El Idioma de la Luz

Antes de que descubriéramos el fuego, existía un mundo donde lo único que podía iluminar la noche eran la luna, las estrellas y la bioluminiscencia. En este mundo, sin focos LED ni metrópolis, los insectos dependían de la luz natural. Muchos de ellos usaban la luna como una estrella polar para navegar la oscuridad. Otros, como las luciérnagas, utilizaban la bioluminiscencia para comunicarse, ahuyentar depredadores y cortejar.
Hay más de 2000 especies de luciérnagas alrededor del mundo y cada una tiene un patrón único de comunicarse con ‘luz fría’. © Alejandro Arias del Razo.

En una noche de verano dentro de un bosque mexicano, aparece la primera luciérnaga de la noche –errática y efímera– y de pronto se observan  múltiples destellos. Cientos de ellas comienzan un espectáculo de luces fugaces. Los patrones de parpadeo se sincronizan hasta formar una coreografía de luz. Lo que para el ser humano es una visión mágica, para estas criaturas es comunicación. Es su forma de decir ‘aquí estoy’.

Hay más de 2000 especies de luciérnagas alrededor del mundo y cada una tiene un patrón único de comunicarse con ‘luz fría’. En las especies más famosas, los machos vuelan a cierta altura y emiten luz para cortejar a la hembra mientras esta observa desde el follaje o suelo. Cada cinco segundos, el macho destella por un segundo. Si le agrada a una hembra, ésta responderá con su propio destello dos segundos después (Firebaugh & Haynes, 2019). Un parpadeo responde a otro. Aquí estoy, aquí estoy.

Diálogo de luces

Las luciérnagas –embajadoras místicas del mundo natural– forman la familia Lampyridae y pertenecen al orden de los escarabajos, Coleoptera. Son criaturas de cuerpo blando que emiten bioluminiscencia a través de reacciones bioquímicas dentro de su órgano lumínico abdominal (Wilson & Hastings, 1998). 

A lo largo de la historia evolutiva, ha habido una constante en la fuente de luz: la predecible alternancia del sol y la luna. La evolución de las luciérnagas ha seguido este patrón. En la hora azul, ese momento entre la puesta del sol y la noche, salen a construir su sincronicidad de bioluminiscencia. Conforme ha avanzado la tecnología y la necesidad humana, la presencia de la luz artificial se ha vuelto una constante más.

Entre más iluminamos la noche, menos espacios hay para que las luciérnagas formen su espectáculo. © Alejandro Arias del Razo

La luz de las casas, las calles, y los coches contribuyen a una iluminación perpetua. Entre más iluminamos la noche, menos espacios hay para que las luciérnagas formen su espectáculo. Existen dos tipos de iluminación que afectan a los insectos nocturnos: la luz directa (por ejemplo, faroles de luz) y el skyglow, esa iluminación difusa que proyecta una ciudad, muchas veces más fuerte que la luz de la luna llena y que se ve a kilómetros de distancia (Lewis et al, 2020).

Desde su evolución hace 100 millones de años, las luciérnagas responden a estímulos de luz. Con esta iluminación constante, los machos parpadean menos de la mitad de las veces y las hembras raramente les responden ese parpadeo. Lo que ocurre es que las luciérnagas no diferencian entre luz artificial y los flashes bioluminiscentes. Las hembras prefieren los parpadeos brillantes. Cuándo la luz se vuelve constante, hace que el parpadeo de un macho se vuelva tenue y desinteresante. El cortejo se torna difícil: las hembras no son capaces de distinguir entre los parpadeos de los machos y la presencia del skyglow (Vaz et al, 2021).

Las luciérnagas emiten luz para cortejar. © Alejandro Arias del Razo

Santuarios de Bioluminiscencia

Como parte de la ‘minifauna’, las luciérnagas nos dan mucho y piden poco a cambio. Necesitan de la oscuridad para poder comunicarse. Entre ellas, construyen un sistema físico de organismos vivos capaces de sentir su microambiente y responder a ello. Este sistema se vuelve más complejo entre más intentamos comprender su comunicación. Finalmente, estas respuestas dentro de su microambiente a los patrones de luz traen una afectación a todo el macroambiente (Peleg, 2021).

Lo que la luz artificial hace es disrumpir este microambiente. Distrae a las luciérnagas hembras de los parpadeos de los machos, afectando a su ciclo de vida. Con una disminución de cortejo, hay menos larvas en la siguiente generación. Debido a esto, se ha reportado el declive de poblaciones de luciérnagas en diferentes partes del mundo. Se vuelve un ciclo en el que el microambiente y el macroambiente se retroalimentan (Owens et al, 2020). 

«Lo que la luz artificial hace es disrumpir este microambiente. Distrae a las luciérnagas hembras de los parpadeos de los machos, afectando a su ciclo de vida. Con una disminución de cortejo, hay menos larvas en la siguiente generación».

Sin embargo, experimentar el espectáculo de las luciérnagas –que ocurre por una pequeña temporada durante el año– nos hace presenciar su microambiente. Nos convierte en el público de una obra mágica. Gracias a esto somos capaces de entender la esencia de una noche oscura para los insectos que la necesitan. La creación de santuarios de luciérnagas ayuda a proteger estos espacios. Así, tienen el potencial de convertirse en una especie indicadora para sitios clave de biodiversidad. Y sobre todo, preservar espacios de santidad natural (Acle et al, 2018).

Recuperando la Oscuridad

Afortunadamente, la contaminación lumínica es la más fácil de bioremediar. A diferencia de otros tipos de contaminación, la luz artificial puede ser solucionada de forma inmediata: apagando la luz. Diferentes prácticas de alumbrado ayudan a conservar especies nocturnas que necesitan de la oscuridad y luz natural para navegar, ahuyentar depredadores y comunicarse. Al volvernos más perspicaces con la manera en la que interactuamos con la luz, dejamos a otros seres convivir con la oscuridad (Xerces Society for Invertebrate Conservation, 2021).

Para preservar a las luciérnagas y su lenguaje de bioluminiscencia, debemos minimizar nuestro uso y la forma en la que nosotros nos comunicamos con la luz. Primero, eliminando todas las fuentes innecesarias. Especialmente en espacios naturales como jardines, parques y reservas. El tipo de luz que usamos también puede influir mucho, optando por luz roja en vez de luz amarilla o blanca. Al igual que utilizar sensores o temporizadores: usar luz dónde la necesitamos y cuándo la necesitamos.

Como sucede con muchos contaminantes, es más fácil remediar desde un inicio que mitigar sus efectos. Limitar la luz que usamos y la forma en la que la usamos se vuelve central en la conservación de luciérnagas y muchos insectos nocturnos. Podemos recuperar la oscuridad con un simple switch.

A medida que nos adentramos en el bosque, bajo las estrellas, a lo largo de los pinos, cedros y oyameles, somos parte de un momento mágico construido por la fugacidad de las luciérnagas. Tal experiencia de misticidad y asombro entre el mundo natural y nosotros nos recuerda de la multitud de otros seres. Nos experimentamos a nosotros mismos como parte de esta escena. Este es el poder de la conexión. En su finalidad, somos parte de este mundo natural: tanto espectadores como involucrados.

Momento mágico construido por la fugacidad de las luciérnagas © Alejandro Arias del Razo

Bibliografía

Acle Mena, R. S., Valverde Sierra, M. L., Franco Martínez, G., & Claudio Morales, A. (2018). Sustentabilidad para la preservación del santuario de la luciérnaga en Nanacamilpa Tlaxcala. Pasos: revista de turismo y patrimonio cultural, 16(3), 731-744, https://doi.org/10.25145/j.pasos.2018.16.052

Firebaugh, A., & Haynes, K. (2019) Light pollution may create demographic traps for nocturnal insects. Basic And Applied Ecology, 34, 118-125. doi: 10.1016/j.baae.2018.07.005

Owens, A. & Lewis, S. (2021) The Conversation: Fireflies need dark nights for their summer light shows – here’s how you can help. Disponible en: https://theconversation.com/fireflies-need-dark-nights-for-their-summer-light-shows-heres-how-you-can-help-158285

Owens, A., Cochard, P., Durrant, J., Farnworth, B., Perkin, E., & Seymoure, B. (2020). Light pollution is a driver of insect declines. Biological Conservation, 241, 108259. doi: 10.1016/j.biocon.2019.108259

Peleg, O. (2021) Living Orbs of Light. Disponible en: https://aeon.co/essays/how-firefly-flashes-illuminate-the-physics-of-complex-systems

Lewis, S., Wong, C., Owens, A., Fallon, C., Jepsen, S., & Thancharoen, A. et al. (2020). A Global Perspective on Firefly Extinction Threats. Bioscience, 70(2), 157-167. doi: 10.1093/biosci/biz157

Vaz, S., Manes, S., Gama-Maia, D., Silveira, L., Mattos, G., Paiva, P.C., Figueiredo, M. and Lorini, M.L. (2021) Light pollution is the fastest growing potential threat to firefly conservation in the Atlantic Forest hotspot. Insect Conserv Divers, 14: 211-224. https://doi.org/10.1111/icad.12481

Wilson, T., & Hastings, J. (1998). Bioluminescence. Annual Review Of Cell And Developmental Biology, 14(1), 197-230. doi: 10.1146/annurev.cellbio.14.1.197
Xerces Society. (2020) Conservando las joyas de la noche: Prácticas de alumbrado amigables con las luciérnagas. Disponible en: https://xerces.org/sites/default/files/publications/20-008_SP_Firefly_Lighting_web.pdf

Imagen de portada: © Alejandro Arias del Razo

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