La tragedia de los animales comunes: no solo los pandas y rinocerontes marchan hacia la extinción

Actualmente nos encontramos en la ola de una sexta extinción, un periodo en el cual plantas y animales están desapareciendo de la Tierra a una velocidad y magnitud comparable solo con los cinco eventos de extinción masiva ocurridos previamente en la historia de nuestro planeta. Para saberlo no hace falta que los científicos midan las tasas de extinción y las tendencias poblacionales, aunque lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo. Uno solo tiene que cerrar los ojos e imaginar cómo era su entorno hace cinco, veinte, cincuenta años atrás. En mi caso, el árbol del patio donde jugaba en mi infancia ya no está; los cientos de golondrinas que vivían en la chimenea del vecino se fueron para siempre; y el bosque donde se tomaron las fotos de mi compromiso matrimonial se quemó. 

Por años los biólogos de la conservación hemos estudiado los impactos de los humanos sobre la vida silvestre. Nos hemos enfocado en los animales raros, como el rinoceronte, el oso pardo, y el puma, animales cuyos tamaños y necesidades de amplios espacios naturales los hacen especialmente vulnerables a la extinción. Pero, ¿qué hay de los animales abundantes, los comunes y corrientes? Los animales que vemos en el patio o en el parque urbano, o en la huerta de nuestros tíos en el campo. Las lagartijas, las aves, las mariposas, las abejas, y los zorros: esos animalitos que nos ofrecen un pedacito de naturaleza dentro de nuestras vidas, actualmente tan saturadas de pantallas telefónicas.

Bandurria (Theristicus caudatus) ©Robert Blenk

Desafortunadamente, nuevos estudios indican que estos animales comunes también marchan poco a poco hacia la extinción. En Estados Unidos, de donde yo soy, leímos hace poco que las poblaciones de aves se han visto reducidas en tres mil millones de ejemplares en los últimos cincuenta años (Rosenberg et al., 2019). La gran mayoría de esas aves eran de especies comunes que todos conocemos bien. En muchas partes del mundo también se han visto drásticas disminuciones en la abundancia de artrópodos, los animalitos que forman la base de la cadena alimenticia (Hallmann et al., 2017; Lister & Garcia, 2018). El hecho de que están disminuyendo los animales más comunes –y supuestamente menos amenazados– nos dice que algo anda mal. Además, a diferencia de la extinción de un animal escaso, la pérdida de un animal común seguramente tendrá consecuencias notables para el funcionamiento de los ecosistemas.

En mis investigaciones en Chile, estudio el impacto de las plantaciones forestales en la vida silvestre y, a través de ello, su efecto en la polinización, una función ecológica de mayor importancia. Gran parte de mi trabajo se enfoca en dos polinizadores: el moscardón y el picaflor chico. El moscardón es el abejorro más grande en todo el mundo, e históricamente se encontraba desde Coquimbo hasta la Tierra del Fuego. Hasta hace treinta años, el moscardón era abundante y era un polinizador sumamente importante para la agricultura y las flores silvestres. Ahora se encuentra en peligro de extinción y ya está ausente en gran parte de su rango de distribución histórico. ¿Cómo puede ser que una especie tan común ha llegado al borde de la extinción en tan pocos años? 

Fácilmente, es la respuesta correcta. Desde los años ochenta se han importado colonias de abejorros europeos con el propósito declarado de apoyar la polinización de plantas agrícolas. Para tal fin, sí, contribuyen a la producción de arándanos y tomates, pero también hacen daño a otros cultivos, resultando por ejemplo en frambuesas más chicas (Smith-Ramírez et al., 2018). Si bien los resultados para la agricultura han sido mixtos, las introducciones representaron el comienzo del final para el moscardón. Los abejorros europeos compiten con la especie nativa, y trajeron nuevos parásitos y enfermedades – factores para los cuales el moscardón no tiene resistencia. Todavía queda una pequeña luz de esperanza para el querido moscardón, pero los gobiernos de Chile y Argentina tendrán que actuar rápido en detener la importación de abejorros europeos y conservar los remanentes de bosque nativo donde el moscardón se aferra a la vida. 

El caso del moscardón nos enseña algo importante: que muchos animales escasos eran abundantes alguna vez. Por eso estudio también el picaflor chico. Este también es uno de los polinizadores más importantes del centro-sur de Chile, y por ahora es común y ampliamente distribuido. Sin embargo, las campanas de alarma están empezando a sonar. Si bien aún se requiere una cuantificación detallada, intuimos que su población está disminuyendo por la pérdida de su hábitat boscoso. Por ejemplo, varios estudios indican que es más abundante en paisajes con mucha cobertura de bosque nativo, que prefiere bosques antiguos y continuos, y que es menos común en bosques fragmentados, lo cual afecta negativamente la reproducción del copihue y otras plantas (Valdivia & Simonetti, 2006; Vergara & Armesto, 2009). Junto con mis colegas en la Universidad Austral de Chile, hemos iniciado un nuevo programa de monitoreo de picaflores, marcando individuos con anillos para monitorear sus poblaciones a largo plazo. También estamos usando pequeños dispositivos de seguimiento para estudiar sus preferencias de hábitat y ojalá aprender cómo asegurar que esta joya reluciente siga siendo una de las aves más comunes en Chile. 

Picaflor chico( Sephanoides sephaniodesalimentándose del néctar de un copihue ©Juan Andrés Varas Braun

Confieso que tengo una pasión por los animales cotidianos. Mis amigos chilenos se burlan de mí cuando digo que la bandurria es una de mis aves favoritas. Por ser un ave cotidiana que se puede ver en un parque urbano (aunque ese no es su hábitat natural), muchas personas no reconocen la belleza de la bandurria. Recordemos que el copihue, el huemul, y el cóndor también fueron especies comunes que en el pasado se veían en todas partes, y sin embargo, nadie dudaría que ellas son importantísimas figuras en la identidad y cultura chilena. Quizás cuando mis amigos vengan a visitarme a los Estados Unidos queden fascinados con las ardillas que viven en mi patio. Eso espero. La historia nos confirma que no podemos esperar hasta que ese tipo de animales se hagan escasos para apreciarlos, porque en ese momento ya será demasiado tarde, tanto para ellos como para nosotros.

Tyler McFadden es biólogo de la conservación y candidato doctoral en Stanford University, EE. UU. Se dedica a la ciencia que informa la conservación y está involucrado en numerosas actividades de educación ambiental para niños de todas edades. Lleva cuatro años estudiando las aves chilenas en estrecha colaboración con el www.birdecologylab.cl de la Universidad Austral de Chile.

Referencias bibliográficas

Hallmann, C. A., Sorg, M., Jongejans, E., Siepel, H., Hofland, N., Schwan, H., … de Kroon, H. (2017). More than 75 percent decline over 27 years in total flying insect biomass in protected areas. PLOS ONE, 12(10), e0185809. 

Lister, B. C., & Garcia, A. (2018). Climate-driven declines in arthropod abundance restructure a rainforest food web. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 115(44), E10397–E10406. 

Rosenberg, K. V., Dokter, A. M., Blancher, P. J., Sauer, J. R., Smith, A. C., Smith, P. A., … Marra, P. P. (2019). Decline of the North American avifauna. Science, eaaw1313. 

Smith-Ramírez, C., Vieli, L., Barahona-Segovia, R. M., Montalva, J., Cianferoni, F., Ruz, L., … Neira, M. (2018). Las razones de por qué Chile debe detener la importación del abejorro comercial Bombus terrestris (Linnaeus) y comenzar a controlarlo. Gayana (Concepción), 82(2), 118–127. 

Valdivia, C. E., & Simonetti, J. A. (2006). Decreased frugivory and seed germination rate do not reduce seedling recruitment rates of Aristotelia chilensis in a fragmented forest

Vergara, P. M., & Armesto, J. J. (2009). Responses of Chilean forest birds to anthropogenic habitat fragmentation across spatial scales. Landscape Ecology, 24(1), 25–38. 

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