Mientras los pueblos del hemisferio norte usaban los puntos luminosos del cielo para orientarse, los del hemisferio sur lo hicieron prestando atención a los espacios oscuros de la Vía Láctea, entre los cuales se encuentra la nebulosa Saco de Carbón, ubicada a 600 años luz de la Tierra. Con esa premisa, el Festival de poesía […]

Mientras los pueblos del hemisferio norte usaban los puntos luminosos del cielo para orientarse, los del hemisferio sur lo hicieron prestando atención a los espacios oscuros de la Vía Láctea, entre los cuales se encuentra la nebulosa Saco de Carbón, ubicada a 600 años luz de la Tierra.

Con esa premisa, el Festival de poesía y ciencia del estrecho de Magallanes «Acrux», en conjunto al Colectivo Casagrande y la compañía danesa Hygge Universe, se propusieron recolectar versos espontáneos a través del sitio web Universalpoem.com para lanzarlos el próximo enero 2022 desde Punta Arenas hacia la nebulosa Saco de Carbón, también conocida como “mancha de Magallanes” o “nube oscura de Magallanes”. De esa forma, se prevé que este mensaje a la humanidad compuesto de versos de habitantes de todo el planeta llegue a inicios del año 2622.

El propósito de esta iniciativa es transformar en ondas de radio un gran poema universal que alcance el cosmos a partir de versos que se recopilen a través del sitio web del festival. El centro de operaciones será Hygge Universe, un centro tecnológico danés dedicado a la robótica y las comunicaciones satelitales. Ellos han sido los responsables del diseño de la arquitectura y el hardware necesarios para el lanzamiento, la transformación de los versos en señales de radio  y la visualización y retransmisión a través de señales visuales, auditivas y 3D de los versos transmitidos al Cosmos. La onda radial será́ proyectada sobre el estrecho de Magallanes el día del lanzamiento. La acción además, será́ retransmitida en directo a través de los canales de YouTube de todos los colaboradores del proyecto.

La invitación es a escribir un verso de 70 caracteres en /universalpoem.com/ para que sea enviado al cosmos. 

Por su parte, el Colectivo Casagrande, quienes desde 1996 han desarrollado numerosas acciones poéticas que vinculan el cielo, la literatura y las artes visuales, propusieron el proyecto, POEMA UNIVERSAL AL COSMOS, el cual consiste en enviar al espacio el “Universal Poem”, el poema de la especie, amplio, diverso y escrito por miles de autores. A continuación compartimos un fragmento de lo que para sus autores implica este gesto poético que busca producir diálogos entre lo que concebimos como luz y oscuridad, astronomía y medioambiente, pasado y futuro.

Poéticas del carbón

Por Santiago Barcaza, de Colectivo Casagrande

El carbón símboliza lo oscuro, lo negro, lo que para algunos es mancha, combustible inspirador del progreso. El carbón y la oscuridad han sido un combustible poético que han generado diversos motivos líricos para destacados artistas y poetas. Así encontramos en los versos de Gonzalo Rojas, quien escribe en uno de sus más grandes poemas, “Carbón”: No importa / que hayan pasado tantas estrellas por el cielo de estos años / No importa que la noche nos haya sido negra por igual a los dos. / Pasa, no estés ahí/ mirándome, sin verme, debajo de la lluvia. O un verso de Derek Jarman:»In black lies the possibility of hope», cuya reescritura podría ser el lema del proyecto “en lo oscuro yace la esperanza”. Por lo tanto, existe un relato poético en enviar nuestro mensaje a la oscuridad, a la gran mancha de Magallanes, porque en esa oscuridad, nido de estrellas y de alucinaciones de aves migratorias, está cifrada la esperanza

Existe en la historia contemporánea un vínculo directo entre «Coalsack Nebula» (Saco de carbón) y el lugar geográfico donde se desarrollará este proyecto. El primero en dar a conocer la existencia de la nebulosa Saco de Carbón a Europa, en 1499, fue el explorador español Vicente Yáñez Pinzón. Fue nombrado «il Canopo fosco» (la oscuridad Canopus) por Amerigo Vespucci y también fue llamado «Mácula de Magellani»(Mancha de Magallanes) o «Nube de Magallanes Negra» en oposición a las Nubes de Magallanes. Más tarde, la nebulosa obtuvo el sobrenombre de Nube Oscura de Magallanes, un juego de palabras dado su negro aspecto en comparación con el brillante resplandor de las dos nubes de Magallanes, que son en realidad galaxias satélites de la Vía Láctea. Estas dos galaxias son claramente visibles en el cielo austral y llamaron la atención de los europeos durante las exploraciones de Hernando de Magallanes en el siglo XVI. Sin embargo, la «Coalsack Nebula» no es una galaxia. Como otras nebulosas oscuras, en realidad es una nube interestelar de polvo tan espesa que impide que la mayor parte de la luz de las estrellas del fondo llegue a los observadores.

La nebulosa «Saco de Carbón» se encuentra a 600 años luz de la Tierra. Fuente: ESO

La otra mancha de carbón

Recientemente el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas publicó su esperado informe sobre cómo el calentamiento global cambiará nuestro planeta en las próximas décadas dando por hecho que el aumento inevitable de la temperatura y la crisis hídrica han sido provocados por el hombre desde la revolución industrial (desde hace 180 años). En este contexto, el carbón es el combustible fósil que más contribuye al cambio climático y las centrales térmicas de carbón son la mayor fuente de emisiones de CO2 producidas por el ser humano. Sólo en España, el carbón fue el responsable de más del 65% de las emisiones de CO2 producidas en la generación eléctrica en 2016 y mueren prematuramente cada año 30.000 personas por respirar aire contaminado. El proyecto Carbón puede contribuir a tomar conciencia en la sociedad sobre el impacto del uso del carbón poniendo en las antípodas del discurso el que, por un lado, ya existe la “mancha de magallanes”, el saco de Carbón a 600 millones de años luz de nosotros y, por otro, no es necesarios que hagamos de nuestro planeta una nueva “mancha” o un nuevo saco de carbón.

Actualmente, Chile vive un proceso de redacción de una Nueva Constitución, en cuya fase inicial se ha puesto sobre la mesa el valor de que Chile se transforme en un Estado Plurinacional y Multicultural, reconociendo que en su territorio habitan diversos pueblos o Naciones y que somos una sociedad multiétnica. Lo anterior es sólo un antecedente que pone en relieve la existencia y valoración cultural de numerosos pueblos originarios en el hemisferio sur–no sólo en Sudamérica- para los cuales la nebulosa “saco de carbón”, siendo observada desde hace miles de años, forma parte esencial de sus cosmogonías. Por ejemplo, para los mocovíes –indígenas argentinos- la nebulosa Saco de Carbón es nombrada Mañik, el padre de los ñandúes; para los mapuches –indígenas chilenos y argentinos- la nebulosa Saco de Carbón es nombrada como Kusv Weke, aunque también es llamada Kuzv Weke y Kurv Wekey representa el “lanar negro”; los aborígenes australianos utilizan el «Emú en el cielo «, un constelación que consiste en nebulosas oscuras que son visibles contra el fondo de la Vía Láctea, en lugar de las estrellas. La cabeza del Emu–ave muy similar al ñandú-es muy oscura y es la nebulosa Saco de carbón, junto a la Cruz del Sur; el cuerpo y las piernas son esa extensión del Gran Grieta rastreando a Scorpius; etc.

La nebulosa Saco de Carbón se encuentra a 600 años luz de distancia, en la constelación de Crux (la Cruz del Sur). La silueta de este enorme y oscuro objeto contrasta sobre la banda luminosa y estrellada de la Vía Láctea y, por esta razón, la nebulosa se conoce en el hemisferio sur desde que nuestra especie existe. Esta enorme nube de polvo y gas absorbe y dispersa la luz de las estrellas del fondo e impide verlas. Dentro de millones de años, trozos de esta nebulosa se prenderán, casi como su homónimo combustible fósil, con el brillo de numerosas estrellas jóvenes, es decir, se cumplirá la paradoja de que la luz de las nuevas estrellas nacerá en la oscuridad de “Coalsack Nebula”.

Imagen de portada: Detalle de la «Gran nube de Magallanes», opuesta a la constelación de Crux (Cruz del sur) Fuente: Ciel Austral.

 

 

Bosques submarinos: Guardianes de la biodiversidad

¿Qué es lo primero en que piensas cuando escuchas la palabra “bosque”? De seguro tu mente visualiza un paisaje con muchos árboles altos y frondosos, aves revoloteando en medio de un color verde intenso. Un lugar apacible – qué ganas de estar allí en estos días de encierro, ¿no? – Pero, por muy llamativo que […]

¿Qué es lo primero en que piensas cuando escuchas la palabra “bosque”? De seguro tu mente visualiza un paisaje con muchos árboles altos y frondosos, aves revoloteando en medio de un color verde intenso. Un lugar apacible – qué ganas de estar allí en estos días de encierro, ¿no? – Pero, por muy llamativo que se vea ese paisaje, cuando yo cierro los ojos y pienso en esa palabra, me remonto a la primera vez que buceé en el Estrecho de Magallanes.

Ahí, en el reino submarino, me adentré en un bosque como ningún otro: en vez de árboles, había algas muy altas, tanto que tocaban la superficie; y en vez de aves, muchos peces nadaban alrededor; sentía la ingravidez mientras el agua helada me pinchaba la cara, pero de una forma agradable y energizante. En ese lugar, característico de las costas de Patagonia, la vida acuática prospera.

Sacados de un cuento de hadas

Los bosques submarinos son ecosistemas dominados por grandes macroalgas pardas del Orden Laminariales, llamadas comúnmente huiros o “kelps”, en inglés. Crecen en las costas rocosas de mares templados-fríos de todos los continentes, a excepción de Antárctica, y que les puedo decir, ¡son mágicos a la vista!

Cuando cierro los ojos y pienso en un bosque, me remonto a la primera vez que buceé en el Estrecho de Magallanes.

Vista de un bosque submarino en el Estrecho de Magallanes © Cata Velasco

Generalmente, habitan profundidades entre 2 a 30m, con aguas claras, donde la luz penetra fácilmente. Otra condición favorable es la alta cantidad de nutrientes que se da, por ejemplo, en zonas de surgencia[1]. Debido a estas condiciones, los bosques submarinos son un ecosistema muy común en las costas de Patagonia.

En Chile, las algas que forman estos ecosistemas son principalmente Macrocystis pyrifera y Lessonia spp. Estas algas tienen una forma similar a un árbol terrestre, con “raíces” (disco de fijación), tronco (estipe), y hojas (láminas). Estar bajo el agua viendo la inmensidad de estos bosques es un golpe de humildad, ya que M. pyrifera puede alcanzar más de 50 metros de alto. Un verdadero edificio de 20 pisos que se mueve al vaivén de las olas. Un dato interesante es que estas tremendas algas se mantienen erguidas gracias a las estructuras que se encuentran al inicio de sus láminas, llamadas “aerocistos” o “neumatocistos”. Estos flotadores permiten que el alga pueda alcanzar las zonas de mayor radiación solar, y así realizar fotosíntesis.

Huiro Lessonia flavicans en primer plano, Macrocystis pyrifera en segundo plano © Cata Velasco.

 

Aerocistos de Macrocystis pyrifera © Cata Velasco

Al igual como ocurre en tierra, los bosques submarinos son hábitat, zona de reproducción y crianza para cientos de especies. Por ejemplo, el tiburón pintarroja[3] y el calamar patagónico anclan sus huevos entre las frondas de los huiros, que proporcionan un refugio tridimensional contra depredadores. Incluso algunas especies de importancia comercial, como la centolla (Lithodes santolla) y el centollón (Paralomis granulosa), pasan su etapa juvenil asociado a estos bosques, para luego descender hacia el océano profundo en la etapa adulta. Debido a estos beneficios para las comunidades marinas, se dice que los bosques de huiros ayudan a estructurar los ambientes bentónicos[4], siendo agentes clave de la biodiversidad local.

Al igual como ocurre en tierra, los bosques submarinos son hábitat, zona de reproducción y crianza para cientos de especies.

Cápsulas de calamar patagónico ancladas a un estipe del huiro M. pyrifera © Cata Velasco.

Gracias a su actividad fotosintética, producen oxígeno y usan grandes cantidades de carbono inorgánico, funcionando como amortiguadores de la acidificación oceánica. Aportan al reciclaje de nutrientes, son alimento para herbívoros, y producen materia orgánica que es consumida por los detritívoros; las corrientes marinas son atenuadas dentro del bosque, ofreciendo un ambiente más calmo para los organismos, además, protegen las costas de eventos extremos como las marejadas.

Estos ecosistemas algales tienen tal relevancia, que incluso se cree que jugaron un rol preponderante en nuestra historia pasada. De acuerdo con la “hipótesis de la autopista de algas”[5] , la colonización desde el noreste de Asia hasta América fue facilitada por una ruta que ofrecían los bosques de algas en la costa del Pacífico Norte. Estos proporcionaron amarras para las embarcaciones, reducción de corrientes y oleaje, y una pesca productiva, lo que generó una especie de «carretera de algas» para el desplazamiento de los primeros pueblos cazadores-recolectores marítimos, hace unos 18.000 años atrás[6].

Además de todos los beneficios ya mencionados, los huiros proporcionan un recurso económico para Chile debido al alginato, un polisacárido presente en sus paredes celulares y que sirve de espesante, principalmente en la industria cosmética y alimenticia. Si miras los productos de tu casa, te darás cuenta de que consumes derivados de estas algas a diario: se encuentran en cremas, salsas, jaleas, pasta de dientes, champús e incluso se usan en la elaboración de cerveza. ¿Ven? Son más importantes de lo que creíamos…

No más barreteo

Huiro Lessonia flavicans en el Estrecho de Magallanes © Cata Velasco

Con el auge de este producto, crece la demanda y Chile es uno de los mayores exportadores de huiros a China, Japón y Francia. A pesar de que estas algas tienen prohibición de extracción, los bosques submarinos son explotados de forma ilegal en el norte de Chile, donde las poblaciones de Lessonia spp. están declinando rápidamente.

Actualmente, estas algas solo se pueden recolectar cuando se desprenden del sustrato que habitan y llegan de forma natural en la orilla de la playa, también en áreas específicas de la costa que poseen “planes de manejo”. Lo último, corresponde a una extracción regulada, con base en estudios científicos, y que permiten una extracción sustentable de las praderas. Sin embargo, algunos pescadores han incurrido en malas prácticas y sacan las algas de “raíz” por medio de un método llamado “barreteo”.

Con una “barreta” o herramienta de metal, se despega el huiro completo desde el sustrato rocoso. Esto, además de degradar el sustrato, remueve el alga y gran parte de la fauna asociada que encuentra refugio y tranquilidad en los discos del huiro. Se ha documentado que estas estructuras de adhesión pueden albergar más de 150 especies[7]  formando verdaderos micro-ecosistemas cuya remoción pone en peligro las poblaciones naturales.

Esquema de un buzo “barreteando” © Revista REMA

Luego de sacar el huiro, se deja secando al sol y finalmente es entregado a empresas picadoras, que se encargan de exportan el material. No le damos ningún valor agregado al alga que se exporta como materia prima y luego se nos revende más cara, ¿les suena familiar? Además, las picadoras, en muchas ocasiones, registran lo que compran a huireros ilegales como parte de la cuota de huireros legales, alimentando un círculo vicioso que no pareciera acabar.

La zona norte de Chile concentra el 90% de la extracción nacional de huiros. Para ejemplificar, los desembarques de algas en 2017 alcanzaron las 250.000 toneladas, de las cuales 135.000 toneladas correspondían a Macrocystis pyrifera y Lessonia spp. Ese mismo año, el Servicio Nacional de Pesca incautó 343 toneladas de algas de origen ilegal avaluadas en $137.200.000[8], lo que demuestra que la infraccionalidad es bastante alta.

El océano es el motor del planeta y permite el desarrollo de la vida como la conocemos. Debemos volver la mirada al océano, conocerlo, involucrarnos y alzar la voz.

Con esta “fiebre del huiro” y aumento del barreteo, el efecto en el ecosistema marino ya se está notando. En el norte de Chile, la extracción indiscriminada de huiros está generando que estas especies no se vuelvan a reproducir. Es decir, los bosques submarinos en Chile no se están reforestando[9], perdiéndose una gran biodiversidad asociada a estos ecosistemas. ¡Es una tragedia! Sufro sabiendo que el barreteo está ocurriendo mientras escribo, que paisajes submarinos muy diversos se están convirtiendo en peladeros. Lo peor es que al estar bajo el agua, nadie lo nota.

Conocer para conservar

Al comienzo les conté de los bosques submarinos de Patagonia. Ahí, en el extremo sur, el problema del barreteo parece lejano. Las condiciones frías y húmedas no permiten un proceso de secado rentable, encareciendo los costos de producción. Sin embargo, en Chile tenemos la mala costumbre de agotar los recursos en un lugar y luego pasar al siguiente, como ocurre, por ejemplo, con la salmonicultura.

Solo basta que la tecnología se use para abaratar los costos de producción, y el barreteo podría llegar a la zona austral. A un lugar que, por ahora, goza con poseer de los bosques submarinos más estables y sanos del planeta[10]

Un bosque submarino en el Estrecho de Magallanes mirado desde abajo © Cata Velasco

El panorama se ve abrumador, y como pudieron ver, los bosques de algas son ecosistemas muy especiales y relevantes. Perderlos significa un impacto negativo en múltiples dimensiones, desde disminución de la biodiversidad hasta pérdidas económicas (no soy fanática de hablar en términos económicos, pero debemos reconocer que eso es lo que mueve al mundo, por ahora). Para contribuir a la mitigación de este y otros problemas oceánicos, es necesario que primero nos informemos sobre lo que ahí ocurre.

Estos guardianes de la biodiversidad submarina son un claro ejemplo de cómo estamos perdiendo ecosistemas antes de llegar a comprenderlos. El océano es el motor del planeta y permite el desarrollo de la vida como la conocemos. Debemos volver la mirada al océano, conocerlo, involucrarnos y alzar la voz. Pueden apoyar a organizaciones que trabajan en el cuidado y puesta en valor de estos ecosistemas, informarse y maravillarse. Vuelvan la mirada al mar, que esa inmensidad siempre traerá paz, mientras la sepamos apreciar.

 

[1] https://sanctuaries.noaa.gov/visit/ecosystems/kelpdesc.html

[2] https://www.researchgate.net/publication/313161375_Ecosystem_Services_In_the_Coastal_Zone_of_the_Nordic_Countries

[3] https://www.int-res.com/abstracts/meps/v610/p125-135/

[4] Aquellos ambientes asociados al fondo marino

[5] https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/15564890701628612

[6] https://blog.education.nationalgeographic.org/2017/11/08/did-the-first-americans-take-a-ride-on-the-kelp-highway/

[7]http://biomar.fciencias.unam.mx/Sobretiros/Informacion%20algas/Algas/Feofitas/Vasquez%20Vega%20BIODIVERSIDAD-U-CH.pdf

[8] https://www.aqua.cl/2018/01/15/mas-137-millones-incautacion-algas-pardas-llego-343-toneladas-ultimo-ano/#

[9] https://interferencia.cl/articulos/extraccion-de-huiro-cientificos-chilenos-descubren-que-los-bosques-de-estas-algas-no-se

[10] https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0229259