Vivimos en las ruinas de una utopía logocéntrica y capitalista, donde los edificios espejados reflejan el humo de las revueltas sociales y sus bases son inaccesibles por latas protectoras. Las estructuras que sostienen la ciudad parecieran derrumbarse sobre sí mismas, mientras el pavimento roto deja ver la tierra que lo soporta.  Es en estos momentos […]

Vivimos en las ruinas de una utopía logocéntrica y capitalista, donde los edificios espejados reflejan el humo de las revueltas sociales y sus bases son inaccesibles por latas protectoras. Las estructuras que sostienen la ciudad parecieran derrumbarse sobre sí mismas, mientras el pavimento roto deja ver la tierra que lo soporta. 

Es en estos momentos de caos y convulsión, que nos preguntamos la significancia de «ser humano», seres racionales y culturales que renuncian a su pasado animal. Son justamente estos conceptos tan utilizados para hacer una diferencia entre el humano y la naturaleza, lo que a mi parecer es tan discutible. 

Nuestro pasado evolutivo es compartido con diversas especies homínidas, de cualidades antropomórficas, todas extintas. La nuestra es la única sobreviviente de este grupo. La historia evolutiva no es lineal ni exclusiva, pero muchos de nosotros aprendimos de nuestro linaje humano a través de una ilustración en la cual el macho australopithecus se va transformando progresivamente en el «hombre». Sin embargo, en esta ilustración tan utilizada nos perdemos un hito fundamental para la existencia de tal evolución: los 9 meses donde el homínido macho va tomando la forma de un homo sapiens, que se desarrolla en el vientre femenino. Esta omisión deja a una gran parte de la población excluida de la historia. 

Representación de la «evolución del hombre» propia del imaginario occidental. © Xataca.

En la evolución del «hombre», en la cual se supone que este va desde lo animal a lo racional, se generan una serie de binomios: cultura/naturaleza, racional/emocional, hombre/mujer, sujeto/objeto. En estos pares siempre existe una supremacía de los primeros. 

Araceli Gónzales doctora en historia cuya investigación se relaciona con género, religión  y relaciones humanas/no humanas alude a un término propuesto por Charlotte Perkins¹ para esclarecer esta situación: “androcentrismo”. Este concepto lo utiliza para referirse a una “manera de entender a las personas que permea las cosmologías, las ontologías y las epistemologías” (2012),  y que valora lo masculino por sobre lo femenino, siendo lo masculino equivalente a la primera parte de los binomios señalados. Pensando en esa jerarquía es que me pregunto ¿qué lugar es el que ocupan los animales?  y ¿dónde se encuentra la separación entre humano y animal? 

Colonización y zoológicos humanos: límites entre animalidad y humanidad

Durante la colonización se planteó este problema en relación a los indígenas, pobladores ancestrales del continente. En este contexto, la alteridad fue concebida “desde ópticas diferenciadoras, binarias y excluyentes” (Pimentel, 2015)², llegando a exhibir a indígenas de la Patagonia en zoológicos humanos. Este no es un caso aislado y tiene sus antecedentes en Hamburgo. Aquí, un empresario zoólogo, “habiendo adquirido ciervos en Laponia, en la costa ártica europea, y trayendo para su cuidado a un grupo de lapones” (Pimentel), descubrió el impacto que la otredad, no sólo animal, sino también humana, causaba en el público.

Fueguinos y mapuches en el Jardin d´Acclimatation de París, siglo XIX. © Christian Báez y Peter Mason.

Así ha pasado muchas veces, la población dominante, ya sea en cuanto a etnia, género, título u otros, se ha encargado de marcar límites entre ellos y nosotros, haciendo valer su supuesta superioridad y actuando de manera colonizadora. Cuando en realidad, si hubieran prestado atención a elementos de la cultura y creencia de muchos de estos pueblos, hubieran descubierto la riqueza cosmológica. Visión en la que en vez de seguir aislando y separando, intentaban comprender el mundo dentro de un todo, donde los animales, plantas y piedras conservaban los espíritus de nuestros ancestros. Un entendimiento cíclico de la vida.

Nosotros animales

En cuanto a las similitudes y diferencias entre lo humano y animal, podemos trazar paralelismos entre comportamientos animales  como el gruñir, morder o delimitar espacio marcando con orina, con conductas humanas que buscan mayor poder jerárquico. Pero, esto continúa siendo una mirada reduccionista del significado de «ser animal». 

El gruñido más potente es tan solo una de las conductas animales, por lo que podemos empezar a poner foco en otras. Como por ejemplo las formación en “V” de las bandadas: “los pájaros hacen turnos para ponerse en la situación de líder de la bandada, que exige un gran derroche de energía” relata Victoria Gill (2015) —reportera del área de ciencias de la BBC— esto permite que todos los miembros tengan un mejor rendimiento, especialmente en las migraciones que pueden ser muy severas. Existe cierta semejanza entre esta organización y el Consejo Federal suizo, que corresponde al órgano ejecutivo de este país. Se conforma por 7 miembros de los cuales, uno “es elegido presidente de la confederación por el plazo de un año”,  quien procede a dirigir “las sesiones del Gobierno y asume obligaciones representativas, principalmente en el extranjero” (Confederación Suiza, 2021),  para que luego otro pase a ocupar este rol.

Plataleas volando en «V» © Julia Craice

Estas estrategias generan organizaciones más bien rizomáticas, de las cuales podemos aprender para mejorar los sistemas poco sostenibles que hemos creado, y encauzar una forma de existir y convivir donde nos consideremos naturaleza y no como parte de un binomio. 

Cultura y naturaleza: del aislamiento a la colaboración

Los modelos económicos, urbanos e industriales en los que estamos insertos dejaron de ser la utopía del pasado, nos encontramos viviendo una distopía llena de jerarquías estáticas y de desigualdad. En la urbanización hemos pretendido a separarnos, alejarnos o aislarnos de la naturaleza. El claro antecedente, descrito por Francisco Calvo Serraller (2005) —quien fue un historiador, ensayista, crítico de arte y catedrático universitario español— son las ciudades amuralladas, donde los muros marcaban la delimitación entre urbe y naturaleza. Así, los viajeros fueron quienes se encontraron como extranjeros no solo en su destino, sino también en el paisaje que se extendía fuera de estos muros. A pesar de que ya no existan las ciudades amuralladas, la separación se ha seguido acentuando hasta llegar a este sistema insostenible. 

La realidad es que en el aislamiento no encontramos sustentabilidad, y nuestros sistemas cerrados no permiten colaboración necesaria para la vida en el planeta.

Sin embargo, la realidad es que en el aislamiento no encontramos sustentabilidad, y nuestros sistemas cerrados no permiten colaboración necesaria para la vida en el planeta. Según Anna Tsing, profesora de antropología en la Universidad de California, “La vida sólo es posible a partir de la interacción de muchos tipos de seres”, es por esto que existen diversas formas de interacciones ecológicas, donde ningún ser se encuentra aislado de su entorno. Para alcanzar este cometido, hay que aprender de la naturaleza y sus diferentes reinos, observar cómo funciona el cosmos y poner especial atención en nuestros sesgos formativos para no antropomorfizar lo que nos rodea. 

En la naturaleza incluso la vida y la muerte se percibe de una manera diferente a lo que estamos acostumbrados, pues no existe lo desechable, la muerte, en la podredumbre crea todo un sistema de vida en la cual, hasta este binomio es suprimido. Con esto podemos comprender cómo funciona la integración. Me parece que vivimos en un momento propicio para comenzar a integrar, comprender que en la alteridad también hay parte de nosotros, y que no podemos seguir separándonos de la naturaleza. Pues en ella existen una infinidad de opciones de organización y sistemas que se sustentan gracias a la coexistencia, permitiendo que distintos reinos y especies interactúen y se beneficien de ello.

Los hongos juegan un rol muy importantes en la descomposición de componentes orgánicos de los bosques. Es una muestra del continuo que nos presenta la naturaleza. © Tom Gill. 

¹ Charlotte Anna Perkins (1860-1935), fue una intelectual estadounidense multidisciplinar, muy activa en defensa de los derechos civiles de las mujeres.

² Carolina Pimentel Melo, es una académica y directora del diplomado Narrativa Audiovisual en Ciencias Sociales de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Central de Chile. Licenciada en Comunicación Social. Doctorando en Estudios Americanos, mención Pensamiento y Cultura, Universidad de Santiago de Chile.

Bibliografía:

Consejo Federal. (2021).  Confederación Suiza. Recuperado en marzo, 2021 de:https://www.eda.admin.ch/aboutswitzerland/es/home/politik/uebersicht/bundesrat.html

Gill, V. (2015). ¿Cómo se organizan los pájaros para volar en bandada? BBC news. Recuperado en marzo, 2021 de: https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/02/150204_pajaros_bandadas_vuelo_ac

González, A. (2012). Los conceptos de patriarcado y androcentrismo en el estudio sociológico y antropológico de las sociedades de mayoría musulmana. Papers, 98(3), pp. 489-504.

Montoya, D. (2019). Reseña de libro: Tsing, Anna Lowenhaupt (2015). The Mushroom at the End of the World: On the Possibility of Life in Capitalism Ruins. Princeton: Princeton University Press, 331 pp.. Sociedad y Ambiente, 18, 309-312. http://www.scielo.org.mx/pdf/sya/n18/2007-6576-sya-18-309.pdf

Pimentel, C. (2015). Monstruos en cautiverio: fotografía de fueguinos en zoológicos humanos y racismo. Revista Sans Soleil – Estudios de la Imagen, Vol 7, 2015, pp.103-115

Serraler, F. C. (2005) El paisaje. Los géneros de la pintura. En Serraller, F.C,  (pp. 233-266). Taurus

Imagen de Portada: «Hope» de Kevin Peterson. Su trabajo trata sobre los variados viajes que hacemos por la vida: crecer y vivir en un mundo que está roto. 

Sobre la autora: 

Artista chilena-suiza nacida en abril de 1993 en Concepción, Chile. Es Licenciada de artista visual y Magíster en Arteterapia, con una gran necesidad de estar en constante proceso de aprendizaje. Así, participó en diferentes cursos y seminarios. El 2017 fue parte de una residencia de arte organizada en The Admiral’s House en la Isla de Skye, donde pudo profundizar en la relación entre la naturaleza, el bosque y lo espiritual. Ha participado en exposiciones colectivas y en publicaciones editoriales como Salvoconducto de Espacio en Tránsito, próximo a ser publicado. El 2020 fue seleccionada en el XVI Premio Mavi Arte Joven. Actualmente se encuentra realizando la tutoría de arte de Grace Weinrib y trabajando en su taller en Santiago.

Confieso que nunca me he sentido una persona con la personalidad para organizar eventos; me da miedo, tengo mi propia voz saboteadora que me hace pensar que algo puede salir mal. Sin embargo, cuando se trata de la biodiversidad, conservación y comunicación de la ciencia, lucho contra esa voz hasta ganar la batalla. Me convenzo […]

Confieso que nunca me he sentido una persona con la personalidad para organizar eventos; me da miedo, tengo mi propia voz saboteadora que me hace pensar que algo puede salir mal. Sin embargo, cuando se trata de la biodiversidad, conservación y comunicación de la ciencia, lucho contra esa voz hasta ganar la batalla. Me convenzo porque creo en el resultado. Sé que valdrá la pena. 

Con esa certeza me animé a organizar mi primer BioBlitz, un evento que busca promover la ciencia ciudadana. La intención de este evento es atraer a las personas amantes de la naturaleza e invitarlos a convertirse en exploradores en un tiempo y lugar determinados. Si bien la idea original era organizar el evento en un área pequeña, con grupos de jóvenes estudiantes, la pandemia me obligó a cambiar los planes (como a muchos les ha pasado un sin número de veces durante este año tan extraño, supongo).   

BioBlitz – Latam es el nombre del evento con el que me tuve que reinventar. La imposibilidad de reunir a grupos grandes de personas en un solo lugar me hizo pensar en ampliar el área donde se llevará a cabo el proyecto. De esta forma, se podrán congregar grupos pequeños que nos permitan cumplir con los protocolos de seguridad y evitar posibles contagios de COVID-19. 

Gracias al apoyo de National Geographic y iNaturalsit, este diciembre podrás participar en el evento: Bioblitz-Latinoamérica en burbujas © Ana Bolaños Larrea

Hoy, tengo la gran oportunidad de unir a toda Latinoamérica durante tres días en un evento con el que podremos celebrar la maravillosa diversidad de tenemos en la región. BioBlitz – Latam se llevará a cabo los días 18, 19 y 20 de diciembre del presente año. La invitación está abierta a todos y todas quienes se interesen en participar, observar y registrar la naturaleza a su alrededor en el lugar que prefieran. Desde el parque más cercano a tu casa o algún ecosistema particular que tengas ganas de explorar y, por supuesto, puedas visitar. 

Un BioBlitz es un evento de ciencia ciudadana, en el que nos podemos convertir en exploradores © Paula Iturralde-Pólit

Si quieres ser parte de este evento puedes leer más información en la página web. Luego pueden descargar la aplicación iNaturalist para crear un usuario e inscribirse llenando este formulario. Súmate a la celebración de la biodiversidad latinoamericana sin competencias y conoce a fondo nuestra región para poder conservarla mejor.

¡Que comience la fiesta!

Con tu celular podrás registrar la naturaleza que te rodea y expertos alrededor del mundo te ayudarán a identificarlo por medio del uso de la aplicación iNaturalist © Paula Iturralde-Pólit

Agradecimientos: a Jens Benöhr, amigo, colega y compañero por el apoyo y ayuda a organizar este evento. 

Foto de Portada: © Ricardo Jaramillo

Mujeres por la diversidad en un planeta en crisis

Por Paula Salinas Massabó ¿Dónde converge lo que todas y todos anhelamos? ¿Cómo volver a lo esencial y relacionarnos de manera más armónica entre personas y con la naturaleza? Quizás, esta vez, necesitemos un modelo que incluya a quienes han quedado al margen del desarrollo y de la cultura dominante y muchas veces, también de […]

Por Paula Salinas Massabó

¿Dónde converge lo que todas y todos anhelamos? ¿Cómo volver a lo esencial y relacionarnos de manera más armónica entre personas y con la naturaleza? Quizás, esta vez, necesitemos un modelo que incluya a quienes han quedado al margen del desarrollo y de la cultura dominante y muchas veces, también de los derechos humanos básicos.

Un modelo de desarrollo que comprenda que los límites de la tierra también son los nuestros, y que proteja la diversidad, tanto de nuestros ecosistemas como de la multiplicidad de voces que conforman nuestra humanidad.

El movimiento feminista es un llamado a aceptar la diversidad que vive en nosotras y en nuestras comunidades, es luchar por una sociedad más justa, para todas y todos,  lo cual puede encaminarnos hacia una convivencia más pacífica entre seres humanos, con el medio ambiente y que sea perdurable en el tiempo.

“Al crear monoculturas creamos violencia, esa falta de diversidad y pérdida de identidad lleva a la gente a refugiarse en el integrismo y la xenofobia”, dice Vandana Shiva. Crédito foto: Carmen Marxuac

Diversas como la naturaleza

Nuestra tierra está cambiando, nosotras también. Hoy buscamos liberarnos de la homogeneización cultural que atenta contra nuestra identidad así como también la de los monocultivos que atentan contra la preservación de la vida y nuestra propia naturaleza.

Y así como la naturaleza es diversa, nosotras también lo somos en nuestras voces y experiencias.

El feminismo puede vivirse distinto para una mujer blanca urbana del mundo occidental que para una campesina del tercer mundo, que lucha por su subsistencia y que ha sido invisibilizada por el sistema.

Entonces, ¿qué nos une?

Hablar de feminismo es hablar de justicia. Es construir un mundo donde nuestro género, raza, cultura o situación socioeconómica no sea una limitante en nuestras vidas. Es un llamado a recuperar nuestro valor y derechos a ser consideradas como iguales dentro de la sociedad.

“El feminismo se trata de justicia y creo que todos queremos vivir en un mundo justo. Todos estamos mejor si vivimos en un mundo justo, un mundo de real equidad. Entonces, todos deberíamos ser feministas” – Chimamanda Ngozi Adichie. Crédito foto: Markus Spiske.

Los límites de la Tierra, también son los nuestros

La actual crisis climática refleja el impacto que hemos tenido sobre nuestro planeta, especialmente por la actividad humana desarrollada los últimos cien años, basada en la quema de combustibles fósiles -principal responsable del calentamiento global-  y la sobreexplotación de la naturaleza.

Esta situación ha provocado un cambio abrupto en los ciclos de la Tierra que hoy pone en riesgo la vida en nuestro planeta como la conocemos.

Si bien, hoy existe una política internacional que busca limitar los efectos de la crisis climática para que el aumento de la temperatura global no sobrepase los 2° Celsiuscon el Acuerdo de París- y otros para encaminarnos hacia un desarrollo sostenible -con los Objetivos de Desarrollo Sostenible o ODS-; para que esto se concrete en el tiempo, es indispensable reflexionar sobre nuestro paradigma actual de necesidades ilimitadas en un mundo finito.

En la búsqueda de satisfacer nuestras necesidades “ilimitadas” sin contemplar los límites de la Tierra, quizás nos olvidamos que estos límites también son los nuestros.

Al respecto, María Mies comenta: “Con (el libro) Limits to Growth de James Lovelock, queda claro que los recursos de nuestro planeta son limitados, que si se sigue una filosofía de crecimiento ilimitado de bienes y servicios, y por consiguiente, de beneficios económicos, se rebasarán forzosamente los límites ecológicos de la tierra”.

Estos límites ya los sobrepasamos, pues hoy son necesarias cerca de 1,75 planetas Tierras para abastecer nuestra demanda anual de recursos naturales. Es decir, nuestro estilo de vida y de consumo siguen un ritmo tan acelerado que hemos sobrepasado lo que los ecosistemas son capaces de regenerar en un año, afectando la capacidad que tiene la Tierra de acogernos y proveernos de manera sustentable.

Sin embargo, a través del desarrollo de sistemas sociales y económicos más equitativos -y circulares- junto con la protección de nuestra biodiversidad, podríamos crear sistemas más resilientes capaces de lograr un desarrollo sostenible para todas y todos.

Entonces, ¿cómo podríamos vivir en mayor armonía con la naturaleza?

Un punto de partida puede ser reflexionar sobre lo que consideramos como “desarrollo”. ¿Será que podremos construir nuevos modelos de subsistencia que no se basen en el crecimiento ilimitado de unos pocos?

En relación a ello, Max-Neef junto a otros autores mencionan la importancia de que nos replanteemos como sociedad, en primer lugar, nuestras necesidades básicas, para a partir de allí generar modelos más sostenibles.

 

Tener presente cuáles son nuestras necesidades nos ayuda a repensar cuáles son nuestros modos de satisfacerlas, replantearnos cómo poder hacer un uso más racional de nuestros recursos y también los del planeta.

Otro modo en que podríamos convivir en mayor armonía entre personas, y con la naturaleza, es acercarnos hacia una sociedad más equitativa y diversa.

“Ni siquiera la estrategia de desarrollo sostenible pone en duda el paradigma del crecimiento permanente”. – Vandana Shiva. Crédito foto: Falak Lazuardi.

La importancia de la equidad de género en la diversidad, la seguridad alimentaria y el cambio climático

Según la ONU, “las mujeres rurales representan más de un tercio de la población mundial” y son quienes aseguran la biodiversidad en gran parte de las culturas a través de la protección de las semillas[1], además de cuidar de la tierra y alimentar a naciones enteras. Es decir, garantizan la seguridad alimentaria y la resiliencia climática global.

Actualmente, cerca del 42,7% de la mujeres económicamente activas del mundo trabajan en agricultura, sin embargo, ellas pasan jornadas laborales el doble de extensas que los hombres, junto con dedicarse al cuidado de sus familias y a las actividades domésticas.

Además, aún existe una brecha de género muy importante cuando se trata de posesión de la tierra, financiación y consideración en los programas de desarrollo agrario[2]. “Cerrar la brecha de género en el sector agrícola resulta fundamental para garantizar la seguridad alimentaria, construir la resiliencia climática y erradicar la pobreza”, sostienen desde ONU Mujeres.

“Es la interdependencia de todos los ecosistemas y organismos lo que permite la subsistencia de la vida. Es la vida la que permite la existencia de la vida en la Tierra” – Jens Benöhr y Juan Pablo Orrego. Crédito foto: Santtu Perkio.

Mientras tanto, en África, donde la emergencia climática no es un problema del futuro, sino del presente, que acrecienta la pobreza y pone en riesgo la seguridad alimentaria, se estima que las mujeres podrían aumentar la producción agrícola en al menos un  20 por ciento, siempre y cuando tuvieran acceso igualitario a la tierra y a otros activos productivos.

Ejemplo de ello, es lo que ocurre en Chad, donde cerca del 90% de los recursos del lago Chad han desaparecido y de él dependen alrededor de 40 millones de personas.⁠

Allí, el cambio climático ya afecta directamente la vida de las personas. Los hombres migran a la ciudad en la estación seca para conseguir un trabajo que les permita enviar dinero a casa, mientras tanto, las mujeres se hacen cargo del cuidado de la tierra, de sus familias y de la seguridad alimentaria, en un país donde la mayor parte de la población depende de la agricultura familiar y de subsistencia.⁠

Sin embargo, en la búsqueda de soluciones para restaurar las tierras degradadas y aumentar la fertilidad en los suelos de Sahel, se ha revivido una vieja técnica tradicional agroecológica llamada «zai», que puede mejorar la producción de los cultivos en un 500%.

Ejemplos como estos nos permiten dimensionar la importancia de la equidad de género para construir nuevas redes beneficiosas para todas y todos, capaces de enfrentar los desafíos necesarios para mantener la vida en la Tierra.

Quizás solo nos falte recordar que también somos parte de la naturaleza, que somos interdependientes, que la vida en la Tierra existe porque estamos más conectados de lo que imaginamos, y porque al igual que en un bosque, en nuestra diversidad y ayuda mutua puede estar nuestra más grande fortaleza.

Nuestro actual paradigma social, económico y cultural, que no contempla la diversidad, la equidad de derechos y oportunidades entre personas, ni tampoco la capacidad ecológica de lo sistemas naturales, evita que realmente pueda existir un desarrollo sostenible hoy y en el tiempo.

Cerrar las brechas de género puede acercarnos a construir sistemas más resilientes y colaborativos que permitan transformarnos hacia una sociedad capaz de cohabitar en mayor armonía el planeta de todas y todos.

[1] Maria Mies y Vandana Shiva (1998)  en La praxis del ecofeminismo.

[2] Ibíd

Sobre la Autora

Paula Salinas estudió geografía, escribe y crea contenido. Inspirada en el buen vivir y el arte, busca cómo podemos convivir de manera más armónica entre personas y con la naturaleza. Para ver más de su trabajo síguela en @flordel_sur

Fuentes

Benöhr, J., Orrego, J. (2018) en “Teoría Gaia: la Tierra como un organismo vivo”, Revista Endémico, N°3, 46-51, Chile.

Cargallo, F. (2013) en “Feminismos desde Abya Yala. Ideas y proposiciones de las mujeres de 607 pueblos en nuestra América”, Editorial Quimantú, Chile.

Max- Neef, M., Elizalde, A., Hopenhayn, M. (2010) en “Desarrollo a escala humana. Opciones para el futuro”, Edición Biblioteca CF+S, España. Disponible en:  http://habitat.aq.upm.es

Mies, M., Vandana, S. (1998)en  “La praxis del ecofeminismo”, Icaria editorial, España.

Ngozi Adichie, C. (2015) en “Todos deberíamos ser feministas”, Editorial Random House.

Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (2011) en “El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2010-2011. Las mujeres en la agricultura, cerrar la brecha de género en aras del desarrollo”. Disponible en: http://www.fao.org/3/i2050s/i2050s00.htm

UN Women (2020). Disponible en: https://www.unwomen.org/

World Economic Forum (2019) “In Chad climate change is already a reality | Ways to Change the World”. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=8l-dhwqd2UM