Mucho se conoce sobre la vida de Alexander von Humboldt, de sus viajes por Sudamérica y de la “invención de la naturaleza” como bien ha titulado su libro la autora germano-británica  Andrea Wulf, publicado en el 2015. Mucho se habla de sus viajes de exploración y la influencia que tuvieron sus observaciones en la ciencia […]

 Mucho se conoce sobre la vida de Alexander von Humboldt, de sus viajes por Sudamérica y de la “invención de la naturaleza” como bien ha titulado su libro la autora germano-británica  Andrea Wulf, publicado en el 2015. Mucho se habla de sus viajes de exploración y la influencia que tuvieron sus observaciones en la ciencia y geografía moderna. Entre sus ascensiones más emblemáticas a los Andes Tropicales, fue la que hizo al Chimborazo, en Ecuador, un volcán de más de 6.300 m.s.n.m. con un ascenso particularmente complicado. La niebla, el frío, el peso de todo el equipo al hombro y el camino agreste obstaculizaron la llegada de los exploradores a la cumbre. Lograron subir hasta los 5.917 m.s.n.m y se sentían en la cima del mundo porque eran las primeras personas en alcanzar tal elevación. Fue justamente a partir de esa expedición que nace el concepto de cinturón vegetativo en el que Humboldt describe los cambios de fauna y flora a lo largo de un rango altitudinal. Él lo llamó Naturgemälde, una palabra alemana sin traducción al español pero que representaba a la naturaleza por zonas climáticas más que por sus categorías taxonómicas.  

Fue justamente a partir de la expedición al Chimborazo, en Ecuador, que nace el concepto de cinturón vegetativo en el que Humboldt describe los cambios de fauna y flora a lo largo de un rango altitudinal. Él lo llamó Naturgemälde, una palabra alemana sin traducción al español pero que representaba a la naturaleza por zonas climáticas más que por sus categorías taxonómicas.

Chimborazo, en Ecuador, un volcán de más de 6.300 m.s.n.m. © Giovanni Poveda.

Pero esta vez no voy a escribir sobre lo que ya está disponible en libros y artículos científicos, más bien, he querido darle un toque personal a la vida de Humboldt. Poco se ha hablado de su vida amorosa, incluso se ha mencionado que Humboldt no habría estado interesado en consolidar una vida en pareja porque “eso le quitaría tiempo para sus viajes y observaciones”. Hay quienes hablan con recelo sobre una posible homosexualidad como Joaquín Fernández Pérez en su libro El descubrimiento de la naturaleza de Humboldt o Douglas Botting que escribió Humboldt y el Cosmos. La escritora Andrea Wulf en La invención de la naturaleza lo menciona con un poco más de libertad, escribe que nunca se supo de una relación íntima con mujeres, pero que sí existen cartas en las que Humboldt declara su amor a algunas amistades masculinas platónicas.

Curiosa por este vacío en la vida de Humboldt, me puse a investigar. Durante la búsqueda descubrí el nombre de un militar criollo nacido en Quito -Carlos Montúfar y Larrea-Zurbano-. Es considerado uno de los libertadores del actual Ecuador, conoció a Humboldt en 1802 con quien entabló una amistad muy cercana a tal punto que fue considerado para formar parte de su equipo de expediciones junto a Aimé Bonpland. 

Se habla de una posible relación, quizás sentimental entre Montúfar y Humboldt durante sus viajes de exploración en América. Así es, como decidí recrear, o literalmente inventar una historia ficticia de amor ajustada a ciertos hechos históricos de ambos personajes a la que he titulado “Caudillos”.

Humboldt y Bonplant en la selva. © Eduard Ender.

Caudillos

Es 30 de Julio de 1816 y mañana moriré. He sido sentenciado a fusilamiento por traidor, según han dicho los españoles, aunque solo he dedicado mi vida a luchar por la independencia de los pueblos de Nueva Granada. No importa ahora quién sea portador de la razón. Escribo esto después de haber enviado mi última carta dirigida hacia él, mi amado V No ha sido una carta de despedida, solo de gratitud y reconocimiento. Él fue el caudillo de mis aventuras desde aquel día de 1802 cuando lo conocí. Es raro llamarlo de esa manera porque “caudillo” era mi seudónimo, pero no encuentro palabra que se ajuste más a una descripción corta. Un idílico personaje del que, estoy seguro, se hablará hasta el fin de la era. Sus descubrimientos serán perpetuos. Sus aventuras quedarán escritas en libros y enciclopedias. De él habrá mucho por contar y verdades que aprender, que no quepa la menor duda. Y quizá, si tengo suerte, mi nombre aparecerá en alguna de esas anécdotas escritas junto a los de Simón Bolívar y Napoleón.

Conocí a V cuando tenía 22 años. Había culminado mis estudios de filosofía y humanidades. Era abril de 1802 y nunca imaginé que ese sería el preámbulo de aventuras insólitas que me harían olvidar el significado de “rutinario”. V me eligió para formar parte de su expedición que había empezado tres años atrás. Una acción que, al parecer, había sido molesta para el erudito Caldas, quien no pudo ocultar su frustración y escribió una epístola que, por algún error, llegó a mis manos: 

 “El señor Barón partió de aquí el 8 del corriente con Mr. Bonpland y su Adonis, que no le estorba para viajar como Caldas”

Yo era el mencionado “Adonis”. 

Nuestra trayectoria comenzó en mi Quito natal, continuamos por México, Cuba y Estados Unidos. Más de una vez nos escapamos para evitar ser vistos por el tercer tripulante Aimé Bonpland aduciendo cierto despiste. Cada vez V repetía la misma justificación: “nos hemos perdido, pensábamos que el campamento estaba allá y, ¡fíjate!, ha estado de este lado”. Él levantaba los hombros con la mirada hacia el piso, yo reía en silencio. Viajamos durante dos años hasta culminar nuestra jornada en París, donde asistimos, junto a Simón Bolívar, a la autocoronación de Napoleón como emperador en 1804. 

Desde ese momento tomamos caminos diferentes, yo viajé a España y V a su natal Berlín. Mantuvimos contacto por un par de años más, mientras duró mi formación como militar. Diez años han pasado desde la última vez que supe de él y mi último deseo ha sido contarle mis hazañas de las que no puedo negar sentir mucho orgullo:

 30 de Julio de 1816

 Amado V.

Cuántos años han pasado. Hace seis que regresé a Quito y me he unido a las fuerzas independentistas de Nueva Granada junto a Simón Bolívar. Fui encarcelado por los españoles, pero escapé y logré regresar para participar en la que sería mi última batalla. He sido capturado por las tropas realistas y declarado traidor. Me han sentenciado y mañana estaré muerto. No tengo remordimiento alguno, moriré con el orgullo de haber luchado por mis tierras. Las batallas independentistas se han truncado por ahora, pero sé que volverán con más fuerza. Quizás, lo único que me duele es saber que no estaré vivo para ver a mi patria libre. 

Pueden otros hombres no comprender mi tranquilidad a pocas horas de morir. Hoy solo quiero recordar nuestros años juntos. Aún tengo las imágenes de nuestras aventuras que se clavan en mis ojos como si los parajes por los que caminamos los tuviera frente a mí. Bendigo el día en el que me hiciste parte de tu tripulación. No he tenido momento en el que me haya sentido más en comunión con el mundo que cuando te tuve a mi lado. 

Ojalá las cadenas de acero que me atan ahora a los barrotes de la ventana de la celda en la que me encuentro me tuvieran atados a ti. Diez años junto a militares experimentados y con ninguno he aprendido tanto como contigo: mi geógrafo, astrónomo, humanista, naturalista y explorador prusiano. Recuerdos inmortales que llevaré conmigo a la tumba, como los de aquella vez que subimos al Chimborazo. Hiciste que ilustre y describa en detalle cada característica que solo tú eras capaz de observar. En el paisaje, en las plantas, en el viento, en la temperatura del aire. Admirable tu capacidad de comprensión de la “invención de la naturaleza”. 

¡Cuánta curiosidad generada! Eso es lo que me ha tenido a ti, atado, recordándote en cada batalla, todas las veces que tuve que agazaparme detrás de la vegetación para no ser visto. Si supieras cuántas veces esa simple acción salvó mi vida. Aprendí a reconocer a lo lejos la coloración de la vegetación más frondosa que se habría convertido en mi escudo cuando advertía peligro. 

Permanecerá conmigo el recuerdo de las veces que susurraste a mi oído, la misma frase que, estoy seguro, se hará famosa entre los habitantes de mi patria. Algunos te identificarán más por la frase que por tus descubrimientos, pero qué importa, será algo por lo que nos sintamos orgullosos.

Tus compatriotas son seres raros y únicos -me decías-. “Duermen tranquilos en medio de crujientes volcanes, viven pobres en medio de incomparables riquezas y se alegran con música triste”

Aún siento tu aliento cuando repito la frase en silencio.

Por siempre

Tu caudillo criollo

Carlos de Montúfar y Larrea-Zurbano

 P.S. no me respondas, mañana estaré muerto.

Imagen de Portada: © Simon Berger.

Salvando al Oso Andino en Ecuador

Salvar al oso de anteojos de la extinción fue lo que motivó a Armando Castellanos a formar la Fundación Oso Andino. A través de estudios científicos, reintroducción de osos, actividades de educación ambiental y desarrollo comunitario, esta fundación busca proteger a éste y otros animales que viven en los páramos del Parque Nacional Cayambe Coca […]

Salvar al oso de anteojos de la extinción fue lo que motivó a Armando Castellanos a formar la Fundación Oso Andino. A través de estudios científicos, reintroducción de osos, actividades de educación ambiental y desarrollo comunitario, esta fundación busca proteger a éste y otros animales que viven en los páramos del Parque Nacional Cayambe Coca y la Reserva Ecológica Antisana, en Ecuador.

Desde 1995 que Armando estudia a esta especie,  formalizándolo el 2001 con la Fundación Oso Andino, como una forma de reunir fondos en países de Norteamérica y resto del mundo para proteger al Oso Andino y otras especies menos carismáticas, pero que comparten el hábitat con estos animales.

¿Cuánta información existía sobre esta especie antes de su trabajo?
Cuando  inicié el proyecto de osos en 1995, había muy poca información  sobre osos. Nos tocó ir aprendiendo en el camino. Ahora hay más información, más biólogos trabajando, y estamos muy orgullosos de  tener muchísima información genética de  ellos, no sólo de Ecuador, sino que de toda la distribución.

 Tenemos entendido que monitorean a los osos mediante observación directa y telemetría radial y satelital. ¿Nos podrías contar más sobre el trabajo de observación que realizan?
La observación directa la hacemos cuando monitoreamos animales que están usando collares de radio o satelitales. A los que están sin collar, los podemos observar y fotografiar. También tenemos ayuda de turistas, biólogos y guarda parques, que nos envían fotografías de osos sin collar.

Foto: Paul E.M
Foto: Paul E.M

¿De qué forma están educando a la sociedad sobre el cuidado de esta especie?
Las redes sociales no están ayudando muchísimo. Yo publico todos los días algo sobre mi trabajo. También tengo muy buenos amigos que me han permitido compartir sus fotografías y sensibilizar y educar a la gente sobre cómo conservar y proteger a los animales y áreas naturales. También hemos hecho grabaciones con BBC, National Geographic y Animal Planet, que permite que la gente vea lo que hacemos.

¿Cómo es el trabajo que realizan con las comunidades aledañas?
Por medio de acuerdos de compensación por los daños que provocan los osos en ellas. Estos animales depredan ganado, por lo que se paga y se reponen con terneros, materiales de construcción y algo que equipare el valor de lo que han perdido.

Además de la amenazante desaparición de los bosques nublados de Los Andes, donde viven estos osos y el conflicto oso-humano, ¿a qué otras amenazas se enfrentan esta especie?
No sólo los bosques nublados, también son los páramos. Una de las amenazas es la quema de bosques y páramos en las épocas secas. Otro de los problemas es la expansión humana: hay más pueblos asentándose en páramos y bosques nublados que compiten con el espacio del oso. Además, las hidroeléctricas, los acueductos y represas. No hay que olvidar la transmisión de enfermedades de parte de animales domésticos a silvestres y viceversa.

Ilustración por Alexander Santillanes
Ilustración por Alexander Santillanes

¿Cuál crees que ha sido el mayor aporte de la ONG?
Devolver a la naturaleza sus hijos que fueron raptados de lugares de los cuales nunca debieron haber sido tomados. Mi primer trabajo con los osos fue de reintroducción, luego vino el estudio de los osos silvestres.

¿El financiamiento de la ONG ha sido un problema? En el caso que sí, ¿cómo lo han enfrentado?
Los fondos han sido nuestro mayor dolor de cabeza, y lo solventamos con un programa de voluntariado que sostuvo el proyecto por un largo tiempo. Ahora no lo tenemos, entonces estamos tratando de manejar un proyecto de ecoturismo o turismo científico, para poder mantener el proyecto en el Parque Nacional Cayambe Coca.

¿Qué instituciones los apoyan y de qué forma lo hacen?
Son muchas las instituciones que nos han apoyado desde 1995. La mayoría lo hace con equipos y fondos para comprar collares, medicinas, darnos lo que necesitamos. Lastimosamente, no lo hacen con salarios, por lo que estamos buscando otras formas de financiamiento.

¿Cómo se proyectan en el tiempo y con qué sueñan?
Los proyectos han ido cambiando con el tiempo. Ahora se llama Grandes Mamíferos del Parque Cayambe Coca, porque se han ido añadiendo otras especies. Así se han unido biólogos y profesionales para estudiar otras especies. 

Ilustración por Paul O´Connor
Ilustración por Paul O´Connor