Rocas blancas. La imagen más común de ver en el mundo subacuático en los últimos años. Ya sea buceando, desde el cielo, en documentales o fotografías, el impacto visual es elevado. Los fluorescentes colores que hasta hace unos años caracterizaban los arrecifes de coral de las aguas tropicales y subtropicales del océano, hoy en día son eso... “rocas blancas”.

Vamos por el principio. El coral es un animal colonial compuesto por millones de estructuras más pequeñas, llamadas pólipos. Cada pólipo es una boca rodeada de tentáculos y en su interior habitan alrededor de un millón de micro algas por cm cúbico (medida de volumen).

Esta estrecha relación favorece a ambos: por un lado, los corales dan protección y un suministro constante de CO2 a las micro algas, y por otro lado, éstas a su vez, le proporcionan energía al coral a través de la fotosíntesis que hacen durante el día. Es esta relación la que permite que los corales de aguas poco profundas crezcan lo suficientemente rápido como para construir las enormes estructuras que llamamos arrecifes.

Al morir, la estructura completa de los corales se llena de largas algas © Cortesía de XL Catlin Seaview Survey, The Ocean Agency

Dado que el coral tiene la capacidad de construir su propia casa (generando la estructura más grande jamás creada por un ser vivo en el planeta), puede favorecer la interacción y las relaciones de simbiosis y cooperación entre sus habitantes, tal es el caso de quienes usan las instalaciones del coral como zonas de alimentación o zonas de constante tránsito, guarderías y refugio para peces, invertebrados y algas.

Es así como los arrecifes de coral se convierten en el más diverso de los ecosistemas marinos, en donde la colaboración es la principal herramienta para la supervivencia de más del 25% de toda la vida marina que se relaciona en estos ambientes.

En los últimos 30 años casi la mitad de todos los arrecifes de coral se han extinto.

Terry Hughes

A su vez, los arrecifes de coral aportan estabilidad al turismo local en todo el mundo, en especial en las zonas tropicales. Además contienen materias primas para crear fármacos de uso humano, brindan protección a las costas, al actuar como una zona de amortiguación de las grandes olas, reciclan nutrientes (optimizando el sustento de la comunidad), y otro gran número de beneficios.

Sin embargo, el investigador Terry Hughes y su equipo constataron que en los últimos 30 años casi la mitad de todos los arrecifes de coral se han extinto y se espera una tasa aún más acelerada en las próximas décadas (Hughes et al. 2017).

¿Pero qué hace que los corales de todo el mundo estén muriendo tan rápidamente?

Según indica la Convención de la Diversidad Biológica (CBD por sus siglas en inglés), publicada el año 2014, se establece que en los últimos 200 años, el océano se ha vuelto un 26% más ácido ya que ha absorbido más de una cuarta parte del dióxido de carbono (CO2)  liberado por los seres humanos, aumentando aceleradamente la temperatura del océano. Lo que usualmente llamamos calentamiento global tiene alcances cada vez mayores, erosionando la base funcional de los arrecifes de coral  y provocando su extinción masiva comúnmente conocida como “blanqueamiento de los corales”.

El blanqueamiento es una respuesta al estrés que sufre el coral por la abrupta alza de temperatura en el agua, expulsando a las micro algas de las que dependen para alimentarse, provocando que sus esqueletos pierdan su color y aparezcan «blanqueados» (Imagen 1).

¿Los corales blancos están muertos? Aún no, pero no tienen lo necesario para alimentarse y protegerse de manera correcta, por lo que su aspecto es la crónica de una muerte anunciada… Un coral blanco es un ser vivo en estado agónico.

El coral blanqueado es fotografiado en la Gran Barrera de Coral de Australia, cerca de Port Douglas, el 20 de febrero de 2017. © Greenpeace.

Como explica el investigador Justin Marshall, de la Universidad de Queensland, no pasa mucho tiempo desde que adquieren el color blanco, hasta su muerte, en donde la estructura completa se llena de largas algas (Imagen 2), las que usan a los pólipos muertos como fertilizante.

El primer evento de blanqueamiento de coral masivo fue informado en el año 1911 en Bird Key Reef, Florida. Grandes cantidades de corales estaban siendo afectadas durante condiciones climáticas inusualmente calientes, dejando muchas poblaciones de animales marinos muertos (Mayer, 1914). Sin embargo, desde 1979, comenzaron a observarse con mayor frecuencia, escala, intensidad y distribución geográfica los eventos de decoloración o blanqueamiento de los corales (Jackson et al., 2014).

El blanqueamiento es una respuesta al estrés que sufre el coral por la abrupta alza de temperatura en el agua

Un segundo blanqueamiento masivo ya se registraba en el año 1998 -el más grande registrado en la historia hasta ese momento-, seguido de un tercer gran blanqueamiento en el año 2002, decolorando la mayor parte de los 2000 km de longitud y 300 km de anchura de la Gran Barrera de Coral, la mayor colección de arrecifes de coral del mundo. Solo en el año 2016, el 29 por ciento del coral de esa misma área, murió como resultado del «blanqueamiento de los corales» y a comienzos del 2017, fue golpeada de nuevo, perdiendo aproximadamente otro 20% y dejando casi la mitad de la cobertura de coral muerta.

¿Qué pasa entonces si el equivalente submarino de las selvas tropicales se está blanqueando?

No sólo la Gran Barrera de Coral se está viendo perjudicada. Corales de todo el mundo están siendo blanqueados a una tasa nunca antes registrada. Esto desencadena problemáticas ambientales serias, ya que con la reducción de hábitat, por una parte, todo tipo de animal que vive en cooperación con este entorno, está destinado a desaparecer o a buscar una estrategia y un rápido «cambio de casa». Es por eso que quienes se alimentan, quienes usan los laberintos de los corales para proteger sus huevos, quienes que se camuflan con sus colores fluorescentes, quedan al descubierto e inevitablemente buscan otros sitios, incluso a veces a zonas en donde les es más difícil poder vivir.

Y por otra parte, las 400 millones de personas que viven a menos de 62 millas de los arrecifes de coral tropicales (CBD, 2014) se ven afectados de manera directa, desencadenando una disminución en el turismo y en la pesca local.

Esta es una de las consecuencias del ritmo en el que el océano se está calentando, lamentablemente más rápido del tiempo que tienen los corales para adaptarse a esa velocidad y poder recuperarse.

Restauración de arrecifes mediante “Guarderías de Corales” © Calipso Dive Center.

Manos en el agua

Uno de los proyectos que se está desarrollando en los últimos años para aumentar la cantidad de corales en aguas tropicales y subtropicales, es la restauración de arrecifes a través de crear «guarderías de corales».

Esta idea, si bien es relativamente nueva y falta mucho por afinar, se ha instaurado como un método para restablecer en cierta medida el equilibrio en zonas donde la «avalancha de calor» ha causado estragos.

La metodología parece ser simple en comparación a los beneficios que entrega a largo plazo: En algo similar a un «vivero» de coral artificial, se espera que los corales crezcan lo suficiente y en un entorno que les favorezca, para luego ser trasladados al arrecife degradado. Si bien ambas fases implican un proceso largo, es una idea que contempla bajos costos y también bajos impactos negativos sobre el ecosistema natural.

En la actualidad muchas Agencias, Organismos, Fundaciones, Científicos, entre otros, están apostando por este tipo de iniciativas. Sin embargo, la problemática no está exenta de desafíos.

Uno de los principales desafíos para el manejo de los arrecifes, radica en decidir dónde enfocar las acciones para reducir el estrés y la presión provocada por el ser humano. Una herramienta que se ha estado usando últimamente, es el Ecosystem-Based Management (EBM), un software que trabaja en base a reconocer toda la gama de interacciones dentro de un ecosistema, considerando los impactos acumulativos en los ambientes marinos, lo que permite gestionar la sostenibilidad de los recursos, de las especies y de los servicios que brindan.

El uso de estas herramientas puede ayudar a gestionar la conservación y el desarrollo. Por ejemplo, en el caso de la planificación espacial marina en las áreas de arrecife, algunos puntos clave son proteger la biodiversidad, impulsar una pesca sostenible y mantener sus funciones ecosistémicas, sin embargo factores tan importantes como la vulnerabilidad, la exposición y la resiliencia de los arrecifes de coral al acelerado cambio climático (Imagen 3), hasta el año 2014 raramente se consideraban. ¿Habrá bastado el casi exterminio de los corales, reportado hasta estos días, para poder introducir esos factores y trazar soluciones?

Una foto del antes y después del blanqueamiento de los corales. A la izquierda se observa el coral moribundo y a la derecha ya está muerto (cubierto por largas algas que usan a los pólipos muertos como fertilizante), en Lizard Island, en la Gran Barrera de Coral © Cortesía de XL Catlin Seaview Survey, The Ocean Agency

Si bien hoy en día se llevan a cabo actividades, convenios y compromisos por parte los Gobiernos y alrededor de 25 influyentes organismos locales e internacionales, como por ejemplo la UNEP, UNFCCC, IUCN, IMO, quienes abordan el cambio climático, las emisiones de CO2 y la acidificación del océano, las proyecciones no son alentadoras, ya que si los niveles de contaminación atmosférica se mantienen, los eventos de blanqueamiento sugieren convertirse en la norma más frecuente en las próximas cinco décadas.

Es por eso que se torna urgente dar vuelta este tipo de proyecciones alarmantes. Ser un consumidor informado logra impulsar cambios profundos, tales como preferir una economía circular por sobre una lineal, en donde se reduzca el uso de recursos y la huella de CO2 emitida anualmente.

Tal como nos cuenta Richard Vevers en el documental Chasing Coral. Es urgente inquietarse más por nuestro entorno y por las decisiones de las que somos responsables. Impulsar una microeconomía que tenga proyecciones reales hacia prácticas macroeconómicas sustentables. Es tiempo de invertir en sostener y restaurar los ecosistemas y nuestros hábitos. Es la única oportunidad para la supervivencia de los arrecifes de coral.

Foto de portada: imagen del documental «Chasing Coral».

Referencias:

Hughes, T. et al. (2017). Global warming and recurrent mass bleaching of corals. Nature 543: 373-377.

Jackson, C., Donovan, K., Cramer, L. & Lam, V. (2014). Status and trends of caribbean coral reefs: 1970-2012. Gland, Switzerland: Global Coral Reef Monitoring Network, IUCN.

Mayer, A. (1914). The effects of temperature on tropical marine animals. Carnegie Inst, Washington Publ. 183: 3-24.

Secretariat of the Convention on Biological Diversity (2014). An Updated Synthesis of the Impacts of Ocean Acidification on Marine Biodiversity (Eds: S. Hennige, J.M. Roberts & P. Williamson). Montreal, Technical Series 75: 99.

A finales de junio fue presentado el libro “Una Constitución socioecológica para Chile: Propuestas integradas de la Red de Constitucionalismo Ecológico” editado por Liliana Galdámez, Salvador Millaleo y Bárbara Saavedra. El documento reúne a una treintena de especialistas de diversas disciplinas y territorios asociados a La Red de Constitucionalismo Ecológico (RCE) formada durante el 2020, […]

A finales de junio fue presentado el libro “Una Constitución socioecológica para Chile: Propuestas integradas de la Red de Constitucionalismo Ecológico” editado por Liliana Galdámez, Salvador Millaleo y Bárbara Saavedra. El documento reúne a una treintena de especialistas de diversas disciplinas y territorios asociados a La Red de Constitucionalismo Ecológico (RCE) formada durante el 2020, con el objetivo de aportar en la construcción de la futura Constitución de Chile. Este proceso de trabajo colectivo se ha transformado en un libro elaborado para la gente, “especialmente aquella que participará directamente en el proceso constituyente” como se puede leer en el prólogo.

La Red de Constitucionalismo Ecológico (RCE) se formó durante el 2020 con el objetivo de aportar en la construcción de la futura Constitución de Chile. En la imagen se observa parte de la jornada de lanzamiento del libro. © WCS. 

Han pasado casi dos años desde que ocurrió el estallido social en Octubre del 2019. El acceso al agua, las zonas de sacrificio, las inequidades territoriales, el extractivismo han sido solo algunas de las demandas que levantó nuestra sociedad en directa relación con la crisis climática global que hoy nos afecta. Actualmente, en pleno proceso constituyente se abre una oportunidad para abordar dimensiones territoriales y ambientales con miras a las futuras generaciones. En ese sentido, diversas iniciativas buscan involucrar a la sociedad en la toma de decisiones.

Bajo este contexto, surge durante el 2020 la Red de Constitucionalismo Ecológico (RCE), compuesto por 57 personas de diferentes disciplinas, entre ellas y ellos se encuentran abogados, ecólogos, sociólogos, geógrafos, cientistas políticos, ingenieros, antropólogos, artistas, entre otros. Además, con el propósito de descentralizar la discusión, se convocó a actores de gran parte del territorio chileno, desde Antofagasta a Tierra del Fuego. Así, su objetivo fue aportar en el conocimiento y una visión integrada sobre diferentes temas ambientales en la construcción de la futura Constitución de Chile. Durante este periodo de trabajo, crearon 32 minutas de discusión, logradas en base al consenso del grupo, que dan cuerpo al libro: “Una Constitución socioecológica para Chile: Propuestas integradas de la Red de Constitucionalismo Ecológico”.

Han pasado casi dos años desde que ocurrió el estallido social en Octubre del 2019. El acceso al agua, las zonas de sacrificio, las inequidades territoriales, el extractivismo han sido solo algunas de las demandas que levantó nuestra sociedad en directa relación con la crisis climática global que hoy nos afecta. © Juan Manuel Núñez.

El territorio chileno es diverso en cultura y biodiversidad, esto requiere de políticas específicas coherentes a cada ecosistema y territorio. Así, el Estado debe reconocer esa pluralidad e impulsar políticas que promuevan la conservación y restauración de los territorios, reconociendo la relación indisoluble e interdependiente de los seres humanos y la naturaleza que los rodea. De esta forma, RCE se enmarca dentro de una propuesta del buen vivir, es decir, reconoce a la naturaleza como sujeto de derechos (más información sobre una Constitución ecológica aquí), busca el respeto por los derechos bioculturales o aquellos “establecidos por largo tiempo en una comunidad, de acuerdo a sus leyes consuetudinarias, para administrar el territorio, el agua y los distintos elementos de la naturaleza, según la usanza y la ética tradicional”; y reconoce la existencia de bienes comunes fundamentales para la integridad de la naturaleza y la biodiversidad. 

El aporte de RCE es fundamental no solo a nivel de integración de materias y síntesis para la construcción de una nueva Carta Magna ecológica, sino también para una buena comprensión del principio de bienestar, que se logra solo zanjando límites al uso y explotación de la biodiversidad, al mismo tiempo que se comprende el problema medioambiental como una crisis global, es decir, el bienestar de Chile y del planeta son interdependientes. 

Como se puede leer en las primeras páginas del libro, quienes integran la RCE están convencidos de que “la democracia no se construye solo en las instituciones”, sino que “se produce en los territorios y en la naturaleza, su protección y restauración la profundiza”. De esta forma, es necesario seguir fomentando iniciativas de participación que busquen integrar a todas y todos los que conformamos esta sociedad. De tal forma, cabe destacar el aporte de María Jesús Gutiérrez, ilustradora que participó en la campaña organizada por Revista Endémico: “Carteles por una Constitución Ecológica”. La iniciativa invitaba a ilustradores y diseñadores a crear un afiche que motivara a la ciudadanía a votar por una Carta Magna ecológica. María Jesús participó con el cartel llamado «Aún deseo soñar en este valle, por una Constitución Ecológica», el que hoy no solo es parte de la exposición itinerante junto a los demás carteles seleccionados, sino también es la portada del libro creado por la RCE. 

Te invitamos a descargar el documento completo en el sitio web de WCS Chile y a visitar la exposición itinerante de Carteles por una Constitución Ecológica en Café y Restaurante la Loma, actualmente ubicado en el Parque Cultural de Valparaíso, Cerro Cárcel 471.

Quienes integran la RCE están convencidos de que “la democracia no se construye solo en las instituciones”, sino que “se produce en los territorios y en la naturaleza, su protección y restauración la profundiza”. © Jonathan Kemper.

 

Imagen de Portada: Cartel propuesto para inspirar a la ciudadanía a votar por una Constitución ecológica para Chile, llamado «Aún deseo soñar en este valle, por una Constitución Ecológica». © María Jesús Gutiérrez

Confieso que nunca me he sentido una persona con la personalidad para organizar eventos; me da miedo, tengo mi propia voz saboteadora que me hace pensar que algo puede salir mal. Sin embargo, cuando se trata de la biodiversidad, conservación y comunicación de la ciencia, lucho contra esa voz hasta ganar la batalla. Me convenzo […]

Confieso que nunca me he sentido una persona con la personalidad para organizar eventos; me da miedo, tengo mi propia voz saboteadora que me hace pensar que algo puede salir mal. Sin embargo, cuando se trata de la biodiversidad, conservación y comunicación de la ciencia, lucho contra esa voz hasta ganar la batalla. Me convenzo porque creo en el resultado. Sé que valdrá la pena. 

Con esa certeza me animé a organizar mi primer BioBlitz, un evento que busca promover la ciencia ciudadana. La intención de este evento es atraer a las personas amantes de la naturaleza e invitarlos a convertirse en exploradores en un tiempo y lugar determinados. Si bien la idea original era organizar el evento en un área pequeña, con grupos de jóvenes estudiantes, la pandemia me obligó a cambiar los planes (como a muchos les ha pasado un sin número de veces durante este año tan extraño, supongo).   

BioBlitz – Latam es el nombre del evento con el que me tuve que reinventar. La imposibilidad de reunir a grupos grandes de personas en un solo lugar me hizo pensar en ampliar el área donde se llevará a cabo el proyecto. De esta forma, se podrán congregar grupos pequeños que nos permitan cumplir con los protocolos de seguridad y evitar posibles contagios de COVID-19. 

Gracias al apoyo de National Geographic y iNaturalsit, este diciembre podrás participar en el evento: Bioblitz-Latinoamérica en burbujas © Ana Bolaños Larrea

Hoy, tengo la gran oportunidad de unir a toda Latinoamérica durante tres días en un evento con el que podremos celebrar la maravillosa diversidad de tenemos en la región. BioBlitz – Latam se llevará a cabo los días 18, 19 y 20 de diciembre del presente año. La invitación está abierta a todos y todas quienes se interesen en participar, observar y registrar la naturaleza a su alrededor en el lugar que prefieran. Desde el parque más cercano a tu casa o algún ecosistema particular que tengas ganas de explorar y, por supuesto, puedas visitar. 

Un BioBlitz es un evento de ciencia ciudadana, en el que nos podemos convertir en exploradores © Paula Iturralde-Pólit

Si quieres ser parte de este evento puedes leer más información en la página web. Luego pueden descargar la aplicación iNaturalist para crear un usuario e inscribirse llenando este formulario. Súmate a la celebración de la biodiversidad latinoamericana sin competencias y conoce a fondo nuestra región para poder conservarla mejor.

¡Que comience la fiesta!

Con tu celular podrás registrar la naturaleza que te rodea y expertos alrededor del mundo te ayudarán a identificarlo por medio del uso de la aplicación iNaturalist © Paula Iturralde-Pólit

Agradecimientos: a Jens Benöhr, amigo, colega y compañero por el apoyo y ayuda a organizar este evento. 

Foto de Portada: © Ricardo Jaramillo

Paisajes olfativos del territorio austral

Una exploración sensorial a Patagonia Aysén Aunque extensa es la definición de paisaje, hoy entendemos este concepto por el valor cultural que cada grupo humano le ha otorgado a la relación con su contexto inmediato. De este vínculo al territorio natural se desprende el paisaje sensorial, algo así como desenvolvernos con nuestros sentidos en la […]

Una exploración sensorial a Patagonia Aysén

Aunque extensa es la definición de paisaje, hoy entendemos este concepto por el valor cultural que cada grupo humano le ha otorgado a la relación con su contexto inmediato. De este vínculo al territorio natural se desprende el paisaje sensorial, algo así como desenvolvernos con nuestros sentidos en la naturaleza. Un ejemplo es “Shinrin Yoku” o “Baño de Bosque”, una práctica espiritual japonesa que consiste en pasar tiempo en el bosque con el objetivo de mejorar la salud, el bienestar y la felicidad.

El paisaje sensorial es una experiencia en la que nuestros sentidos perciben dimensiones de manera nueva o cotidiana, auténticas o desafiantes; y aunque el sentido del olfato es el primero que usamos al nacer, quizás ha quedado relegado a segundo plano en nuestras vivencias. Nuestra nariz es increíblemente poderosa, puede distinguir más de 10.000 distintos olores. Esto, porque nuestro olfato evolucionó antes que la mayoría de los otros sentidos, poseyendo un ruta directa a nuestro cerebro.

El paisaje olfativo es un extracto del paisaje sensorial que – al igual que Shinrin Yoku -abarca todas las sensaciones olfativas con el objetivo de reconocer y asimilar fragancias complejas, estímulos que pueden desencadenar respuestas de alerta, agradables o incluso emocionales, al conectar recuerdos con sensaciones pasadas donde los aromas cumplieron un rol protagonista.

Shinrin Yoku o Baño de Bosque, Reserva Nacional Coyhaique. Crédito: Gustavo Concha.

Los olores crean un sentido de lugar y una identidad para sus habitantes, afectando la memoria individual y colectiva.

Paisajes Olfativos en la Zona Austral de Chile

La Patagonia es una de las regiones más diversas respecto al territorio nacional. En ella se encuentran hitos y ecosistemas extremos en una misma latitud y a su vez, se caracteriza por ser un lugar joven en ocupación donde sus habitantes aún se encuentran en una búsqueda de una convivencia y aprendizaje con su medio.

Por su propia diversidad, los paisajes olfativos de Aysén también se revelan como un escenario complejo que posee relación con varios aspectos del territorio. Según Jan & Jacobsen, las personas usan el olfato para registrar su percepción de los lugares en su memoria a largo plazo, el olor crea reacciones y conexiones altamente emotivas con el espacio y lugar. Es por ello que una definición del paisaje olfativo es conocida en inglés como “Smellscapes” o el aroma de los lugares.

De esta forma, podríamos definir ecorregiones por aromas concretos, combinaciones variables de olores que hacen particular a una ubicación. Están, por ejemplo, los fiordos ayseninos y su bosque siempre verde en los que destacan especies arbóreas con notas acuáticas y amaderadas como la tepa o el canelo; o en su contraparte, la Patagonia fronteriza, donde el viento frío neutraliza y transporta la fragancia sutil del neneo y el aroma ovino tan característicos de las pampas ayseninas.

Paisaje natural Lago Atravesado, región de Aysén. Crédito: Gustavo Concha.

La sensibilidad para reconocer el olor de la escarcha o la atmósfera del suelo que se libera después de la lluvia, es reflejo del vínculo sensorial que refuerza el concepto paisaje.

Los aromas y el sentido del lugar

Las experiencias olfativas son un poderoso enlace con las actividades al aire libre, el paisaje olfativo es reflejo de ecosistemas complejos ricos en flora, fauna y elementos abióticos que en conjunto generan una eco fragancia singular.

El sentido de lugar y los aromas que pueden reconocerse se logra a través de prácticas como “smellwalking” o caminata olfativa, un método de registro de datos donde se escoge una ruta específica y se recolectan, interpretan y asocian distintos estímulos usando todos nuestros sentidos relacionados con el olfato. De esta manera, podríamos describir una ruta por un bosque a través de olores y palabras, olores y colores, impresiones agradables, estaciones del año o incluso animales o elementos abióticos.

El uso del olfato en el paisaje natural no debe descartar aromas que provengan de elementos que no sean plantas, las sensaciones sutiles que pueden evocar experiencias en la naturaleza hablan de la riqueza y biodiversidad de estos lugares. La sensibilidad para reconocer el olor de la escarcha o la atmósfera del suelo que se libera después de la lluvia, es reflejo del vínculo sensorial que refuerza el concepto paisaje.

Los olores crear un sentido de lugar y una identidad para sus habitantes, afectando la memoria individual y colectiva. Un ejemplo de lo anterior sería el Paisaje Olfativo del poblado de Caleta Tortel, inmerso en el bosque siempre verde austral con predominancia de cirprés, coigüe y canelo. Caleta Tortel ha conformado un pequeño hito cultural dado sus pasarelas de ciprés de las guaitecas, árbol aromático que emana notas amaderadas, acuáticas con toques dulces y frescos. Aplicar “smellwalking” por sus pasarelas puede abrir sensaciones que nuestro cerebro asociará a emociones y recuerdos en base a nuestro olfato.

Detalle de luz sotobosque (izq.) Pasarela Caleta Tortel, región de Aysén (der.) Créditos: Gustavo Concha.

Aike Botánica

El proyecto Aike Botánica nace como una propuesta para educar en torno a los ecosistemas a través de los aromas. La premisa y sustento de este proyecto es la biodiversidad y riqueza de los paisajes naturales de Patagonia. La colección “Bosque Siempre Verde” abarca una familia de 3 perfumes botánicos que utilizan aceites esenciales locales para definir el bosque.

  1. Árbol: Se destacan especies de árboles nativos que tienen potencial aromático, como el canelo, el ciprés de las Guaitecas, la tepa y otros como el pino o el eucalipto nativo. Si bien estas especies no son endémicas se han adaptado a estas latitudes.
  2. Sotobosque: Los aromas de estos perfumes están orientados a las hierbas que crecen al alero de los árboles, como la milenrama, salvia, hierbabuena y menta entre otras.
  3. Bosque: Entendiéndolo como un todo, integra todas notas aromáticas de las especies de árboles y hierbas que armonizan naturalmente el bosque.

La propuesta establece 3 niveles y va desde lo simple a lo complejo, definiendo de esta forma un aroma aislado y reconocible hacia una mixtura de aromas compuesta por varias notas que se compenetran profundamente. De esta manera, podemos entrenar nuestra nariz (cerebro) para reconocer, identificar y asimilar una fragancia.

Flora en bosque siempre verde: Hoja de Tepa (izq.), Cascada Velo de la Novia (centro), Menta nativa (der.) Créditos: Gustavo Concha.

El olfato como brújula y la Patagonia como norte

Siempre se ha sabido que explorar el bosque, sus colores, aromas y sonidos nos beneficia y regala un momento íntimo con la naturaleza. Asimismo, Baño de Bosque propone igualmente crear un vínculo con la territorio a través de los aromas, experiencia que puede abarcar caminatas olfativas por la costanera de un río – donde afloran notas herbales y verdes – el camino a casa por una alameda frutal o la cima de la montaña que combina el suave aroma del valle glaciar. Las experiencias sensoriales del paisaje olfativo se revelan como una riqueza cultural, un conocimiento y reflejo de la biodiversidad del territorio, cientos de aromas que nuestra nariz (cerebro) lo define como una gran fragancia natural.

Los paisajes olfativos o “smellscapes” como experiencia turística son una herramienta que une el conocimiento de ambientes culturales y naturales, experiencias de vivencias participativas, con una narrativa ecológica y científica, producto de nuevas propuesta de valor hacia nuestro territorio. La preservación de estos lugares pueden empezar ampliando nuestras experiencias sensoriales que le otorgamos a la naturaleza, valorando la riqueza aromática del territorio, iniciativa que genera un enlace emocional a futuros cambios e impactos positivos en la conservación de ambientes naturales intocados como la patagonia aysenina.

Ejercicio Smellwalking: reconocimiento (izq), clasificación (centro), Interpretación (der.). Créditos: Gustavo Concha.

Sobre el Autor

Gustavo Concha (@nothofagust) es Diseñador Industrial del Duoc UC (2013) y Licenciado en Negocios de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo, Buenos Aires (2015). Se ha dedicado a buscar experiencias en torno a materiales nobles, oficios y productos con identidad. Actualmente reside en Coyhaique, donde está enfocado en el paisaje cultural Aysenino, desarrollando proyectos en torno a educación ambiental y cosmovisión andina austral.

Imagen de portada: MiñeMiñe, un berries nativo de Aysén sobre una cama de hojas de lengas en otoño. Crédito: Gustavo Concha.

 Conservación de biodiversidad: una puerta para nuestra profunda transformación En la tercera y última parte de esta reflexión en torno a la Nueva Constitución, la destacada conservacionista Bárbara Saavedra habla del valor de la naturaleza como soberanía y de la importancia de legislar para tener y mantener sanos nuestros ecosistemas. No te pierdas esta columna que […]

 Conservación de biodiversidad: una puerta para nuestra profunda transformación

En la tercera y última parte de esta reflexión en torno a la Nueva Constitución, la destacada conservacionista Bárbara Saavedra habla del valor de la naturaleza como soberanía y de la importancia de legislar para tener y mantener sanos nuestros ecosistemas. No te pierdas esta columna que en tiempos de discusión y redacción en torno a la Carta Magna en Chile se hace aún más necesaria y urgente.

Son los procesos ecológico-evolutivos básicos de la biodiversidad, los que permiten la mantención y el florecimiento de la vida humana, y constituyen la única base material de la que arranca cualquier emprendimiento humano, sea este individual o colectivo. Esto incluye la construcción de un nuevo Chile, una de cuyas piezas clave es la redacción de una nueva Constitución. El diseño de este texto debe considerar el hecho que humanos y naturaleza tenemos una relación básica, indisoluble y vital, que es en efecto la piedra angular de cualquier sistema socio-ecológico como nuestra, o cualquier sociedad.

Como mencioné anteriormente la biodiversidad o naturaleza provee –directa o indirectamente- todo lo que los humanos precisamos para vivir y tener bienestar. Al mismo tiempo, la pérdida de biodiversidad es la mayor amenaza que enfrenta nuestra sociedad[1]. Esto se debe a una serie de causas bien conocidas como degradación de hábitat, contaminación, especies invasoras, cambio climático, que derivan en último término del desarrollo de acciones humanas a espaldas de natura[2].

Ante esto el llamado global es al desarrollo de procesos transformativos, que puedan cruzar de manera simultánea esferas políticas, sociales, económicas, tecnológicas, y finalmente valóricas[3]. Es decir, qué y cómo queremos relacionarnos unos con otros, incluyendo en ese “otros” a grupos humanos y no humanos. Este reconocimiento debería ser parte del núcleo de nuestro próximo texto constitucional, ofreciendo no sólo una alternativa para la construcción de un nuevo e inclusivo país, sino sirviendo de ejemplo concreto de acción transformadora para el Mundo, la que puede tener consecuencias en todas las esferas societarias.

Sin ser experta en derecho constitucional, expongo dos ejemplos que muestran el profundo cambio de mirada que puede traer consigo el reconocimiento del hecho básico de la vida: que humanos y naturaleza somos una misma cosa, y que enfrentamos los mayores niveles de degradación nunca antes registrados en la historia humana.

El cómo nombramos a las especies y a la naturaleza incide directamente en nuestra relación y cuidado con ésta. Crédito: WCS.

Biodiversidad no es lo mismo que recursos naturales

He mencionado y repetido que la biodiversidad es una matriz ecológica-evolutiva altamente compleja, ubicua, frágil, interconectada, histórica, que precisa de una mínima integridad en estructura y organización para asegurar su  funcionamiento. Ella no reconoce limitaciones políticas, ni de propiedad. La complejidad en escala múltiple es consustancial a la biodiversidad y hace que ella en su totalidad no sea apropiable ni enajenable (a pesar de algunos).

Es posible definir límites geográficos aparentes en la naturaleza, como puede ser el borde de un lago, las altas cumbres cordilleranas, o la ribera de este o aquel lado de un río. Se puede delimitar un puñado de árboles, o confinar en una red a una masa de peces variados. Todos y cada uno de estos límites, sin embargo, son imaginarios, pues la biodiversidad está -evidente o solapadamente- siempre en conexión con otros factores, sean ellos vivos o inertes. Más aún, su integridad depende de la mantención de dichas conexiones, pues son esenciales para su persistencia y florecimiento en el tiempo. Esto desafía conceptos y aspiraciones como la propiedad privada. Y se hace patente, toda vez que la integridad de la biodiversidad se ve afectada por amenazas que están fuera de los límites de la propiedad en cuestión.

Cuando en la Constitución del 80 se hace mención a la naturaleza, tal referencia es puramente economicista, y ciega a los atributos y características que la definen, pues se la entiende sólo como fuente de recursos naturales.

Es así que se puede ser dueño de una fracción de la naturaleza como un sublime parque natural, un campo agrícola, una ribera de la laguna más hermosa de Chile central. Sin embargo, dada la propiedad relacional de natura, el destino de dichas posesiones depende del devenir de otros componentes territoriales y culturales, pues los factores que degradaran naturaleza generalmente sobrepasan y se instalan en los territorios a pesar de la existencia de escrituras de propiedad o de alambrados electrificados. Esto mandata el cuidado mancomunado e integrado más allá de la propia frontera, justificando con creces el esfuerzo colectivo para la mantención de la naturaleza, matriz común de vida y bienestar.

Tanto lo macro como lo microscópico del mundo natural debe ser tomando en cuenta en la discusión de la Nueva Constitución. Crédito: WCS.

Un ejemplo claro de esto son aquellos cada vez más numerosos predios privados que son y serán víctimas de sequías que derivan de cuencas denudadas de vegetación, o por el otrora lejano cambio climático. Privados territorios son consumidos por masivos fuegos incontrolables (como ocurrió recientemente en el continente australiano, o hace un par de años en Chile central) debido –entre otras causas- a mantos interminables de plantaciones de exóticas especies pirofíticas. Puede suceder que un río o laguna, como la de Aculeo se seque sin más, producto de algún estiaje prolongado, sumado a la mala o nula gestión integrada de procesos hidrológicos de la cuenca. Una playa favorita, sea de lago o mar, puede contaminarse por el derrame masivo de petróleo ocurrido a kilómetros de distancia; o que el consumo de mis cultivos de choritos se prohíba por efectos de la marea roja que nace mucho más allá de mis instalaciones industriales.

A escala mayor, un país completo como Chile, puede declarar su soberanía sobre una porción significativa del Pacífico, pero tendremos que reconocer que aquella porción de mar que reclamamos como chilena es una parte indisoluble de un ecosistema marino planetario. Esto determina que aquellos bienes que podríamos obtener de de nuestra porción de océano, son afectados por diversos factores que van más allá de declaratorias soberanas incluyendo la acidificación del océano, la contaminación de aguas por lluvia ácida o por derrame de hidrocarburos en aguas internacionales, por sobresaturación de desechos plásticos, o por sobreexplotación de recursos marinos en algún punto de su ruta migratoria global. El anhelo que nuestro mar pueda nutrirnos de manera sostenida en el tiempo, precisa de reconocer la complejidad e integridad de la naturaleza, y desplegar acciones acorde tendientes a la protección de este bien compartido.

Los guanacos son una de las especies protegidas en esta zona remota de Patagonia.

Cuando en la constitución del 80 se hace mención a la naturaleza, tal referencia es puramente economicista, y ciega a los atributos y características que la definen, pues en dicho texto se la entiende sólo como fuente de recursos naturales (RRNN). Por lo mismo, un nuevo papel constitucional debe atender al hecho que biodiversidad no es lo mismo que RRNN.

Es cierto que parte de las estructuras y procesos que constituyen la biodiversidad pueden devenir en la generación de bienes o servicios a ser aprovechados por las sociedades o partes de ella -por el mundo público, privado o ambos, por comunidades locales e incluso globales-, y que muchos de ellos son RRNN que tienen el potencial de ser renovados. Son justamente algunos de los servicios que ofrecen los ecosistemas naturales, incluyendo por ejemplo materias primas como madera, pesca, medicinas, suelo, los que pueden ser apropiados y gestionados para su uso prolongado. Otros servicios menos conocidos como la recarga de acuíferos, control de plagas, ciclaje de nutrientes, reducción de transmisión de enfermedades, polinización, pueden asimismo ser gestionados para su provisión permanente, pero precisan de una gestión integrada a escalas de espacio y tiempo mucho mayores que las que involucra la propiedad privada tradicional.

Queda claro entonces que, si se aspira a mantener y explotar los RRNN que produce la biodiversidad, o si se espera mantener operativos aquellos servicios mínimos que son necesarios para nuestro bienestar, se hace inevitable la necesidad de conservar, promover y restaurar la biodiversidad que subyace, sostiene, y es común a todo espacio público y privado, pues es el ente finalmente responsable de provisión de dichos insumos. Y como decíamos más arriba, dada su compleja condición sistémica, es la sociedad toda –nacional y global- la que debe confluir en el proceso de su cuidado, independientemente del derecho de propiedad, privada o colectiva, que exista sobre una u otra fracción del territorio.

El Parque Karukinka brilla en tonos ocres durante el otoño. Crédito: Tania Raipane.

Biodiversidad y Soberanía

La incorporación de la biodiversidad y su carácter relacional con lo humano en la nueva Constitución es un vehículo para traer a Chile al siglo XXI y reflejar en ella el conocimiento acumulado por milenios. Este reconocimiento, ya realizado por instituciones muy relevantes como la Iglesia Católica[4], desafía gran parte del status quo y da el empuje necesario para transformar la inercia del quehacer humano histórico.

En el caso de Chile, el reconocimiento del valor intrínseco de la biodiversidad para el bienestar de sus pueblos y comunidades, precisará repensar toda una serie de conceptos tradicionales, incluyendo especialmente aquellos de soberanía y seguridad.  Palabras que en los poco más de 200 años de nuestra historia como “país soberano” han sido utilizadas para describir muchas cosas, ocultar otras y justificar las más. Es menester dejar de pensar la soberanía en términos decimonónicos.

Al hablar de soberanía, y la necesidad de su protección, debemos reconocer la necesidad vital de mantener, promover y restaurar los ecosistemas que conforman y dan vida a todo el territorio y aguas nacionales, al mismo tiempo de protección a las gentes que los habitan.

Debemos comenzar a entender soberanía no simplemente como aquella que está definida por fronteras humanas, a las que hay que defender de una posible invasión por otros, a quienes, dado el caso, habría que expulsar o eliminar a balazos. Este es un afán permanente que consume ingentes sumas de cualquier presupuesto nacional y cuantiosos recursos de todo tipo. A la luz de lo expuesto, la soberanía debe ser entendida en una extensión contextual mucho más amplia y racional que la puramente político-administrativa-militar.

Al hablar de soberanía, y la necesidad de su protección, debemos reconocer la necesidad vital de mantener, promover y restaurar los ecosistemas que conforman y dan vida a todo el territorio y aguas nacionales, al mismo tiempo de protección a las gentes que los habitan. El valor real de dichos territorios (así como aquel valor imaginario, que es su precio de mercado) podrá existir sólo en la medida que estos son capaces de albergar una naturaleza sana.

Aquellos ecosistemas degradados, contaminados, sobre-explotados, erosionados, secos, o yermos, carecen de valor alguno y son en general abandonados a su muerte lenta, pues no son capaces de sostener su vida, ni la de otras especies como la humana. Ellos debieran ser el blanco real de nuestro imaginario soberano. Puesto que únicamente aquellos territorios vivos, contenedores de ecosistemas íntegros y pujantes, son capaces de proveer las condiciones mínimas que permiten la producción de agua y otros RRNN como los que mencionaba más arriba, básicos para el bienestar de las personas y sus sociedades.

El trabajo comunitario inmerso en los bosques prístinos nos hace involucrarnos de una forma renovada y consciente con el medio ambiente. Crédito: WCS.

La defensa real de la soberanía de un territorio, por lo tanto, no se asegura sólo por la existencia de un cada vez más oneroso pasivo militar (el que por lo demás tampoco asegura la seguridad de un país como Chile, o cualquier otro). La tarea de defensa debe apuntar a la creación y mantención de condiciones mínimas que aseguren la existencia y el bienestar humano, que aseguren el buen vivir de nuestras poblaciones -humanas y no humanas- que habitan esos territorios soberanos. Hablamos de la protección del agua, del suelo cultivable, de los bosques, humedales, ríos, zonas costeras, por nombrar algunos de los bienes soberanos vitales de cualquier nación. Estos bienes complejos precisan ser defendidos tanto o más que imaginarias líneas fronterizas, especialmente en un mundo cada vez más deteriorado como el actual. Tal práctica defensiva y profiláctica resulta determinantemente elemental no sólo para la existencia de la población actual, sino ante todo para las futuras.

Incorporar un entendimiento eco-lógico básico de soberanía a una nueva constitución de Estado, abriría el espacio necesario para visionar y diseñar nuevos conceptos que permitan construir un Chile diferente. Ellos deberían comprender al menos: la soberanía y seguridad ecológica de nuestro país, que resultan condición mínima y necesaria para avanzar en una real soberanía territorial y efectiva seguridad alimenticia, soberanía cultural, entre otras.

Un ejemplo final de los espacios que debemos desafiar en la creación de esta nueva Constitución, dice relación con la seguridad interior, entendida ella como seguridad sanitaria. Como ha quedado demostrado en estos meses de pandemia global, hay tres características constitutivas de estas amenazas a tal seguridad: uno es que estas seguirán ocurriendo, segundo que su origen primario se encuentra en la degradación de la biodiversidad[5], y por último que dichas amenazas no se combaten a balazos, sino que precisan de la articulación compleja y virtuosa de los diferentes actores de la sociedad, en relaciones informadas y de confianza, posicionadas en las realidades humanas y no humanas de los territorios. En fin, como se mencionó antes, en definitiva, de una buena democracia.

¿Es posible y cómo se puede instalar este cambio de paradigma en una nueva Constitución?

Será tarea de la Asamblea Constituyente encontrar la forma de reflejar en la nueva constitución esta realidad. Considerando sin embargo el principio fundacional de la relación ser humano con la naturaleza, sostengo que ella debería formar parte de las bases constitucionales por constituir un principio fundamental de la vida, quedando así relevada en nuestra carta magna.

En un segundo nivel, y derivado de este reconocimiento, se constata por lo tanto la necesidad de reconocer, además de los derechos individuales, tan amplia y precisamente definidos en la constitución que esperamos reformar, los derechos de lo colectivo y de este espacio socio-ecológico común, así como los deberes que cada una de las personas tiene para con este bien común.

Y finalmente, la nueva Constitución debería explicitar la necesidad de nuestro país de reconocer la tarea de conservación de biodiversidad como una tarea fundamental para la construcción, florecimiento y mantención de nuestra sociedad chilena. En toda su diversidad. En toda su complejidad. Confirmando la necesidad de instalar esta nueva forma de hacer en cada porción de nuestro territorio.

Estas son cuestiones abiertas a la conversación, que deben justamente ser abordadas desde diferentes perspectivas, para encontrar la mejor forma de articular soluciones efectivas. La creación de estos espacios de conversación, que permitan hacer avanzar a Chile en conservación de biodiversidad, son clave en este escenario de cambio de constitución, a través de un proceso constituyente. Quien pueda tomar este espacio, estará ganando no sólo a través del enriquecimiento conceptual del rol de la biodiversidad en el bienestar de nuestra sociedad, sino teniendo la posibilidad de liderar esta transformación para el resto del país, y por qué no decirlo, del Mundo completo.

Colonia de elefantes marinos en Bahía Jackson, Seno Almirantazgo. Crédito: WCS.

[1] https://www.stockholmresilience.org/research/planetary-boundaries.html

[2] https://ipbes.net/global-assessment

[3] IPBES Op. Cit.

[4] http://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

[5] https://www.eurasia.undp.org/content/rbec/en/home/blog/2020/biodiversity-matters-to-stop-future-pandemics.html

Imagen de portada: Un arcoiris aparece tras la lluvia en el Seno Almirantazgo, Tierra del Fuego. Crédito: WCS.

Sobre la Autora:

Bárbara Saavedra, Dra. en Ecología y Biología Evolutiva y Directora Wildlife Conservation Society-Chile.

En la segunda parte de esta potente columna, la destacada conservacionista Bárbara Saavedra pone de relieve la importancia de proteger la biodiversidad para asegurar la democracia en Chile. Así mismo, la doctora en ecología nos da a conocer cuatro peligrosos factores -el cambio climático, las especies invasores, la contaminación y la pérdida de hábitat- que además de amenazar nuestras especies ponen en peligro la creación de una sociedad más digna y justa. Conoce cómo se interconectan estos conceptos fundamentales para la creación de un futuro más sostenible y equitativo para nuestro país en estos tiempos urgentes.

Trabajo comunitario de creación y mejoramiento de senderos en Parque Karukinka. Crédito: WCS.

Conservación de biodiversidad: una oportunidad para construir democracia real

La creación de una nueva Constitución es una pieza fundamental para la construcción de democracia, sin embargo no es la única herramienta. El ejercicio de erigir un sistema sociopolítico que nos permita avanzar hacia una sociedad más justa y amable con todos, precisa del despliegue equitativo de la visión de dicha carta magna en los territorios. Es decir, que se enfoque y se materialice en cada grupo humano que forma parte del territorio de referencia constitucional. Cada porción de nuestro país, sin embargo, está habitada por una gigantesca variedad de especies que conforman ecosistemas integrados, incluyendo ciertamente al Homo sapiens. Nuestra nueva carta magna debe reconocer la relación básica, indisoluble y vital que existe entre humanos y naturaleza[1], pues esta relación es la piedra angular de cualquier sistema socio-ecológico como el nuestro.

Tal como ha ocurrido con la democracia en Chile -la que se ha visto mermada y mutilada a lo largo de su historia por diversos factores y actores, bien conocidos por muchos y desconocidos por otros- de igual modo la naturaleza nacional ha ido siendo degradada y violentada a lo largo de nuestra historia “soberana”.

La pérdida de biodiversidad es el mayor problema global que enfrenta el mundo, junto a otros más reconocidos como el cambio climático[2]. De hecho, gran parte del problema climático se debe a la destrucción de ecosistemas, y la consiguiente merma en la capacidad de la naturaleza para mantener los balances de carbono de nuestra atmósfera. La evidente magnitud de este problema es poco reconocida, a pesar que lo enfrentamos tanto a escala global como local. A modo de ejemplo recordemos que el 75% de la superficie terrestre ya ha sido alterada[3], y en nuestro país casi el 50% de nuestros ecosistemas ha sido degradado[4]. La zona central de Chile, contenedora de los globalmente valiosos ecosistemas mediterráneos, corresponde a uno de los dos ecosistemas más amenazados de América del Sur. Esta degradación no afecta sólo a ecosistemas terrestres, puesto que el 66% del océano mundial acusa asimismo graves impactos a su masa[5]. En el caso de Chile, la degradación de nuestro mar se refleja en sus más de 60% de pesquerías sobreexplotadas o agotadas. Así como el embate permanente que sufren nuestras costas a causa de contaminación minera, agrícola o acuícola. A pesar de su rol esencial para la sobrevivencia humana, el 85% de los humedales del planeta ha desaparecido[6]. Tal deterioro ha tenido y tiene impacto directo o indirecto en cientos de miles de comunidades que padecen escasez hídrica en el mundo, incluyendo por cierto a casi un 40% de las comunas nacionales.

Nuestra nueva carta magna debe reconocer la relación básica, indisoluble y vital que existe entre humanos y naturaleza, pues esta relación es la piedra angular de cualquier sistema socio-ecológico.

La secuela de esta agresiva erosión a la biodiversidad a nivel global ha significado la desaparición total o parcial de alrededor de un quinto de las especies nativas[7].  Esto repercute directa y /o indirectamente en el andamiaje vivo de los procesos ecológicos de las que eran parte. Impacta por tanto en los numerosos y vitales servicios que permiten el bienestar e incluso la sobrevivencia de las comunidades humanas. Un ejemplo palmario de esta secuela es la pandemia global que estamos ahora sufriendo. Ella deriva de la destrucción de naturaleza y del confinamiento y uso de especies silvestres, lo que facilitó el contagio de un virus nativo de murciélagos, a nosotros los humanos[8].

La pérdida de biodiversidad es el mayor problema global que enfrenta el mundo, junto a otros más reconocidos como la crisis climática. Crédito: WCS.

Este fenómeno global se repite en numerosas localidades, donde como consecuencia de la destrucción de bosques, contaminación de agua, aire, aumenta la prevalencia de contagios con numerosas otras zoonosis como malaria, dengue, zyka, ébola, hanta, y muchas otras. Además, la salud humana se ve afectada por otro montón de patologías no contagiosas, como enfermedades cardiovasculares, respiratorias, cáncer y otras. Es sabido que ellas derivan de la degradación medioambiental de poblaciones por incompetente manejo industrial en las llamadas zonas de sacrificio; en áreas de intensivo desarrollo agrícola con consecuente mal uso y abuso de pesticidas y/o fertilizantes; también hay ciudades que han sido despojadas de toda cubierta vegetal nativa, con el ulterior impacto directo en el aumento de contaminantes atmosféricos.

La pérdida de biodiversidad disminuye igualmente la capacidad de reacción y resiliencia ante desastres como terremotos, inundaciones, remoción en masa de materiales, aluviones, entre otros[9]. Esto es relevante, pues los efectos del cambio climático traen consigo un aumento de fenómenos de concentración de pulsos de lluvia, lo que aumenta la probabilidad de eventos como aluviones. Frente a todo esto es preciso mantener y promover una vegetación pertinente necesaria para amortiguar los embates de un mundo cada vez más caliente.

La evidencia más fuerte del valor de la naturaleza, y al mismo tiempo del impacto de su degradación se observa en el ámbito de la economía. Especialmente en países como Chile que dependen directamente de sus RRNN (recursos naturales), que son uno de los servicios más importantes que entrega la biodiversidad a las sociedades humanas. Es útil recordar que la biodiversidad aporta al PIB global entre el doble y el triple del PIB oficial entregado por el FMI y otros organismos[10]. Para Latinoamérica el aporte al PIB de la biodiversidad es al menos equivalente al PIB de toda la región[11]. Estimaciones iniciales para Chile muestran que solo la biodiversidad contenida en nuestras áreas protegidas terrestres –que cubren casi un quinto de nuestra superficie- aporta al PIB de Chile más que aquellos sectores tradicionalmente considerados pilares de nuestra economía como el agrícola o el pesquero[12]. Con estas cifras en mente, no debemos extrañarnos cuando economías o comunidades colapsen cuando se ven enfrentadas a la degradación de su naturaleza[13]. En la práctica, es la naturaleza la que subsidia una parte abrumadora de las industrias y las economías mundiales, cuestión que recién está comenzando a reconocerse[14]. Y la pandemia actual confirma lo que viene diciendo el mundo de la conservación desde hace rato:  que sale mucho más rentable invertir de manera precautoria en conservación, que asumir los costos de reparar o reconstruir ecosistemas y economías degradadas.

Especies invasoras han hecho disminuir a la fauna nativa de nuestro territorio, reduciendo la biodiversidad y con ello trayendo eventos catastróficos como desastres naturales y enfermedades contagiosas. Crédito: WCS.

La pandemia global que sufrimos deriva de la destrucción de naturaleza, del confinamiento y uso de especies silvestres, lo que facilitó el contagio de un virus nativo de murciélagos hacia nosotros, los humanos.

Como es fácil imaginar, las causas de dicha degradación están todas conectadas entre sí. Es esto lo que hace urgente que el proceso de (re)construcción de nuestra democracia vaya a la par con la restauración de su base natural más profunda. A partir del simple hecho de reconocer la intrínseca esencia relacional de nuestra sociedad con nuestra naturaleza, el proceso de restauración de natura ha de servir como motor elemental en la construcción de democracia[15].

El conjunto de amenazas que afecta y erosiona la biodiversidad del mundo está conformado por cuatro factores, que se conocen como los “jinetes del Apocalipsis”[16], “enemigos” bien conocidos en el mundo de la conservación de la biodiversidad.

El primero es la pérdida o destrucción de hábitat, como producto fundamentalmente de la descontrolada expansión agrícola y ganadera; la destrucción de bosques; degradación de suelos; agresivas urbanizaciones de zonas naturales, sólo por nombrar algunas de sus expresiones más importantes.

El segundo: las especies invasoras, que son un puñado de especies que fueron transportadas por accidente o intencionalmente fuera de sus hábitats naturales, y se desarrollaron de manera descontrolada, destruyendo la biodiversidad de las zonas invadidas. En el caso de Chile esta amenaza ha sido particularmente relevante: especies como conejos, cabras, jabalíes, zarzamora, espinillo, visón, castor, didymo, trucha arco iris, abeja chaqueta amarilla, numerosas malezas, suman a las casi mil especies invasoras reconocidas al día de hoy en nuestro país[17]. Ellas degradan lenta e implacablemente los ecosistemas naturales chilenos, con impacto directo en los servicios que ofrecen a la comunidad nacional, e impactos económicos que ascienden a varias decenas de millones de dólares anuales[18].

Los cursos de agua del Parque Karukinka sustentas bosques, praderas y humedales de turbera, como así la biodiversidad que forma parte de estos ecosistemas, aportando servicios de regulación y provisión que son claves para el bienestar humano y no-humano. Crédito: WCS.

El tercer jinete es la contaminación. Ella afecta ecosistemas terrestres, marinos e incluso el aire. Chile ofrece demasiados ejemplos de contaminación extrema. Muchos de ellos asociados una mala actividad minera, derrame de hidrocarburos en puertos, emisión de gases y material particulado en ciudades y zonas industriales. Aparecen aquí la contaminación de cursos de agua por efecto del mal (o ausente) diseño y fiscalización de uso de fertilizantes y pesticidas; malos tratamientos de desechos urbanos, entre otros. Ejemplos emblemáticos de esto han sido la contaminación del Humedal del Río Cruces en Valdivia, la destrucción de la bahía de Chañaral, o la contaminación de lagos del sur de Chile como el Villarrica o el Llanquihue.

El último y más reciente miembro de este cuarteto apocalíptico es el cambio climático. A pesar de su origen y carácter global, se manifiesta con particular fuerza a nivel local en Chile, dado que nuestro país es alarmantemente vulnerable a los efectos de este factor, por ser un país costero, montañoso, con extensas zonas áridas, entre otras[19].

La naturaleza ha subsidiado una parte abrumadora de las industrias y las economías mundiales, cuestión que recién está comenzando a reconocerse en nuestro país.

Estos “enemigos” no se abaten a balazos, sino que se combaten a través de la práctica de la conservación de la biodiversidad[20]. Disciplina que nace de las ciencias ecológicas como una respuesta al problema global de degradación ambiental. A diferencia de otras ciencias, su mandato es claro: detener y revertir los patrones de pérdida de biodiversidad. Una clara misión establecida desde el nacimiento de esta ciencia hace poco más de cuatro décadas.

Esta práctica científica precisa de un prolijo trabajo territorial y la integración orgánica de múltiples actores –humanos y no humanos-. Es un trabajo obligadamente inclusivo cuya meta es la transformación de las realidades (¡no la acumulación de informes burocráticos!) siguiendo lineamientos básicos de las ciencias como evaluaciones comprehensivas e integradas, diseño de intervenciones basadas en evidencias, las que constituyen en sí mismas hipótesis a ser contrastadas con evidencias objetivas, independientes, que permitan retroalimentar los procesos de evaluación para el establecimiento de ciclos adaptativos y mejoramiento continuo.

Preservar el bonimio naturaleza-humano debe ser un mandato fundamental para la creación de la Nueva Constitución. Crédito: WCS.

Esta es una disciplina que por definición es territorial, pues el binomio indisoluble naturaleza-personas es propio de cada territorio, cuya ejecución precisa de resultados en la realidad de cada uno de ellos. Por lo mismo la conservación no es sólo una necesidad, sino una vacuna contra populismos y proselitismos de todo tipo, ya que la vociferación de promesas administrativas, económicas, electorales o de cualquier otro tipo, contrasta con el resultado (o no) de soluciones efectivas, en territorios y ecosistemas reales, con personas y de carne y hueso. Y estas soluciones se ven (o no) a simple vista: ¿se limpió la bahía contaminada? ¿Se recuperó la población sobreexplotada de locos? ¿Se recuperó el suelo degradado? ¿Regresaron los bosques y matorrales de Chile central? ¿Están claras y limpias las aguas del humedal?

No es el propósito de estas líneas esbozar un tratado científico técnico, sino destacar simplemente que la buena conservación, así como la buena democracia, precisan de la integración orgánica de un trabajo territorial, de sus ecosistemas y sus gentes, con los mandatos que derivan de los cuerpos legales rectores de dichas prácticas. Muchos de los cuales todavía están por construir. Uno de estos cuerpos rectores es nuestra Constitución, la cual debe ser reformulada considerando el hecho –todavía poco reconocido- que humanos y naturaleza somos una misma cosa. Y que el cuidado de uno, precisa de la atención equivalente del otro[21].

La pérdida o destrucción de hábitat, las especies invasoras, la contaminación y el cambio climático son los cuatro «Jinetes del Apocalipsis» que amenazan y erosionan la biodiversidad del mundo.

Las ciencias de la conservación mandatan el diseño y cuidadoso despliegue de procesos, lo que entre otros principios requiere la inclusión de todos los actores relevantes, posicionado cada cual en su diversidad y sus territorios. Cooperación y buena gobernanza administrativa son elementos clave en dichos procesos y territorios; así como el acceso transparente y permanente a información relevante; el monitoreo inclusivo constante de todas las etapas del proceso de conservación, y por sobre todo de la equidad inter-pares[22]. Tal como ocurre en la naturaleza, es en esta aproximación equitativa donde se revela el valor de cada actor para el funcionamiento integrado y armónico del eco-sistema. Tales principios son básicos para una efectiva conservación y protección de biodiversidad, y son, por cierto, inmanentes a una buena democracia.

Entonces, cuando hablo de la degradación de natura y su biodiversidad, y de su relación con una nueva Constitución, debo insistir que, en el espíritu y letra de ésta, ella debe tener claro el mandato de preservar el binomio naturaleza-humanos. Esta preservación no es más que una atención efectiva a la conservación. Y por lo mismo, es la conditio sine qua non para desarrollar y desplegar la democracia, que solo puede realizarse en aquella realidad concreta llamada vida.

La buena conservación, así como la buena democracia, precisan de la integración orgánica de un trabajo territorial, de sus ecosistemas y sus gentes. Crédito: WCS.

Es la biodiversidad -no los recursos naturales- la verdadera mandataria que nos obliga a pensar en una escala más grande que la del estrecho interés individual. Los límites físicos y legales, alambres de púas, o disposiciones legales, son inútiles para proteger la naturaleza contenida en una propiedad privada de las amenazas crónicas a la que está expuesta hoy día la biodiversidad. Estos límites no la ponen a salvo de incendios, contaminación, cambio climático, especies invasoras, marea roja, gripe aviar, coronavirus, por nombrar algunos factores de riesgo. Para ello precisamos trabajar y articular la protección de la totalidad del entorno, lo que justifica desde su base ecológica la cooperación pública y privada, así como la colaboración a otras escalas.

Fijar en una constitución esta reciprocidad consciente de derechos y deberes en el cuidado de los bienes comunes e individuales de la biodiversidad y su conservación, sería de veras un hito innovador en nuestra nueva –en realidad en cualquiera- Constitución. Se trata entonces, de un decisivo cambio de paradigma. Es lo que precisamos para enfrentar y lograr el tránsito de Chile al próximo siglo.

Esta es la oportunidad que nos ofrece la redacción de una nueva Constitución. La de ser no solo una magna ley política fundamental para el funcionamiento veramente democrático de un estado, sino ser además una constitución eco-lógica, que tenga en su núcleo rector la relación humano-naturaleza y que explicite el deber que una sociedad se autoimpone para proteger este binomio. En cada palmo de su territorio. Sólo así es dable imaginar y construir un futuro mejor.

Bosques prístinos de lenga en Tierra del Fuego, en medio del sendero del Valle la Paciencia. Crédito: Sebastián Lorca.

[1] Saavedra 2020

[2] Rockström et al. 2009

[3] IPBES 2019

[4] MMA 2018

[5] IPBES Op. Cit.

[6] Gherardi et al 2009

[7] IPBES Op. Cit.

[8] Evans et al. 2020

[9] Doswald & Estrella 2015

[10] Constanza et al. 1997; Constanza et al. 2014

[11] IPBES 2018

[12] Figueroa et al. 2010

[13] Diamond 2005

[14] Dasgupta 2010, 2020

[15] Saavedra 2020

[16] Diamond 1984

[17] Pauchard 2017

[18] Cerda et al. 2017

[19] World Bank Group

[20] Soulé 1985; Meine et al. 2006; Kareiva & Marvier 2012; Casetta et al. 2019

[21] Saavedra 2020

[22] Open Standards for Conservation; Saavedra et al. 2015

* La tercera parte y final de esta columna se publicará el jueves 20 de agosto en Endémico web.

Imagen de Portada:  Vista hacia el Parque Karukinka, Tierra del Fuego. Crédito: WCS.

Sobre la Autora:

Bárbara Saavedra, Dra. en Ecología y Biología Evolutiva y Directora Wildlife Conservation Society-Chile.

El pasado jueves 6 de agosto se realizó el SLAM de poesía: agua, biodiversidad y pueblos originarios, evento que convocó a 43 poetas que declamaron sus poemas en vivo en una competencia virtual. Organizado por Revista Endémico y el Festival Internacional de Poesía de Santiago (FIP SANTIAGO), el evento fue una experiencia inédita audiovisual que […]

El pasado jueves 6 de agosto se realizó el SLAM de poesía: agua, biodiversidad y pueblos originarios, evento que convocó a 43 poetas que declamaron sus poemas en vivo en una competencia virtual. Organizado por Revista Endémico y el Festival Internacional de Poesía de Santiago (FIP SANTIAGO), el evento fue una experiencia inédita audiovisual que culminó con el anuncio de los ganadores y provocó un viaje emocional; incluyendo desde risas a llantos entre los galardonados como también para quienes nos acompañaron durante toda la jornada del torneo . 

Más de 40 «slammers» declamaron sus poemas durante el evento en vivo.

La idea de armar este evento en este formato nace como iniciativa de ambas organizaciones como una instancia para compartir arte, poesía y activismo en tiempos de pandemia y confinamiento, y para acercar al público a la poesía ambiental, género adoptado por una gran cantidad de poetas que merece un espacio de difusión como éste. Participaron poetas de diversos países, incluidos Chile, México, España, Colombia, Argentina, Estados Unidos, entre otros, y también poetas de diversas generaciones y experiencias. “Hemos quedado no solo contentos con esta experiencia , sino asombrados de que la poesía en el formato Slam, tenga tantos seguidores y un asidero tan importante entre jóvenes. No se trata de poesía tradicional, sino de un formato nuevo que la incluye, pero también se nutre de las artes escénicas, la música y la juglaría. Es un esfuerzo de la sociedad civil para hablar sobre la preocupación por el medio ambiente, lo que incluye la terrible manera de tratar el tema mapuche en una política que parece empecinada en fracturar más y más esa diversidad”, comenta Javier Llaxacondor, poeta y director del FIP Santiago. 

El SLAM nace como una iniciativa de Revista Endémico y FIP SANTIAGO para compartir arte, poesía y activismo en tiempos de pandemia y confinamiento.

El evento fue conducido por Paula López, editora de contenidos digitales para Endémico y también jurado de la preselección de los poemas. A su vez, contó con la participación tanto en vivo como remota de miembros del jurado: el poeta y performer Martín Gubbins, la académica literaria Soledad Falabella, y el poeta y narrador mapuche Elicura Chihuailaf, quienes sorprendieron durante el evento con una performance improvisada, en el caso de Gubbins, y la lectura en vivo de un  poema de Gabriela Mistral titulado “La chinchilla”, por Soledad Falabella. También estuvieron presentes Javier Llaxacóndor, director del FIP,  Nicole Ellena, directora de Endémico, y Victoria Herreros, poeta, “slammer”, e integrante del equipo del FIP. 

Martín Gubbins, jurado del Slam, improvisó una performance en torno a la contingencia social y política que conmovió a todos los participantes.

La académica literaria Soledad Falabella hizo incapié en la importancia de este tipo de iniciativas en torno a la educación y activismo comunitario.

Para participar de este evento los poetas tuvieron que enviar sus poemas de manera escrita, donde se presentaron más de 100 poemas durante el mes de julio. Los poemas declamados en vivo fueron pre-seleccionados por el jurado interno de este concurso, y durante el evento, el jurado oficial seleccionó a seis finalistas, donde el público también pudo participar a través de su voto ayudando a seleccionar al ganador definitivo.

El SLAM fue un viaje lleno de emociones y momentos únicos gracias a su carácter en vivo y artístico declamatorio. Dentro de los hitos a destacar estuvo la participación de una persona privada de libertad, poeta con el seudónimo de Chombo, que sorprendió y conmovió a todos; también hubo declamaciones humorísticas, tales como las de Viejita Ninfa María y Erness tito. “La puesta en escena y preparación de los poetas fue parte fundamental de la experiencia, donde se destacó el uso de instrumentos musicales, vestimenta original, el uso de máscaras y títeres e incluso decorados, todo lo que se complementó con imágenes de algunos paisajes de Chile,” destacó Nicole Ellena, directora de Endémico. 

Instrumentos musicales, décimas y cantos, disfraces y fondos decorados fueron algunos de los implementos que trajo al torneo cada uno de los participantes. En la imagen, Gabriel Huentemil y su Verso por el copihue rojo, uno de los seis finalistas.

Cabe destacar que la performance poética en vivo se complementó con efectos sonoros, música, transiciones e imágenes de naturaleza que lograron que este experimento performático del Slam se transformara en una experiencia estética, de inmersión y transformadora para todos los que participaron, desde los poetas seleccionados, el equipo organizador hasta el público. El evento fue transmitido a través de «Facebook Live» de Revista Endémico y del FIP y tuvo más de 1.000 reproducciones una vez finalizado, todo lo que habla del inmenso interés del público de ser parte de este tipo de iniciativas artísticas, políticas y comunitarias. 

El hip hop también estuvo presente en las declamaciones, como la performance del artista José Signe, canadiense que habló desde el pueblo de Curarrehue.

Los ganadores del Primer Slam de Poesía fueron: 

Primer lugar: Natali Gross , con seudónimo Nata, de Argentina. 

Segundo lugar: Gastón García, con seudónimo de Boris Yadufami, de Chile.

Tercer lugar: Clemencia de Prat Gay con seudónimo de Felicitas, de Argentina.

Se entregaron 7 Menciones Honrosas a los artistas Alain Veilleux (José Signé), Julio San Martín (Alástor el bardo), Santiago Barcaza (Ariel), Luis Carrasco (Chombo), Yolanda Huequelef (Romy), Mariana Paéz (Magolis) y Alejandra Saavedra (Ale).

Para más información: endemico.org/slam-de-poesia

 

Participa en el primer Slam de Poesía

El Festival Internacional de Poesía de Santiago, en conjunto a Revista Endémico convocan a artistas de todo el mundo a participar del concurso Slam de Poesía: agua, biodiversidad y pueblos originarios. Este evento, que consiste en un concurso y una lectura en vivo de poemas seleccionados, se realizará el día jueves 6 de agosto a las […]

El Festival Internacional de Poesía de Santiago, en conjunto a Revista Endémico convocan a artistas de todo el mundo a participar del concurso Slam de Poesía: agua, biodiversidad y pueblos originarios. Este evento, que consiste en un concurso y una lectura en vivo de poemas seleccionados, se realizará el día jueves 6 de agosto a las 19:00 hrs (horario Chile) vía streaming en los canales de Facebook de ambos organizadores.

“Los temas ambientales están permeando en diversas esferas artísticas, incluida la poesía, y es por esta razón que decidimos relevar a los poetas que se han enfocado en estas temáticas. La pérdida de biodiversidad, la privatización y escasez del agua y el gran conocimiento que tienen nuestros pueblos originarios hacia estos temas –y la vulneración de sus derechos– nos han motivado a crear este espacio para enfatizar su importancia en esta puesta en escena digital”, comenta Nicole Ellena, directora de Revista Endémico.

El Slam de Poesía

El Slam de poesía es un evento cultural-artístico público y gratuito que visibiliza el cuerpo en escena a través de la palabra oral. Es un juego interactivo en escena entre el público, la declamación y un concurso de poesía, donde un participante se consagra ganador a través de un jurado experto y el voto del público, donde el foco no está puesto en la competencia, sino en que cualquiera puede participar y vivenciar en interacción constante, la multiplicidad de posibilidades que brinda el cuerpo y la oralidad de un texto.

Javier Llaxacondor, poeta y director del FIP Santiago, nos comenta “La poesía contempla diversas formas de expresión. En esta oportunidad hemos querido incluir el formato de Slam desde la generación de contenidos más que contingentes (el cuidado de la tierra, el agua y nuestra visión de los pueblos originarios). Creemos que la palabra escrita y la puesta performática nos involucra como actores del cambio y dicho llamado nos parece fundamental en las razones de ser de un festival de poesía como el nuestro. Esperamos que este sea el primero de muchos concursos que evoquen la creatividad desde una perspectiva medioambiental en poesía, aludiendo a un mundo lleno de cambios y en una pandemia que nos los ha presentado abruptamente”.

Revisa las bases y envía tu poema aquí.

Cartel creado por Diego Becas @diego_becas

 

Por Petra Harmat Nadie sabrá jamás qué sintieron esos primeros españoles al ver las palmas chilenas (Jubaea chilensis Molina Baill) dominando el borde costero de un lugar que aún no era bautizado como Viña del Mar, sino que era el valle de Peuco. Si pudiéramos cerrar los ojos por unos segundos y nos imagináramos que […]

Por Petra Harmat

Nadie sabrá jamás qué sintieron esos primeros españoles al ver las palmas chilenas (Jubaea chilensis Molina Baill) dominando el borde costero de un lugar que aún no era bautizado como Viña del Mar, sino que era el valle de Peuco.

Si pudiéramos cerrar los ojos por unos segundos y nos imagináramos que toda la urbe viñamarina desaparece transportándonos a un pasado prehispánico, al abrirlos nuevamente veríamos una suerte de selva tropical austral.

Imaginemos aquel paisaje prehispánico por unos segundos: palmeras por doquier, cerros de dunas y un valle prístino envuelto por suaves colinas que se expanden alrededor de una desembocadura de río. Ese río que, tampoco, sabía que terminaría siendo el estero Marga-Marga. Los pueblos changos y picunches, habitantes entonces de la zona centro de Chile, crecieron amparados por este clima templado, vegetación esclerófila costera y la riqueza de la cuenca hidrográfica del Marga-Marga, donde practicaron la siembra, el intercambio entre pueblos y otros saberes.

En ese tiempo las palmas quizás fueron las creaciones de la naturaleza más altas de la geografía de la zona central de Chile. Pero luego serían reemplazadas por actividades agrícolas en tiempos de la colonia y por construcciones humanas a partir de 1840. Incluso en antiguos mapas de la zona se dibujaron estos árboles, tal vez en una voluntad para identificarlas como símbolos autóctonos y reconocibles.

Desde Coquimbo hasta el Maule, abarcando toda la zona centro de Chile, la palma chilena, palmera chilena, kan-kan, lilla (en mapudungun) o palmera de coquitos como se le conoce también, se disemina en grupos y de forma más individual, creciendo en climas mediterráneos y generalmente en altura, siendo la única palma endémica continental. Además, es una de las que se ubica en las zonas más australes del mundo, junto con la palma originaria del Archipiélago de Juan Fernández, Juania australis, especie actualmente en peligro de extinción.

Parque Natural Kan Kan, sus quebradas son refugio para cientos de individuos de la palma chilena (Jubaea chilensis). Foto: Sofía Sierra

Un patrimonio natural y cultural

Jubaea chilensis es una especie de la familia Arecaceae. Su anatomía se divide en un tronco desnudo, suave, cilíndrico, liso, de un tono café grisáceo; en lo alto sus hojas crecen verdes. Su altura sobrepasa a veces los 30 metros y florecen aproximadamente tras los 30 años de edad, donde también alcanza su capacidad para resistir a animales herbívoros y al fuego. En otoño alcanza la madurez de su fruto, que se torna amarillo. Los primeros racimos de sus frutos, los coquitos, aparecen en primavera, finalizada la floración.

De acuerdo a la administración de la ciudad de Viña del Mar, la palma es uno de sus Patrimonios Naturales. Y es que la Ciudad Jardín –como se le conoce también- alberga trece especies distintas de palmeras. La única endémica es la palma chilena; todas las demás fueron traídas como tesoros exóticos en viajes que realizaba antaño la burguesía local. Se puede apreciar a Jubaea chilensis en distintas ubicaciones dentro de la ciudad: algunos ejemplares en el plan de la ciudad, como en la Quinta Vergara y Palacio Rioja; otras esporádicas en cerros y quebradas aledañas; y bajando/subiendo por la ruta Las Palmas, donde se ubica el palmar El Salto, decretado como Santuario de la Naturaleza en 1998.

Este palmar tiene ejemplares que rondan entre los 400 y 700 años aproximadamente, con una población de 7 mil individuos. Dentro de este amplio palmar se ubica el “Parque Natural Kan-Kan”, (Parque Natural Kan-Kan en Facebook y @fundacionkankan en Instagram) entre los cerros de Viña del Mar, que de acuerdo con el catastro realizado por la Fundación Identidad Natural, alberga alrededor de mil de estos árboles. Este entorno convive con la ciudad, que implica que las palmas se alzan cerca de vertederos clandestinos y nuevas construcciones urbanas, que contaminan el entorno natural.

Enclaves urbanos como cerro Nueva Aurora conviven con formaciones de palmas chilena y bosque esclerófilo. Foto: Petra Harmat

“El nombre Kan-Kan viene del quechua que significa agua agua, haciendo referencia al sonido que emana de una multitud de palmas meneándose al viento, parecido al sonido de la lluvia o del río. Es el nombre ancestral atribuido a la Jubaea chilensis”, cuenta Pascual Wacquez, director de la Fundación Kan-Kan, organismo que se conformó en diciembre del año pasado pero que lleva más de 4 años limpiando y protegiendo el sector de bosque de palmas ubicado en quebradas entre los cerros Forestal, Nueva Aurora y Viña del Mar Alto.

A unos 20 minutos a pie desde plan de Viña del Mar y a media hora en micro desde Valparaíso, el parque Kan Kan presenta acceso libre y fácil. A la vista, impresiona la cercanía que tiene este pulmón de biodiversidad con la urbe. Se ven casas que tienen una palma como el “árbol del patio”. Que en realidad es al revés: la planta acogió a esa familia.

Por una ladera del cerro, se accede caminando hacia la quebrada por donde se puede ingresar desde distintos puntos que señala el tupido bosque esclerófilo. Porque una observa, pero la vegetación dispone del ingreso.

Los caminos, huellas de pasajes escondidos por la vegetación nativa, van guiando a visitantes a través del bosque de boldos, peumos, quillayes, maquis, litres, molles y, por supuesto, de palmas chilenas. En el caminar, se pueden ver y oír aves como el picaflor gigante, carpintero, diucón, jilguero; además de culebras, sapitos, lagartos y cangrejos, que se encuentran en las vertientes. Invade la exquisita sensación de estar lejos de la ciudad, pero racionalmente sabemos que no.

En el Parque Natural Kan Kan, esta palma con forma de espiral captura la atención de los caminantes que alzan la vista al cielo. Foto: Petra Harmat

Cruzando un silencioso arroyo en plena quebrada, invisibilizado por enormes matorrales de la invasora mora, se descubre una palma solitaria en forma espiral. Algunos dicen que el verdadero espíritu de este bosque reside dentro de ella. Se tiene que doblar el cuello completo hacia atrás para admirarla en toda su elegante altura. Su formación peculiar la convierte en la atracción de las excursiones que realiza gratuitamente la Fundación Kan-Kan por el palmar.

Al retorno y descendiendo por la quebrada, el paisaje viñamarino se aprecia desde una nueva perspectiva: muy cerca se ve la Quinta Vergara y el complejo habitacional Siete Hermanas, la costa y sus olas, la calle Libertad como flecha indicando el norte, la descontrolada urbanización y la escasa cantidad de puntos verdes que van quedando hoy en esta ciudad. Una vista maravillosa que no deja a ningún viñamarino indiferente.

Volver a mirar hacia las alturas  

Pienso en el patrimonio cultural de Viña del Mar. Pienso en el inveterado turismo playero, estival, de noches de casino, paseos costeros y jardines perfectamente trabajados. Pienso que yo también fui una de esas personas alguna vez. Pienso en esa indiferencia que raya en la discriminación de no ver hacia las alturas. ¿Por qué girará todo en torno al mar? ¿Por qué las palmas parecen estar tímidas, escondidas, olvidadas y desplazadas como en un patio que se evita mirar, si son Patrimonio Natural de la ciudad?

“Nueva Aurora y Forestal son barrios de Viña en los que resulta común encontrar Palmas. Para nosotros, la palma Jubaea, más que una planta típica de la zona, tiene que ver con la identidad del sector, más allá de equipos de fútbol o el barrio, la silueta de la palma es algo más profundo y ancestral que resuena a nuestro alrededor”, comenta Pascual. La importancia de recordar y revalorar esas conexiones irrompibles que se tenían antes con la naturaleza.

A solo 20 minutos a pie de Viña del Mar se puede llegar a un importante sector de palmares. Foto: Petra Harmat.

Todo esto me parece tan urgente que, en mi diccionario mental, significa que me inquieta de una manera extraña. Y motivos sobran para inquietarse: la vieja costumbre de recolección y consumo de sus coquitos, su extracción para la miel y sacar sus ramas para la celebración del Domingo de Ramos, son prácticas culturales enraizadas en gran parte de la población. Por otro lado, la acción antrópica sobre el medio ambiente, ha sido por siglos la mayor amenaza de la palma; ha sufrido constantemente los embates de una urbanización feroz, que no descansa y devora cuanto alcanza.

En un artículo de National Geographic en Español sobre por qué se celebra con palmas el Domingo de Ramos, se señala: “se estima que existen 2600 especies de palmas pero la planta que produce las hojas que se usan el Domingo de Ramos solo puede sobrevivir en climas tropicales o subtropicales. En los lugares donde no se pueden encontrar palmas o están en peligro de extinción, como es el caso de Colombia o Ecuador con las “palmas de cera”, se pueden utilizar ramas de olivo, saúco, abeto o de otros árboles”.

Resuena la última frase, ¿es que acaso no pueden usarse también ramas de especies extranjeras que viven en la ciudad para esta celebración religiosa?

La inminente extinción

Las inmobiliarias y la megasequía amenazan con hacer desaparecer las palmas, pero también los ecosistemas que las rodean y sostienen. Foto: Iván Rivera.

Hace poco fueron dañados tres ejemplares de Jubaea chilensis por una construcción que está realizando una inmobiliaria. Sus raíces fueron cortadas, generó estancamiento de agua y removieron tierra a su alrededor, perjudicando no sólo a esta especie, sino a una gran variedad de vegetación asociada al bosque esclerófilo. De acuerdo a la Fundación Kan-Kan, “hubo tala rasa de bosque nativo y proyección de escombros hacia el fondo de la quebrada, y a diario las inmobiliarias y constructoras ubicadas en el sector realizan trabajos nocivos para el bosque, su ecosistema y sus habitantes”. Los miembros de la organización llevan más de 165 días acampando en el camino (desde el 15 de diciembre 2019), para resguardar el parque ante el avance de una devastación del palmar.

Pero también hay buena noticia: recientemente el Consejo de Ministros para la Sustentabilidad (CMS) aprobó la postulación de la especie como en peligro de extinción, para continuar con su protección. Sin embargo, Pascual Wacquez comenta que “el reconocimiento de Jubaea chilensis como una especie en peligro en extinción es algo que debería haber sucedido hace tiempo. El Palmar de El Salto representa la tercera mayor concentración de palmas chilenas en el mundo entero, por lo que nos encontramos en un sitio que es un refugio biológico para especies animales y vegetales únicas. Este reconocimiento otorgado a la especie resulta una gran oportunidad para defender los pocos palmares que quedan.”.

Similares amenazas viven las poblaciones de palmas chilenas en el valle de Ocoa, comuna de Hijuelas, al interior de la región de Valparaíso. Desde la iniciativa Ocoa Nativa (@ocoanativa en Instagram), proyecto colaborativo para la preservación de la flora y fauna de Ocoa y del Parque Nacional La Campana, concuerdan en que esta declaración no es suficiente. “Desde el año 2008 que ha sido clasificada en estado de Vulnerable según su estado de conservación por la entonces Comisión Nacional de Medio Ambiente (CONAMA). En la práctica, nos dábamos cuenta que no era suficiente para garantizar su protección y comprometer acciones públicas para restaurar y conservar ecosistemas habitados por palmas, entendiendo que un palmar lo componen muchas especies acompañantes, no sólo las palmas”, aclara Vera Scholz, fundadora de Ocoa Nativa.

Mirador Salto La Cortadera. Foto: Petra Harmat

Desde la organización, comentan que ya desde el año 1941 la palma chilena ha tenido una normativa particular que prohíbe su tala, pero los factores amenazantes sólo han ido en aumento. “La explotación indiscriminada para la elaboración de miel de palma en el pasado, sumado a la actual presión del avance urbano o de la actividad agrícola, han reducido significativamente su población original en un 98%”, comenta Vera. También, la megasequía producto del cambio climático que enfrenta la región es y será en el futuro cercano una de las mayores amenazas a las que se enfrenta la vegetación nativa. Por ejemplo, la escasez pluvial incide directamente en la cantidad, tamaño y poder germinativo de los coquitos que produce la palma y, por ende, en su regeneración. Otros factores relevantes son los incendios forestales –intencionales o por alza de temperatura- y los cambios de uso de suelos en la zona central del país.

Por ello, en el último tiempo trabajaron arduamente junto a técnicos de CONAF, para que se declarara como especie en peligro de extinción. Pero queda mucho aún por recorrer. “Abogamos ahora por su pronta promulgación como Monumento Natural, para acogernos así a la Convención para la Protección de la Flora, Fauna y Bellezas Escénicas -conocido como Convención de Washington-, que establece que los Monumentos Naturales otorgan una protección absoluta y sólo pueden ser intervenidos bajo una autorización especial para fines científicos o inspecciones gubernamentales”, observa Vera. Esta categorización la incluiría entre los árboles monumentales del país como el Alerce, Araucaria Araucana, Queule, Pitao, Belloto del Sur, Ruil. De la zona central, sólo el Belloto del Norte es actualmente monumento natural.

Ocoa, refugio de la biodiversidad

Las palmas de Ocoa son un vestigio viviente de cuando hace miles de años atrás reinaba un clima tropical en la zona central. Foto: Ocoa Nativa

Dentro de Chile, el palmar de Ocoa es el lugar con mayor cantidad de Jubaea chilensis. Viven más de 70 mil ejemplares de distintas edades, albergando cerca del 60% de la población mundial de la especie, lo cual lo transforman en una reserva natural y un sitio de alto valor ecológico y científico por su gran biodiversidad.

El palmar de Ocoa se ubica dentro del Parque Nacional La Campana, creado en 1967, que además es una de las diez Reservas de la Biosfera declaradas por la UNESCO que conserva el país.

La entrada al parque por el sector Ocoa, comuna de Hijuelas, donde se ubica este enorme palmar, muestra de frente el entorno milenario exuberante por la enorme cantidad de palmeras que van ascendiendo hasta lo más alto de las rocas cercanas a las cumbres de los cerros del parque. Con opción de elegir entre senderos para recorrerlo, el sector se caracteriza además por ofrecer variadas especies de vegetación esclerófila, chaguales y cactáceas; un salto de agua y vistas conmovedoras del bosque de palmas, en medida que los pies y el corazón aguanten.

Dejando el control de acceso del parque y subiendo por el sendero central Amasijo – Portezuelo, se llega al mirador El Amasijo, tomando un breve desvío a la derecha. La huella lleva a un claro donde habita una palma bien erguida, como dando autorización al visitante para apreciar tal espléndida vista hacia las copas verdes y cantarinas de las palmeras. No hay destino preciso ni obligado en este parque: cada parada y rincón dentro de esta Reserva de la Biósfera merece observación y reconocimiento como zona núcleo para un ecosistema que guarda tesoros endémicos. No importa si es verano, otoño o primavera. Cualquiera sea el clima, estas especies saben lucirse.

El mirador del Amasijo es un punto de Ocoa donde se puede apreciar la belleza y variedad ecosistémica que sostienen los palmares durante todo el año. Foto: Ocoa Nativa.

En la que bien podría ser su historia menos contada, la palma chilena data de millones de años atrás, de cuando en gran parte de la Tierra reinaba un clima tropical, un período anterior a las glaciaciones. A propósito, Vera comenta que son unos verdaderos fósiles vivientes. “Pocas palmas en el mundo de esa época pudieron adaptarse y evolucionar en el mundo natural pasando una serie de obstáculos climáticos, una de ellas es nuestra querida palma chilena”.

Urge proteger estos centenarios monumentos vivos y reconocer el esfuerzo que hacen muchas personas por recorrerlos, reconocerlos y rendirles tributo y amor. El Salto y Ocoa, dos espacios que conmueven la memoria siendo reflejos de nuestro pasado y representantes de nuestra identidad cultural.

Pero, ¿podremos sentir el pulso del cosmos y esa memoria viviente si nos quedamos en una vida bajo techo? Cuando finalicen estos tiempos de encierro, estos palmares serán destinos imperdibles para reconocer esa memoria.

Entrevistados

Pascual Wacquez Barrientos. Director Fundación Kan-Kan (Viña del Mar, región de Valparaíso).

Vera Scholz Hoss. Fundadora iniciativa Ocoa Nativa. (Sector Ocoa, Hijuelas, región de Valparaíso).

Bibliografía consultada

Unidad de Patrimonio I. Municipalidad de Viña del Mar: https://www.patrimoniovina.cl/articulo/patrimonio-natural/12/29/palmeras-patrimonio-natural-de-vina-del-mar.html

Web Visite Viña del Mar https://www.visitevinadelmar.cl/seccion/4/historia.html

Blog Palmas en Resistencia. http://palmasenresistencia.blogspot.com/2009/05/juania-australis.html

Ministerio del Medio Ambiente. Clasificaciones de especies: http://www.mma.gob.cl/clasificacionespecies/fichas16proceso/Jubaea_chilensis_16RCE_INICIO.pdf

Web de CONAF-Parque Nacional La Campana: https://www.conaf.cl/parques/parque-nacional-la-campana/

“Flora silvestre de Chile. Zona central”. Adriana Hoffmann J. Quinta edición. Ediciones Fundación Claudio Gay.

Sobre la Autora

Petra Harmat Vergara es comunicadora social y periodista. Trabajó cuatro años al interior de la Región de Valparaíso, desarrollándose en la difusión y gestión del agro y recurso hídrico, especialmente con productores locales. Es colaboradora en revistas y apoya a emprendimientos locales en el área de comunicaciones. Paralelamente, se ha dedicado al dibujo y al arte.

 

 

La Bienal Internacional del Cartel en México abrió su convocatoria para recibir obras de diseñadores y artistas de todo el mundo en seis categorías, entre ellas en biodiversidad. La Bienal Internacional del Cartel en México o BICM es una de las tres más antiguas del mundo, y la precursora de su tipo en América, fue […]

La Bienal Internacional del Cartel en México abrió su convocatoria para recibir obras de diseñadores y artistas de todo el mundo en seis categorías, entre ellas en biodiversidad.

© Emmanuel Iván Tanús (MEX)

La Bienal Internacional del Cartel en México o BICM es una de las tres más antiguas del mundo, y la precursora de su tipo en América, fue fundada el 1989 como por la asociación civil Trama Visual A.C, con el propósito de crear un proyecto internacional dedicado al cartel, proyectándose a ser una red de intercambio e inspiración para creadores, y a la vez una plataforma de recolección e historia gráfica. Desde 1990, el programa de las naciones unidas para el medio ambiente apoya a BICM en la categoría dedicada a temas ambientales y de conservación.

En innegable la importancia del cartel como medio de transmisión activo y efectivo de un mensaje. Desde su masificación en el siglo XIX, comenzó a presentarse como un lenguaje que transmitía ideas de forma sencilla y directa, llevando a sus receptores a responder de manera concreta a los estímulos presentados. “Bastan tres segundos para conservar en la memoria el mensaje de un buen cartel” afirma Xavier Bermúdez, director de la Bienal desde su fundación. Desde aquí que el diseño se volvió una herramienta para transformar el entorno, transmitiendo un mensaje de manera poética, y a la vez agregándole un sentido de urgencia.

© Wangyumeng Wang (CHINA)

En este caso, la urgencia tiene su raíz en la necesidad imperante de generalizar la alerta sobre la pérdida de biodiversidad y sus horrorosas consecuencias. El año 2011 la ONU declaró el inicio de la ‘década de la biodiversidad’, apostando por llevar esta consigna para encaminarse hacia cumplir las 20 metas de Aichi, desafíos definidos en la 10ª Conferencia de las partes, celebrada el año anterior en Japón. Entre estos destacan: evitar la extinción de especies en peligro, eliminar incentivos o subsidios perjudiciales para la biodiversidad, resguardar ecosistemas que proveen servicios ecológicos esenciales, entre otros. No obstante, a un año de acabarse esta década, Elizabeth Mruma Mrema, secretaria ejecutiva interina del convenio de la ONU sobre diversidad biológica, se ve obligada a admitir que los esfuerzos destinados a cumplir los objetivos no has sido suficientes.

Dice Mrema, “La salud de los ecosistemas de los que dependemos nosotros y el resto de las especies se está deteriorando más rápidamente que nunca. Estamos erosionando los cimientos de nuestra economía, seguridad alimentaria, salud y calidad de vida”. En América la situación es particularmente grave, Según WWF, el descenso en biodiversidad en América Central y la zona tropical de América del Sur es de un 89%. Frente a esto afirma Bermúdez que la Bienal, junto con el Programa ONU Medio Ambiente, pretende generar consciencia e inspirar a las personas a cambiar de estilo de vida. “No basta con hacer la denuncia, un buen cartel debe motivar a la toma de acción” añade. La visibilidad y el activismo gráfico a través del arte y el diseño son clave para motivar a una toma masiva de conciencia.

© José Manuel Vargas Romero (VEN)

Para postular, es preciso enviar de manera digital un máximo de seis carteles inéditos, ya sea de realización individual o grupal, con fecha límite 15 de mayo. (Es probable que por la emergencia sanitaria se extienda el plazo).

Podrán participar diseñadores gráficos, estudiantes de diseño, artistas plásticos, fotógrafos, y productores gráficos en general sin importar edad ni nacionalidad. Las técnicas de representación, impresión y el formato son libres, y buscan representar el trasfondo y la urgencia de la siguiente cita: “Con un millón de especies en peligro de extinción, el llamado a preservar la biodiversidad es más urgente que nunca.”  Esto se refiere no sólo a salud de plantas, animales y ecosistemas, sino también al bienestar de las personas y las economías alrededor del planeta. La protección efectiva de la biodiversidad sólo es posible si todos los actores involucrados actúan en conjunto para responder a las amenazas globales que la afectan, entre ellas, el cambio climático, la sobreexplotación de recursos, la contaminación y los cambios en el uso del suelo y de los océanos.”

Los carteles seleccionados formarán parte de la colección sobre el tema Biodiversidad, y la BICM en colaboración con el programa ONU Medio Ambiente, promoverá la edición y presentación de dicha colección en diversos medios impresos, electrónicos y como parte de su campaña de difusión. La primera copia de los carteles seleccionados será exhibida en el Museo Franz Mayer en México a partir del 27 de octubre 2020.

© Zhong Wu Xin Wu (CHINA)

Leo Heileman, director regional del programa de ONU Medio Ambiente para Latinoamérica y el Caribe, destaca la importancia de la temática de la Bienal este año, debido a que estamos experimentando una pérdida irreversible de biodiversidad a una escala sin precedentes. Por lo mismo, no será el único evento con esta temática, la biodiversidad será el tema del día mundial del medio ambiente 2020, a realizarse el 5 de junio de este año y cuyo anfitrión será Colombia. Y en octubre, se realizará la decimoquinta Conferencia de las ONU sobre Diversidad Biológica en China, donde se discutirán nuevas medidas para su conservación.