El Camino a Explorar la Naturaleza Energética y Espiritual

Estamos viviendo eventos y procesos similares a los ocurridos hace miles de años atrás, para la extinción de los dinosaurios. En este caso, el factor que incide en este proceso es el comportamiento humano. Los años que vivimos son decisivos en relación al futuro de nuestra especie y el planeta completo, y no es algo que afectará a las próximas generaciones, sino que nos afectará directa y personalmente.

“Conviértete en el cambio que deseas ver en el mundo”

– Gandhi

Actualización Interior

Como planeta y humanidad nos estamos enfrentando a un proceso crucial que se muestra como una encrucijada en estos tiempos. Por un lado, desde hace unos años en la literatura científica se viene hablando de que estamos viviendo la sexta extinción masiva. Científicos como el biólogo Rodolfo Dirzo de la Universidad de Stanford, han demostrado que aproximadamente 2 especies de animales vertebrados se extinguen al año. Por su parte, el catedrático Gerardo Ceballos de la Universidad Nacional Autónoma de México, señala que “la desaparición de un gran número de especies de plantas y animales alterarán las funciones biológicas de los ecosistemas. (…) Tenemos una breve ventana de tiempo para actuar, aunque se está cerrando rápidamente”.

Estamos viviendo eventos y procesos similares a los ocurridos hace miles de años atrás, para la extinción de los dinosaurios. En este caso, el factor que incide en este proceso es el comportamiento humano. Los años que vivimos son decisivos en relación al futuro de nuestra especie y el planeta completo, y no es algo que afectará a las próximas generaciones, sino que nos afectará directa y personalmente.

Paralelamente, astrólogos como el psicólogo chileno Gonzalo Pérez, están dando cuenta de eventos y movimientos planetarios que ocurren cada cientos y miles de años, anunciando la llegada de una nueva era para la humanidad y el planeta. Esta nueva era, se anuncia como un despertar de nuestra consciencia, el equilibrio entre la energía femenina y masculina y la apertura del corazón, por medio de la caída de los sistemas imperantes tal como los conocemos hasta ahora; los sistemas económico, científico, político, religioso y el mismo patriarcado.

La sexta extinción masiva, pero también un despertar en la conciencia y la caída de sistemas como el patriarcado, anuncian que una nueva era está por llegar. Crédito: Alexander Andrews.

Frente a este escenario, es fundamental que como especie nos transformemos. El modo de pensar y actuar con el que veníamos operando, ya no es sostenible y puede llevarnos literalmente a la extinción. Así, estamos viviendo un proceso como humanidad que es semejante a una “actualización de programa o software” como especie. Lo mismo está viviendo el planeta y todo lo que en él habita, alineado a su vez con los procesos universales. Somos uno.

En los aparatos tecnológicos, ocurre que los programas se van actualizando para ofrecer, generalmente, nuevas posibilidades de funcionamiento y mejores oportunidades de rendimiento. Sin embargo, los aparatos tecnológicos luego de un tiempo quedan obsoletos. A nosotros nos ocurre similar, con la diferencia de que nuestros computadores biológicos (cuerpos) están vivos y tienen la capacidad de transformarse para permitir también su actualización.

Esta nueva era se anuncia como un despertar de nuestra consciencia, el equilibrio entre la energía femenina y masculina y la apertura del corazón, por medio de la caída de los sistemas imperantes tal como los conocemos hasta ahora: los sistemas económico, científico, político, religioso y el mismo patriarcado.

Imagina que somos ampolletas que fuimos programadas para recibir y canalizar cierta cantidad de volteos, aún teniendo un potencial mayor. En estos momentos, el voltaje que recibimos es mayor al que fuimos programados para recibir y, a partir de las transformaciones energéticas del planeta, seguirá aumentando, con el objetivo de que vivamos de manera cada vez más consciente, amorosa y con nuestro mayor potencial a disposición de nosotras y los demás. De modo que, para evitar que nuestra ampolleta colapse afectando desfavorablemente nuestro cableado eléctrico (el sistema nervioso), es importante expandir nuestra consciencia, reprogramar ciertas creencias y mejorar nuestros hábitos.

Diseño de María José Manzur @marialacolorina

La ampolleta de la izquierda, ejemplifica un ser humano que vive de manera inconsciente, dejándose llevar por sus patrones inconscientes y la manera en que cree que debería ser. La ampolleta de la derecha, ejemplifica un ser humano que ha despertado su consciencia, es decir, su capacidad de darse cuenta de sus procesos internos, sus motivaciones y las consecuencias de sus decisiones. Vive siguiendo su corazón, cultivando el amor para poder así amar a otras y otros, convirtiéndose en una mejor versión de sí.

Esta actualización, es una transformación que puede manifestarse en nuestros cuerpos de diferentes maneras; con diversos tipos de síntomas. Podemos ayudar a que la somatización sea más armónica, tomando varias medidas. Los síntomas pueden variar en intensidad; desde ser casi imperceptibles expresándose como una “sensación de”, hasta paralizarnos expresándose como síntomas graves. Pueden variar en el tiempo de aparición y persistencia; durando pocos segundos o minutos, hasta años.

Todo se puede cambiar, porque la energía se transforma constantemente. Según mi experiencia, aquello a lo que llamamos enfermedad es un proceso que habla de que nuestro computador biológico (cuerpo) está en proceso de transformación, regulándose a sí mismo luego de una experiencia emocional que le hizo perder su equilibrio. Entonces, la invitación es a mirar la enfermedad o la somatización como un mapa que nos muestra la ruta para regresar a nuestro equilibrio interior para vivir de manera más íntegra y consciente.

En el taller El Espíritu Despierta, así como en las terapias individuales y actividades grupales que ofrezco, profundizamos en diversos aspectos que nos desequilibran, entregando a las personas conocimientos y herramientas de autogestión energética y emocional para atravesar los procesos de transformación interior de manera consciente. El objetivo es empoderar a las personas, para que recuerden que ya son todo lo que necesitan ser para construir su vida con consciencia y amor. Somos parte de un sistema dinámico, vivo y cambiante. Necesitamos volver a centrarnos desde el interior para acoger los cambios con apertura, confianza y flexibilidad.

Es fundamental para toda sanación, empoderarnos y sentirnos protagonistas activos del proceso. Los desequilibrios ocurren a partir de nuestras decisiones conscientes e inconscientes, por la forma en que nos relacionamos con nosotras y nosotros mismos y con el mundo que nos rodea, porque en algún momento elegimos cerrarnos al amor y vivir desde el miedo. De modo que la sanación (como restauración del equilibrio personal) solo puede ocurrir desde nuestro interior y a través del restablecimiento del flujo del amor.

No existe la enfermedad, solo el olvido.

La medicina es el recuerdo.

El alma recuerda

y el ego aprende a esperar.

La mente al servicio.

Coté Rosselot A.     

Biología y Energía están conectados en una misma realidad, provocando un entramado que afecta del mismo modo a nuestro cuerpo y espíritu. Crédito: Ravi Roshan.

La vulnerabilidad es el camino

Llevamos mucho tiempo desconectados, evitando sentir lo que nos ocurre por miedo al dolor y a nuestra propia vulnerabilidad. Constantemente asociamos la vulnerabilidad con debilidad. Sin embargo, es justamente en la vulnerabilidad donde reside nuestra mayor fortaleza. ¿Por qué? Porque cuando accedemos a  la vulnerabilidad, podemos entrar a lo que realmente somos, cesando así la necesidad de aparentar.

Probablemente, aquello que rechazamos de nuestro ser sea el regalo que trajimos para entregar al mundo, aquello que nos hace únicos. Constantemente buscamos asemejarnos a los demás, avergonzándonos por ser diferentes, lo que nos impide conocernos en profundidad. Nos juzgamos, desconectándonos para no sentir la tensión interior que esto genera.

El sentir ocurre  a través del cuerpo, de modo que nos desconectamos del cuerpo para evitar sentir, dando excesivo poder a la mente. Así, los síntomas físicos aparecen como un llamado de nuestro Ser que no ha sido visto ni escuchado y que busca  entregarnos un mensaje que es importante.

Más allá de si ese síntoma nos entrega información del presente o el pasado, el único momento en que podemos hacernos cargo de lo que queremos es AHORA. Y ahora, sea cual sea nuestro ahora, es EL momento en que podemos cambiar ese patrón y transformar la realidad. La biología responde a la energía, de modo que si cambiamos la realidad energética, tarde o temprano cambiará nuestra realidad biológica y física.

En los procesos de transformación, los síntomas físicos son, por lo general, un buen signo de que estamos saliendo de nuestra zona de confort o desconfort a la cual nos acostumbramos. ¡Celébralos y hazte cargo! Todo aquello que se acostumbra, termina convirtiéndose en un hábito automático, y su novedad y consciencia tarde o temprano termina muriendo.

Células de un mismo cuerpo

Es necesario que volvamos a reconocer la multidimensionalidad del ser humano, permitiendo que cada parte de nuestro cuerpo y nuestro Ser recuerde y cumpla su función con claridad y autonomía, para conservar la armonía del funcionamiento de nuestro sistema.

Somos células humanas en este cuerpo–planeta, de este cuerpo-humanidad. Cada célula debe recordar su función y cumplir su misión. Si en nuestro cuerpo, el ojo quiere hablar u oler, se desequilibra el sistema. Si el codo quiere digerir o mirar, se estanca la energía. Del mismo modo, es importante que volvamos a recordar nuestro lugar y cumplamos nuestra misión/función con responsabilidad para mantener el equilibrio. Por eso el trabajo interior es una responsabilidad social y para transformarnos es fundamental trascender los juicios y deseos de competir y controlar.

Recordemos, a su vez, que estamos en un proceso de transformación constante que se llama VIDA. La única certeza que tenemos al nacer, es que en algún momento vamos a morir, aunque queramos evitarlo. Todo lo que ocurre entre el nacimiento y la muerte es incertidumbre y esa es justamente, la vida. La vida ES el proceso de transformación. Y trascender los juicios es fundamental, porque generalmente asociamos “incertidumbre”, con algo malo o negativo, cuando no tiene por qué ser así.

El trabajo interior es una responsabilidad social y para transformarnos es fundamental trascender los juicios y deseos de competir y controlar.

En la transformación, valga la redundancia, nos estamos transformando. Es decir, soltamos lo viejo y permitimos entrar lo nuevo. Es un momento de transición que puede durar segundos y también, toda la vida. Es un proceso multi-escalar. Entonces, es normal tener resistencias, no comprender y no saber. Es normal la incomodidad. “El arte y el desafío no es mantenerse en estado meditativo todo el tiempo, sino saber volver a él cada vez que nos salgamos” decía Manu, el Lama con el que me formé como profesora de yoga.

La invitación, entonces, no es a esforzarse para mantenerse estable o inmutable. Sino, aprender a escucharse y ser fiel a la necesidad del momento presente aplicando las herramientas personales que tenemos o podemos aprender, desde la flexibilidad, el amor y la confianza, para que nuestro actuar sea impecable y consciente. La impecabilidad no tiene que ver con una expectativa de perfección, sino con la fidelidad a lo que somos en el momento presente. Es así como podemos vivir nuestra trascendencia en el eterno presente.

Soltar lo viejo y permitir entrar lo nuevo es la transformación que debemos buscar tanto externa como internamente. Crédito: Jan Huber.

Sobre la Autora

María José Rosselot A. tiene experiencia transdisciplinaria en sanación, transformación personal-espiritual y docencia. Lleva más de 10 años acompañando procesos de autoconocimiento y transformación física y personal – espiritual, individual y grupal, en sala y al aire libre. Facilita terapias a distancia dentro y fuera de Chile. Es exploradora de su propia naturaleza energética y espiritual a través de la corporalidad, la creatividad y la naturaleza. Escritora y artista autodidacta. Más información sobre su trabajo en: www.conscienciaamai.com @conscienciaamai y https://linktr.ee/conscienciaamai

Bibliografía

Imagen de Portada: Crédito de Mario Azzi.

El invierno ha terminado, la tierra descansó, luz comienza a aparecer. ¿Qué nos depara la próxima cosecha? ¿Qué irá a florecer? El agua fue abundante, un invierno impensado que quedará grabado en la memoria, con tiempo suficiente para observar el movimiento sigiloso de la naturaleza, donde muchos pudimos evalurnos a nosotros mismos, adentrarnos en la […]

El invierno ha terminado, la tierra descansó, luz comienza a aparecer. ¿Qué nos depara la próxima cosecha? ¿Qué irá a florecer? El agua fue abundante, un invierno impensado que quedará grabado en la memoria, con tiempo suficiente para observar el movimiento sigiloso de la naturaleza, donde muchos pudimos evalurnos a nosotros mismos, adentrarnos en la oscuridad, mirar hacia adentro, rememorar los pasos que nos han traído hasta aquí: un presente continuo y cambiante.

Hemos estado tan confundidos como aquel ciego que insiste en no ver. Y el mundo, en su andar desenfrenado que impide detenerse a observar, de pronto se ha detenido. El tiempo se paralizó. De pronto, hay tiempo para pensar y sentir para actuar en concordancia con lo que deseamos como personas y sociedad: ¿Cómo co-construimos este nuevo mundo? O como diría el filósofo y biólogo Humberto Maturana, ¿Qué queremos conservar de este mundo y de esta sociedad?

Estamos en un viaje a una nueva transición, debemos armar la mochila y evaluar lo que llevaremos con nosotros y lo que dejaremos atrás. En cada uno está la respuesta al cambio. Se trata de ver la luz en tiempos de oscuridad, o como nos diría Platón, al interior de la caverna.

Hemos despertado a un andar desenfrenado sin tiempo para observarse y observar, sin voluntad y dedicación para ver otras formas de vivir y relacionarse.

Ying Yang en la naturaleza, ilustración de Zsolt Baritz.

En su obra “Libro VII” de la Republica, Platón relata la alegoría de una caverna, donde hay un grupo de humanos prisioneros en la oscuridad de una caverna. Allí, la única luz proviene de las sombras que proyecta un fogón al otro lado de la muralla donde se encuentran encerrados. Los prisioneros, quienes nunca han visto la luz, creen que las sombras son proyecciones de la realidad. En eso, uno de los prisioneros consigue liberarse y decide salir en búsqueda de la luz, donde puede contemplar directamente el sol, la luna y las estrellas. De pronto, el prisionero ha descubierto la realidad más allá de las sombras proyectadas en la caverna.

En su mito de la caverna, Platón describe la importancia de ver más afuera, de observar nuestras sombras y reflejos, de romper con los paradigmas impuestos y darnos cuenta a través de la filosofía que lo que conocemos y sentenciamos como realidad, se convierte en obstáculos para abrirnos a nuevas formas de hacer, de ver, de sentir, de aprender y de construir. Los problemas humanos son tan antiguos como la filosofía y han sido representados en la historia con distintos nombres, personajes e historia. También en Chile, oradores del saber como el maestro Humberto Maturana continúan preguntándose: ¿Cómo conocemos lo que conocemos? ¿Hacía donde vamos? ¿Cómo hacemos lo que hacemos? La iteración es necesaria para comprendernos en una naturaleza circular.

Nuestra sociedad llegó a un momento disruptivo a nivel mundial, somos esclavos de aquella caverna, encadenados a una forma de convivir y relacionarse con la naturaleza, con nuestro entorno social y nuestra propia espiritualidad. En ese sentido, nuestros valores como sociedad se han quebrado y nuestra forma de vida tal como la conocemos ha llegado al colapso. Nos hemos dado cuenta de que las cosas no van bien, hemos despertado a un andar desenfrenado sin tiempo para observarse y observar, sin voluntad y dedicación para ver otras formas de vivir y relacionarse.

El miedo nubla nuestra voluntad para salir de la caverna, para afrontar lo desconocido. Así es como nos aferramos a viejos patrones del pasado. Para evolucionar, debemos confiar en que todo cambio es un aprendizaje trascendental, por que al salir de nuestra zona de confort, arriesgamos aquel mundo que percibimos como verdadero para conocer nuevas formas de andar.

«Ojo universo» ilustración de Pablo Carlos Budassi. 

Sin herramientas para este nuevo mundo, el salto al vacío sería también una necedad. Por eso, debemos recuperar nuestro talento como especie humana, brindarle sustento a la pomposa etiqueta con la que nos hemos nombrado como “Homo sapiens sapiens”. Es momento de cultivar la sabiduría y la importancia del saber – tanto epistemológicamente como ontológicamente -es hora de poner en práctica los conocimientos adquiridos para generar la experiencia que hace al maestro digno de su sabiduría. Se trata de abrir nuestras mentes a investigar y experimentar, descubrir nuestro potencial creativo como poseedores de herramientas que sean capaces de proyectar los saltos a este desconocido abismo que enfrentamos.

El ser humano puede y se ha adaptado a todos los ambientes naturales que existen en el planeta. Por eso, podemos también trascender como sociedad a nuevas formas sin esperar que nuestro cuerpo se adapte biológicamente a estos cambios. A través de la comunicación y la interacción con otros, podemos organizarnos de diversas formas, limitar los errores de nuestros experimentos a través de la experiencia previa de otros, siempre que estemos dispuestos a escuchar, aceptar nuestras diferentes realidades para generar una más equitativa, soltar las verdades absolutas para observar la verdad como un continuo cambio. Nuestra existencia depende de nuestra flexibilidad al sistema.

Cultivar la esperanza y la positividad en tiempos de oscuridad para construir un mejor vivir. De lo contrario, estaremos ciegos por propia voluntad, porque negamos la existencia de la luz. La naturaleza es sabia cuando nuestros ojos así lo perciben; es también el reflejo de nuestro aprendizaje. En la oscuridad se sostiene todo lo vivo, se tejen las redes que sostienen los bosques como raíces y los hongos micorrizos. A su vez, para florecer se necesita de la luz. Asimismo, en la historia de la civilización han ocurrido momentos de cambio, que han sido clasificado como períodos de florecimiento,  también de oscurantismo. Este momento de quiebre depende de nosotros, decidir si queremos navegar de noche o de día.

Debemos recuperar nuestro talento como especie humana, brindarle sustento a la pomposa etiqueta con la que nos hemos nombrado como “Homo sapiens sapiens”.

Todo suceso es una oportunidad para reformularse y seguir creciendo, la creatividad es una herramienta que nos abre una puerta de salida, esa luz que describió Platón al otro lado de la caverna. Pero nadie se atreverá a cruzar al otro lado si no cree que un mejor mundo es posible.

Herramientas sin valores

Hoy en día contamos con herramientas para el cambio, conocemos otras formas de economía, otras formas de interactuar, otros modelos. Nuestras instituciones, líderes y diversas organizaciones sociales y jurídicas están al tanto de las nuevas tecnologías, tendencias, la necesidad de generar ambientes sustentables. Por otra parte, estamos sobrepasados de información mediada, de charlas, seminarios, cursos gratuitos, Pero, ¿cuánto de a teoría llevamos a la práctica? ¿Cuánto tiempo gastamos en generar una imagen virtual y cuánto tiempo destinamos a construir de forma consciente aquel mundo sustentable que profesamos?

Antes de construir los cimientos de este nuevo comienzo debemos replantearnos profundamente lo valores por los que luchamos.  Es su inexistencia lo que ha traído la crisis existencial en la que nos encontramos. Si no tenemos principios y valores claros, no podremos adaptarnos al cambio. No debemos olvidar que somos reflejo del mundo que construimos. En palabras de Humberto Maturana: «Yo pienso que la verdadera dificultad en aceptar que la noción de realidad es una noción explicativa de la experiencia, está en el miedo a la responsabilidad que trae consigo el darse cuenta de que el mundo que se vive es siempre obra propia. En la medida en que somos seres transitorios, no eternos, y que configuramos el mundo que convivimos con nuestro convivir, la vida, la naturaleza, toda la existencia es, en último término, nuestra responsabilidad, y será lo que hagamos de ella.” 

«Dualidad», Ilustración de Mark Wang .

Algunas propuestas para transitar a un nuevo mundo

Desde el centro hacía afuera, desde nuestro interior, desde el corazón para cultivar nuestro microsistema, impactar positivamente desde el núcleo, desde la raíz del ser, cultivar la consciencia de nuestro entorno, de nuestra familia, amigos, ecosistema, comunidad local. Ser responsables de cada una de nuestras palabras, de nuestro consumo, de nuestra relación con el entorno social y ambiental.  Los toltecas le llamarían a esto ser “impecable”: no suponer, no tomarse nada como algo personal, ser impecable con la palabra y dar cada día lo mejor de si.

El microsistema constituye el mesosistema, depende de nuestra sociedad en su conjunto cambiar la inequidad, la desigualdad, la violencia, la destrucción de los ambientes naturales, priorizar el PIB por sobre el buen vivir, la economía por la salud, la marginalidad, las formas de gobierno y los problemas derivados del sistema tradicional y patriarcal que hemos cultivado hasta la actualidad.

Construir un ejemplo de sociedad será un ejemplo a otros subsistemas para afectar positivamente al globo, y dar solución a los  problemas globales en que nos encontramos, como las pandemias, la crisis climática y la devastación de sistemas naturales tan necesarios para la sobrevivencia de los seres vivos que habitan hoy en la Tierra.

Sobre la Autora

Josefa Valenzuela Correa es guía de trekking e interpretación de profesión, activista ambiental, actualmente conforma parte la de directiva de la fundación Lenga que tiene como objetivo contribuir a la soberanía local y trabajar en la creación de una red de economía circular local para la Región de Magallanes.

Su Instagram personal es @porlafuerzadelanaturaleza y el del proyecto es @magallanesbasuracero.

Imagen de Portada: «Ojo universo» ilustración de Pablo Carlos Budassi.