Balbuceo: un comportamiento compartido entre seres humanos y murciélagos

Es una mañana fresca en el bosque tropical, me preparo para salir a caminar cuando sin aviso previo, como es común en este ecosistema, una fuerte lluvia me sorprende y […]

Es una mañana fresca en el bosque tropical, me preparo para salir a caminar cuando sin aviso previo, como es común en este ecosistema, una fuerte lluvia me sorprende y decido esperar un par de horas a que escampe. Me siento con mi computador, y mientras escucho las gotas caer, observo la foto que tomé hace un par de días de unos murciélagos comedores de insectos que encontré refugiados debajo de un tronco caído. Una familia de seis individuos de Cormura brevirostris, conocido como murciélago chato, esperan juntos en su refugio a que oscurezca para salir a buscar alimento; cerca de mil insectos, entre polillas, grillos o mosquitos despistados podrían ser depredados cada hora por cada uno de ellos. Están uno encima del otro, probablemente para mantenerse calientes, se ven quietos y calmados, pero atentos. Son de un color marrón intenso brillante con un pelaje aparentemente suave y lustroso. La foto me hace pensar en sus fantásticos sistemas sociales y sobre como una muestra extraordinaria del ingenio y sociabilidad que caracteriza a este grupo de mamíferos.

En los bosques de la selva tropical es posible estudiar las conductas de los murciélagos. © Paula Iturralde-Polit

Pienso en el impecable sistema de ecolocalzación que tienen casi todos los murciélagos y que utilizan para orientarse y encontrar alimento: frutos, néctar o hasta los insectos más pequeños, dependiendo de los gustos de cada especie. Este mismo sistema de radar es el que les permite “ver” en total oscuridad y evitar chocar entre individuos, contra árboles, ramas o rocas dentro del bosque, o contra cualquier objeto en su camino, y al mismo tiempo volar a grandes velocidades. Cada especie tiene capacidades de vuelo muy propias; depende del tamaño del individuo, de la forma de las alas, de su tipo de alimentación y de cómo lo capturan1. Por ejemplo, dentro de los murciélagos que comen insectos, hay algunos que atrapan a sus presas en vuelo, y hay otros que las atrapan cuando los insectos están posados sobre las hojas de los árboles; hay unos que vuelan sobre la copa de los árboles y otros que vuelan dentro del bosque cerrado2. Entre ellos existen diferencias en los tipos de llamados de ecolocalización que emiten, pero también en la forma de sus alas, y por lo tanto en el tipo de vuelo y velocidad. Aunque es difícil ponerlo en número por las grandes diferencias entre especies, cabe mencionar que hay publicaciones que afirman que el murciélago mexicano de cola libre, Tadarida brasiliensis, es la especie más rápida de murciélago. Alcanza velocidades de hasta 160km/h en vuelo, lo que les pone a encabezar la lista de mamíferos en cuanto a velocidad se refiere. Se supone que serían capaces de superar al chita, que es el felino más rápido del mundo y puede alcanzar velocidades de hasta 100km/h.

Cada una de estas características hacen a los murciélagos muy especiales y han sido las responsables de convertirme en una bióloga fanática de aprender sobre sus singulares capacidades. Solo como un dato curioso, su sistema inmune es tan poderoso que evitan infecciones o enfermedades provocadas por virus, y los ojos de miles de científicos y científicas se dedican a estudiarlo porque poseen genes capaces de inhibir el desarrollo de células cancerígenas. Es gracias a la pasión de muchas personas que entregan todo su tiempo a entender y dar a conocer cada detalle que conocemos todas estas particularidades de los murciélagos.

La ecolocalización sirve a esta familia de murciélagos de sacos alares a mantenerse cohesionados. © Paula Iturralde-Polit

La comunicación vocal es un tema muy estudiado en murciélagos, pero aún quedan muchas cosas por aprender y descubrir. Las llamadas de ecolocalización de los murciélagos, son sonidos de alta frecuencia que les sirven para localizar mediante ecos, pero a su vez, los murciélagos también vocalizan para comunicarse entre congéneres; así, encuentran pareja, mantienen grupos sociales cohesivos que conservan durante toda su vida, advierten peligro, marcan territorio; entre otros comportamientos  que hace que estos seres sean reconocidos  por su compleja comunicación vocal. Hace un par de años, en la Conferencia Internacional de Investigadores de Murciélagos, que tuvo lugar en Tailandia, tuve la suerte de conocer a la científica Ahana A. Fernández. En su charla, me sorprendió escuchar por primera vez que los murciélagos, mientras son crías, balbucean; es decir que hacen sonidos todavía ilegibles y repetitivos, en los que tratan de imitar a los adultos mientras aprenden a vocalizar.

En junio del 2021, Ahana, junto a sus colaboradores, escribieron un artículo en el que describieron este hallazgo, y lo publicaron en Science, una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo. Era la confirmación de que los murciélagos, (y en este caso específico, la especie Saccopteryx bilineata, o murciélago de sacos alares) aprenden a vocalizar repitiendo sílabas; lo hacen a manera de juego porque el balbuceo no tiene un significado particular. Es decir, los murciélagos no estarían intentando comunicar algo a su mamá, solo se divierten haciendo sonidos y es un proceso igual o por lo menos parecido a lo que ocurre en los seres humanos. De hecho, Ahana menciona que las crías pueden pasar hasta el 30% de su actividad diurna emitiendo esos sonidos repetitivos y que “les sirven para aprender a controlar su aparato vocal y practicar la producción de sílabas del repertorio adulto”. Otra razón para resaltar la semejanza de este comportamiento con el de los seres humanos, es que el balbuceo ocurre durante el período de desarrollo temprano, que va desde las 3 hasta las 10 semanas.

El balbuceo de los murciélagos de sacos alares podría servir como información base para entender la evolución del lenguaje en los seres humanos.

Los individuos adultos de esta especie de murciélago, tienen un repertorio de 25 sílabas diferentes que las combinan para producir diez tipos de vocalizaciones, cada una con significados específicos que utilizan para comunicarse; entre ellas, el canto territorial y el canto de cortejo. Los recién nacidos, repiten en secuencia una misma sílaba mientras juegan con sus cuerdas vocales y aprenden la correcta vocalización de cada sílaba. Una peculiaridad que Ahana conocía de antemano gracias al trabajo de su supervisora Mirjam Knörschild, investigadora del Museo de Historia Natural de Berlín, es que las crías imitan una vocalización que es específica de machos adultos, que utilizan para marcar territorio y atraer a las hembras4. Incluso las crías hembra lo reproducen, a pesar que no lo harán cuando sean adultas. Una vez destetados, es posible que continúen aprendiendo; me dice Ahana que “aunque no estoy segura de eso, yo creo que las sílabas que no están presentes en el balbuceo se aprenden después, y la mayoría corresponden al canto de cortejo”. Aunque falta hacer algunos estudios para confirmarlo, los datos dan indicios para pensar que cada individuo tiene su propia velocidad de aprendizaje.

Además de los seres humanos, el murciélago de sacos alares es, hasta ahora, el único mamífero en el que se ha registrado a crías balbuceando sin un interés particular por comunicar algo. El mono tití, o mono pigmeo (Cebuella pymaea), presente en América del Sur, es una especie en la que se ha estudiado el balbuceo, pero en este caso, las vocalizaciones son innatas, y sí tienen la finalidad de llamar la atención de sus familiares cuando solicitan su cuidado. Por eso, el tipo de balbuceo de los murciélagos de sacos alares tienen una semejanza muy importante con el comportamiento humano y podría servir como información base para entender la evolución del lenguaje en los seres humanos. Una vez más los ojos de los científicos y científicas se vuelcan a los murciélagos para estudiarlos y entender cosas relacionadas a nuestra especie.

Los murciélagos nunca dejan de sorprender y es mucho lo que falta por conocer, y comunicar sobre ellos para resaltar sus bondades, no solo ecológicas, por ser dispersores de semillas, polinizadores y controladores de plagas; sino por la cantidad de información que nos pueden proveer para entender nuestro propio comportamiento.

Un Saccopteryx bilineata junto a su madre. © Michael Stifter

Literatura revisada

  1. Marinello M. y Bernard E. (2014). Wing morphology of Neotropical bats: a quantitative and qualitative analysis with implications for habitat use. Can. J. Zool, 92: 141-147
  2. Schnitzler H. U., Moss C. F. y Denzinger A. (2003). From spatial orientation to food acquisition in echolocating bats. TREE, 18, 8:386-394.
  3. Fernández A., Burchardt L., Nagy M. and Knörnschild M. (2021). Babbling in a vocal learning bat resembles human infant babbling. Science 373: 923-926.
  4. Knörnschild M., Nagy M., Metz M., Mayer F. and Von Helversen O. (2010). Complex vocal imitation during ontogeny in a bat. Biology Letters, 6: 156-159.

Imagen de portada: Trabajo de campo observando un refugio de murciélagos en el bosque tropical de Panamá. © Michael Stifter.

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