Un laberinto de basura, un glaciar, el canto de las ballenas y el tiempo que se acaba. De esto se trata la instalación «Cronómetro», de la artista visual Denise Lira-Ratinoff, que busca sumergir al espectador en una de la crisis ambientales que atravesamos hoy en día: el mal manejo de nuestro exceso de desechos. En palabras […]

Un laberinto de basura, un glaciar, el canto de las ballenas y el tiempo que se acaba. De esto se trata la instalación «Cronómetro», de la artista visual Denise Lira-Ratinoff, que busca sumergir al espectador en una de la crisis ambientales que atravesamos hoy en día: el mal manejo de nuestro exceso de desechos.

En palabras de la artista, «esta instalación, site-specific, se tiene que sentir, vivenciar, contemplar para aislarse en el silencio de la arquitectura, compuesta por los fardos de residuos como aislante de todo ruido, de tal modo que solo el sonido de las ballenas dialoga con el interior de cada ser humano».

 

En la actualidad, mientras algunos mueren a causa de la malnutrición y el poco acceso a comida de calidad, otros tiramos alimentos a la basura tan solo por consideraciones estéticas que nada tienen que ver con su estado real de conservación o aporte nutricional.  Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), […]

En la actualidad, mientras algunos mueren a causa de la malnutrición y el poco acceso a comida de calidad, otros tiramos alimentos a la basura tan solo por consideraciones estéticas que nada tienen que ver con su estado real de conservación o aporte nutricional. 

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), alrededor de un tercio de la producción de alimentos para el consumo humano en todo el mundo termina en la basura. Sí, un tercio. Esto equivale a alrededor de 1.300 millones de toneladas anuales.

En Chile, la situación no es mejor. Cada año, 1,62 millones de toneladas de basura provienen exclusivamente de los residuos de alimentos. Además, un estudio realizado por la Universidad de Talca el año pasado, reveló que 95% de los chilenos bota, al menos una vez al mes, alimentos que aún no han vencido y son perfectamente consumibles. Un tercio asegura hacerlo semanalmente.

Hace seis años atrás, y con la finalidad de sensibilizar a la población y generar conciencia sobre este problema nació en Schnippeldisko, Alemania, el movimiento Disco Sopa, una dinámica que busca empoderar a los ciudadanos y mostrarles que está en sus manos, no solo frenar el propio despilfarro, sino que también generar cambios a una escala mayor: sus propias comunidades. Ese primer evento fue una protesta pacífica que alimentó a ocho mil personas.

En la actualidad, esta iniciativa está presente en más de 40 países, uno de ellos Chile. La propuesta, explica Darío Contreras, vocero de la versión nacional, es que la comunidad se haga parte de la recuperación de alimentos que son dados de baja en ferias o restaurantes por razones estéticas. Es paso siguiente, es que los mismos participen cocinándolos y consumiéndolos de manera gratuita en una instancia que mezcla lo festivo con lo reivindicativo. “Lo que se necesita es contactar campesinos, vendedores, mercados, tiendas y supermercados para pedir que donen la comida en vez de botarla. Luego con algunas tablas y herramientas de cocina empezamos a cocinar colaborativamente”, explica Darío.

En 2014 se presentó la iniciativa Disco Soupe, tras una consulta realizada por la FAO en Chile a expertos en pérdidas y desperdicios de alimentos, como una estrategia de sensibilización que estaba generando impacto en el extranjero. “Algunos asistentes se motivaron y decidieron replicar la idea en la región. Así fue como, sin conocerse, los primeros voluntarios de Disco Sopa Chile organizaron la primera fiesta contra el desperdicio de alimentos en Santiago”, cuenta Contreras.

Desde entonces, en Chile, se han realizado más de 15 eventos de Disco Sopa, en ciudades como Valparaíso, Concepción y Coquimbo. En términos de cifras, Contreras señala que en cada uno se logran rescatar cerca de 244 kilos de alimento. A julio de este año, llevaban 10.305 kilos de alimentos recuperados desde ferias, mercados, restoranes, panaderías y productores locales.

Derribar los prejuicios

Todo el problema, finalmente, radica en el prejuicio sobre la utilización de frutas y verduras que, para algunos, son basura sólo por su apariencia estética. 

“Los estándares cosméticos que impone el mercado y que están tan arraigados en las personas generan un sesgo tremendo de lo que es correcto comer o no»

«Llega a un punto en que las personas piensan que un alimento, sólo por el hecho de tener una mancha, una forma diferente o una magulladura, ya no es apto o es peligroso para ingerir. La gente ahora los ve como un bien de consumo que se les debe exigir perfección en todo aspecto”, reflexiona Contreras.

Promover la recuperación de alimentos y evitar su desperdicio es un proceso de aprendizaje multilateral, sobre todo al momento de la recolección. “Cada vez que recuperamos alimentos en la feria tenemos que ser súper respetuosos con el espacio de los feriantes y siempre preguntar antes de recoger. Por lo general hay buena disposición, sólo algunos nos preguntan ‘¿Por qué recogen del suelo si me pueden comprar?’ A varios les cuesta entender que no es un tema de ahorro de dinero, sino que lo hacemos porque no queremos que la comida termine en la basura”, dice. Las cifras hablan por sí solas, según el vocero de Disco Sopa, si se junta todo lo recuperado en un día de feria, pueden llegar a más de 200 kg de comida.

Además, Darío agrega que “no es fácil explicarles las consecuencias negativas que tiene desperdiciar alimentos, desde los recursos utilizados hasta los problemas generados en los vertederos producto de las emisiones de gas metano por la descomposición anaeróbica”.

Trabajo en equipo

La labor de Disco Sopa sería prácticamente imposible sin el compromiso de sus 1.212 voluntarios. El grueso del equipo son jóvenes de, en promedio, 34 años, a quienes convocan cada vez que realizan jornadas de recuperación para los eventos de la organización u otras instituciones aliadas. “Actualmente hemos ampliado nuestro rango de acción y no sólo nos enfocamos a hacer eventos como las Disco Sopas, sino que también estamos abiertos a realizar actividades de tipo social, realizando recuperaciones con voluntarios, ya sea en campos o en ferias, para luego ir en ayuda de instituciones u hogares que lo necesitan. Del total que hemos recuperado, cerca de un 71% se ha donado a instituciones, incluyendo donaciones a las personas afectadas por los incendios en el sur de Chile”, explica el vocero.

Además, han tejido una red de colaboración con agrupaciones de la sociedad civil, fundaciones y corporaciones como Mercado Lo Valledor, Fundación Basura, Fundación Mingako, Bio-Bío Solidario, y también personajes de redes sociales, como Instagram, que usan sus cuentas para promover mejores hábitos de consumo, alimentación sana, consciente y de bajo residuo, como Volo Food, Agrícola Aníbal Donoso, Alejandra Kopaitic y Agustín Orozco, Camila Silva, La Pitru, Fran Amenábar, Anita Rivera, y Maifud Comparte Tu Comida. Para Darío, “trabajar con todos ellos ha sido increíblemente satisfactorio. Estamos convencidos que la unión hace la fuerza y que mientras más voces se alcen en conjunto, el mensaje se difundirá con mayor fuerza y tendrá más alcance”.

Actividad de Cosecha Solidaria en Huertos Carolina, donde se rescatan verduras descartadas en los campos.

Una ley para los supermercados en Chile

En 2015 se ingresó al Senado un proyecto que busca regular el desperdicio de alimentos en establecimientos comerciales. En primer lugar, propone que locales como restaurantes, fuentes de soda y de comida rápida, ofrezcan explícitamente a los clientes la posibilidad de llevarse los alimentos no consumidos. En segundo lugar, la norma prohibiría la destrucción o descarte de alimentos que, aún cuando hayan perdido su valor comercial (por mal embalaje, envases dañados, mala rotulación o proximidad al vencimiento), se encuentren en perfectas condiciones para el consumo humano. Por último, el proyecto plantea que los supermercados de más de 100 metros cuadrados deben donar los alimentos mencionados en el segundo punto a organizaciones de caridad, o destinarlos a la alimentación animal o compostaje agrícola.

En un artículo publicado el 8 de septiembre de este año en la sección de noticias de la web del Senado se lee: «La Comisión acordó trabajar la redacción de las indicaciones junto a los expertos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), quienes son los que encabezan los estudios asociados a la eliminación de desechos alimenticios». Además, en esta misma nota agregan que, «el senador José García Ruminot propuso que en la próxima discusión de la reforma tributaria en el Senado, ‘se estudie una exención tributaria para las empresas que realicen donaciones de este tipo’”.

Desde que se presentó la moción han pasado tres años. En el boletín del proyecto (número 10198-11), a disposición en la página web del senado, está marcado «sin urgencia», y en cuanto a la etapa, aún se encuentra en el primer informe de la comisión de Salud del Senado. Aún cuando la comisión aprobó la idea de legislar sobre la materia, desde diciembre de 2017 el proyecto no se ha vuelto ha tocar.

 

ReSources: pensando el valor de los desperdicios

¿Qué es el desperdicio? Se preguntaba Luis Alfonso Monje cada vez que miraba objetos en desuso. Los comenzó a juntar a medida que aparecían en su camino, siempre teniendo en mente que en algún minuto resignificaría su uso. A partir de ese propósito, el año 2015, en Italia, creó ReSources, una instalación artística construida a […]

¿Qué es el desperdicio? Se preguntaba Luis Alfonso Monje cada vez que miraba objetos en desuso. Los comenzó a juntar a medida que aparecían en su camino, siempre teniendo en mente que en algún minuto resignificaría su uso. A partir de ese propósito, el año 2015, en Italia, creó ReSources, una instalación artística construida a partir de desechos, basura y material -aparentemente- inútil, y la ubicó en una galería de la Municipalidad de Milán. El objetivo: invitar a la comunidad a cuestionarse sobre el valor de las cosas y finalmente aquello que comúnmente consideramos basura.

A la fecha, el proyecto ha viajado por tres continentes, desarrollándose en las ciudades de Milán, Katmandú y Santiago. En cada una de estas se ha reinventado, tomado una forma particular, distinta a la anterior, pero sin alejarse de la pregunta esencial. ¿Qué es el desperdicio?

¿Cómo surge ReSources?

El inicio fue preguntarse por estos materiales, que de alguna manera son recursos, pero que se van descartando, poniéndole fin a su vida útil. Sabía que tenía ganas de hacer algo en una línea más artística, ya llevaba un tiempo acumulando objetos y sabía que con ellos no iba a hacer, por ejemplo, una turbina para calentar el agua, más bien me estaba parando desde la reutilización inútil, desde donde sirviera para formular nuevas preguntas. 

ReSources Milán.

¿Hay un hilo conductor común en las tres exposiciones?

El hilo conductor es la pregunta por el desperdicio. Aún así, los tres casos han sido muy diferentes, porque han surgido desde contextos distintos.

En Italia estaba trabajando solo y simplemente hice lo que quería hacer. Una vez construida la casi totalidad de la instalación, viene una segunda fase, donde la exhibición en sí misma invita —por no decir empuja u obliga— a la interacción con el público. Las personas que visitan la galería en Milán pueden mover cosas, pintar objetos, e incluso llevarlos a sus casas. 

En Nepal el trabajo se volvió grupal y los participantes vinieron de tres lugares. Unos eran alumnos del colegio de básica donde hice clases de creatividad. Ya llevaba un tiempo compartiendo con ellos, y tenía una idea de quiénes enganchaban con mis temáticas y mi forma de enseñar. Otros eran alumnos de enseñanza media de un colegio que tuve la oportunidad de visitar algunas veces, allí hice el llamado abierto en un curso. Los últimos eran alumnos universitarios de la carrera de Artes en la Universidad de Tribhuvan, a quienes conocí en el Nepal Art Council. En cuanto al qué, decidí que la creación tendría la forma de un reloj de arena, y la única condición era que la arena debía caer, que el tiempo debía estar en movimiento.

Finalmente, en Santiago y a nivel nacional, fue mucho más complejo. Realicé el proyecto junto al arquitecto Gustavo Zamorano, quien me ofreció la oportunidad de complementar mi noción —bastante sucia— de cómo construir cosas, lo que sumó muchísimo a las posibilidades técnicas. Además, pudimos juntar un grupo de personas muy diverso en cuanto a experiencia y edad, habían extranjeros, personas con capacidades diferentes, arquitectos, psicólogos, artistas y emprendedores.

Algo que considero muy particular de ReSources es esta capacidad de mutar, actúa de acuerdo al contexto, pero sin perder su esencia, su hilo conductor. Ahora en Helsinki están todas las oportunidades abiertas, aún no se con quién voy a trabajar, ni cuáles serán los materiales; solo sé que me motiva mucho realizarlo en un país donde todo gira en torno a la sustentabilidad.

ReSources Milán.

¿Cuál es el impacto que buscas generar con ReSources?

ReSources no busca predicar, nunca le va a decir a alguien, “oye cambia la taza de café desechable por una taza portátil”. Más bien, busca calar en otra fibra frente a lo que es conciencia medioambiental y social, esa que nos involucra a todos.

Ahora, sí tiene un componente muy fuerte de educación. Luego de la primera exposición, me di cuenta de que estas son inquietudes necesarias de compartir, y las siguientes dos materializaciones de ReSources (Nepal y Chile) son realizadas en comunidad y precedidas por un workshop gratuito.

De esta forma, es una educación que se plantea enseñar desde la pregunta. La idea es que quede un hilo ligando a la persona con la temática, que la persona se lleve la experiencia consigo y que idealmente se genere reflexión, personal y social.

ReSources Santiago.

¿Qué reflexiones te llevas tú de las conversaciones que se generaron en los workshops?

Hablar del desperdicio es abrir la posibilidad de hablar del valor de las cosas. Detrás de esta idea, hay necesariamente una valoración. La basura es comprendida, normalmente, como un objeto que no tiene valor alguno —o más bien, que ha perdido su valor— y por ende se descarta.

Imagínate lo irónico que es que una de las razones que me tiene aquí, es precisamente haber hecho proyectos de algo que supuestamente no tiene valor. Entonces el valor es evidentemente variable.

Cuando hacía clases en Katmandú, ocupaba material muerto (basura, desperdicio, desecho) para dialogar entre alumnos, por ejemplo papel de diario, porque ahí tenía posibilidades de letras, palabras, papel y formas. Esto es un ejemplo de experimentar desde la reutilización creativa para solucionar problemas.

ReSources Katmandú.

¿Cómo se vive la cultura del desperdicio en los tres países donde realizaste ReSources?

La cultura del desperdicio finalmente es una sola, ya que no es más que la cultura en sí misma. Pero de manera local, evidentemente, se vive de formas muy diferentes. En un país donde el reciclaje no es opción, como Nepal, ReSources tiene otro protagonismo, la reutilización podría ser una solución.

En Chile, pienso que sí tenemos la opción de reducir nuestro impacto a nivel de desperdicios, y sin embargo no es algo que priorizamos. En este sentido me parece que estamos malgastando una oportunidad. Chile sería un mejor país y la sociedad chilena sería una mejor sociedad, para nosotros mismos o frente a otros países, si volviéramos a pensar en qué es el desarrollo.

Es necesario que sean cada vez más las entidades que balanceen hacia el carbón positivo, porque para algunos es muy difícil ser sustentable, ya que solo están preocupados de sobrevivir. Bután será probablemente el primer país carbón positivo del planeta, y no es el país más rico, pero siempre han tenido una conciencia sólida respecto a la necesidad de no desperdiciar sus recursos, por lo que, dentro de sus posibilidades, toman ciertas medidas y como resultado están haciéndose cargo, no solo de su problema, sino también del problema de todo el mundo.

Entonces la meta, mía al menos, es potenciar a las entidades que están genuinamente esforzándose para lograr el carbón positivo, ya que los que tienen como meta el carbón neutro no están tomando en cuenta que el problema de la sustentabilidad es global.

Luis Alfonso Monje en Vihti, Finlandia.
El año 2008, Bea Johnson y su familia tomaron una decisión drástica: eliminar el basurero de la casa. Esto fue radical, ya que en esos años aún no se hablaba del estilo de vida llamado “Basura Cero” o Zero Waste. Desde que surgió la idea, la familia logró reducir la cantidad de basura que producía […]

El año 2008, Bea Johnson y su familia tomaron una decisión drástica: eliminar el basurero de la casa. Esto fue radical, ya que en esos años aún no se hablaba del estilo de vida llamado “Basura Cero” o Zero Waste. Desde que surgió la idea, la familia logró reducir la cantidad de basura que producía en el año a solo un pequeño jarro de vidrio.

A través de su blog y su libro Zero Waste Home, Bea comenzó un movimiento global y hoy viaja por todo el mundo dando charlas y talleres sobre su estilo de vida. Durante este mes, Bea visitó Chile por primera vez, gracias a la iniciativa de Fundación Basura, donde expuso sobre su estilo de vida, entregando consejos concretos para reducir nuestra basura. Bea hace hincapié en que una decisión personal, aunque pueda parecer muy pequeña, puede significar grandes cambios a nivel local y global: “cada vez que uno compra, uno está votando”, declara.

Frascos con varios ingredientes naturales dentro. Fuente: www.gaia.com

Los inicios

Todo comenzó cuando Bea y su familia decidieron cambiarse de casa, de los suburbios a un departamento, y tuvieron que meter muchas de sus pertenencias en una bodega. Durante aquel período, se dieron cuenta que no necesitaban la mayoría de las cosas que habían guardado.

Al mismo tiempo, fue un momento de introspección para ellos, donde leyeron y vieron documentales sobre temáticas ambientales, y esto fue lo que los llevó a tomar la decisión de mudarse.

Luego de un tiempo, regresaron a un nuevo hogar en los suburbios, y lo primero que hicieron fue eliminar todo lo que no necesitaban. Es por esto que el estilo de vida Zero Waste es similar al movimiento del minimalismo, ya que promueve comprar y conservar sólo lo que necesitamos, sin acumular un exceso de cosas, ya que se plantea que vivir con menos permite una vida con más sentido y tiempo para las cosas importantes.

No fue tarea fácil comenzar tal estilo de vida, ya que hace diez años no existía mucha información al respecto, y Bea tuvo que comenzar experimentando.  No existían libros ni blogs, entonces tuvo que probar varias cosas, y por lo tanto, también cometió varios errores, tal como comenta ella riéndose, cuando decidió probar un sistema de lavado de pelo con vinagre y bicarbonato (cosa que no le funcionó muy bien). Sin embargo, aprendió que al aplicar las reglas de  las «5 erres», en un orden lineal, es posible vivir sin generar basura.

Un frasco con algunos de los pequeños desechos de la casa de Bea. ©Zero Waste Home
  1. RECHAZA lo que no necesitas.

En esta sociedad consumista, cuando compramos algo estamos aportando a la demanda para que se fabrique más. Y luego al traer estos productos a nuestros hogares, estos invaden nuestro espacio. Por este motivo, Bea decidió no aceptar más el plástico de un solo uso, tampoco los regalos corporativos (papelerías promocionales), las bandejas de comida del avión, o las tarjetas de presentación.

  1. REDUCE a lo que realmente necesitas.

Lo primero que hizo Bea en este ámbito fue eliminar lo que no estaba usando en su cocina: “¿Para qué necesitas dos palas de madera, o dos de cada cosa, cuando en realidad utilizamos uno a la vez?”.

En segundo lugar, eliminaron toda la ropa que no estaban utilizando. Bea menciona cómo utilizamos solo un 20% de nuestra ropa, y el 80% que sobra lo guardamos “por si acaso”. Eso por esta razón que Bea seleccionó solo las teñidas multifuncionales, de tal forma que con solo pocas piezas, puede crear hasta cincuenta distintos looks. Declara que hoy todo su clóset cabe en un bolso de mano.

  1. REUTILIZAR, al comprar de segunda mano y usar el trueque.

“Cuando mantenemos las cosas que no utilizamos en nuestros hogares, estamos previniendo que otras personas las usen”, comenta Bea en su charla. Al mismo tiempo, también menciona que es importante contribuir al mercado de segunda mano, para que existan más alternativas de compra y también más personas que compran solo de segunda mano.

  1. RECICLAR solo lo que no se REUSA, REDUCE, Y REUTILIZA.

El reciclaje no es la primera en la lista, ya que no todos los productos son reciclables, y al mismo tiempo, no todos pueden ser reciclados infinitamente. Tal es el caso del plástico, que se recicla en promedio solo dos veces. Aunque es una buena  práctica, no debiéramos quedarnos solo en esto, ya que igual estamos consumiendo productos que requirieron de energía para su fabricación.

  1. La última acción es “ROT” O COMPOSTAR

Esto significa que toda la materia orgánica de la casa puede descomponerse en el compost de la casa. Bea menciona que compostan casi todo lo orgánico de la casa, incluyendo su cepillo de dientes, y también su pelo.

Cocina minimalista de Bea. ©Michael Clemens

Beneficios

Este estilo de vida ha simplificado la vida de Bea, y le ha traído una serie de beneficios. Esta pionera argumenta que vivir Basura Cero no solo es positivo para el planeta, si no también para nosotros mismos, ya que trae beneficios a la salud y también a nuestras billeteras.

Gracias al estilo de vida Basura Cero, podemos eliminar todas las toxinas de la casa. Esto porque el plástico se traspasa a nuestra cadena alimenticia, al almacenar todos nuestros alimentos en este material, donde estos se contaminan; “Cuando como queso que ha estado envuelto en plástico, puedo sentirle el sabor al plástico”, comenta Bea, ya que la mayoría de las personas no nos damos cuenta del sabor porque estamos muy acostumbrados.

Al mismo tiempo,  los productos de limpieza del hogar también son extremadamente tóxicos: “Para limpiar el piso necesitamos un producto, para el espejo otro, el baño otro, y luego te das cuenta que tienes una despensa llena de productos distintos y todos son tóxicos. Para limpiar toda mi casa, solo utilizo agua y vinagre de vino o de manzana”.

Por otro lado, este estilo de vida trae beneficios económicos, ya que es posible ahorrar un 40%, lo cual significó para Bea destinar esos recursos en experiencias más que en cosas. Esto lo llama “simplicidad voluntaria”, que es cuando uno tiene más tiempo, puede invertir en experiencias.

Desafíos

Al contrario de lo que muchos pueden pensar, vivir Basura Cero pasa a ser un estilo de vida cuando simplifica nuestras vidas, no las complica. En el caso de Bea, ella es una madre que trabaja tiempo completo y también viaja mucho, por lo tanto no es de las personas que pueden pasar muchísimo tiempo resolviendo labores domésticos. Sin embargo, advierte que hoy existen muchos blogs y libros de este estilo de vida, y muchos hablan de producir todo en casa: “Y eso asocia al movimiento zero waste a hacer todo en casa, y yo lucho contra eso porque asusta a la gente por la escasez de tiempo. Para mi fue encontrar un balance, y la idea es que todos encontremos un sistema que funcione para cada uno” concluye.

Bea Johnson con su libro. Fuente: www.mariagranel.com

Repercusiones

El camino nunca fue fácil, y Bea comenta cómo ha sido criticada en múltiples ocasiones porque existen personas que no creen que lo que uno hace en su propio hogar tiene un impacto más profundo en la sociedad.

Sin embargo, la entusiasta de Basura Cero responde a tal crítica afirmando: «A pesar de haber comenzado en casa, hoy esto se ha convertido en un movimiento global; miles de personas alrededor del mundo aplican este estilo de vida; cientos de personas han abierto tiendas sin empaque; se han formado nuevas organizaciones, y tantas otras cosas más. Todas las personas que he conocido en este movimiento tienen algo en común, y es que lamentan no haber comenzado antes”.

Bea concluye su charla citando a Gandhi: “La Felicidad es cuando lo que piensas, dices y haces están en armonía”. Entonces la próxima vez que alguien te quiere vender algo, el 99% de las veces te darás cuenta que no lo necesitas.

 

Fundación Basura presenta a Bea Johnson, principal promotora del movimiento Basura Cero que promueve un estilo de vida más sustentable. Johnson obtuvo el premio The Green Awards en 2011 y publicó en 2013 el Zero Waste Home, libro que ha sido traducido a 20 idiomas y que le ha significado dar charlas en más de […]

Fundación Basura presenta a Bea Johnson, principal promotora del movimiento Basura Cero que promueve un estilo de vida más sustentable.

Johnson obtuvo el premio The Green Awards en 2011 y publicó en 2013 el Zero Waste Home, libro que ha sido traducido a 20 idiomas y que le ha significado dar charlas en más de 45 países.

En este contexto, el próximo 9 de septiembre y gracias a las redes de colaboración internacionales de Fundación Basura, la precursora del movimiento Zero Waste participará por primera vez en nuestro país de un encuentro sin precedentes, abierto y gratuito para toda la comunidad que tendrá lugar en las dependencias del Hub Providencia. El evento consistirá en una charla, panel de preguntas del público, firma de libros y muestra de stands.

Entrada liberada previa inscripción acá: https://goo.gl/iAmH3P

Basura Cero: reinventando el concepto de Basura

El 19 de enero de 2016, los habitantes de Santiago y sus alrededores amanecieron sumidos en una nube tóxica, producto de un incendio que transcurría en el relleno sanitario de Santa Marta, ubicado en Talagante. Un desastre que mantuvo durante días a la población respirando el aire más sucio que puede ser emitido. Esta situación […]

El 19 de enero de 2016, los habitantes de Santiago y sus alrededores amanecieron sumidos en una nube tóxica, producto de un incendio que transcurría en el relleno sanitario de Santa Marta, ubicado en Talagante. Un desastre que mantuvo durante días a la población respirando el aire más sucio que puede ser emitido. Esta situación pareciera ser un riesgo muy fácil de repetirse, ya que en la capital del país existen 5 vertederos autorizados, pero unos 40 ilegales.

El ciclo de la basura:

Debido a que  la basura es un problema que nuestra sociedad suele invisibilizar, en Latinoamérica es común desechar todo tipo de “basura” que finalmente es llevada hasta esos depósitos que se convierten en el hogar de animales y personas en situación de vulnerabilidad. Es decir, en definitiva, los vertederos se convierten en espacios relegados e ignorados, que fomentan la discriminación social y ambiental del sistema.

Un ejemplo de ello, se refleja en el reportaje “21 días en el vertedero” (2010) grabado en La Chureca, un vertedero no regularizado ubicado en la provincia de Managua, Nicaragua.

El relato muestra una realidad  que muchos ignoramos cuando nos olvidamos de los desperdicios, y que sustenta un sistema que, además de ser injusto con el medio ambiente, lo es con las relaciones humanas. En La Chureca se asienta una comunidad de personas que se alimenta de los deshechos que día a día llegan hasta el lugar y vive de la recolección de aquellos elementos que muchas veces se denominan “basura”.

Para Chile esa situación no es totalmente desconocida.  Por un reportaje realizado por TVN en el vertedero La Chimba (2013) pudimos enterarnos de una realidad idéntica a la de Managua en Antofagasta, una de las ciudades con mayores ingresos per cápita por la producción minera, pero donde las diferencias socioculturales están aún más marcadas que en otras.

Así es también como entre 2015 y 2016 el país fue testigo de lo que significa que no se esconda la basura de nuestros ojos, cuando unos 14 mil recolectores de basura a nivel nacional se declararon en paro y los deshechos comenzaron a molestar en las calles de las principales ciudades.

Sin embargo, todos y todas podemos trabajar en nuestra cotidianidad para disminuir los efectos negativos de la acumulación de “basura”, ya sea reciclando, reutilizando y reduciendo el consumo, piedra angular de la ecología.

La Chureca. Foto: Matthew Karsten

Un curso para aprender a disminuir nuestro impacto:

La Fundación Basura Cero en colaboración con la empresa B Certificada TriCiclos, la granja agroecológica Huellas Verdes, la aplicación AllGreenUp y la ONG TOKI -con el patrocinio de la Embajada de Canadá-, están ad portas de lanzar un curso llamado “¿Cómo vivir Basura Cero?”, el cual se enfocará en enseñar a generar menos basura a través de la prevención,  reutilización, reciclaje y compostaje. 


Fundación Basura es una organización que se formó durante el 2014, y que se ha propuesto re-insertar nuevos ciclos de funcionamiento de lo que comúnmente llamamos “basura”, ya sea educando a través de la Academia Basura Cero, donde entrega herramientas para comenzar a reciclar; como asesorando empresas, organizaciones, instituciones y eventos en la gestión de sus desechos.

La idea nació de la arquitecta Macarena Guajardo cuando estuvo estudiando en Alemania, uno de los países con más trayectoria en la prevención del cambio climático.

“Estuve estudiando arquitectura dos años en Berlín, país que está muy avanzado en el tema del reciclaje y separación de residuos. En los supermercados se cobraba por bolsas plásticas, incluso te pagaban por retornar las botellas plásticas en una máquina. Al llegar a Chile, me di cuenta que acá no estaba pasando absolutamente nada de eso, no podía creer toda la basura que estábamos desperdiciando, también en la línea de la arquitectura, donde alrededor del 60% de la basura que hay en vertederos viene de la construcción”, señala Macarena.

Todo esto le permitió tomar conciencia de cuántos recursos se están desperdiciando cuando llegan a los vertederos. Así fue que, junto a otros compañeros, decidieron realizar intervenciones urbanas que permitieran dar una nueva mirada a este tema. Es en esta línea que durante el 2015 deciden formar Fundación Basura. 

“Debemos empezar por derribar el concepto negativo que hay entorno a la palabra basura, y cambiarlo por algo positivo. No nos damos cuenta que estamos botando nuestros recursos, desperdiciando materiales que podemos utilizar (…) Para nosotros todo tiene valor, todo es posible recuperarlo. Y si no es posible de reciclar o compostar es porque está mal diseñado”.

“La Basura no existe” es el lema que tratan de plasmar en todas sus actividades, y más ampliamente en el curso “¿Cómo vivir Basura Cero?” que será totalmente online, pudiendo participar cualquier persona que se haya inscrito a través de su página web.

Si te gustaría tener más información al respecto, te invitamos a visitar la página web de la Fundación.