“Choyün, brotes de la tierra” es un corto animado que se instala en el sur de Chile, específicamente en la Región de la Araucanía, en medio de las montañas y bosques nativos y milenarios amenazados por la explotación forestal. Es ahí donde surge la historia de una familia mapuche – representada por un linaje de […]

“Choyün, brotes de la tierra” es un corto animado que se instala en el sur de Chile, específicamente en la Región de la Araucanía, en medio de las montañas y bosques nativos y milenarios amenazados por la explotación forestal. Es ahí donde surge la historia de una familia mapuche – representada por un linaje de tres mujeres: abuela, hija y nieta – que se enfrentan a la cruzada de defender su territorio, pero también, valorizar las prácticas ancestrales que le han dado sentido a su cultura y a sus formas de vida.

Endémico web entrevistó a sus realizadores,Sebastián Pinto (director, productor, director de arte y animador) y Rosario López (directora, productora y guionista), quienes llevaron a cabo un importante trabajo de campo para retratar con honestidad, profundidad y una delicada estética audiovisual el mundo mapuche y en particular, los conflictos que originados en el pasado colonial continúan con repercusiones en el presente. Sobre este proceso creativo, la crisis medioambiental, el rol de la mujer en la naturaleza y el cómo representar a las comunidades indígenas en la cultura, hablamos con sus directores.

No te pierdas la oportunidad de ver esta historia que toca temas tan fundamentales como la deforestación, el cambio climático, los pueblos originarios y la crisis socioambiental desde el presente.

El cortometraje se instala en los bosques milenarios de la Araucanía amenazados por la industria forestal. Crédito: Sebastián Pinto.

Endémico: El corto arranca con una cifra desalentadora: en Chile estamos perdiendo 27 mil hectáreas de bosque nativo. ¿Cómo se propusieron retratar esa crisis medioambiental instalada en el conflicto mapuche?

Rosario y Sebastián: Como equipo queríamos hablar del conflicto socioambiental que se vive en Chile, y particularmente lo que pasa en el territorio mapuche con la deforestación del bosque nativo y la presencia de empresas forestales. Este no es un conflicto aislado, es un tema mundial, donde nuestra visión extractiva de la naturaleza y sus recursos se impone, y, por otro lado, nos hacemos escasamente cargo de nuestros residuos. Por un lado, extraemos salvajemente la riqueza de la naturaleza y eliminando la vida silvestre, y por otro, generamos basura que no queremos ver. Los rellenos sanitarios y el océano de plástico son un gran ejemplo de eso: nos olvidamos de nuestros desechos, como si mágicamente desaparecieran. Y no, siguen ahí, y seguirán por un buen rato. Sumado al conflicto socioambiental, está la compleja relación de Chile y sus pueblos originarios, en este caso de los mapuche. Justamente esta historia sucede en un lugar donde hay un pasado ancestral, un pueblo con tradiciones y una cultura muy rica que se conoce escasamente. O más bien, que conocemos por los titulares de prensa (quema de camiones o lo “folclórico”)  En la investigación y el trabajo de campo fuimos descubriendo la relación profunda de los mapuche con la naturaleza.

E: Las mujeres tienen un rol protagónico en esta historia, hay alguien que muere, pero también, algo que renace para ofrecer una esperanza a futuro. ¿Cómo pensaron la relación entre mujer y naturaleza a lo largo del guión?

R: Creo que lo femenino es una fuerza poderosa en el mundo mapuche, y que se expresa desde el “ñuke mapu”, la madre tierra. Decidimos tener a 3 mujeres: abuela, madre e hija, porque representan un linaje, y a su vez cada una tiene atributos que las caracterizan: la abuela es lo ancestral, la hija es la desesperanza (el tener que vender su bosque y la naturaleza para sobrevivir en pos del “desarrollo”); y Ana, la nieta, la nueva generación que quiere rescatar un mundo que no se puede perder.

Rosario López, directora, productora y guionista de «Choyun», tiene vasta experiencia y reconocimiento realizando documentales que tratan temáticas sociales y ambientales. Crédito: Rosario López

E: ¿Cómo creen que se pueden conectar los saberes ancestrales -representados por la abuela, sus hierbas medicinales, las prácticas del Trafkintu, el Wetripantu- con el conocimiento de las nuevas generaciones, a ratos alejados de este universo y representado por Ana en el cortometraje?

R: Es una buena pregunta. Yo intuyo que las nuevas generaciones están ávidas de conocer y tienen herramientas muy poderosas, me refiero a la tecnología. Pueden grabar y difundir mensajes con mucha rapidez. Y todos estos saberes están ahí, como un sustrato, y de alguna manera se traspasan a las nuevas generaciones. La pandemia nos está enseñando a vivir con lo necesario y no sacar de más. Eso está impregnado en la sabiduría mapuche y su relación con el bosque: pedir permiso al bosque y sacar solo que hace falta. Y dejar para el que viene. Y ese mensaje tiene un correlato en el presente, en las redes y acciones colaborativas que estamos viendo hoy, y que sobre todo los jóvenes promueven.

S: La sabiduría mapuche posee una riqueza espiritual llena de misterio, de profundidad y de raíces bien arraigadas a la experiencia directa, y no a la acumulación de información sin ser digerida. En cambio nuestras formas de sentir y pensar se encuentran disociadas de nosotros y por ende del medio que nos rodea. Nos hemos aletargado espiritualmente y desconectado de lo esencial, de lo poético, de contemplar y valorar lo sencillo en un escenario distópico carente de sentido y que no favorece la inspiración ni la reflexión. Por esto, hoy en día el arte es una herramienta fundamental, ya que es una plataforma muy poderosa de comunicación que puede provocar un efecto conmovedor y expansivo. Gracias a las redes sociales, podemos difundir de forma masiva un mensaje como nunca antes; en este caso lo hicimos con la cultura mapuche, en el cual su saber ancestral es un oasis nutritivo que nos permite darnos cuenta de lo desconectados que nos encontramos de la naturaleza; las nuevas generaciones saben que esto tiene que cambiar y como comunicadores tenemos que colaborar con “Choyün”, para que esta red se siga expandiendo. Nicanor Parra la tenía clara cuando decía “muchos los problemas, una solución: economía Mapuche de subsistencia”.

E: Durante la investigación, ¿qué situaciones de crisis medioambiental los desconcertaron más? ¿Cómo vislumbran esa crisis actualmente?

R y S: Como equipo realizador, creemos que lo más desconcertante es ver cómo el problema medioambiental está sucediendo ahora, frente a nuestras narices. Y que estamos presenciando ejemplos muy claros, como la sequía en el territorio mapuche, o, si vamos un poco más allá, la sequía de la zona centro norte. El caso de la industria de la palta y el monocultivo es evidente. Comer palta hoy implica una decisión ética. Actualmente, vemos con una mezcla de desazón y optimismo: creo que estamos llegando muy lejos en la destrucción de nuestros recursos, y por otro lado veo a cada vez más gente y comunidades motivadas que actúan por cambiar esto. Como artistas y comunicadores, nuestro aporte no solo tiene que ver con visibilizar, si no que sobre todo sensibilizar a personas que no le  toman el peso suficiente a la tremenda crisis que estamos atravesando.

E: ¿Cómo creen que este tipo de representaciones audiovisuales, con la puesta en escena de la crisis de la naturaleza, pueden ayudar a tomar más consciencia de la protección de nuestro medio ambiente?

R y S: Creemos que la animación es una excelente manera de divulgar contenidos de este tipo. “Choyün” dura 6 minutos, no son 7 temporadas que tienes que ver, es cortito, no hay excusa para no verlo. Que sea corto es un gran desafío para la animación y para la historia: tienes que ser muy preciso en tus ideas. Y es, además, un gran formato para hablar temas que pueden ser “conflictivos”, como el conflicto mapuche, la crisis socioambiental, la relación con los pueblos originarios. Puedes contar historias con personajes entrañables y temas difíciles. En “Choyün” se mezclan el arte, la animación, la comunicación digital con el documental, todo en un formato más divulgativo y sintético.

Antes de «Choyun», Sebastián Pinto realizó el corto animado «Selk’nam», que narra la historia y extinción de esta cultura fueguina en manos de conquistadores. Es uno de los cortometrajes chilenos más vistos. Crédito: Sebastián Pinto.

E: La policía, los militares y la industria forestal aparecen en el cortometraje como el antagonista, el enemigo que llega a invadir y destruir el entorno prístino que milenariamente ha habitado el pueblo mapuche. ¿Desde qué punto de vista buscaron retratar ese conflicto?

R y S: Creemos que el principio ancestral masculino-femenino, se ha descompensado en un exceso de masculinidad, esto se ve de manifiesto en el conquistador, que es el antagonista de esta historia. El ser insensible y materialista que viene a aplastar, que quiere “comprar” la naturaleza, como si estuviera a la venta.  Por otro lado, también está presente la brutalidad policial que vimos en el estallido social y que en Wallmapu lleva años instalada, y que por el centralismo, no hemos visto o no queremos ver.

E: En el corto el pueblo mapuche no se retrata con una mirada folclorista ni romantizada. Se muestra el pasado y sus tradiciones, pero siempre conectadas a un presente activo y vigente, dando cuenta que el conflicto mapuche continúa con las mismas desigualdades que en la época de la Colonia. En ese contexto, ¿cómo pensaron la estrategia narrativa? Como realizadores, ¿sienten una responsabilidad ética de retratar esas temáticas alejadas de los lugares comunes con que las hemos visto a través de los medios de comunicación masivos?

R y S: Armamos la historia pensando en mostrar un mundo que resulta desconocido para muchos. En el trabajo de campo fuimos descubriendo muchas riquezas, rituales alucinantes como el trafkintu, donde se intercambian semillas y no hay dinero. Experiencias muy lejanas para alguien que vive en la ciudad. Luego del trabajo de campo, sucedió la muerte de Camilo Catrillanca, luego el estallido social, y nos pareció que esos elementos debían estar presentes. De alguna manera, esa realidad y esos acontecimientos nos mostraban en Santiago algo que sucede en la región de la Araucanía hace años.

E: En relación a la animación, su estética, el tratamiento audiovisual y la música que acompaña la narración, ¿qué elementos privilegiaron para enfatizar temáticas como el conflicto medioambiental y mapuche?

R y S: “Choyün”es un proyecto que le da continuidad a Selk’nam, cortometraje que realizó Sebastián hace varios años, y que explora la cultura Selk’nam y su genocidio, en un formato didáctico y sintético, que fue concebido para redes sociales. Ese acercamiento al mundo indígena desde el arte y documental animado fue el pie para continuar creando estas historias. En el caso de Choyün, sabíamos que el conflicto mapuche es un tema mucho más complejo y vigente, por lo que le dimos un carácter más singular, a través de la historia de estas 3 generaciones de mujeres. Nos pareció importante hablar desde una historia mínima con un alcance universal. En esa línea, la música de Jorge Puig para instalar tensión y construir mundos como las estaciones, la chuchu, la naturaleza amenazada o rituales como el trafkintu, juega un rol muy importante para que la narración sea inmersiva.

“Choyün, brotes de la tierra” acaba de ser estrenado a todo público el pasado 10 de julio, y está disponible en Youtube y redes sociales como Instagram IGTV (@choyun_animado)

 

El brutal impacto de la tala rasa

El siguiente artículo fue escrito entre dos colaboradores de Endémico dedicados a la educación ambiental y comunicación de la ciencia; el antropólogo Jens Benöhr y el biólogo Bastian Gygli -habitantes de la tierra del Biobío-, quienes explican las consecuencias ambientales y sociales de la tala rasa. Al contrario de lo que muchos piensan, un bosque […]

El siguiente artículo fue escrito entre dos colaboradores de Endémico dedicados a la educación ambiental y comunicación de la ciencia; el antropólogo Jens Benöhr y el biólogo Bastian Gygli -habitantes de la tierra del Biobío-, quienes explican las consecuencias ambientales y sociales de la tala rasa.

Al contrario de lo que muchos piensan, un bosque no es solo un grupo de árboles. Un bosque es un sistema de relaciones realmente intrincado, donde hierbas, arbustos, árboles, pájaros, mamíferos, insectos, hongos y bacterias dependen entre sí para existir. Los grandes árboles dominantes generan el esqueleto grueso del bosque, en cuyas cavidades se distribuyen árboles medianos, arbustos y plantas de menor tamaño, todas cubiertas por multitud de otros seres; animales, vegetales y fúngicos. Por todas partes, constantemente nacen y mueren los distintos miembros del bosque, formándose una variedad no solo de especies, sino también de tamaños y edades.

Colores y formas del bosque ©Bastian Gygli

Monocultivo forestal

A diferencia de este caótico mosaico de formas y procesos, en Chile y el mundo han proliferado las plantaciones forestales de monocultivos exóticos. En este sistema, los árboles son criados en invernaderos y luego plantados en filas uniformes sobre un suelo que ha sido despejado de toda vida y abonado artificialmente con químicos que alimentarán el feroz crecimiento de pinos y eucaliptos. El gran consumo hídrico que caracteriza a estos árboles es resultado de su rápido crecimiento, el cual es a costa de una mayor cantidad de nutrientes, los que son movilizados mediante el agua.

Los reducidos espacios que se dejan entre árbol y árbol están pensados para las máquinas y los operadores que los cortarán (esa superficie es la mínima para que el árbol se desarrolle, de lo contrario tal vez los dejarían más juntos). Solo un par de años (15 a 20) son necesarios para que los árboles de la plantación -dependiendo la especie y características del sitio forestal- alcancen el tamaño ideal u «óptimo comercial», que ha sido calculado para la mayor producción de madera en el menor tiempo posible, un simple y rápido cálculo destinado a producir grandes sumas de dinero. Así, la gran danza de los bosques es transformada en una torpe marcha forzada, con un principio y un final claro: el mercado global.

Plantación forestal de pinos en los alrededores de Curanilahue, Cordillera de Nahuelbuta ©MVMT

Los efectos de la tala rasa

Dentro de este contexto, tal vez el proceso más brutal utilizado en la industria forestal es la corta a tala rasa. Este método de cosecha es un corte a ras de suelo de todos los árboles de una plantación, el cual tiene irreversibles consecuencias ambientales, algunas de las cuales describiremos a continuación.

Primero, la tala rasa deja al descubierto grandes extensiones de suelo, que la lluvia, el viento y los cambios de temperatura van desgastando, proceso denominado erosión. Al desaparecer la cobertura vegetal, la “interceptación de lluvia”, es decir, el agua que es atrapada por la vegetación en las hojas, ramas y tallos -proceso que disminuye la fuerza de las gotas que caen al llover- también desaparece. Al estar el suelo descubierto, estas gotas remueven la tierra y, si la pendiente es pronunciada, pueden movilizar cantidades considerables de sedimentos cerro abajo, lo cual se traduce en repentinas y catastróficas «remociones de masa» (desprendimientos de tierra). 

Grandes superficies de suelo son dejadas al descubierto, produciendo una acelerada erosión ©Plantar Pobreza

El segundo fenómeno asociado a esto es la pérdida de suelo. Muchas veces nos cuesta entender esto, pues estamos acostumbrados a pisar y no pensar sobre el suelo. Su formación depende de la hojarasca, la cual se acumula junto a ramas, troncos y otros cuerpos en descomposición, dando forma al humus. Este nutritivo (y fértil) suelo orgánico es producto de siglos de descomposición. Además, el bosque es -por debajo de la superficie- un gran embalse natural que permite la infiltración (almacenamiento) del agua de lluvia en invierno, la cual es lentamente liberada en verano. Sin embargo, la tala rasa produce la pérdida del esponjoso suelo del bosque nativo, quedando finalmente una capa arcillosa e impermeable, que apenas absorbe el agua. 

Suelo arcilloso producto de reiteradas cosechas a tala rasa en Curanilahue ©MVMT

Tercero; el agua arrastrada a los esteros genera otros desbalances ambientales. Muchos de los nutrientes del suelo son lavados y al llegar en exceso a los cursos de agua, generan floraciones de bacterias, las cuales pueden llegar a interrumpir el avance del agua, dejando comunidades enteras sin el preciado elemento. Eventualmente todo estos recursos que antes estaban encapsulados en los suelos llegan, a través de los ríos y riachuelos, al mar, donde desaparecen en la inmensidad. Poco sabemos de sus efectos en el océano. Además, el transporte de sedimentos en suspensión (el suelo que es arrastrado por las lluvias) contribuye al embancamiento de los ríos, fenómeno que es posible observar al recorrer las desembocaduras del sur de Chile.

Por ley, plantaciones forestales y tala rasa no deberían realizarse a menos de 20 metros de ríos (esta distancia es mucho mayor en otros países), sin embargo, en la fotografía es posible apreciar la cosecha de árboles a menos de 10 metros del río Carampangue ©MVMT

Por último, recientes estudios (Sheil & Murdiyarso, 2009) han demostrado la relación directa entre cobertura vegetal y la frecuencia de las precipitaciones en un lugar. Básicamente, la ciencia ha demostrado que más plantas en un área significa más lluvia, mediante un proceso conocido como bomba biótica. Sin embargo, la tala rasa anula este proceso inmediatamente, lo cual si bien puede recuperarse (lentamente) tras la siguiente plantación, cada vez que se realiza, va disminuyendo la tasa de lluvia.

Estos y otros procesos van llevando al territorio a enfrentar una irremediable desertificación, que muchas veces poco y nada tiene que ver con el cambio climático (no obstante, esta es la principal argumentación hoy defendida por las empresas forestales que emplean este método). En estos eriales resultantes, el agua antes abundante, pasa a ser un recurso escaso, tanto para las criaturas del bosque como para las comunidades humanas.

Bosques y humedad en la cordillera de los Andes del sur ©Bastian Gygli

La tala rasa es la pesca de arrastre terrestre

La tala rasa es el análogo terrestre de la pesca de arrastre. Las diferencias de fondo entre estos procesos son pocas. Una ocurre mayoritariamente en mar abierto, escondida de nuestro ojos por la distancia y las profundidades del mar. La otra ocurre cerca de nuestras casas, abarcando casi la totalidad del territorio de Chile central, un punto caliente (hotspot) de biodiversidad, el cual está siendo brutalmente destruido. Tras su paso, la tala rasa deja un desierto, acentuado por el uso de pesticidas para eliminar lo que la industrial forestal denomina “malezas competidoras”, en realidad especies nativas que compiten con los pinos o eucaliptos. Sin embargo, la pesca de arrastre es totalmente rechazada por la ciudadanía, mientras la tala rasa sigue siendo considerado un proceso normal de la industria forestal.

La tala rasa, siguiendo la analogía que Eduardo Galeano propone en su célebre libro «Las venas abiertas de América Latina», desgarra y desangra la tierra. Desolla la piel y deja al descubierto sus entrañas. En cuestión de años ese interior pasa de ser un rico y fértil suelo, a un verdadero regolito, como se denomina al suelo sin vida de marte.

Lo que la tala rasa deja en el territorio ©MVMT

Sin embargo, el gran problema no son los pinos o eucaliptos (que el lugar del mundo de donde son originarios, constituyen la vegetación nativa), sino el modelo económico y el manejo forestal repleto de malas prácticas, que busca satisfacer un modelo de alta competitividad, rentabilidad y utilidad, pero bajísima dignidad laboral para los trabajadores, las comunidades locales y los ecosistemas. Para aclarar; la producción neta de madera y celulosa que Chile destina al mercado interno es tan solo un 30% (Frene & Núñez, 2010), el resto es exportado a otros mercados, los cuales abastecemos con la pérdida de nuestros suelos y las sequías en nuestros territorios.

Industria celulosa (suele oler mal a su alrededor) ©Daniel Casado

En este momento, pensar la erradicación de las plantaciones forestales, por mucho que lo deseáramos, sería no comprender la complejidad del problema. A pesar del desolador panorama, hoy en día existen diversas alternativas al monocultivo de pino o eucalipto y a su tala rasa. Por ejemplo, en Chile existen plantaciones multiespeciíficas de árboles nativos, donde el coigüe se destina a la producción de madera, pero a través del raleo selectivo, método en donde se selecciona cuidadosamente que árboles cortar; el avellano para la obtención de avellanas y el ulmo como fuente de la deliciosa miel de ulmo. Este modelo es una plantación que diversifica la producción, al contrario del monocultivo forestal, el cual lo concentra en un solo rubro.

También existen agrupaciones recolectoras de productos no maderables (PFNM) del bosque nativo, quienes se dedican a la recolección de dihueñes, changles, nalcas, murtilla y maqui, entre otras maravillas del bosque.

Además, destaca el turismo como herramienta para poner en valor la observación y comprensión del patrimonio natural, más allá de la extracción de recursos del mismo. Este tipo de iniciativas benefician directamente a las comunidades donde se emplazan, generando una mejora sustancial en la calidad de vida de sus miembros, tanto humanos como otras especies.

A la luz de los problemas y alternativas anteriormente planteados, nos preguntamos: ¿qué territorios soñamos? ¿Queremos vivir en zonas de sacrificio, sin agua para beber, tierra para cultivar ni aire para respirar? ¿Para luego viajar (los que puedan) a otros territorios en búsqueda de lo que alguna vez existió en nuestras tierras?

Los autores de este artículo creemos firmemente en el potencial de la restauración de bosques, no su destrucción, pero para lograr este cambio es necesario difundir entre amigos, familiares y conocidos lo que está pasando. Si lees estas últimas palabras y quieres aportar, encuentra un buen momento y lanza el tema al centro de conversación: ¿están de acuerdo con el impacto de la brutal tala rasa?

Bosque caducifolio y de araucarias en Conguillio ©Bastian Gygli

*Foto de portada: tala rasa en Columbia Británica, Canada ©Garth Lentz

Agradecemos a Bernardo Reyes y Rodrigo Bravo por sus observaciones, las cuales enriquecieron el texto.

Referencias

Sheil, D. & Murdiyarso, D. (2009). How Forests Attract Rain: An Examination of a New Hypothesis. BioScience, 59(4): 342-347.

Frene, C. & Núñez, M. (2010). Hacia un nuevo modelo forestal. Bosque Nativo 47: 25-35.

Documental Plantar pobreza

Documental La otra cordillera

Cómo el cambio climático afecta a la fauna

 Desde que me interesé en el cambio climático hace un par de años, he realizado el ejercicio de preguntar por las condiciones climáticas a varias personas mayores. Todos, sin excepción, concuerdan con que el clima es diferente al de su niñez. Incluso yo he sentido este cambio y claramente mis 27 años no son mucho […]

 Desde que me interesé en el cambio climático hace un par de años, he realizado el ejercicio de preguntar por las condiciones climáticas a varias personas mayores. Todos, sin excepción, concuerdan con que el clima es diferente al de su niñez. Incluso yo he sentido este cambio y claramente mis 27 años no son mucho para la tierra que ya tiene sobre 4.500 millones de años. 

El clima está cambiando, pero ¿no ha cambiado siempre? La respuesta simple es sí, el clima siempre ha cambiado. El de hoy es bastante diferente al del carbonífero con sus gigantescas selvas tropicales de plantas parecidas a helechos. En esos días, la tierra debió ser unos 4-5 grados más cálida que hoy.

Entonces ¿Por qué la preocupación por un par de grados más? La respuesta tiene que ver con el tiempo. Los cambios de esta naturaleza suelen ocurrir en el transcurso de millones de años, tiempo suficiente para que el sistema natural (clima, geografía y biota) vaya adaptándose. Nuestro caso es algo diferente. La tasa de calentamiento actual es por lejos la mayor de la que se tiene registro. Cambios de hasta 2 grados Celsius promedio de temperatura de superficie en los últimos 100 años. En tiempos geológicos, estas tasas son equivalentes a cambios instantáneos.

 Imagen 1. IPCC (Intergovernmental Panel for Climate Change) 2013

Estas grandes tasas de cambio son resultado de varias razones, algunas con el hombre como agente primordial.

En primer lugar, estamos saliendo de un período de glaciación. Los últimos 10 millones de años han sido un constante cambio de periodos fríos y cálidos. Actualmente estamos en la transición de un período frío a uno cálido, por ende las temperaturas están aumentando de forma natural. Sobrepuesto a este proceso y de forma independiente, el ser humano ha modificado fuertemente el sistema natural a través de la liberación de componentes al sistema, lo que ha aumentado de forma notable desde la revolución industrial. Esto incluye variados gases de efecto invernadero (entre muchas otras sustancias). Estos gases (CO2, metano y óxido nitroso principalmente) absorben parte de la radiación que la tierra emite de regreso hacia el espacio, aumentando la temperatura del planeta.

Otro factor antrópico muchas veces ignorado, es el cambio del uso del suelo. La deforestación genera una menor absorción de CO2 al disminuir los árboles, además de modificar el albedo (porcentaje de radiación que una zona refleja) de inmensas zonas de tierra.

Estos cambios pueden tener variados efectos en los sistemas naturales. El ya mencionado aumento de la temperatura se ve acompañado de modificaciones en precipitaciones, nubosidad y vientos. Los océanos han absorbido aproximadamente 90% de la energía adicional, produciendo posibles cambios en corrientes y modificaciones de los casquetes polares. La tasa de desastres naturales podría verse modificada, viendo más períodos anormales de sequías, lluvias y huracanes, entre otros. Estos cambios tienen un efecto directo en la vida de los organismos en la tierra, incluyéndonos a nosotros.

El caso de Chile

Chile no es la excepción. Dentro del país, las zonas norte y centro serán las más afectadas con aumentos de temperatura y disminución de las precipitaciones. La industria (minera y forestal) aporta a que el efecto del cambio sea de mayor impacto.

Para entender detalles de este escenario, recomiendo leer un informe de la CONAMA realizado por la facultad de Geofísica de la Universidad de Chile.

Al ir enterándome de estas realidades me fui preguntando qué iba a pasar con los bosques cordilleranos del centro de Chile, qué sería de esas ranitas que viven solo en un par de localidades, qué pasaría con la flora y fauna al verse enfrentada a estos radicales cambios.

La información que encontré fue desalentadora. Muchos organismos se han extinguido debido a la acción del hombre. El clima ha sido factor para muchas de estas extinciones y se proyectan muchas más en el futuro. Los más afectados serán los organismos ectotermos (que no regulan su temperatura), incluyendo invertebrados terrestres y marinos, anfibios y lagartos principalmente. Quise saber qué sería de nuestra fauna y descubrí que poco se sabía, así que busqué los medios para poder empezar a dilucidar el futuro de nuestra naturaleza. Con ayuda de los profesores de la Universidad de Concepción, Juan Carlos Ortiz y Pedro Victoriano, y el profesor de la Universidad de California, Barry Sinervo, nos embarcamos en esta búsqueda. Acá les presentó lo que descubrimos.

El caso de la lagartija lemniscatus (Liolaemus lemniscatus)

Esta lagartija es uno de los herpetozoos (anfibios y reptiles) más comunes de Chile Central, habitando entre Illapel (IV región) hasta Pino Hachado (VIII región). Es de pequeño tamaño, con un patrón de franjas longitudinales a través de la espalda hasta la cola. Vive en ambientes terrícolas y de matorral, evitando los sistemas de altura como troncos o panderetas. Pone entre 3 a 4 huevos y se alimenta principalmente de insectos. Es además un modelo ideal para modelar el efecto del cambio climático. Esto debido a que es una especie bien conocida, frecuente, con amplio rango de distribución y muchas localidades donde se conoce su existencia. Esto permite tener una gran base de datos a la hora de realizar un estudio.

La idea era poder modelar el escenario futuro de la distribución de esta especie y determinar si podría persistir en las localidades a pesar del cambio en el ambiente térmico. Para hacer esto utilizamos una premisa muy simple: Si la temperatura aumenta demasiado, la especie no podrá estar activa por peligro a sobrecalentarse, algo especialmente peligroso para los organismos ectotermos. Ellos dependen de la temperatura externa para regular la propia y eso implica que si el calor es excesivo, pueden asarse vivos. Para que este no sea el caso, los lagartos (y otros ectotermos) evitan las horas de mayor calor, lo que se llama Hr (Horas de restricción de actividad). Ante un escenario de cambio climático, las Hr pueden aumentar cuantiosamente, incluso suficiente para llevar a un organismo a la extinción local (Ver figura 1).

Figura 1. Aumento de las horas de restricción derivado del cambio climático. Las líneas rojas y negras representan los sitios más cálidos y fríos, respectivamente, de una localidad dada. El rango delimitado por la línea verde punteada es la temperatura de actividad del organismo estudiado.

Esta premisa se une a la relación matemática directa entre el aumento de la temperatura y las Hr (entre más calor, mayor Hr) para permitirnos modelar el futuro. Para cada localidad calculamos las futuras Hr en base a las proyecciones climáticas de WorldClime (Base de datos de climáticas) y eso nos permitió saber si la localidad afronta o no un alto riesgo de extinción en el año 2080.

La siguiente figura muestras los resultados del estudio:

Figura 2. Mapa del riesgo de extinción desde muy bajo riesgo de extinción (0), hasta mayor riesgo de extinción (1)

Como se puede observar, en el año 2080 (60 años en el futuro) las poblaciones de una de las lagartijas más abundantes y frecuentes de Chile podrían presentar serios problemas de conservación. Las poblaciones más afectadas serán las del valle central hacia el norte. La costa y la cordillera actúan como atenuadores del efecto de la temperatura sobre esta especie y podrían transformarse en refugios. Hacia el sur la especie no se ve tan presionada por la temperatura, debido a que esta es naturalmente  menor en aquel sector y el efecto del cambio climático es más reducido en dicha zona.

Obviamente estos estudios no representan verdades absolutas, el problema presenta muchas más aristas, muchas de las cuales fueron omitidas en este artículo para facilitar su comprensión. Nadie sabe con certeza qué ocurrirá en el futuro, pero estos modelos nos ayudan a tener una idea del desafío que se nos viene.

¿Importa? Implicancias y otros futuros posibles

Los cambios en esta especie pueden ser indicadores de fuertes cambios en los ecosistemas, incluyendo muchas otras especies y factores abióticos, como la disponibilidad de agua. Si a esto se une la fragmentación del hábitat, el cambio del uso del suelo y las especies introducidas, el panorama puede volverse desalentador. En un sistema tan íntimamente conectado los cambios tan bruscos pueden tener efectos devastadores en balances que han demorado millones de años en generarse.

La importancia de estos balances radica en nuestra pertenencia a ellos. El hombre es parte de la naturaleza y por mucho que tratemos de poner una barrera entre esta y nosotros nuestra esencia más pura nos mantiene conectados con el entorno. Necesitamos del planeta y de las demás especies. La pureza del agua que tomamos depende de la salud de nuestros ambientes. Todos los recursos pueden seguirse hasta su origen en la indómita naturaleza que hoy muchos ignoran. La salud de nuestro planeta es un reflejo de la salud de sus habitantes, dentro de los cuales nosotros, los humanos, somos probablemente los más influyentes. Destruir el planeta es destruirnos a nosotros mismos. Es por eso que una especie importa y mucho. Cada detalle es una posibilidad de poder cambiar el camino que estamos llevando como sociedad.

Reflexiones personales

Uno puede explicar a través de la lógica la importancia de los sistemas naturales, pero por otro lado el corazón también tiene cosas que decir. He estado entre araucarias y coigües para el amanecer. He visto nuestra fauna en medio de ríos, lagos, bosques y praderas. La belleza del océano, con su fuerza que parece inagotable. Lo imponente de las grandes montañas y sus nevados picos en invierno. Creo no equivocarme al decir que presenciar tales bellezas, es razón más que suficiente para querer cuidarlas. Porque emocionan y curan el alma.

Es por eso que debemos hacer las cosas de forma distinta, para que nuestro planeta y nosotros dentro de él, estemos sanos. Para que esté sano para nuestros hijos y las personas que vendrán. Ojalá ellos puedan maravillarse como nos maravillamos nosotros. Para mí, todo quien disfruta o aprecia la naturaleza que nos rodea, está siendo parte de un cambio. Unido a pequeñas cosas como no gastar más energía de la necesaria, no generar tanta basura, comer y vivir sanamente. En fin, no pedir o hacer más de lo que necesitamos. Ese es el cambio que necesitamos. Un cambio que está agarrando vuelo y cada vez con más fuerza. Compartamos esa chispa con los que aún no lo han experimentado.

*Si quieres saber más detalles del trabajo puedes escribirme al correo bastian.gygli@gmail.com

*Foto de portada: Liolaemus lemniscatus, por Pedro Va.

 

Este trabajo audiovisual marca una temática que está presente en Chile, pero bastante invisibilizada, -la deforestación-, provocada por las plantaciones de monocultivos de Pino. El director Joaquín Baus nos narra a través de las palabras y mirada de Jorge Oyarzún una realidad herida, una geografía donde la falta de agua marca la pauta. Una mala decisión […]

Este trabajo audiovisual marca una temática que está presente en Chile, pero bastante invisibilizada, -la deforestación-, provocada por las plantaciones de monocultivos de Pino. El director Joaquín Baus nos narra a través de las palabras y mirada de Jorge Oyarzún una realidad herida, una geografía donde la falta de agua marca la pauta.

Una mala decisión de venta de terrenos marca la ruta del Documental Pies Secos, un lugar donde antaño sobraba el agua y hoy, debido a la deforestación, sólo alcanza para los gastos básicos del hogar. La narración la hace Jorge Oyarzún (52 años) con un tono particular, poético y tintes de soledad que marcan un trabajo audiovisual sensibilizado por la sequía y sus consecuencias.

La historia particular de Jorge revela una realidad que afecta a muchas personas, y que muchas veces es invisibilizado. Y acá aparece otro elemento fundamental: lo que provocan las plantaciones masivas de pino, pues su nivel de consumo de agua es tan alto, que secan todo a su paso, dejando la tierra infértil y erosionada, lo que corroe la vida de quienes rodean estas plantaciones. Un herida geográfica hace evidente el impacto del monocultivo de pinos.

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Debido a la sensibilidad de su director, Joaquín Baus, es que el trabajo audiovisual obtuvo el segundo premio como Mejor Documental Nacional en el 23º FESANCOR, de Chile. “La primera vez que escuché de Jorge fue hace ya tres años, durante una lectura de guión del cortometraje que sería mi proyecto de título (Falso, 2013). Uno de los actores, Carlos Verdugo, conoció a Jorge un día mientras paseaba por el sector, y cuando me contó de cómo era y su gran historia, le dije “Ya Carlos, al terminar este cortometraje, comencemos un documental de él”. Y así Carlos, fue el productor general de este lindo proyecto”, ha comentado Joaquín sobre cómo nace la idea de esta realización.

Y ha agregado que “Jorge nos mostró una inocencia que llamaba la atención. Él tiene una alegría envidiable, siempre trabajador y con buen humor, y a pesar de todo lo que le ha pasado, tiene esa resiliencia que pocos tienen. Todo esto nos pegó harto al equipo, ya en las siguientes visitas le llevábamos regalos: mercadería, a veces ropa que necesitaba, incluso revistas y fotografías, y a Jorge le encanta ver fotografías y revistas, aunque no sabe leer por completo. Muchas de sus fotos son de él y su antiguo terreno, y se ve todo verde, con grandes plantaciones, y es contrastado con lo que vimos camino a su casa; un pequeño espacio de bosque nativo que lucha contra su alrededor. Es un lugar hermoso”.