Octubre empieza con la reunión más importante de diseñadores a nivel nacional: Encuentro Local. Luego de su exitosa versión 2020, este año el evento contempla nuevos creadores y proyectos, cuyo invitado especial es Portugal. Como gran novedad y a tono con los tiempos, este encuentro será virtual. Desde el sitio web encuentrolocal.cl podremos acceder a […]

Octubre empieza con la reunión más importante de diseñadores a nivel nacional: Encuentro Local. Luego de su exitosa versión 2020, este año el evento contempla nuevos creadores y proyectos, cuyo invitado especial es Portugal. Como gran novedad y a tono con los tiempos, este encuentro será virtual. Desde el sitio web encuentrolocal.cl podremos acceder a diferentes proyectos, artistas y oficios gracias a la creación de una biblioteca web. Además, el programa contempla conversatorios, galerías que se estrenarán diariamente y espacios de reflexión en torno al consumo responsable y el bien común, que es el gran pilar que atraviesa la presente edición. Desde el 8 al 13 de octubre podrás disfrutar de las más de 60 marcas chilenas y portuguesas del diseño local, artesanía, mobiliario, vestuario y mucho más.

Los fundadores de Encuentro Local, Fabiola López y Joaquín Béjares, se propusieron este año abordar el concepto del bien común desde la perspectiva del diseño. Así, este evento muestra “el uso de materiales sustentables, el trabajo y remuneración justa del ecosistema manufacturero y el trabajo colaborativo con artesanos y comunidades” relatan los fundadores. En este sentido, Endémico web quiso destacar cinco proyectos que estarán presentes en este Encuentro Local y que trabajan con materiales ecológicos para asumir la crisis climática como punto crucial de todos sus quehaceres, y además, reconocer que el impacto de un objeto —cualquiera sea este— comprende un circuito mucho más amplio y complejo que la adquisición del mismo y su posterior desecho. 

A continuación te presentamos, entonces, al Laboratorio de Biomateriales de Valdivia (LabVa) y a Caro Pacheco, quienes trabajan con biomateriales; PlasticLup, proyecto que busca reutilizar el plástico; Constanza Bielsa, quien a partir de retazos de telas y otros materiales crea esculturas portables y Juana Díaz (JD) quién también trabaja con retazos y materiales descartados en la confección textil. 

LabVa: Por una cultura material que vincule las comunidades y sus territorios 

LabVa es el Laboratorio de Biomateriales de Valdivia. Desde el maravilloso sur de Chile trabajan cuestionando las materialidades que nos rodean. Su objetivo, nos cuenta Alejandro Weiss, arquitecto y fundador de LabVa, es “proponer una nueva cultura material basada en promover la biodiversidad de cada territorio”. Es así, entonces, cómo los miembros de este laboratorio se han planteado el desafío de crear una paleta de biomateriales heterogénea en base a materias primas —ya sea naturales o de desechos antrópicos— que se encuentren dentro del territorio. 

LabVa, busca promover una nueva cultura material basada en promover la biodiversidad de cada territorio. © LabVa.

Desde la experimentación y la transdisciplina llegaron a una metodología de diseño basado en la biodiversidad. Así, los biomateriales que han generado surgen tanto del cultivo de organismos (GIY – Grow it Yourself) como de recetas de cocina (CIY – Cook it Yourself). Alejandro Weiss dice que lo fundamental a la hora de crear un nuevo biomaterial es que sigan ciertos valores y principios: “que provenga o sea cultivado a partir de una abundancia natural o antrópica, que sean capaces de nutrir al medio ambiente al momento de descomponerse, que promuevan la biodiversidad y la identidad local y que permitan promover la autonomía y soberanía material de los territorios”. 

Este laboratorio no solo se propone como un grupo multidisciplinario que trabaja en la creación de biomateriales, sino también como una plataforma de educación y concientización de la ciudadanía. “La globalización ha descontextualizado la materia por lo cual se hace sumamente fácil de desechar” dice Alejandro. Entonces, para que la ciudadanía tome conciencia “debe entender lo que significa la creación de un material desde todas las comunidades involucradas hasta el impacto en el territorio. Materiales eternos deben ser pensados para múltiples aplicaciones permitiendo que tomen nuevas formas y usos a lo largo de su vida útil. Esta toma de consciencia es la que permitirá entender por qué es fundamental que cambiemos nuestra manera de consumir los materiales. Reemplazar el plástico no basta. No hay ecosistemas que aguanten el nivel de consumo que tenemos” concluye el arquitecto. 

Parte de la 5ta versión del Tour de las Ciencias ANEB (2018) en el que LabVa participó. © LabVa.

En este sentido, los biomateriales son también una herramienta de agenciamiento, una herramienta política. Esto, “en la medida en que generan nuevas conciencias en el habitar y construir un territorio. Son herramientas de empoderamiento ciudadano a tener una mirada local en las lógicas materiales —narrativas y productivas— poniendo en valor la biodiversidad” afirma Alejandro. Además, dice el arquitecto, “buscar la autonomía y la soberanía material de los territorios desde el entendimiento de sus abundancias, ciclos y estacionalidades y desde la colaboración con otras comunidades, humanas y no humanas, en dinámicas no extractivistas son la excusa perfecta para crear una nueva matriz industrial chilena de una manera distribuida, colaborativa y sustentable”. 

Conoce más de los biomateriales, proyectos y talleres de Lavba en https://www.labva.org/

Caro Pacheco: el poder del diseño y la colaboración para repensar las relaciones con la materialidad

Carolina Pacheco es una diseñadora integral «Chilombiana», como ella misma dice —de origen colombiano, pero la mayor parte de su vida creció y vivió en Chile—. Actualmente trabaja en investigación, desarrollo y difusión de oficios asociados a biomateriales. “Conocí este mundo en mi último taller de la Universidad en el año 2017. En ese entonces no era un tema tan explorado en el contexto nacional, sin embargo, me motivó muchísimo conocer cómo en otros países los diseñadores estaban trabajando con organismos vivos y sus bioderivados usando el conocimiento y los recursos de la naturaleza para aplicarlo a un diseño más sostenible” relata Carolina o Caro, como le dicen sus cercanos. Así es como se fue sumergiendo en la exploración y diálogo que los biomateriales incitan. Comenzó a cuestionarse, entonces, desde su disciplina “el uso de estas materialidades y cómo se vinculan con otros temas como las ciencias, la democratización del conocimiento y el vínculo con el territorio” cuenta la diseñadora. 

Caro Pacheco trabaja con organismos vivos y sus bioderivados. © Caro Pacheco.

Para Caro Pacheco es importante trabajar la materialidad en el contexto de la crisis climática global, “tan importante que ni siquiera debería ser un tema destacar a diseñadores que se centren en eso” comenta. Insiste en que si bien “la crisis en principio es gatillada por las actividades de la escala industrial y que se escapa un poco del comportamiento directo de la ciudadanía, cada aporte suma. El cambio es colectivo”. Además, aunque los efectos no se vean inmediatamente, las conductas que rigen el consumo y los vínculos con el entorno claramente se ven modificados. “De esta manera hay que hacernos cargo y ser responsables de nuestra práctica y proceso creativo” dice. 

Su proyecto Calcáreo (2019) estudia la posibilidad de diseñar nuevos procesos de fabricación en diseño a partir de la bioreferencia de organismos calcáreos del ecosistema marino. © Caro Pacheco.

Así entonces, más allá de la relevancia de trabajar con materiales que provienen de recursos renovables, la diseñadora cree que lo importante es visibilizar el origen de estos materiales y a partir de ellos conversar cómo nos relacionamos con ellos. Es por esto que hoy no solo fabrica biomateriales, sino también es coordinadora y asesora general de las actividades del Laboratorio de Biomateriales en el Fab Lab Austral y participa continuamente de diferentes iniciativas que promueven el acceso y una perspectiva crítica a la hora de trabajar con biomateriales en diseño.

Todo su trabajo lo puedes ver en https://www.caropacheco.work/ 

LUP: artesanía y reciclaje plástico

Fundado por Javiera Badilla, Rafael Salas y Sebastián Santamaría, LUP es un estudio de diseño chileno que nace a fines de 2014. “Nació como proyecto de tesis en la universidad, en una búsqueda por aprovechar positivamente la durabilidad del plástico” nos comenta Rafael Salas. Escogieron el plástico porque “si bien tiene muchos usos y soluciona muchos problemas, no podemos olvidar que tiene otros efectos; entonces consideramos que es un buen ejemplo de un material donde no basta solo con reciclar, sino que debemos comprender mejor cómo lo utilizamos, cómo se produce, cuánto podemos producir y cómo lo gestionamos luego de utilizarlo” relata Rafael y agrega, “así fue como llegamos a elaborar la fibra de plástico reciclado que utilizamos actualmente, ya que nos dimos cuenta que podíamos extender la vida útil de este material al utilizarlo para fabricar objetos hechos a mano”. 

Sebastián Santamaría, Javiera Badilla y Rafael Salas fundadores de LUP. © LUP.

Actualmente este estudio de diseño elabora una fibra flexible a partir de residuos plásticos, a la que han llamado Fibra LUP, la que utilizan para la fabricación de objetos y proyectos de diseño. Uno de los mayores desafíos con los que se han encontrado ha sido comprender cómo funciona la industria del reciclaje de plástico y cómo se puede aportar. Según Rafael “es necesario mejorar la gestión y acercar la cadena de reciclaje a sectores que actualmente no tienen la posibilidad de reciclar sus residuos, y que tampoco tienen la posibilidad de acceder a productos y servicios que eviten el uso excesivo de plástico; y esto ocurre principalmente porque desde el punto de vista logístico, no es rentable gestionar residuos desde esas zonas, más allá de que sea técnicamente posible”. Por este motivo, LUP busca fortalecer el rubro artesanal como actividad económica en el marco de la Economía Creativa, no solo para que nuevas generaciones vean en esta actividad una alternativa viable de desarrollo personal y profesional, sino también como una alternativa sustentable, capaz de gestionar residuos. 

 

LUP busca fortalecer el rubro artesanal como actividad económica en el marco de la Economía Creativa. © LUP.

Para el equipo de LUP acercar los procesos productivos de la materialidad es importante en la medida en que esto ayuda a “entender que el impacto de un objeto no comienza cuando lo compramos y termina cuando lo desechamos, sino que abarca un horizonte de tiempo más amplio; además del uso, es importante entender cómo se fabricó y en qué condiciones, cómo se obtienen sus materias primas y cómo podemos aprovechar el valor de su materialidad cuando ya no lo necesitemos”. Así, no basta con cambiar la materialidad, sino que “se debe avanzar hacia modelos de producción y consumo más sustentables, es fundamental entender el impacto que tienen en el medio ambiente los procesos productivos y recursos que utilizamos” enfatiza Rafael. 

Para más información del quehacer y los productos de LUP ingresa a https://www.plasticlup.com/

Constanza Bielsa: transformación del desecho en joyas

Constanza Bielsa es arquitecta de profesión y joyera de oficio. Desde este cruce “nace la necesidad por aprender a trabajar a una escala más pequeña, entrar a un mundo más micro, con más detalle” relata. Es en el año 2008 cuando Constanza comenzó a estudiar joyería, oficio del que se enamoró inmediatamente. Le atrajo “el trabajo con el fuego, la transformación de la materia, del metal sólido a estado líquido, con el que uno puede formar y deformar tantas veces quiera” cuenta. Agrega también que “con el tiempo fui aprendiendo técnicas, y experimentando con materiales que se trabajan usualmente en el aprendizaje de joyería contemporánea, como por ejemplo acrílicos, resinas, madera, textil, piedras, etc. Esto me hizo cuestionar el origen, el significado y lo que quería comunicar con el uso de los materiales”. 

Constanza Bielsa crea joyas a partir de la experimentación con materiales sustentables, tales como retazos de telas, desechos y biomateriales. © Claudio Olivares.

En el año 2015, Constanza participó de un proyecto en el Centro de Innovación y Diseño Avanzado (CINNDA) donde se hizo un cruce con tecnologías digitales, “allí comencé a experimentar con textiles en desuso, papeles de origen orgánicos, desechos, cueros, y biomateriales” dice la arquitecta. Desde entonces, esta diseñadora se ha planteado desde las materias sustentables como una respuesta a la crisis medioambiental global que vivimos actualmente. En sus palabras “es fundamental reflexionar y cuestionarse sobre las materias primas que utilizamos, ya que hemos alterado demasiado nuestro ambiente”. Para ella es importante que “un objeto, producto, servicio, etc. sea planteado desde su contenido, más allá de su forma, función o belleza, y que este sea capaz de comunicar, solucionar y colaborar con sistemas que se involucran con temáticas actuales”. En este sentido y en el caso de la diseñadora “el trabajo con el textil como desecho, busca generar una reflexión y comunicar sobre la crisis de la industria textil, y lo que esta involucra en términos políticos, sociales, económicos y medio ambientales”. 

El proceso de reflexión de la diseñadora está basado en la observación de la naturaleza, sus patrones y estructuras naturales. © Paula Henríquez.

Si quieres investigar más sobre el trabajo de Constanza ingresa al siguiente enlace https://www.constanzabielsa.com/ 

JD: la escasez como motor de creatividad

Juana Díaz es la persona detrás de la marca JD JUANA DÍAZ. La diseñadora comenzó su carrera en los años 80’ creando piezas textiles para danza contemporánea. Posteriormente trabajó en teatro, cine, publicidad y moda editorial. Desde el 2000 tiene su propia línea de diseño de moda. Sus creaciones destacan por la complejidad de los paños de tela elaborados mediante el Upcycling técnica de reciclaje creativo que aprovecha residuos y los transforma en objetos de valor  y la versatilidad de sus prendas que se adaptan a distintos cuerpos y personalidades. 

Quizás una de las características más importantes del quehacer creativo de Juana Díaz es su mirada crítica. Para ella, la moda es un ejercicio de resistencia. La indumentaria es concebida como una forma de expresión creativa, al mismo tiempo que lo es de activismo político. Así, la marca JD nace como una estrategia de adaptación de su propuesta al mercado, aunque también es su herramienta más efectiva para impugnarlo. 

Juana Díaz modelando una de sus Telas del Futuros, 2017. © Alfredo Méndez

El cruce entre activismo y la industria del diseño textil tiene una raíz histórica. “Hace cinco décadas teníamos una industria textil local y de confección que satisfacía más del 90% de las demandas en el territorio. Había hermosas telas chilenas de muy buena calidad, lanas, algodones, linos. Ahora casi no hay telas chilenas, trabajo con los restos de los restos” cuenta la diseñadora. En este sentido, se ha perdido parte de la identidad de un pueblo, piensa Díaz, “por dejar de tejer sus tramas. Sin hilados y telas nos falta un texto fundamental para la construcción del tejido social. Como chilena cruzada por el horror de la dictadura, he sufrido mi vida entera las consecuencias del daño que ese período ocasionó a nuestra sociedad. La mala educación, la falta de oportunidades, la segregación, el extractivismo, la falta de conciencia, la impunidad, el olvido de la solidaridad y del trabajo asociativo. Padezco sed de justicia”. 

En la misma dirección comenta que al principio de su carrera la escasez de recursos y la precariedad forjó su creatividad y, por supuesto, limitó los materiales para desarrollar su quehacer. “Si no había capital para comprar metros y metros de finas telas europeas, podíamos buscar los finos abrigos descartados por los mismos europeos y que podían encontrarse a fines del siglo pasado en la ropa usada. Si no quedaban telas disponibles, podíamos crear nuestras propias telas uniendo los retazos entre sí” relata. Además, hoy el planeta está en crisis debido a las malas prácticas de producción y consumo, por lo mismo, enfatiza Juana, “tenemos que desarrollar propuestas que utilicen lo que ya está disponible sin necesidad de practicar el verbo comprar. No comprar es un acto revolucionario que ayuda al planeta y las personas”. 

JD nace producto de las necesidades creativas de Juana Díaz y reúne diversos trabajos vinculados al arte y diseño textil. © Alfredo Méndez

“Mantos futuros” es lo que presentará en Encuentro Local, textiles hechos con retazos descartados de bellas y finas telas europeas que quedaron abandonadas en un local comercial cuando una sastrería cerró durante la pandemia, adelanta Juana. “Son mantos protectores que dan cobijo y pueden llevarse como indumentaria o darles un uso doméstico. Todos son únicos, grandes como una capa pero doblados caben en la mano así que son fáciles de transportar” comenta esta gran diseñadora y finaliza “Estoy muy contenta con el desafío de Encuentro Local por crear un producto inédito y con la magia de la vida que permitió que retazos de tan buena calidad llegaran a mis manos para desarrollar estos mantos”. 

Encuentra el trabajo de Juana Díaz en http://juanadiaz.cl/

Tela del Futuro, creada a partir de retazos. La imagen es referencial. La nueva colección de Mantos Futuros se podrá ver en la nueva versión de Encuentro Local. © Alfredo Méndez

Encuentro Local 

Diseño contemporáneo chileno, exhibiciones, invitados internacionales y mucho más

Desde el 8 al 13 de octubre.

Revisa el programa completo aquí 

IG Local.Chile 

Imagen de Portada: Biomaterial. © LabVa

Naturalistas ¿Qué valores conservamos de ellos hoy? (y un gran concurso)

Probablemente cuando pensamos en naturalistas, se nos vienen a la cabeza nombres como Charles Darwin, Alexander von Humboldt, Rodolfo Philippi, Marianne North y Claudio Gay, quienes viajaban a parajes remotos o “nuevo mundos” recopilando y registrando todo lo, hasta ese entonces, desconocido para el mundo. La tarea que realizaron resultaba urgente para sus tiempos y sin duda, a estos naturalistas del siglo XVIII o XIX les debemos el conocimiento y registros ilustrados de muchas de las especies de plantas y animales que conocemos hoy. 

El término naturalista, aunque pareciese algo reciente y claramente en boga, emerge como concepto en 1527 del latín naturalis«relativo a la naturaleza»- y el sufijo -ista, que significa “inclinado a”. A partir de ese momento, se designó naturalista al especialista o estudioso de la historia natural, básicamente la descripción de la naturaleza, dominando ámbitos muy diversos del conocimiento de forma holística: desde la zoología hasta la geología. Lo anterior, a pesar de resistir el reduccionismo pujante, con los años culminó en el surgimiento de varias de las disciplinas biológicas actuales. Sin duda una hiperespecialización que de alguna forma relegó el oficio del naturalista a algo más cercano a un pasatiempo que a las ciencias. A nuestro parecer un error. 

Alexander von Humboldt © Creative commons

Si bien la Historia Natural y los naturalistas no existen ya en su sentido y contexto originales, los términos sobreviven hasta hoy, surgiendo la pregunta: ¿qué significa ser un naturalista en pleno siglo XXI y en medio de una crisis socioambiental?

A pesar de que aún quedan fenómenos naturales por descubrir y descifrar, el naturalista moderno pone sus esfuerzos en registrar bajo diferentes lentes, formatos y oficios, la naturaleza que les rodea en pos de dar a conocer, visibilizar y conservar. Pero la historia natural estudiada por el naturalista, a diferencia de la ecología, no es neutral sino que involucra al individuo que observa como herramienta de investigación e interpretación. El naturalista pone su cuerpo, sentidos, intuición y sistema de creencia particular para percibir y describir lo que observa. Y la forma o el formato en que representa esta interacción ser humano-naturaleza es también única y personal, es creatividad. 

Estación Flora busca despertar el valor por la flora nativa en niñas y niños a través de diversas piezas de diseño. © Florencia Carvajal 

La creatividad nace de dos elementos (seres y/o materias o como le queramos llamar), que son distintos pero que colaboran. Sólo de esa interacción bidireccional se crea algo nuevo que sin ambas partes no podría existir: el pigmento y el agua, la acuarela y la especie, la ilustración y el libro, el libro y el escritor, el lector y su emoción, y así sucesivamente cada diálogo entre dos o más elementos se transforma en una cadena infinita, que cuando la naturaleza es la musa inspiradora, se transforma en naturalismo.

Por tanto, el naturalista de hoy a través de la historia natural de un territorio, paisaje, jardín o especie particular, no genera un relato colectivo, sino uno personal que se suma una mirada mayor que le llena de sentido y humanidad. Es esta diferencia la que hace que el naturalista conecte con personas a través de las emociones que le produce la naturaleza y la interacción con ella.

 

La comunicación de la ciencia es una de las iniciativas fundamentales del proyecto Estación Flora. © Florencia Carvajal 

Además, la misión del naturalista moderno parece apremiante ante el evidente escenario de crisis socioambiental (ver Antropoceno), donde surge como una necesidad visceral el concientizar sobre el patrimonio natural que poseen nuestros ecosistemas para darle valor y protegerlo. Esto se logra mediante la comunicación y difusión de este quehacer naturalista. 

La invitación es a despertar en cada uno ese espíritu naturalista, escuchando y mirando con atención, que nos quiere decir hoy, el mundo natural que habitamos.

En consecuencia, las observaciones naturalistas modernas ya no quedan archivadas sólo en museos y diarios de campo reservados para la comunidad científica, sino que se hacen públicas y accesibles en libros, piezas de diseño (objetos textiles, joyas, esculturas, etc.), ilustraciones, redes sociales y marcas inspiradas en la naturaleza con objetivos que van más allá que la simple comercialización. Porque esta bioinspiración se acerca más al acto de visibilizar para concientizar, teniendo un fuerte componente la difusión de los fenómenos naturales que, quizás para muchos ciudadanos, siguen siendo desconocidos. 

WUDKO diseña experiencias didácticas y lúdicas para promover la valoración de las aves.
© Jonatha Jünge (@jonathaj)

Es aquí cuando la era digital cumple un rol protagonista al abrir innumerables puertas a naturalistas quienes comparten diariamente sus observaciones y manifestaciones bioinspiradas para visibilizar, difundir y dar valor a la biodiversidad local. Una simple búsqueda por perfiles de RRSS, hace evidente un boom naturalista donde plantas, animales y hongos nativos de Chile adquieren protagonismo en un sinnúmero de formas y oficios. El naturalismo hoy ya no está reservado a científicos, sino que se expande a aficionados y personas que desarrollan su quehacer inspiradas en la naturaleza circundante. Así fotógrafos/as, ilustradores, cocineros, orfebres, escultores, perfumistas, alquimistas, tintoreros, recolectores, entre muchos otros oficios, dan vida a manifestaciones u objetos para visibilizar la flora, fauna y funga de nuestro país. 

Y asi, en estos tiempos, resulta casi natural hacer dialogar disciplinas y oficios con la naturaleza que nos rodea, con el objetivo de promover la curiosidad e interés por nuestro patrimonio natural, vinculandola con la cotidianeidad de los seres humanos, apelando a sus emociones y valores, y contribuyendo a visualizar y comprender la belleza e importancia de esta diversidad para sostener la vida.

La observación de aves es una experiencia que nos enriquece como personas al tener una mayor conciencia sobre nuestros compañeros de hábitat. © Jonatha Jünge (@jonathaj)

Como resultado, surgen iniciativas y emprendimientos que buscan ser agentes de cambio, porque visibilizan, difunden y ponen en valor la biodiversidad de nuestro país. Tal es el caso de marcas como Bruma (@brumanativa) que busca generar valor por la flora nativa a través de sus aromas o las diseñadoras textiles Belen Villavicencio (@belenvillavicenciotextil) y Marcela Ibáñez (@correvuelalaboratoriotxtil) quienes apuestan por dar a conocer plantas nativas a través de los tintes naturales. 

Estación Flora (@estacionflora), por su parte, busca despertar el valor por la flora nativa en niñas y niños a través de textiles, piezas de diseño y talleres online. Pensando en la fauna, la marca Salvaje (@salvaje-cl) crea figuras de madera articuladas pensando en estimular el conocimiento de los animales chilenos en interacción con su hábitat. Garuga (@garugachile) crea productos textiles con ilustraciones de flora y fauna chilena y Wudko (@wudko) taller de diseño enfocado en la elaboración de productos y servicios que acercan la avifauna a la comunidad local. 

Bruma crea perfumes sólidos a partir de los aromas de la flora nativa de Chile. Este perfume De Hojarasca se inspira en el bosque esclerófilo poniendo en valor los aromas del peumo, boldo y canelo. © Mauro Pesce

También iniciativas que buscan revitalizar los alimentos silvestres y la cocina de recolección como Del Monte a la Cocina (@delmontealacocina) y Chaltumay (@chaltumay). El Museo del Hongo (@museodelhongo) que es un espacio museográfico no-convencional dedicado a la resignificación del Reino Fungi. Iniciativas que buscan dar a conocer el mundo natural a través de la educación cómo Phyta Lab (@phyta.lab) que organiza cursos y residencias de ilustración científica en diferentes estaciones biológicas del país y la artista botánica Geraldine MacKinnon (@naturalistamac) que a través de su escuela y comunidad online busca formar una comunidad en torno a la ilustración botánica. Todos proyectos y emprendimientos con un marcado sello de sustentabilidad y compromiso con la difusión y protección de nuestro patrimonio natural.

Salvaje le da vida a animales chilenos a través de figuras articuladas que despiertan la curiosidad y fascinación por nuestra fauna. © Angelica Ortúzar 

Sin duda la comprensión moderna de un naturalista debe ser más amplia y, en última instancia, debería incluir a cualquier persona apasionada por la naturaleza y que haga manifiesta esta observación o interacción persiguiendo un fin mayor que solo el hecho de observar y registrar por curiosidad. Aquí es donde emergen los nuevos naturalistas.

Y tú, ¿te sientes un naturalista?

Sobre las Autoras

Antonia Barreau Daly es Ing. Forestal con un MSc en Bosques y Comunidades. Trabaja como investigadora etnobotánica desde hace más de 10 años. Amante de los bosques, las huertas y diversidad biocultural, reparte su tiempo entre proyectos de investigación enfocados en la flora nativa y el patrimonio alimentario y proyectos personales que combinan la ciencia y el arte. Es gestora del proyecto Del Monte a la Cocina, Porotarium Austral y socia-fundadora de la marca Bruma. Vive en Pucón junto a sus hijos Nahuel y Kai.

Teresita Melo Gaymer es Diseñadora Gráfica e Ilustradora Naturalista. Se siente muy comprometida con la idea de comprender el Diseño desde una mirada interdisciplinaria y su trabajo está motivado enormemente por la capacidad que tiene el Diseño de ser una herramienta capaz de aportar al diálogo entre disciplinas, particularmente entre Arte y Ciencia. Actualmente trabaja como diseñadora e ilustradora desarrollando proyectos de comunicación visual en diversas áreas como branding, diseño editorial, ilustración y colabora a su vez en proyectos asociados al mundo académico y diversos profesionales de las ciencias, las artes y las comunicaciones. Junto a su trabajo independiente, se desempeña como docente universitaria y es fundadora del proyecto Estación Flora, ganador de un Fondart el año 2019.

Imagen de portada: © Estación Flora

Concurso NATURALISTA !!!

Porque amamos la naturaleza e inspira nuestro quehacer es que nos hemos unido para regalar:

– REVISTA ENDÉMICO (@revistaendemico): 2 ejemplares
– BRUMA (@brumanativa): 1 perfume sólido nativo + 1 aceite de masajes
– ESTACIÓN FLORA (@estacionflora): 1 Lámina Botánica Bosque Nativo
– BELÉN VILLAVICENCIO TEXTIL (@belenvillavicenciotextil): 1 Kit de Teñido Botánico Ritual Creativo
-WUDKO ( @wudko ): set de aves de mi jardín + prendedor
-SALVAJE ( @salvaje_cl ): 1 Zorro + 1 calendario 2021
-THOMAS KRAMER ( @librofauna ): 1 libro ”Fauna Chilena” + 1 libro “Superanimales de Chile”
-GARUGA (@garugachile): 1 mochila + neceser + set posavasos.
CÓMO PARTICIPAR:
– Seguir a todas las 8 cuentas en redes sociales @revistaendemico
– Contarnos cuál es tu planta,  animal u hongo nativo favorito🍃
– Etiquetar a dos naturalistas innatos que conozcas
FECHA SORTEO: se hará el día 26 de mayo 🙂
Éxito a todos…que el amor por nuestro patrimonio natural nos guíe!

El ritual de la luz

Frente al desastre climático y ecológico que enfrentamos en la actualidad, cabe preguntarse sobre las posibilidades de acción que mantienen las prácticas creativas. ¿Cómo pueden, las disciplinas que funcionan como canales de reflexión y de producción a la vez, ser un aporte en una crisis que es tanto ecológica como cultural? Quisiera extender estas preguntas […]

Frente al desastre climático y ecológico que enfrentamos en la actualidad, cabe preguntarse sobre las posibilidades de acción que mantienen las prácticas creativas. ¿Cómo pueden, las disciplinas que funcionan como canales de reflexión y de producción a la vez, ser un aporte en una crisis que es tanto ecológica como cultural?

Quisiera extender estas preguntas hacia un marco más amplio, entendiendo la producción, la necesidad de producir, como un elemento central en la sociedad capitalista actual en relación a sus altos niveles de consumo. Pues, la crisis climática y ecológica es también una crisis del modelo económico y de producción. Y no se trata de evaluar la actividad productiva en sí misma, sino más bien de observar ciertos comportamientos que la sociedad ha adquirido, moldeada por un acelerado ritmo de producción. Conductas que, entre otras cosas, han ido alejando al ser humano de la naturaleza como referente, o, en palabras del filósofo y teórico cultural Byung-Chul Han, de la “referencia al mundo que las cosas debieran tener”[1]. Así, se ha generado una suerte de dislocación de las necesidades humanas, cada vez más distanciadas de los ritmos biológicos.

Efecto del fenómeno de bioluminiscencia en un paisaje nocturno de playa © Creative Commons. 

La (des)aparición de lo ritual

En “La desaparición de los rituales”[2], Byung-Chul Han desarrolla un sentido de lo ritual que tiene que ver, entre otras cosas, con lo que denomina “la experiencia de la durabilidad”[3], esto es, una acción prolongada en el tiempo durante la cual el individuo pasa a segundo plano, para trascender hacia la conexión con su entorno, hacia un estado de contemplación. La práctica ritual, sostiene Han, genera y transmite comunidad, una alianza colectiva. En su propuesta, el filósofo desarrolla la idea de que en estos tiempos (de un profundo narcisismo, consumismo exacerbado y experiencias inmediatas no trascendentales), tal sentido de lo ritual ha desaparecido. O, dicho de otro modo, que la sociedad definida por rituales o actos simbólicos ya no calza con el modelo social, económico y cultural de las sociedades actuales, en las cuales tendemos a un estado de encapsulamiento.

Se trata de objetos que ofrecen una experiencia prolongada en el tiempo, la cual funciona en base a la voluntad del ser humano de “olvidarse de sí mismo” para conectarse con el otro; un acto ritual de desprendimiento.

En el presente texto, quisiera formular una (brevísima) lectura sobre la última propuesta del dúo berlinés As a Ceremony, a partir de la noción de lo ritual de Han en mente. Un intento de narrar el vínculo entre la disposición contemplativa del ser humano y el mundo que lo rodea: la posibilidad de un cambio de la voluntad individual frente a una crisis colectiva.

Fundado en el año 2018 por Antonia Insunza y Alessia Pegorin, el colectivo de “diseño y espacios de luz” As a Ceremony, trabaja en base a la idea del diseño como un medio para explorar cuestiones de carácter socio-políticas, desde una conciencia de un contexto vivo y de la responsabilidad medioambiental. Así, han puesto a prueba la capacidad del diseño como medio de comunicación y de reflexión, al proponer su práctica como un proceso generador de preguntas críticas que buscan interrumpir la dinámica actual entre el ser humano y su entorno, aquella distancia entre las cosas y sus referentes en el mundo.

Antonia Insunza y Alessia Pegorin, fundadoras de «As a Ceremony» © AAC

Tal como se desprende de su nombre, As a Ceremony trabaja con una noción ritualista de la producción y del trabajo: “Abandonamos automatismos y volvemos a la ceremonia que es la vida”[4]. Ritual o ceremonia que, regresando a las palabras de Han, “posibilitan no solo un bello trato entre personas, sino también un pulcro y respetuoso manejo de las cosas. En el marco ritual las cosas no se consumen ni se gastan, sino que se usan[5]. AAC contempla un cierto tiempo, una estructura y una razón de ser en su práctica (una actividad “consciente”, si se quiere), la cual se contrapone a la producción de objetos seriales a gran escala. La misma diferencia que existe hoy entre los conceptos de fast-food y slow-food: una práctica de diseño lento, concebido como un proceso creativo que no comienza ni se acaba en el diseño y creación de un objeto, sino que en un ejercicio que es, por definición, filosófico: plantear interrogantes y situarlas en nuestro entorno natural y social. El diseño de un objeto es parte de aquella búsqueda, su medio de comunicación; y la luz es su elemento.

Re-descubrir la bioluminiscencia

El último trabajo de AAC, titulado We Are Not In This Alone (2020), manifiesta (literalmente) la conciencia de pertenecer a un contexto de vida mucho mayor que la humana, el ser parte de una biodiversidad. We Are Not… comienza con una investigación que cuestiona la posibilidad de fuentes de luz realmente sustentables. Si la mejor luz, es la luz del sol (en términos de cantidad, consumo y reproducción del color), ¿porqué seguir mirando solo la tecnología humana buscando una supuesta sustentabilidad de la luz? ¿Cuáles son las  otras formas de emisión de luz natural en el mundo?

A partir de estas inquietudes, trasladaron su búsqueda hacia el escenario natural, desembocando rápidamente en los ecosistemas submarinos. En los océanos re-descubrieron la bioluminiscencia presente en algunos organismos vivos (como peces, hongos o insectos), como una fuente lumínica 100% natural y sustentable. Fue así como llegaron a un alga unicelular llamada Pyrocystis Fusiformis, de la familia de los Dinoflagelates. Es un alga que, como todo el reino vegetal, vive de luz, agua y Co2, y mientras en el día absorbe la luz, de noche, gracias al movimiento del mar, se activa y emite luz. Es decir que sin movimiento no se iluminan. Es, además, un microorganismo que tiene un reloj circadiano, nunca brilla si no es de noche, independiente de la oscuridad del día. Decidieron entonces, utilizar esta alga como referente en su búsqueda de fuente lumínica sustentable, en la cual el tiempo se convirtió en un eje central, pues no hay luz sin movimiento, ni movimiento sin tiempo.

Con la lámpara de tiempo escultural el colectivo buscó recuperar fuentes de luz sustentables a partir de organismos bioluminiscentes. ©AAC

Así, construyeron, en sus propias palabras, “una lámpara de tiempo escultural” que se ilumina mediante microorganismos bioluminiscentes que viven en los océanos: un recipiente de vidrio con agua de mar que contiene esta alga diminuta. En dicho objeto,  intentaron plasmar todos los fenómenos necesarios para su supervivencia, acentuando el profundo vínculo que existe entre el tiempo, la naturaleza, el movimiento y la luz. Al igual que el Pyrocystis Fusiformis, para que la lámpara emita luz, debe ser manipulada de noche manualmente por el humano, generando el movimiento necesario para que las algas se activen.

Con We Are Not In This Alone, AAC interrumpe la programación automática del ser humano, para resetearlo. En primer lugar, le permite experimentar una luz de fuente natural y realmente sustentable, la cual no lo ilumina realmente, o al menos no con el nivel de luminosidad al cual nos hemos acostumbrado en la actualidad. Una segunda adaptación tiene que ver con la temporalidad o la durabilidad de las cosas: We Are Not… obliga al usuario a condicionarse a un ritmo fijo y lento determinado por el reloj biológico del alga y no a su propio pulso. Esto lo convierte en un objeto que ofrece una experiencia prolongada en el tiempo, la cual funciona en base a la voluntad del ser humano de “olvidarse de sí mismo” para conectarse con el otro. Este acto de des-encapsulación no es otra cosa que una práctica simbólica, el proceso que Han ha descrito como un acto ritual de desprendimiento.

El colectivo artístico trabaja un tiempo, estructura y una razón de ser en su práctica que se contrapone a la producción de objetos seriales a gran escala. ©AAC

Poéticas de la luz

La provocación última de AAC está en la base de su producto: si su ritmo es pausado y la luz tenue, quiere decir que la lámpara está funcionando correctamente. El poder de We Are Not… es lograr la subordinación humana frente a un microorganismo del reino vegetal, consiguiendo que se aleje, por un momento, de su programación social actual. La poesía de la lámpara de tiempo, por su parte, transforma esta dinámica en una experiencia simbólica, en un ejercicio ritual sostenido y consciente de trascendencia del yo.

Si bien con We Are Not In This Alone, AAC no pretende cambiar el curso de la crisis ecológica y climática, sí consigue, al proponer como principio el trabajo colaborativo inter-especie, un impacto narrativo en torno a la disposición del ser humano con su entorno.

En plena era de la información rápida, del consumo de experiencias desechables, de la búsqueda de satisfacción inmediata, resulta reconfortante volver al origen, a la capacidad contemplativa; al ejercicio filosófico de estar en el tiempo, de relacionarse con la naturaleza para encontrarnos en tanto que individuos y colectivos. Tal como lo señala Han, “Estas coordenadas del mundo, que rigen eternamente y se reflejan en las cosas, otorgan al habitar humano la «lentitud y constancia con la que crece el árbol»”[6]. We Are Not In This Alone nos acerca al mundo como referente. Nos sitúa en la misma escenografía submarina donde se crearon las primeras células de vida hace unos 3.000 millones de años, y nos baja de la vorágine de nuestros tiempos para recordarnos que sólo somos una parte de un enorme engranaje.

Detalle de bioluminiscencia en microorganismos submarinos. © AAC

Sobre la Autora

Daniela Hermosilla Zúñiga (Santiago de Chile, 1983) es Doctora en Historia del Arte y artista visual. Co-fundadora del colectivo Greta Rusttt (2013- presente), desde donde desarrolla diferentes proyectos curatoriales, artísticos y editoriales. Es también, junto al artista Jan Vormann, co-directora de la revista ,coma (2020-presente), publicación de artista que parte de la noción de las ediciones impresas como lugar de encuentro colectivo. Es investigadora asociada en el grupo de investigación Arte, Globalización, Interculturalidad (AGI) de la facultad de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona. Ha publicado diversos artículos en revistas científicas y de divulgación en Barcelona, Berlín, Liubliana, Santiago de Chile, entre otros, y ha ofrecido diversas ponencias académicas en Barcelona, París y Valdivia. Vive y trabaja entre Berlín y Valdivia.

[1] HAN, BYUNG-CHUL. La desaparición de los rituales. Una topología del presente. Editorial Herder, Barcelona: 2020. Pág. 16

[2] HAN, BYUNG-CHUL. Vom Verschwinden der Rituale. Eine Topologie der Gegenwart. Ullstein Verlag, Berlín: 2019 (Primera edición).

[3] HAN, BYUNG-CHUL. Op. Cit. Pág. 12

[4] As a Ceremony, Manifesto. Berlín: 2018

[5] HAN, BYUNG-CHUL. Op. Cit. Pág. 14

[6] HAN, BYUNG-CHUL. El aroma del tiempo. Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse. Editorial Herder, Barcelona: 2015. Pág. 106

Imagen de portada: Detalle de We Are Not alone, la obra más reciente del colectivo, una investigación que cuestiona la posibilidad de fuentes de luz realmente sustentables. ©AAC