Por una revitalización de la salud mental: avistamiento de aves en compañía de Colectiva Pajaronas

Hace unos meses salí con mi compañero a pasear por el borde costero de Viña del Mar a observar las aves que habitan en el estero. Estábamos en ello cuando advertimos una bandada enorme de gaviotas de Franklin (Leucophaeus pipixcan) que seguían el curso del estero Marga-Marga. Formadas en equipos, venían desde el este para irse hacia la desembocadura, danzando rápidas sobre nuestras cabezas. Quedamos tan conmovidos con este inesperado espectáculo que nos propusimos volver al otro día. Esta gaviota es la única especie de su familia que emigra sistemáticamente de norte a sur, anidando en aguas dulces de América del Norte y descansando entre las costas del litoral del norte de Perú y centro-sur de Chile, donde se puede avistar frecuentemente. En mayo desaparece de nuestro territorio.
Leucophaeus pipixcan – Gaviota de Franklin, en plena migración. ©Igor Iván Lazo Paredes

Al día siguiente, había mucha gente en avenida Perú al atardecer. Expectantes, mirábamos fijamente hacia el este hasta que, a lo lejos, avistamos la bandada de gaviotas de Franklin nuevamente. Me fijé en los rostros alrededor: algunas personas también miraron hacia arriba y, acto reflejo, embelesadas y con una sonrisa genuina observaban los grupos de aves que alborotaron el atardecer. No lo pudo describir mejor Susan Fenimore Cooper, mujer pionera de la escritura naturalista en sus Horas rurales, publicado por primera vez en 1850: “se elevan sobre nosotros, y miramos hacia arriba a las pequeñas criaturas con un cierto respeto, mientras contemplamos los maravillosos poderes que se les han otorgado a surcar los cielos, sobre valles y colinas, ríos y pueblos, hacia tierras que quizás nunca podremos ver”.

Más allá de lo agradable o bonito, avistar aves es un viaje multisensorial donde la vista y oído están en alerta recibiendo la información del entorno, en un presente conectado. Observar, en plena ciudad, la maestría del comportamiento que tienen las aves y, sobre todo, sus cantos, es un acercamiento que sobrecoge y calma. Intuitivamente, elegimos acercarnos y disfrutar de entornos naturales, como sentarse bajo un árbol de una plaza cercana y escuchar los sonidos de las aves. Una simple exposición a estos espacios es una inversión en nuestra salud física y mental. Los beneficios van desde la reducción del estrés, la ansiedad y la fatiga mental, hasta la estimulación de la concentración, autoconfianza y fortaleza física, entre muchos otros. Ya sea en solitario o en grupo, la naturaleza nos hace bien. Estos beneficios los han experimentado Andrea (Andre) Lazo y Macarena Fernández, de Colectiva Pajaronas, una agrupación de la región de Valparaíso pionera en salidas de observación de aves para mujeres y disidencias, y quienes en su labor promueven los encuentros humano y no-humano.

Tucuquere, humedal de Mantagua. El buho más grande de chile y una de las aves favoritas de la colectiva. ©Colectiva Pajaronas

Red segura para ir a pajarear

Colectiva Pajaronas comenzó sus andanzas en 2020. Surgió como espacio seguro y recreativo para las fundadoras, que desde antes se juntaban a recorrer los bosques de la zona norte de Quilpué. Las une el amor a la naturaleza y a la biodiversidad característica de esa zona conformada por el bosque esclerófilo nativo, además de encontrarse dentro de la Reserva de la Biósfera La Campana-Peñuelas. 

En su práctica, notaron que muchas personas, especialmente mujeres, declinan de ir solas a entornos naturales por distintas razones: miedo a robos, asaltos, perderse o por el hecho de no querer ir con hombres. Pese a que llevan más de 4 años conociendo de flora y fauna nativa, cuenta la Colectiva que en salidas mixtas donde las han invitado a guiar, se han sentido cuestionadas. “Ahora que hacemos salidas de mujeres y disidencias, generalmente es un ambiente muy grato”, afirman y añaden que, “el ritmo de los hombres en general es distinto al de las mujeres. Pensamos que faltaba un poco esa parte más contemplativa. Nuestro trabajo es más experiencial”. Así es como se decidieron por fomentar espacios seguros para pasear por la naturaleza, sobre todo destinados a mujeres, que muchas veces se ven más expuestas a diversas formas de violencia de género en los espacios públicos (acoso, vigilancia, etc). 

Grupo Humedal de Mantagua, 2022. ©Colectiva Pajaronas

A las salidas de Colectiva Pajaronas (ya se contabilizan más de 50 por distintos lugares de la región y a precios justos) llegan personas solas o acompañadas, mayores y niñeces, a veces se entabla una amistad inesperada, hay reencuentros de salidas pasadas; se aprende a conversar bajo para no asustar a las aves, a caminar lento por los senderos para fomentar la atención a sus vocalizaciones o a fotografiar una diminuta flor endémica resistiendo en el borde del camino. En las jornadas, de casi medio día, se comparten también binoculares y se disfruta una merienda admirando el paisaje vivo, ya sea en cerros, quebradas, humedales o acantilados.Más allá de la belleza y popularidad propias de las aves, y las sensaciones que puedan producir, Pajaronas identifica que, cuando las personas ven que algo está ahí, hay mayor interés. “Algunas que van a nuestras salidas, después quieren volver porque saben que van a ver aves que quizás no han visto, y también hay un sentido de apropiación del territorio donde una vive, el conocerlo hace sentir a las personas parte de, conocer la fauna, la flora, los tranques, las lagunas”, comenta Andre. Por su parte, Macarena agrega que una de las primeras entradas al mundo de la biodiversidad son las aves, puesto que son las más fáciles de observar. Además menciona que “yendo tanto a los lugares de observación, empiezas a meterte un poquito en cada mundo; de flora, de reptiles, de insectos, algunos hongos, de todas las existencias en el cerro”. Macarena recalca también que “las aves, en específico, tienen esto de lo estético. Además, si tú vives o frecuentas lugares con muchas especies diferentes de plantas y aves, y en general, con gran biodiversidad, está comprobado científicamente que allí es donde hay mayores índices de buena salud mental y física”.

Cría de Picaflor gigante, Parque las Taguitas. ©Colectiva Pajaronas

El poder de la Naturaleza

Los sonidos alteran nuestro comportamiento. No se puede estar indiferente ante los bocinazos, taladros o gritos, como tampoco frente a los cantos de las aves. A nivel cognitivo, diversos estudios en los últimos años han buscado comprobar y profundizar en cómo la comunicación de las aves aporta en nuestro bienestar. Rodearnos de naturaleza es un descanso para la fragmentación de la mente y la renovación de la atención al presente. Es una certeza que la naturaleza es restauradora de la psiquis porque lo comprobamos a través de nuestras experiencias en ella.

Un estudio publicado en la revista BioScience sobre las dosis de naturaleza vecina, revela que en las zonas urbanas, dos de los elementos más visibles de la naturaleza son la cubierta vegetal y las comunidades de aves. Así, se detalla que “la presencia de vegetación tiene beneficios positivos para la salud mental, que incluyen, entre otros, ayudar a reducir el estrés y promover la recuperación de la fatiga mental. Se ha demostrado que tener más especies de aves en el medio ambiente y observarlas es bueno para el bienestar psicológico de las personas, mientras que escuchar el canto de los pájaros se ha demostrado que contribuye a la restauración de la atención percibida y la recuperación del estrés”. Para Colectiva Pajaronas, las bondades de la conexión regular con la naturaleza se reciben directamente a través de la observación de aves, al ser una actividad de muy fácil acceso. “Se puede pajarear en plazas, desde el balcón, desde muchos lados”, indican, y agregan que “la observación de aves aporta también a que tengamos un estilo de vida más activo y no tan sedentario”.

Paisajes sonoros

Según Joshua Smyth, psicólogo bioconductista e investigador: “deberíamos pensar en los paisajes sonoros como una medicina” (como se cita en Wiliams, 2018). Y agrega, “Es como una pastilla. Es posible prescribir sonidos o caminatas en el parque del mismo modo que se prescribe hacer ejercicio. Hágalo veinte minutos por día como un planteo de por vida, o lo puede hacer como una intervención ante el estrés. Cuando esté estresada, vaya a algún lugar tranquilo”. También lo dice la neurocientífica Simone Kühna, del Grupo Lise Meitner para Neurociencia Ambiental en el Instituto Max Planck: “basta con caminar una hora por el bosque o la naturaleza para reducir la actividad cerebral relacionada con el estrés, pero sobre todo, escuchar el canto de una o más aves permite que el cuerpo entre en un estado de tranquilidad y relajación” (2022).

En Chile se han registrado 528 especies de aves, según describe la última Estrategia Nacional de Conservación de Aves del Ministerio del Medio Ambiente. Cristian Pinto, artista experimental con foco en la ornitoacústica, indica que “estos números en términos de diversidad ornitofaunística podrían ser poco atractivos, en relación a los totales de otros países del Neotrópico como Colombia (1851), Brasil (1822) y Perú (1818), pero la condición de aislamiento de Chile continental –consiguientemente también insular– lo convierten en un territorio de interés para el estudio de sus aves endémicas y de especies nativas que están presentes en otros lugares de la región Neotropical, ya que las barreras geográficas como la Cordillera de Los Andes, el Océano Pacífico, el Desierto de Atacama y los campos de hielo, actúan como límites para la dispersión de las distintas poblaciones de aves en la región”.

Colectiva Pajaronas también apunta a que, si bien en Chile no hay tantas especies como en otros países más tropicales, acá son más fáciles de observar. “Es muy difícil ver aves en la selva. En Chile hay un potencial bien grande en cuanto al avistamiento de aves porque también es un país seguro, donde prácticamente no existe ningún animal venenoso y no hay guerras civiles o enfrentamientos armados”, explica Macarena. A veces cuesta entender que vivimos constantemente en un medio híbrido y en una diversidad que nos rodea. No sólo las voces de la creación humana se escuchan en las ciudades, sino también las de múltiples especies que, en forma coral, reafirman que siempre habrá compañía.

Huairavillo, Humedal de Mantagua. Primer avistamiento de la Colectiva. Es un ave muy difícil de avistar. ©Colectiva Pajaronas

Kurt Fristrup, del Servicio de Parques Nacionales de USA señala que: “a menos que aprendamos a hacer sonar mejor las ciudades, estamos en riesgo de perder el alcance de este precioso sentido. Fristrup llama nuestra tendencia a usar auriculares en todas las horas del día ‘sordera adquirida’. Estamos apagando el mundo real en favor de nuestros propios paisajes de sonidos. El costo es que olvidamos cómo escuchar. Y perdemos la oportunidad de obtener una verdadera recuperación mental” (como se cita en Wiliams, 2018). En la misma experiencia con Colectiva Pajaronas, Macarena asegura que, al practicar la observación de aves, “una comienza a desarrollar mejor los sentidos, del oído y de la vista principalmente. Mucha gente nos dice, ¿pero cómo vieron a esta ave?, o pasa una muy rápido y podemos saber de qué especie se trata. Todo lo que una trabaje a nivel cognitivo hace que el cerebro funcione más holísticamente”. Atávicamente, lo innato del ser humano no está programado para recibir el tipo de estímulo que tienen los celulares. Entonces, siento que hay que volver a habilidades más primitivas, como observar a lo lejos”. Andre cuenta que, en las salidas, además, la misma gente les comenta que se relajan y bajan su ansiedad. Es como su terapia después de la jornada laboral. 

Citando a la escritora estadounidense Annie Dillard, vale la pena preguntarnos: “¿Por qué no hacemos más de aquello que hace felices a nuestros cerebros? ¿Estaremos simplemente demasiado cansados por las exigencias de la vida, demasiado lejos de la vegetación o demasiado tentados por los placeres de puertas adentro, especialmente aquellos en los que estamos conectados mediante algún aparato?”. Sin duda, una opción real, cercana y accesible es sumarse a estas agrupaciones que, como Colectiva Pajaronas, creen que la experiencia multisensorial del contacto con la naturaleza, es el camino para no perdernos.

Garza Cuca, la más grande de Chile. Esta presente en el logo de la Colectiva. ©Colectiva Pajaronas
Huala y sus crias. ©Colectiva Pajaronas

Fotografías y entrevista:

Colectiva Pajaronas. Macarena Fernández Sanhueza y Andrea Lazo Lazo. IG: @colectivapajaronas

Referencias:

BiophilicCities. (2013). “La Pirámide de conexión con la naturaleza https://www.biophiliccities.org/the-nature-pyramid 

Daniel TC Cox, Danielle Shanahan, Hannah Hudson, Kate E. Plummer, Gavin M. Siriwardena, Richard A. Fuller, karen andersen, Steven Hancock, Kevin J. Gastón. (2017). “Doses of Neighborhood Nature: The Benefits for Mental Health of Living with Nature”. BioScience, volumen 67, número 2, febrero de 2017, páginas 147–155.

ENSALUD. (2022). “Gaviota de Franklin”. https://avesenchile.cl/gaviota-de-franklin/

Fenimore Cooper, Susan. (2022). “Horas Rurales. Primavera, Verano, Otoño, Invierno”. Ediciones Libros del Cardo. Primera edición, Chile.

Gómez, Virginia. (2022). ”El canto de los pájaros es terapéutico”. Expreso.ec. https://www.expreso.ec/buenavida/canto-pajaros-terapeutico-139949.html

Pinto Fernández, Cristian. (2021). “El registro sonoro como una mirada ornitológica: ornitoacústica”. Revista de Artes Sonoras y Cultural Aural de Tsonami. Edición N°4, año 2021.

Proyecto GEF Humedales Costeros y otras instituciones. (2021). Estrategia Nacional de Conversación de Aves 2021-2030. https://estrategia-aves.mma.gob.cl/wp-content/uploads/2023/03/Estrategia-Nacional-de-Conservacio%CC%81n-de-Aves-2021-2030.pdf 

Williams, Florence. (2018). “La dosis natural. Por qué la naturaleza nos hace más felices, más sanos y más creativos”. Paidós ediciones.

Imagen de Portada: Chuncho, buho más pequeño de chile, ©Colectiva Pajaronas