Por Angela Delorenzo Imagen de portada: Puerto Octay desde lo alto. Crédito: Guy Wenborne.  Borde Costero Sietecolores: Un caso de éxito de regeneración urbana y ecológica Esta columna forma parte de una serie de artículos que exploran la relación entre humanos y cuencas en una narración de historias ficticias –y utópicas– que proyectan una visión […]

Por Angela Delorenzo

Imagen de portada: Puerto Octay desde lo alto. Crédito: Guy Wenborne.

 Borde Costero Sietecolores: Un caso de éxito de regeneración urbana y ecológica

Esta columna forma parte de una serie de artículos que exploran la relación entre humanos y cuencas en una narración de historias ficticias –y utópicas– que proyectan una visión de  futuro para diversas localidades a lo largo de Chile, con el fin de inspirar la toma de acción hacia el desarrollo sustentable a lo largo del territorio y cuerpos de agua. En este artículo se explora el futuro de la cuenca del Lago Llanquihue, declarada prioritaria para la conservación, debido a su tamaño y la intensa actividad humana que amenaza dicha cuenca. ¿Qué pasaría si se tomaran acciones concretas para transformar este ecosistema en un sitio emblemático para la conservación a nivel mundial? A continuación detallaremos el proceso –a través de una narración polifónica que convocó a voces relevantes de la cuenca del lago– para llegar a esta meta.

Imagen Bahía y Humedales Puerto Octay Crédito: Chile Lagos Limpios

2010 – 2020:  La era del conflicto: desarrollo y preservación de ecosistemas naturales

Nuestro país se destaca por poseer la tercera reserva de agua dulce del mundo, ya que contiene importantes glaciares y espejos de agua de ríos y lagos. Esta enorme reserva está concentrada en la zona sur y austral del país, y la zona de la nor-Patagonia, regiones de La Araucanía, Los Lagos y Los Ríos, conteniendo un 30% de espejos de agua, gracias a los 23 lagos nor-Patagónicos, los cuales enfrentan hoy una mayor presión antrópica relacionada al avance de la industria agrícola, el crecimiento turístico y el desarrollo urbano, en un marco regulatorio que no da el ancho para sostener un desarrollo equilibrado.

La NASA publicó en 2010 el impacto que está causando el cambio climático en los lagos a nivel global, dada la sensibilidad de estos ecosistemas a las alzas de temperatura, las cuales suben 0.34 grados Celsius promedio por década. La cuenca del lago Llanquihue no ha sido ajena a este proceso de degradación.

Se trata de un modelo de desarrollo sostenible que ha permitido preservar y potenciar los valores naturales, culturales e históricos locales de Puerto Octay y el lago Llanquihue.

Así también, han sido numerosos los eventos de “blooms” de algas como  el que ocurrió en verano de 2018 en la playa Puerto Chico, Puerto Varas y que implicó su clausura, (Bío-Bío, 2018), afectando directamente la actividad turística de la zona en plena temporada de verano Adicionalmente, diversos actores de la cuenca del lago Llanquihue junto a intereses públicos y privados han sido perjudicados por el efecto del deterioro ambiental, lo cual se relaciona con la existencia de brechas de información, inexistencia de diagnóstico, carencias en la institucionalidad, y fallas en la coordinación de los actores involucrados.

Un indicador clave para establecer si hay equilibrio entre desarrollo y preservación, es la calidad de las aguas de los lagos y salud de sus cuencas. Es por ello que es urgente levantar la alerta y tomar medidas concretas, antes de llegar a un punto de no retorno.

Así, es durante ésta última década en la cuál emergen por doquier los conflictos entre necesidades antrópicas y los sistemas naturales, enmarcados en un contexto de sequía, cambio climático, más cambios importantes sociales a nivel local y global, que movilizan a las personas y organizaciones hacia tiempos de acción.

Costanera Puerto Octay previo a la Construcción del Borde Costero. Crédito: Chile Lagos Limpios

2020 – 2025: La era de la acción: héroes sin capa

Entramos así en una nueva era marcada por avances importantes y cambios estructurales, que para el lago Llanquihue resultan en un cambio radical para su cuenca. Liderado por organizaciones civiles y la comunidad científica nacional e internacional, quienes se unen y  gatillan un proceso de planificación con medidas concretas para proteger esta fuente de agua fresca, sostenedora de un ecosistema natural único. Se trata de un modelo de desarrollo sostenible que ha permitido preservar y potenciar los valores naturales, culturales e históricos locales de Puerto Octay y el lago Llanquihue, que hoy es un ejemplo para otras cuencas y ciudades en torno a cuerpos de agua del país.

Durante esta década nace PLOC (Corporación Plan Octay), un esfuerzo desde la sociedad civil con el objetivo de influir en el futuro desarrollo de la comuna, considerando el inminente desarrollo turístico e inmobiliario que se avecinaba de centros urbanos vecinos, índices de contaminación, y la escasa regulación. En alianza con agencias públicas y privadas, y la academia entregando una base científica fundamentada, han logrado definir una imagen objetivo de “Ciudad Lacustre” y dirigir las acciones de crecimiento para construir esta visión común, potenciando el valor único local y su contribución a escala del lago.

Comprendimos que lo que conecta a todos los actores de la cuenca con nuestros diversos intereses en el territorio, es el Lago. Es por esto que su preservación ha sido el hilo conductor del trabajo que hemos hecho. 

Este trabajo ha sido apoyado a escala de cuenca por diversas organizaciones congregadas para la protección y desarrollo sostenible del lago Llanquihue, agrupadas en el proyecto  “Cuenca Sostenible”. La organización logró constituir una mesa de gobernanza público-privada para la creación de un modelo integrado de gestión de cuenca, a la que se sientan empresas, municipalidades, intendencia y organizaciones sin fines de lucro que trabajan en asuntos específicos como PLADES Frutillar en temas de planificación y sustentabilidad urbana, Fundación Legado Chile liderando la conservación patrimonial de humedales, y la Fundación Chile Lagos Limpios, que ha aportado con su conocimiento y expertiz científico internacional junto a la academia local.

“Comprendimos que lo que conecta a todos los actores de la cuenca con nuestros diversos intereses en el territorio, es el Lago. Es por esto que su preservación ha sido el hilo conductor del trabajo que hemos hecho a escala de cuenca y en el desarrollo colaborativo de un modelo urbano lacustre en Puerto Octay, el cual por sus condiciones presentaba un caso de estudio emblemático para la temática de lagos y resiliencia al cambio climático”, comenta Tomás Cortese, Director Ejecutivo PLADES, y participe de Cuencas Sostenible.

El lago Llanquihue y el Volcán Osorno desde lo alto. Crédito: Guy Wenborne.

2025- 2030: La era del cambio: desde lo local al desafío global

El riesgo de perder la fuente de agua estratégica que representan los lagos nor-patagónicos, ha llamado la atención de la comunidad científica nacional e internacional. Basado en casos de éxito en el mundo, se ha implementado un sistema de monitoreo y modelación del impacto de los diversos usos de suelo en el lago, lo que ha permitido tomar decisiones informadas, y establecer estándares públicos y privados incorporados en la renovación urbana de Puerto Octay y su nuevo Borde Costero.

El envejecimiento natural de un lago ocurre lentamente, durante miles de años. Sin embargo, con influencia humana, el proceso puede llevar solo décadas.

“Una vez formados, los lagos evolucionan y sus características cambian con el tiempo. Como las personas, pasan por diferentes etapas de la vida: juventud, madurez y vejez. Todos los lagos, incluso los más grandes, desaparecen lentamente a medida que sus cuencas se llenan de sedimentos y material vegetal. El envejecimiento natural de un lago ocurre lentamente, durante miles de años. Sin embargo, con influencia humana, el proceso puede llevar solo décadas”, comenta el Dr. Geoff Schdalow, Director del Centro de Investigación Ambiental de UC Davis California en Tahoe y Director de la Fundación Chile Lagos Limpios, quien ha liderado junto a académicos nacionales el desarrollo de herramientas científicas para informar la definición de políticas públicas y privadas de usos de suelo de la cuenca del lago Llanquihue.

El aporte de agencias internacionales se complementa con el trabajo de la academia local, como el que realiza la Universidad San Sebastián, a cargo de Marcos Godoy, Investigador y director del programa masAzul Lago Llanquihue, quién comenta: “El Lago Llanquihue se ha convertido en un modelo de clase mundial en materia de conservación, ciencia aplicada, tecnología y educación ambiental, en equilibrio con el desarrollo integral de las comunidades.”

Humedales urbanos de Puerto Octay. Crédito: Chile Lagos Limpios

La nueva cara de Puerto Octay

El éxito de Puerto Octay reside en la capacidad de definir una visión común de desarrollo y la identificación de proyectos emblemáticos que contribuyen en el corto y largo plazo a construir este objetivo. Entre otros, un plan de infraestructura verde. Se trata de la eliminación de descargas de aguas servidas al lago y la construcción de plantas de tratamientos individuales y colectivas, protección de áreas verdes en el borde del lago e interior de la cuenca, cambios en las prácticas agrícolas y uso de fertilizantes, entre otros. Uno de los proyectos emblemáticos es el Borde Costero Siete Colores Puerto Octay.

“La mirada anticipada al desarrollo y efectos del cambio climático nos ha permitido no sólo evitar desastres, sino también identificar oportunidades de preservación y desarrollo del patrimonio que identifican y agregan valor a Puerto Octay, como revivir su condición de puerto y relación natural de la ciudad con el agua”, comenta Rodrigo Puchi, director de Corporación Plan Octay (PLOC).

El sueño de muchos octayinos/as era recuperar la condición de puerto de la ciudad. En sus inicios, los traslados de los primeros colonos fueron por vía acuática, hasta que se construyó el camino que comunicó Osorno con Puerto Varas y Puerto Octay. A lo largo del lago, aún se pueden ver vestigios de los antiguos muelles que conformaban una red navegable, parte del proyecto de recuperación del borde del lago. Una de las particularidades adicionales de Puerto Octay son sus 23 hectáreas de  centro histórico protegidas como monumento histórico. La mitad de ésta área corresponde a una parte importante del proyecto Borde Costero Lacustre, el cual ha potenciado esta condición cultural.

“La apertura del puerto nos ha permitido conectarnos nuevamente con el agua y con la navegación, abriendo nuevas rutas y oportunidades. Las nuevas generaciones crecen hoy vinculados directamente con la fuente de vida y trabajo que representa el lago” comenta Juan Riveros, Capitán de uno de los catamaranes que trasladan pasajeros en la tradicional ruta Puerto Octay – Península Centinela.

Red Transporte Acuático Lacustre Puerto Octay- Lago Llanquihue: Rodrigo Puchi (Director PLOC)

Infraestructura Verde

Además de su condición cultural, el Borde Costero cumple una función ecológica fundamental para la preservación del ecosistema del lago, como una pieza clave de infraestructura verde, al componerse de vastos humedales que actúan como filtro natural de los escurrimientos de aguas lluvias superficiales que descienden contaminadas por la zona urbana hacia el lago. Ésta es una de las principales causas de contaminación de aguas, por lo que la preservación de estos espacios acuáticos es uno de los principales logros del proyecto, que se complementa con el recientemente implementado plan maestro de aguas lluvias. El borde se ha convertido en un ejemplo a nivel nacional, contrariando la tendencia de proyectar bordes costeros sólo como obras de ingeniería sin considerar aspectos biológicos y culturales, lo que hubiese impactado negativamente a los ecosistemas del borde del lago, a diferencia de las consideraciones de proyectar infraestructura verde.

“Para la recuperación de los humedales del Borde Costero utilizamos el enfoque propuesto por la infraestructura verde. Esto nos permitió  integrar el manejo de aguas lluvias, consolidar espacios para la vida silvestre, al tiempo que aumentamos las áreas verdes a más de  10 metros cuadrados por habitante.  En estos lugares hoy podemos observar aves como el Sietecolores en plena costanera”, comenta Andrés Riveros de Fundación Legado Chile, organización sin fines de lucro que liderara la restauración de los espacios de humedal de la cuenca del lago.

Humedal urbano Puerto Octay. Crédito: Chile Lagos Limpios

Las claves del éxito

Para Ángela Delorenzo, Directora de Estrategia de Fundación Chile Lagos Limpios,  las razones de por qué Puerto Octay se ha transformado en un referente internacional de desarrollo sostenible se asocian a  “priorizar la calidad del agua del lago; construir el borde de agua como una pieza de infraestructura urbana y verde; preservar la identidad histórica que entrega un carácter y atractivo turístico al lugar, continuar con los lineamientos de diseño del centro urbano hacia el resto de la comuna; proveer de acceso público en el area urbana al lago; planificar a través de alianzas público-privadas; incluir la participación ciudadana en el proceso de diseño y validación del proyecto; y por último, tomar lecciones aprendidas de experiencias internacionales exitosas”.

De esta forma, Puerto Octay se ha convertido en un referente de ciudad lacustre y desarrollo de bordes de agua sustentable, que colabora directamente con el modelo de gestión que la cuenca del lago Llanquihue proyecta para asegurar un equilibrio entre desarrollo y preservación del ecosistema natural.

“Los lagos son fuente de desarrollo económico, cultural y reservorios de agua dulce accesibles de importancia internacional; desarrollar herramientas concretas de planificación de cuencas es fundamental para asegurar la resiliencia y desarrollo sostenible del país”, comenta Fernando Coz, Director Ejecutivo de Chile Lagos Limpios, fundación de colaboración internacional que trabaja en conservación, desarrollo sustentable y resiliencia al cambio climático de los lagos nor-patagónicos de Chile.

Imagen Lago Llanquihue y Puerto Octay. Crédito: Guy Wenborne.

Hoy, 2020: Punto de inflexión: proyectando cambiar el status quo

Los desafíos en los lagos de Chile como los que enfrenta constantemente la Cuenca del Lago Llanquihue son múltiples y de alto riesgo para la salud humana y de los ecosistemas que nos sostienen. La capacidad de establecer una visión para la cuenca es clave para construir el futuro sostenible que esperamos. Nuestro objetivo es que este relato inspire y promueva casos de éxito local para abordar desafíos globales como detener la sequía y cuidar la calidad de las aguas dulces, que logren construirse en base a alianzas público-privadas, integrando a la ciencia, que permita establecer nuevos modelos de desarrollo que sustenten a corto plazo una economía vibrante y a su vez la preservación del agua, en el contexto urgente de cambio climático.

Sobre la Autora: Ángela Delorenzo es co-fundadora de LAND (www.landarquitectos.com).  Master of Landscape Architecture emphasis Environmental Planning & Urban Design (MLA) Universidad de California, Berkeley. Co-fundadora y Directora de Estrategia de Fundación Chile Lagos Limpios (www.chilelagoslimpios.cl) de colaboración internacional entre Chile y California. Desde Abril 2020 es Directora de la Asociación de Oficinas de Arquitectos de Chile (AOA). Su gran motivación es la integración de factores de cambio que promuevan la identidad única social y medioambiental de cada lugar, mejorando la calidad de vida de las personas.

 

 

 

Mujeres por la diversidad en un planeta en crisis

Por Paula Salinas Massabó ¿Dónde converge lo que todas y todos anhelamos? ¿Cómo volver a lo esencial y relacionarnos de manera más armónica entre personas y con la naturaleza? Quizás, esta vez, necesitemos un modelo que incluya a quienes han quedado al margen del desarrollo y de la cultura dominante y muchas veces, también de […]

Por Paula Salinas Massabó

¿Dónde converge lo que todas y todos anhelamos? ¿Cómo volver a lo esencial y relacionarnos de manera más armónica entre personas y con la naturaleza? Quizás, esta vez, necesitemos un modelo que incluya a quienes han quedado al margen del desarrollo y de la cultura dominante y muchas veces, también de los derechos humanos básicos.

Un modelo de desarrollo que comprenda que los límites de la tierra también son los nuestros, y que proteja la diversidad, tanto de nuestros ecosistemas como de la multiplicidad de voces que conforman nuestra humanidad.

El movimiento feminista es un llamado a aceptar la diversidad que vive en nosotras y en nuestras comunidades, es luchar por una sociedad más justa, para todas y todos,  lo cual puede encaminarnos hacia una convivencia más pacífica entre seres humanos, con el medio ambiente y que sea perdurable en el tiempo.

“Al crear monoculturas creamos violencia, esa falta de diversidad y pérdida de identidad lleva a la gente a refugiarse en el integrismo y la xenofobia”, dice Vandana Shiva. Crédito foto: Carmen Marxuac

Diversas como la naturaleza

Nuestra tierra está cambiando, nosotras también. Hoy buscamos liberarnos de la homogeneización cultural que atenta contra nuestra identidad así como también la de los monocultivos que atentan contra la preservación de la vida y nuestra propia naturaleza.

Y así como la naturaleza es diversa, nosotras también lo somos en nuestras voces y experiencias.

El feminismo puede vivirse distinto para una mujer blanca urbana del mundo occidental que para una campesina del tercer mundo, que lucha por su subsistencia y que ha sido invisibilizada por el sistema.

Entonces, ¿qué nos une?

Hablar de feminismo es hablar de justicia. Es construir un mundo donde nuestro género, raza, cultura o situación socioeconómica no sea una limitante en nuestras vidas. Es un llamado a recuperar nuestro valor y derechos a ser consideradas como iguales dentro de la sociedad.

“El feminismo se trata de justicia y creo que todos queremos vivir en un mundo justo. Todos estamos mejor si vivimos en un mundo justo, un mundo de real equidad. Entonces, todos deberíamos ser feministas” – Chimamanda Ngozi Adichie. Crédito foto: Markus Spiske.

Los límites de la Tierra, también son los nuestros

La actual crisis climática refleja el impacto que hemos tenido sobre nuestro planeta, especialmente por la actividad humana desarrollada los últimos cien años, basada en la quema de combustibles fósiles -principal responsable del calentamiento global-  y la sobreexplotación de la naturaleza.

Esta situación ha provocado un cambio abrupto en los ciclos de la Tierra que hoy pone en riesgo la vida en nuestro planeta como la conocemos.

Si bien, hoy existe una política internacional que busca limitar los efectos de la crisis climática para que el aumento de la temperatura global no sobrepase los 2° Celsiuscon el Acuerdo de París- y otros para encaminarnos hacia un desarrollo sostenible -con los Objetivos de Desarrollo Sostenible o ODS-; para que esto se concrete en el tiempo, es indispensable reflexionar sobre nuestro paradigma actual de necesidades ilimitadas en un mundo finito.

En la búsqueda de satisfacer nuestras necesidades “ilimitadas” sin contemplar los límites de la Tierra, quizás nos olvidamos que estos límites también son los nuestros.

Al respecto, María Mies comenta: “Con (el libro) Limits to Growth de James Lovelock, queda claro que los recursos de nuestro planeta son limitados, que si se sigue una filosofía de crecimiento ilimitado de bienes y servicios, y por consiguiente, de beneficios económicos, se rebasarán forzosamente los límites ecológicos de la tierra”.

Estos límites ya los sobrepasamos, pues hoy son necesarias cerca de 1,75 planetas Tierras para abastecer nuestra demanda anual de recursos naturales. Es decir, nuestro estilo de vida y de consumo siguen un ritmo tan acelerado que hemos sobrepasado lo que los ecosistemas son capaces de regenerar en un año, afectando la capacidad que tiene la Tierra de acogernos y proveernos de manera sustentable.

Sin embargo, a través del desarrollo de sistemas sociales y económicos más equitativos -y circulares- junto con la protección de nuestra biodiversidad, podríamos crear sistemas más resilientes capaces de lograr un desarrollo sostenible para todas y todos.

Entonces, ¿cómo podríamos vivir en mayor armonía con la naturaleza?

Un punto de partida puede ser reflexionar sobre lo que consideramos como “desarrollo”. ¿Será que podremos construir nuevos modelos de subsistencia que no se basen en el crecimiento ilimitado de unos pocos?

En relación a ello, Max-Neef junto a otros autores mencionan la importancia de que nos replanteemos como sociedad, en primer lugar, nuestras necesidades básicas, para a partir de allí generar modelos más sostenibles.

 

Tener presente cuáles son nuestras necesidades nos ayuda a repensar cuáles son nuestros modos de satisfacerlas, replantearnos cómo poder hacer un uso más racional de nuestros recursos y también los del planeta.

Otro modo en que podríamos convivir en mayor armonía entre personas, y con la naturaleza, es acercarnos hacia una sociedad más equitativa y diversa.

“Ni siquiera la estrategia de desarrollo sostenible pone en duda el paradigma del crecimiento permanente”. – Vandana Shiva. Crédito foto: Falak Lazuardi.

La importancia de la equidad de género en la diversidad, la seguridad alimentaria y el cambio climático

Según la ONU, “las mujeres rurales representan más de un tercio de la población mundial” y son quienes aseguran la biodiversidad en gran parte de las culturas a través de la protección de las semillas[1], además de cuidar de la tierra y alimentar a naciones enteras. Es decir, garantizan la seguridad alimentaria y la resiliencia climática global.

Actualmente, cerca del 42,7% de la mujeres económicamente activas del mundo trabajan en agricultura, sin embargo, ellas pasan jornadas laborales el doble de extensas que los hombres, junto con dedicarse al cuidado de sus familias y a las actividades domésticas.

Además, aún existe una brecha de género muy importante cuando se trata de posesión de la tierra, financiación y consideración en los programas de desarrollo agrario[2]. “Cerrar la brecha de género en el sector agrícola resulta fundamental para garantizar la seguridad alimentaria, construir la resiliencia climática y erradicar la pobreza”, sostienen desde ONU Mujeres.

“Es la interdependencia de todos los ecosistemas y organismos lo que permite la subsistencia de la vida. Es la vida la que permite la existencia de la vida en la Tierra” – Jens Benöhr y Juan Pablo Orrego. Crédito foto: Santtu Perkio.

Mientras tanto, en África, donde la emergencia climática no es un problema del futuro, sino del presente, que acrecienta la pobreza y pone en riesgo la seguridad alimentaria, se estima que las mujeres podrían aumentar la producción agrícola en al menos un  20 por ciento, siempre y cuando tuvieran acceso igualitario a la tierra y a otros activos productivos.

Ejemplo de ello, es lo que ocurre en Chad, donde cerca del 90% de los recursos del lago Chad han desaparecido y de él dependen alrededor de 40 millones de personas.⁠

Allí, el cambio climático ya afecta directamente la vida de las personas. Los hombres migran a la ciudad en la estación seca para conseguir un trabajo que les permita enviar dinero a casa, mientras tanto, las mujeres se hacen cargo del cuidado de la tierra, de sus familias y de la seguridad alimentaria, en un país donde la mayor parte de la población depende de la agricultura familiar y de subsistencia.⁠

Sin embargo, en la búsqueda de soluciones para restaurar las tierras degradadas y aumentar la fertilidad en los suelos de Sahel, se ha revivido una vieja técnica tradicional agroecológica llamada «zai», que puede mejorar la producción de los cultivos en un 500%.

Ejemplos como estos nos permiten dimensionar la importancia de la equidad de género para construir nuevas redes beneficiosas para todas y todos, capaces de enfrentar los desafíos necesarios para mantener la vida en la Tierra.

Quizás solo nos falte recordar que también somos parte de la naturaleza, que somos interdependientes, que la vida en la Tierra existe porque estamos más conectados de lo que imaginamos, y porque al igual que en un bosque, en nuestra diversidad y ayuda mutua puede estar nuestra más grande fortaleza.

Nuestro actual paradigma social, económico y cultural, que no contempla la diversidad, la equidad de derechos y oportunidades entre personas, ni tampoco la capacidad ecológica de lo sistemas naturales, evita que realmente pueda existir un desarrollo sostenible hoy y en el tiempo.

Cerrar las brechas de género puede acercarnos a construir sistemas más resilientes y colaborativos que permitan transformarnos hacia una sociedad capaz de cohabitar en mayor armonía el planeta de todas y todos.

[1] Maria Mies y Vandana Shiva (1998)  en La praxis del ecofeminismo.

[2] Ibíd

Sobre la Autora

Paula Salinas estudió geografía, escribe y crea contenido. Inspirada en el buen vivir y el arte, busca cómo podemos convivir de manera más armónica entre personas y con la naturaleza. Para ver más de su trabajo síguela en @flordel_sur

Fuentes

Benöhr, J., Orrego, J. (2018) en “Teoría Gaia: la Tierra como un organismo vivo”, Revista Endémico, N°3, 46-51, Chile.

Cargallo, F. (2013) en “Feminismos desde Abya Yala. Ideas y proposiciones de las mujeres de 607 pueblos en nuestra América”, Editorial Quimantú, Chile.

Max- Neef, M., Elizalde, A., Hopenhayn, M. (2010) en “Desarrollo a escala humana. Opciones para el futuro”, Edición Biblioteca CF+S, España. Disponible en:  http://habitat.aq.upm.es

Mies, M., Vandana, S. (1998)en  “La praxis del ecofeminismo”, Icaria editorial, España.

Ngozi Adichie, C. (2015) en “Todos deberíamos ser feministas”, Editorial Random House.

Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (2011) en “El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2010-2011. Las mujeres en la agricultura, cerrar la brecha de género en aras del desarrollo”. Disponible en: http://www.fao.org/3/i2050s/i2050s00.htm

UN Women (2020). Disponible en: https://www.unwomen.org/

World Economic Forum (2019) “In Chad climate change is already a reality | Ways to Change the World”. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=8l-dhwqd2UM