Una de las temáticas que atraviesa la producción de Sebastián Calfuqueo, siempre situada y abierta a los cruces entre distintos soportes, lenguajes y medios, es la defensa de las aguas, la biodiversidad y los territorios indígenas amenazados por la lógica predatoria del capitalismo extractivista. En Espejo de agua, instalación inaugurada en la galería Patricia Ready el 13 de octubre del 2021.

Sebastián Calfuqueo (Santiago de Chile, 1991), destacado artista visual y performer, forma parte de una nueva generación de creadores mapuche que, antecedidos por el poeta David Aniñir, han vuelto a relevar la experiencia de los mapuche urbanos como un eje fundamental de sus proyectos creativos y activismos. Desde disciplinas que trascienden lo literario y una mirada de género atenta a los feminismos indígenas y las disidencias sexuales, creadores como Daniela Catrileo, Daniela Millaleo, Camila Huenchumil, Francisco Vargas Huaiquimilla y Paula Baeza Pailamilla, entre otras y otros, convergen en la elaboración de un lugar de enunciación champurria, marcado por su condición de habitantes de la waria e hijos de la diáspora mapuche.1

Hablamos de artistas que comienzan a producir durante la postdictadura chilena, desde la década del 2010 en adelante, contexto marcado por el fortalecimiento del movimiento autonomista mapuche (Pairican 2016) y la consecuente militarización y ocupación de Wallmapu por parte del Estado chileno. De hecho, por estos días, mientras Elisa Loncon –presidenta de la Convención Constituyente– daba inicio al proceso de redacción de la nueva Constitución, en las regiones del Biobío y La Araucanía comenzaba a regir el Estado de excepción decretado por el gobierno de Piñera. Las imágenes mediáticas de los militares y sus armamentos de guerra en el sur del país son lamentables y vuelven a confirmar la falta de voluntad política para buscar solución al mal llamado “conflicto mapuche”. En este sentido, los trabajos de Calfuqueo y sus compañeros de ruta no pueden ser entendidos sin tener en cuenta el correlato histórico-político que marca el acontecer del pueblo Mapuche hoy.  

Para la activista ecofeminista Vandana Shiva, el paradigma de mercado concibe el agua como un cuerpo inerte y feminizado que puede ser objeto de colonización, explotación y comercialización.

Una de las temáticas que atraviesa la producción de Sebastián Calfuqueo, siempre situada y abierta a los cruces entre distintos soportes, lenguajes y medios, es la defensa de las aguas, la biodiversidad y los territorios indígenas amenazados por la lógica predatoria del capitalismo extractivista. En Espejo de agua, instalación inaugurada en la galería Patricia Ready el 13 de octubre del 20212, el artista mapuche pone en escena el choque entre dos culturas del agua, haciendo visible su disenso y crítica con respecto a la privatización de los “recursos hídricos” en Chile. Esta problemática, que ya había sido abordada previamente en su obra multimedial Ko ta mapungey ka (Agua también es territorio) del año 2020, adquiere una nueva impronta cuando pensamos en el debate constitucional que estamos viviendo como país y la relevancia que, sin duda, tendrá el problema del agua en este contexto de profunda transformación política y social. 

«Espejo de agua» de Sebastián Calfuqueo. 

¿Pero cuáles son esas dos culturas del agua? De acuerdo con la intelectual y activista ecofeminista Vandana Shiva en su libro Las guerras del agua, el paradigma de mercado concibe el agua como un cuerpo inerte y feminizado que puede ser objeto de colonización, explotación y comercialización, mientras que el paradigma ecológico entiende el agua como un don gratuito otorgado por la naturaleza y como un bien comunitario que debe ser cuidado y distribuido equitativamente (Shiva 2003). En el caso de Calfuqueo, el desencuentro entre ambas formas de pensar, sentir y relacionarse con este líquido vital hoy en disputa es representado desde una perspectiva enraizada en la epistemología mapuche y, al mismo tiempo, desde un posicionamiento identitario no binario y performativo afin a la materialidad fluida de las aguas. De ahí la posibilidad de pensar esta instalación como una manifestación del activismo artístico indígena reciente, que busca promover la descolonización de los saberes, los cuerpos y la naturaleza misma, pero también de la institucionalidad del arte chileno, aún marcada por prácticas clasistas y racistas.3 

En este sentido, quisiera recordar lo señalado hace unos pocos días por Aura Cumes en su conferencia Epistemologías del dominio y horizontes de vida de los pueblos originarios. Según la investigadora maya kaqchikel, el poder colonial –todavía vigente– se cimenta sobre la constitución de los pueblos indígenas como seres despojables, es decir, “como seres colectivos e individuales a quienes se nos puede quitar absolutamente todo […]. Se nos puede quitar la fuerza vital, el territorio, los bienes y nuestra vida puede ser conducida para los intereses de las elites coloniales”. Tomando en consideración dicha premisa, podemos decir que en Espejo de agua Calfuqueo elabora una estética descolonizadora y multisensorial de la resistencia que, desde la plataforma de las artes visuales, busca subvertir el despojo que está destruyendo las vidas humanas y no-humanas y poner en valor los saberes y las creencias mapuche sobre las aguas. Lo transgresor es que este gesto de lucha se realiza desde una práctica cultural abigarradamente mestiza o ch’ixi, como diría Silvia Rivera Cusicanqui (2010), en la que coexisten y se fusionan los lenguajes del arte conceptual con el arte de la cerámica, la cultura mapuche y las voces de los movimientos sociales, lo queer y la ecología. 

Detalle de uno de los bidones de cerámica de “Mercado de aguas”. 

Aguas detenidas

Al ingresar en la sala donde se exhibe la instalación Espejo de agua, lo primero sobresale es el color azul intenso presente en cada uno de los elementos que componen este trabajo. Según lo relatado por Elicura Chihuailaf en su Recado confidencial a los chilenos, el azul es un color sagrado. “En el epew-relato del origen del Pueblo mapuche, nuestros antepasados dicen que el primer Espíritu Mapuche vino desde el Azul” (32), explica el poeta. El azul, color del agua y el cielo, canal espiritual entre el mundo de abajo y el mundo de arriba, se despliega con fuerza en las dos piezas –“Mercado de aguas” y “Palabras al agua”– que integran esta obra mayor prácticamente monocromática, pero no por ello menos sugerente.  

Lo que vemos en “Mercado de aguas” son 27 bidones azules de cerámica dispuestos en el suelo con orden y simetría. En cada uno de estos objetos se leen distintas palabras tomadas del Código de Aguas de 1981, escrito en plena dictadura, texto legal que ha propiciado la actual privatización y mercantilización de las aguas en nuestro país. “Embalse de aguas”, “Cascadas”, “Derecho de aprovechamiento”, “Decreto”, “Aguadas”, “Charcas”, “Gozar”, “Lacustre”, “Extracción” y “Lluvias” son algunos de los términos sacados del código que, resituados en los botellones creados por Calfuqueo, vienen a dar cuenta de las consecuencias asociadas a la neoliberalización de los “recursos hídricos”. Las aguas, lejos de correr libres y fluidas, son detenidas, aprisionadas y comercializadas en estos recipientes o contenedores. Leer “Cascadas”, “Lluvias” o “Pantanos”, términos que nos retrotraen al carácter multiforme y creativo de las aguas, así como a los ecosistemas que emergen en sus lechos y riberas, parece un contrasentido.

Antes que la ecología queer, los pueblos indígenas ya sabían que la naturaleza no responde a parámetros sexo-genéricos binarios.

Pese a todo, el agua azul sigue brillando en las cerámicas, práctica ancestral mapuche realizada tradicionalmente por mujeres, que vuelve a juntar lo que el código ha querido separar: el agua y la tierra. Porque en nuestro país se puede ser dueño de un terreno, pero no tener acceso a las aguas que por allí pasan. En este contexto, las voces en defensa de las aguas y de los movimientos sociales se corporeizan en los bidones y las botellas situadas en unos mesones que dicen: “Código es saqueo”, “Uso público como propiedad”, “Lagos libres” y “Bienes para todes”. De esta manera, Calfuqueo polemiza explícitamente con la comercialización, especulación y lucro de las aguas en la sociedad chilena actual, resituando y resignificando estos objetos de uso cotidiano como metáforas de una lógica mercantil que cosifica y acapara un bien comunitario y vital por excelencia como el agua. Por cierto, esta metáfora también es extensiva a los camiones aljibes y las represas, otro tipo de receptáculos que nos hablan de la sequía, la injusticia hídrica y el extractivismo. 

“Palabras al agua”, de Espejo de agua.

Escuchar las voces del agua

En “Palabras al agua”, pieza situada al lado contiguo de “Mercado de aguas”, lo que observamos es un enorme río azul, confeccionado con una tela vistosa y brillante, que cae desde las alturas hasta el suelo, llena de pliegues y en movimiento. En contraste con la disposición más bien rígida de los bidones, en esta parte de la instalación Calfuqueo nos hace transitar por las orillas de un río libre, en cuyas aguas y piedras construidas también con cerámicas podemos leer mensajes como los siguientes: “No a la carretera hídrica”, “Azul es sagrado”, “Nuestros cuerpos son agua” y “No separar las aguas de la tierra”, entre otros. Además, algunas luces led de color azul iluminan el cauce y desde el interior de ciertas piedras se escuchan textos leídos por el mismo artista que nos hablan sobre la condición no binaria de las aguas: “Las aguas no reconocen sexos / Son fluidas / Se adaptan a diversos contenedores y formas / Nunca deben estar detenidas / Ni femeninas ni masculinas”. Antes que la ecología queer, los pueblos indígenas ya sabían que la naturaleza no responde a parámetros sexo-genéricos binarios y Calfuqueo encuentra en la fluidez, potencia y creatividad de las aguas un “espejo” desde el cual pensar su identidad, siempre performativa y por hacer, idea también presente en su video-performance Kowkülen (Ser líquido) del 2020.

Así, y en coherencia con la epistemología mapuche, el agua se nos presenta en este trabajo multisensorial como una entidad viva y sagrada, habitada por espíritus, ancestros y múltiples seres vivientes, que nos invitan a establecer una relación de reciprocidad y respeto con la naturaleza y a tomar consciencia sobre la necesidad urgente de cuidar el agua. Esto significa tomar una posición política y hacer frente a la cultura mercantil del agua, capaz de producir sequía donde antes había abundancia. Pensemos, por ejemplo, en la carretera hídrica mencionada en la obra de Calfuqueo. Al igual como en su momento la empresa Barrick Gold propuso remover los glaciares del Valle del Huasco para construir Pascua Lama, este proyecto busca trasvasar las aguas del río Biobío hacia el centro y norte de Chile, zonas donde la industria minera y agrícola no han hecho más que incrementar la escasez hídrica que afecta, principalmente, a las comunidades locales.  

Desde esta perspectiva, “Palabras al agua” puede ser leída como una invitación a descolonizar nuestros sentidos con el propósito de aprender a escuchar las voces antiguas y presentes que cohabitan en las aguas. Porque aquí no solo se hacen escuchar las palabras de los ancestros, sino también de los activistas y los movimientos sociales actuales que luchan por la liberación, desprivatización y/o cuidado de los ríos, humedales, glaciares y mares. Ya lo decía la poeta y artista chilena Cecilia Vicuña en uno de los materiales escritos de su obra multimedial Quipu menstrual, del año 2006: “Un lugar es un sonido, y una forma de oirlo”. Las aguas y sus defensores –muchos de ellos criminalizados y perseguidos por el Estado de Chile– tienen algo que decirnos y la obra de Calfuqueo, Espejo de agua, nos convoca a escucharlos.  

Notas a pie

Lo champurria –en español mestizo– es un concepto que emerge desde el mismo pensamiento mapuche y que ha sido trabajado por Adriana Paredes Pinda, Carla Llamunao, Daniela Catrileo, Javier Milanca y el mismo Calfuqueo, entre otros, como un lugar vital y creativo intersticial desde el cual pensar las identidades mapuche y las consecuencias de la migración desde Wallmapu a la ciudad.

2 En esta misma instancia también se inauguró Esporas de Calfuqueo, trabajo mutilmedial que pone su centro en la performatividad y trangresión del cuerpo no binario enraizado en el mundo fungi, los bosques y las aguas.  

3 Sobre el racismo y el clasismo del circuito artístico chileno, ver la entrevista a Calfuqueo publicada en Palabra Pública.

Referencias bibliográficas

Calfuqueo, Sebastián. Espejo de agua. Galería Patricia Ready, 2021. [Instalación]

Chihuailaf, Elicura. Recado confidencial a los chilenos. Santiago: LOM, 2012.

Cumes, Aura. Epistemologías del dominio y horizontes de vida de los pueblos originarios. 21 oct. 2021. Ciclo Vivir y Pensar la Coexistencia, Universidad Adolfo Ibáñez, vía Zoom. [Conferencia]

Pairicán, Fernando. Malon. La rebelión del movimiento mapuche 1990-2013. Pehuén, 2014.

Rivera Cusicanqui, Silvia. Ch’ixinakax Utxiwa: una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores. Buenos Aires: Tinta Limón, 2010.

Shiva, Vandana. Las guerras del agua. Privatización, contaminación y lucro. Traducido por Susana Guardado. México, Argentina: Siglo XXI, 2003. 

Vicuña, Cecilia. “Respuesta a Pascua Lama”. Cecilia Vicuña. 2006. http://www.ceciliavicuna.org/esp_poema.htm

Imagen de portada: Detalle de la obra “Palabras al agua”, de Espejo de agua

Crédito fotografías: © María José Barros

Acerca de la Autora:

María José Barros es Doctora en Literatura PUC y profesora de la Universidad Adolfo Ibáñez. Se ha especializado en poesía mapuche y chilena reciente y actualmente desarrolla una investigación Fondecyt sobre mujeres, activismos y descolonización. Además, forma parte del Colectivo Recados Verdes, donde trabaja en torno a los discursos literarios y artísticos por la defensa de las aguas.

Si somos observadores atentos en la cotidianidad de nuestra contemplación, observaremos a los seres vivos habitando un entorno o medio que es coherente con ellos, pero que nos aparece como si fuese independiente, pensamos que el medio está por un lado y los seres vivos por otro.

Pensamos que la mayoría de las personas se atreverían a decir que la naturaleza expresada en sus diferentes modos de vida y relaciones son algo maravilloso, diverso, de hecho, muchas veces decimos ante su rica variedad de estructuras, formas y procesos que parece reflejar una sabiduría que añoramos. Más aún, cuando contemplamos el mundo natural y apreciamos las diferentes formas de vivir, que se expresan en dinámicas como la reproducción, estructuras fenotípicas, como sus tamaños, colores, olores, etc… estas se muestran extraordinarias para quien las sabe ver. 

El mundo natural tiene diferentes formas de vivir, que se expresan en dinámicas y estructuras fenotípicas, características que son coherentes con el entorno en el que viven. © Alex Blajan.

Si somos observadores, atentos en la cotidianidad de nuestra contemplación, observaremos a los seres vivos habitando un entorno o medio que es coherente con ellos, pero que nos aparece como si fuese independiente, pensamos que el medio está por un lado y los seres vivos por otro. Esto parece ser así para nosotros quienes podemos contemplarlos sin estar conscientes de nuestra mirada cultural la cual no nos deja ver que esa coherencia entre sistemas aparentemente independientes o separados es el resultado de una historia de transformaciones conjuntas lo que nos permitiría entender por qué son cómo son o cómo es que actúan de tal o cual manera.

«Si somos observadores, atentos en la cotidianidad de nuestra contemplación, observaremos a los seres vivos habitando un entorno o medio que es coherente con ellos, pero que nos aparece como si fuese independiente, pensamos que el medio está por un lado y los seres vivos por otro»

Por esta razón, la primera invitación que queremos hacer es a incorporar la historia de transformación que los organismos vivimos desde que somos seres vivos. La segunda invitación que hacemos es a entender que los seres vivos no habitan en un vacío, sino que habitan en un nicho que hace posible su existencia como tales.

En biología a la historia de transformación se le llama filogenia y ontogenia. Filogenia hace referencia a las transformaciones que sufre un grupo de individuos de forma transgeneracional, en tanto la ontogenia hace referencia a la historia de transformaciones del vivir individual de cada organismo desde su concepción.

Ahora bien, respecto al nicho que hace posible la existencia de los seres vivos, hay dos biólogos clásicos que nos indican que hay que mirar a los organismos con otros ojos. Por una parte, Richard Lewontain que nos propone desde comienzos del siglo pasado que los organismos no se adaptan pasivamente al medio sino que lo modifican, de hecho es de los primero científicos en apuntar a lo que luego se denominará como la teoría de la construcción del nicho (John Odling-Smeem, 1988). Lewontin nos propone: “El organismo influye en su propia evolución, al ser tanto el objeto de la selección natural como el creador de las condiciones de esa selección” (Levins y Lewontin 1985). Por otra parte, el biólogo chileno Humberto Maturana nos describe la relación organismo-medio como la unidad ecológica organismo-nicho (Maturana et al., 2018). Nos dice que los organismos constituyen una relación unitaria de existencia con su nicho, y con su conducta generan el espacio o el nicho en el que habitan el cual no pre-existe. 

Hay sutilezas y fundamentos más o menos diferentes, pero hay una intuición y entendimiento a la base, el espacio o nicho de cada ser vivo depende de la conducta del ser vivo principalmente. Podemos mirar un poco más en profundidad la idea del nicho en los siguientes ejemplos: aunque parezca difícil de comprender, cuando usted lee (en este momento) está generando el espacio en el que vive, ¿como? para entender estas palabras usted debe saber leer, algo obvio pero que frecuentemente no le tomamos el peso en tanto es una historia de transformación que lo hace posible. Además, se encuentra viviendo un presente personal, social y cultural determinado. Entonces, con la conducta de lectura usted da sentido a las palabras, es decir, la acción de leer constituye lo leído en el momento que las lee. 

Veamos otra parte de su nicho o espacio, por ejemplo, la dimensión de ser trabajador en una organización para obtener los medios económicos que le permitan subsistir a partir del intercambio que ocurre en la medida que usted se compromete a realizar con su conducta alguna actividad que conlleva una paga. En ese momento usted se transforma en trabajador de tal o cual organización. Es decir, de nuevo con su conducta (con lo que hace) usted genera su espacio. No queremos decir que se hace arbitrariamente o de cualquier manera, sino que surge en relación con las características del medio que habitamos y con las características fisiológicas del ser vivo.

En el ejemplo de la lectura, una persona que sea ciega de visión no podrá leer de esta forma, sino que debe conductualmente aprender otro hacer (sistema braille de lectura) para generar el espacio de lectura. De este modo lo relevante en la generación de los espacios y nichos son tanto la estructura del medio como la conducta y estructura del ser vivo y la naturaleza del encuentro. Un ejemplo muy claro de esto lo podemos apreciar también en las aves. Pensemos en una paloma o un zorzal que están muy habituadas a los seres humanos, pero no así un tijeral, un yal o un cachudito que podemos describirlos como especies muy tímidas. Tanto así que las vemos o conocemos mucho menos. Entonces frente al estímulo del medio (ruido o seres humanos, etc.) las aves se conducen de distinto modo. El medio no les dice cómo operar sino que desencadena desde la relación de encuentro y de la historia de cada especie, cambios en la fisiología de cada ave y por consiguiente de su conducta. Los nichos ecológicos de ambas aves surgen desde la conducta de ellas mismas y el medio o los estímulos constituyen encuentros que modulan la conducta y generan la posibilidad de transformación del organismo o ,más bien, de su unidad ecológica organismo-nicho, o en otras palabras, genera la posibilidad del espacio en el que viven. 

Las palomas están muy habituadas a los seres humanos, pero no así un tijeral, un yal o un cachudito. Los nichos ecológicos de ambas aves surgen desde la conducta de ellas mismas y el medio o los estímulos constituyen encuentros que generan la posibilidad del espacio en el que viven. © Shaquon Gibson.

¿Qué tiene que ver esto con la arquitectura? y ¿por qué es relevante para los seres humanos? Nosotros olvidamos muchas veces que somos seres vivos, por lo tanto también generamos nichos ecológicos y espacios, que surgen con nuestras relaciones e interacciones con el medio ambiente. Esto es particularmente relevante, para el concepto del uso o habitabilidad de los espacios y su diseño. Un diseñador, ya sea arquitecto u otra persona, lo que hace es imaginar coherencias desde su experiencia de diseño y/o habitabilidad, que pueden calzar con lo que otras personas pueden considerar como adecuado. Por lo tanto, lo que hace una persona que diseña es brindar ámbitos de posibilidad de cambio de la conducta de la persona y por cierto de su fisiología. Pensemos, por ejemplo, en departamentos pequeños como los que se diseñan ahora, ¿podría afectar nuestra fisiología y conducta?  la respuesta es sí. En el documental de la BBC llamado The Secret life of building, se muestra cómo el espacio constructivo nos modifica y afecta nuestra salud mental y fisiológica. En otras palabras, la experiencia de habitabilidad (comodidad, intimidad, etc.) desde un diseño inicial modifica nuestra conducta, y lo hace desde la relación de las personas con la generación del espacio en el que viven. 

¿Cómo tendría que ser el espacio de diseño para que modifique de forma armónica nuestra conducta humana? Para esto debemos mirar nuestra historia como seres humanos. Sucintamente diremos que somos seres primates sociales, nómadas en principio, luego agricultores. Nuestro entorno por miles de años se resume en vivir en grupos pequeños en donde la abundancia, la colaboración y el compartir han sido fundamentales (para mas detalle ver, Tomasello , 2014, Maturana et al., 2016) por lo tanto la pregunta que nos parece relevante es ¿podría el diseño (diseñadores) actual dejar fuera nuestra historia? Pensamos que si queremos ser coherentes con nuestro vivir y convivir histórico, la respuesta es no. 

Procesos de co-diseño terminados. © CITIC.

Por otra parte, el nicho humano se relaciona con el modo de vida que cada persona genera (o en grupo), y que en estricto rigor depende del modo de conversar. Por conversar entenderemos el fluir de la conducta en una continua coordinación de nuestras acciones y emociones, que es además, el mecanismo de generación de los mundo que vivimos los seres humanos (para más detalle ver Maturana et al., 2016). Entonces el nicho humano generado depende de cómo conversemos (distinto de hablar) por consiguiente en otro ámbito más específico no basta que el diseño entienda la filogenia humana, sino que su ontogenia humana, esto es, los cambios que habitamos dada las conversaciones que conservamos en nuestra convivencia. En este sentido, la persona que propone un diseño debe entender el mundo (las conversaciones) de las personas para las cuales diseña. Y el entendimiento solo puede darse en una coderiva, en un encuentro social que solo es posible desde el amar (Maturana y Dávila 2015). Esto no será un diseño, sino un co-diseño. En otras palabras, el codiseño como una acción revela el nicho cultural que se habita incorporándolo a la propuesta estructural que modifica el medio desde una perspectiva que toma en cuenta la generación de mundo entre las personas que lo habitan y que pueden verlo en un conversar reflexivo porque pertenecen a él. Un proyecto común (y el codiseño lo es) solo es posible en un espacio social y solo podemos colaborar si hemos podido co-inspirar un proyecto común en torno al cual colaborar como resultar espontáneo de nuestra convivencia social.         

Desde esta perspectiva, si queremos armonizar el vivir humano y todo el amplio espectro de su convivencia desde las dos invitaciones que hicimos al comienzo, el co-diseño de los espacios humanos se transforma en rigor y por defecto en  una transformación cultural de los espacios colaborativos que habitamos. Es de esta manera que los seres humanos, que, en tanto seres vivos, somos arquitecturas dinámicas moleculares, podemos vivir arquitecturas relacionales y estructurales que nacerán armónicas con la biosfera a la que en definitiva pertenecemos porque nuestra existencia no es posible sin ella. Sin co-diseño tal arquitectura es entonces imposible.

El co-diseño de los espacios humanos se transforma en rigor y por defecto en  una transformación cultural de los espacios colaborativos que habitamos. Es de esta manera que los seres humanos, que, en tanto seres vivos, somos arquitecturas dinámicas moleculares, podemos vivir arquitecturas relacionales y estructurales que nacerán armónicas con la biosfera a la que en definitiva pertenecemos porque nuestra existencia no es posible sin ella.

Procesos de co-diseño terminados. © CITIC.

Referencias

Odling-Smee, F. J. (1988). «Niche constructing phenotypes». In Plotkin, H. C. (ed.). The Role of Behavior in Evolution. Cambridge (MA): MIT Press. pp. 73–132.

Levins R, Lewontin RC. (1985). The Dialectical Biologist. Cambridge: Harvard University Press

Maturana R., H., Dávila Yáñez, X. & Ramírez Muñoz, S. (2016). Cultural-Biology: Systemic Consequences of Our Evolutionary Natural Drift as Molecular Autopoietic Systems. Found Sci 21, 631–678 https://doi.org/10.1007/s10699-015-9431-1

Maturana Romesín, H. y Dávila Yáñez, X. (2015). El árbol del vivir. Santiago, Chile: MVP Comunicación S.P.A.
Tomasello M. (2014). The ultra-social animal. European journal of social psychology44(3), 187–194. https://doi.org/10.1002/ejsp.2015

Sobre los Autores:

CITIC co-diseña espacios como ecosistemas capaces de regenerar una cultura colaborativa cuidando el bienestar, con las personas que desean habitar comunidades y organizaciones en armonía con la biosfera a la que pertenecemos. Promovemos así un desarrollo ético y estético de todo el potencial innovador que los seres humanos podemos alcanzar cuando vivimos en espacios inspiradores que podemos construir de manera inclusiva, dejando aparecer nuestra unidad con el mundo natural, dotándolos de las condiciones relacionales y tecnológicas que faciliten el encuentro, la confianza, la colaboración y la co-inspiración en un proyecto común, que haga posible cumplir nuestro propósito personal y colectivo, simplemente dejando aparecer lo que toda organización es: una comunidad humana.

Imagen de portada: © Sigmund by Unsplash.

En las historias que contamos está implicado mucho más que las palabras que usamos. Los relatos traen consigo la huella de procesos extensos y, tal como los minerales, pueden fosilizarse, agrietarse, estremecerse, derrumbarse o sedimentarse. En la era de los medios, de las pantallas, de los memes y la animación, sostenidos por la potencia antigua de los minerales, aún es posible vivir y crear experiencias de conexión no extractivistas, propias de los relatos del Antropoceno. Te invitamos a repasar dos casos en que la animación digital, constituye una forma de validar el ánima de todo lo que existe para conectar con ello siendo humanos: el videojuego Everything y la video animación 3D Mapu Kufüll.

Artes y ciencias extractivistas

Comúnmente, cuando se piensa en prácticas extractivistas, se les asocia a un utilitarismo desequilibrado del medio ambiente a conveniencia humana. Sin embargo, también es posible que ciertas prácticas desde las artes y las ciencias puedan incurrir, aunque de formas menos evidentes, en el aprovechamiento de la naturaleza. Tal puede ser el caso de quienes viajan a un territorio, investigan o desarrollan un proceso creativo de paso, sin una vinculación o intercambio hacia el lugar, como si se tratara de algo inerte. Pueden existir formas falsas de compromiso con esos territorios, que deriven en la extracción inmaterial, de experiencias de apreciación que no impliquen respeto, gratitud o cariño hacia las formas de vida que lo constituyen. Esa suele ser la tónica en que se opera transversalmente en el Antropoceno; no obstante, existen también otras prácticas artísticas, científicas y espirituales que se contraponen a la norma, como ocurre más evidentemente en comunidades indígenas, desde el budismo o, incluso, desde el uso de las imágenes en los nuevos medios.

En memes como este opera el cuestionamiento acerca de lo que es ser humano y del peso de discursos alienantes.

Relatos de una era equivocada ¿O una era de relatos equívocos?

A propósito de la comunicación digital, en la vertiginosidad de las redes sociales tejido de información que parece disiparse en el aire, pero con anclaje en la versatilidad de los minerales circulan memes con el texto “I was born in the wrong era”, acompañado por una ilustración referente al periodo Cámbrico. Sin duda, es una forma hiperbólica de referirse a haber nacido en una década o una generación equivocada, al no sentir afinidad por la época en que se vive. Con este recurso se apela a la identificación de las personas con formas de vida no humanas, con un tiempo idealizado; lejanísimo al Antropoceno. Eran tiempos de erupciones, gases, formaciones geológicas: el ambiente propicio para la simbiogénesis, la evolución, la complejización de organismos pluricelulares.

Este meme apunta a la añoranza de un tiempo antiguo, un tiempo previo al lenguaje, previo al Antropoceno, es decir, al prolongado periodo geológico durante el que los seres humanos hemos empleado el planeta desbordadamente bajo una justificación energética/económica. Esta instrumentalización de los ecosistemas se caracteriza por prácticas extractivistas, incluso evidente desde usos lingüísticos como ‘recursos’ a discursos más complejos como la ingeniería y otras ciencias; al mismo tiempo en que supone el recorte y diferenciación de lo humano respecto de las otras formas de vida. 

En memes como este opera el cuestionamiento acerca de lo que es ser humano y del peso de discursos alienantes. En las historias que contamos está implicado mucho más que las palabras que usamos. Ellas cuentan las historias de los medios y la mediación, de la materialidad y la Tierra. “Los relatos mismos son de una escala de duraciones geológicas en principio demasiado lentas como para que podamos aprehenderlas”, como señala Jussi Parikka [2020]. 

Los relatos, entonces, traen consigo la huella de procesos extensos y, tal como los minerales, pueden fosilizarse, agrietarse, estremecerse, derrumbarse o sedimentarse. © Dan Meyers.

Regenerar el recorte

Los relatos, entonces, traen consigo la huella de procesos extensos y, tal como los minerales, pueden fosilizarse, agrietarse, estremecerse, derrumbarse o sedimentarse. Una mecánica lenta que se acelera con los medios. En tanto cada lengua implica un recorte, un modo de experimentar la realidad, los humanos tendemos a desvincularnos de las otras formas de vida mediante los relatos que instauramos. De todos modos, existen formas de lograr una convivencia armónica y una conexión con otras formas de vida en esta era, que derivan por efecto de la fusión disciplinar, por ejemplo. Así, las disciplinas o los relatos de los que estas se sirven, si bien son funcionales y culturales, son obsoletos por sí solos.

En la era de los medios, de las pantallas, de los memes y la animación, sostenidos por la potencia antigua de los minerales, aún es posible vivir y crear experiencias de conexión no extractivistas. A continuación, invito al repaso de dos casos en que la animación digital, constituye una forma de validar el ánima de todo lo que existe para conectar con ello siendo humanos: el videojuego Everything y la video animación 3D Mapu Kufüll.

«Existen formas de lograr una convivencia armónica y una conexión con otras formas de vida en esta era, que derivan por efecto de la fusión disciplinar, por ejemplo. Así, las disciplinas o los relatos de los que estas se sirven, si bien son funcionales y culturales, son obsoletos por sí solos».

Everything: juego de escalas para ser-con-todo

Hace un tiempo me encontré con Everything, un videojuego indie de mundo abierto con un bello contenido filosófico, creado por el artista irlandés David OReilly (2017). Se trata de una simulación del universo que permite la exploración más allá de la linealidad de la narrativa sin centrarse en un objetivo. Sin embargo, también existe la posibilidad de dejar los controles en descanso hasta que el juego se reproduzca como un documental por sí solo, lo que se conoce como modalidad autoplay

Everything es una simulación interactiva de la naturaleza creado por el artista irlandés David OReilly (2017). © Everything.

En esta experiencia se inicia interactuando con el entorno desde la perspectiva de un cerdo que puede avanzar con una mecánica poco orgánica, como una especie de advertencia desde el humor acerca de cómo nuestro universo conocido se irá desconfigurando a medida que se explora el juego. Esta criatura inicial permite entrenar a quien juega en funcionalidades como la emisión de un sonido para convocar a otras criaturas de su misma especie, como unirse a ellas y avanzar en conjunto. Estas mismas funcionalidades se repiten a toda escala, incluso si no se trata de seres vivos. Se puede ser desde un cerdo, un hongo, un bosque de algas kelp hasta un cúmulo de rocas, mutar desde una isla hasta una galaxia, pasando por pirámides y cúmulos de desechos. A su vez, cada ciertos trechos, aparecen luces en el entorno que permiten la reproducción de discursos del filósofo Alan Watts, quien se dedicó al estudio y divulgación de filosofías orientales como el budismo, principalmente.

Por lo tanto, en Everything existe la posibilidad de ser-con-todo, con lo desafiante que puede ser graficar esta pretensión. Una experiencia panteísta lúdica mediante juegos de escalas en que se reconoce el ánima en todo, incluso de una forma en que los jugadores podrían no haberlo siquiera imaginado antes, guiado por audios de discursos de Watts y con la posibilidad de controlar o soltar el control para explorar.

Mapu Kufüll: resonancia del cuidado de lo diminuto

Recuerdo en este punto un referente local de creación medial: Mapu Kufüll, un video de animación 3D dirigido y editado por el artista mapuche Sebastián Calfuqueo (2020), en el que se relata en mapuzungun la resistencia y la recolección de los ‘mariscos de tierra’ (hongos) en las comunidades mapuche. Este proceso, según se narra, implica el recorrido del bosque con conciencia territorial y el cuidado mediante el gesto de recolección, como no extraer todos los cuerpos fructíferos y dejar caer las esporas por el camino. Estas son formas de küme mongen de buen vivir, o de equilibrio y cuidado de los humanos entre sí, como gente de la tierra, y con todo lo que existe que se aplican a todas las formas de vida que habitan y que constituyen a la mapu

Mapu Kufüll es una animación 3D dirigido y editado por el artista mapuche Sebastián Calfuqueo (2020) © Sebastián Calfuqueo.

Es, entonces, en el gesto de atención hacia una forma de vida pequeña como un hongo que también se manifiesta el cuidado del territorio como parte de un todo. Un todo en que también está implicada la gente, la lengua, sus saberes, lo que se reconoce en la cultura como itrofill mongen. Elicura Chihuailaf señala: “Para nuestras comunidades, este concepto es al mismo tiempo la biodiversidad y la biosfera, sin limitarse solo a consideraciones de orden natural. Así, el concepto es también el medio ambiente comprendido en sus dimensiones físicas, sociales y culturales” (2015).

En síntesis, este concepto congrega a todas las formas de vida existentes y sus manifestaciones materiales e inmateriales, a diferencia de otras lenguas y sus respectivos usos lingüísticos, como el español, que desvinculan a los humanos de su intrínseca e innegable relación con la naturaleza y más. De este modo, en el caso de Mapu Kufüll, se recupera y recalca la importancia de prácticas cariñosas con las otras formas de vida mediante el relato y la animación digital, en especial para quienes se encuentran lejos de estos saberes por diversas razones.

Ser-con-todo

En suma, tanto Everything como Mapu Kufüll se valen de la animación digital para enfatizar nuestra vinculación con todo lo que existe. Ambos operan, más allá de las posibles preguntas o cuestionamientos acerca de sus categorizaciones, como artefactos de preguntas frente a nuestro ser recortado del resto, frente a los modos en que habitamos, como una especie de versión beta del Antropoceno. Y es en esta identificación del Antropoceno como relato que se torna posible dilucidar prácticas que lo interfieran y estructuren formas alternas, espacios de fuga virtual, de resistencia, de ampliación, de sacudida discursiva, o como se le quiera llamar.

Son estas dos experiencias de animación estímulos para reconocer el ánima en todo lo que existe y que, al valerse de juegos de escala e interactividad, consiguen remecer el foco más allá de lo humano, ya sea hacia lo diminuto o hacia lo enorme, como recordatorio acerca de nuestra pertenencia profunda al ser-con-todo, por ejemplo, mediante el principio del buen vivir. No hay que desatender a la potencia de diversos formatos de imagentexto virtual, al cabo que en nuestras pantallas se ejecuta una parte significativa de nuestros afectos, conexiones y temporalidades.

Fuentes

Calfuqueo, Sebastián. Mapu Küfull (Land seafood), (2020).

Chihuailaf, Elicura. Recado confidencial a los chilenos. Santiago: LOM, 2015.

Mitchell, W.J.T. Teoría de la imagen. Madrid: Akal, 2009.

O’Reilly, David. Everything (2017). 

Parikka, Jussi. Una geología de los medios. Buenos Aires, Caja Negra, 2020.

Imagen de portada: captura de pantalla de Mapu Küfull. © Sebastián Calfuqueo

Sobre la Autora: 

Valentina Paillaleve. Licenciada en Letras Hispánicas, especializada en Semiótica y diplomada en Museología crítica. Es artista, editora general de Revista Zánganos, mediadora artística y de la lectura. Investiga los cruces entre el mundo vegetal, fungi y las artes mediales.

El Color en la naturaleza

Existen registros muy tempranos en la historia de la humanidad, desde Aristóteles, donde el color ha sido fuente de estudio e inspiración, ya sea tanto en la explicación de su origen, como en su formación y función, lo que ha llevado a los seres humanos a desarrollar diversas áreas de estudio específicas en relación a éste, dentro de las cuales destaca la psicología del color que analiza cómo percibimos y nos comportamos ante los distintos colores que existen. 
contrar en el Jardín Lois en Ritoque © wingsfromsouth.

En la naturaleza, los seres vivos animales —no humanos— y vegetales presentan colores que toman relevancia en aspectos del ciclo natural como la apariencia de los organismos y su capacidad de visualizarlos. La biología nos ha enseñado que los colores que presentan los animales y plantas son el resultado de su evolución y adaptación al medio, dependiendo de lo práctico que les resulten para su dura lucha por la supervivencia.

Los colores de algunos insectos, como las avispas, advierten a sus potenciales depredadores que son peligrosas, con lo cual aumentan la probabilidad de supervivencia. En la imagen una avispa alfarera de montaña (Hypodynerus humeralis). © wingsfromsouth.

En la naturaleza el color es percibido por el sistema nervioso de los animales que, gracias a las células fotorreceptoras llamadas “conos” ubicadas en la retina de los ojos, y gracias a otros sistemas que reciben la luz, interpretan las distintas tonalidades (longitudes de onda) que, dependiendo de la especie, les asignarán un color y tono en particular. En otras palabras, el color es la impresión producida por un tono de luz en los órganos visuales, y como no todas las especies percibimos estos estímulos de la misma manera, no todos podemos ver la misma gama de colores. Por ejemplo, hay especies que solo perciben dos colores (blanco y negro), otros que perciben la mezclas de tres (o visión tricromática, como es el caso de los seres humanos), otros como las aves rapaces son capaces de ver hasta cuatro colores (visión tetracromática) y las abejas son incluso capaces de distinguir la gama de los colores ultravioleta que las dirigen directamente hacia el polen y el néctar. 

Un ejemplo del patrón y los colores que tiene aves tan comunes de observar como los cormoranes. En la imagen un Cormorán Lile (Phalacrocorax gaimardi). © wingsfromsouth.

Como se podrán imaginar, los colores en la naturaleza tienen una gran importancia en la supervivencia ya que apuntan a dificultar el ataque y evitar la depredación, pero también son fundamentales para ciertas funciones biológicas como la selección sexual, el camuflaje, la comunicación, regulación de la temperatura y, entre otros, el aposematismo. Este último tiene que ver con  los rasgos llamativos de algunas especies para alejar a sus depredadores como, por ejemplo, la serpiente de coral, una de las más venenosas del mundo y cuyas bandas rojas, amarillas y negras son una invitación directa a otros animales a mantenerse a una distancia prudente. El camuflaje, digno de mencionarse, permite a un animal permanecer “oculto a la vista” y algunos animales utilizan el color para desviar los ataques confundiendo a un depredador, por ejemplo, con manchas que simulan ser ojos o destellos de color. 

El patrón ocular en las alas de esta especie aumenta su probabilidad de vida al confundir a sus potenciales depredadores. Cuncuna del pino (Ormiscodes cinnamomea). © wingsfromsouth.

Las señales visuales son parte del comportamiento de los seres vivos y consisten en una forma de comunicación que implica generalmente la interacción entre la apariencia, la coloración y el patrón de coloración de los organismos y la visión, especialmente la percepción del color. Por ejemplo, en las plantas el color floral y frutal juega un papel clave como señal visual y es de gran importancia en las interacciones planta-polinizador

El colorido del macho de la mariposa de la alfalfa (Colias vauthierii) es uno de los dimorfismos sexuales más evidentes dentro de las especies de mariposas que habitan Chile. © wingsfromsouth.

En 1667 Isaac Newton descubrió que al pasar un haz de luz blanca (rayo de sol) por un prisma de cristal, éste se descomponía en los colores del arcoíris. Pero ¿cuántos colores existen? No lo sabemos con certeza, ya que va a depender de la capacidad de cada especie para visualizarlos, tal como se ha señalado antes. Sin embargo, sí se puede indicar que existen los colores primarios que son el rojo, azul y amarillo y que superpuestos originan al resto de los colores o colores secundarios. 

El rojo intenso de esta loica macho (Sturnella loyca) origina una mayor probabilidad de atraer a las hembras y por tanto una mayor tasa de éxito en la reproducción. © wingsfromsouth.

Cuando hablamos de los colores en la naturaleza, no podemos dejar de mencionar la forma en la cual se presentan, es decir, los patrones o modelos. Por ejemplo, las rayas en las cebras y las manchas en los leopardos por mencionar algunos de los más conocidos. Ambos complementados; colores y patrones, permiten deleitarnos con los inusuales,  variados y alucinantes ejemplos con los cuales nos podemos encontrar en nuestro entorno cercano. En Chile, por supuesto también existe una amplia gama de colores y patrones en la naturaleza que generan una relación dinámica con el entorno para permitir de esa manera las funciones biológicas que éstos desarrollan. 

Aunque el patrón y colorido de los machos de la lagartija esbelta (Liolaemus tenuis) pueden variar según la latitud en que se encuentren, la intensidad que presentan no dejan indiferente a nadie que las observe. © wingsfromsouth.

Los colores iridiscentes también se hacen presente en la naturaleza, especialmente visibles en aves, insectos y peces. La irisdiscencia es un fenómeno óptico por el cual el color que presenta una superficie varía en base al ángulo del observador. Mientras algunos seres vivos son difíciles  de ver por sus colores opacos ya que se mimetizan con el entorno, o simplemente carecen de éstos (albinismo), con la iridiscencia las alas de algunos insectos o aves como algunos picaflores y pavos reales destacan justamente por lo contrario, por sus colores llamativos y brillantes.

El negro tornasol o negro azulado del mirlo (Molothrus bonariensis), es una ejemplo de iridiscencia bastante fácil de observar en las ciudades y campos de Chile. © wingsfromsouth.

Otro aspecto destacable en la naturaleza, es que la coloración en los seres vivos es un proceso dinámico, lo cual quiere decir que muchos animales pueden cambiar de apariencia con el tiempo, desde insectos, crustáceos, peces, hasta reptiles y anfibios, en unos casos cambian durante el ciclo de vida (metamorfosis), en otros con las estaciones o por efectos del ambiente. 

«¿Cuántos colores existen? No lo sabemos con certeza, ya que va a depender de la capacidad de cada especie para visualizarlos»

Existen innumerables ejemplos de la paleta cromática en nuestra naturaleza, en este artículo les traemos sólo algunos de éstos, muchas veces desapercibidos por nosotros hasta que nos encontramos frente a frente con ellos y nos maravillamos, dándonos cuenta de que siempre estuvo esa gama y patrón de colores entre nosotros.

El color en la naturaleza ha servido durante siglos como inspiración en las artes, la arquitectura, la moda y el diseño por mencionar algunos. Lamentablemente, la acción antropogénica, así como ha aprovechado y copiado los ejemplos de patrones y colores del mundo natural, también ha pintado el planeta de tonos deslavados debido, por ejemplo, a la contaminación.

¡Te invitamos a observar, descubrir, disfrutar y cuidar la infinita gama de colores en nuestra naturaleza!

Sobre los autores

Gabriela Espejo y Juan Sebastián Espejo son dos hermanos amantes de la naturaleza, que han reunido sus experiencias profesionales para dedicar parte de su tiempo en la difusión del cuidado del entorno; Juan Sebastián es arquitecto y Gabriela es veterinaria. Juntos han desarrollado y concretado proyectos audiovisuales, fotográficos y artículos escritos sobre el maravilloso Chile natural que nos rodea. Les encanta hacer trekking y quedarse horas en un mismo lugar, observando y escuchando al entorno, para finalmente elaborar material educativo y de calidad.

Imagen de Portada: Cometocino de Gay (Phrygilus gayi). © wingsfromsouth.

Especial Ecofeminismo: Mujeres en la ciencia

Por mucho tiempo fueron pocas las mujeres que tuvieron acceso al conocimiento y la educación formal. De hecho, su presencia estaba prohibida en las aulas de las primeras universidades, y cuando finalmente fueron aceptadas a partir del siglo XIX en estas instituciones, se encontraron con múltiples trabas a la hora del ejercicio de su profesión, principalmente por el rechazo de sus pares masculinos. Asimismo, no son pocos los casos de científicas que, a pesar de haber contribuido de manera crucial en investigaciones galardonadas con premios Nobel, no fueron reconocidas. Las mujeres dedicadas a la ciencia han sido subestimadas, ignoradas, rechazadas y violentadas, e incluso, aun más grave, se ha utilizado a la misma ciencia, que se supone que nos debe acercar a la verdad, como excusa para este comportamiento al esgrimirse argumentos científicos para ser consideradas seres inferiores.

Existen antecedentes en la historia antigua de mujeres altamente destacadas como alquimistas (María la Judía), matemáticas (Téano de Crotona) o médicas (Peseshet), pero de manera tristemente simbólica el trágico asesinato de Hipatia de Alejandría a manos de una turba de cristianos marca el fin de una era donde las mujeres dedicadas a la investigación sí fueron valoradas1. Hipatia fue la última científica pagana del mundo antiguo. Su muerte coincide con el fin del Imperio Romano y el inicio de la Edad Media, periodo a partir del cual las mujeres que se dedicaban a estas actividades fueron tachadas de brujas, perseguidas y ejecutadas.

Evolución con enfoque de género

Podríamos decir que, en el mundo occidental, existen dos grandes corrientes que explican el origen del ser humano. Una tiene que ver con la creencia religiosa a través del creacionismo; y la otra con la ciencia vía el evolucionismo. Existen varias interpretaciones a estas; sin embargo ambas posturas han planteado que la mujer es inferior al hombre. 

No solo la religión ha afectado el rol de la mujer en la sociedad, sino que la ciencia también ha sido responsable de esto. Así, la célebre “teoría de la evolución de las especies”, propuesta por Charles Darwin, tiene un profundo sesgo sexista. En su libro El origen del hombre (1871), escrito doce años después de El origen de las especies, el naturalista inglés plantea la superioridad del hombre sobre la mujer basada en los roles que habrían cumplido ambos sexos en un escenario prehistórico2

La función del hombre habría sido cazar y proteger a las mujeres y sus crías, lo que suponía una actividad peligrosa y de alta coordinación que habría generado el desarrollo de la inteligencia (del varón, no de la mujer). La mujer habría tenido un rol pasivo en este proceso, el cual habría sido solo reproductivo y doméstico, lo que no requería gran capacidad cognitiva, ya que eran funciones meramente físicas. De esta manera, el hombre habría desarrollado facultades mentales y físicas superiores, mientras que la mujer habría quedado estancada en características propias de una raza inferior, como la intuición y la emocionalidad3.

Así, las personas que vivían en el siglo XIX y que creían firmemente en una jerarquización de los géneros por razones religiosas, ahora lo podían reafirmar con argumentos científicos: las mujeres eran “por naturaleza” inferiores al hombre. Claramente Darwin no inventó este concepto, puesto que la imagen de la mujer ya venía disminuida y él podía observar la discriminacion a las mujeres a su alrededor como algo normal, pero sin duda a través de su teoría este científico expuso esta situación como una “verdad científica” que profundizó y validó aún más las desigualdades entre ambos sexos. 

© @anisestrellada.

La mujer que desafió a Darwin 

La teoría de Darwin, al ser tan revolucionaria para las ciencias naturales en su momento, no estuvo exenta de críticas, pero en general no fue cuestionada por cómo posicionaba a la mujer, sino por otros aspectos. Sin embargo, hubo una mujer contemporánea al naturalista que se atrevió a cuestionar su teoría, específicamente en cuanto a la evolución del ser humano, que planteaba un rol marginal de la mujer en el proceso y, por ende, su inferioridad evolutiva. Como era de esperar, esta respuesta femenina no tuvo mucho eco, pero su coraje y valor la hacen digna de rescatar. 

Antoinette Brown Blackwell (1825-1921) nació en Estados Unidos y fue la primera mujer en ser ordenada ministra protestante en ese país. Dotada de una gran oratoria, recorrió varias ciudades participando en debates y dando charlas y conferencias. Una de sus grandes motivaciones desde muy joven fue la defensa de los derechos de la mujer, abogando por el sufragio igualitario y criticando el hecho de que las mujeres tuvieran forzadamente que elegir entre su familia y su trabajo. Autora de diversos artículos y libros, una de sus más destacadas obras fue Los sexos a través de la naturaleza, escrito cuatro años después de El origen del hombre y donde analizaba críticamente la obra de Darwin. 

Brown Blackwell llevó a cabo un cuidadoso análisis de las propuestas del naturalista. Planteó que los sexos son equivalentes y que Darwin no habría considerado las características únicas que aporta el sexo femenino en las distintas especies. Los seres humanos no sólo evolucionamos como tales por aspectos prácticos como la capacidad de manipular herramientas, sino también por aspectos sociales como la capacidad de relacionarnos y colaborar, características asociadas principalmente con lo femenino. Así, Brown Blackwell concluyó que hombres y mujeres evolucionaron de manera complementaria, en base a las diferentes fortalezas de cada sexo. 

Así como la teoría de Darwin tuvo una influencia político-social que incluso llevó a algunos autores a desarrollar el darwinismo social, teoría que permitió justificar desigualdades en sistemas neoimperialistas, lo planteado por Brown Blackwell también tiene una arista política. La interpretación que ella ofreció acerca de la evolución humana sentó bases para la liberación femenina y la equidad de género, planteando que “la evolución ha dado y aún está dando a la mujer una creciente complejidad de desarrollo que no puede encontrar un campo legítimo para el ejercicio de todos sus poderes dentro del hogar. Existe una vida más amplia, que no superior, fuera [de casa] en la que ella está obligada a entrar, tomando parte en sus responsabilidades”4. Sin duda, Brown Blackwell fue una gran reformista social que buscó erradicar la desigualdad con argumentos científicos, reivindicando de paso a las mujeres de ciencia.

La colaboración, el respeto, la solidaridad y la integración, características que podrán ser consideradas “femeninas” y, por tanto, poco importantes al momento de lograr el “éxito”, podrían ser la clave para que las mujeres puedan realmente ser integradas en el sistema científico actual (y en la sociedad en general).

Científicas en la actualidad

Estamos en el siglo XXI, ha pasado bastante tiempo y la sociedad algo ha cambiado en torno a la comprensión de los roles de género. Por otro lado, se entiende que los científicos de hoy han desarrollado mucho más los conceptos en torno a la evolución de la vida en la Tierra y que, por tanto, no podemos afirmar que “evolucionismo” es sinónimo de “darwinismo”. Sin embargo, el darwinismo sentó un precedente fundamental que ha tenido fuerte injerencia no sólo en el ámbito científico, sino también social. 

Por mucho tiempo se ha validado como una verdad fuertemente incrustada en nuestro horizonte de pensamiento que las características propiamente masculinas son superiores a las femeninas, al menos al momento de desarrollarse exitosamente en la sociedad, y que, por tanto, si una mujer quiere “ser exitosa” en lo intelectual o político, debe masculinizarse, es decir, ser competitiva, práctica y autoritaria. Esto constituye la base del sistema patriarcal imperante hasta nuestro días y, por cierto, también rige el funcionamiento político de la ciencia actual en el que las mujeres se ven en desventaja frente a sus colegas hombres. 

A pesar del escenario poco afortunado, muchas mujeres terminan interesándose por la carrera científica. Por ejemplo, en Chile, las matrículas femeninas en carreras de pregrado y posgrado en áreas relacionadas con ciencias básicas constituyen 48% y 42%, respectivamente5. No libres de dificultades, las mujeres obtienen grados académicos en ciencia en un porcentaje, por supuesto mejorable, pero no menor. 

No obstante, la mayor dificultad se manifiesta a la hora de ejercer de manera profesional lo que han estudiado. A partir de este punto, las mujeres van desapareciendo de la escena. Las estadísticas indican que sólo cerca del 31% de la participación laboral en ciencia y tecnología en Chile está representado por mujeres, proporción que coincide con cifras a nivel mundial5. Las barreras a las que se enfrentan son múltiples y van desde la discriminación y los prejuicios hasta la dificultad para conciliar la vida familiar con la profesional en un rubro altamente competitivo y exigente. 

Podrán existir programas de gobierno o campañas de distintas organizaciones sociales que fomenten la participación femenina en el ámbito científico, accionando desde la estimulación a edades tempranas de las vocaciones y el quiebre de estereotipos. Sin embargo, estos esfuerzos serán insuficientes si a la hora de ejercer la ciencia como actividad laboral esto significará un enorme esfuerzo para finalmente lograr ocupar lugares secundarios. Y es que el problema es mucho más profundo: el problema es que la ciencia es y ha sido históricamente patriarcal y androcéntrica; la ciencia ha estado por mucho tiempo hecha por y para hombres. 

© @anisestrellada.

Ciencia, mujeres y colaboración

Siempre se nos ha enseñado la historia evolutiva desde una perspectiva androcéntrica. La idea generalizada es que los forzantes evolutivos en el ser humano fueron la competencia, la caza y la agresividad, habilidades netamente masculinas. Sin embargo, existen autores, como la historiadora y arqueóloga María Ángeles Querol, que plantean que habría sido la cooperación entre hombres y mujeres el motor de la evolución del ser humano, más que la competencia. Y es eso lo que podemos inferir de lo postulado por Antoinette Brown Blackwell; para la evolución de la especie humana debió existir un esfuerzo colaborativo, en este caso, entre ambos sexos. 

La colaboración, el respeto, la solidaridad y la integración, características que podrán ser consideradas “femeninas” y, por tanto, poco importantes al momento de lograr el “éxito”, podrían ser la clave para que las mujeres puedan realmente ser integradas en el sistema científico actual (y en la sociedad en general). Un sistema científico patriarcal que incentiva la competencia es hostil para las mujeres, y si el sistema sigue jerarquizado y midiéndose por índices de productividad, por más que ingresen más mujeres a estudiar carreras científicas, el problema de raíz no se soluciona. Un sistema científico igualitario y al servicio de la sociedad, donde se vinculen estudiantes, investigadores, trabajadores, instituciones y la comunidad en general, sería un ambiente más propicio para que las mujeres podamos desplegar todas nuestras potencialidades.

Referencias

Guil Bozal (2008). «Mujeres y ciencia: techos de cristal.» EccoS Revista Científica 10 (1):213-232

Querol María Ángeles, & Anzola Consuelo Triviño. (2004). La mujer en «el origen del hombre». Barcelona: Bellaterra.

Pulido Carolina Martínez. (2003). El papel de la mujer en la evolución humana. Madrid: Biblioteca Nueva.

Martínez Pulido, (2015). “Respuesta femenina a El origen del hombre de Charles Darwin”.

CONICYT, (2017). Informe “Diagnóstico Igualdad de Género en Ciencia, Tecnología e Innovación en Chile”

* Este artículo fue publicado originalmente para la edición #6 de Revista Endémico: Ecofeminismo. Puedes encontrar la revista completa aquí

Sobre la Autora:

Silvana Collado es bióloga y doctora en oceanografía. Actualmente participa activamente de la ONG Conciencia Sur, que agrupa a mujeres feministas con formación científica.

Por Alexa Robles Gil Comúnmente eclipsados por la vida animal y las plantas, los hongos han influenciado la historia de la tierra de maneras dramáticas, siendo protagonistas en múltiples campos: desde la crisis climática hasta religiones, arte y movimientos culturales, estableciendo su papel protagónico mucho antes de que se los otorgáramos. Sin embargo, no ha […]

Por Alexa Robles Gil

Comúnmente eclipsados por la vida animal y las plantas, los hongos han influenciado la historia de la tierra de maneras dramáticas, siendo protagonistas en múltiples campos: desde la crisis climática hasta religiones, arte y movimientos culturales, estableciendo su papel protagónico mucho antes de que se los otorgáramos. Sin embargo, no ha sido hasta dentro de las últimas décadas que nos hemos sumergido en el fascinante mundo fúngico. A causa de ello, ahora los encontramos en todos lados: en elegantes platos de restaurantes Michelin, en obras de exposiciones artísticas, y en documentales galardonados.

El reino Fungi incluye desde la levadura hasta el shiitake en nuestro refrigerador, así también los psicodélicos. Conforme aumenta nuestro conocimiento en torno a ellos, el interés (tanto público como académico) no cesa de crecer. Existe una correlación positiva entre el interés del público y el campo creciente de investigación. Es así como, aunque cada vez descubrimos más cualidades y propiedades de los hongos, sigue siendo su infalible simbolismo de lo exótico y misterioso lo que más captura nuestra imaginación. El ser humano, naturalmente atraído a lo desconocido, es cautivado por la particularidad mística de los hongos.

El reino Fungi incluye desde la levadura hasta el shiitake en nuestro refrigerador, así también los psicodélicos. © Thalia H. T.

Mitos: representaciones simbólicas de los hongos

Desde principios de la historia, los seres humanos hemos buscado entender la interacción de organismos mediante simbolismos y alusiones extraídas de la vida humana. La influencia de los hongos dentro de estos simbolismos proviene de la raíz de sus funciones: como descomponedores, parásitos o simbiontes.

Los mitos y los hongos tienen una conexión que se extiende desde la prehistoria. Sin embargo, su documentación por medio de escritos no sucedió hasta la edad media. Los escritos más populares producidos en estos siglos vienen de países Celtas, donde se identificaban los hongos como símbolos de hadas (Dugan, 2008). También se encontraban dentro de recetas populares: utilizándolos para preparar pociones. Entonces ya se les conocía ciertas propiedades que los diferenciaban de las plantas. Fue por esto que se les asoció con brujería (Tucker, 1980). 

Las Piedras-Hongo son esculturas de piedra volcánica desarrolladas en diferentes períodos de la cultura maya. Se conocen unas 300 esculturas encontradas desde Chiapas-Guatemala hasta El Salvador. © Museo Rietberg de Zurich.

Uno de los responsables de establecer un vínculo explícito entre los hongos y los cuentos fue el escritor inglés, William Shakespeare, quien los usó dentro de sus creaciones literarias como símbolos supersticiosos (Arts Council England, 2021). Al asignarles este rol, fueron colocados en un espacio marginal del mundo natural. Eran las explicaciones que surgían para entender a estas criaturas. Fue así como los mitos se hicieron parte de los relatos literarios que marcaron estos siglos.

Las civilizaciones mesoamericanas, como los Mayas y los Aztecas, rindieron culto a los hongos debido a las propiedades psicodélicas de algunos de ellos. A partir de evidencia arqueológica y etnohistórica, se afirma que se usaban con fines religiosos y mágicos, ya que se veían como comunicadores entre lo divino y lo humano (Schultes & Hoffman, 1982).  Las visiones del mundo mesoamericanas asignaban a los chamanes –dirigentes espirituales de una comunidad– el rol de comunicadores entre el mundo físico y el espiritual durante ceremonias religiosas, facilitando así el consumo de enteógenos. La idea de los hongos sagrados se extendió desde el valle de México hasta el norte de Sudamérica (Carod-Artal, 2015).

A partir de los simbolismos dentro de las distintas culturas, comprendemos que los hongos cumplían un papel sagrado y mágico por el cuál se forjaba una relación entre lo humano y lo místico. Se trataba de comprender a los hongos y la interacción que tenían con otros organismos por medio del papel que se les asignaba.

El liquen muestra una historia de asociación colaborativa que está lejos de la competencia. © Jael Vallee.

De la competencia a la colaboración

Conforme el conocimiento popular acerca de los hongos iba aumentando, también iban cambiando las historias que se contaban acerca de ellos. A mediados del siglo XIX, se consideraba que los líquenes tenían una relación hostil entre un tirano fúngico y su alga captiva. Siglos después, se descartó la idea de estos organismos viviendo de forma independiente, y se demostró que en realidad consisten en una asociación entre hongos y algas que conforman el liquen (Honegger, 2000). Es decir, organismos que se necesitan mutuamente para sobrevivir.

Lo anterior reveló como la cultura occidental del siglo XVIII y XIX miraba el mundo: desde una perspectiva competitiva. La jerarquía y la lucha eran vistos como atributos naturales que impulsaban las interacciones y la evolución. Sin embargo, el liquen muestra una historia de asociación colaborativa que está lejos de la competencia. Dentro de esta relación, ambos organismos trabajan juntos para beneficio mutuo.

Un liquen se define como un holobionte conformado por un hongo (micobionte) y una o varias poblaciones fotosintéticas de algas o cianobacterias (fotobiontes) esparcidas de manera extracelular en el micelio del micobionte considerado como el hospedero o ex-habitante. © Patrick Hendry.

Por otra parte, el liquen como asociación simbiótica, también desafió la noción misma del individuo: si los hongos y las algas evolucionaron juntos para crear lo que conocemos como líquenes, estos ¿son realmente un organismo o dos? ¿En dónde acaba uno y empieza el otro?

El reino Fungi: una invitación a deconstruir límites

Si quisiéramos explorar la complejidad de ciertos problemas del siglo XXI, como la crisis climática, podríamos partir examinando los límites entre nuestra visión y nuestro entorno. Los hongos son capaces de construir redes y vínculos que nos muestran que estar en constante diálogo con el medio es necesario para la vida.

Un ejemplo de esto es la red micelial que tienen los hongos. El micelio es la parte vegetativa de estos seres que crece comúnmente de las hifas, provenientes de sus esporas, y son la parte que no vemos (Stamets, 2005). Normalmente se encuentran bajo el suelo, o en el tronco, y va creciendo conforme pasa el tiempo. La red de micelio de un hongo actúa como un mapa de su historia. Los hongos son organismos en constante cambio y desarrollo. Con esta noción,  nos exponen a una verdad: no somos un conjunto de materia fija, sino sistemas continuos por los que pasa esa materia (Bateson, 1928). 

Estamos acostumbrados a mirar desde la narrativa antropocentrista que no considera otras formas de experimentar el mundo. Tenemos una predisposición colectiva a mecanizar y objetivar el cosmos. Al cuestionarnos las maneras de experimentar, desde la base de nuestra curiosidad e imaginación, entramos en diálogo con nuestro entorno. Cuando observamos a los hongos, por ejemplo, en constante colaboración por un bien mayor, dejamos de ser el centro.

La red de micelio de un hongo actúa como un mapa de su historia. © Wikimedia.

Los hongos nos presentan un lente por el cual observar las redes de interacción y comunicación en las que nos encontramos como seres vivos. Es difícil pensar en un aspecto del mundo viviente de forma aislada e independiente de todo lo demás. Los seres vivos formamos interacciones por el simple hecho de vivir y necesitar de otros para hacerlo. La distinguida bióloga, Lynn Margulis, quién dedicó su vida al estudio de la evolución, afirma: «la vida es una unión simbiótica y cooperativa que permite triunfar a aquellos que se asocian» (Margulis, 1998).

Si bien a los humanos nos cuesta salir de nosotros mismos, podemos prestar atención a cómo funcionan los organismos allá afuera. Los hongos colaboran en una multiplicidad de formas. Un ejemplo de ellas es la simbiosis entre las raíces de plantas fotosintéticas y las hifas de los hongos que actúan como simbiontes micorrízicos (Selosse, 2006). En estas asociaciones, llamadas micorrizas, los hongos absorben carbono producido por la planta en la fotosíntesis. Al mismo tiempo, la planta absorbe agua y minerales que los hongos han extraído de la tierra. 

«la vida es una unión simbiótica y cooperativa que permite triunfar a aquellos que se asocian» (Margulis, 1998).

Las micorrizas son un ejemplo de relación en la que los límites se desfiguran para poder interactuar con nuestro entorno y tener una situación mutuamente benéfica. De nuevo, la colaboración se vuelve fundamental para el desarrollo de ambos organismos. Si así observamos problemas complejos, podríamos expandir los límites que establecemos y explorar diálogos con otros organismos.

Los hongos son capaces de construir redes y vínculos que nos muestran que estar en constante diálogo con el medio es necesario para la vida. © Thalia H. T.

Psilocibina, para abrir la consciencia 

Una de las fascinaciones más grandes de los hongos es la de la psilocibina. Se trata de un alcaloide, triptamina: sustancia alucinógena aislada de varios géneros de hongos como Psilocybe, Panaeolus y Stropharia (Stamets, 1996). Los hongos que contienen esta sustancia, llamados hongos psicodélicos, contribuyen al misticismo alrededor de ellos. Lo anterior, porque el alcaloide  facilita un estado cognitivo sin restricción, y en ese estado existen nuevas posibilidades de apertura mental. El término ‘psicodélico’, planteado por primera vez en 1956, significa, de hecho ‘manifestación de la mente’ (Carhart-Harris, 2019).

Si las narrativas que nos contamos sobre nuestras vidas y la vida diaria empiezan a deteriorarse, podemos concebir nuevas posibilidades. Ese estado de flexibilidad alimenta la innovación y curiosidad. Los psicodélicos van más allá de sustancias alucinógenas: son capaces de crear nuevos ángulos desde dónde contar historias para despertar la conciencia, plantear  posibles formas de construir un mundo donde se vuelva valioso cultivar las conexiones que nos inspiran los hongos.

En el espacio en dónde creamos preguntas a partir de fascinaciones con el mundo natural es dónde sucede la oportunidad de cambio. Cuando se contesta una pregunta, pasa a ser una respuesta. Deja de ser una indagación dentro de esa narrativa. Lo que nos dan los hongos es la oportunidad y la apertura de más preguntas, que alimentan la curiosidad, y exploran posibilidad. 

Una de las fascinaciones más grandes de los hongos es la de la psilocibina, un alcaloide que se encuentra en varios géneros de hongos como Psilocybe, Panaeolus y Stropharia. © AM. 

Bibliografía

Arts Council England: Shakespeare Birthplace Trust. (2021) Fabulous Fungi.https://www.shakespeare.org.uk/explore-shakespeare/blogs/fabulous-fungi/ 

Bateson B. (1928) William Bateson, Naturalist. Cambridge University Press. Cambridge, Reino Unido.

Carhart-Harris, Robin L. (2019)  How do psychedelics work? Opinión en Psiquiatría. 32(1), 16-21, doi:10.1097/YCO.0000000000000467

Carod-Artal, F. J. (2015). Alucinógenos en las culturas precolombinas mesoamericanas. Neurología, 30(1), 42–49. doi:10.1016/j.nrl.2011.07.003 

Dugan, F. M. (2008) Fungi in the Ancient World. APS Press, St. Paul.

Honegger, R. (2000) Simon Schwendener (1829–1919) and the dual hypothesis of lichens. The Bryologist 103: 307–13.

Margulis, L. (1998) Symbiotic Planet: A new look at evolution. Weidenfeld & Nicholson. Londres.

Schultes, R.E., Hoffman, A. (1982) Plantas de los dioses: orígenes del uso de los alucinógenos. México: Fondo de Cultura Económica.

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Sobre la Autora

Alexa Robles Gil es una escritora y bióloga mexicana que ha realizado su trabajo de campo en Sudáfrica y México. Le apasiona la escritura y está por acabar su segunda novela. Su fascinación por la intersección entre ciencia y escritura la ha llevado a explorar las preguntas y curiosidades del siglo XXI a través de la prosa.

Imagen de Portada: © Ashleigh Shea.

Aves muertas o heridas en la playa: lo que debemos conocer

Por Gabriela Espejo y Juan Sebastián Espejo Seguramente más de alguna vez nos hemos encontrado con algún ave muerta o enferma mientras paseamos por la playa. Dado los 6.435 kilómetros de longitud de costa que posee Chile, es habitual que nos topemos con especies de aves enfermas o muertas. A continuación te señalamos lo que […]

Por Gabriela Espejo y Juan Sebastián Espejo

Seguramente más de alguna vez nos hemos encontrado con algún ave muerta o enferma mientras paseamos por la playa. Dado los 6.435 kilómetros de longitud de costa que posee Chile, es habitual que nos topemos con especies de aves enfermas o muertas. A continuación te señalamos lo que deberíamos hacer si nos tropezamos con esta situación.

Zarapito común (Numenius phaeopus), esta especie se reproduce en el hemisferio norte, principalmente en zonas subárticas. Llega a todo Chile durante el verano. © wingsfromsouth.

Encontrarse con una ave muerta no es un problema, pues es parte del ciclo de vida natural. Todos los seres vivos nacemos y morimos en algún momento. Si nos encontramos con muchas aves en este estado lo más probable es que no se trate de un proceso natural, sino que a uno o más factores desconocidos que lo produjeron. Estos factores pueden ser originados ya sea por causas físicas como inanición, asfixia por inmersión (ahogo) si es que las aves han quedado atrapadas en una red de pesca, o también podría deberse a procesos fisiológicos como enfermedades.

Guanay (Phalacrocorax bougainvillii) encontrado en una playa de la zona central, con signología de tortícolis. © wingsfromsouth.

En la foto anterior se observa a un Guanay (Phalacrocorax bougainvillii) encontrado en una playa de la zona central, con signología de tortícolis, que muchas veces es asociado a enfermedades transmisibles que afectan a numerosas aves. En este caso en particular, el diagnóstico correspondió a una encefalitis micótica y no a una enfermedad infectocontagiosa, motivo por el cual un solo individuo se vio afectado.

Sin embargo,  si nos encontramos con una gran cantidad de aves muertas o enfermas lo primero que debemos saber es que debemos evitar tomarlas. Lo anterior, porque podemos causar más daño físico y estrés a las aves que aún están con vida. A su vez, porque podemos estar frente a enfermedades infectocontagiosas que pueden ser transmitidas a los humanos (zoonosis). Por estos motivos es que se debe dar aviso a las autoridades encargadas del cuidado sanitario animal. En el caso de Chile, la institución es el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) que tiene la obligación de atender este tipo de denuncias para que se descarte la presencia de enfermedades infectocontagiosas que podrían estar originando la muerte de las aves y que incluso algunas de éstas podrían transmitirse a otras especies silvestres y domésticas.

El Piquero común (Sula variegata) es una especie que vive en las costas de Perú y Chile. Es una de las principales aves guaneras del Pacífico sudamericano. © @wingsfromsouth.

El SAG, se encargará de encontrar el origen de las muertes, tomar las medidas correctivas que sean necesarias y, en caso de estar presente frente a enfermedades infecciosas y transmisibles, determinar las medidas preventivas para que estos procesos no tengan un impacto negativo en el resto de las aves y el medio ambiente.

Una enfermedad común que afecta a nuestra avifauna es el botulismo. Esta enfermedad es causada por el Clostridium botulinum, una bacteria que está comúnmente presente en nuestro medio ambiente y que por ciertos factores de anaerobiosis y altas temperatura se manifiesta originando la toxina botulínica (neurotoxina muy conocida por su uso en estética, conocida por todos como “botox”) que afecta a diferentes especies animales como aves y mamíferos, incluido los seres humanos. Los signos clínicos que se ven en los animales son principalmente parálisis muscular progresiva de los músculos del cuerpo, encontrando aves sin movimiento en las patas, tórax y finalmente el cuello. En la siguiente foto, se observa un perrito (Himantopus mexicanus) con botulismo, en el cual la parálisis ya ha afectado todo el cuerpo a excepción de los músculos del cuello y la cabeza.

Perrito (Himantopus mexicanus) con botulismo, en el cual la parálisis ya ha afectado todo el cuerpo a excepción de los músculos del cuello y la cabeza. © wingsfromsouth.

Si bien durante todo el año podemos encontrar aves muertas o enfermas en nuestras playas o en el borde costero, en la época estival es cuando más las veremos ya que aumenta la frecuencia de visita hacia estos lugares. Ahora que ya sabes que se debe hacer, te invitamos a ayudar en esta tarea denunciando a la autoridad que corresponda, en el caso de Chile, al SAG (www.sag.gob.cl). Nuestro aviso podría salvar la vida de individuos enfermos y ayudar a resolver el origen o la causa que provocó el problema para que éste no se repita. Entre todos debemos ayudar a cuidar nuestro entorno.

SOBRE LOS AUTORES:

Gabriela Espejo y Juan Sebastián Espejo son dos hermanos amantes de la naturaleza, que han reunido sus experiencias profesionales para dedicar parte de su tiempo en la difusión del cuidado del entorno; Juan Sebastián es arquitecto y Gabriela es veterinaria. Juntos han desarrollado y concretado proyectos audiovisuales, fotográficos y artículos escritos sobre el maravilloso Chile natural que nos rodea. Les encanta hacer trekking y quedarse horas en un mismo lugar, observando y escuchando al entorno, para finalmente elaborar material educativo y de calidad.

Imagen de Portada: Aves en playa de Coquimbo. © Jael Rodríguez.

 

Por Allison Olivares Mujica Mi pasión por el Reino Fungi, me tuvo hipnotizada durante la temporada otoño-invierno por sus apariciones en todos lados dentro de la maravillosa Robinson Crusoe, isla en la que habito. Lo anterior dio paso a una idea: acercar a la comunidad local al mundo de los hongos, para interiorizarnos y generar […]

Por Allison Olivares Mujica

Mi pasión por el Reino Fungi, me tuvo hipnotizada durante la temporada otoño-invierno por sus apariciones en todos lados dentro de la maravillosa Robinson Crusoe, isla en la que habito. Lo anterior dio paso a una idea: acercar a la comunidad local al mundo de los hongos, para interiorizarnos y generar una conexión personal. Esto con el fin de comprender el gran rol del Reino Fungi, sobre todo dentro de esta valiosa vegetación endémica insular. 

Participantes del “Primer Acercamiento al Reino Fungi en Robinson Crusoe”. © Nicolás Escalona. 

El Reino Fungi nos abre las puertas a un  mundo mágico y desconocido, a un micro mundo que a veces pasa desapercibido. Se encuentra bajo el suelo, como una red que conecta todo, el entramado fúngico se llama micelio. El micelio es el verdadero hongo, capaz de conectar por debajo del sustrato a árboles y plantas a través de la unión con sus raíces. Así, crea una profunda simbiosis que provee a las plantas de elementos inorgánicos que son incapaces de sintetizar por sí mismas, y a la vez ellas abastecen a los hongos del sustrato y nutrientes para su vida. 

Lo que vemos a simple vista es la seta, su fructificación, las que poseen grandiosos beneficios para el suelo y el ecosistema también, así como aportes nutritivos y medicinales a los humanos. Actualmente en el mundo se conoce un mínimo porcentaje de la diversidad de hongos existentes, cada año se descubren miles de nuevas especies de hongos globalmente. Existen hongos comestibles, medicinales y tóxicos, pero todos son fundamentales para la existencia de la vida. Su rol en los bosques es clave y además construyen un paisaje místico y desconocido con sus variados colores y formas tan llamativos. 

Una de las actividades era dibujar los hongos del sector. © Sara de Rodt.

De este interés fúngico surgió una enriquecedora actividad titulada: “Primer Acercamiento al Reino Fungi en Robinson Crusoe”, debido a que jamás se había realizado ningún evento relacionado con los hongos en la isla. Se llevó a cabo en el sector del Corta Fuegos perteneciente al área del poblado  de la isla y fue una actividad dirigida a la comunidad local. Esto con el fin de descubrir las especies que aparecen en los bosques en otoño, conociendo sus generalidades, beneficios e importancia. 

Fue una actividad muy dinámica para todos, ya que comenzamos con un  pequeño trekking que nos permitió conectarnos con la naturaleza e investigar las especies encontradas.  Así, utilizamos lupas y  microscopios de bolsillo para observar con detalle las hifas de la abundante Amanita muscaria. Regalé a todos los asistentes una Mini Guía ilustrada diseñada y confeccionada por mi, de las partes de la seta y con información de algunos de los hongos que era posible encontrar en el sector. Además realizamos una demostración de cosecha sustentable de Callampas de Pino  (Suillus luteus) y para finalizar utilizamos el espacio libre para poder ilustrar las especies  encontradas como por ejemplo los hermosos ejemplares de Coriolus versicolor. Esta actividad fue fundamental para generar interés en la comunidad local sobre un reino de gran importancia para el ecosistema local, del cual no se han hecho investigaciones en el archipiélago. Posiblemente existan hongos endémicos del Archipiélago de Juan Fernández,  por lo que es necesario seguir realizando este tipo de actividades sobre la funga local, sin miedos y con mucha curiosidad.

Esta actividad fue fundamental para generar interés en la comunidad local sobre un reino de gran importancia para el ecosistema local. © Allison Olivares.

Sobre la Autora:

Allison Olivares Mujica, tiene 23 años, es chilena y vive en la Isla Robinson Crusoe con su pareja. Es Administradora de proyectos de ecoturismo y educadora  ambiental. Actualmente se encuentra desarrollando su emprendimiento Active Ecotourism, donde ofrece productos con ilustraciones de la biodiversidad endémica del Archipiélago de Juan Fernández y también programas de ecoturismo.

Foto de Portada: © Florian Van Duyn.

Literatura de un río en crisis

Hay una metáfora que se utiliza para hablar de la literatura, su historia y las páginas que han sido escritas, y es la del “río de la literatura”; un río caudaloso y variado con muchos afluentes que lo alimentan. También podemos hablar del río en la literatura, al ser este una figura que ha inspirado […]

Hay una metáfora que se utiliza para hablar de la literatura, su historia y las páginas que han sido escritas, y es la del “río de la literatura”; un río caudaloso y variado con muchos afluentes que lo alimentan. También podemos hablar del río en la literatura, al ser este una figura que ha inspirado ríos de tinta. 

Los ríos son contados de variadas formas, con el ojo centrado en ellos, en la vida que albergan o en la relación que tienen las personas en su entorno. ¿Cómo se cuentan los ríos en un contexto de crisis medioambiental? ¿Cuáles son los relatos que tenemos de un río que actualmente atraviesa una crisis ecológica debido a la explotación humana como es el río Paraná? 

La ciudad se levanta en el horizonte, desde el río Paraná © Agustina Atrio.

La literatura da imagen a los estragos ambientales una y otra vez, enfrentándonos tanto con el pasado que nos condujo al presente como con los futuros escenarios posibles. De este modo, la literatura puede hacernos más conscientes, llevarnos a actuar o a imaginar nuevas formas de estar en el mundo. Tal es el caso de la Fábula para el día de mañana escrita por la autora, científica y ecologista Rachel Carson, como introducción a su reconocido libro Primavera silenciosa, publicado por primera vez en 1962. En ella crea la imagen de un mundo en silencio, sin pájaros y casi sin vida, que permite acercarnos a una realidad no muy lejana. A este mundo en silencio llegaremos si continuamos en el camino de la depredación de la naturaleza. En el Paraná el libro No es un río, de la escritora argentina Selva Almada nos lo ilustra en una pequeña escala, mostrándonos a tres amigos que van a pescar a la isla durante un fin de semana y matan por diversión o entretenimiento a una raya con el único propósito de exhibirla y luego arrojarla a que se descomponga allí, en el mismo lugar en el que estuvo viva. Matan, cuelgan de un árbol y devuelven al río como desecho un animal del Paraná:

No era una raya. Era esa raya. Una bicha hermosa toda desplegada en el barro del fondo, habrá brillado blanca como una novia en la profundidad sin luz. Echada en el limo o planeando con sus tules, magnolia del agua, buscando comida, persiguiendo la transparencia de las larvas, las esqueléticas raíces. Los anzuelos enganchados en sus bordes, el tironeo de toda la tarde hasta darse por vencida. Los tiros. Arrancada al río para devolvérsela después.

Recorrido por el Paraná de Roberto Arlt a bordo del Rodolfo Aebi, El país del río. Aguafuertes y crónicas de Roberto Arlt y Rodolfo Walsh, editado por Universidad Nacional del Litoral y Universidad Nacional de Entre Ríos © Virginia Kargachin.

Hace poco más de un año, un grupo de escritoras argentinas entre las que se contó Selva Almada manifestaron una iniciativa cuyo fin fue visibilizar la destrucción ambiental de diferentes ecosistemas del país, así como reclamar por su protección. Esta iniciativa culminó en un documento llamado No hay cultura sin mundo, firmado por una gran cantidad de artistas y enviado a las autoridades nacionales. Desde el 2020, cuando comenzó la crisis de incendios provocados en el Delta del Paraná, muchas iniciativas unieron al mundo de la cultura con el medioambiental. 

¿Cómo se cuentan los ríos en un contexto de crisis medioambiental? ¿Cuáles son los relatos que tenemos de un río que actualmente atraviesan una crisis ecológica debido a la explotación humana, como es el río Paraná?

Históricamente, los incendios intencionales se han practicado para renovar los pastos para el ganado, pero dada la expansión ganadera en la región en las últimas décadas, su número ha aumentado. Durante el 2020, debido a las condiciones ambientales de sequía, sumado a la bajante histórica del río y la escasez de lluvias en la región, provocó que los incendios se agravaran. Según datos oficiales disponibles hasta julio de 2021 recogidos por el informe de incendios Delta del Paraná. Las quemas no tienen fin realizado por organizaciones como el Taller ecologista, la superficie quemada del Delta durante todo el año 2020 se estimó en 486.934 hectáreas, un equivalente a 16 veces la ciudad de Buenos Aires, alcanzando áreas protegidas y bosque nativo. Los cálculos permiten identificar que hasta la fecha del informe, el 2021 es el segundo año con mayor cantidad de focos de calor, desde 2012. 

«El país del río». Aguafuertes y crónicas de Roberto Arlt y Rodolfo Walsh, editado por Universidad Nacional del Litoral y Universidad Nacional de Entre Ríos. © Virginia Kargachin

La quema de las islas es la muerte de sus ricos ecosistemas, como no deja de denunciarlo la escritora argentina Gabriela Cabezón Cámara, quien escribió un relato llamado #LeyDeHumedalesYa en el que narra la muerte de los animales y plantas quemadas en los incendios. Ese humo que respiran los habitantes de las ciudades vecinas lleva la muerte de los seres vivos que vieron quemarse su hogar sin poder escapar: 

(…)¿te acordás qué animalito más dulce? Lo quemaron, miralo, queda el ojito no más y todo lo otro que era, todo ese cuerpo que metía en el agua y tomaba sol en la cabeza y el lomo y cuidaba a las crías y con las manitos agarraba las hojas tiernas, todo eso, y las hojas tiernas y las duras y los árboles también, es cenizas ahora.

Las quemas en las islas aparecen en la literatura de la región desde hace años, como lo ha señalado la artista visual y editora Lila Siegrist en el artículo Loor al humedal litoral de la revista Anfibia, a través de una búsqueda de testimonios de las quemas. El escritor Roberto Arlt también fue testigo de estos incendios en su viaje a lo largo del Paraná en el buque Rodolfo Aebi, en el año 1933. En sus crónicas, recopiladas en el libro El país del río. Aguafuertes y crónicas, anuncia: “A la distancia, por la puerta de estribor se distingue en el horizonte el relampagueo de los pajonales incendiados”. Durante el trayecto, también observa los movimientos del río, elemento que nunca es estático con sus momentos de crecida y de bajante. En el caso de Arlt, lo que contempla es la crecida, como años después lo hará Rodolfo Walsh, otro escritor y periodista compilado en este mismo libro. En sus crónicas de viaje a través del litoral, Walsh es testigo de la crecida histórica del año ‘66 que inunda las viviendas de muchos pobladores, llenando las calles de las ciudades vecinas de evacuados. La crecida del río como catástrofe también se menciona en la novela El río de Débora Mundani, cuyo protagonista realiza un viaje mientras las aguas suben y tapan las costas y sus construcciones. Hoy el Paraná vive su movimiento contrario, también en un momento extremo: su bajante más importante desde hace cincuenta años. 

Estos libros son solo algunos de aquellos que forman la vasta literatura del Paraná. Quienes lo invocamos como lectores o escritores, quienes llevamos su imagen a la palabra, debemos ser conscientes de que el río y su ecosistema están en grave crisis. Las quemas y la deforestación tienen consecuencias para toda la zona y, como proclaman las escritoras, “no hay cultura sin mundo”. Mediante la palabra podemos continuar denunciando, dando imagen al mundo en crisis en el que vivimos, esperando que en el futuro éste se parezca menos a las distopías que podemos escribir que a las utopías que podemos soñar, como aquella del final del libro Las aventuras de la China Iron de Gabriela Cabezón Cámara, en la que humanos y animales viajan en compañía por un río que es puro esplendor. Un río al que debemos cuidar. 

Hay que vernos, (…) un pueblo entero avanzando en silencio sobre los ríos limpios, sobre los ríos que respiran la paz de las subidas y bajadas, de sus peces bigotudos, del tuju pegajoso de sus lechos, nuestros ríos que saben mostrar y ocultar las raíces de los yvyra en los bordes de sus islas, nuestros ríos llenos de flores que flotan en su lomo como escarban los bagres el limo del fondo, nuestros ríos de pira saltadores, de dorados que emergen con la fuerza enorme de sus cuerpos como si les explotaran de sol a los ríos las entrañas.

Postales del río Paraná © Andrés Atrio.

Sobre la Autora

Agustina Atrio es licenciada en Relaciones Internacionales, organizadora cultural y escritora. Desde inicios del 2018 lleva a cabo el proyecto Despaseando, una propuesta de reflexión a través de la investigación y la práctica, en relación a las ciudades y los espacios, el caminar y la literatura. En 2021 publicó su primer libro, Tres formas de atravesar un río, editado por Ediciones Menguantes. 

Imagen de portada: Lecturas sobre el río Paraná a orillas del río Sihl, Suiza © Virginia Kargachin.

Alianza Gato Andino: una mirada desde la Educación Ambiental

Mi nombre es María José, pero todos me conocen como Marijo. Trabajo como docente de Biología, y llevo en el alma la Educación Ambiental, tarea que he desarrollado principalmente como miembro de la Alianza Gato Andino (AGA), una red multinacional e interdisciplinaria que se encuentra conformada por miembros de los cuatro países, donde habita la […]

Mi nombre es María José, pero todos me conocen como Marijo. Trabajo como docente de Biología, y llevo en el alma la Educación Ambiental, tarea que he desarrollado principalmente como miembro de la Alianza Gato Andino (AGA), una red multinacional e interdisciplinaria que se encuentra conformada por miembros de los cuatro países, donde habita la especie: Argentina, Bolivia, Chile y Perú. Todas mis campañas educativas sobre el gato andino las hice en compañía de Mauro, mi marido, quien también es miembro de AGA. Por esta razón, cuando decidí escribir esta nota, lo primero que se me ocurrió fue preguntarnos ¿qué es lo primero que nos viene a la mente, cuando pensamos en esos viajes?

Una captura nocturna del gato de los pajonales (Leopardus colocolo), el que co-habita con el gato andino (Leopardus jacobita). © AGA.

Siento que el corazón late más fuerte pensando en el día que comencé a visitar los lugares donde vive el gato andino (Leopardus jacobita) y compartí mis primeras experiencias con las personas que viven en esos lugares tan hermosos e inhóspitos al mismo tiempo. Lo primero que recuerdo son esas miradas de los niños y niñas atentos y curiosos, con oídos «más grandes» por su gran deseo de aprender y escuchar sobre este animal. Y lo que nunca olvidaré son sus sonrisas simples y sinceras que nos llenaron el alma!

Mauro, por su parte, recuerda “todos esos kilómetros recorridos en vehículos precarios sobre caminos de tierra para llegar a pueblitos minúsculos, donde la escuela es el edificio más grande e importante, apenas visibles en la inmensidad de los paisajes de la Puna argentina”. Al igual que yo, destaca “la sorpresa en los ojos de los chicos y chicas al vernos llegar y al descubrir que íbamos a pasar unas horas con ellos. Siento como si fuera real en mi piel y mis ojos la fuerza de los rayos del sol que la atmósfera sutil de los 4000 metros de altura no logra filtrar eficazmente. Uno de los momentos que no puedo olvidar es cuando uno de esos jóvenes de ojos y pelo de un color negro tan oscuro como un pozo se me sentó al lado y después de un rato se animó a tocar mi pelo, para ver cómo se sentía un cabello más claro y tan raro!, lo que confirmó la necesidad vital de saber construir pacientemente puentes que permitan superar las aparentes distancias culturales que nos separan de las comunidades locales de las zonas alto andinas».

Marijo y Mauro realizan educación ambiental como miembros de la AGA, una red multinacional e interdisciplinaria que se encuentra conformada por miembros de los cuatro países, donde habita la especie: Argentina, Bolivia, Chile y Perú. © AGA

Hacer Educación para la conservación en estas escuelas rurales de tiene principalmente que ver con las ganas de compartir, de intercambiar experiencias vivenciadas y de libros. ¡Esta es la lección principal que nos llevamos! Nuestros materiales y estrategias educativas son importantes, por supuesto. Los estudiantes de esas escuelas y sus docentes estaban fascinados cuando recibían nuestros coloridos libritos contando la historia de Almita la Gata Andina. Los juegos como la red alimentaria, las obras de teatro y títeres, en las plazas o patios de las escuelas, nos permitieron llegar a esas mentes curiosas y despertar el interés acerca no sólo de los aspectos biológicos de nuestro gato andino, sino también de los sentimientos que afloran acerca de la naturaleza y de nuestras actitudes frente a ella. 

Sin embargo, de inmediato comprendimos que ir a entregar material educativo –por más atractivo que fuera- y dar una charla de una hora no tenía sentido, si realmente queríamos dejar una huella. Estamos convencidos que si algo quedó en las mentes y corazones de estos niñas y niños fue que los hicimos sonreír, los escuchamos, intercambiamos aromas y sabores de sus sencillos platos típicos, estuvimos durmiendo en las mismas cuchetas donde ellos pasan esas largas noches en las que la temperatura desciende todo el año por debajo de los cero grados. 

Los estudiantes y sus docentes recibiendo los coloridos libritos contando la historia de Almita la Gata Andina. © AGA

Por años, cuando podíamos recabar un tiempo en nuestras actividades laborales, fuimos a muchos de esos lugares remotos con el objetivo de ayudar a conservar a este gato amenazado de extinción y al resto de las especies que comparten con él los ecosistemas alto-andinos. Nuestra intención era contribuir a hacer del mundo un lugar mejor, queríamos “cambiar las cosas”. Sin embargo, fue el gato andino, los niños y las niñas que comparten su “hogar” con él que nos cambiaron a nosotros. Sentimos que fue mucho más lo que aprendimos que lo que enseñamos.

Para nosotros el gato andino, aunque no deja que lo observemos a menudo, es el alma de los Andes, de esos paisajes duros y grandiosos, de la biodiversidad que se encuentra únicamente ahí (rica en especies endémicas), pero sobre todo es el alma de esos pequeños pueblos y sus comunidades, personas que no saben de tiempo, que conocen los sonidos más puros y respiran la verdadera pureza de la vida. 

El gato andino tiene adaptaciones morfológicas especiales a estos ambientes únicos. Su cola larguísima y gruesa, por ejemplo, le permite mantener el equilibrio durante las locas persecuciones de los chinchillones (su presa principal) entre roquedales y paredes rocosas y le ayuda a recuperarse del frío de las noches. Su pelaje gris con estrías marrones lo mimetiza perfectamente en los hábitats casi sin vegetación en los que se mueve sigiloso. De forma parecida, las comunidades de las regiones puneñas han desarrollado tradiciones y formas de vida que les han permitido vivir y desarrollar una rica cultura a pesar de los desafíos de un medio ambiente caracterizado por mucha aridez, escasa productividad y condiciones casi extremas.

El gato andino tiene adaptaciones morfológicas especiales a estos ambientes únicos. Su cola larguísima y gruesa, lo que le permite mantener el equilibrio durante las locas persecuciones de los chinchillones. © AGA

Compartir con los alumnos y alumnas, los profesores y profesoras, el personal no docente esos días y esas noches nos enseñó a dejar de sentir a la Puna como un lugar hostil y lejano y a empezar a formar parte de él, como un gran entramado de relaciones únicas. Si pudimos llegar con vehículos precarios y entre caminos sin señales a esos lugares lejanos…. ¡esa era la señal! Algunos de estos jóvenes, inspirados por nuestras actividades, tomarán la decisión, una vez adultos, de buscar alternativas de desarrollo más compatibles con la conservación de la naturaleza, y así nuestros esfuerzos habrán sido recompensados.

Compartimos una gran diversidad de recursos (algunos disponibles en formato papel y otros audiovisuales), pero muchos otros aprendizajes sólo quedaron grabados en nuestras mentes y en nuestros corazones. Abrimos la puerta a las emociones en cada una de nuestras actividades porque cada niño o niña pudo expresarse desde la lectura, la pintura, las actividades lúdicas; compartimos el conocimiento científico sobre esta especie tan maravillosa y su entorno y aprendimos a involucrarnos con el equilibrio del entorno. Hasta un herbario nos fue regalado en una oportunidad con las plantas de uso medicinal y a las cuáles recurrimos cuando tuvimos dolor de cabeza, tos o resfrío y hasta náuseas.

Ahora, si tratamos de imaginar cuando será la próxima vez que volvamos a reencontrarnos, nos damos cuenta que, si bien cada visita es única, lo que sabemos es que siempre hay algo que estará: son esos oídos y ojos tranquilos y profundos, esas sonrisas tímidas y sinceras, y el deseo, mutuo, de compartir!

Marijo compartiendo y enseñando sobre el gato andino. © AGA

Encuentra todo el material didáctico y la información en www.gatoandino.org

Sobre los Autores:

María José Merino y Mauro Lucherini son investigadores y educadores ambientales y miembros de Alianza Gato Andino (AGA). Además conforman el Grupo de Ecología Comportamental de Mamíferos – INBIOSUR – CONICET y la Universidad Nacional del Sur, Argentina. 

Foto de portada: Gato andino. © Galería AGA.