El poder de la Boquila Trifoliolata: Reflexiones sobre inteligencia vegetal

Desde épocas remotas el ser humano se ha relacionado de distintas maneras con el mundo vegetal y con ello ha construido diversos discursos sobre estos magníficos seres que lo integran. Muchas de las nociones con respecto a las plantas se apoyan en prejuicios que desde milenios forman parte de nuestra visión de mundo. En la cultura occidental se ha resuelto instalar a este reino al margen. Así se le relaciona constantemente a la pasividad o, lo que es peor, se le sitúa en un escalafón solo superior al de los objetos inanimados. Esta visión ha dado como resultado un estudio tardío de las potencialidades vegetales, más allá del uso medicinal -cosa no menor- o simplemente decorativo.

Probablemente, el rasgo más llamativo del mundo vegetal sea su diversidad. Es sorprendente la gran cantidad de especies vegetales, con las más variadas formas, tamaños, colores y, lo que es aún más interesante, distintos estilos de vida. Así encontramos, por ejemplo, organismos que mantienen relaciones tan íntimas con otras especies que se convierten en simbiontes. Esto último quiere decir que en un organismo habitan dos especies, obteniendo beneficios mutuos. Así, existen los líquenes, un tipo de organismo simbiótico mitad hongo y mitad alga: el primero brinda la estructura, mientras que el segundo proporciona el alimento. Al parecer las plantas han entendido mucho mejor que nosotros una de las formas más eficaces del desarrollo de cualquier especie: la comunicación.

En palabras de Stefano Mancuso, las plantas “están dotadas de habilidades mucho más refinadas que las que comúnmente se observan” (2015). Esto nos lleva a preguntarnos sobre un concepto que muchas veces solo relacionamos casi exclusivamente a la especie homo: ¿son las plantas seres inteligentes? Si consideramos como inteligencia la eficacia y creatividad en resolver problemas (Mancuso, 2015), entonces la respuesta es sí. Ejemplos de inteligencia vegetal hay mucho, uno que atañe directamente al territorio chileno y que hace un par de años fue noticia por su particular forma de evitar su depredación es la Boquila trifoliolata.

Más conocida como pilpilvoqui o voqui blanco, la Boquila trifoliolata es una liana siempreverde de tallos rojizos que se enrolla en troncos y ramas de otros árboles y/o arbustos. Crece en sombra y semisombra, prefiriendo los suelos húmedos y de gran material orgánico. Es una planta endémica de los bosques templados del sur de Chile, aunque también la podemos encontrar en hábitats semejantes del territorio argentino y peruano. En Chile se desarrolla desde la región del Maule hasta la región de los Lagos, siendo el bosque valdiviano un lugar idóneo para su observación.

Boquila trifoliata ©Scott Zona

Hace algunos años, los científicos Ernesto Gianoli y Fernando Carrasco-Urra se dieron cuenta de la capacidad mimética del Pilpilvoqui mientras recorrían el bosque valdiviano. Esta planta presenta diferencias según se desarrolla sobre ramas de árboles y/o arbustos huéspedes o si lo hace en suelos y troncos sin follaje. Ambos científicos  se percataron de que las hojas de esta enredadera que crecen de forma estándar en suelos y troncos sin asemejarse a ninguna otra planta tienden a ser más depredadas que las que se mimetizan. Por lo que concluyeron que esta habilidad de la liana era una solución para combatir la herviboría (depredación de sus hojas).

Ahora bien, en el reino animal la mímesis suele ser más usual que en el mundo vegetal. Sin embargo, en las plantas también podemos encontrar algunos ejemplos que desarrollan esta cualidad con el mismo fin, es decir, evitar su depredación. Por nombrar algunos ejemplos podemos encontrar los Mistletoes australianos o las suculentas del género Lithops, más conocidas como piedras vivas, por su semejanza con estos objetos inertes. Entonces, ¿qué es lo que tiene de particular la boquila?

A diferencia de sus pares vegetales y animales, el pilpilvoqui tiene la capacidad de mimetizarse con más de una planta huésped a la vez. Esto quiere decir que un ejemplar de ésta liana tendrá a lo largo de su cuerpo variadas formas de acuerdo al follaje que esa sección esté usando de soporte. Así, esta enredadera logra cambiar su color, forma, tamaño, longitud de pecíolo, orientación e incluso desarrollo de espinas en sus hojas. Esta cualidad es única hasta el momento y quizás lo más interesante sea el proceso por el que la planta pasa para llegar a estas multi-mutaciones.

Existen algunas teorías que podrían explicar cómo la boquila logra adquirir estas variadas formas. Una de ellas tiene relación con la sensibilidad de sus hojas a sustancias químicas volátiles emitidas por la planta huésped. Otra posibilidad es que las células fotorreceptoras que tienen las hojas de esta liana en su parte inferior, hayan sufrido modificaciones y ahora logren responder a colores y formas cercanas, algo así como “ojos” que serían los responsables de los cambios en su aspecto. Esto último no es algo nuevo, de hecho es posible verlo en algunas larvas de polilla que son capaces de cambiar el color de sus cuerpos y mimetizarse con la superficie gracias a células fotorreceptoras que albergan en su estómago (Mabey, 2016).

La respuesta a cómo esta enredadera logra todas estas mutaciones aún no la tenemos. De lo que sí podemos estar seguros es de la gran capacidad que tiene esta planta para desorientar a sus depredadores ¿Acaso esta habilidad no es un argumento más para hablar sin tapujos de inteligencia vegetal? Más aún, esta cualidad hace que podamos entender la inteligencia como un concepto desligado e independiente del cerebro. Esto nos puede llevar mucho más lejos en la discusión, ahora podemos dudar de aquello que hemos dado por hecho, podemos cuestionar el complejo sistema que nos ha hecho categorizar arbitrariamente distintos conceptos de forma dual, dándole valores que hasta hoy hemos asumido por verdad.

En la cultura occidental vínculos conceptuales que parecen indisolubles como cerebro-inteligencia son muchos. Sin embargo, son conexiones que están muy lejos de basarse en hechos comprobables, más bien han sido construcciones en base a supuestos y a prejuicios. La cultura occidental tiene un marcado carácter de categorización dual y ha hecho que forjemos nuestra visión de mundo de acuerdo a éste, posicionando absolutamente todo lo que nos rodea en un punto u otro de este sistema. De esta forma, nuestra cultura relaciona dentro del mismo grupo: inteligencia, cerebro, acción y a todo esto se le ha dado un valor notoriamente masculino; mientras que a otros conceptos como vegetal, pasividad, sumisión se les ha dado un carácter femenino y se han categorizado en el otro extremo. Sin embargo, ninguna de estas palabras debería necesariamente estar unida a otra, pues ni siquiera tienen una raíz común.

Esta visión dual del mundo ha fosilizado nuestras mentes y nos ha marcado a tal punto que hoy es urgente un proceso de deconstrucción. Mirar las plantas, su diversidad, aceptar su inteligencia, incluso su poder de agencia ignorado por siglos, puede ayudar a lograr -¿Por qué no?- una mejor comunicación con ellas y a dejar de entendernos desde esa absurda categorización del mundo. Si somos constantes podremos de una vez por todas correr el tupido velo.

Boquila trifoliata ©Flickr

Durante siglos marginamos a las plantas de la acción, las vinculamos con total descaro a los objetos. Con la soberbia que nos caracteriza como especie las situamos en un florero para embellecer nuestras vidas y construimos jardines para aumentar nuestra ridícula necesidad de control, nos convencimos que dependían de nuestros cuidados. Sin embargo, acaso, ¿no es gracias a ellas que respiramos y comemos? Nos está costando la vida entender lo prescindible que somos nosotros para su desarrollo; y lo infinitamente necesarias que son ellas para el nuestro. Si no conectamos, si no nos comunicamos con nosotros, con éstas y otras especies; entonces, estamos -y no injustamente- condenados a muerte.

Nuestra colaboradora invitada es Constanza López, licenciada en Letras de la Pontificia Universidad Católica de Chile, apicultora e investigadora. Dedicada a la escritura sobre el mundo vegetal y crítica de arte y cultura latinoamericana.

Referencias:

Gianoli, E., & Carrasco-Urra, F. (2014). Leaf mimicry in a climbing plant protects against herbivory. Current Biology, 24(9), 984-987.

Mabey, R. (2016). The real language of plants. The Cabaret of Plants: Forty Thousand Years of Plant Life and the Human Imagination. WW Norton & Company.

Mancuso, S., Viola, A., & López, D. P. (2015). Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal. Barcelona: Galaxia Gutenberg.

Mancuso, S. (2017). El Futuro es Vegetal. Barcelona: Galaxia Gutenberg.

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