Una nueva oportunidad para las comunidades costeras

La pandemia del virus SARS-CoV2, o más conocido como COVID-19, es uno de los grandes desafíos que la humanidad ha tenido que afrontar. Con más de 23.700.000 casos confirmados en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud, ha puesto en jaque los sistemas de salud, seguridad social, económicos, ambientales y el rol de […]

La pandemia del virus SARS-CoV2, o más conocido como COVID-19, es uno de los grandes desafíos que la humanidad ha tenido que afrontar. Con más de 23.700.000 casos confirmados en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud, ha puesto en jaque los sistemas de salud, seguridad social, económicos, ambientales y el rol de la ciencia en la mayoría de los países. América Latina, una región que en el último tiempo se ha encontrado con dificultades económicas y sociales, lidera hoy el número de casos confirmados con más de 6 millones de personas contagiadas. Las medidas optadas para mitigar el número de contagios y “aplanar la curva” en los distintos países de la región han sido diversas, pero cuando estos tienen como principal actividad económica el manejo de los recursos naturales, es válido cuestionar e indagar sobre los efectos que tales medidas han tenido sobre éstos y los pasos a seguir para un manejo sustentable.

El ecosistema marino – además de cubrir el 70% del planeta y proveer más del 50% del oxígeno que respiramos – es el sustento económico de múltiples comunidades costeras. En el mundo, se estima que aproximadamente 32 millones de personas se involucran de forma directa a la pesca artesanal (Bennett et al., 2020). Esta es una actividad extractiva realizada por personas naturales que si bien presentan diferencias entre los países, se caracterizan por presentar embarcaciones menores, aparejos de pesca sencillos o tradicionales, habitan en zonas costeras, son ciudadanos locales y un importante sustento para su comunidad. La legislación chilena define la pesca artesanal como la actividad pesquera extractiva realizada por personas naturales en forma personal, directa y habitual, que trabajan como pescadores artesanales inscritos en el Registro Pesquero Artesanal, y su actividad se ejerce a través de las siguientes categorías: armador artesanal, pescador artesanal, buzo, recolector de orilla, alguero o buzo apnea. Además, se puede presentar embarcaciones con una eslora máxima no superior a 18 metros y 80 metros cúbicos de capacidad de bodega la que es identificada e inscrita en el Registro Pesquero Artesanal.

El ecosistema marino, además de cubrir el 70% del planeta y proveer más del 50% del oxígeno que respiramos, es el sustento económico de múltiples comunidades costeras. Crédito: Francesco Ungaro vía Pexels.com

Como tantos sectores, éste no se hace ajeno a los impactos de esta pandemia. La pesca artesanal, a nivel mundial, es una actividad vulnerable a la recesión de los mercados globales, ya que la mayoría de sus desembarques son destinados a la exportación. Recursos como la langosta americana, mexicana, cangrejo de río australiano y camarones vietnamitas, han presentado una disminución en su demanda debido al cese de los mercados asiáticos y europeos. En Italia, por ejemplo, la actividad pesquera se redujo en un 84 % según Depellegri et al., (2020). Frente a esta situación, científicos del Insituto Hopkings Marine Station de la universidad de Standford, sostienen que el cierre de los mercados dominantes extranjeros, puso en evidencia la vulnerabilidad de la pesca artesanal, ya que cada vez las pesquerías dependen más de compradores extranjeros en lugar de los mercados nacionales. Por otra parte, cabe destacar que a nivel internacional se espera una mayor actividad de pesca ilegal, no reportada y/o no regulada (IUU) debido al deceso de observadores y fiscalización por periodos de confinamiento (Bennett et al., 2020).

¿Cómo pueden las comunidades costeras seguir desarrollando una actividad extractiva que forma parte de su identidad cultural sin poner en riesgo su subsistencia ni la funcionalidad del ecosistema?

Pescadores artesanales en Chile: Un nuevo desafío

En Chile, la pesca artesanal es un sector compuesto por 91.436 personas a diciembre del 2019, siendo el 76% hombres y 24% mujeres (Subpesca, 2019). Una actividad que no solo incluye a una persona natural si no que en muchas ocasiones, también se encuentra involucrado el núcleo familiar del pescador/a. Las exportaciones son una venta clave para la pesquería de centolla, erizo, merluza, jibia, macha y ostión. Aunque no existen datos oficiales o científicos al momento con respecto al impacto de la pandemia en las exportaciones en la pesca artesanal, es de esperar que su cantidad y utilidad decaiga con respecto a años anteriores. Si bien la pandemia ha tenido un impacto en el mercado internacional, las demandas por recursos marinos en los mercados nacionales también se ha visto reducida, y las comunidades costeras de Chile no son ajenas a estos efectos. Pescadores sostienen que sus ventas han disminuido en un 70%, principalmente por la baja demanda por parte del rubro culinario, turismo y la venta directa en las caletas (Mundo Acuicola, 2020; Conapach, 2020).

Caleta de Pescadores en Chiloé, en el Monumento Natural Islotes de Puñihuil: Crédito: Giuliana Vomero.

Sin lugar a dudas, la pandemia del Covid-19 ha expuesto diversos aspectos de cómo se relacionan las comunidades costeras con sus ecosistemas y qué es necesario mejorar para su desarrollo sustentable. Bennet et al ., (2020) sostienen que si se sostiene el descenso en la pesquerías mundiales, se podría observar una recuperación de las poblaciones de especies explotadas, tal como quedó en evidencia durante la Segunda Guerra Mundial. Recordemos que cerca del 90% de las pesquerías mundiales se encuentran sobre-explotadas. Pero ¿qué pasará si este descenso no es sostenido? ¿Cómo pueden las comunidades costeras seguir desarrollando una actividad extractiva que forma parte de su identidad cultural sin poner en riesgo su subsistencia ni la funcionalidad del ecosistema?

Si bien el confinamiento ha distanciado la relación del ser humano con el ecosistema y reveló las vulnerabilidades que experimentan las comunidades costeras, también ha mostrado los posibles impactos positivos de las acciones que se toman en conjunto.

La recuperación de la biodiversidad y ecosistemas marinos será un punto clave en la era post pandemia. Estos esfuerzos deben tener como objetivo aumentar la abundancia de hábitats y especies claves para asegurar la resiliencia, funciones, estructura y servicios del ecosistema (Duarte et al. , 2020). También se debe tener en cuenta que la recuperación no es aislada: en cada localidad entran en juego diversos factores como la variabilidad natural local, la intensificación de eventos derivados del cambio climático como aumento de temperatura superficial de la columna de agua, la acidificación, conflictos sociales, políticas de mitigación al cambio climático, financiamiento, entre otros que condicionan la manera en que cada comunidad dirije sus esfuerzos. Sin embargo, el intercambio de experiencias positivas y la replicación de ideas son pasos que nos acercan a empoderar a las comunidades para afrontar sus futuros desafíos. Por ejemplo, en diversas partes del mundo – como México, Islas del Pacífico, Hawaii, Seattle y Ghana – se ha hecho evidente la solidaridad entre comunidades junto a la aparición de emprendimientos sociales que fomentan el comercio directo entre consumidores y pescadores artesanales. Así, se ha potenciado el comercio local, la menor dependencia ante al mercado exterior, la disminución de actores que especulan en el precio y un ingreso más justo entre los pescadores artesanales.

En la actualidad, cerca del 90% de las pesquerías mundiales se encuentran sobre-explotadas. Crédito: Bedis ElAcheche vía Pexels.com

Esta pandemia ha reflejado el poder que tienen las acciones individuales conjuntas de cada país en los ecosistemas. Felizmente, las medidas de confinamiento optadas por la mayoría de los países han tenido un efecto positivo en la emisión de gases de efecto invernadero y contaminantes en la atmósfera. Además, se ha comprobado que se redujo la contaminación acústica en ciudades, como también en el ecosistema marino dado la disminución del tráfico naviero.

Gráfico 1. Emisiones diarias de CO2 (MtCO2 d-1).  En la gráfica a se muestra la media anual de emisiones diarias de CO2 en megatoneladas desde 1970-2020. En la gráfica b se observa la media mensual de emisiones de CO2 diarias durante las medidas de confinamiento entre enero y mayo 2020.

Fuente: Quéré et al., 2020

Si bien el confinamiento ha distanciado la relación del ser humano con su ecosistema y la pandemia reveló las vulnerabilidades que experimentan las comunidades costeras a diario, también ha mostrado los posibles impactos positivos de las acciones cuando se toman en conjunto. Solidaridad y trabajo en equipo son valores que, en muchas ocasiones olvidados, vuelven a resurgir. Aunque las pandemias mundiales se den en períodos espaciados de tiempo, la exposición de estas comunidades a la inestabilidad del mercados, las recesiones, inestabilidad de políticas, guerras de comercio o desastres naturales es y será constante. De cierta manera, la pandemia nos invita a crear oportunidades, beneficios, a unir esfuerzos científicos, sociales, económicos con el conocimiento local para así restaurar y manejar la naturaleza de forma integrada. Tal vez así aquellas comunidades costeras vulnerables podrán dirigirse hacia un desarrollo sustentable y una mejor posición socioeconómica en el futuro.

  Referencias

  • Bennett, N., Finkbeiner, E.M., Ban, N.C., Belhabib, D., Jupiter, S.D., Kittinger, J.N., Mangubhai, S., Scholtens, J., Gill, D. y Christie, P. (2020). The COVID-19 Pandemic, Small-Scale Fisheries and Coastal Fishing Communities, Coastal Management, 48:4, 336-347, doi: 10.1080/08920753.2020.1766937
  • Depellegrin, D., Bastianini, M., Fadini, A. y Menegon, S. (2020). The effects of COVID-19 induced lockdown measures on maritime settings of a coastal region, Science of The Total Environment, 740, 140123, doi: https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2020.140123
  • Duarte, C.M., Agusti1, S., Barbier, E., Britten, G.L., Castilla, J.C., Gattuso, J.P., Fulweiler, R. W., Hughes, T.P., Knowlton, N., Lovelock, C.E., Lotze, H.K., Predragovic, M., Poloczanska, E., Roberts, C y Worm, B. (2020). Rebuilding marine life, Nature, 580, 39-51, doi: https://doi.org/10.1038/s41586-020-2146-7
  • Le Quéré, C., Jackson, R.B., Jones, M.W., Smith, A. J. P., Abernethy, S., Andrew, R. M., De-Gol, A. J., Willis, D. R., Shan, Y., Canadell, J. G., Friedlingstein, P., Creutzig, F y Peters, G. P. (2020). Temporary reduction in daily global CO2 emissions during the COVID-19 forced confinement, Nature Climate Change, 10, 647-653.
  • World Health Organization. (2020). WHO Coronavirus Disease (COVID-19) Dashboard. Recuperado de: https://covid19.who.int/
  • Zambrano-Monserrate, M., Ruano, M.A. y Sanchez-Alcalde, L. (2020). Indirect effects of COVID-19 on the environment. Science of the Total Environment, 728, 138813, doi: https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2020.138813

Sobre la Autora

Giuliana Vomero Fernández (gnvomero@uc.cl ; @gv.biologiamarina) es uruguaya y Bióloga Marina (PUC). Desde sus años de estudiante, se ha interesado por las dinámicas biológicas y socio-económicas en la zona costera. Realizó su práctica profesional en el ámbito de la consultoría ambiental y en 2019 trabajó en el Laboratorio de Innovación Social  UC, fomentando la innovación social en comunidades de pescadores artesanales. Actualmente, crea contenido y coordina la iniciativa GV Biología Marina (www.gvbiologíamarina.com), la cual busca acercar el ecosistema marino a la sociedad a través de educación ambiental y divulgación científica.

Surgencia: Una radiografía en movimiento a nuestro mar

Por Joseph Julca Mendoza Joseph Julca Mendoza es biólogo marino de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Comenzó trabajando en investigación científica y hoy es uno de los coordinadores del programa de educación marina “Chile es Mar”. Es voluntario en fundaciones como “Cidemar” y “Portas” y la ONG “Qarapara”. Compartir y acercar el conocimiento científico […]

Por Joseph Julca Mendoza

Joseph Julca Mendoza es biólogo marino de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Comenzó trabajando en investigación científica y hoy es uno de los coordinadores del programa de educación marina “Chile es Mar”. Es voluntario en fundaciones como “Cidemar” y “Portas” y la ONG “Qarapara”. Compartir y acercar el conocimiento científico a las personas y comunidades, colaborar en conjunto y contribuir a una sociedad más consciente medioambientalmente es lo que inspira a hacer ciencia.

Los «blooms» o floraciones de fitoplancton también pueden causar impactos negativos sobre el medioambiente y los ecosistemas. Crédito: Kai Schumann. 

Chile es un país con uno de los ecosistemas marinos más ricos del mundo, y esto se debe a un fenómeno que ocurre principalmente frente a las costas del Oeste de Estados Unidos, Noroeste y Sur de África, y por supuesto que frente a Chile y Perú. Se trata del sistema de corrientes de Humboldt, que se inicia alrededor de los 42-48°S, donde la corriente de la Deriva de los vientos del Oeste choca con el continente dividiéndose en dos: una que viaja hacia el Sur (denominada corriente del Cabo de Hornos) y otra que viaja hacia el Norte: la famosa corriente de Humboldt. Ésta contiene aguas muy ricas en nutrientes, especialmente en su zona más profunda, las cuales alcanzan la superficie gracias al fenómeno de la surgencia.

El viento y las corrientes oceánicas trabajan juntos para producir la surgencia, fenómeno en el que una masa de agua fría y llena de nutrientes es empujada hacia la superficie, atrayendo la vida marina y creando zonas de pesca increíblemente robustas. Crédito: Melissa Forsyth de Oceana.

¿De qué se trata el fenómeno de Surgencia?

La surgencia o Upwelling consiste en el ascenso a la superficie de masas de aguas profundas (generalmente menores de los 200 m) debido al movimiento de aguas superficiales que ocurre mar adentro.

Las aguas superficiales desplazadas son reemplazadas por aguas frías ricas en nutrientes que afloran desde las profundidades. Las condiciones para la surgencia son óptimas cuando a lo largo de la costa los vientos soplan por el borde costero (Crédito: oceanservice.noaa.gov).

Son los vientos los que provocan este fenómeno, ya que ejercen fuerza sobre la superficie del mar, que, acompañada por la influencia de la rotación de la Tierra terminan desplazando las distintas capas de agua desde la más superficial a la más profunda. Así, la masa de agua puede pensarse como un conjunto de estratos, donde cada uno se mueve de manera más lenta por la fricción y en un movimiento en espiral hasta que la fricción se hace nula.

Es por ello que a lo largo de nuestra extensa costa, los vientos que soplan desde el sur empujan las aguas costeras más superficiales mar adentro, alejándolas así de la costa y dejando un vacío en la superficie costera que es llenado por aguas profundas que emergen y toman su lugar.

Existe un proceso opuesto conocido como Downwelling, en el cual existe acumulación del agua superficial a lo largo de la costa debido también a la acción del viento, la cual eventualmente se hunde hacia el fondo.

Imágenes satelitales permiten observar floraciones algales que se distinguen por sus variados colores en la gama de turquesas y verdes, contrastando con el azul oscuro característico del mar. Este registro es octubre entre las regiones del Bio Bio y La Araucanía. Crédito: NASA.

¿Dónde y cuándo ocurre en nuestro país?

Este fenomeno varia a lo largo de la extensa costa chilena y también con el tiempo, en el norte por ejemplo los vientos del sur suelen ser más débiles, pero duraderos, por lo que la surgencia es débil durante todo el año. En cambio, en la zona central los vientos son más fuertes, pero estacionales, por lo que los eventos de surgencia son más resistentes. Finalmente desaparece hacia el sur, debido a la geografía presente.

Los científicos recurren a imágenes satelitales para determinar estos eventos, como también a sensores instalados en mar abierto. De esta forma se logra obtener información confiable sobre la variabilidad de la surgencia en diferentes puntos geográficos y así se puede transformar en información relevante para otras actividades, como la conservación y el manejo de recursos costeros.

Esto puede explicar en la comunidad científica eventos como la formación de neblina costera o la brisa del mar por las diferencia de presión entre ambiente y mar, entre otras cosas. Existe una configuración de estos efectos sobre la diversidad y abundancia de organismos marinos de zonas específicas, lo que a su vez incide directamente en el éxito de éstos para sobrevivir.

Se pueden entonces obtener lecciones para el uso de herramientas de manejo de recursos gracias a la surgencia, como lo son las Áreas Marinas Protegidas (AMPs), desafíos a los que se enfrentan diariamente los científicos de todo el mundo.

El fitoplancton cuenta con gran variedad de formas y tamaños y en el mar representa más del 50% de toda la fotosíntesis en la Tierra. Crédito: Secchi Disk Study.

¿Cuál es su importancia?

El océano se encuentra separado en capas. Una más superficial donde llega la luz y generalmente es escasa en nutrientes, y otra más profunda y sin luz donde no hay algas, sino solo restos de organismos que al morir retornan al suelo marino para descomponerse formando nutrientes que se almacenan en el fondo y son aprovechados por otros organismos. Es gracias a la surgencia que estos nutrientes alcanzan la superficie, y resultan vitales para las microalgas que viven allí, flotando. Así, la clorofila, un pigmento verde que incrementa cuando el agua se enriquece de nutrientes es a su vez es utilizada por estos microorganismos para absorber la luz del sol y convertirla en energía útil para realizar la fotosíntesis.

Estas microalgas – también llamadas fitoplancton-al alimentarse de tales nutrientes crecen y se reproducen de manera veloz y a tasas muy elevadas, fenómeno conocido como «bloom» de algas, lo que también puede traducirse en un efecto negativo para el ecosistema marino, a partir de las denominadas floraciones algales nocivas comúnmente conocidas como «mareas rojas» que asociadas a microalgas capaces de producir compuestos tóxicos o toxinas marinas se vuelven letales para otros organismos y también para el ser humano.

Cuando se dan las condiciones, el»bloom» fitoplanctonico puede cubrir vastas áreas del océano y puede detectarse con tecnologías satelitales. Como este registro del 2 de Diciembre en el Océano Atlántico Sur a 600 km al Este de las Islas Falkland. Crédito: MERIS (Medium Resolution Imaging Spectrometer)

Siendo ellas el primer eslabón en la cadena alimenticia, es que sirven de alimento para otros animales llamados zooplancton (medusas, pequeños peces y crustáceos, etc) que a su vez sirven de alimento a otros animales más grandes. Esto finalmente se traduce en la existencia de una zona altamente productiva en recursos marinos, como los ecosistemas que existen frente a las costas de Chile y Perú, que contienen algunos de los mayores recursos pesqueros a nivel mundial.

Pero la surgencia no solo beneficia el crecimiento de estas microalgas, sino también el de algas de gran tamaño como las macroalgas, que además de servir como fuente de alimento y derivados para nosotros los seres humanos, son también refugio y alimento para muchas otras especies de peces, crustáceos y moluscos.

Finalmente, es un fenómeno que también favorece el transporte de diversos organismos, en su mayoría en estado larval y que no poseen la capacidad de desplazarse por si solos, por lo que acaban a la deriva migrando entre las costas y mar adentro, conectando así distintos puntos y sitios en el gran océano.

Referencias

Avalos, R.S.; Castro, G.G.; Ortiz, A.O.; Iñiguez, L.S. (2013) – Nutrientes inorgánicos y producción del fitoplancton en una laguna costera subtropical de México. Revista de biología marina y oceanografía, 48(1):143-154.

CAMUS PA & YN ANDRADE (1999) Diversidad de comunidades intermareales rocosas del norte de Chile y el efecto potencial de la surgencia costera. Revista Chilena de Historia Natural 72: 389-410.

FONSECA TR & M FARÍAS (1987) Estudio del proceso de surgencia de la costa chilena utilizando percepción remota. Investigaciones Pesqueras (Chile) 34: 33-46.

Denny MW (2008) How the ocean works: an introduction to oceanography. Princeton University Press, Princeton, NJ

Moraga, J., Valdebenito, E. & Rutllant, J. 2001. Condiciones oceanográficas durante la fase de relajación de un evento de surgencia invernal frente a Punta Lengua de Vaca, Coquimbo. Investigaciones Marinas, Valparaíso 29, 59–71.

Suárez, B. y Guzmán, L. (1994). Mareas rojas y toxinas marinas. Editorial Universitaria, 1- 56.

Thiel, M. et al. The Humboldt Current System of Northern and Central Chile: oceanographic processes, ecological interactions and socioeconomic feedback. Oceanogr. Mar. Biol. Annu. Rev. 45, 195–344 (2007).

Thurman, H. V. Essentials of Oceanography,5th ed. Prentice-Hall, Inc. ,1996

Werlinger C (2004) (ed) Biología Marina y Oceanografía, Conceptos y Procesos, Consejo Nacional del Libro y la Literatura – Universidad de Concepción. Trama Impresores S. A., Chile 700 pp.

Wieters, E. & Ezquer, C. (2017). Surgencia: Un fenomeno oceanográfico. Revista REMA (N°8). Recuperado desde: http://www.chileesmar.cl

Las riquezas marinas: tan apetecidas y tan poco comprendidas

El océano cubre más del 70% de nuestro planeta, y de él obtenemos inmensas riquezas que no siempre estamos conscientes. María Isidora Ávila, candidata a doctora en ecología, nos comenta sobre cómo una visión comunitaria de los organismos marinos es vital para que tales riquezas nos sigan acompañando.

Los océanos son el ecosistema más grande de la tierra, y son vitales para mantener la biodiversidad en nuestro planeta. Desde los océanos, se evapora la mayor cantidad de agua que contribuye al ciclo del agua en el planeta. Además; ayudan a regular la temperatura y minimizar los efectos del cambio climático, ya que capturan dióxido de carbono (gas de efecto invernadero que aumenta la temperatura del planeta) y producen más del 50% del oxígeno que respiramos (Harris 1986).

Los océanos también son vitales para la especie humana. De ellos proviene, por lo menos, una sexta parte de las proteínas animales que las personas consumen (FAO 2016); y es el principal sustento nutricional (pesca por subsistencia) y económico de pequeñas caletas. 

Banco de peces © Sebastian Pena Lambarri

Todos los beneficios que el océano le provee a la especie humana han producido que, desde tiempos antiguos, el hombre explote los ecosistemas marinos. Esta explotación fue evolucionando desde la simple recolección manual hasta el uso de herramientas más sofisticadas, tales como como lanzas y pequeñas embarcaciones. En aquellos tiempos, el número de personas que poblaban el planeta, y en consecuencia el número de bocas que alimentar, permitían que la explotación fuese sostenible. No obstante, a partir de la Revolución Industrial, la población humana y la economía comenzó a crecer exponencialmente, lo que permitió el desarrollo de nuevas innovaciones y la industrialización de las pesquerías, aumentando su eficiencia. Así, hoy en día la intensificación de la pesca ha llegado a magnitudes tan altas, que la alteración de los ecosistemas marinos no tiene precedentes, y estos ecosistemas se han transformado en menos productivos, menos predecibles y en donde la recuperación de la pesquería es más difícil.

Actualmente, la sobreexplotación de especies de interés alimenticio es la principal causa de pérdida de biodiversidad en los ecosistemas marinos (WWF 2018). En el 2010, más del 60% de las especies explotadas se encontraban agotadas o colapsadas (Worm 2016). Es decir, la pesquería extrajo más organismos de los que una misma especie es capaz de producir para recuperar o mantener su abundancia (cuánto hay). De seguir con las mismas estrategias de explotación; se espera que, de aquí al 2050, el colapso de las especies aumente al 90% (Costello et al. 2016). En Chile la situación no es muy diferente, ya que más del 60% de las pesquerías están colapsadas (Sernapesca 2018). Estas cifras son alarmantes, y dejan en evidencia que la forma en la que se maneja la explotación de las especies es inapropiada e ineficiente. Por lo tanto, es urgente comprender y mejorar las formas en las que nos beneficiamos de los océanos. 

Si queremos seguir contando con las inmensas funciones de nuestros océanos, tenemos que ser conscientes de que las especies no están solas y que el entendimiento de sus interacciones es vital para mantener los ecosistemas saludables.

Tradicionalmente, el manejo de las especies que están sujetas a explotación humana se basa sólo en la medición de su abundancia. El problema con esta técnica es que ignora que los ecosistemas son complejos, y que la abundancia de cualquier especie presente en una comunidad no sólo depende de sí misma, sino que también de cómo se relaciona con otras especies, a través de redes de interacciones ecológicas. Por ejemplo, si un tiburón se come a un pez, significa que esas dos especies están relacionadas por lo que se denomina una interacción trófica. Además, existen otros tipos de relaciones que no tienen que ver con quien se come a quien (interacciones no tróficas). Por ejemplo, algunas especies, como los bosques de macroalgas o kelps, proveen de refugio y/o zona de anidamiento a muchos otros organismos de la comunidad. Entonces, la extracción de una especie podría dejar sin comida y/o sin hogar a otras especies, produciendo efectos muy negativos en la comunidad y que no se observan fácilmente de evaluar al tan sólo al organismo que pescamos.

La extracción de organismos produce entonces efectos tanto directos (en la especie que se está removiendo) como indirectos (en la red de interacción). Entre los efectos directos, además de disminuir la abundancia de la especie que está siendo extraída, las pesquerías seleccionan a los organismos más grandes para el consumo, dejando libres en la población justo a los individuos más pequeños y jóvenes, encargados de mantener la reproducción de la especie (la producción de nuevos organismos). Esta selección produce entonces que los organismos que nacen sean más pequeños, y que la siguiente pesca se necesiten extraer más para alcanzar la misma cantidad de pesca. Un ejemplo de esto es la Sardina y la Anchoveta, donde cada año los organismos son más pequeños. Estos cambios son capaces de propagarse por la red mediante las interacciones, generando los efectos indirectos. Tal propagación podría generar un aumento o disminución en la abundancia de las especies que no son explotadas, cambios en el número de especies y/o en las especies que componen la red.

Para poder ejemplificar todos estos procesos, utilicemos un ecosistema básico esquematizado en la Figura 1, en donde aparece un sistema relativamente sencillo de un litoral rocoso, en su estado natural (A) y luego de ser perturbado por la pesquería (B). Allí, los pescadores hicieron desaparecer a la nutria, principalmente al capturarlas para vender de su piel (Valqui 2012). No obstante, vemos cómo luego de esta decisión, la red pierde dos especies (la nutria y los tiburones, que dependían de la nutria), además de ver disminuciones significativas en la abundancia de siete de las doce grupos de especies que se grafican en la red (coloreadas en gris en B), incluidos los peces e invertebrados que se querían pescar. Notamos también un cambio importante en la estructura de la comunidad, al pasar de ser un bosque de kelps a un sistema rocoso, pues la nutria era quien mantenía en control poblacional a los erizos (que aparecen ahora en B con mucha más abundancia). Así, en ausencia de nutrias y mayoría de erizos, estos últimos consumieron hasta agotar los bosques de algas.

Figura 1. Esquema comparativo de una red trófica sin (A) y con (B) pesca sobre la nutria de mar. Los dibujos representan grupos de especies, y las flecha determinan interacciones tróficas. En gris y con flechas punteadas se reflejan los grupos de especies que disminuyeron su abundancia por efecto de la desaparición de la nutria.

Queda así en evidencia cómo las interacciones entre especies y/o su intensidad se modifican enormemente con la remoción o impacto de una especie, el cual es imposible de predecir sin hacer un análisis comunitario. Detectar el cambio de las intensidades de la red comunitaria luego de una remoción puntual puede llegar a ser muy difícil de analizar, pues los efectos, como vimos, se expanden más allá de las especies que están directamente relacionadas (erizos y tiburones, en nuestro ejemplo de la nutria). Por lo tanto, es necesario entender y aceptar que la pesquería produce múltiples efectos en la red de interacción, pudiendo transformarlas en redes más vulnerables con menos abundancia y número de especies, así como también alterar la comunidad y el entorno físico.

Sin duda la pesquería juega un rol importante en las especies que extraen y en la red de interacción, y es evidente que no podemos ignorar el rol de las interacciones dentro del manejo de los recursos. Pese a esto, aún existe un desbalance entre el conocimiento de los efectos que la pesca produce en las especies que son explotadas versus los efectos que se producen en la red de interacción, ya que construir redes que representen a las comunidades naturales no es una tarea fácil, y es un importante desafío para los ecólogos. Mientras tanto, si queremos seguir contando con las inmensas funciones de nuestros océanos, tenemos que ser conscientes de que las especies no están solas y que el entendimiento de sus interacciones es vital para mantener los ecosistemas saludables. Entretanto, las pequeñas acciones que podemos hacer en contraposición se asocian a evitar comprar pescados y mariscos que se encuentran en veda (etapas temporales de reproducción de las especies) y/o comprar sólo aquellos que cumplen con los tamaños mínimos de pesca. De esta forma, todos podemos aportar con un pequeño grano de arena.

Referencias

Costello C., D. Ovando, T. Clavelle, K. Strauss, R. Hilborn, et al. 2016. Global fisheries prospects under contrasting management regimes. Proceedings of the National Academy of Science 113: 5125 – 5129

FAO. 2016. El estado mundial de la pesca y la acuicultura 2016. Contribución a la seguridad alimentaria y a la nutrición para todos.

Harris GP (1986) Phytoplankton ecology: structure, function and fluctuation. Springer, Berlin

Sernapesca. 2018. Estado de la situación de las principales pesquerías chilenas, año 2017.

Valqui, J. 2012. The marine otter Lontra felina (Molina, 1782): A review of its present status and implications for future conservation. Mammalian Biology-Zeitschrift für Säugetierkunde 77.2: 75-83.

Worm B. 2016. Averting a global fisheries disaster. PNAS 113: 4895-4897.

WWF. 2018. Living Planet Report – 2018: Aiming Higher. Grooten, M. and Almond, R.E.A.(Eds). WWF, Gland, Switzerland.

Imagen de portada: © Riddhiman Bhowmik