún tesoros por preservar en los diferentes rincones del mundo.

Proyecto Pharus ©Matilde Marín
Breathe-Respirar, es la segunda exposición de la artista Denise Lira-Ratinoff en Galería Patricia Ready. Dedicó seis años en conformar su última obra motivada por conocer y vivienciar en carne propia los ciclos de la vida. Lira ha recorrido el mundo a través de arriesgadas expediciones que la han llevado a cruzar glaciares, navegar por océanos, […]

Breathe-Respirar, es la segunda exposición de la artista Denise Lira-Ratinoff en Galería Patricia Ready. Dedicó seis años en conformar su última obra motivada por conocer y vivienciar en carne propia los ciclos de la vida. Lira ha recorrido el mundo a través de arriesgadas expediciones que la han llevado a cruzar glaciares, navegar por océanos, hacer cumbre en varias montañas y volcanes para documentar a través de su lente y capturar el tiempo: “Existe una línea muy fina entre la vida y la muerte; el tiempo es el misterio de lo que sucederá próximamente” señala la artista. “A través de retratos de naturaleza es mi deseo invitar al espectador a ese lugar con el cual no está familiarizado, guiarlo desde una imagen a la próxima, para finalmente lograr una visión complementaria, lo que permite un encuentro con esa percepción procedente de nuestra memoria ancestral”. Relata Lira, invitándonos a través de su obra a experimentar lo que no está a nuestra vista a primera instancia.

 

La icónica muestra fotográfica World Press Photo hoy está presente en Santiago, Chile.  Esta muestra es visitada anualmente por más de 4 millones de personas alrededor del mundo, donde cada año se seleccionan y se premian a los mejores imágenes de periodismo fotográfico. El año 1955 nació en Amsterdam una organización independiente llamada World Press […]

La icónica muestra fotográfica World Press Photo hoy está presente en Santiago, Chile.  Esta muestra es visitada anualmente por más de 4 millones de personas alrededor del mundo, donde cada año se seleccionan y se premian a los mejores imágenes de periodismo fotográfico.

El año 1955 nació en Amsterdam una organización independiente llamada World Press Photo, con el fin de premiar las mejores fotografías de prensa alrededor del mundo. En aquellos tiempos, sin la existencia de cámaras digitales, redes sociales ni tecnologías asociadas, la fotografía análoga era la estrella, y las imágenes tomadas respondían a los tiempos que se vivían, describiendo realidades impactantes y sorprendentes.

Sesenta años después, el objetivo de este concurso no dista mucho de sus inicios, y aunque hoy la tecnología acompaña mucho más a los fotógrafos de prensa, las imágenes que se exponen son igual de asombrosas. Lo importante es la sensación que provocan y la masividad con que se pueden mirar y admirar, ya que acerca realidades  que muchas veces se encuentran muy lejanas para el expectador.

Cada edición del World Press Photo cuenta con distintas categorías: noticias de actualidad, temas de actualidad, personajes de actualidad, deportes y fotografías de acción, reportajes de deportes, temas contemporáneos, vida cotidiana, retratos, arte y entretenimiento y naturaleza.

«Gato Grande en mi Patio», por Nayan Khanolkar

La Naturaleza como categoría 

El World Press Photo, al ser un concurso que mezcla el periodismo y la fotografía, muestra realidades impactantes y, muchas veces, chocantes. Por lo mismo, era de perogrullo que la Naturaleza fuera una de sus categorías más importantes. Porque -además de conflictos bélicos, situaciones políticas de distintos países y/o desarrollo deportivo olímpico de algunas naciones, entre otras temáticas- la naturaleza y sus dificultades para seguir su ritmo natural es fundamental a la hora de relatar la contingencia mundial.

Es así como en esta versión 2017, se plantean varias historias en torno a la diversidad y fragilidad de la naturaleza. Por ejemplo, la extracción de cuernos de rinocerontes; la realidad de miles de tortugas al enredarse en redes de pesca humanas; la forma en que los Osos Panda tienen aparearse bajo la atenta mirada de sus cuidadores, etc.

«Monarcas en la Nieve», por Jaime Rojo.

WORLD PRESS PHOTO 2017 en ESPACIO FUNDACIÓN TELEFÓNICA

Son 143 las imágenes que están en exposición en las diversas categorías de World Press Photo. Por octavo año consecutivo, el Espacio Fundación Telefónica se hace presente con esta exposición sin costo alguno, hasta el 27 de agosto.

Esta versión, trae como ganadora de World Press Photo of the Year a la fotografía de Burhan Ozbilici– quien también ganó el primer premio en la categoría de Spots News Stories- reconocimiento que se entrega al fotógrafo cuya creatividad visual y habilidades lograron una imagen que captura o representa un evento o tema de gran importancia periodística en el último año.

“La fundación World Press Photo es un actor importante en el desarrollo y promoción del fotoperiodismo, que otorga algunos de los premios más prestigiosos del rubro, que culmina con una exposición vista por más de cuatro millones de personas cada año en todo el mundo. A través de debates globales y extensos programas de investigación y capacitación, buscan inspirar, educar, apoyar a los fotoperiodistas, entregando nuevos conocimientos y generando nuevas perspectivas”, explica Michelangelo Rosso, de Fundación Telefónica, quien invita a toda la ciudadanía a visitar la exposición.

«Guerras Rhinoceronte», por Brent Stirton
La Corporación Cultural de las Condes estará exhibiendo  “Otras Américas”, uno de los proyectos del reconocido fotógrafo brasileño  hasta el 11 de diciembre. La fotografía es más que un arte, dentro de sus fines está el mostrar una realidad, el hacer una denuncia, para así causar algo en el espectador. La obra de Sebastiao Salgado […]

La Corporación Cultural de las Condes estará exhibiendo  “Otras Américas”, uno de los proyectos del reconocido fotógrafo brasileño  hasta el 11 de diciembre.

La fotografía es más que un arte, dentro de sus fines está el mostrar una realidad, el hacer una denuncia, para así causar algo en el espectador. La obra de Sebastiao Salgado te emociona. Te permite reflexionar y meterte en el mundo que presentan sus fotografías, y así captar el alma de quienes retrata.

“Otras Américas”

Entre el 12 de octubre y el 11 de diciembre se presentará en el Centro Cultural Las Condes la serie “Otras Américas”, obra que Salgado realizó entre 1977 y 1984 en América Latina, después de haber vivido varios años en Europa y África. La exposición consta de 65 fotografías, en un formato especialmente diseñado para Chile, donde se plasma la visión Salgado, luego de vivir entre las culturas campesinas e indígenas de nuestro continente. Las fotografías están todas en blanco y negro, estilo que marca el trabajo de Sebastiao Salgado y permite centrar la mirada del espectador.

“Soñaba con este continente encantado, con toda la fantasía heredada de una tierra de historias increíbles, y dejaba vagar mi imaginación a través de las inmensas montañas verdes y rojizas, de tonos extremadamente vivos, que forman los muros del altiplano (…) Soñaba con Sierra Madre y todas sus brumas, sus setas y peyotes mágicos, sus muertos tan vivos en la imaginación de todos, porque allí es realmente difícil saber si formamos parte de este mundo o del otro, donde la muerte es hermana inseparable de lo cotidiano”, explica Sebastiao Salgado.

Sebastiao Salgado es más que un fotógrafo, es un activista pacifico, que intenta a través de la fotografía, cambiar el rumbo de lo establecido, busca generar un cambio y de cierta forma ayudar a que los seres humanos vivamos mejor.

“Otras Américas” se transforma en el primer libro de Salgado, quién contó con la ayuda en el diseño y publicación de su esposa, Lélia Wanick. La obra tuvo bastante éxito, llegando a publicarse en cuatro idiomas, posicionando al fotógrafo como uno de los más admirados de todos los tiempos.

El trabajo de Sebastián Salgado pertenece a la rama de la fotografía socio-documental, y su obra busca plasmar la historia de personas y pueblos en estados más vulnerables o en situación de pobreza. Ha recibido diversos reconocimientos internacionales, entre ellos el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1998, y por su labor social fue en 2001 nominado representante especial de UNICEF.

La muestra se complementa con la exhibición del documental “La Sal de la Tierra”, que narra gran parte de la historia del fotógrafo, además de charlas que se realizarán en el centro cultural y la venta de la nueva edición del libro con las fotografías de “Otras Américas”.

Información práctica:

Fechas: 12  de octubre al 11 de diciembre de 2016.

Lugar: Salas de Exposición Centro Cultural Las Condes , Apoquindo 6570.

Horario: Martes a Domingo, de 10:30 a 19:00 horas.

Entrada: Liberada.

Más información en www.culturalascondes.cl

ecuadoroa-ecuador-1982

La exposición fotográfica «Patagonia Tierra y Mar, de gauchos y ballenas» habla de las dos caras de la Patagonia chilena, pasando por las pampas y su inexplorada costa. Son fotos que buscan rescatar el patrimonio humano y natural del Sur de nuestro país, tantas veces pasado por alto.

La exposición fotográfica «Patagonia Tierra y Mar, de gauchos y ballenas» habla de las dos caras de la Patagonia chilena, pasando por las pampas y su inexplorada costa. Son fotos que buscan rescatar el patrimonio humano y natural del Sur de nuestro país, tantas veces pasado por alto.