Por Alexa Robles Gil Comúnmente eclipsados por la vida animal y las plantas, los hongos han influenciado la historia de la tierra de maneras dramáticas, siendo protagonistas en múltiples campos: desde la crisis climática hasta religiones, arte y movimientos culturales, estableciendo su papel protagónico mucho antes de que se los otorgáramos. Sin embargo, no ha […]

Por Alexa Robles Gil

Comúnmente eclipsados por la vida animal y las plantas, los hongos han influenciado la historia de la tierra de maneras dramáticas, siendo protagonistas en múltiples campos: desde la crisis climática hasta religiones, arte y movimientos culturales, estableciendo su papel protagónico mucho antes de que se los otorgáramos. Sin embargo, no ha sido hasta dentro de las últimas décadas que nos hemos sumergido en el fascinante mundo fúngico. A causa de ello, ahora los encontramos en todos lados: en elegantes platos de restaurantes Michelin, en obras de exposiciones artísticas, y en documentales galardonados.

El reino Fungi incluye desde la levadura hasta el shiitake en nuestro refrigerador, así también los psicodélicos. Conforme aumenta nuestro conocimiento en torno a ellos, el interés (tanto público como académico) no cesa de crecer. Existe una correlación positiva entre el interés del público y el campo creciente de investigación. Es así como, aunque cada vez descubrimos más cualidades y propiedades de los hongos, sigue siendo su infalible simbolismo de lo exótico y misterioso lo que más captura nuestra imaginación. El ser humano, naturalmente atraído a lo desconocido, es cautivado por la particularidad mística de los hongos.

El reino Fungi incluye desde la levadura hasta el shiitake en nuestro refrigerador, así también los psicodélicos. © Thalia H. T.

Mitos: representaciones simbólicas de los hongos

Desde principios de la historia, los seres humanos hemos buscado entender la interacción de organismos mediante simbolismos y alusiones extraídas de la vida humana. La influencia de los hongos dentro de estos simbolismos proviene de la raíz de sus funciones: como descomponedores, parásitos o simbiontes.

Los mitos y los hongos tienen una conexión que se extiende desde la prehistoria. Sin embargo, su documentación por medio de escritos no sucedió hasta la edad media. Los escritos más populares producidos en estos siglos vienen de países Celtas, donde se identificaban los hongos como símbolos de hadas (Dugan, 2008). También se encontraban dentro de recetas populares: utilizándolos para preparar pociones. Entonces ya se les conocía ciertas propiedades que los diferenciaban de las plantas. Fue por esto que se les asoció con brujería (Tucker, 1980). 

Las Piedras-Hongo son esculturas de piedra volcánica desarrolladas en diferentes períodos de la cultura maya. Se conocen unas 300 esculturas encontradas desde Chiapas-Guatemala hasta El Salvador. © Museo Rietberg de Zurich.

Uno de los responsables de establecer un vínculo explícito entre los hongos y los cuentos fue el escritor inglés, William Shakespeare, quien los usó dentro de sus creaciones literarias como símbolos supersticiosos (Arts Council England, 2021). Al asignarles este rol, fueron colocados en un espacio marginal del mundo natural. Eran las explicaciones que surgían para entender a estas criaturas. Fue así como los mitos se hicieron parte de los relatos literarios que marcaron estos siglos.

Las civilizaciones mesoamericanas, como los Mayas y los Aztecas, rindieron culto a los hongos debido a las propiedades psicodélicas de algunos de ellos. A partir de evidencia arqueológica y etnohistórica, se afirma que se usaban con fines religiosos y mágicos, ya que se veían como comunicadores entre lo divino y lo humano (Schultes & Hoffman, 1982).  Las visiones del mundo mesoamericanas asignaban a los chamanes –dirigentes espirituales de una comunidad– el rol de comunicadores entre el mundo físico y el espiritual durante ceremonias religiosas, facilitando así el consumo de enteógenos. La idea de los hongos sagrados se extendió desde el valle de México hasta el norte de Sudamérica (Carod-Artal, 2015).

A partir de los simbolismos dentro de las distintas culturas, comprendemos que los hongos cumplían un papel sagrado y mágico por el cuál se forjaba una relación entre lo humano y lo místico. Se trataba de comprender a los hongos y la interacción que tenían con otros organismos por medio del papel que se les asignaba.

El liquen muestra una historia de asociación colaborativa que está lejos de la competencia. © Jael Vallee.

De la competencia a la colaboración

Conforme el conocimiento popular acerca de los hongos iba aumentando, también iban cambiando las historias que se contaban acerca de ellos. A mediados del siglo XIX, se consideraba que los líquenes tenían una relación hostil entre un tirano fúngico y su alga captiva. Siglos después, se descartó la idea de estos organismos viviendo de forma independiente, y se demostró que en realidad consisten en una asociación entre hongos y algas que conforman el liquen (Honegger, 2000). Es decir, organismos que se necesitan mutuamente para sobrevivir.

Lo anterior reveló como la cultura occidental del siglo XVIII y XIX miraba el mundo: desde una perspectiva competitiva. La jerarquía y la lucha eran vistos como atributos naturales que impulsaban las interacciones y la evolución. Sin embargo, el liquen muestra una historia de asociación colaborativa que está lejos de la competencia. Dentro de esta relación, ambos organismos trabajan juntos para beneficio mutuo.

Un liquen se define como un holobionte conformado por un hongo (micobionte) y una o varias poblaciones fotosintéticas de algas o cianobacterias (fotobiontes) esparcidas de manera extracelular en el micelio del micobionte considerado como el hospedero o ex-habitante. © Patrick Hendry.

Por otra parte, el liquen como asociación simbiótica, también desafió la noción misma del individuo: si los hongos y las algas evolucionaron juntos para crear lo que conocemos como líquenes, estos ¿son realmente un organismo o dos? ¿En dónde acaba uno y empieza el otro?

El reino Fungi: una invitación a deconstruir límites

Si quisiéramos explorar la complejidad de ciertos problemas del siglo XXI, como la crisis climática, podríamos partir examinando los límites entre nuestra visión y nuestro entorno. Los hongos son capaces de construir redes y vínculos que nos muestran que estar en constante diálogo con el medio es necesario para la vida.

Un ejemplo de esto es la red micelial que tienen los hongos. El micelio es la parte vegetativa de estos seres que crece comúnmente de las hifas, provenientes de sus esporas, y son la parte que no vemos (Stamets, 2005). Normalmente se encuentran bajo el suelo, o en el tronco, y va creciendo conforme pasa el tiempo. La red de micelio de un hongo actúa como un mapa de su historia. Los hongos son organismos en constante cambio y desarrollo. Con esta noción,  nos exponen a una verdad: no somos un conjunto de materia fija, sino sistemas continuos por los que pasa esa materia (Bateson, 1928). 

Estamos acostumbrados a mirar desde la narrativa antropocentrista que no considera otras formas de experimentar el mundo. Tenemos una predisposición colectiva a mecanizar y objetivar el cosmos. Al cuestionarnos las maneras de experimentar, desde la base de nuestra curiosidad e imaginación, entramos en diálogo con nuestro entorno. Cuando observamos a los hongos, por ejemplo, en constante colaboración por un bien mayor, dejamos de ser el centro.

La red de micelio de un hongo actúa como un mapa de su historia. © Wikimedia.

Los hongos nos presentan un lente por el cual observar las redes de interacción y comunicación en las que nos encontramos como seres vivos. Es difícil pensar en un aspecto del mundo viviente de forma aislada e independiente de todo lo demás. Los seres vivos formamos interacciones por el simple hecho de vivir y necesitar de otros para hacerlo. La distinguida bióloga, Lynn Margulis, quién dedicó su vida al estudio de la evolución, afirma: «la vida es una unión simbiótica y cooperativa que permite triunfar a aquellos que se asocian» (Margulis, 1998).

Si bien a los humanos nos cuesta salir de nosotros mismos, podemos prestar atención a cómo funcionan los organismos allá afuera. Los hongos colaboran en una multiplicidad de formas. Un ejemplo de ellas es la simbiosis entre las raíces de plantas fotosintéticas y las hifas de los hongos que actúan como simbiontes micorrízicos (Selosse, 2006). En estas asociaciones, llamadas micorrizas, los hongos absorben carbono producido por la planta en la fotosíntesis. Al mismo tiempo, la planta absorbe agua y minerales que los hongos han extraído de la tierra. 

«la vida es una unión simbiótica y cooperativa que permite triunfar a aquellos que se asocian» (Margulis, 1998).

Las micorrizas son un ejemplo de relación en la que los límites se desfiguran para poder interactuar con nuestro entorno y tener una situación mutuamente benéfica. De nuevo, la colaboración se vuelve fundamental para el desarrollo de ambos organismos. Si así observamos problemas complejos, podríamos expandir los límites que establecemos y explorar diálogos con otros organismos.

Los hongos son capaces de construir redes y vínculos que nos muestran que estar en constante diálogo con el medio es necesario para la vida. © Thalia H. T.

Psilocibina, para abrir la consciencia 

Una de las fascinaciones más grandes de los hongos es la de la psilocibina. Se trata de un alcaloide, triptamina: sustancia alucinógena aislada de varios géneros de hongos como Psilocybe, Panaeolus y Stropharia (Stamets, 1996). Los hongos que contienen esta sustancia, llamados hongos psicodélicos, contribuyen al misticismo alrededor de ellos. Lo anterior, porque el alcaloide  facilita un estado cognitivo sin restricción, y en ese estado existen nuevas posibilidades de apertura mental. El término ‘psicodélico’, planteado por primera vez en 1956, significa, de hecho ‘manifestación de la mente’ (Carhart-Harris, 2019).

Si las narrativas que nos contamos sobre nuestras vidas y la vida diaria empiezan a deteriorarse, podemos concebir nuevas posibilidades. Ese estado de flexibilidad alimenta la innovación y curiosidad. Los psicodélicos van más allá de sustancias alucinógenas: son capaces de crear nuevos ángulos desde dónde contar historias para despertar la conciencia, plantear  posibles formas de construir un mundo donde se vuelva valioso cultivar las conexiones que nos inspiran los hongos.

En el espacio en dónde creamos preguntas a partir de fascinaciones con el mundo natural es dónde sucede la oportunidad de cambio. Cuando se contesta una pregunta, pasa a ser una respuesta. Deja de ser una indagación dentro de esa narrativa. Lo que nos dan los hongos es la oportunidad y la apertura de más preguntas, que alimentan la curiosidad, y exploran posibilidad. 

Una de las fascinaciones más grandes de los hongos es la de la psilocibina, un alcaloide que se encuentra en varios géneros de hongos como Psilocybe, Panaeolus y Stropharia. © AM. 

Bibliografía

Arts Council England: Shakespeare Birthplace Trust. (2021) Fabulous Fungi.https://www.shakespeare.org.uk/explore-shakespeare/blogs/fabulous-fungi/ 

Bateson B. (1928) William Bateson, Naturalist. Cambridge University Press. Cambridge, Reino Unido.

Carhart-Harris, Robin L. (2019)  How do psychedelics work? Opinión en Psiquiatría. 32(1), 16-21, doi:10.1097/YCO.0000000000000467

Carod-Artal, F. J. (2015). Alucinógenos en las culturas precolombinas mesoamericanas. Neurología, 30(1), 42–49. doi:10.1016/j.nrl.2011.07.003 

Dugan, F. M. (2008) Fungi in the Ancient World. APS Press, St. Paul.

Honegger, R. (2000) Simon Schwendener (1829–1919) and the dual hypothesis of lichens. The Bryologist 103: 307–13.

Margulis, L. (1998) Symbiotic Planet: A new look at evolution. Weidenfeld & Nicholson. Londres.

Schultes, R.E., Hoffman, A. (1982) Plantas de los dioses: orígenes del uso de los alucinógenos. México: Fondo de Cultura Económica.

Selosse, M.-A., Richard, F., He, X., & Simard, S. W. (2006) Mycorrhizal networks.Trends in Ecology & Evolution, 21(11), 621–628. doi:10.1016/j.tree.2006.07.003 

Stamets P. (1996) Psilocybin Mushrooms of the World. Ten Speed Press. Berkeley, California.

Stamets, Paul. (2005) Mycelium Running: How Mushrooms Can Help Save the World. Ten Speed Press. Berkeley, California.

Tucker, E. (1980) Antecedents of Contemporary Witchcraft in the Middle Ages. Journal of Popular Culture, 14, 70-78.https://doi.org/10.1111/j.0022-3840.1980.1401_70.x

Sobre la Autora

Alexa Robles Gil es una escritora y bióloga mexicana que ha realizado su trabajo de campo en Sudáfrica y México. Le apasiona la escritura y está por acabar su segunda novela. Su fascinación por la intersección entre ciencia y escritura la ha llevado a explorar las preguntas y curiosidades del siglo XXI a través de la prosa.

Imagen de Portada: © Ashleigh Shea.