Museografías a la intemperie: hacer simbiosis con la naturaleza de Cerro Calán

El 17 de octubre de 2019, en la 14 Bienal de Artes Mediales de Santiago, se inauguraba “Tercer Paisaje”, instalación inspirada en las ideas del francés Gilles Clement, filósofo, jardinero y asiduo observador del paisaje que brota en los lugares residuales de las ciudades. En especial, en aquellos espacios de transición entre lo urbano y […]

El 17 de octubre de 2019, en la 14 Bienal de Artes Mediales de Santiago, se inauguraba “Tercer Paisaje”, instalación inspirada en las ideas del francés Gilles Clement, filósofo, jardinero y asiduo observador del paisaje que brota en los lugares residuales de las ciudades. En especial, en aquellos espacios de transición entre lo urbano y lo rural, donde aún la vida emerge espontáneamente. Sitios que aún no han sido controlados por el ser humano.

Abrazando estas reflexiones, “Tercer Paisaje” reunió en el hall central del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) esta exposición compuesta por árboles y arbustos nativos. Colliguay, boldos, chaguales, pewmos y litres ocuparon el espacio museológico, invitando a volcar la mirada y subvertir la realidad, sin aspirar a representar a la naturaleza, sino más bien, buscando avanzar hacia ella y fundirse en una simbiosis.

No obstante, al día siguiente de la apertura de la instalación, estalló la revuelta social en Chile y el MNBA cerró sus puertas, convirtiendo la presencia de estos singulares habitantes del museo en el germen para la creación del bosquemuseo Calán.

El cerro Calán se localiza en la comuna de Las Condes y es un espacio en el que habitan distintas especies de plantas y animales nativos, pero la escasez hídrica, los incendios y el uso inadecuado de sus áreas ha dejado consecuencias evidentes. ©Benjamín Matte V.

“Los árboles que allí quedaron se convirtieron en las obras de mayor cuidado y atención, sobre todo, por la importancia del riego para su conservación. ¡No podíamos dejar que se secaran! Ellos fueron muy protagonistas, pero al mismo tiempo, muy invisibles”, relata Catalina Valdés, doctora en historia del arte, profesora, miembro del equipo curatorial de la Bienal de Artes Mediales y editora del bosquemuseo.

Según explica, el bosquemuseo Calán, en su origen, hereda la curatoría de “Tercer Paisaje”, que -a su vez- reúne ideas que han brotado durante las últimas bienales de artes mediales, donde pensar la cultura del residuo ha sido uno de los ejes centrales, desde la perspectiva de la recuperación como propuesta de resistencia frente a las múltiples crisis.

“Queremos demostrar que no es tan complejo regenerar”, dice Catalina, con convicción.

Enrique Rivera en los tijerales de bosquemuseo Calán (2021) en una exploración con artistas, amigos y aliados de la 15 Bienal de Artes Mediales. © Benjamín Matte V.

Una idea que crece y se expande 

El bosquemuseo Calán está ubicado en los faldeos de la Cordillera de los Andes, en la comuna de Las Condes, en Santiago. Y es el primero de una red de núcleos que aspiran a germinar en diferentes puntos del país.

Se trata de una franja de tierra en la ladera norte del cerro homónimo, “Calán”, nombre que proviene de la palabra quechua «Q ’lan», que quiere decir “totalmente desnudo”.

“Partimos desde esa idea para preguntarnos: ¿qué significa vestir el cerro?”, recuerda Enrique Rivera, director de la Bienal de Artes Mediales desde 2013 y presidente de la Corporación Chilena de Video, quien actualmente cultiva el bosquemuseo, como proyecto de indagación museológica en la intemperie.

Según Rivera, uno de los primeros desafíos fue pensar en cómo incorporar elementos que otorgaran una narrativa a este espacio, considerando que ahí también se ubican el Departamento de Astronomía de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, y el Observatorio Astronómico Nacional.

La idea del bosquemuseo adquiere fuerza, a partir del deseo colectivo de regenerar un nodo de vida para especies nativas. ©Benjamín Matte V.

“Con esto, aparece otra condición, que da cuenta de la relación entre astronomía y botánica: la astrobotánica. Estos elementos nos entregan nuevos criterios para poder conformar una museología, y a partir de eso, una curatoría para invitar a artistas a que se inspiren y desarrollen obras para ese lugar en específico, a partir de la lectura del espacio”.

Regenerar implica achicar, reducir espacio. Pensarse a la escala de una semilla, de la hoja, de los procesos naturales.

Siguiendo esta línea de trabajo, el equipo tras bosquemuseo Calán pretende desarrollar una hoja de ruta para que la idea pueda ser aplicable en otros territorios, siempre inspirada en la realidad psicogeográfica de los lugares donde se instala. Esto responde a la lógica de la cultura libre, que por antonomasia incentiva el compartir de saberes entre comunidades diversas.

“Es algo así como un código abierto. Funciona como si fuera un software. Está disponible para que cualquiera pueda adoptar la idea, mejorarla y compartirla. No es una franquicia, porque lo interesante es, que, desde la propia experiencia de la creación de bosquesmuseos, las personas que la desarrollan puedan compartir las problemáticas que se sitúan en esos lugares. O las ideas que puedan servir para mejorar la calidad de las aguas, o las técnicas de crecimiento rápido, por ejemplo”.

Enrique Rivera refuerza la idea, agregando: “es como una red social de personas que están interesadas en la relación arte y naturaleza”.

El bosquemuseo Calán es un proyecto museológico realizado por la Corporación Chilena de Video (CChV), en alianza con el Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile y la colaboración del Goethe Institut Chile. 

A la escala de una semilla

Dar vida al primer bosquemuseo en el cerro Calán no ha sido tarea fácil. Una de las claves para avanzar en el proceso de regeneración de este nodo, ha sido justamente, pensar el residuo presente en dicha porción de tierra. Esto, considerando que, al momento de iniciar el proyecto, el terreno se encontraba muy dañado producto de la escasez hídrica prolongada, y también, poblado por restos de pino y zarzamoras quemadas, consecuencia de incendios y el uso inadecuado de sus áreas.

El paso a paso para llevar adelante la iniciativa, implicó comenzar limpiando, desmalezando, plantando y podando, para posteriormente dar pie a la búsqueda de circuitos en el espacio silvestre, donde crear accesos y también experimentar diálogos entre el arte, la astronomía, la naturaleza y la botánica.

Todo esto, comprendiendo que el desarrollo de un espacio de regeneración, implica decrecer.

El bosquemuseo Calán es un lugar de encuentro para personas interesadas en el arte, la astronomía, la naturaleza y la botánica. ©Benjamín Matte V.

“Regenerar implica achicar, reducir espacio. Pensarse a la escala de una semilla, de la hoja, de los procesos naturales. Por eso, antes de pensar en traer una obra súper rimbombante del extranjero, necesitamos concentrarnos en el riego de la tierra del bosquemuseo Calán”, dice Catalina Valdés para ejemplificar el orden de las prioridades que significa esta apuesta.

Para la curadora e investigadora, es fundamental asumir que, al tratarse de un espacio abierto, lo efímero es parte orgánica de los procesos, “es lo contrario de lo que se buscó con el cubo blanco, con el conocer a tu público, o con el marketing en torno a las artes”, recuerda.

Plantación de“Semilla”, la instalación sonora de Nicole L’Huillier en bosquemuseo. ©Benjamín Matte V.

“Bosquemuseo Calán no quiere ser un parque de esculturas, ni que parezca un lugar donde han caído obras desde un platillo volador. No hay una búsqueda de lo decorativo. Si pensamos en el paisajismo de hoy, el camino es retirar lo más posible la mano humana y permitir que la naturaleza haga su trabajo”, argumenta Catalina, citando nuevamente las reflexiones de Clement, para recordar que el deseo es convocar a artistas, cuyas obras en proceso dialoguen con las lógicas de la naturaleza.

Desde esta perspectiva, las orientaciones curatoriales del bosquemuseo Calán contemplan, entre otras cosas, propuestas exploratorias no concluidas, procesos de investigación artística en espacios específicos y la instalación de objetos que se expongan a la merced de la intemperie. “Nada de ahí va a ser perenne, todo tendrá el mismo destino de una piedra o de una planta. Se va podrir, se va a mojar, se va resecar, se va a teñir”, concluye Valdés.

Actualmente, el bosquemuseo Calán alberga más de 13 obras de artistas nacionales e internacionales.

Una de las primeras piezas de arte en habitarlo, fue la instalación sonora “Semilla”, de Nicole L’Huillier. Se trata de una pequeña cápsula enterrada como ofrenda. En su exterior, está cubierta con semillas de manzanilla, y en su interior, lleva un parlante y un mp3 que reproduce una pieza realizada a partir de samples y pistas trabajadas en colaboración con un sistema de inteligencia artificial.

Para escucharla, es necesario acercar el oído la tierra.

“En bosquemuseo creemos que necesitamos trascender a las lógicas del extractivismo, generar otras narrativas. Los artistas no solo están desarrollando una acción bella en el contexto de la naturaleza, sino que también develando cómo estamos destruyéndola. Eso, para nosotros es un gran criterio. Nos preguntamos: ¿cómo desde el arte podemos develar?, ¿cómo los artistas son activistas contra la explotación?”.

El bosquemuseo Calán cuenta con exploraciones comunitarias al aire libre para todo público. La invitación es a desplazarse a paso lento entre las obras de arte a la intemperie, experimentar el tiempo de la botánica en el corazón del cerro e imaginar nuevas formas de resistencia.

Para obtener información detallada está disponible el correo electrónico bosquemuseo@cchv.cl

El bosquemuseo cuenta con exploraciones museológicas comunitarias a la intemperie, y también, con un área de carácter educativo, denominada Escuela de la Intuición. ©Benjamín Matte V.

Contra la dictadura del razonamiento

La Escuela de la Intuición se propone como el área de educación, de mediación o de formación del bosquemuseo, pero no nos gustaban esos conceptos. Nos parecían todos muy vacíos y manoseados. Y quisimos llegar al centro del problema, y el centro del problema, para nosotros, es que en general nos acercamos a las obras tratando de entenderlas. Y nos parece que más que querer comprender, lo que necesitamos es intuir y sentir la obra, más que racionalizar sobre ella. Y ahí es donde nos damos cuenta que la intuición es una de las grandes zonas de sacrificio de nuestra percepción. Estamos desde la más tierna edad acostumbrados a pensar racionalmente y no intuitivamente, emocionalmente.  

Creemos que es importante, desde una bienal de arte, promover este tipo de habilidades que son diferentes a las intelectuales.

Hay una especie de dictadura del razonamiento.

Entonces, la escuela propone aproximarnos desde formas intuitivas, sensitivas, emocionales y románticas al arte, desde un lugar mucho menos estructurado. Y así, es como vamos experimentando nuevas formas de relación con las obras.

Enrique Rivera, director de la Bienal de Artes Mediales.

Regenerar el paisaje que brota en los lugares residuales de las ciudades aparece como una propuesta de resistencia frente a las crisis. ©Benjamín Matte V.

Imagen de portada: El primer bosquemuseo de Chile convive en las alturas con el Observatorio Astronómico Nacional (OAN), reconocido por sus tres cúpulas diseñadas a inicios de los sesenta, por los arquitectos Isidoro Latt Arcavi y Enrique Marchetti Rolle. ©Benjamín Matte V.

Sobre la Autora:

Lorena Alvarez-Chávez es periodista, de naturaleza nómade. Escribe sobre artes, culturas, migración y feminismos del sur. En Chile se ha desempeñado como comunicadora para la descentralización cultural y en Barcelona desarrolla proyectos curatoriales para la circulación internacional de artistas visuales y escénicas de Latinoamérica.

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