Del fast fashion a la moda sustentable

El término “moda sustentable” es más complejo de lo que aparenta y existen varios factores que deberían cambiar para generar un movimiento más significativo: el sistema de pensamiento, las infraestructuras de la industria y la extracción de los recursos naturales. En el ámbito del consumo, existen varias propuestas que apuntan a hacer que nuestros hábitos […]

El término “moda sustentable” es más complejo de lo que aparenta y existen varios factores que deberían cambiar para generar un movimiento más significativo: el sistema de pensamiento, las infraestructuras de la industria y la extracción de los recursos naturales.

En el ámbito del consumo, existen varias propuestas que apuntan a hacer que nuestros hábitos sean menos dañinos con nuestro entorno, como elementos cotidianos hechos a partir de materiales reciclados, alimentos a granel, productos electrónicos que utilizan energía solar, contenedores de comida que reemplazan los desechables y que ayudan a la conservación del alimento, entre otras miles de ideas sobre productos sustentables. En la industria de la moda particularmente, también existen tendencias que apuntan a un consumo más responsable con el cuidado del medioambiente, como es el creciente éxito que está teniendo el upcycling o la ropa reciclada.

Ilustración de Rosario Lavignolle (@le_monde_de_chari)

Hoy existe un nuevo tipo de consumidor, con mayor conciencia sobre el impacto de sus compras y exigencias más concretas que la generación anterior. Este grupo, si bien todavía se mantiene como nicho, tiene prioridades tan claras como variadas: la preferencia por materiales renovables y/o orgánicos, la producción local y artesanal, el comercio justo, una cadena de suministro transparente y trazable, un marketing menos competitivo y la promoción de valores que apunten a la mejora de la sociedad y la naturaleza. Actualmente es prácticamente imposible conseguir que una empresa cumpla con todas estas características deseadas, pero poco a poco estas exigencias crecen en popularidad, ayudando a crear una conciencia real y profunda sobre los impactos que producimos como consumidores.

Sin embargo, es necesario preguntarnos, ¿puede una industria que fomenta indiscriminadamente el consumo, ser en algún punto sustentable? El concepto de moda habla de tendencia, de algo que cambia constantemente y no permanece en el tiempo. En ningún momento habla de una mejora del producto o de una nueva funcionalidad, sino que es una razón más efímera y banal: el simple hecho de estar en boga por un tiempo limitado. Esta es la industria que nos “enseñó” a comprar sin pensar, utilizar prendas por un período muy corto de tiempo y luego descartar.

El transporte de la ropa a través de los océanos se realiza en containers, que movilizan toneladas de prendas de vestir ©Life of Pix

Las noticias sobre las condiciones de las fábricas (por ejemplo, las fábricas de Rana Plaza en Bangladesh) en donde se producen la mayoría de las prendas que consumimos, fueron el detonante para este inicio en el cambio de mentalidad y exigencia por una industria menos nociva.

En este contexto, es necesario distinguir entre la industria de la indumentaria y la industria de la moda, ya que poseen distintos objetivos: la primera produce y comercializa prendas de vestir. La segunda, comercializa una aspiración, un estatus y reconocimiento social. Con su cadena de producción, las dos generan un impacto tangible y trazable en el ambiente. Sin embargo, es la industria de la moda la que, además deja una huella psicológica (intangible) ya que lucra con la inseguridad del consumidor.

©Life of Pix

El objetivo es la compra inmediata, irracional e impulsiva a raíz de un sentido de pertenencia y estatus en la sociedad. La industria de la moda es la industria de la tendencia y por definición es desechable, no perdura ni genera un valor agregado. Es un sentimiento que ataca directamente a la autoestima y busca denigrarla en pos del consumo.

Es por esta razón que la industria de la moda reacciona y se encuentra en proceso de cambio: nos está dando más alternativas que sí apuntan a una mejora del producto, que le aportan permanencia en el tiempo y que buscan resolver un problema concreto: el vestir. En medio de esta evolución se da lo que conocemos como moda lenta y como moda sustentable. Algunos las utilizan como sinónimos, pero existen estudios que las diferencian de forma precisa.

Campaña de Fashion Revolution sobre la procedencia de la ropa. Fuente: www.kavolta.com

El movimiento de la moda lenta surgió como una respuesta directa a la moda rápida (fast fashion), a sus ciclos de producción irreales, al crecimiento económico despiadado y al impacto ambiental resultante. La moda rápida es un negocio caracterizado por la optimización productiva desmedida que ha demostrado ser insostenible en cuestiones ambientales, económicas y sociales. Esta primera etapa, con el tiempo, fue tomando más forma y su evolución derivó en lo que hoy llamamos moda sustentable, que también se pueden encontrar sinónimos como moda ecológica, ética o verde.

Cuando hablamos de una moda que conserva la ética, hablamos de una industria que: asegura buenas condiciones laborales para los trabajadores; que se gestiona sobre un modelo de negocio sustentable y transparente; que evita la producción de desperdicios; que utiliza una materia prima que genera el menor impacto ambiental posible; y que posea certificaciones que avalen esta forma de producir bienes de consumo y que asegura una trazabilidad de la cadena de suministro.

Los dos términos –moda lenta y moda sustentable– buscan empoderar tanto a los trabajadores involucrados como a los consumidores. Este movimiento aboga por una producción balanceada en donde se fomenten las relaciones a largo plazo, una producción que promueva el origen local y que se enfoque en la transparencia. Además, se propone cambiar la infraestructura de la industria: el sistema de consumo irracional y depredación de los recursos naturales que sostienen este consumo.

La moda sustentable requiere que nosotros, los consumidores, nos informemos y actúemos ©Life of Pix

*Ilustración de portada por Rosario Lavignolle (@le_monde_de_chari)

Referencias

Claudia et al. (2016) «What is sustainable fashion?» Journal of Fashion Marketing and Management. An International Journal, 20(4): 400-416.

 

 

Murray Bookchin: pionero del ecoanarquismo

Durante la década del ‘60, cuando la contracultura juvenil cuestionó la alienación social, económica y cultural del momento, surgió con fuerza una propuesta de organización socioeconómica basada en el cuidado de la naturaleza y la comprensión política de las interacciones entre los seres vivos. La ecología social, como fue denominada esta corriente, propone la diversidad […]

Durante la década del ‘60, cuando la contracultura juvenil cuestionó la alienación social, económica y cultural del momento, surgió con fuerza una propuesta de organización socioeconómica basada en el cuidado de la naturaleza y la comprensión política de las interacciones entre los seres vivos. La ecología social, como fue denominada esta corriente, propone la diversidad como factor fundamental para la evolución, así como también la abolición de las jerarquías y estructuras sociales tradicionales. Además, entiende que la estabilidad del planeta se sostiene en los ecosistemas y su biodiversidad.

Murray Bookchin es el padre de la ecología social, corriente política y filosófica también conocida como ecoanarquismo. Bookchin formó parte de varios movimientos sociales, pero nunca se identificó plenamente con ninguno. Si bien coincidían en el estar en contra del autoritarismo y la desigualdad de oportunidades, en todos identificó propuestas basadas en un orden jerárquico y antropocéntrico de la naturaleza. Ante ello, la ecología social tiene por objetivo llevar los valores anarquistas de colaboración entre humanos un paso más allá, al punto de proponer la colaboración entre especies, la defensa de los ecosistemas y la deconstrucción de la dicotomía humano/naturaleza.

©Editorial Novena Ola

Murray, un multifacético activista, fue la primera persona en hablar públicamente del desarrollo sostenible y también fue pionero en involucrar a la ecología en la política. Todo empezó cuando escribió el libro La ecología de la libertad: La emergencia y la disolución de la jerarquía en 1982. En este escrito, analiza la dominación que ejerce el humano entre sus propios pares y hacia la naturaleza. Además, reflexiona en torno al concepto de “libertad”, considerando que contradice a las prácticas y manifestaciones propias de la vida tradicional.

Podemos leer en su libro; «cuando la industria moderna puede proporcionar abundancia para todos, nada es más cruel para los pobres que una vida de pobreza. Cuando existen todos los recursos para promover la igualdad social, nada es más criminal para las minorías étnicas, las mujeres y los homosexuales que el sometimiento. El sistema de organización capitalista presenta jerarquías políticas de múltiples formas: la desigualdad entre los géneros; la desigualdad de poder adquisitivo; desigualdad entre los países: “desarrollados” vs. “en vías de desarrollo” o “del tercer mundo”; el rol del jefe en el ámbito laboral; el ser humano sobre el medioambiente, entre varias formas más de sometimiento. La desigualdad que determina este tipo de organización se traspola a cada ámbito propio de la vida cotidiana del ser humano. El egoísmo es parte de este sistema y únicamente funciona cuando hay alguien en la base sosteniendo el estilo de vida del que está arriba. 

©Erick Drooker

En la sociedad actual, organizada según el sistema capitalista, existen medidas de protección al medioambiente, pero tienden a ser poco efectivas, a corto o mediano plazo y no solucionan un problema de raíz para mejorarlo de verdad. Son parches que buscan una solución rápida a un problema profundo y bien arraigado a las prácticas cotidianas. El autor critica la mentalidad de saber cómo explotar el mundo natural con la mínima disrupción para el hábitat.”  A este tipo de pensamiento utilitarista, Bookchin lo llamó “ambientalismo”, donde la sensibilidad por el cuidado del ambiente es meramente una preocupación por exacerbar la utilidad que tenga el hábitat para el ser humano. En este caso, se lo ve como un medio pasivo, un mero instrumento de la especie humana.

En cambio, la ecología social que Bookchin propone, busca dar soluciones a largo plazo a través del cambio de paradigma. Sugiere destinar los esfuerzos a la mejora continua del espacio donde vive y se desarrolla el humano, mantener las condiciones del hábitat y a minimizar los impactos inevitables de la vida humana. Todas nuestras acciones tienen un impacto, lo importante es ser conscientes de ello y, si se genera un impacto, que sea positivo. Nuestra influencia sobre el ambiente en el cual nos movemos es tanto directa como indirecta.

Principios básicos de la Ecología Social

  • Entiende que existe una interacción necesaria entre la sociedad y su ambiente.
  • Afirma que el orden natural se desentiende de las autoridades y del mando centralizado. Es la descentralización y el manejo en red lo que organiza a la sociedad de forma efectiva.
  • Define como crisis ambiental a las relaciones de dominación entre las especies.
  • Busca organizar a los seres humanos a través del mismo sistema que existe en los ecosistemas: el de la autorregulación.
  • Propone una organización biorregional con instituciones libres. Es decir, una administración política que comprenda los límites geográficos del territorio y orientada a la soberanía en la toma de decisiones de cada localidad.
  • Sugiere una economía ecológica. Es decir, una utilización de los recursos para satisfacción de las necesidades humanas desde un enfoque interdisciplinario y que estudie el sistema natural y los subsistemas sociales teniendo en cuenta los límites físicos y biológicos de los ecosistemas.
  • Uno de los puntos clave de la ecología social es el principio de unidad en la diversidad como principio natural que asegura la estabilidad. En efecto, cuanto mayor es la biodiversidad más estable es un ecosistema. Cuantas menos especies se interrelacionan entre sí, crece la inestabilidad y el ecosistema es más vulnerable. De igual forma sucedería con los seres humanos y sus sociedades.

Murray Bookchin aseguró hace más de 50 años que las economías que no tienen en cuenta al medioambiente genera rentabilidad para unos pocos, dejando a la mayoría lejos de los beneficios del sistema. Hoy, sus ideas cobran aún más sentido y brindan una solución de raíz a los problemas ambientales que causa nuestro estilo de vida.

Murray Bookchin, fotografía recuperada de www.ecologiapolitica.info

*Foto de portada: «Armonía», ilustración de Victoria Alessandrini 

Referencias

Murray Bookchin (1973). Hacia una Sociedad Ecológica.

 

 

Blue River: el impacto de los jeans en los ríos

¿Sabías que en China se puede conocer el color de ropa que estará de moda sólo viendo el color de los ríos? Este fenómeno se da no solo porque las fábricas utilizan elementos completamente nocivos para el ser humano y para el ambiente, sino porque no existe un tratamiento de residuos apropiado para los desechos […]

¿Sabías que en China se puede conocer el color de ropa que estará de moda sólo viendo el color de los ríos? Este fenómeno se da no solo porque las fábricas utilizan elementos completamente nocivos para el ser humano y para el ambiente, sino porque no existe un tratamiento de residuos apropiado para los desechos que generan. Todas las personas que usamos blue jeans somos parte de la cadena de suministro y por lo tanto todos causamos un impacto.

En toda producción existe un costo económico, ambiental y social, lo cual el documental River Blue explora a través del impacto de la producción de las prendas de vestir. La cinta está narrada por Jason Priestley y protagonizada por Mark Angelo, dos reconocidos conservacionistas de ríos. Angelo también creó el “Día de los Ríos del Mundo” en el año 2005, que actualmente es celebrado en más de 60 países.

©River Blue

Roger Williams y David Mcllvride dirigieron el documental que muestra los ríos más contaminados del mundo. La mayoría de estos fluyen a través de ciudades industriales que abastecen la producción del retail, donde sus aguas se densifican debido a la cantidad de tóxicos desechados por las fábricas, provocando la total pérdida de la biodiversidad. Otro efecto de esto, es la creciente cantidad de enfermedades que sufren las personas involucradas y el aumento de enfermos de cáncer, enfermedades de la piel y la pérdida del olfato, entre muchas otras enfermedades. No es casualidad que en este ambiente no se vean personas de la tercera edad en las fábricas, ya que la mayoría a esa edad no llega. La calidad de vida es igual de trágica para la flora, la fauna y los humanos.

©River Blue

Los países presentados en el documental son los que poseen los ríos con mayor contaminación, que casualmente también cuentan con la mayor cantidad de fábricas de producción de ropa que funcionan, por supuesto, en precarias condiciones. Hablamos de China, India, Indonesia y Bangladesh. Específicamente se analiza Xintang, la ciudad China conocida como “la capital mundial del blue jean” porque produce anualmente más de 260 millones de estos pantalones. El río que sale de esta ciudad se lo puede ver desde el satélite de Google Earth de un color azul oscuro muy poco natural. La causa de este color es la tintura que se utiliza para teñir los blue jeans, la cual queda como residuo en el río Dong, que desemboca en el delta del río de las Perlas, logrando distribuir los desechos tóxicos en una zona donde convergen numerosos ríos.

Un dato curioso es que, por más que estos tóxicos se liberen en un lugar específico del mundo, el agua tiene la capacidad de “viajar” por todo el mundo (ya que casi el 70% de la superficie del planeta es agua), y por esta razón se han encontrado restos químicos de estas tinturas en autopsias realizadas a osos polares del ártico.

La situación es tan crítica que en Indonesia se han descubierto “cañerías anónimas” donde una cantidad ridícula de agua contaminada con tóxicos ultra nocivos como el plomo, cromo, mercurio, cadmio y cobre, se vierten sin control en los ríos. Se les denomina «anónimas» dado que su procedencia es desconocida y, al estar escondidas debajo de la tierra y protegidas por vegetación, es difícil conocer su dueño directo. Hay veces en las que las fábricas se unen para construir estas cañerías de desechos tóxicos y contribuir a la muerte de los ríos en conjunto.

©River Blue

En la década del 70, gran parte de la producción de los jeans se realizaba en EE.UU., tierra madre del producto, más específicamente en Texas. Estas fábricas contaban con grandes exigencias en las formas de producir y en el cuidado del ambiente. Luego de la firma del acuerdo NAFTA, tratado que dio pie al libre comercio, las fábricas de Texas cayeron en desuso alentando la externalización de la producción y los costos asociados: China se transformó en el gran proveedor mundial de este producto (entre tantos otros). El precio fue la acelerada contaminación de sus ecosistemas, en pos del desarrollo económico.

El documental Blue River obliga a los espectadores a preguntarse quién, cómo y dónde hizo sus ropas. ¿Queremos seguir siendo parte de esta industria? ¿Queremos alentar este tipo de trabajo, explotador y letal para la biodiversidad? ¿Puedo hacer algo al respecto?

La diseñadora Orsola de Castro,  quien es una de las fundadoras y directora creativa del movimiento internacional Fashion Revolution dice: “El consumidor no se despertó una mañana diciendo ‘Quiero comprar cinco pares de jeans por una fracción del precio‘. Fuimos, literalmente, introducidos en este concepto por la industria”. De Castro también participa del documental desde el punto de vista del diseñador, demostrando que existen muchas formas de consumir y se puede lograr una buena calidad de vida sin exceso de productos.

El consumo generado por el sistema capitalista creó una economía que privilegia el comportamiento egoísta del ser humano, en donde se prioriza el bienestar y las necesidades personales sin pensar en las consecuencias. Pero cada prenda de vestir que adquirimos tiene costos sociales y ambientales.

©River Blue

Peter Golding y Francois Girbaud son los padres del “jean europeo” y también accedieron a aparecer en la cinta. El primero fue el creador del primer jean “de diseño” y del jean elastizado en 1978. Por otra parte, Francois Girbaud fue el que inventó en la década del 60 los jeans desteñidos. Este proceso lo lograba mediante el uso de una piedra directamente sobre la tela, el mismo proceso que actualmente se utiliza en la mayoría de los países productores de jeans. Esta técnica utiliza toneladas de agua y genera grandes cantidades de residuos. Hoy en día, Francois se arrepiente de su creación y celebra los procesos existentes que generan el mismo resultado reduciendo hasta en un 97% el impacto en el entorno.

Jeanología e Italdenim son las dos empresas que colaboran con el documental mostrando dos formas distintas de fabricar el mismo producto sin dejar rastros nocivos en el ambiente. Jeanología es una empresa española que destiñe los pantalones con láser y también inventó una máquina capaz de imprimir diseños utilizando aire comprimido. Por su parte, la firma italiana Italdenim, les da color a sus jeans a través de un producto único: con una “harina” de cangrejo. De esta manera, recicla un desecho de la industria alimenticia, los caparazones de los cangrejos, los muele hasta obtener un polvo muy fino y luego lo mezcla con la tela del pantalón. Es un producto que se puede tocar con las manos sin protección alguna, ya que no lleva ningún aditivo tóxico, facilitando su manejo y priorizando la salud de quien lo manipula. También se encargan de hilar el algodón que utilizan, haciendo la fibra lo más larga posible con sus máquinas, garantizando una mejor calidad.

A la luz de la actual crisis ambiental del planeta, es importante recordar el impacto de nuestras decisiones, dado que los ecosistemas no reconoce las divisiones políticas creadas y sus efectos traspasan toda línea ficticia.

Ilustración ©Rocío Concha (@elgatozurdo en Instagram)​

Referencias

Kit de prensa descargado en: http://riverbluethemovie.eco/press-kit/

Jackson, T. (2016). Beyond consumer capitalism – foundations for a sustainable prosperity. CUSP Working Paper No 2. Guildford: University of Surrey. Disponible en: www.cusp.ac.uk/publications.