Iconoclasistas: el mapeo colectivo para contar historias

Julia Risler y Pablo Ares son Iconoclasistas. Desde el 2006, este dúo de comunicadores ha hecho una serie de investigaciones colaborativas y prácticas colectivas de comunicación pedagógica. Son, como ellos dicen, unos contadores de historias, cuya forma de relatar es mediante mapeos colectivos. A base de variadas prácticas latinoamericanas han sistematizado su quehacer artístico y comunicacional, así realizan talleres, intervenciones urbanas y producen gráficas. Probablemente sus cartografías son las más destacadas. Todo el material que producen es compartido en su página web para libre uso. 

Endémico web conversó con ellos acerca de este maravilloso proyecto. Desde las afueras de Buenos Aires y en medio del temporal de Santa Rosa, Julia y Pablo nos cuentan sobre la dinámica y creciente red que han tejido durante todo este tiempo trabajando como Iconoclasistas, entre los talleres de mapeo, las prácticas situadas, los encuentros y desencuentros, nos relataron su andar. 

El dúo Iconoclasistas generan gráficas creativas de investigación colaborativa para elaborar narraciones críticas que disputen aquellas instaladas desde diversas instancias hegemónicas. © Iconoclasistas.

Endémico: ¿Por qué decidieron llamarse Iconoclasistas?

Pablo: En cada rebelión hay un ataque a los símbolos anteriores. Sin ir más lejos, hace un año estaba de moda tirar estatuas por toda Latinoamérica y el mundo. Eso es iconoclasia. La iconoclasia ha existido desde siempre, en la religión judía por ejemplo, ni siquiera pueden nombrar a dios, nombrarlo sería un gesto de iconodulia, lo contrario. Iconoclasistas en un principio era un juego nada más.

¿Qué es iconoclasistas? y ¿cómo surge?

Julia: En el año 2006, nos encontramos con un momento social en que diferentes referentes sociales estaban organizados en distintos proyectos emancipatorios. Nuestra idea era aportar herramientas de comunicación, que fueran bien gráficas y visuales para que ellos pudieran usar, es decir, que circulara de manera libre para que pudiese ser reapropiado por distintos espacios -colectivos o movimientos- con fines comunicacionales, pedagógicos o como herramienta de protesta.

Julia Risler es investigadora independiente, licenciada en comunicación social, especializada en comunicación comunitaria, y doctora en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Pablo Ares es un autodidacta. De origen fanzinero trabajó en diversos medios gráficos siendo jefe de arte en alguno de ellos. © Iconoclasistas.

Este fue el inicio de Iconoclasistas. Empezamos a tejer diálogos con otros territorios ampliando bastante los ámbitos de articulación. Comenzó, a su vez, la demanda de la gente de participar en la hechura de estos mapas y estas cartografías. Por esta razón, durante el 2008 iniciamos una gira por el Argentina. En esos viajes testeamos una herramienta de mapeo que tomaba diversas tradiciones latinoamericanas, pero dándoles un sello personal. Así, nació el mapeo colectivo. Trabajamos fundamentalmente el tema de la industria extractiva, las consecuencias sobre el territorio y sobre los cuerpos de las comunidades. Estos temas se han mantenido hasta el día de hoy.

La herramienta se ha ido puliendo y complejizando. En el 2013 publicamos un manual porque ya teníamos mucha demanda. Al principio nadie sabía qué era esto del mapeo y luego, ya todo el mundo nos pedía organizar talleres. Como siempre apostamos a la autogestión publicamos este manual que -para nosotros fue muy extraño- comenzó a circular por otro tipo de espacios que no estaban pensados previamente, por ejemplo escuelas, universidades, ámbitos de investigación académica, organismos estatales y públicos, lo que planteó nuevos desafíos. Entonces modificamos la herramienta e incorporamos nuevas dimensiones de trabajo, ya no solamente mapas, sino comenzamos a trabajar otras cuestiones.

Pablo: Nosotros ya teníamos experiencia en artes y comunicaciones. Julia es licenciada en comunicaciones, luego hizo un doctorado en ciencias sociales y yo venía trabajando desde los 90’ en grupos de derechos humanos. Teníamos un bagaje de estos asuntos. Sin embargo, veíamos que toda la parte ambiental si bien tenía denuncia, mediante el cartel o el stencil, no se profundizaba mucho. Entonces intentamos adentrarnos con esta herramienta, que es para generar material divulgativo, no técnico, por lo que es curioso que estos públicos se interesaran.

«Lo que hacemos son cartografías, mapas y un mapa es un relato, una forma de contar una historia. En este caso, es una historia colectiva, de voces diversas» (Pablo).

¿Ninguno es geógrafo? 

Julia: No, a Pablo le gusta mucho y estudia mucho. Pero tomamos el mapeo como una herramienta dentro de un espacio pedagógico, donde funciona el diálogo de saberes, donde existen distintas metodologías lúdicas, para poder conectar con la gente, que se sienta cómoda, que participe y sea un espacio de confianza. Desde las experiencias cotidianas construímos conocimientos, poniendo en valor las producciones que vienen desde otros lugares menos legitimados. 

Pablo: Tenés que pensar que nosotros no hacemos geografía, lo que hacemos son cartografías, mapas y un mapa es un relato, una forma de contar una historia. En este caso, es una historia colectiva, de voces diversas. La herramienta es una como cualquier otra, pero nosotros elegimos las voces con las que construir el relato.

Salud y extractivismo, 2021. Mapas y esquema corporal que releva los impactos en la salud de las comunidades en distintas regiones sudamericanas como consecuencia de la instalación de proyectos de la industria extractiva. Revisa el mapeo completo en Iconoclasistas.net  © Iconoclasistas.

 

¿Qué desafíos contempla el mapeo colectivo y qué beneficios conlleva? 

Julia: Depende mucho con quien trabajemos. Cuando la propuesta de trabajo viene de una red de organizaciones o espacios que plantean un objetivo en común en ese taller de investigación colaborativa todo fluye mucho más rápido. Lo anterior, porque hay un horizonte común de objetivos. Hay talleres que, sin embargo, no salen bien, por distintas razones: la gente no se conoce, no hay confianza, a veces las agrupaciones están en conflicto. En esos casos es muy difícil trabajar, pero son las menos. 

Nuestras prácticas colaborativas no comprenden una jerarquía o un rol por encima del otro, sino que se va tejiendo de la especialidad y conocimiento que cada uno trae. Nosotros tenemos todo esto de la comunicación, la pedagogía y lo que hacemos es dinamizar los espacios, pero si la gente no participa o no se compromete no sale nada. A lo sumo lo pasan bien o no, pero no se produce el proceso creativo. 

En general la gente ya nos conoce, cuando va a estos espacios ya saben que es lo que van a recibir o como se va a construir. Trabajamos con un 98% de mujeres, esto desde el inicio de Iconoclasistas. Ellas siempre fueron las más interesadas en participar, las más organizadas en distintos ámbitos. Desde ir a un barrio, a una institución estudiantil, pasar por una institución artística, casi siempre la mayoría de los participantes son mujeres. Eso es particularmente llamativo.

Iconoclasistas trabaja con alrededor de un 98% de mujeres en sus prácticas colaborativas. © Iconoclasistas.

Nosotros en los talleres tenemos distintas instancias de trabajo. Una es la instancia sobre el mapa, pero también tenemos una instancia plenaria, de presentación de esos mapas. Es ahí donde subrayamos los ejes, estas líneas en común que se tejen dentro de un grupo, esa es tarea nuestra. Obviamente aparecen antagonismo, disidencias y más. En ese sentido, nuestra labor es mediar el relato para que surja esto que se funda desde el consenso, siempre entendiendo que el mapa que resulta es uno de los muchos mapas que se pueden construir. Es decir, tejemos el consenso en base a los puntos nodales que tienen que ver con visibilizar las principales amenazas, conflictos territoriales, etc. 

Pablo: Nosotros en los talleres, además de los mapas usamos un montón de herramientas gráficas y lúdicas. Lo que hacemos es sacar el hilado, después en la conversación levantamos los símbolos o motivos que identifican a esa comunidad y los mezclamos con nuestra mirada, no hacemos un calco. Es allí cuando hacemos el tejido, que se va tramando desde la colaboración y el diálogo, y la gente luego se siente interpelada por ese material y lo retoma, modifica, amplía. Nuestra misión es construirlo de la forma más comunicativa, visual e interactiva posible para que sea apropiado, circule y realmente sea útil, que aporte a la comunidad con la que estamos trabajando.

 

Parte de la serie de pictrogramación. © Iconoclasistas.

 

Antes hablaron de las prácticas latinoamericanas ¿cuáles son éstas? 

Julia: En relación a los mapeos y las líneas de la cartografía crítica, nos basamos en una línea que surge en los años 80 y 90, sobre todo en Colombia, Venezuela, México y Brasil, en contextos de ONGs, de trabajo en comunidades rurales, generalmente indígenas y campesinas, con un objetivo de restitución territorial. Nosotros decidimos ponerle otro nombre porque nos situamos de un lugar diferente, se construye de otra manera y tiene otros objetivos, pero de todas maneras hay una influencia de esas prácticas anteriores. 

También, integramos todo lo que tienen que ver con las prácticas de educación popular, la línea de Paulo Freire, la investigación participativa de Fals Borda. En definitiva, todos los lineamientos que aparecen en relación a cómo se construyen o cómo se provoca la emergencia de este tipo de sujetos periféricos, subalternos, que no tienen una voz presente en la agenda pública. En el último tiempo, también hemos incorporado la mirada del feminismo comunitario, con la idea de concebir los cuerpos como territorio, la valoración de la experiencia, de la emoción, de todo lo que tiene que ver con la vivencia cotidiana y demás. Todo esto más allá de las lecturas y la formación que uno tiene, lo que hace que la práctica vaya mutando. 

Los talleres son para nosotros un ámbito de formación muy importante, además de participación y creación. Hay todo el tiempo un ida y vuelta que nos ayuda a mejorar y cambiar e incorporar cosas nuevas.

Entre las imágenes que circulaban con respecto a la expansión del virus fue la del incendio, cuyo avance cerca y encierra. A esta idea del fuego-amenaza Iconoclasistas le agregó una mirada sobre su innegable rol en la protección familiar: el vocablo deriva del latín focus, que significa hogar, hoguera, brasero, y refiere al sitio donde se prende la llama con la cual cocinamos, iluminamos y calentamos la vivienda. © Iconoclasistas.

Además de los mapas, ¿con qué otras herramientas gráficas trabajan?

Pablo: De entrada comenzamos a trabajar mapas, estos vienen acompañados de infografías, pictogramas, iconografías, que ya son otras herramientas y que comúnmente son usadas en los mapas de forma muy acotada o simplemente no existen. Nosotros, en cambio, hemos construido un montón de iconografías o más precisamente de escenas, que funcionan en los mapas y disparan para contar el relato. 

Automáticamente el mapa es acompañado de una cuestión temporal. Así empezamos a trabajar el tiempo. Al principio fue algo cronológico, y luego profundizamos y pensamos en muchas maneras de representarlo. Luego pasamos al trabajo con el cuerpo y su relación con el territorio. Otra dimensión fue trabajar los paisajes, leerlos en su conjunto con su arquitectura, su flora y su fauna.

Así, hemos hecho otro tipo de gráficos: constelaciones, redes, que son complejos de explicar porque aparecen propuestas en donde se mezclan un montón de problemáticas. Por ejemplo, hemos trabajado temporalidades en las que conviven muchas diversidades, a diferencia de lo que nos cuenta la historia clásica de los ganadores, la de los hombres o las instituciones. Nos planteamos entonces ¿cómo graficar las historias que son los mechones de una trenza? Hemos construido así, árboles genealógicos, líneas de tiempo complejas: circulares, espirales o helicoidales. Ahora nos damos cuenta que el tiempo es casi helicoidal. También trabajamos con los centros y periferias, cambiándolos y alternándolos, etc.

Mapamundi, 2019. Investigación que releva el trabajo de mujeres rurales y campesinas productoras del 70% de los alimentos que consumimos, y de las cuales solo el 13% tiene la propiedad de la tierra. © Iconoclasistas.

 

¿Qué proyectos se vienen próximamente?

Julia: En el último tiempo hemos estado trabajando mucho en lo que llamamos “Máquinas de Sentipensar”. Esto tiene que ver con nuevas estrategias pedagógicas o recursos para trabajar en el marco de la pandemia, el trabajo online y cómo se instauró esta ventana al mundo que es la computadora. La posibilidad de hacer talleres con personas de lugares muy diversos nos obligó a generar otro tipo de herramientas. Claramente el mapeo colectivo como lo veníamos haciendo no se puede hacer, sin lo corporal y el estar en el territorio, entonces apelamos a otro tipo de recursos que fueron funcionando muy bien y que han encontrando su propia impronta. 

En lo inmediato tenemos otras cartografías que han surgido de talleres de mapeo e investigación colaborativa. Pronto tienen que salir impresas, tienen que distribuirse. La gente que nos invitó tiene la posibilidad de imprimir eso y llevarlo a las comunidades donde trabajamos, gente de Salvador, México y en toda la región del Gran Chaco Americano, esto es Bolivia, Paraguay y Argentina. 

Pablo: Las cosas están ahí, pero hay que contarlas. Hoy existe una necesidad de generar relatos no vinculados a la academia. Mapear es una forma de hacerlo, como lo es también el muralismo, el pictoline en las rrss, los cómics, entre otras prácticas.

Los dispositivos gráficos y visuales materializados son a partir de diversos diagramas de trabajo colectivo. Instauran espacios de reflexión crítica y buscan detonar los núcleos discursivos de sentido común que surgen en las primeras instancias de trabajo. © Iconoclasistas.

 

 

 

 

 

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