Terry Tempest Williams: “Adentro para escribir. Afuera para recolectar”

Hace unos días atrás llegó a mis manos un libro de la escritora, educadora y conservacionista estadounidense Terry Tempest Williams. Cuando las mujeres fueron pájaros, 54 variaciones de la voz es el título y se trata de una serie de textos que dan forma a un ensayo lírico autobiográfico. Con una escritura aterrizada y sensorial, Terry reflexiona desde lo vivido y la experiencia, desde la tierra. Este es un libro político y al mismo tiempo tremendamente poético, en el que se muestran las voces de las mujeres que la precedieron, la ruta de su quehacer escritural, su amor por la naturaleza, la conservación y sus raíces en el oeste americano. La autora recorre por la tangente del recuerdo, habita el pasado en busca de su propia voz. 

Terry Tempest William es escritora, activista y naturalista. © Cheryl Himmelstein.

La naturalista

Terry Tempest Williams nació en Corona, California en 1955. Desde pequeña fue una gran naturalista. Con su abuela Kathryn Blackett Tempest o Mimi como Terry la llamaba compartían su interés por la ornitología, “muchas de las primeras especies que vi coinciden con las que vió Mimi” relata Terry, haciendo un cruce entre sus propias guías de campo y las que heredó de su abuela. Así surgió no solo su amor por los pájaros, sino por todo aquello que vive allí afuera. Esta inclinación por lo natural, le permitió desarrollar su habilidad de escucha y la observación, lo que se revela constantemente en su propia prosa. 

Las prácticas naturalistas de su infancia y adolescencia son sólo una fracción de su interés por el conservacionismo, la otra parte tiene que ver con la enfermedad. Mientras Terry catalogaba pájaros, su madre desarrolló un cáncer a muy temprana edad. Murió finalmente a los 54 años. De hecho, nueve mujeres de su familia se sometieron a mastectomías producto del cáncer, algunas de ellas murieron. “Pertenezco a un clan de mujeres de un solo pecho” dice la autora. La enfermedad del clan, sin embargo, no tiene que ver con una herencia genética, sino con la exposición a las pruebas atómicas de Nevada que vivió su familia y toda la comunidad del sur del estado de Utah entre 1951 y 1988. “Mi familia y yo formamos parte de esos ciudadanos leales conocidos como downwinders, aquellos que vivíamos en zonas hasta donde el viento arrastró la radiación de las pruebas nucleares” cuenta Terry en el libro. Desde entonces ha enfocado su trabajo tanto en temas ambientales y de justicia social, así como también el cuestionamiento del rol de la mujer en la sociedad. 

Entre 1951 y 1988 la Comisión de Energía Atómica probó armas nucleares en un área remota del desierto de Nevada. En ese momento, se les dijo a las comunidades situadas a favor del viento que este proyecto era seguro y no tendría ningún impacto en la salud pública. © Willard Marriott, Library at the University of Utah. 

Precisamente es la muerte de su madre el suceso que da entrada a esta lectura. Terry proviene de una familia mormona. Dentro de esta tradición las mujeres suelen llevar diarios de vida a modo de registro para la posteridad. “Tenemos en nuestra posesión muchos diarios que han pasado de madres a hijas” relata la autora. Bajo este contexto no era de extrañar que su madre le encargara sus cuadernos antes de morir. Le contó donde estaban con la promesa de verlos solo cuando ella hubiera muerto. Así lo hizo. Sin embargo, “estante tras estante tras estante, todos los cuadernos de mi madre estaban en blanco” relata Terry. De aquí en adelante la escritora se sumerge en sus propios recuerdos, en la búsqueda incesante de su propia voz y en la reflexión en torno a este silencio. 

Ecos escriturales, cartografía de la experiencia

Cuando las mujeres fueron pájaros es un libro íntimo, en el que la búsqueda de la voz de la autora revela un compilado de voces que abarcan desde referentes culturales y artísticos, guías de campo de aves y las voces de las mujeres de su propia familia. “Cuando se trata de palabras, en lugar de usar nuestra voz, auténtica pero inexperta, nos robamos la de alguien” dice la autora y continúa: “Soy mi madre, pero no lo soy. Soy mi abuela, pero no lo soy. Soy mi bisabuela, pero no lo soy”. Un coro de relatos externos atraviesa el suyo y lo constituye. 

La escritura de Terry Tempest Williams es una cartografía de su propia experiencia y está en estricta relación con la geografía del desierto de Utah. © Matthias Mullie.

Lo más hermoso del trabajo escritural de Terry es la forma en que cartografía su propia experiencia. Una suerte de paisajismo íntimo donde la naturaleza se cola constantemente en cada episodio vivido. “Una madre y su hija son un borde. Los bordes son ecotonos, zonas de transición, lugares de peligro o de oportunidad” dice Terry cuando habla de la relación con su progenitora. La vida para ella es dinámica y fluida, como el paisaje, dice, y lo no humano es un agente constante de cambio que la atraviesa. El paisaje está a veces fuera y otras dentro del cuerpo. Las fronteras son borrosas. 

Si hay geografía en su cuerpo y en su vida, también la hay en su escritura: “Mi propia mano, con la pluma en su lugar, se abre camino a través de mi psique, atravesando el espeso sotobosque de pensamientos azarosos […] Y luego, en el proceso del lenguaje en capas, un sendero se abre. Veo hacia donde tengo que dirigirme”. La búsqueda de su voz en el proceso escritural es una forma de vivirse al aire libre y al mismo tiempo adentro, en su intimidad, “sé que ahí vivimos los escritores. Adentro para escribir. Afuera para recolectar” afirma Terry. 

Mi propia mano, con la pluma en su lugar, se abre camino a través de mi psique, atravesando el espeso sotobosque de pensamientos azarosos […] Y luego, en el proceso del lenguaje en capas, un sendero se abre. Veo hacia donde tengo que dirigirme (Terry Tempest Williams).

Oráculos y sueños

Otro elemento destacable en la escritura de esta conservacionista, es la importancia que le da al conocimiento ancestral. En este sentido, dice “la morfología de las plantas, los animales, las rocas y los ríos no responde únicamente a la ciencia, sino que constituye y contribuye a la cosmología de la gente que habita el lugar. Es un asunto espiritual”. Así, la intuición es para ella una forma válida y valiosa de conocer. Los sueños y los avistamientos de aves a modo de oráculo juegan un papel importante como augurios de distinto tipo. Sin embargo, como mujeres, dice la conservacionista, “hemos sido educadas para cuestionar aquello que sabemos, para desacreditar la autoridad de nuestras entrañas”. La prosa de la escritora no solo es crítica en asuntos ambientales, también lo es en temas indígenas y de género. 

La autora le brinda gran importancia al conocimiento ancestral, aun cuando ella es bióloga. © Cristina Gottardi. 

La escritura de Terry Tempest Williams dibuja una geografía natural y espiritual. Su lectura nos revela el paisaje árido del desierto de Utah en donde “siempre hay algo que ver o que escuchar […] especialmente en el silencio: el viento, el canto de los pájaros, los insectos”. Cuando las mujeres fueron pájaros, 54 variaciones de la voz muestra una forma de vivir, una intimidad, que al mismo tiempo es la historia de muchos. Es un paisaje nunca visto, pero conocido y ese es quizás su don, componer un texto que nos resuena. Un libro sencillo que invita constantemente a la reflexión.

Portada de Cuando las mujeres fueron pájaros, 54 variaciones de la voz de Terry Tempest Williams. © Jámpster Libros. 

 

Ficha Técnica

Título: Cuando las mujeres fueron pájaros, 54 variaciones de la voz

Autora: Terry Tempest Williams

Editorial: Jámpster Libros

Colección: No Ficción — Serie luminosa

Páginas: 172

Año: 2021

Encuéntralo Aquí

 

Imagen de portada: © Daniel Olah.

 

 

0

Tu Carrito