Una plantación frutal o una forestal son formas de jardín, que carecen de placeres sensuales o estéticos al estar cerca o dentro de ellos, pero que maximizan la eficacidad de la cosecha y los valores monetarios que se les puede extraer. En este sentido, ¿qué tipo de jardín es una obra de reforestación?
Las plantaciones de reforestación no han cesado de incrementar desde que empecé a trabajar en la zona centro de Chile hace casi 20 años. Este tipo de plantación es típicamente una forma de compensación de emisiones o de obras mineras e industriales, y frecuentemente se realiza en combinación con otras acciones contra la degradación de suelos en línea con la Convención para Combatir la Desertificación de las Naciones Unidas (por ejemplo, las OCAS u Obras de Conservación de Agua y Suelo). La reforestación se hace con árboles nativos y endémicos. Suelen usarse los más baratos y más comunes como el espino y el quillay. Estas plantaciones están pensadas para compensar, prevenir, y curar el entorno de daños. Todas son obras que, como ecóloga, me deprimen. Mi disgusto profundo hace que me pregunte: ¿a quién le puede agradar este tipo de jardinería? y ¿Por qué se hace de la forma en que se hace?

Todos los ejemplos de reforestación que he visto en Chile central se hacen plantando los árboles en una grilla: cada ejemplar es plantado a una distancia de 1-3 metros de los otros. En general, el posicionamiento de la grilla se ajusta de la manera más mínima posible a la presencia de los árboles y los arbustos, las rocas o los arroyos que pueden estar presentes en el territorio, como si estos elementos naturales no existieran. Esto se nota menos cuando la reforestación se hace en una gran extensión sin muchos árboles. Es más obvio cuando se hace reforestación en los claros en formaciones de parche. Las plantaciones de reforestación se insertan en los claros sin dejar un margen y sin alinearse con los bordes de ningún elemento del paisaje. No se aprovechan las copas de los árboles presentes para plantar las especies de árbol que necesitan sombra, ni se evita plantar las especies de árbol que requieren más exposición solar a distancia de las copas existentes.
Si vamos a hacer jardines que son supuestamente “para reparar la naturaleza” me parece que tenemos dos opciones. En primer lugar, podríamos intentar crear organizaciones de plantas en el espacio que agraden a las plantas mismas. O sea, formas de plantación que imitan las formas espaciales tomadas naturalmente para estas especies en estas zonas. Los bosques tienen sus propias estructuras, y una grilla no es una de ellas. La formación de parches de árboles y arbustos de forma natural suele ocurrir en zonas con menos humedad, como laderas de exposición norte o en suelos más arenosos. Los parches boscosos se forman por interacciones y retroalimentaciones, según mecanismos similares a los que dirigen la formación de las rayas de una cebra o las manchas de un jaguar. Cuando el bosque se pone “parchoso”, es porque le funciona mejor así. De esta forma, disminuye el estrés de cada árbol, y se les permite crecer en mejores condiciones. El bosque se organiza en parches espontáneamente en respuesta a las condiciones ambientales. He visto parches así en Chile central compuestos de litre, boldo, quillay y tebo, por ejemplo.
En otras condiciones, el bosque de Chile central puede tomar otras formas. La pseudo sabana de espinal, que combina un sotobosque de hierba con un estrato de árboles dominado por espino, se forma de la combinación de factores, como la presencia de dispersores de sus semillas, la lluvia, los microambientes de germinación de semillas dados por la hierba, la competición entre la hierba y las plántulas, la herbivoría y otros factores ecológicos. Los espinos suelen establecerse a distancia uno del otro y aleatoriamente donde las semillas han sido defecadas por el ganado, a pleno sol.
Cuando los espinos tiran tallos de reproducción vegetativa de su lignotubérculo –órgano leñoso y engrosado que se forma en la base del tronco o cuello de la raíz de algunas plantas leñosas– estos crean árboles satélites. En algunas condiciones también parece que forman bosquecillos más densos, cuando muchas semillas caídas en un mismo lugar llegan a germinar al mismo tiempo. Árboles como el tebo y el tralhuén también suelen formar bosquecillos densos.
«Un bosque se compone por una historia de interacciones que tienen una lógica de necesidades y posibilidades ecológicas».
La formación de un bosque esclerófilo más denso y con más especies de árbol se hace por nucleación bajo las copas de especies nodrizas. El espino es la especie nodriza más importante para el bosque esclerófilo, para la sucesión desde espinal. Varias especies de árboles nativos prefieren establecerse bajo la copa de un espino, como el quillay, el maitén, el molle, y el peumo. Luego, suelen sobrepasar el espino y empiezan a crear condiciones de sombra, humedad y hojarasca, adecuadas para la llegada de otras especies. Un bosque se compone por una historia de interacciones que tienen una lógica de necesidades y posibilidades ecológicas.
La segunda opción que tenemos es construir jardines de reforestación que son puramente antropocéntricos. Eso es lo que se está haciendo hoy en día. Una grilla es una formación de bosque que refleja ciertos valores humanos. Yo planteo que una plantación de reforestación en grilla es fea, pero sobre todo ofensiva. Representa una insensibilidad a la naturaleza que me parece desubicada.

Hace muchos años estaba buscando palmas chilenas para entender las condiciones bajo las cuales pueden establecerse. Con mis colegas habíamos escuchado de un lugar con muchas palmas, pero cuando llegamos nos dimos cuenta que habían sido plantadas en grilla por un proyecto de compensación. De estas palmas chilenas no se podía aprender nada sobre la ecología de su especie —las interacciones con otras especies o condiciones del entorno que normalmente determinan su dispersión, germinación, y crecimiento—. La decepción fue grande. Pero no es puramente una cuestión de preferir bosques naturales para el gozo epistemológico de académicos. Lo ofensivo de una grilla de reforestación con árboles nativos es que calla a los mismos árboles, los trata de objetos que no tienen sus propias capacidades de organizarse según una lógica de interacciones adaptativas y niega que sus relaciones ecológicas con el territorio puedan informar su crecimiento.
Una grilla reproduce un espacio cartesiano, un espacio entonces ficticio y vacío en el que se puede imaginar, definir, plotear y proyectar cualquier objeto. Confundir el claro de un bosque o un campo de trigo abandonado, por un espacio ficticio y vacío es negar lo que realmente ya está, incluso las potencialidades ecológicas y relacionales del lugar. Un lugar actualmente sin un bosque alto, denso y continuo no es por tanto un no-lugar donde no pasa nada, sin habitantes, ni importancia.
Además, este tipo de plantación, habla de valores productivistas del mundo forestal y frutal. La grilla permite forzar los árboles a crecer con una estructura particular, y permite pasar maquinaria diversa y robots de recolección de frutas. ¿Por qué queremos que los bosques hablen a los niños del presente y futuro con referencias formales a maquinarias y robots; eficiencia y desarrollo económico? ¿Elogiar eso es lo que buscamos cuando plantamos un bosque?
Es plenamente posible plantar jardines de árboles teniendo otros valores en mente y guiando la acción. Si vamos a optar por plantar bosques principalmente para representar valores y placeres humanos sería positivo que estos reflejen y amplifiquen lo que amamos en la naturaleza, que hablen de los valores que nos vinculan con los bosques, y que produzcan alguna forma de belleza. No importa si los jardines de reforestación se parecen a obras de Juan Grimm, al jardín para polinizadores diseñado por el algoritmo del artista Alexandra Daisy Ginsburg o al jardín de campo de la abuelita, cada estilo de jardín existente habla del amor de las personas por las plantas. Cada jardín es un acto de recrear el mundo.
Un buen jardín además puede responder a los elementos paisajísticos ya presentes, lo cual además es la aproximación más eficaz. No es cuestión de usar maquinaria para crear cerros y llanuras, mover rocas o crear ruinas romanas falsas (con las OCAS ya estamos haciendo obras así, para qué multiplicar el esfuerzo). Obviamente, en una obra de reforestación, es necesario usar árboles de especies nativas y apropiadas al hábitat. Ojalá ya se haya superado la idea de que un bosque lindo es necesariamente un bosque del sur de Chile. Un bosque lindo de Chile central acepta la realidad de un ambiente seco, en el que las especies se asocian, se entrelazan, y donde hasta los troncos de especies distintas de árboles parecen fusionarse. Los valores estéticos de tales bosques tienen que ver con la simplicidad, la robustez, la delicadeza, y la yuxtaposición. Pensar la reforestación como jardín abre la pregunta de por qué sólo reforestamos con árboles, y no con chaguales, cactuses, Berberis spp, cabello de ángel, copihue, alstroemeria o añañuca. Un bosque, y un jardín, puede contener todo eso.

Seguramente alguien va a objetar que reforestar en modo “jardín bonito” sería más caro que plantar en grilla, por el diseño, o por la estructura no-estandarizada de tuberías de irrigación que puede implicar. Seguramente habría que equilibrar entre diferentes objetivos. Al final tenemos que preguntarnos qué es lo que estamos buscando crear cuando hacemos reforestación: ¿una plantación cuyo mensaje es ‘rindo homenaje a las planillas Excel’? Ojalá que no. Hagamos jardines de reforestación que sean sensibles a las plantas, el paisaje, y el medio ambiente, que hablen de amor y belleza.
Imagen de Portada: ©Meredith Root-Bernstein




