Ritual Inhabitual: Una Inteligencia Natural, Taxidermia De Lo Vivo

Por Ariel Florencia Richards

Ella es artista visual y taxidermista. Él, fotógrafo y cineasta. Ella nació en Chile, en 1983 y él –también chileno– nació seis años antes, durante el exilio de sus papás, en Francia. Hoy ambos viven en París y juntos forman Ritual Inhabitual, un colectivo que indaga las relaciones entre comunidades y sus entornos. Para esto ocupan herramientas del arte pero también de la ciencia, la antropología y la intuición. Viajan, observan, investigan, interpretan y generan acciones. ¿Cómo mantienen el equilibrio? A los proyectos que realizan en conjunto –verdaderos levantamientos etnográficos de personas y sus entornos naturales– cada uno aporta con sus saberes particulares y, a la vez, se funden en un trabajo común. Así como los grupos sociales que investigan, ellos mismos conforman una comunidad virtuosa. En esta alianza creativa no existe Florencia sin Tito ni Tito sin Florencia.


Florencia Grisanti y Tito González García comenzaron su investigación en el pueblo serrano de Cherán, México. © Ritual Inhabitual.

Ambos son pausados, reflexivos y metódicos. Responden exclusivamente cuando tienen algo certero que decir y mientras escuchan las preguntas que les hago parecen desplegarse sobre sus cabezas mapas que sólo ellos pueden ver. Pero esto es solo por ahora. Bajo el nombre de Ritual Inhabitual y en su trabajo en conjunto, esos diagramas imaginarios se convertirán luego en registro y obra. Su mirada, intelecto y sensibilidad hoy día está abocada en responder preguntas para este reportaje, pero la mayor parte del tiempo está puesta a estudiar los cruces entre las locaciones, saberes, historias, identidades humanas y no humanas de las comunidades que salen a recolectar con el fin de descubrir algo propio. La idea es levantar creativamente ese descubrimiento y generar conciencia a través de una práctica interdisciplinaria que es, al mismo tiempo arte y ciencia, documento y presente.

Antes de colaborar con Florencia, Tito había explorado lo animal en su trabajo. “En general, me muevo bastante alrededor de la mitología”, dice. “Me interesa a nivel personal porque nací en un país que no era el de mis padres, lo que me hizo no pertenecer realmente ahí. Más tarde fui al país de mis papás, Chile, donde me encontré con un orgullo de pertenecer a esa tierra. Yo habito entre esas dos realidades, la de pertenecer y no pertenecer, la de no ser de aquí ni de allá. Pero entendí que, para mí, la mitología es un territorio general, donde me siento en casa. Es como una isla a la que cualquiera puede llegar y sentir que pertenece”. 

En la mitología, explica Tito, lo animal está profundamente ligado a la divinidad. “Para mí lo animal está en el origen que tenemos en común humanos y otros animales, lo que nos permite acceder a una suerte de principio”. Cuando comenzaron a trabajar con Florencia se dieron cuenta que en los rituales cada sociedad que les interesaba investigar se repetía un esquema: siempre hay un momento en que el chamán entra en el cuerpo de un animal. “Y ese es el origen común de todo”, dicen ambos. ¿Cómo lo vinculan a la taxidermia y a las artes visuales? A través de una mirada profunda de lo natural. El curador Sergio Valenzuela Escobedo, quien conoce de cerca el trabajo del colectivo dice que por un largo tiempo la historia de la colonización de América nos llevó a la negación de los cuerpos, las lenguas y las formas de representar la historia, el tiempo y el relato. “Es justamente desde la mitología, donde se encuentra lo relevante del trabajo de Tito y Florencia en relación a la inteligencia natural”.

El origen de Ritual Inhabitual 

Desde chica Florencia Grisanti sintió una atracción por la naturaleza, la muerte y el arte. Así que no fue raro que después de salir de la universidad se dedicara a aprender taxidermia en el Museo de Historia Natural de Chile y se hiciera especialista en preparar químicamente la piel de un animal y reemplazar el contenido orgánico de su cuerpo por un modelo sintético. El fin de este oficio es otorgarle una apariencia viva al animal muerto. Aunque esta suele ser una práctica científica, Florencia la vinculó a las artes visuales y a su propia experiencia de la mortalidad. “Haciendo esto, el límite entre humano y animal desaparece”, dice.

La comunidad p’urépecha tiene una relación arcaica con lo animal. “Históricamente el ser humano ha ocupado al animal como una realidad utilitaria para la supervivencia y aquí también, pero en esta comunidad los animales también están llenos de significado”, dicen Florencia y Tito. © Ritual Inhabitual.

Para ella, su oficio es la manifestación del deseo humano de preservar la memoria, y además una herramienta poderosa de conexión, con ella misma y con su entorno. De hecho fue su trabajo taxidérmico el que le dio origen al colectivo que hoy forma junto a al artista audiovisual Tito González García. Florencia se encontraba restaurando la colección de colibríes de la baronesa Ariane de Rothschild cuando comenzó a colaborar con él. “En un primer momento este vínculo se articuló como una relación creativa a propósito de piezas audiovisuales de taxidermia. Trabajos que en un inicio fueron más documentales y luego más experimentales”, recuerdan. Con el tiempo, ambos se empezaron a interesar en las disciplinas del otro. Ella se dio cuenta que había paralelos entre la taxidermia y la fotografía, “Como la fijación del rastro o aura de un cuerpo, algo también existe en la fotografía”, explica.

había paralelos entre la taxidermia y la fotografía, “Como la fijación del rastro o aura de un cuerpo, algo también existe en la fotografía”, explica Florencia. 

Tito coincide y dice que el vínculo de su trabajo visual con el oficio taxidérmico existe hace tiempo y ha ido evolucionando. “Antes de conocer a Florencia ya estaba vinculado a ese oficio, que me parecía más bien antiguo. Había documentado el trabajo de un taxidermista y había trabajado en obras de teatro con animales disecados”, recuerda. “Hacer el cuerpo de un animal es siempre una interpretación del taxidermista, pero Florencia además cree que el animal tiene algo que decir y que solo hay un buen resultado si existe un vínculo íntimo entre ese cuerpo muerto y el humano que lo trabaja. Eso me hizo mirar el oficio de la taxidermia de otra forma”, explica Tito. Y a propósito de esta relación, él se preguntó por la invocación animal en prácticas antiguas y rituales que involucran cierta liberación espiritual. “El animal o la parte de un animal pareciera tener la facultad de darnos un poder a los humanos”, dice.

El colectivo Ritual Inhabitual viene desarrollando una investigación desde hace tres años con el consejo de sabios de la comunidad p’urépecha, pero también con sus artistas locales, con quienes exploran distintas disciplinas de expresión artística en torno a la identidad. © Ritual Inhabitual.

Aseguran que su trabajo gira en torno a un mismo eje y reúne cultura, naturaleza y la relación de las comunidades con los animales y de lo humano con lo no-humano. “Estos temas nos dan el punto de partida, pero siempre terminamos desviándonos y abandonándonos”, explican. Florencia precisa que cuando está frente a un animal es como estar ante un paisaje en el que hay que sumergirse para descubrirlo y eso pasa también con el trabajo documental audiovisual: “ambos cambiamos nuestros ritmos vitales cuando entramos a nuestro trabajo colectivo ante algo infinito que se abre”. 

Hoy el trabajo que hacen como colectivo explora tanto lo creativo como lo etnográfico. Un primer ejercicio de investigación colaborativa fue en el proyecto Mapuñuke que comenzó el 2015 como un levantamiento fotográfico de la comunidad y de las plantas medicinales de la zona.. “Para entender y descubrir las relaciones que se daban entre las personas y su entorno, nos incluimos en la comunidad, fue un trabajo que realizamos profunda y vivencialmente por cinco años”. Así la taxidermia se convirtió en un ejercicio audiovisual y la fotografía fue una de las herramientas.

El curador Sergio Valenzuela Escobedo, quien conoce de cerca a Ritual Inhabitual dice que en vez del término “cultura animal” prefiera pensar en una “inteligencia natural” y explica que el trabajo de este colectivo lo aborda desde la mitología, trabajando con la identidad y la memoria. © Ritual Inhabitual.

“Muchas de las personas que gravitaban alrededor de la taxidermia eran científicos”, recuerda Tito. “Y con la mayoría teníamos formas distintas de entenderla, esto hasta que nos cruzamos con el antropólogo Serge Bauchet quien nos hizo darnos cuenta que la relación de los seres humanos con los animales no es exclusivamente científica”. A partir de ese diálogo Florencia y Tito comprendieron que la etnografía debe ser siempre local, por más ejes que cruzaran debían estar siempre acotadas a una comunidad particular y que así debían abordarla. Expusieron su obra sobre la comunidad mapuche en el Museo del Hombre, o el museo de antropología de París y uno de los muchos espectadores que tuvo esa muestra fue el biólogo mexicano Arturo Argueta de la UNAM que se les acercó y les habló de una investigación que él llevaba realizando desde hace más de 20 años en la comunidad p’urépecha de Cherán, en México.

Las avispas y la comunidad

Así se configuró la entrada al proyecto que están realizando desde hace tres años en Michoacán. El biólogo mexicano les habló a Florencia y Tito de una comunidad se organizó para impedir la destrucción de su bosque. “Su propio tejido social les permitió enfrentarse a esta amenaza”, les dijo. Y así fue: las mujeres del pueblo p’urépecha llevaban soportando años que los narcos talaran sus árboles nativos para plantar aguacate que justificaba las ganancias de la venta de cocaína, además de imponer violencia y alterarar la dinámica orgánica del pueblo. Durante años hubo extorsiones, secuestros y episodios sangrientos, el pueblo sucumbió a los narcos hasta que el 2011 un grupo de mujeres indígenas se puso de acuerdo, detuvieron un camión de narcos, los amarraron frente a la iglesia y se opusieron a ser sometidas como comunidad.

En Cherán viven las comunidades p’urépecha, que tienen una íntima relación con su bosque. Ahí, hace algunos años, se generó una resistencia comunitaria a la imposición de la violencia narco y los antropólogos creen que se debe a un ritual que sus habitantes realizan con avispas. © Ritual Inhabitual.

El 2019 Tito y Florencia llegaron al pueblo serrano de Cherán donde viven las comunidades p’urépecha y donde se había dado esta resistencia.“México tiene una gran diferencia con otros países del continente que pasa por el lenguaje, ahí la palabra indígena no es una ofensa. La magnitud de lo que crearon las comunidades precolombinas no puede dejar a nadie indiferente, fueron pueblos creadores, arquitectura y construcciones deslumbrantes y eso quedó, sigue quedando tanto en lo material como en la lengua. Hoy los dos mundos, tanto el colonizador como el colonizado, cohabitan”, explica Tito. Por lo tanto, asegura que no se puede hablar de etnografía en México del mismo modo que se aplica en otros países del continente. 

“Esta comunidad tiene una relación arcaica con lo animal, con todo lo bueno que eso significa. Históricamente el ser humano ha ocupado al animal como una realidad utilitaria para la supervivencia y aquí también, pero en esta comunidad los animales también están llenos de significado. Desde los toros, a los gallos, pasando por las avispas nos dimos cuenta de inmediato que no había ningún romanticismo posible. Es una relación ruda alejada del respeto absoluto por los animales, pero sin embargo hay algo que funciona”, explica Florencia. “Esta relación es brutal, es de vida y muerte constante, y tampoco está exenta de violencia pero que de alguna manera representa una fórmula que ha existido toda la historia de la humanidad”.Florencia dice que como documentalista y amante de los animales le costó mirar escenas de corridas de toros y peleas de gallos que se daban, pero le pareció interesante porque ponía en tensión otro tipo de relaciones. Apareció una fuerza comunal entre personas y animales que venía de una relación con el entorno natural muy antigua.

Desde el 2019, Florencia y Tito van todos los años a México y se quedan tres meses con la comunidad, viviendo tal y como ellos. “Eso tiene una dimensión etnográfica, pero arrendamos un taller e involucramos una comunidad de artistas y eso fue muy potente”. Para su proyecto anterior Mapuñuke, el colectivo había trabajado con el curador Sergio Valenzuela Escobedo, quien participó en la génesis de la idea y hoy es el editor del libro sobre esa investigación con la editorial Actes Sud que se publicará este año. Cuando le pregunto a Sergio por la relación que ve entre el trabajo del colectivo y la cultura animal, él es enfático: “la asociación entre cultura y animal no me parece algo sencillo de entender. Ya que desde mi punto de vista la ‘cultura’ es algo que vino a imponerse con brutalidad desde el ‘descubrimiento’ de América. Personalmente prefiero la idea de inteligencia natural, desde este punto de vista el trabajo del colectivo Ritual Inhabitual ofrece algunas pistas sobre cómo percibir esta inteligencia, trabajando con la identidad y la memoria, dos conceptos que siguen estando muy presentes hoy en día en las obras de artistas y fotógrafos de las Américas”.

La magnitud de lo que crearon las comunidades precolombinas no puede dejar a nadie indiferente, fueron pueblos creadores, arquitectura y construcciones deslumbrantes y eso quedó, sigue quedando tanto en lo material como en la lengua. © Ritual Inhabitual.

Así es como Florencia y Tito se han ido involucrando con las comunidades indígenas de Cherán. Con sus mujeres, sus artistas, su círculo de ancianos y especialmente, con sus jóvenes. Es que en la víspera de la fiesta del Corpus Christi y la fiesta de Cha’nantskwa, aquí se celebra un ritual o rito iniciático que involucra a las avispas que habitan en el bosque y a los jóvenes de la comunidad. Es así: antes de casarse, los muchachos se internan en el bosque escoltados por los mayores y una vez ahí deben aprender a sacar panales de avispas de los árboles, vaciarlos y luego hacerse un traje con ellos para bailar delante de la comunidad. Durante el baile, los jóvenes se los montan en las espaldas y los adornan con orquídeas salvajes y animales del bosque embalsamados. 

Al enterarse de esta ceremonia, Florencia y Tito se dieron cuenta que en este ritual el ser humano se transforma en “una base totémica donde aparecen todos los estratos de la vida que experimentan en ese entorno”. Para ellos, es el bosque el que baila durante un día entero. El vínculo de la comunidad y su historia con las avispas es central para Florencia y Tito porque se inscribe en los rituales más significativos de esta comunidad, celebra el paso del tiempo y la posibilidad de un niño de convertirse en un hombre adulto. . 

Ritual Inhabitual quiso vincular artísticamente esta ceremonia con la historia política del pueblo, ya que otras comunidades indígenas de la región también intentaron hacer un levantamiento ante los narcos pero los antropólogos les explicaron que la fiesta de las avispas fue central para defenderse. “Había una comunión ancestral entre las personas con su entorno que permitió una defensa efectiva ante una organización u amenaza externa”, cuentan. Así, la fiesta de las avispas no sólo se transformó, a los ojos de Florencia y Tito, en la ceremonia más antigua del lugar, sino que en la base de su identidad. Hoy ambos están trabajando en darle forma a este levantamiento que están haciendo de la relación entre el pueblo y sus animales. En su investigación hay un afán de observación, de entendimiento, pero también de recuperación. 

El curador Sergio Valenzuela Escobedo apunta a que cuando vemos que “nuestra civilización parece haber perdido algo fundamental en su relación cotidiana con el cielo estrellado, la temperatura de los ríos, el poder curativo de las plantas o las interacciones simbólicas con los animales, ellos ponen en manifiesto con sus relatos la destrucción material y espiritual de nuestras sociedades, y al mismo tiempo, una nueva configuración del imaginario”. En ese sentido, Sergio agrega que el trabajo del colectivo es principalmente un intento de producir pensamiento y mitología en consonancia con el tiempo actual. Y cita al antropólogo brasileño Viveiro de Castro: “una nueva reflexión cosmopolítica”. Ellos, por su lado, afirman que han ido aprendiendo a no tener una mirada colonizadora con las comunidades. “Nos hemos enfrentado a nuestra propia ignorancia con el fin de aprender, abandonamos nuestras ideas preconcebidas, hicimos un duelo y hemos tenido que estar abiertos a la colaboración. Lo que, a la larga, ha cambiado nuestra propia práctica”, afirman. Como colectivo no imponen una técnica de registro, sino que sus oficios se afectan con lo que encuentran en las comunidades. Así, lo que hacen ya no es una obra de Florencia ni de Tito. No es taxidermia ni fotografía. Es mucho más profundo y complejo que eso. Es algo intermedio, que han aprendido de la inteligencia animal: a fundirse.

Lo que hacen Florencia y Tito no es taxidermia ni fotografía. Es mucho más profundo y complejo que eso. Es algo intermedio, que han aprendido de la inteligencia animal: a fundirse.

Sobre el Autor

Ariel Florencia Richards estudió Diseño (PUCV) y Estética con mención en artes visuales (PUC). El 2010 obtuvo una Beca Bicentenario para realizar un Máster en Escritura Creativa en la Universidad de Nueva York (NYU). Bajo el nombre de Juan José, editó la antología El laberinto del topo (Cuarto Propio, 2009) que reúne la obra del poeta Alfonso Echeverría, el poemario Trasatlántico (Cuneta, 2015) y una primera versión de Las Olas Son Las Mismas, novela publicada el año 2016 por Los Libros de La Mujer Rota, que fue reeditada el 2021. Sus poemas, fanzines y cuadernos han sido parte de ferias de arte impreso de Santiago y Nueva York. Actualmente es alumna del Doctorado en Arte de la Universidad Católica donde investiga la representación del cuerpo.

Imagen de portada: © Ritual Inhabitual.

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