Espejo de agua (2021) de Sebastián Calfuqueo: aguas libres, identidades fluidas

Por María José Barros

Sebastián Calfuqueo (Santiago de Chile, 1991), destacado artista visual y performer, forma parte de una nueva generación de creadores mapuche que, antecedidos por el poeta David Aniñir, han vuelto a relevar la experiencia de los mapuche urbanos como un eje fundamental de sus proyectos creativos y activismos. Desde disciplinas que trascienden lo literario y una mirada de género atenta a los feminismos indígenas y las disidencias sexuales, creadores como Daniela Catrileo, Daniela Millaleo, Camila Huenchumil, Francisco Vargas Huaiquimilla y Paula Baeza Pailamilla, entre otras y otros, convergen en la elaboración de un lugar de enunciación champurria, marcado por su condición de habitantes de la waria e hijos de la diáspora mapuche.1

Hablamos de artistas que comienzan a producir durante la postdictadura chilena, desde la década del 2010 en adelante, contexto marcado por el fortalecimiento del movimiento autonomista mapuche (Pairican 2016) y la consecuente militarización y ocupación de Wallmapu por parte del Estado chileno. De hecho, por estos días, mientras Elisa Loncon –presidenta de la Convención Constituyente– daba inicio al proceso de redacción de la nueva Constitución, en las regiones del Biobío y La Araucanía comenzaba a regir el Estado de excepción decretado por el gobierno de Piñera. Las imágenes mediáticas de los militares y sus armamentos de guerra en el sur del país son lamentables y vuelven a confirmar la falta de voluntad política para buscar solución al mal llamado “conflicto mapuche”. En este sentido, los trabajos de Calfuqueo y sus compañeros de ruta no pueden ser entendidos sin tener en cuenta el correlato histórico-político que marca el acontecer del pueblo Mapuche hoy.  

Para la activista ecofeminista Vandana Shiva, el paradigma de mercado concibe el agua como un cuerpo inerte y feminizado que puede ser objeto de colonización, explotación y comercialización.

Una de las temáticas que atraviesa la producción de Sebastián Calfuqueo, siempre situada y abierta a los cruces entre distintos soportes, lenguajes y medios, es la defensa de las aguas, la biodiversidad y los territorios indígenas amenazados por la lógica predatoria del capitalismo extractivista. En Espejo de agua, instalación inaugurada en la galería Patricia Ready el 13 de octubre recién pasado2, el artista mapuche pone en escena el choque entre dos culturas del agua, haciendo visible su disenso y crítica con respecto a la privatización de los “recursos hídricos” en Chile. Esta problemática, que ya había sido abordada previamente en su obra multimedial Ko ta mapungey ka (Agua también es territorio) del año 2020, adquiere una nueva impronta cuando pensamos en el debate constitucional que estamos viviendo como país y la relevancia que, sin duda, tendrá el problema del agua en este contexto de profunda transformación política y social. 

«Espejo de agua» de Sebastián Calfuqueo. 

¿Pero cuáles son esas dos culturas del agua? De acuerdo con la intelectual y activista ecofeminista Vandana Shiva en su libro Las guerras del agua, el paradigma de mercado concibe el agua como un cuerpo inerte y feminizado que puede ser objeto de colonización, explotación y comercialización, mientras que el paradigma ecológico entiende el agua como un don gratuito otorgado por la naturaleza y como un bien comunitario que debe ser cuidado y distribuido equitativamente (Shiva 2003). En el caso de Calfuqueo, el desencuentro entre ambas formas de pensar, sentir y relacionarse con este líquido vital hoy en disputa es representado desde una perspectiva enraizada en la epistemología mapuche y, al mismo tiempo, desde un posicionamiento identitario no binario y performativo afin a la materialidad fluida de las aguas. De ahí la posibilidad de pensar esta instalación como una manifestación del activismo artístico indígena reciente, que busca promover la descolonización de los saberes, los cuerpos y la naturaleza misma, pero también de la institucionalidad del arte chileno, aún marcada por prácticas clasistas y racistas.3 

En este sentido, quisiera recordar lo señalado hace unos pocos días por Aura Cumes en su conferencia Epistemologías del dominio y horizontes de vida de los pueblos originarios. Según la investigadora maya kaqchikel, el poder colonial –todavía vigente– se cimenta sobre la constitución de los pueblos indígenas como seres despojables, es decir, “como seres colectivos e individuales a quienes se nos puede quitar absolutamente todo […]. Se nos puede quitar la fuerza vital, el territorio, los bienes y nuestra vida puede ser conducida para los intereses de las elites coloniales”. Tomando en consideración dicha premisa, podemos decir que en Espejo de agua Calfuqueo elabora una estética descolonizadora y multisensorial de la resistencia que, desde la plataforma de las artes visuales, busca subvertir el despojo que está destruyendo las vidas humanas y no-humanas y poner en valor los saberes y las creencias mapuche sobre las aguas. Lo transgresor es que este gesto de lucha se realiza desde una práctica cultural abigarradamente mestiza o ch’ixi, como diría Silvia Rivera Cusicanqui (2010), en la que coexisten y se fusionan los lenguajes del arte conceptual con el arte de la cerámica, la cultura mapuche y las voces de los movimientos sociales, lo queer y la ecología. 

Detalle de uno de los bidones de cerámica de “Mercado de aguas”. 

Aguas detenidas

Al ingresar en la sala donde se exhibe la instalación Espejo de agua, lo primero sobresale es el color azul intenso presente en cada uno de los elementos que componen este trabajo. Según lo relatado por Elicura Chihuailaf en su Recado confidencial a los chilenos, el azul es un color sagrado. “En el epew-relato del origen del Pueblo mapuche, nuestros antepasados dicen que el primer Espíritu Mapuche vino desde el Azul” (32), explica el poeta. El azul, color del agua y el cielo, canal espiritual entre el mundo de abajo y el mundo de arriba, se despliega con fuerza en las dos piezas –“Mercado de aguas” y “Palabras al agua”– que integran esta obra mayor prácticamente monocromática, pero no por ello menos sugerente.  

Lo que vemos en “Mercado de aguas” son 27 bidones azules de cerámica dispuestos en el suelo con orden y simetría. En cada uno de estos objetos se leen distintas palabras tomadas del Código de Aguas de 1981, escrito en plena dictadura, texto legal que ha propiciado la actual privatización y mercantilización de las aguas en nuestro país. “Embalse de aguas”, “Cascadas”, “Derecho de aprovechamiento”, “Decreto”, “Aguadas”, “Charcas”, “Gozar”, “Lacustre”, “Extracción” y “Lluvias” son algunos de los términos sacados del código que, resituados en los botellones creados por Calfuqueo, vienen a dar cuenta de las consecuencias asociadas a la neoliberalización de los “recursos hídricos”. Las aguas, lejos de correr libres y fluidas, son detenidas, aprisionadas y comercializadas en estos recipientes o contenedores. Leer “Cascadas”, “Lluvias” o “Pantanos”, términos que nos retrotraen al carácter multiforme y creativo de las aguas, así como a los ecosistemas que emergen en sus lechos y riberas, parece un contrasentido.

Antes que la ecología queer, los pueblos indígenas ya sabían que la naturaleza no responde a parámetros sexo-genéricos binarios.

Pese a todo, el agua azul sigue brillando en las cerámicas, práctica ancestral mapuche realizada tradicionalmente por mujeres, que vuelve a juntar lo que el código ha querido separar: el agua y la tierra. Porque en nuestro país se puede ser dueño de un terreno, pero no tener acceso a las aguas que por allí pasan. En este contexto, las voces en defensa de las aguas y de los movimientos sociales se corporeizan en los bidones y las botellas situadas en unos mesones que dicen: “Código es saqueo”, “Uso público como propiedad”, “Lagos libres” y “Bienes para todes”. De esta manera, Calfuqueo polemiza explícitamente con la comercialización, especulación y lucro de las aguas en la sociedad chilena actual, resituando y resignificando estos objetos de uso cotidiano como metáforas de una lógica mercantil que cosifica y acapara un bien comunitario y vital por excelencia como el agua. Por cierto, esta metáfora también es extensiva a los camiones aljibes y las represas, otro tipo de receptáculos que nos hablan de la sequía, la injusticia hídrica y el extractivismo. 

“Palabras al agua”, de Espejo de agua.

Escuchar las voces del agua

En “Palabras al agua”, pieza situada al lado contiguo de “Mercado de aguas”, lo que observamos es un enorme río azul, confeccionado con una tela vistosa y brillante, que cae desde las alturas hasta el suelo, llena de pliegues y en movimiento. En contraste con la disposición más bien rígida de los bidones, en esta parte de la instalación Calfuqueo nos hace transitar por las orillas de un río libre, en cuyas aguas y piedras construidas también con cerámicas podemos leer mensajes como los siguientes: “No a la carretera hídrica”, “Azul es sagrado”, “Nuestros cuerpos son agua” y “No separar las aguas de la tierra”, entre otros. Además, algunas luces led de color azul iluminan el cauce y desde el interior de ciertas piedras se escuchan textos leídos por el mismo artista que nos hablan sobre la condición no binaria de las aguas: “Las aguas no reconocen sexos / Son fluidas / Se adaptan a diversos contenedores y formas / Nunca deben estar detenidas / Ni femeninas ni masculinas”. Antes que la ecología queer, los pueblos indígenas ya sabían que la naturaleza no responde a parámetros sexo-genéricos binarios y Calfuqueo encuentra en la fluidez, potencia y creatividad de las aguas un “espejo” desde el cual pensar su identidad, siempre performativa y por hacer, idea también presente en su video-performance Kowkülen (Ser líquido) del 2020.

Así, y en coherencia con la epistemología mapuche, el agua se nos presenta en este trabajo multisensorial como una entidad viva y sagrada, habitada por espíritus, ancestros y múltiples seres vivientes, que nos invitan a establecer una relación de reciprocidad y respeto con la naturaleza y a tomar consciencia sobre la necesidad urgente de cuidar el agua. Esto significa tomar una posición política y hacer frente a la cultura mercantil del agua, capaz de producir sequía donde antes había abundancia. Pensemos, por ejemplo, en la carretera hídrica mencionada en la obra de Calfuqueo. Al igual como en su momento la empresa Barrick Gold propuso remover los glaciares del Valle del Huasco para construir Pascua Lama, este proyecto busca trasvasar las aguas del río Biobío hacia el centro y norte de Chile, zonas donde la industria minera y agrícola no han hecho más que incrementar la escasez hídrica que afecta, principalmente, a las comunidades locales.  

Desde esta perspectiva, “Palabras al agua” puede ser leída como una invitación a descolonizar nuestros sentidos con el propósito de aprender a escuchar las voces antiguas y presentes que cohabitan en las aguas. Porque aquí no solo se hacen escuchar las palabras de los ancestros, sino también de los activistas y los movimientos sociales actuales que luchan por la liberación, desprivatización y/o cuidado de los ríos, humedales, glaciares y mares. Ya lo decía la poeta y artista chilena Cecilia Vicuña en uno de los materiales escritos de su obra multimedial Quipu menstrual, del año 2006: “Un lugar es un sonido, y una forma de oirlo”. Las aguas y sus defensores –muchos de ellos criminalizados y perseguidos por el Estado de Chile– tienen algo que decirnos y la obra de Calfuqueo, Espejo de agua, nos convoca a escucharlos.  

Notas a pie

Lo champurria –en español mestizo– es un concepto que emerge desde el mismo pensamiento mapuche y que ha sido trabajado por Adriana Paredes Pinda, Carla Llamunao, Daniela Catrileo, Javier Milanca y el mismo Calfuqueo, entre otros, como un lugar vital y creativo intersticial desde el cual pensar las identidades mapuche y las consecuencias de la migración desde Wallmapu a la ciudad.

2 En esta misma instancia también se inauguró Esporas de Calfuqueo, trabajo mutilmedial que pone su centro en la performatividad y trangresión del cuerpo no binario enraizado en el mundo fungi, los bosques y las aguas.  

3 Sobre el racismo y el clasismo del circuito artístico chileno, ver la entrevista a Calfuqueo publicada en Palabra Pública.

Referencias bibliográficas

Calfuqueo, Sebastián. Espejo de agua. Galería Patricia Ready, 2021. [Instalación]

Chihuailaf, Elicura. Recado confidencial a los chilenos. Santiago: LOM, 2012.

Cumes, Aura. Epistemologías del dominio y horizontes de vida de los pueblos originarios. 21 oct. 2021. Ciclo Vivir y Pensar la Coexistencia, Universidad Adolfo Ibáñez, vía Zoom. [Conferencia]

Pairicán, Fernando. Malon. La rebelión del movimiento mapuche 1990-2013. Pehuén, 2014.

Rivera Cusicanqui, Silvia. Ch’ixinakax Utxiwa: una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores. Buenos Aires: Tinta Limón, 2010.

Shiva, Vandana. Las guerras del agua. Privatización, contaminación y lucro. Traducido por Susana Guardado. México, Argentina: Siglo XXI, 2003. 

Vicuña, Cecilia. “Respuesta a Pascua Lama”. Cecilia Vicuña. 2006. http://www.ceciliavicuna.org/esp_poema.htm

Imagen de portada: Detalle de la obra “Palabras al agua”, de Espejo de agua

Crédito fotografías: © María José Barros

Acerca de la Autora: María José Barros es Doctora en Literatura PUC y profesora de la Universidad Adolfo Ibáñez. Se ha especializado en poesía mapuche y chilena reciente y actualmente desarrolla una investigación Fondecyt sobre mujeres, activismos y descolonización. Además, forma parte del Colectivo Recados Verdes, donde trabaja en torno a los discursos literarios y artísticos por la defensa de las aguas.

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