Hoy la autora y abogada Fernanda Piedra nos trae desde el sur de Chile un adelanto de su nuevo libro «Basura cero: Cómo decirle adiós a la basura y estar en paz con nuestro planeta», recién lanzado por editorial Zig Zag, el cual busca dar soluciones a la era desechable en la que vivimos y […]

Hoy la autora y abogada Fernanda Piedra nos trae desde el sur de Chile un adelanto de su nuevo libro «Basura cero: Cómo decirle adiós a la basura y estar en paz con nuestro planeta», recién lanzado por editorial Zig Zag, el cual busca dar soluciones a la era desechable en la que vivimos y así ser más conscientes de nuestra relación con la basura y la crisis climática.

«Descartamos alimentos, compramos productos en empaques que luego desechamos, nos deshacemos constantemente de ropa que aún nos queda bien y de aparatos electrónicos y eléctricos que todavía funcionan. Botamos muebles, libros y juguetes… La lista de lo que llega a nuestros basureros es infinita. Hemos vivido casi un siglo de una era desechable, debemos ¡y podemos! ponerle fin.», asegura la autora, cuyo propósito en este libro ilustrado fue hacerse las siguientes preguntas: ¿Qué hay detrás del negocio de la basura? ¿Qué sucede al embarcarte en un viaje verde? ¿Qué iniciativas evitan y reutilizan el desperdicio?

El libro entrega información fundamental sobre el origen de la basura, el destino de nuestros residuos y los efectos que tienen sobre el planeta. © Zig Zag

A lo anterior se le suma que Chile es el país que más genera basura en Sudamérica, además de ser exportadores de residuos plásticos. Del total de la basura que produce (correspondiente a residuos sólidos municipales), solo se recicla el 10%. «No hay un planeta “B” donde escapar de todo el daño que hemos causado a la naturaleza y a nosotros mismos.»

¿Qué hay detrás del negocio de la basura? ¿Qué sucede al embarcarte en un viaje verde? ¿Qué iniciativas evitan y reutilizan el desperdicio? 

Hoy compartimos parte del capítulo «¿Cómo sería una ciudad sustentable?» para que te sientas inspirado a ser parte de este movimiento urgente para mitigar la crisis climática.

¿Cómo sería una ciudad sustentable?

Para imaginar una ciudad sustentable podemos llamar a escena al solarpunk: un movimiento artístico que encuentra sus bases en subgéneros literarios de ciencia ficción, tales como el steampunk y cyberpunk, y que busca oponerse al presente e imaginar un futuro optimista en el que estemos libres de la amenaza climática y la contaminación, a través del uso de la tecnología y las energías renovables. En este futuro se da una coexistencia armónica entre personas, animales, plantas, insectos y tecnología. Los barrios integran a individuos de todas las edades, culturas y estratos económicos, y todos comparten celebraciones y el cuidado de los niños y mayores. Se compra a granel y hay eventos de reparaciones y zurcido. La idea de cooperación sustituye a la de competencia. Suena cool, ¿no?

Las viviendas de las personas estarían a unos 10 minutos a pie de todos los servicios que necesitan en su día a día. Todo caminable, en bicicleta o scooter.

Todos los edificios y casas deberían tener paneles solares o molinos de viento para abastecerse de electricidad. Asimismo, habrían molinos hidráulicos sobre ríos para aprovechar el movimiento del agua y así generar energía.

Todas las construcciones deberían tener algún tipo de vegetación; esto permitiría la captura de CO2 y contribuiría a enfriar la ciudad, lo que podría neutralizar o bloquear el efecto isla de calor urbano.

Fernanda Piedra es abogada, creadora de «Miel magazine», plataforma chilena pionera en vida lenta y cero residuos, y fundadora de «Zero Waste Life-London», primera comunidad basura cero de la capital inglesa. © Fernanda Piedra

En lugar de desagües, habrían jardines absorbentes de lluvia y piscinas naturales que filtrarían el agua para reutilizarla. El paisajismo de la ciudad estaría basado en la xerojardinería: con plantas de alto valor ornamental y bajo consumo de agua.

La agricultura urbana en forma de huertos particulares o de barrio ayudaría a reducir las emisiones de carbono ligada al transporte en la producción de alimentos.

En vez de ir al mall a comprar cosas nuevas, iríamos a un centro comercial del reciclaje, un destino consciente, donde sería posible comprar algo reciclado, upcycled o reparado -y único-. Algo así ya existe en Eskilstuna, Suecia. ¿Vamos?

¡No habría basureros! Pues todo se reutilizaría y/o reciclaría infinitamente. ¡En Rapa Nui ya es así! No hay basureros en lugares públicos porque las autoridades promueven que cada uno se haga cargo de su propia basura.

Compostaje ¡a todo nivel! Todas las instituciones públicas, colegios, empresas (tales como restaurantes y hoteles) y particulares, compostarían sus residuos orgánicos.

Refrigeradores comunitarios para fomentar la reducción del desperdicio de comida,  ahorrar y aumentar nuestras redes colaborativas. Se trataría de compartir comida en buen estado, que las personas no consumirán y que de otra manera terminaría en la basura, en un refrigerador común que esté a disposición de la  comunidad para quien necesite los alimentos. Y de aquí hay un paso a una cocina comunitaria para emprendedores y otros espacios del quehacer creativo.

Los medios de transporte, como los trolebuses y el metro funcionarán en base a energías renovables y limpias, como hidrógeno o electricidad con fuente solar o eólica. Es probable que los vehículos más pequeños se arrienden por su uso. Habría estaciones de carga eléctrica.

Biblioteca de las Cosas, un espacio donde se podría  arrendar cosas que no se necesitan permanentemente, ya sea para la casa  (herramientas), algún evento (parlantes XL para una fiesta) o  paseos y aventuras (equipamiento de camping). ¡En Londres ya abrieron una! Explora esta iniciativa aquí: https://www.libraryofthings.co.uk/

Loop, una plataforma residuo cero para productos de consumo masivo, como helados, chocolates, detergente y pasta de dientes, entre otras cosas. Los envases vacíos serían recogidos en cada casa para llevarlos a centros de limpieza y esterilización, donde serían rellenados y luego comprados por otra persona. Este servicio ya existe en países como Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Canadá y Japón.

Las tiendas físicas que venden alimentos contemplarán la opción de compra a granel, y habría fuentes de aguas en la ciudad para rellenar botellas reutilizables.

¿Y tú? ¿Cómo te imaginas una ciudad sustentable?

Basura cero. Cómo decirle adiós a la basura y estar en paz con nuestro planeta está disponible en la tienda virtual de Editorial Zig-Zag, con despacho a todo Chile, y próximamente en todas las librerías del país.

Valor: $15.990

Sobre la Autora

María Fernanda Piedra es abogada UC, creadora de «Miel magazine», plataforma chilena pionera en vida lenta y cero residuos, y fundadora de «Zero Waste Life-London», primera comunidad basura cero de la capital inglesa.

Imagen de portada: Lenka Dzurendov,  vía Unsplash.

Hoy en día son cada vez más las personas que ven la educación ambiental como una herramienta capaz de cambiar el actuar del ser humano hacia prácticas y formas de vida más amigables con el medioambiente; que se pueden enseñar tanto al interior de las aulas escolares como fuera de ellas. Pero ¿qué es exactamente […]

Hoy en día son cada vez más las personas que ven la educación ambiental como una herramienta capaz de cambiar el actuar del ser humano hacia prácticas y formas de vida más amigables con el medioambiente; que se pueden enseñar tanto al interior de las aulas escolares como fuera de ellas. Pero ¿qué es exactamente la educación ambiental y cómo se inicio? Aquí te lo contamos.

La expresión «Educación Ambiental» fue utilizada por primera vez en Estocolmo, el año 1972 durante la realización de la Conferencia Internacional sobre el Medio Ambiente, considerada el «primer foro mundial del ambiente» donde se declararon los problemas que se generaban en el medio y su posible repercusión a corto y mediano plazo en la vida. Según se habló en la conferencia, las causas de aquello tenían que ver principalmente con la ignorancia o indiferencia del ser humano hacia el medio, lo que produjo la necesidad de promover una labor de educación en temas ambientales dirigida a todas las generaciones humanas.

Así, la declaración final de Estocolmo fue un llamado a establecer internacionalmente un programa de educación ambiental con un enfoque interdisciplinario escolar y extraescolar. De ahí en adelante se dio inicio a un proceso constante y paulatino de discusiones y consideraciones políticas en relación a la implementación de acciones educativas tendientes al conocimiento, concientización, restauración y preservación del medio ambiente, tanto a nivel mundial, regional y local. Es así como también se comienzan a aceptar términos, prácticas y terminologías tales como «naturalista”, “conservacionista”, “ecologista”, “ambientalista” y más recientemente “para el desarrollo sostenible».

Presentación de la Fundación Cidemar y la Alianza Playera de Chile (APCL), así como del protocolo de la limpieza de playas a participantes y  estudiantes de escuelas y liceos provenientes de Viña del Mar por parte de María Jose Ochoa en el marco de la celebración del Día Internacional de la Limpieza de Playas, Playa Caleta Abarca, 27 de Septiembre de 2019. ©  Bruno Larraín, voluntario de la Fundacion Cidemar.

Con la lupa en lo local

Ya observando el presente, en el caso particular de Chile y según lo dispuesto en la Ley de Bases Generales del Medio Ambiente (Ley N° 19.300, Art.6) la educación ambiental se entiende como un «proceso permanente de carácter interdisciplinario destinado a la formación de una ciudadanía que forme valores, aclare conceptos y desarrolle las habilidades y actitudes necesarias para una convivencia armónica entre los seres humanos, su cultura y su medio biofísico circundante». Es decir, se trata de un proceso permanente que no se agota en una actividad puntual, sino que perdura en el tiempo a través de un sinfín de actividades. Segundo, al ser de carácter interdisciplinario requiere y acepta diversas perspectivas y saberes que deben ser capaces de interactuar entre sí, y por último, al referirse a la formación de valores y el desarrollo de habilidades y actitudes, permite transitar como sociedad mas allá de la regulación ambiental, hacia un verdadero tipo de protección que implica un cambio cultural.

Es por ello que entre sus metas está primero el servir como un instrumento para prevenir el deterioro ambiental, al aportar a la formación de una cultura de prevención, así como también el logro de una conciencia ambiental, que permita cambios a futuro de comportamiento y hábitos, que aseguren un tipo de sociedad que ofrezca una alta calidad de vida para todos sus miembros. Y por otro lado, servir como una herramienta para fortalecer la participación ciudadana en la gestión ambiental, pues logra que las y los ciudadanos se asuman como responsables y protagonistas de los problemas ambientales que los afectan.

Proceso por el que las colillas de cigarro son recicladas y luego reutilizadas parte de ellas (acetato de celulosa ) para convertirlas en diversos productos, tales como hojas para escritura en braille, con el fin de fomentar la educación ambiental inclusiva © Rafael Sotomayor, Fundación Biosfera Mía.

Derechos, pero también deberes

Sin duda que existen muchas y variadas formas de abordar estas metas, pero más allá de ello, también hay que considerar que existen problemas para aplicar la educación ambiental en el terreno concreto. Ejemplos de lo anterior son la falta de reflexión sobre cuestiones medioambientales cotidianas y a nivel local, el poco compromiso que cada uno tiene en torno a estos mismos temas, así como también la superficialidad con que se aborda el conocimiento, ya sea por falta de interés o continuidad en las problemáticas ambientales que se presentan. Lo anterior conlleva a que la educación ambiental se traduzca muchas veces en actividades y propuestas fragmentadas, descontextualizadas y superficiales y que quedan reducidas al «saber más», teniendo que ver muy poco con los contextos y situaciones cotidianas que vivimos como sociedad, imposibilitando un pensamiento critico y profundo, que no fomenta un aprendizaje activo y participativo, limitado a las opiniones y juicios críticos poco constructivos. Es por ello que la educación ambiental no se enseña, se hace, y cómo, pues a partir de la práctica, ya sea esta ciudadana y/o pedagógica.

Según  cifras de «The Waste Atlas», Chile es uno de los países en Latinoamérica que genera mayor cantidad de basura al día por habitante

La práctica ciudadana permite ver como se construyen y transmiten significados culturales sobre el ambiente en los cuales se inscribe la formación de los sujetos sociales. La participación ciudadana posibilita imaginar el fortalecimiento de acciones colectivas, fortalecer la capacidad de actuar sobre la realidad donde se producen y transmiten conocimientos que aportan a la construcción y ejercicio de la ciudadanía. Permite que se entiendan posturas e intereses de los diferentes actores sociales que aprenden a tomar decisiones y actuar responsablemente, promoviendo instancias de participación social y espacios que permitan rescatar el conocimiento local y ancestral valorándose y respetándose el uno al otro. Es así como se debe ser capaz de asumir derechos, pero también deberes con el fin de llegar a formar una verdadera ciudadanía ambiental.

Recolección de colillas de cigarro, labor realizada por parte de un grupo de voluntarios de la Fundación Biosfera Mía junto a su fundador Rafael Sotomayor en plena Plaza de Armas de Santiago, en el marco de la realización de la 3era Colillatón a nivel nacional, Agosto de 2019 © Rafael Sotomayor, Fundación Biosfera Mía.

País basura

La practica pedagógica en tanto supone el desarrollo en todos los ámbitos en que la sociedad civil se manifiesta, ya sean formales o no, de educación, generando una práctica ciudadana amplia, informada y concreta. También aspirar a ir más allá de cualquier tipo de desarrollo, ya que se busca educar para lograr una sociedad con más y mejores condiciones de equidad y justicia social.

Es por ello que también surgen diversas iniciativas que muchas veces se convierten en organizaciones, fundaciones e instituciones que buscan abordar la educación ambiental desde estas prácticas, con el objetivo de intentar resolver alguna de las muchas problemáticas que afectan nuestro medio ambiente y entorno. Sin ir más lejos y en el caso particular de Chile, un tema que preocupa y donde hace falta mayor conciencia y educación al respecto es la contaminación marina. De hecho, Chile es uno de los países en Latinoamérica que genera mayor cantidad de basura al día por habitante, ya lo dicen las cifras según The Waste Atlas, en donde Chile ocupa el tercer lugar detrás de Guyana y Surinam generando 1,25 kg/día/habitante. El problema radica en que el 60% de los residuos generados en tierra desembocan en el mar, provenientes de las grandes ciudades y arrastrados a traves de las lluvias y los afluentes de ríos. El programa Científicos de la Basura, liderado por la Universidad Católica del Norte ha realizado estudios a nivel nacional durante 3 años con el fin de cuantificar, caracterizar y ubicar espacialmente los residuos marinos antropogénicos (Anthropogenic Marine Debris: AMD), estableciendo que éstos se encuentran principalmente compuestos por plásticos (27,1% en 2008) y colillas de cigarros (38% en 2012 y 41,8% en 2016). En el caso de los residuos plásticos estudios de ONU Ambiente indican su aparición en 800 especies de fauna marina, de las cuales 40% de ellas corresponden a cetáceos y 44% a aves marinas.

Presentación de la Fundación Plastic Oceans Chile y la contaminación marina por plástico a cargo de Camila Ahrendt, Plastic Oceans Chile, abierta a la comunidad en el marco de la celebración del Festival Internacional de Innovación Social (fiiS), Diciembre 2019. © Camila Ahrendt, Fundación Plastic Oceans Chile.

 Organizaciones en acción

Existen organizaciones que a través de diversas campañas intentan mitigar tales efectos, como lo es el caso de la Fundación Plastic Oceans Chile, donde Camila Ahrendt, bióloga marina y su directora científica, ha desarrollado una serie de actividades desde hace más de dos años en distintos puntos de nuestro país: talleres, charlas, exposiciones en el Senado por el proyecto de ley junto a la ONG Oceana. Estas actividades se han dirigido a personas de todas las edades y su objetivo se centra en la proposición de soluciones concretas para combatir la contaminación plástica dentro y fuera del océano.

Por otra parte, la Fundación Biosfera Mía que de la mano de su fundador Rafael Sotomayor, profesor en Ciencias Naturales y Comprensión del Medio, lideran una serie de programas en los que involucran a la comunidad, como lo es el de reciclaje de colillas de cigarro conocido como «Chile 5lillas» que desafía a las personas a reciclar colillas a traves de un «challenge» o desafío, con el fin de someterlas a un proceso que reutiliza parte de su composición y lo convierte en productos como hojas para escritura en braille y otros elementos de estudio. Finalmente, la Fundación Cidemar, donde María Jose Ochoa, bióloga marina y fundadora junto a su equipo de trabajo y colaboradores han acercado el valor que tiene la conservación de los ecosistemas acuáticos por medio de proyectos como el de la Alianza Playera de Chile (APCL) que coordina y unifica los esfuerzos de diversos actores como autoridades, empresas y la ciudadanía, para realizar limpiezas del litoral costero de nuestro país, acompañadas por actividades educativas que aporten a la concientización sobre nuestros hábitos diarios.

La educación ambiental no se enseña, se hace, a partir de la práctica, ya sea ciudadana y/o pedagógica.

Una Reflexión final

Entonces, ¿en qué consiste la educación ambiental? Consideramos que una educación ambiental profunda es aquella que aporta un cambio en la manera de entender y actuar en el mundo, que ilumine una reflexión que pase de la intención a la acción, aquella que indaga en el sentido de cada práctica educativa ambiental para actuar con conciencia, que fomenta el pensamiento creativo y propositivo, en definitiva, una educación critica y emancipadora.

No se trata solo sobre el medio ambiente, sino también de la educación, la organización como sociedad a través de un método educativo para enfrentar los temas ambientales que son más que un conjunto de problemas por resolver, sino más bien un conjunto de posibilidades frente a las cuales podemos actuar desarrollando un sentido de pertenencia. Debemos comprender que la crisis ambiental de nuestra era no es una catástrofe ecológica, sino el efecto del pensamiento con el que hemos construido y afectado negativamente nuestro planeta.

Taller sobre la contaminación marina producida por plástico a cargo de Camila Ahrendt y Mark Minneboo, ambos de Plastic Oceans Chile, a niños de la localidad de Puertecillo, comuna de Navidad, Región de O’higgins en Febrero de 2020. © Camila Ahrendt, Plastic Oceans Chile.

Referencias

ARAMBURU, Francisco (2000). Medio ambiente y educación. Madrid: Síntesis educación.

Caride, José Antonio; Meira, Pablo Ángel, Educación Ambiental y Desarrollo Humano. Barcelona, Ariel, 2001.

Cornell University (2018). Curso de ecología civica: La acción ambiental colectiva.

Cornell University ( 2017). Curso de ecología civica: La educación ambiental urbana , La ciudad como espacio de aprendizaje.

GONZÁLEZ GAUDIANO, E. J. (coord.) (2008), Educación, medio ambiente y sustentabilidad. México, Siglo XXI Editores.

Asociación Norteamericana de Educación Ambiental (NAAEE, 2004). Programas de Educación Ambiental No Formal: Pautas para la Excelencia. Recuperado de www. naaee.org.

Sauvé, L. (2004) Perspectivas curriculares para la formación de formadores en educación ambiental, Carpeta Informativa Ceneam, November, pp. 162-170.

Zabala, Ildebrando y García, Margarita. (2008). Historia de la educación ambiental desde su discusión y análisis en los congresos internacionales. Universidad Pedagógica Experimental Libertador. Revista de investigación. 63, 200-225.

Zamorano Daniel ( 2011) educación ambiental en chile , falencias y desafíos .

Sobre el Autor

Joseph Julca Mendoza es biólogo marino de la Pontificia Universidad Católica de Chile, es profesor en el Centro de Estudios y Desarrollo de Talentos Académicos Penta UC. Lidera además el capítulo en Chile de la organización internacional de jóvenes líderes más grande del mundo por el océano conocida como SOA (Sustainable Ocean Alliance), ha sido también activista y embajador por el Acuerdo de Escazú y actualmente integra organizaciones, tales como las fundaciones Cidemar y Portas y la ONG Qarapara. Y si bien su motivación es la ciencia, tiene un gran compromiso y sentido de responsabilidad con el compartir y acercar el conocimiento científico al resto de las personas, con el fin de lograr una colaboración mutua y así contribuir a una sociedad más consciente y despierta medioambientalmente.

Imagen de portada: Basura recolectada y separada para reciclaje gracias a la colaboración de instituciones, organizaciones y personas voluntarias tras convocatoria de Fundación Cidemar y la Alianza Playera de Chile (APCL) en el marco de la celebración del Día Internacional de la Limpieza de Playas, Playa del Deporte, Viña del Mar,  Septiembre de 2019 © Bruno Larraín, voluntario Fundación Cidemar.

ReSources: pensando el valor de los desperdicios

¿Qué es el desperdicio? Se preguntaba Luis Alfonso Monje cada vez que miraba objetos en desuso. Los comenzó a juntar a medida que aparecían en su camino, siempre teniendo en mente que en algún minuto resignificaría su uso. A partir de ese propósito, el año 2015, en Italia, creó ReSources, una instalación artística construida a […]

¿Qué es el desperdicio? Se preguntaba Luis Alfonso Monje cada vez que miraba objetos en desuso. Los comenzó a juntar a medida que aparecían en su camino, siempre teniendo en mente que en algún minuto resignificaría su uso. A partir de ese propósito, el año 2015, en Italia, creó ReSources, una instalación artística construida a partir de desechos, basura y material -aparentemente- inútil, y la ubicó en una galería de la Municipalidad de Milán. El objetivo: invitar a la comunidad a cuestionarse sobre el valor de las cosas y finalmente aquello que comúnmente consideramos basura.

A la fecha, el proyecto ha viajado por tres continentes, desarrollándose en las ciudades de Milán, Katmandú y Santiago. En cada una de estas se ha reinventado, tomado una forma particular, distinta a la anterior, pero sin alejarse de la pregunta esencial. ¿Qué es el desperdicio?

¿Cómo surge ReSources?

El inicio fue preguntarse por estos materiales, que de alguna manera son recursos, pero que se van descartando, poniéndole fin a su vida útil. Sabía que tenía ganas de hacer algo en una línea más artística, ya llevaba un tiempo acumulando objetos y sabía que con ellos no iba a hacer, por ejemplo, una turbina para calentar el agua, más bien me estaba parando desde la reutilización inútil, desde donde sirviera para formular nuevas preguntas. 

ReSources Milán.

¿Hay un hilo conductor común en las tres exposiciones?

El hilo conductor es la pregunta por el desperdicio. Aún así, los tres casos han sido muy diferentes, porque han surgido desde contextos distintos.

En Italia estaba trabajando solo y simplemente hice lo que quería hacer. Una vez construida la casi totalidad de la instalación, viene una segunda fase, donde la exhibición en sí misma invita —por no decir empuja u obliga— a la interacción con el público. Las personas que visitan la galería en Milán pueden mover cosas, pintar objetos, e incluso llevarlos a sus casas. 

En Nepal el trabajo se volvió grupal y los participantes vinieron de tres lugares. Unos eran alumnos del colegio de básica donde hice clases de creatividad. Ya llevaba un tiempo compartiendo con ellos, y tenía una idea de quiénes enganchaban con mis temáticas y mi forma de enseñar. Otros eran alumnos de enseñanza media de un colegio que tuve la oportunidad de visitar algunas veces, allí hice el llamado abierto en un curso. Los últimos eran alumnos universitarios de la carrera de Artes en la Universidad de Tribhuvan, a quienes conocí en el Nepal Art Council. En cuanto al qué, decidí que la creación tendría la forma de un reloj de arena, y la única condición era que la arena debía caer, que el tiempo debía estar en movimiento.

Finalmente, en Santiago y a nivel nacional, fue mucho más complejo. Realicé el proyecto junto al arquitecto Gustavo Zamorano, quien me ofreció la oportunidad de complementar mi noción —bastante sucia— de cómo construir cosas, lo que sumó muchísimo a las posibilidades técnicas. Además, pudimos juntar un grupo de personas muy diverso en cuanto a experiencia y edad, habían extranjeros, personas con capacidades diferentes, arquitectos, psicólogos, artistas y emprendedores.

Algo que considero muy particular de ReSources es esta capacidad de mutar, actúa de acuerdo al contexto, pero sin perder su esencia, su hilo conductor. Ahora en Helsinki están todas las oportunidades abiertas, aún no se con quién voy a trabajar, ni cuáles serán los materiales; solo sé que me motiva mucho realizarlo en un país donde todo gira en torno a la sustentabilidad.

ReSources Milán.

¿Cuál es el impacto que buscas generar con ReSources?

ReSources no busca predicar, nunca le va a decir a alguien, “oye cambia la taza de café desechable por una taza portátil”. Más bien, busca calar en otra fibra frente a lo que es conciencia medioambiental y social, esa que nos involucra a todos.

Ahora, sí tiene un componente muy fuerte de educación. Luego de la primera exposición, me di cuenta de que estas son inquietudes necesarias de compartir, y las siguientes dos materializaciones de ReSources (Nepal y Chile) son realizadas en comunidad y precedidas por un workshop gratuito.

De esta forma, es una educación que se plantea enseñar desde la pregunta. La idea es que quede un hilo ligando a la persona con la temática, que la persona se lleve la experiencia consigo y que idealmente se genere reflexión, personal y social.

ReSources Santiago.

¿Qué reflexiones te llevas tú de las conversaciones que se generaron en los workshops?

Hablar del desperdicio es abrir la posibilidad de hablar del valor de las cosas. Detrás de esta idea, hay necesariamente una valoración. La basura es comprendida, normalmente, como un objeto que no tiene valor alguno —o más bien, que ha perdido su valor— y por ende se descarta.

Imagínate lo irónico que es que una de las razones que me tiene aquí, es precisamente haber hecho proyectos de algo que supuestamente no tiene valor. Entonces el valor es evidentemente variable.

Cuando hacía clases en Katmandú, ocupaba material muerto (basura, desperdicio, desecho) para dialogar entre alumnos, por ejemplo papel de diario, porque ahí tenía posibilidades de letras, palabras, papel y formas. Esto es un ejemplo de experimentar desde la reutilización creativa para solucionar problemas.

ReSources Katmandú.

¿Cómo se vive la cultura del desperdicio en los tres países donde realizaste ReSources?

La cultura del desperdicio finalmente es una sola, ya que no es más que la cultura en sí misma. Pero de manera local, evidentemente, se vive de formas muy diferentes. En un país donde el reciclaje no es opción, como Nepal, ReSources tiene otro protagonismo, la reutilización podría ser una solución.

En Chile, pienso que sí tenemos la opción de reducir nuestro impacto a nivel de desperdicios, y sin embargo no es algo que priorizamos. En este sentido me parece que estamos malgastando una oportunidad. Chile sería un mejor país y la sociedad chilena sería una mejor sociedad, para nosotros mismos o frente a otros países, si volviéramos a pensar en qué es el desarrollo.

Es necesario que sean cada vez más las entidades que balanceen hacia el carbón positivo, porque para algunos es muy difícil ser sustentable, ya que solo están preocupados de sobrevivir. Bután será probablemente el primer país carbón positivo del planeta, y no es el país más rico, pero siempre han tenido una conciencia sólida respecto a la necesidad de no desperdiciar sus recursos, por lo que, dentro de sus posibilidades, toman ciertas medidas y como resultado están haciéndose cargo, no solo de su problema, sino también del problema de todo el mundo.

Entonces la meta, mía al menos, es potenciar a las entidades que están genuinamente esforzándose para lograr el carbón positivo, ya que los que tienen como meta el carbón neutro no están tomando en cuenta que el problema de la sustentabilidad es global.

Luis Alfonso Monje en Vihti, Finlandia.
La artista inglesa Jane Perkins encontró la forma de crear obras plásticas a partir de objetos cotidianos que son desechados por sus usuarios y que ella, a través de la representación de imágenes familiares -tales como obras de arte clásico o retratos de figuras emblemáticas-, recicla para darles un nuevo relato. Junk Art o arte […]

La artista inglesa Jane Perkins encontró la forma de crear obras plásticas a partir de objetos cotidianos que son desechados por sus usuarios y que ella, a través de la representación de imágenes familiares -tales como obras de arte clásico o retratos de figuras emblemáticas-, recicla para darles un nuevo relato.

Junk Art o arte de reciclar, es un movimiento al cual diversos artistas se están uniendo, pues han descubierto el valor de reutilizar materiales que actualmente se desechan (como la materia prima de sus mismas obras). El exceso de basura tecnológica, plástica y de otros materiales que el consumismo ha producido, es convertido en artículos requeridos por artistas del reciclaje, quienes los utilizan para crear atractivos productos visuales; en el caso de Jane, la reproducción de célebres obras de arte. Los desechos de la sociedad son transformados en obras contempladas por los mismos ciudadanos que los generan, lo cual impulsa una reflexión sobre la basura que se produce a diario y el excesivo recambio de los objetos, incluso aquellos aún en buen estado.

Homenaje a Van Gogh: Sunflowers

En el caso de lo ensambles de Jane, su interés por el reciclaje en el arte surge durante un viaje a Ecuador, donde se topa con un festival adornado sólo con elementos reciclados: monedas, conchitas, juguetes, ampolletas, etc., convirtiéndose dicho instante en la inspiración de su discurso artístico.

Su acierto más característico es el retrato de la Reina Isabel de Inglaterra, un cuadro que juega con la ilusión visual, ya que desde la distancia, el espectador puede confundirlo con una pintura tradicional. Esta obra logra obtener el volumen del retrato a través de luces y sombras que en realidad no están pintadas, sino que son resultado del ingenioso uso de monedas, plásticos y juguetes viejos, entre otros elementos encontrados en la basura; verdaderos tesoros que, en su conjunto, obtienen el mismo resultado visual que la pintura en su formato académico, pero de manera lúdica y contemporánea, captando la atención y desafiando al espectador a descubrir los detalles de la obra.

Retrato de la Reina Isabel II

Siguiendo esta línea, Perkins comienza a retratar otras figuras icónicas de la sociedad para hacerlas más cercanas al espectador; transformando imágenes reconocidas, en nuevas obras realizadas a partir de la reutilización y el resignificado de objetos que la artista obtiene en centros de reciclaje y de la donación de conocidos.

Retrato de Albert Einstein

El trabajo de Jane es una apuesta atrevida que contiene movimiento y diversidad de formas y colores. Abordando intencionalmente el reciclaje, consigue ensamblar con precisión obras populares y reconocibles. Así, la artista logra reinventar rostros e historias a partir de la superposición de objetos desechados, los cuales se transforman en materia prima de novedosas representaciones.

Homenaje a Da Vinci: Mona Lisa

*Foto de portada: cuadro basado en «La niña afgana», fotografía de Steve McCurry para National Geographic

 

Basura Cero: reinventando el concepto de Basura

El 19 de enero de 2016, los habitantes de Santiago y sus alrededores amanecieron sumidos en una nube tóxica, producto de un incendio que transcurría en el relleno sanitario de Santa Marta, ubicado en Talagante. Un desastre que mantuvo durante días a la población respirando el aire más sucio que puede ser emitido. Esta situación […]

El 19 de enero de 2016, los habitantes de Santiago y sus alrededores amanecieron sumidos en una nube tóxica, producto de un incendio que transcurría en el relleno sanitario de Santa Marta, ubicado en Talagante. Un desastre que mantuvo durante días a la población respirando el aire más sucio que puede ser emitido. Esta situación pareciera ser un riesgo muy fácil de repetirse, ya que en la capital del país existen 5 vertederos autorizados, pero unos 40 ilegales.

El ciclo de la basura:

Debido a que  la basura es un problema que nuestra sociedad suele invisibilizar, en Latinoamérica es común desechar todo tipo de “basura” que finalmente es llevada hasta esos depósitos que se convierten en el hogar de animales y personas en situación de vulnerabilidad. Es decir, en definitiva, los vertederos se convierten en espacios relegados e ignorados, que fomentan la discriminación social y ambiental del sistema.

Un ejemplo de ello, se refleja en el reportaje “21 días en el vertedero” (2010) grabado en La Chureca, un vertedero no regularizado ubicado en la provincia de Managua, Nicaragua.

El relato muestra una realidad  que muchos ignoramos cuando nos olvidamos de los desperdicios, y que sustenta un sistema que, además de ser injusto con el medio ambiente, lo es con las relaciones humanas. En La Chureca se asienta una comunidad de personas que se alimenta de los deshechos que día a día llegan hasta el lugar y vive de la recolección de aquellos elementos que muchas veces se denominan “basura”.

Para Chile esa situación no es totalmente desconocida.  Por un reportaje realizado por TVN en el vertedero La Chimba (2013) pudimos enterarnos de una realidad idéntica a la de Managua en Antofagasta, una de las ciudades con mayores ingresos per cápita por la producción minera, pero donde las diferencias socioculturales están aún más marcadas que en otras.

Así es también como entre 2015 y 2016 el país fue testigo de lo que significa que no se esconda la basura de nuestros ojos, cuando unos 14 mil recolectores de basura a nivel nacional se declararon en paro y los deshechos comenzaron a molestar en las calles de las principales ciudades.

Sin embargo, todos y todas podemos trabajar en nuestra cotidianidad para disminuir los efectos negativos de la acumulación de “basura”, ya sea reciclando, reutilizando y reduciendo el consumo, piedra angular de la ecología.

La Chureca. Foto: Matthew Karsten

Un curso para aprender a disminuir nuestro impacto:

La Fundación Basura Cero en colaboración con la empresa B Certificada TriCiclos, la granja agroecológica Huellas Verdes, la aplicación AllGreenUp y la ONG TOKI -con el patrocinio de la Embajada de Canadá-, están ad portas de lanzar un curso llamado “¿Cómo vivir Basura Cero?”, el cual se enfocará en enseñar a generar menos basura a través de la prevención,  reutilización, reciclaje y compostaje. 


Fundación Basura es una organización que se formó durante el 2014, y que se ha propuesto re-insertar nuevos ciclos de funcionamiento de lo que comúnmente llamamos “basura”, ya sea educando a través de la Academia Basura Cero, donde entrega herramientas para comenzar a reciclar; como asesorando empresas, organizaciones, instituciones y eventos en la gestión de sus desechos.

La idea nació de la arquitecta Macarena Guajardo cuando estuvo estudiando en Alemania, uno de los países con más trayectoria en la prevención del cambio climático.

“Estuve estudiando arquitectura dos años en Berlín, país que está muy avanzado en el tema del reciclaje y separación de residuos. En los supermercados se cobraba por bolsas plásticas, incluso te pagaban por retornar las botellas plásticas en una máquina. Al llegar a Chile, me di cuenta que acá no estaba pasando absolutamente nada de eso, no podía creer toda la basura que estábamos desperdiciando, también en la línea de la arquitectura, donde alrededor del 60% de la basura que hay en vertederos viene de la construcción”, señala Macarena.

Todo esto le permitió tomar conciencia de cuántos recursos se están desperdiciando cuando llegan a los vertederos. Así fue que, junto a otros compañeros, decidieron realizar intervenciones urbanas que permitieran dar una nueva mirada a este tema. Es en esta línea que durante el 2015 deciden formar Fundación Basura. 

“Debemos empezar por derribar el concepto negativo que hay entorno a la palabra basura, y cambiarlo por algo positivo. No nos damos cuenta que estamos botando nuestros recursos, desperdiciando materiales que podemos utilizar (…) Para nosotros todo tiene valor, todo es posible recuperarlo. Y si no es posible de reciclar o compostar es porque está mal diseñado”.

“La Basura no existe” es el lema que tratan de plasmar en todas sus actividades, y más ampliamente en el curso “¿Cómo vivir Basura Cero?” que será totalmente online, pudiendo participar cualquier persona que se haya inscrito a través de su página web.

Si te gustaría tener más información al respecto, te invitamos a visitar la página web de la Fundación.