En lo profundo de la costa sur de la región del Bío Bío se encuentra la localidad de Tirúa, justo frente a Isla Mocha. Los restos arqueológicos de estas zonas han confirmado la existencia de ocupación humana temprana. Los primeros habitantes de los que se tiene registro son los que corresponden al complejo Pitrén, una cultura agroalfarera pre mapuche. En medio de la Cordillera de la Costa y el inmenso océano Pacífico, Tirúa ha sido un lugar que ha dado cobijo a una gran diversidad de especies, paisajes y culturas.
La localidad de Tirúa se encuentra en la región del Bío Bío, entre la Cordillera de la Costa y el Oceáno Pacífico. © Red de Mujeres del Lavkenmapu.

No es raro que surjan en estas tierras comunidades que busquen fortalecer prácticas en torno a los saberes locales y ancestrales,  que impulsen procesos de restauración y transición agroecológica y avancen en la identificación y propagación de especies nativas. En este contexto encontramos a La Red de mujeres del Lavkenmapu, una agrupación de mujeres mapuche y campesinas de Tirúa, quienes el año pasado (2021) ganaron —junto a otras organizaciones de distintas partes de Chile— el Fondo de la Fundación Mar Adentro (FMA). 

Endémico web habló con dos de las dirigentas de esta agrupación: Berta Reyes, quien es la actual presidenta y Carmen Carrillo, quien fue la primera presidenta. Nos contaron sobre la importancia de generar comunidad, del buen vivir, de las diversas actividades que realizan desde el 2013 y de la importancia del apoyo de FMA en el fortalecimiento de sus iniciativas en la recuperación de semillas, el rescate de formas antiguas de trabajo en la huerta, libres de pesticidas y, por supuesto del cuidado del agua, que es uno de los grandes problemas que hoy nos afecta a nivel global.

La Red de mujeres del Lavkenmapu trabaja, entre otras cosas, en la recuperación de semillas y el rescate de antiguas formas de trabajo en la huerta. © Joshua Lanzarini.

Endémico web: ¿Cómo nace la Red de mujeres del Lavkenmapu?

Berta Reyes: La Red nace por allá por el 2013. En ese entonces Susana Huenul, quien trabajaba en la municipalidad, gestionó encuentros y reuniones con diversas agrupaciones de mujeres. Ella hizo estos encuentros con las dirigentas para que nos conociéramos. Empezamos así a reunirnos como cada uno o dos meses. En ese entonces logramos hacer cosas como talleres, encuentros, etc. Con el pasar de los años vino un cansancio de los grupos de mujeres a nivel comunal porque a la municipalidad le llegaban cada día menos recursos para distribuir en distintos ámbitos que se estaban desarrollando, entre ellos, el tema de la mujeres, su trabajo con las plantas, el medio ambiente, las aguas, todas esas cosas que Susana siempre hizo mucho hincapié.

Carmen Carrillo: Por este motivo las socias empezaron a bajarse, quedamos solo las que perseveramos. Entonces dejamos de ser grupos asociados, y pasamos a ser puras mujeres. Ahí formamos la Red de Mujeres del Lavquenmapu, anteriormente la Red de Organizaciones. La red es bien diversa y cada mujer tiene su historia, sus trabajos. Todas con el anhelo de trabajar y acompañarnos. Siempre apoyándonos, mandando mensajes, llamándonos. 

La Red de Mujeres del Lavkenmapu esta formada por diversas mujeres mapuche y campesinas de Tirúa y sus alrededores. © Red de Mujeres del Lavkenmapu.

E: ¿Cuál es el objetivo de esta red?

B.R.: Nuestro objetivo principal es cuidar el buen vivir de la familia, de las mujeres y de la comunidad acá en Tirúa y sus alrededores, es decir, buscamos vivir en armonía con lo que tenemos a nuestro alrededor y con nuestra cultura. En el caso de nosotras, mujeres campesinas, esto se traduce, por ejemplo, en cuestionarnos cómo podemos cultivar las huertas sin provocar un gran impacto en el ecosistema, preguntarnos cómo vamos a abonar nuestras plantas ¿con químicos o de una forma “más natural”? Esto ha ido acompañado de rescatar conocimientos ancestrales, tanto de la cultura mapuche, como la campesina. Ahora bien, lo que prima en esta Red de Mujeres es el convivir juntos, más allá de si somos o no mapuche. 

«Todas hemos visto a nuestras mamás regar las huertas, cosechar verduras a destajo en el campo, entonces, se trata de valorar eso y traspasarlo a las nuevas generaciones» (Berta Reyes).

Todas hemos visto a nuestras mamás regar las huertas, cosechar verduras a destajo en el campo, entonces, se trata de valorar eso y traspasarlo a las nuevas generaciones. Tratamos de rescatar todas esas actividades y costumbres que se hacían antes en estos territorios. Invitamos, así, a las y los niños de las escuelas para que ellos aprendan a valorar toda esta riqueza que tiene la zona. Por ejemplo, cuando hacemos intercambio de semillas una costumbre de comercialización ancestral en donde las comunidades mapuche y campesinas del territorio practicaban el trueque dentro de una ceremonia—.  Aquí las personas se miran a los ojos y se intercambian algo que ellos mismos han cuidado y cultivado, algo que es una parte suya.  Sabemos que rescatar las antiguas costumbres, las semillas antiguas, cultivar especies en peligro de extinción, aprender a trasplantar, hacer esquejes es importante para conservar la biodiversidad del territorio y proteger el agua. Sin el agua no existiríamos. 

En los Travkintu las personas se miran a los ojos y se intercambian algo que ellos mismos han cuidado y cultivado, algo que es una parte suya. © Red de Mujeres del Lavkenmapu.

E: ¿Por qué es importante para ustedes generar comunidad?

B.R.: Cuando uno está solo se hace más difícil lograr o conseguir objetivos, por ejemplo cuidar el agua. Es bueno que uno tenga conciencia de la importancia del agua, pero si esa conciencia se multiplica es mucho mejor para el medioambiente, es decir, esto va a tener más repercusión. Así ocurre en todo ámbito de cosas. Además, cuando haces las cosas en comunidad te queda un sabor dulce, te invade una emoción de satisfacción, es una alegría interna, eso es impagable. Hay que trabajar juntos, aliarse con otros y otras, incluir a los niños, eso es fundamental para nosotras. Al fin y al cabo nosotras somos con los demás.  

«Cuando haces las cosas en comunidad te queda un sabor dulce, te invade una emoción de satisfacción, es una alegría interna, eso es impagable» (Berta Reyes).

E: ¿Cuáles son los grandes problemas a los que se enfrentan la gente, en especial las mujeres de Tirúa y sus alrededores?

C.C.: Aparte de la pandemia, estamos pasando por algunos problemas como las forestales, que han invadido y han hecho desaparecer el bosque nativo. CONAF y el estado bonificó a muchos agricultores sin informarles que podían plantar otros árboles, que con los pinos y eucaliptus no se hace bosque, sino monocultivo. Así, no solo las forestales, sino que los pequeños agricultores llenaron también de pinos y eucaliptus. Las cuencas de agua quedaron desnudas y los monocultivos se están tragando las pocas aguas que van quedando. Esa es una de las grandes problemáticas de la comuna: estamos quedándonos sin agua y eso a su vez nos deja sin hierbas medicinales, sin bosques, sin frutos para recolectar. 

Además ha llegado mucha droga acá a Tirúa, lo que genera mucha violencia  e inseguridad. Es un problema que si bien afecta a todos, a las mujeres les afecta en particular porque somos las que absorbemos todo. Por otra parte, los temas de conectividad también nos afectan. Mi hija es profesora y este año se vino a vivir con nosotras. Ella tuvo que contratar internet satelital, pero sale super caro. Los niños que no pueden pagar eso se quedan sin poder aprender, sin estudios. Este es un problema sobre todo en los campos, la locomoción también es escasa. 

CONAF y el estado incitó a los pequeños agricultores a plantar  pinos y eucaliptus, pero con ellos no se hace bosque —como el de la imagen—, sino monocultivo. © Red de Mujeres del Lavkenmapu.

E: ¿Qué tipo de plantas cultivan?

B.R: Las verduras que más hemos tratado de recuperar, a través de los intercambios son acelgas de distintos colores, tomates con su diversidad de formas y colores, chalotas, ajíes, distintas variedades de kale, espinacas, zanahorias, diversidad de porotos, quinoa, otras leguminosas como arvejas y lentejas. También diversos tipos de lechugas, ajos, perejil, cilantro, apio, etc. Hemos rescatado plantas ya un poco desaparecidas como una variedad de vinagrillo que antiguamente se usaba como aliño de ensaladas por la acidez que contiene en sus hojas. Muchas hierbas medicinales también. Nos hemos preocupado de compartir los saberes respectos a las hierbas medicinales y también tomando distintos talleres para complementar lo que ya sabemos por historia de nuestras familias.

Para la Red de Mujeres del Lavkenmapu es importante alimentar bien a sus familias y, luego, si es que existen excedentes vender parte de sus cosechas y lo recolectado. © Red de Mujeres del Lavkenmapu.

Nosotras también recolectamos especies silvestres como la mora, la murtilla, el maqui. Con ellas hacemos cosas para nuestra familia y para vender. Hay algunas compañeras que tejen con ñocha (una planta de hojas largas y dentadas cuya fibra se usa para hacer sogas, canastos, sombreros, entre otros), yo que hago mis productos con lahuén (Hierbas medicinales). Otras se dedican al tema de la miel, otras con papas nativas. Hay una chica que está incursionando en los temas de abonos orgánicos, etc. 

E: ¿Por qué es importante trabajar en la recuperación de semillas y las formas antiguas del trabajo en la huerta?

C.C.: hemos visto que esto de la modernidad está avasallando con muchas costumbres, sobre todo del pueblo mapuche al que pertenecemos varias comunidades. La idea es recuperar el buen vivir o küme mongen como dicen en la cultura mapuche. La importancia de recuperar las semillas es que tengamos soberanía alimentaria. Todas nuestras semillas están libres de químicos, son semillas que cosechamos todos los años, no necesitamos comprar. Así, compartimos nuestras semillas dentro de la misma comuna, pero también fuera, por ejemplo hemos ido a Currarehue, Temuco, Yumbel, Los Ángeles, entre otras localidades. 

La semilla es patrimonio de los pueblos y comunidades, hay mucha diversidad. Nuestras semillas son sanas, fértiles y cultivadas a puro abono orgánico de lombriz. Nuestras familias están bien alimentadas y nos ahorramos dinero. Por eso siempre nuestros talleres y proyectos están enfocados en el riego, el cuidado de árboles para recuperar cuencas de aguas. Hemos hecho bosques comestibles, es decir, cultivar árboles que te dan frutos (como los nogales y otros frutales) mezclados con árboles pioneros que dan nitrógeno y potasio a la tierra. 

La recuperación de las semillas involucra la recuperación de tradiciones. El intercambio de semillas, el compartir y conversar, es muy importante para transmitir los saberes y experiencias de las mujeres.

Te invitamos a seguirlas en su canal de youtube y en su página de Facebook Red de Mujeres del Lavkenmapu

Imagen de portada: © Johnny Mcclung.

Michael Cáceres, director de la compañía «Rodaje Callejero», conversó con Endémico web sobre su nuevo montaje enfocado en la contaminación de los plásticos en el mar. Se trata de “El mar hecho bolsa”, una obra que se narra con marionetas elaboradas de plástico, máscaras y botellas transformadas en personajes y una gran banda en vivo […]

Michael Cáceres, director de la compañía «Rodaje Callejero», conversó con Endémico web sobre su nuevo montaje enfocado en la contaminación de los plásticos en el mar. Se trata de “El mar hecho bolsa”, una obra que se narra con marionetas elaboradas de plástico, máscaras y botellas transformadas en personajes y una gran banda en vivo que acompaña a un elenco de actrices y actores. Hoy, con 7 años de trayectoria en la calle y el cuerpo, «Rodaje Callejero» se prepara para un nuevo estreno este 18 de diciembre (ver recuadro al final para reservas). Sobre sus inicios, motivaciones y desafíos de esta forma de teatro en Chile y cómo lograron sacar adelante una nueva obra a pesar de todos los obstáculos, nos cuenta su director en esta entrevista.

Evidenciar la enorme cantidad de basura diaria que se generaba en el barrio donde vivían, motivó a los integrantes de «Rodaje Callejero» a crear una obra de teatro que hablara sobre el plástico en el mar. © Azlim Vega.

Endémico web: ¿Cómo surge la compañía Rodaje Callejero?

Michael Cáceres: Rodaje Callejero nace el 2013, en la escuela de Teatro del Instituto Profesional Los Leones, en Santiago de Chile. En ese entonces un grupo de estudiantes decide hacer una obra de teatro que sea en la calle. Tenían la ambición de montar la divina comedia de Dante Alighieri. Luego de un par de reuniones, crearon el logo de rodaje callejero, un campesino que lleva grandes historias por el pueblo. Y otro colega trajo el nombre “Rodaje Callejero”. Como yo tenía un poco más de experiencia como actor me convertí en director de Rodaje Callejero. Los proyectos auto gestionados de teatro son muy lánguidos en los procesos de investigación. Por eso, con el tiempo el grupo se disolvió y finalmente estrenamos otro montaje callejero llamado “Yungay una historia para contar”, en 2014, 2015, 2016. Se trataba de una comedia que habla sobre unos abuelos que se quieren escapar de un asilo para vivir su vida. Con tres años de trayectoria itineramos por centros culturales, anfiteatros, plazas, zócalos. Y entonces nos preguntamos ¿Queremos hacer teatro callejero? Y buscamos un nuevo elenco de actores y actrices profesionales para investigar en un nuevo montaje con códigos y estética del teatro de callejero. Hoy Rodaje Callejero tiene 10 integrantes que van desde músicos, actores, actrices, artistas de circo. En diciembre  cumpliremos 7 años de historia.

¿Cómo director de la compañía, qué te llevó a realizar estas obras de teatro fuera de los circuitos tradicionales, a usar como escenario la calle y tener como principal herramienta de trabajo los objetos reciclados?

Desde comienzos de la universidad trabajé en la calle. Pagué mi carrera de actuación trabajando en semáforos, haciendo lo que aprendía en la escuela, desde malabares, pantomima clásica, marionetas, clown. Todo esos lenguajes se juntan en la calle y la gente lo agradece muchísimo. Admiro mucho a los artistas callejeros que luchan por tener un lugar. Desde los 18 años que la calle es para mí un escenario muy cercano. El teatro de sala, en cambio, es muy hermético, no he visto obras donde la gente realmente se pare y se vaya del teatro si no le gusta la obra, el espectador entra a la sala, se sienta en su butaca y se genera un silencio hasta que la obra termina.

Nuestra decisión de salir a las calles va por tener un contacto directo con el transeúnte, romper lo cotidiano. No es tarea sencilla intervenir y sacar a la gente de su teléfono celular, para que te pongan atención por 5 minutos. En la calle se generan códigos que se repiten en muchas partes del mundo, desde la pareja que sale a trotar, el abuelito, el perro callejero, la pareja pelando, el borrachito en la esquina, etc. La calle está llena se símbolos y significados, puedes intervenir un espacio abandonado y aquello es una acción política, ya que le das vida a un espacio que nadie nunca se fijó, la gente tiene la libertad de opinar, y si les gusta te lo harán saber, y si no les gusta seguirán su camino.

Elegimos también el escenario de la calle, ya que transita gente que no acostumbra ir al teatro, o al cine, o consumir cultura. En la calle todo puede pasar, no tienes la comodidad de la electricidad, o una butaca. El teatro callejero es directo, el actor o actriz tiene que estar presente con todos sus sentidos, ocupar su cuerpo como herramienta de expresión para ser escuchado.

El teatro callejero permite lograr una cercanía y empatía con el espectador que el teatro tradicional, con butacas y silencioso no logra, dice Michael Cáceres. © Azlim Vega

¿Cómo se insertan ustedes en la tradición del teatro callejero de Chile?

Desde la década del 80’ y  90’ en adelante hay una historia muy rica del teatro callejero chileno. Grandes compañías como La Patogallina, La Patriótico Interesante, Teatro Mendicantes, El Gran Circo Teatro, Teatro del Silencio y muchas más que dejaron una excelente metodología de trabajo y pasión como hacedores y trabajadores del teatro callejero.

Es por eso que desde joven el escenario de la calle ha sido muy interesante de abordar para nosotros, siempre con los límites de ser una compañía joven e independiente. Es un gran desafío mantenerse por años y perdurar con un equipo que tenga las mismas convicciones y sueños. No cambiaria jamás el escenario de la calle, ahí uno conoce gente maravillosa, desde el borracho que pide limosnas, el caballero que vende mercadería para llevar un sustento a su casa, o grandes artistas de calle que trabajan día a día para pagar sus necesidades básicas. Elegimos la calle para llegar a muchas más audiencias y alcanzar un sector donde la cultura no llega usualmente: una plaza, un anfiteatro, ferias, zócalos.

¿Cómo fue el proceso de crear el montaje “El mar hecho bolsa”?

“El mar hecho bolsa” es nuestro quinto montaje y es una obra estacionaria callejera que habla sobre la contaminación de plásticos del mar. La obra se creó el año 2019 con Francisca Cortez Yañez, artista visual, integrante de rodaje callejero. Nos preguntamos, ¿qué le queremos dejar a las futuras generaciones?

Nos dimos cuenta que donde vivimos, en la comuna de la Florida, las calles estaban llenas de basura, cotillón por año nuevo, botellas de plásticos, bolsas, latas, cigarros, juguetes. Por eso decidimos reciclar y hacernos cargo de esos elementos, y uniendo herramientas de pintura con acrílicos, técnicas de marionetas que aprendí en la escuela de teatro, hicimos las primeras marionetas de bolsas de plástico. Luego Francisca pintó y decoró para resaltar los colores. En el teatro puedes encontrar muchas metodologías, y una de esas es el teatro de objetos donde con elementos como una cuchara, una lata de cerveza, una guitarra, o una lavadora vieja puedes enchularlas y darle vida. Así reutilizamos algo que de otro modo hubiese terminado en el mar, o en un vertedero. Y le dejamos al público infantil y adulto un potente mensaje de reciclaje.

Existe una importante tradición de teatro callejero en Chile, impulsada por compañías como La Patogallina, Teatro del Silencio, entre otros, quienes inspiraron a Rodaje Callejero a seguir adelante con este tipo de expresión artística. © Azlim Vega

¿Qué significa para ustedes el concepto de “educación ambiental”? ¿Cómo fueron generando un diálogo entre la educación por el cuidado del medio ambiente y la práctica artística?

Como compañía de Teatro callejero entendemos por educación ambiental un proceso que permite visibilizar  las problemáticas ambientales. Hace más de 30 años el planeta viene acumulando mil millones de objetos de plástico y su impacto ya es evidente en las islas de plástico del océano Pacífico e incluso en el fondo de los océanos. Ssegún un estudio de Greenpeace, el aumento del nivel de basura generado por cada persona en Chile es de 456 kilogramos aproximado, quedando entre los países más contaminantes de Sudamérica.

Frente a esto sentimos necesario promover instancias de concientización, que apliquen metodologías participativas en busca de sensibilizar a la comunidad en torno al reciclaje y la reutilización del plástico, dado el enorme daño que causa en nuestro ecosistema compuesto por: flora, fauna y humanidad. Como dice Ramón Griffero “Lo bonito del teatro es que nombra lo que no existe y, cuando lo nombra, lo hace aparecer”.

En sus 7 años de trayectoria, ¿cuáles han sido los principales obstáculos y desafíos a los que se han visto enfrentados?

En Chile está la creencia – ignorante – que el artista es flojo, o no investiga. La gente suele criticar mucho, pero no sabe el trabajo que hay detrás de las compañías independientes. Desde la producción ejecutiva para vender una obra, hasta la confección de escenografía, encontrar espacios acorde a las necesidades del espectáculo, e innovar para ofrecer un gran espectáculo al transeúnte. Detrás del escenario, hay gente que estudia años para llegar donde están, desde diseñadores teatrales, actores y actrices, directores de escena, dramaturgos, iluminadores, tramoyas, músicos. En ese sentido, el mayor obstáculo que hemos enfrentado ha sido trabajar desde la autogestión. Todos los proyectos los hemos levantado con fiestas, rifas, hasta créditos en el banco para poder presentar algo de calidad. Mantener a un equipo de hacedores y creadores sin un sueldo estable genera inestabilidad y necesidades. Obviamente cada cual está en Rodaje Callejero por el amor que generamos con el grupo humano, las ganas de crecer día a día como artista y profesionalizar cada elemento que ocupamos para narrar. Pero a veces es una utopía mantener un grupo grande, y ese es el gran obstáculo de ser artista en Chile.

Los artistas tenemos una sensibilidad al momento de crear y tratamos de proyectar esas emociones, nuestro cuerpo es nuestra mayor herramienta. Y creo que no solo va también en educar a niños y jóvenes sobre la problemática medio ambiental, sino también darles a saber que la cultura es importante en todo momento.

Nuestro mayor objetivo siempre ha sido llevar el teatro donde la gente no tiene acceso. Llegar a cada rincón de Chile, para que el espectador pueda tener un momento divertido. El teatro es una fiesta, es comunidad. Nuestros ideales y filosofía siguen más fuertes que nunca en esta pandemia.

Marionetas de plástico, también máscaras y personajes hechos con botellas plásticas son algunas de las herramientas que esta compañía usa en «El mar hecho bolsa» para hacer coniencia ambiental desde el contenido y la forma estética escogida para narrar. © Azlim Vega

¿Cómo ha sido la recepción de tus obras – y del mensaje que buscas transmitir – en el público del teatro callejero?

“El mar hecho bolsa” lo estrenamos en el Festival de Innovación Social de la Reina, y los niños y niñas. Les encantó. Está llena de estímulos para los niños desde la música, la comedia con personajes, que son los antagonistas, que vienen a contaminar el planeta. Ellos reaccionan cuando ven que estos seres extraños con máscaras plásticas vienen a contaminar el ecosistema. Se lanzan al escenario a recoger las bolsas y dicen: ¡Esta muy mal!

El público, que son de todas las edades, nos agradecen el tema que presentamos y nos dicen que es mucho más atractivo ver una obra de teatro con relación al medio ambiente que una charla, o un video. También los adultos vuelven a ser niños. El teatro tiene esa magia, que es un momento único e irrepetible.

El teatro es un lenguaje universal y todos pueden ser parte de ese viaje. En “El mar hecho bolsa”, hay 5 cuadros de 6 minutos cada uno. El segundo narra la historia de “Eusebio” un abuelo de 78 años que tienen que limpiar la basura que botan todos en la calle. Él recuerda cómo han cambiado los tiempos y se pone a jugar con las figuras de plástico para armar dinosaurios, soldaditos, perros. Por eso la tercera edad también es parte de esta obra, y así no solo generamos conciencia ambiental con los pequeños, también con los grandes. El arte siempre será una gran herramienta para transformar a nuestra sociedad.

© Azlim Vega

AGENDA

El Mar hecho bolsa

Compañía «Rodaje Callejero»

Duración: 30 minutos

Para todo público

Fecha: 18 de diciembre 2020  en la Corporación Cultural Cebra en la comuna de Huechuraba. Se transmitirá online a través de las redes de Rodaje Callejero. Reserva tu entrada aquí

Puedes ver el Trailer aquí

 

 

 

 

 

Teikei: agricultura apoyada por la comunidad

Es difícil pasar por alto la actual desigualdad social y destrucción de los ecosistemas alrededor del planeta. Al respecto, la agricultura tiene una alta cuota de participación en estos procesos debido a la globalización de los métodos industriales de producción alimentaria. Este modelo se basa en el incremento de la productividad agrícola mediante plantaciones de […]

Es difícil pasar por alto la actual desigualdad social y destrucción de los ecosistemas alrededor del planeta. Al respecto, la agricultura tiene una alta cuota de participación en estos procesos debido a la globalización de los métodos industriales de producción alimentaria. Este modelo se basa en el incremento de la productividad agrícola mediante plantaciones de monocultivos a gran escala, apropiación del patrimonio genético de cultivos ancestrales, excesivo uso de pesticidas y fertilizantes y el acaparamiento del agua en lugares donde este vital elemento escasea. En respuesta han surgido movimientos que proponen y practican formas alternativas de agricultura, donde la producción alimenticia sea sostenible en el tiempo, el acceso a los alimentos sea democratizado y la relación entre los actores involucrados se base en el apoyo mutuo, recuperando conocimientos y tecnologías agrarias locales e históricamente sustentables.

En este sentido, los sistemas agroalimentarios no sólo incluyen los aspectos de la producción de alimentos, sino también el procesamiento, la distribución y el acceso. Una propuesta relativamente reciente son los sistemas de agricultura apoyada por la comunidad, donde grupos de consumidores organizados planifican la producción y distribución de los alimentos en conjunto con los productores. Existen importantes experiencias en América y Europa, pero uno de los movimientos precursores es el sistema teikei, el cual tiene su origen en una pequeña isla al este de Asia.

El nacimiento del teikei en Japón

Japón es una isla de clima templado, con mucha lluvia y sol, que presenta cuatro estaciones definidas. El setenta por ciento de la tierra está cubierta de bosques, por lo que el suelo arable es limitado. Casi el ochenta por ciento de los terrenos agrícolas no supera 1,5 ha por propietario, abundan los ríos y esteros y el suelo es fértil. Se cultiva una gran variedad de verduras, granos y frutas, pero el arroz es considerado el alimento básico y se cultiva en todo el país. Además, los campos de arroz (paddies) funcionan como mitigadores de inundaciones y depósitos de agua subterránea. Hasta la década de 1960, la agricultura era básicamente autosuficiente a nivel local. Luego se produjo la llamada revolución verde, un sustancial cambio tecnológico que dio origen a la agricultura automatizada y de gran escala, dependiente de productos químicos y la energía de los combustibles fósiles para mover grandes máquinas. En consecuencia, la agricultura japonesa vivió una gran crisis. Las comunidades rurales fueron sobre exigidas; cada vez más agricultores dependían de otra ocupación para ganarse la vida y disminuyeron los jóvenes varones que se dedicaban a la agricultura. La tasa de autosuficiencia alimentaria disminuyó y dio paso a una creciente importación de alimento para el ganado. La intensiva sucesión de monocultivos a gran escala agotaron la fertilidad del suelo y el uso de productos químicos, antibióticos y similares contaminaron las aguas subterráneas, los ríos, el aire y los cultivos, lo cual propició una mayor frecuencia de plagas en las plantas y enfermedades en las personas.

Algunos consumidores preocupados por estos sucesos decidieron organizarse para obtener alimentos no contaminados; por ejemplo, huevos, leche y comida procesada ​​sin aditivos químicos. Por otra parte, algunos agricultores, conscientes de los daños a la salud humana y al ganado por los productos químicos agrícolas y por la disminución de la fertilidad del suelo, empezaron a practicar la agricultura ecológica, de menor escala, sin uso de pesticidas y con técnicas tradicionales. El establecimiento de la Asociación Japonesa de Agricultura Orgánica (JOAA por sus siglas en inglés), fundada en 1971 por Teruo Ichiraku, unió a estos grupos y los animó a ayudarse. Otros personajes relevantes del movimiento fueron Masanobu Fukuoka, autor de “La Revolución de una Brizna de Paja” también conocido por su agricultura natural, y los médicos Giryo Yanase y Shunichi Wakatsuki, quienes habían señalado la relación entre alimentos contaminados por productos químicos y la alta tasa de enfermedades en zonas rurales. Es así como nace el teikei, palabra japonesa que significa “cooperación”. El JOAA formaliza bajo este concepto la propuesta de un sistema de distribución alternativo al mercado convencional. Aunque las formas de teikei varían, es básicamente un sistema que promueve la agricultura orgánica y la distribución directa entre productores y consumidores, sin intermediarios, lo cual se conoce como circuitos cortos.

Este movimiento social considera que los peligros químicos no son meramente una cuestión de técnicas, sino un símbolo del mal funcionamiento estructural de los sistemas de distribución, las formas de consumo y las políticas agrícolas. Se identifican al libre mercado y la industria alimentaria como entidades que interrumpen la comunicación entre productores y consumidores, eventualmente engañando a los dos. Los impulsores del teikei proponen que para revertir esta situación, los productores y consumidores deben construir una relación que busque el beneficio común a través del apoyo mutuo. Para consolidar esto, se levantaron 10 principios que pueden orientar a las comunidades que busquen un mejor teikei.

Foto: Kahoru Kanari.

LOS DIEZ PRINCIPIOS DE «TEIKEI»

1. Principio de apoyo mutuo. Construir una relación donde prime la amistad, y no el mero trato comercial, entre productores y consumidores.

2. Principio de producción planificada. Producir de acuerdo con los planes preestablecidos entre productores y consumidores.

3. Principio de aceptación del producto. Aceptar todos los productos cultivados por el productor, según consulta previa entre ambos grupos.

4. Principio de mutua concesión en la decisión del precio. Los productores deben ser conscientes del ahorro en costos de producción y mano de obra; los consumidores deben tener en cuenta el beneficio de obtener alimentos frescos, seguros y sabrosos. Se establecen los precios con un espíritu de mutuo beneficio. Este principio es similar al movimiento de comercio justo.

5. Principio de profundización en las relaciones amistosas. A partir del primer principio, profundizar la comunicación por la mutua confianza y respeto.

6. Principio de autodistribución. El transporte de los productos debe llevarse a cabo por los grupos de productores o consumidores hasta su destino final.

7. Principio de gestión democrática. Ambos grupos deben limitar el número de líderes en sus actividades y tratar de realizar una gestión democrática mediante sistemas de responsabilidad compartida por todos los miembros.

8. Principio de aprendizaje entre grupos. Es importante, especialmente para los consumidores, conocer y estudiar las prácticas de la agricultura orgánica.

9. Principio del tamaño adecuado de los grupos. La práctica completa de lo escrito en los principios anteriores será difícil si el territorio o número de miembros de estos grupos es demasiado grande. El incremento en el número de integrantes de este movimiento debe promoverse mediante el aumento del número de grupos y la colaboración entre ellos.

10. Principio de desarrollo constante. En la mayoría de los casos, ni los productores ni los consumidores serán capaces de alcanzar desde el principio todos los compromisos descritos anteriormente. Será necesario continuar haciendo un progreso constante, aunque sea lento, hacia una mejor agricultura ecológica y una vida más respetuosa con el ambiente.

Teniendo en cuenta estos aspectos, los miembros de una agricultura apoyada por la comunidad se reúnen al principio de la temporada de producción para elaborar un plan de producción para garantizar productos para el consumo y aportar dinero considerando los costos de insumos, del trabajo y los estándares de vida del agricultor, pagando un costo más justo de la producción y contribuyendo con ello a promover el crecimiento de pequeñas unidades de producción local. Así mismo los riesgos son compartidos: si la cosecha es pobre, todos asumen las pérdidas y no sólo el agricultor. Y aunque la esencia de estas cooperaciones es la producción de vegetales, suele haber otros productores que pueden distribuir también; carne, productos lácteos, miel y flores.

Foto: Masanobu Fukuoka

En este contexto es importante recalcar que los miembros de un sistema teikei no conocen únicamente donde y cuando crecen sus alimentos, sino que también saben cómo crecen. Los participantes apoyan a una familia agricultora en la cual ellos pueden confiar. En una situación ideal todos los miembros del grupo se conocen entre sí, formando una “comunidad de comensales”.   

Autosuficiencia local y soberanía alimentaria

La propuesta por lo tanto es articular redes locales que sigan modelos mutualistas (colaborativos y no capitalistas) de intercambio y puedan funcionar de manera integrada a las dinámicas ecosistémicas que los acogen. Se requiere por lo tanto un cambio del modelo de “desarrollo”, desde la tradicional visión de progreso a partir del control, la explotación y la competencia, hacia un enfoque cooperativista que confiera más poder de decisión a los ciudadanos. Para esto, las comunidades locales deben lograr cierto grado mínimo de «autosuficiencia local». Esto significa una unidad local descentralizada e independiente, donde gran parte de los alimentos consumidos son cultivados, producidos y procesados ​​dentro de la zona, lo cual también es conocido como soberanía alimentaria. Esta transformación debe inducir al fortalecimiento de instituciones locales que permitan mejorar la capacidad de la gente para tener y mantener sus propias iniciativas y finalmente permitir la autodeterminación de pueblos y grupos humanos en general. Teikei no es sólo una idea práctica, sino también una filosofía de vida para, a través del apoyo mutuo, aprendizaje e interacción entre personas, mejorar las relaciones entre las especies de este planeta.

Bibliografía:

Miguel Ángel Escalona Aguilar. Asignatura: La construcción de la Soberanía Alimentaria. BLOQUE II.- Sistemas alternativos de circulación y consumo de alimentos.

www.joaa.net/english/teikei.htm

Foto de portada: Kahoru Kanari.

A veces se tiende a pensar que para tener un huerto se debe contar con grandes extensiones de espacio en zonas rurales. Sin embargo, esta práctica se puede llevar a cabo en urbes y capitales, tal como lo que explica SEMILLEROS, serie audiovisual que acaba de estrenar este año desde Madrid que promueve la importancia […]

A veces se tiende a pensar que para tener un huerto se debe contar con grandes extensiones de espacio en zonas rurales. Sin embargo, esta práctica se puede llevar a cabo en urbes y capitales, tal como lo que explica SEMILLEROS, serie audiovisual que acaba de estrenar este año desde Madrid que promueve la importancia de la soberanía alimentaria.

La serie audiovisual de género microdocumental nos plantea muchas realidades al respecto de la crisis alimentaria. En su primer capítulo relata como  “lo que está ocurriendo hoy en día es que la manzana se está convirtiendo en mercancía”. Por lo mismo, y consecuentemente, es que la crítica de este proyecto audiovisual es a nuestro sistema agroalimentario que se reproduce en la mayoría de las naciones, para alimentar a todos los seres vivos que consumen no sólo electricidad o bienes materiales, sino también la producción de comida en masa.

“Lo que criticamos es ese sistema agroalimentario en el que vivimos hoy en día. Pero no nos quedamos en la crítica, sino que abogamos por un mundo rural mucho más vivo e iniciativas sociales que vayan de la mano con estas propuestas”, explican desde la producción de la serie audiovisual Semilleros. No es fácil, y lo sabemos. “Estamos luchando contra un gigante impresionante, porque estamos hablando de la política agraria europea”, explican.

Por eso el concepto de Semilleros, que busca que la gente haga sus propios bancos de semillas y que se intercambien y siembren para transformarse en huertos urbanos. 

QUÉ ES SEMILLEROS

Desde la organización que ha llevado a cabo esta producción audiovisual agregan un elemento fundamental:

Somos seres eco-dependientes que no podemos vivir de espaldas a la naturaleza, pues dependemos de ella para sobrevivir como especie. Los huertos urbanos se insertan en el tejido de las ciudades y son laboratorios en los que comunidades locales autogestionadas ensayan modelos de transición, en estrecha relación con la naturaleza y el paso de las estaciones.

Por lo mismo es que, finalmente, la serie se transforma en una serie documental que, de la mano de Green is a way of life y Muak Studio, se ha grabado en “La Huerta de Tetuán”, un huerto urbano y plaza abierta de gestión vecinal situado en el barrio de Tetuán, en pleno Madrid.

Durante todos los capítulos, que suman 10, los espectadores podrán ver cómo es el día a día en un huerto urbano autogestionado por vecinos, y además, cómo transcurre la vida en este barrio en torno al huerto. De hecho, se organizan todo tipo de actividades, que van desde el teatro, cine de barrio, conciertos, talleres, hasta fiestas y debates acerca de la producción local, consumo responsable, autoconstrucción, soberanía alimentaria y autogestión, entre otros.

En nuestro país hay muchas comunidades, vecinos y personas viviendo a este ritmo, y siguiendo estos mismos patrones. De norte a sur conocemos casos que huertos que persiguen el mismo objetivo que muestra Semilleros. Por lo mismo, el llamado es a proteger la autonomía y potenciar una vida sustentable de consumo local desde lo más genérico y original: nuestros hogares.

Pueden ver los capítulos en la página oficial de la productora.  

¿Haz escuchado hablar alguna vez de la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt? Esta se compone de tres islas, Chañaral, Damas y Choros. La primera de las tres se encuentra en la Región de Atacama, mientras las otras dos están en la Región de Coquimbo, frente a una comunidad que desarrolla su vida en torno a […]

¿Haz escuchado hablar alguna vez de la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt? Esta se compone de tres islas, Chañaral, Damas y Choros. La primera de las tres se encuentra en la Región de Atacama, mientras las otras dos están en la Región de Coquimbo, frente a una comunidad que desarrolla su vida en torno a la actividad marítima. Estamos hablando de Punta de Choros.

Antes de llegar a este poblado, por supuesto, hay otras comunidades, como Chungungo, Caleta Los Hornos, Los Choros, entre otros, y todos ellos en su conjunto componen la comuna de La Higuera. Es en este espacio que entre agosto del 2012 y enero del 2015, se comenzó a gestar un proyecto minero-portuario. Por una parte, el Puerto Cruz Grande, presentado por la Compañía Minera del Pacífico S.A.(CMP) y, por otro, la minera Dominga, perteneciente a la compañía Andes Iron.

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Esta zona es altamente sensible a este tipo de proyectos, porque es allí donde se encuentran dos reservas marinas (Reserva Marina Islas Choros y Damas y la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt). Estas conforman en conjunto la primera zona protegida en el mundo para el Pingüino de Humboldt  (spheniscus humboldti), especie en estado vulnerable, con alto riesgo de pasar a peligro de extinción. Es el hábitat de alrededor de 13.000 parejas, correspondiendo al 80% de la población mundial. Además, es allí donde se concentra la vida de diversos animales marinos, como el chungungo, el lobo de un pelo, el delfín nariz de botella y la presencia esporádica de ballenas y cachalotes. En lo que a flora se refiere, existen 59 especies de plantas vasculares entre las que destacan añañucas amarillas, lirios, cactus (Eulichnia acida), entre otras.

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Es por esta razón que diferentes organizaciones medioambientales han comenzado a levantar su voz en contra de este megaproyecto, sin embargo,  la actividad industrial, efectivamente, ya comenzó. ¿Por qué se a pesar de conocerse estos antecedentes que deberían ser suficientes para garantizar la protección medioambiental de esta zona, no está protegida?

Según algunas organizaciones como Sphenisco e.V., Antarctic Research Trust, Movimiento en Defensa del Medio Ambiente (MODEMA), entre otras, que han trabajado directamente con esta problemática y con la comunidad de Punta de Choros, el proceso de aprobación del megaproyecto pasó por una serie de irregularidades.

La primera de ella es que no se le exigió a la CMP entregar la información de base que permitiera una real evaluación ambiental. De esta manera, se permitió que el titular ignorara el hecho de que el borde marino costero entre Caleta Hornos e Isla Chañaral constituyen un sólo ecosistema. En consecuencia, tampoco tuvo que pronunciarse por los impactos sobre las áreas protegidas del estado que se encuentran a solo 14 millas náuticas de distancia, ni respetó las más de 15 áreas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos (AMERBs).

Desde un comienzo, varios organismos técnicos solicitaron que el proyecto se pronunciara respecto a temas como cuál sería la ruta de navegación de los barcos, para considerar si ésta afectaría o no la zona de alimentación de las especies vulnerables o acerca de las emisiones contaminantes que podrían ser transportadas por las corrientes marítimas. A pesar que estas solicitudes no fueron consideradas ni respondidas adecuadamente, el proyecto se aprobó.

Al calificar el proyecto, no fueron consideradas e incorporadas las condiciones indicadas por Sernapesca (Servicio nacional de Pesca de la región) y Subpesca (Subsecretaria de pesca y Acuicultura) en relación a la navegación de los barcos ni a las medidas para impedir la introducción de especies no nativas en esta zona marítima.

Finalmente, como antecedente se considera que el único secretario regional ministerial (SEREMI) que votó en contra del proyecto, cinco días más tarde renunciaría a su cargo, por “asuntos personales” que le impedían continuar en el cargo… Otro antecedente no menos importante es que uno de los socios de involucrados en el levantamiento de este proyecto es Carlos “Choclo” Délano (cercano al ex presidente Piñera) uno de los tantos rostros políticos relacionadas al caso PENTA.

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En esta reserva es común ver grupos de delfines.

¿Qué hacemos?

Entre el 30 y 31 de enero del 2016 se realizó en la comuna de La Higuera un carnaval pensado por organizaciones como Oceana, Chao Pesca y Modema. El Carnaval Guanaco adaptó este nombre porque los primeros afectados por la construcción del proyecto minero han sido los guanacos que habitan las colinas de esta zona del país. Al ser cercado el territorio que ocupará el proyecto minero, estos camélidos se quedaron atrapados entre sus alambres sin comida. Fue así como ya  fallecieron varios de ellos. Esta es la primera consecuencia que trajo la Dominga para los seres de la comunidad. Obviamente, el primero de muchos que traerá con el tiempo.

La actividad tomó el rol de ser un Carnaval de Medioambiente, Música, Arte y cultura por la conservación en las Reservas, el cual ayudó a dar visibilidad a la problemática. Con la asistencia de varios artistas musicales, como Matanza, Camila Moreno, Fernando Milagros, Abya Yala, Asamblea del Dub, sumado a la realización de actividades como talleres y muralismo, llegaron un sinfín de turistas, que atraídos por el espectáculo, lograron reconocer que algo peligroso estaba ocurriendo en la zona.

Y, si tú quieres ser parte de la resistencia estos megaproyectos, no olvides firmar esta declaración.