La crisis global ambiental que hoy vivimos se ha vuelto ineludible no solo para nuestra sociedad, si no también para los proyectos artísticos hoy se enfrentan a esa misma urgencia desde sus propias prácticas y quehaceres estéticos. Es por eso que hoy en Endémico web traemos el trabajo de artistas que desde las problemáticas e […]

La crisis global ambiental que hoy vivimos se ha vuelto ineludible no solo para nuestra sociedad, si no también para los proyectos artísticos hoy se enfrentan a esa misma urgencia desde sus propias prácticas y quehaceres estéticos. Es por eso que hoy en Endémico web traemos el trabajo de artistas que desde las problemáticas e injusticias en torno a los derechos del agua, la toponimia del paisaje, la crisis hídrica, la geografía, la artesanía y la filosofía andina están promoviendo una serie de encuentros e instalaciones tanto callejeras como al aire libre para dar cuenta de esta realidad que debemos enfrentar con urgencia. Quisieron expresar en sus palabras con un manifiesto los proyectos e intervenciones que se encuentran desarrollando tanto en diversos puntos del territorio de Chile y Latinoamérica.

Collage digital (2021) impreso sobre papel de arroz, de la serie “Other White Mixed Background”, 62 x 91 cms. © Catalina Correa

Umbra: Esas dos variables no eran posibles a la vez en un mismo universo, entonces enloquecieron

Por Catalina Correa, Josefina Astorga y Javiera Asenjo

En conversación con guaquero, parte de la investigación de campo de Catalina Correa durante “Residencia en la Tierra” (2013). © Katinka Igelberg

Umbra es un proyecto que se gesta a mediados del 2020, en el primer período de cuarentenas extendidas a nivel global. En ese momento, donde la sombra de la pandemia comienza a suspender los sentidos más vitales, aparece la necesidad del reencuentro, de contener y también de replantear los procesos creativos. 

Josefina Astorga, Javiera Asenjo y Catalina Correa comienzan a reunirse periódicamente de manera virtual para retomar una colaboración que había comenzado ocho años antes, a partir de la experiencia común de haber residido en “Residencia en la Tierra” (Colombia). A partir de entonces se despliega un intercambio -que en ocasiones ha incluido a otros artistas y ha tomado diferentes formatos y espacios de trabajo- para dar continuidad a las investigaciones que surgieron en las verdes y sinuosas tierras del Quindío Colombiano.

Acción colectiva para conectar con la sonoridad del guadual, trabajo de Javiera Asenjo en “Residencia en la Tierra”, (2013).  © Catalina Correa

Sus procesos creativos se articulan desde una relación social y corporal con algunas prácticas culturales que emanan del territorio latinoamericano: el oficio textil, el alfarero y el de la guaquería, la filosofía andina, la geografía como conocimiento encarnado, y la arqueología extractivista como herencia de los diversos sistemas de colonización que han marcado nuestra historia. Sin embargo, durante el último período sus investigaciones dieron un radical vuelco crítico y de género, debido a la urgente crisis social y ecológica por la que transitamos.

Acción colaborativa para construir una cordillera, trabajo de Josefina Astorga en Residencia en la Tierra (2012).  © Daniel Santiago Salguero

La palabra territorio está ligada a la demarcación, exclusión y propiedad privada de la tierra, y con ello a su disputa a través de las guerras. Como resultado de un sistema patriarcal de dominación y exterminio, sentimos la necesidad de instalar otras perspectivas para relacionarnos con nuestro entorno, con los seres humanos y no humanos que nos rodean, con la Tierra. 

Para la muestra de Umbra en el MAC Quinta Normal (Marzo 2022) ​cada artista contará con una sala independiente en el segundo piso del Museo, además de un espacio colectivo donde se exhibirán registros y archivos de estos ocho años de colaboración. Esta exposición, que incluirá piezas audiovisuales, instalaciones vegetales, tejidos, collages, texto y cerámica, tocará temas tan íntimos y universales, tan ancestrales y contemporáneos como la ciclicidad del tiempo (Pacha Kutik), la memoria del cuerpo femenino y la oralidad como portal, el matrilineaje y la migración en la identidad Latinoamérica, las tecnologías domésticas, el viaje y la urgencia de conectar con otros seres vivos.

“Proyecto Vasija”, tejido a crochet con cuerda de algodón, teñido con cáscara de banana, corteza de barbatimão y hojas de guayaba, región de Rôndonia, Brasil (2021). © Javiera Asenjo

Curicó (Kurü Ku) Kuru es negro, y Ko es agua.

Por Cristian Toro. Texto en colaboración con @jensbenohr y @evanerika

La obra, desarrollada como un ensayo gráfico en dos partes, aborda la implicancia del código de aguas impuesto durante la dictadura cívico-militar en Chile en el modelo de desarrollo actual y la crisis hídrica que enfrenta en el país.

La obra estará emplazada en el centro de Curicó durante todo el mes de agosto. © Cristian Toro Ulloa

Me interesa situar esta problemática desde las cuencas de los ríos aledaños de la comuna de Curicó, donde el modelo extractivista privilegia el cultivo agrícola de especies destinadas a la exportación. Esto se complementa con una biografía disponible a los transeúntes sobre el código de aguas, su implicancia den la crisis hídrica, y posibles salidas enmarcadas en el derecho de los ríos, los derechos de lo ecosistema y el reconocimiento de aquello más-que-humano.

Para este ejercicio, pongo atención en la toponimia de Curicó, que como muchos nombres del centro sur de Chile, viene del mapuzungún, lengua de la tierra. Ko, <agua>, es una voz recurrente para nombrar territorios, constituyendo un elemento fundamental del mundo. Ahora, en plena crisis hídrica, ¿Dónde está esa agua? ¿Quién ha extraído este ko constituyente de lo territorial, de los procesos de la naturaleza, de la vida en sí misma? ¿Dónde está esa agua en el Maule?

Obra emplazada en el centro de la comuna de Curicó (Chile), gracias a Galería Cívica @galeriacivica. © Fernanda R. @fdahip

Las imágenes desarrolladas reúnen elementos visuales propios de la extracción industrial del agua, de la agricultura extensiva del Maule, la sequía y los incendios forestales, mezclándose con intuiciones personales de mi relación con Curicó -ciudad donde nací- y especies del bosque esclerófilo central; litre, rapaces, changles, madre de la culebra.

El Código de Aguas en Chile define al agua como un bien de uso público y privado. Este marco legal se instaló en la dictadura y fue profundizado en los gobiernos de Frei y Lagos. Los grandes beneficiarios de esto son transnacionales y empresarios chilenos que han usufructuado de la explotación del agua.

Durante el 2017, la agricultura en Chile consumió un 72% de la demanda del agua nacional. En la región del Maule esta industria concentra el 96% del consumo del agua2. Mediante embalses y canales, los afluentes son obligados a regar monocultivos agrícolas y forestales, sustrayendo el agua de los ecosistemas locales y alimentando el modelo global de libre mercado e injusticias socioecológicas.

La propuesta busca integrar el arte callejero y un manifiesto por la crisis hídrica del Maule © Fernanda R. @fdahip

Las proyecciones publicadas este año para el 2030 por la Dirección General de Aguas3 estiman que las disminución del agua disponible alcanzaría el 50%, siendo la región del Maule, una de las áreas posiblemente más afectadas. Lo que sucede con el río Mataquito, la laguna Torca, en el río Maule y los saltos del Parque Siete Tazas es una anticipación a esta crisis hídrica.

El significado cultural del agua para las comunidades humanas, y la crisis ambiental que experimentamos hoy, ha inspirado nuevas legislaciones y acciones en países como Ecuador (2008)4, Bolivia (2010)5, Colombia (2017)5, y Nueva Zelanda (2017)7, además de instancia como la Declaración del Foro Alternativo Mundial del Agua en Francia (2012). Estas, entre otras experiencias, no sólo otorgan herramientas legislativas, si no que marcos afectivos-culturales para poder reconocer no sólo los derechos de los ríos y los cuerpos de agua, si no también derechos de montañas, humedales, valles y todo tipo de ecosistemas y sujetos-no-humanos.

El agua es un bien común. Común a humanos, y común a peces, aves, mamíferos, plantas y todxs los vecinos más que humanos que cohabitan un ecosistema. No basta con entender el agua sólamente como derecho humano, es necesario resguardar el derecho de las aguas a circular por sus cursos naturales, ambos derechos están entrelazados y dan cuenta de la inseparable dinámica que nos conforma, y en cuyo equilibrio radica nuestra vida

¿Cómo eran los ríos hace 30 años?

No es sequía, es saqueo ¡Libertad a las aguas del Maule!

Detalle de la obra  © Fernanda R. @fdahip

Sobre los Autores

Javiera Asenjo es Artista Visual y Tejedora. Actualmente transita entre Santiago de Chile y Brasil. Trabaja principalmente con textiles a través del teñido, hilado, costuras, y tejido. Su práctica está íntimamente ligada con un aprendizaje  constante del patrimonio textil precolombino, desde donde reactualiza la sensación de que todo lo que nos rodea es un tejido. @tejidos_invisibles

Josefina Astorga es Fotógrafa Chilena, máster en Gestión cultural. Actualmente vive y trabaja en el sur de Chile. Es co-creadora del proyecto Beca Migrante, investigación artística colectiva e intercultural en torno a los Derechos Humanos. Integrante del colectivo artístico feminista La Voz del Pueblo. Su obra gira en torno al paisaje, la ecología y las prácticas artísticas sociales. Sus principales soportes son la fotografía y la cerámica primitiva. josefinastorga.com 

Catalina Correa es Artista chilena, actualmente vive y trabaja en Londres. Su trabajo es una investigación multimedia que esboza puentes entre cuerpo y paisaje, feminismo y arqueología, maternidad y territorio. Es Licenciada en Arte (Universidad Católica, Santiago) y Magíster en Arte Contemporáneo (Royal College of Art, Londres). catalinacorreastudio.com

Cristian Toro vive y trabaja en Concepción, Chile. Es Licenciado en Diseño gráfico y Comunicación Visual en la Universidad del Bio Bio (2012), actualmente se desempeña como diseñador, artístico gráfico editorial e ilustrador. Trabaja como director de arte y editor en Toda la Teoría del Universo; y es director de arte Revista Endémico.

Imagen de portada: “El mundo de arriba y el mundo de abajo”,  fotografía 35 mm digitalizada (2020), por la artista Josefina Astorga.

 

 

 

“STFI” es el apodo de Estefanía Leigthon (30), muralista que, después de 10 años de solo observar a sus amigos pintar las calles con murales, decidió aventurarse a hacerlo ella misma. Nacida y criada en Santiago de Chile, su profesión es diseño de vestuario, pero desde muy pequeña le llamaban la atención el graffiti y […]

“STFI” es el apodo de Estefanía Leigthon (30), muralista que, después de 10 años de solo observar a sus amigos pintar las calles con murales, decidió aventurarse a hacerlo ella misma. Nacida y criada en Santiago de Chile, su profesión es diseño de vestuario, pero desde muy pequeña le llamaban la atención el graffiti y los murales en las calles.

Hace unos años decidió irse de Chile y viajar por Latinoamérica, incluyendo países como Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Guatemala y México para así encontrarse con las raíces de este continente, y también las raíces indígenas: “Fue más fuerte que yo. Encontré en el muralismo otra manera de comunicarme, de hacer cosas con mis manos y tener una postura simultáneamente”, relata STFI durante el encuentro de creatividad en la ciudad, Citylab.

«Mujer de Patzun en Chimaltenango, Guatemala. Ilustración para el Museo del Mundo 2018.

¿Cómo fue tu contacto con culturas indígenas durante tu viaje por Latinoamérica?

Viajé durante cinco años en total, entonces viví muchas experiencias. Lo primero fue Bolivia. Fue mi lugar favorito por la manera en que se vive la cultura indígena allá. Esta está viva: en el cotidiano, en la ciudad, en los pueblos. Puedes ver sus tradiciones, la lengua viva, sus vestimentas, alimentación; no es algo que hay que buscar mucho para encontrar; ni oculto ni perdiéndose, está allí vigente. No quieren ser otra cosa más que la que ellos son. Lo defienden y lo protegen, eso es hermoso y muy inspirador.

De allí en adelante estuve en diversos lugares, con diversas realidades, historias y paisajes; desde las ciudades al campo, la playa, el mar caribe o la selva. Participé pintando en una universidad campesina en Ecuador, que nace desde la comunidad, desde sus propias necesidades. Aquí participan personas de otros países que van a aportar conocimientos y formalidades para seguir creciendo, pero también personas locales que viajan horas desde la selva para aprender, compartir sus saberes y solucionar las problemáticas sobre sus proyectos agrarios.

Fueron muchas instancias donde me acerqué y compartí con distintas comunidades, desde el muralismo –o el voluntariado– hasta celebraciones de ceremonias y rituales locales. Estos encuentros me llevaron a descubrir –entre otras cosas– distintas feminidades, y encontré en las mujeres indígenas una resistencia al sistema capitalista al vivir su feminidad a su manera, lo cual fue una contraposición a lo que yo sabía sobre cómo se debe ser mujer.

Aprendí sobre la cosmovisión de los pueblos indígenas –que se fundamenta en su relación con la madre tierra y la madre naturaleza– y me di cuenta como la mayoría de las personas  vive sin esas preocupaciones, sin saber cuál es su fuente de vida… tienen otros intereses y prácticas. Tan simple como, por ejemplo, que las mujeres indígenas no se rigen por el estereotipo de belleza establecida por la publicidad y que atormenta y mal educa a hombres y mujeres en todo el mundo. Al contrario, en los pueblos indígenas la belleza se nota en cada uno de sus rasgos bien definidos y autóctonos, y respetan tanto a la naturaleza que viven empoderadas de sus cuerpos, de sus quehaceres, de sus tradiciones. Como por ejemplo, al transmitir de generación en generación los saberes sobre medicina natural. Sin duda existen muchas problemáticas sociales pero la manera en que la mujer habita con valentía y naturalidad me conmovió, entre muchas otras cosas.

¿Y has tenido esta conexión con las etnias chilenas?

En el viaje me di cuenta de lo poco que sé de mis propios orígenes; de las culturas locales; del pueblo mapuche; de la perspectiva distante en que te hablan de la historia de Chile y de los pueblos originarios en el colegio; y de la información limitada que nos entregan los medios de comunicación. En el viaje entendí que no soy tan chilena y que el territorio es mucho más amplio, me sentí latinoamericana y me sentí libre y cómoda en cada lugar. Me representan diversos pensamientos que conocí viajando y sin duda quisiera aprender más de la cultura originaria de esta zona del continente.

¿Cómo crees que los chilenos (o santiaguinos) valorizamos las culturas indígenas?

Me pasa con el asesinato de Camilo Catrillanca… ver el rechazo por lo indígena, escuchar comentarios que ponían en valor lo material ante la vida de un hombre ¡No puede ser! Los pueblos indígenas son nuestro origen, la identidad latinoamericana es bellísima, es poderosa. Debiéramos respetarla y estar orgullosos de ello. Me avergüenza que el gobierno de Chile tenga una guerra con el pueblo Mapuche. Tuve un choque cultural muy fuerte al volver a Santiago.

Pero creo que hay mucha gente que está cambiando su mentalidad, muchos grupos activos que se están organizando para visibilizar muchas luchas, que yo apoyo. Creo que todas contra el patriarcado y capitalismo. Hay que hacer cambios profundos y ser valientes y fuertes, hay que aportar desde la experiencia, desde el hacer.

Esta vez, no me voy a ir, hay muchas cosas que quiero hacer. Quiero aportar desde el pintar en la calle, en muros colaborativos, talleres o lo que se pueda para ser más conscientes y más humanos. Eso es lo bonito del arte público: pintas un muro, y la gente puede ver en una imagen toda la inspiración que supera fronteras, representada en colores vivos, en la naturaleza diversa y en el retrato de la mujer latinoamericana y mestiza que representa la fuerza de la naturaleza.

«La música como musa inspiradora» U. de Chile 2018.

¿Consideras que tu obra se acerca al ecofeminismo?

Sí, es eso… sobre cómo se abusa de la tierra y de los derechos de la mujer. Yo retrato a la mujer mestiza, latinoamericana, diversa, de mirada profunda y empoderada de su ser y su cuerpo, con esa misma fuerza de la Tierra que nos sostiene. Quiero darle visibilidad a estas dos fuerzas que son tan vulneradas por este sistema patriarcal y capitalista.

¿Como has visto tú la lucha femenina en la obra de otros artistas? ¿Hay más mujeres pintando?

Veo que hay varias organizaciones de mujeres muralistas en Chile y en Latinoamérica en general que se están organizando por la necesidad de igualdad en el mundo de la pintura, en un ámbito más profesional. La cantidad de mujeres pintando crece cada día pero eso no es tan visible en proyectos de gran escala, como en las participaciones en festivales o encuentros de pintura. Siempre el porcentaje de chicas es más limitado. Creo que si no se abren espacios igualitarios es muy difícil subir el nivel y demostrar de que somos capaces. Lo bueno es que la calle es libre y quien quiere puede pintar, más con tantas pintoras organizadas acompañándose en este proceso e invitando a las nuevas pintoras a perder el miedo y a tomarse los espacios que nos pertenecen a todos.

¿Cuáles son tus planes para este año?

Mi reciente y primera exposición individual “Jardín interior” que se inauguró el pasado 14 de Dic en Galería Lira fue una hermosa experiencia, de concentrarme en el trabajo de taller, cosa que me hacía mucha falta con tantos años de viajar constantemente. Pude plasmar varias ideas y sensaciones que he tenido desde que volví a Chile sobre volver al hogar, ver el cuerpo como hogar, cuidarlo tal como cuando uno riega las plantas de nuestro jardín y habitar nuestro cuerpo con amor. La muestra fue muy visitada y recibí hermosas demostraciones de apoyo y muchos comentarios positivos al respecto, así que estoy muy contenta por eso. Ahora tengo ganas de poder mover la exposición en regiones para llegara a más personas.  

Por otro lado, también estoy comenzando el año con varios proyectos de murales. Pintaré en Estación Central la fachada de un colegio de niñas como parte de la campaña “Usa Tú Poder”. Luego viajaré a pintar a Calama (entre otros viajes que tengo por Chile este año). Volveré a Santiago en marzo para pintar la fachada de la Federación de estudiantes de la Universidad de Chile como parte del inicio de este año, que, ¡espero siga tan movido como está comenzando!

 

 

 

 

*Foto portada: «Mujer y Quetzal» Cartago, Costa Rica. 2017

Ilustración digital a pedido para taller de circulo de mujeres.

Desde tiempos inmemoriales que el ser humando ha utilizado paredes, muros y rocas para expresarse y para entregar diversos mensajes, tanto a sus pares como a las próximas generaciones. Basta recordar los jeroglíficos de los egipcios o las cavernas pintadas por las culturas prehistóricas, quienes plasmaban sus complejas cosmovisiones en ellas. Y aunque de esas […]

Desde tiempos inmemoriales que el ser humando ha utilizado paredes, muros y rocas para expresarse y para entregar diversos mensajes, tanto a sus pares como a las próximas generaciones. Basta recordar los jeroglíficos de los egipcios o las cavernas pintadas por las culturas prehistóricas, quienes plasmaban sus complejas cosmovisiones en ellas.

Y aunque de esas épocas hasta ahora han pasado siglos, y pese que en pleno siglo XXI las expresiones artísticas han variado en formas, temas y materiales, el muralismo sigue teniendo más o menos el mismo objetivo: entregar mensajes visuales con contenido, colores y propuestas que capten la mirada, haciendo pensar y reflexionar a quienes los observen.

Desde esta perspectiva, los murales del colectivo Alapinta tienen un mensaje claro: a través de una amplia variedad de colores y motivos que deleitan la vista, este grupo de amigos busca entregar un mensaje positivo a través de la alegría e identidad cultural de cada lugar, un sello personal que los caracteriza.Compuesto por Aner Urra (ANER), Claudio Cabrera (KAIO), Claudio Maher (MAHER) y Gabriel Veloso (GVZ), este colectivo de muralistas pintan juntos desde el 2004, inspirados por el arte público, el grafiti y el mural, llevando sus obras a distintos espacios públicos y privados, en áreas de salud, educación, cultura, patrimonio y medioambiente, entre otros.

Revista Endémico conversó con Gabriel, más conocido como GVZ, quien nos cuenta que Alapinta es un grupo de amigos que nace en la región de La Araucanía y quienes se conocieron estudiando Diseño Gráfico.

El proyecto, nos explica Gabriel, dio un vuelco cuando el grupo se dio cuenta que había una suerte de rechazo ante su trabajo, sobre todo de parte de los adultos, que no se sentían identificados. Es así como el 2010 realizar su primer proyecto social participativo. “Lo que queríamos era ampliar nuestro trabajo, para que le agradara a todo tipo de personas. Ahí creamos este primer proyecto social participativo en el barrio de Tucapel, donde hicimos tres murales que representaban la historia del barrio”.

A partir de esa experiencia, el colectivo comienza a hacer trabajos con temáticas de historia y patrimonio, que han mantenido hasta ahora, “sin perder la esencia y el gusto por la expresión libre del arte y el diseño, dejándonos llevar por nuestros gustos y estilos gráficos. Pero, a la vez, haciendo un trabajo al interior de comunidades, de grupos sociales, personas, instituciones y empresas, es decir, con distintos grupos que quieren expresar sus ideas. Así hemos ampliado lo que hacemos. El deseo de seguir pintando nos ha llevado a que esto sea un trabajo permanente y que se haya proyectado en diversos lugares”, explica Gabriel.TEMAS EN MUROS

Al revisar los trabajos que Alapinta ha realizado en distintos puntos del país, se puede ver la identidad de cada espacio en el que se manifiestan. GVZ plantea que tiene mucho que ver la percepción de la gente a la hora de definir temáticas. “Por ejemplo, recientemente hicimos un proyecto de rescate inmaterial en Padre Las Casas, rescatando su imaginario colectivo. Entonces, lo que pintemos va a depender de cada lugar, de su historia, de cada espacio. La alegría en el mensaje que entregamos es un sello, un mensaje esperanzador, de buena onda. Y ese es uno de los motores que nos mueve. Lo mismo que las temáticas de medioambiente. Vivimos en una región privilegiada en cuanto a paisaje, naturaleza, historia increíble, y no podemos dejar de plasmarlo en los murales. Nos nace porque nos encanta vivir acá. Por ejemplo, Maher es de Villarrica, yo soy de Loncoche, y hemos vivido gran parte de nuestra propia historia rodeados con este paisaje. Tal vez si viviéramos en otro lugar pintaríamos otras cosas, pero la naturaleza se manifiesta y se relaciona porque vivimos en este ambiente fabuloso”.

Por lo mismo, agrega, creen que es fundamental conservar estos parajes, cuidando sus bosques, su tierra, sus ríos, y teniendo responsabilidad ante ellos.DE LA ARAUCANÍA A CHILE

Para Gabriel, todo lo que han vivido de la mano de la brocha y la pintura ha sido una bendición. Porque de la IX Región han salido a plasmar su arte a distintos puntos del país, lo que los llena de orgullo, sintiéndose aún más apegados al muralismo.

“Durante estos dos últimos meses hicimos, en Punta Arenas, dos murales por los 500 años de Magallanes. También fuimos a pintar tres escuelas rurales de Alto Biobío; en Nanco pintamos cuatro murales, y en Padre Las Casas, dos grandes muros. Entonces, ha sido una diversidad fabulosa. Y creo que se ha dado porque la gente se ha abierto más al arte, a la pintura y a la necesidad de ver cosas distintas, de salir de la monotonía, de entregar y leer un mensaje diferente. Y más si le agregas un plus distinto de rescate del imaginario colectivo, de la cultura e historia de las personas que ahí conviven”, detalla.

Pero no se quedan ahí. En enero irán a pintar un muro grande, de 200 metros cuadrados aproximadamente, a Antofagasta. “Aún estamos en proceso de crecimiento y desarrollo. Nos falta harto por crecer y mejorar, pero la idea es siempre avanzar y moverse, con respeto a nuestra cultura e identidad”.

Santiago a veces se torna una ciudad monótona, gris y estresante. Por eso se agradecen intervenciones como Hecho en Casa Festival, que te sacan del sopor diario y hacen que nuevamente mires la calle con asombro. “Un mensaje de esperanza para esta ciudad tan gris”, es una de las variadas opiniones que se han escuchado en […]

Santiago a veces se torna una ciudad monótona, gris y estresante. Por eso se agradecen intervenciones como Hecho en Casa Festival, que te sacan del sopor diario y hacen que nuevamente mires la calle con asombro.

“Un mensaje de esperanza para esta ciudad tan gris”, es una de las variadas opiniones que se han escuchado en relación al Hecho En Casa Festival, organizado por ENTEL y que ha intervenido la capital de Chile de una manera poco convencional, llamando la atención de santiaguinos y turistas.

Y es que Hecho en Casa Fest se trata de un evento de carácter artístico emplazado en varios puntos de la capital, donde un grupo de artistas de fama mundial intervinieron la ciudad con sus imponentes obras en cinco puntos del espacio público de Santiago, dando vida a la cuarta versión de este Festival.

Los encargados de sorprender fueron los artistas Henk Hofstra (Holanda), Janet Echelman (USA), Cornelius Brown (Australia), Edgard Mûller (Alemania) y Millo (Italia).

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Primero, el martes 8 de noviembre uno de los punto neurálgico más importantes de Santiago -Plaza Italia-, amaneció con una “lluvia de huevos fritos”, que llamaron la atención de todos los transeúntes que pululaban rápidamente por el sector, camino a sus jornadas laborales. Tanto llamó la atención, que durante todo ese día hubo precisamente una “lluvia” de selfies en redes sociales con la intervención urbana.

Hofstra estuvo detrás de este acto artístico, y, según ha manifestado, tuvo como fin “convertir un espacio sordo y aburrido en miles de sonrisas. Para ser eficaz, el arte no siempre tiene que enviar un mensaje muy serio. A veces los proyectos más sencillos pueden tener un efecto enorme”.

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Esa misma jornada, a eso de las 11 de la mañana, hubo otro invitado más, y de proporciones monumentales. Y era de esperar que un “Hombre de bloques” de 20 metros de altura y ubicado al costado de la Torre Entel llamara más que la atención. Una obra construida por los australianos Cornellius Brown Collective, y que se ha mantenido saludando a los habitantes de la ciudad durante todos los días que ha durado el Hecho en Casa Fest.

Por otro lado, en el mítico Paseo Bulnes, un alemán experto en pintura de pavimentos en 3D sorprendió. Él es Edgar Müller, uno de los grandes maestros mundiales del “Arte de Pavimento en 3D”, único que cuenta con un Récord Guinnes por la pintura callejera más grande del mundo. Su obra en la capital comenzó el mismo 8 de noviembre, pero fue este sábado 12 cuando finalmente terminó su obra, sorprendiendo con una cascada inmensa, en donde todos se han querido fotografiar.  Edgar transforma el piso que sostiene construcciones y peatones en una enorme rendija de la que emergen otros mundos.

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UN MENSAJE MEDIOAMBIENTAL: CONEXIÓN MURAL

Como éste es un proyecto que busca conectar e involucrar a los ciudadanos con el arte y su ciudad, una buena manera de dar un mensaje con claros atisbos medioambientales es el que ha realizado Millo (Francesco Camillo Giorgino). Artista y arquitecto italiano, es uno de los principales exponentes del muralismo de gran tamaño a nivel mundial, y ha dejado un regalo de 160 metros cuadrados con gran valor estético en Santiago, en un muro ubicado en la esquina de calles Agustinas con Mac Iver, en el centro histórico de la ciudad.

“El árbol cortado es un símbolo de que representa el estado actual de la naturaleza. El mundo, desde un punto de vista general, está cortado. Pero para mí el mensaje es positivo, es decir, no estamos en un punto de no retorno, porque pienso que si nos damos cuenta que esto de verdad es un problema, podremos resolver la situación. Esta chica representa la próxima generación, que abraza al mundo, al árbol cortado, y que desde la muerte puede volver a nacer”, explicó el artista sobre su mural en nuestra capital (Fuente: AboutSantiago).

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Y destacó en este mismo medio que “el color es otra herramienta que tengo para subrayar un significado. Las imágenes que creo en mis murales tienen muchos niveles de lectura, por lo que puede alcanzar a distintas personas, como un niño de cinco años que ve el color y le gusta; o un señor mayor que ve el mensaje y le gusta. En el fondo, el blanco y negro para mí representa las ciudades en que vivimos, mientras que el color subraya el mensaje principal”.

Y para finalizar el circuito artístico de Hecho en Casa Festival, se presenta a los capitalinos “1,26”, intervención lumínica y sonora de la artista estadounidense Janet Echelman, pieza inspirada en el terremoto de 8,8 grados Richter que asoló el sur de Chile, redistribuyendo la masa terrestre y acelerando la rotación de la Tierra, lo que acortó la duración del día en 1,26 microsegundos.

Alex Ceball, uno de los asistentes a casi todas las intervenciones de este evento, tiene su opinión clara. “Espectacular todo. Invadan la ciudad de arte, no dejen ni un solo centímetro de cemento libre. Lo mejor que le puede pasar a la gente para mejorar su calidad de vida y que levanten la vista de sus celulares”.

ORGANIZACIÓN

Hecho en Casa es un festival de intervenciones urbanas realizado en Santiago de Chile. A lo largo de los días que dura el festival, se pone a disposición de la ciudadanía un circuito de obras gestadas y producidas por distintos artistas y colectivos, cuyas instalaciones de surrealismo didáctico interactúan tanto con la ciudad como con sus habitantes.

“Año a año, Hecho en Casa invita a comprender el entorno de la ciudad como un espacio comunicativo y abierto a una relación viva con los lugares que la gente transita y habita a diario. Así, durante el festival, el arte y la creatividad se hacen presentes de forma activa ante los ciudadanos, generando nuevos discursos y experiencias a la vez públicas y participativas. De esta forma, el festival se convierte en un acontecimiento ciudadano, que le da protagonismo a la ciudad, permitiéndoles a sus habitantes relacionarse con ella como un espectáculo urbano que invita a pensar los espacios públicos de una manera diferente”, explican sus organizadores en su página oficial de Facebook, abierto para todos quienes quieran informarse un poco más sobre este evento.

Y agregan algo fundamental: “Lo más importante: el festival Hecho en Casa es un evento gratuito, donde están todos invitados, porque la ciudad es nuestra casa.”

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