Constructive Visions Collective: Esfuerzos desde la creatividad para no regresar a la normalidad

Por Paula Iturralde Pólit, con el apoyo y en nombre de todo el equipo de Constructive Visions. 

Quizás, la ventaja de vivir una crisis o de enfrentar grandes cambios es la creatividad que surge para superarla y ser resilientes. La emergencia por COVID-19 ha sido un llamado de atención y una fuente de inspiración para pensar en un futuro diferente y encaminarnos hacia nuestro ideal de vivir en un mundo más sostenible y equitativo. 

Fue a raíz del inicio de la pandemia que nació la idea del proyecto “Constructive Visions” en el que 58 miembros de 22 países iniciamos de manera voluntaria y comprometida discusiones para planificar ideas que promuevan una cultura de cambio para no volver a la “normalidad”. La propuesta era  pensar una nueva realidad que deje atrás los hábitos que nos han desviado de la verdadera conciencia ambiental con la que seríamos capaces de disfrutar de un ambiente limpio y protegido.

El ruido frenético de una vida desordenada se disipó inesperadamente cuando el anuncio de la pandemia golpeó al mundo entero, nuestras rutinas adheridas a aquel caos habitual hicieron que finalmente seamos capaces de escuchar la tranquilidad de un mundo en pausa. La naturaleza lo agradeció e incluso pudimos sentir su respiración con un mensaje de resistencia. Ahora vivimos un momento crucial en el que es cada vez más importante ser conscientes de que nuestra salud depende de cómo nos relacionamos con la naturaleza. No la podremos obtener si no trabajamos por mantener los ecosistemas prósperos, saludables y biodiversos. Ansiamos percibir un horizonte de renacimiento porque tenemos en nuestras manos esa única oportunidad para que florezca esa sensibilidad que nos permita reconocernos como parte de un todo. 

¿Cómo imaginas un futuro post-COVID-19 si juntos hacemos un esfuerzo para no regresar a la normalidad? 

El equipo de Constructive Visions combina la narrativa y el arte para enviar un mensaje que ayude a restaurar la conexión del ser humano con la naturaleza. Además, promover acciones de regeneración, resiliencia y adaptación para preservar nuestros ecosistemas. Este espacio es para que la gente lea el proyecto y nos contacte con ideas, dudas y su interés para ser parte de este cambio. Buscamos gente apasionada que nos cuente cómo imaginan su mundo más sostenible de aquí en cinco años porque solo entre todos podremos tener un impacto global. El efecto dominó existe, nuestras acciones imprimen huellas en quienes nos rodean y solo depende de nosotros

¿Cómo imaginas un futuro post-COVID-19 si juntos hacemos un esfuerzo para no regresar a la normalidad?

El proyecto incluye diez capítulos con historias realistas y audaces, pero entusiastas y esperanzadoras que tienen como objetivo hacernos reflexionar sobre nuestro día a día y pensar en un camino hacia la sostenibilidad. A continuación, compartimos un fragmento del segundo capítulo que te invita a leer la historia de Hina, una antropóloga marquesiana que regresa a vivir a las islas donde pasó su infancia y recibe diferentes postales de sus colegas o amigos después de que anuncia su jubilación. Cada una refleja diferentes aprendizajes que se dieron durante los últimos 6 años desde el brote de coronavirus.

Ilustración de  Chloe Nunn @mudskippermusing

El futuro del conocimiento

Este fragmento que leerás a continuación pertenece al Capítulo II del proyecto colaborativo «Constructive visions»

Autores: Anusha Shankar, Susana Núñez, C. Isabel Núñez Lendo, Elizabeth Tyson, Brian Buma, Laura Núñez, Jonathan Giddens.

Una antropóloga de las Islas Marquesas recibe nueve postales en 2026 que reflexionan sobre los años de la pandemia a través de diferentes visiones del mundo 

Mayo de 2026. La Organización Mundial de la Salud considera erradicada la pandemia mundial del COVID-19.  

Hina se sorprendió por la belleza perdurable de su hogar mientras se aferraba con todas sus fuerzas a la barandilla del rudimentario barco de pesca que la acercaba a su isla natal, Fatu Hiva. Para ella, al menos aquí, en este momento, sentía que ni el tiempo ni la enfermedad existían.

Hina Atini era una antropóloga francesa marquesana de origen Maohi. Había dedicado 50 años de su vida a investigar culturas indígenas que, como la suya, aún conservaban profundos conocimientos ancestrales sobre la naturaleza. Reconocida mundialmente por su trabajo tanto en el campo de la ciencia como del conocimiento tradicional, había estado caminando por escenarios cambiantes en innumerables lugares de América, Europa, Asia, África y, por supuesto, Oceanía, el lugar que la vio crecer y que le dio la identidad de mujer Maohi. Pero ningún escenario la había preparado para el que finalmente la llevó de regreso a casa, a una de las islas menos habitadas del archipiélago de las Marquesas, en medio del Pacífico Sur, solo accesible por mar.

El surgimiento de la pandemia global de COVID-19 hacía seis años había detenido por completo los viajes y el trabajo de campo, cerrando universidades. Toda la investigación se suspendió indefinidamente. Con casi 70 años a sus espaldas, se sentía cansada. La pandemia no pudo vencerla, pero sí la hizo añorar su hermoso pasado en sus amadas islas, donde creció rodeada de valles, cocoteros y el mar. Pero Hina era terca. A pesar de las interrupciones, continuó compartiendo sus conocimientos de manera innovadora como profesora emérita en la Universidad de París Descartes-Sorbonne hasta el último de los coletazos del virus. Se jubiló hace un año y se suponía que se mudaría a casa entonces, pero se vio envuelta en un proyecto de defensa que retrasó su regreso. Ahora, finalmente, hacía su viaje.

Las olas golpeaban los costados del pequeño barco atunero, por veces derramándose sobre las bordas y mojando todas sus pertenencias. Las olas tendrían más de seis pies de altura.

La pandemia no pudo vencerla, pero sí la hizo anhelar un pasado más simple y tranquilo en sus islas. Estas islas eran el hogar; sus profundos valles, la brisa de los cocoteros, ese olor único, propio al mar marquesano. Había decidido regresar a Fatu Hiva debido a un profundo anhelo de simplicidad, una jubilación anticipada, por así decirlo, donde su presencia era bienvenida, seguramente, pero no exigida.

“¡Mave Mai, Mave Mai!», su hermana Tiare cantaba en el borde del muelle mientras el barco se acercaba. «¡Bienvenida, bienvenida!», agitó sus manos, que estaban cargadas de coronas de flores, decoradas con buganvillas y gardenias silvestres. Ambas se fundieron en un cálido abrazo y Tiare inmediatamente coronó a Hina, según la tradición.

Estaba en casa. 

La pandemia no pudo vencerla, pero sí la hizo anhelar un pasado más simple y tranquilo en sus islas.

«¡Bienvenida hermana!», dijo Tiare. “Ha pasado tanto tiempo, ¡ya hace ocho años! Pero vamos, tenemos prisa, mai, todos están esperando en la mesa. Mai, mai … », continuó Tiare, mientras tomaba la mochila de las manos de Hina.

Rápidamente cargaron todas las maletas de Hina en un viejo jeep 4×4, el único medio de transporte confiable para islas mal pavimentadas como Fatu Hiva. Se dirigieron a la cercana aldea de Hanavave, donde la esperaba un banquete. Treinta personas, familiares, amigos y vecinos, habían venido a celebrar su llegada. Había tambores y ukeleles, y todos cantaban estruendosamente. 

Poco sucedía en las islas, pero cuando sucedía, se celebraba intensamente y con demasiada comida para consumirla razonablemente. La alegría y la música se fundieron en el valle y los cocoteros parecían balancearse al ritmo de los bellos cantos.

Aunque a Hina le encantó la bienvenida, su cabeza le seguía dando vueltas después del viaje en barco. Se retiró a la sala de estar, mientras los invitados continuaban disfrutando del banquete y la música. Su hermana vino a ver cómo estaba y comenzaron a charlar sobre todos los cambios que habían ocurrido en los ocho años de su ausencia. El COVID-19 nunca llegó a la isla; ni siquiera era un tema de gran interés. En cambio, los marquesanos vivían con la comprensible indiferencia de una vida al margen de todo.

Tiare recordó las postales.

«Por cierto, Hina», dijo emocionada mientras sacaba una caja del baúl de su abuela en la esquina de la sala de estar. «He guardado estas postales en un lugar seguro para ti. Llegaron muchísimas cuando anunciaste tu jubilación y se estaban acumulando en tu buzón durante el año pasado, así que las guardé aquí. ¡Qué hermosas pinturas traen!».

Ilustración de Tara Keir @tarankeir

20/05/2025 – Gabriel Torres, ex-director de la Escuela Intercultural Alejandro Gorostiaga Orrego, Nueva Imperial, Araucanía, Chile:

Estimada Hina Atini, 

Le saludo desde el Lafken Mapu [Territorio Mapuche], hoy, 15 de mayo de 2025, cuando la lluvia del invierno sureño deja caer sus gotas sobre la Madre Tierra y el agua cristalina se lleva consigo los restos destrozados de una humanidad colapsada dando paso a una nueva. La vida se abre espacio entre el dolor y la angustia como un verde renuevo preñado de futuro. 

Los niños y niñas de la humilde escuela retornan a sus aulas rebosantes de experiencias impresas en sus almas con la indeleble tinta del amor familiar y el canto de los riachuelos que surcan los bosques, coreado por zorzales y tiuques que remontan vuelo sobre el aire húmedo del Menoko [Humedal]. Allí les esperan sus maestros, impregnados de la sabiduría que brota del oficio y el renacer a la pedagogía experimentado durante el tiempo reciente lleno de desafíos. Hoy, estamos alegres, pues nuestra Ñuke Mapu [Madre Tierra] nos da una nueva oportunidad para vivir en armonía con ella y con todos los seres que nos acompañan en esta casa común.

Que esté muy bien, 

Gabriel. 

20/05/2025 – Gunter Pauli, economista, eco-emprendedor y autor:

Espero que te encuentres bien y a salvo, y que estés disfrutando de tu hermosa casa isleña. Estoy bien y encantado por cómo, en un período muy corto, tras el COVID, hemos emergido hacia una economía circular sostenible. ¿Puedes creerlo? Estamos cómodamente conectados a Internet a través de bombillas, a mayor velocidad que antes. Y reducimos el consumo de energía en un 80%. Eliminamos todas las ondas por radio. Es como si finalmente hubiera llegado un Internet realmente para la gente, en lugar del Internet de minería de datos, cookies y datos privados.

Y pasamos de tomar una taza de café por la mañana a disfrutar de un café entero. ¡Sí! Nos da la dosis de cafeína de 50 mg, y dado que usamos toda la cereza de café, que se cultivó bajo el dosel de la selva, podemos pagarle al agricultor cinco veces más. También hemos descubierto una fuente de ingresos innovadora: los ingresos adicionales pagan las escuelas y la salud, y, como queremos más de este café, invertimos una parte en regenerar más selva tropical para cultivarla.

Se siente bien. ¡La vida es genial! ¿Qué tal tú?

Mis mejores deseos,

Gunter

Ilustración de Laura Núñez @lauranunezlendo

Sobre los Autores

Constructive Visions es un grupo interdisciplinario de exploradores de National Geographic con una visión optimista de la realidad colectiva que busca soluciones basadas en el conocimiento científico y tradicional. Incluye a narradores, artistas, educadores, activistas y científicos, que durante más de un año han unido esfuerzos para pensar en retos y soluciones orientadas a una sociedad equitativa y sostenible en campos como la educación, la integración de los saberes de poblaciones indígenas, la implementación de la economía circular, la prevención del desperdicio de comida, la conservación de la naturaleza  y la mitigación del cambio climático. Para lograrlo, crearon  historias con mensajes de cambio que se puedan aplicar cada día. 

constructivevisions.org 

@constructivevisionsbook

constructivevisionsbook@gmail.com

Imagen de portada: «Enter Nature» © Danielle Durochers

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