Electrosmog, el daño invisible de las tecnologías inalámbricas

Los recursos e infraestructuras que trae consigo la tecnología que utilizamos involucra no solo la extracción de minerales, sino también, la transmisión de una mayor cantidad de ondas electromagnéticas en el ambiente debido a su masificación. Los efectos de lo anterior ha provocado que en el último tiempo una parte importante de la comunidad científica hable sobre una nueva forma de contaminación ambiental: el electrosmog.
El telefonoscopio –una especie de videófono– era una idea de Thomas Alva Edison, celebre inventor que contribuyó en el mundo de las telecomunicaciones. En la actualidad, el telefonoscopio se ha materializado en variadas y diversas plataformas de videollamada gracias al desarrollo de las tecnologías móviles. © publicdomainreview.

En la actualidad la tecnología se ha convertido en parte integral de nuestro cotidiano. El computador y los celulares son vitales muchas veces para realizar trabajos de diversa índole, así como también son parte importante de la industria cultural y del entretenimiento. Sin embargo, junto a la multiplicidad de aportes y facilidades de estas tecnologías, su infraestructura también genera grandes problemas, que además de afectarnos a escala humana, perjudican el funcionamiento de la Tierra en su conjunto. Así lo denuncia Jussi Parikka en su libro Una geología de los medios (2021). El investigador finlandés excava en los estratos temporales de nuestra materialidad medial, que por supuesto involucra la historia de la Tierra, sus metales y minerales. Mientras cotizan en alza en los mercados mundiales, su extracción derrama toxinas sobre el ambiente afectando la salud de quienes intervienen en la fabricación de esos artefactos.

Los recursos e infraestructuras que trae consigo la tecnología que utilizamos involucra no solo la extracción de minerales, sino también, la transmisión de una mayor cantidad de ondas electromagnéticas en el ambiente debido a su masificación. Los efectos de lo anterior ha provocado que en el último tiempo una parte importante de la comunidad científica hable sobre una nueva forma de contaminación ambiental: el electrosmog.

Tecnología móvil

Fue en la década de 1980 cuando la primera generación de teléfonos móviles (1G) estuvo disponible para un acotado número de personas y países. Desde entonces, se ha experimentado un desarrollo en tecnología de la información y la comunicación (TIC) sin precedentes. Entre estas tecnologías se incluyen la comunicación inalámbrica utilizada para telefonía móvil (MP) y el Wi-Fi mediante el uso de campos electromagnéticos (EMF). La tecnología 2G fue la puerta de entrada a la era digital con los revolucionarios SMS que posteriormente dieron paso al 3G y a la conexión continua a Internet. Años más tarde, el 4G abrió las puertas a la banda ancha, y con ella una rapidez de datos nunca vista, gracias a la cual hoy podemos ver vídeos en streaming, bajar fotos a gran resolución y velocidad, reproducir canciones sin esperar a que se descarguen, etc. 

El 4G abrió las puertas a la banda ancha, y con ella una rapidez de datos nunca vista. © Hugh Han.

La tecnología 5G ya es realidad en muchos lugares del planeta, entre ellos Chile, “el primer país de América Latina en impulsar este cambio tecnológico” anunciaba en la Moneda Sebastián Piñera a fines del 2021. Con el despliegue de redes móviles 5G se garantiza mayor velocidad de banda ancha y un uso de datos móviles cada vez más amplio. Lo anterior es posible gracias ”al uso de bandas de frecuencia más altas adicionales” sostienen los científicos Myrtill Simkó y Mats-Olof Mattsson (2019). El desarrollo de 5G abarca la posibilidad de la realidad virtual, los vehículos autónomos y es la base para el internet de las cosas (IoT), cuya propuesta es tener ciudades más inteligentes. 

Si hoy en día existen más dispositivos que habitantes en la Tierra (Myrtill Simkó y Mats-Olof Mattsson, 2019), no es difícil entonces imaginar su aumento en el futuro próximo. Para que esto sea posible, evidentemente, es necesaria mayor densidad de infraestructura. Por lo tanto, el volumen de datos móviles será mucho mayor por área geográfica. En este sentido, cabe preguntarse qué consecuencias puede desencadenar la suma de frecuencias electromagnéticas no solo en la salud humana, sino también en los ecosistemas involucrados. 

Las redes del 5G funcionan en varias bandas de frecuencia diferente, de las cuales las más bajas se proponen para la primera fase. A futuro también se contemplan las frecuencias ultra altas, que ya “se han utilizado o se utilizan actualmente para generaciones anteriores de comunicaciones móviles” (Myrtill Simkó y Mats-Olof Mattsson, 2019). También se planea utilizar frecuencias de radio (RF) mucho más altas en etapas posteriores de su implementación.

Las redes del 5G funcionan en varias bandas de frecuencia diferente, de las cuales las más bajas se proponen para la primera fase. © Unsplash.

¿Qué dicen los Organismos oficiales?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) “el calentamiento de tejidos es el principal mecanismo de interacción entre los campos de radiofrecuencia y el cuerpo humano”. En este sentido, “los niveles de exposición a la radiofrecuencia de las tecnologías actuales dan como resultado un aumento insignificante de la temperatura en nuestro cuerpo”. Así, indican que siempre que la exposición general permanezca por debajo de las pautas internacionales, no se anticipan consecuencias para la salud pública. 

Aun así, la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) -organismo asociado a la OMS- ha clasificado recientemente a los campos electromagnéticos emitidos por la telefonía móvil como posibles carcinógenos en humanos. El Grupo 2 son productos clasificados como probables carcinógenos para nosotros y está subdividido en dos: 2A, alta probabilidad cancerígena y 2B, baja probabilidad cancerígena, siendo esta última la clasificación dada por la agencia a las frecuencias emitidas por el 5G. 

Alertas de la comunidad científica

Muchos científicos apuntan a la necesidad de hacer una evaluación exhaustiva previo a afirmar que las ondas electromagnéticas del 5G son seguras. Esto unido a la evidencia de importantes efectos biológicos que no están asociados al daño térmico que apunta la OMS. En este sentido, existen algunos investigadores como el profesor emérito de bioquímica y ciencias médicas Martin L. Pall o la doctora Magda Havas, profesora emérita en Trent University, que han dado voces de alerta sobre los efectos patológicos del 5G en la salud de la población mundial. 

La exposición a ondas electromagnéticas como el 2G, 3G y 4G ya producen daño en el sistema nervioso y endocrino dice el científico Martin L. Pall. © Saurabh Mishra.

En el año 2018, el científico Martin L. Pall decía que la exposición a ondas electromagnéticas como el 2G, 3G y 4G ya producen daño en el sistema nervioso y endocrino, estrés oxidativo en enfermedades crónicas, niveles elevados de apoptosis (o muerte celular provocada por el mismo organismo), disminución de la fertilidad masculina y femenina, excesivo calcio intracelular, además de atacar a las células lo que se puede transformar en cáncer, entre otras patologías. 

Por su parte, Magda Havas es enfática en decir que es importante tener en cuenta que la tecnología 5G no reemplaza al 4G, sino que se suma a todas las demás frecuencias, “lo que significa que tendremos una mayor exposición a la radiación de microondas una vez que se active 5G” (Discussing the 5G Experiment, 2019). Además, advierte que “Las frecuencias 2G, 3G y 4G ya están causando efectos biológicos adversos en la salud de humanos y otros organismos vivos. Estamos aprendiendo sobre los efectos en la salud a medida que documentamos los cánceres, el daño a los espermatozoides y los efectos nocivos en las plantas y los animales”. 

Por el lado opuesto, otros científicos justifican la tecnología y más concretamente la 5G como segura y eficaz. Así lo refleja una revisión publicada en Journal of Exposure Science & Environmental Epidemiology, realizada por los científicos Ken Karipidis, Rohan Mate, David Urban, Rick Tinker, Andrew Wood. En ella, concluyen que “la revisión no mostró evidencia confirmada de que los campos de RF de bajo nivel, sean peligrosos para la salud humana” (2021).

Daño ambiental

Se sabe que muchas especies de animales están provistos de órganos receptores que cuentan con señales de orientación importantes de los campos eléctricos “naturales”. Así, muchas criaturas pueden usar la dirección del campo magnético como una brújula y su intensidad como un componente de navegación. El biólogo Alfonso Balmori ha realizado una serie de estudios sobre los efectos de los campos electromagnéticos en la vida de organismos silvestres. Ya en el 2004 anunciaba que “los árboles y otros sistemas biológicos están siendo sometidos a una peligrosa radiación de microondas, miles de veces más alta que la de origen natural, que interfieren con sus sistemas de información y causa efectos, lentos pero implacables sobre la materia viva”.

muchas especies de animales están provistos de órganos receptores que cuentan con señales de orientación importantes de los campos eléctricos “naturales”. Dentro de este grupo se encuentran los murciélagos. © Clement Falize.

En el 2009, el biólogo hablaba de la urgencia de realizar estudios más específicos para medir los efectos de estas ondas. Decía entonces que “la radiación electromagnética puede ejercer una respuesta conductual aversiva en ratas, murciélagos y aves como los gorriones. Por lo tanto, la contaminación por microondas y radiofrecuencia constituye una causa potencial para la disminución de las poblaciones animales y el deterioro de la salud de las plantas que viven cerca de las antenas telefónicas”. 

Otro buen ejemplo son las abejas, compañeras esenciales para la producción de semillas y frutas. Estos insectos son también sensibles a campos electromagnéticos ​​generados por teléfonos móviles. Así se han observado cambios en su comportamiento como la pérdida de colonias. Tanto para Balmori, como para el científico Daniel Favre, investigador del Instituto Federal de Tecnología de Suiza, la explicación podría estar en las ondas electromagnéticas. 

Es importante investigar el impacto que estas ondas pueden causar no solo en los humanos, sino también en los insectos, plantas, bacterias y hongos. Los científicos Myrtill Simkó y Mats-Olof Mattsson (2019) plantean particularmente relevante “la cuestión del aumento de temperatura en organismos muy pequeños, ya que la profundidad de penetración de MMW [Millimeter waves, en español ondas milimétricas para las comunicaciones móviles inalámbricas]  podría calentar todo el organismo”. 

Vínculos entre ciencia, arte y tecnología

Tanto la extracción de minerales que acusa Parikka, como las ondas electromagnéticas que implica el funcionamiento de las nuevas tecnologías son cuestiones poco evidentes para los usuarios. Por lo que es importante no solo visibilizar este problema desde un punto de vista científico, sino también reflexionar desde los diversos ámbitos del saber y el hacer. 

«Mientras Antropoceno pone énfasis en lo humano (anthropos), Tecnoceno pone énfasis en la técnica (tecno), es decir, en los procedimientos o recursos que se usan para una actividad determinada, entre ellos las tecnologías mediales»

Así como Parikka, hay muchos otros pensadores y artistas que ya están reflexionando en torno a la materialidad de la tecnología. De hecho, la doctora en ciencias sociales Flavia Costa (2021) hace énfasis en el término Tecnoceno, como una declinación del concepto Antropoceno. Ambos conceptos abordan la influencia del comportamiento humano sobre el planeta en las últimas décadas, la que ha sido tan significativa que ha traspasado ya el umbral de irreversibilidad. Mientras Antropoceno pone énfasis en lo humano (anthropos), Tenconceno pone énfasis en la técnica (tecno), es decir, en los procedimientos o recursos que se usan para una actividad determinada, entre ellos las tecnologías mediales. 

Actualmente muchos pensadores y artistas ya están reflexionando en torno a la materialidad de la tecnología. © Mikel Parera.

Una de las propuestas más controversiales de parte de las humanidades y las ciencias sociales ha sido poner un toque de antropomorfismo a los seres no humanos e incluso a las cosas, como una forma de aceptar la agencialidad y tendencias propias que estos seres orgánicos o inertes tienen. La filósofa política Jane Bennett en su libro Vibrant Matter: A Political Ecology of Things se hace las siguientes preguntas: “¿Cómo cambiarían las respuestas políticas a los problemas públicos si tomáramos seriamente la vitalidad de los cuerpos (no humanos)?  […] ¿Cómo cambiarían, por ejemplo, los patrones de consumo si no nos enfrentásemos con basura, residuos, desperdicios, o “el reciclado”, sino con una pila acumulable de materia vivientes y potencialmente peligrosa?”. Puede que esta sea una opción. Lo que, al menos, parece ser claro es que la ciencia no es el único discurso al que debemos prestar atención. 

“¿Cómo cambiarían las respuestas políticas a los problemas públicos si tomáramos seriamente la vitalidad de los cuerpos (no humanos)?  […] ¿Cómo cambiarían, por ejemplo, los patrones de consumo si no nos enfrentásemos con basura, residuos, desperdicios, o “el reciclado”, sino con una pila acumulable de materia vivientes y potencialmente peligrosa?” (Jane Bennett)

Bibliografía

Alfonso Balmori, (2004). “¿Pueden afectar las microondas pulsadas emitidas por las antenas de telefonía a los árboles y otros vegetales?”. Ecosistemas. Vol 13 (3), pp 79-87. Rescatado de: http://www.revistaecosistemas.net/articulo.asp?Id=29

Alfonso Balmori. (2015). “Anthropogenic radiofrequency electromagnetic fields as an

emerging threat to wildlife orientation”. Science of the Total Environment. Rescatado de: https://www.researchgate.net/publication/273121908_Anthropogenic_Radiofrequency_Electromagnetic_Fields_as_an_Emerging_Threat_to_Wildlife_Orientation

Daniel Favre (2011). “Mobile phone-induced honeybee worker piping”. Apidologie. Vol 42, pp 270–279. Rescatado de: https://doi.org/10.1007/s13592-011-0016-x

Flavia Costa (2021). Tecnoceno, algoritmos, biohackers y nuevas formas de vida. Buenos Aires: Taurus, Penguin Random House Grupo editorial. 

Jane Bennett (2010). Vibrant Matter: A Political Ecology of Things. Londes: Duke University Press. 

Jussi Parikka (2021). Una geología de los medios. Buenos Aires: Caja Negra. 

Ken Karipidis et al (2021). “Salud y redes móviles 5G: una revisión científica de la investigación sobre campos de RF de bajo nivel por encima de 6 GHz”. Exposure Science & Environmental Epidemiology. Vol 31, pp 585–605. Rescatado de: https://doi.org/10.1038/s41370-021-00297-6

Martin L. Pall (2018). “Wi-Fi is an important threat to human health”. Environmental Research. Vol 164, pp 405-416, ISSN 0013-9351. Rescatado de: https://doi.org/10.1016/j.envres.2018.01.035.

Myrtill Simkó and Mats-Olof Mattsson (2019). “5G Wireless Communication and Health Effects—A Pragmatic Review Based on Available Studies Regarding 6 to 100 GHz”. J. Environ. Res. Public Health. vol 16. 

Imagen de portada: © NASA vía Unsplash.

Últimas entradas del blog

Bomba biótica: El rol de los bosques en atraer la lluvia

Alma Hidalgo: el poder de comunicarnos con las plantas

Las Garzas Brujas: observar aves con los binoculares del feminismo

WALLPEN: Observar a tu alrededor