Hoy la autora y abogada Fernanda Piedra nos trae desde el sur de Chile un adelanto de su nuevo libro «Basura cero: Cómo decirle adiós a la basura y estar en paz con nuestro planeta», recién lanzado por editorial Zig Zag, el cual busca dar soluciones a la era desechable en la que vivimos y […]

Hoy la autora y abogada Fernanda Piedra nos trae desde el sur de Chile un adelanto de su nuevo libro «Basura cero: Cómo decirle adiós a la basura y estar en paz con nuestro planeta», recién lanzado por editorial Zig Zag, el cual busca dar soluciones a la era desechable en la que vivimos y así ser más conscientes de nuestra relación con la basura y la crisis climática.

«Descartamos alimentos, compramos productos en empaques que luego desechamos, nos deshacemos constantemente de ropa que aún nos queda bien y de aparatos electrónicos y eléctricos que todavía funcionan. Botamos muebles, libros y juguetes… La lista de lo que llega a nuestros basureros es infinita. Hemos vivido casi un siglo de una era desechable, debemos ¡y podemos! ponerle fin.», asegura la autora, cuyo propósito en este libro ilustrado fue hacerse las siguientes preguntas: ¿Qué hay detrás del negocio de la basura? ¿Qué sucede al embarcarte en un viaje verde? ¿Qué iniciativas evitan y reutilizan el desperdicio?

El libro entrega información fundamental sobre el origen de la basura, el destino de nuestros residuos y los efectos que tienen sobre el planeta. © Zig Zag

A lo anterior se le suma que Chile es el país que más genera basura en Sudamérica, además de ser exportadores de residuos plásticos. Del total de la basura que produce (correspondiente a residuos sólidos municipales), solo se recicla el 10%. «No hay un planeta “B” donde escapar de todo el daño que hemos causado a la naturaleza y a nosotros mismos.»

¿Qué hay detrás del negocio de la basura? ¿Qué sucede al embarcarte en un viaje verde? ¿Qué iniciativas evitan y reutilizan el desperdicio? 

Hoy compartimos parte del capítulo «¿Cómo sería una ciudad sustentable?» para que te sientas inspirado a ser parte de este movimiento urgente para mitigar la crisis climática.

¿Cómo sería una ciudad sustentable?

Para imaginar una ciudad sustentable podemos llamar a escena al solarpunk: un movimiento artístico que encuentra sus bases en subgéneros literarios de ciencia ficción, tales como el steampunk y cyberpunk, y que busca oponerse al presente e imaginar un futuro optimista en el que estemos libres de la amenaza climática y la contaminación, a través del uso de la tecnología y las energías renovables. En este futuro se da una coexistencia armónica entre personas, animales, plantas, insectos y tecnología. Los barrios integran a individuos de todas las edades, culturas y estratos económicos, y todos comparten celebraciones y el cuidado de los niños y mayores. Se compra a granel y hay eventos de reparaciones y zurcido. La idea de cooperación sustituye a la de competencia. Suena cool, ¿no?

Las viviendas de las personas estarían a unos 10 minutos a pie de todos los servicios que necesitan en su día a día. Todo caminable, en bicicleta o scooter.

Todos los edificios y casas deberían tener paneles solares o molinos de viento para abastecerse de electricidad. Asimismo, habrían molinos hidráulicos sobre ríos para aprovechar el movimiento del agua y así generar energía.

Todas las construcciones deberían tener algún tipo de vegetación; esto permitiría la captura de CO2 y contribuiría a enfriar la ciudad, lo que podría neutralizar o bloquear el efecto isla de calor urbano.

Fernanda Piedra es abogada, creadora de «Miel magazine», plataforma chilena pionera en vida lenta y cero residuos, y fundadora de «Zero Waste Life-London», primera comunidad basura cero de la capital inglesa. © Fernanda Piedra

En lugar de desagües, habrían jardines absorbentes de lluvia y piscinas naturales que filtrarían el agua para reutilizarla. El paisajismo de la ciudad estaría basado en la xerojardinería: con plantas de alto valor ornamental y bajo consumo de agua.

La agricultura urbana en forma de huertos particulares o de barrio ayudaría a reducir las emisiones de carbono ligada al transporte en la producción de alimentos.

En vez de ir al mall a comprar cosas nuevas, iríamos a un centro comercial del reciclaje, un destino consciente, donde sería posible comprar algo reciclado, upcycled o reparado -y único-. Algo así ya existe en Eskilstuna, Suecia. ¿Vamos?

¡No habría basureros! Pues todo se reutilizaría y/o reciclaría infinitamente. ¡En Rapa Nui ya es así! No hay basureros en lugares públicos porque las autoridades promueven que cada uno se haga cargo de su propia basura.

Compostaje ¡a todo nivel! Todas las instituciones públicas, colegios, empresas (tales como restaurantes y hoteles) y particulares, compostarían sus residuos orgánicos.

Refrigeradores comunitarios para fomentar la reducción del desperdicio de comida,  ahorrar y aumentar nuestras redes colaborativas. Se trataría de compartir comida en buen estado, que las personas no consumirán y que de otra manera terminaría en la basura, en un refrigerador común que esté a disposición de la  comunidad para quien necesite los alimentos. Y de aquí hay un paso a una cocina comunitaria para emprendedores y otros espacios del quehacer creativo.

Los medios de transporte, como los trolebuses y el metro funcionarán en base a energías renovables y limpias, como hidrógeno o electricidad con fuente solar o eólica. Es probable que los vehículos más pequeños se arrienden por su uso. Habría estaciones de carga eléctrica.

Biblioteca de las Cosas, un espacio donde se podría  arrendar cosas que no se necesitan permanentemente, ya sea para la casa  (herramientas), algún evento (parlantes XL para una fiesta) o  paseos y aventuras (equipamiento de camping). ¡En Londres ya abrieron una! Explora esta iniciativa aquí: https://www.libraryofthings.co.uk/

Loop, una plataforma residuo cero para productos de consumo masivo, como helados, chocolates, detergente y pasta de dientes, entre otras cosas. Los envases vacíos serían recogidos en cada casa para llevarlos a centros de limpieza y esterilización, donde serían rellenados y luego comprados por otra persona. Este servicio ya existe en países como Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Canadá y Japón.

Las tiendas físicas que venden alimentos contemplarán la opción de compra a granel, y habría fuentes de aguas en la ciudad para rellenar botellas reutilizables.

¿Y tú? ¿Cómo te imaginas una ciudad sustentable?

Basura cero. Cómo decirle adiós a la basura y estar en paz con nuestro planeta está disponible en la tienda virtual de Editorial Zig-Zag, con despacho a todo Chile, y próximamente en todas las librerías del país.

Valor: $15.990

Sobre la Autora

María Fernanda Piedra es abogada UC, creadora de «Miel magazine», plataforma chilena pionera en vida lenta y cero residuos, y fundadora de «Zero Waste Life-London», primera comunidad basura cero de la capital inglesa.

Imagen de portada: Lenka Dzurendov,  vía Unsplash.

Del fast fashion a la moda sustentable

El término “moda sustentable” es más complejo de lo que aparenta y existen varios factores que deberían cambiar para generar un movimiento más significativo: el sistema de pensamiento, las infraestructuras de la industria y la extracción de los recursos naturales. En el ámbito del consumo, existen varias propuestas que apuntan a hacer que nuestros hábitos […]

El término “moda sustentable” es más complejo de lo que aparenta y existen varios factores que deberían cambiar para generar un movimiento más significativo: el sistema de pensamiento, las infraestructuras de la industria y la extracción de los recursos naturales.

En el ámbito del consumo, existen varias propuestas que apuntan a hacer que nuestros hábitos sean menos dañinos con nuestro entorno, como elementos cotidianos hechos a partir de materiales reciclados, alimentos a granel, productos electrónicos que utilizan energía solar, contenedores de comida que reemplazan los desechables y que ayudan a la conservación del alimento, entre otras miles de ideas sobre productos sustentables. En la industria de la moda particularmente, también existen tendencias que apuntan a un consumo más responsable con el cuidado del medioambiente, como es el creciente éxito que está teniendo el upcycling o la ropa reciclada.

Ilustración de Rosario Lavignolle (@le_monde_de_chari)

Hoy existe un nuevo tipo de consumidor, con mayor conciencia sobre el impacto de sus compras y exigencias más concretas que la generación anterior. Este grupo, si bien todavía se mantiene como nicho, tiene prioridades tan claras como variadas: la preferencia por materiales renovables y/o orgánicos, la producción local y artesanal, el comercio justo, una cadena de suministro transparente y trazable, un marketing menos competitivo y la promoción de valores que apunten a la mejora de la sociedad y la naturaleza. Actualmente es prácticamente imposible conseguir que una empresa cumpla con todas estas características deseadas, pero poco a poco estas exigencias crecen en popularidad, ayudando a crear una conciencia real y profunda sobre los impactos que producimos como consumidores.

Sin embargo, es necesario preguntarnos, ¿puede una industria que fomenta indiscriminadamente el consumo, ser en algún punto sustentable? El concepto de moda habla de tendencia, de algo que cambia constantemente y no permanece en el tiempo. En ningún momento habla de una mejora del producto o de una nueva funcionalidad, sino que es una razón más efímera y banal: el simple hecho de estar en boga por un tiempo limitado. Esta es la industria que nos “enseñó” a comprar sin pensar, utilizar prendas por un período muy corto de tiempo y luego descartar.

El transporte de la ropa a través de los océanos se realiza en containers, que movilizan toneladas de prendas de vestir ©Life of Pix

Las noticias sobre las condiciones de las fábricas (por ejemplo, las fábricas de Rana Plaza en Bangladesh) en donde se producen la mayoría de las prendas que consumimos, fueron el detonante para este inicio en el cambio de mentalidad y exigencia por una industria menos nociva.

En este contexto, es necesario distinguir entre la industria de la indumentaria y la industria de la moda, ya que poseen distintos objetivos: la primera produce y comercializa prendas de vestir. La segunda, comercializa una aspiración, un estatus y reconocimiento social. Con su cadena de producción, las dos generan un impacto tangible y trazable en el ambiente. Sin embargo, es la industria de la moda la que, además deja una huella psicológica (intangible) ya que lucra con la inseguridad del consumidor.

©Life of Pix

El objetivo es la compra inmediata, irracional e impulsiva a raíz de un sentido de pertenencia y estatus en la sociedad. La industria de la moda es la industria de la tendencia y por definición es desechable, no perdura ni genera un valor agregado. Es un sentimiento que ataca directamente a la autoestima y busca denigrarla en pos del consumo.

Es por esta razón que la industria de la moda reacciona y se encuentra en proceso de cambio: nos está dando más alternativas que sí apuntan a una mejora del producto, que le aportan permanencia en el tiempo y que buscan resolver un problema concreto: el vestir. En medio de esta evolución se da lo que conocemos como moda lenta y como moda sustentable. Algunos las utilizan como sinónimos, pero existen estudios que las diferencian de forma precisa.

Campaña de Fashion Revolution sobre la procedencia de la ropa. Fuente: www.kavolta.com

El movimiento de la moda lenta surgió como una respuesta directa a la moda rápida (fast fashion), a sus ciclos de producción irreales, al crecimiento económico despiadado y al impacto ambiental resultante. La moda rápida es un negocio caracterizado por la optimización productiva desmedida que ha demostrado ser insostenible en cuestiones ambientales, económicas y sociales. Esta primera etapa, con el tiempo, fue tomando más forma y su evolución derivó en lo que hoy llamamos moda sustentable, que también se pueden encontrar sinónimos como moda ecológica, ética o verde.

Cuando hablamos de una moda que conserva la ética, hablamos de una industria que: asegura buenas condiciones laborales para los trabajadores; que se gestiona sobre un modelo de negocio sustentable y transparente; que evita la producción de desperdicios; que utiliza una materia prima que genera el menor impacto ambiental posible; y que posea certificaciones que avalen esta forma de producir bienes de consumo y que asegura una trazabilidad de la cadena de suministro.

Los dos términos –moda lenta y moda sustentable– buscan empoderar tanto a los trabajadores involucrados como a los consumidores. Este movimiento aboga por una producción balanceada en donde se fomenten las relaciones a largo plazo, una producción que promueva el origen local y que se enfoque en la transparencia. Además, se propone cambiar la infraestructura de la industria: el sistema de consumo irracional y depredación de los recursos naturales que sostienen este consumo.

La moda sustentable requiere que nosotros, los consumidores, nos informemos y actúemos ©Life of Pix

*Ilustración de portada por Rosario Lavignolle (@le_monde_de_chari)

Referencias

Claudia et al. (2016) «What is sustainable fashion?» Journal of Fashion Marketing and Management. An International Journal, 20(4): 400-416.